El proyecto vincula a estudiantes universitarios y a personas adultas mayores
Con juegos de competición se estimula la actividad física de los adultos mayores. Foto: Daniela Muñoz.
Una mañana de martes, en un salón, varias decenas de personas adultas mayores se ejercitan siguiendo las instrucciones de una joven universitaria. Unas en parejas, otras apoyadas en un bastón o en una andadera, todas siguen la clase adaptada de zumba. “Arriba la rodilla, usted puede”, “el brazo así, lo hala con el otro”, dice la estudiante. Uno de los adultos comenta al grupo: “yo cuando tenía 20 no salía de los salones, ahora tengo 80 y todavía bailo”. Las carcajadas suenan desde la entrada.
Al baile le sigue el refrigerio y luego el karaoke, las manualidades, las competencias de bolos y el futbolito. Así de movidas son las mañanas de martes para los adultos mayores que asisten al Centro Diurno de Paraíso, desde que reciben a los estudiantes universitarios del proyecto TC-577 “Promoción de la salud física, mental y bucodental, a través de los estilos de vida saludable” del Recinto de Paraíso de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Según Cynthia Rojas, odontóloga y docente a cargo del proyecto, este nació en la Sede del Atlántico como una iniciativa para ofrecer atención bucodental, pero con el tiempo se convirtió en un proyecto del recinto y se adaptó a las necesidades de las comunidades y a los recursos disponibles, por ello hoy es un proyecto de promoción de la salud integral.
“En los últimos años ha crecido mucho el trabajo con los centros diurnos, donde apoyamos con actividades para prevenir el deterioro físico y cognitivo. La idea es que los estudiantes vayan y se enamoren de lo que van a hacer, no solo que cumplan las horas de TCU, y les ha gustado mucho, pues son actividades sencillas que generan mucho impacto en las vidas de los adultos mayores”, cuenta.
Josseline Sánchez, la estudiante de Informática Empresarial que dirige la clase de zumba y anima las sesiones de karaoke, confirma que ya hace semanas completó las 300 horas de trabajo comunal universitario (TCU), que la Universidad le exige como requisito de graduación, pero no quiere despedirse. “Ya yo vengo por amor, he aprendido mucho de ellos y la paso muy bien, es como estar en una familia grande”.
Su compañera, Cynthia Quesada, viaja desde la zona de Los Santos hasta Paraíso para cumplir no solamente su responsabilidad con el TCU, sino con las personas con las que se ha vinculado en el Centro. “A veces tenemos semanas súper cansadas en la U, y llegamos acá y ellos nos renuevan, al sentir ese cariño. Además, ahora si no venimos nos reclaman y se preocupan, siempre están pendientes”.
Héctor Bonilla Solano, vecino de Palomo de Orosi, comenta que su vida cambió cuando empezó a asistir al Centro, pues antes estaba solo en casa. Por eso, viaja a diario los 7 km que separan su vivienda del centro de Paraíso. “El tiempo que han venido los estudiantes ha sido muy lindo y muy importante. Nos han dado de todo, atención psicológica, actividades, nos ponen a hacer ejercicios. Se preocupan por nosotros, nos cambian el humor, a mí me llena mucho”, dice.
Alicia Sánchez Mata se emociona cuando piensa en el día que tenga que despedirse de las jóvenes universitarias. “Yo en mi casa estaba sola y pasaba acostada, mi hijo me trajo un día y me gustó. Ahora comparto con otros adultos mayores y también con esta gente joven tan linda. Son muy buenos y hemos aprendido mucho, hacemos manualidades, tarjetas, ejercicios, cosas de salud, actividades de arte. Lo malo va a ser cuando se vayan”.
“Pero es que aun cuando terminamos las horas seguimos viniendo”, asegura Josseline, pues el proyecto no solamente les ha permitido aportar al mejoramiento de las vidas de estos adultos, sino que ha resultado en un vínculo emocional y aprendizaje para la vida.
“Yo he aprendido mucho, es como la otra cara de la moneda de la carrera, porque en Informática aprendemos a trabajar con computadoras y con empresas, pero el TCU nos enseñó a trabajar con gente y eso se lo lleva una para la vida”, concluye Cynthia Obando.
Los fármacos son sometidos a estrictas pruebas para asegurar su seguridad, calidad y eficacia
El aporte de la Facultad de Farmacia de la UCR permite que Costa Rica sea uno de los países más fuertes en materia de farmacovigilancia, apoyado en una legislación orientada a detectar, evaluar y prevenir efectos nocivos en la salud pública nacional.
Anualmente, la Facultad de Farmacia de la Universidad de Costa Rica (UCR) analiza entre 800 y 1 000 medicamentos nuevos, los cuales se encuentran en trámites ante el Ministerio de Salud, para obtener el registro sanitario correspondiente que les permita ser comercializados en el país.
Esa labor se lleva a cabo por expertos del Laboratorio de Análisis y Asesoría Farmacéutica (Layafa-UCR), ente adscrito al Instituto de Investigaciones Farmacéuticas (Inifar-UCR). Tal unidad desde hace más de 15 años contribuye con el Ministerio de Salud en la tarea de garantizar que los fármacos cumplan con todos los criterios de calidad, seguridad y eficacia, según el Reglamento de Control Estatal de Medicamentos y el Reglamento Técnico Centroamericano (RTCA).
De acuerdo con la Dra. Jeimy Blanco, coordinadora del Layafa-UCR, todos los medicamentos son sometidos a rigurosas pruebas de laboratorio. Entre ellas, fisicoquímicas, de uniformidad de unidades de dosificación, de bionálisis ––estudios que miden sustancias en el organismo––, esterilidad y etiquetado. En casi siete años, se han efectuado más de 13 120 de estos ensayos.
Pero esa no es su única función. Además de examinar medicamentos, en el Layafa-UCR se analizan productos naturales, cosméticos, equipo y material biomédico como algodón, gasas y condones. Con este aporte, la UCR contribuye a proteger a la población que hace uso de alguno de estos recursos con fines terapéuticos.
Un ejemplo de lo anterior fue el último estudio en tisanas de venta libre. Los investigadores de la UCR analizaron entre el 2013 y el 2015 un total de 1 760 bolsas de té de manzanilla y menta. De ellas, el 66% contenía materiales poco higiénicos como fragmentos de plantas no medicinales, piedras pequeñas y partes de insectos o plástico.
Mediante ese aporte de la UCR, el Ministerio de Salud realizó su labor de seguimiento a los análisis que resultaron no conformes con las órdenes sanitarias, y fue capaz de ejecutar las acciones necesarias en beneficio de la población.
“Si una persona toma un té de manzanilla o de menta con propósitos curativos, la existencia de otros materiales podría disminuir la efectividad, o inclusive atentar contra su propia salud. La valoración fue la primera que se realizó en Costa Rica en torno al tema con cuatro pruebas químicas y tres microbiológicas. El trabajo se realizó como parte del apoyo que se le da al Ministerio en su labor de control y evaluación de los productos de uso medicinal que se comercializan en la región”, destacó la Dra. Blanco.
Con casi treinta años, el Layafa-UCR realiza una labor pionera y destacada que no se limita solo al análisis de medicamentos, sino también da asesoría a la industria farmacéutica de Costa Rica. De igual forma, como parte de su quehacer, desarrolla técnicas analíticas con base en los productos o formas farmacéuticas específicas.
En los últimos años, el Layafa-UCR ha tenido un papel vital para la salud pública nacional, por esto, en 1997, esta entidad fue declarada como Laboratorio Oficial de Control de Calidad de Medicamentos por decreto ejecutivo No.26727-S y, en el 2003, se le reconoció como Laboratorio Nacional Oficial de Costa Rica.
A partir del 2010, el Laboratorio tiene acreditadas varias pruebas de análisis de medicamentos y muestreo ante el Ente Costarricense de Acreditación (ECA), como una forma más de garantizar el riguroso sistema de gestión de la calidad con el que cuenta.
El Instituto Clodomiro Picado será el primer centro de investigación que recibirá un reconocimiento especial por demostrar un ahorro significativo en consumo de agua
El Galardón Ambiental es un reconocimiento que busca fortalecer una cultura ambiental que ayude a mejorar la calidad de vida de la comunidad universitaria y medir el grado de cumplimiento de la gestión ambiental en la Universidad de Costa Rica (UCR).
El próximo martes 21 de agosto 38 unidades de la Universidad de Costa Rica (UCR), de todas las sedes y recintos, recibirán el Galardón Ambiental que reconoce su compromiso con el medio ambiente. La entrega se realizará en la sala Magna, ubicada en la Ciudad de la Investigación, a las 9:00 a.m.
En esta tercera edición del evento, organizado por la Unidad de Gestión Ambiental (UGA) de la Vicerrectoría de Administración (VRA), participaron 50 unidades, de las cuales, 38 lograron demostrar que han implementado con éxito buenas prácticas ambientales. Entre ellas están la separación y el manejo adecuado de residuos, eliminación del papel, ahorro de agua y energía e inclusive, proyectos como la instalación de páneles solares y cosecha de agua llovida.
Este año, por primera vez, cinco unidades recibirán un reconocimiento especial por alcanzar el Segundo Nivel que significa que han logrado pasar de las buenas prácticas al monitoreo sistemático de sus indicadores ambientales. Además, se premiará al Instituto Clodomiro Picado que logró demostrar un ahorro significativo en su consumo de agua.
Para obtener el galardón, cada año los miembros de las unidades se organizan y se inscriben voluntariamente en alguna de las cuatro categorías: general, fincas agropecuarias, asociaciones de estudiantes y laboratorios. Cada unidad es evaluada mediante un instrumento que incluye varios criterios como gestión administrativa, educación ambiental, gestión de insumos, residuos, energía, recurso hídrico y gestión del aire, movilidad y compensación.
El Galardón Ambiental de la UCR inició en el 2015 con el propósito de motivar e integrar a las diversas instancias universitarias en un proceso continuo para mejorar la gestión ambiental en la institución. En tres años esta iniciativa ha logrado triplicar el número de unidades participantes y se proyecta alcanzar paulatinamente a toda la universidad, según detalló Emilia Martén Araya, coordinadora de la Unidad de Gestión Ambiental (UGA).
Comercialización justa, aumento de la productividad y mejoras en los métodos de cosecha son algunos de los temas que trabajan
El TC-228 brinda capacitación administrativa a los pequeños productores agrícolas del país para que logren una inserción exitosa en el mercado nacional. Foto archivo VAS.
Lograr que la tierra ofrezca sus frutos no es suficiente. Eso es apenas una parte del arduo trabajo que enfrentan los miles de productores que con su labor ponen los alimentos en las mesas costarricenses.
La comercialización justa y aumentar la productividad y las ganancias son unos de los aspectos finales de la cadena productiva. Mejorar los métodos de cosecha, el procesamiento, el empaque y llegar a consumidores finales son otros, en los que muchos productores requieren acompañamiento.
Con esto en mente, desde 1995 centenares de estudiantes universitarios han brindado asesoría, capacitación y apoyo social mediante el proyecto de trabajo comunal Asesoría agroeconómica a organizaciones de productores agrícolas y agroindustriales (TC-228), coordinado por la Escuela de Economía Agrícola y Agronegocios, de la Universidad de Costa Rica (UCR).
“El proyecto identifica y formula anteproyectos agropecuarios. Por otra parte, capacita en temas de administración, mercadeo, contabilidad y producción. En primer lugar, se hace contacto con las organizaciones, donde se definen las necesidades de apoyo requeridas y definimos las áreas prioritarias. La segunda etapa consta de la búsqueda del grupo de estudiantes para realizar las actividades acordadas, para lo cual se realizan una charla a los estudiantes, con el fin de orientarlos en las áreas que deben trabajar de acuerdo a la capacitación o la formulación de perfiles”, explicó el magister Alberth Campos Argüello, coordinador del TC-228.
Según Campos, al inicio en el proyecto se vincularon estudiantes de las carreras de la Facultad de Ciencias Agroalimentarias, pero el contacto con las organizaciones reveló que existían situaciones que trascienden a los temas técnicos.
Asuntos relacionados con la sostenibilidad ambiental, la tenencia de las tierras, el desempleo, la violencia de género y los conflictos intraorganizacionales son algunos de esos retos que fueron surgiendo, explicó Campos. Esto implicó abrir el proyecto a estudiantes de carreras como Trabajo Social, Biología, Artes Gráficas, las ingenierías eléctrica y civil, entre otras, para diseñar las propuestas para abordar esos temas. A la fecha, el trabajo comunal es matriculado por personas de 15 carreras universitarias.
En la foto aparecen los estudiantes de Ingeniería de Alimentos Valeria Arce Marín, Adriana Ramírez Ugalde, Natalia Brenes Viales y Natalia Arias trabajadora de ASODULCE mientras hacen pruebas de laboratorio con miel de caña de azúcar. Foto cortesía TC-228.
Para Dennis Zavala, estudiante de Agronomía, «la experiencia de interactuar y relacionarse con pequeños productores, es realmente valioso para un futuro profesional del sector agrícola. Este aprendizaje de compartir conocimientos y obtención de credibilidad de parte del agricultor hacia uno, son experiencias que muchos profesionales en Agronomía llegan a tener hasta el momento en que entran al mercado laboral”, detalló Zavala quien estuvo apoyando a un grupo de productores de tapa de dulce en San Ramón.
Además de San Ramón, en Alajuela, el proyecto está radicado en comunidades de la vertiente atlántica como Pococí, Sixaola y Sarapiquí. En la zona sur apoya a organizaciones en San Vito, Piedras Blancas.
El TC-228 es parte del Programa Institucional Osa-Golfo Dulce (Piosa-UCR), integrado por varios proyectos de las vicerrectorías de Acción Social (VAS) e Investigación (VINV). El objetivo de Piosa-UCR es responder, desde los recursos y capacidades de la UCR en términos de investigación, acción social y docencia, a las demandas históricas de la región en materia de biodiversidad, organización comunitaria y vulnerabilidad social y ambiental.
Aprendizaje recíproco
Josseline Valerio Ramírez, de la Economía Agrícola y Agronegocios, recalcó que «aprender a trabajar con una asociación real no fue fácil, ya que existen una serie de dificultades que son bastante importantes, que en la mayoría de los casos tienen un peso muy significativo dentro de la organización y que las limita de muchas formas”.
No obstante, Valerio destacó que más allá del clima organizacional, los productores siguen adelante y luchan“ por el sector agropecuario a pesar de las adversidades y lo complejo que se pueda volver cierta actividad. Para estas personas desenvolverse en el sector no representa un sacrificio, sino que la actividad agropecuaria tiene mucho valor y es todo un orgullo dedicarse a ella».
Luego del diagnóstico entre las partes universitaria y comunitaria se definen cuáles serán los recursos necesarios para su ejecución.
Parte del éxito del TC-228 a lo largo el tiempo es que fortalece las buenas prácticas administrativas creando capacidades en las organizaciones y comunidades, concluyó el profesor.
La Universidad de Costa Rica ofrece una capacitación sobre cuidados para animales de compañía, de trabajo y silvestres
El proyecto Bienestar Animal tiene como objetivo posicionar el tema del bienestar y el cuido de los animales de compañía, como perros y gatos; de trabajo, por ejemplo, caballos y reces, y silvestres como monos y pumas. Foto del Archivo ODI.
El verano siempre había traído problemas en Santa Cruz para el rebaño de ovejas de doña Elda Ramos. Al igual que ella, a muchos productores de la zona se les dificulta la alimentación de sus animales debido a la escasez de pasto y paja en períodos de sequía.
Ramos admite que este inconveniente la llevó a recorrer cerca de 60 km para asistir a la charla impartida por estudiantes del Trabajo Comunal Universitario (TCU) Bienestar Animal (TC-680) en Ostional. Este proyecto tiene como objetivo posicionar el tema del bienestar y el cuido de animales de compañía, de trabajo y silvestres, por medio de un intercambio con las comunidades.
Para Maripaz Castro, bióloga y coordinadora de este TCU, la falta de acceso a la educación, salud y asesoramiento por parte de profesionales en pueblos alejados dificulta el fomento de prácticas saludables con los animales. “Las comunidades son las que necesitan de la Universidad, no son las personas que están aquí a la vuelta”, recalca la investigadora.
Fueron estas necesidades las que acercaron al grupo del TCU al poblado de Ostional, donde afirman que existe una grave problemática de abandono de perros, problemas con heces de animales y disminución de anidamiento de tortugas marinas, dinámica que afecta directamente la actividad económica de muchos pobladores que se dedican a la venta legal de huevos de tortuga.
En Cañas, Liberia y Abangares, los estudiantes de Zootecnia, matriculados en el proyecto, capacitaron a productores, por medio de una charla demostrativa, en temas como alimentación de ganado, tipos de alimento, por ejemplo, el forraje y la conservación de dichos productos (ensilaje).
De acuerdo con Estefanía Cembra, una de las estudiantes a cargo de la actividad, era importante centrarse en las problemáticas de interés para los productores en aras de propiciar un verdadero espacio de aprendizaje.
Vinculaciones del proyecto
El proyecto se vinculó recientemente con el Programa Institucional Osa (Piosa), para así brindar talleres y capacitaciones a escuelas de la Zona Sur del país, así lo confirma Castro, quien comenta que la idea es poder generar un programa educativo aplicable a nivel nacional.
A juicio de la coordinadora, el proyecto de Bienestar Animal ha cambiado sustancialmente desde sus inicios en el Laboratorio de Ensayos Biológicos (LEBI) de la UCR hace tres años. Castro, que a la vez funge como directora de la Sección de Genética y Cultivo Celular del laboratorio, asumió la coordinación de la iniciativa a principios de año y dice encontrarse muy satisfecha con la respuesta que han tenido de los diferentes grupos con los que trabajan, especialmente las escuelas.
Niñas y niños de preescolar escuchan las charlas sobre bienestar animal, en el estand de Zootecnia durante la Semana Universitaria del 2018. Foto cortesía del TC-680.
“Ya no tenemos que andar buscando donde trabajar, más bien yo tengo una lista de espera de las escuelas que nos están solicitando charlas”, señala la bióloga.
Uno de los actores interesados fue el Departamento de Educación Ambiental de la Municipalidad de la Unión, Cartago. Desde ahí, se coordinaron charlas con 19 centros educativos de la zona. De acuerdo con Annia Cordero, coordinadora del departamento, la municipalidad mostró interés en educar sobre el trato y cuido de animales debido a una serie de problemáticas que se presentaban en el cantón.
“El hecho de que anden los perros abandonados en las calles nos afecta directamente, ya que son los que a veces rompen las bolsas de basura (…), por otra parte, ya al final de los últimos tres años se han visto varios casos de maltrato [animal] en el cantón, ya más visibles”, resume la funcionaria.
Giras a centros educativos
Debido a su ajetreada agenda, el grupo conformado por 28 estudiantes de carreras como Zootecnia, Salud Ambiental, Medicina, Farmacia, entre otras, realizan al menos una gira cada 15 días.
En las expediciones a los centros educativos, los integrantes del TCU son divididos por aula, dependiendo de la cantidad de alumnos en los centros. En algunos casos han llegado a trabajar hasta con 150 estudiantes por clase. Las charlas contemplan tres ejes primordiales: tenencia responsable de mascotas, prevención del maltrato animal y prevención de mordeduras de perros.
Además de las charlas, se realizan actividades de reforzamiento pensadas para los distintos grados de la escuela. Desde títeres hasta juegos de rayuela y canciones, los universitarios deben crear recursos didácticos para que los tres ejes principales de las intervenciones queden claros en los escolares.
“Nosotros hacemos todo, desarrollamos las obras de teatro, las canciones, todo lo que se hace nosotros lo agarramos y lo implementamos al tema de los animales”, comenta Melissa López, estudiante de Salud Ambiental.
De acuerdo con López, el secreto está en que las niñas y los niños vean a los animales como parte de un ecosistema vivo, en el cual cumplen roles de compañía, producción y de biodiversidad natural. Al trabajar con comunidades, la estudiante recalca la importancia de escuchar a las personas y no imponer pensamientos predeterminados.
Además de estos acercamientos, el grupo del TCU ha realizado charlas sobre rabia de caballos en la comunidad de Nosara, talleres sobre trato animal en Poás de Alajuela y en diferentes escuelas dentro de la Gran Área Metropolitana.
Esteban Hidalgo Pena
Unidad de Comunicación, Vicerrectoría de Acción Social
El trabajo lo realizan los residentes del Programa de Posgrado en Especialidades Médicas
En el 2017, Janella Murillo Rodríguez acudió a la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) con el único propósito de continuar su control médico. Para seguir su tratamiento, ella requería de un ultrasonido abdominal; sin embargo, debía esperar casi seis meses para acceder a esta prueba diagnóstica.
Esa realidad, que también compartían otras 7 918 personas, cambió rápidamente gracias a una nueva iniciativa que nació desde la Especialidad en Radiología e Imágenes Médicas de la Universidad de Costa Rica (UCR), la cual permite que quienes requieran un ultrasonido lo reciban con prontitud. Así, Janella no tuvo que aguardar esos seis meses, sino que pudo ser atendida en la mitad del tiempo.
¿Los responsables? Los residentes de radiología de la UCR, médicos generales que cursan el último año de su especialidad, cuya contribución significa un aporte vital para el sistema de salud público nacional.
Tan solo del 2016 al 2017, los jóvenes realizaron 3 704 ultrasonidos en el Hospital Calderón Guardia. En ese mismo período, en el Hospital Carlos Luis Valverde Vega, los alumnos efectuaron otras 908 pruebas; en el San Juan de Dios elaboraron 2 102 y en el Hospital México, 1 204. Toda esta labor siempre se desarrolló bajo la guía de un docente.
“La UCR inició esta idea en el 2016, los primeros residentes se trasladaron a San Ramón. Otros hicieron los exámenes en el Hospital México, en el San Juan de Dios y en el Calderón Guardia. Únicamente en San Ramón, se logró realizar más de 900 estudios programados a cinco años plazo. Este lugar era uno de los sitios con mayor necesidad y en el que logramos impactar favorablemente”, afirmó el Dr. Manuel Hernández Gaitán, coordinador de la especialidad.
El aporte de los residentes mejora la capacidad instalada en los centros médicos. Al mismo tiempo, responde y fortalece las estrategias planteadas dentro del plan de atención oportuna de las personas. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.
El aporte de estos estudiantes ayuda a agilizar los ultrasonidos más requeridos por los pacientes de la CCSS; entre ellos: el de abdomen, cuello, vías urinarias y mamas, necesarios para lograr un diagnóstico temprano y así dar inicio al tratamiento curativo correspondiente.
Dicho soporte se enmarca dentro del trabajo final de graduación de los doctores. Actualmente, la UCR brinda cuatro modalidades como último requisito para graduarse de especialista: una investigación, una revisión bibliográfica, un proyecto o un trabajo práctico. Los estudiantes son quienes deciden cuál tomar y el trabajo práctico ha sido el más seleccionado.
“El hecho de escoger la modalidad de trabajo práctico es porque al revisar un tema o realizar una investigación, uno puede aprender mucho pero eso no se refleja necesariamente en la mejora de otras personas. Hay muchos trabajos que están archivados y que nadie los lee. Con la cantidad de pacientes que están esperando un servicio, la idea era hacer algo que tuviera impacto en un hospital con necesidad”, indicó la Dra. Laura Jiménez Redondo, quien realizó su práctica en el hospital Carlos Luis Valverde, en San Ramón.
El tiempo total que brinda cada estudiante es de 100 horas de práctica en los centros médicos que define la CCSS. El trabajo de los futuros especialistas toma fuerza en la lucha diaria contra los padecimientos que más aquejan a los costarricenses como, por ejemplo, el cáncer de mama. Según el Dr. Hernández, si se descubre la presencia de esta enfermedad de forma temprana, el porcentaje de cura es casi del 90%.
“En mi caso tengo nódulos en la tiroides y quistes en los ovarios. He llegado al servicio de Radiología y me dejan en lista de espera. Ha pasado que tengo cita con el médico y aún no me han realizado los ultrasonidos. He esperado desde seis meses hasta más de un año. Con este proyecto de la UCR esperé tres meses”, manifestó Janella Murillo, parte de las beneficiadas.
Hacia las zonas vulnerables
El objetivo actual de la UCR es aumentar su presencia en las áreas rurales. Este 2018 ya se dio un primer paso y, por primera vez, dos estudiantes salieron del gran área metropolitana hacia el sur del país.
Los médicos fueron el Dr. Ángelo Santamaría Cianca y el Dr. Eduardo Zamora Cabezas. El primero estuvo en el Hospital de Golfito, de mayo a julio, y efectuó 443 ultrasonidos. La misma experiencia la compartió el Dr. Zamora, pero en Ciudad Cortés.
Sin embargo, el esfuerzo de ambos se dio después de múltiples acciones que gestionaron ante la CCSS para conseguir los permisos correspondientes. La solicitud la presentaron un año antes de su práctica y no constituye una oportunidad fija para las próximas generaciones.
Por ese motivo, la Universidad de Costa Rica ahora busca consolidar una rotación comunitaria en territorios alejados que presenten una clara necesidad de reducir listas de espera. Para lograrlo, se presentó una propuesta ante la gerencia médica de la CCSS en el primer semestre del 2018, la cual se aceptó favorablemente cuando la Dra. María Eugenia Villalta ostentaba el cargo.
Con ese apoyo inicial, solo hace falta el visto bueno de otras cuatro dependencias. Si se logra, los estudiantes de la UCR pasarían de aportar 100 horas de trabajo a 320 (dos meses de práctica). Se estima que esta contribución triplicaría la cantidad de ultrasonidos. Solo un estudiante sería capaz de hacer 640 procedimientos al concluir las ocho semanas, esto si ejecuta un mínimo de dos por cada hora laboral.
“Los residentes son un aporte increíble para solucionar los problemas de los pacientes, especialmente para aquellos con patologías complejas. Entonces, esta iniciativa de llevar a los médicos residentes a zonas distantes es increíble. Debemos pensar en esos hospitales que tienen solo un especialista e imaginar lo que sería para este radiólogo que llegara alguien a apoyarlo en su trabajo. Creo que le vamos a dar todo el apoyo a esta iniciativa”, señaló el nuevo gerente médico de la CCCSS, el Dr. Roberto Cervantes Barrantes.
El Dr. Hernández enfatizó que esta labor es una acción conjunta entre dos instituciones públicas, cada una con roles específicos: la UCR dará el recurso humano y la Caja la parte institucional. El objetivo es que los residentes estén constantemente acompañados, cuenten con tutores que los reciban y, además, posean la infraestructura adecuada para ejecutar sus labores.
Dado los resultados positivos, la UCR expuso ante la gerencia médica de la CCSS la idea de que los estudiantes desarrollen una rotación estable y constante en territorios vulnerables donde la Caja, que es el ente que posee los registros y las listas de espera, considere pertinente. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.
Cambio significativo
Si la UCR consigue aprobar definitivamente la rotación comunitaria en zonas alejadas, los nuevos residentes que se formen no solo colaborarán con las listas de espera, sino también en elaborar un diagnóstico situacional a fin de que la CCSS conozca qué otros posibles recursos necesitaría para potenciar el servicio en las regiones seleccionadas.
Ejemplo de lo anterior es la asistencia del Dr. Santamaría. Su rotación en Golfito brindó un primer acercamiento de los desafíos presentes en las áreas rurales.
“La experiencia en el Hospital de Golfito fue todo un reto. Primero, solo estábamos dos, el Dr. Saturnino González Tejeda (docente supervisor) y yo. Luego, Golfito es una zona que se caracteriza por tener habitantes de bajos ingresos que están muy dispersos; es decir, las personas se tienen que trasladar grandes distancias para llegar al centro médico. Algunos venían desde Puerto Jiménez en lancha. Entonces, se tuvo que gestionar toda una logística para concentrar a los pacientes y atenderlos. Todo el hospital colaboró de una forma loable, incluso los ebais, para poder ayudar a esta comunidad”, expresó el Dr. Santamaría.
La Especialidad en Radiología e Imágenes Médicas de la UCR aspira en un futuro incentivar acciones innovadoras que maximicen la calidad de la atención. Una de ellas son los Centros de Interpretación, que darían la posibilidad de que el médico solo se desplace a realizar los ultrasonidos. Esto aumentaría la cantidad de imágenes diagnósticas y agilizaría aún más las listas de espera.
“Hay áreas de mejora en cuanto a recursos y queremos aportar también en este aspecto. La radiología tiene muchas formas que ayudarían a subsanar algunos retos que presenta el sistema. Por el momento, estamos haciendo modificaciones al programa e importantes esfuerzos por motivar a los estudiantes. Ya tenemos ocho residentes que están esperando el visto bueno de la CCSS, el comité director y la coordinación, con la finalidad de ir a otras áreas rurales”, concluyó el Dr. Hernández.
En el espacio se abordaron técnicas desde una perspectiva sensible, de derechos humanos y atención de crisis
Trece funcionarios y funcionarias concluyeron de forma exitosa la capacitación sobre el abordaje, en materia de seguridad, de la violencia sexual en el campus universitario. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.
Trece oficiales del Departamento de Seguridad y Tránsito de la Universidad de Costa Rica (UCR) se convirtieron en el primer grupo en capacitarse para dar una adecuada atención a eventuales situaciones de violencia sexual en el campus universitario.
Los funcionarios y funcionarias participaron durante un mes en un espacio de formación impartido por las psicólogas Silvia Meza y Paola Brenes, del Equipo Interdisciplinario contra el Hostigamiento Sexual del Centro de Investigación en Estudios de la Mujer (CIEM).
La iniciativa surgió como parte de las acciones que implementó la Institución a raíz de los cinco casos de violencia sexual contra estudiantes ocurridos el año anterior, tres de los cuales tuvieron lugar en el campus universitario y dos en su periferia.
Según el Vicerrector de Administración, Dr. Carlos Araya, los acontecimientos tomaron a la institución de forma “desprevenida” y evidenciaron la existencia de un vacío frente a hechos que “no habíamos pensado que nos podían pasar a nosotros”
El jerarca agregó que se tomaron medidas inmediatas como la iluminación de lugares oscuros, el refuerzo de personal de vigilancia y la compra de más cámaras de seguridad, pero además, se reconoció la necesidad de contar con un protocolo y personal preparado para atender este tipo de situaciones.
La directora del CIEM, Montserrat Sagot, enfatizó la importancia de que ante casos de violencia sexual se cuente un equipo de personas capacitadas para dar una respuesta sensible y adecuada, que ayude a la víctima a empezar a procesar lo que está pasando.
“Una persona que ha sufrido un ataque sexual o un ataque violento no puede ser recibida en primera instancia solamente con preguntas técnicas para saber qué fue lo que pasó o lo que vio, evidentemente, se requiere que tenga en un primer momento gente que pueda acompañarla y recibirla de buena manera”, enfatizó Sagot.
La académica señaló además que la excelencia que caracteriza a la docencia y a la investigación de la Universidad, también debe reflejarse en la creación de espacios seguros y en el tipo de respuesta que se brinda a las diversas situaciones.
Por su parte, la representante de la Vicerrectoría de Vida Estudiantil, Adilia Solís, reconoció la importancia de que la UCR sume esfuerzos para construir una sociedad y un país libre de violencia.
La entrega de los certificados estuvo a cargo del jefe de la Sección de Seguridad y Tránsito, Jesús Brenes; la representante de la Vicerrectoría de Vida Estudiantil, Adilia Solís; la directora del CIEM, Montserrat Sagot, y el vicerrector de Administración, Carlos Araya. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.
La Institución crea un equipo especializado
El proceso de capacitación de los oficiales abordó diversas técnicas para atender situaciones de violencia sexual desde una perspectiva sensible, de derechos humanos y que toma en cuenta las herramientas de la intervención en crisis.
“Con esa primera capacitación ya contamos con una unidad especializada para atender situaciones de violencia sexual e iniciaremos un mecanismo de seguimiento para capacitar cada dos meses y supervisar casos”, explicó la capacitadora Paola Brenes.
El Jefe de la Sección de Seguridad y Tránsito, Jesús Brenes, señaló la importancia de profesionalizar al cuerpo de seguridad de la Institución, no solo en adiestramiento de la técnica policial, sino también, desde la perspectiva social.
“Espero que no tengan que poner en práctica lo aprendido, pero si se nos presentara el caso, sabemos que ya tenemos el personal capacitado para atender estas situaciones, dar las primeras respuestas y luego dejar en manos de profesionales el seguimiento”, enfatizó el funcionario.
El oficial de la unidad de investigaciones Cristian Rojas Jiménez cuenta con 12 años de laborar en la Universidad y participó del proceso de capacitación, el cual catalogó como “muy importante no solo para mi experiencia como funcionario, sino como persona y profesional”
“Se me hizo ver que más allá de atender un caso de violencia contra una mujer miembro de la comunidad, es importante atender con sensibilidad a la víctima”, afirmó el funcionario.
Por su parte, el oficial de seguridad Juan Antonio Rojas Rojas reconoció estar satisfecho por la oportunidad de ampliar su rango de acción y, de esta forma, dar un mejor servicio en su labor cotidiana, la que calificó como “atípica a otras instituciones”.
“Aquí pasa de todo, desde dar información a atender un incendio, perros mordiendo a usuarios, mapaches que se meten a un aula, asaltos o lo que pasó el año pasado, eso nos trae lamentablemente aquí”, expresó Rojas, quien ya suma 26 años de trabajar en la institución.
Universidad cuenta con laboratorio oficial para evaluar la calidad de los granos y semillas que forman parte de la dieta básica de los costarricenses
El arroz y los frijoles que los costarricenses cocinan para preparar un buen gallo pinto deben ser de calidad. Por eso, el Centro de Investigación en Granos y Semillas (Cigras) de la UCR se encarga de verificar la calidad de los granos que se comercializan en Costa Rica para asegurar que cumplan con los estándares que se ofrece a los consumidores.
En el Laboratorio de Granos del Cigras, ubicado en la Sede Rodrigo Facio, los expertos se encargan de verificar, a solicitud de empresas y productores, que los principales granos de consumo en Costa Rica: el arroz, los frijoles y el maíz tengan propiedades físicas y culinarias adecuadas antes de llegar a los hogares costarricenses.
Estos análisis son vitales para las compañías que se dedican a la compra o venta de granos, ya que así pueden dar fé de la calidad del producto que venden. Además, los informes que emite este laboratorio les permite resolver disputas a nivel comercial cuando existen lotes que vienen con algún daño, lo cual puede significar una gran pérdida económica para el productor o el comprador.
Salud de los consumidores
En el Laboratorio de Micotoxinas se realizan otro tipo de pruebas que permiten detectar compuestos que podrían afectar la salud humana llamados micotoxinas, que han sido reportadas como sustancias cancerígenas. Éstas son producidas por hongos que crecen en los granos como el arroz, el maíz, los frijoles, el trigo y el maní.
Allí se reciben las muestras que envía el Servicio Fitosanitario del Estado (SFE) de los cargamentos de granos que ingresan por los puertos y las fronteras costarricenses. En caso de que se determinen niveles de contaminación por encima de la norma, el SFE informa al Ministerio de Salud para tomar las medidas del caso y así proteger la salud de los consumidores. También algunas empresas costarricenses que desean garantizar la calidad de su producto solicitan al Cigras este tipo de análisis.
En el Laboratorio de Granos, se aplican minuciosos análisis principalmente en arroz, frijol y maíz. Del 6 de junio 2017 al 6 de junio 2018 ingresaron 186 muestras de estos granos para ser evaluados.
El consumo de granos contaminados con micotoxinas ha sido relacionado con diferentes tipos de cáncer y directamente con el cáncer de hígado. Por eso, los científicos del Cigras además están desarrollando un diagnóstico a nivel nacional que permita brindar a las autoridades del sector agroalimentario información confiable sobre estas toxinas con el objetivo de proteger la salud de la población costarricense.
Semilla de calidad para los agricultores
Los expertos del Cigras también están detrás de las semillas certificadas de alta calidad que utilizan los agricultores costarricenses. Su papel en determinar la sanidad y el vigor de la semilla es escencial para los productores pues ésto es el primer paso para definir si un cultivo o una actividad agronómica será productiva y rentable.
En el Laboratorio de Semillas del Cigras, que es Laboratorio Oficial de Análisis de Calidad de Semillas para todo el país, verifican que las semillas puedan germinar adecuadamente, mediante análisis físicos y fisiológicos. Además allí se realiza investigación sobre fisiología, almacenamiento y procesamiento de semillas de hortalizas, forestales tropicales, pastos y cereales.
Laboratorio de semillas
Del 6 de junio 2017 al 6 de junio 2018, ingresaron 1635 muestras, lo que equivale a 2690 ensayos. Dentro de lo analizado se encuentran arroz, frijol, hortalizas, forrajes, forestales, y café entre otros.
Más allá de garantizar la calidad de los granos y las semillas, el Cigras también busca contribuir en la mejora genética de plantas de relevancia agronómica para Costa Rica como las plantas ornamentales, el banano, la soya y el arroz para brindar a los productores materiales superiores.
Este centro además colaboró en la elaboración de la Política Nacional de Semillas de Costa Rica que busca potenciar las capacidades que tiene el país de ofrecer y utilizar semillas de calidad. Esta política incluye a los sectores involucrados en la producción de nuevas variedades, conservación de germoplasma, producción de semillas, comercialización, entre otros tanto públicos como privados.
Estudiantes, profesores e investigadores del Área de Ingeniería de la Universidad de Costa Rica (UCR) cuentan a partir de este 2018 con una moderna infraestructura que les permitirá impulsar sus ideas, sus conocimientos y sus proyectos de investigación, que proporcionarán al país la energía necesaria para asegurar el progreso en todos los sectores de la sociedad.
Se trata del nuevo complejo de edificios que alberga a seis de las nueve escuelas que componen la Facultad de Ingeniería y en donde se encuentran espacios como aulas, laboratorios y miniauditorios destinados a la docencia y a la investigación; en total es un área constructiva de 32 000 m2. ubicada en la Ciudad de la Investigación, lo que la convierte en el inmueble con las mayores dimensiones en su tipo de toda Centroamérica.
Esta edificación acoge a las escuelas de Ingeniería en Biosistemas, Ingeniería Civil, Ingeniería Industrial, Ingeniería Mecánica, Ingeniería Química e Ingeniería Topográfica; las tres unidades académicas restantes que completan la Facultad de Ingeniería son las escuelas de Ingeniería Eléctrica, cuyo edificio está dentro del área del nuevo complejo; Ciencias de la Computación e Informática que cuenta con un nuevo inmueble anexo a sus instalaciones; y Arquitectura, la cual se mantiene en su mismo edificio.
La inauguración de este espacio se realizará en un acto oficial este viernes 10 de agosto a partir de las 10:00 a.m. y reunirá a autoridades universitarias, gubernamentales y sectores afines, justo antes del inicio del Segundo Semestre del 2018 el próximo lunes 13 de agosto; cabe aclarar que el edificio de aulas y las oficinas administrativas funcionan desde el Primer Semestre, pero no así la infraestructura destinada a laboratorios.
Esperamos contar con su presencia en esta actividad oficial de inauguración del complejo de edificios universitarios más grande de Centroamérica dedicado a la ingeniería, a la ciencia, a la tecnología y a la innovación (se adjunta comunicado de prensa completo).
Para más información y consultas sobre este evento oficial pueden contactar a:
Guadalupe Rojas Víquez, relaciones públicas y protocolo
Otto Salas Murillo, periodista, ODI
Información generada desde la Oficina de Divulgación e Información de la UCR.
La crisis política y social que enfrenta Nicaragua desde el pasado mes de abril ha tenido en la población juvenil una de sus principales víctimas. El cierre indefinido de las universidades interrumpió los estudios de miles de jóvenes, algunos de los cuales han salido del país en busca de oportunidades para continuar su formación profesional.
La M. Sc. Leonora de Lemos, directora de la Oficina de Asuntos Internacionales y Cooperación Externa (Oaice), explica que desde mediados de mayo se incrementaron las preguntas y las solicitudes de ayuda provenientes del país vecino. “Las consultas venían con descripciones de hechos que no permiten ser indiferentes”, comenta.
Según los datos manejados por la Mgtr. Rita Jiménez, jefa de la Sección de Movilidad Estudiantil, al final del plazo extendido para la recepción de solicitudes de estudio, 55 estudiantes nicaragüenses presentaron sus atestados, de ellos, 45 fueron aceptados. Por condiciones propias de las personas interesadas, el grupo se ha reducido a 33 jóvenes, quienes el lunes 13 de agosto comenzarán lecciones como estudiantes visitantes de la UCR para el segundo semestre del 2018.
¿Qué es ser «estudiante visitante»?
La categoría de “estudiante visitante” ha existido por varias décadas en la Universidad de Costa Rica y permite a las personas extranjeras que cursan estudios universitarios en su país de origen realizar intercambios en la institución. Gracias a esta figura, cientos de alumnos de la UCR también han podido realizar visitas académicas a centros universitarios en el exterior.
Durante su estancia en la UCR, los estudiantes visitantes cursan materias que convalidarán en sus planes de estudio al regresar a la institución de la cual proceden. Por reglamento, no son considerados estudiantes plenos de la UCR y no pueden graduarse en ella. Además, en todo momento deben mantener una condición migratoria regular.
La Directora de la Oaice es enfática en señalar que los estudiantes visitantes no gozan de ningún tipo de beca ni subsidio socioeconómico, por lo cual su presencia corre por cuenta propia y no impacta el presupuesto universitario. Esto permite abrir las puertas de la Institución para que más de cien estudiantes visitantes de diversas nacionalidades lleven cursos en la UCR, destacan en la lista jóvenes procedentes de México y Alemania.
Cómo única excepción, aquellos estudiantes que provengan de universidades con las cuales la UCR haya suscrito un convenio específico pueden solicitar la exoneración del costo de la matrícula, algo a lo que solo podrán acceder tres de los estudiantes en cuestión. “Tenemos firmado convenio con una única institución nicaragüense, la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua y de ahí solo recibimos a tres personas”, explica por su parte la Mg. Jiménez. Quienes provienen del resto de universidades deberán pagar el monto respectivo, aproximadamente tres veces más alto que el fijado para estudiantes costarricenses.
Los cupos habilitados para los estudiantes visitantes son adicionales a los del estudiantado de la UCR, de manera que estos no se ven afectados. Su apertura depende de la autorización que emita cada unidad académica y del cumplimiento de requisitos por parte de los interesados. Carreras como Medicina y Odontología no forman parte del proyecto.
Igualdad de condiciones
El procedimiento para cursar estudios en la Universidad de Costa Rica es el mismo para todas las personas.
Tanto los costarricenses como las personas extranjeras que viven en el país y fuera de este tienen en el exámen de admisión un primer paso que deben cumplir en igualdad de condiciones. Para el 2019 la convocatoria ha finalizado y se registran 115 inscripciones de estudiantes nicaragüenses.
De la población que resulte admitida, tendrán derecho a solicitar beca únicamente quienes estén bajo la categoría migratoria de refugio o residencia permanente, solicitudes que serán analizadas por los parámetros con los que ya cuenta la institución.