Ir al contenido principal

Etiqueta: psicología política

Antivoto, conflicto social y salud mental

Por Vilma Leandro Zúñiga
Psicóloga

Como si no estuviéramos en tiempos difíciles ya de por sí, encima hay «eruditos» que salen a decir en qué estado de ánimo hay que ir a votar y con qué lógica: que la razón, que la esperanza, que la alegría, que la fiesta electoral, que el miedo, que no hay que votar en contra sino a favor… y un largo etcétera.

Las recomendaciones no tienen nada de malo, pero los juicios e imposiciones morales estilo «cátedra política» no nos lucen mucho en este escenario tan dramáticamente difícil y peligroso.

Que lo ideal sería ir «feliz de la vida» a votar por la opción decidida, pues sí. Pero hace mucho rato dejamos de estar ahí, y, como en otras elecciones lo he dicho, estamos «padeciendo» el voto.

En psicología sabemos que el conflicto es parte inherente a la naturaleza humana. Y que el primer paso para resolverlo es reconocerlo y tratar de descifrar adonde está el núcleo. También sabemos que se da en todas las esferas: a nivel interno, de pareja, familiar, laboral, comunitario y, por supuesto, social/nacional.

Podríamos decir que en este momento nuestro país está atravesando una alta conflictividad social. Si en el 2007, con el TLC y, en el 2018, con las elecciones de los Alvarados estuvimos “como agua para chocolate”, ahora, me temo, sí es cierto que el país se quebró, sobre todo, porque tenemos casi 4 años de estar vivenciando discursos y acciones en las altas esferas políticas que no solo promueven el odio, la división y el irrespeto, sino que además predican con el ejemplo. Y encima, esa ha sido su estrategia imparable de campaña. De manera que era imposible que no llegáramos a esta parte bastante fracturados.

Hay investigaciones de psicología social y política que indican que, en este tipo de escenarios, las personas suelen sentirse mal, con miedo, con mucho enojo, con tristeza, con cansancio emocional, con sobre pensamiento (tener ideas fijas a cada rato que se vienen a la mente) con angustia que deriva en crisis de ansiedad y todo su correlato con síntomas físicos: dolores de cabeza, insomnio, afectaciones estomacales, incluso con episodios de llanto, etc. En general, se puede generar un gran malestar que hace que la gente no ande bien y no pueda funcionar como siempre, ni en el plano emocional, ni en el del pensamiento.

Digo todo esto porque si se han sentido mal en estos días y, especialmente, cuanto más cerca están las elecciones, pues están reaccionando de la forma más natural y esperada, ya que, como ya dije antes, la situación que enfrentamos es tremendamente delicada.

Se trata de definir qué país queremos en una coyuntura donde tenemos la vida amenazada de muchas formas y como nunca antes: desde la violencia en las calles desatada por el narco, hasta las listas de espera interminables de la Caja ( si alguien se enferma grave sabe que le toca un largo viacrucis), pasando por las «geniales» propuestas recientes de suspender las garantías individuales, lo cual es absolutamente grave y ya colocarnos sin tapujos en el camino de cualquier dictadura promedio de la región.

Yo quiero decirles que si ustedes son de las personas que no desean el continuismo y están abrumados, con estado de ánimo cambiante (de tristeza a miedo, de miedo a esperanza, de esperanza a enojo, etc.) ni están «mal de la cabeza», ni tienen problemas psicológicos, ni nada por el estilo. Son ciudadanía responsable, con un alto compromiso cívico, que aman esta patria, conocen y valoran la historia del país sabiendo cuánto pesa en lo que hemos sido como nación.

También se vale el antivoto, es decir, ir a votar en contra de algo, en contra de un proyecto de país considerado como amenaza a lo deseado. Lo fundamental es ejercer ese sagrado derecho al sufragio. Sería lindísimo que todo el mundo fuera a votar a favor de una candidatura que siente que le representa, pero eso no siempre va a ocurrir. La gente hace sus valoraciones y hay que respetarlas. Todos los votos cuentan: los emitidos con una gran convicción y los que se hacen con la lógica para evitar el mal mayor. Que ahora tiene un rostro prosaico de populismo con altos niveles de autoritarismo y de engaño.

Lo personal es político. Por eso las elecciones nos pueden descolocar, y eso no es necesariamente negativo, habla bien de nosotros, de nuestra humanidad, de que aun somos gente que nos preocupa e interesa el bien común y la reserva democrática que todavía tenemos y que es, ni más ni menos, lo que está en juego.

Psicópata conspiracionista y depredador

Dr. Oscar Aguilar Bulgarelli

En estos tiempos, personajes con una peligrosa combinación de características psicológicas, integradas y mezcladas, que asumen el poder en diversos países y continentes, tienen al mundo de cabeza, y por lógica, a nuestro país.

Por ejemplo, el psicólogo y criminalista español Vicente Garrido nos habla en su libro “El Psicópata Integrado” del papel destructivo de estos individuos en la familia, la empresa y la política; sobre este último aspecto es importante ver la opinión de este autor. Lo primero que señala Garrido, es que los psicópatas son gente profundamente “desconectada” entregados a la acumulación de poder y estatus, por lo que deben ser considerados personajes de gran riesgo cuando tienen en sus manos cargos de gran responsabilidad política, y cita como ejemplos muy relevantes a Donald Trump y Vladimir Putin (P. 163) y agregamos localmente a Rodrigo Chaves.

A este tipo de líderes generalmente narcisistas y psicópatas hoy se les llama: líder tóxico, líder predatorio, o líder destructivo que, de acuerdo con la socióloga Jean Lipman:” Son aquellos individuos que, en virtud de su conducta destructiva y rasgos disfuncionales de personalidad, generan un efecto venenoso y permanente en los individuos, las familias, las organizaciones y en toda la sociedad en su conjunto… (P.165)”. Pues bien, para estos individuos la política resulta un terreno abonado para desenvolverse por ser, generalmente, carismáticos, manipuladores, egocéntricos y mentirosos, características que los hace atractivos a las masas, especialmente si encuentran eco en los medios de comunicación o las redes sociales, por lo que dice o promete hacer, generalmente por medio de mensajes simples sin mayor contenido y sin reparo para mentir y manipular, a través de los cuales promete solventar todos los problemas y ser casi, un salvador de la Patria.

Además, señala el psicólogo Garrido, los psicópatas tienen un “núcleo duro” presente en todos ellos que los hace: crueles, sin empatía, emocionalmente superficiales, mentirosos y manipuladores, por lo que no les importa los efectos negativos que para otros pueda tener su lamentable accionar, ya que no tiene sentimientos de culpa pues, de inmediato, le endilga a otros la responsabilidad de esa consecuencia (P. 181). Este autor describe veinticinco aspectos que caracterizan a estos políticos psicópatas, no vamos a citarlos todos aunque encajan en figuras harto conocidas, pero algunos resultan de especial relevancia: 1) Son seres ”magnéticos” ante los medios, y mantienen una relación amor-odio ( en función de si le son favorables o no) con estos; 2) Enfrenta los poderes del Estado para apuntalar su poder, ya que cuanto más debilitados estén, menos podrán controlarlo; 3) Desarrollo del culto a la personalidad; 4) Dificultad para mantener una conversación coherente y profunda. Rigidez mental, no acepta el debate; 5) divide el país entre “buenos” y “malos” ciudadanos en función de su apoyo o no a sus ideas, 6) utilización de sus subordinados y, cuando dejan de serle útiles, los separa sin miramientos, 7) pone a sus incondicionales en los puestos claves de las instituciones, por lo que no tiene amigos reales, solo servidores 8) uso artero del lenguaje. Ahora bien, las tres últimas características que podemos citar de su larga lista, resultan especialmente interesantes: 9) utiliza los poderes del Estado para favorecer a grupo criminales que lo apoyan o que son antisociales por el daño que causan a la comunidad en su conjunto (narcotráfico, por ejemplo); 9) alienta teorías de la conspiración para justificar sus actuaciones antidemocráticas o el fracaso de sus políticas (acción de fiscales o tribunales de justicia, por ejemplo) y 11) presenta una clara tendencia paranoica: cualquiera puede convertirse en su enemigo en cualquier momento si aprecias signos de una mínima critica. (Pp. 190-202)

Pienso que con esta descripción de un psicópata metido en la política y con poder, usted querido lector, ya ha empezado a seleccionar uno, una o varios personajes nacionales, que calzan dentro de estas características. Pero déjeme ahora hablar de otro aspecto fundamental, para ayudarle en su ubicación de estos nefatos personajes: el “conspiracionista”, ligado especialmente a los puntos 9 y 10 anteriormente descritos.

Sobre ese conspiracionismo y la tendencia paranoica, quiero fundamentarme en las explicaciones que sobre esos aspectos nos da el reconocido comunicador y catedrático de la Universidad de París el Dr. Ignacio Ramonet en su libro “La Era del Conspiracionismo” que, si bien centra su análisis en el caso de Donald Trump, explica cómo aplica esas condiciones generales a cualquiera otro, como Rodrigo Chaves, por ejemplo. Dice Ramonet que todas estas teorías, en donde sea que se den, están basadas en la “creencia que unas fuerzas poderosas y mal intencionadas mueven, clandestinamente, los hilos para manipular determinados eventos, personas o coyunturas” Esto hace pensar que los acontecimientos tienen una trama oculta y siempre los culpables son un individuo o un grupo poderoso que controla, en secreto, los hilos del poder político que los causa y son los culpables de su desgracia. Pero lo más interesante es que esos grupos o individuos, están ligados siempre al poder económico, la banca, los medios de comunicación, las instituciones académicas que se mueven en contra de los intereses de la gente sencilla. En Costa Rica los ataques a los medios de comunicación “canallas”, los ladrones de las instituciones para su beneficio, las universidades, etc. son harto coincidentes (P. 75).

El gran aliado del político psicópata creador o inventor de estas teorías conspirativas sin fundamento y demostración, son las redes sociales “que favorecen la creación de comunidades a veces con ideas de odio, racistas, machistas, supremacistas “desde donde se acusan a los antiguos medios de haber abusado de la manipulación, de ocultaciones y de mentir en los últimos treinta años, con lo que han logrado debilitar el periodismo y su credibilidad (P. 76). Así podemos decir que esos medios “canallas” son en mucho sustituidos por medios “vasallos” creados en las plataformas digitales, al servicio del interés político del personaje de turno. Ante la presión del poder político, muchos de esos medios “canallas” terminan por doblegarse y convertirse también en sus vasallos.

Ese surgimiento en las redes sociales de los “creadores de contenidos” y sus granjas de troles dispuestos a difundir la mentira como su arma favorita, es lo que Umberto Eco llamó la invasión de los necios, la dilución del conocimiento, la banalización del discurso y la cultura, logrando con ello desvirtuar la verdad en favor de la mentira, para darle puerta abierta desde 2016 con la elección de Trump a una de las mayores aberraciones del discurso político: la posverdad. A partir de ahí, según Ramonet la confirmación de los hechos ya no importa, a la gente se le atrae y se les mantiene adherida con sentimientos y emociones por eso los relatos o afirmaciones sin fundamento sobre complots o conspiraciones son aceptadas emocionalmente y no necesitan comprobación, y cualquier explicación racional o documental resulta un vano esfuerzo (P.89 y 93). Así la mentira reiterada y entre más grande mejor, es más creíble para una población que nada en la incertidumbre que les han creado. En otras palabras, los mentirosos consumados, asumieron el poder.

Ese psicópata con poder y atrapado mentalmente en una serie de planteamientos conspiracionistas, algunas veces porque los cree y otras porque le conviene, se convierte en lo que Giuliano da Empoli nos habla en su libro “La Hora de los Depredadores”. Para él, los Trump, Bolsonaro o los Bukele y Chaves, Ortega o Milei agregaríamos nosotros, para apropiarse del poder asumen la utilización o provocación del caos como instrumento o marca de los más fuertes. En este momento, dice el autor, el ciudadano que podía pensar había algunas salvaguardas en el accionar de la sociedad (respeto por la independencia de las instituciones, los derechos humanos y las minorías, la atención prestada a las repercusiones internacionales de los actos de gobierno, la Constitución y las leyes) se encuentra, casi de pronto, que nada de eso tiene valor en la hora de los depredadores, generalmente escasos de conocimientos de los cuales, aunque parezca paradójico, son enemigos. No leen, no estudian, no les interesa pues en su mundo caótico y de poder lo que les interesa son las decisiones inmediatas, hasta audaces “que dejen estupefactos a los adversarios… no existe prácticamente ninguna relación entre poder intelectual y la inteligencia política (P. 82-83)”. Al gobernante depredador no le interesa ni le sirve un sistema regido por las reglas (leyes) y por ello ha infundido en el pueblo el sentimiento de que no son garantía de nada, sino instrumentos de un “gigantesco fraude, por no decir un complot de las elites para oprimirlo”. El depredador ofrece acabar con los males de la sociedad: criminalidad, coste de la vida, trabajo, etc. Pero como sus adversarios piden el respeto a la ley, a las reglas, a las normas y por eso… ¡no lo dejan gobernar!

Ahora podemos ver las características del político psicópata, conspiracionista y depredador en nuestro patio costarricense, pues estamos en manos de uno de ellos. Pero no solo Rodrigo Chaves las reúne, en su entorno otros actúan como tales y poseedores de esas “virtudes caóticas y destructivas”. Por ejemplo, la maestra de la mentira y nutricionista de la posverdad oficial la diputada Pilar Cisneros, o Laura Fernández que pretende ser el alter ego de Rodrigo Chaves, aunque en lo único que lo supera es en su supina ignorancia.

Les propongo que vuelvan a leer este artículo y comparen cada característica con el comportamiento de Chaves y sus acólitos; terminarán diciendo como cuando comprábamos postalitas… la tiene, la tiene, la tiene…-

JUNTANZAS Y APALABRAMIENTOS

Por Memo Acuña (sociologo y escritor costarricense)

Es sábado de un setiembre que ya empieza a envejecer. Lluvioso, pero con calor en el alma que es lo que importa. Subimos a un autobús que nos llevará al Barrio Kennedy, un suburbio popular ubicado en la periferia de Bogotá. Como es habitual en los servicios de transporte de esta ciudad hermosa y compleja, los viajes suelen ir acompañados por una persona que hace de su arte, su vida, su ley motiv para sobrevivir.

Marina es una de esas personas, personajes de la informalidad bogotana que subisisten y responden ante la atrocidad del sistema. Es una mujer que amplifica su voz y con su voz nos hizo un regalo, uno de muchos ese día, al brindarnos su música para que sintiéramos, bailáramos, cantáramos. Ahí Ángeles azules adquirieron otra dimensión: poco importaban nuestros títulos, nuestra academia. Esa mañana, en ese autobús, fuimos voz colectiva con otras personas que también apalabraron desde la música, su razón cotidiana.

A un lado mío viajaba una joven mujer que amamantaba a su niño recién nacido. Y lo hacía al compás de la canción hecha vida por Marina. ¿Cómo recrear la vida, el principio, el origen, desde esa maternidad absoluta y vital? ¿Cómo hacerlo desde la alegría de coincidir? En estos tiempos de transición hacia nuevas formas de vincularnos, la música, el arte, deberīan ser enunciados como política pública, como decreto, como ley. Porque nos permiten la importancia del afecto, de la convivencia, amamantarnos de vitalidad.

Llegamos a Barrio Kennedy con ese sabor a canción en nuestros cuerpos. Nos dirigimos a la Casa comunitaria de la organización Juntanza Techotiva, autogestada por un grupo de mujeres jóvenes con una combatividad absoluta. Allí conversamos y conocimos sobre sus luchas, que son las luchas de todos y todas en una comunidad popular asentada en las cercanías de un humedal histórico en la Gran Bogotá. Entonces hablamos, apalabramos sobre medio ambiente, derechos humanos, autonomía colectiva. Aprendemos. Nos escuchamos. Las escuchamos.

Psicóloga social Rosita Suárez, en su homenaje en el marco del Encuentro Cuerpo, Patología Social y Política, realizado en Bogotá, Colombia, el 16 y 17 de setiembre.

En una Colombia esperanzada por el cambio, por la posibilidad, hemos venido unos días intensos a hablar de procesos comunitarios, de migración, de psicología política, de ancestralidad. Y hemos cerrado el encuentro conociendo esa combatividad de Diana y sus compañeras de lucha. Nos cuentan lo que hacen para empujar ese proceso desde el territorio, desde allí. Nos comparten que aún antes de que se conociera la designación de Francia como Vicepresidenta, la primera mujer en ese cargo, afrodecendiente, las había visitado y su encuentro quedó tatuado en una pared de la casa que sostienen a todo pulmón y militancia.

Decir esto en una Latinoamerica dolida, profunda, desigual, es decir esperanza. Para eso son las juntanzas, como la que nos convocó unos días desde la hermandad de Cátedra Libre Martín Baró. Entonces creemos que si, que si es posible otro mundo donde podemos juntarnos y celebrar la palabra que transforma, el lenguaje que recrea la vida, que nos la devuelve en rituales y abrazo colectivo.

Renuevo mi militancia en estas posibilidades de hacer. Desde aquí hago política, la que importa, la que transforma. La misma que hace apenas dos semanas nos juntó a un grupo de poetas del mundo en otro lugar histórico de nuestra región profunda, San Cristóbal de las Casas, para apalabrar en homenaje a las mujeres que buscan a sus familiares desaparecidos. Hoy, en esta juntanza, nos hemos reunido para abrazar la trayectoria de nuestra querida Rosita Suárez, Psicóloga Social colombiana de la cual seguimos aprendiendo que pensar bonito sea quizá la principal declaración universal para que este mundo en que vivimos siga valiendo la pena.