El 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, una efeméride impulsada por la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH), con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El propósito de esta fecha es visibilizar el trastorno mental más grave que están padeciendo los miembros de la sociedad global, para generar un conjunto de estrategias que sirvan de apoyo a estas personas y les permita sobrellevar su enfermedad o curarse definitivamente. El esfuerzo por diagnosticar y tratar trastornos de salud mental en edades tempranas reduce el coste financiero en el futuro y evita todo tipo de problemas derivados, como puede ser el suicidio.
Los últimos dos años han sido especialmente complicados con el tema de la salud mental, porque la pandemia vino a generar situaciones muy difíciles, especialmente en adultos mayores. Por eso es muy importante hacer lo necesario para colaborar con ellos y ayudarles a que puedan superar esa situación.
Para el año 2022 el lema es el siguiente: «Hacer de la salud mental y el bienestar para toda una prioridad mundial».
Perder la salud mental es acarrear situaciones que afectan no solo a quien la padece sino a todo el grupo familiar y por eso el trato debe ser también para quien padece y a quienes le acompañan.
Se trata de trabajar en conjunto para reflexionar acerca de las acciones a implementar para que la salud mental sea una prioridad a nivel mundial.
Dios quiera que las personas que padecen de esta enfermedad puedan tener el apoyo necesario, la compañía y la atención que requieren.
Dr. Ignacio Salom Echeverría. Médico Internista e Inmunólogo. Invitado de ACANAMED.
misalome51@gmail.com
El ser humano, y en este caso me refiero al Homo sapiens, ya que todos los homínidos son humanos, vive un proceso permanente que se debate entre el sufrimiento y la paz. Hay una especie de tensión entre ambos estados o condiciones mentales que, dependiendo de condiciones internas del cerebro y el medio externo, se ubica entre un estado de alegría exorbitante y el más profundo dolor psíquico. Entre ambos estados hay un abanico de matices; se calcula que existen unas ciento ochenta variantes emocionales. Reacciones en ambos grupos de condiciones mentales son a veces necesarias, por ejemplo, algún grado de estrés con el que se aborden los deberes cotidianos.
Este cerebro, puede tener entre 200.000 o 300.000 años de evolución, si lo contamos a partir del origen del sapiens, o más de 4 millones de años si consideramos los primeros homínidos que se bajaron de los árboles a la sabana en el este de África y, 65 millones de años si hacemos el jalón desde la desaparición de los dinosaurios, que dio espacio a la generación de especies más pequeñas, de donde a brincos y saltos genéticos, provenimos nosotros.
Todos los seres animales de la naturaleza están atrapados en sus necesidades alimenticias y de abrigo, así como ponerse a salvo y no convertirse en el desayuno de cualquier carnívoro. Una lucha por la sobrevivencia, que demanda no ser presa de la entropía. Nosotros, los seres humanos modernos, desde esa perspectiva somos predadores. Necesitamos del impulso vital desde el eje neuro-adrenal, para producir las hormonas que nos permitan buscar el alimento y aquellos neurotransmisores que, desde nuestro cerebro, nos confieran la saciedad, la serenidad y el gozo.
Claro que no nos hemos quedado ahí, desde épocas muy remotas, empezamos a sembrar las semillas de la moral, la ética, las religiones, las leyes, los ejércitos, las sociedades, la educación que han venido a veces a paliar, a veces a complicar las relaciones humanas y de estas con la naturaleza.
La interrelación entre los conflictos internos del sujeto y de este con su entorno, construyen circuitos neurales que nos deparan, por ejemplo, ansiedad, culpa, enojo, envidia, angustia, tristeza, sufrimiento, estrés, y condiciones más severas de alteración de la salud mental como la Esquizofrenia, Enfermedad Bipolar, Anorexia, Depresión, Autismo, Déficit atencional y muchos otros diagnósticos, más del resorte de los profesionales en el campo de la psiquiatra y la psicología. Algunas de estas patologías tienen un componente genético.
Muchos son los detonantes que contribuyen a generar trastornos de la armonía de nuestro ambiente físico y mental y de este con el entorno. Algunos provienen de nuestro fuero interno, otros se gestan desde el entorno social. La pobreza, el desequilibrio familiar, la violencia intrafamiliar, los abusos sexuales, la drogadicción y el alcoholismo, los conflictos sociales como las guerras, por citar sólo algunos. La atención de algunos de estos condicionantes pertenece al orden político, social y económico; las más severas son detectadas y tratadas por los profesionales, psiquiatras, psicólogos, enfermeras y trabajadoras sociales; otras menos patológicas, requieran del empoderamiento de las personas, para que con su aporte logren estados prolongados de paz, armonía, serenidad y gozo interior.
El ejercicio, la buena alimentación, los encuentros familiares, las amistades, la buena lectura, la creación de ambientes saludables, el contacto con la naturaleza, el apoyo a los menos favorecidos, el baile, la música, la autoestima, entre otras dinámicas, se confabulan para generar estados emocionales, estados de ánimo y personalidades, más proclives a la salud y al bienestar físico y mental.
No se puede quedar en el tintero, el trabajo que cada individuo puede realizar, aprovechando la neuro-plasticidad del cerebro, para realizar ejercicios mentales orientados a desarrollar habilidades y destrezas mentales, que contribuyan a crear y disfrutar estados de serenidad prolongados por algunos minutos diarios, obtenidos a partir de la concentración enfocada en un sólo objeto, del silencio mental y la paz interior. Este proceso implica una remodelación de las interacciones neuronales y sus neurotransmisores, en función de controlar la intensidad y la duración de emociones destructivas, así como lograr para el practicante consumado, menos exabruptos de enojo, intolerancia, miedo, ansiedad o culpa, con repercusión en estados mentales y físicos más saludables y amorosos.
Dr. Fernando Morales Martínez Médico Geriatra y Gerontólogo, Miembro Honorario de ACANAMED
El primero de octubre de cada año se celebra el Día Nacional y Mundial de la Persona Adulta Mayor. La Organización de Las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud han declarado el período comprendido entre el 2021 y el 2030, como la década del envejecimiento saludable para las personas adultas mayores.
La Organización Mundial de la Salud define entonces envejecimiento saludable como un proceso continuo para optimizar las oportunidades de mantener y mejorar la salud física y mental, la independencia y la calidad de vida a través de la movilidad, capacidad de aprender y de tomar decisiones, de mantener relaciones sociales y realizar actividades que les agraden.
El envejecimiento está muy relacionado con la interacción de factores físicos, sociales e individuales. Como seres humanos tenemos en nuestras manos algunas estrategias que podemos aplicar para cambiar el rumbo hacia un envejecimiento saludable. Dentro de las estrategias individuales se deben implementar desde las primeras etapas de la vida, algunas medidas preventivas que permitan un envejecimiento satisfactorio.
Siempre se ha dicho que la expectativa de vida está relacionada con la genética; sin embargo, ésta representa únicamente un 30% de influencia total en la salud, mientras que el otro 70% depende del impacto de factores positivos y negativos en la trayectoria de vida de las personas, es decir, la posibilidad de alcanzar la vejez con buena calidad de vida depende, en gran medida, de factores medioambientales e individuales (estilos de vida).
Al vivir en sociedad, nos comunicamos y relacionamos con otras personas; familiares, amistades o vecinos, formando una convivencia en la que nos apoyamos y ayudamos mutuamente.
En nuestro país tenemos el privilegio de contar con una de las cinco zonas azules del mundo, ubicada en la península de Nicoya, donde se ha identificado un grupo de personas mayores que han llegado a cumplir más de cien años (centenarios) y que además de su longevidad han logrado vivir de manera saludable. Dentro de los factores más importantes que se evidenciaron en el estudio de centenarios, para conseguir un envejecimiento exitoso, están: vivir con una dieta modesta que consiste en verduras, legumbres, carnes con poca grasa, (cerdo, pollo, res o pescado), tortillas de maíz, abundante agua; evitar el licor, tabaco, drogas ilícitas y polifarmacia; realizar actividad física; fomentar la espiritualidad en unión de sus familias; entre otros factores positivos de vida.
Es nuestra propia determinación la que nos va a conducir a tener un autocuidado, practicar una adecuada higiene de la salud, tener una nutrición suficiente y balanceada, evitar todo tipo de abusos y mantenernos activos funcional y cognitivamente.
Finalmente, como dice un viejo refrán español y que lo deberíamos practicar: poca cama, poco plato y mucha suela de zapato.
Proyecto de trabajo comunal desarrolla la estrategia en Talamanca
Con el objetivo de fortalecer el vínculo y el lazo social como estrategia preventiva ante el suicidio, la Universidad de Costa Rica (UCR) desarrolla el proyecto de Acción Social bajo la modalidad de Trabajo Comunal Universitario: “TC-709 Salud mental comunitaria para la prevención del suicidio en el cantón de Talamanca”, a cargo del docente de la Escuela de Psicología, Damian Herrera.
En el año 2014, por el aumento de casos de suicidios de personas jóvenes en la comunidad de Talamanca, el gobierno local declaró emergencia cantonal, lo que significó que varias instituciones y organizaciones de la sociedad civil iniciaron esfuerzos, entre ellas la UCR, y se creó la Instancia Local de Abordaje Integral del Comportamiento Suicida.
Causas: violencia y promesas rotas
Según Damian Herrera, la investigación inicial determinó que la población joven mostraba una serie de vulnerabilidades particulares y que las altas tasas de suicidio tienen relación con un trauma psico-social.
“En la zona se vive con un trauma psicosocial, estamos hablando de población afrocostarricense, de población migrante y población indígena que arrastra un trauma de más de 500 años de abuso, exclusión y que en algún momento fue una violencia institucional”, agregó Herrera.
Talamanca es el segundo cantón con más bajo índice de desarrollo humano apenas por encima de Matina, según el Atlas de desarrollo cantonal del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Las personas jóvenes de Talamanca están ante un limbo entre las promesas sociales de realización personal y económica, que al final no se cumplen por su origen histórico-cultural y condiciones socio económicas.
“El suicidio llega a ser una solución ante un limbo en que los jóvenes no pudieron construirse una imagen de ellos mismos satisfactoria en el futuro, por falta de acompañamiento” concluyó Herrera.
TCU Salud Comunitaria y Prevención del Suicidio en Talamanca Estudiantes de TCU describen su participación en el proyecto en las 4 grandes áreas: arte, apoyo, escucha y gestión de emociones, acompañamiento vocacional y economía social solidaria
Esperanza: arte, escucha, acompañamiento
La apuesta del proyecto es que a medida que se fortalezcan los lazos sociales y se atiendan necesidades emocionales, espacios de escucha y acompañamiento de perspectivas de vida, se logra prevenir el suicidio. Aunque el proyecto tiene un énfasis especial en las personas jóvenes, están contempladas actividades con niños, niñas y personas adultas.
A través de la metodología y actividades, se busca que las personas de la comunidad no se limiten a la concepción de su identidad indígena en el imaginario, sino que la acepten como parte de sí, pero que además tengan el poder de decisión sobre cómo vivir su presente y futuro, por ejemplo en cuanto a trabajar en su comunidad o fuera de ella y la opción de volver si así lo desean.
La expresión artística es uno de los ejes del proyecto que se enfoca como una oportunidad de creación de identidad. Por medio de talleres de fotografía, exploran la visión de su cotidianidad y dan a conocer su comunidad.
Otro de los ejes es la creación de espacios de escucha en donde se le brinda a los jóvenes herramientas para la gestión de emociones, acompañamiento en situaciones de crisis y también se capacita a población adulta para ejercer esta escucha activa e identificación de la conducta suicida y dar primeros auxilios psicológicos.
“Esto se debe a que por las distancias se requiere de la ayuda emocional de forma urgente y la idea es que haya personas que con ciertas herramientas puedan ayudar a una persona en una situación emocional delicada”, declaró Herrera.
Finalmente, otra rama de acción es el acompañamiento en las áreas educativa y productiva. En el ámbito educativo se les da seguimiento a las personas jóvenes en las perspectivas vocacionales, luego de finalizar la secundaria: orientación vocacional, trámites y procesos de becas y admisión en universidades u otras instituciones educativas.
En el campo productivo se dan capacitaciones y apoyo a iniciativas de economía social solidaria y se brindan estrategias de organización, así como empoderamiento del valor de su trabajo.
Hacer conciencia sobre el suicidio
El suicidio es un comportamiento para evitar el dolor, cuando el dolor de una persona es continuo, sin herramientas para gestionar emociones y no se cuenta con una red social de apoyo; cualquier persona, podría en algún momento tener una idea suicida y en algunos casos intentarlo o consumarlo.
A nivel mundial 700 mil personas perdieron la vida por esta causa y en Costa Rica es la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 20 a 24 años, según la Organización Panamericana de la Salud.
Desde el año 2003, la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud, ha promovido cada 10 de septiembre el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, con el objetivo de concienciar a nivel mundial que el suicidio puede prevenirse.
En Costa Rica, las poblaciones con mayores factores de riesgo se identifican como personas con inseguridad socioeconómica, desempleadas o con trabajo parcial, trabajadoras en el sector servicios, y, de manera significativa, mujeres, según estudio sobre salud mental realizado por las universidades públicas durante la pandemia.
El pasado viernes 17 de junio de 2022 la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó el «Informe mundial sobre salud mental: Transformar la salud mental para todos», primer informe sobre salud mental que publica la OMS en 20 años, el cual presenta una visión actual y normalizada de las afectaciones en la salud mental como un fenómeno existente en la vida cotidiana de personas y comunidades, y como uno de los efectos más significativos de la pandemia que, a día de hoy, todavía sigue presente. La salud mental es, como plantea el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS, “una parte intrínseca de nuestra salud y bienestar individuales y colectivos” (OMS, 2022).
Entre los datos más significativos que publica el informe, se encuentran la prevalencia de sintomatología asociada a depresión y ansiedad en nuestras sociedades y su aumento de aproximadamente un 25% durante la pandemia; así mismo, la prevalencia de distintos trastornos mentales, para un aproximado de una de cada ocho personas del mundo, como, por ejemplo, la esquizofrenia, presente en una de cada 200 personas adultas en el mundo; y la realidad del suicidio como una situación que afecta a personas, familias y comunidades, llegando a representar uno de cada 100 fallecimientos en todo el mundo, situándose como “una de las principales causas de muerte” entre las personas jóvenes.
El informe señala la situación de desatención y falta de financiación y recursos que los servicios de salud mental tienen en todos los países, así como la falta de gobernanza, investigación o recursos, la priorización de la salud física, bajo un enfoque biologicista, y la carencia sistemática de fondos para la salud mental comunitaria, hasta llegar a menos de un 2% del total de presupuestos de atención de la salud dirigidos específicamente para salud mental, y, de este presupuesto, una gran parte destinada a psiquiatría y hospitales psiquiátricos.
Esta situación es uno de los fundamentos que conllevan que las personas no prioricen el cuido de la salud mental, junto con la falta de conocimiento, la estigmatización, la discriminación, la falta de acceso a servicios en el ámbito público o el costo en el ámbito privado.
Salud mental en Costa Rica
En Costa Rica, las universidades públicas (UNA, UCR, UNED) nos unimos durante la pandemia con las instituciones públicas de salud (Ministerio de Salud y Caja Costarricense de Seguro Social) para generar información y evidencia sobre el impacto que la emergencia sanitaria ha tenido en la población de Costa Rica. Los datos encontrados se alinean con los presentados en el informe, mostrando el aumento durante la pandemia en sintomatología asociada a depresión grave y ansiedad generalizada, estrés o burnout (este último, principalmente en población trabajadora). Las poblaciones con mayores factores de riesgo se identifican como personas con inseguridad socioeconómica, desempleadas o con trabajo parcial, trabajadoras en el sector servicios, y, de manera significativa, mujeres.
El informe mundial falla en profundizar en los antecedentes relacionados con la situación de salud mental, mencionando solo de pasada la desigualdad social y económica, situada al mismo nivel y no como causa también de otros factores indicados como conflictos armados, violencia, o el desplazamiento y las migraciones vinculadas con estos conflictos y por la emergencia climática. Los datos de Costa Rica ponen en el centro de la discusión también la necesidad de priorizar la defensa de los derechos humanos, y atender la desigualdad socioeconómica y su impacto en el bienestar de su población.
Recomendaciones para atender la situación
La OMS señala como recomendaciones para la mejora en la atención de la salud mental la revisión y actualización de leyes, planes y políticas, la alineación con los objetivos de desarrollo sostenible, el aumento de la inversión, la coordinación y articulación efectiva entre actores institucionales y sociales, el fortalecimiento de la investigación y el acceso a información, la acción de base comunitaria, el refuerzo de las capacidades y el conocimiento del personal de salud pública, la promoción de la inclusión social de personas con trastornos mentales y el acceso a servicios bajo un enfoque de derechos humanos y biopsicosocial basado en la evidencia.
Desde el Ministerio de Salud, la Mesa Técnica Operativa de Salud Mental y Apoyo Psicosocial, instancia que ha atendido esta temática de forma integrada y articulada con instituciones y organizaciones durante la pandemia, se presentó el pasado mes de marzo una propuesta para orientar la Recuperación Psicosocial de personas, comunidades y organizaciones durante el fin y posterior al fin de la emergencia sanitaria, señalando alguno de estos aspectos, e incluyendo la atención a la recuperación socioeconómica de la población.
La atención de la salud mental es un compromiso que debemos asumir todas las personas. El cuidado propio y el cuidado colectivo, con apoyo en las estrategias, iniciativas y acciones que instituciones públicas del país, organizaciones comunitarias y otras proponen, precisa ser una prioridad para todas y todos. Porque el bienestar y la dignidad de las personas no se negocia, y no podemos dejar a nadie atrás.
El Acompañamiento Terapeútico propone la desestigmatización y despatologización del paciente, para centrarse en la persona y reconocer la atención del sufrimiento psíquico como un asunto social. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez, UCR.
UCR albergó a profesionales de diversos países en el marco de un Congreso Internacional, para compartir sus experiencias de trabajo y aprendizaje en la implementación de esta perspectiva de atención
El Acompañamiento Terapéutico (AT) es una nueva forma de abordar la salud mental, que lejos de la medicalización y el aislamiento de los pacientes, apuesta por acompañar sus momentos de vulnerabilidad sin alejarlos de los espacios y actividades cotidianas.
La Universidad de Costa Rica (UCR) albergó entre 16 y el 21 de mayo el XIII Congreso Internacional “Acompañamiento Terapéutico: nuevos aportes en el abordaje de la Salud Mental”, con el objetivo de dar a conocer las posibilidades que ofrece esta perspectiva de atención.
El espacio congregó a profesionales de diversos países, quienes a partir de distintos conversatorios y talleres compartieron sus experiencias de trabajo en la implementación del acompañamiento terapéutico en ámbitos tan variados como el educativo, institucional, judicial y hospitalario.
Aunque en naciones como Argentina, México y Brasil ya se implementa con regularidad el AT, en Costa Rica se abre camino y el Posgrado de la Escuela de Psicología de la UCR es pionero en la formación en este campo, que también puede ser implementado desde disciplinas como la enfermería, el trabajo social y la terapia ocupacional.
A diferencia de otras formas de abordar la salud mental, el AT evita cualquier tipo de institucionalización, es decir, que las personas tengan que ser hospitalizadas y por lo tanto, desvinculadas de sus entornos cuando experimentan crisis emocionales, depresivas, psicóticas o nerviosas.
Según la psicóloga y coordinadora del Congreso, Jessica Millet González, el acompañamiento terapéutico “es un dispositivo ambulatorio” que lejos de la cronificar la enfermedad mental, permite ofrecer al paciente un tratamiento desde sus vínculos, lazos sociales y singularidades.
Esta forma de abordaje terapéutico se vale de estrategias como el diálogo, la escucha y la observación para facilitar la revinculación social de poblaciones muy diversas, desde niñas y niños en centros de cuidado alternativo hasta personas en rehabilitación por el uso y consumo de sustancias.
Desde esta perspectiva de atención, los pacientes son abordados por medio de una relación horizontal de amistad. Millet advirtió que el “amigo calificado”, como se llama a quien acompaña, “no es un cómplice porque tiene una función específica” pero promueve una vinculación de igual a igual.
“Si una persona está en rehabilitación por consumo de sustancias no significa que van a fumar juntos como amigos, pero acompaña las ansias del consumo, le da contención emocional, interviene poniéndole límites frente a actos que pueden ponerlo en riesgo”, explicó la experta.
Millet destacó además que a diferencia del tratamiento asistencialista de “asumir al otro” o normalizar ciertas conductas, desde esta perspectiva de abordaje de la salud mental se promueve la vinculación social desde el reconocimiento de las singularidades de cada persona.
“No es asumir las cosas por el paciente, es acompañarlo para que lo pueda hacer. Pero no se busca que actúe como se cree que debe actuar, sino que actúe según sus capacidades y en este sentido se promueve una invención”, enfatizó la profesional.
Compromiso institucional con la iniciativa
La directora del Programa de Posgrado en Psicología, MSc. Marietta Villalobos Barrantes afirmó, en el marco de la inauguración de este Congreso, que Costa Rica tiene “una gran deuda con la atención del sufrimiento y de los malestares sociales”.
“Este reto implica superar paradigmas de institucionalización y medicalización abusiva, urge modificarlos, urge cambiarlos, urge consolidar dispositivos de atención que rompan con el orden psiquiátrico, es decir, el orden del encierro, de la insistencia en los diagnósticos y la medicalización”, afirmó la académica.
Por su parte, la Vicerrectora de Vida Estudiantil, Dra. María José Cascante Matamoros señaló el deber de la institución, como casa de estudios superiores, de “analizar y reflexionar sobre los avances que como sociedad y país son necesarias para el bien común”.
“Es clara la necesidad de que las políticas públicas a nivel país en materia de salud integral contemplen en su abordaje el enfoque de los derechos humanos, pero también una mirada de construcción colectiva y responsabilidad compartida de la salud” indicó la jerarca.
El espacio también contó con la participación de la Coordinadora del Dispositivo Comunitario del Hospital Roberto Chacón Paut, Dra. Melissa Molina Campos, quien compartió con las personas asistentes su experiencia en la implementación de esta perspectiva de abordaje en el país.
Molina compartió los esfuerzos que realiza, desde la institución especializada donde labora, por la desestigmatización y despatologización del paciente, así como por promover en el país una atención centrada en la persona y en el reconocimiento de la atención del sufrimiento psíquico como un asunto que no es individual, sino social.
La psicóloga e investigadora argentina Dra. Alicia Stolkiner brindó de manera virtual la conferencia inaugural de este Congreso Internacional. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez, UCR.
Reflexión internacional desde Costa Rica
La conferencia inaugural del XIII Congreso Internacional “Acompañamiento Terapéutico: nuevos aportes en el abordaje de la Salud Mental”, realizado por primera vez en Centroamérica, estuvo a cargo de la psicóloga e investigadora argentina, Dra. Alicia Stolkiner.
La experta afirmó que la salud mental es un campo de prácticas sociales y desde esta perspectiva, la palabra “locura” no hace referencia a una enfermedad particular sino a un constructo social que asigna cierto espacio dentro de la sociedad a las personas con determinadas características y padecimientos.
Stolkiner aseguró que para transformar el modelo de atención de la salud mental se requiere una intervención, que lejos de ser exclusivamente técnico-científica, es política e implica una modificación respecto a la construcción de personas y sujetos de derecho dentro de la sociedad.
Según la experta, el enfoque de atención tradicional con respecto a las personas con sufrimiento psíquico coloca a los pacientes en “un lugar de impotencia” que también refuerza el modelo asilar manicomial, el cual más allá de un edificio constituye una forma social de relacionarse de manera estigmatizada y objetivante con la locura.
Frente a las prácticas tradicionales dominantes en el tratamiento de la salud mental, Stolkiner planteó el Acompañamiento Terapeútico como un dispositivo centrado “en que la persona viva una vida cotidiana en la comunidad, en lazo social y con una posibilidad de desarrollo que esté centrado en sus capacidades”.
“El éxito del campo de la salud mental sería su desaparición. Nosotros tendríamos que pensar en un futuro donde no atendamos la salud mental, sino que atendamos la dimensión subjetiva del sufrimiento, de los procesos de salud-enfermedad-atención-cuidado en su conjunto” concluyó Stolkiner.
Andrea Méndez Montero Periodista, Oficina de Divulgación e Información, UCR
El objetivo de este taller es construir, entre las participantes, con la guía de las facilitadoras, una nueva mirada sobre la salud mental de las mujeres, participativa, integradora e inclusiva.
Les proponemos un ciclo de 4 talleres de 4 horas de duración donde trabajaremos sobre la metáfora de la metamorfosis.
Sesión 1: La crisálida: En esta sesión vamos a trabajar sobre todos los factores que influyen en nuestra autoestima.
Sesión 2: Camino a la transformación: Este día veremos los mandatos de crianza, cómo me he formado como mujer, qué me enseñaron del amor de pareja.
Sesión 3: Luce tus colores: En esta sesión vamos a trabajar en la capacidad de afirmarnos a nosotras mismas.
Sesión 4: Despliega tus alas: Este último día trabajaremos en nosotras mismas con el acompañamiento de otras mujeres en la apertura de nuevos procesos de vida.
COSTO: Estos talleres tienen una inversión de ₡30.000 (treinta mil colones, por sesión). Si paga el paquete completo se le hará un descuento del 10%.
MATERIALES: Todas las sesiones incluyen alimentación y materiales.
HORARIO: Les ofrecemos dos horarios. Sábados de 9 a.m. a 1 p.m. (21 mayo, 04 junio, 18 junio, 02 julio). Miércoles de 5 p.m. a 9 p.m. (25 mayo, 08 junio, 22 junio, 06 julio).
CUPO: 15 personas por cada horario.
LUGAR: Ofident, Barrio Escalante.
CONTACTO: Para consultas, más información o confirmar su espacio al WhatsApp 8441-2757; o bien, al correo mfrojas@ideasingeniosas.com
Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)
El pasado 19 de enero en pleno centro de la ciudad capital costarricense, se produjo un hecho que requirió la intervención policial.
En apariencia se trataba de un episodio en el que mediaba un arma de fuego e involucraba dos personas: el padre y su hijo. El evento término con la muerte del segundo en su propio vehículo, a manos de la policía destacada en el lugar.
El suceso ocurrió en una de las cuadras más concurridas de la capital en horas cercanas al medio día, situación propicia para que los noticieros de mayor alcance nacional dedicaran la apertura de sus emisiones o sus “portadas” como se suele indicar en el argot de producción televisiva, a informar en vivo lo que estaba ocurriendo.
Uno de los telenoticieros de mayor audiencia a esa hora acompañó su transmisión en vivo con videos que fueron tomados por personas-testigas de lo ocurrido, los que mostraban dicho sea de paso a decenas de personas con sus teléfonos celulares grabando o sacando fotografías del evento, que seguramente hoy circulen como tendencia o continúen siendo “viralizados en redes sociales”.
Ante estas nuevas formas de intermediar la realidad, solo se puede pensar en la hiperespectacularización de lo cotidiano, la ausencia de sensibilización ante el sufrimiento del otro o la otra y la banalización como acto central en la construcción de sentido de los eventos que se presencian.
De esto hablaremos en próximas reflexiones, al igual que la acción policial a todas luces errática, así como el tema de la deteriorada salud mental en la población costarricense.
Lo que quisiera compartir ahora es cómo una vez más algunas ideas son materia de un burdo tratamiento informativo. En esa misma emisión noticiosa y en un intercambio entre periodista y director en estudio, este último consultó si era conocida la nacionalidad de los involucrados en el hecho.
Esta sola consideración sugiere análisis extensos sobre construcción de la noticia, el miedo como premisa de contenido y la presunción de que en todo acto violento o de inseguridad, tiene que estar presente, si o si, una persona extranjera.
Si algo ha quedado en evidencia en estos dos años ya de pandemia es la asociación entre riesgo y extranjeros como una fuerte idea a través de la cual trazar hipótesis y explicaciones. Lo mismo ocurre con el tema de la inseguridad.
Hemos insistido desde esta columna en propiciar mejores lecturas, centradas sobre otras formas posibles de informar donde no medien percepciones ni presunciones de sospecha. La sola pregunta sobre la nacionalidad es prescindible porque no suma en la ecuación explicativa sobre el hecho en sí. Entonces ¿para qué lo hacen los medios?
La convivencia colectiva sigue siendo un asunto pendiente, que, dicho sea de paso, exige entre otras cosas discreción, respeto, sensibilidad. Empecemos por alguna de las tres. La última, si les parece.
Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)
Una película fronteriza con el cambio de año nos solicita “no mirar para arriba”. Quizá de todo lo propuesto por su argumento, que intuyo muy parecido a las sátiras documentales de Michael Moore sobre la sociedad estadounidense y su propensión genética a la opulencia, la violencia y el vértigo, lo que deseo rescatar es su reflexión sobre la pérdida de sentido en una sociedad hipercomunicada.
La forma absolutamente irracional en la que circulan los mensajes hoy día nos deja a los seres humanos en el último lugar de la escala de necesidades. Por eso no sabemos bien cómo reaccionar ante la adversidad y cuando buscamos salirnos de la vorágine resultamos revolucionarios, desadaptados del sistema.
El concepto de salud mental y su abordaje debe ahora mismo incluir esa dimensión hasta ahora naturalizada de la desadaptación a un mundo que gira veloz, que se llena de dispositivos para la comunicación, pero que no se habla a sí mismo. La pérdida de sentido: el ley motiv de la crisis civilizatoria que nos asiste, pandemias incluidas, a esta hora justa.
Debo reconocer que cada vez me cuesta más digerir algunas de las prácticas que parecieran disruptivas, tal vez por la programación racional a la comprobación y el análisis (que la sociología instaló en mi como un chip sensorial) y que he intentado ir diluyendo con mi acercamiento al arte, especialmente a la literatura, a la poesía concretamente. A veces lo logro, a veces no.
Pero de todo lo que ocurrió en este año que ya termina (al cual sigo nombrando como el año 1 después del año cero de la pandemia) hubo algunos hecho hilarantes que me confirman el sinsentido que nos ha generado esta época, este tiempo.
Recordemos uno en particular. Sucedió en Turquía. Al calor de unas copas compartidas con amigos en un barrio rural, Beyhan Mutlu se apartó del grupo y se adentró en un buque cercano.
Al notar su ausencia, sus amigos dieron parte a las autoridades que de inmediato activaron el protocolo (palabra que recordaremos por siempre luego de estos años pandémicos) de búsqueda.
Luego de algunas horas de búsqueda infructuosa, las autoridades, sus amigos y familiares decidieron llamar al desaparecido por su nombre, que de inmediato respondió: “¿A quién estamos buscando? ¡Estoy aquí!” Mutlu había participado de su búsqueda y, como hemos visto, se había encontrado.
Al margen del hecho, chistoso, raro, paradójico, se podría concluir la suerte que tuvo el hombre al lograr “encontrarse”.
Mirar para adentro en muchas ocasiones implica años de búsqueda sin respuesta inmediata. En un momento de cambio epocal como el que transitamos, debemos seguir ejerciendo el derecho irreductible de propiciarnos, buscar nuestra voz y nuestra esencia. Puede ser que, como Beyhan, logremos encontrarnos.
Proyecto de Acción Social se lleva a cabo en la zona Huetar Norte
Autoría: Esteban Umaña Picado (Periodista Unidad de Comunicación Vicerrectoría de Acción Social, UCR)
Proyecto de Acción Social contempla expresión visual de emociones
La salud mental se ha visto sumamente afectada por la pandemia. La crisis económica, el desempleo y el confinamiento son factores que desencadenan en emociones incómodas y en trastornos como ansiedad y depresión, en algunos casos.
En este contexto es que el proyecto Viaje visual por mis emociones (EC-586) tiene como objetivo desarrollar una metodología virtual en la que se llevarán a cabo talleres para fomentar una expresión artística de las emociones.
Tatiana Zúñiga, coordinadora del proyecto y docente de la Escuela de Artes Plásticas, describe los principales objetivos, logros y la conexión con la comunidad.
En este proyecto participan la Escuela de Artes Plásticas, la Escuela de Formación Docente y el Instituto de Investigaciones Psicológicas y está dirigido a mujeres jefas de hogar de algunos distritos de San Isidro y Peñas Blancas del cantón San de Ramón de Alajuela y los distritos de Quesada, Florencia, La Fortuna y La Tigrada del cantón de San Carlos ambos pertenecientes a la región Huetar Norte de Costa Rica.
Se escogió esta población debido a que tiene una gran cantidad de variables que evidencian complicaciones de salud mental, por ejemplo hay 1857 diagnosticadas con algún tipo de trastorno mental entre 1997-2010, según datos del Ministerio de Salud del año 2012 y por otro lado disponen de muy poco acceso a servicios de salud mental.
Según datos del Informe del Estado de la Nación 2019 la población cuenta con escasa escolaridad. Apenas el 57,3% tiene la primaria completa y es una zona deprimida económicamente donde su principal actividad económica es la agricultura y el cultivo de la piña representa el 68% de la región. Además, existen altos niveles de desempleo, escasas oportunidades de superación y una mano de obra con escasa calificación y un problema creciente de penetración del narcotráfico.
Si bien el proyecto fue diseñado originalmente para la zona norte, la metodología planteada demostró su flexibilidad ya que el proyecto participó en la iniciativa de la Universidad de Costa Rica: Costa Rica aprende con la U Pública mediante el taller virtual: Mis emociones a través del arte ampliando así la cobertura del proyecto en el ámbito nacional.
La metodología del viaje
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Para acercarse a la población se utilizó la Metodología Multidisciplinaria Virtual conocida como Boleto, Pasaporte, Mapa y Souvenir una adaptación de la Metodología Hook, Book, Look, Took (HBLT) desarrollada por Richards and Bredfeldt (1998) y adaptado posteriormente por Renandya & Tedjaatmadja (2012). Las lecciones se imparten en cuatro etapas y su planteamiento flexible permite adaptarla según su contexto y a la población meta.
En el proceso se utilizaron talleres sincrónicos y asincrónicos de trabajo individual. La Universidad destina materiales para entregarlos en los hogares de las mujeres para que puedan realizar los diferentes ejercicios y prácticas.
Los beneficios de este proyecto se ampliaron a una población más amplia ya que el proyecto adaptó su metodología para implementarla en el Curso: Mis emociones a través del arte, en la plataforma UCR Global dentro la iniciativa Costa Rica aprende con la U Pública.
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