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Etiqueta: pensamiento crítico

IX Encuentro Internacional de Pensamiento Crítico analizará la crisis mundial y el ataque a la democracia y los derechos humanos

Del 27 al 29 de octubre, en la Universidad Nacional, con transmisión en directo por el canal de YouTube del IDESPO.

El Grupo de Pensamiento Crítico (GPC) y el Instituto de Estudios Sociales en Población (IDESPO) de la Universidad Nacional (UNA), con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo, Oficina de México, convocan al IX Encuentro Internacional de Pensamiento Crítico. Este año el lema es “Crisis mundial y ataque a la democracia y los derechos humanos: la antiutopía de la violencia y la destrucción”. El encuentro se realizará del 27 al 29 de octubre de 2026 en el Auditorio Franz J. Hinkelammert, la antigua Sala de Conferencias de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNA, en Heredia. Las sesiones se transmitirán en directo por el canal de YouTube del IDESPO: https://www.youtube.com/@idespouna1975

El GPC fue fundado en 2007 por Franz J. Hinkelammert. Según la convocatoria, desde entonces ha buscado generar “argumentos, narrativas, estrategias y alternativas para sustentar las resistencias y los proyectos emancipatorios”. Sus encuentros internacionales han sido, durante casi dos décadas, un foro de diálogo a partir del instrumental teórico, metodológico y ético aportado por Hinkelammert.

Una crisis civilizatoria

La convocatoria advierte sobre “la progresiva pero veloz constitución de una crisis civilizatoria deshumanizante, antidemocrática e irracionalista”. Según el texto, esa tendencia apareció primero en el proyecto neoliberal de totalización del mercado y, más recientemente, en el ascenso de las extremas derechas a nivel mundial. Los organizadores las describen como un proyecto que “busca el dominio totalitario sobre todas las fuentes de la vida: el trabajo, la naturaleza y la espiritualidad del ser humano”.

En lo político, el texto señala un vaciamiento de la democracia. Cita a Hinkelammert, quien advirtió que se agudiza “un conflicto entre la democracia como mecanismo del poder y la democracia como lugar de la defensa de los derechos humanos”. La convocatoria sostiene que en diversos países del continente se ha venido “sucumbiendo a la fascinación de las ultraderechas”, con proyectos “aparentemente anti-establishment y libertarios, que vuelven a enquistar en el poder a los viejos y los nuevos grupos hegemónicos ligados al capital transnacional”, en “un retroceso alarmante de la vigencia de los derechos humanos, de las conquistas populares y profundamente antiecológico”.

Los organizadores ubican esta ofensiva en una crisis estructural del capitalismo que se arrastra desde la década de 1970, y en los límites que dejó en evidencia la crisis de 2007-2009. Señalan que el escenario político internacional “se ha vuelto particularmente sombrío”: “Asistimos al imparable genocidio en Gaza y el Líbano, donde la población civil es sometida a un castigo colectivo que viola todas las normas del derecho internacional humanitario”. Mencionan también el silenciamiento de las hambrunas y los desplazamientos masivos en Sudán, la crisis humanitaria y de seguridad en Haití y “la ya alargada guerra de agresión de Rusia contra Ucrania”. Afirman que la administración Trump “ha intensificado su guerra contra Irán y Venezuela, profundizando las sanciones económicas que equivalen a un asedio contra pueblos enteros”, al tiempo que “mantiene y recrudece la asfixia contra Cuba, cuyo pueblo soporta un bloqueo genocida”. Para los organizadores, estas agresiones “forman parte de una estrategia global de dominación que combina la violencia militar directa con la guerra económica, el saqueo de recursos y la imposición de un nuevo orden autoritario”.

Ejes de discusión

El encuentro se organizará en torno a cuatro ejes:

  1. El análisis de las tendencias actuales del capitalismo: bajo crecimiento, inflación, financiarización, concentración de la riqueza y la respuesta de las ultraderechas como proyectos de restauración conservadora.

  2. El vaciamiento de la democracia, la instrumentalización de los derechos humanos por los proyectos dominantes y la construcción de nuevas narrativas emancipadoras.

  3. Las tendencias neofascistas y militaristas, la guerra cultural, la desinformación y la voluntad de exterminio como mecanismos de disciplinamiento social.

  4. La construcción de nuevos mitos emancipatorios, narrativas, estrategias de resistencia y proyectos transformadores desde los movimientos sociales, feministas, ecologistas, sindicales y populares, “en la búsqueda de una civilización para el cuidado de la vida”.

Programa

Martes 27 de octubre: Crisis mundial y reconfiguración del orden capitalista

  • 9:00 a. m.: apertura, inauguración del Auditorio Franz J. Hinkelammert e inicio de las sesiones plenarias.

  • 10:15 a. m.: conferencia inaugural. “El termidor de la Modernidad y el ascenso mundial de la extrema derecha neofascista: una mirada apremiante pero esperanzadora a la luz del pensamiento crítico de Franz Hinkelammert”, Henry Mora (Costa Rica).

  • 11:15 a. m.: “Vigencia de la dialéctica del desarrollo desigual de Hinkelammert ante la crisis mundial del siglo XXI”, Hugo Herrera (México).

  • 2:00 p. m. (virtual): “Límites trascendentales de la sustentabilidad. El Espacio Analítico Alternativo como herramienta heurística”, David Orlando Ramírez (Colombia-México).

  • 3:15 p. m.: “Crisis actual del capitalismo y su reconfiguración desde la ultraderecha; una explicación desde lo estructural”, William Hughes (Panamá).

  • 4:15 p. m.: “Trump sigue la herencia de intervenciones en América Latina”, Lilia Solano (Colombia).

  • 6:00 p. m.: presentación del libro Franz Josef Hinkelammert: pensamiento esperanzado, Carlos Molina (El Salvador).

Miércoles 28 de octubre: Ataque a la democracia y los derechos humanos / La antiutopía de la violencia y la destrucción

  • 9:00 a. m.: “La crisis civilizatoria y la utopía de la dominación total”, Jorge Vergara (Chile).

  • 10:30 a. m. (virtual): “Democracia y derechos humanos: discernimientos desde nuestra América en defensa de las humanidades”, Yamandú Acosta (Uruguay).

  • 11:30 a. m.: “Del pensamiento único al no pensamiento: desafíos a las descomposiciones neoliberales desde América Latina”, John Carlos Pumacaya (Perú-Colombia).

  • 2:00 p. m.: “Lo sagrado frente a lo santo y la inversión de los valores éticos en el mundo contemporáneo”, Jung Mo Sung (Brasil).

  • 3:15 p. m.: “El Caribe como zona de paz o frontera de imperio. La paradoja del asesinato es suicidio en contexto”, Maydi Estrada Bayona (Cuba).

  • 4:15 p. m. (virtual): “Deseo, violencia y mito”, Carlos Asselborn (Argentina).

  • 6:00 p. m.: “Voces y paisajes”, conversatorio sobre la coyuntura política en América Latina.

Jueves 29 de octubre: Alternativas para la vida

  • 9:00 a. m.: “Totalitarismo y religión. El surgimiento de la crítica de la religión en la Doctrina Social de la Iglesia”, José Fernando Castrillón (Colombia).

  • 10:30 a. m.: “Militancia y conversión: comunidades de vida y espiritualidad de la acción”, Carlos Molina (El Salvador).

  • 11:30 a. m.: “Rebelión juvenil en Colombia, una apuesta por la vida”, Carlos Angarita (Colombia).

  • 2:00 p. m.: “Para la reconstrucción de una democracia futura. Aportes de la filosofía latinoamericana contemporánea: A. Roig, E. Dussel, F. J. Hinkelammert”, Estela Fernández (Argentina).

  • 3:15 p. m. (virtual): “Enrique Dussel: marxismo crítico del Sur, descolonialización y transmodernidad”, Jorge Zúñiga (México).

  • 4:15 p. m.: “Utopía y revolución. La posibilidad de otro mundo”, Yohanka León del Río (Cuba).

  • 6:00 p. m.: clausura.

El encuentro será principalmente presencial, con mesas de discusión en las que expondrán integrantes de la red del GPC y que se abrirán a la discusión colectiva. Algunas conferencias serán virtuales, porque parte de sus integrantes no pueden viajar a Costa Rica. Además, habrá sesiones de trabajo con colectivos y organizaciones sociales, actividades culturales y un homenaje a Franz J. Hinkelammert. Está previsto publicar las ponencias en 2027, con el apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo.

Contacto: norman.solorzano.alfaro@una.ac.cr

La vida en disputa: democracia, poder y resistencias en el 2026

Rodrigo Campos Hernández

Rodrigo H. Campos Hernández

¿Qué relación puede existir entre estudiantes franceses que reclaman condiciones dignas para estudiar, personas que se movilizan en España por el derecho a la vivienda, jóvenes que rechazan la militarización de su futuro y productores costarricenses que defienden sus posibilidades de subsistencia? ¿Qué conecta esas luchas con la solidaridad hacia Palestina, la defensa de la universidad pública y la exigencia de que los gobiernos respeten las decisiones judiciales?

No estamos necesariamente ante un movimiento internacional coordinado. Tampoco sus protagonistas comparten una misma interpretación del mundo. Sin embargo, la diversidad de las demandas permite reconocer una preocupación común: la creciente dificultad para sostener una vida digna y participar efectivamente en las decisiones que la condicionan.

Esta es una lectura de coyuntura. Su propósito es identificar relaciones entre acontecimientos que suelen presentarse como noticias separadas. La hipótesis que propongo es que atravesamos una crisis de la democracia liberal en la que confluyen el deterioro de las condiciones materiales de existencia, el fortalecimiento de proyectos autoritarios y una reorganización conflictiva del poder mundial.

La vida como problema político

La educación, la vivienda, la salud y la alimentación constituyen las condiciones materiales de la ciudadanía. Su deterioro tiene consecuencias democráticas: una persona absorbida por la incertidumbre de dónde vivirá, cómo se alimentará o si podrá continuar estudiando dispone de menos recursos para intervenir en la vida pública.

Las movilizaciones estudiantiles francesas expresan esa relación. Los reclamos por personal docente, infraestructura y condiciones educativas cuestionan la distancia entre las promesas de igualdad y las oportunidades concretas para construir un futuro. La incorporación de estudiantes de secundaria resulta especialmente significativa: quienes apenas comienzan a ejercer su ciudadanía están señalando las insuficiencias de la sociedad a la que se les pide integrarse.

En España, las protestas por la vivienda y la indignación ante el fallecimiento de Maricarmen, una mujer de 87 años desalojada de su hogar, colocan otra dimensión del conflicto: la distancia entre el reconocimiento del derecho a una vivienda y las condiciones efectivas para permanecer en ella. Su historia se convirtió en un símbolo de una inseguridad compartida por muchas otras personas.

La pregunta que atraviesa estos acontecimientos es profundamente política: ¿qué significa pertenecer a una democracia cuando los medios necesarios para vivir quedan fuera del alcance de una parte de su población?

Cuando la respuesta es la represión

La protesta constituye una forma de participación democrática. Permite hacer visibles necesidades que los procedimientos ordinarios no han atendido y disputar decisiones que afectan a sectores excluidos de su elaboración.

Por eso, la respuesta represiva merece ocupar el centro del análisis. En Francia, las noticias sobre gases, detenciones y denuncias de violencia contra estudiantes muestran que el conflicto comprende también la manera en que el poder enfrenta a quienes cuestionan sus prioridades.

No toda intervención policial tiene el mismo carácter. Pero cuando las demandas pasan a segundo plano y sus protagonistas son tratados principalmente como amenazas al orden, se produce una inversión: quienes denuncian una situación intolerable terminan convertidos en el problema que debe controlarse.

La democracia pierde sustancia cuando reconoce formalmente el derecho a expresarse, pero encarece su ejercicio mediante intimidación, estigmatización o violencia. El conflicto social puede revelar fallas institucionales; la represión puede profundizarlas al cerrar las posibilidades de una respuesta negociada.

La extrema derecha y la administración del malestar

Esta coyuntura adquiere otra dimensión cuando se examina el avance de las derechas radicales. Su fuerza política se alimenta de frustraciones reales: inseguridad, precariedad, desconfianza y sensación de abandono. Su eficacia consiste, en parte, en ofrecer una interpretación de esas experiencias y señalar responsables.

Migrantes, sindicatos, feminismos, universidades y organismos de derechos humanos pueden aparecer entonces como enemigos de una comunidad supuestamente amenazada. La promesa de restauración del orden permite desplazar la discusión sobre las estructuras que producen desigualdad hacia la persecución de actores presentados como culpables.

Las variantes nacionales importan. Algunas fuerzas promueven recortes y privatizaciones; otras ofrecen protección social selectiva, reservada a quienes consideran miembros legítimos de la nación. En ambos casos debemos preguntar qué ocurre con la universalidad de los derechos y con la posición de quienes quedan excluidos.

Tampoco el deterioro comenzó con el ascenso reciente de estas fuerzas. Gobiernos de distintas orientaciones contribuyeron al desgaste de las protecciones sociales y de la representación política. Reconocer esa responsabilidad permite comprender el terreno sobre el que crece la extrema derecha, sin borrar las diferencias entre proyectos ni atribuir a todos los gobiernos una intención idéntica.

La particularidad autoritaria aparece cuando el malestar se utiliza para concentrar poder y debilitar las herramientas con las que la ciudadanía podría exigir una distribución distinta de recursos, riesgos y oportunidades.

Vaciar la democracia desde sus instituciones

La degradación democrática puede desarrollarse mediante procedimientos formalmente institucionales. Una mayoría electoral puede presentarse como autorización para deslegitimar tribunales, restringir autonomías o excluir interlocutores incómodos.

Bajo ese razonamiento, la victoria en las urnas deja de ser un mandato limitado y se convierte en una pretensión de dominio sobre el Estado. Los controles aparecen como obstáculos; la oposición, como sabotaje; la protesta, como amenaza.

Aquí radica una contradicción decisiva: se invoca la democracia para debilitar las condiciones que permiten ejercerla. Pueden mantenerse elecciones y organismos públicos mientras disminuye la capacidad efectiva de la población para controlar a quienes gobiernan.

Sin embargo, las instituciones conservan diferencias y conflictos internos. Un tribunal que limita al Ejecutivo, una universidad que produce conocimiento crítico o una organización que defiende derechos muestran que el Estado y la sociedad siguen siendo terrenos en disputa. Defender esas capacidades forma parte de la resistencia al vaciamiento democrático.

Costa Rica: representación, sustento y pensamiento crítico

Los acontecimientos costarricenses permiten observar varias expresiones de esta tensión.

La controversia por la incorporación de Rocío Alfaro como representante sindical en la Junta Directiva de la CCSS afecta la participación de un sector social en una institución fundamental. La información publicada recoge una orden de la Sala Constitucional y la denuncia posterior de incumplimiento del plazo por parte del Gobierno. El problema político es evidente: una garantía pierde eficacia cuando su cumplimiento puede postergarse hasta neutralizar la representación que debía proteger.

Las movilizaciones agropecuarias frente a Casa Presidencial, por su parte, colocan en discusión los efectos de la eventual adhesión al Acuerdo Transpacífico. Además de las diferencias sobre sus consecuencias económicas, aparece el reclamo por la participación de quienes enfrentarían esos efectos. La deliberación democrática exige que las personas afectadas puedan incidir en las decisiones y conocer cómo se distribuirán sus beneficios y costos.

El señalamiento de supuesto adoctrinamiento de izquierda en las universidades públicas introduce otra dimensión. Según información periodística, una diputada oficialista pidió investigar el aparente financiamiento estatal de proyectos de esa orientación. Se trata de una acusación política que requiere pruebas, no de una descripción acreditada del trabajo universitario.

Fiscalizar recursos públicos es una obligación legítima. Convertir la orientación ideológica atribuida a una institución en motivo de sospecha abre, en cambio, la posibilidad de usar esa fiscalización como instrumento de disciplinamiento.

Una universidad debe permitir estudiar y discutir el marxismo, el liberalismo, el conservadurismo y cualquier otra tradición mediante argumentos y evidencia. Conocer una corriente no equivale a adherirse a ella. El adoctrinamiento comienza donde se impide preguntar, contrastar y disentir.

La autonomía tampoco exime de rendir cuentas. Protege la posibilidad de investigar y enseñar sin someter el conocimiento a la conveniencia del gobierno de turno. Cuando el pensamiento crítico se presenta como peligro, la discusión presupuestaria puede transformarse en una disputa sobre quién tiene derecho a interpretar la realidad.

En ese mismo ámbito de circulación de ideas se ubica la cancelación de las funciones del documental Naza en Cinema San Pedro. La retirada está documentada; atribuirla concluyentemente a presiones diplomáticas requiere evidencia adicional. El episodio permite, en todo caso, preguntar por las condiciones que favorecen o restringen el acceso del público a obras políticamente incómodas.

Un orden mundial en disputa

Estas tensiones ocurren en un escenario de competencia entre centros de poder. La erosión relativa de la hegemonía estadounidense y el avance de la multipolaridad modifican alianzas, dependencias y márgenes de actuación.

Multipolaridad y multilateralismo son procesos diferentes. La existencia de varias potencias no garantiza cooperación, respeto por el derecho internacional ni democratización. Puede ampliar las opciones de algunos países y, simultáneamente, intensificar disputas por recursos, mercados y territorios.

En ese contexto, la seguridad y la competencia internacional pueden convertirse en argumentos para exigir sacrificios internos. La cuestión democrática consiste en determinar quién define esas prioridades y quién soporta sus consecuencias.

La tensión entre el reconocimiento a Navi Pillay por su defensa del derecho internacional y las presiones estadounidenses sobre la Corte Penal Internacional ilustra la disputa por la eficacia de los límites jurídicos frente al poder. La universalidad de los derechos pierde credibilidad cuando su exigencia depende de quién sea el responsable de vulnerarlos.

También desde esta perspectiva, las movilizaciones electorales brasileñas pueden interpretarse como algo más que adhesión a una candidatura. Para sectores que apoyan a Lula, está en juego el rechazo al proyecto representado por Flávio Bolsonaro. Reconocer esa diferencia no exige ignorar las contradicciones del gobierno ni renunciar a cuestionarlo.

La promesa de salvación y las políticas contra la vida

Cabe aquí una digresión teológica. El apocalipsis puede pensarse, en su sentido de revelación, como una imagen de aquello que una crisis deja al descubierto.

Desde esa perspectiva, conviene interrogar los discursos que prometen salvar la civilización, la nación o la familia mientras aceptan que determinadas poblaciones carguen con abandono, exclusión o violencia. La pregunta se dirige a sus consecuencias y a las prioridades que las justifican.

Llamar “anti vida” a una política exige precisar su contenido: decisiones que deterioran las condiciones para vivir, trasladan daños evitables a los sectores más vulnerables o subordinan derechos fundamentales a la protección de privilegios.

La contradicción resulta especialmente visible cuando esos proyectos se presentan como defensores de valores cristianos. Su pretensión moral debe confrontarse con el trato que proponen para las personas pobres, extranjeras, disidentes o afectadas por la guerra. Esta crítica se dirige a la instrumentalización del lenguaje religioso y reconoce que también existen comunidades creyentes comprometidas con la solidaridad y la justicia.

La metáfora del anticristo podría expresar esa inversión: una promesa de salvación cuyo cumplimiento exige sacrificar a otros. Su valor crítico reside en revelar esa contradicción, sin convertir la discusión política en una clasificación de enemigos proféticos.

Resistir también es producir democracia

Las movilizaciones descritas no garantizan una transformación emancipadora. Pueden dispersarse, ser reprimidas o quedar atrapadas en respuestas que reproduzcan la exclusión. La indignación no tiene un destino político asegurado.

Sin embargo, permiten reconocer una disputa que atraviesa esta coyuntura: amplios sectores se resisten a aceptar que su educación, vivienda, sustento o existencia constituyan el costo inevitable de decisiones en las que apenas participan.

La crisis democrática se profundiza cuando la incapacidad para garantizar una vida digna se convierte en oportunidad para concentrar poder y restringir la capacidad de exigirla. Frente a ello, defender la democracia supone proteger libertades y controles institucionales, ampliar la participación y transformar las condiciones materiales que vuelven desiguales a quienes formalmente son ciudadanos iguales.

El desafío consiste en reconocer vínculos entre luchas distintas sin borrar sus particularidades. La defensa de una escuela, de una vivienda, de la producción agrícola o de la libertad de pensamiento puede encontrarse en una exigencia compartida: que la organización de la sociedad responda a las necesidades de quienes la sostienen.

Una democracia debe poder ser interpelada y transformada por esas personas. Cuando les exige silencio y sacrificios mientras protege privilegios, son precisamente quienes protestan los que vuelven a plantear su pregunta fundamental: ¿para quién y para qué se ejerce el poder?

UNED presentará la conferencia «El arte del acuerdo: legado de Manuel Mora Valverde para una Costa Rica en diálogo»

La Fundación Centro de Estudios Políticos y Sociales Manuel Mora Valverde, la Cátedra Abierta Manuel Mora Valverde, la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y la Escuela de Ciencias Sociales y Humanidades de la UNED invitan a la conferencia «El arte del acuerdo: legado de Manuel Mora Valverde para una Costa Rica en diálogo«, que se realizará el miércoles 26 de agosto, a las 5:30 p.m., en el Paraninfo de la UNED en Sabanilla.

La conferencia estará a cargo del Dr. Arnoldo Mora, filósofo, académico de la lengua y exministro de Cultura de Costa Rica, reconocido por su aporte al pensamiento crítico y a la identidad cultural del país.

La actividad será transmitida por Onda UNED a través de sus canales de Facebook y YouTube.

Comprender antes que simplificar: Reflexiones sobre educación, sexualidad y democracia

Por MSc. Rodrigo H. Campos Hernández

Rodrigo Campos Hernández

Las discusiones públicas sobre sexualidad suelen producir un fenómeno curioso: cuanto más importantes son, más rápidamente se transforman en trincheras ideológicas. En lugar de intentar comprender un fenómeno complejo, las personas terminan obligadas a escoger entre posiciones que se presentan como absolutamente incompatibles. Unos afirman que todo se explica por la biología; otros parecen reducir toda la experiencia humana a construcciones culturales. En ambos casos, el resultado suele ser el mismo: la complejidad desaparece.

Este ensayo parte de una convicción distinta. La tarea del pensamiento crítico no consiste en sustituir una certeza por otra ni en responder a un dogma con un dogma diferente. Su función es abrir preguntas, poner en diálogo conocimientos provenientes de distintas disciplinas y ofrecer herramientas para que cada persona construya su propio juicio.

Si la educación aspira a formar personas verdaderamente libres, no puede limitarse a transmitir respuestas. Debe enseñar, sobre todo, a formular mejores preguntas. Porque allí donde una sociedad deja de preguntar y comienza únicamente a repetir certezas, la educación pierde su capacidad de formar ciudadanos y corre el riesgo de convertirse, cualquiera que sea la ideología dominante, en un simple instrumento de reproducción de creencias.

No es casual que la educación ocupe hoy uno de los lugares centrales en las disputas políticas y culturales. Lo que se enseña en las aulas nunca es irrelevante, porque allí se forman las personas que, dentro de algunos años, tomarán decisiones, ejercerán derechos, asumirán responsabilidades y convivirán con quienes piensan distinto. Por esa razón, las discusiones sobre los contenidos educativos rara vez son únicamente pedagógicas: expresan también diferentes concepciones sobre la sociedad, la ciudadanía y la democracia.

Las recientes declaraciones de la presidenta Laura Fernández, según las cuales mientras su administración gobierne no se enseñará la denominada «ideología de género» en las escuelas y la educación se fundamentará en «la realidad biológica de hombres y mujeres», han reabierto un debate que Costa Rica conoce desde hace varios años. Las reacciones no se hicieron esperar. Para algunos sectores, esas palabras representan la defensa del sentido común, de la familia y de una comprensión objetiva de la naturaleza humana. Para otros, constituyen un retroceso en materia de derechos humanos y una forma de invisibilizar la diversidad existente en nuestra sociedad.

Como suele ocurrir en estos temas, el debate rápidamente quedó atrapado entre dos posiciones enfrentadas. Sin embargo, quizá el problema no consista en decidir cuál de esas posiciones debe imponerse, sino en preguntarnos si ambas logran explicar, por sí solas, un fenómeno tan complejo como la sexualidad humana.

Esa será la pregunta que orientará estas reflexiones.

No se trata de negar la importancia de la biología ni de desconocer el papel que desempeñan la cultura, la psicología o el derecho en la construcción de la experiencia humana. Tampoco se pretende sustituir una visión ideológica por otra. El propósito es mucho más modesto y, al mismo tiempo, más exigente: invitar a pensar si una sociedad democrática puede afrontar un tema de esta naturaleza recurriendo únicamente a explicaciones parciales.

Porque, al final, el verdadero problema no consiste en decidir entre biología o cultura. El problema aparece cuando pretendemos explicar toda la experiencia humana utilizando únicamente una de ellas.

La dimensión biológica: una realidad objetiva, pero no simplista

Sería un error comenzar esta discusión negando aquello que la biología ha demostrado durante décadas.

La especie humana posee una organización sexual basada, en la inmensa mayoría de los casos, en dos configuraciones reproductivas asociadas a los cromosomas XX y XY, al desarrollo gonadal, a procesos hormonales específicos y a la producción de dos tipos distintos de gametos. Esa estructura constituye uno de los pilares de la biología humana y explica el proceso reproductivo de nuestra especie.

Negar esa realidad no fortalece el pensamiento crítico; simplemente desconoce el conocimiento científico disponible.

Sin embargo, sería igualmente incorrecto convertir esa constatación en una explicación completa de toda la experiencia humana.

La propia biología contemporánea ha mostrado que el desarrollo sexual es considerablemente más complejo de lo que durante mucho tiempo se creyó. La investigación genética y la medicina del desarrollo han documentado múltiples variaciones biológicas, entre ellas el síndrome de Turner, el síndrome de Klinefelter, la insensibilidad completa o parcial a los andrógenos, la hiperplasia suprarrenal congénita y otras diferencias del desarrollo sexual.

Estas condiciones representan un porcentaje reducido de la población, pero constituyen realidades biológicas objetivas. No son construcciones culturales ni posiciones ideológicas. Son expresiones de la extraordinaria diversidad con que la naturaleza desarrolla la vida humana.

Precisamente por ello, la biología contemporánea enseña una lección importante: reconocer la existencia de un patrón mayoritario no implica desconocer la existencia de variaciones igualmente reales.

La ciencia rara vez confirma las simplificaciones con las que frecuentemente se desarrolla el debate político.

Por el contrario, suele mostrarnos una realidad mucho más rica, diversa y compleja.

La orientación sexual: más preguntas que respuestas definitivas

Algo semejante ocurre cuando nos preguntamos por el origen de la orientación sexual.

Durante décadas, la investigación científica buscó una explicación única. Se intentó encontrar un «gen de la homosexualidad», una causa exclusivamente hormonal o una explicación puramente ambiental. Ninguna de esas hipótesis logró explicar por sí sola la enorme complejidad del fenómeno.

Hoy existe un consenso considerablemente más prudente.

La evidencia acumulada por la genética, la endocrinología, la neurociencia y la psicología del desarrollo indica que la orientación sexual parece surgir de la interacción de múltiples factores biológicos y ambientales que actúan durante distintas etapas del desarrollo humano.

No existe evidencia que permita afirmar que la orientación sexual sea simplemente una elección voluntaria.

Tampoco existe evidencia suficiente para sostener que pueda explicarse exclusivamente por un único mecanismo biológico.

La respuesta científica, lejos de confirmar posiciones absolutas, invita nuevamente a reconocer la complejidad.

Y esa actitud resulta profundamente educativa.

Porque una de las funciones más importantes de la ciencia no consiste únicamente en ofrecer respuestas, sino también en enseñarnos a convivir con las preguntas cuando la realidad todavía supera nuestras explicaciones.

Esa disposición intelectual —aceptar que el conocimiento avanza precisamente porque continúa investigando— constituye una de las mejores herramientas que la educación puede ofrecer a las nuevas generaciones.

Desde esta perspectiva, enseñar ciencia no significa transmitir certezas inamovibles, sino formar personas capaces de distinguir entre aquello que conocemos con razonable seguridad y aquello que continúa siendo objeto de investigación.

Tal vez esa sea una de las primeras lecciones que convendría recuperar en un debate público donde las respuestas categóricas suelen aparecer con mucha mayor rapidez que la evidencia que pretende justificarlas.

El ser humano no vive únicamente como organismo

Hasta este punto hemos considerado aquello que la biología puede explicar acerca del sexo y del desarrollo humano. Ese recorrido resulta indispensable porque cualquier discusión seria sobre la sexualidad debe partir del conocimiento científico disponible y no de preferencias ideológicas.

Sin embargo, la pregunta fundamental permanece abierta: ¿es suficiente la biología para comprender la experiencia humana?

La respuesta, desde múltiples disciplinas del conocimiento, parece ser negativa.

Los seres humanos nacemos con un cuerpo biológico, pero no vivimos únicamente como organismos biológicos. Desde el mismo momento en que llegamos al mundo ingresamos en una realidad mucho más amplia: aprendemos un idioma, incorporamos normas de convivencia, construimos vínculos afectivos, desarrollamos una personalidad, adquirimos valores, participamos en instituciones y otorgamos significado a nuestras experiencias.

En otras palabras, vivimos simultáneamente en dos dimensiones inseparables. Una pertenece al orden biológico; la otra al universo de los significados que construimos colectivamente.

No se trata de dos mundos independientes ni enfrentados: La biología hace posible la existencia humana; la cultura le otorga sentido.

Por ello, reducir toda la experiencia humana al funcionamiento de los genes o de las hormonas resultaría tan insuficiente como pretender explicar la música únicamente mediante las propiedades físicas de las ondas sonoras. Estas son indispensables para que exista la música, pero no alcanzan para comprender una sinfonía, una canción popular o la emoción que ambas pueden producir.

Algo semejante ocurre con la sexualidad. La biología explica procesos fundamentales del desarrollo corporal; la psicología estudia la construcción de la personalidad, los afectos y la identidad; la sociología analiza la influencia de las instituciones, la familia y la cultura; la antropología muestra que distintas sociedades han organizado históricamente la sexualidad de formas diversas; el derecho determina cómo una comunidad política reconoce la igualdad, la dignidad y los derechos de las personas, y finalmente, la pedagogía reflexiona acerca de la mejor manera de enseñar todo ello.

Cada una de estas disciplinas ilumina una parte distinta del mismo fenómeno. Ninguna puede sustituir completamente a las demás.

Llegados a este punto conviene hacer una precisión que suele perderse en el debate público. Reconocer la complejidad no significa renunciar al conocimiento, sino comprender que distintos saberes responden preguntas diferentes. La genética ayuda a explicar procesos biológicos; la psicología estudia el desarrollo de la personalidad y de la identidad; la sociología analiza la influencia de las instituciones y de la cultura; el derecho determina cómo una sociedad reconoce la dignidad y los derechos de sus integrantes; la pedagogía reflexiona sobre la mejor manera de enseñar todo lo anterior. Cuando una de estas disciplinas pretende explicar por sí sola la totalidad de la experiencia humana, deja de iluminar la realidad y comienza a simplificarla.

Esta constatación posee una consecuencia especialmente importante para el tema que nos ocupa.

La orientación sexual, por ejemplo, no puede comprenderse únicamente observando cromosomas o estructuras cerebrales, pero tampoco ignorándolos. Del mismo modo, la identidad personal no surge exclusivamente de la biología ni exclusivamente de la cultura. Ambas dimensiones interactúan durante toda la vida de cada individuo, en proporciones que la investigación científica continúa intentando comprender.

Por estas razones, precisamente, las respuestas categóricas suelen ser intelectualmente sospechosas.

Cuando alguien afirma que toda la sexualidad humana se explica exclusivamente por la biología, probablemente está simplificando un fenómeno extraordinariamente complejo.

Pero cuando otra persona sostiene que el cuerpo carece de importancia y que toda diferencia responde únicamente a construcciones culturales, incurre en una simplificación equivalente. Los extremos terminan pareciéndose más de lo que imaginan: Ambos reducen la complejidad para hacerla compatible con sus propias certezas.

La ciencia, en cambio, recorre un camino diferente. En lugar de eliminar la complejidad, intenta comprenderla.

Quizá por ello una de las mayores virtudes del conocimiento científico consista precisamente en enseñarnos humildad intelectual. Cada nuevo descubrimiento responde algunas preguntas, pero abre muchas otras. La historia de la ciencia demuestra que las explicaciones definitivas suelen durar menos que las buenas preguntas.

Esta observación resulta especialmente relevante para la educación.

Si la escuela existe para formar ciudadanos capaces de comprender el mundo, difícilmente podrá cumplir esa misión reduciendo los grandes problemas humanos a una única explicación. Educar no consiste en elegir entre la biología o la cultura, entre la genética o la psicología, entre la ciencia o las ciencias sociales. Educar consiste en mostrar cómo todas ellas dialogan para comprender mejor la realidad.

Finalmente, en tiempos donde la polarización parece exigir respuestas inmediatas y absolutas, quizá la función más importante de la escuela sea precisamente la contraria: enseñar que la complejidad no constituye una amenaza para el conocimiento, sino una de sus mayores riquezas.

El día después

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Imagine despertar en Santiago de Chile el 12 de setiembre de 1973. Ahora imagine hacerlo en Buenos Aires o en cualquier lugar de Argentina el 25 de marzo de 1976. Haga el ejercicio de estar en Tegucigalpa el 29 de junio de 2009.

En los tres casos el elemento común es que el día anterior hubo una ruptura del orden institucional y constitucional y los mandatarios de los tres países fueron depuestos.

Hubo un golpe de estado. Real. Consumado.

Lo que siguió a continuación fue una escalada de violencia en la que la tortura, las desapariciones, las violaciones y los asesinatos estuvieron a la orden. Las persecuciones en contra de los adversarios a los nuevos regímenes instalados se multiplicaron.

En los tres países hubo ciertamente golpes de estado de facto, porque fueron consumados con graves resultados para la ciudadanía y el tejido social en dichas sociedades.

Ahora haga el ejercicio de pensarse en cualquier lugar de Costa Rica el día después que irresponsablemente la presidenta de la República denominara como “golpe de estado” la decisión de la Sala IV para nombrar en prórroga a 12 magistrados suplentes para el Poder Judicial.

No solo fueron irresponsables y temerarias estas aseveraciones, que además se realizaron en un acto teatral y simbólico de muy pobre escenario, con parte de la fracción oficialista detrás suyo sin ninguna participación activa más que asentir mecánicamente a su discurso.

Es que, de un plomazo, la mandataria igualó sin reparo y consideración los graves hechos ocurridos en otros contextos latinoamericanos, a una estrategia espuria y manifiesta del Ejecutivo por controlar el Poder Judicial costarricense.

Visto entonces el error técnico, político y ético cometido, habría que señalar algunas acciones que podrían definirse en el campo de los autoritarismos y que provienen justamente de ese mismo poder ejecutivo que denunció ese supuesto golpe de estado en contra de la Asamblea Legislativa.

Entre algunas de ellas, destaca la preocupante prohibición de estimular el pensamiento crítico en las aulas del sistema educativo costarricense, lo cual nos parece de sumo cuidado y debe alertarnos sobre los límites que este gobierno quiere imponer.

Ciertamente es una hora compleja para la democracia costarricense. Como modelo perfectible que es, debe ser protegida de acciones como las impulsadas por el propio gobierno de Costa Rica.

A cuidarla estamos llamados.

UNDECA respalda al Magisterio Nacional frente a directriz del MEP que amenaza la libertad de enseñanza

UNDECA respalda la posición de organizaciones del Magisterio Nacional y rechaza cualquier intento de limitar la libertad de enseñanza y el pensamiento crítico

La Unión Nacional de Empleados de la Caja y la Seguridad Social (UNDECA) expresa su firme respaldo a la posición asumida por las organizaciones sindicales del Magisterio Nacional frente a la reciente directriz emitida por el Ministerio de Educación Pública (MEP), la cual ha generado una profunda preocupación en amplios sectores de la comunidad educativa por sus posibles efectos sobre la libertad de enseñanza, la libertad de expresión y el ejercicio profesional del personal docente.

Costa Rica ha construido históricamente un sistema educativo basado en el desarrollo del pensamiento crítico, el análisis de la realidad y la formación de una ciudadanía consciente, responsable y comprometida con la democracia. Ninguna disposición administrativa debe convertirse en un instrumento para generar temor, autocensura o limitar el debate académico dentro de las aulas.

UNDECA reafirma que restringir la posibilidad de analizar hechos históricos, sociales, económicos o políticos desde una perspectiva pedagógica, crítica y fundamentada, es una coerción para borrar la memoria histórica de nuestra patria. La educación pública no puede reducirse a la repetición mecánica de contenidos; su misión es formar personas capaces de comprender la realidad, cuestionarla y participar activamente en la construcción de una sociedad más justa.

Manifestamos nuestra solidaridad con las educadoras y los educadores del país, quienes diariamente cumplen una labor esencial en la formación de las nuevas generaciones, y rechazamos cualquier medida que pueda prestarse para intimidar, perseguir o sancionar arbitrariamente a quienes ejercen su profesión con responsabilidad y apego a los principios pedagógicos.

La defensa de la educación pública, de la libertad de cátedra, del pensamiento crítico y de las garantías democráticas constituye una responsabilidad de toda la sociedad. Debilitar estos principios significa debilitar la democracia misma.

UNDECA hace un llamado al Gobierno de la República y al Ministerio de Educación Pública para que abran espacios de diálogo con las organizaciones representativas del magisterio nacional y garanticen que toda regulación en materia educativa respete plenamente los derechos fundamentales, la autonomía del ejercicio docente y los valores democráticos que han caracterizado al sistema educativo costarricense.

¡La educación debe formar ciudadanos libres, críticos y comprometidos con el bien común, nunca ciudadanos silenciados por el miedo!

Unión Nacional de Empleados de la Caja y la Seguridad Social
UNDECA
9 de julio de 2026

Una reflexión sindical sobre la Circular DM CIR 0047 2026 del MEP

Instituto Sindical de Formación Política

La Circular DM CIR 0047 2026 del Ministerio de Educación Pública recuerda la obligación de mantener la neutralidad político electoral en los centros educativos públicos. Este principio, inscrito en la legislación costarricense, busca impedir que las aulas se conviertan en tribunas partidarias. En apariencia, su objetivo es legítimo: proteger al estudiantado, garantizar la imparcialidad del Estado y preservar la confianza de la ciudadanía en la educación pública.

Pero toda norma debe interpretarse a la luz de la Constitución y de los principios que sostienen la democracia. La neutralidad no puede confundirse con silencio, ni la imparcialidad con censura. Una escuela que calla frente a los problemas nacionales no forma ciudadanos críticos, sino súbditos obedientes.

La educación pública no es solo transmisión de conocimientos; es también formación de conciencia. Enseñar democracia implica mostrar cómo funcionan las instituciones, cómo se relacionan los poderes del Estado, cómo se viven las tensiones entre Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Explicar derechos humanos exige hablar de libertad sindical, de igualdad, de justicia social, de migración, de acceso a la salud y a la educación. Evitar estos temas por temor a sanciones no es neutralidad: es empobrecimiento.

La propia Circular reconoce que es válido enseñar democracia, derechos humanos, procesos electorales, instituciones públicas, movimientos sociales e ideologías, siempre que se haga con objetividad y pluralidad. Esa afirmación es valiosa, pero abre interrogantes: ¿quién decide cuándo un análisis crítico deja de ser objetivo? ¿qué diferencia una explicación sustentada en hechos de un supuesto adoctrinamiento? ¿cómo evitar que el miedo a una denuncia convierta la libertad de cátedra en autocensura?

La experiencia internacional demuestra que cuando las normas se interpretan de manera excesiva, aparece el silencio. Y el silencio, en educación, no protege la democracia: la debilita. La neutralidad del Estado no significa neutralidad frente a los valores constitucionales. La escuela pública tiene el deber de enseñar democracia, Estado de Derecho, división de poderes, justicia social, solidaridad y dignidad humana. Estos principios no pertenecen a ningún partido político; son el fundamento del pacto democrático costarricense.

El sindicalismo magisterial defiende dos principios inseparables: la prohibición del proselitismo partidario en las aulas y la libertad de cátedra ejercida con responsabilidad y pluralidad. No hay contradicción entre ambos. Al contrario, uno protege la imparcialidad institucional y el otro garantiza la calidad de la educación democrática. La mejor garantía contra el adoctrinamiento no es el silencio, sino el pensamiento crítico, la confrontación de ideas y la búsqueda de la verdad.

Neutralidad o silencio: el riesgo democrático de una circular del MEP

Rodrigo Campos Hernández

Por MSc. Rodrigo H. Campos Hernández

La reciente circular del Ministerio de Educación Pública sobre neutralidad político-electoral en los centros educativos públicos, la directriz DM-CIR-0047-2026, merece un análisis sereno, pero también profundamente crítico. De entrada, debe reconocerse un punto elemental: las escuelas y colegios públicos no deben convertirse en tribunas de proselitismo partidario. Ninguna persona docente debería usar su posición institucional, sus clases, evaluaciones, actos cívicos, materiales educativos o recursos públicos para favorecer o desacreditar partidos, candidaturas o movimientos electorales.

Esa prohibición tiene fundamento jurídico. El artículo 146 del Código Electoral prohíbe a las personas funcionarias públicas dedicarse, durante la jornada laboral, a trabajos o discusiones de carácter político-electoral y usar el cargo para beneficiar a un partido político. En ese sentido, impedir el uso partidario del aula no solo es legítimo, sino necesario para resguardar la imparcialidad institucional.

Dicho esto, conviene advertir algo: no se recuerda en la historia reciente de la educación costarricense una circular con esta combinación de neutralidad político-electoral, vigilancia administrativa, advertencia disciplinaria y categorías tan abiertas como adoctrinamiento, captación ideológica o posiciones sectarias. Esta afirmación no pretende sostener que nunca haya existido algún lineamiento previo sobre imparcialidad educativa o electoral, sino subrayar que el alcance, el momento político y la carga disciplinaria de esta circular la vuelven especialmente preocupante.

Sin embargo, el problema empieza cuando la necesaria prohibición del proselitismo se expande hacia una zona mucho más ambigua: la del llamado “adoctrinamiento”, la “captación ideológica”, las “posiciones sectarias” o la exigencia de una supuesta “mediación pedagógica objetiva”. Ahí aparece la pregunta de fondo: ¿estamos ante una defensa legítima de la neutralidad electoral o ante una estrategia administrativa que podría inducir miedo, autocensura y empobrecimiento del pensamiento crítico en las aulas?

La Constitución Política garantiza que nadie puede ser inquietado ni perseguido por la manifestación de sus opiniones, salvo que sus actos infrinjan la ley. También reconoce la libertad de enseñanza y establece que la dirección general de la enseñanza oficial corresponde al Consejo Superior de Educación. Además, aunque la libertad de cátedra está expresamente formulada para la enseñanza universitaria, su sentido democrático irradia una exigencia más amplia: la educación no puede reducirse a obediencia curricular ni a repetición acrítica de contenidos.

La Ley Fundamental de Educación refuerza esta idea. Su artículo 1 reconoce el derecho de toda persona a la educación y ordena estimular el aprecio por los derechos humanos, la diversidad lingüística, multiétnica y pluricultural del país. Su artículo 2 establece como fines de la educación costarricense formar ciudadanía consciente de sus deberes, derechos y libertades fundamentales, con responsabilidad y respeto a la dignidad humana, así como formar ciudadanos para una democracia.

Por eso, el derecho a la educación no se agota en recibir contenidos curriculares. La educación democrática exige formar ciudadanía capaz de comprender sus derechos, examinar el funcionamiento de las instituciones, contrastar la teoría constitucional con la realidad política y analizar críticamente los conflictos sociales. Enseñar el Estado social de derecho no puede consistir únicamente en describir cómo deberían funcionar las instituciones; también exige preguntar cómo funcionan realmente, dónde se debilitan, quiénes las atacan, qué intereses las condicionan y qué consecuencias tiene su erosión.

El artículo 39 de la Ley Fundamental de Educación es particularmente importante. Establece que ningún miembro del personal puede ser sancionado, trasladado, removido, suspendido o degradado por la expresión de sus ideas políticas o religiosas. La misma norma introduce un límite: dentro de las instituciones de enseñanza se prohíbe mantener discusiones o hacer propaganda sectaria o de política electoral. Esa distinción es decisiva. Una cosa es prohibir propaganda partidaria; otra muy distinta es inhibir la discusión crítica sobre asuntos públicos.

Aquí conviene recordar a Michael W. Apple. En Ideología y Currículo (1979), donde advierte que el currículo nunca es neutral: siempre selecciona ciertos conocimientos como legítimos, define qué preguntas son aceptables y desplaza otros saberes hacia los márgenes. Cuando una autoridad administrativa define qué cuenta como “objetivo” y qué puede ser denunciado como “ideológico”, no elimina la ideología; más bien puede imponer una forma específica de conocimiento oficial.

Desde Bourdieu y Passeron, en La reproducción (1977), el problema puede leerse como una forma de violencia simbólica. La dominación pedagógica no siempre necesita censurar abiertamente; puede operar haciendo que docentes y estudiantes interioricen los límites de lo decible. El docente aprende a no incomodar, a no problematizar, a no contrastar la norma con la realidad. La autocensura aparece entonces como prudencia profesional.

Gramsci también ayuda a comprender esta dinámica. En sus Cuadernos de la cárcel (1999), la escuela aparece como uno de los espacios donde se disputa la hegemonía cultural. Quien controla el sentido común controla buena parte de la vida democrática. Si la crítica se presenta como adoctrinamiento y la obediencia curricular como neutralidad, el aula deja de ser un espacio de formación ciudadana y se convierte en un lugar de reproducción acrítica del orden existente.

Foucault permite ver con claridad el mecanismo disciplinario. En Vigilar y castigar (1976), muestra que el poder moderno no actúa solo por prohibición directa, sino por vigilancia, registro, normalización y amenaza de sanción. No hace falta castigar masivamente. Basta con que cada docente sepa que puede ser observado, denunciado, documentado o investigado. El poder disciplinario funciona mejor cuando logra que las personas se vigilen a sí mismas.

Freire (1970) y Giroux (1988), permiten completar el argumento pedagógico. Para Freire, educar críticamente no es adoctrinar; es enseñar a leer el mundo. Para Giroux, las personas docentes no deberían ser tratadas como simples ejecutoras de programas oficiales, sino como intelectuales públicos comprometidos con la formación democrática. Desde esta perspectiva, una educación que evita toda problematización de la realidad no es neutral: es políticamente funcional al silencio.

El punto, entonces, no es defender el derecho de los docentes a hacer propaganda. Ese derecho no existe en el ejercicio de la función pública. El punto es defender el derecho del estudiantado a recibir una educación crítica y el deber profesional del docente de formar ciudadanía democrática. Hay una diferencia fundamental entre decir “voten por tal partido” y analizar críticamente una política pública, una sentencia, un discurso presidencial, una reforma legal, una protesta social o un proceso de erosión institucional.

Además, esta circular no debería analizarse de manera aislada. Aparece en un contexto político marcado por discursos de mano dura, cuestionamientos severos al Poder Judicial y propuestas que parecen trasladar al ámbito educativo una pedagogía del miedo. La idea de llevar niños, niñas y adolescentes a conocer cárceles como forma de prevención del delito ha sido cuestionada por organizaciones especializadas, precisamente porque sustituye la prevención social por el escarmiento y corre el riesgo de criminalizar a las juventudes empobrecidas o vulnerabilizadas.

En ese mismo clima, la Presidencia ha lanzado acusaciones graves contra el Poder Judicial, incluyendo afirmaciones sobre supuesta infiltración del crimen organizado y del narcotráfico “hasta el tuétano”, declaraciones que la Corte Suprema rechazó categóricamente, instando a presentar las denuncias correspondientes. También se han anunciado proyectos para “limpiar” el Poder Judicial y endurecer la respuesta penal.

Vista así, la circular del MEP puede ser leída como parte de una racionalidad más amplia: una forma de gobierno que prefiere aulas cautelosas, juventudes advertidas por el castigo y docentes vigilados por la amenaza disciplinaria. No se trata de afirmar que todos estos hechos formen una única operación coordinada. Pero sí es legítimo advertir que comparten un mismo horizonte: desplazar la formación crítica por la obediencia, la prevención social por el miedo y la deliberación democrática por el control.

Aquí la pregunta no es si el Estado debe impedir el proselitismo en las aulas. Por supuesto que debe hacerlo. La pregunta es si, bajo esa finalidad legítima, se está construyendo un dispositivo que vuelve sospechosa toda crítica al poder. Si un docente teme analizar la independencia judicial, la desigualdad, el deterioro de la institucionalidad, los discursos de odio, la política criminal de mano dura o la erosión democrática, entonces no estamos ante neutralidad: estamos ante silenciamiento preventivo.

La neutralidad electoral protege la democracia cuando impide el uso partidario del aula. Pero se convierte en amenaza cuando pretende neutralizar la crítica, despolitizar el pensamiento y reducir la educación cívica a repetición de contenidos. Una democracia no necesita aulas silenciosas; necesita aulas capaces de pensar, preguntar y discutir con rigor.

Por eso esta circular debe interpretarse restrictivamente. Su alcance legítimo debería limitarse a impedir propaganda electoral, presión partidaria sobre estudiantes y uso indebido de recursos institucionales. Cualquier aplicación que inhiba el análisis crítico de la realidad nacional sería contraria al sentido democrático de la educación costarricense.

Quedan, entonces, algunas preguntas incómodas:

¿Se considera “adoctrinamiento” que una persona docente analice críticamente el debilitamiento de los servicios públicos, pero no se considera pedagogía ideológica llevar adolescentes a cárceles para enseñarles el miedo como prevención?

¿Se prohíbe politizar el aula, pero se autoriza que el Estado utilice el sistema educativo para naturalizar políticas penales de mano dura?

¿Se exige neutralidad a docentes de secundaria, mientras desde las más altas autoridades se lanzan acusaciones generalizadas contra uno de los poderes de la República?

¿Puede enseñarse el Estado social y democrático de derecho sin examinar los ataques a la independencia judicial, la concentración de poder o la criminalización de las juventudes empobrecidas?

¿Quién define qué es “objetivo” en el aula: el currículo democrático, la Constitución, la ley, la evidencia científica o el temor administrativo a incomodar al poder?

El peligro no está solo en lo que la circular dice. Está en lo que puede hacer que las personas docentes dejen de decir. Y cuando una sociedad empieza a educar desde el miedo, el problema ya no es únicamente pedagógico: es democrático.

La madre naturaleza

Marlin Óscar Ávila.

Marlin Óscar Ávila

La madre naturaleza es implacable cuando los humanos, u otros agentes externos, no respetamos sus equilibrios establecidos. Desde los tiempos antiguos se dieron diluvios o grandes inundaciones, seguidas de fuertes sequías que la inteligencia humana no lograba explicar.

Por siglos se creyó que había una fuerza extraterrestre que intervenía para castigar a la humanidad por los daños causados por otros grupos sociales. Así, utilizamos el miedo para influir en las creencias filosóficas y religiosas de otros, a manera de instaurar fuertes controversias hasta crear grandes instituciones que llegarán a concentrar poderes casi absolutos, los que llegaron a constituir verdades incuestionables y divinas ante el conocimiento humano.

No obstante, a medida que la inteligencia humana investiga y va descubriendo las causas de cada fenómeno, se da por enterado de que no hay nada divino ni mágico en los hechos ocurridos. Que mucho de lo acontecido y, no todo, pero gran parte, son resultado de las actividades humanas.

Después de muchos años o siglos, sabemos que nuestro planeta Tierra no gira alrededor del sol de manera circular, sino elíptica.

Desde luego, racionalizamos y diferenciamos entre lo efectuado por las grandes mayorías y las minorías, estas, normalmente, privilegiadas.

Javier Azofeifa Porras: el deseo de escribir entre periferia y capital será tema de nuevo programa de Alternativas

El programa Alternativas realizará un nuevo panel de reflexión bajo el título “Javier Azofeifa Porras: el deseo de escribir entre periferia y capital”, el próximo 26 de junio de 2026, a las 18:00 horas (UTC-6), con transmisión en vivo a través de Facebook Live, YouTube, Spotify y las emisoras amigas del programa.

El panel contará con la participación de Mario Valverde Montoya, filósofo y escritor, autor de tres libros de minirrelatos y ganador del concurso de poesía AGECO 2017; Javier Azofeifa Porras, estudiante de Filosofía de la Universidad de Costa Rica y escritor con publicaciones en antologías literarias y en Mural Fronterizo (2025); Tatiana Herrera Ávila, profesora de la Sección de Comunicación y Lenguaje de la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica; y Luis Ángel Salazar Oses, profesor jubilado de Filosofía y Educación de la Universidad de Costa Rica y de la Universidad Estatal a Distancia.

El espacio forma parte de la programación de Alternativas, iniciativa que promueve el pensamiento crítico y el intercambio de ideas, y podrá seguirse también por las emisoras amigas Guanacaste 106.1 FM, Radio Soberanía, Radio Revolución, 506 Ondas Alajuelita y Voces Libertarias 97.3 FM.