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Etiqueta: OTAN

Un orden mundial turbulento

Gilberto Lopes
San José, 29 de octubre de 2026

Europa está enojada

Europa está enojada. Los alquileres se disparan. Los precios de la energía suben, el crecimiento se estanca, los intereses de la deuda ahogan a Francia, Italia, España, Grecia; los fondos destinados a escuelas, viviendas, a compensar a los agricultores afectados por la sequía se utilizan para pagar a los acreedores. Así comienza un artículo sobre “El peligroso invierno del descontento en Europa”, publicado por la página “Politico” el pasado 22 de octubre.

Anton Jäger, autor de Hyperpolitics, dice en el New York Times que “Europa está en llamas”. Y advierte que esto va a seguir. Es la crisis postergada del capitalismo democrático, había advertido el sociólogo alemán Wolfgang Streeck.

Es la misma Europa de las protestas estudiantiles, de una Europa que se debate, incierta, sobre su futuro; la misma que dice prepararse para una guerra contra Rusia que podría declararse antes del 2030. Como sabemos, una guerra como esa arrastraría a todo el mundo. Y duraría “muy poco”, como lo advirtió el ministro de Relaciones Exteriores ruso, Serguei Lavrov.

Europa se retuerce, incómoda, en la camisa de fuerza en que parece haberse convertido un mundo en el que ya no se acomoda como antes. Quizás precisamente por haberse amputado una parte esencial, la de la Rusia europea, por donde circulaba la energía que la alimentaba.

Hoy, lejos de cualquier integración, predomina, de nuevo, la idea de imponer una derrota estratégica a una Rusia ajena y enemiga, algo que ya no era posible en el siglo pasado. ¿Tampoco lo es hoy algún nuevo tipo de acercamiento? Trato de acercarme a esa reflexión, pieza clave de un ajedrez cuyo tablero político se extiende al norte, sur, al este y al oeste.

Europa destina ahora miles de millones de euros a la industria de esa guerra. Esa es –desde mi punto de vista– la extrema derecha europea: la de la guerra. Como lo era la del siglo pasado.

Un orden mundial turbulento

La configuración de un nuevo orden mundial se desarrolla de manera sumamente turbulenta y espontánea. Mientras la potencia hegemónica busca preservar su hegemonía, nuevos países reivindican espacios en el escenario internacional, dijo el presidente ruso, Vladimir Putin, en el Foro de Valdai, el pasado 1 de octubre.

Como ya es tradición, Putin pasó revista al escenario internacional en el Foro, que se celebra anualmente entre septiembre y octubre. Este año no fue la excepción. Entre su intervención y el debate posterior –una vasta sesión de preguntas y respuestas entre Putin y los participantes de cerca de 40 naciones– la sesión duró más de cuatro horas.

Evitar consecuencias irreparables

El debate se enfocó en los cambios políticos de nuestra época. La configuración de un nuevo orden mundial que calificó de “inevitable”. Nada está predeterminado, dijo Putin. El desarrollo puede orientarse en diferentes direcciones. Las principales potencias del mundo poseen armas en sus arsenales capaces de destruir toda forma de vida, de reducir la Tierra a un estado catastrófico. ¿Podemos garantizar que estas armas nunca se utilizarán? “Por supuesto que no”.

Pese a que los conflictos internacionales serán una característica de los próximos años, a medida que el mundo se aleje de la hegemonía occidental la situación mejorará gradualmente, dando lugar –en su opinión– “a un orden internacional multipolar más estable, democrático y libre”.

Es una visión optimista que el mismo Putin sabe no estar garantizada. Lograrlo implica adoptar una serie de medidas prácticas para “impedir que la humanidad sea empujada al límite de su supervivencia y a evitar consecuencias irreparables”.

La guerra de Ucrania

Es imposible detenerse aquí en los detalles de la larga exposición del presidente ruso, que está publicada íntegramente, en inglés, en la página del Kremlin.

Nos referiremos, aunque brevemente también, a otros dos temas: la guerra de Ucrania y el fin de la Unión Soviética.

Putin se refiere a las razones de Rusia para ir a la guerra. Soy consciente –afirma– “de que algunos miembros de la comunidad de expertos podrían preguntarse por qué Rusia inició la guerra mientras hablaba de paz”.

Su punto de vista –difícilmente tomado en cuenta por la prensa occidental–, es que Rusia ni quería la guerra, ni fue quien la inició. Ucrania debería “haberse abstenido de fomentar un nacionalismo agresivo y la rusofobia para convertirla en una herramienta de lucha contra Rusia”. “No se debería haber elaborado planes para crear campos de concentración destinados a la población de Donbás y Crimea. No se debería haber pasado por encima de personas desarmadas con tanques, ni haberlas atacado con misiles y bombardeos aéreos, ni haberlas quemado vivas simplemente por ser rusas. Nos empujaron a este límite de manera consciente e intencionada”.

Un punto de vista que se podrá discutir, pero que debe tomarse en cuenta si se pretende entender el conflicto y buscar soluciones.

Putin toca también otro tema, relacionado con el anterior, muy relevante y polémico: el avance de la OTAN hacia las fronteras rusas.

La OTAN no debería haber integrado nuestros territorios históricos en su espacio militar, ni haber planeado el establecimiento de bases allí. Recordó las palabras de Egon Bahr, dirigente socialdemócrata alemán, que ya en 1990 expresaba preocupación ante la posibilidad de que los sectores más agresivos de la OTAN no estuvieran interesados en buscar la cooperación paneuropea, una vez concluida la Guerra Fría. Disuelta la URSS, “las fuerzas predominantes en Occidente, tal como Bahr temía, mostraron poco o ningún interés en promover la cooperación paneuropea”.

Putin no menciona al diplomático norteamericano, George Kennan, embajador en la URSS durante unos meses en 1952, al final del período de Stalin –que lo declaró non grato–, cuya visión era muy similar a la de Bahr en esta materia. Es un diplomático a cuya obra me he referido ya en otras oportunidades. Estrechamente vinculado a la política de la Guerra Fría, Kennan advirtió que la ampliación de la OTAN durante el gobierno de Clinton, en 1999, con la incorporación de Polonia, Hungría y la República Checa, no iba a ser recibida por los rusos de una manera “sabia, ni moderada”. “El decidido compromiso de nuestro gobierno para empujar la expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas es el mayor error de todo el período posterior a la Guerra Fría”, aseguró Kennan.

Los líderes occidentales buscaron remodelar el mundo a su conveniencia y apropiarse de una parte —preferiblemente de una gran parte— del legado soviético. Ahora podemos ver el resultado, afirmó Putin. Desde su punto de vista, resulta evidente el papel tan destructivo que significó el colapso del sistema estatal soviético hace 35 años. No solo para el destino de la Unión Soviética, sino también para la estabilidad mundial a largo plazo.

En 2020 Putin acusó a Occidente de no hacer nada por cumplir las promesas de no ampliar la OTAN. Afirmó que el apoyo al golpe de 2014 en Ucrania y la pretensión de incorporarla a la OTAN era el mayor foco de tensión con Rusia.

“Acciones unilaterales, frecuentemente ilegítimas no han resuelto problema alguno”, había advertido Putin. Ya en 2007, en un discurso ante la Conferencia de Seguridad de Múnich, Putin advirtió contra la idea de un mundo unipolar. Respondiendo una pregunta sobre la expansión de la OTAN, recordó que esa era una alianza militar y política. “¿Para qué necesita poner infraestructura militar en nuestras fronteras durante su expansión?”, se preguntó.

Una mentalidad militar

En los últimos años, la amenaza rusa se ha transformado en argumento para justificar crecientes gastos en materia de defensa de los países europeos.

En la visión del presidente francés, Emmanuel Macron, Rusia ha tomado una decisión estratégica: la de volver a ser una potencia imperial, de avanzar allí donde percibe debilidad. No deja de ser una afirmación contradictoria, cuando vemos los hechos. La frase sugiere la disposición rusa de seguir hacia el oeste si no encuentra resistencia. Pero no fue Rusia la que avanzó hacia el oeste. Reaccionó muchos años después de que Occidente avanzara sus tropas hasta la frontera rusa, desatando una ofensiva a lo largo de su frontera con Ucrania, después de diversas advertencias sobre lo inaceptable que resultaba eso para la seguridad de Rusia.

Siempre me ha parecido importante, para analizar estos hechos, considerar que Rusia está peleando en su frontera. El ancho del territorio de Donetsk, que Rusia ha reivindicado como parte de su territorio, es de unos 190 km. No parece tener fundamento el temor de Macron, ni el de otros líderes de Occidente, sobre una ambiciosa restauración imperial, ni un plan de avance de Moscú hacia el oeste. Ni siquiera hay capacidad militar para eso.

Macron, en todo caso, no está solo. El secretario de Defensa del Reino Unido, Wesley Streeting, advirtió que su país debe estar preparado para un escenario de guerra en mil días, argumentando que los enemigos de Londres podrían estar en posición de atacar el país para 2030. Naturalmente, se refería a Rusia.

En enero de 2025 el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, llamó a los países del bloque a adoptar una «mentalidad militar». Cuando asumí el cargo, el año pasado, “advertí de que lo que está ocurriendo en Ucrania también podría ocurrir en los países aliados». Para Rutte, el peligro ruso no terminará cuando acabe la guerra de Ucrania.

Una maligna zona gris

A principios de octubre Rutte se refirió a una “maligna zona gris”, donde Rusia libra una llamada “guerra híbrida” contra los países de la OTAN. Se trata de una serie de actos de naturaleza muy diversa, desde incidentes militares hasta informaciones de prensa, con los que Rusia los amenazaría. Actos que, sin embargo, no justificarían la convocatoria del artículo 5 del tratado, mediante el cual todos los países miembros de la OTAN deben acudir en apoyo de cualquier otro, atacado por una potencia extranjera.

El lunes, 12 de octubre, el comandante aliado supremo de la OTAN, el general norteamericano Alexus Grynkewich, presentó el plan “Theory of Victory” para hacer frente a la guerra con Rusia, basado en tres principios: bloquear, desgastar y destruir. Lo presentó en el Foro de Seguridad de Varsovia, que convoca anualmente a algunas de las voces más dispuestas a preparar Europa para la guerra. Un foro que, según Moscú, coquetea abiertamente con el autoengaño de desmembrar a Rusia.

Aunque la OTAN no ve una confrontación militar con Rusia como “inminente o inevitable”, Grynkewich estimó prudente anunciar su plan, considerando “los sabotajes, los incendios provocados, los ciberataques y la desinformación rusas”.

Este año, en un documento de 87 páginas el Foro propuso términos equivalentes a una rendición rusa para poner fin a la guerra de Ucrania: sanciones permanentes, pago de reparaciones, incorporación de Ucrania a la OTAN…

Los riesgos de una guerra preventiva

El 17 de octubre la página rusa RT publicó un largo artículo firmado por el “experto militar” Dmitry Kornev. Kornev decía que la estrategia definida en la “Theory of Victory”, era una “receta para el desastre”.

Si bien no se trata de ninguna estrategia muy nueva, el documento agrega algo importante: una fecha. En 2030 Rusia estará lista para atacar Europa. En realidad, dice Kornev, Rusia no tiene ni los hombres ni los recursos para atacar la OTAN, “a menos que esté dispuesta a un ataque suicida”.

Pero al estimar una fecha para esa preparación se corre el riesgo de desatar una guerra preventiva. Si esperamos, el adversario estará mejor preparado; si atacamos podemos evitar un riesgo mayor.

Se trata, naturalmente, de una lógica peligrosa y quienes se están preparando para esa fecha no son los rusos, sino la OTAN y sus miembros. Se trata de una “situación complicada”, dijo el ministro de Defensa ruso. «La OTAN, la UE y el régimen de Kiev han venido escalando» su preparación militar. Si en 2030 están preparados, ¿podrán sentirse tentados a atacar?, se pregunta Kornev.

Como ya señalé, me parece que esas fuerzas son hoy las más peligrosas para el mundo, las que representan la extrema derecha europea. Las mismas que ya intentaron dos veces, en el siglo pasado, desmembrar Rusia (o la Unión Soviética). No se puede descartar, viendo el escenario europeo, que lo intenten de nuevo. La diferencia es que, en el siglo pasado, no existían todavía las armas nucleares. Las “no armas”, las “armas inútiles”, como las calificó el diplomático norteamericano George Kennan, hombre clave en la época de la Guerra Fría.

La guerra y la extrema derecha europea

Con Europa preparándose para una guerra (que, de ocurrir, no podrá ser más que nuclear) me parece que la extrema derecha europea es la comprometida con esa política. Tanto con financiar y armar Ucrania como con la política de rearme europeo, vinculada a los anuncios de una próxima guerra con Rusia. Hoy eso se expresa en la Comisión Europea, en el Parlamento europeo, en la OTAN y en todos sus países miembros.

Desde ese punto de vista, no hay nada a la derecha de Ursula von der Leyen, ni de la vicepresidenta Kaja Kallas, exprimera ministra de Estonia, hoy a cargo de la política exterior de la Comisión; ni del Comisario de Defensa, Andrius Kubilius, exprimer ministro de Lituania, representantes de la posición más virulenta antirrusa en Europa, junto con los polacos del liberal Tusk. Tampoco hay nada a la derecha de la fracción conservadora mayoritaria en el Parlamento Europeo, que preside la maltesa Roberta Metsola.

Es su compromiso con la guerra; la ausencia de iniciativas diplomáticas para resolver el conflicto; la apuesta por infligir una derrota estratégica a los rusos; el creciente gasto militar, indispensable (pero inútil) para ese intento; los reiterados llamados a prepararse para la guerra lo que caracteriza una extrema derecha europea. Una política que amenaza con llevar el mundo a una tercera (¿y última?) guerra.

Los dirigentes de los países bálticos, la Polonia de Donald Tusk, los gobernantes de Inglaterra o Alemania son algunas de las voces que se oyen con frecuencia advirtiendo de la posibilidad de un ataque ruso. Reiteran su disposición de apoyar a Ucrania, de hacer “todo lo necesario” para la derrota rusa.

Esos tambores de guerra no dejan oír voz alguna a favor de un acuerdo de paz que tome en cuenta las demandas de seguridad de las diversas partes, incluyendo las rusas.

¿El momento de la paz?

El pasado 16 de octubre, en reunión del Consejo Europeo, el presidente António Costa, socialista portugués, dio una breve declaración, acompañado de Zelensky y de von der Leyen. ¿Qué dijo? “Nuestro mensaje para el presidente Zelenski es muy sencillo. El apoyo de la Unión Europea a Ucrania sigue siendo tan fuerte como siempre”. “Es el momento de incrementar nuestro apoyo. De incrementar la presión”. “Es el momento de la paz”.

¿Cuál paz? Una paz entendida como el resultado de mayores presiones sobre Rusia. ¿Funcionará? ¿Ha funcionado en estos casi cinco años de guerra?

Europa sigue apostando a la posibilidad de infligir una derrota estratégica a Rusia, un objetivo difícil de imaginar. O, quizás de forma más realista, tratan de impedir un triunfo total de Moscú, incluyendo el control de Crimea, de Donetsk y Lugansk, en el Donbás, y los territorios de Jersón y Zaporiyia, anexados en septiembre del 2022. Según fuentes rusas, Lugansk estaría controlada totalmente, mientras que, en Donetsk, cerca de 17% permanece bajo control ucraniano. Fuentes cercanas a Kiev reducen el área bajo control ruso en Donetsk a 70%. En Jersón y Zaporiyia el control sería de 75% del territorio, y no incluye la capital de ninguna de las dos regiones.

Martin Schulz, socialdemócrata alemán, presidente del parlamento europeo entre 2012 y 2017 y hoy presidente de la Fundación Friedrich Ebert, defendió el apoyo a Ucrania, en entrevista publicada en la página española Agenda Pública. “Tenemos que impedir que Rusia termine ganando porque nosotros dejemos de apoyar a Ucrania”, afirmó.

Schulz estima que Rusia no va a ganar y Ucrania no va a perder. Lo que no queda claro es lo que considera “ganar”. Parece ser que se refiere a la imposibilidad de que Rusia ocupe toda Ucrania. Algo que Moscú ciertamente no está en condiciones de lograr, ni se ha propuesto. Pero Schulz reconoce que Ucrania ya está dividida, y que no “existe ahora la posibilidad militar de recuperar Donetsk y Lugansk”.

Le preocupa que la CDU termine por pactar con lo que los alemanes llaman la “extrema derecha”, la AfD. Estima que, si sigue ese camino, se derrumbará. Prefiere que pacte con el SPD, como el gobierno actual, encabezado por el canciller Merz, empeñado en transformar el ejército alemán en “el más poderoso de Europa” y de prepararse para la guerra contra Rusia.

El jefe de la agencia de inteligencia exterior alemana (BND), Martin Jäger, estima que su país corre el riesgo de verse envuelto en un conflicto violento con Rusia. Schulz, por lo menos, habla de la necesidad del diálogo con Rusia.

El canciller alemán ha sido una de las voces decididas en la apuesta por la derrota de Rusia. El 4 de octubre, de visita a Kiev, reiteró que si no la paraban, la maquinaria de guerra de Moscú, tarde o temprano, se volvería contra ellos. Dicho por el jefe de gobierno de un país que ya se lanzó dos veces contra Rusia y que se alista para una eventual tercera guerra.

Putin ha reiterado que Rusia no tiene planes de atacar ningún país de Europa. Pero más importante que esas declaraciones –a las que se puede o no dar credibilidad– me parece el hecho de que es difícil encontrar razones para un ataque de ese tipo, que Rusia tampoco está en condiciones militares de realizar. Dirigentes como el primer ministro lituano, Mindaugas Sinkevičius, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, o el mismo secretario general de la OTAN reconocen no haber evidencias de que Rusia se esté preparando para atacar el territorio de la OTAN.

La voz del fascismo europeo

Ucrania busca con urgencia recursos para la guerra. A mediados de octubre, la Comisión Europea apuraba los trámites para encontrar los 70 mil millones de euros extras que Kiev solicitó para financiar su presupuesto del 2027.

Andrii Sybiha, ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania, propone usar los más de 300 mil millones de euros rusos congelados en la banca europea para eso. Elabora una sofisticada argumentación para justificar el uso de los recursos rusos, que hasta ahora la UE no ha aceptado, pese a que en agosto pasado Suecia, Holanda, Polonia y España presentaron una propuesta para discutir nuevamente el caso. No es algo sencillo. Ni siquiera los nazis lo hicieron en su guerra del siglo pasado.

Sybiha estima que el uso de los dineros rusos “podría traer resultados tangibles e inmediatos, fortaleciendo Ucrania en el frente de batalla y acercando la paz”. ¿Otra vez la paz? ¿Como decía Costa? ¿Como estiman los alemanes? ¿Como proponen Suecia, Holanda, Polonia y España, tres países particularmente agresivos en este escenario, al que se suma la España de Sánchez?

En todo caso, no nos explican cómo se dará ese fortalecimiento de Ucrania en el campo de batalla, donde, aunque lentamente, las fuerzas rusas siguen avanzando. Ni como ese eventual fortalecimiento llevará a la paz. Me parece que eso difícilmente conducirá a la paz. Por el contrario, es la voz del fascismo europeo, de la extrema derecha, la voz de una guerra que se va adueñando del escenario político europeo. Es la idea de Tusk, expresada en el Foro de Seguridad de Varsovia: es la hora de que todo Occidente muestre a Rusia y a Putin que estamos listos para una política de disuasión aplicando medidas aún más duras.

¿Más duras? ¿Hasta la guerra? ¿Medidas como las que anunció el primer ministro de Lituania, Mindaugas Sinkevičius, cuyo parlamento removió de la constitución la prohibición de que, en su territorio, existan armas de destrucción masiva? Para Sinkevičius “no se trata de una escalada, sino de disuasión”.

Eso no tiene sentido. Como ya dije alguna vez, si el mundo civilizado no los detiene, esa Europa nos llevará de nuevo a la guerra. Solo que esta será otra guerra….

La guerra de desinformación

En conferencia de prensa celebrada con Sinkevičius, Rutte sugirió hacer caso a Grynkewich, que había sugerido culpar a Rusia de cualquier incidente, ya sea que estuvieran seguros, o “casi seguros”, de que era culpable de los ataques híbridos. Las denuncias podían servir –en su opinión– como instrumento de disuasión ante cualquier eventual amenaza rusa.

Al día siguiente, la presidenta de Moldavia –un país con poco más de 1.200 km de fronteras terrestre y fluvial con Ucrania– Maia Sandu, afirmó que armas rusas utilizadas en un ataque a Ucrania habían violado el espacio aéreo de su país y explotado en su territorio.

El presidente de Finlandia, Alexander Stubb –al que hoy consideran un posible representante europeo para negociaciones con Moscú– advirtió a España que Moscú podría intervenir en su campaña electoral de noviembre, con algún acto de sabotaje o guerra de desinformación.

Europa acusa a Rusia de una guerra de desinformación, mientras Moscú acusa a Europa de promover una histeria antirrusa, una campaña de la que se encargarían sus dirigentes políticos y sus medios de prensa. Se trata de una campaña antirrusa de la que participan prácticamente todos los medios de prensa importantes de Europa (y de Estados Unidos).

El lunes 28 de septiembre la corresponsal en Berlín del diario La Vanguardia, de Barcelona, María Paz López, publicó una nota sobre la creciente amenaza rusa contra Europa.

La nota asegura que “emerge la convicción de que los ataques híbridos rusos a países europeos … no solo aumentarán en su forma ya habitual de sabotajes, incursiones de drones, incendios intencionados, ciberataques y campañas de desinformación, sino que ampliarán su alcance y su naturaleza”.

“El incidente clave que ha consolidado esta nueva percepción es el fallido atentado con drones explosivos del 4 de agosto contra un avión de carga ucraniano en el aeropuerto de Leipzig, que el gobierno alemán ha atribuido oficialmente a Rusia”, afirmó.

El 2 de octubre (cuatro días después del artículo de María Paz) Politico, medio alemán del grupo conservador Axel Springer, publicaba una nota sobre ese incidente que merece ser leída con detenimiento.

La nota dice lo siguiente: “El 4 de agosto, un dron impactó contra el ala de una aeronave ucraniana en el aeropuerto de Leipzig, en Alemania, y cayó sobre la plataforma. Sujeto a la parte inferior llevaba un recipiente metálico cargado de explosivos. El artefacto permaneció intacto”. “Esto proporcionó a los investigadores algo inusualmente valioso: la bomba en sí”. El que los explosivos no hayan detonado fue particularmente importante, pues permitió a los investigadores alemanes tener una visión más clara de lo que estimaban “una campaña rusa de ataques más amplia”.

Ese es un incidente ampliamente reproducido por la prensa europea, sin que el gobierno alemán haya presentado pruebas que lo vinculen claramente a Moscú. Cualquier periodista con un mínimo de experiencia entendería que los detalles de esa historia, relatados por Politico, hacen indispensable una investigación cuidadosa antes de dar por buena la versión oficial.

Un arma de guerra

La prensa europea hace mucho no hace periodismo en lo que se refiere a la guerra de Ucrania. En realidad, se ha transformado en un arma de guerra.

La nota de María Paz, en La Vanguardia, hace un recorrido por diversos puntos de vista europeos sobre esa “guerra híbrida”, comenzando por el primer ministro polaco Donald Tusk quien, el 17 de septiembre, presentó al parlamento polaco informes de inteligencia advirtiendo de “posibles ataques, en las próximas semanas, contra países de la OTAN, empezando por Polonia”.

En esos días el servicio de inteligencia de Dinamarca publicó un informe que advertía contra el “riesgo bajo, pero creciente” de que el Kremlin lance “un ataque militar limitado contra uno o varios países de la OTAN fronterizos con Rusia”, también recogido por la periodista de La Vanguardia. Ninguno de esos ataques ha ocurrido, ni la periodista se sintió obligada a pedir aclaraciones que dieran sustento a esas afirmaciones.

Ese mismo 1 de octubre el periodista Javier Cuesta, corresponsal de El País en Moscú, derivaba del discurso de Putin en Valdai una amenaza a Europa con una guerra nuclear. Putin había dicho que, en caso de un ataque europeo, Rusia respondería. “El punto de no retorno puede llegar muy rápidamente y de forma inesperada para todos”, dijo el presidente ruso. Además, agregó: “Independientemente del panorama general del próximo año, lamentablemente es muy probable que los conflictos internacionales continúen”. Lo que Cuesta interpretó como que Putin daba por hecho que “la invasión de Ucrania se extenderá a lo largo de 2027”.

Derecha, ultraderecha, fascismo

Claudi Pérez, exdirector adjunto de El País y hoy corresponsal político y económico del diario español, se sumó a la reflexión de la llamada “guerra híbrida”, en un artículo titulado “Escalada de amenazas en las fronteras de Europa”, publicado el pasado 5 de septiembre.

“Un ciclo electoral que medirá la marea ultra en el Este de Alemania y en Escandinavia, en Polonia y en Italia, en España y en Francia. Sobre todo en Francia”, afirma.

Quizás el más llamativo es el ciclo alemán, donde la AfD –un partido que la Oficina Federal para la Protección de la Constitución de Alemania (BfV) clasifica como “una organización de extrema derecha confirmada”– acaba de hacerse del gobierno del estado federal de Sajonia-Anhalt. Europa se asusta con el surgimiento de esa extrema derecha.

El artículo está construido con declaraciones de diversos intelectuales europeos y norteamericanos, comenzando por el búlgaro Ivan Krastev, a quien Pérez describe como “uno de los intelectuales más brillantes en estos tiempos de venganza y fundamentalismo”. La “urgencia apocalíptica” de los fascistas hace un siglo se ha sustituido con la actual “urgencia revolucionaria” de los posfascistas.

Me cuesta entender las urgencias señaladas por Pérez, tanto la “apocalíptica” como la “revolucionaria”. Del mismo modo, me resulta extraña la calificación de los tiempos actuales como de “venganza y fundamentalismo”. En el mundo de Pérez, “Rusia está aquejada de una nostalgia posimperial extremadamente virulenta” (ya lo había dicho Macron). A China la ve con “profundos problemas económicos y demográficos” y especula que empieza a “coquetear con el expansionismo en el mar de China y tal vez en Taiwán”. Tal vez…

Pero su verdadero quebradero de cabeza es Putin. Fracasado en la guerra, en la política y en la economía, al presidente ruso le quedan “cuatro vías de escalada”: la guerra convencional; el uso (improbable, asegura) de armas nucleares tácticas; un ataque a territorio de la OTAN (también improbable); y una guerra híbrida, a la que se refiere con más detalles en el artículo Luis Simón, director e investigador principal de la Oficina del Real Instituto Elcano, de Bruselas.

El episodio mayor es, nuevamente, el “ataque fallido con drones cargados de explosivos en el aeropuerto de Leipzig”. El incidente del dron de Leipzig es “palabras mayores”, en opinión de Pérez, a quien le parece que fue “tranquilizadora” la respuesta de Bruselas a este incidente; y la reacción alemana, “impecable”. Se refiere, naturalmente, a la forma como presentaron el caso, atribuyéndolo a Rusia y escalando las sanciones.

Opinan, además, en el artículo de Pérez, la historiadora Margaret MacMillan; Javier Solana, el español exjefe de la OTAN; el académico canadiense Michael Ignatieff, y otros más. Muchos más. Entre ellos Dan Hamilton, exalto cargo del Departamento de Estado, quien nos asegura que “Rusia es una potencia revanchista y lo va a seguir siendo».

Un país que, en opinión de Benjamin Schmitt, analista de seguridad de la Universidad de Pennsylvania, “libra una guerra contra Europa, contra una Unión Europea que “no es consciente de que está en guerra”.

Eso dicho pese al “Plan para el rearme de Europa”, por unos 800 mil millones de euros, anunciado por von der Leyen, al que ya nos referimos, anunciado en marzo 2025. Los países de la OTAN ya estaban desplazando activamente sus tropas hacia las fronteras rusas en el marco de ejercicios y programas específicos. En agosto, el Financial Times informó que las fábricas de armamento en Europa se estaban expandiendo a un ritmo tres veces superior al de tiempos de paz, ocupando más de siete millones de metros cuadrados de nuevos desarrollos industriales. Un «rearme a una escala histórica».

Así en la paz como en la guerra

Si los tambores de guerra no dejan oír las voces de otros proyectos, tengo la impresión de que tampoco hay ninguna tratando de hacerse oír. Esa peligrosa posición de una extrema derecha guerrerista ha arrastrado a prácticamente todas las fuerzas políticas europeas, incluyendo a socialdemócratas, en Dinamarca, a los países nórdicos y a los bálticos, a Macron y a otros políticos franceses, como Raphaël Glucksmann, candidato del socialismo francés a la presidencia de la República y, de diferentes maneras, a los antiguos países del mundo socialista.

Incluso el socialista español Pedro Sánchez se ha sumado a las voces de apoyo a Ucrania, aunque se haya negado a atender la exigencia de Trump de aumentar su presupuesto militar al 5% del PIB. En plena campaña electoral española, no se oye ninguna voz sugerir alguna iniciativa de paz en Europa. ¡Una tragedia! Pero, naturalmente, no es lo mismo un Pedro Sánchez, que un Friedrich Merz. O un Donald Tusk. O un Andy Burnham.

Pedro Sánchez –que sí tiene a su derecha fuerzas bien identificadas– tampoco ha sabido proponer una visión que incorpore Rusia a Europa. Es ya una vieja y olvidada propuesta la de restaurar un mundo político desde Portugal hasta los Urales. Una Europa que incluya la Rusia europea, que es, además, la puerta de entrada más natural al Asia central. Sugerida algún día por de Gaulle, esta propuesta terminó siendo sustituida por un proyecto distinto: el avance de la OTAN hacia el este, que tanto Bahr como Kennan temían.

Falta equilibrio en el análisis

Me parece que falta equilibrio en el análisis. Hace ya unos 30 años que la OTAN inició su avance hacia el este, hasta llegar a las fronteras rusas. El mayor error de la política exterior de Washington del período posterior a la Guerra Fría, en opinión del diplomático norteamericano George Kennan.

No se oye a los políticos europeos poner atención a los reclamos rusos de seguridad ante esos avances. En medio de los preparativos de guerra, el 27 de octubre el presidente finlandés y el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, conversaron con Putin por teléfono. La conversación fue recibida con desconfianza por otros países europeos, con aprobación por Zelensky y con cautela por la portavoz de la Comisión Europea. Para el politólogo ruso, Pável Selezniov, el principal objetivo de Bruselas no es facilitar una solución negociada al conflicto, sino frenar cualquier acuerdo que lo haga posible. Rusia aseguró que la conversación no había aportado nada distinto a la conocida posición europea.

Pero Stubb defendió, en una ocasión anterior, la necesidad de mantener la cabeza fría y advirtió contra una mentalidad de guerra, que haría casi imposible imaginar la paz. Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores de Noruega, Espen Barth Eide, en el Foro de Seguridad de Varsovia, evitó la dicotomía entre la victoria total o rendición de Ucrania. Europa quiere sentarse en la mesa de negociaciones de paz. A la que, el portavoz del gobierno ruso recuerda, no han sido invitados.

Ahora que Rusia decidió responder con una operación militar a las amenazas en sus fronteras, las voces en Occidente apuntan a los riesgos contra la seguridad de Europa, sin que asuman ninguna responsabilidad por el origen de esa amenaza. Sobre esas bases no será posible un acuerdo para poner fin a la guerra, menos imaginar la paz. Me parece esperanzador pensar que, a su debido tiempo, aparecerá algún político europeo capaz de proponer una negociación que tome en cuenta los intereses legítimos de seguridad de todas las partes.

Sería útil también que alguna prensa europea asumiera una posición parecida. Por ahora, esa gran prensa está más comprometida con una guerra, cuyas responsabilidades contribuyen a atribuir solamente a la contraparte.

Las guerras no terminan cuando callan las armas

PhD. José Efraím Quirós Moya

El siglo XX terminó, pero muchas de sus heridas permanecen: dos guerras mundiales, la Guerra Fría, la caída de la URSS, la desintegración de Yugoslavia y las intervenciones de las grandes potencias dejaron fronteras, memorias, alianzas y conflictos que todavía condicionan el presente. Europa vuelve a escuchar los tambores de guerra.

La historia ayuda a comprenderlo: para muchos países del Este europeo, la memoria de la dominación soviética alimentó su búsqueda de seguridad en la OTAN; desde Moscú, ese proceso fue interpretado como pérdida de influencia y seguridad estratégica.

Dos memorias. Dos lecturas del pasado. Un mismo continente.

Putin no es simplemente “el nuevo Hitler”. La comparación puede servir para estudiar determinados mecanismos históricos, pero también puede ocultar las diferencias entre dos épocas. Lo importante es comprender cómo la memoria histórica puede convertirse en fuerza política en el presente.

¿Y Costa Rica?

Aquí aparece nuestra propia historia.

En 1948, después de una guerra civil, se abolió el ejército. En 1949, esa decisión quedó incorporada a la Constitución. Y aquel antiguo espacio militar, el Cuartel Bellavista, terminó convertido en Museo Nacional.

Una sociedad que había vivido la guerra transformó un cuartel en un espacio de cultura y memoria.

Ese hecho también forma parte de nuestra identidad.

A ello se suman una tradición educativa y civilista construida durante décadas y el papel diplomático que Costa Rica desempeñó en la búsqueda de la paz centroamericana durante los años ochenta.

Por eso, frente a un mundo que vuelve a hablar de armas, fronteras y rearme, nuestra historia plantea una pregunta:

¿Puede una sociedad aprender de sus conflictos sin quedar prisionera de ellos? Quizá esa sea una de las grandes preguntas sociológicas de nuestro tiempo.

Porque la paz no es simplemente ausencia de guerra.

También puede ser una construcción histórica, institucional y cultural. Europa carga con sus memorias de guerra.

Costa Rica carga con las suyas, pero también con una decisión histórica: convertir la paz en parte de su identidad.

El más fatídico error de la política estadounidense

Gilberto Lopes
San José, 22 julio 2026

Un arma inútil

En la Navidad de 1991, disuelta la Unión Soviética, la bandera tricolor reemplazaba, por primera vez, la de la hoz y el martillo en el mástil del Kremlin. Un estremecimiento político recorría el mundo. Uno de los más sorprendentes y extraordinarios cambios políticos del siglo pasado acababa de ocurrir. Desaparecida la Unión Soviética, Mijail Gorbachov entregaba a Boris Yeltsin la conducción del Estado. Era difícil –imposible, diría yo–, vislumbrar los detalles, las consecuencias, de las transformaciones que venían ocurriendo desde hacía ya por lo menos un par de años en el mundo. El fin mismo de la Unión Soviética parecía, hasta hacía muy poco, algo inconcebible.

Del otro lado del Atlántico, un viejo diplomático, George Kennan, que había sido embajador de Estados Unidos en la URSS por un corto período en 1952, al final del gobierno de Stalin, una mente profundamente vinculada al mundo de la Guerra Fría, particularmente aguda en su visión sobre el mundo que nacía, hacía graves advertencias.

Kennan era crítico del gobierno ruso, pero tenía una gran simpatía por el pueblo ruso. Hablaba el idioma, vivió en el país en más de una oportunidad antes de ser embajador.

Dos grandes alianzas sobrevivían al final de la Guerra Fría, decía Kennan: el Tratado del Atlántico Norte y el Tratado de Seguridad con Japón. La mayor parte de los objetivos de esos tratados dejaron de tener sentido con la desaparición de la Unión Soviética. Deben ser revisados, afirmaba Kennan en Around the Cragged Hill (Nota 1), publicado en Nueva York en 1993, dos años después de ese evento.

Kennan reflexionaba sobre la posibilidad de un conflicto nuclear, sobre una eventual guerra entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Advertía que cualquier guerra entre las grandes potencias sería suicida. ¿Cuál sería el propósito de esa guerra, o el propósito de prepararse para ella?

El arma nuclear es, en realidad, un arma inútil, por lo menos para cualquier propósito racional, incapaz de servir para cualquier propósito militar coherente. Sin embargo, es una amenaza para la civilización, en general, decía.

Estaba esperanzado de que la decisión del presidente George Bush, de reducir de manera significativa el arsenal norteamericano, anunciada en septiembre de 1991, respondida de igual manera por Gorbachov, fuera solo el inicio de un proceso de desarme. Abogaba por una estructura de seguridad que respondiera a esa nueva realidad. Una estructura que debía ser europea.

No era una posición nueva. Ya en 1948, al crearse la OTAN, Kennan se manifestó contrario a la participación de Estados Unidos. Con el fin de la Unión Soviética insistía en que Estados Unidos no solo no debería ser miembro de esa nueva estructura, sino que debería retirar sus fuerzas estacionadas en Europa.

Pero reconocía que la nueva realidad no implicaba necesariamente la disolución de la OTAN. Que, eventualmente, el tratado que la creó seguiría vigente y Estados Unidos seguiría siendo miembro. Expresó, sin embargo, su esperanza de que “no fuera una alianza contra ningún país determinado, sino la expresión de un interés por la seguridad y prosperidad de todos los países de Europa”.

El mayor error de todo el período posterior a la Guerra Fría

En su diario, editado en 2014 por Frank Costigliola (Nota 2), Kennan vuelve sobre el tema. Es un libro de más de 700 páginas, organizado desde 1916 hasta 2004, cuando Kennan cumplió cien años.

El 4 de enero de 1997 escribía desde Princeton: no acostumbro a hacer predicciones. Pero en esa oportunidad se atreve a hacer una. Clinton iniciaría su segundo mandato, con la agresiva Madelaine Albright como Secretaria de Estado, cuando aprueba la expansión de la OTAN hacia el este, contradiciendo lo conversado, menos de una década antes, con Gorbachov.

“Al admitir a Polonia, Hungría y la República Checa en la OTAN –dijo entonces el presidente Clinton– “estamos más cerca que nunca de hacer realidad el sueño de una generación: una Europa unida, democrática y segura por primera vez desde el surgimiento de los Estados-nación en el continente europeo”.

Los rusos no van a reaccionar de manera sabia, ni moderada, a la extensión de la OTAN hacia sus fronteras, dijo Kennan en su diario. “El decidido compromiso de nuestro gobierno para empujar la expansión de la OTAN hasta las fronteras rusas es el mayor error de todo el período posterior a la Guerra Fría”, aseguró.

“He tratado, por todos los medios, de encontrar una razón para ese colosal error y no he podido encontrar ninguna”. Esto traerá una trágica e innecesaria división entre el Este y el Oeste, desatando una nueva forma de Guerra Fría. Además, Rusia desarrollará sus relaciones hacia el Oeste, especialmente con Irán y China, para formar un sólido bloque militar antioccidental y enfrentar las aspiraciones de la OTAN de dominar el mundo. ¡Eso dicho hace 30 años!

Finalmente, se lamenta: “En la insistencia de hacer esa cosa tan insensata he visto el fracaso definitivo del esfuerzo al que he dedicado gran parte de mi vida: encontrar un espacio razonable de entendimiento y simpatía entre el gran pueblo ruso y el nuestro. Pero ¡cuán viejo estoy! ¡Cuán débil! ¡Cuán impotente!”

Volvió a advertir sobre el grave error que se estaba cometiendo en un artículo –A fateful error– publicado en el New York Times, el 5 de febrero de 1997. “Aquí está en juego algo de la mayor importancia. Y quizá no sea demasiado tarde para plantear una opinión que, creo, no es solo mía, sino que la comparten otras muchas personas con una amplia experiencia –y, en la mayoría de los casos, más recientes– en asuntos rusos. Dicha opinión, dicho sin rodeos, es que la ampliación de la OTAN sería el más fatídico error de la política estadounidense en toda la era posterior a la Guerra Fría”.

Cabe esperar –agregó– “que una decisión de este tipo avive las tendencias nacionalistas, antioccidentales y militaristas en la opinión pública rusa; que tenga un efecto adverso en el desarrollo de la democracia rusa; que restablezca la atmósfera de la Guerra Fría en las relaciones entre Oriente y Occidente; y que empuje la política exterior rusa en direcciones que decididamente no nos agradan”.

En julio del 97 Kennan viajaba por Europa y publica en su diario su desacuerdo con la decisión de la OTAN, en una reunión en Madrid, de aceptar a Polonia, la República Checa y Hungría en la organización.

¿Cómo tomarán esto los rusos?, se pregunta. ¿Para qué misión esos nuevos miembros de la OTAN tienen que estar tan bien armados? ¿Cómo se puede acomodar eso a las seguridades dadas a los rusos de que no debían preocuparse, de que la extensión de las fronteras de la OTAN hacia el este no tenían implicaciones militares?

“Estoy desolado por lo que está pasando. No veo otra cosa que una nueva Guerra Fría que probablemente terminará en una caliente y el fin del esfuerzo por lograr una democracia funcional en Rusia. Veo un total, trágico y absolutamente innecesario fin de una relación aceptable de ese país con el resto de Europa”.

El artículo tuvo enorme repercusión y sigue siendo objeto de reflexión hasta hoy. En abril del año pasado, Ian Proud, exdiplomático británico, consejero económico en la embajada británica en Moscú entre julio de 2014 y febrero de 2019, publicó un largo comentario sobre el texto de Kennan: “Errores fatídicos. Porque los líderes de la OTAN debían haber oído a George Kennan en 1997”.

Proud hace referencia al discurso de Putin en la Conferencia de Seguridad de Munich (a la cual Rusia ya no es invitada), el 10 de febrero de 2007. “Es obvio que la ampliación de la OTAN no tiene nada que ver con la modernización de la alianza, ni con garantizar la seguridad en Europa. Al contrario, representa una grave provocación, que reduce el nivel de confianza mutua. Y tenemos derecho a preguntarnos: ¿contra quién va dirigida esta ampliación?”, se preguntó entonces Putin.

Proud recuerda que, al año siguiente, en 2008, en la cumbre de la OTAN celebrada en Bucarest, se discutió la idea de incorporar, algún día, a Georgia y Ucrania.

La OTAN siguió expandiéndose hacia el este: Bulgaria, Romania, Eslovaquia, Eslovenia, los países bálticos, Finlandia, Suecia.

Prepararse para la guerra

¿Sabrá Mark Rutte, secretario general de la OTAN, quién era Kennan? ¿Lo sabrán el presidente Macron, el canciller Merz, o el mismo Marco Rubio?

Volvamos a las ideas de ese notable diplomático norteamericano, muerto hace ya 21 años, en marzo del 2005, nacido en Milwaukee en febrero de 1904. Ayudan a pensar el presente, cuando la OTAN está empeñada en una guerra contra Rusia, cuyas consecuencias no se pueden minimizar.

Kennan proponía la reorganización de la seguridad europea sin Estados Unidos, una nueva alianza que no estuviera dirigida contra ningún país, sino que fuera la expresión de un interés por la seguridad y prosperidad de todos los países de Europa. Me parece que estaba pensando en una Europa del Atlántico a los Urales. Una idea de la que ya había hablado Charles de Gaule, retomada en 1989 por Gorbachov, cuando habló de la “casa común europea”, en un discurso ante el Consejo de Europa.

El mundo tomó otro rumbo y hoy, 35 años después, está tan lejos de lo que proponían que se hace difícil imaginar cómo sería una Europa que hubiese avanzado en la dirección sugerida por Kennan.

Ausente toda iniciativa diplomática, las relaciones de Occidente con Rusia están hoy casi exclusivamente en manos de un organismo militar como la OTAN. Es el único lugar donde Estados Unidos, Canadá y Europa hacen frente a las cuestiones más apremiantes de nuestra seguridad, dijo Rutte, en un artículo publicado en la víspera de la cumbre celebrada por la OTAN en Ankara, el 7 y 8 de julio pasados. ¿Cuáles son esas cuestiones? ¿Quiénes son sus enemigos? El único país mencionado en la Declaración de Ankara es Rusia.

El año pasado la OTAN gastó cerca de 20 por ciento más en defensa que el año anterior. 258 mil millones de dólares, en 2025 y 2026. Trump ha presionado a los europeos para que aumenten sus gastos militares hasta un cinco por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB). Una verdadera fortuna, que la mayor parte de los países europeos no está en condiciones de invertir, aun recortando los gastos sociales, sin pagar un costo político.

¿Atacar Europa?

En Ankara, los líderes de la OTAN anunciaron decenas de miles de millones de dólares de nuevos contratos con empresas de Europa y Norteamérica para financiar el rearme europeo.

Una OTAN 3.0 –como la definen ahora–, no tan dependiente de los Estados Unidos. La idea es que parte de la producción y mantenimiento del armamento de origen norteamericano sea traslada a Europa.

Supone que Europa asuma una mayor parte de la carga de su defensa convencional y que Estados Unidos se haga cargo de las operaciones de “rescate”, cuando haga falta, dijeron Steven Erlanger y Lara Jakes en un artículo publicado en el NYT, el pasado 7 de julio.

La Alemania conservadora de Merz ha puesto el rearme en el centro de los gastos del gobierno. Está previsto que, al final de la década, alcanzará cerca de un tercio del gasto federal. “No podemos defendernos de Putin con un presupuesto balanceado”, dijo el canciller.

Diversos servicios de inteligencia alemanes y de otros países europeos han fijado 2029 como el año en que Rusia estará lista para atacar Europa. Es un escenario que no solo Putin ha rechazado, sino poco probable, conociendo la realidad política y militar europea. Un ataque a Europa significa una guerra con la OTAN, involucrando potencias nucleares. ¿Cuáles serían los objetivos de Rusia en una guerra así? Con la guerra en Ucrania en pleno desarrollo, ¿estaría Rusia en condiciones militares de atacar Europa dentro de tres años? Los estadounidenses y los europeos saben que no.

No estamos en guerra

¿De dónde sale entonces esa fecha para una guerra con Rusia? La única explicación posible es que sale del cálculo de cuando los países europeos estarán listos para esa guerra que, por ahora, se libra mediante el creciente apoyo militar, financiero y político a Ucrania.

El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, pidió más armas a la OTAN, sobre todo misiles de defensa antiaérea. El presidente francés anunció la creación de una “coalición de misiles antibalísticos” para armar a Ucrania. Berlín anunció la compra de 50 mil drones de ataque para Kiev.

“No estamos en guerra con Rusia”, dijo el primer ministro checo, Andrej Babis, después de la cumbre de la OTAN en Ankara. Junto a Eslovaquia y otros países decidieron no contribuir al nuevo paquete de 70 mil millones de euros de ayuda militar a Ucrania. El presidente eslovaco, Peter Pellegrini, criticó que la cumbre de la OTAN se haya dedicado, casi exclusivamente, al aspecto militar del conflicto, dejando de lado las iniciativas diplomáticas.

Ucrania depende de la inteligencia europea y norteamericana para sus ataques contra objetivos en Rusia, además del financiamiento de su presupuesto estatal y de los gastos de guerra.

En la medida en que esta se extiende, el escenario ha ido cambiando. La guerra se libra ahora en dos escenarios. En las últimas semanas –se podía leer en un balance de Foreign Policy el 19 de julio– Ucrania ha escalado sus ataques a Rusia, golpeando infraestructura energética clave, fábricas de armas, terminales de embarque, provocando una crisis de combustible en el país.

Rusia, por su parte, ha intensificado los ataques a objetivos ucranianos, incluyendo puertos y navíos en el mar Negro y diversas instalaciones en Kiev. Pero sus mayores logros están en la línea de frente, con sus tropas acercándose a las dos principales fortificaciones de Ucrania en el Donbás: Slavianski y Kramatorsk. No parece imposible que alcanzara, antes de fin de año o a principios del próximo, las fronteras de las antiguas regiones ucranianas hoy reivindicadas por Rusia.

¿Pondría eso fin a la guerra? Quizás no. Ucrania podría seguir hostigando en la nueva frontera, manteniendo sus ataques con drones a territorio ruso, mientras Europa la siga sosteniendo con la esperanza de derrotar a Rusia e impedir la consolidación de su control sobre el antiguo territorio ucraniano.

¿Sería ese el escenario que la inteligencia alemana vislumbra como fecha para una guerra de Europa contra Moscú? El eventual control ruso sobre todo el Donbás implicaría un escenario político nuevo, de consecuencias difíciles de imaginar. ¿Provocaría cambios políticos en Ucrania? ¿Abriría puertas a las negociaciones? ¿O daría paso a la intensificación de la guerra contra Rusia, que Europa anuncia?

Esa no sería una guerra rusa contra Europa, sino la continuidad de una guerra europea contra Rusia, ya no a través de Ucrania, sino de forma directa. “No vamos a atacar e Europa”, reiteró el 22 de julio en canciller ruso, Serguei Lavrov. “Pero si Europa intenta atacarnos ya no será una guerra convencional”. ¿Puede alguien sensato imaginar algo así?

El mundo estaba observando…

Vale la pena recordar aquí la propuesta de Zbigniew Brzezinski, politólogo estadounidense de origen polaco, consejero de Seguridad Nacional de Jimmy Carter, que Jeffrey Sachs, economista y académico norteamericano, cita en artículo publicado el pasado 21 de julio. El control de Eurasia es clave para la dominación norteamericana del mundo. No son Estados importantes para Estados Unidos, pero son importantes para debilitar otras potencias, afirmó. En el caso de Eurasia, la referencia es, naturalmente, a Ucrania y a Rusia. Brzezinski citaba, además, el caso de Irán, en Medio Oriente.

La OTAN redobla su apuesta por el gasto militar, por la producción de armas y la disuasión mediante una potencia de fuego superior. ¿Qué tipo de seguridad estamos comprando realmente?, se preguntó el profesor de Derecho Curtis F.J. Doebbler, de la Universidad de Makeni, en Sierra Leona, en una carta abierta a la OTAN titulada “La falsa promesa de la seguridad militarizada”.

Doebbler recordaba la reiterada violación del derecho internacional por los miembros de la OTAN. Citaba los casos de Irán, Irak, Venezuela, Libia, Siria, la guerra contra el terrorismo, de duración indefinida.

Occidente se hizo una civilización narcisista, señaló el diplomático y académico singapurense, Kishore Mahbubani, en una presentación hecha a principios de este mes sobre el ascenso y la caída de la hegemonía de Occidente. Ese narcisismo no le dejó ver los errores que cometió en sus relaciones con el resto del mundo.

Podemos comenzar este relato al final de la Guerra Fría, en 1990, señaló. ¡Cómo Occidente celebraba, cómo estaba feliz por haber derrotado la Unión Soviética sin disparar un tiro. Hemos logrado sociedades democráticas liberales, que son las mejores sociedades del mundo!, decían.

“Creo que ustedes estarán de acuerdo en que eso fue algo arrogante”, dijo Mahbubani. Pensaron que podían hacer lo que querían. Invadieron países y declararon guerras ilegales. Pero el mundo estaba observando…

Como ya vimos, la OTAN decidió avanzar hacia el este, hasta las fronteras rusas. Avanzaron sin preguntarse nunca si no hacía falta considerar las legítimas preocupaciones de seguridad de Rusia, que Putin ya había señalado en su intervención en la Conferencia de Seguridad de Munich, en 2007.

Hoy vuelven a hablar de la seguridad de Europa, de Ucrania, sin considerar, en absoluto, las reivindicaciones rusas. ¿Será posible lograr la paz sin considerar las legítimas preocupaciones rusas por su seguridad?

No parece probable, entre otras cosas porque, de ese modo, Rusia solo podría garantizar su seguridad con armas atómicas. El “arma inútil”, como las clasificó Kennan, “incapaz de servir para cualquier propósito militar coherente”.

¡Cuán lejos estamos de la casa común europea, de la que habló Gorbachov en el Consejo de Europa, en 1989! La arrogancia de Occidente fue un error estratégico, en opinión de Mahbubani. Ya lo había advertido Kennan.

Pero en Ankara solo se oyó una misma voz, que el resto del mundo no debe seguir oyendo sin prestarle mucha atención. Los mismos que ya nos llevaron a dos guerras mundiales sueñan ahora con ganar una tercera. ¿Tiene esto algún sentido? Como dijo Kennan, son una amenaza para la civilización, en general.

FIN

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NOTAS

1 Around the Cragged Hill
Kennan, George
272 pags..
W.W. Norton & Company
New York / London 1993

2 The Kennan Diaries
Edited by Frank Costigliola
712 pags..
W.W. Norton & Company
New York / London 2014

Piden a Alemania a poner fin a la militarización y a los envíos de armas a Israel

Pablo Ruiz
Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas – Chile
www.derechoalapaz.org

Este jueves 11 de junio una delegación del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas entregó una Carta por la Paz en la Embajada de la República Federal de Alemania en Chile, ubicada en la comuna de Vitacura, en Santiago de Chile.

En la misiva el Observatorio manifiesta su preocupación por el incremento de la militarización en Europa y los vientos de guerra que los líderes europeos señalan que se podría producir en un futuro próximo y donde los países de Europa han aumentado significativamente su gasto militar al 2% del PIB para la OTAN y donde Alemania se ha propuesto, para el año 2029, destinar el 3,5 de su PIB para gasto militar.

En la carta que va dirigida a la embajadora alemana en Santiago, Susanne Fries-Gaier, también le manifiestan su rechazo al acuerdo que fue firmado con el gobierno alemán por la ex ministra de defensa chilena, Adriana Delpiano, “el que permitirá que Chile pase al nivel dos del sistema de catalogación con la OTAN” y agregan que “lamentablemente, la OTAN ha sido un instrumento de guerra y no queremos que nuestro país (Chile) esté involucrado con esta alianza militar”.

Así mismo, expresan su “solidaridad con el pueblo de Palestina” y rechazan “los ataques sistemáticos que viene realizando Israel contra su población, donde indirectamente son cómplices los países que siguen enviando armas al gobierno israelí; entre ellos, Estados Unidos y Alemania. Pedimos que Alemania deje de apoyar este genocidio”, señalan y expresan “nuestro rechazo a la represión que hay en Alemania contra manifestantes que se solidarizan con Palestina. Esto viola el derecho a la libre expresión, que constituye uno de los pilares de la democracia”.

La delegación del Observatorio pudo conversar en el lugar con Stefan Preuß, consejero político de la Embajada de Alemania en Chile, a quien se le señaló las preocupaciones expresadas en la misiva.

Alicia Lira, presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, y candidata al Premio Nacional de Derechos Humanos, presente en la actividad, dijo que “están asesinando en Gaza a niñas y niños palestinos, a mujeres, y que este genocidio debe terminar”.

También la delegación conversó con Preuß sobre la importancia de que el gobierno de Alemania apoye la demanda del movimiento de derechos humanos chilenos para la entrega total de la ex Colonia Dignidad para que este lugar sea un sitio de memoria.

El tema nuclear

La carta entregada también menciona y rechaza la presencia de armas nucleares en Alemania donde, de acuerdo a DW, los expertos estiman que hay entre 15 a 20 bombas nucleares de los EEUU, del modelo B61, en la base aérea de Büchel en Renania-Palatinado, en el suroeste de Alemania.

El dirigente Pablo Ruiz, señaló que “el tema de una guerra nuclear en la actualidad nos debería preocupar a todos ya que sus consecuencias serán devastadoras y aunque estemos lejos de Europa sufriremos tarde o temprano sus efectos”, también dijo que “hace semanas denunciamos también, basados en un informe del OIEA, que Alemania tiene las capacidades para fabricar sus propias armas nucleares y estos nos debe preocupar”.

En tanto Félix Madariaga, vicepresidente de la Corporación 3y4 Álamos, se refirió a algunos temas preocupantes para Chile que han ocurrido desde que la exministra Delpiano firmó un acuerdo secreto con Alemania. «Expresamos nuestro rechazo al actual rol del gobierno alemán en la promoción de políticas que profundizan los conflictos y aumentan los riesgos de una confrontación nuclear. Los pueblos necesitan paz, no más guerra».

«Asimismo, rechazamos cualquier intento de involucrar a Chile en la OTAN mediante acuerdos cuyo contenido permanece oculto a la ciudadanía, como el convenio firmado por la ex ministra de Defensa, Adriana Delpiano. Chile debe ser un país comprometido con la paz y no con los promotores de la guerra”, concluyó Madariaga.

La carta entregada tiene la firma de Alicia Lira, de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos; de Patricio Vejar, de la Comunidad Ecuménica Martin Luther King; de Hervi Lara, de la Red de Profesores de Filosofía de Chile (REPROFICH); de Carlos González y Félix Madariaga, de la Corporación 3 y 4 Álamos; de José Frias, del Comité de Derechos Humanos y Ecológicos de Quilpué; y de Pablo Ruiz, del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas y de la Comisión de Paz, No Violencia y Desmilitarización de la Alianza CONVIDA-20.

El Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas en Chile trabaja en alianza con SOA Watch de EEUU, con World BEYOND War, y con la International Peace Bureau (IPB) con oficina en Alemania.

Fotos: David Hormazabal

América Latina: No a la Guerra, No a la OTAN

Pablo Ruiz E.*

Desde América del Sur observamos con mucha preocupación la política, maniobras y ejercicios militares que realizan los países miembros de la OTAN en el mundo y que pueden desencadenar una tercera guerra mundial que tendría consecuencias devastadora para todos los países, incluida América Latina, ya que una tercera guerra mundial contra Rusia o China, eventualmente, podría involucrar armas nucleares.

De acuerdo al Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG):

  • Colombia: Es socio global de la OTAN desde 2018, lo que implica una cooperación estrecha en seguridad, aunque no es miembro pleno.

  • Perú: Designado en 2026 como aliado principal no miembro de la OTAN por EEUU, facilitando cooperación en defensa y tecnología. Además, cuenta con certificación Nivel 2 en catalogación OTAN.

  • Argentina: Mantiene el estatus de aliado importante extra-OTAN desde 1998, fortaleciendo sus lazos.

  • Chile: Vinculado desde 2004 al Sistema OTAN de Catalogación (SOC), avanzando en modernización logística con software de la alianza.

  • Brasil: Usuario del sistema de catalogación de la OTAN y reconocido aliado importante de la OTAN.

Todos estos países, Brasil, Colombia, Chile, Perú y Argentina tienen los más altos gastos militares en América Latina. Por supuesto, en nuestro continente está el aliado más importante de la OTAN que son los Estados Unidos y también está Canadá con los más altos gastos militares.

En el caso de Chile queremos denunciar que el año 2025 la ex ministra de Defensa, Adriana Delpiano, y la embajadora de Alemania en Chile, Susanne Fries-Gaier, firmaron una “acuerdo técnico con Alemania que apunta a facilitar el intercambio de material militar” que, de paso, permitirá “el acceso a la logística del sistema OTAN -Organización de Tratado del Atlántico Norte-”.

La firma del acuerdo con Alemania es parte de una serie de requisitos de la OTAN para que Chile avance al Nivel 2, lo que permitirá al país catalogar sus propios productos y ofrecerlos en esta vitrina internacional.

El año pasado también, el diario electrónico El Mostrador denunció que existía una operación secreta entre Chile y Alemania. Alemania pedía a Chile la transferencia de al menos 30 vehículos de combate de infantería Marder 1A3. Estos carros de combate, posteriormente, serían enviados a la guerra en Ucrania que es de público conocimiento el gobierno alemán le está enviado equipamientos y armas a Ucrania en esta guerra contra Rusia.

Como organizaciones manifestamos al Ministerio de Defensa de Chile nuestro rechazo a esta venta o transferencia de estos carros de combate y pedimos al gobierno neutralidad y que pusiera fin a esta operación. No estamos de acuerdo que Alemania involucre a Chile en ninguna guerra.

Como ven, Alemania está muy activa en asuntos militares y sumemos a esto que un informe del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) señala que Alemania ha alcanzado, en secreto, las capacidades para fabricar sus propias armas nucleares. Aunque digan que no tienen intenciones nosotros no creemos lo que dice el gobierno alemán porque en la práctica podrían fabricar armas nucleares en muy poco tiempo lo que es concordante con su discurso belicista y sus intenciones de construir el ejército más poderoso de Europa y su apoyo a la política de disuasión nuclear que impulsa la OTAN.

También es preciso señalar que en América Latina sigue la presencia del Reino Unido en las Islas Malvinas donde han realizado en estos años diversos ejercicios militares para asegurar el control estratégico del Atlántico.

El Comité Especial de Descolonización de la ONU (C-24) examina anualmente la «Cuestión de las Islas Malvinas» desde 1964, reafirmando que es un caso de colonialismo que requiere negociaciones bilaterales entre Argentina y el Reino Unido. Argentina ratifica su soberanía e insta a la descolonización, rechazando la autodeterminación isleña.

Así mismo, Página 12, denunció “un nuevo avasallamiento del Reino Unido sobre la soberanía argentina y sus recursos, el gobierno local de las Islas Malvinas habilitó el proyecto de las petroleras Rockhopper, del Reino Unido, y Navitas, de Israel, para extraer 55 mil barriles diarios en el yacimiento Sea Lion, ubicado a 200 kilómetros de Puerto Argentino”.

La OTAN es un instrumento para la guerra y para que las grandes empresas de armamento sigan haciendo negocios y lucrándose con la muerte y la destrucción. Al mismo tiempo, son instrumentos para el saqueo de recursos naturales y para la geopolítica del petróleo.

Denunciamos el ataque a Venezuela y la extorsión que realiza el gobierno de los Estados Unidos y las sanciones impuestas unilateralmente contra el pueblo venezolano.

Denunciamos el bloqueo unilateral contra Cuba y las amenazas constantes que hace Estados Unidos de atacar a este país considerado por Washington como una amenaza. Denunciamos que EEUU sigue manteniendo control ilegal en Guantánamo que no es solo una base militar sino también una cárcel.

Finalmente, manifestamos nuestro apoyo con las diversas iniciativas de la Red Internacional No a la Guerra, No a la OTAN ya que es deber de todos defender la paz y el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

* Este artículo ha sido preparado y compartido en el webinario “OTAN: ¿sigue expandiéndose a nivel global?” organizado por IPB y la Red Internacional No a la Guerra, No a la OTAN.

Pablo Ruiz es periodista egresado de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Es coordinador del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas en Chile (organización afiliada a World BEYOND War y a la International Peace Bureau). Es editor de la Revista El Derecho de Vivir en Paz www.derechoalapaz.org

Fuente: https://www.derechoalapaz.com/america-latina-no-a-la-guerra-no-a-la-otan/

La venta que pone a Chile en la escena de la guerra en Ucrania

Por Pablo Ruiz
Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas – Chile

En noviembre pasado, un artículo del diario electrónico El Mostrador – medio que es reconocido por tener buenas fuertes y seriedad -, señalaba que el Gobierno de Chile habría accedido a una petición del Gobierno de Alemania para la venta de 30 vehículos de combate de infantería Marder los que anteriormente Alemania había vendido a nuestro país. Lo controversial de este asunto radica en que estos carros de combate terminarían siendo enviados por Alemania a la guerra en Ucrania. Consultado, por el diario El Mostrador, tanto el Ministerio de Defensa como el Ejército de Chile declinaron entregar información al respecto y no han desmentido esta noticia.

En el mismo sentido, el sitio Zona Militar informaba que “múltiples antecedentes apuntan a que el destino final de estos blindados podría no ser Europa Occidental sino Ucrania, a través de un mecanismo de transferencia indirecta que Berlín ha utilizado previamente con otros países”.

Se sabe, por información publicada por el medio alemán DW, que ya, desde el 2023, bajo el gobierno liderado por el excanciller Olaf Scholz, se han estado enviado carros de combate Marder a la guerra en Ucrania. De acuerdo con el sitio especializado Infodefensa la empresa alemana Rheinmetall es la encargada de reparar estos vehículos, acondicionados, y enviarlos luego al conflicto militar que se desarrolla en Ucrania.

Neutralidad y apoyo a la paz

Para Gabriel Aguirre, organizador para América Latina de World BEYOND War (Un Mundo más allá de la Guerra), el posible envío de carros de combate a Alemania “no parece conveniente, desde ninguna perspectiva, que Chile, como Estado, se involucre directamente en esta guerra”.

Aguirre recuerda que en febrero de este 2026 se cumplirán cuatro años desde el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania y que, lamentablemente, “los países europeos, no han tenido un rol proactivo en términos de buscar la paz sino, pareciera, que más bien Europa ha tomado una postura de seguir reforzando la guerra ampliando las ayudas económicas y militares a Ucrania enviando armas, enviando recursos, lo cual, sin duda, no contribuye a las negociaciones de paz, sino que todo lo contrario, sirve para continuar profundizando la guerra”.

Triangulación y respuesta de Rusia

Una operación de triangulación parecida, en el 2024, fue el intento de Estados Unidos con Ecuador de intercambiar armamento de origen soviético, considerado por el presidente Daniel Noboa como “chatarra”, “a cambio de nuevos equipos para combatir a bandas criminales asociadas con carteles internacionales de la droga” según señaló DW. Estas armas, muy apreciadas por los militares ucranianos, terminarían también en el frente militar de Ucrania.

El medio alemán informaba días después que Rusia había anunciado “la prohibición de la importación de bananas y ciertas flores de Ecuador, semanas después de que Quito anunciara su intención de enviar antiguas armas soviéticas a Estados Unidos para remitirlas a Ucrania” lo que determinó finalmente que “Ecuador no enviará material bélico alguno a país que tenga un conflicto armado internacional”, como aseguró la canciller ecuatoriana Gabriela Sommerfeld.

¿Qué pasaría si Rusia tomará medidas represivas contra las importaciones de Chile? ¿Es militarmente estratégico ponerse como “enemigo” de Rusia una potencia nuclear la que disputa y empuja la existencia de un mundo multipolar objetivo que debería ser también de Chile y de todos frente al mundo unipolar impuesto por EEUU a todas nuestras naciones? ¿Nuestras autoridades están conscientes que la guerra en Ucrania fue provocada por EEUU y la OTAN? ¿Es estratégico dañar la relación con Rusia cuando un “aliado” importante de Chile como es EEUU vende armas y realiza ejercicios militares con Argentina y Perú, los que disuaden militarmente a Chile, y que todo esto, promovido por nuestros supuestos «aliados», sólo empuja a más gasto militar y desconfianza con nuestros países vecinos?

En el caso de la triangulación, Chile-Alemania-Ucrania, el canciller Alberto van Klaveren negó una venta ilegal, afirmando que de acuerdo con la legislación chilena está prohibido vender armas a naciones en guerra; “lo cual es técnicamente cierto ya que la venta es a Alemania, lo que permite aprovechar una “gran zona gris” diplomática para el traspaso de armas”, señaló Wes O’Donnell en otra nota publicada por El Mostrador.

Gabriel Aguirre dice que Chile debiera hacer adoptado una posición de neutralidad porque “la tradición de nuestros países latinoamericanos ha sido no involucrarse en conflictos que están desarrollándose en otras partes del mundo sino jugar un rol más bien orientado a la consecución de la paz” por lo cual “no podemos mirar con buenos ojos desde el movimiento de paz esta nueva acción por parte de Chile que desde hace algún tiempo expresó su solidaridad con Ucrania, un conflicto iniciado, fortalecido y profundizado por la OTAN”.

En una carta dirigida a la ministra de Defensa de Chile, Adriana Delpiano, el Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas (SOAW-Chile), apelando a la Ley 20.285 sobre el Acceso a la Información Pública, pidió información sobre esta posible venta de carros de combate a Alemania.

“Solicitamos al Ministerio de Defensa que en caso de ser cierta la información, difundida por el diario El Mostrador, cancele dichos compromisos con el gobierno alemán”, concluye la misiva.

En el mismo sentido, se envió una copia de esta carta a la diputada nacional del Partido Social Demócrata en el Bundestag alemán, Isabel Cademartori, quien es nieta de José Cademartori quien fuera ex ministro de Salvador Allende, y donde se le solicita su apoyo “para que Alemania no involucre a nuestro país en este conflicto que lamentamos” y donde, en vez de seguir enviando armas, hay que insistir en un alto al fuego y negociaciones de paz.

Foto: Prensa Presidencia de Chile

La millonaria danza de guerra de Occidente

Gilberto Lopes
San José, 16 de diciembre de 2025

Guerra: la única misión

La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó el pasado 10 de diciembre, por 312 votos a 112, una autorización de gastos militares por 900 mil millones de dólares para el año fiscal 2026. Con cien mil millones suplementarios aprobados en la pasada primavera, el presupuesto suma más de un billón de dólares (trillion en inglés, billón –millón de millones– en español). Incluye 400 millones de dólares anuales para el suministro de armas a Ucrania en los próximos dos años.

Esto representa cerca de 40% del gasto militar mundial. Una suma récord, asombrosa, difícil de dimensionar. Es más, de lo que gastan juntos los nueve países que le siguen, incluyendo China y Rusia. Para un país cuya deuda hoy se acerca a los 37 billones de dólares (trillion en inglés), es un gasto extraordinario. En el año fiscal 2004 el presupuesto de defensa de los Estados Unidos fue de 850 mil millones de dólares, ligeramente inferior a los 880 mil millones en pago de intereses.

El nuevo presupuesto, que debe ser aprobado por el Senado, se alinea con las preocupaciones de Peter Hegseth, secretario de Guerra de la administración Trump, expuestas el pasado 30 de septiembre a más de 800 generales y almirantes, reunidos en la base de marines de Quantico, en Virginia.

Hegseth hizo un largo discurso. A partir de ahora –afirmó– “la única misión del recién restablecido Departamento de Guerra es librar la guerra”. En su opinión, el pacifismo ignora la naturaleza humana, es ingenuo y peligroso. Nacionalista cristiano de derecha, como el vicepresidente J.D. Vance, Hegseth ha escrito varios libros: contra la ideología woke, contra los islamistas, defendiendo la idea de que quienes aspiran a la paz deben prepararse para la guerra.

“Ustedes matan gente y destruyen cosas para ganarse la vida. No son políticamente correctos y no pertenecen necesariamente a la alta sociedad”. “¡Adelante, disparen, porque somos el Departamento de Guerra!”, arengó a los militares.

Para el presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara, el republicano Mike Rogers, Estados Unidos necesita una fuerza de combate lista, capaz y letal”. “Las amenazas a nuestra nación, especialmente las que provienen de China, son más complejas y desafiantes que en cualquier otro momento de los últimos 40 años”, dijo

Para Hegseth el escenario internacional se asemeja al de 1939. Pasaron muchas cosas en 1939, entre ellas el inicio de la II Guerra Mundial, con la invasión alemana de Polonia, el 1 de septiembre de ese año. ¿En eso estaría pensando Hegseth? ¿Estará pensando en otra guerra mundial?

Cinco semanas después del encuentro en Virginia, Hegseth se reunió, el viernes 7 de noviembre, en el National War College de Washington, con responsables del ejército y representantes de la industria de defensa, para explicitar nuevas normas con las que trabajarían: –No construimos para tiempos de paz. El sistema de contratación pública de defensa, tal como lo conocen, ha dejado de existir. Ahora es un sistema para la guerra.

En una mesa redonda celebrada en esas mismas fechas en el Foro Nacional de Defensa Reagan, el multimillonario Jamie Dimon, presidente de JP Morgan, el principal banco norteamericano, discutió la nueva propuesta con Christopher Calio, director ejecutivo de Raytheon (RTX), una de las principales contratistas del Pentágono.

Somos una empresa bastante patriótica, dijo Dimon. Hemos decidido hacer al menos un 50% más en los próximos diez años en materia de seguridad. “Esto representa 1,5 billones, y luego diez mil millones de inversiones, una cantidad que podría aumentar fácilmente, para financiar las cadenas de suministro de los proveedores con los que Chris podría hacer negocios: si quiere duplicar o triplicar la producción de sus misiles, debe pedir a algunos de esos proveedores que dupliquen o tripliquen su producción”, afirmó.

El mundo ha experimentado grandes cambios, aseguró, destacando el crecimiento de China. Para Dimon, “tener el ejército más poderoso es la mejor manera de disuadir las malas acciones”.

Otra guerra

¿En qué guerra estarán pensando Hegseth, Dimon o los líderes europeos?

Para el secretario general de la OTAN, el holandés Mark Rutte, “somos el próximo objetivo de Rusia y ya estamos en peligro”.

Rutte habló en Berlín el 11 de diciembre, acompañado del canciller alemán, el demócrata cristiano Friedrich Merz. Estima que Rusia podría estar lista para emplear el uso de la fuerza militar contra la OTAN dentro de cinco años. Una guerra que, en su opinión, tendría “la misma magnitud que la guerra que sufrieron nuestros abuelos y bisabuelos”.

“El señor Rutte, al hacer declaraciones tan irresponsables, simplemente no entiende de qué está hablando«, respondió el portavoz presidencial ruso, Dimitri Peskov, añadiendo que en Rusia se conserva cuidadosamente la memoria de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y de lo que hizo para salvar a Europa del fascismo.

Una guerra contra Rusia dentro de cinco años es una afirmación que los servicios de inteligencia alemanes, franceses o ingleses, sus líderes políticos y militares han repetido, sin que se conozcan públicamente los argumentos en que basan esas estimaciones.

Merz, para quien vivimos “un punto de inflexión” en la política mundial, anunció que Alemania debe prepararse para la guerra y adelantó en seis años para 2029, el objetivo dedicar 3,5% del PIB a gastos militares, pese a la difícil situación económica por la que atraviesa su país.

En su opinión Putin aspiraría a reconstruir la Unión Soviética, para lo que se estaría preparando. Afirmaciones que las autoridades rusas han calificado de “una estupidez”.

Para la jefe de la inteligencia británica, Blaise Metreweli, una Rusia «agresiva, expansionista y revisionista» es una grave amenaza. En un discurso pronunciado el pasado lunes 15, amenazó: «Putin no debe tener ninguna duda; la presión que ejercemos en nombre de Ucrania se mantendrá».

Hegseth podría tener razón cuando compara la situación actual con la de 1939. Fue cuando Alemania inició su avance militar hacia el este, ocupando Polonia y preparándose para la mayor operación de la II Guerra Mundial: la invasión de la Unión Soviética.

El 22 de junio de 1941, 3,5 millones de sodados alemanes cruzaron la frontera de la URSS. En diciembre, algunas tropas estaban a solo 25 km de Moscú y Alemania ya planeaba la ocupación del inmenso territorio del país. Pero no ocurrió así. A partir de entonces, las cosas cambiaron. La resistencia rusa se fue transformando en una ofensiva que terminaría tres años después en Berlín.

¿De qué guerra hablamos?

Merz parece dispuesto a intentarlo de nuevo. Estima que no hay urgencia en un acuerdo de paz en Ucrania. Apuesta por sostener el régimen de Kiev con armas y dinero y aumentar la presión sobre Moscú. Por lo menos públicamente no descartan la idea de que Ucrania puede seguir resistiendo. O de que lo rusos no deben ganar la guerra.

“Todos sabemos que el destino de tu país es el destino de Europa”, dijo el canciller alemán a Zelenski el pasado 8 de diciembre, luego de una reunión en Londres con el presidente francés y el primer ministro británico.

idea similar es la del presidente francés, Emmanuel Macron, para quien Rusia está llevando a cabo una confrontación estratégica con los europeos. “Hemos financiado equipamiento para Ucrania, que está resistiendo, mientras la economía rusa está comenzando a sufrir por nuestras sanciones”, dijo Macron el pasado 8 de diciembre, aunque los resultados en el frente sugieren otra cosa, lo mismo que los indicadores de la economía rusa.

El 18 de noviembre el general Fabien Mandon, jefe del Estado Mayor de la Defensa de Francia se dirigió a un Congreso de alcaldes franceses. Los fue a convocar para la guerra. Según la información de que dispongo –afirmó el general– Rusia se está preparando para una confrontación con nuestros países en el horizonte de 2030.

Para el general francés, el peligro no es que los rusos desembarquen en Alsacia, sino que los franceses se vean obligados a actuar en defensa del flanco este de la OTAN. Por lo tanto –agregó– le he indicado a las fuerzas armadas que debemos “estar preparadas en tres o cuatro años”.

¿De qué información dispondrá el general? El presidente ruso he reiterado lo absurdo de esa afirmación. Ha ofrecido garantías por escrito de que no tiene ningún plan de atacar la OTAN. ¿Cuál sería el objetivo de un ataque de esa naturaleza? ¿Qué podría lograr el Kremlin con esa guerra que, naturalmente, sería nuclear?

Es difícil encontrar respuestas razonables para esas preguntas, alguna justificación para un ataque de esa naturaleza. No ha sido Rusia quien ha acercado sus tropas a las fronteras europeas. Ha sido Europa la que ha acercado las fuerzas de la OTAN a las fronteras rusas desde los años 90’s del siglo pasado, contrariando los arreglos negociados con las autoridades soviéticas al final de la Guerra Fría.

Alemania, que ya llevó el mundo a dos grandes guerras, parece dispuesta a intentar nuevamente lo que no pudo lograr en sus intentos anteriores. Cada vez que adopta nuevas medidas para su rearme y se prepara para la guerra contra Rusia ganan relieve las palabras del general indio-británico Lord Hastings Ismay, primer secretario general de la OTAN, cuando definió los objetivos de la organización: mantener los norteamericanos adentro, los rusos afuera y los alemanes abajo. Salvo mantener los rusos afuera, los otros objetivos parecen cada vez más difíciles de lograr.

Pero comparar esa guerra con la que sufrieron nuestros abuelos y bisabuelos –cuando no existían las armas atómicas–, como afirma el sucesor actual de Lord Ismay, es más que una ingenuidad. Una guerra como esa sería algo nunca visto y seguramente la última que viviría la humanidad.

Las advertencia de Moscú: los riesgos de un mundo unipolar

El febrero del 2007, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, el presidente ruso advirtió sobre los riesgos que un mundo unipolar significaba para la seguridad de todos. Destacó que la expansión de la OTAN, que su presencia en las fronteras rusas, lejos de ofrecer una mayor seguridad para Europa, “representaba una seria provocación que reducía el nivel de confianza mutua”.

En febrero de 2014 se produjo el golpe en Ucrania que, con apoyo norteamericano y europeo, depuso al presidente Viktor Yanukovich y la acercó a la OTAN. A partir de entonces las relaciones entre el gobierno de Kiev y sus provincias orientales, de mayoría étnica rusas, se deterioraron hasta transformarse en un conflicto armado, mientras la posibilidad de la incorporación de Ucrania a la OTAN aumentaba la tensión con Rusia que, en marzo de ese año, luego del golpe de Estado, se había anexado la península de Crimea.

En 2014 y 2015 las partes involucradas negociaron los acuerdos de Minsk, para resolver ese conflicto, con la participación de la canciller alemana, Angela Merkel, y del presidente francés, François Hollande. Negociaciones que luego los garantes europeos reconocieron nunca pretender cumplir. Se trataba apenas de ganar tiempo, mientras armaban a Ucrania para una guerra futura.

En octubre de ese mismo año 2014, Putin hizo otro importante discurso en el foro de Valdai. Habló de los riesgos de un mundo unipolar. Tener un solo centro de poder no hace más manejable el proceso global. Por el contrario –diría– la historia ha mostrado su incapacidad para enfrentar las amenazas reales.

Rusia ya estaba enfrentando las primeras sanciones, por la anexión de Crimea. “Algunos dicen que estamos dando la espalda a Europa, buscando nuevos socios, principalmente en Asia. Déjeme decirles que este no es, de ningún modo, el caso”.

Luego se refirió al desarrollo de conflictos violentos, con la participación directa o indirecta de las grandes potencias. Ucrania “es un ejemplo de esos conflictos, que afectan el balance internacional de poderes”, afirmó Putin. Hemos advertido de las graves consecuencias económicas que podría tener para Rusia la adhesión a la UE de Ucrania –de la que era el mayor socio comercial– y pidió una amplia discusión sobre el tema. “Nadie quiso oírnos, nadie quiso hablar. Simplemente nos dijeron: eso no es asunto suyo. Punto final”.

En septiembre del 2015 Putin viajó a Nueva York, para hablar en la Asamblea General de Naciones Unidas. Al defender la posición de su país ante los diversos escenarios de conflicto en el mundo, insistió en que no se trataba de ambición propia, “sino de reconocer que no era posible seguir tolerando el estado actual de las cosas en el mundo”.

Como en 1939

Desde su punto de vista el espíritu de la Guerra Fría seguía presente en el escenario internacional. Pese a la disolución del Pacto de Varsovia, que unía a los países de Europa del este bajo la conducción de la Unión Soviética, pese al colapso de la misma Unión Soviética, la OTAN seguía expandiendo su infraestructura militar. ¿Para qué?, se preguntó. “Tarde o temprano, esta lógica de confrontación terminará desencadenando una grave crisis geopolítica. Esto es exactamente lo que ocurrió en Ucrania, donde se aprovechó el descontento de la población con las autoridades para orquestar un golpe militar desde el exterior, lo que desató una guerra civil”.

Rusia todavía confiaba que los acuerdos de Minsk podrían lograr el fin del conflicto en las provincias ucranianas fronterizas, donde la confrontación armada costaba ya miles de vidas. Pero, como sabemos, no fue así. La tensión en esos territorios siguió aumentando, sin que prosperara ningún intento de negociación.

El diciembre del 2021, cuando Rusia ya concentraba tropas en la frontera, Putin y Biden hablaron por teléfono. Putin exigió el cumplimiento de los acuerdos de Minsk y que Ucrania no se incorporara a la OTAN. No hubo acuerdo. Quedaban pocas semanas para el inicio de la guerra.

Hace ya varios años que Europa cortó prácticamente todo tipo de contactos diplomáticos con Rusia. Con la OTAN transformada en el brazo armado de la UE, ninguna negociación logra prosperar, mientras Alemania (y sus socios europeos) apuestan por la derrota de Rusia. Pero las presiones para un acuerdo negociado aumentan. Parece difícil que ese conflicto pueda extender más allá del año que comenzará en pocas semanas.

Mientras tanto en Asia escalan peligrosas tensiones. El nuevo gobierno de Japón, al igual que Alemania, revisa las disposiciones de seguridad acordadas al final de la II Guerra Mundial.

No se puede descartar que Hegseth tenga razón. Como en 1939, las costuras de una camisa de fuerza impuesta a los derrotados de la I GM comenzaron a romperse, en la medida en que creían haber llegado su hora de rehacer la historia. E intentaron de nuevo invadir Rusia. El resultado fue una tragedia.

No se puede descartar que el resultado de un nuevo intento sea parecido. Pero podría ser mucho peor… Si queremos sobrevivir, el mundo civilizado tiene la obligación de hacer lo que pueda parar a estos salvajes.

FIN

Llamado urgente por la Paz a los presidentes y presidentas del continente

Delegaciones de nueve países, movimientos sociales y organizaciones reunidas en el II Encuentro Regional en Medellín, Colombia, exigen a los gobiernos de América Latina y el Caribe romper alianzas con la OTAN, frenar la militarización y defender la soberanía de una región declarada Zona de Paz.

Carta a los presidentes y presidentas de Nuestra América

Señores y señoras, presidentes y presidentas de los Estados de América Latina y el Caribe:

Reciban un saludo en nombre de las delegaciones académicas, organizaciones sociales, movimientos comunitarios, guardias territoriales, defensores y defensoras de derechos humanos, colectivos de comunicación, movimientos sociales cooperativos, artísticos, culturales, instituciones educativas y liderazgos populares de más de ocho países que participamos en el II Encuentro Regional “Geopolítica y Militarización en Nuestra América”, celebrado en Medellín, Colombia.

Nos dirigimos a ustedes con sentido de responsabilidad histórica y con convicción democrática, conscientes de que las decisiones tomadas por los gobiernos impactan directamente la vida, la paz y la autonomía de los pueblos.

I. Nuestra América, Zona de Paz: coherencia entre la palabra y la acción

Desde el año 2014, la CELAC declaró a América Latina y el Caribe como “Zona de Paz”, compromiso que fue ampliamente acogido por nuestros gobiernos y respaldado por los pueblos del continente.

Sin embargo, en los últimos años observamos con profunda preocupación una creciente tendencia de algunos gobiernos latinoamericanos a vincularse con bloques militares globales y regionales, como la OTAN, así como a adoptar enfoques de seguridad que reproducen lógicas de confrontación, disuasión bélica y subordinación geopolítica frente a potencias con intereses globales.

En este sentido, rechazamos de manera categórica las reiteradas violaciones al derecho internacional, a los acuerdos multilaterales, a los derechos humanos y a los derechos de los pueblos que el Gobierno de los Estados Unidos ha venido cometiendo mediante políticas sustentadas en el engaño, la injerencia y la agresión contra nuestras naciones. Tales acciones, además, implican un despilfarro de recursos públicos que podrían destinarse a atender las profundas necesidades sociales del propio pueblo estadounidense, que enfrenta crecientes niveles de pobreza y precarización.

Estas alianzas contradicen:

Los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos.

Los compromisos multilaterales de nuestra región frente a la paz, la soberanía y la cooperación solidaria.

La tradición latinoamericana de resolver conflictos mediante el diálogo diplomático, la integración regional y el multilateralismo respetuoso.

Por ello, desde este Encuentro Regional solicitamos a sus gobiernos una revisión profunda y urgente de estos procesos y el abandono de Tratados que vulneran la soberanía continental y de los pueblos.

II. Militarización y alianzas bélicas: riesgos para la soberanía y la vida

La incorporación —explícita o indirecta— de países latinoamericanos a alianzas militares como la OTAN u otras estructuras de guerra tiene implicaciones serias:

Erosiona la soberanía regional, colocando decisiones de seguridad bajo doctrinas ajenas a nuestras realidades.

Desplaza recursos esenciales que deberían dirigirse a educación, salud, transición ecológica y bienestar social.

Profundiza la militarización interna, reforzando doctrinas del “enemigo interno” que han causado históricas violaciones de derechos humanos.

Nos involucra en conflictos geopolíticos globales que no responden a los intereses de nuestros pueblos.

Debilita la integración y la tan necesaria unidad latinoamericana, al fragmentar posicionamientos conjuntos y generar dependencias estratégicas.

Desconoce las recomendaciones de las diferentes Comisiones de la Verdad de nuestro continente, un aprendizaje histórico que no podemos desestimar.

Nuestra América no debe convertirse en escenario, ni plataforma de confrontación entre potencias. Nuestro compromiso debe ser, preservar la paz, proteger la vida y fortalecer la justicia social.

III. Solicitud formal a los gobiernos de la región

En coherencia con las discusiones, análisis y consensos alcanzados en este Encuentro, solicitamos:

  1. Reconsiderar, frenar o revertir los acuerdos de cooperación militar o de alineamiento estratégico con la OTAN y otros bloques de guerra global y regional.

  2. Abstenerse de establecer nuevas alianzas bélicas, misiones de entrenamiento o protocolos de interoperabilidad con potencias globales.

  3. Reafirmar explícitamente, en foros internacionales y en políticas nacionales, el compromiso de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

  4. Priorizar un enfoque de seguridad centrado en la vida, la democracia, los derechos humanos, el desarrollo social y el cuidado de la Madre Tierra.

  5. Promover una agenda regional de desmilitarización y fortalecimiento del diálogo político entre Estados.

  6. Alternativas para una seguridad latinoamericana basada en la vida

Reconocemos que la región enfrenta desafíos reales: extractivismos violentos, criminalidad corporativa transnacional, dinámicas de desestabilización, disputas territoriales alimentados por intereses extranjeros y aplicación de nuevas tecnologías de vigilancia en contra de los pueblos, entre otras.

Pero ninguna de estas amenazas justifica la subordinación militar a potencias o bloques de poder.

Los pueblos de Nuestra América demandan una seguridad que:

Proteja las comunidades, no que las controle.

Defienda los territorios, no que los militarice.

Cuide la vida, no que prepare la guerra.

Fortalezca la integración regional, no que la fracture.

Este es el camino sensato, justo y coherente con nuestra historia.

IV. A los gobiernos de Nuestra América: un llamado firme

En nombre de quienes resisten en los territorios, guardias indígenas, campesinas y cimarronas; organizaciones barriales; defensores ambientales; comunidades rurales y urbanas); sindicatos y organizaciones de trabajadoras y trabajadores, movimientos populares, hacemos un llamado:

No permitir que Nuestra América vuelva a ser patio militar de ninguna potencia.

No comprometer la soberanía del continente en alianzas de guerra que no representan a nuestros pueblos como la OTAN.

Sean coherentes con la palabra empeñada, América Latina y el Caribe son, y deben seguir siendo, Zona de Paz.

Confiamos en su responsabilidad histórica y en su obligación con la vida digna de nuestros pueblos.

Firman,

Participantes del II Encuentro Regional

“Geopolítica y Militarización en Nuestra América”

(Canadá, EEUU, México, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Brasil, Canadá)

Medellín, Colombia — 28 de noviembre de 2025

https://www.colombiainforma.info/encuentro-sobre-geopolitica-y-militarizacion-en-nuestra-america/

Charla: La guerra proxy en Ucrania de la geopolítica unipolar

Por Miguel Alvarado

El 11 de noviembre del 2025, en el marco de las actividades del 25 Aniversario de la Cátedra José Martí de la Universidad de Costa Rica, en la Sede del Pacífico, se llevó a cabo la charla: “La guerra proxy en Ucrania de la geopolítica unipolar”. En la exposición participaron el Dr. Serguey Krutko, en representación de la comunidad rusa en Costa Rica, el Ing. José Luis Callaci y el máster Miguel Alvarado, profesionales egresados de la ex Unión Soviética. La actividad contó con una valiosa asistencia de estudiantes y docentes de la Sede del Pacífico, quienes acogieron con gran interés la temática expuesta, interviniendo con acotaciones y preguntas que enriquecieron los contenidos de la plática.

Entre los asuntos que se abordaron en la exposición se encuentran los orígenes y las premisas históricas que influyeron en el contexto actual del conflicto en Ucrania. Se hizo énfasis en las consecuencias devastadoras que tuvo para Ucrania el golpe de Estado del 2014 (conocido como el Euromaidán, patrocinado por los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN), golpe de Estado que derrocó el gobierno legítimamente electo e instaló un régimen que, en contubernio con grupos ultranacionalistas de inclinación nazi, implementó una persecución social, cultural, idiomática, religiosa contra la población de origen ruso en todo el país.

Además, se argumentó con profundidad por qué es un error considerar la confrontación bélica únicamente entre Ucrania y la Federación Rusa. En este sentido, se presentó una narración secuencial de los hechos que explicaban cómo el Occidente colectivo planificó y organizó con años de anticipación la estrategia de guerra híbrida (sanciones, rusofobia, fake news, etcétera) contra la Federación de Rusia. Igualmente se señaló la participación directa del Occidente colectivo en la preparación y abastecimiento militar del ejército ucraniano para reprimir y aniquilar a la población rusoparlante, en particular en la región del Donbás. Se subrayó los esfuerzos reiterados de la Federación de Rusia en resolver el conflicto por la vía pacífica y diplomática. También se destacó su afán para llegar a los acuerdos de Minsk I y II, que lamentablemente, ni el gobierno de Ucrania ni los países de la OTAN, estaban interesados en cumplirlos. En la exposición se examinaron tanto el contexto de violencia ejercido por las políticas rusofóbicas de la junta de Kiev, contra la población civil de las repúblicas independientes de Donetsk y Lugansk, como la necesidad de la Federación de Rusia de reconocer a estas repúblicas para salvaguardar la vida de sus poblaciones y la obligada intervención de la Operación Especial Militar. Ante la sistemática agresión ucraniana contra las poblaciones de Lugansk, Donetsk, Jersón y Zaporiyia, la ciudadanía de estas cuatro regiones, en referéndum y acorde al derecho internacional, votó por adherirse a la Federación de Rusia.

A la prolongación del conflicto se suma la negativa de la junta de Kiev a aceptar los derechos y la soberanía de estas poblaciones y la independencia de sus respectivos territorios. Asimismo, se puso en evidencia cómo la hostilidad se ha visto avivada por líderes europeos que, con sed de guerra, atizan y elevan cada vez más la escalada militar. En cambio, la actitud y el compromiso de la Federación de Rusia han sido establecer el diálogo y encontrar una solución pacífica al conflicto que garantice una resolución verdadera y permanente.

Al final de la exposición, se reflexionó sobre cómo el conflicto en Ucrania está entrelazado con la actual coyuntura geopolítica, que transita de un mundo unipolar a uno multipolar. En fin, la guerra proxy en Ucrania (una guerra por encargo de los países belicistas de la OTAN), es la expresión de la civilización occidental en decadencia, de su economía en crisis y sus aspiraciones de una política de guerra, con la cual, pretende conservar el viejo orden internacional del saqueo colonial e imperialista (cada vez más obsoleto). Por el contrario, el mundo multipolar, conformado por un conjunto de países emergentes, tiene como punto de partida el respeto a la soberanía e independencia de los pueblos.

Rechazamos las maniobras militares británicas en las Islas Malvinas

Comunicado

El Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas – Chile expresa su más enérgico rechazo a las maniobras militares llevadas a cabo recientemente por Reino Unido en las Islas Malvinas, las que incluyeron pruebas del sistema de defensa antiaérea Sky Sabre. Estas acciones constituyen una provocación y una abierta violación de las resoluciones de Naciones Unidas que llaman a ambas partes, Argentina y Reino Unido, a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales en la situación del archipiélago.

Este despliegue constituye una nueva expresión de la ocupación militar británica en las Islas Malvinas, una situación que continúa siendo objeto del legítimo reclamo diplomático de la República Argentina. Lejos de avanzar hacia una solución pacífica, el Reino Unido persiste en reforzar su infraestructura bélica en el archipiélago, lo que contraviene abiertamente las resoluciones de las Naciones Unidas y el espíritu del diálogo y la diplomacia.

Expresamos nuestra plena solidaridad con el pueblo de Argentina en su justo y legítimo reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.

La presencia militar británica en las Islas Malvinas, a más de cuarenta años de la guerra de 1982, revela la persistencia de una política colonial, en completa contradicción con los principios del derecho internacional y de la autodeterminación de los pueblos. Estas maniobras se enmarcan en la estrategia global de la OTAN, alianza militar encabezada por Estados Unidos y Reino Unido, que busca proyectar su poder hacia el Atlántico Sur. Nuestra América Latina como El Caribe, deben ser Zona de Paz como lo proclamó la CELAC el 2014.

Rechazamos categóricamente esta política de intimidación y advertimos que la creciente presencia militar de la OTAN en el hemisferio sur —ya sea mediante bases, acuerdos o ejercicios conjuntos— constituye una amenaza directa a la paz regional y a la soberanía de nuestros pueblos.

Desde Chile, hacemos un llamado a los gobiernos de América Latina a repudiar públicamente estas acciones y a fortalecer los espacios de coordinación política y defensa común frente a las pretensiones imperialistas que buscan convertir nuestro continente en un escenario de disputa geopolítica.

Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas – Chile

Imagen: Fotografía usada en el transporte público.