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Etiqueta: tipo de cambio

Hay que detener la inestabilidad del dólar mediante una regla cambiaria

Francisco Esquivel V.
Economista

El mercado cambiario, denominado MONEX, funciona bajo un mecanismo llamado flotación administrada. Eso quiere decir que la flotación es regulada por el Banco Central. Se trata de una subasta, en donde el Banco Central puede intervenir para evitar oscilaciones excesivas. En el caso de una escasez de dólares, que genere un aumento desmedido del tipo de cambio, el Banco Central vende dólares para fortalecer la oferta, a un precio igual o inferior al vigente. En el lado opuesto, si hay exceso de la moneda extranjera, el Banco Central compra dólares para reducir la oferta, a un precio igual o superior al observado. Por lo tanto, MONEX no es un mercado completamente libre, está sujeto a la regulación estatal. El Estado, a través de su autoridad monetaria, pone límites al mercado cambiario para evitar fluctuaciones inconvenientes del precio de la moneda extranjera. Se trata de uno de los componentes más importantes de la política pública. Se comete frecuentemente el error de pensar que el simple movimiento de dólares, en abundancia o en escasez, determina el nivel del tipo de cambio, como si no existiera la regulación ejercida por el Banco Central. En realidad, el valor de la moneda extranjera es un resultado de la mayor o menor existencia de dólares combinada con la intervención de la autoridad monetaria. No comprender esto conduce a expresiones como la siguiente: “en los últimos años la abundancia de dólares hace que el tipo de cambio baje”. Esa es una afirmación imprecisa: no necesariamente el exceso de dólares se debe traducir en una baja del tipo de cambio; puede producirse una intervención del Banco Central que amortigüe esa caída, o incluso, la detenga.

Sin embargo, la intervención del Banco Central de Costa Rica en MONEX, en los últimos años, puede considerarse como extraña. Todos quisiéramos que dicho mercado funcione ágilmente como un mercado libre, regulado correctamente por la intervención del Banco Central. Pero, la realidad indica lo contrario. Desde hace tres años se transan anualmente unos US$9.000 a US$10.000 millones en MONEX, lo que son montos muy altos si se comparan con lo sucedido en años anteriores. Normalmente, el nivel de las operaciones anuales de este mercado cambiario oscilaba entre US$3.500 millones y US$4.000 millones. Por lo tanto, el nivel de las transacciones, a partir de 2023 revela el aumento extraordinario de la cantidad de moneda extranjera que entra al país. Ante esta situación el Banco Central tiene que comprar dólares. Efectivamente, desde 2023, el Banco Central ha comprado montos anuales superiores a US$6.000 millones. Esto significa que ha comprado, en promedio, dos terceras partes del valor de las operaciones realizadas. Ese es el promedio anual, sin embargo, en varios momentos el nivel de las compras ha superado ampliamente el 70%. Incluso, en algunos días la intervención ha llegado a superar el 90% de las operaciones. Aunque es necesaria la intervención, probablemente ha sido más fuerte de lo adecuado. En ese contexto, lo cierto del caso es que la intervención limitó excesivamente el libre juego de la oferta y la demanda. En ese sentido, se equivocan quienes afirman que la evolución del tipo de cambio fue el resultado de un mercado libre. Ningún texto de microeconomía calificaría como mercado libre, de competencia perfecta, a uno en donde un solo comprador adquiere el 70%, o el 80% del producto. Eso es, en buena teoría, un cuasi monopsonio. Un mercado que funciona como monopsonio tiene un solo comprador del producto transado; en este caso, además del Banco Central hay más compradores, por lo tanto, denominamos al MONEX de los últimos años como cuasi monopsonio.

La lógica de la flotación administrada del mercado cambiario

La figura 1 explica el mecanismo de intervención del Banco Central en un sistema de flotación administrada. A la derecha de la figura se representa una situación de déficit de dólares en el mercado cambiario: la demanda (D$) supera a la oferta (O$) de la moneda extranjera en un monto apreciable. En esa situación, si ambas fuerzas del mercado operan libremente, el tipo de cambio subirá debido a que los demandantes de dólares no encuentran suficiente oferta, lo que los obliga a aceptar un precio superior por la moneda extranjera. Si el Banco Central piensa que dicha tendencia al alza del precio es inconveniente intervendrá para detenerla. La intervención consiste en vender dólares para subsanar el faltante de la moneda extranjera. La venta se realiza al precio existente en el mercado, o eventualmente, a un precio un tanto más bajo. Así, se trata de estabilizar el mercado a un precio razonable de acuerdo al criterio de la autoridad monetaria. Esa acción se representa en rojo en la figura 1. Se venden dólares, al menos al precio pre existente de mercado, para que los demandantes de dólares compren con tranquilidad a un precio “normal”, estable, evitando que los oferentes se aprovechen de la situación para vender la moneda extranjera a un precio excesivamente alto. El Banco Central, en este caso, interviene en el mercado para garantizar un precio estable al que necesita dólares.

Figura 1

La flotación administrada

Dos ejemplos de Costa Rica resultan útiles para comprender cómo actúa el Banco Central ante un caso de faltante de dólares.

A finales de mayo de 2017 se experimentó una insuficiencia de moneda extranjera. Como resultado, el tipo de cambio experimentó un incremento importante, subiendo de un nivel inferior a 580 hasta un nivel cercano a los 600, aproximadamente. El Banco Central consideró inconveniente tal aumento por lo que intervino en MONEX, aplicando la lógica de la flotación administrada que contiene la parte derecha de la figura 1. Olivier Castro, presidente del Banco Central en ese momento, frente a la insuficiencia de moneda extranjera, intervino vendiendo dólares a un precio más bajo que el que se producía en el mercado. Con esa intervención, luego de pocos días, el precio bajó alrededor de 20 colones, regresando las transacciones de MONEX a un tipo de cambio cercano a 580. De esta manera, se evitó que el tipo de cambio subiera inconvenientemente, de acuerdo al criterio del Banco Central.

Rodrigo Cubero, presidente del Banco Central, posterior a Castro, hizo algo similar en noviembre de 2018. El tipo de cambio subió rápidamente de 600 a un nivel cercano a 630, presionado por una situación de escasez de dólares. Frente a esto, el Banco Central vendió dólares más baratos. La venta de dólares de cada día se hizo a precios más bajos que el establecido el día anterior. De esta forma, el tipo de cambio bajó cerca de 30 colones para volver al nivel inicial de 600.

Resulta interesante observar que dos presidentes de la autoridad monetaria, con enfoques diferentes de la política económica, operaron de manera similar. Castro, de visión intervencionista, y Cubero, de enfoque liberal, usaron de forma estricta la lógica de la fluctuación administrada.

La extraña intervención actual en un caso de exceso de dólares

La situación externa de la economía costarricense de este momento es diferente a la de los casos anteriores. Hay varios factores que se combinan para generar una mayor cantidad de dólares en el mercado cambiario. En tal caso, la intervención del Banco Central en MONEX debe ser diferente. A la izquierda de la figura 1 se muestra una situación de exceso de dólares en el mercado cambiario, como la que experimenta el país en los últimos años: la oferta (O$) supera a la demanda (D$) de la moneda extranjera en una proporción significativa. En tal caso, si ambas fuerzas del mercado operan libremente, el tipo de cambio caerá debido a que los oferentes de dólares no encuentran suficiente demanda, lo que los obliga a aceptar un precio menor por la moneda extranjera.

Si el Banco Central considera que esa tendencia a la baja del precio es inconveniente para el mercado cambiario, y para la economía en general, intervendrá para detenerla. La intervención consiste en comprar dólares para eliminar el exceso de la moneda extranjera. La compra se realiza al precio existente en el mercado, o eventualmente, a un precio un tanto más alto. Con esto se busca estabilizar el mercado a un precio razonable de acuerdo al criterio de la autoridad monetaria. Esa acción se representa en azul en la figura 1. Se compran dólares, al menos al precio pre existente de mercado, para que los oferentes de dólares sientan la tranquilidad de vender a un precio “normal”, estable, evitando que los demandantes se aprovechen de la situación para adquirir la moneda extranjera a un precio excesivamente bajo. El Banco Central, en tanto entidad estatal responsable de la regulación cambiaria, interviene en el mercado para garantizar un precio estable al “productor de dólares” que es el oferente de la moneda extranjera. Si no existiera tal regulación del Banco Central, el mercado cambiario operaría con la “ley de la selva” moviéndose estrictamente de acuerdo a la oferta y la demanda de los operadores privados, sin una política pública que lo regule. Sería un mercado completamente libre. Pero una flotación administrada no es eso, la intervención del Banco Central controla las oscilaciones inconvenientes del tipo de cambio.

Lo anterior es teoría. Porque el Banco Central ha hecho lo opuesto a lo que dicta la teoría de la flotación administrada. Estamos ante un importante excedente de dólares. Esto genera una presión hacia la baja del tipo de cambio. Por lo tanto, si el Banco Central actuara de acuerdo a la lógica de la flotación administrada, mostrada en la parte izquierda de la figura 1, debería comprar dólares a un precio igual o superior al que se observa en el mercado. Sin embargo, en los últimos años el Banco Central ha hecho lo contrario.

Un ejemplo se muestra en el recuadro A de la figura 2 que reporta el movimiento de MONEX en febrero de 2023. El 8 de febrero se registraba un tipo de cambio del día anterior de 585,8. Para estabilizar el precio correspondía comprar dólares por lo menos a 585,8 o un tanto superior. Pero se hizo lo opuesto. La banda de fluctuación, representada en gris, comenzó a bajar desde un máximo de 587 hasta llegar a un nivel de 561,3. Como resultado, el tipo de cambio bajó casi 25 colones, en pocos días. El Banco Central estimuló la tendencia ya que en la mayor parte de los días compró más del 70% de la moneda transada. Por ejemplo, el 14 de febrero compró el 93% de lo transado.

Figura 2

Intervención a la baja

Otro ejemplo, lo observamos un año después, cuando se produjo una situación similar, como lo reporta el recuadro B de la figura 2. El Banco Central compró cantidades altas de dólares a precios cada vez más bajos, con lo que continuó estimulando la tendencia a la baja del precio. La banda de flotación, dibujada en gris, continuó bajando rápidamente. Para estabilizar el precio correspondía comprar dólares por lo menos a 524,95 o un tanto superior. Sin embargo, se hizo lo contrario. El 15 de enero el Banco Central compró el 94% de los US$91 millones transados ese día. De esta manera, el tipo de cambio bajó de forma sorprendente.

Vale la pena analizar lo que sucedió hace unas semanas, en un día particular, para entender de manera más clara la lógica de la intervención del Banco Central en MONEX. La figura 3 muestra el movimiento del tipo de cambio el 19 de febrero. El día anterior MONEX cerró su operación con un tipo de cambio final de 479,54. MONEX es un mercado que opera de 12 mediodía a 1 PM. Así, el 19 de febrero el mercado comenzó su operación a las 12 PM con un tipo de cambio de referencia de 479,54, mostrado mediante un cilindro amarillo ubicado a la izquierda de la ilustración. Durante la hora que duró el funcionamiento del mercado se transaron US61,2 millones. El Banco Central intervino comprando el 65% del monto de esas transacciones. Se hizo evidente el carácter de cuasi monopsonio del mercado: un gran comprador acaparó la mayor parte de las compras. Al comprar la mayor parte de los dólares el Banco Central fijó la banda de flotación de ese día que tuvo un máximo de 480 y un mínimo de 474,50, los que se dibujan en rojo. Al fijarse esa banda de flotación se estimuló al mercado a que estableciera un precio más bajo que el del día anterior. Como resultado, al terminar sus operaciones a la 1 PM, el tipo de cambio de MONEX cerró en 474,95, representado en amarillo, a la derecha de la ilustración. En una hora el mercado, bajo la forma de cuasi monopsonio, disminuyó casi 5 colones el tipo de cambio.

Figura 3

Flotación a la baja: 19 de febrero de 2026

Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Central de Costa Rica

¿Cuál debió ser la intervención del Banco Central ese 19 de febrero? De acuerdo a la teoría de la flotación administrada, mostrada en la figura 1, el Banco Central debió comprar todos los dólares que adquirió a un precio de 479,54. Si algún comprador de dólares ponía en pizarra una oferta para comprar a 477 o a 476, por ejemplo, nadie le hubiera vendido sus dólares a ese precio, porque el Banco Central estaría ofreciendo comprar a un mejor precio: 479,54. MONEX es una subasta, cada uno de los participantes busca el mejor precio. Nadie en su sano juicio vendería sus dólares a 477 o a 476, cuando el Banco Central se los compra a un mejor precio, que sería de 479,54. Así se frena la caída del tipo de cambio, no fijando una banda de flotación que induce a que el precio de compra baje.

Una cantidad importante de analistas afirman con frecuencia lo siguiente: “el Banco Central interviene para evitar una caída mayor del tipo de cambio”. El ejemplo de la figura 3 demuestra que están equivocados en su apreciación. Comprando el 60%, el 70% o hasta el 80% de las transacciones, y fijando una banda de flotación hacia la baja, el Banco Central es el que está generando una tendencia a la baja del tipo de cambio, en lugar de “evitar una caída mayor”. Podemos usar un símil del automovilismo para explicar aún más lo que ha estado sucediendo. Imaginemos que estamos bajando en un automóvil desde Tapesco hasta Naranjo. Recorrer este tramo de carretera supone pasar de 1.800 metros a 1.000 metros sobre el nivel del mar. Se trata de una carretera con pendientes y curvas pronunciadas (el equivalente al excedente de dólares). Una conducción prudente indicaría que debemos avanzar a una velocidad baja, sosteniendo el avance con el freno del auto (el equivalente a comprar dólares al precio del día anterior). Pero, repentinamente nos aburrimos del avance lento hacia Naranjo, y decidimos apretar el acelerador (el equivalente a la banda de flotación a la baja del precio). ¿Cuál es el riesgo de esa conducta?: vamos a tener un accidente grave pronto y probablemente caeremos en un precipicio al borde de la carretera.

Entonces, ¿qué hacemos?

Como el Banco Central ha demostrado una negación crónica de la teoría de la flotación administrada, no hay más remedio que poner un freno legal a los excesos de la acción de la autoridad monetaria. Proponemos la creación de una regla cambiaria que garantice una flotación apropiada del tipo de cambio. Tal regla debe permitir que en MONEX se expresen adecuadamente los desequilibrios entre la oferta y la demanda de dólares; pero usando un esquema de flotación que no arriesgue la rentabilidad del productor nacional y que tampoco ponga en peligro el abastecimiento de los productos básicos que necesita el consumidor nacional.

No pretendemos aquí agotar el detalle de esta regla cambiaria. Nada más esbozamos los trazos generales que deberían especificarse en el plano legal con la participación de expertos en los aspectos legales, legislativos y económicos. Evidentemente, la regla cambiaria debe establecerse mediante una ley que modifique el ordenamiento actual que regula la materia cambiaria. Por lo tanto, el esbozo que planteamos es una propuesta general que se sugiere a la nueva Asamblea Legislativa.

Figura 4

Tipo de cambio. 2006 – 2026

Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Central de Costa Rica

La regla cambiaria tendría como antecedente histórico la evolución del tipo de cambio en los últimos 20 años. Ese es el período en el que ha operado la flotación del tipo de cambio, en sus dos modalidades básicas. La figura 4 muestra la evolución del tipo de cambio desde 2006 hasta el presente. En dos décadas de flotación el tipo de cambio ha oscilado entre 500 y 600, excepto en dos oportunidades. La primera fue en el período entre el final de 2021 y el inicio de 2022. El segundo momento en donde el tipo de cambio se ha salido de ese rango de flotación es la situación presente, experimentada en las últimas semanas. Este último momento ha estado influido significativamente por la intervención cambiaria del Banco Central en los últimos años que ha generado una tendencia sistemática a la baja del tipo de cambio, lo que en la figura se muestra mediante la línea roja. Tal tendencia ha creado una caída constante del tipo de cambio, que da como resultado un nivel inferior a 500. Esa situación es un llamado de atención que motiva a crear un mecanismo que detenga la caída exagerada del tipo de cambio (el peligro de accidente bajando a toda velocidad desde Tapesco).

Comprobado el rango de flotación representado en la figura 4, luce como aceptable el pensar en mantener tal margen de oscilación para el futuro. Por lo tanto, la regla cambiaria tendría como objetivo que el tipo de cambio se mantenga en el futuro fluctuando entre 500 y 600, dependiendo de la situación de oferta y demanda de dólares. Si hay un déficit muy fuerte de dólares (alta demanda y poca oferta de dólares) que lleva al tipo de cambio a tocar el límite superior (marcado en azul en la figura), el Banco Central “defenderá” ese límite vendiendo la cantidad de dólares que sea necesaria a 600. Si se produce la situación opuesta (un superávit muy elevado de dólares) que lleva al tipo de cambio a tocar el límite inferior (representado en morado), el Banco Central “defenderá” dicho límite comprando la cantidad de dólares que sea necesaria a 500. Desde luego, la regla cambiaria contemplará la posibilidad de modificar estos límites, en caso de que las circunstancias lo ameriten, como se expone a continuación.

Dado lo anterior, la regla cambiaria consistirá en lo siguiente:

a) Una ley establecerá un límite inferior de 500 y un límite superior de 600 para la flotación del tipo de cambio, comenzando en el período 2026 – 2030. Estos límites serán normas de vigencia en el mediano plazo (4 años); por lo tanto, se llamarán límites de mediano plazo. Tales límites podrán ser modificados al inicio de cada administración gubernamental por la Asamblea Legislativa, mediante mayoría simple, previo dictamen de la Comisión de Asuntos Económicos. La solicitud de cambio puede ser iniciativa del Poder Ejecutivo o del Poder Legislativo. Para emitir su dictamen, esta Comisión solicitará un informe técnico de la Contraloría General de la República, en tanto órgano auxiliar de la Asamblea.

b) Si las circunstancias de la Balanza de Pagos lo ameritan (entradas y salidas de dólares), el Poder Ejecutivo podrá solicitar a la Asamblea Legislativa la modificación de los límites de mediano plazo, como medida extraordinaria, en el transcurso de un período gubernamental. Para eso se repetirá el procedimiento indicado en a). Pero, en tal caso, el cambio de los límites necesitará de mayoría calificada.

c) Para el funcionamiento diario de MONEX, la Junta Directiva del Banco Central establecerá un rango de bandas cambiarias de corto plazo, respetando el rango establecido por los límites de mediano plazo. Esa instancia definirá la periodicidad con que se puedan revisar las bandas. Es decir, existirá un piso y un techo que definirá todos los días el rango de flotación del tipo de cambio. Tal rango no podrá exceder el 5% del nivel establecido para el piso. Por ejemplo, si el piso es 520, el techo podrá ser como máximo de 546. Desde luego, el techo no podrá exceder el límite superior de mediano plazo.

d) El Banco Central tendrá un plazo de tres meses, a partir de la aprobación de la ley, para iniciar un período de transición hacia los límites de mediano plazo. En ese período, la intervención del Banco Central en MONEX deberá modificar gradualmente el tipo de cambio hasta alcanzar el límite inferior de mediano plazo.

Más allá del chiste: ¡Bajo el imperio de los importadores, la escasez es ganancia!

Margarita Bolaños Arquín
Finca Agroecológica Hortalizas Girasol

El reciente aumento de precios de hortalizas, frutas y verduras es consecuencia de dos factores: uno, prolongados y fuertes temporales que afectaron múltiples paisajes agrícolas en Costa Rica y en Centroamérica y dos, la intermediación que favorece el alza desmedida de precios ante la escasez. Quienes producimos no necesariamente nos beneficiamos de los altos precios. A los productores no nos convienen esos desequilibrios porque los consumidores, simplemente no compran o los sustituyen por otros más baratos frescos o procesados.

¡Bajo el imperio de los importadores, la escasez es riqueza! Si no hay producto fresco, no importa, se importa. El bajo precio del dólar de por sí les favorece para adquirir productos a menores precios que los nacionales sin reparo de que cientos de personas se queden sin empleo y aumenten las deudas por consumo y producción.

Entonces, entre los ciclos de sequías y eventos extremos de precipitación, sin políticas de ordenamiento territorial, gestión integrada del riesgo y una institucionalidad pública que atienda los efectos del cambio climático, el sector agrícola nacional será cada vez más amenazado y vulnerable por deudas y sistemas de siembra poco o nada resilientes. Una agricultura convencional que para defenderse de los eventos hidrometereológicos extremos debe recurrir al aumento de agrotóxicos para atender las plagas y enfermedades es económica y ambientalmente insostenible.

Centrar la atención en los precios de los productos agrícolas es obviar las raíces que generan la desigualdad y el deterioro de la salud de las personas y los recursos naturales del país. Es necesario avanzar hacia formas de producción más sostenible y comercialización más justas que enfrenten los inevitables riesgos del cambio climático y el deterioro de los paisajes agrícolas. La protección del recurso hídrico en términos de calidad y cantidad debe ser una prioridad para el gobierno nacional y municipalidades. La recolección de agua llovida, el uso de invernaderos de bajo costo, prácticas de conservación de suelos y la correcta canalización de las escorrentías contribuiría a tener una producción de más bajo costo, menos dependiente de los agroquímicos y más intensiva, diversificada y accesible a un mayor número de consumidores.

Necesitamos mayor inversión en investigación y en tecnologías sostenibles para enfrentar la escasez y las distorsiones del mercado que abonan a la pobreza y a la mal nutrición. Sumado a eso, es esencial ampliar la red de recolección de datos climáticos a lo largo de todo el país para tomar decisiones de planificación bien sustentadas en el interés nacional.

Imagen: Semanario Universidad.

Mesa Nacional de Diálogo Social y Productivo comparte criterios de representantes sectoriales sobre el panorama del país y los desafíos

Hazel Hernández del sindicato SITRAPEQUIA: después de la ruta del arroz, existen amenazas a la producción nacional y se prevé nuevas rutas arancelarias a favor de las importaciones con afectaciones directas a las economías nacionales y locales. En el caso específico de la ruta del arroz, el sector ha avanzado en su proceso contencioso administrativo contra las decisiones del poder ejecutivo. La política de favorecer arancelariamente las importaciones de arroz ha provocado la ruina de miles de personas involucradas en esta industria. Es por esto que insistimos en la importancia de un estado social de derecho, donde los habitantes puedan recurrir a la institucionalidad para ejercer y defender sus derechos en pro del bien común frente a las amenazas directas.

Augusto Guerrero de la Universidad Nacional: según CONARROZ, la medida de la ruta al arroz llevó a la quiebra a más de 330 productores costarricenses, afectó al empleo de más de 18000 trabajadores y empeoró las condiciones económicas de muchas familias vinculadas a la producción nacional del arroz. Además, representó una pérdida de 20000 millones de colones al fisco, 39000 millones de dólares al tipo de cambio actual, debido a la reducción en los aranceles recaudados, lo que significa menos recursos disponibles para el desarrollo del país.

Vivian Rodríguez de la Asamblea de Trabajadores del Banco Popular: en este mismo contexto, la política monetaria del Gobierno también está impactando negativamente en la producción y la economía nacional, específicamente la política relacionada con el tipo de cambio, que ha experimentado una disminución significativa desde mediados del 2022, pasando de casi 700 colones a alrededor de 520 colones o menos en las últimas semanas. Es evidente que esta reducción en el valor del dólar 6,7 en 2022, 12,5 en 2023, y 1,1 hasta la fecha, está teniendo un fuerte impacto en la rentabilidad de las exportaciones, el turismo, las empresas locales que compiten con importaciones extranjeras.

Carlos Rivera del sector productivo nacional: desde el sector cafetalero que representa 27000 familias, de las cuales el 85% son pequeños productores, es decir, 23500 familias producen menos de 100 fanegas. Hacemos un llamado a las autoridades de Gobierno para que realmente corrijan la política monetaria y la política pública con referencia a la afectación que está viviendo el sector productor nacional con el tema de tipo cambio, que lo ha llevado a una verdadera crisis, una crisis que lo va a sacar del mercado, que va a causar un desempleo gigantesco en la producción, que va a atentar contra la comida de miles de familias y que realmente es imposible que hagamos una transformación como la que el presidente pretende. Así que llamamos profundamente a la reflexión a las autoridades del Banco Central para que corrijan el tema de la política monetaria.

Gilberth Díaz del SEC: es por esto y más razones que la Mesa Nacional de Diálogo Social y Productiva reitera su respaldo al sector agroproductor nacional, tal como lo ha manifestado en numerosas acciones. Este respaldo se evidenció con fuerza durante la gran marcha del 29 de marzo del 2023 en defensa del sistema agroalimentario nacional. En esta ocasión respaldamos la movilización del pasado 15 de mayo, que aunque sabemos que las afectaciones no son igual para todos en cuanto a las cámaras de agroexportación frente a las pequeñas y medianas organizaciones de producción nacional. Es un hecho que a todos afectará y quienes más sufrirán estas desventajas son los productores más pequeños y las miles de familias que dependen de un empleo sostenido por la economía nacional.

Para mayor información puede observar el video adjunto o las páginas web y de Facebook de las distintas instituciones que participaron en este video.

Mesa Nacional de Diálogo Social y Productivo a favor de la economía y producción nacional en Costa Rica

  • Después de la ruta del arroz existen amenazas a la producción nacional y se prevé nuevas rutas arancelarias a favor de las importaciones con afectaciones directas a las economías nacionales y locales.
  • Desde la Mesa Nacional de Diálogo apoyamos la movilización de hoy miércoles 15 de mayo en favor de la economía y producción nacional.

La Mesa Nacional de Diálogo Social y Productiva reitera su respaldo al sector agro productor nacional, tal como lo ha manifestado en numerosas ocasiones. Este respaldo se evidenció con fuerza durante la gran marcha del 29 de marzo de 2023 en defensa del sistema agroalimentario nacional.

En el caso específico de la ruta del arroz, el sector ha avanzado en su proceso contencioso-administrativo contra las decisiones del Poder Ejecutivo. La política de favorecer arancelariamente las importaciones de arroz ha provocado la ruina de miles de personas involucradas en esta industria. Es por esto que insistimos en la importancia de un Estado Social de Derecho, donde los habitantes puedan recurrir a la institucionalidad para ejercer y defender sus derechos en pro del bien común frente a amenazas directas.

En este contexto legal, el Grupo Organizado de Productores de Arroz de la Región Pacífico y Brunca Costarricense ha presentado una impugnación legal ante el Tribunal Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda (TCA). Esta acción legal está dirigida contra el Decreto 43642 MAG-MEIC-COMEX, conocido como la «Modificación de los Derechos Arancelarios a la Importación del Arroz en Granza y Pilado», emitido el 3 de agosto de 2022 por el Poder Ejecutivo bajo la administración de Rodrigo Chaves Robles. Este decreto redujo significativamente los aranceles de importación para el arroz, lo que tuvo consecuencias desastrosas para el sector arrocero nacional.

Según CONARROZ, esta medida llevó a la quiebra de 331 productores costarricenses, afectó el empleo de 18,000 trabajadores y empeoró las condiciones económicas de muchas familias vinculadas a la producción nacional del arroz. Además, representó una pérdida de ¢20 mil millones al fisco ($39 millones al tipo de cambio actual) debido a la reducción en los aranceles recaudados, lo que significa menos recursos disponibles para el desarrollo del país.

En este mismo contexto, la política monetaria del gobierno también está impactando negativamente en la producción y la economía nacional. Específicamente, la política relacionada con el tipo de cambio ha experimentado una disminución significativa desde mediados de 2022, pasando de casi 700 colones a alrededor de 520 colones en las últimas semanas.

Es evidente que esta reducción en el valor del dólar (6,7% en 2022, 12,5% en 2023 y 1,1% hasta la fecha en 2024) está teniendo un fuerte impacto en la rentabilidad de las exportaciones, el turismo y las empresas locales que compiten con importaciones extranjeras. Esta situación está generando desigualdades comerciales entre las economías locales y extranjeras representadas en las importaciones, afectando la rentabilidad y la generación de empleo en Costa Rica.

En vista de este panorama, instamos al gobierno y al Banco Central a coordinar políticas con cambios estructurales que aumenten la productividad de los sectores nacionales afectados por el bajo tipo de cambio. Esto ayudaría a generar empleos formales con salarios más altos, fortaleciendo así la economía nacional y la producción interna en lugar de debilitarla.

Nos unimos al llamado de pequeñas, medianas y grandes empresas nacionales, especialmente aquellas que están sufriendo mayores impactos, así como a las empresas de economía social solidaria, medianos agricultores y agroexportadores que son fundamentales para el empleo nacional. Respaldamos la movilización hoy miércoles 15 de mayo, organizada por miles de trabajadores agrícolas y representantes de los principales sectores productivos del país. Esta movilización se llevará a cabo en el marco del Día Nacional de la Persona Agricultora en Costa Rica, comenzando en el Parque La Merced, San José, a las 9:00 am y culminando en la Plaza de la Democracia frente a la Asamblea Legislativa.

El objetivo de esta movilización es defender y evitar la pérdida de empleo de un millón y medio de trabajadores de zonas rurales y costeras de todo el país, cuya subsistencia depende del sector productivo nacional. Esto se realiza en respuesta a las amenazas directas contra la producción nacional, la falta de apoyo a las economías asociativas locales, la inestabilidad en la política monetaria del tipo de cambio y el favorecimiento del sector importador sobre la producción nacional.

Informe especial / La batalla por el tipo de cambio

Diversas organizaciones productivas y empresariales han convocado a una movilización en San José para este miércoles 15 de mayo, con el propósito de manifestar su enorme malestar por lo que consideran los perversos efectos de un tipo de cambio colón/dólar en extremo sobrevaluado (super apreciado).

Algunos de sus representantes claman por un tipo de cambio «neutro» que, sin precisar su significado, ciertamente implicaría una gran devaluación del colón.

Sin duda el tipo de cambio «bajo» de los últimos 18 meses ha ayudado a la estabilidad del nivel de precios, al tiempo que tiene a pequeños y medianos exportadores (y a los empleos que generan) contra la espada y la pared.

Para discutir sobre estos y otros temas relacionados, SURCOS ha invitado a cuatro connotados economistas del colectivo «Economía Pluralista» y no dudamos que sus aportaciones nos ayudarán a entender mejor los pormenores de este tema técnico y (¡quién lo diría!) político a la vez.

Le invitamos a seguir el enlace en el nombre de cada autor.

Daniel Vartanián

Fernando Rodríguez Garro

Luis Paulino Vargas Solís

Renzo Céspedes Vargas

Implicaciones para el sector productivo del manejo del tipo de cambio con la política monetaria actual

Renzo Céspedes Vargas.

Renzo Céspedes Vargas
Consultor en Comercio Internacional

Lo primero que hay que tener claro, es que en Costa Rica no tenemos mercados financieros, ni cambiarios, ni en muchos otros ámbitos que puedan llamarse competitivos. Esto les permite a los entes oligopólicos y al BCCR, ejercer un gran poder de mercado y fijar, por ejemplo, tasas piso, y otros mecanismos que afectan directamente a los clientes finales. Por lo que está claro, que a nivel del MONEX donde se determina el tipo de cambio del día, la capacidad de incidencia del BCCR ejerce un rol que hace esos mercados anticompetitivos, por lo que es evidente la celeridad con que actuó e intervino el BCCR para controlar el tipo de cambio cuando estuvo cerca de los 700 colones por dólar, para llevarlo a 600 colones por dólar en menos de 5 meses. Escenario que ante la prioridad obsesiva de controlar la inflación llevo al BCCR mayoritariamente por la vía de un elevado nivel de endeudamiento externo y de la lentitud en el manejo y nivel de reducción de la Tasa de Política Monetaria (TPM) de un 9% entre octubre del 2022 y abril del 2023, hasta llegar a una TPM de 5.75 a finales de enero del 2024, que bajo una situación de deflación, procedió a atraer capitales especulativos que vinieron a Costa Rica con el fin de derivar utilidades de altos niveles de rendimiento que aseguraba el BCCR respecto de los que podían obtener en el mercado internacional.

Este ingreso masivo de divisas, continuo con la presión de la tendencia a la baja del tipo de cambio, sin que el BCCR haya hecho lo suficiente al poder reducir más rápidamente la TPM, con lo cual hubiese buscado posicionar el tipo de cambio en niveles cercanos a los 600 colones por dólar, sino que más bien al reducir lentamente la TPM lanzo la señal a los agentes económicos de que la tendencia de apreciación del colon iba a continuar hasta llevarlo a niveles de 500 colones por dólar creando una imagen aún más superavitaria de divisas que no ha contribuido en nada a que esta situación cambie.

Otros factores que considerar:

La autorización de endeudamiento externo del Gobierno Central no tiene precedentes en los últimos 40 años. A ningún Gobierno en tan corto lapso se le ha autorizado emitir tanta deuda en dólares como a este Gobierno. A eso hay que sumarle los empréstitos de organismos multilaterales. Esto implica una entrada de dólares muy grande en un corto lapso, ajenos a la dinámica propia de crecimiento de las exportaciones de bienes o servicios e IED, que, si bien se han crecido, apenas muestran niveles similares a los previos a la pandemia, sin que eso afectara de manera significativa el tipo de cambio en el pasado.

Pareciera que la única variable extraordinaria en el mercado cambiario hoy es precisamente la abundancia de endeudamiento externo del Gobierno Central sumado a la captación de capital especulativo y muy posiblemente de lavado de dinero que ha provocado un cambio objetivo en las condiciones de los pseudomercados oligopólicos que tenemos, incidiendo de forma directa sobre la competitividad de múltiples sectores productivos y provocando que el costo de la mano de obra costarricense sea una de las más caras de todo Latinoamérica, según los parámetros de la OECD.

Si bien es cierto que al Gobierno le sirve un tipo de cambio bajo para pagar los intereses de una deuda en dólares creciente y de que, además, baja el monto de la deuda total en dólares al pasarla a colones, lo que mejora los índices de endeudamiento globales de cara al cumplimiento de la regla fiscal y de que al reducirse por debajo del 60%, liberaría recursos para gasto del Estado, la realidad es que la situación de deflación que esta política ha generado y el encarecimiento de nuestros costos de producción internos producto de la revaluación del colon viene provocando una contracción de las actividades económicas más importantes para contratar mano de obra no especializada, con una pérdida de recaudación de impuestos que superan los ahorros por revaluación del colon frente al dólar de nuestra deuda externa.

No es sino hasta que han empezado a bajar la TPM en colones a niveles del 4,75% que ha empezado a facilitarse la salida de capitales especulativos, con una muy leve tendencia a volver a depreciar el colón, pero esto tendría las consecuentes presiones inflacionarias, por lo que el Banco Central ha sido reticente a caminar en esa dirección, a pesar del evidente estado de agotamiento y contracción que ya confirman los sectores productivos que operan bajo régimen definitivo y que son los que pagan impuestos, así como las mismas Zonas Francas que han contraído sus niveles de creación de nuevos empleos en el periodo 2023, en más de un 73% respecto de los niveles generados en el periodo 2022.

La revaluación del colon cercana al 28% desde el periodo del mes de junio del 2022 al mes de abril del 2024, ha impactado sobre la competitividad de múltiples sectores productivos, a pesar de los reclamos casi unánimes sobre la apreciación cambiaria de actividades, tales como: Sectores Agroexportadores, Sector Turismo, Sector Hortícola, Sector Cafetalero y Productores nacionales agropecuarios, que enfrentan una pérdida de rentabilidad grave y/o sufren la amenaza de múltiples productos importados que hoy ingresan al mercado con bajos aranceles y a precios en colones más bajos para sustituir la demanda por la producción nacional.

Esta política monetaria y cambiaria, atenta contra el desarrollo futuro de una economía muy abierta a nivel global como la nuestra, porque presiona hacia un proceso de desindustrialización, de quiebra o contracción de múltiples sectores productivos por pérdida de competitividad en el mercado externo e interno, que, según los alcances que llegue a tener, podría ser muy difícil de revertir, provocando un derrumbe o contracción de los sectores productivos bajo régimen definitivo con masiva pérdida de empleos, que impactara en una reducción de los niveles de recaudación de impuestos, con lo que se va a agravar la crisis fiscal de este gobierno y se profundizara el nivel de pobreza, la crisis social y la perdida de bienestar de la población costarricense.

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Consecuencias de un dólar barato: El diablo se esconde en los detalles

Dr. Luis Paulino Vargas Solís
Economista

Este artículo se centra en el análisis y la explicación de las afectaciones derivadas de la baja del dólar, y omite la discusión de dos aspectos clave en relación con esa situación: primero, la posibles causas y factores desencadenantes detrás de la evolución que el dólar ha registrado, y, segundo, las posibles opciones de política para intentar corregir ese estado de cosas, incurriendo en el menor costo social posible. Espero abordar ambos aspectos en algún escrito o escritos posteriores.

Si bien en una primera y superficial mirada, la baja del dólar aparece como algo beneficioso, un examen más detenido podría revelar elementos menos satisfactorios e, incluso, aspectos francamente problemáticos. Es eso lo que, de la forma más sintética posible, intento dilucidar en este escrito.

  • Deflación de precios y “clavos de oro” para el negocio importador

En general, la baja del dólar favorece una inflación más baja. De hecho, durante ya más de año y medio -desde septiembre de 2022- venimos moviéndonos en territorios deflacionarios, o sea, de inflaciones negativas.[i] No por casualidad, esto coincide con la caída del dólar, si bien debemos comprender que no es el único factor que explica esa tendencia hacia la deflación. Pero no imaginemos, ni por asomo, que la caída del dólar se va a transmitir en una caída equivalente de los precios. La razón es que el comercio importador es un negocio oligopolizado, o sea, controlado por un pequeño número de grandes empresas, y estas se van a cuidar muy mucho de no bajar los precios más que en el monto justo para “robarle” mercado a los productores nacionales que compiten con las importaciones, o no bajarlos en absoluto en los casos cuando es inexistente esa competencia por parte de empresas nacionales, como podría ser el caso de muchos insumos agropecuarios.

Esto último nos advierte sobre otro aspecto importante: dado el predominio de poderosos oligopolios en los negocios vinculados al comercio importador, la caída del dólar les permite a estos hacer “clavos de oro”. O sea, el abaratamiento del dólar propicia un movimiento muy fuerte de redistribución del ingreso y la riqueza a favor de esos sectores.

  • Crédito en dólares

Claro que la baja del dólar favorece también a quienes tienen créditos en dólares y ganan en colones, por la obvia razón de que el monto de las mensualidades, expresadas en colones, disminuyen conforme el dólar baja. Cuando, de hecho, esto también favorece la colocación de nuevos créditos en dólares, ya que esta se ve como una opción más cómoda, relativamente a la que ofrecen los créditos en colones. Todo lo cual, por cierto, es una excelente noticia para la banca privada, cuyo negocio en gran parte descansa en ese tipo de créditos en moneda extranjera. He aquí otro sector al que la caída del dólar le resulta una buena noticia.

  • El diablo se oculta en los repliegues

Pero, por favor, que no nos pase inadvertido que, en los dos puntos anteriores, hay una trampa oculta.

El abaratamiento de las importaciones, aun cuando solo sea en el margen, o sea, apenas lo justo para que las importaciones capturen porciones crecientes del mercado, pone en aprietos a las empresas y productores nacionales que ofrecen productos que compiten con esas importaciones. Esas empresas y productores nacionales pierden participación en el mercado y sufren una reducción de sus ventas. Eventualmente, eso pondría en riesgo los empleos que generan. Las afectaciones de este tipo alcanzan a una amplia gama de actividades productivas, tanto del sector manufacturero como del agropecuario, incluyendo la producción láctea y la de alimentos para el mercado nacional.

Las ganancias para quienes tienen créditos en dólares -o para quienes deciden hoy tomar créditos en dólares- conlleva un riego -usualmente llamado “riesgo cambiario”- asociado a la posibilidad de una devaluación futura de la moneda, lo que incrementará el monto en colones que deberían entonces dedicar a cumplir con los pagos de la deuda.

  • Deuda pública en dólares

Un efecto similar ocurre con la deuda en dólares del Gobierno Central. En los dos años comprendidos entre diciembre de 2021 y diciembre de 2023, esa deuda, expresada en dólares, aumentó un 36,5%. Pero al pasarla a colones, y favorecida por la baja del dólar, el aumento solo fue de un 11,2%. Esto tiene importancia sobre todo a la hora de considerar el porcentaje del monto total de esa deuda externa, en relación con el Producto Interno Bruto (PIB), el cual es el referente usual a la hora de evaluar la sostenibilidad de la deuda. De tal modo, ese porcentaje, que era de 16,8% en 2021, se sitúa en 16,0% en 2023. Parece una reducción muy pequeña, pero el asunto adquiere una dimensión distinta cuando consideramos que, si tan solo se hubiese mantenido en 2023, el mismo tipo de cambio de 2021, ese porcentaje deuda-PIB, habría dado un salto al 19,7%.

Pero, de hecho, esa no es la historia completa, puesto que una porción de la deuda interna, que se supondría debería ser en colones, en realidad está en dólares, lo que, para todo efecto práctico relevante, la convierte en deuda externa. A diciembre de 2023, la parte de esa deuda interna en dólares, representaba un 7,4% del PIB. Bastaría con que el dólar estuviese en su nivel de diciembre de 2021, para que esa proporción pasara a ser del 8,8%.

Considerando todo lo anterior, resulta que, gracias a la caída del dólar, la deuda del Gobierno Central, expresada como porcentaje del PIB, está hoy 5 puntos porcentuales más baja de lo que potencialmente pudo haber estado.

  • Las riesgosas apuestas del presidente Chaves

Esto permite entender la irresponsable complacencia con que el presidente Chaves mira todo esto. Hay aquí dos ruletas en las cuales Chaves está apostando: la ruleta de la deuda externa expresada en dólares, y la ruleta de una tasa de cambio dólar-colón baja. Si esta segunda apuesta se malogra, si, por lo tanto, el movimiento del dólar se revierte y se da lugar a una devaluación del colón, la primera apuesta también se vendrá abajo: crecerá la proporción o porcentaje deuda/PIB, y crecerá el monto en colones del servicio de la deuda, lo cual nos traerá multiplicados problemas. Y aquí bueno es tener presente que el gobierno “gana” en colones, puesto que los impuestos que recauda son en colones.

  • Consecuencias para las exportaciones y las actividades turísticas

Esta es la problemática alrededor de la cual ha girado la mayor parte del debate público: los efectos para las actividades productivas vinculadas, sea a las exportaciones, sea el turismo.

Para mejor entender este punto, recordemos que, en las últimas semanas, el tipo de cambio ha oscilado apenas por encima de los ₡500 por dólar. Eso significa retornar a los niveles en que se situaba en febrero-marzo de 2014, hace más de diez años. En ese mismo lapso, la inflación -medida por el Índice de Precios al Consumidor (IPC)- ha alcanzado cerca de un 20,5%. Este último dato, nos da indicio aproximado de la evolución de los costos de producción -incluyendo los costos salariales- durante ese período.

No es el único factor a considerar, puesto que también influye el comportamiento de la inflación en los países con los cuales Costa Rica comercia o aquellos con los cuales compite en el comercio internacional, como también habría que tomar en cuenta la evolución de la productividad (o sea, la evolución de la capacidad productiva de los países medida con base en el valor que, en promedio, se genera en una hora de trabajo).

Pero, aún haciendo abstracción de estas últimas cuestiones, el evidente desajuste entre la tasa de cambio colón-dólar y la evolución de los costos de producción, nos ayuda a entender porqué la caída del dólar les trae problemas a las mencionadas actividades productivas. Pero, sin duda, las afectaciones no son homogéneas, seguramente varían de un sector a otro, dependiendo principalmente de dos factores:

  • el peso relativo de los costos salariales en colones dentro del total de la estructura de costos,
  • y la significación relativa del “componente importado” (o sea, el valor aportado a la mercancía producida, por los insumos, equipos, maquinarias, etc. que son importados).

Para actividades -como es el caso de muchas pequeñas y medianas empresas turísticas o empresas exportadoras del sector agroindustrial- en las cuales los costos salariales en colones son relativamente altos, el efecto negativo será más significativo. Para las empresas de alta tecnología de las zonas francas, fuertemente intensivas en el uso de equipos, máquinas e insumos importados, y para las cuales el costo salarial en colones es relativamente menor, las afectaciones son seguramente más leves. En cambio, lo perciben con más intensidad las empresas de zona franca del sector servicios, cuyos costos salariales en colones son más significativos.

  • Empleo es, a fin de cuentas, el nombre del juego

Ya veíamos los riesgos para el empleo, derivados del proceso de gradual arrinconamiento que sufren las empresas y productores nacionales que producen para el mercado interno, derivado de importaciones que se vuelven más competitivas gracias a la baja del dólar. Como es fácil de entender, ese mismo riesgo se presenta en relación con estas empresas orientadas a las exportaciones y el turismo.

Tener presente estas amenazas al empleo, es seguramente el mejor antídoto frente a los cantos de sirena de quienes proclaman las ventajas para el “consumidor” derivados de la caída del dólar ¿Tiene sentido alegrarnos por la posibilidad de que resulte más cómodo endeudarse para comprar un auto del año o viajar al extranjero, cuando los empleos de miles y miles de personas están en peligro? Para ser “consumidor” primero se necesita disponer de un ingreso, y para tener un ingreso la gran mayoría de la gente requiere tener un empleo (excepto las personas muy ricas, que, mientras toman el sol a la vera de la piscina de su mansión, reciben en sus cuentas bancarias los dividendos de sus acciones, los rendimientos de sus inversiones en bonos de la deuda pública, o los pagos por alquiler de sus edificios de apartamentos y de oficinas).

Si la situación de revalorización del colón frente al dólar se vuelve crónica y se prolonga por mucho tiempo, ello puede tener efectos en términos de un proceso de desindustrialización de la economía. “Desindustrialización” no en referencia tan solo a la industria manufacturera sino, en forma más amplia, respecto de las diversas actividades productivas. Estas, eventualmente, sufrirían una contracción importante, cuando, a su vez, nuestra economía viraría hacia un sesgo importador especialmente agudizado.

Les mencionaré una anécdota, para ilustrar este último punto. La empresa Gallito, hoy día propiedad de la Dos Pinos, y que tradicionalmente producía confites y chocolates, recientemente ha empezado a comercializar galletas. Si usted lee la letra menuda en los sobrecitos de las galletas se encontrará con que estas son producidas en República Dominicana, no en Costa Rica. Sin duda la baja del dólar lo propicia, puesto que hace más rentable producirlas en aquella isla caribeña que en nuestro propio país, no obstante que ese es un sector manufacturero en el cual poseemos experiencia y conocimiento. A eso se refiere el concepto de desindustrialización, que conlleva un traslado al exterior de empleos que muchos costarricenses desearían tener a su disposición.

A la larga, todo esto resultaría económica, social y políticamente insostenible.

[i] La percepción popular, acerca del “alto costo de la vida”, que contrasta con las estadísticas que demuestran un movimiento deflacionario, no andan descaminadas. Los datos del INEC son correctos, pero también es correcta la percepción popular, puesto que los mismos datos del INEC demuestran que, a lo largo de muchos años (desde 2010), el poder adquisitivo de la población no ha mejorado. De ahí que persista una justificada sensación de que “la plata no alcanza”.

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Más allá de un tipo de cambio

Fernando Rodríguez Garro.

Fernando Rodríguez Garro
Coordinador del Observatorio Económico y Social
Universidad Nacional

La manifestación convocada para el 15 de mayo por un grupo variado de gremios de productores pone de manifiesto algo que en las aulas de economía rara vez enseñamos: los procesos de ajuste no son, ni de cerca, asépticos. La mayor parte del tiempo la economía recita la misma lógica, que cuando se presenta un desequilibrio las variables se ajustan de forma libre y resuelven ese desequilibrio hasta el punto en que la estabilidad retorna. Esto no toma en cuenta la realidad de todos los participantes de las distintas actividades productivos y lo sucedido actualmente con el tipo de cambio no es la excepción.

En primer lugar, debemos de entender que está produciendo la marcada revaluación que venimos observando desde hace meses. Ahí empieza el problema, pues a la fecha no tenemos claridad sobre lo que está pasando en detalle y cómo los distintos factores pesan en la evolución actual del tipo de cambio. Una pista para entender el asunto podría ser que hay varias fuentes de liquidez en moneda extranjera, que colaboran con la revaluación que hemos visto, desde un mejor comportamiento de las exportaciones, hasta más inversión extranjera directa, más financiamiento del gobierno en moneda extranjera, dinero proveniente de actividades ilícitas y movimientos de capitales especulativos, todo eso podría estar jugando.

El problema que tenemos hasta el momento es que no tenemos una explicación clara del BCCR sobre el comportamiento actual del tipo de cambio, o una manifestación clara de que no pueden explicarlo (lo que sería una mala señal en el contexto actual). La insistencia de las autoridades monetarias de que es el resultado de las condiciones de mercado parece dejar de lado que nuestro mercado cambiario es imperfecto, poco profundo y muy concentrado. Además, ¿será que abandonaremos a su suerte la fijación del tipo de cambio, si la variabilidad se mantiene de forma indefinida? Es una pregunta compleja, porque genera otras inquietudes, en caso de decidirse a intervenir: ¿en qué momento se haría?, ¿cómo?, ¿hasta alcanzar qué valor?, ¿qué va a pasar cuando lleguemos ahí?

Esa es mi primera preocupación cuando se analiza la propuesta de los grupos que se han visto afectados y que se manifiestan en esta ocasión, pues piden un tipo de cambio neutro, que algunos fijan en 615 colones por dólar. Claramente no debimos llegar donde estamos, ni debemos suponer que el problema se arreglará solo y sin consecuencias, pero la dificultad actual es que ya estamos ahí y movernos hacia un tipo de cambio que implique una devaluación tan marcada no tiene nada de neutro, sería una devaluación de aproximadamente 20% y sus consecuencias se sentirán sobre otros grupos y personas en nuestra economía.

Segundo, ciertamente tenemos un problema con muchos sectores productivos, pero esto no se produjo solo con la revaluación cambiaria, ni saldremos de esto con una depreciación como la señalada. Ver los procesos de ajuste como historias abstractas de algún libro de texto, de los que usamos para enseñar economía, nos hace olvidar que los perdedores de estas situaciones son personas y familias que se dedican a actividades vitales en el día a día de nuestra sociedad. La capacidad productiva perdida debe dolernos de forma importante y obligarnos a reflexionar cómo evitar esas salidas, porque en la realidad no existe esa “elasticidad” de transformación inmediata para cambiar de actividad económica, el que sale de una actividad tal vez no regrese a producir de forma definitiva y eso nos afecta a todos.

Si nos preocupásemos de los productores agropecuarios afectados por crisis y procesos de ajuste, tanto como lo hemos hecho globalmente por los bancos y los intermediarios financieros, otra sería la historia que estamos contando. Pero lo cierto es que no tenemos ni una política de estímulo y rescate de actividades productivas, ni estamos sopesando de forma apropiada las consecuencias de ver desaparecer de la actividad productiva a personas y familias del sector agropecuario.

Estas falencia de una política pública dedicada al sector agrícola, o incluso para los pequeños negocios del sector turístico, no se solventa con una devaluación, requiere más acción y propuestas. Si bien le podemos exigir al Banco Central más claridad para entender lo que está pasando, y un desarrollo adecuado de nuestro mercado cambiario, que propicie más competencia, más profundidad y más control de los grandes jugadores y de los movimientos especulativos, no es en el Banco Central donde debemos plantear la exigencia de políticas productivas claras.

Desde que empezó con más fuerza el proceso de apertura comercial le debemos al sector agropecuario una política clara para enfrentar una competencia más fuerte, proveniente de nuestros socios comerciales, muchos de ellos con políticas de estímulo muy sólidas. El anuncio de Coopeleche en días pasados, por ejemplo, sobre la salida de los negocios que venían realizando, es una muestra clara que caminábamos sobre el filo de la navaja, con un desenlace propiciado por la situación cambiaria pero que no nació ahí.

Por último, respetuosamente creo que debemos evitar simplificar el problema a un solo dato, la cotización del tipo de cambio. Eso tal vez funcione para algunos sectores y para grandes negocios, pero el sector agropecuario y los pequeños negocios requieren de recibir respuestas a otros problemas que siguen sufriendo. Se vienen cambios importantes en los procesos de producción, a fin de contribuir con una economía verde y resiliente ante el cambio climático, en ese contexto urgimos una política clara para evitar la lamentable salida de personas y familias de las actividades productivas agropecuarias.

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Impacto de la baja del dólar

Daniel Vartanián.

Daniel Vartanián, M.Sc.

Desde hace algunos meses surgió una nueva preocupación para los agricultores, los exportadores y los empresarios turísticos: se trata de la apreciación del colón o lo que es lo mismo, una baja en el tipo de cambio que pasó de ₡ 700 por dólar a sólo ₡ 500 por cada dólar. En términos simples, solamente por efecto de la variación en el tipo de cambio, los ingresos de quienes reciben dólares disminuyen en 25 al 30%. Pero esta condición no es igual para todos.

Agricultores

Quienes más sufren esta variación son los agricultores que producen para el mercado local. A la disminución de sus ingresos, disminuye la posibilidad de vender. Como resulta más barato importar, los agricultores locales que colocan su producción a través de grandes comercializadores que tienen la capacidad de vender productos en todo el país, enfrentan la competencia de bienes agrícolas importados y cada vez más baratos que esas mismas empresas comercializadoras ponen en las góndolas al lado de los productos locales. Solo una cadena de supermercados con cuatro formatos diferentes (conocidos como Walmart, Más por Menos, Maxi Palí y Palí) domina más del 55% de esta modalidad de ventas al detalle. Y otras cadenas de supermercados operan de la misma manera: si los precios locales no bajan al nivel de productos importados con costos de importación en descenso, difícilmente podrán ser tomados de las góndolas por parte de los compradores.

En las economías que buscan proteger el mercado interno probablemente se aplicarían políticas que fortalezcan a los productores locales ya sea mediante aranceles temporales a productos importados que compiten con productos locales o mediante impulsos al desarrollo tecnológico que facilite aumentar la productividad (medida en kilos o toneladas por hectárea) que conduzca a una mejora significativa en la competitividad de los productos de consumo local o destinado al mercado externo.

A modo ejemplo podemos citar el caso del principal exportador mundial de cebolla; es el caso de Países Bajos que compite en los mercados con Indonesia, a pesar de contar con poca extensión y un clima claramente adverso la mayor parte del año. Costa Rica también tiene condiciones de desarrollo tecnológico excepcionales, como es el caso de la producción de café (cada vez con mayor incorporación de valor agregado y una creciente comercialización de producto final, en sustitución de las exportaciones de café “verde” o “pergamino”);

de piña (somos el principal exportador mundial); banano (desde hace unos 10 años el precio mínimo al productor independiente, regulado en Costa Rica es tomado como precio de referencia en los principales países productores como Ecuador y Colombia) y aceite de palma, que duplicó su productividad desde hace menos de 10 años. Otros productos agrícolas podrían seguir este camino, si se contara con una política adecuada que priorice la seguridad alimentaria.

Lamentablemente los incentivos o promoción de la producción local siguen el signo contrario. Las empresas comercializadoras pueden y se incorporan al régimen de subsidios tributarios como el de zonas francas, que acentúa el peso de la carga tributaria sobre las empresas y sectores de menor tamaño relativo.

Exportadores

Desde la década de los años sesenta; es decir desde hace al menos 60 años, el discurso de temas económicos y sobre todo el régimen de incentivos, toma como un precepto esencial la “necesidad” de ampliar el mercado hacia el resto del mundo. A la sustitución de importaciones y el Mercado Común Centroamericano siguió la política que otorgaba Certificados de Abono Tributario a las exportaciones no tradicionales y a nuevos mercados, hasta el actual régimen de zonas francas que asigna subsidios que generan cada vez mayor desigualdad y proporciona empleo a menos del 10% de la población que podría integrar la fuerza de trabajo. Ni los “Ni-ni”, ni los inmigrantes, ni los desplazados al trabajo informal y al sector tradicional rural, tienen cabida en este sector que cada vez cuenta con mayores privilegios. En cambio, las pequeñas y medianas empresas que hacen un esfuerzo excepcional por encontrar mercados en el exterior a partir de sus propios recursos perciben menos ingresos como consecuencia de la apreciación del colón. Para este sector el aumento en la eficiencia y la competitividad se convierte en un imperativo sin los cuales difícilmente pueden permanecer en el mercado. La baja en el tipo de cambio acentúa la triste estadística del fracaso del 75% de los nuevos emprendimientos en menos de tres años que caracteriza a la economía costarricense. A pesar de algunos esfuerzos aislados, resulta insuficiente la política económica que facilite la maduración de proyectos productivos, que premie la apertura de mercados y compense el faltante de ingresos ante un menor tipo de cambio.

Empresarios turísticos

Probablemente un número significativo de pequeños empresarios turísticos sufre las mismas condiciones que los pequeños y medianos exportadores; con tarifas estables como las que se ofrece en diversas plataformas informativas y de promoción, disminuye el ingreso que perciben los hoteleros que tienen un esquema de costos basados en la moneda local: salarios, cargas sociales, seguros, mantenimiento de instalaciones, insumos alimenticios para atención de sus clientes, entre otros.

¿A qué responde la apreciación del colón?

Resulta notable que a pesar de los efectos adversos que provoca la apreciación de la moneda y del aumento en las importaciones que se ven favorecidas por un tipo de cambio más favorable, los saldos del comercio y particularmente de la Balanza de pagos, muestran un superávit que se expresa en niveles altos alcanzados por las Reservas Monetarias Internacionales, que superan los US$ 13.500 millones. Esto podría explicarse por un aumento importante del endeudamiento público frente a organismos multilaterales, el endeudamiento privado que se refleja en la Balanza de pagos, así como a la Inversión Extranjera Directa y otros componentes de las Cuentas Nacionales.

Adicionalmente cabe considerar que el paulatino abandono de controles aduaneros que en pocos casos se intenta revertir (v.gr. uso de escáneres), nos colocan frente a la posibilidad real de sobre facturación de exportaciones y de ocupación hotelera y subfacturación de importaciones, con el objetivo de legitimar importantes movimientos de capitales que buscan ser blanqueados.

Los excedentes de divisas que inciden en el tipo de cambio (al menos según los postulados teóricos) tiene el impacto favorable de contener la inflación, objetivo de política nada despreciable, aunque resulta notorio que el IPC no muestra una reducción de precios del 25% desde mediados del 2022 como podría haberse esperado y mientras tanto cualquier aumento en el tipo de cambio sí se refleja históricamente en aumentos de precios al consumidor.

Algunos sectores reclaman mayor intervención del BCCR para que aumente el tipo de cambio y así “ganar” la actividad exportadora. Tal vez una forma de intervención que podría tener un impacto positivo podría encontrarse no solo en acciones que mejoren la competitividad, sino también en la realización de pagos que reduzcan la deuda externa, y con ella el pago de intereses de la deuda. De esa forma los beneficios podrán ser compartidos.

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La patronal desfila y se manifiesta en defensa de sus ganancias

Oscar Madrigal

Óscar Madrigal

Las cámaras patronales protestarán con un desfile por el bajo precio del dólar y a lo mejor hasta bloquearán calles. Al respecto he escuchado opiniones de todo tipo: he visto a pequeños empresarios afirmar que la bajada del dólar no los ha afectado porque obtienen menos recursos por lo que venden, pero pagan menos por lo que compran; los grandes empresarios, especialmente los exportadores y las grandes cadenas turísticas, expresan que están a punto de quebrar y amenazan con despidos de trabajadores.

No hay estudios serios que demuestren las “congojas” de los grandes empresarios y mucho menos que estén por cerrar.

Hace unos días la Standard Fruit Company, la heredera de Mamita Yunai, despidió a 412 trabajadores y ya había despedido hace tres meses a 111 más. Sin embargo, Corbana en esa misma información da unos datos interesantes.

El precio de la tonelada de banano subió de $1.160 en 2021 a $1.627 en abril 2024, un aumento de $467 por tonelada. Si Costa Rica exporta 2,4 millones de toneladas, los exportadores de banano -solo por el sobreprecio- obtendrían más de 1,2 millones de dólares de más.

Mientras tanto el dólar pasó de costar ¢542,99 en el 2022 a ¢512,01 en el 2024, una caída de ¢30, lo que representa un $0,05 (cinco céntimos de dólar). A esto alcanza la “pérdida” por la valoración del colón o la “caída” del dólar. Costa Rica exporta por banano $1.000 millones por año. Por la diferencia en el tipo de cambio ($0,05) las bananeras dejarían de recibir alrededor de $50 millones de dólares.

Ahora, si comparamos lo que los exportadores de banano ganaron por el aumento del precio internacional de banano, que fue como de $1,2 millones, con la pérdida del valor del dólar que les causó un gasto extra de $50 millones, queda claro que no están al borde de la quiebra o que han sufrido un descalabro financiero. Tal vez lo que ocurre es que los exportadores solo quieran ganar y ganar y ganar siempre.

Ahora bien, no existe ninguna justificación financiera de las bananeras para despedir trabajadores a menos que lo que estén considerando es la tercerización de todas las labores que hacen esos obreros bananeros despedidos, como el embolse de la fruta, y con ello aumentar la explotación y las ganancias por esa vía.

Es posible que las ganancias de los exportadores hayan disminuido o no hayan crecido como desean. Habría que estudiarlo en detalle.

Pero lo que si es cierto es que cuando los precios suben, como por ejemplo ahora con el banano de exportación, los salarios de los obreros y trabajadores en general, por ejemplo, los de la Standard Fruit Co., no aumentan, pero cuando se trata de una pequeña disminución de esas utilidades se opta por despedirlos y condenarlos a la miseria.

La Standard Fruit Co., es el principal patrono de la provincia de Limón, que es a su vez la más pobre del país. Por algo será. Y ahora recetan más desocupación y probablemente peores salarios, sea más pobreza.

¿Quién podría apoyar semejante conducta de los grandes exportadores?

La manifestación que convocan los grandes empresarios es a los trabajadores ponerse la soga al cuello, condenarse a no salir de la pobreza.