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Etiqueta: memoria histórica

El pasado nos convoca

Isabel Ducca D.

Uno de los blancos preferidos de la globalización neoliberal ha sido la memoria histórica y social de los pueblos contra los que se ha dirigido. En nuestro país, antes de los años ochenta ya nuestra memoria social era raquítica, coja, sorda y tuerta. Después de casi cincuenta años de depredación económica, social, política, ambiental y feminicida, nuestra situación es crónica.

Evidentemente, estos últimos cuatro años han deteriorado aún más el tejido social y el anuncio es que, para el 2030, tendremos un panorama todavía más desolador. Posiblemente, habrá quienes se rehúsen a ver la realidad y el futuro ingrato en el horizonte y me tilden de ave de mal agüero. Volver a mirar para otro lado lo único que les puede ocasionar es una torticolis mental o histórica.

Hay mucho que reconstruir y, sobre todo, mucho que fortalecer si deseamos crear resistencia y nutrir la que poseemos. No tengo recetas ni soluciones, los procesos de lucha social se piensan y se llevan a cabo en colectivo. Sin embargo, siempre caben iniciativas; son semillas para poner a germinar, después sembrar, regar, cuidar y un día nos darán sus frutos.

Antes de exponer mi propuesta, deseo expresar dos aspectos fundamentales de mi motivación. El primero se refiere a la gran lección de espiritualidad que le ofrece el pueblo mexicano al mundo entero cada fiesta de muertos. Si bien durante esa fecha hay turismo, mucho; hay negocio, en demasía; no se queda únicamente en lo mercantil; lo trasciende, de una manera indescriptible. Surge una energía espiritual, creativa, festiva y de recogimiento para renovar el hilo que conecta con la ancestralidad para agradecer y rendir un merecido homenaje.

El otro asunto guarda relación con la calidad humana de nuestra gente. Nuestro país no fue forjado por los “prohombres y héroes” de la historia oficial, aunque hubo quienes pusieron granos de arena y otros reformas estructurales por el bienestar social, ha sido la lucha popular la que ha definido el rumbo, al lado de liderazgos con sensibilidad e inteligencia para anteponer el bien común a la codicia y la ambición. En cualquier rincón del país, hay memoria suficiente para rescatar y enaltecer personajes cuya acción fue determinante para abrir caminos, luchar por la educación pública, mantener el agua como bien social, defender los bosques, la naturaleza y los animales de la voracidad depredadora del gran capital, velar por apertura y consolidación de los servicios de salud. Y, al lado de esas aventuras sociales por el bienestar de las personas más vulnerables, nos acompaña la creatividad, el humor y el saber popular. Pero la calidad humana a la que me refiero no atañe únicamente a quienes se dedican a la lucha social.

Este país no salió de la mediocridad de las dirigencias actuales que no saben, y lo alardean públicamente con impudicia, ni siquiera por cuál guerra mundial vamos. No, la ignorancia y la falta de cultura no han sido nunca la tónica. En Costa Rica, una diputada que osara afirmar que se pueden vivir dos años sin cultura, no habría sido vista con admiración. Por esa razón, tenemos un legado en literatura, pintura, grabado, escultura, música, arquitectura, ingeniería, medicina, ciencia y tecnología que no nos avergüenza. Todo lo contrario, nos debe llenar de regocijo y ganas de rememorar ese maravilloso legado.

La memoria social está intrínsicamente ligada a la identidad. Evidentemente, hay un aspecto, el académico, que corresponde a cada especialidad, fundamentalmente a quienes se dedican a la historia como ciencia social. Su guía es imprescindible. Sin embargo, la memoria es un ancho y vasto territorio en el cual andamos como sociedad, por lo que nuestra incidencia para rescatar, recordar, construir relatos y crear formas y diseños para homenajear y rendir tributos nos compete a todas las personas que nos sintamos identificadas y queramos participar y aportar.

El pasado nos convoca a realizar en la primera semana de noviembre de cada año una fiesta de los muertos a la tica. Vayamos a nuestras raíces en cualquier rincón en el que estemos, tenemos mucho que aprender y regalar a quienes nos seguirán en este camino. saquemos del baúl de los recuerdos a quienes destacaron por su entrega en diferentes momentos y demos homenaje a esos muertos que hoy nos inspiran.

¡Creatividad nos sobra!

Posteriormente, daremos a conocer un manifiesto para ser suscrito por personalidades de la cultura y la academia, colegios profesionales, organizaciones y personas individuales.

Bellas mujeres rurales de otrora

Luko Hilje (lukohilje@gmail.com)

Publicado originalmente en la revista digital europea MEER

Cuando uno lee los relatos de los viajeros y cronistas europeos y estadounidenses que recorrieron el territorio de Costa Rica en el siglo XIX, llama la atención que haya muy pocas menciones de mujeres en particular. Esto no es de extrañar, pues por entonces —incluso en los altos círculos sociales— a la mujer se le ignoraba, al punto de que muy rara vez se indicaban sus nombres, y apenas si se les nombraba con el apellido de sus maridos. No obstante, en las crónicas que he podido leer, he detectado varios casos de mujeres, todas del mundo rural, que llamaron la atención por ser muy atractivas.

Aunque, por supuesto, el concepto de belleza física tiene un fuerte sesgo cultural, pues el ideal de belleza es diferente en cada etnia, entre los viajeros y cronistas hay alusiones tanto a mujeres indígenas y mulatas, como a caucásicas.

En el primer caso, cuando en 1860 el médico y naturalista Alexander von Frantzius visitó el valle de Orosi —habitado por indígenas—, manifestó que, ante sus ojos de alemán, “los indios de Orosi no tienen absolutamente bellas formas corporales; son en su mayoría algo rechonchos, y las mujeres, especialmente las jóvenes, muy obesas o barrigudas. Tienen caras anchas y redondas, con pómulos algo salientes. El color de su piel es amarillo moreno y su cabellera negra y lacia”.

En el segundo caso, cuando en 1858 el periodista y diplomático francés Félix Belly arribó a San Juan del Norte (Greytown), en el Caribe de Nicaragua, y navegó después por los ríos San Juan y Sarapiquí para llegar a San José, atestiguó que “por cierto que las indígenas de la ribera del San Juan y las negras de sangre mezclada con los mosquitos [miskitos] no podían, bajo ningún concepto, compararse con nuestras mujeres europeas. Ellas no tienen ni la frescura del color, ni la elegancia de las formas, ni la perfección de los detalles, ni, sobre todo, el atractivo seductor. Por eso, cuando se ven pasar a cierta distancia, con sus ropas flotantes y sus hombros desnudos, sin otro adorno que sus lindos cabellos peinados en trenzas, piensa uno que un poco de civilización haría de estos graciosos fantasmas unas verdaderas mujeres”.

Bosque típico de Sarapiquí: Foto: Luko Hilje.

Sin embargo, pronto se llevó una gran sorpresa. En efecto, en un paraje ribereño del San Juan, halló a un coterráneo oriundo de Bretaña, a quien denominó “el nuevo Robinson”, en alusión al célebre Robinson Crusoe. Este aventurero, rubio y de unos 30 años de edad, vivía en una cabaña rústica, totalmente rodeada de montaña, amancebado con “una mulata de bello tipo florentino, cuya camisa de muselina blanca apenas cubría su garganta y sus hombros”. De inmediato acotó que “yo no había visto en Greytown sino una joven de color que fuera bonita y que, además, hubiera llamado la atención en París. Ella se detuvo una vez frente a una casa contigua a la mía, acompañada de una hermosa india y de un negro semidesnudo. La miré con el interés que despertaba, y al notarlo ella, se sintió cohibida. Lástima que tan preciosa criatura se encuentre perdida en un mundo como este”.

Más adelante, al desembarcar en Muelle, en la ribera del río Sarapiquí, donde había una guarnición militar, Belly comenzó a mirar por dentro el rancho donde se albergaba el comandante del lugar, de lo cual narró que “solamente una mitad de la casa estaba cerrada por un enrejado de cañas superpuestas; y hacia abajo, servía de refugio durante la noche un piso del mismo material, que dejaba ver una cama cubierta con un mosquitero. Pero lo que me pareció más extraño en todo esto, fue la presencia de una mujer que a mi llegada cerró su blusa entreabierta. La mujer del comandante, pues era ella, blanca y muy bonita, me miraba con la misma curiosidad con que yo contemplaba su casa”.

Ahora bien, aunque Belly no aludió a ella, en Cariblanco hubo una mujer tan linda, que ninguno de los foráneos que recorrió el muy transitado camino de Sarapiquí pudo ignorarla.

El médico y químico alemán Moritz Wagner

Por ejemplo, en 1853 el alemán Moritz Wagner, quien viajaba con el austríaco Carl Scherzer, describiría que “Cariblanco es un rancho abierto, como todas las chozas que habíamos encontrado en el camino. […] El posadero, que tenía una joven y hermosa mujer, nos ofrecía por buenas palabras y mucho dinero unos pocos huevos y malas tortillas”. Cuatro años después, en 1857, el botánico Hermann Wendland mencionaba que ahí, “la cabaña en la que pernoctaríamos estaba bastante limpia, y sus propietarios también se distinguían por su elegante ropa. La hija de la casa, una muchacha de 14 a 15 años, fue una de las pocas mujeres realmente bellas que conocí en Centroamérica. Esa sería la última semana que pasaría en casa de sus padres, pues a la semana siguiente iría a casarse a la capital. La madre, que tararea a [Richard] Wagner, aún mostraba rastros de gran belleza. Me impactó la hermosa tez blanca de ambas, algo muy poco común en los lugareños”.

En 1859 fue el escritor inglés Anthony Trollope quien pasó por ahí, para expresar que “había en aquel sitio una hacienda de gana­do en plena selva, un pedacito de tierra desmontado en que un aventurero se había establecido y osaba vivir. El aventurero no estaba allí, pero tenía una mujer bonita, con la cual mi amigo el teniente [James Terence FitzMaurice] había entablado, según parece, una amistad íntima en su viaje anterior a San José”.

Mucho después, en 1866, el abogado inglés Frederick Boyle, describiría que “después de pasar un río y muchas corrientes rápidas, llegamos a una hermosa sabana, tachonada con casas bonitas y árboles grandes que rodeaban la morada del gran propietario del Sarapiquí, don V. S.”, y que “la hermosa mujer de don V. S., estaba en el corredor al partir nosotros”. Acerca de la vida ahí, él reflexionaba así: “Si ella está contenta con la gran finca ganadera que la Providencia le ha dado, perfecto; pero si yo fuera mujer no la envidiaría. Pero, ¿si ella sintiera muchísimas ganas de volver a ver a su familia y amigos? Eva podría haber sido feliz en el Sarapiquí, pero Eva no nació en San José de Costa Rica. Contenta o no, la mujer de don Vicente es una persona firmemente establecida, pues él no sería tan tonto como para dejarla irse. Quizás sea un hombre feliz ese Don. En verdad, ningún libertino alegre de la capital probablemente perseguiría esta presa para su gruta solitaria, y el marido debe tenerla toda para sí para hacerle lo que le guste”.

Colorado de Turrialba, hoy. Foto: Luko Hilje
El botánico alemán Otto Kuntze

Ahora bien, para cambiar por completo de contexto geográfico, es oportuno desplazarse hacia el Caribe, pero a la región de Turrialba. En efecto, a mediados de 1874 arribó a Puerto Limón el botánico alemán Otto Kuntze, y pocos días después se enrumbó hacia el Valle Central, mientras recolectaba plantas. Sin embargo, después de sufrir un extravío en las cercanías del río Reventazón, que le pudo haber costado la vida, llegó a Turrialba, villorrio que por entonces se asentaba en las lomas de Colorado, “un pueblo de montaña situado a 1200 metros, donde nos dieron una amistosa acogida en casa de un criollo con dos hermosas hijas”. Embelesado por ellas, las describiría como, “dos atractivas gracias de piel amarillenta, chispeantes ojos negros y rasgos faciales agitanados pero nobles”, a las que “hay que verlas cuando ondean coquetamente su pañuelo de colores bajo el sombrero de paja y sobre la nuca. Me hubiera podido enamorar. Lástima que la sociedad sea demasiado tonta y santurrona”.

El abogado y diplomático estadounidense John Lloyd Stephens
Planicies de Guanacaste, hoy. Foto: Luko Hilje

Finalmente, quien quedó imantado por una mujer rural fue el abogado, diplomático y explorador estadounidense John Lloyd Stephens, que había recorrido mucho mundo, y que un día de febrero de 1840 recaló en Liberia, Guanacaste.

Al caer la noche, y sin tener dónde dormir, el comandante de la localidad le ayudó para que se instalara en “una casa con una tiendecita al frente”, donde fue gentilmente recibido por su dueña. Mientras conversaba con ella, quien saboreaba una taza de chocolate, “oí una animada voz en la puerta, y al punto entró una señorita con dos o tres jóvenes en su compañía, quien se acercó a la mesa frente a mí, y echando para atrás su negra mantilla, me dio las buenas noches y me tendió la mano”. Enterada en la iglesia local de que había llegado a su casa, ella se vino rápido, pues deseaba conocer a un extranjero como él. Boquiabierto, expresó que “ella no era tan hermosa que digamos, pero su boca y sus ojos eran bellos; y sus modales tan diferentes del frío zafio y esquivo aire de sus paisanas, y tan parecidos a la franca y fascinante bienvenida que una señorita de mi tierra le daría a un amigo después de larga ausencia, que si la mesa no hubiera estado entre nosotros, yo la habría tomado entre mis brazos y besado”.

La conversación entre ellos, salpicada por las preguntas inteligentes de la muchacha, se prolongó hasta la medianoche. Y, llegada la hora de dormir, ella le cedió su “catrecito muy aseado, con un mosquitero de gasa con lazos color de rosa en las esquinas”, en cuya “cabecera había una atractiva almohada con una funda de muselina color de rosa, y sobre ella una sutil sobrefunda blanca con hechiceros vuelos”, lo que, turbado, lo hizo preguntarse “¿Las mejillas de quién habían descansado en esa almohada?”. Tan cautivado estaba por los encantos de esa muchacha, que “me acosté, pero no pude dormir y determiné no continuar mi viaje al día siguiente”.

Sin embargo, ya a las tres de la madrugada, con las mulas ensilladas, el guía Nicolás, que lo había conducido en esos días como baquiano, llamó a su puerta. Aunque Stephens lo trató de disuadir para permanecer ahí un día más y disfrutar de la compañía de la muchacha, sus planes de viaje demandaban continuar la travesía, por lo que “apresuré mis preparativos y me despedí de ella, debo decirlo, con un adiós muy cariñoso”, para después aceptar que de “la bella de Guanacaste” —como la denominó—, “no abrigo ni la más mínima esperanza de volverla a ver jamás”. Eso sí resultaría inolvidable para “el extranjero que debe a ella algunos de los más dichosos momentos que pasó en Centro América”.

En realidad, a su belleza física sumó su sensibilidad e inteligencia, al punto de ser pretendida por varios individuos prominentes, como lo demostró el célebre historiador Ricardo Fernández Guardia, quien le dedicó sendos artículos, intitulados La novela trágica del Teniente Coronel Molina y El rapto de la señorita Elizondo, los cuales aparecen en el libro Cosas y gentes de antaño. Su nombre era Josefa Elizondo Villar, hija del acaudalado terrateniente Antonio Elizondo Rojas y de Manuela Villar Marín.

Cabe destacar que aquellos atributos que Stephens había captado en ella al instante, y que lo desquiciaron, dos años después provocarían tanta pasión y celos, que desembocarían en una cruenta confrontación, la cual culminó con la muerte de tres militares del ejército unionista del hondureño Francisco Morazán Quesada: el guatemalteco Manuel Ángel Molina Bedoya, y los salvadoreños Enrique Rivas y Eduvigis Guillén. Superada esta trágica coyuntura, años después ella se casaría con Bernardino Urtecho Martucci en primeras nupcias —con quien procreó tres hijas— y, tras enviudar, años después lo haría con el español Manuel Giberga del Bosque, con quien tuvo otra hija; él fue combatiente contra el ejército filibustero de William Walker, primero como coronel del ejército conservador (legitimista), y después unido a nuestras tropas, como jefe de la 2ª División dentro del Estado Mayor de nuestro ejército.

En fin, bellas mujeres rurales de otrora, de las cuales sin duda hubo muchas más, pero no quedaron retratadas en ninguna crónica de viajeros, lamentablemente.

Imagen de portada: Una calle de San Juan del Norte (Greytown), en el siglo XIX.

La FIFA no es solo futbol

Por Carlos González

Es conocida mundialmente la determinación de la FIFA de obligar al equipo de fútbol de la Unión Soviética, a jugar el “Partido Fantasmas”, en el mítico Estadio Nacional el 21 de noviembre de 1973. Si, justamente el mismo donde se torturó y asesinó a miles de personas a partir del Golpe de Estado del 11-09-1973 dado a la Unidad Popular. Golpe organizado y financiado por el gobierno de los EE.UU., según los propios documentos desclasificados por sucesivos gobiernos norteamericanos años después.

Ante la negativa del equipo de la Unión Soviética de presentarse a jugar en el Estadio Nacional de Santiago de Chile, fue eliminado del Mundial de Fútbol en Alemania y el equipo chileno se “clasificó por walkover”, en un simulacro de partido de un solo equipo que hizo un gol simbólico. Bueno ese día fue solo ese gol y ninguno más ya que Santos FC que si jugo, goleó 5-0 a la Selección Chilena.

Por años el Estadio Nacional de Santiago de Chile quedó marcado por los asesinatos y torturas, esto fue tan fuerte en su historia que uno de los primeros gestos al regreso de la democracia fue “limpiar” el Estadio. En un acto multitudinario con el presidente de Chile, el gobierno en pleno y las más importantes organizaciones de DD.HH., Familiares Detenidos Desaparecidos, Ejecutados Políticos, de ex Presos Políticos, etc. Ahí el país entero pudo ver “la cueca sola” hoy famosa mundialmente, el baile que hace una mujer sola, resaltando la ausencia de su ser querido desaparecido por la dictadura.

Hoy el Estadio Nacional es un Monumento Nacional en calidad de Sitio Histórico y la “Corporación Estadio Nacional Memoria Nacional”, administra este monumento realizando una permanente actividad de concientización para impedir que nunca más se use como lugar de detención, tortura y muerte.

Como podemos ver en esta foto más abajo, esto cambió y fue noticia mundial cuando en julio del 2015 salimos campeones de América, se pudo leer a lo ancho de la foto aquí más abajo: “Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro” y los jugadores chilenos corriendo a celebrar el penal convertido por Alexis Sánchez que nos daba por primera vez la copa en la historia de nuestro fútbol. La frase del memorial del sitio.

La FIFA es una de las instituciones más desprestigiada del mundo, junto con el Comité Olímpico Internacional. Las reiteradas condenas y expulsiones de países que no cuentan con la simpatía y el beneplácito de EE.UU. No es raro que se deje afuera a países como la Federación Rusa y a Bielorrusia por motivos absolutamente no deportivos.

Los argumentos son variados, pero el principal es el conflicto en Ucrania. Lo increíble es que, en estas instituciones, nadie ve los bombardeos brutales de Gaza con el asesinato de miles de niños por parte de Israel apoyado por EE.UU. que también bombardea desde hace un mes a Irán. Bombardeo iniciado en medio de las negociaciones por el programa nuclear iraní.

La situación es de una injusticia brutal y sin argumentos. La FIFA no dejará fuera a EE.UU., país que junto con Canadá y México serán los anfitriones del próximo mundial en junio.

Todo lo contrario, han acordado dejar fuera a Irán, ya clasificado para el mundial y como el mundo entero sabe, es el país agredido. Los mandamases de la FIFA ya barajan eventuales reemplazantes y se escucha el nombre de Italia que fue eliminada en los últimos tres mundiales justamente por falta de calidad de su fútbol.

Protestamos enérgicamente desde esta modesta tribuna, ante estos “matones” que toman decisiones tan arrogantes y tan injustas.

Publicado en https://liberacion.cl/2026/05/13/la-fifa-no-es-solo-futbol/ y compartido con SURCOS por el autor.

A 81 años del Día de la Victoria

Mauricio Ramírez

Mauricio Ramírez Núñez
Académico

Cada 9 de mayo se conmemora uno de los acontecimientos más trascendentales del siglo XX: la victoria sobre la Alemania nazi y el fin de la guerra más devastadora de la historia humana en el continente europeo. Han pasado ya 81 años desde aquel momento en que la bandera soviética fue izada sobre Berlín y el Tercer Reich capituló finalmente ante el avance del Ejército Rojo. Recordar esta fecha no es un simple ejercicio ceremonial; es un acto de memoria histórica indispensable para comprender el mundo contemporáneo y los sacrificios inmensos que hicieron posibles la derrota del fascismo y la supervivencia misma de Europa.

La Unión Soviética, con Rusia como núcleo central de aquel esfuerzo histórico, cargó sobre sus hombros el peso principal de la guerra contra el nazismo. El costo fue brutal: alrededor de 27 millones de soviéticos murieron durante el conflicto, entre soldados y civiles. Ningún otro pueblo pagó un precio tan alto en la lucha contra la maquinaria de exterminio nazi. Ciudades enteras quedaron reducidas a escombros, millones de familias fueron destruidas y generaciones completas quedaron marcadas por el horror de una guerra existencial.

Fue precisamente ese sacrificio colosal el que permitió detener y derrotar una ideología basada en la supremacía racial, el exterminio de pueblos enteros y la destrucción sistemática de toda identidad considerada “inferior” o incompatible con el proyecto totalitario nazi. La victoria soviética en batallas decisivas como Stalingrado o Kursk cambió el curso de la guerra y abrió el camino para la liberación de Europa del fascismo alemán. Sin ese esfuerzo militar, humano y civilizatorio, el destino del continente habría sido radicalmente distinto.

Por eso resulta profundamente peligroso intentar relativizar o minimizar el papel histórico de Rusia y de la Unión Soviética en la derrota del nazismo. La memoria histórica no puede quedar subordinada a disputas políticas coyunturales ni a narrativas ideológicas contemporáneas. Los hechos históricos son claros: fue el Ejército Rojo quien llegó a Berlín, fue el pueblo soviético quien resistió el peso principal de la invasión nazi y fue ese sacrificio el que contribuyó decisivamente al final de uno de los conflictos más sangrientos de la humanidad.

Hoy esta conmemoración adquiere además un significado especial. Vivimos tiempos donde resurgen discursos de odio, donde múltiples actores buscan borrar la memoria histórica de los pueblos, desarraigarlos de sus tradiciones, relativizar sus identidades nacionales y fragmentar toda noción de continuidad cultural. En medio de esas turbulencias, recordar el heroísmo del pueblo ruso y soviético durante la Segunda Guerra Mundial es también recordar que las civilizaciones sobreviven cuando sus pueblos están dispuestos a defender aquello que consideran sagrado: su tierra, su historia, sus símbolos, sus familias y su derecho a existir.

Es importante aclarar además algo fundamental: conmemorar el Día de la Victoria no implica necesariamente hacer una apología ideológica de la Unión Soviética o del comunismo, como algunos intentan caricaturizar para deslegitimar esta fecha histórica. El hecho concreto es que, en aquel momento, fue la URSS, bajo su sistema político y su organización estatal específica, quien encabezó la liberación de Europa del fascismo nazi. Negar eso sería simplemente negar la realidad histórica.

Pero la raíz profunda de aquella resistencia no fue exclusivamente ideológica. La lucha del pueblo ruso contra la invasión nazi trascendió el comunismo como doctrina política. Fue, ante todo, una lucha patriótica, civilizatoria y geopolítica. Del mismo modo que Rusia enfrentó en el pasado la invasión napoleónica, cualquier pueblo con conciencia histórica y sentido de pertenencia habría luchado ferozmente contra un proyecto que buscaba destruirlo física y culturalmente.

Ahí convergen todas las fuerzas que movilizan a las naciones en sus momentos decisivos: el amor por la patria, la defensa de la tradición, la memoria de los antepasados y la voluntad de preservar el futuro de su pueblo. El soldado soviético que defendía Stalingrado no combatía únicamente por una doctrina abstracta; combatía también por su hogar, por su familia, por su cultura y por la supervivencia misma de su nación frente a una amenaza existencial.

A 81 años del Día de la Victoria, la lección continúa vigente. La memoria histórica no debe utilizarse selectivamente ni convertirse en rehén de intereses ideológicos contemporáneos. Recordar el sacrificio del pueblo ruso y soviético es reconocer una verdad histórica fundamental: que hubo generaciones enteras que entregaron su vida para detener una maquinaria de odio y muerte que amenazaba con sumir al mundo en la barbarie absoluta.

Olvidar eso sería perder no solo perspectiva histórica, sino también la capacidad de reconocer los peligros que vuelven a emerger cuando las sociedades abandonan su memoria, sus raíces y su sentido profundo de identidad colectiva.

Día de la Victoria sobre el nazismo se recuerda con actividades culturales y de memoria histórica

Diversas actividades realizadas este 9 de mayo en San José recuerdan el Día de la Victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania nazi en la denominada Gran Guerra Patria, fecha que marca la rendición oficial del régimen nazi en 1945 y el fin de una de las etapas más devastadoras de la Segunda Guerra Mundial en Europa.

Durante la mañana se llevó a cabo una convocatoria abierta en el Parque España, en San José, bajo el lema “¡Regimiento Inmortal!”, espacio dedicado a la memoria histórica y a la conmemoración de quienes combatieron contra el fascismo durante la guerra. La actividad se realizó a las 10:30 a.m. y reunió a personas interesadas en recordar esta fecha histórica bajo las consignas “Día de la Victoria” y “Recordamos”.

Para la tarde del 9 de mayo se invitó al “Concierto dedicado al Día de la Victoria”, dirigido a compatriotas y público en general.

Esta actividad se organizó para el 9 de mayo a las 5:30 p.m. en el restaurante “Asclepios”, ubicado en el Colegio de Médicos.

Según la convocatoria, el programa incluye un concierto y bocadillos. La entrada es gratuita y el parqueo tendrá costo.

El 9 de mayo es una fecha de profunda relevancia histórica pues se recuerda la derrota del nazismo tras años de guerra y millones de víctimas humanas. La llamada Gran Guerra Patria constituye uno de los episodios más significativos de la memoria antifascista del siglo XX.

Posgrado Centroamericano en Sociología analizó vigencia y desafíos de los Acuerdos de Paz en Guatemala

El Posgrado Centroamericano en Sociología de la Universidad de Costa Rica realizó la conferencia virtual “La paz fragilizada: Hipótesis sobre la vigencia y posibilidades de los acuerdos de paz en Guatemala (1996-2026)”, un espacio de reflexión sobre los alcances, tensiones y perspectivas de los acuerdos firmados hace tres décadas en ese país centroamericano.

La actividad contó con la participación del sociólogo guatemalteco M.Sc. Luis Raúl Salvadó Cardoza, magíster del Posgrado Centroamericano en Sociología de la UCR y consultor del Instituto Mesoamericano para la Gobernanza (IMAG), Guatemala, quien abordó los principales desafíos que enfrenta actualmente la construcción de paz en Guatemala y las posibilidades de vigencia de los acuerdos suscritos en 1996.

Como comentaristas participaron el Dr. Guillermo Navarro Alvarado, docente de Sociología y del Posgrado Centroamericano en Sociología e investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UCR, así como la M.Sc. Valeria Solano Chavarría, docente del Posgrado e investigadora del IIS-UCR.

La moderación estuvo a cargo de la Dra. Nancy Piedra Guillén, directora del Posgrado Centroamericano en Sociología de la Universidad de Costa Rica.

La conferencia se realizó este 7 de mayo de 2026 a las 5:30 p.m. en modalidad virtual y abierta a todo público.

La transmisión está disponible a través de los siguientes espacios digitales:

Primero de Mayo Día Internacional de la Clase Trabajadora

Trino Barrantes Araya

Breve introducción

CONMEMORAR la efeméride del 1 de mayo en Costa Rica, es anclar la memoria histórica del país, en cinco eventos sumamente significativos en la formación del ideario y la idiosincrasia del ser costarricense.

En primer lugar, pocos costarricenses saben que el 1° de mayo es feriado en nuestro país desde 1857, pero no por motivo del Día Internacional del Trabajador. En Costa Rica, el feriado fue establecido por el decreto número 35 del 29 de octubre de 1857. Como parte del decreto y ejecútese del presidente Juan Rafael Mora Porras, por la defensa de la soberanía y la derrota a las pretensiones del Destino Manifiesto dirigidas por Willam Walker.

 

En un segundo orden, refiere al año de 1886, en honor a los mártires de Chicago y a los alcances de la lucha reivindicativa resultado de aquella memorable lucha que, tras una gran huelga, lograron que se implementaran la tres ochos. Una jornada laboral máxima de 8 horas, 8 horas de ocio productivo y 8 horas de descanso

Un tercer referente se sitúa en 1913. En esa fecha, por primera vez se llevó a cabo la celebración del Día Internacional del Trabajador. El movimiento socialista y sindical costarricense, la intelectualidad ácrata, a través del Centro de Estudios Sociales Germinal, fue el gestor de esta primera celebración.

El cuarto momento se llevó a cabo en 1943. Fecha en que se da la. Promulgación del Código de Trabajo, bajo la administración de Rafael Ángel Calderón Guardia.

El quinto evento corresponde a la historia eclesial de nuestra nación. De tal suerte que, para 1954, la Iglesia Católica, por decreto papal, declara el 1 de mayo como la festividad de San José Obrero.

1.- ¿ Qué conoce respecto al Primero de mayo?

El lunes 25 de setiembre de 2017, dos jóvenes estudiantes: Silvia Murillo Fallas y Claudia Vargas Rojas, entrevistaron al suscrito, precisamente iniciando con la pregunta que antecede.

En el año de 2013, se cumplió el centenario de la celebración del primer 1 de mayo que históricamente se realizó en Costa Rica. Los discursos más importantes en esa oportunidad correspondieron a la intelectualidad costarricense, que en su gran mayoría eran “ácratas”, es decir, respondían a las corrientes anarco-sindicalistas prevalecientes en el país. En dicha oportunidad se presentaron: Omar Dengo, Joaquín García Monge y José María Zeledón y Carmen Lyra.

Se saldaba así, una gran ausencia, pues el 1 de mayo es de mucho más larga data y ya se había establecido a nivel mundial, desde 1886 en honor a los mártires de Chicago. Por eso, más que un feriado, el 1° de mayo, es una forma particular de recuperar la memoria de clase. Pues en la lucha de 1886, se tenía como reivindicación esencial la jornada de ocho horas, ocho horas de descanso y ocho de ocio. Estos héroes de la clase obrera fueron ejecutados en los Estados Unidos en el año citado párrafos precedentes.

Es importante referenciar aquel 1 de mayo del año 1913, citando los párrafos de aquellos discursos visionarios, permítaseme hacer lectura de este documento para ilustrar lo que señalo:

“Decía don Omar Dengo:”/…/ La igualdad existe en cuanto a que existe el mismo contubernio que siempre ha habido entre el poder político y el poder del oro; la libertad en cuanto a que continúan impunes todos los atropellos con que la prepotencia viola los derechos del débil /…/ Y el no menos insigne patriota, educador también, don Joaquín García Monge, indicaba: “Ya sabemos que las efemérides y los héroes del trabajo no resplandecen con el brillo de los del Estado o los de la Iglesia, ni sus renombres resuenan pomposamente en los largos corredores de la historia; todos ignorados, ni se recuerdan, ni son objeto de culto”.

2.- ¿Cuál ha sido el papel de la dirección sindical de la CTCR y la CGT, dirigidas por el Partido Comunista de Costa Rica-PVP? ¿Cómo repercute esta lucha en Costa Rica?

Señalamos en los párrafos precedentes que tanto en el contexto nacional, como resultado de las condiciones de la coyuntura internacional, se forjaron a nivel internacional los “frentes populares”. Costa Rica no fue la excepción, al contrario en nuestro país la triple alianza, es inédita y de alcances estructurales de una gran envergadura.

“El movimiento obrero costarricense agitó las calles del siglo XX, con luchas de frentes rojas quemadas por el sol, que pelearon por jornadas de trabajo de ocho horas, salarios mínimos, aguinaldos y otras garantías sociales/…/ El sindicalismo empezó a unir sus fuerzas hacia 1900 mediante las protestas de panaderos, artesanos, zapateros y peones que rompieron el silencio y levantaron su voz para mejorar sus condiciones laborales /…/ En las paredes del segundo piso de una vieja casa josefina, en 1909, había una biblioteca y se colgaban los retratos de anarquistas, como León Tolstói, y una bandera roja y negra.

Era el Centro de Estudios Germinal: cuna donde intelectuales como Carmen Lyra, Omar Dengo y Joaquín García Monge unieron sus esfuerzos para celebrar por primera vez el 1.° de mayo en Costa Rica y fundar la Confederación General de Trabajadores (CGT)”.

A partir de 1901 se configura en Costa Rica cierto grado de organización político gremial que propicio a partir del surgimiento de las Ligas de Obreros. Como consecuencia de este fenómeno casi todas las sociedades mutualistas fueron disueltas y las que permanecieron actuaban como sindicatos.

Las organizaciones sociales se organizaron de esta manera en sindicatos beligerantes, clasistas, autónomos y antipatronales, con el apoyo de medios de comunicación social y la afirmación de una prensa obrera, dando origen a la Primera Federación de Trabajadores.

Entre 1913 y 1922 fue muy importante la Confederación General de Trabajadores-CGT, puesto que los gremios de panaderos y empleados públicos que pertenecían a la CGT fueron opositores al régimen de los Tinoco. Aunque esa federación se llega a disolver en 1923, se convirtió en base de apoyo para la fundación del partido reformista. De tal suerte que, para el 9 de abril de 1923 con la participación del Centro Internacional de Obreros de la Cuidad de Cartago, la sociedad de socorros mutuos de sastres, sociedad de ebanistas y carpinteros.

Por otra parte. La Federación de Trabajadores de San José se integra al Federación Obrera Costarricense. Durante los primeros treinta años del presente siglo la influencia del clero influyó a veces de manera positiva, otras, por el contrario, de forma negativa, como en la oposición del Monseñor Juan G. Stock a todo movimiento de reivindicación obrera de derecha que impregnó al sindicalismo costarricense.

El período de 1930 a 1940 significó un avance obrero patronal. Se funda el 16 de junio de 1931 el Partido Comunista inspirado por Manuel Mora Valverde, Jaime Cerdas y Ricardo Coto Conde, entre otros. Este nuevo proyecto político e ideológico, tuvo mucha aceptación popular y facilitó la creación de nuevos sindicatos y asociaciones.

El Partido Comunista se fortaleció con la pérdida de influencias del reformismo, su papel protagónico en la conducción de la huelga de 1934, que declararon los obreros contra la United Fruit Company, en donde por primera vez en la historia del país se solucionó un conflicto a favor de los trabajadores mediante la intervención del presidente de la Republica.

De tal suerte que y en resumen, tanto la CGT como la CTCR fueron, durante un largo período de la lucha obrera, la cara visible del 1 de mayo, organizando la convocatoria masiva. Sin embargo, tal como lo hemos sintetizado la fecha es fruto de una larga tradición de luchas sociales donde han participado lo más honesto y selecto de la clase trabajadora costarricense.

3.- El primero de mayo, el Código de Trabajo y la lucha reivindicativa del movimiento sindical

Es importante indicar que, por un buen espacio de tiempo, la conmemoración y movilización principal de la clase trabajadora correspondió a La Central General de Trabajadores Rerum Novarum (CTCR), de orientación social demócrata y socialcristiana. No obstante, han sido la CGT, la UTG y la CTCR, las organizaciones que han llevado a cabo, en diferentes momentos de la lucha reivindicativa de la clase obrera y trabajadora, las movilizaciones de masa más significativas; definiendo el mensaje principal que suele centrarse en la defensa de los derechos adquiridos y críticas a las políticas neoliberales y en la defensa de la agenda laboral.

Es precisamente a estas organizaciones con influencia del PVP, las que han elevado como consigna política de que se declare al SINDICALISMO COMO UN DERECHO HUMANO.

Debe tenerse presente aquí el aporte de historiadores como Mario Oliva, Vladimir de la Cruz, Carlos Abarca, Manuel Rojas Bolaños, Gerardo Contreras, Davíd Diaz, Iván Molina, Víctor Hugo Acuña, Mario Samper, entre otros, que terminan por validar que la organización del 1 de mayo tuvo una «etapa de consolidación» entre 1933 y 1940, en la cual el Partido Comunista Costarricense (PCC) estuvo a cargo de todos los actos conmemorativos del 1 de mayo.

Terminemos esta breve aproximación con consignas básicas y de lucha:

  • Frente al continuismo neoliberal, resistencia popular
  • Defendamos la soberanía alimentaria y las redes del mercado autogestionario
  • Por la recuperación del derecho a la huelga
  • Pan, paz y tierra, ¡defensa de nuestra soberanía, ya!
  • Los derechos laborales se defienden: Trabajo digno, salud, educación y justicia social
  • Por la PAZ, no a la guerra, libre autodeterminación de los pueblos, no al genocidio en Gaza. Fueras manos asesinas del sionismo
  • Es momento de organizarnos, de unir fuerzas y de hacer sentir la voz de quienes sostienen este país con su trabajo diario.
  • ¡La lucha es ahora, la calle es del pueblo!
  • Hacia un nuevo A, B, C del sindicalismo clasista
  • Por la unidad sindical y la formación política de sus bases
  • La agenda país desde las bases es urgente.
  • La defensa del FEES también es parte de nuestra lucha

Bibliografía básica

Abarca, Carlos. – Luchas populares y organización obrera en Costa Rica 1950-1960. En: Revisa de Ciencias Sociales UCR, No. 15-16

Aguilar, Marielos. – Carlos Luis Fallas, su época y sus luchas. Editorial Porvenir, San José, 1985, p. 272

De la Cruz, Vladimir. – Las luchas sociales en Costa Rica. Editorial Costa Rica. Editorial Universidad de Costa Rica, San José, Costa Rica, 1980 , p. 304

De la Cruz, Vladimir. – Los orígenes del movimiento obrero y popular. En: Historia de Costa Rica, Tomo 7, Producciones Talamanca Verde, La Nación, San José, Costa Rica 2010, p. 123-157

De la Cruz, Vladimir. – Los mártires de Chicago y el 1 de mayo de 1913. Editorial Costa Rica, San José, Costa Rica, 1985, p. 185

De la Cruz, Vladimir. – Editor. El Primero de mayo en Cota Rica. Discursos y poemas. Omar Dengo, José María (Billo) Zeledón y Joaquín García Monge. IESTRA, UNA, Heredia, 1981, p. 28

De la Cruz, Vladimir. – Día Internacional del Trabajador en Costa Rica. Publicado en el periódico La República, columna Pizarrón, el 01 de mayo del 2013, p.18

De la Cruz, Vladimir. – Origen y significado del 1º de Mayo, Publicado en el periódico Al Día, 1º de mayo 1998 p. 6)

Oliva, Mario. – El 1 de mayo en Costa Rica 1913 – 1986. Servicios Litográficos Comarfil.

Lesa humanidad

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Llegar a Turrialba se está convirtiendo para mí en una especie de zona de recarga. Así, como el nombre del proyecto de comunicación cultural que desarrollo desde hace seis años en redes sociales.

Confieso que me atrae la fuerza literaria del lugar y desde luego el magnetismo propio de un volcán que domina el entorno.

Para mí todo es energía.

El fin de semana pasado llegué de nuevo a esta hermosa ciudad con la convicción de reparar y seguir. Lo hice. Y me encontré en esa tarea de búsqueda con una pequeña feria organizada en el Parque Central. Específicamente una Feria del Libro.

No había mucho que recorrer pues es una apuesta inicial que estoy seguro florecerá y crecerá con los años. Sin embargo, una mesa en la que había un libro de pasta dura llamó mi atención. Una mujer al otro lado me explicó entonces: “es mi esposo. Y este es el pantalón que llevaba puesto el día del atentado”, me dijo.

Fijo mi mirada en la portada del libro cuya composición es absolutamente conmovedora: el título en letras rojas “Solo a mi mamá. Crónica de una tragedia” el nombre del autor: José Rodolfo Ibarra y una imagen suya que luego sabría, corresponderia a una fotografía realizada por un corresponsal de la Zona Norte, Benigno Quesada.

El género de la crónica se ha vuelto para mí un asunto de cabecera en los últimos meses. Me parece extraordinario su alcance y ese tejido orgánico entre el periodismo y la literatura. Ahora me dispongo a aflojar la mano y el lápiz para seguir escribiendo algunas memorias sobre mi trabajo en la academia y el arte centroamericano.

Volviendo a la mesa del libro, en ese instante el autor no estaba y eso me permitió ojear por unos segundos el libro y su interior. Es un conmovedor relato escrito en primera persona sobre los acontecimientos que marcaron el primer y único atentado perpetrado en el mundo en una conferencia de prensa.

El saldo: cuatro personas fallecidas en el sitio conocido como La Penca, hasta donde había convocado el famoso Comandante Cero, nicaragüense enrolado con el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) durante los años setenta y parte de los ochenta, cuando firmó su disidencia.

Luego se sabría que el atentado había sido preparado intelectualmente por Tomás Borge, miembro de la cúpula sandinista y Lenin Cerna, jefe de Seguridad del Estado de Nicaragua y ejecutado por encargo por un mercenario argentino llamado Roberto Vital Gaguine, ocultado bajo la falsa identidad de un supuesto periodista danés (Peer Anker Hansen).

El 30 de mayo de 1984 se produjo la tragedia. Y este periodista costarricense la vivió, literalmente, en carne propia. Lo observo caminar hacia la mesa y le digo que quiero comprar su libro. Me da las gracias, me firma como corresponde y nos tomamos una fotografía. Le digo que siempre admiré su trabajo. Se lo digo al hombre que aún hoy, 42 años después del hecho, guarda en su memoria detalles de los que no ha podido liberarse. En su memoria y en su cuerpo.

Los Crímenes de Lesa Humanidad no prescriben judicialmente. Por eso las personas sobrevivientes y los familiares de las víctimas mortales de este hecho continúan luchando por resarcir el daño moral, emocional y económico producido.

Ibarra (como coloquialmente le llaman en el entorno periodístico local) finaliza su trabajo con la referencia a la sordera que en general experimentaron aquellos que continuaron viviendo.

Sin embargo, el no escuchar bien no es suficiente para que se les queden grabadas las palabras de Bertold Brecht cuando dice: “hay quienes luchan toda una vida: esos son los imprescindibles”.

Libres para seguir luchando: convicción de los presos de la lucha contra ALCOA

El texto siguiente en una reproducción del artículo publicado en el periódico Libertad en mayo de 1970. Presenta el testimonio de Carlos Blanco Cole, uno de los jóvenes de aquel momento que fueron detenidos durante la lucha contra ALCOA. El material ha sido compartido con SURCOS por Lenin Chacón Vargas, quien hace la introducción.

El 11 de mayo un día después de que quedaran en libertad los cinco presos: cuatro obreros y una mujer, en el Centro Obrero de Estudios Sociales en San José hicieron un homenaje para recibirlos y conocer el testimonio de su detención. En nombre de los presos habló Carlos Blanco Cole dirigente sindical. He recuperado su testimonio y hoy lo comparto para que la memoria de aquellos acontecimientos de lucha y cárcel del 24 de abril de 1970 no se olvide. En la foto aparece Carlos Blanco y Luisa González quien rinde homenaje y lo condecora.

Testimonio de Carlos Blanco Cole:

“Camaradas: amigos:

Agradecemos al Partido este homenaje por haber estado detenidos a raíz de los sucesos del 24 de abril.

Mis compañeros y yo fuimos detenidos en forma arbitraria sólo por el hecho de haber participado en forma patriótica y horada en repudio de la contratación con ALCOA. Nuestra posición con respecto a la defensa del patrimonio nacional y de nuestra soberanía ha sido siempre firme y consciente y si alguien ha actuado de mala fe perjudicando los intereses nacionales son aquellos que entregaron un pedazo de nuestra tierra a una compañía extranjera, sin importarles la opinión de la gran mayoría del pueblo.

El 24 de abril se lanzaron a las calles de San José y provincias más de 50.000 estudiantes y pueblo en general. El gobierno y los entreguistas sabían que se iba a aprobar el contrato con ALCOA y desde tempranas horas del día organizaron a la policía y a la DIC para una represión masiva; compromisos políticos y chantaje económico encontraron buen eco en nuestros gobernantes.

Ese día fuimos detenidos cerca de 350 personas en forma indiscriminada por las fuerzas represivas. De esos trescientes cincuenta detenidos fueron puestos en libertad la gran mayoría, quedando presos siete personas sólo por el hecho de ser comunistas. La compañera Ana fue igualmente detenida y tratada en la misma forma, sin tomar en cuenta su condición de mujer. Luego fue trasladada a la cárcel de mujeres El Buen Pastor. Allí la mantuvieron hasta el día de su libertad, recibiendo como todos nosotros, solidaridad y ayuda de todas las internas del Buen Pastor.

No nos sentimos nunca abochornados y mantuvimos una alta moral revolucionaria. No cometimos ningún delito, pues defender nuestra patria es honor y no delito. Cuando ingresamos a la Penitenciaría mandaron al compañero Sánchez al Pabellón Oeste con la intención de que los reclusos lo desvalijaran. No fue así por la actitud del compañero y el respeto de los reos. El otro grupo fuimos mandados al Pabellón Norte. Aquí quiero hacer un paréntesis para que quede bien claro lo siguiente: desde el primer momento que ingresamos al Pabellón Norte, los presos, al tener conocimiento de los presos, al tener conocimiento de los motivos por los que habíamos sido detenidos, se solidarizaron con nosotros. Es falso que siquiera hayan intentado amenazarnos o quitarnos pertenencias. Al contrario, dos detenidos nos consiguieron colchones y campo para dormir en su celda y dos de nosotros fueron acomodados por otros presos en el segundo piso. Nos dieron café, cigarros, comida y nos prestaron sus trastos para que comiéramos el rancho, etc. Ese día estuvimos hablando con ellos hasta pasadas las dos de la mañana. Agrademos esta actitud de los detenidos.

Posteriormente fuimos pasados al pabellón de admisión donde nos trataron con igual consideración los que allí están detenidos hasta el día de nuestra salida.

Nosotros participamos conscientemente en esas manifestaciones y acudimos al llamado de la F.E.U.C.R. y 81 organizaciones más. Agradecemos principalmente a nuestro Partido y a la FEUCR por su preocupación y solidaridad.

Los estudiantes crearon dos delegaciones que se pusieron al frente de nuestra defensa legal y otra encargada de mandarnos alimentos y otros utensilios, como cepillos de dientes, paños, jabones etc.

Hoy estamos de nuevo en libertad y llevando adelante nuestra lucha liberadora. Estamos en una etapa de la revolución que exige que movilicemos a las masas en la calle para apoyar a nuestros representantes en la Asamblea Legislativa. Nosotros no hemos elegido a nuestros representantes en la Asamblea para que pronuncien buenos discursos, No. Su lucha valiente y resuelta en las curules es parte de la lucha para crear conciencia en las masas y nuestro Partido tiene que estar en capacidad de poder dirigir estas luchas con el apoyo del pueblo.

A nuestros camaradas les pedimos que intensifiquen las labores partidarias y pongan interés en elevar sus conocimientos teóricos para poder dirigir la revolución costarricense.

Pedimos a nuestros amigos y simpatizantes que ingresen al Partido y a la Juventud Vanguardista para que organizadamente marchemos hombro con hombro en esta lucha por la Liberación Nacional y para crear una Patria Socialista”.

Entre la memoria y la inquietud: la Virgen de los Ángeles y el presente que nos interpela

Glenm Gómez Álvarez, Pbro.

Este año celebramos cien años de la coronación pontificia de la venerada imagen de la Virgen de los Ángeles. Descubrimos en ello la memoria viva de un pueblo que, en medio de sus luces y sombras, ha encontrado en la “Negrita” un rostro materno cercano: la que escucha al que llega cansado, la que consuela en la enfermedad, la que acompaña en silencio tantas luchas cotidianas y orienta cuando no sabemos bien por dónde seguir.

En María encontramos precisamente eso: una creyente en camino, que avanzó en una verdadera “peregrinación de la fe”, permaneciendo unida a Cristo incluso en la oscuridad. Por eso, su historia no es solo personal, sino que refleja el recorrido de todo el Pueblo de Dios. Ahí está el motivo para recurrir a ella: no como alguien lejana, sino como Madre que entiende nuestros procesos, que ha pasado por la incertidumbre y puede sostener nuestra fe en lo concreto de la vida —en la familia, en el trabajo, en las decisiones difíciles—, enseñándonos a confiar cuando no vemos y a permanecer cuando todo parece incierto (cf. Redemptoris Mater, n. 6).

En estos actos se entrelazan un hondo valor espiritual y una fuerza simbólica que no solo representa, sino que convoca a la cohesión nacional. Pero precisamente por eso, algo en mí se inquieta. Porque toda memoria auténtica no solo celebra: también interpela.

La Virgen de los Ángeles no es un símbolo detenido en el tiempo. Es, para el creyente, una presencia que mira el presente. Y ese presente costarricense —no nos engañemos— está herido: violencia creciente, fragmentación social, deterioro del lenguaje público, pérdida de confianza en las instituciones. Un país que, por momentos, parece desconocerse a sí mismo.

Y en medio de todo esto, emerge una paradoja que no podemos ignorar. Cartago —tierra de fe, cuna de esta devoción, lugar de peregrinación nacional— se ha ido transformando en un espacio marcado por dinámicas de violencia y muerte que la vuelven, en ciertos contextos, casi irreconocible. No se trata de exagerar ni de estigmatizar, pero sí de reconocer una realidad que golpea. El contraste es demasiado fuerte: el santuario que convoca multitudes y, a unos pasos, comunidades que viven bajo el peso de la inseguridad y el miedo.

Y entonces la pregunta: ¿qué significa hoy honrar a la Virgen en ese contexto? Porque existe un riesgo —sutil pero real— de refugiarnos en la solemnidad de la historia para no confrontar la urgencia del presente. De celebrar lo que fuimos, sin asumir con la misma fuerza lo que estamos llamados a ser.

He visto la convocatoria multitudinaria, la presencia de la Conferencia Episcopal y el Nuncio Apostólico, la participación de fieles. Todo eso habla de relevancia. Pero también despierta una inquietud que no logro disipar: ¿estamos generando procesos reales de transformación o nos estamos quedando en el gesto?

Y aquí la Iglesia en Costa Rica —particularmente la que peregrina en esa diócesis— no puede eludir una autocrítica serena pero necesaria. Porque, al menos en términos visibles, su voz ha sido débil frente a una realidad que clama por mayor presencia, mayor denuncia y mayor acompañamiento. No basta con custodiar el santuario si no se logra abrazar con igual fuerza el dolor del territorio que lo rodea.

La fe, cuando es auténtica, incomoda. No se conforma con el rito; exige coherencia. Y si la Virgen de los Ángeles ha sido madre de este pueblo, entonces también es testigo de nuestras contradicciones. Ella ve un país que la ama, un pueblo que peregrina, pero que necesita reencontrarse. Ve una Iglesia que convoca, pero que está llamada a implicarse más.

Apelo no en contra de esta celebración, sino en la distancia entre lo que celebramos y lo que vivimos. Porque no basta con mirar hacia 1926. La pregunta es qué hacemos en 2026.No basta con recordar una coronación. La urgencia es discernir nuestra misión.

Y quizás la Virgen —con su silencio elocuente— no nos pide más actos, sino más verdad. No más nostalgia del ayer, sino más compromiso hoy. No más refugio en el pasado, sino más valentía en el presente.

Si esa inquietud permanece, tal vez no sea un problema. Tal vez sea, precisamente, una gracia. Porque la fe que no toca la herida de un país corre el riesgo de volverse irrelevante.