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Etiqueta: memoria histórica

La doctrina de la muerte y la doctrina de la vida: Canoa, Fuenteovejuna y Zapote

Luis Ernesto Araya Vargas
Antropólogo e investigador

Hace poco vi la película mexicana Canoa: memoria de un hecho vergonzoso (1976), del guionista, director y cineasta Felipe Cazals Siena, basada en la triste historia de una masacre, entre muchas, de funcionarios universitarios y estudiantes en Hispanoamérica bajo la doctrina de muerte de la “Seguridad Continental”. Sucedió el 14 de septiembre de 1968 en San Miguel Canoa, entonces un poblado de hablantes de náhuatl a 12 km de la ciudad de Puebla, capital del estado. Existe abundante documentación en prensa gráfica y documental. Les invito a verla si tienen la fortaleza.

Desconocía el hecho, y vinieron a mi memoria imágenes del 7 de agosto de 1995 frente a Casa Presidencial, en Zapote, San José, Costa Rica. En esa ocasión, según denuncias de la época, fue la policía política del régimen de “Chemise”, el CIP, la que se lanzó contra los manifestantes de la huelga del magisterio, luego de utilizar estrategias de contrainsurgencia y contrainteligencia para provocar la violencia. Sus víctimas también fueron del sector educativo: sindicalistas, jubilados, profesores, estudiantes, etc.

Esta compulsión violenta o misoginia opresiva es característica de regímenes autoritarios como el costarricense, de corte policial, que por un lado obvia las necesidades de infancias, adultos mayores, mujeres, hombres y otras minorías para sustituirlas por las de transnacionales, complejos extractivistas militares y mafias de contrabandistas regionales. Cuando las políticas públicas se vuelven en contra de la población es porque han sido asimiladas por la máquina continental del terror genocida y la dominación implementada por élites locales que permiten la infiltración de distintos parias en la institucionalidad al atacar los pilares del Estado de derecho, único garante de la “paz social”.

Podemos explicar este fenómeno de disociación cognitiva de la población, que no es capaz de notar la afectación tan grande a su soberanía, pues está sometida por el terror y el aparato mediático que la manipula. La soberanía nacional incluye la alimentaria, la económica, la educativa, la territorial y la cultural, todas necesarias para una identidad pluricultural integral.

En San Miguel Canoa observamos cómo se vilipendia el concepto de “soberanía del pueblo” debido a que la retórica del odio subvierte los contenidos de “lo bueno”, “lo aceptado” y “lo divino” a través de la coerción, trabajando junto al aparato de control ideológico. A través de un proceso continuo de genocidio cultural de más de 500 años, se arrebata la cultura nahua a los locales para transformarlos en “consumidores salvajes”, tan necesarios en las sociedades capitalistas, seres apáticos en el día a día. El analfabetismo en este caso es una condición previa de la dominación que facilita la deformación de la comunidad en muchedumbre asesina.

El concepto de “soberanía popular” o “soberanía del pueblo” fue acuñado por la academia en referencia a la obra literaria Fuenteovejuna, de Lope de Vega. La violencia ejercida sobre la comunidad u opresión no es nueva. Es una enfermedad social del poder presente en 1968 en Canoa, México; en 1995 en Casa Presidencial, Zapote, Costa Rica, y también en el municipio de Fuente Obejuna, Córdoba, España, en 1476.

Lope de Vega tuvo como fuente principal la Chrónica de las tres Órdenes y Caballerías de Santiago, Calatrava y Alcántara (1572), de Francisco de Rades y Andrada, complementada con la tradición oral de la España del siglo XV. Sobre la represión de 1995 en Costa Rica existe abundante información en medios de prensa escrita, así como recursos de hábeas corpus presentados a favor de las víctimas.

De igual manera, existe la intención de mantener el tema de las detenciones de 1995 alejado de la opinión pública, no solo por sus implicaciones políticas, sino porque el país carece de mecanismos efectivos que defiendan a las víctimas de la represión política y del abuso sistemático de sus derechos humanos, lo que favorece a las élites autoritarias y a la impunidad. Por ejemplo, no existe un reglamento o normativa que haga efectivo el Protocolo de Estambul, que permitiría sentar responsabilidades penales y civiles en casos de terrorismo de Estado.

Por supuesto que existen mafias en el poder que gustan de dejar estos portillos abiertos para operar impunemente, lo que es evidente en los tres casos abordados. Aunque el agente de la opresión como actor llega a desarrollar sus propias características en cada contexto, el análisis histórico nos permite profundizar en los antecedentes de la violencia, aproximándonos a las dinámicas actuales.

El ataque a la libertad de expresión y a los derechos culturales y humanos fundamentales de activistas y periodistas en el país, como Sylvia Ziesing, Erick Sojo (de Radio Zurquí) o Kevin López (Kevlo), es constante y, a mi juicio, obliga a cientos a refugiarse mes a mes, creando una crisis humanitaria de la que pocos hablan y de la que las autoridades son generadoras e invisibilizadoras.

Los mecanismos de la barbarie genocida utilizan lo mediático-ideológico para evitar que la verdad salga a la luz, pues el diálogo hace que el pus se evacue de las heridas abiertas para que puedan cicatrizar y el cáncer de la violencia desaparezca de las comunidades afectadas por el extractivismo. Son los agentes de la dominación quienes ejercen el control político manipulando el poder hegemónico dentro de las instituciones sociales (ideológica, militar, económica), creando la cortina de humo que anula la empatía.

En Canoa: el sacerdote y su cofradía de inescrupulosos, autoridades municipales, la policía y los pequeños propietarios de parlantes instalados en las esquinas del pueblo. El poder represivo delegado, desconcentrado y distribuido entre quienes operan en la impunidad. El 7 de agosto de 1995, día de San Cayetano, frente a Casa Presidencial en Costa Rica, los agentes de la dominación fueron la administración del expresidente José María Figueres Olsen, “Chemise” o “Chema”, cuyo ministro de Seguridad era J. D. Castro; los antimotines y la policía política del Centro de Investigación Policial, antecedente de la actual DIS. En la obra literaria de Lope de Vega, Fuenteovejuna, los agentes de la dominación son los Reyes Católicos, por voluntad divina, el burgués, el juez y el comendador mayor de la Orden de Calatrava.

Estos agentes atrofian las dinámicas comunitarias en donde la soberanía integra los tejidos del núcleo familiar, para someter a los individuos por coerción y manipulación. Para esto deben destruir lo comunitario, por lo que es relevante revisar los casos de Canoa y Fuenteovejuna, al ser arquetípicos y uno antítesis del otro. Además, comparten raíces culturales.

La comunidad española se libera de la opresión ostentando la soberanía y destruyendo la impunidad a través del levantamiento popular, mientras que en México el genocidio cultural, profundizado por centurias de continuismo, ha permitido la implementación de una mezcla de “caudillismo” religioso con “Seguridad Continental” a la mexicana.

En Canoa, el pueblo originario se encuentra encadenado por la retórica de la doctrina de la muerte, que se modifica según el enemigo creado, utilizando los principios de manipulación extractivista a medida. El diablo, los demonios y los universitarios o los funcionarios “comunistas” son personajes del constructo hegemónico fantástico y consolidan una cosmovisión deforme o aberrante, donde divinidades e inframundo forman parte del discurso planificado de la distopía para subvertir la verdad.

Su discurso está dirigido a quienes no tienen la costumbre de leer y contrastar la información o están coludidos con la represión. La esencia de la soberanía popular o “soberanía del pueblo” se manifiesta en las actividades comunitarias que reivindican lo propio y fortalecen el arraigo o vínculo con la tierra y la historia común. Son las comunidades las que empoderan a sus integrantes frente a la “tiranía” de la gentrificación y el genocidio cultural implementado por burócratas, funcionarios o representantes de transnacionales que poseen un acceso desmedido al poder. No se puede ignorar la posición comunitaria en las dinámicas de la dominación, pues el actor principal de la reivindicación es la comunidad y es, en su defecto, la víctima de la opresión.

A más de 500 años el uno del otro, los sucesos reflejan un conflicto entre el microcosmos comunitario y lo autoritario impuesto por una cultura hegemónica dominante, cuyo impacto fragmenta a los Estados nación al atacar su núcleo social. Los pueblos de Abya Yala e Hispanoamérica sufren el genocidio cultural cuando se despoja de la conciencia histórica a sus comunidades vulnerables y abandonadas.

Los genocidios no son exclusivos de pueblos “primitivos”, como en la retórica evolucionista civilizatoria de Occidente, que intenta justificarlos cual actos del positivismo liberador que llevan al “salvaje” de su estado indigno y retrasado a estados avanzados, sino que afectan efectivamente a las sociedades Estado dominantes, que se autodestruyen al eliminar sus únicas fuentes de cultura comunitaria. Son sociedades necrófilas y decadentes que naturalizan la violencia.

Recordemos que el presidente de Estados Unidos, el 23 de septiembre de 2026, amenazó con “aniquilar” a la nación de Irán si no alcanzaba un acuerdo con ellos, y es sabido que las negociaciones no solo son constantemente saboteadas por los ocupantes en Palestina, sino que él mismo ha faltado a acuerdos recientes sin dejar de hostigar militar y económicamente.

En Canoa, perdido en las faldas de La Malinche, famoso volcán, si antes llegó el conquistador con perros alanos, centurias después llegarían el sacristán Enrique Meza Pérez, la policía y demás funcionarios para continuar el despojo de tierras y costumbres durante la dictadura del PRI y de Gustavo Díaz Ordaz, quien, paradójicamente, también era originario de Puebla y acostumbró reprimir a la oposición ejerciendo un control político absoluto, como hizo al masacrar a unos 1400 estudiantes en la lucha del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

Así como el fanatismo religioso se alimenta de miseria, la manipulación ideológica lo hace de la ignorancia, que beneficia las actividades “clandestinas” de caudillos locales y mafias burocráticas, estas enfrentadas al poder estatal, al federal y a las comunidades de México.

Tomando en cuenta estos elementos, veamos el caso de Costa Rica durante la represión de 1995 y la imposición directa de los poderes hegemónicos opuestos al Estado de bienestar. Llegarían a despojar de derechos adquiridos a la masa trabajadora, entonces sometida junto con la soberanía nacional, para justificar las incongruencias del neoliberalismo criollo.

En Canoa, el “sacerdote”, por medio del matonismo y la manipulación económica del pueblo náhuatl, logró convertirse en el “cacique” o “caudillo”, cosa común en esa nación tan vasta y llena de territorios ingobernables. El fenómeno caudillista suele aparecer en esas zonas donde el Estado no tiene presencia o es meramente nominal. Por otro lado, el “caudillo” costarricense de 1995 fue José María Figueres Olsen, máximo sacerdote de la cofradía PLN, que, como el PRI, se mantiene en la política. Pero no nos detengamos analizando a estos personajes de película de terror autoritario.

En Canoa se habían instalado altoparlantes al tope de altos postes para pregonar a la población ideas extremistas. Estos medios, utilizados por fanáticos religiosos, son antecesores de los medios masivos y de las redes sociales. Sirvieron para atizar el linchamiento colectivo y el asesinato de Manuel Gutiérrez Calvario, Jesús Carrillo Sánchez, Roberto Rojano Aguirre y Miguel Flores Cruz, todos trabajadores de la Universidad Autónoma de Puebla, y de Lucas García, poblador que dio refugio a los jóvenes en su casa, y de su hermano Bernardo García.

Una analogía moderna de los altoparlantes de Canoa la encontramos en los noticieros y en las redes sociales, que trabajan junto a la infraestructura de vigilancia y control del poder en Occidente. Para los costarricenses todo se pone peor si contrastamos esta alarmante realidad con el hecho de que el Poder Judicial tiene una tasa de impunidad altísima, debido a que los procesos judiciales no se finalizan o no se investigan del todo en más de un 95,5% de los casos.

En el caso costarricense, con la reforma impulsada por el Gobierno de José María Figueres, siendo ministro de Trabajo Farid Ayales, se despojó a los trabajadores, que tan duro habían trabajado, de derechos sobre el Fondo de Pensiones del Magisterio. Lo mismo que quieren hacer con el ROP (Régimen Obligatorio de Pensiones). Así como se esfuma la vida de los trabajadores, los tagarotes de la opresión económica y la especulación siguen enriqueciéndose.

En los casos costarricense y mexicano se utiliza la opresión como arma política contra miembros de la comunidad, estudiantes y funcionarios de la educación, que se convierten en víctimas. La impunidad de estos hechos hace que la violencia sea difusa pero constante, cumpliendo eficazmente el objetivo de su diseño: el terror social.

En un amplio espectro de violencia sistémica, que en Canoa llegó al ensañamiento, el linchamiento y el asesinato, y que en Costa Rica se expresó en agresiones, detenciones y violencia policial, ambos casos coinciden en víctimas y mecanismos represivos. Varían en otros elementos del contexto histórico, pero aplican la dominación de igual manera contra manifestantes y funcionarios educativos por igual. Se nota la existencia de objetivos puntuales, y a nivel macro las oleadas represivas coinciden en estrategia.

En las manifestaciones chilenas de 2019 y en las colombianas del Paro Nacional de 2019 y el estallido social de 2021, cientos de personas fueron atacadas con escopetas y balas de goma, y perdieron sus ojos debido a la gravedad de las heridas. Este ensañamiento es inculcado por asesores extranjeros. Los ciclos de la violencia que refuerzan la dominación se aplican como políticas de “shock” desde la cabeza de la hidra hasta las comunidades.

Tanto la masacre de Canoa, en Puebla, como la represión frente a Casa Presidencial en 1995 siguen impunes. No se ha juzgado a los ejecutores ni a los actores intelectuales de la represión. De igual manera, existe un encubrimiento que evita traer a la luz los hechos. Los eventos tuvieron como objetivo someter a la población y atacar a los funcionarios universitarios o estudiantes, pues estos denuncian los abusos del autoritarismo. Mientras las autoridades están coludidas o son inoperantes, los represores sostienen el genocidio cultural, perpetuando la impunidad y la descomposición social.

El ejercicio de fortalecer la memoria histórica define nuestro futuro, pues nos permite corregir errores del pasado, y es pertinente ahondar en los eventos de la huelga del magisterio de 1995 en Costa Rica para comprender la realidad actual del país; sin embargo, será contenido de otro texto. Es importante resaltar que, comparando la violencia política en el continente, podemos reconocer patrones que nos ayudarán a prevenir las lacras de la violencia social.

Imagen: Extracto de la película Canoa.

El legado ancestral de Cahuita: resistencia, dignidad y derechos territoriales

Por: Bernardo Archer Moore
Miembro del pueblo tribal de Cahuita

Bernardo Archer Moore.

La historia de Cahuita se remonta a mediados del siglo XIX, cuando una comunidad mayormente afrodescendiente se estableció en Punta Cahuita, cultivó la tierra, construyó sus hogares y defendió su permanencia en el territorio.

Uno de los antecedentes menos conocidos es la Ley N.º 24 de 1862, Ley General de Colonización, que impuso una prohibición racista a la adquisición legal de tierras por parte de personas negras y chinas.

Estas políticas discriminatorias persisten en la legislación posterior hasta mediados del siglo pasado, reforzadas por la Ley N.º 13 de 1930, que calificó a las poblaciones de origen chino y afrodescendiente como «elementos indeseables» para el proyecto de colonización e integración nacional.

A pesar de eso, entre 1907 y 1908 los habitantes de Cahuita enfrentaron una solicitud de concesión de aproximadamente 3.000 hectáreas de tierras costeras -desde la desembocadura del río Estrella hasta la del río Sixaola- promovida a favor de empresarios influyentes ante el Congreso Constitucional.

La resistencia comunitaria contribuyó a frenar aquella iniciativa y marcó un antecedente fundamental en las luchas territoriales afrodescendientes del Caribe costarricense y concluyó con la promulgación de la Ley N.º 35 de 1915.

Un acto de reconocimiento y compensación

La Ley N.º 35 de 1915 no fue un regalo ni un acto de benevolencia estatal.

Fue una respuesta compensatoria al desplazamiento forzoso de un asentamiento humano, motivado por los intereses económicos y las decisiones del Estado de aquella época. («petróleo«).

La comunidad ya existía

Sus habitantes habían construido hogares, cementerios, desarrollado sus medios de vida y establecido vínculos sociales y culturales.

La ley reconoció jurídicamente parte de esa realidad al desafectar de la milla marítima -patrimonio del Estado- un área de 17 hectáreas de la zona costera para el nuevo asentamiento urbano con el nombre de “Cahuita Bluff”.

Además, con la previsión de ampliar el asentamiento con otras 50 hectáreas en Playa Negra, según su artículo 9.

Asimismo, estableció una excepción a las restricciones legales que afectaban a estas poblaciones (Ley 24 de 1864).

Es así como en 1916 se registró un título de propiedad a favor de una persona de apellido León, conocida como «Lam», de origen chino; quizás el primero en la historia de Costa Rica.

Posteriormente, a partir de 1918 se asentaron títulos de propiedad a favor de personas afrodescendientes, destacándose como una de las primeras el de la familia de Mr. Gale.

Más de un siglo después, esta lucha ancestral sigue vigente.

La Sentencia N.º 2025-029985, del 19 de septiembre de 2025, de la Sala Constitucional, marca un hito contemporáneo al reconocer el derecho del Pueblo Tribal Afrocostarricense de Cahuita a la consulta previa, libre e informada sobre el Plan Regulador Costero, conforme al Convenio N.º 169 de la OIT.

En resumen

La tierra de Cahuita es territorio, memoria, identidad y herencia ancestral. La Ley N.º 35 debe comprenderse en el contexto de una comunidad que resistió, reclamó justicia y defendió su derecho a permanecer en el lugar que convirtió en hogar.

¡La memoria de nuestros antepasados sostiene la defensa de nuestros derechos territoriales!

Del enclave bananero al atraso de hoy: apuntes desde Honduras

Marlin Óscar Ávila.

Marlin Óscar Ávila

Recuerdos de las fincas bananeras

Estoy recordando cuando vivía en las fincas bananeras, cuando aún era un niño que dependía de mis padres. Aunque era hijastro, mi padrastro me trató como a su hijo natural.

En ese tiempo, ser hijo de un funcionario de la empresa Tela Railroad Company (TRRCo) era un privilegio frente a los hijos de “los campeños”, los trabajadores manuales, que a su vez se clasificaban según sus actividades principales, lo que definía sus salarios.

En cada finca había clases sociales. Los hijos de empleados de confianza éramos de estirpe de alta sociedad. En nuestras casas había servidumbre: cocinera, “chinas” para cuidar a la niñez y yardero, lo que ahora llamamos jardinero. Generalmente esos oficios los ejercían personas garífunas. Muchos empleados de confianza eran extranjeros, irlandeses o escoceses, o bien hijos de terratenientes, como era mi padrastro.

Había escuelas bilingües, de inglés y español, para los hijos de los empleados de confianza. Esas escuelas estaban en la zona de la compañía bananera de El Progreso y luego pasaron a manos de los jesuitas. Cada finca contaba con escuela primaria solo hasta tercer grado. Después, las familias tenían que buscar escuelas privadas o dejar a sus hijos sin seguir estudiando. Es decir, convertirlos en fuerza laboral semianalfabeta.

Hasta el transporte estaba clasificado. El tren de pasajeros, que cruzaba la costa atlántica hasta Trujillo, tenía vagones con áreas de primera y de segunda clase. Había incluso un tren con vagones que llamaban “machangay”, que no tenía asientos: todas las personas viajaban de pie. En ese tiempo no había carretera, solo la línea férrea, así que había que viajar en tren. Por eso era común que un adolescente perdiera una o las dos piernas al tratar de subirse a un tren en marcha.

Las mulas se usaban para cargar dos y hasta cuatro racimos de banano verde, que se llevaban hasta una plataforma de cemento de unos 12 metros de largo por tres o cuatro de ancho, a la que llamaban “lavadora”. Del techo colgaban unas cadenas y tubos que giraban lentamente sin detenerse, con unos ganchos largos de metal donde se colgaba cada racimo. Así pasaban uno tras otro, hasta asegurar que todos los bananos quedaran bañados con un líquido que contenía químicos para combatir las enfermedades comunes de la fruta.

Después del baño, los racimos, muy pesados, debían trasladarse sin golpearlos a los vagones del tren estacionados, hasta llenarlos. Luego llegaba una locomotora, enganchaba los vagones y se los llevaba a Puerto Tela, a Puerto Cortés o hasta Trujillo, para embarcarlos hacia EUA.

El atraso

Aquella sociedad de clases, dirigida desde arriba, me hace pensar en cómo un país puede mantenerse en el atraso por muchos años, según las élites que lo gobiernan.

Si a quienes gobiernan no les importa un sistema democrático formalmente establecido, el de gobernar para el pueblo, por el pueblo y con el pueblo, lo que ese pueblo exprese “por un oído les entra y por el otro les sale”, tal como lo acaba de decir abiertamente un presidente centroamericano. Aunque eso sea imposible por la naturaleza humana, no cabe duda de que una sociedad puede seguir en el letargo de su atraso si no reacciona colectivamente.

Un ejemplo es la renovación de la licencia de conducir. Los avances tecnológicos deberían permitir que quienes tienen su licencia vencida puedan renovarla sin tener que madrugar para hacer largas filas frente a las ventanillas de las oficinas públicas, lo que favorece a tramitadores que cobran para repartirse ese ingreso con funcionarios.

Son horas, desvelos y desgaste de miles de personas, víctimas de un sistema obsoleto que no considera a las personas adultas mayores ni a las personas con discapacidad, y que se mantiene en las sociedades atrasadas en beneficio de unos pocos, ante la mirada cómplice de una burocracia también obsoleta. Desde luego, hay unos pocos que se lucran de este sistema a costa del sacrificio de muchos.

Las playas del Atlántico

Ese abandono se ve también en lo que debería ser motivo de orgullo. Hace poco fuimos de visita a Puerto Cortés, en el Atlántico hondureño. Desde la playa pública, administrada por la municipalidad, pudimos ver a unos cinco barcos mercantes anclados a cerca de un kilómetro de distancia, esperando ser atendidos en los muelles.

En la playa había unas tres docenas de motociclistas con sus vehículos estacionados, además de una veintena de jóvenes turistas que tomaban el sol y se divertían a lo grande. Ese ambiente agradable podría no ser del todo recomendable si tomamos en cuenta la salud y la higiene de la población.

Los barcos interoceánicos tienen tanques sépticos que, al llenarse, pueden vaciarse en el mar. A eso se suman los desagües de la ciudad. Aunque no confirmamos hacia dónde corren las aguas negras de ese puerto, hay un riesgo serio para la salud pública. Supimos que también hay playas privadas, pero igual habría que saber si el agua allí está libre de desechos humanos y cumple los niveles de calidad necesarios.

Esperamos que las autoridades aclaren estos puntos, porque esas playas, que se extienden por muchos kilómetros a lo largo del Atlántico hasta Nicaragua, son sin duda un atractivo turístico.

Marlin Óscar Ávila
Honduras, 2026

UCA conmemora el natalicio de Florencio del Castillo con un conversatorio sobre saberes indígenas

El escritor e investigador doctor Giovanni Beluche Velázquez participará en el webinario “Saberes indígenas para una cultura de vida”, este jueves 22 de octubre a las 5:30 p. m.

Florencio del Castillo nació el 17 de octubre de 1778 en Ujarrás y fue diputado por Costa Rica en las Cortes de Cádiz (1810-1813), donde defendió los derechos de los pueblos indígenas.

En conmemoración del natalicio del presbítero Florencio del Castillo, considerado uno de los primeros defensores de los derechos de los pueblos indígenas en Costa Rica, la Universidad Florencio del Castillo (UCA) invita a la comunidad universitaria y al público en general al webinario “Saberes indígenas para una cultura de vida”.

La actividad busca abrir un espacio de reflexión y diálogo sobre la riqueza de los saberes indígenas y su contribución a la construcción de una cultura de vida. Participará el escritor e investigador Giovanni Beluche Velázquez.

La actividad es abierta al público. Para más información puede escribir a kortega@uca.ac.cr

Sigue pendiente el Funeral de Estado para el presidente Juan Rafael Mora Porras

Vladimir de la Cruz

El asesinato fraguado contra el presidente Juan Rafael Mora Porras, realizado el 30 de setiembre de 1860, hace 166 años, en El Jobo de Puntarenas, sigue sin que la Patria haya saldado el homenaje que se le debe como presidente de la República.

El presidente Juan Rafael Mora Porras fue el máximo héroe costarricense y centroamericano, así también reconocido en Centroamérica, el gran estratega y conductor de la Guerra Nacional Centroamericana, y de la Gesta Nacional de 1856 y 1857, contra la presencia filibustera estadounidense en Nicaragua y en Costa Rica, con el peligro que esa hueste extranjera significaba para la independencia, soberanía de las jóvenes repúblicas centroamericanas, que acababan de salir del yugo colonial español, y la libertad de los pueblos centroamericanos, de haberlos sometido al esclavismo, y la anexión a los estados sureños y esclavistas de los Estados Unidos.

El 14 de agosto de 1859 le dieron un golpe de Estado al presidente Juan Rafael Mora Porras, en su tercer gobierno legítimamente elegido. Lo expulsaron del país hacia El Salvador con el general José María Cañas Escamilla, con su hermano el general José Joaquín Mora Porras, todos héroes y grandes conductores militares de la Guerra Nacional, y otras personas muy allegadas al presidente. Allí vivieron un corto tiempo el presidente Mora y ellos.

En 1860 el presidente Juan Rafael Mora Porras se dispuso a regresar a recuperar la Presidencia que le había sido arrebatada y arrebatada. Traicionado en su intento militar, a su regreso, se enfrentó en el Combate de la Angostura, en Puntarenas, obligado por esa traición a entregarse ante las fuerzas militares del gobierno que habían sido enteradas de su regreso y que llevaban la misión de acabarlo, dándole muerte.

La rendición de Mora se hizo bajo el compromiso de respetar la vida de los que lo habían acompañado en ese intento de recuperar la Presidencia, especialmente a su hermano el general José Joaquín Mora Porras, y también a su cuñado, hermano político, el general José María Cañas Escamilla.

No había en las filas oficiales del ejército que fue enviado a enfrentarlos y juzgarlos el número suficiente de oficiales, generales, que pudieran constituirse en el Tribunal Militar que llevara su juicio. Para ello improvisaron una oficialidad sin ningún procedimiento militar de ascensos y reconocimientos pertinentes, tan solo para justificar el crimen que ya tenían planeado y ordenado.

Así, en Puntarenas se constituyó, en pocas horas, el Consejo de Guerra o Tribunal Militar que determinó la muerte por fusilamiento del presidente Juan Rafael Mora Porras, órdenes que se llevaban de San José, del propio gobierno surgido del golpe de Estado, de José María Montealegre Fernández, de su vicepresidente Francisco María Yglesias Fernández y de los generales Máximo Blanco y Florentino Alfaro, que habían sido enviados a Puntarenas jefeando la tropa gobiernista, junto al coronel Pedro García Oreamuno y a Vicente Aguilar Cubero, todos opositores políticos del presidente Mora, líderes de la élite política y económica, que veían el regreso de Mora como un serio peligro a sus negocios e intereses económicos.

Así, se consumó el asesinato del presidente. El compromiso de no fusilar a Cañas y a José Joaquín se alteró por orden del presidente Montealegre. De esa manera, el 2 de octubre fue también fusilado el general José María Cañas Escamilla. Así se produjo la página más oscura, más negra de la Historia Patria.

Los cuerpos de Mora y Cañas se ordenó tirarlos al estero de Puntarenas, con el propósito de que allí desaparecieran. Esto se evitó gracias a un grupo de entrañables amigos, y parientes, del presidente, entre ellos los cónsules de Gran Bretaña y de Francia, los señores Richard Farrer y Jean Jacques Bonnefil, junto con los yernos de Bonnefil, Santiago Constantine y Julio Rosat, y el Capitán Francisco Roger, que impidieron que los cuerpos acabaran en el estero. Recuperados los cuerpos, que habían sido protegidos, envueltos, con la Bandera de Francia, fueron enterrados en el cementerio del estero, en una fosa cavada por ellos mismos, donde les depositaron y resguardaron por los siguientes seis años.

El 20 de mayo de 1866 el cónsul francés Jean Jacques Bonnefil, nuevamente, con cuatro personas, los marineros Carlos Leonara, Enrique Ligoneff, Francisco Hervé y Guillermo Noubée, exhumaron los cadáveres, los recogieron y mantuvieron durante un breve período de tiempo en la residencia del cónsul, en Puntarenas, de donde los trasladaron después a San José, a la residencia del cónsul, que estaba frente al Hospital San Juan de Dios.

En su casa se guardaron los restos de los héroes hasta que el 13 de mayo de 1885 fueron depositados en el Cementerio general de la ciudad de San José, sin que se hubiera hecho nunca, a partir de esta fecha, ningún ceremonial oficial de Entierro de Estado, de Funeral de Estado, al presidente de la República, Benemérito y héroe de la Campaña Nacional de 1856 y 1857 contra la presencia filibustera en Costa Rica y en Centroamérica. Ni tampoco ningún acto oficial de entierro para el general José María Cañas Escamilla.

Por ello está pendiente, desde aquel asesinato de Estado, un gran acto nacional, que debe realizarse con un Gran Funeral de Estado, donde se cumpla, con el reconocimiento oficial, a la figura del presidente Juan Rafael Mora Porras, y que se realice con toda la pompa, ceremonia y desfile que merezca.

En su memoria, en el Gobierno de Federico Tinoco Granados, el 8 de diciembre de 1918, en el período de la dictadura, se erigió un monumento, en el sitio del magnicidio, en la esquina sur oeste de la actual Plaza llamada Mora y Cañas, ubicada en el Barrio El Carmen, entre avenida 1 y calle 9 de la ciudad de Puntarenas. Allí están los bustos, desde 1960, de los héroes Juan Rafael Mora Porras y el general José María Cañas Escamilla, esculpidos por Juan Rafael Chacón.

Desde aquel año, en Puntarenas se realizan manifestaciones, desfiles y actividades de recuerdo a los héroes nacionales Mora y Cañas.

El Funeral de Estado que comprende el acto, en este caso, de exhumación, de exequias o del cortejo fúnebre que debe realizarse acompañando los restos, y los actos oficiales que se realicen en su memoria en la Asamblea Legislativa, bajo capilla ardiente, u otros sitios que se dispongan a este efecto, incluyendo un acto ceremonial religioso, católico, que también se le podría tributar, por razones de su credo y de la tradición de mediados del siglo XIX, y el de nuevo depósito de sus restos en el Cementerio general, no se ha hecho.

En Puntarenas, desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la noche hubo una serie de actividades programadas, como todos los años en esta fecha, que nos recordaron la egregias figuras y personalidades del presidente Juan Rafael Mora Porras y del general José María Cañas Escamilla. Las actividades en Puntarenas iniciaron con un desfile de 80 bandas musicales estudiantiles, de todo el país, que allí llegaron.

El gobierno de la República declaró tres días de duelo nacional, en su memoria, lo que se recuerda con las banderas nacionales a media asta en todo el país. Hubo también un Misa Tedeum, oficiada por el obispo de Puntarenas, y por la tarde se contó con la presencia de la presidenta Laura Fernández.

El alcalde de Puntarenas es quien ha llevado, junto a las organizaciones cívicas puntarenenses, la batuta de los actos que recordaron la memoria de los héroes Nacionales de la Guerra de 1856-1857.

El Funeral de Estado es la ceremonia pública que en Honor de la figura política del presidente Juan Rafael Mora Porras debe realizarse. Esto sigue pendiente. Hoy se hará una Honra Fúnebre, pero sigue faltando el Funeral de Estado.

Este Funeral de Estado, para el presidente Juan Rafael Mora Porras, servirá no solo para reivindicar el acto de su muerte, sino para fortalecer su memoria, el culto y el respeto al héroe, para fortalecer la identidad nacional en lo que el presidente Mora evoca y significa, para enriquecer la conciencia histórica, pero sobre todo para hacer justicia histórica con el héroe Nacional, que no tuvo su Funeral de Estado, su Funeral Oficial, con el que estamos en deuda nacional, quien le aseguró la soberanía y la independencia nacional al país, a la Patria, al pueblo costarricense y centroamericano.

Este Funeral de Estado no será de despedida, es de bienvenida y de inserción oficial a la memoria Histórica nacional.

Zapote conmemora el 205.º aniversario de la firma del Acta de Independencia

El acto incluirá la develación de un monolito en memoria de 17 héroes zapoteños de la Campaña Nacional de 1856-1857 y la entrega de una distinción al mérito civil.

La Municipalidad de San José, el Concejo de Distrito de Zapote y la Asociación Cívico Cultural de Zapote (ACCZ) invitan a la comunidad al acto conmemorativo del 205.º aniversario de la firma del Acta de Independencia de Costa Rica, del 29 de octubre de 1821. La actividad será el jueves 29 de octubre de 2026, a partir de las 9:00 a. m., en Zapote.

Monolito a los héroes zapoteños

Uno de los momentos centrales será la develación de un monolito en memoria de los 17 héroes zapoteños de la Campaña Nacional de 1856-1857, con la placa “Héroes de Zapote 1856”, a cargo de Gustavo Amador H.

Distinción al mérito civil

En el acto se entregará además la distinción al mérito civil “Heroína María Elena Díaz Garita” al brigadista Wagner Leiva Rivera, en reconocimiento a su labor como héroe civil en Venezuela.

Programa

  • 9:00 a. m.: ingreso del pabellón nacional.

  • 9:05 a. m.: Himno Nacional de Costa Rica.

  • 9:10 a. m.: Himno al 29 de octubre de 1821.

  • 9:15 a. m.: palabras de Minor Santillán, de la Asociación Cívico Cultural de Zapote.

  • 9:25 a. m.: palabras de Marylyn Astorga, síndica.

  • 9:30 a. m.: palabras de Miguel Rojas Jiménez, autor del Himno de la Independencia.

  • 9:40 a. m.: develación de la placa “Héroes de Zapote 1856”, por Gustavo Amador H.

  • 9:45 a. m.: entrega de la medalla al mérito “María Elena Díaz Garita” a Wagner Leiva Rivera.

  • 9:50 a. m.: palabras del alcalde de San José, Diego Miranda Méndez.

  • 10:00 a. m.: acto cultural de la agrupación de personas adultas mayores “Renovando Esperanzas”.

  • 10:25 a. m.: presentaciones de grupos culturales y artísticos (bandas y bailes) e inflables.

  • 11:30 a. m.: refrigerio.

“¡Los esperamos en Zapote!”, concluye la invitación.

Un «mausoleo» para Bukele… con el cuento de Morazán

Freddy Pacheco León

Vuelve el dictador salvadoreño a soñar con la reencarnación del general Francisco Morazán, aunque no creemos que él hubiera estado muy a gusto con esa locura, pues Francisco Morazán era «un genio poderoso, un estratega, un orador, un verdadero estadista…» (José Martí). Sin embargo, en 1842, ayudado por enemigos del presidente don Braulio Carrillo, desembarcó el 7 de abril con cinco buques en Puerto Caldera, para luego avanzar con sus soldados con la misión de dar un golpe de Estado al mandatario. Logrado este, gracias a traidores como el salvadoreño Vicente Villaseñor, don Braulio fue desterrado hacia El Salvador y el hondureño Morazán comandó un gobierno provisional para luego ser nombrado jefe supremo del Estado de Costa Rica.

Pero Morazán quería mucho más; Costa Rica le quedaba muy pequeña a sus aspiraciones y por eso no tardó mucho en evidenciar su interés por extender su dominio militar, hacia el resto de los países centroamericanos. Ante ello, Guatemala declaró a Costa Rica país enemigo, Honduras y Nicaragua desconocieron su gobierno y El Salvador rompió relaciones, para luego unirse en la llamada «Confederación de Guatemala», para defenderse como uno solo. Mientras tanto, en Costa Rica también se puso más tenso el ambiente, pues el 29 de julio el catracho comunicó su intención de volver a estructurar la Unión Centroamericana, que antes como ahora, es rechazada por una gran mayoría de los ticos.

Pues amigos, al ver a Bukele invirtiendo recursos para que su identidad «recuerde» a Morazán, en vista de que en su imaginaria grandeza ya él no cabe en El Salvador, percibimos que ignora mucho alrededor de la figura de Morazán.

Como parte de ese matizado culto a la personalidad de Morazán, lo que Bukele pretende es que sus compatriotas, ¡y los del resto de América Central!, lo vean como el prócer del nuevo gran Estado que una vez soñara Morazán. Para ello, las que se dicen son sus cenizas, en un montaje 100 % kitsch, se resguardan en un monumento funerario de carácter marcial, al que erradamente el dictador llama «mausoleo», ubicado frente a la «biblioteca china» en San Salvador. Ahí se lleva al pueblo a ver el raro escenario, pero no es suficiente. Bukele necesita reconocimiento de parte de los presidentes centroamericanos, y dentro de ese contexto es que ha invitado a la presidenta Laura Fernández Delgado, tal vez con la esperanza de que tenga alguna de sus usuales «salidas», esta vez en apoyo a los sueños del reencarnado. «Vale la pena el intento», pensará.

Por otro lado, lo que no logramos comprender es que, en busca de un «destino común», Bukele no se detenga un instante al menos, a recordar cuál fue el desenlace de la aventura de Morazán en suelo costarricense, donde… murió fusilado aquel 15 de setiembre de 1842 en lo que es hoy el parque central de San José.

Imagen aportada por el autor y tomada de la página En Caliente-Honduras.

Cuando la intolerancia ensucia las paredes, pero no silencia las voces

MUSADE: 40 años de resistencia, autonomía y defensa de los derechos humanos

Por Enid Cruz Ramírez

El pasado 26 de agosto de 2026, personas vecinas que transitaban frente a la sede de MUSADE, en San Ramón, nos informaron que una de las paredes exteriores había sido ensuciada con lo que se identificó como excremento humano.

Este hecho, además de provocar indignación, nos invita a reflexionar sobre el contexto que vive Costa Rica, marcado por preocupantes señales de retroceso en los derechos humanos, particularmente de las mujeres y las personas sexualmente diversas, así como por la creciente normalización de discursos de odio y expresiones de intolerancia.

Desconocemos quién realizó este acto y cuáles fueron sus motivaciones. Sin embargo, consideramos importante documentarlo, porque nuestra historia nos ha enseñado que las manifestaciones de hostilidad hacia las organizaciones defensoras de derechos humanos no deben pasar inadvertidas.

Una historia de resistencia y autonomía

Durante sus 40 años, MUSADE ha enfrentado situaciones que han puesto a prueba su independencia y continuidad.

En 1998, después de funcionar durante varios años en instalaciones prestadas por otra organización, enfrentamos situaciones de hostigamiento e intentos de control, en un contexto de relaciones de poder y liderazgos político-partidarios. Nuestra decisión de mantener la autonomía institucional tuvo consecuencias: se cambiaron los llavines del espacio donde se reunía el grupo de apoyo a mujeres sobrevivientes de violencia y se produjeron situaciones de persecución y acoso contra compañeras que colaboraban con la organización, incluida su coordinadora. Finalmente, tuvimos que abandonar aquellas instalaciones.

En mayo de ese mismo año encontramos un nuevo espacio, facilitado por el gobierno municipal de San Ramón. Sin embargo, en 2004 enfrentamos otra situación crítica. Después de recibir una solicitud de apoyo de una mujer cuya situación involucraba a un alto funcionario municipal, comenzaron presiones administrativas que culminaron con una notificación de desalojo, acciones que interpretamos como una represalia por ejercer nuestra labor de defensa de los derechos de las mujeres.

Intentamos detener aquella decisión, argumentando que la Municipalidad no contaba con una Oficina de la Mujer y que MUSADE había asumido durante años importantes funciones de atención y acompañamiento a las mujeres del cantón. A pesar de nuestras gestiones y del apoyo comunitario, la decisión se mantuvo.

Fueron momentos de profunda incertidumbre. Buscamos otros locales prestados y llegamos incluso a considerar la disolución de la organización.

Pero en medio de aquella crisis tomamos una de las decisiones más trascendentales de nuestra historia: no desaparecer.

Decidimos adquirir una propiedad mediante un préstamo, estableciendo así nuestra propia sede, el edificio que nos ha albergado hasta hoy. Aquella decisión significó mucho más que comprar una casa: fue una afirmación de nuestra autonomía y del derecho a existir sin subordinarnos a intereses políticos o institucionales.

La memoria también es resistencia

Hoy, en el marco de nuestro 40 aniversario, este nuevo acontecimiento nos recuerda la importancia de documentar las manifestaciones de hostilidad. No afirmamos que exista relación entre los hechos del pasado y el incidente reciente, pero nuestra trayectoria nos ha enseñado que la violencia también puede expresarse mediante intimidaciones, humillaciones y presiones destinadas a debilitar el trabajo de las organizaciones sociales.

Durante cuatro décadas, MUSADE ha mantenido abiertas sus puertas para acompañar a mujeres sobrevivientes de violencia, defender los derechos humanos y construir comunidades más justas y solidarias.

Hoy, mientras impulsamos la construcción de una nueva Casa de MUSADE para responder a los desafíos del siglo XXI, recordamos que nuestra primera casa propia también nació de una decisión de resistencia y esperanza.

No sabemos quién ensució nuestra pared, pero sí sabemos quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde queremos caminar.

Las paredes se limpian. Las casas se reconstruyen. Pero la dignidad, la memoria y las convicciones no se negocian.

Seguiremos documentando, denunciando y construyendo memoria, porque el silencio nunca ha sido nuestro camino.

MUSADE – Asociación Mujeres Unidas en Salud y Desarrollo

Desde la comunidad construyendo justicia e igualdad.

San Ramón, Costa Rica, octubre de 2026.

De Óscar Arias 1986 a Rodrigo Chaves 2026: 40 años de neoliberalismo privatizando la vida de las juventudes, hipotecando su futuro. Parte primera

Por: Lenin Chacón Vargas
Exsecretario general de la Juventud Vanguardista 1974-1980
Exsecretario general del Partido del Pueblo Costarricense hasta 1991

A las nuevas generaciones les han contado una historia a medias. Dicen que el país está mal por culpa de «los mismos de siempre» o de «los partidos tradicionales» como el PLN, el PUSC y el PAC. Sin embargo, hay una trampa en ese discurso. Detrás de las peleas que vemos a diario en la televisión, la prensa digital y las redes sociales, existe un mismo plan económico que lleva 40 años aplicándose sin interrupción.

Desde 1986 hasta el actual 2026, Costa Rica pasó de ser un país que invertía en su gente a transformarse en una empresa que beneficia a unos pocos. Esta es la historia de cómo el modelo neoliberal —o capitalismo salvaje— nos viene quitando, pedazo a pedazo, nuestra calidad de vida.

1. De la Costa Rica solidaria a la Costa Rica neoliberal

Todo comenzó a mediados de los años 80 con la llegada del primer gobierno de Óscar Arias Sánchez, enemistado con los viejos líderes socialdemócratas: José Figueres, Luis Alberto Monge, Daniel Oduber, llamándoles “muletas que no necesitaba”. Con la llegada del gobierno de Arias en 1986, y dando continuidad profunda a los Programas de Ajuste Estructural que habían iniciado tímidamente en el gobierno de Monge tras la crisis de 1981, se consolidó un giro de timón radical. El énfasis dejó de ser el fortalecimiento de la producción interna y el mercado local. Ahora se priorizaba la inserción de Costa Rica en la economía global, las exportaciones no tradicionales y la atracción de inversión extranjera.

2. Los programas de ajuste estructural (PAE)

Los Programas de Ajuste Estructural fueron los instrumentos financieros y políticos impuestos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que sirvieron como motor de esa transición. Tras la devastadora crisis económica de 1981, el país estaba quebrado. La respuesta de los organismos internacionales fue clara: para recibir préstamos de estabilización, Costa Rica debía desmantelar el modelo del Estado Social de Derecho y abrir su economía. El agro nacional, que había sido el corazón de la soberanía alimentaria y la estabilidad social campesina durante décadas, fue el sector que pagó el costo más alto.

El PAE I, negociado bajo Monge en 1985, y el PAE II, aprobado y ejecutado con fuerza en el gobierno de Arias, actuaron sobre tres ejes destructivos que transformaron para siempre la estructura social y agraria del país.

El primero fue la asfixia deliberada del Consejo Nacional de Producción y la pérdida de la soberanía alimentaria. Antes de los PAE, el CNP era una institución clave de la Costa Rica socialdemócrata. Le compraba a los pequeños agricultores sus cosechas de granos básicos, arroz, frijoles y maíz, a precios de sustentación, precios mínimos garantizados para que el campesino no perdiera dinero. Y vendía esos alimentos a la población a precios accesibles a través de los estancos. Los PAE catalogaron este sistema como un gasto ineficiente y una distorsión del libre mercado. Bajo las directrices del PAE II, se eliminaron los precios de sustentación y se cerraron paulatinamente los estancos. El CNP fue despojado de su capacidad de compra. Al obligar al país a eliminar los aranceles de importación, el mercado nacional se inundó de granos básicos extranjeros, fuertemente subsidiados en sus países de origen, como el maíz y arroz estadounidense. El productor local simplemente no pudo competir y el CNP quedó reducido a una entidad mínima.

El segundo eje fue la política de la “agricultura de cambio» y el fin del grano básico. Con el PAE II se consolidó una consigna oficial que sepultó la agricultura tradicional. El argumento neoliberal dictaba que Costa Rica no debía gastar recursos en producir su propia comida si era más barato importarla. En su lugar, los campesinos debían reconvertirse en productores de exportaciones no tradicionales: flores, mini-vegetales, plantas ornamentales, piña y melón, tubérculos. El Ministerio de Agricultura y Ganadería y los bancos del Estado cambiaron radicalmente sus prioridades. Se cortó el crédito barato, la asistencia técnica y los seguros agrícolas para los productores de maíz, arroz y frijoles. Si un campesino quería crédito, el banco se lo otorgaba únicamente si sembraba los productos destinados al mercado internacional. Los pequeños agricultores, que no tenían los recursos, la tecnología ni los contactos internacionales para exportar flores o piña, cayeron en la ruina. Esto provocó una masiva quiebra en el campo, el abandono de las tierras y el inicio de la gran migración campesina hacia los precarios de las periferias urbanas.

El tercer eje fue la privatización del crédito agrícola. El sistema bancario nacionalizado había sido diseñado por el primer liberacionismo para democratizar el crédito. Existían las Juntas Rurales de Crédito Agrícola, que financiaban al pequeño productor con tasas de interés bajísimas y plazos sumamente flexibles porque el fin no era el lucro sino el desarrollo social. Los programas exigieron la desregulación financiera, abriendo el portillo para la banca privada y obligando a los bancos del Estado a operar bajo criterios estrictos de rentabilidad comercial y libre mercado. Las Juntas Rurales de Crédito perdieron su razón de ser. El pequeño agricultor se convirtió en un cliente de alto riesgo para los ojos de una banca ahora corporativizada. Al no poder acceder a financiamiento, la producción agrícola familiar quedó prácticamente liquidada, dejando el campo libre para el auge de las grandes corporaciones transnacionales, especialmente en sectores como la piña, melón, sandía y el banano.

Aquella idea de que el suelo costarricense debe alimentar a sus hijos fue sustituida por la lógica neoliberal de que el mercado global proveería todo. Y así transformaron la estructura social y agraria del país para siempre.

Los discursos del arismo sonaban bonito tanto en la primera gestión 1986-1990, como en la segundo 2006-2010 incluido el Tratado de Libre Comercio (TLC.) prometían «modernizar el país» y «abrirnos al mundo» “la tecnocracia al poder” y sus consignas ilusorias como «en vez de un Hyundai, tendrán un Mercedes Benz».

La realidad, no obstante, fue otra. Se cambió por completo la lógica del Estado. Las instituciones públicas* que nacieron para garantizar derechos fundamentales —la salud, la educación, la energía eléctrica, las telecomunicaciones, los seguros, el agua, el transporte ferroviario y el agro, — empezaron a ser vistas como simples «negocios» que debían generar ganancias financieras o, de lo contrario, recortarse. Así comenzó el desmantelamiento del Estado Social de Derecho, la eliminación del cultivo de granos básicos: arroz, frijoles, maíz.

3. La precarización del trabajo: adiós a la estabilidad laboral

Para los jóvenes de hoy, conseguir un empleo con plenas garantías laborales parece un mito del pasado. El neoliberalismo trajo consigo la flexibilización laboral, sustituyendo la conquista histórica de la jornada de 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de recreación, por propuestas extenuantes como la jornada 4×3 (cuatro días laborando 12 horas continuas a cambio de tres días de descanso).

Bajo la falsa promesa de «atraer inversión», se mutilan las jornadas laborales humanamente justas. Hoy se ha normalizado el trabajo informal, el empleo precarizado por aplicaciones digitales o las dinámicas de zonas francas donde los derechos sindicales y el pago de horas extra son prácticamente inexistentes. Nos vendieron la idea de ser «nuestros propios jefes» a través del emprendedurismo para ocultar que el Estado ya no garantiza salarios dignos ni estabilidad. Esto destruye la posibilidad de construir un proyecto de vida, comprar una casa

o aspirar a una vejez digna, mientras la Banca para el Desarrollo se utiliza como una herramienta de clientelismo político para los gobiernos de turno.

4. La asfixia de la educación y la salud pública

El daño más grave de estas cuatro décadas ha sido el ataque directo contra los pilares de la democracia costarricense: la educación pública y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Educación en quiebra: El presupuesto educativo se ha recortado a niveles históricos, violando flagrantemente el mandato constitucional del 8%. Hoy tenemos escuelas con órdenes sanitarias y universidades públicas bajo constante amenaza presupuestaria y cierres de centros regionales.

Un pueblo sin educación es un pueblo fácil de manipular.

Salud debilitada: La CCSS ha sido ahogada financieramente por los sucesivos gobiernos, incluyendo el actual, mediante la corrupción, el derroche y una sistemática asfixia de sus finanzas. Al colapsar los servicios y extenderse las listas de espera, se obliga a la gente sencilla a pagar clínicas privadas o a morir esperando una cita. De esta forma, convierten la salud en un lujo de consumo; una mercancía con diferentes precios según la capacidad de pago y la calidad de los especialistas.

5. El gobierno actual: El heredero neoliberal con disfraz de rebelde

La administración de Rodrigo Chaves Robles y Laura Fernández Delgado han sabido explotar el enojo legítimo de la población hacia las cúpulas del PLN, el PUSC y el PAC. Su estrategia en redes sociales es efectiva: ataca violentamente a los actores políticos y funcionarios del pasado para proyectar una imagen de «rebelde» o reformador. Pero no es ni más ni menos que un político neoliberal, populista y autoritario.

Pero observemos las acciones y no los gritos.

En materia económica, este gobierno es un alumno excelente de Óscar Arias y de la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones del Sector Empresarial Privado (UCCAEP).

Su receta es la misma de siempre: recortes profundos a los programas sociales, debilitamiento de la institucionalidad, ataques a la libertad de prensa y un favorecimiento descarado a los grandes grupos financieros. No hay ruptura; hay una profundización del capitalismo salvaje mediante un estilo autoritario de gritería e insultos.

A esto se suma el ataque sistemático al Poder Judicial, la Sala Constitucional (Sala IV) y la Fiscalía General, motivado por las centenas de denuncias judiciales que pesan sobre diputados, ministros, exministros y el propio exmandatario y el debilitamiento de los recursos para combatir eficazmente el crimen organizado.

6. Para recuperar el futuro: Urge la organización y la movilización nacional

Nos están dejando una Costa Rica sin memoria y con una «vida útil» muy corta para las mayorías. La corrupción y la pérdida de libertades no son casualidad; son el resultado directo de este modelo neoliberal que cumple 40 años en este 2026.

La juventud no puede quedarse como espectadora en las redes sociales mientras le desmantelan el país que se construyó con tanto esfuerzo en el siglo XX. La única forma de frenar este régimen neoliberal y autoritario es la organización popular. Necesitamos rescatar la democracia social, la que pone al ser humano por encima del mercado. Es hora de despertar, recordar de dónde venimos y reclamar el futuro que nos quieren robar.

Es un deber ineludible de las juventudes de hoy, defender los derechos, las garantías sociales, las garantías individuales y el Estado social y democrático de derecho que conquistaron nuestros padres y abuelos.

¡A luchar! La democracia de la calle es el camino.

*Nota: Instituciones Públicas desmanteladas o en proceso: C.C.S.S., universidades públicas, ICE, INS, AyA, Ferrocarriles al Pacífico y al Atlántico, C.N.P., todas, patrimonio del pueblo de Costa Rica.

Desde la trinchera del arte, las ideas, la cultura y la canción

Pasajes de una historia del Movimiento de la Nueva Canción, el Frente Cultural de la Juventud Vanguardista Costarricense.

Lenin Chacón Vargas
Secretario general de la Juventud Vanguardista Costarricense (1974-1980)

Ver la foto del semanario Libertad del homenaje a Emilia Prieto en La Casona del Higuerón, en 1976, me motivó a escribir estos recuerdos, que son memoria-historia para nunca olvidar.

Para comprender el origen del Movimiento de la Nueva Canción de Costa Rica de los años setenta, es indispensable desviar la mirada de los despachos oficiales y fijarla en los salones de la JVC, en los centros de proyección cultural en Montes de Oca, donde la juventud organizada decidió que la revolución social no solo se escribía en panfletos o manifiestos obreros, sino que también se cantaba, se proyectaba en pantallas improvisadas y se esculpía en madera.

Entre 1974 y 1980, durante mis años al frente de la Secretaría General de la Juventud Vanguardista Costarricense (JVC), tuvimos la certeza histórica de que la política sin cultura carecía de alma y de que el arte sin conciencia de clase carecía de contenido. Comprendíamos que el arte es revolución y que revolución sin arte no es revolución. Fue así como articulamos una red orgánica de resistencia y acción que, por casualidades de la vida y de la lucha, convirtió al cantón en un epicentro de la vanguardia de la Nueva Canción.

La Casona del Higuerón

Dentro de esta arquitectura cultural de masas, La Casona del Higuerón no era simplemente un restaurante o una peña informal; era una trinchera del Frente Cultural de la JVC. Gerenciada por el camarada Mario Blanco Barrantes y apuntalada por el sudor y la disciplina militante del obrero Gerardo Vegas, La Casona lograba materializar semanalmente la alianza obrero-estudiantil-intelectual y artística. En sus mesas se sentaban los muchachos de la Universidad de Costa Rica a debatir sobre política, arte y acción junto a trabajadores de las fábricas y de la cultura, sindicalistas, escritores e intelectuales.

Cada semana, durante años, las luces de La Casona se atenuaban para dar paso a los cineforos. No proyectábamos para el mero entretenimiento; el cine era un detonante ideológico, una ventana para discutir las realidades de la América Latina ensangrentada por las dictaduras y las promesas de liberación de los pueblos. Al terminar las cintas, las tertulias se ponían en marcha y se extendían hasta la madrugada entre creadores, militantes e intelectuales orgánicos, amalgamando la teoría política con la sensibilidad artística. El restaurante de la Casona era dirigido con la exquisita cuchara de comidas muy ticas de Magda Artavia. El teatro de La Casona fue diseñado por el actor, cineasta y dramaturgo Óscar Castillo Herrera.

CECUPO y el CAI

La Casona del Higuerón no operaba de manera aislada; formaba parte de un engranaje mayor concebido desde la JVC. En 1974 abrimos las puertas del Centro de Cultura Popular (CECUPO) en San Pedro de Montes de Oca. Aquella casa amplia, que en algún tiempo fue casa de monjas, se transformó de inmediato en el cuartel general de las organizaciones culturales alternativas: albergaba oficinas, una pequeña sala de teatro, zonas de ensayo y la trastienda de la Discoteca del Arte Popular (DIAP), desde donde distribuíamos la música que los medios comerciales censuraban de manera sistemática.

En estrecha alianza con el CECUPO, la Coordinadora de Artistas e Intelectuales (CAI) agrupó a las mentes más lúcidas y comprometidas de la época. Al frente de la Coordinadora estuvo el entrañable cineasta Víctor Vega, un creador que con su mirada documental y punzante capturaba las profundas contradicciones de nuestra sociedad. Que un realizador de su talla presidiera la CAI demostraba el imán que significaba la JVC para la intelectualidad costarricense: el arte ya no pertenecía a las élites académicas, sino que se ponía al servicio de las bases populares.

La Nueva Canción y el homenaje de 1976

Fue precisamente al calor de esta red como se impulsó el Movimiento de la Nueva Canción Costarricense. La Nueva Canción, nacida de la mano de la JVC y bajo la tutela intelectual de Emilia Prieto, despertó conciencias. Doña Emilia fue nuestra brújula: con su agudo sentido crítico, su buen humor y su incansable labor de rescate de las tonadas campesinas, nos enseñó que el folclor del Valle Central era un espacio de resistencia cultural indígena y mestiza frente a la penetración cultural extranjera. Dionisio Cabal aprendió y heredó de ella ese oficio, lo hizo suyo y nos dejó una gran obra.

El punto culminante de esta simbiosis se vivió en 1976 en La Casona del Higuerón. Organizamos un homenaje a la compañera Emilia que quedó grabado de forma indeleble en la historia. Ella no acudió como una espectadora pasiva a recibir un pergamino protocolario; subió a la tarima con los jóvenes para ser parte activa del concierto, rompiendo las distancias generacionales con su guitarra y su palabra militante.

Esa noche, los grupos musicales unieron sus voces. El grupo Tayacán (Luis Enrique Mejía, Orlando Gamboa, Rubén Pagura, Joaquín Rodríguez, Rafa Acosta), el conjunto Erome, guiado por los hermanos Monestel; el cuarteto Viva Voz, con Marisol Carballo; Dionisio Cabal, los hermanos Mena y la solista Alejandra entonaron sus acordes como un tributo vivo a la maestra. En la primera fila, a la derecha, destacaba un muchacho de mirada limpia y guitarra firme: Manuel Monestel, junto a su hermano Bernal Monestel y sus otros compañeros de Erome. Ver a Manuel en esa fotografía de 1976 es recordar el germen de un compromiso inquebrantable. Manuel siguió los consejos y el ejemplo de Emilia, y ha dedicado su vida al rescate e investigación del arte musical y poético de nuestra población afrodescendiente del Caribe. Su andar coherente —ideales y acción—, que el país reconocería con el Premio Nacional de Cultura Magón, comenzó en aquellas peñas solidarias de La Casona y en los festivales de la época. Manuel sigue siendo el mismo muchacho de aquella fotografía, activo y altivo. Esta crónica no estaría completa sin evocar el espíritu de la maravillosa década de los setenta, que recibió un impulso poderoso cuando, por invitación de la JVC, Víctor Jara, el cantautor chileno miembro del Comité Central de las Juventudes Comunistas de Chile, llegó a Costa Rica en noviembre de 1971. Dio conciertos, sostuvo reuniones de intercambio y regaló a la JVC una matriz de su disco Pongo en tus manos abiertas, que poco tiempo después editamos con el sello disquero de la JVC, la Discoteca del Arte Popular (DIAP). Se iniciaba así una época dorada de agitación cultural, trova, compromiso social y luchas unitarias juveniles en Costa Rica.

Víctor Jara en Costa Rica, noviembre de 1971. De izquierda a derecha Lenin Chacón, secretario de Cultura de la JVC 1970-1973; Gilberto Calvo, secretario de Relaciones Internacionales; Víctor Jara, cantautor de Chile; Vladimir de la Cruz.

Al hojear las páginas del periódico Libertad de 1976, resulta imposible no conmoverse ante el homenaje a la entrañable Emilia Prieto, cuya guía inspiró a toda una generación a mirar hacia nuestras raíces.

Es justo y necesario honrar la memoria y el legado de cada una de las voces que aparecen en esta foto del tiempo. Queremos rendir un tributo profundo a todas y todos los cantantes que, con su guitarra y su voz, desafiaron al silencio. Entre ellos, expresamos un agradecimiento muy especial a Manuel Monestel, recientemente galardonado con el prestigioso Premio Nacional de Cultura Magón, quien transformó el calipso y la música caribeña en un pilar inamovible de nuestra identidad nacional. A él, y a cada artista que puso su talento al servicio de la cultura en esos años revolucionarios, les dedicamos este recuerdo imperecedero.

Al rememorar el periodo 1974-1980, nos queda la certeza de que La Casona del Higuerón y la red cultural nacional, incluido el zonal de la cultura con más de diez comités de base de la JVC, cumplieron su misión histórica. No fuimos vencidos por el olvido. Aquellos jóvenes de la fotografía, guiados por el faro de Emilia Prieto y arropados por la mística revolucionaria, sembraron una semilla musical, poética y política que sigue floreciendo en la memoria colectiva de Costa Rica y en una nueva generación de intérpretes y cantautores presentes en todas las luchas sociales del pueblo y las juventudes de Costa Rica.

Fuimos parte, entre muchas y muchos, de este esfuerzo:

  • Lenin Chacón Vargas: secretario general de la JVC (1974-1980). Conductor político y articulador de la red cultural de masas.
  • Emilia Prieto Tugores: artista, folclorista y militante. Matriz ideológica y guía fundacional del Movimiento de la Nueva Canción Costarricense.
  • Comité Zonal de Trabajadores de la Cultura de la JVC: del cual Luis Fernando Gómez fue secretario político durante varios años.
  • La Casona del Higuerón: centro cultural, restaurante y peña de la JVC. Sede de cineforos, tertulias semanales y conciertos de la Nueva Canción.
  • Mario Blanco Barrantes: militante y dirigente de la JVC. Gerente y organizador operativo de La Casona del Higuerón.
  • Gerardo Vegas: obrero militante y dirigente de la JVC. Asistente fundamental en la operación de La Casona.
  • CECUPO: Centro de Cultura Popular en San Pedro. Oficinas para organizaciones culturales, movimientos alternativos, teatro, ensayos y difusión musical.
  • CAI: Coordinadora de Artistas e Intelectuales. Frente orgánico que agrupó a creadores e intelectuales comprometidos con las luchas populares.
  • Víctor Vega: destacado cineasta de corte social y director documental. Presidente de la Coordinadora de Artistas e Intelectuales (CAI).
  • Carmen Naranjo: ministra de Cultura. Propició la apertura democrática, el respeto institucional y el reconocimiento de la red cultural popular.
  • Tayacán, Erome, Viva Voz, Alejandra: conjuntos y cantautores juveniles de la JVC que impulsaron la Nueva Canción y protagonizaron el histórico homenaje de 1976. Con la destacada participación de Luis Enrique Mejía Godoy, Dionisio Cabal Antillón, Marisol Carballo, Orlando Gamboa Guzmán y Bernal Monestel.
  • Manuel Monestel: joven integrante de Erome. Dedica su vida al rescate y difusión de la música afrodescendiente del Caribe; galardonado con el Premio Magón.

Lenin Chacón Vargas
Moravia, Costa Rica, octubre de 2026