Ir al contenido principal

Etiqueta: memoria histórica

Certamen busca recuperar las memorias de la Campaña Nacional guardadas en los hogares costarricenses

El baúl familiar se abre para contar la historia

 

  • La iniciativa convocará a la ciudadanía a desenterrar anécdotas, testimonios y objetos de valor histórico sobre la gesta heroica de 1856-1857.
  • Las personas pueden enviar sus propuestas a partir de este 30 de setiembre y hasta el 1 de mayo del año entrante

Documentar la memoria colectiva y rescatar las vivencias ciudadanas que forjaron la identidad de la patria, es el propósito del #Concurso de relatos e historias familiares en conmemoración del 170° aniversario de la Campaña Nacional de 1856-1857”, cuyo lanzamiento oficial se dio este lunes 14, a las 10 a. m., con una conferencia sobre “Los soldados de la Campaña Nacional” ofrecida por el doctor Raúl Arias en las instalaciones de Biblioteca Nacional.

La convocatoria llama a la ciudadanía a compartir los recuerdos, testimonios y registros guardados en sus hogares para integrarlos de manera permanente al acervo histórico del país. «La gesta heroica de 1856 y 1857 no solo se resguarda en los libros oficiales, sino en el corazón y los recuerdos latentes de las familias costarricenses. Este concurso es un puente de oro para rescatar del olvido esas microhistorias, anécdotas y tesoros familiares que forjaron el alma y la libertad de nuestra vía costarricense hacia el porvenir. Invitamos a la ciudadanía, en especial a las nuevas generaciones, a escudriñar en sus raíces y compartir la herencia viva de nuestros libertadores», indica Armando Vargas Araya, periodista y presidente emérito de la Academia Morista Costarricense, institución que impulsa el certamen.

Convocatoria

La recepción formal de las obras se abrirá este venidero 30 de setiembre de 2026 y cerrará el 1 de mayo de 2027. Los documentos deberán ser enviados directamente al correo electrónico oficial de la organización: contactoacademiamorista@gmail.com.

El jurado calificador evaluará propuestas enfocadas en las siguientes líneas temáticas:

  • Historias familiares y anécdotas transmitidas de generación en generación sobre la Campaña Nacional.
  • Objetos y recuerdos históricos de valor familiar (tales como medallas, cartas u otros artículos).
  • Memorias de desfiles y actividades escolares de épocas pasadas.
  • Relatos de ficción creativos inspirados en la gesta histórica de 1856-1857.

El veredicto final con las obras seleccionadas será anunciado públicamente el 30 de setiembre de 2027. Las bases completas del concurso se pueden consultar escaneando el código QR oficial integrado en los afiches de la campaña o solicitando información en las plataformas digitales de la Biblioteca.

Acerca de la Academia Morista Costarricense

Es una institución dedicada a la investigación, preservación y difusión de la vida, obra y legado del Libertador de la Patria, el presidente Juan Rafael Mora Porras, así como de los acontecimientos históricos de la Campaña Nacional de 1856-1857. Su propósito es fortalecer los valores cívicos, la soberanía nacional y la memoria histórica de Costa Rica a través de actividades académicas, publicaciones y certámenes culturales dirigidos a toda la ciudadanía.

Día después del 9/11: Aprender en cuerpo propio quién va a seguir mandando y el nuevo cómo – Segunda entrega

María Suárez Toro
Escribana

El día es el 12 de septiembre del 2001y me acabo de despertar de la pesadilla en vivo del día antes en el sitio de los que fueron hasta ayer las dos Torres Gemelas en Nueva York. Es el día después de que la guerra en el mundo globalizado llega directamente al territorio de los Estados Unidos.

Ayer, bastante desorientada, con polvo hasta por las narices y mucho estrés, caminé con otra amiga muchas horas hasta llegar a la casa de mi amiga Rhonda en Brooklin, NY. La travesía no fue muy distinta, cómo experiencia humana, a la que había vivido en algunos países de Centroamérica. Las imágenes de multitudes asustadas saliendo en carrera de Manhattan, mirando para atrás, mientras corría desaforada hacia adelante en busca de un lugar seguro.

Quienes me conocen saben que yo tengo una característica un poco peculiar. Cuando me encuentro en situaciones críticas de violencia, la cual nunca conocí en mi infancia no en Puerto Rico ni el Nueva York, donde estuve parte de los años 60 y 70, me concentro en ver y sentir el poder de la vida y de lo mejor de la humanidad cuando la muerte se hace presente. Esto fue probablemente desarrollado en medio de tanto conflicto en la Centroamérica de las dictaduras de los 70 y 80 y los procesos de paz que nunca se concretaban en los 90 en la región.

Lo vi y lo viví una vez más en el 2021. En el estado de sobrevivencia del 9/11 en Manhattan, todo el mundo corría hacia Brooklin.

La calles de ciudad más fría, más comercializada y más inhóspita que yo había conocido en mi vida, estaba convertida en un jardín de colmados, pulperías, tiendas y casas abiertas. Sus dueños o empleados repartían agua, víveres o medicinas gratuitas, hablándole a la gente con alieno.

Hasta sus televisores, radios e inmensas bocinas de música popular fueron sacadas a la intemperie. Para que la gente que buscaba regresar a algún lugar seguro pudiera ver cómo se desenvolvía la cosa en las derribadas Torres Gemelas.

Ah – me dije mientras caminaba – en momentos de emergencia son tan humanos y comunicativos cómo en Centroamericanos, le dije a mi amiga, recordándole otra lección que ya había aprendido: en guerra y en situaciones de estricta sobrevivencia, al ser humano se le conoce lo mejor de sí o lo peor de sí. ¡Depende!

Siempre me he preguntado de qué depende y al final de este episodio verán lo que aprendí.

Bueno, pero estoy despertando en Brooklin el día después. Dormí en el lugar seguro de mi amiga judía, abogada de los derechos humanos y solidaria contra todas las dictaduras del continente. Fue la abogada del famoso caso de la película “Desaparecido” en Chile y muchos más durante la dictadura y de agarrar a un dictador del Guatemala de visita en NY. Lo agarraron con base en una viejísima ley contra la piratería en EUA.

Desayuno con ella, pero tengo que salir a buscar un café internet para dejarle saber a mi familia y a la gente en Costa Rica que estoy bien y que me quedo en NY para transmitir en vivo en Radio Internacional Feminista en onda corta los próximos días.

El camino de cinco cuadras para llegar de la casa al Café Internet anunciado en una radio local comunitaria WBAI esa mañana fue tan calmado que no parecía Nueva York. Silencio total. No hay buses, no hay carros y la gente está sentada a las afueras de sus casas, hablando y escuchando radio.

Lo que más me llama la atención es que te miran y hasta te dan los buenos días. ¡Un Nueva York humanizado! Yo voy feliz, devolviendo los saludos en español, en inglés, yiddish y hasta en portugués. Tal vez uno que otro barrio en árabe. Porque allá viven en barrios bastante segregados y hay idiomas que yo no conocía.

Caminaba aprendiéndomelos para contestar igual. ¡Era divertido! No parecía Nueva York. Tarde casi una horas en llegar y varias más en una fila eterna para usar el Café Internet. Todos y todas andábamos en los mismo. Desesperados por poder hablar con los familiares, nadie abusaba del tiempo, como si de ello dependiera su propia comunicación.

Hmmm, una gran familia en la desgracia, pienso en mi particular énfasis en tiempos cómo esos.

De repente dan las 3 pm en punto cuando al unísono, aparece una simultaneidad en todas las grandes pantallas del gran televisor y en todas las computadoras. Una sola y única transmisión.

Es Bush el presidente y una publicidad terriblemente agresiva y violenta, llena de imágenes de espanto y anunciando: es la guerra contra América. Y ya no hay imágenes de los rescatistas y bomberos ayudando a la gente en el sito de las torres, ni la gente ayudándose a salir o sanarse, ni siquiera la gente llorando a sus muertos o los testimonios de sobrevivencia. Bush habla de que van a ganar y aparecen militares suyos guerrereando y árabes terrorizando a población civil. Bombas, guerra, destrucción y agresividad de los soldados gringos, miedo de la gente y sed de terrorizar de las imágenes de árabes. “¡Ya sabemos quiénes fueron y vamos contra ellos sin piedad porque todos nos odian a los americanos!” decían en texto y en voces.

Temblando, le escribí a mi familia y a mis amistades y salí del lugar en carrera. Estaba embotada del ruido de la violencia y agresividad sin parar.

Quería refugiarme a la casa de mi amiga para apagar todo aquello. Pero el recorrido me daría aliento, pensé. ¡Error de cálculo! Toda la gente había sacado sus televisores a la calle y estaban viendo lo mismo en sus pantallas. Aterrados, cuando levantaban la mirada para ver quien pasaba.

Cuando me miraban – con esta cara de árabe arrepentida (Sur de España), mezclada con sangre y ADN latina – me miraban con desprecio y hasta me decían cosas agresivas en sus lenguajes.

¡No los podía creer! ¡Apenas unas horas antes fueron mis amigos y amigas, de “buenos días” y todo en las calles de Nueva York!

¡No lo podía creer, de un día para otro, fui una mujer árabe, amenaza para los gringos!

No me atreví a correr y aunque lo hubiese querido no podía. Las piernas me fallaban con cada improperio agresivo.

Me mandaban a irme de donde había venido y me señalaban de árabe mal parida.

Cuando llegue a la casa estaba desbaratada emocionalmente y físicamente abatida.

Ese día supe que era Arabe.

Ese día supe quienes iban a convertir el hecho macabro en una nueva oportunidad para un festín mayor de dominio, control y violencia en el mundo.

Ese día supe cómo lo justificarían…

Y ese día aprendí qué es lo que saca lo peor de la gente.

Publicado en https://escribana.org/es/segunda-entrega-dia-despues-del-9-11-aprender-en-cuerpo-propio-quien-va-a-seguir-mandando-y-el-nuevo-como/ y compartido con SURCOS por la autora.

¿Qué vi y viví cambiar a partir del 9/11?

María Suárez
Escribana

Hoy amaneció 9/11. Los grandes medios le han llamado los atentados que cambiaron el mundo. Fue terrible. Estuve allí, en el aeropuerto de NY. Llegué una media hora antes desde Durban en Sudáfrica, esperando el vuelo que nunca llegó para devolverme a Costa Rica.

Fue terrible y mi primera experiencia fue la caminata desde La Guardia por un costado de Manhattan. Tratan de llegar a la casa de mi amiga Rhonda en Brooklin, caminaba – desaforada del espanto – en medio de las horadas de gente que escapaba del lugar de los hechos y sus alrededores para salir del espanto.

Cuando al fin pude ver en televisión lo que acababa de vivir, sin percibirlo más que por su resultado en la gente que había sobrevivido y corría y corría, el espanto se me instaló en el corazón y en el alma.

Lo que más me movió el alma fue la gente tirándose de las ventanas de los altísimos pisos de los edificios por caer. Sus mundos desaparecieron en un instante, como los miles de muertos adentro.

Pero no es cierto lo que dicen los medios. Ellos, los responsables de los atentados, aún con toda su barbaridad y su fatal impacto en la muerte de tanta gente inocente – más de 2,000 – no cambiaron el mundo ese día.

El mundo de la gente de a pie en Medio Oriente y el mundo de a pie en Occidente, ya estaba tan desorientado, tan diezmado y tan asustado y disociado ante las políticas globalizadas de los que cambiaron el mundo ese día – y lo han seguido cambiado para peor, cada vez para peor.

Es mismo “peor” que hoy – 25 años después, ha amasado poderes y fortunas como nunca antes del 9/11. Poderío militar cómo nunca antes del 9/11. Depredación de la naturaleza, dictaduras y fascismo, como nunca antes. Tecnologías para controlar y destruir, como nunca antes del 9/11.

Sí, “cómo nunca antes”, ese día aprovecharon la situación, no para cambiarla, sino para instrumentalizarla para sí.

Yo viví cómo ocurrió esa afirmación del modelo y lo viví en el lugar donde se concretó ese cambio para terminar de globalizarlo.

Mañana, después que haga el duelo por los miles de víctimas, les escribiré cómo lo hicieron los responsables del cambio para peor.

Publicado en https://escribana.org/es/que-vi-y-vivi-cambiar-a-partir-del-9-11/ y compartido con SURCOS por la autora.

Chile: Organizaciones de DDHH convocan romería por la memoria, el legado de Allende, y contra los indultos

Felix Madariaga

Por Félix Madariaga

La movilización se realizará el 6 de septiembre y busca reivindicar el legado del presidente Salvador Allende, conmemorar los 53 años del golpe de Estado, y denunciar los retrocesos en materia de derechos humanos.

La Coordinadora Nacional de Organizaciones de Derechos Humanos y Sociales y la Mesa de Derechos Humanos por una Vida Digna, convocaron a una romería por la memoria, los derechos humanos, y contra los indultos la que se realizará el próximo 6 de septiembre, a las 10:00 horas, desde el Metro Los Héroe y finalizará en el Cementerio General, en Santiago, con un acto político-cultural.

La jornada se desarrollará bajo la consigna de “No a los Indultos”, “Derechos Humanos, ni un paso atrás”. Así mismo, se reivindicará el legado del presidente Salvador Allende y se rendirá homenaje a las víctimas del golpe de Estado cívico-militar de 1973 y de las posteriores violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

Las organizaciones convocantes han expresado su preocupación frente a los posibles indultos o beneficios para condenados por graves violaciones a los derechos humanos, tanto vinculados a la dictadura como a hechos ocurridos durante el estallido social, y advierten sobre lo que consideran un escenario de retrocesos en materia de verdad, justicia, reparación, memoria, y garantías de no repetición.

Entre las principales preocupaciones, se encuentra también el desmantelamiento o debilitamiento del “Plan Nacional de Búsqueda, Verdad y Justicia”, iniciativa creada bajo el gobierno del expresidente Gabriel Boric, y que busca avanzar en el esclarecimiento del paradero de las personas detenidas desaparecidas durante la dictadura.

Para las organizaciones de derechos humanos, la memoria no constituye solamente una mirada hacia el pasado, sino también una responsabilidad frente al presente y el futuro. En ese sentido, la convocatoria busca expresar un rechazo categórico a cualquier forma de impunidad y reafirmar que las violaciones a los derechos humanos no pueden volver a quedar subordinadas a intereses políticos y cambios de gobiernos.

“Una demostración de amor y reconocimiento”

La presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP) y Premio Nacional de Derechos Humanos 2026, Alicia Lira, llamó a la ciudadanía a participar de la movilización y destacó el carácter histórico y también cultural de la jornada.

“El 6 conmemoraremos en forma cultural, en forma mística, reivindicando, no sólo lo que fue la Unidad Popular, la memoria de nuestros familiares, lo que aún nos falta por encontrar, nuestros detenidos desaparecidos y ejecutados sin entrega de cuerpo”, señaló la Premio Nacional de Derechos Humanos.

Además, expresó que la marcha representa también un homenaje al presidente Salvador Allende y a quienes participaron del proceso de la Unidad Popular junto a trabajadores, mujeres y profesionales.

“Tiene que ver con esta marcha, que hay una demostración de amor, de reconocimiento, con el orgullo que sentimos de nuestro presidente Salvador Allende”, afirmó.

En el mismo sentido, el músico Jorge Coulon, del grupo Inti Illimani, llamó a participar de la movilización en un momento que considera especialmente relevante para la defensa de los derechos humanos.

“Es muy importante reivindicar que Chile respeta y exige respetar los derechos humanos y la memoria de las víctimas de las violaciones a los derechos humanos”, señaló el artista.

Fotografía de Pablo Ruiz.

Algunas reflexiones sobre la celebración del Día de la Emancipación en Puerto Limón

Bernardo Archer Moore, presidente de ACUDHECA.

Por Bernardo Archer Moore

Durante años, la discusión sobre el 31 de agosto estuvo marcada por cierta confusión acerca de qué se celebraba. Hoy existe mayor claridad: agosto, y particularmente el 31, está dedicado a conmemorar la emancipación de las personas negras de la esclavitud y la servidumbre en la diáspora africana.

Pero conocer el significado de la fecha no significa necesariamente conservar el espíritu con el que nació su celebración.

Hasta mediados de la década de 1970, el 31 de agosto era una actividad organizada fundamentalmente por organizaciones afrocostarricenses de Puerto Limón, financiadas por ellas mismas.

Aquella forma de organización representaba también una expresión de autonomía comunitaria frente al Estado. Era una celebración más íntima y solemne.

En ella se honraba la memoria, el sacrificio y la lucha de nuestros antepasados por la supervivencia de nuestra comunidad frente a un mundo marcado por la desigualdad.

En 1980, el 31 de agosto fue declarado oficialmente «Día de la Gente Negra» mediante el Decreto N.° 11928, durante la administración de Rodrigo Carazo Odio.

Posteriormente, en junio de 1999, se constituyó formalmente el Comité Cívico y Cultural Étnico Negro, que asumió un papel protagónico en la organización del Festival de la Cultura Negra y del emblemático Desfile de la Gran Gala.

A partir de entonces, la celebración experimentó una profunda transformación: pasó progresivamente de ser un acto solemne de memoria, identidad y unidad comunitaria a convertirse en un acontecimiento multitudinario, festivo y también comercial.

Hoy participan miles de personas afrodescendientes y no afrodescendientes. La cultura, la vestimenta, la música y el comercio ocupan un espacio cada vez más importante.

Sin embargo, existe una continuidad que debería hacernos reflexionar: ayer y hoy, las familias afrocostarricenses menos favorecidas continúan, física y simbólicamente, al otro lado de la acera.

La pregunta, entonces, no debería ser solamente cuánto ha crecido la celebración, sino qué hemos perdido en el proceso.

Celebrar nuestra cultura es importante, pero celebrar la cultura y defenderla son dos cosas diferentes.

La emancipación no debería convertirse únicamente en una fiesta de identidad, vestimenta y comercio. Debe ser también una oportunidad para recordar la lucha de nuestros antepasados, evaluar las condiciones actuales de nuestra comunidad y defender su dignidad, sus derechos, su organización y su autonomía.

También debemos cuestionar la llamada «apoliticidad»: no parece coherente ser apolítico cuando se trata de escuchar las demandas del pueblo y, al mismo tiempo, político cuando se trata de gestionar recursos públicos.

El 31 de agosto debería ser, ante todo, un día para recordar de dónde venimos, reconocer cuánto hemos avanzado y preguntarnos cuánto nos falta todavía por alcanzar.

La verdadera emancipación no consiste solamente en recordar que nuestros antepasados dejaron de ser esclavos; consiste también en impedir que las nuevas generaciones tengan que luchar nuevamente por la dignidad, la identidad, la autonomía y los derechos que nosotros tenemos la responsabilidad de preservar.

Abogado costarricense rinde homenaje en Praga a los combatientes de la Operación Anthropoid

El abogado costarricense Arturo Fournier Facio, quien da seguimiento a temas de derechos humanos, rindió este 29 de agosto homenaje en Praga a los patriotas checoslovacos que integraron la Operación Anthropoid, la misión que en 1942 logró ajusticiar al jerarca nazi Reinhard Heydrich, conocido como «el carnicero de Praga» por las masacres cometidas bajo su mando como jefe de la ocupación nazi del Protectorado de Bohemia y Moravia.

La operación fue planeada por el gobierno checoslovaco en el exilio, con el apoyo del Ejecutivo de Operaciones Especiales (SOE) del Reino Unido, y ejecutada por los paracaidistas Jozef Gabčík y Jan Kubiš, entrenados por los británicos y lanzados en paracaídas sobre el territorio ocupado en diciembre de 1941. El 27 de mayo de 1942, ambos emboscaron el automóvil descubierto de Heydrich en una curva cerrada de Praga: el arma de Gabčík falló al momento de disparar, pero Kubiš logró lanzar una granada antitanque modificada que hirió gravemente al jerarca nazi, quien murió a causa de esas heridas el 4 de junio de 1942.

Tras el atentado, Gabčík, Kubiš y otros cinco paracaidistas del grupo —Adolf Opálka, Josef Bublík, Josef Valčík, Jaroslav Švarc y Jan Hrubý— se refugiaron en la cripta de la Iglesia Ortodoxa de los Santos Cirilo y Metodio, en la calle Resslova de Praga. Permanecieron ocultos allí durante varias semanas, hasta que fueron delatados por un colaborador. En la madrugada del 18 de junio de 1942, cerca de 750 soldados de las SS cercaron el templo. Tras un enfrentamiento de varias horas, tres de los combatientes murieron combatiendo o se quitaron la vida en el coro de la iglesia, mientras los otros cuatro, refugiados en la cripta, hicieron lo mismo antes de ser capturados.

La represalia nazi por el atentado fue brutal: además de la ejecución de miles de personas, los pueblos de Lidice y Ležáky fueron arrasados y sus habitantes asesinados o enviados a campos de concentración, en uno de los episodios de represalia colectiva más recordados de la Segunda Guerra Mundial.

Hoy, la fachada de la iglesia conserva aún los impactos de bala del asedio de 1942, y el templo alberga un museo dedicado a la memoria de los combatientes de la Operación Anthropoid.

Festival Cultural «Grito por la Paz» se realizará en Tibás el próximo 22 de agosto

La Comunidad Buen Vivir invita a la ciudadanía al Festival Cultural «Grito por la Paz Tibás 2026», que se realizará el sábado 22 de agosto, de 9:00 a.m. a 4:00 p.m., en la Biblioteca Pública de Tibás, con entrada libre. La actividad es organizada en conjunto con la Escuela de Bellas Artes Vincent van Gogh, el Ministerio de Cultura y Juventud y el Sistema Nacional de Bibliotecas.

Según explican las personas organizadoras, el festival surge como una reflexión colectiva frente al dolor causado históricamente por las guerras, bombardeos, invasiones y desapariciones forzadas ocurridas tanto en conflictos mundiales —como las dos Guerras Mundiales, Hiroshima y Nagasaki, o la guerra de Vietnam— como en distintos países de América Latina, el Caribe, África y Medio Oriente. Desde esa preocupación, la Comunidad Buen Vivir ha llevado el «Grito por la Paz» a distintos puntos del país, incluyendo Paso Ancho, San Sebastián, Desamparados, Turrialba y San José, y ahora extiende la iniciativa a Tibás.

La jornada combina teatro, danza, artes visuales, música en vivo, poesía, creación literaria, tai chi chuan e instalaciones en los árboles, además de una fogata cultural, exposición de artes visuales y talleres de mandalas.

Entre las actividades programadas destacan: tai chi chuan con Reynaldo Ugalde Meza (9:00 a.m.); danza en telas sobre árboles con Kryssia Rojas (10:00 a.m.); cuentacuentos con Hillary Zúñiga Araya (10:30 a.m.); un taller de mandalas para personas adultas mayores y un taller de creación literaria de poesía para niños y niñas con Marta Rojas (10:45 a.m.); el foro de cine corto «Pachamama: la llamada» con Ronald Soto Venegas (11:00 a.m.); un círculo de percusión «Tambores para la Paz» con Jorge Guido (11:15 a.m.); el taller «Apachetas para la Paz» con Edison Valverde y una exhibición de body paint con Hommer Salazar (11:30 a.m.), junto con actividades simultáneas de dibujo bajo los árboles y el inicio de la instalación «Casa de Neón», ambas a cargo de la Escuela de Bellas Artes Vincent van Gogh.

Al mediodía se realizará la «Olla de la Paz» con Erika Cascante, seguida de una exhibición de kung fu con José Torres, del Centro de Cultura Yan Xiang de Costa Rica (12:10 p.m.), danza con Sabrina Álvarez (12:30 p.m.), teatro mimo con Reynaldo Ugalde Meza (12:45 p.m.) y un monólogo escénico de Laura Meoño (12:50 p.m.).

La tarde continuará con lecturas de «Poesías para la Paz» a cargo de Mario Zaldívar, Marta Castro, Francis Cruz, Alejandro Chinchilla, Alejandro Cordero, Catalina Gaviria Hena, Malquín González Mena y Carmen Julieta Echeverría (1:00 p.m.); los conciertos «Violines sin Guerra» con Dana Zárate (1:30 p.m.) y «Violines para la Paz» con Aristóteles Gray (1:45 p.m.); una presentación de solistas y cantautores con Falú, Mirley Vega, Andrés Prada, Navi Hernández, Ana Andrade, Hayden Ceciliano, Alonso Ferreto y Jorge Guido (2:00 p.m.); el concierto dúo Hel-Hecho Latino con Óscar Álvarez y Reynaldo Ugalde (3:00 p.m.); y los conciertos de música latinoamericana de los grupos Urgente (3:10 p.m.) y Terra Nova (3:30 p.m.). El festival cerrará a las 3:55 p.m.

Hiroshima y Nagasaki: la memoria que aún intenta salvarnos

Mientras se extinguen las voces de quienes vivieron el horror nuclear, el mundo enfrenta nuevas formas de conflicto que ponen a prueba su capacidad para construir una paz duradera.

Olga C. Guerra Pizarro

Cada 6 y 9 de agosto el mundo vuelve la mirada hacia Hiroshima y Nagasaki. Recordamos las ciudades destruidas por las bombas atómicas y honramos a las miles de víctimas que marcaron uno de los capítulos más dolorosos de la historia de la humanidad.

Pero la memoria solo cobra verdadero sentido cuando nos ayuda a comprender el presente y a asumir responsabilidades frente al futuro.

Hoy el mundo ya no vive bajo la amenaza exclusiva de las armas nucleares. La inteligencia artificial aplicada a sistemas militares, los drones autónomos, los ciberataques, la manipulación informativa y una creciente carrera tecnológica están transformando la naturaleza de los conflictos. La capacidad de destrucción continúa evolucionando, muchas veces más rápido que nuestra capacidad para establecer límites éticos, políticos y humanitarios.

Paradójicamente, el mismo ingenio que ha permitido grandes avances para la humanidad también ha multiplicado su capacidad de destrucción. Cada nuevo avance científico nos recuerda que el verdadero límite no está en la tecnología, sino en las decisiones humanas sobre el uso que hacemos de ella.

Los últimos testigos del horror

Ochenta y un años después de Hiroshima y Nagasaki, los sobrevivientes de las bombas atómicas, conocidos como hibakusha, representan una generación que lentamente se despide. En Japón quedan poco más de 91.000 sobrevivientes oficialmente reconocidos y su edad promedio supera los 86 años. Con cada año que pasa, el mundo pierde no solo a quienes vivieron el horror en primera persona, sino también una parte irremplazable de la memoria colectiva de la humanidad.

La mayoría de ellos no solo sobrevivió a la explosión. También enfrentó durante décadas las consecuencias de la radiación, enfermedades, pérdidas familiares, secuelas psicológicas y, en muchos casos, discriminación social. Su vida ha sido un recordatorio permanente de que una guerra no termina cuando cesan los bombardeos; sus efectos pueden prolongarse durante generaciones.

Seis sobrevivientes de la bomba atómica de Hiroshima (hibakusha) retratados en 2016. Sus testimonios han contribuido a mantener viva la memoria de las consecuencias humanas de la guerra nuclear. Foto: Johannes Eisele / AFP.

Conscientes de que pronto ya no quedarán testigos directos, instituciones, universidades y organizaciones de paz en Japón trabajan para preservar sus testimonios mediante archivos digitales, registros audiovisuales y programas educativos. Al mismo tiempo, hijos y nietos de los hibakusha han asumido la responsabilidad de transmitir esas historias para que las nuevas generaciones comprendan que la paz no puede darse por sentada.

Este relevo generacional nos deja una responsabilidad que ya no podemos delegar. Cuando desaparezcan las últimas voces capaces de decir «yo estuve allí», la memoria dependerá de nuestra voluntad de escuchar, enseñar y actuar. Recordar Hiroshima y Nagasaki dejará de ser únicamente un ejercicio histórico para convertirse en una decisión ética y ciudadana.

Una marcha que llega en el momento oportuno

Precisamente en este contexto, la Cuarta Marcha Mundial por la Paz y la Noviolencia, que se desarrollará del 21 de septiembre al 4 de octubre de 2026 bajo el lema «En mi ciudad», adquiere un significado especial.

La iniciativa propone que cientos de ciudades en los seis continentes promuevan actividades educativas, culturales y comunitarias para fortalecer la paz, la noviolencia, el diálogo, el respeto por los derechos humanos y la resolución pacífica de los conflictos. Más que una movilización internacional, plantea que la construcción de la paz comience allí donde vivimos: en nuestras familias, nuestras escuelas, nuestros barrios y nuestras ciudades.

La marcha también impulsa objetivos concretos, entre ellos la adhesión al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, el fortalecimiento del sistema multilateral y una mayor participación de la sociedad civil en las decisiones que afectan el futuro del planeta. Son propuestas que buscan responder a un escenario internacional marcado por el rearme, las tensiones geopolíticas y el acelerado desarrollo de nuevas tecnologías militares.

La paz comienza mucho antes que la guerra

Con frecuencia se afirma que la paz es simplemente la ausencia de guerra. La experiencia demuestra que no es suficiente. Puede no haber enfrentamientos armados y, aun así, existir violencia, odio, discriminación, exclusión o indiferencia. La paz comienza mucho antes de que estalle un conflicto.

Comienza cuando reconocemos la dignidad del otro, cuando optamos por el diálogo antes que la confrontación y cuando entendemos que ningún avance científico será suficiente si no está acompañado por principios éticos capaces de orientar su uso.

Desde esa perspectiva, el amor deja de ser una idea romántica para convertirse en una decisión profundamente humana. Amar es reconocer el valor de la vida del otro, incluso cuando piensa diferente, pertenece a otra cultura o vive al otro lado del mundo. Sin esa convicción, cualquier tecnología puede terminar sirviendo a la destrucción en lugar de al progreso.

Más que conmemorar, reflexionar

La humanidad dispone hoy de tecnologías capaces de transformar el mundo en cuestión de segundos. Nunca antes habíamos tenido tanto conocimiento ni tantas herramientas a nuestro alcance. Sin embargo, el rumbo que tome ese progreso dependerá siempre de las decisiones que adoptemos y de los valores que las inspiren.

Las guerras son consecuencia de decisiones humanas. La paz también lo es. Se construye cada día en nuestras acciones, en nuestras palabras y en la manera en que elegimos relacionarnos con los demás.

Recordar Hiroshima y Nagasaki solo adquiere verdadero sentido si esa memoria nos impulsa a construir un mundo donde la tecnología esté siempre al servicio de la vida y nunca de la destrucción. Porque la paz no es un recuerdo del pasado; es una decisión que tomamos cada día.

Imagen de cabecera: El Memorial de la Paz de Hiroshima (Genbaku Dome), declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, se refleja sobre el río Motoyasu como un símbolo de memoria, resiliencia y del compromiso de las generaciones presentes y futuras con la paz. Foto: Stephan Leuzinger.

Compartido con SURCOS por la autora.

Hiroshima y Nagasaki, 81 años después: recordar a las víctimas, no olvidar a los responsables

Felix Madariaga

Por Félix Madariaga

El 6 y el 9 de agosto de 1945, Hiroshima y Nagasaki ingresaron para siempre en la historia como las únicas ciudades del mundo contra las que se utilizaron armas nucleares durante una guerra. Han pasado 81 años, y la pregunta sigue siendo necesaria: ¿quién lanzó esas bombas y por qué todavía existe tanta cautela para hablar de esa responsabilidad?

Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima la bomba de uranio Little Boy y tres días después sobre Nagasaki la bomba de plutonio Fat Man. Las estimaciones históricas indican alrededor de 140.000 muertos en Hiroshima hasta fines de 1945 y decenas de miles en Nagasaki, además de las personas que posteriormente sufrieron las consecuencias de la radiación.

No fueron desastres naturales ni accidentes. Fueron decisiones políticas y militares. Por supuesto, los crímenes cometidos por el Japón imperial durante la Segunda Guerra Mundial deben ser condenados. Pero una cosa no justifica la otra. Los crímenes japoneses no legitiman el uso de armas nucleares contra ciudades habitadas.

81 años después

Este 6 de agosto, Hiroshima volvió a recordar a sus víctimas. Cerca de 50.000 personas participaron en la ceremonia de paz, junto a representantes de alrededor de 120 países y regiones. A las 8:15 am, hora en que cayó la bomba, se guardó un minuto de silencio. El alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, volvió a cuestionar la idea de que las armas nucleares puedan garantizar la seguridad mediante la llamada disuasión nuclear.

El 9 de agosto, Nagasaki realizó también su ceremonia conmemorativa. Naciones Unidas, por su parte, volvió a hacer un llamado para avanzar en la eliminación de las armas nucleares. También organizaciones pacifistas y antinucleares realizaron actividades conmemorativas durante agosto en distintos países.

Recordar Hiroshima y Nagasaki no puede reducirse a ceremonias, flores y discursos sobre la paz. La memoria también debe recordar las decisiones que hicieron posible esa tragedia. La bomba no cayó por casualidad desde el cielo. Fue transportada, preparada y lanzada deliberadamente.

La contradicción japonesa

Existe además una paradoja que Japón debería discutir con mayor profundidad. El país que sufrió los únicos ataques nucleares de la historia continúa dependiendo militarmente de Estados Unidos y de su llamado paraguas nuclear. Japón recuerda cada año el horror de Hiroshima y Nagasaki, pero su seguridad sigue vinculada a la capacidad nuclear estadounidense.

No se trata de desconocer la responsabilidad japonesa en la Segunda Guerra Mundial ni de plantear una revancha histórica. Se trata de formular una pregunta legítima: ¿Puede el único país que ha sufrido ataques nucleares aceptar indefinidamente que su seguridad dependa de las mismas armas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki? La memoria japonesa corre además el riesgo de transformarse en una ceremonia diplomática en la que las víctimas ocupan todo el espacio y la responsabilidad histórica queda en segundo plano.

No olvidar

A 81 años de Hiroshima y Nagasaki, no basta con decir «nunca más».

Hay que recordar a las víctimas, escuchar a los sobrevivientes y cuestionar las doctrinas militares que todavía consideran las armas nucleares instrumentos legítimos de seguridad.

Estados Unidos ha sido el único país que ha utilizado armas nucleares contra población civil durante una guerra. Esa responsabilidad histórica no desaparece con el paso del tiempo.

Japón, por su parte, tiene el desafío de mantener viva su memoria sin convertirla en una conmemoración políticamente cómoda.

Hiroshima no fue un accidente. Nagasaki tampoco. Fueron decisiones humanas.

Por lo mismo Chile forma parte de esa historia. Documentos del propio Departamento de Estado reconocen que Washington financió acciones políticas, desarrolló campañas de propaganda contra Salvador Allende y consideró operaciones encubiertas destinadas a impedir su llegada al poder. Aunque la responsabilidad directa de Estados Unidos en el golpe del 11 de septiembre de 1973 continúa siendo objeto de debate, su intervención en la política chilena está documentada. Por eso, cuando hablamos de Hiroshima y Nagasaki, también debemos recordar que detrás de la retórica estadounidense sobre democracia, libertad y seguridad existe una historia de intervenciones en América Latina y otros continentes que no puede ser ignorada.

Fuentes:

https://history.state.gov/milestones/1969-1976/allende

https://www.youtube.com/watch?v=NMn3bE6JGg4

https://indonesia.un.org/en/320461-message-nagasaki-peace-memorial-81st-anniversary-atomic-bombing-nagasaki-2026-secretary

https://psr.org/get-involved/hiroshima-nagasaki-events/

https://www.nbcnews.com/world/asia/hiroshima-marks-81st-atomic-bomb-anniversary-rcna591306

https://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2026-08-06/hiroshima-conmemora-81-anos-de-la-bomba-atomica-y-su-alcalde-deplora-la-busqueda-de-armas-nucleares

Carta abierta a Pilar Cisneros – Honrar la memoria, defender la justicia

San José, 5 de agosto de 2026

Estimada doña Pilar:

Le escribe una jueza costarricense preocupada por el rumbo nacional y por el debate público alimentado con narrativas inadecuadas. Lo hago no para negar yerros en la institución en la que laboro, que los tiene y muchos. Mucho menos para pedir silencio ante sus errores; toda entidad pública debe aceptar el escrutinio ciudadano, corregirse y rendir cuentas. Le escribo porque la crítica pierde fuerza argumentativa —que es la única fuerza válida para el Derecho— cuando se sustituyen las razones por palabras elegidas para dividir, incluso a quienes se sientan cada noche en torno a la misma mesa.

Rosaura CHinchilla-Calderón.

Usted y yo, doña Pilar, seguramente coincidimos en que Costa Rica necesita mejorar su justicia. Pero si en vez de reparar la casa la incendiamos nos quedaremos sin techo común. Presentar cada decisión adversa al proyecto político que usted lidera como una conspiración contra “el pueblo” o contra quienes gobiernan y, a partir de ello, lanzar calificativos inadecuados deteriora el debate público y fomenta todo tipo de violencia. De allí la motivación de esta misiva. En nuestra América Latina expresiones como «golpe-de-Estado» o «dictadura» evocan desaparecidos, muerte, exilio y terror. Usarlas consciente y repetidamente en un contexto inadecuado no solo desplaza la atención de los temas urgentes sino que reabre heridas de quienes aún tienen marcadas en su piel las cicatrices de la tortura.

Dado que las formas y las palabras importan, me permito, con profundo respeto, apelar a su historia familiar, no con afán de mortificarla —nada más lejos de mis pretensiones—, sino porque esta contiene lecciones que pertenecen también a nuestra historia latinoamericana y que conviene que repasemos.

Poco se sabe por acá que su abuelo, Máximo Cisneros Valle, desarrolló una larga carrera en la docencia y la magistratura en Perú: fue juez de primera instancia en Tarma, relator de la Corte Superior de Justicia de Lima desde 1899, juez interino del Crimen entre 1906 y 1912 y, posteriormente, vocal de esa Corte Superior.[1] No puedo atribuirle opiniones que no conozco sobre los conflictos de su tiempo, pero sí infiero que si su vida estuvo ligada al oficio de juzgar y a la tradición jurídica de una República que buscaba ordenar el poder por medio del Derecho, tuvo que atravesar el dilema de toda persona dedicada a la justicia penal: apegarse a la prueba y a las normas y decidir con valentía, aunque su decisión no fuera popular y eso implicara linchamientos como los que hoy son frecuentes sin siquiera analizar las decisiones.  

Máximo Cisneros Sánchez.

En ese ambiente de respeto por la legalidad creció también su padre, doña Pilar: el honorable Máximo Cisneros Sánchez, abogado, profesor de Derecho Comercial y Derecho Aeronáutico, integrante del Cuerpo Jurídico de la Marina de Guerra del Perú y magistrado de la justicia militar. Su carrera también fue prolífica en el ámbito judicial: desde secretario de juzgado, relator, fiscal y auditor del Consejo de Guerra Permanente hasta procurador general para los asuntos de Marina y primer contralmirante de su Cuerpo Jurídico. Al retirarse en enero de 1972, el Estado peruano le reconoció más de 35 al servicio de la justicia[2] y lo hizo porque la estabilidad judicial es un derecho ya recogido, en beneficio de la ciudadanía, en casi todos los tratados de derechos humanos tanto como el derecho a la jubilación y porque ninguna persona debe ser denostada por ajustar su vida a las normas cuando actúa con probidad, como lo hizo su padre y lo han hecho tantas magistraturas costarricenses, como don Orlando Aguirre y don Fernando Cruz, a las que hoy se les vilipendia mediante generalizaciones apresuradas.

Su papá unió la defensa del derecho y de la soberanía de su país con su propia actividad empresarial como fundador de una aerolínea peruana. Desde la asesoría jurídica naval, participó en el desarrollo de la argumentación peruana relativa a las 200 millas marítimas[3] y en 1954 era auditor letrado de la Zona Judicial de Marina cuando se tramitó el célebre caso de la flota ballenera vinculada con Aristóteles Onassis: un proceso que terminó con una multa millonaria y el decomiso de productos obtenidos en aguas reivindicadas por el Perú. Fue un fallo histórico para toda la región, precursor en materia de derecho ambiental y que nos inspira para seguir defendiendo la soberanía de nuestros países y sus recursos naturales contra quienes pretenden enriquecerse a costa de nuestro patrimonio común.

Tales episodios dibujan a un jurista que creyó en la capacidad del derecho para defender al Estado sin renunciar a reglas jurídicas. Un jurista que hizo su carrera para fortalecer la independencia judicial.

La prueba más dolorosa llegó el 3 de octubre de 1968, cuando el general Juan Velasco Alvarado derrocó al presidente constitucional Fernando Belaúnde Terry, disolvió el Congreso, concentró el poder, afectó las garantías individuales, expropió los periódicos y restringió el pluralismo al instalar el “Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada”, régimen que gobernó hasta 1975, siete años suficientes para sembrar división y dolor por doquier.[4] El posterior derrocamiento de Velasco, mediante otro golpe de Estado por las Fuerzas Armadas, anticipaba la inestabilidad política que, hasta nuestros días, ha vivido el noble pueblo peruano. Para evitar episodios similares, Costa Rica abolió el ejército y hasta los grados militares en las fuerzas policiales, aunque ahora se pretendan restaurar. La sustitución del gobierno elegido por un poder de facto que incide arbitrariamente en los derechos de las personas es el signo inequívoco del autoritarismo que hay que combatir y es todo lo contrario de resoluciones que protegen derechos y obligan a la Asamblea Legislativa a cumplir con un mandato constitucional expreso.

Su propio testimonio, doña Pilar,[5] da cuenta de que el golpista Velasco[6] no perdonó a su padre cuando este se negó a utilizar un vuelo comercial de su empresa APSA para sacar a Belaúnde fuera del itinerario regular y eso generó una persecución contra él, usando el aparato estatal: a su padre se le abrió un juicio por obligaciones tributarias de la empresa y, aunque obtuvo decisiones favorables de los tribunales, usted cuenta que el régimen sustituyó a los jueces por unos complacientes generando el temor de que finalmente apareciera uno dispuesto a condenarlo. Eso llevó a don Máximo a salir con la familia del Perú en 1972. ¡Miserable todo aquel que, como Velasco, use el poder contra sus adversarios políticos! ¡Repudiable Velasco por manipular el aparato de justicia a su antojo para proteger sus intereses! Precisamente para evitar actos como esos es que la estabilidad en la judicatura y la independencia judicial son tan preciadas y emergen como un horizonte, siempre mejorable, al que nunca hay que renunciar.

Solo conociendo esa historia se entiende la profundidad y el valor del discurso que don Máximo Cisneros Sánchez pronunció ante la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica en San José el 4 de septiembre de 1979, al ser recibido como vicepresidente de la naciente Corte Interamericana de Derechos Humanos. Allí afirmó que el Poder Judicial costarricense administraba una “justicia ejemplar”; recordó el proceso de extradición seguido en su contra y resumió su experiencia con una frase conmovedora:

“No fui nunca fugitivo hacia la libertad, sino un fugitivo hacia la justicia.” [7]

Periódico La República, 8 de enero de 1974 (referencias al proceso de extradición de Máximo Cisneros).

Costa Rica no fue para él únicamente un lugar seguro. Fue la demostración concreta de que la independencia judicial puede proteger a una persona cuando el poder político de su país ha dejado de ofrecerle confianza y extiende su brazo allende fronteras. En aquel discurso don Máximo explicó que escogió Costa Rica por el prestigio de su Poder Judicial y celebró que el país hubiera aceptado tempranamente la jurisdicción interamericana, esa que hoy se considera “alcahuetería de la agenda 2030”. Su gratitud no fue una cortesía vacía: habiendo comparecido en condición de acusado, algo que puede ocurrirle a cualquier persona, encontró respeto a sus derechos (¡esas garantías tan atacadas!) y una respuesta jurídica a su conflicto en vez de una orden dictada desde el poder de turno o un acto de humillación pública. ¡Jueces valientes aquellos que, pese al asedio internacional, tutelaron sus derechos y dignidad!

El proyecto político que usted apoya, doña Pilar, con frecuencia afirma que Costa Rica “tiene una dictadura de 70 años” y que gran parte de esa supuesta dictadura proviene de un Poder Judicial que —se da a entender— desde siempre y generalizadamente ha sido corrupto. Eso no concuerda con la valoración expresada por su padre, cuyas apreciaciones se ubican en el mismo rango temporal. Es cierto que en la historia costarricense ha habido abusos de quienes ejercen el poder, corrupción y ello ha generado un deterioro importante en diversos indicadores, sobre todo sociales, como el incremento en la deuda del Estado hacia la CCSS y la violencia social. No obstante, en estos más de 70 años se forjó un sistema de educación pública que le permitió a una hija de campesinos, como yo, estudiar junto a quienes pertenecen a las élites locales en universidades del máximo prestigio mundial. En este lapso se universalizó la seguridad social, se aumentó la cobertura boscosa y se hizo del país un referente en materia ambiental. A diferencia de verdaderas dictaduras siempre se han celebrado elecciones con una amplia oferta de posiciones políticas, la prensa no fue expropiada y funcionó el Congreso. Es cierto que toda democracia formal debe siempre profundizarse, pero inclusive la omisión en tal sentido no la convierte en dictadura.  

En materia de justicia se fue ampliando la cantidad y calidad de los servicios y aunque hay discusiones en política pública, señaladas por el Estado de la Nación, que deben emprenderse, los indicadores comparativos con otros países siguen siendo ventajosos. Pero eso no permite hablar seriamente de un sistema fallido, ni generalizadamente inoperante, como ahora se hace ver mediante recursos retóricos populistas y demagógicos.

 Por tanto, no hay punto de comparación entre el sistema político que llevó a su familia al exilio y el de Costa Rica, que la acogió. En honor a la precisión conceptual no dudo que usted aclarará, públicamente, que el uso de las palabras “dictadura” y “golpe de Estado” desde el Ejecutivo y el Legislativo están absolutamente fuera de lugar, explicará a sus seguidores lo inapropiado de su uso e instará a que quienes las utilizaron brinden disculpas públicas no solo a la comunidad costarricense, sino también a quienes han sufrido los embates de verdaderos regímenes tiránicos.

Primera conformación de la Corte IDH
(con Máximo Cisneros y Rodolfo Piza).

Entre 1979 y 1985 su padre integró, como juez, la primera Corte Interamericana y fue su primer vicepresidente, período en el que coincidió con Rodolfo Piza Escalante,[8] ideólogo y fundador de nuestra Sala Constitucional que, por décadas, fue un referente latinoamericano. Si hoy ha perdido parte de ese reconocimiento no ha sido producto del diseño normativo de la jurisdicción constitucional sino de las decisiones en la selección de quienes ostentan algunas magistraturas, reglas que tampoco se cambiaron en la anterior legislatura. Don Máximo participó en el asunto Viviana Gallardo e intervino en las cinco primeras opiniones consultivas del tribunal regional.[9] Esa jurisprudencia estableció que los tratados de derechos humanos protegen a las personas frente a su propio Estado; que la pena de muerte no puede expandirse ni utilizarse contra delitos políticos pues aún los sentenciados no pierden su dignidad humana; que las diferencias legales no pueden perseguir fines arbitrarios o despóticos; y que la libertad de expresión es una condición de la democracia.[10] Dos de esas opiniones consultivas firmadas por su padre dialogan, de manera especial, con Costa Rica y con su justicia de hoy. VA IMAGEN 3

Esa herencia intelectual de dos ilustres juristas de su familia no la obliga a usted a pensar como ellos ni a defender tales ideas. Las biografías no son cadenas. Sin embargo, sí nos invitan a preguntarnos: ¿qué aprendemos de ellas? Don Máximo conoció un régimen que removía a su antojo las garantías y a quienes debían juzgar. No obstante, encontró refugio en un país donde los tribunales podían decidir sin recibir instrucciones del Ejecutivo. Cuando en los años 70 se detectaron vicios que podían afectar la objetividad, se trasladaron al Poder Judicial la investigación criminal y la acusación pública, con el propósito de alejarlas de la dirección inmediata del Ejecutivo (aunque manteniendo el porcentaje de presupuesto originalmente asignado en la Carta Magna solo para la judicatura).[11] Hoy, ese modelo se pretende revertir pese a las debilidades demostradas antes. Inclusive, el presupuesto aprobado legislativamente para sostener ese andamiaje se disminuye a partir de directrices ejecutivas.

Cisneros Sánchez ayudó a construir una Corte Interamericana destinada a limitar los abusos estatales. Su vida enseña que la justicia independiente incomoda precisamente porque no pertenece a ningún gobierno. ¿No son esa idea y esa lección lo suficientemente poderosas para que sigamos luchando por ellas? ¿No merece la justicia que encontró su padre que distingamos entre una reforma cuidadosa y la destrucción de aquello que todavía funciona?

En diciembre de 2023 usted calificó una decisión electoral como “golpe de Estado político-electoral” y habló de una “dictadura legal y constitucional”. En octubre de 2025 también aludió a una actuación del Tribunal Supremo de Elecciones como un “golpe de Estado institucional”.[12] Ahora las propias autoridades del Ejecutivo y del Legislativo a las que usted asesora utilizan la referencia a golpe de Estado. Duele, doña Pilar, escuchar esas expresiones aplicadas al quehacer de los órganos constitucionales creados para contener el poder, cuya actividad puede ser siempre mejorable, pero nunca prescindible. Al margen de que las decisiones se compartan o no, el recurso retórico es inadecuado y debe reconocerse, máxime si, además, se obvia cómo se generaron tales decisiones: por el incumplimiento de la letra expresa del artículo 164 de la Constitución Política en manos de las diputaciones afines a su proyecto político.[13] Duele que usted, habiendo intervenido como diputada en la Comisión que votó las nóminas de magistraturas suplentes, ahora guarde silencio ante la descalificación dirigida contra jueces y juezas de carrera que se encuentran en esas listas quienes, como su abuelo y padre, se someten de buena fe a las reglas del juego y sufren los embates de quienes opinan sin contar con información suficiente o contratados para tal fin.

Es legítimo considerar que una resolución sea errónea, excesiva o jurídicamente insostenible. También es legítimo pedir responsabilidades. Lo que resulta peligroso es borrar la frontera entre un desacuerdo sometido a procedimientos constitucionales y la ruptura del orden democrático. Usted, como asesora de comunicación de ese proyecto político, por respeto a la memoria de las víctimas de las dictaduras del Cono Sur y Centroamérica, ¿no cree prudente desaconsejar y condenar esta escalada narrativa? Su historia, doña Pilar, es parte de una experiencia latinoamericana mayor: la de quienes perdieron seguridad, trabajo, patria y hasta seres queridos cuando el poder dejó de aceptar límites.

Un golpe de Estado no es simplemente una resolución que disgusta al gobierno, a la oposición o a una mayoría legislativa. Supone la sustitución o anulación del orden constitucional por medios ajenos a él: fuerza, coerción, desconocimiento de los poderes legítimos o captura de las instituciones. Las democracias, en cambio, viven de conflictos regulados. Los poderes se controlan, se contradicen y a veces se frustran entre sí. Esa fricción puede ser incómoda, pero es justamente lo que impide que una sola voluntad se convierta en ley. Llamar golpe-de-Estado a la sentencia antes de debatir sus argumentos no fortalece a la Asamblea Legislativa ni debilita jurídicamente a la Sala Constitucional: solamente eleva la temperatura pública, convierte al adversario institucional en enemigo, puede afectar la confianza institucional y la imagen del país y, lo que es peor, banaliza las heridas de quienes sí sufrieron regímenes despóticos y que escogieron este terruño para encontrar paz y nutrirnos con su visión de mundo.

Doña Pilar, no le pido que abandone su crítica a ninguna institución. Le pido algo más fácil y valioso: que en honor a los Máximo Cisneros de su familia —que hoy se encarnan en jueces y juezas honestos que cumplen a diario con su labor aunque sean objeto de burla e incomprensión como seguramente pronto lo seré yo— esa crítica se realice con la fuerza de los hechos y del derecho, sin distorsiones, sin adulteraciones, sin violencia verbal, con disposición al diálogo y a la construcción conjunta, de tal forma que pueda diferenciarse la deficiencia de la conspiración y una divergencia interpretativa de una ruptura democrática. Recuerde que la independencia judicial real cobija a todas las personas, no solo a quienes comparten la decisión de un tribunal: protegió a su padre cuando era extranjero, exiliado, imputado y sometido a un proceso de extradición. Protege hoy a muchas personas víctimas de una furia alimentada con algoritmos y amañada con una amplia variedad de mecanismos de manipulación y aspiramos a que mañana todavía nos pueda resguardar si somos víctimas del abuso de poder que se vuelve cada vez más visible en el mundo actual.

También le solicito que esa crítica no acalle la que requieren todos los movimientos políticos y los otros poderes del Estado, porque la coherencia la verdad y la ética exigen aplicar el mismo escrutinio a todos por igual.

El proyecto político en el que usted participa ha incumplido mandatos constitucionales en materia de nombramientos y presupuestos aprobados. Ello no aporta a una justicia eficaz y confiable. El Poder Judicial requiere ejercer sus funciones con autocrítica y ajustar los indicadores que fallan. Ningún poder está por encima de la Constitución ni puede borrar al otro mediante consignas. No es válido incrementar el volumen del ruido para distraernos de los gravísimos problemas que tenemos enfrente: en seguridad tanto como en educación, en corrupción pero también en salud pública, en finanzas públicas y generación de empleo pero también en ética pública.

Me he tomado el atrevimiento de invocar la memoria de su familia porque la trayectoria de hombres públicos de bien no pertenece solo a sus parientes. La vida de don Máximo Cisneros Sánchez —tanto por su experiencia como perseguido político como, sobre todo, por su trayectoria como juez— nos sigue inspirando y nos recuerda que la función pública implica educar. Honrar esa memoria no exige idealizar nuestras instituciones; exige impedir que el lenguaje de la democracia se vacíe hasta que cualquier contrapeso parezca una traición. Exige conciliar y aceptar el error cuando este se produce. Hagamos honor a quienes buscaron justicia aquí, cuando la justicia dejó de ser segura allá. No destruyamos con palabras de confrontación la institucionalidad que, hace más de medio siglo, abrió a su familia una puerta de refugio y de derecho. Costa Rica necesita reformas, firmeza y verdad. También necesita serenidad. Nuestros problemas no se solucionan inventando golpes de Estado o dictaduras por doquier ni gritando e insultando al adversario: se empiezan a desenredar cumpliendo la Constitución y las leyes (las que nos gustan y las que no), respetando los contrapesos y cuidando la casa común, incluso —y sobre todo— cuando disentimos.

Por ello, doña Pilar, parafraseo a Oscar Arnulfo Romero y le imploro que interponga sus buenos oficios ante las autoridades del Ejecutivo y del Legislativo a las que usted asesora para que cada cual cumpla con los deberes constitucionales que le corresponden y que cese la violencia verbal y simbólica, alimento de otras formas de violencia social. Alce usted, doña Pilar, la voz para desescalar esta narrativa hostil que tanto divide a las familias. Que ese gesto de respeto a las normas sea el primer paso para emprender modificaciones de gran calado que honren la memoria de quienes, aquí y allá, han servido con rectitud a la justicia.

Atentamente,
Rosaura CHinchilla-Calderón
Jueza

[1] Fernando Ayllón Dulanto, “Manuel Benjamín Cisneros”, Museo del Congreso y de la Inquisición del Perú, pp. 4-6. La reseña documenta la formación y carrera de Máximo Cisneros Valle como juez, relator y vocal de la Corte Superior de Lima. Texto completo.

[2] Hernán Ponce Monge, “Semblanza del señor Contralmirante CJ. (f) Máximo Cisneros Sánchez”, Revista de Marina, núm. 2 (2014), pp. 191-197. Texto completo.

[3] La tesis de las 200 millas marinas fue una política peruana destinada a afirmar soberanía y proteger los recursos naturales del mar adyacente a sus costas. En 1947, Máximo Cisneros Sánchez participó, como auditor de la Zona Judicial de Marina y asesor del Ministerio de Marina, en el estudio jurídico del decreto que proclamó esa extensión marítima, junto con diplomáticos peruanos. La medida buscaba conservar los recursos pesqueros y se convirtió en antecedente del nuevo Derecho del Mar. Más tarde sirvió como fundamento histórico de la posición peruana en controversias de delimitación marítima, incluida la resuelta por la Corte Internacional de Justicia en 2014.

[4] Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social del Ministerio de Cultura del Perú, reseña sobre el Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada; véase también la bibliografía histórica sobre el golpe de 3 de octubre de 1968 y el gobierno de Velasco hasta 1975. LUM Perú.

[5] Ángel Hugo Pilares, “Pilar Cisneros, la peruana que es la mujer más influyente de Costa Rica”, El Comercio, 13 de junio de 2013. La entrevista recoge el relato de Pilar Cisneros sobre APSA, el proceso tributario y la sustitución de jueces. Entrevista.

[6] La historiadora Anna Cant, en un estudio sobre la propaganda política del velasquismo, señala que ese gobierno militar proclamó su propósito de derribar a la oligarquía y ejecutar grandes cambios sociales en beneficio de sectores populares. También subraya que fue una “revolución desde arriba por decreto”, apoyada en propaganda estatal y movilización simbólica y agrega “…el Gobierno utilizaba la comunicación de masas de una manera innovadora y extensa para generar el respaldo popular, por lo que acudieron a periodistas, artistas e intelectuales para promover sus reformas […] la propaganda política del Gobierno de Velasco tuvo un impacto acumulativo en el espacio público, es decir, hubo una “invasión” de mensajes políticos en las plazas, las calles y las paredes de los edificios públicos.” Ver: https://books.scielo.org/id/cw5zr/pdf/schuster-9789587389456-12.pdf

[7] Máximo Cisneros Sánchez, discurso pronunciado el 4 de septiembre de 1979 al ser recibida la Corte Interamericana por la Corte Suprema de Justicia de Costa Rica, en Memoria de la Instalación de la Corte IDH, pp. 48-50. Texto completo.

[8] Ambos juristas tienen sesudos estudios que aún hoy son consultados: Cisneros Sánchez, Máximo. “Algunos aspectos de la jurisdicción consultiva de la Corte Interamericana de Derechos Humanos”. En La Corte Interamericana de Derechos Humanos. Estudios y documentos, San José: Instituto Interamericano de Derechos Humanos, 1986. Piza Escalante, Rodolfo, y Cisneros Sánchez, Máximo. “Algunas ideas sobre la incorporación del Derecho de Asilo y de Refugio al Sistema Interamericano de Derechos Humanos”. En Asilo y Protección Internacional de Refugiados en América Latina, UNAM, México, 1982.

[9] Corte Interamericana de Derechos Humanos, Historia. Máximo Cisneros Sánchez fue juez entre 1979 y 1985 y primer vicepresidente. También intervino en el asunto Viviana Gallardo y otras, Serie A núm. 101 (1981).

[10] Corte IDH, opiniones consultivas OC-1/82, OC-2/82 y OC-3/83. Estas decisiones trataron, respectivamente, el alcance de la función consultiva, las reservas a la Convención Americana y las restricciones a la pena de muerte. OC-1/82; OC-2/82; OC-3/83. En la OC-4/84, la Corte IDH examinó una reforma constitucional sobre naturalización y desarrolló un criterio temprano de igualdad y no discriminación. Años después, la Sala Constitucional (voto de la Sala Constitucional 3435-92) utilizó los instrumentos internacionales de derechos humanos para interpretar el artículo 14 de nuestra Constitución sin la discriminación de género que contenía su antigua redacción. Valga aclararle a uno de los comentaristas de los canales oficiales que ni el de la reelección presidencial fue el único pronunciamiento constitucional que modificó la propia Constitución, ni tal pronunciamiento es único en la región, pues ha sido un recurso frecuente en los tribunales constitucionales de cara a lo dispuesto por el artículo 27 de la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, como se extrae con cualquier búsqueda de internet. En la OC-5/85 la Corte declaró incompatible con la Convención la colegiación obligatoria cuando impidiera a cualquier persona utilizar plenamente los medios para expresarse o transmitir información. La opinión sostuvo que la libertad de expresión es “piedra angular” de una sociedad democrática y que una sociedad mal informada no es plenamente libre. Máximo Cisneros firmó la opinión y agregó una declaración individual sobre el papel legítimo de los colegios profesionales cuando no restrinjan la libertad de expresión.

[11] Abusos de poder en la investigación y acusación condujeron a pasar la Dirección de Investigaciones Criminales (DIC) al Poder Judicial bajo el nombre de Organismo de Investigación Judicial (O.I.J.) y a excluir, de las potestades de la Procuraduría General de la República, el ejercicio de la acción penal pública creando el Ministerio Público, ambas con desconcentración máxima.

[12] Revista del TSE, núm. 38, sobre la reacción de diciembre de 2023; EFE, 7 de octubre de 2025, sobre la expresión “golpe de Estado institucional”.

[13] El artículo 164 de la Constitución encomienda a la Asamblea Legislativa su nombramiento a partir de una nómina propuesta por la Corte Suprema. La Sala Constitucional sostuvo desde 2013 (valga decir, decidió así contra un grupo político diferente al actualmente en el poder) que el Congreso debe escoger dentro de esa lista y que el procedimiento no contempla devolverla. En junio de 2026, la Presidencia de la Sala informó que la falta de designaciones ya incidía en decenas de expedientes con inhibitorias; semanas después, el Tribunal Constitucional resolvió un amparo interpuesto por un ciudadano directamente afectado por esa decisión. Todo ello ocurrió dentro del procedimiento previsto por el ordenamiento. El único punto discutible de la resolución puede ser el de la medida provisional destinada a conservar la integración necesaria para que el tribunal pudiera funcionar. Esa decisión puede y debe ser examinada críticamente: su fundamento, alcance, temporalidad y relación con las competencias legislativas son cuestiones constitucionales discutibles. Pero discutirlas exige razones que al 5 de agosto de 2026 no se conocen.