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Etiqueta: pensamiento crítico

Comprender antes que simplificar: Reflexiones sobre educación, sexualidad y democracia

Por MSc. Rodrigo H. Campos Hernández

Rodrigo Campos Hernández

Las discusiones públicas sobre sexualidad suelen producir un fenómeno curioso: cuanto más importantes son, más rápidamente se transforman en trincheras ideológicas. En lugar de intentar comprender un fenómeno complejo, las personas terminan obligadas a escoger entre posiciones que se presentan como absolutamente incompatibles. Unos afirman que todo se explica por la biología; otros parecen reducir toda la experiencia humana a construcciones culturales. En ambos casos, el resultado suele ser el mismo: la complejidad desaparece.

Este ensayo parte de una convicción distinta. La tarea del pensamiento crítico no consiste en sustituir una certeza por otra ni en responder a un dogma con un dogma diferente. Su función es abrir preguntas, poner en diálogo conocimientos provenientes de distintas disciplinas y ofrecer herramientas para que cada persona construya su propio juicio.

Si la educación aspira a formar personas verdaderamente libres, no puede limitarse a transmitir respuestas. Debe enseñar, sobre todo, a formular mejores preguntas. Porque allí donde una sociedad deja de preguntar y comienza únicamente a repetir certezas, la educación pierde su capacidad de formar ciudadanos y corre el riesgo de convertirse, cualquiera que sea la ideología dominante, en un simple instrumento de reproducción de creencias.

No es casual que la educación ocupe hoy uno de los lugares centrales en las disputas políticas y culturales. Lo que se enseña en las aulas nunca es irrelevante, porque allí se forman las personas que, dentro de algunos años, tomarán decisiones, ejercerán derechos, asumirán responsabilidades y convivirán con quienes piensan distinto. Por esa razón, las discusiones sobre los contenidos educativos rara vez son únicamente pedagógicas: expresan también diferentes concepciones sobre la sociedad, la ciudadanía y la democracia.

Las recientes declaraciones de la presidenta Laura Fernández, según las cuales mientras su administración gobierne no se enseñará la denominada «ideología de género» en las escuelas y la educación se fundamentará en «la realidad biológica de hombres y mujeres», han reabierto un debate que Costa Rica conoce desde hace varios años. Las reacciones no se hicieron esperar. Para algunos sectores, esas palabras representan la defensa del sentido común, de la familia y de una comprensión objetiva de la naturaleza humana. Para otros, constituyen un retroceso en materia de derechos humanos y una forma de invisibilizar la diversidad existente en nuestra sociedad.

Como suele ocurrir en estos temas, el debate rápidamente quedó atrapado entre dos posiciones enfrentadas. Sin embargo, quizá el problema no consista en decidir cuál de esas posiciones debe imponerse, sino en preguntarnos si ambas logran explicar, por sí solas, un fenómeno tan complejo como la sexualidad humana.

Esa será la pregunta que orientará estas reflexiones.

No se trata de negar la importancia de la biología ni de desconocer el papel que desempeñan la cultura, la psicología o el derecho en la construcción de la experiencia humana. Tampoco se pretende sustituir una visión ideológica por otra. El propósito es mucho más modesto y, al mismo tiempo, más exigente: invitar a pensar si una sociedad democrática puede afrontar un tema de esta naturaleza recurriendo únicamente a explicaciones parciales.

Porque, al final, el verdadero problema no consiste en decidir entre biología o cultura. El problema aparece cuando pretendemos explicar toda la experiencia humana utilizando únicamente una de ellas.

La dimensión biológica: una realidad objetiva, pero no simplista

Sería un error comenzar esta discusión negando aquello que la biología ha demostrado durante décadas.

La especie humana posee una organización sexual basada, en la inmensa mayoría de los casos, en dos configuraciones reproductivas asociadas a los cromosomas XX y XY, al desarrollo gonadal, a procesos hormonales específicos y a la producción de dos tipos distintos de gametos. Esa estructura constituye uno de los pilares de la biología humana y explica el proceso reproductivo de nuestra especie.

Negar esa realidad no fortalece el pensamiento crítico; simplemente desconoce el conocimiento científico disponible.

Sin embargo, sería igualmente incorrecto convertir esa constatación en una explicación completa de toda la experiencia humana.

La propia biología contemporánea ha mostrado que el desarrollo sexual es considerablemente más complejo de lo que durante mucho tiempo se creyó. La investigación genética y la medicina del desarrollo han documentado múltiples variaciones biológicas, entre ellas el síndrome de Turner, el síndrome de Klinefelter, la insensibilidad completa o parcial a los andrógenos, la hiperplasia suprarrenal congénita y otras diferencias del desarrollo sexual.

Estas condiciones representan un porcentaje reducido de la población, pero constituyen realidades biológicas objetivas. No son construcciones culturales ni posiciones ideológicas. Son expresiones de la extraordinaria diversidad con que la naturaleza desarrolla la vida humana.

Precisamente por ello, la biología contemporánea enseña una lección importante: reconocer la existencia de un patrón mayoritario no implica desconocer la existencia de variaciones igualmente reales.

La ciencia rara vez confirma las simplificaciones con las que frecuentemente se desarrolla el debate político.

Por el contrario, suele mostrarnos una realidad mucho más rica, diversa y compleja.

La orientación sexual: más preguntas que respuestas definitivas

Algo semejante ocurre cuando nos preguntamos por el origen de la orientación sexual.

Durante décadas, la investigación científica buscó una explicación única. Se intentó encontrar un «gen de la homosexualidad», una causa exclusivamente hormonal o una explicación puramente ambiental. Ninguna de esas hipótesis logró explicar por sí sola la enorme complejidad del fenómeno.

Hoy existe un consenso considerablemente más prudente.

La evidencia acumulada por la genética, la endocrinología, la neurociencia y la psicología del desarrollo indica que la orientación sexual parece surgir de la interacción de múltiples factores biológicos y ambientales que actúan durante distintas etapas del desarrollo humano.

No existe evidencia que permita afirmar que la orientación sexual sea simplemente una elección voluntaria.

Tampoco existe evidencia suficiente para sostener que pueda explicarse exclusivamente por un único mecanismo biológico.

La respuesta científica, lejos de confirmar posiciones absolutas, invita nuevamente a reconocer la complejidad.

Y esa actitud resulta profundamente educativa.

Porque una de las funciones más importantes de la ciencia no consiste únicamente en ofrecer respuestas, sino también en enseñarnos a convivir con las preguntas cuando la realidad todavía supera nuestras explicaciones.

Esa disposición intelectual —aceptar que el conocimiento avanza precisamente porque continúa investigando— constituye una de las mejores herramientas que la educación puede ofrecer a las nuevas generaciones.

Desde esta perspectiva, enseñar ciencia no significa transmitir certezas inamovibles, sino formar personas capaces de distinguir entre aquello que conocemos con razonable seguridad y aquello que continúa siendo objeto de investigación.

Tal vez esa sea una de las primeras lecciones que convendría recuperar en un debate público donde las respuestas categóricas suelen aparecer con mucha mayor rapidez que la evidencia que pretende justificarlas.

El ser humano no vive únicamente como organismo

Hasta este punto hemos considerado aquello que la biología puede explicar acerca del sexo y del desarrollo humano. Ese recorrido resulta indispensable porque cualquier discusión seria sobre la sexualidad debe partir del conocimiento científico disponible y no de preferencias ideológicas.

Sin embargo, la pregunta fundamental permanece abierta: ¿es suficiente la biología para comprender la experiencia humana?

La respuesta, desde múltiples disciplinas del conocimiento, parece ser negativa.

Los seres humanos nacemos con un cuerpo biológico, pero no vivimos únicamente como organismos biológicos. Desde el mismo momento en que llegamos al mundo ingresamos en una realidad mucho más amplia: aprendemos un idioma, incorporamos normas de convivencia, construimos vínculos afectivos, desarrollamos una personalidad, adquirimos valores, participamos en instituciones y otorgamos significado a nuestras experiencias.

En otras palabras, vivimos simultáneamente en dos dimensiones inseparables. Una pertenece al orden biológico; la otra al universo de los significados que construimos colectivamente.

No se trata de dos mundos independientes ni enfrentados: La biología hace posible la existencia humana; la cultura le otorga sentido.

Por ello, reducir toda la experiencia humana al funcionamiento de los genes o de las hormonas resultaría tan insuficiente como pretender explicar la música únicamente mediante las propiedades físicas de las ondas sonoras. Estas son indispensables para que exista la música, pero no alcanzan para comprender una sinfonía, una canción popular o la emoción que ambas pueden producir.

Algo semejante ocurre con la sexualidad. La biología explica procesos fundamentales del desarrollo corporal; la psicología estudia la construcción de la personalidad, los afectos y la identidad; la sociología analiza la influencia de las instituciones, la familia y la cultura; la antropología muestra que distintas sociedades han organizado históricamente la sexualidad de formas diversas; el derecho determina cómo una comunidad política reconoce la igualdad, la dignidad y los derechos de las personas, y finalmente, la pedagogía reflexiona acerca de la mejor manera de enseñar todo ello.

Cada una de estas disciplinas ilumina una parte distinta del mismo fenómeno. Ninguna puede sustituir completamente a las demás.

Llegados a este punto conviene hacer una precisión que suele perderse en el debate público. Reconocer la complejidad no significa renunciar al conocimiento, sino comprender que distintos saberes responden preguntas diferentes. La genética ayuda a explicar procesos biológicos; la psicología estudia el desarrollo de la personalidad y de la identidad; la sociología analiza la influencia de las instituciones y de la cultura; el derecho determina cómo una sociedad reconoce la dignidad y los derechos de sus integrantes; la pedagogía reflexiona sobre la mejor manera de enseñar todo lo anterior. Cuando una de estas disciplinas pretende explicar por sí sola la totalidad de la experiencia humana, deja de iluminar la realidad y comienza a simplificarla.

Esta constatación posee una consecuencia especialmente importante para el tema que nos ocupa.

La orientación sexual, por ejemplo, no puede comprenderse únicamente observando cromosomas o estructuras cerebrales, pero tampoco ignorándolos. Del mismo modo, la identidad personal no surge exclusivamente de la biología ni exclusivamente de la cultura. Ambas dimensiones interactúan durante toda la vida de cada individuo, en proporciones que la investigación científica continúa intentando comprender.

Por estas razones, precisamente, las respuestas categóricas suelen ser intelectualmente sospechosas.

Cuando alguien afirma que toda la sexualidad humana se explica exclusivamente por la biología, probablemente está simplificando un fenómeno extraordinariamente complejo.

Pero cuando otra persona sostiene que el cuerpo carece de importancia y que toda diferencia responde únicamente a construcciones culturales, incurre en una simplificación equivalente. Los extremos terminan pareciéndose más de lo que imaginan: Ambos reducen la complejidad para hacerla compatible con sus propias certezas.

La ciencia, en cambio, recorre un camino diferente. En lugar de eliminar la complejidad, intenta comprenderla.

Quizá por ello una de las mayores virtudes del conocimiento científico consista precisamente en enseñarnos humildad intelectual. Cada nuevo descubrimiento responde algunas preguntas, pero abre muchas otras. La historia de la ciencia demuestra que las explicaciones definitivas suelen durar menos que las buenas preguntas.

Esta observación resulta especialmente relevante para la educación.

Si la escuela existe para formar ciudadanos capaces de comprender el mundo, difícilmente podrá cumplir esa misión reduciendo los grandes problemas humanos a una única explicación. Educar no consiste en elegir entre la biología o la cultura, entre la genética o la psicología, entre la ciencia o las ciencias sociales. Educar consiste en mostrar cómo todas ellas dialogan para comprender mejor la realidad.

Finalmente, en tiempos donde la polarización parece exigir respuestas inmediatas y absolutas, quizá la función más importante de la escuela sea precisamente la contraria: enseñar que la complejidad no constituye una amenaza para el conocimiento, sino una de sus mayores riquezas.

El día después

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Imagine despertar en Santiago de Chile el 12 de setiembre de 1973. Ahora imagine hacerlo en Buenos Aires o en cualquier lugar de Argentina el 25 de marzo de 1976. Haga el ejercicio de estar en Tegucigalpa el 29 de junio de 2009.

En los tres casos el elemento común es que el día anterior hubo una ruptura del orden institucional y constitucional y los mandatarios de los tres países fueron depuestos.

Hubo un golpe de estado. Real. Consumado.

Lo que siguió a continuación fue una escalada de violencia en la que la tortura, las desapariciones, las violaciones y los asesinatos estuvieron a la orden. Las persecuciones en contra de los adversarios a los nuevos regímenes instalados se multiplicaron.

En los tres países hubo ciertamente golpes de estado de facto, porque fueron consumados con graves resultados para la ciudadanía y el tejido social en dichas sociedades.

Ahora haga el ejercicio de pensarse en cualquier lugar de Costa Rica el día después que irresponsablemente la presidenta de la República denominara como “golpe de estado” la decisión de la Sala IV para nombrar en prórroga a 12 magistrados suplentes para el Poder Judicial.

No solo fueron irresponsables y temerarias estas aseveraciones, que además se realizaron en un acto teatral y simbólico de muy pobre escenario, con parte de la fracción oficialista detrás suyo sin ninguna participación activa más que asentir mecánicamente a su discurso.

Es que, de un plomazo, la mandataria igualó sin reparo y consideración los graves hechos ocurridos en otros contextos latinoamericanos, a una estrategia espuria y manifiesta del Ejecutivo por controlar el Poder Judicial costarricense.

Visto entonces el error técnico, político y ético cometido, habría que señalar algunas acciones que podrían definirse en el campo de los autoritarismos y que provienen justamente de ese mismo poder ejecutivo que denunció ese supuesto golpe de estado en contra de la Asamblea Legislativa.

Entre algunas de ellas, destaca la preocupante prohibición de estimular el pensamiento crítico en las aulas del sistema educativo costarricense, lo cual nos parece de sumo cuidado y debe alertarnos sobre los límites que este gobierno quiere imponer.

Ciertamente es una hora compleja para la democracia costarricense. Como modelo perfectible que es, debe ser protegida de acciones como las impulsadas por el propio gobierno de Costa Rica.

A cuidarla estamos llamados.

UNDECA respalda al Magisterio Nacional frente a directriz del MEP que amenaza la libertad de enseñanza

UNDECA respalda la posición de organizaciones del Magisterio Nacional y rechaza cualquier intento de limitar la libertad de enseñanza y el pensamiento crítico

La Unión Nacional de Empleados de la Caja y la Seguridad Social (UNDECA) expresa su firme respaldo a la posición asumida por las organizaciones sindicales del Magisterio Nacional frente a la reciente directriz emitida por el Ministerio de Educación Pública (MEP), la cual ha generado una profunda preocupación en amplios sectores de la comunidad educativa por sus posibles efectos sobre la libertad de enseñanza, la libertad de expresión y el ejercicio profesional del personal docente.

Costa Rica ha construido históricamente un sistema educativo basado en el desarrollo del pensamiento crítico, el análisis de la realidad y la formación de una ciudadanía consciente, responsable y comprometida con la democracia. Ninguna disposición administrativa debe convertirse en un instrumento para generar temor, autocensura o limitar el debate académico dentro de las aulas.

UNDECA reafirma que restringir la posibilidad de analizar hechos históricos, sociales, económicos o políticos desde una perspectiva pedagógica, crítica y fundamentada, es una coerción para borrar la memoria histórica de nuestra patria. La educación pública no puede reducirse a la repetición mecánica de contenidos; su misión es formar personas capaces de comprender la realidad, cuestionarla y participar activamente en la construcción de una sociedad más justa.

Manifestamos nuestra solidaridad con las educadoras y los educadores del país, quienes diariamente cumplen una labor esencial en la formación de las nuevas generaciones, y rechazamos cualquier medida que pueda prestarse para intimidar, perseguir o sancionar arbitrariamente a quienes ejercen su profesión con responsabilidad y apego a los principios pedagógicos.

La defensa de la educación pública, de la libertad de cátedra, del pensamiento crítico y de las garantías democráticas constituye una responsabilidad de toda la sociedad. Debilitar estos principios significa debilitar la democracia misma.

UNDECA hace un llamado al Gobierno de la República y al Ministerio de Educación Pública para que abran espacios de diálogo con las organizaciones representativas del magisterio nacional y garanticen que toda regulación en materia educativa respete plenamente los derechos fundamentales, la autonomía del ejercicio docente y los valores democráticos que han caracterizado al sistema educativo costarricense.

¡La educación debe formar ciudadanos libres, críticos y comprometidos con el bien común, nunca ciudadanos silenciados por el miedo!

Unión Nacional de Empleados de la Caja y la Seguridad Social
UNDECA
9 de julio de 2026

Una reflexión sindical sobre la Circular DM CIR 0047 2026 del MEP

Instituto Sindical de Formación Política

La Circular DM CIR 0047 2026 del Ministerio de Educación Pública recuerda la obligación de mantener la neutralidad político electoral en los centros educativos públicos. Este principio, inscrito en la legislación costarricense, busca impedir que las aulas se conviertan en tribunas partidarias. En apariencia, su objetivo es legítimo: proteger al estudiantado, garantizar la imparcialidad del Estado y preservar la confianza de la ciudadanía en la educación pública.

Pero toda norma debe interpretarse a la luz de la Constitución y de los principios que sostienen la democracia. La neutralidad no puede confundirse con silencio, ni la imparcialidad con censura. Una escuela que calla frente a los problemas nacionales no forma ciudadanos críticos, sino súbditos obedientes.

La educación pública no es solo transmisión de conocimientos; es también formación de conciencia. Enseñar democracia implica mostrar cómo funcionan las instituciones, cómo se relacionan los poderes del Estado, cómo se viven las tensiones entre Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Explicar derechos humanos exige hablar de libertad sindical, de igualdad, de justicia social, de migración, de acceso a la salud y a la educación. Evitar estos temas por temor a sanciones no es neutralidad: es empobrecimiento.

La propia Circular reconoce que es válido enseñar democracia, derechos humanos, procesos electorales, instituciones públicas, movimientos sociales e ideologías, siempre que se haga con objetividad y pluralidad. Esa afirmación es valiosa, pero abre interrogantes: ¿quién decide cuándo un análisis crítico deja de ser objetivo? ¿qué diferencia una explicación sustentada en hechos de un supuesto adoctrinamiento? ¿cómo evitar que el miedo a una denuncia convierta la libertad de cátedra en autocensura?

La experiencia internacional demuestra que cuando las normas se interpretan de manera excesiva, aparece el silencio. Y el silencio, en educación, no protege la democracia: la debilita. La neutralidad del Estado no significa neutralidad frente a los valores constitucionales. La escuela pública tiene el deber de enseñar democracia, Estado de Derecho, división de poderes, justicia social, solidaridad y dignidad humana. Estos principios no pertenecen a ningún partido político; son el fundamento del pacto democrático costarricense.

El sindicalismo magisterial defiende dos principios inseparables: la prohibición del proselitismo partidario en las aulas y la libertad de cátedra ejercida con responsabilidad y pluralidad. No hay contradicción entre ambos. Al contrario, uno protege la imparcialidad institucional y el otro garantiza la calidad de la educación democrática. La mejor garantía contra el adoctrinamiento no es el silencio, sino el pensamiento crítico, la confrontación de ideas y la búsqueda de la verdad.

Neutralidad o silencio: el riesgo democrático de una circular del MEP

Rodrigo Campos Hernández

Por MSc. Rodrigo H. Campos Hernández

La reciente circular del Ministerio de Educación Pública sobre neutralidad político-electoral en los centros educativos públicos, la directriz DM-CIR-0047-2026, merece un análisis sereno, pero también profundamente crítico. De entrada, debe reconocerse un punto elemental: las escuelas y colegios públicos no deben convertirse en tribunas de proselitismo partidario. Ninguna persona docente debería usar su posición institucional, sus clases, evaluaciones, actos cívicos, materiales educativos o recursos públicos para favorecer o desacreditar partidos, candidaturas o movimientos electorales.

Esa prohibición tiene fundamento jurídico. El artículo 146 del Código Electoral prohíbe a las personas funcionarias públicas dedicarse, durante la jornada laboral, a trabajos o discusiones de carácter político-electoral y usar el cargo para beneficiar a un partido político. En ese sentido, impedir el uso partidario del aula no solo es legítimo, sino necesario para resguardar la imparcialidad institucional.

Dicho esto, conviene advertir algo: no se recuerda en la historia reciente de la educación costarricense una circular con esta combinación de neutralidad político-electoral, vigilancia administrativa, advertencia disciplinaria y categorías tan abiertas como adoctrinamiento, captación ideológica o posiciones sectarias. Esta afirmación no pretende sostener que nunca haya existido algún lineamiento previo sobre imparcialidad educativa o electoral, sino subrayar que el alcance, el momento político y la carga disciplinaria de esta circular la vuelven especialmente preocupante.

Sin embargo, el problema empieza cuando la necesaria prohibición del proselitismo se expande hacia una zona mucho más ambigua: la del llamado “adoctrinamiento”, la “captación ideológica”, las “posiciones sectarias” o la exigencia de una supuesta “mediación pedagógica objetiva”. Ahí aparece la pregunta de fondo: ¿estamos ante una defensa legítima de la neutralidad electoral o ante una estrategia administrativa que podría inducir miedo, autocensura y empobrecimiento del pensamiento crítico en las aulas?

La Constitución Política garantiza que nadie puede ser inquietado ni perseguido por la manifestación de sus opiniones, salvo que sus actos infrinjan la ley. También reconoce la libertad de enseñanza y establece que la dirección general de la enseñanza oficial corresponde al Consejo Superior de Educación. Además, aunque la libertad de cátedra está expresamente formulada para la enseñanza universitaria, su sentido democrático irradia una exigencia más amplia: la educación no puede reducirse a obediencia curricular ni a repetición acrítica de contenidos.

La Ley Fundamental de Educación refuerza esta idea. Su artículo 1 reconoce el derecho de toda persona a la educación y ordena estimular el aprecio por los derechos humanos, la diversidad lingüística, multiétnica y pluricultural del país. Su artículo 2 establece como fines de la educación costarricense formar ciudadanía consciente de sus deberes, derechos y libertades fundamentales, con responsabilidad y respeto a la dignidad humana, así como formar ciudadanos para una democracia.

Por eso, el derecho a la educación no se agota en recibir contenidos curriculares. La educación democrática exige formar ciudadanía capaz de comprender sus derechos, examinar el funcionamiento de las instituciones, contrastar la teoría constitucional con la realidad política y analizar críticamente los conflictos sociales. Enseñar el Estado social de derecho no puede consistir únicamente en describir cómo deberían funcionar las instituciones; también exige preguntar cómo funcionan realmente, dónde se debilitan, quiénes las atacan, qué intereses las condicionan y qué consecuencias tiene su erosión.

El artículo 39 de la Ley Fundamental de Educación es particularmente importante. Establece que ningún miembro del personal puede ser sancionado, trasladado, removido, suspendido o degradado por la expresión de sus ideas políticas o religiosas. La misma norma introduce un límite: dentro de las instituciones de enseñanza se prohíbe mantener discusiones o hacer propaganda sectaria o de política electoral. Esa distinción es decisiva. Una cosa es prohibir propaganda partidaria; otra muy distinta es inhibir la discusión crítica sobre asuntos públicos.

Aquí conviene recordar a Michael W. Apple. En Ideología y Currículo (1979), donde advierte que el currículo nunca es neutral: siempre selecciona ciertos conocimientos como legítimos, define qué preguntas son aceptables y desplaza otros saberes hacia los márgenes. Cuando una autoridad administrativa define qué cuenta como “objetivo” y qué puede ser denunciado como “ideológico”, no elimina la ideología; más bien puede imponer una forma específica de conocimiento oficial.

Desde Bourdieu y Passeron, en La reproducción (1977), el problema puede leerse como una forma de violencia simbólica. La dominación pedagógica no siempre necesita censurar abiertamente; puede operar haciendo que docentes y estudiantes interioricen los límites de lo decible. El docente aprende a no incomodar, a no problematizar, a no contrastar la norma con la realidad. La autocensura aparece entonces como prudencia profesional.

Gramsci también ayuda a comprender esta dinámica. En sus Cuadernos de la cárcel (1999), la escuela aparece como uno de los espacios donde se disputa la hegemonía cultural. Quien controla el sentido común controla buena parte de la vida democrática. Si la crítica se presenta como adoctrinamiento y la obediencia curricular como neutralidad, el aula deja de ser un espacio de formación ciudadana y se convierte en un lugar de reproducción acrítica del orden existente.

Foucault permite ver con claridad el mecanismo disciplinario. En Vigilar y castigar (1976), muestra que el poder moderno no actúa solo por prohibición directa, sino por vigilancia, registro, normalización y amenaza de sanción. No hace falta castigar masivamente. Basta con que cada docente sepa que puede ser observado, denunciado, documentado o investigado. El poder disciplinario funciona mejor cuando logra que las personas se vigilen a sí mismas.

Freire (1970) y Giroux (1988), permiten completar el argumento pedagógico. Para Freire, educar críticamente no es adoctrinar; es enseñar a leer el mundo. Para Giroux, las personas docentes no deberían ser tratadas como simples ejecutoras de programas oficiales, sino como intelectuales públicos comprometidos con la formación democrática. Desde esta perspectiva, una educación que evita toda problematización de la realidad no es neutral: es políticamente funcional al silencio.

El punto, entonces, no es defender el derecho de los docentes a hacer propaganda. Ese derecho no existe en el ejercicio de la función pública. El punto es defender el derecho del estudiantado a recibir una educación crítica y el deber profesional del docente de formar ciudadanía democrática. Hay una diferencia fundamental entre decir “voten por tal partido” y analizar críticamente una política pública, una sentencia, un discurso presidencial, una reforma legal, una protesta social o un proceso de erosión institucional.

Además, esta circular no debería analizarse de manera aislada. Aparece en un contexto político marcado por discursos de mano dura, cuestionamientos severos al Poder Judicial y propuestas que parecen trasladar al ámbito educativo una pedagogía del miedo. La idea de llevar niños, niñas y adolescentes a conocer cárceles como forma de prevención del delito ha sido cuestionada por organizaciones especializadas, precisamente porque sustituye la prevención social por el escarmiento y corre el riesgo de criminalizar a las juventudes empobrecidas o vulnerabilizadas.

En ese mismo clima, la Presidencia ha lanzado acusaciones graves contra el Poder Judicial, incluyendo afirmaciones sobre supuesta infiltración del crimen organizado y del narcotráfico “hasta el tuétano”, declaraciones que la Corte Suprema rechazó categóricamente, instando a presentar las denuncias correspondientes. También se han anunciado proyectos para “limpiar” el Poder Judicial y endurecer la respuesta penal.

Vista así, la circular del MEP puede ser leída como parte de una racionalidad más amplia: una forma de gobierno que prefiere aulas cautelosas, juventudes advertidas por el castigo y docentes vigilados por la amenaza disciplinaria. No se trata de afirmar que todos estos hechos formen una única operación coordinada. Pero sí es legítimo advertir que comparten un mismo horizonte: desplazar la formación crítica por la obediencia, la prevención social por el miedo y la deliberación democrática por el control.

Aquí la pregunta no es si el Estado debe impedir el proselitismo en las aulas. Por supuesto que debe hacerlo. La pregunta es si, bajo esa finalidad legítima, se está construyendo un dispositivo que vuelve sospechosa toda crítica al poder. Si un docente teme analizar la independencia judicial, la desigualdad, el deterioro de la institucionalidad, los discursos de odio, la política criminal de mano dura o la erosión democrática, entonces no estamos ante neutralidad: estamos ante silenciamiento preventivo.

La neutralidad electoral protege la democracia cuando impide el uso partidario del aula. Pero se convierte en amenaza cuando pretende neutralizar la crítica, despolitizar el pensamiento y reducir la educación cívica a repetición de contenidos. Una democracia no necesita aulas silenciosas; necesita aulas capaces de pensar, preguntar y discutir con rigor.

Por eso esta circular debe interpretarse restrictivamente. Su alcance legítimo debería limitarse a impedir propaganda electoral, presión partidaria sobre estudiantes y uso indebido de recursos institucionales. Cualquier aplicación que inhiba el análisis crítico de la realidad nacional sería contraria al sentido democrático de la educación costarricense.

Quedan, entonces, algunas preguntas incómodas:

¿Se considera “adoctrinamiento” que una persona docente analice críticamente el debilitamiento de los servicios públicos, pero no se considera pedagogía ideológica llevar adolescentes a cárceles para enseñarles el miedo como prevención?

¿Se prohíbe politizar el aula, pero se autoriza que el Estado utilice el sistema educativo para naturalizar políticas penales de mano dura?

¿Se exige neutralidad a docentes de secundaria, mientras desde las más altas autoridades se lanzan acusaciones generalizadas contra uno de los poderes de la República?

¿Puede enseñarse el Estado social y democrático de derecho sin examinar los ataques a la independencia judicial, la concentración de poder o la criminalización de las juventudes empobrecidas?

¿Quién define qué es “objetivo” en el aula: el currículo democrático, la Constitución, la ley, la evidencia científica o el temor administrativo a incomodar al poder?

El peligro no está solo en lo que la circular dice. Está en lo que puede hacer que las personas docentes dejen de decir. Y cuando una sociedad empieza a educar desde el miedo, el problema ya no es únicamente pedagógico: es democrático.

La madre naturaleza

Marlin Óscar Ávila.

Marlin Óscar Ávila

La madre naturaleza es implacable cuando los humanos, u otros agentes externos, no respetamos sus equilibrios establecidos. Desde los tiempos antiguos se dieron diluvios o grandes inundaciones, seguidas de fuertes sequías que la inteligencia humana no lograba explicar.

Por siglos se creyó que había una fuerza extraterrestre que intervenía para castigar a la humanidad por los daños causados por otros grupos sociales. Así, utilizamos el miedo para influir en las creencias filosóficas y religiosas de otros, a manera de instaurar fuertes controversias hasta crear grandes instituciones que llegarán a concentrar poderes casi absolutos, los que llegaron a constituir verdades incuestionables y divinas ante el conocimiento humano.

No obstante, a medida que la inteligencia humana investiga y va descubriendo las causas de cada fenómeno, se da por enterado de que no hay nada divino ni mágico en los hechos ocurridos. Que mucho de lo acontecido y, no todo, pero gran parte, son resultado de las actividades humanas.

Después de muchos años o siglos, sabemos que nuestro planeta Tierra no gira alrededor del sol de manera circular, sino elíptica.

Desde luego, racionalizamos y diferenciamos entre lo efectuado por las grandes mayorías y las minorías, estas, normalmente, privilegiadas.

Javier Azofeifa Porras: el deseo de escribir entre periferia y capital será tema de nuevo programa de Alternativas

El programa Alternativas realizará un nuevo panel de reflexión bajo el título “Javier Azofeifa Porras: el deseo de escribir entre periferia y capital”, el próximo 26 de junio de 2026, a las 18:00 horas (UTC-6), con transmisión en vivo a través de Facebook Live, YouTube, Spotify y las emisoras amigas del programa.

El panel contará con la participación de Mario Valverde Montoya, filósofo y escritor, autor de tres libros de minirrelatos y ganador del concurso de poesía AGECO 2017; Javier Azofeifa Porras, estudiante de Filosofía de la Universidad de Costa Rica y escritor con publicaciones en antologías literarias y en Mural Fronterizo (2025); Tatiana Herrera Ávila, profesora de la Sección de Comunicación y Lenguaje de la Escuela de Estudios Generales de la Universidad de Costa Rica; y Luis Ángel Salazar Oses, profesor jubilado de Filosofía y Educación de la Universidad de Costa Rica y de la Universidad Estatal a Distancia.

El espacio forma parte de la programación de Alternativas, iniciativa que promueve el pensamiento crítico y el intercambio de ideas, y podrá seguirse también por las emisoras amigas Guanacaste 106.1 FM, Radio Soberanía, Radio Revolución, 506 Ondas Alajuelita y Voces Libertarias 97.3 FM.

De la asfixia imperial a la esperanza activa: Por una ontología de lo humano

Mainier Barboza

Por: Mainier Barboza Soto
Teólogo, analista crítico y dirigente social

I. El derrumbe de los fundamentos: Un diagnóstico de nuestra era

La crisis global contemporánea no es un fenómeno meramente económico o político; es, en su raíz, una fractura de las bases éticas que sostienen la convivencia. El texto bíblico expresa esta realidad con crudeza: «Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?» (Salmo 11:3). Esta sentencia no debe leerse como un lamento pasivo, sino como un diagnóstico preciso: al perderse lo ético por la codicia humana, se fractura la esencia misma del ser.

En este escenario, la humanidad enfrenta un dilema existencial. Como señala Chomsky (2021), estamos ante la disyuntiva de «unirse o perecer». Vivimos bajo la sombra de un imperio sin controles que impone leyes nacionales a otros países como si fuera el árbitro absoluto del mundo, despojando a las naciones de su soberanía y a los individuos de su dignidad ontológica.

II. La ingeniería del «grito económico»: El caso de Chile como espejo

La historia nos ofrece lecciones amargas sobre la manipulación de las estructuras. El caso de Chile es emblemático: la «ingeniería del grito económico» fue acuñada a través de la intervención y derrocamiento de Salvador Allende. Detrás del bloqueo del cobre y las falsas huelgas que dañaron su economía, estuvieron las manos de la CIA, Nixon y Kissinger, (Kornbluh, 2013).

Es imperativo esclarecer que los centros de poder manejan el lenguaje para acuñar mitos: culpan al comunismo o al socialismo de cada fallo social, encubriendo así una economía diseñada para grupos poderosos. La realidad es que 12 magnates poseen una riqueza combinada que alcanzaría para repartir a 4 mil millones de personas —la mitad de la población mundial—, mientras 10 transnacionales controlan cerca del 80% de la distribución de alimentos (Oxfam, 2024). Este capital financiero especulativo asfixia a los agricultores y convierte la soberanía alimentaria en un mito.

III. De la Revolución Francesa a la hegemonía del capital financiero

Los principios de la Revolución Francesa han sido ajustados a los intereses de las élites: hoy vemos una «libertad» reducida al mercado libre, una «igualdad» solo entre grandes magnates y una «fraternidad» restringida a las transnacionales que se reparten el mundo.

Esta distorsión alimenta una de las principales contradicciones del sistema: el capital financiero versus el capital productivo. Como argumentó Correa (2012), hemos pasado de «Repúblicas bananeras» a «no Repúblicas» supeditadas a la especulación. Es necesario recuperar propuestas como la Tasa Tobin para frenar este casino financiero y revisar los postulados de soberanía estatal. Bajo la mirada de Rose Mary Muraro y Leonardo Boff, el mundo ha variado de una lógica de «ganar-ganar» a una de «ganar-perder», y hoy, con la destrucción de la casa común, estamos en un escenario de «pierde-pierde».

IV. La Esperanza Activa: Hacia una ecología integral y humana

Frente a los males que han salido de la «Caja de Pandora» de la modernidad, la respuesta no puede ser una esperanza pasiva. Debemos recuperar el adagio «A Dios rogando y con el mazo dando». Frente a la fallida teoría del derrame, Sachs (2021) propone una economía de la justicia que proteja lo aparentemente «no vivo» —agua, tierra, aire— tratándolos como parte de la integralidad de la Tierra. Como afirma el Papa Francisco (2015) en Laudato si’, debemos cuidar nuestra «casa común» bajo una ecología integral.

El sueño de Martin Luther King Jr. (1963) sigue vigente: que un día vivamos el verdadero significado de nuestro credo, donde sea evidente que todos somos creados iguales. El llamado hoy es a que los pueblos se unan sobre tres principios básicos: la paz, la justicia íntegra y la fraternidad universal.

V. Conclusión: Recuperar lo fundamental

Debemos superar los conceptos ideológicos por conceptos ontológicos que rescaten lo fundamental: la humanidad. Para los creyentes, fuimos creados para ser felices y vivir en libertad; para los no creyentes, la evolución nos ha dado las capacidades para compartir en armonía los bienes de la Tierra.

Si queremos sobrevivir, debemos amar la casa común como a nuestra propia madre, desterrando el nefasto patriarcado y recuperando nuestra dignidad. Los bienes de la Tierra están para ser compartidos de forma gregaria, no para ser acumulados.

Referencias Bibliográficas (APA 7.ª Edición)

  • Biblia de Jerusalén. (2009). Salmos. Editorial Desclée de Brouwer.

  • Boff, L. (2004). Introducción. En R. M. Muraro, El destino del capital dinero. Editorial Planeta.

  • Borón, A. (2014). América Latina en la geopolítica del imperialismo. Ediciones Continente.

  • Chomsky, N. (2021). El dilema de la humanidad: Unirse o perecer. Editorial Crítica.

  • Correa, R. (2012). De la república bananera a la no república. Debate.

  • Galeano, E. (2004). Las venas abiertas de América Latina. Siglo XXI Editores.

  • King, M. L., Jr. (1963). I have a dream [Discurso]. March on Washington for Jobs and Freedom.

  • Kornbluh, P. (2013). The Pinochet File: A Declassified Dossier on Atrocity and Accountability. The New Press.

  • Oxfam. (2024). Desigualdad S.A.: Cómo el poder corporativo divide nuestro mundo. Informe Anual.

  • Papa Francisco. (2015). Carta Encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común. Tipografía Vaticana.

  • Sachs, J. (2021). Las edades de la globalización. Deusto.

  • Tobin, J. (1978). A proposal for international monetary reform. Eastern Economic Journal, 4(3-4), 153-159.

Sobre el autor: Mainier Barboza Soto es teólogo con estudios en economía, dirigente social y analista crítico. Su labor se centra en el empoderamiento de la sociedad civil como protagonista del cambio, promoviendo la articulación entre la academia, los tomadores de decisiones políticas y las fuerzas económicas para construir un modelo de desarrollo humano y solidario.

¡Se llevaron todo!

Rafael A. Ugalde Q.*

Al principio no fue así. Perteneció a los pueblos de la antigua Grecia, Nuestra América o los chinos, cada uno tenía su forma de competir, de mostrar su destreza, unir y alegrar a sus comunidades, al fin y al cabo, el hombre deja de ser humano cuando olvida su animal social por naturaleza, que lleva dentro quiera o no.

Sí, los famosos juegos de nuestros aborígenes, mediante el cual pasaban un objeto por un aro, el llamado Cuju chino, el Episkyros griego o el fútbol de carnaval de la vieja Europa, todos sin excepción y a su manera – para decepción de quienes encasillan todo como el “opio de los pueblos” – contribuyeron a la identidad de pueblos enteros, movilizados por un ideal y una victoria.

Seguramente sí Marx, Lenin, Engels, Rosa Luxemburgo, Fidel, Mariátegui, el “Che” o Chaves, etc., estuvieran vivos, nos mandarían a analizar con más dedicación y más seriedad como este sistema de la maximización de la ganancia – no basta la cajonera palabra “capitalista” – cuando se deja a la libre y sin orden alguna del mercado a favor de las mayorías, quienes sobornan, hacen lobby, recurren a la diplomacia o al poder de los paraísos fiscales, arrollan todo a su paso, desnaturalizan todo, se vuelven en peligrosísimos depredadores.

Este acabose de la llamada “fiesta” del pueblo cada cuatro años empezó, sobre todo, a partir de 1974, cuando el brasileño Jao Havelange descubrió el “dulce encanto” del tráfico de influencia, los negocios sucios, limpiados por la política y la televisión, encontró en el silencio de sus súbditos una valiosa moneda de cambio para la compra de conciencia, etc., hasta llegar hoy a la actual Copa Mundial instrumentalizada con todos los mecanismo de los que hace uso el sionismo, el nazismo y el fascismo.

Sin embargo, fue con la llegada del suizo, Joseph S. Blatter, (1998 – 2015) a la presidencia de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), tras el retiro de Havelange, cuando este organismo hace otro “descubrimiento” para quedar por encima incluso de la misma ONU.

La FIFA nació el 21 de mayo de 1904, cuando se asoció el futbol francés, el belga, el danés, el holandés, el español, el sueco y el suizo. Cuenta actualmente con 211 naciones afiliadas, mientras hay 193 en Naciones Unidas, tiene sus disposiciones legales que se cumplen sí o si en todos sus miembros, a veces por encima de leyes locales.

Blatter, lejos de enderezar la barca, giró el timón sobre tormentas de arena de todo tipo, hasta que el actual presidente de la organización, el italiano Giovanni Vincenzo Infantino (asumió en 2016), ya sin nada que perder y ganando todo, terminó aliándose con las monarquías árabes, dándole a Qatar el mundial de 2022.

Sí alguna vez, como en 2015, el FBI y las autoridades suizas detuvieron a docenas de altos ejecutivos por sobornos, fraude y lavado de dinero, hoy la diversificación de los negocios de la FIFA casi hace imposible ese cometido.

Al tráfico de lo que sería en este siglo “pies de obra” barata desde el Sur Global, en lugar de “mano de obra “regalada como solían llevar y traer esclavos en el pasado, ahora las naciones industrializadas llaman a esto eufemísticamente “fichaje” o “transferencia” de jugadora o jugador.

Controla además apuestas bajo la libertad de comercio y la autonomía de la voluntad, maneja resultados de partidos por distintas plataformas, todo moralmente apegado a las reglas del llamado Occidente colectivo, no vaya a ser que confundan todo esto con aquellos repugnantes mafiosos que todo lo hacían en la oscuridad.

Lo mismo le da promover en los estadios la marca de un condón, una empresa de transporte aéreo, una pachita de ron o un botellón de cerveza. Sí las tabacaleras no estuvieran de capa caída por el cáncer y los desastres del tabaco en la salud, usted vería la publicidad de marcas de cigarrillos por todo lado dentro y fuera de los estadios.

El argumento dado sobre el negocio va dirigido a personas subnormales. El fútbol – argumentan – necesita financiamiento y dicha publicidad no está dirigida a los niños ni jóvenes acompañantes de sus padres en los reductos deportivos o ven el partido por cualquier canal que, de paso, debe pagarse por ello.

No hubo en el mundo un país que el portero ruso Yashin no inspirara a los jóvenes. En Río Janeiro, Brasil, actualmente rinden homenaje con una estatua suya.

Pero no siempre fue así. El futbol, además de unir a “iguales” en torno a un balón, un árbitro y 22 participantes, generalmente salidos de los cinturones de miseria, nos dio a ese rebelde de todos los tiempos, Diego Armando Maradona, a quien la FIFA jamás amansó.

Ordenaron a Maradona dejar de hablar sobre corrupción, racismo y negocios no del todo claros en el balompié asociado de su tiempo; sin embargo, ni las amenazas ni los boicots en contra de él lo apaciguaron.

¿A cuántos millones de jóvenes menores de 20 años inspiran aún hoy aquella selección juvenil de la antigua URSS, que en 1977 ganó en Túnez el primer mundial en su categoría y abrió para siempre el camino para este tipo de certámenes?

Y cuando hablamos de patrimonio mundial de los pueblos, no podemos dejar por fuera a Lev Yashin (n.22/10/1929- m.20/3/1990), conocido en todos los continentes como la impenetrable Araña Negra. Caballero de principio a fin fiel siempre a su Rusia y revolucionario hasta su muerte, deceso ocurrido a raíz de complicaciones por la diabetes.

Por eso cualquiera de los líderes revolucionarios citados líneas atrás, especialmente Lenin, verían con crudeza en cada partido el “imperialismo como la fase superior del capitalismo”; a la vez una puerta abierta para pelear por las grandes transformaciones.

Allá largo, donde denominan las tribunas VIP de los estadios, los palcos no albergan la soberanía popular, sino al capital transnacional unificado en monopolios financieros que dictan leyes, eximen impuestos y exigen la suspensión de soberanías locales para el libre tránsito de sus mercancías.

Ciertamente, Federico la Mont en su brillante artículo, da en el clavo, (https://latitudmegalopolis.com/2026/06/11/futbol-con-marx-y-engels/); cuando nos dice que el fútbol actual ya no pertenece a las masas – el suscrito prefiere llamarlo proletariado – que lo crearon; es la puesta en escena de una corporación de depredación intensiva que explota identidades nacionales para acumular riqueza abstracta en paraísos fiscales.

Agregaría solo algo que el futbol conserva y perdemos a veces de vista. Y ello es trascendental. La solidaridad y el alma reflejada durante los noventa minutos de los partidos entre quienes lucían en las graderías los colores de la Palestina martirizada. Durante el partido entre Nueva Zelanda e Irán resultaba conmovedor como explosionaban los aficionados cada vez que el árbitro se hizo de la vista gorda y no pitó a los persas dos faltas penales.

O cada vez que los persas venían desde atrás con el marcador en contra y emparejaron a 2-2 el resultado final.

El futbol nos enseña, si bien es cierto se presenta dentro un rectángulo de juego, donde se combina con exactitud velocidad, tiempo y forma, sea con un esquema 1-4-4-2; 1-5- 4-1 e interminables combinaciones de este dibujo táctico, es cierto asimismo que los enemigos son minoría, pero pueden cuando no hacemos nada y con miles de jóvenes, mujeres y hombres que protestaban contra la dictadura chilena, por ejemplo. Sí nosotros también sabemos, podemos y queremos, la cosa cambia.

El que dude consulte la historia.

*Periodista y exjefe de la redacción de deportes del Semanario Universidad.

Uso de inteligencia artificial en medicina – Pronunciamiento de la Academia Nacional de Medicina

En las últimas décadas, globalmente se ha deteriorado el humanismo en la medicina, cuya esencia es el servir con empatía y hacer sentir a los pacientes el cariño de aquel que busca aliviar sus dolencias. La presencia amplia de dispositivos tecnológicos ha generado que los médicos hoy tengan que dedicar más tiempo a las tareas administrativas, incluyendo el cumplimiento con los requisitos del llenado de los expedientes electrónicos, olvidándose, por falta de tiempo, de sentarse, escuchar, dedicarle al enfermo el tiempo necesario, de acuerdo a sus necesidades afectivas y de salud. Hoy la tecnología nos alcanzó y nos rebasó, lo que tal vez desemboque en el futuro en un médico híbrido: medio humano, medio robot.

La inteligencia artificial (IA) se ha incorporado de manera progresiva a la práctica médica; bien empleada y enseñada, puede llegar a ser parte positiva de un armamentario que redunde en una mejor calidad de atención del paciente con coherencia, con habilidades clínicas y humanistas inherentes a ese ser humano que decidió abrazarse con absoluta dedicación y verdadera vocación a la más noble de las profesiones. Por lo tanto, su incorporación debe realizarse bajo principios de seguridad, supervisión humana, protección de datos, verificación de fuentes y responsabilidad profesional.

En los estudiantes de medicina, la IA ha reemplazado la búsqueda manual de información en las revistas indexadas, porque ahorra tiempo. La mayoría de las veces provee información rápida que satisface al usuario, pero este no sabe cómo llega a sus resultados y que no está exenta de errores. También es utilizada para compararla con el diagnóstico y un plan de tratamiento planteados por el humano, pero conlleva el riesgo de abandonar el pensamiento crítico, la corroboración de información y de reemplazar la relación empática médico paciente. Esta Academia propone:

  1. En primer lugar, la IA debe ser usada para apoyar y reforzar el razonamiento clínico, no para substituirlo. Es un complemento, una herramienta, no un instrumento en sí mismo. Generar posibles diagnósticos diferenciales que no se han tomado en cuenta, detectar “banderas rojas” antes de su manifestación obvia. Ordenar casos clínicos para no pasar por alto información. Detectar patrones desconocidos de enfermedades.

  2. Para fines educativos para el estudiante de medicina y formativos para el médico joven, la IA facilita el acceso a mayor información, al revisar bases de publicaciones científicas, lo que permite hacer búsqueda de citas bibliográficas de determinado tema para luego revisarlas. En la docencia, la IA es útil para preparar clases y entrenar a médicos residentes en casos complejos, siempre verificando las fuentes. Debe recordarse que la IA inventa información.

  3. La IA mejora la eficiencia administrativa, dejando más tiempo al médico para función eminentemente clínica y docente.

  4. La IA mejora la comunicación con el paciente, permite dar información, recomendaciones o instrucciones en forma más clara y más fácil de comprender. Explicar benéficos y riesgos de tratamientos, en un lenguaje más cercano al paciente. Crear instructivos para determinada enfermedad crónica, de forma que el paciente lo comprenda cabalmente y lo motive para la adherencia al tratamiento. Resumir publicaciones médicas.

  5. La IA no debe usarse como autoridad final para diagnóstico, tratamiento, indicación quirúrgica, pronóstico, triaje crítico o decisiones médico-legales sin validación humana y contexto completo.

  6. Se debe introducir al estudiante de medicina en el uso adecuado y analítico de la IA. Debe explicarse las bases de su funcionamiento y sus diferentes tipos de uso médico, destacar sus fortalezas y debilidades, aplicar el tipo de IA idónea según cada necesidad y situación contextual, siempre teniendo en mente que es un instrumento complementario para el médico, no su reemplazo, ya que el juicio emitido por la IA no siempre es correcto y que se debe verificar y evaluar según la situación. Debe enseñarse cómo elaborar preguntas (prompts), cómo proteger la privacidad del paciente, cómo se debe interpretar una respuesta generada por la IA y cómo verificarla. También debe enseñarse qué son los sesgos, errores, alucinaciones y las limitaciones de IA. Quienes forman nuevos médicos, deben inculcar humanismo, desarrollar habilidades clínicas y razonar críticamente, basado en evidencia, no en ocurrencia y mucho menos, en datos globales. Los pacientes son seres únicos, irrepetibles, no reproducibles y por ende, merecen ser tratados, como tales.

En conclusión, la IA debe ocupar en medicina el papel de un copiloto clínico, educativo y administrativo que fortalezca el razonamiento clínico, facilite la actualización científica, mejore la eficiencia documental y fortalezca la comunicación con el paciente. Su uso exige pensamiento crítico, supervisión humana, verificación de fuentes, protección de la privacidad y reconocimiento explícito de sus limitaciones. La formación médica contemporánea debe preparar a los futuros profesionales para utilizar la IA con competencia técnica, criterio clínico y responsabilidad ética.

Junta Directiva
Academia Nacional de Medicina de Costa Rica
Junio, 2026