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Voz experta UCR: La retórica del conservadurismo religioso en Costa Rica

  • Por Ana Lucía Fonseca R., docente de la Escuela de Filosofía de la Universidad de Costa Rica

«A partir de la elección presidencial del 2018, se ha desatado una especie de paranoia moral». Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.

¡Qué lejos estamos en la actualidad de la finalidad estética y formativa de la retórica! El discurso que prevalece en el campo político, además de monotemático, solo busca la persuasión. ¿Cuál es este discurso?, ¿por qué es monotemático?, ¿a quiénes quiere persuadir?

Se trata del discurso del conservadurismo religioso de las ultraderechas, se estructura a partir de un solo tema: el peligro de perder los valores que sostienen la sociedad, y se dirige, ¿cómo no?, a todos los sectores sociales partidarios de la “Única Moral Verdadera”.

El conservadurismo religioso traspasa la puerta de las iglesias y de las sectas; habiendo colonizado “las almas” invocando el miedo al infierno, se propone, una vez más, colonizar la “polis” fundando “nuevas repúblicas”. En la actualidad, son tres sus soportes discursivos: unidad nacional, tradición y valores.

Sobre la unidad nacional. Se vale de creencias aglutinadoras, tales como la “identidad nacional”, “la esencia de nuestras costumbres”, el “legado de nuestros abuelos” para trazar una gruesa línea que separa a la nación de sus enemigos. ¿Cuántas veces escuchamos decir a los predicadores del conservadurismo que es necesario defender nuestra nación, nuestro ser costarricense, de los ataques de sus enemigos? El problema es que este aparente patriotismo parte de un falso dilema maniqueo: “Quien no está con nosotros, está contra nosotros”. Dilema que fácilmente alimenta el odio propio del etnocentrismo, la xenofobia, el elitismo, el racismo, la homofobia…

Sobre la tradición. Defiende la autoridad y el orden establecido. Y esta defensa reedita la vieja creencia en el derecho divino; sí, ese que sirvió a las antiguas teocracias y a las monarquías absolutas para legitimar el poder del sacerdote o del rey, porque a través de las manos mortales actuará, como ha actuado siempre, la mano divina. En la retórica del conservadurismo no es concebible la separación iglesias-Estado. En especial en Costa Rica, único Estado constitucionalmente confesional en toda América Latina, hay un acercamiento, impensable en otras épocas, entre la Iglesia Católica y diversas denominaciones evangélicas, para defender los alcances políticos y jurídicos del artículo 75 de la Constitución Política: el fundamentalismo evangélico del texto sagrado como única verdad, y el integrismo católico, verticalista y autoritario, se han aliado en esta defensa de la tradición. Pero como suele pasar, esta defensa va acompañada de la creencia en las “razones” de las mayorías, solo que en nuestro país cada vez se invoca menos el poder de la “mayoría” católica, para ceder el espacio discursivo a la “mayoría” que defiende los “verdaderos” valores es decir, ya no conviene hablar en nombre de una iglesia “verdadera” (de por sí cada vez más debilitada en número de fieles y en credibilidad), sino en nombre de unos valores consagrados y compartidos por todo “el pueblo de Dios”.

Sobre los valores. La estrategia retórica del conservadurismo se ha vuelto más astuta, más persuasiva. Recurre a dos elementos efectistas para impresionar y ganar adhesiones.

  1. La creación del “villano”. En los últimos años, pero muy particularmente a partir de la elección presidencial del 2018, se ha desatado una especie de paranoia moral contra lo que el conservadurismo considera el componente maligno de una conspiración neomarxista y feminista: la “ideología de género”. ¡Qué gran astucia! Se inventa un enemigo a partir de una caricatura tendenciosa de las teorías de género, se le llama “ideología” en el mismo sentido que se usa en la filosofía política del marxismo (como “falsa conciencia”) y se le declara un “peligro global” que, de no detenerse, acabará con la “verdadera” familia, el “verdadero” matrimonio, la “verdadera” sexualidad y, por supuesto, marcará el fin de la humanidad por su defensa del aborto y de la eutanasia.
  2. La táctica de las “artes marciales”. El conservadurismo tiene bien medido a su oponente y lo combate utilizando la fuerza de éste en su contra. ¿Cómo? Llevando a las últimas consecuencias las tesis del pensamiento progresista, ilustrado y crítico, sobre todo en relación con la libertad de expresión, la libertad religiosa y la tolerancia. Sólo que alevosamente esta retórica del conservadurismo no se hace cargo de la dimensión pragmática de los límites de estos principios. No es posible aceptar de manera irrestricta la libertad de expresión si esta incita al odio, a la exclusión, a la violencia y al crimen. La libertad religiosa es un derecho incuestionable (del que no deberían seguirse privilegios), pero el conservadurismo olvida que este principio implica también el derecho a no practicar ninguna religión y el derecho al disentimiento. En cuanto a la tolerancia, es sano en un Estado de Derecho, preguntarnos, aunque sea de vez en cuando, si hay obligación de tolerarlo todo, aun las posiciones intolerantes y discriminadoras.

Concluyo entonces estas consideraciones sobre la retórica del conservadurismo religioso con un pensamiento de Leonardo Boff sobre los límites de la tolerancia:

“La tolerancia ilimitada acaba con la tolerancia, así como la libertad sin límites conduce a la tiranía del más fuerte. Tanto la libertad como la tolerancia necesitan la protección de la ley. Si no, presenciaremos la dictadura de una única visión de mundo que niega todas las otras. (…) ¿Dónde están entonces los límites de la tolerancia? En el sufrimiento, en los derechos humanos y en los derechos de la naturaleza. Donde se deshumaniza a las personas termina la tolerancia. Nadie tiene el derecho de imponer un sufrimiento injusto a otro”.

 

M.Sc. Ana Lucía Fonseca Ramírez

Filósofa y escritora

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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La educación pública se defiende con la verdad

En la Comisión Legislativa que analiza el Fondo Especial para la Educación Superior (FEES) se incurre en afirmaciones hipotéticas o falsas para justificar su intención de quitarle independencia y recursos a las universidades públicas”, se manifestó en una publicación hecha por la Universidad de Costa Rica en su página de Facebook.

Compartimos el video en esta publicación.

 

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UCR: Cada vez que usted lava su ropa, contamina los mares con plástico

  • Especial consumo consciente: ¿lo quiero o lo necesito?

  • La contaminación textil es una de las problemáticas ambientales más invisibilizadas. Tan solo el poliéster, una de las fibras más comunes, libera pequeñas fibras de plástico que contaminan la fauna marítima

El nailon, el rayón, la licra y el poliéster son fibras textiles derivadas del petróleo. Al lavar prendas de estos materiales, se sueltan pequeñas partículas de plástico que terminan en el océano. Foto: Anel Kenjekeeva.

El poliéster y el algodón son los principales materiales de los cuales está hecha la ropa que vestimos todos los días. Puede comprobarlo fijándose en la etiqueta de las prendas que lleva puestas en este momento.

Sin embargo, ambos son altamente contaminantes en su producción, en su lavado y en su desecho.

En el caso del poliéster, esta fibra plástica, procedente del petróleo, se encuentra en más de la mitad de las prendas. Para su elaboración, se requieren alrededor de 70 millones de barriles de petróleo al año y tarda 200 años en descomponerse.

Cada vez que se utilizan y, posteriormente, se lavan las prendas hechas con ese material, se liberan 1 900 microfibras de plástico que acaban en ríos y océanos, lo cual perjudica a la fauna marítima. Una microfibra es una pequeña partícula de plástico, menor a los 5 milímetros (mm) de tamaño.

A inicios del 2019, seis estudiantes de la carrera de Biología de la Universidad de Costa Rica (UCR) obtuvieron los resultados del primer estudio realizado en el país que analizaba la presencia de microplásticos en el tracto digestivo de 30 peces procedentes del Pacífico costarricense.

En esta investigación, un total de 1 101 piezas de plástico fueron encontradas en el interior de los peces. De ellas, 875 fueron microfibras sintéticas.

Asimismo, biólogas marinas de la Universidad Nacional (UNA) actualmente investigan esta problemática con especies comestibles en la costa guanacasteca y las conclusiones son igual de alarmantes.

Alrededor del mundo, este tipo de resultados se han empezado a ver desde hace varios años. Por ejemplo, la Universidad de Toronto determinó que uno de cada cuatro peces que se venden en el mercado tiene restos de microfibras de plástico en sus entrañas.

Otra entidad que se ha dedicado a investigar la presencia de esta problemática es la Universidad de California, Santa Bárbara, la cual realizó un estudio en el 2016 que cuantificó la liberación de microfibras en lavadoras. El estudio señala que al lavar una chaqueta se desprenden dos gramos de microfibras.

En cuanto a su producción, el algodón se cultiva en regiones secas y cálidas, pero necesita hasta 20 000 litros para obtener un kilogramo (kg).

Además, en su elaboración se emplean el 10 % de los pesticidas y el 25 % de los insecticidas utilizados mundialmente. Esto quiere decir que el algodón es el cultivo no comestible más contaminante.

En Costa Rica, el tema de desechos textiles es un vacío en la investigación ambiental. Sin embargo, queda claro que el país es un mercado atractivo para la venta de ropa, pues solo en el 2018 entraron 135 516 toneladas de material textil y calzado. Una tonelada puede equivaler a 6 600 prendas, según datos de la Promotora del Comercio Exterior de Costa Rica (Procomer).

Conciencia desde el clóset

«Si bien la ropa ‘de segunda’ va a seguir teniendo un impacto ambiental, siempre se va a reducir un porcentaje, porque estoy reutilizando una prenda que alguien desechó», explicó Wendy Soto, cofundadora de The devil wears Sinaí. Foto: Anel Kenjekeeva.

Lavar una prenda a mano, consultar en la etiqueta los materiales de los que está hecha la ropa antes de comprarla o escoger una de segunda mano puede hacer la diferencia.

Así lo indicó Wendy Soto Moreno, estudiante de la Universidad de Costa Rica (UCR), quien junto con Daniela Bolaños Torres y Luis Alejandro Ulate se han encargado de brindar información a la población joven sobre el consumo textil responsable, por medio de una página en Instagram que cuenta con 11 000 seguidores.

Esta iniciativa comenzó como una plataforma en donde sus seguidores compartían fotos de sus atuendos comprados en tiendas de segunda mano y, a la vez, demostraban que podían estar “bien vestidos”. No muchos meses después, sus autoras empezaron a destacar los beneficios de hacer este tipo de compra y conforme empezaron a investigar se dieron cuenta de lo poco que se habla de las implicaciones ambientales de la fast fashion o «moda desechable».

Así se denomina a la producción masiva de prendas de bajo costo, tanto en mano de obra y en materiales. Por ello, su precio en el mercado también es barato.

“La reacción de la gente ha hecho que sigamos investigando y hablando del tema. Así fue como nos hemos dado cuenta de que no hay tanta información en el país como la hay sobre otro tipo de residuos, como el plástico o el vidrio, y que a nivel mundial el manejo de desechos textiles se salió de las manos”, comentó Soto.

La preocupación de este grupo de jóvenes tiene sentido cuando organizaciones internacionales calcularon que para el 2015 se elaboraron 100 000 millones de prendas, el doble de lo que se produjo en el 2000.Estos datos revelan que por cada persona que habita en el planeta, se crean al menos 14 prendas de vestir.

De igual forma, la pendiente de las ventas de la industria textil ha sido creciente desde entonces; es decir, el consumo es lo que mantiene a este modelo de producción de las marcas más populares en el mercado.

¿Cómo consumir menos y estar a la moda?

Seguir las tendencias de la industria textil – valorada en $1,3 billones – no se limita a visitar el centro comercial. Por ejemplo, Daniela Bolaños rescata el trabajo de costureras y sastres, los cuales, según indica, poco a poco van resurgiendo.

¿Por qué no ir a una costurera si quiero una camisa? Me la van a hacer al gusto y a la talla. También, estamos ayudando al negocio de una persona a nivel local. Podemos tener este tipo de opciones presentes”, señaló.

“La prenda más sostenible es la prenda que ya existe”, Wendy Soto, estudiante de la UCR y fundadora The devil wears Sinaí.

La lana, el lino, el denim (mezclilla gruesa) y el cuero hecho a mano hacen que a las prendas de vestir más ecológicos que el algodón y el poliéster. Sin embargo, estos materiales no siempre están a nuestro alcance. Por esa razón, reducir la compra de poliéster y algodón para solo cuando sea realmente necesaria, es una de las mejores alternativas.

“La gente nos dice que encuentran ropa de fast fashion en una tienda de segunda, pero si esa prenda ya existe y su dueño la desechó, ¡cómprela!, porque le está alargando el ciclo de vida. Igualmente, si por comodidad se tuvo que comprar en una tienda del mall, está bien, pero entonces démosle el mayor uso posible porque esa prenda tiene un gran impacto en el ambiente”, comentó Bolaños, quien es egresada de Ciencias Políticas y estudiante de Sociología en la UCR.

Una débil Costa Rica

«Es necesario que se empiece a clasificar los residuos textiles, para ver cuánto se está produciendo y empezar a hacer algo al respecto», indicó Xinia Alvarado, directora de Salud Ambiental de la Escuela de Tecnologías en Salud de la UCR. Foto: Anel Kenjekeeva.

Cuando una prenda cumple su ciclo de vida en el closet y ya no se puede usar, realmente no hay una manera adecuada de desecharla. Costa Rica carece de una clasificación de residuos textiles y eso es parte la problemática.

“Los desechos textiles no son un tipo de residuo que se clasifica como el plástico o el papel y, mucho menos, pensamos de que debe existir un sistema de reciclaje o de reutilización. Hay que empezar a hacerlo. En las giras estudiantiles es común ver las telas atrapadas en las ramas o en las orillas de los ríos, porque cuando ya no sirven, se botan a la basura corriente”, manifestó Xinia Alvarado, directora del departamento de Salud Ambiental de la Escuela de Tecnologías en Salud de la UCR.

“El problema es que estamos comprando ropa desechable. Luego, no sabemos qué hacer con esa tela y se va dentro de la basura sanitaria común”,

Xinia Alvarado, directora del Departamento de Salud Ambiental de la Escuela de Tecnologías en Salud de la UCR.

Empezar a hablar del tema es el primer paso para que esta situación cambie. Desde investigar los materiales que están en la etiqueta de nuestra ropa, pensarlo dos veces antes de comprar una prenda de vestir nueva, o ser creativo con una blusa que ya no sirve, puede marcar la diferencia a la hora de manejar un desecho que se ha normalizado.

“Como hace diez años no creíamos posible dejar de usar botellas de plástico de un solo uso, no pedir bolsa en el súper porque la llevamos desde la casa, o rechazar las pajillas, podemos lograr hacer conciencia de con qué nos vestimos. Es un proceso, así como lo fue en esos casos”, indicó Wendy Soto, quién es estudiante de Ciencias Políticas.

El utilizar al máximo de capacidad de la lavadora, en vez de reiterados ciclos de lavado, o lavar la ropa a mano, son algunos de los consejos que estas jóvenes y los diferentes estudios recomiendan para disminuir la contaminación de microfibras textiles. Sin embargo, la legislación y la cuantificación a nivel país de los desechos de ropa es de las acciones más urgentes.

 

Valeria García Bravo

Asistente, Oficina de Divulgación e Información

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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