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Etiqueta: poder político

El día después

Arnoldo Mora Rodríguez

El título de este artículo evoca uno similar de una película, que trata de imaginar lo que sería el mundo unos días después de que la humanidad sufriera una hecatombe nuclear. Para evitar ese desolador panorama, he pergeñado algunas reflexiones que, partiendo de la premisa de que, si bien se reconoce que nada después de esta pandemia será lo mismo, tampoco tiene porqué ser peor, sino todo lo contrario; pero, para ello se requiere que tomemos conciencia lúcida del papel que ahora nos corresponde asumir.

La pandemia que hoy (pre)ocupa a la humanidad entera, haciendo que ponga todos sus recursos científico-tecnológicos más avanzados y sofisticados, invierta ingentes recursos económicos, readecúe a las exigencias del momento sus prácticas políticas y cuestione el “orden“ jurídico con que ha regido las relaciones de poder en el ámbito público, por no hablar de los cambios radicales y vertiginosos en los valores que determinan la vida privada y el universo cultural y axiológico, tiene su origen en el ámbito biológico con repercusiones graves e irreversibles en la salud de la población; pero afecta, en no menor medida, las estructuras económico-sociales y el ejercicio del poder político. Estamos, en consecuencia, ante una profunda ”revolución” en todas las dimensiones de la vida humana; un nuevo hombre está a punto de surgir de la actual crisis con la rapidez propia del actuar humano, mayor que la que caracteriza a los procesos evolutivos de la Naturaleza; el ser humano posee un tiempo que rige los acontecimientos de la historia de la humanidad, que es significativamente más veloz que aquel que ha creado la Naturaleza para llevar a cabo los saltos cualitativos que jalonan las etapas de la evolución.

Pero lo grave de estas diferencias entre uno y otro proceso, es que nuestra mente está hecha para reaccionar según los ritmos de la Naturaleza, dado que nuestro cerebro es el creador de la cultura, pero es producto de la evolución; hay aquí una especie de esquizofrenia, que actualmente constituye una enfermedad tan perniciosa como la que causa en la salud orgánica la covid-19. De ahí que lo más urgente hoy en día es, no sólo lograr lo más pronto posible una vacuna eficaz y fácilmente accesible a todos los pueblos del mundo, sino también tomar lúcida conciencia de que estamos ante uno de los más radicales y vertiginosos cambios de la historia en todos los ámbitos del quehacer humano, provocados por el propio homo sapiens gracias al poder que le confiere la revolución científico-tecnológica de los últimos cinco siglos.

A fin de convertir esta crisis en un trampolín que nos posibilite dar un salto cualitativo, debemos usar el poder político que hoy emplea un tanto irresponsablemente el ser humano. Para ello, pienso que lo primero que debemos hacer es tomar conciencia de que el retorno al status quo, es decir, a la situación como la que vivía la humanidad antes del inicio de esta pandemia y que dio origen a la misma, no es dable. La dialéctica que rige los procesos históricos, se inspira en la conciencia del tiempo concebido como instante, entendiendo por tal la condición única e irrepetible del devenir en su dimensión cuántica; el reloj que marca el trascurrir del tiempo no tiene marcha atrás, es un modelo de vehículo que no tiene reversa; en consecuencia, sólo nos cabe planificar nuestro futuro asumiendo nuestra libertad tal como la concebían San Agustín y Leibniz, esto es, como la opción inspirada en criterios axiológicos, cuyo único fin es la procura de la convivencia humana, concebida ésta como algo más y mejor que el instinto gregario con que se rigen los primates; lo cual significa pasar de la sobrevivencia a la convivencia, hacer que la vida social propicie una experiencia comunitaria; no olvidemos que “comunidad” tiene su raíz etimológica en el término “común”, lo cual significa que los bienes producto de la acción humana tienen un fin común, están llamados al disfrute de todos; en consecuencia, la única razón de ser del ejercicio del poder político es contribuir eficazmente a crear las condiciones objetivas (instituciones) y subjetivas (educación) de una sociedad justa, equitativa y solidaria para todos y cada uno de los miembros de la sociedad. Tradicionalmente la filosofía reduce estos valores supremos a tres: la verdad, el bien y la belleza; lo cual equivale a decir que el saber, sobre todo el derivado de la aplicación del método científico, tiene como finalidad la procura del bien y el disfrute del placer estético.

Cómo lograr hacer realidad esta utopía en respuesta a la crisis que nos agobia, es tarea que a todos nos incumbe. Para ello, debemos poner desde ya los cimientos de un nuevo orden mundial. Pero no debemos pretender hacer tan descomunal tarea si no comenzamos por poner orden en nuestro entorno más cercano; si queremos cambiar el mundo, debemos comenzar por cambiar nuestro propio país. Concretamente, en el caso de Costa Rica el mayor logro de nuestra historia ha sido la creación del Estado Nacional en el siglo XIX y la alfabetización de la mayor parte de la población, gracias a las reformas liberales en las décadas que van de ese siglo al siguiente. A partir de entonces, vendría la creación del Estado de Derecho llevada a cabo por la generación del Olimpo y luego la forja del Estado Social, propuesta por el Partido Reformista del General-sacerdote Jorge Volio y realizada por la alianza entre el Presidente Calderón Guardia, el Arzobispo Víctor Manuel Sanabria y el líder del Partido Comunista Manuel Mora Valverde. Todo lo cual culminó en la creación de la II República, liderada por José Figueres Ferrer e inspirada en el ideario del Centro de Estudios para la Realidad Nacional, creado bajo la guía de Rodrigo Facio. Gracias a este largo e inspirador proceso, en el cual intervinieron los más ilustrados e influyentes sectores políticos, se emprendió la modernización de la sociedad costarricense; proceso liderado por un fuerte y creciente Estado Nacional, que propició el ascenso de una clase media formada profesionalmente por la Universidad de Costa Rica, reformada por el Rector Rodrigo Facio.

Lo anterior se hizo posible gracias al surgimiento de una poderosa clase media, que hasta 1985 mantuvo una fuerte alianza con los sectores oligárquicos tradicionales. Concretamente, fue en la primera Administración de Oscar Arias que la oligarquía criolla se propuso asumir en solitario el monopolio del poder; desde entonces, la clase media ha venido sistemáticamente siendo despojada de todos sus logros, se ha visto sometida a un proceso implacable de empobrecimiento y precarización. Debido al ascenso de sectores urbanos de ideología socialdemócrata, que desplazaron a la alianza socialcristiana-socialista de la década de los 40s., los más importantes de esos logros se mantuvieron. Hoy, para mantener esas conquistas y no precipitarnos en el caos y la violencia desenfrenada que han sufrido países vecinos, se impone forjar otro contrato social por parte de un nuevo sujeto histórico, que sea configurado por la alianza estratégica entre las capas medias, los propietarios pequeños y medianos, el sector agrario, profesionales independientes, funcionarios y empleados públicos y las clases populares. La mencionada alianza sólo se logrará si los sectores sociales, sobre cuyos hombros la oligarquía pretende cargar la crisis global que hoy sufre nuestro país, asumen un papel protagónico.

La pandemia no ha hecho sino poner en evidencia la crisis de hegemonía, que tradicionalmente ha asumido la alianza de la oligarquía con el capital trasnacional, en el que recientemente la despótica oligarquía centroamericana afincada en nuestro país, tiene un papel significativo. Hoy se impone, como un imperativo histórico de nuestra democracia, poner los cimientos para crear la III República basada en la alianza de los sectores medios y populares. Se encaminan en ese sentido pasos como los dados con la firma de un documento dirigido a los diputados y que es encabezado por el Arzobispo de San José; aunque todavía no estamos cerca de lograr la meta de construir una mejor y más sólida democracia, debemos ver en esos gestos los primeros pasos de ese anchuroso y esperanzador camino también. Las reformas deben comenzar por incidir en una mayor justicia distributiva y tributaria. Las oligarquías criollas, como en 1948, deben pagar el costo de la reconstrucción de la economía y no los sectores populares y medios. Si la minoría plutocrática no quiere entender que deben asumir el peso mayor de la reconstrucción del país, deben saber que, con ello, están atizando un estallido social como nunca lo ha vivido el país; con lo cual todos perderíamos, pero ellos mucho más; porque sería encender una chispa cerca de un barril de pólvora; está en sus manos ceder en aras de la justicia social, porque las dinámicas de las reformas sociales no permiten retrasos. No podemos retroceder a la Costa Rica anterior a 1940.

Para lograr sus objetivos, los sectores populares deben forjar un frente patriótico en vistas a realizar un programa mínimo, que suscite el consenso mayoritario de todos los sectores objetivamente afectados por esta crisis global y planetaria que hoy golpea, con no menor dureza, a nuestro propio país; todo teniendo como meta, no sólo soluciones de momento, sino igualmente reformas que consoliden y profundicen nuestro mayor logro histórico: el Estado Social de Derecho. Para ello debemos comenzar por defender a ultranza las instituciones que han demostrado ser los pilares de nuestra democracia, como son la Caja Costarricense del Seguro Social, los bancos estatales, la educación pública, especialmente las universidades a quienes debemos, no sólo la formación de profesionales competentes y honestos, sino la investigación científica en su totalidad, cuya importancia ha quedado de manifiesto hoy más que nunca y todo el sector público hoy tan injustamente denigrado. A los partidos políticos que se opongan a este plan de reformas, el pueblo soberano debe pasarles la factura en las próximas elecciones. Por su parte, las organizaciones populares deben dar prioridad a la formación de cuadros y dirigentes locales, en vistas a la formación de la conciencia cívica de los más amplios sectores y de la conquista de la conciencia ciudadana. Las proclamas de Juanito Mora y las enseñanzas de D. Joaquín García Monge, nos convocan a esta cita con la historia. Porque el mañana ha comenzado ya.

Más allá de la crisis sanitaria

Arnoldo Mora Rodríguez

Desde hace varias semanas, millones de seres humanos (sobre)vivimos en una cuarentena que, en la práctica, se ha convertido en una especie de estado de excepción, dadas las estrategias policíacas e, incluso, militares, a que los estados nacionales están recurriendo cada vez con más frecuencia y mayor aceptación de la opinión pública, para enfrentar con éxito desigual los desafíos que nos lanza provocadoramente un virus no muy mortífero pero sí extremadamente propenso a propagarse. Hoy la existencia misma de la, hasta ahora, notoriamente exitosa civilización moderna occidental se ve severamente cuestionada en sus valores fundantes. Esto me recuerda aquel pasaje bíblico, en el que se narra la visión del Profeta Daniel, quien vio una estatua imponente elaborada con todos los materiales más sólidos y preciosos existentes, pero que tenía los pies de barro; por lo que bastó que se desprendiera un diminuto guijarro de una roca circundante y golpeara un talón de barro resquebrajado para que la imponente estatua se redujera a polvo. Un virus ha hecho algo similar al hombre actual, que se apresta a colonizar el sistema planetario pero se muestra trágicamente incapaz de evitar una catástrofe que amenaza con exterminar a miles y miles de individuos pertenecientes a una especie que pomposamente se autocalifica de sapiens.

En el fondo, lo que hoy vivimos es un cuestionamiento del rumbo que ha tomado la humanidad desde los inicios de la modernidad. Eso me induce a recordar los aciagos tiempos de las pestes que asolaron Europa a finales de la Edad Media e inicios de la Modernidad. Como lo ilustra la historia, cada vez que surge una nueva época en la historia de la humanidad, se dan catástrofes de esta índole. Por lo que no es descabellado concluir que hoy vivimos, a inicios del tercer milenio de la cristiandad occidental, un cambio radical, indetenible e irreversible, de una nueva época, cuyo protagonista será un ciudadano dotado de una conciencia planetaria; los países egoístamente cerrados sobre sí mismos, como son Los Estados Unidos de Trump y la Europa Occidental, son los más golpeados por esta pandemia; su egoísmo ultranacionalista se ha visto severamente castigado por la madre Naturaleza. De mi parte pienso que, gracias a que nunca la humanidad ha tenido a su disposición tantos científicos e instrumentos tecnológicos como en la actualidad, eso nos permitiría esperar que logrará controlar, esperamos y deseamos que a corto plazo y con un mínimo de víctimas, este apocalíptico flagelo. Sin embargo, creo que la humanidad tendrá que aprender a acostumbrarse a convivir con este virus, como está haciendo con otras pandemias recientes, como el SIDA.

No siendo especialista en epidemiología, dejo gustoso la palabra a quienes sí lo son, por lo que tan sólo deseo externar algunas reflexiones en torno a las consecuencias culturales y políticas de esta pandemia. Espero que esta crisis sanitaria enseñe al hombre moderno a hacer honor a su autocalificativo de “sapiens”, lo cual implica que debe aprender a tener conciencia de sus propias limitaciones. Valga la pena tener presente que toda acción humana, aún aquellas que surgen animadas e inspiradas con las mejores y más nobles intenciones, tienen también efectos secundarios negativos; estos últimos, contrariamente a los efectos positivos que se agotan al realizarse, son de carácter acumulativo sobre todo aquellos que no son previsibles; por lo que, al llegar a superar el dintel de tolerancia, estallan provocando una crisis global, no sólo en la infraestructura material de reproducción de la vida orgánica, sino también en el ámbito de la creatividad simbólica, o sea, en el mundo de las estructuras del poder político y de los valores culturales. La humanidad, en consecuencia, debe desarrollar una conciencia crítica, lo cual implica estar dispuesto a cambiar de escala de valores ante cada crisis que se le presente. Hasta ahora, esas crisis las provocó la Naturaleza gracias a los procesos evolutivos, en lo que podríamos considerar de manera espontánea, pero como lo vislumbró Teilhard de Chardin, actualmente, después del surgimiento del método científico moderno en la época del Renacimiento Europeo, las crisis son provocadas por la acción humana, que incide en los procesos evolutivos causadas en el trascurso de la historia, como hasta ahora lo había sido la evolución de la Naturaleza gracias a la evolución. Con ello queremos señalar que los procesos evolutivos naturales se dan en un tiempo más lento; por el contrario, la acción humana surge en la razón y se motiva en la voluntad, lo cual le posibilita desarrollar una conciencia previsora; pero aun así, siempre tendrá efectos negativos, tanto más graves cuanto mayor sea el poder del ser humano y más vertiginosa sea en el tiempo su eficacia real; lo cual quiere decir que inexorablemente llegaremos un poco tarde, si bien con capacidad de superar las crisis que, de esta manera, lejos de ser una tumba, se convertirían en un escalón para subir en un proceso evolutivo, tanto material y civilizatorio, como axiológico y cultural.

La civilización occidental, dominante en el mundo, ha enfatizado el crecimiento material y, sobre todo, económico a costa de la destrucción de millones de especies vivientes y de una brutal desigualdad social; todo lo cual ha permitido enriquecerse a una minoría cada vez más reducida y empobrecido a más y más numerosos sectores sociales, si bien son estos los que con su trabajo producen la riqueza. Se ha socializado el trabajo pero se ha privatizado el fruto de ese trabajo. Pero hoy la generalización de la educación y la universalización de la información, han hecho crecer la conciencia social y las luchas políticas, con lo que los pueblos del planeta adquieren una más lúcida conciencia de sus derechos. En concreto, en Costa Rica, el mayor logro de nuestro pueblo, en las últimas décadas, ha sido la creación del Estado Social de Derecho, cuyo fruto ha sido la universalización en todos sus niveles de la educación pública y las instituciones de la seguridad social, lo cual ha hecho posible que estemos asumiendo, con encomiables resultados, la crisis mundial provocada por el coronavirus. Pero, inspirados en nuestros mejores valores cívicos, debemos cambiar el rumbo político imperante; debemos, mediante una mayor justicia distributiva – mayores impuestos directos al capital y no a los empleados y pensionados y a las clases medias – fortalecer los recursos del sector público. De esta manera, se disminuirá la brecha social que amenaza la estabilidad política y el crecimiento económico. Para ello debemos, desde ya, ir poniendo los fundamentos de la Costa Rica que queremos tener más allá de la crisis sanitaria.

Imagen: https://sites.google.com/site/procesosproductivos123/equidad-distributiva-y-retributiva

El Tránsito de Poderes en Honduras

Marlín Óscar Ávila

Este es un período de negociaciones sobre las posibles formas de tránsito del poder político hondureño, de manera que se logre mantener cierto nivel de cordura social, con las menores alteraciones institucionales posibles. Las ambiciones de poder de los partidos políticos en oposición no dan ninguna garantía a este tránsito sin mayores sacrificios institucionales.

En el escenario están, además, las Fuerzas Armadas, quienes se sabe, han estado involucradas en los delitos de mayor gravedad contra la democracia, incluyendo, los delitos contra la salud de la la ciudadanía estadounidense y de las naciones vecinas, como la nacional. Hay que tomar en consideración a las organizaciones juveniles, las denominadas Maras, quienes deben ser consideradas a negociar su menor involucramiento en un probable tránsito de poderes. No puede obviarse a ninguna fuerza social y menos política. Las mujeres organizadas, el pequeño y mediano productor, el empresario honesto, etc.

El departamento de Estado, la Casa Blanca, el PENTAGONO, saben que este tránsito es delicado y puede repercutir a su imagen política.

Medio mundo sabe que ante tanta delincuencia estatal, Honduras debe transformar su institucionalidad. Apoyar su continuidad es un absurdo desde cualquier punto filosófico, ideológico o doctrinario. Pero habiendo una fuerte y casi total dependencia de EUA, la mayor responsabilidad recaerá en ésa nación del norte.

Es una consecuencia lógica de su histórica relación.

El único partido que podría contradecir éste tránsito de poderes es el Partido Nacional, en el poder actual. Esta institución actualmente pasa por su peor momento y se espera una desbandada más pronto que tarde.

El consenso internacional para este cambio se podrá confirmar en dos o tres días en Buenos Aires, durante el G20. Seguramente Trump va a usarlo como un elemento más de sus usuales negociaciones.

Veremos.

 

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Honduras: Panorama de la actualidad

Marlin Ávila

Marlin Ávila
Marlin Ávila.

La masiva migración de Libia hacia Europa Central ha causado la muerte de más de 2,300 migrantes forzados a tratar de salvar sus vidas por las guerras intestinas en su zona, huyen en embarcaciones inseguras, crisis originada por la invasión militar de Estados Unidos de Norte América, con el visto bueno de la ONU, en el 2011. Irónicamente la ovación y derrota del país con más desarrollo económico de África, en ese momento, fue «para proteger a los civiles bajo amenaza de las fuerzas de su propio gobierno». Desde entonces ese pueblo no conoce la paz.

ISIS (o Estado Islámico) fue creada en Irak en el 2007 por fuerzas de inteligencia estadounidenses. Ahora, después de su fortalecimiento está considerada una de las fuerzas terroristas más temibles, sigue avanzando por muchos territorios de oriente y occidente.

La ONU ha estado inhabilitada de cumplir su rol de intervenir para evitar las invasiones y guerras promovidas desde las fuerzas hegemónicas mundiales.

Las monarquías europeas son utilizadas internacionalmente para mejorar las relaciones de sus países con ex colonias. En el caso de España, por los fuertes roces últimos en A. L., la nueva Reina Leticia, debe iniciar practicando su papel en ex colonias de mayor pobreza y fáciles de relacionar. España ha estado en fuertes crisis económicas, presa de alta corrupción con más de dos decenas de figuras políticas, principalmente del partido en el poder, acusados de fraudes y lavados de dinero. Regidos por el modelo neoliberal extremo, ha cortado mucho del presupuesto para el desarrollo de países pobres.

La reestructuración de las relaciones político comerciales en el mundo sigue sucediendo agresivamente, teniendo como principal motivador las amenazas, los bloqueos y la resistencia de los poderes hegemónicos constituidos por Alemania, EUA e Israelí, de no aceptar un mundo multipolar. En esta semana Argentina y Rusia suscribieron convenios multibillonarios en comercio y fortalecimiento militar. Días antes sucedió con Venezuela. Mientras tanto la Alianza del Pacifico sigue teniendo fuertes cuestionamientos por las desventajas económicas para los países en desarrollo llamados a su integración.

Las trabas que la ultraderecha en el Congreso de EUA le pone al restablecimiento de relaciones con Cuba, parece afectar más a esa nación que a la isla quien ha resistido sesenta años de maltratos y bloqueos. Así que dos o tres años más sin ese restablecimiento los trata con tranquilidad.

En Honduras, el Comisionado de Derechos Humanos (CONADEH) ha concluido el proceso de metamorfosis o transformación, iniciado hace una década de ser defensor de los intereses del pueblo, ha pasado a ser defensor de los intereses de quienes gobiernan, aunque todavía le falta cambiar su simbología, eslogans y atuendos para identificarse como lo que es sin confundir a la ciudadanía.

Honduras sigue mostrando sus atrasos en el desarrollo de una cultura democrática respetuosa de la institucionalidad y sus leyes primarias. Para avanzar en su ejercicio político electoral, un grupo de oligarcas rompieron con todo criterio de respeto institucional. Esta oligarquía continúa mostrando a la ciudadanía que lo que vale no es la ley pero el poder político monopólico para «hacer lo que se tenga que hacer».

El que un grupito de jueces haya librado el camino para la reelección de presidente o ex presidentes concuerda con los avances en otros países latinoamericanos. Sin embargo, las actitudes de esta oligarquía dejan grandes dudas de sí se seguirá violentado toda ley y si habría posibilidades de elecciones libres, limpias y democráticas. El reciente pasado da respuestas negativas a estas preguntas.

Nuestra mayor producción para exportación sigue siendo agrícola: café, frutas, verduras, mariscos, azúcar y aceites.

Los productos de extracción: minerales, están en manos de empresas extranjeras, que pagan tasas miserables pero utilizan la infraestructura del país sin pagar tributo alguno.

El resto de la economía consiste en servicios financieros y comerciales. Generalmente especulativos. La misma industria golondrina (maquila) es especulativa basada en la explotación de la fuerza laboral. Por esto las CCI y el mismo COHEP, dirigida por Aline Flores, comerciante intermediaria de la Toyota, favorecen la reelección del presidente actual. Este les da y ofrece lo que requieren para seguir amasando sus crecientes fortunas.

Según el COHEP más del 70% de la inversión en Honduras es de la empresa nacional. Mientras las inversiones extrajeras son un cuarto de lo que los hondureños envían desde el extranjero en remezas. Más de la mitad de esa inversión nacional es comercial, la mayor dinámica económica es especulativa.

Se sigue aumentando los precios de combustibles con altos niveles especulativos. La Comisión Nacional del Petróleo no tiene más argumentos creíbles ante meses de caídas de precios internacionales.

Ahora la riqueza natural y cultural sigue subastándose en el Norte. Esperemos que el precio base de la Ciudad Blanca sea elevado, aun cuando realmente no tenga precio alguno.

La consigna personal del Presidente es «trabajar, trabajar, trabajar», aunque violente todo principio democrático, de bien común y humanitario, beneficiando a minorías sin producir para la solución de los problemas de las grandes mayorías empobrecidas.

¿Cuándo se impondrá la democracia participativa para construir una sociedad más equitativa?

 

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Estado Laico

Dr. Rigoberto Salas Aguilar                              

Profesor Escuela Medicina UCR.

Jefe Clínica Hospital R.A.C.G.

 

Desde  su nacimiento, la Iglesia Católica ha estado íntimamente ligada con el poder político. Con éste ha cogobernado por siglos compartiendo sus enormes pecados y participando, activamente, en los abusos y agresiones que durante toda la historia de la humanidad, se han cometido en contra de los pueblos a nivel planetario.

Aún más, no solo participaron y auspiciaron, sino que ejecutaron, políticas genocidas  contra  grandes segmentos poblacionales por no compartir su religión o bien, por no querer asimilarla.

La cantidad de torturas provocadas, de agresiones cometidas y de muertes producidas en nombre de Dios, se cuentan por millones a lo largo y ancho del globo terráqueo.

Aún más, para imponer sus dogmas y creencias, crearon la SANTA INQUISICION, organización que tuvo como objetivo la detención, tortura y ejecución de todos los individuos que no comulgasen con  sus ideas. Fue un MUERA LA INTELIGENCIA, que duró más de 1000 años y que detuvo el desarrollo científico de la época, impidiéndole al hombre su evolución. Recordemos a Galileo y su- e pour si muove-.

No es aventurado decir que sin la nefasta y retardataria presencia de los tribunales eclesiásticos de la Inquisición, el hombre hubiese alcanzado las estrellas -como lo hizo Gagarin en 1961- muchos siglos antes. En los últimos 50 años la ciencia ha avanzado mas que en los 500 años previos. El desarrollo del intelecto humano con los grandes avances científicos de nuestra época, han permitido entre otros logros, el control de enfermedades que mataron millones de personas. Si no hubiese existido la acción inquisidora de la Iglesia, con certeza el actual nivel de desarrollo del conocimiento se hubiese alcanzado hace siglos, habiéndose ahorrado la humanidad mucho dolor y muerte.

En nuestro país, en concubinato escandaloso con el poder político, cohonestado por una constitución que vulnera los derechos de las minorías religiosas, las autoridades de la iglesia Católica se pasean del brazo de los políticos que gobiernan, haciendo negocios con ellos y manteniendo prebendas y privilegios que no tienen otras organizaciones sociales. Esta estrecha relación le ha permitido a la Iglesia amasar enormes fortunas y mantener un régimen de privilegio extrayéndole al Estado ingentes cantidades de dinero por pago gubernamental por servicios y exención de impuestos y de obligaciones fiscales.

Esto debe de terminar. Debe buscarse, urgentemente, la reforma constitucional que elimine la religión Católica como la religión del Estado como debe de ser en un país que cobije de igual manera y con idénticos derechos, a todos los ciudadanos de diferentes credos y religiones.

Así mismo, debe terminarse con los pagos que las instituciones estatales como el Seguro Social, le hacen a los curas que están en los hospitales y eliminar los espacios hospitalarios para capillas donde se pueden ubicar algunas de las muchas camas que hacen falta en nuestros nosocomios.

También deben eliminarse todas las exenciones de impuestos de que gozan los integrantes del clero y hacerlos tributar por las enormes fortunas que algunos de ellos poseen en forma particular y como institución religiosa. Los jerarcas de nuestra iglesia, en aras de establecer justicia y tener transparencia en cuanto a las fortunas que han amasado, deberían permitir la publicación de los recursos que ellos poseen en diferentes empresas y sociedades, así como individualmente. Esperamos también que la alta jerarquía eclesiástica auspicie y respalde urgentemente, la reforma constitucional que estamos proponiendo, con el fin de buscar un Estado realmente democrático, que cobije a todos por igual, sin distingos de raza, color o religión.

 

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Semejanzas de la película “Los Juegos del Hambre” con la realidad nacional

Fui a ver la película Juegos del Hambre en Llamas. Me pareció muy significativo el hecho de que en este tiempo de campaña electoral, se esté pasando está película. Al terminar, en la misma sala de cine, manifesté en voz alta mi deseo de que ojalá todos los costarricenses pudieran ver esta película antes de las elecciones, pues en ella se muestra claramente lo que hace un poder corrupto y como le da al pueblo una serie de momentos para alejarlos de la realidad. Los juegos del Hambre es la atracción principal, como decir, los carnavales, los toros, el futbol, los festivales de la luz, los bailes de la polilla y cuanta cosa fantasiosa se les ocurra para simplemente mantener al pueblo absolutamente alejado de la realidad. Pero además, se presenta claramente el papel de algunos de los medios de comunicación. Totalmente ligados al poder político y económico y luego manipulando las informaciones y siendo parte del espectáculo. Siendo protagonistas de una información parcializada y con un propósito claro, mantener ese poder por medio de luces y distracciones y al pueblo en la ignorancia. El papel fundamental de los medios de comunicación es relevante en cómo conservar las situaciones y cuando estas se les salen de las manos simplemente apagan todo, es decir, dejan de «informar» y de transmitir para luego cambiar de escenario y seguir manipulando. Relevante también es como aparecen los «chupamedias» los esbirros, los cercanos al poder que se sienten complacidos con comida y bebida, los «útiles al poder» los vendidos por cualquier cosa. Se ve claramente como la manipulación del poder empieza precisamente con saciar el hambre aunque sea con miserias, con diarios, con latas de zinc, aprovechándose de la pobreza en que ellos mismos los han sumido. Y lógicamente se ven los que forman parte de esa camarilla de poder, los cercanos al «jefe» los que forman el círculo. Resultó impactante el cómo se ejerce y cómo hacen funcionar la «campaña del miedo» aniquilando a quien se subleva, cortando opciones al pueblo. Manteniendo al pueblo en la ignorancia y cada vez más pobres, incluso acabando con las opciones que el mismo pueblo ha inventado para poder subsistir ante la situación que vive. Pero la película al fin y al cabo tiene un tema de fondo…LA ESPERANZA…ese tema que es peligroso para los que detentan el poder…LA ESPERANZA…esa palabra que se torna incómoda para quienes pretenden mantener una situación de pobreza no solo material sino también espiritual. Hoy Costa Rica vive una situación cuya analogía con la película podría resultar para algunos, exagerada, sin embargo, no andamos muy lejos de situaciones como las que se plantean en esa película. Precisamente estamos en ese momento crucial que es que hoy en Costa Rica el tema de la ESPERANZA es lo que tiene temblando a los que detentan el poder. El tema de LA ESPERANZA tiene al pueblo levantando la mano y mostrándose. El tema de LA ESPERANZA hoy está haciendo VISIBLES  a los INVISIBLES POR AÑOS y está haciendo LA ESPERANZA que se escuchen los que estaban en silencio. Aún queda tiempo para que quienes no han tomado la decisión de hacerse VISIBLES Y DEJARSE ESCUCHAR lo hagan. Hay opciones claras que pueden propiciar el cambio que queremos  y que pueda acabar de una vez por todas este JUEGO DE HAMBRE en el que nos han metido y mantenido por más de TREINTA AÑOS.  Tome la decisión por Costa Rica y pensando en que así como vamos, nuestros hijos y nietos no tendrán las oportunidades que tuvimos nosotros y que si esto no cambia estarán propensos a ser los protagonistas de los juegos del hambre que vendrán en el futuro.

 

Enviado a SURCOS por José Luis Pacheco.