Acción se define para apoyar a la población estudiantil ante las circunstancias de la emergencia sanitaria nacional
En los próximos días se anunciará la fecha máxima para que la población estudiantil cumpla con sus obligaciones financieras del I ciclo lectivo 2020 foto: Archivo ODI.
Ante la convicción de que la medida de la eliminación del recargo del 10% y 20% constituye un beneficio sustantivo para la población estudiantil en las circunstancias de la emergencia sanitaria nacional, la Vicerrectoría de Vida Estudiantil junto con la Oficina de Administración Financiera, por medio de la Rectoría gestionaron la eliminación del recargo del 10% y 20% sobre los aranceles por concepto de matrícula del I ciclo lectivo 2020, ´para grado y posgrado.
Esta iniciativa, se suma a los esfuerzos de articulación institucional para asegurar que los distintos procesos estudiantiles favorezcan la continuidad del plan académico de la población estudiantil.
La decisión fue autorizada por el Consejo Universitario en la sesión N.º 6397, artículo 5, celebrada el 25 de junio de 2020, en la cual se acordó textualmente: “Autorizar, extraordinariamente, a la Administración a suprimir los recargos del 10% y 20% sobre los aranceles de matrícula del I ciclo lectivo 2020, cuando estos no se cancelen dentro del plazo que se define en el Calendario Estudiantil Universitario; lo anterior, con fundamento y aplicación en el artículo 30, inciso s), del Estatuto Orgánico”.
La medida responde a un mecanismo de acompañamiento a la población estudiantil, en procura de incidir de manera positiva en el impacto de la coyuntura generada por la pandemia.
“En las últimas semanas, el trabajo coordinado de personal del Sistema de Estudios de Posgrado, la Oficina de Administración Financiera, la Oficina de Becas y Asistencia Socioeconómica, la Oficina de Registro e Información y la Vicerrectoría de Vida Estudiantil permitió avanzar con esta propuesta que facilitará la permanencia y continuidad de personas estudiantes en la Universidad de Costa Rica”, comentó el Dr. Carlos Sandoval García, Vicerrector de Vida Estudiantil.
En los próximos días, la Vicerrectoría de Vida Estudiantil difundirá la fecha máxima de cancelación de los aranceles de matrícula de la primera y segunda cuota del I ciclo lectivo 2020, siendo importante mencionar que esta fecha, en ningún caso, regirá para un período anterior al Proceso de Matrícula del II ciclo lectivo 2020.
En consecuencia, las personas estudiantes contarán con un plazo mayor para honrar la obligación financiera por concepto de arancel de matrícula del I ciclo lectivo 2020, lo que les permitirá realizar la matrícula si a la fecha de la misma no han cancelado estos aranceles.
Tatiana Carmona Rizo Periodista Vicerrectoría de Vida Estudiantil
Pronunciamiento: 5 de Julio, 2020. Interinazgo en la Universidad de Costa Rica: Llegó la hora de actuar de manera solidaria y humanista con las personas funcionarias en condición de interinazgo
La Universidad de Costa Rica como lo señala el Estatuto Orgánico es una institución democrática de educación superior y cultura, benemérita de la patria, la cual se ha caracterizado a lo largo de su historia por participar en la construcción de una Costa Rica solidaria y humanista, principios que acompañan sus actividades sustantivas y se fomentan en la vida universitaria.
Sin embargo se ha actuado de forma negligente hacia las personas funcionarias en condición de interinazgo durante décadas, provocando desigualdad salarial, vulneración de sus derechos laborales y que más de la mitad del personal docente contratado se encuentre en esta condición.
Esta desigualdad histórica no ha sido resuelta por ninguna administración de forma definitiva generando afectaciones negativas en la salud y desarrollo vital de personas funcionarias, así como en la calidad educativa y desarrollo institucional, ya que la mayoría de sus docentes tienen que realizar sus funciones sin la posibilidad de tener una estabilidad laboral que les permita un avance continuo de sus labores, y una vida digna. Para poner un ejemplo, a las personas docentes interinas se les contrata durante los ciclos lectivos, esto quiere decir siete meses exclusivamente, así ellas y ellos deben asumir sin pago los costos de la actualización, diseño y propuesta de cursos, aspecto que a todas luces es, no solo un atropello a los derechos laborales sino también una forma de desincentivar el desarrollo de calidad y excelencia de la labor docente que la institución dice promover, dejándolo sujeto a iniciativas individuales que muchas veces riñen con la salud física y mental del personal. Cabe mencionar que en la crisis por COVID-19 esto se ha agudizado, pues además de aumentar las horas de trabajo, la condición de trabajo a remoto ha implicado un incremento en los gastos relacionados con luz, internet, acceso a plataformas digitales, entre otros costos que recaen sobre el personal docente.
Es una práctica común que la institución celebre logros institucionales como los avances en rankings internacionales o la enorme cantidad de proyectos de Acción Social e Investigación que desarrolla la universidad en todo el territorio nacional, o que hable de internacionalización, pero no se hace reconocimiento público del aporte de las personas interinas que impulsan y construyen las actividades sustantivas con la calidad y rigurosidad que se exige.
Por otro lado, es fundamental que las personas subcontratadas para labores de limpieza tengan condiciones dignas y se les asegure su permanencia laboral, en tanto el despido se suma a los niveles de pobreza y exclusión en el país.
La Universidad de Costa Rica, en aras de ser consistente en materia de Derechos Humanos, debe realizar acciones efectivas y diligentes para proteger a todas las personas interinas y modificar las formas de contratación de este personal, siendo urgente en este período de pandemia por el COVID 19.
Por ello exigimos:
Que la administración universitaria asegure que ninguna persona interina será cesada durante el periodo de la pandemia, priorizando la inclusión, la vida y el derecho al trabajo.
Que la administración universitaria tome acciones para consolidar el nombramiento continuo que establezca como criterio prioritario el nombramiento de personal interino existente y sea de acatamiento por las unidades académicas, garantizando el ingreso a plazas en propiedad mediante concursos justos y en equidad de condiciones.
Que la administración universitaria inicie un proceso de reformas al Estatuto Orgánico y reglamentos para que se instaure el voto universal en la Universidad de Costa Rica, que incluya a todas y todos los funcionarios (interinos y en propiedad) así como estudiantes, esto como una acción afirmativa hacia la democratización de las decisiones dentro de la institución.
Que la administración universitaria gire directrices claras a las Oficinas de Recursos Humanos, de Administración Financiera y Planificación Universitaria con acciones para proteger a todo el personal interino y tercerizado de la institución.
Que las Asambleas de las Escuelas y los Consejos Científicos de las Unidades de Investigación inicien acciones para proteger a todo el personal interino, así como la realización de concursos justos y en equidad de condiciones.
Que se inicien acciones para generar dentro de la Universidad de Costa Rica una reforma progresiva y solidaria de los esquemas de remuneración que reconozcan y acaben con las desigualdades internas.
Que las candidaturas a la rectoría se pronuncien lo antes posible con las acciones concretas que van a tomar para proteger al personal interino y tercerizado.
Que la actual administración del SINDEU termine con sus acciones anti sindicales que desprestigian la lucha trabajadora, y apoye a las personas funcionarias interinas para organizarse como Seccional.
Que la Comunidad Universitaria inicie las discusiones respecto a las condiciones laborales del personal de la institución con énfasis en el personal en las condiciones más vulnerables (interinos y tercerizados) para revisar y cambiar en una reforma progresiva y solidaria los esquemas de contratación y remuneración que reconozcan y acaben con las desigualdades internas.
Firman,
Carmen Caamaño Morúa, Escuela de Psicología e Instituto de Investigaciones Sociales. Adriana Rodríguez Fernández, Escuela de Psicología y Centro de Investigación en Estudios de la Mujer. Lucía Molina Fallas, Escuela de Psicología. Andrés Dinartes Bogantes, Escuela de Psicología e Instituto de Investigaciones Sociales. Alexia Ugalde Quesada, Maestría en Psicología Comunitaria y Sede de Occidente. Helga Arroyo Araya, Escuela de Psicología. Ruthman Moreira Chavarría, Escuela de Psicología. Josué Arévalo Villalobos, Escuela de Psicología e Instituto de Investigaciones en Educación. Adriana Maroto Vargas, Escuela de Psicología e Instituto de Investigaciones Sociales. Jorge Esteban Prado Calderón, Escuela de Psicología. Miguel Márquez Cueva, Sede de Guanacaste. Kira Schroeder Leiva, Escuela de Psicología. Andrés Cambronero Rodríguez, Docente interino. Andrés Castillo Vargas, Escuela de Psicología. Jimena Escalante Meza, Escuela de Psicología. Ana Sanabria Villalobos, Estudiante Escuela de Psicología. Consejo de Representación estudiantil CRE y Asociación de Estudiantes de Psicología AEPs. Mauricio Álvarez Mora, Programa Kioscos Socioambientales. Gustavo Jiménez Barboza, Escuela de Sociología, Escuela de Formación Docente e Instituto de Investigaciones Sociales. Santiago Navarro Cerdas, Escuela de Psicología. María José Masís Méndez, Escuela de Psicología María Andrea Araya Carvajal, Sede de Occidente y Escuela de Psicología. Gabrielle Herrera Arias, Estudiante Escuela de Psicología. Consejo de representación estudiantil CRE y representante titular ante el Consejo Superior Estudiantil. Marisol Jara Madrigal, Escuela de Psicología. Shantal Fallas Ruiz, estudiante Escuela de Psicología. Presidenta de la Asociación de Estudiantes de Psicología AEPs y Consejo de representación estudiantil CRE. Nicole Umaña Molina, Consejo de representación estudiantil CRE. Adela Herrán Rescia, Escuela de Psicología. Adriana Villalobos Elizondo, Escuela de Psicología. Kattya Grosser Guillén, Escuela de Psicología. Maurizia D’ Antoni Fattori, Escuela de Psicología. Keithlin Aguilar González, Estudiante Escuela de Psicología. Asociación de Estudiantes de Psicología AEPs. Miguel Granados Rivera, Estudiante Escuela de Psicología. Asociación de Estudiantes de Psicología AEPs. Laura Álvarez Garro, Escuela de Filosofía y Posgrado en Psicología. Eduardo Bolaños Mayorga, Escuela de Psicología. Mikel Quesada Artolozaga, Estudiante Escuela de Psicología. Teresita Ramellini Centella, Escuela de Psicología y Centro de Investigación en Estudios de la Mujer. Marvin Amador Guzmán, Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva. Mónica Quirós Villalobos, Escuela Ciencias de la Comunicación Colectiva. Paola Brenes Hernández, Sede Occidente y Centro de Investigación en Estudios de la Mujer. Roxana Hidalgo Xirinachs, Escuela de Psicología y Doctorado en Estudios de la Sociedad y la Cultura. Laura Chacón Echeverría, Escuela de Psicología e Instituto de Investigaciones Sociales. María del Rocío Murillo Valverde, Escuela de Psicología. Valeria Dondi Aguilar, Estudiante de Escuela de Psicología. Daniel Fernández Vásquez, Instituto de Investigaciones Sociales. Luis Andres Sanabria Zaniboni, Observatorio Bienes Comunes y Programa Kioscos Socioambientales. Mariana Romero Tortós, Estudiante de la Escuela de Psicología. Ross Salazar Vargas, Estudiante Facultad de Educación. Sileny Mena Gómez, Escuela de Psicología. Vilma Leandro Zuñiga, Escuela de Psicología. Lucía Rescia Chinchilla, Escuela de Orientación y Educación Especial. Fabián Alfaro Rodríguez, estudiante de la Escuela de Psicología. Fabio Romero Salas, Escuela de Psicología. Marco E. Carranza Morales, Escuela de Psicología y Posgrado en Psicología. Mariela Richmond Vargas, Escuela de Artes Dramáticas. José Manuel Salas Calvo, Escuela de Psicología. Profesor Emérito. Mar Fournier Pereira, Escuela de Psicología. Luisa Ochoa Chaves, Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva y Centro de Investigación en Comunicación. Jennifer Mora Román, Estudiante Escuela de Psicología. Asociación de Estudiantes de Psicología AEPs y Consejo de representación estudiantil CRE. Roberto Fragomeno Castro, Escuela de Filosofía. Mariano Fernández Sáenz, Escuela de Psicología y Maestría en Teoría Psicoanalítica. Sergio Villena Fiengo, Escuela de Sociología e Instituto de Investigaciones Sociales. Silvia Azofeifa Ramos, Escuela de Psicología e Instituto de Investigaciones Sociales, Sede Rodrigo Facio y Sede Guanacaste. Heidy Hernández Romero, Escuela de Psicología. Isis Campos Zeledón, Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva. Rebeca Vaglio Aguilar, Estudiante Escuela de Psicología y de Derecho. Catalina Arce Aguilar, Estudiante Escuela de Psicología y Escuela de Formación Docente. Carlos Calderón Herrera, Escuela de Artes Plásticas. Priscilla Echeverría Alvarado, Escuela de Psicología. Ignacio Dobles Oropeza, Escuela de Psicología. Bradly Marín Picado, Escuela de Psicología. Miguel Regueyra Edelman, Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva y Escuela de Psicología. Andrés Fernández Ramírez, Estudiante Escuela de Psicología. Daniela Solís-Rodríguez, Estudiante Maestría Profesional Psicología Comunitaria. Miguel Regueyra Edelman, Escuela de Psicología. Ginette Sánchez Gutiérrez, Escuela de Psicología y Escuela de Filología, Lingüística y Literatura. Adriana Vindas González, Escuela de Psicología. Mirta González Suárez, Escuela de Psicología. Profesora emérita. Sofía Cortés Sequeira, Recinto de Paraíso, Instituto de Investigaciones Sociales y Centro de Investigaciones Históricas de América Central. Soledad Hernández Carrillo, Escuela de Psicología. Silvia Camacho Calvo, Posgrado en Psicología. Doris Céspedes Alvarado, Escuela de Psicología. Nora Chaves Rodríguez, Estudiante Sede de Occidente. Asociación de Psicología Sede de Occidente (AEPSO). Valeria Sancho Quirós, Escuela de Psicología. Marcela León Madrigal, Escuela de Psicología. Elena Andraus Alfaro, Escuela de Estadística. Eugenia Boza Oviedo, Escuela de Trabajo Social. Alejandra Paniagua Bonilla, Carrera de Trabajo Social, Sede de Occidente. Carolina Morales Quirós, Escuela de Matemática. Mario Salazar Montes, Docente interino. Damaris García Madriz, Estudiante Escuela de Formación Docente y Escuela de Psicología. Suhelen Araya Moya, Escuela de Formación Docente. Amy Hernández Villalobos, Estudiante Escuela de Formación Docente y Escuela de Psicología. Daniel Fernández Fernández, Escuela de Psicología. Mario Soto Rodríguez, Escuela de Psicología. Romel Brumle Kerr, Sede del Caribe y Sede del Pacífico. Andrea Molina Ovares, Escuela de Psicología y Centro de Investigación sobre Diversidad Cultural y Estudios Regionales, Sede de Occidente. Javier Tapia Balladares, Escuela de Psicología e Instituto de Investigaciones Psicológicas. Enyell Valerio Carranza, Estudiante Escuela de Psicología. Laura Meza Pineda, Estudiante Escuela de Psicología. Dunnia Flores Santamaria, Escuela de Orientación y Educación Especial. María Esther Montanaro Mena, Centro de Investigación en Identidad y Cultura Latinoamericanas. Daniel Chavarría Camacho, Sede del Pacífico. Milena Castro Mora, Escuela de Estadística. Elías Natán Jiménez Alvarado, Escuela de Química. Andrés Vargas Abellán, Estudiante Escuela de Psicología. Patricia Velásquez Prada, Estudiante Escuela de Psicología. Sergio Salazar Araya, Escuela de Ciencias Políticas. José Antonio Mora Calderón, Kioscos Socioambientales y Sede de Occidente. Dylanna Rodríguez Muñoz, Programa Kioscos Socioambientales. Níoe Víquez Moreno, Escuela de Psicología. Valeria Montoya Tabash, Programa Kioscos Socioambientales. Gloriana Rodríguez Corrales, Instituto de Investigaciones Sociales y Radioemisoras UCR. Zuiri Méndez Benavides, Programa Kioscos Socioambientales. Elsy Vargas Villalobos, Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva. Mariechen Wüst Picado, Escuela de Ciencias de la Comunicación Colectiva. Benjamín Reyes Fernández, Escuela de Psicología e Instituto de Investigaciones Psicológicas. Luis Rojas Torres, Instituto de Investigaciones Psicológicas. José Daniel Jiménez Bolaños, Escuela de Historia. María Esther Montanaro Mena, Centro de Investigación en Identidad Cultural Latinoamericana. Roberto Marín Villalobos, Escuela de Psicología, Posgrado de Psicología y Sede de Occidente. Ricardo Vargas Durán, Escuela de Estudios Generales. Catalina Ramirez Vega, Escuela de Psicología. Eleazar Morales Aguirre, Estudiante Escuela de Psicología. Marialina Villegas Zúñiga, Instituto de Investigaciones Sociales. Luis Ernesto Aguilar Carvajal, Escuela de Sociología e Instituto de Investigaciones Sociales. Roxana Vargas Solano, Escuela de Ciencias de la Computación e Informática. Maureen Murillo Rivera, Escuela de Ciencias de la Computación e Informática. Sanders Pacheco Araya, Escuela de Ciencias de la Computación e Informática. Braulio Solano Rojas, Escuela de Ciencias de la Computación e Informática. María Barboza Gutiérrez, Sede del Pacífico. Hazel González Araya, Danza Universitaria, Vicerrectoría de Acción Social. Miguel Regueyra Edelman, Estudiante Escuela de Psicología, Asociación de Estudiantes de Psicología AEPs.
Ya se iniciaron los análisis de las muestras de sangre del Hospital San Juan de Dios
Los investigadores pretenden elegir las pruebas ideales para determinar el riesgo de coágulos sanguíneos y si el paciente está experimentando una “tormenta” de citoquinas
Cuatro especialistas en microbiología, un biotecnólogo, una psicóloga y otros profesionales de la Universidad de Costa Rica (UCR) están liderando un estudio único en el país, basado en análisis sanguíneos, para determinar cuáles son las pruebas más idóneas que permitan descubrir dos aspectos de los cuales depende la vida de un paciente con COVID-19.
El primero, si está generando coágulos y, el segundo, si está presentando una “tormenta” de citoquinas. Si ambos elementos están presentes en una persona, pero son descubiertos de manera temprana, se puede proporcionar un tratamiento que le disminuya al individuo la posibilidad de entrar en un estado crítico.
Al lunes 6 de julio, ya el personal científico del Centro de Investigación Hematología y Trastornos Afines” (Cihata-UCR), junto con el Centro de Investigaciones en Enfermedades Tropicales (CIET-UCR), ha analizado a 26 pacientes del Hospital San Juan de Dios.
Si bien los científicos pretenden investigar de manera retrospectiva cuáles son los mejores indicadores para el monitoreo de pacientes graves, algunos resultados de los análisis ya están siendo usados por los médicos de cuidados intensivos para guiar el tratamiento.
Tal es el caso de la interleuquina 6, una de las seis citoquinas que están siendo valoradas por la UCR, y la cual juega un papel muy importante en la regulación de la función inmune y del proceso de coagulación.
“La determinación de este tipo de sustancias, como las citoquinas, es importante porque podemos utilizar una terapia más dirigida en los pacientes, disminuir la mortalidad y también la disfunción de sus órganos como lo son los pulmones, el corazón, el hígado y el cerebro. El Cihata-UCR, de una manera muy gentil, se ofreció a realizar estas determinaciones de citoquinas y esto nos ha ayudado a guiar el tratamiento de manera más objetiva y eficaz”, mencionó el Dr. Juan Ignacio Silesky Jiménez, jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital San Juan de Dios.
De acuerdo con el Dr. Silesky, con dichas pruebas se ha logrado la mejoría de estos pacientes. “Los requerimientos de soporte y los tratamientos disminuyeron. Lo que se hace es esperar que el mismo cuerpo termine de combatir el virus y los órganos restablezcan su función normal”, amplió el especialista.
El Dr. Silesky habla de su experiencia con la UCR. Escúchelo en el siguiente audio.
Detrás del enemigo
Pero, ¿qué da pie a que un paciente con COVID-19 genere una tormenta de citoquinas y por qué su medición es importante? Para contestar esa pregunta se necesita volver a la fase inicial del contagio.
Cuando el SARS-CoV-2 entra al cuerpo humano, este activa su mecanismo de defensa e inicia una guerra para contrarrestar al patógeno infeccioso. Parte de esa lucha consiste en liberar unas proteínas conocidas como citoquinas encargadas de coordinar la respuesta inmune.
Sin embargo, en algunos pacientes graves con la enfermedad del COVID-19, el cuerpo produce citoquinas de forma excesiva como una manera desesperada para eliminar al enemigo. Como consecuencia, se genera lo que médicos y microbiólogos conocen como “tormenta” de citoquinas.
Lamentablemente, esta tormenta, en vez de ayudar, lo que hace es empeorar la salud de la persona y hasta generar una falla múltiple en los órganos que puede derivar en el fallecimiento.
“Esta sobreexpresión de la inmunidad produce una inflamación en muchos órganos y es una de las causas de mortalidad de estos pacientes con COVID-19”, comentó el Dr. Silesky.
Si se quiere interpretar desde una perspectiva más gráfica, esa tormenta de citoquinas es algo similar a un “misil” generado por el propio organismo para atacar al enemigo. Pero, en el intento de contrarrestar al agente infeccioso, se originan daños colaterales: el tejido humano resulta lastimado.
“Durante la progresión de la enfermedad se dan cambios en la concentración de citoquinas en la sangre. El medir esos cambios es una herramienta fundamental para el monitoreo de los pacientes hospitalizados por COVID-19 y también para evaluar la respuesta a los distintos tratamientos”, explicó el Dr. Javier Mora, microbiólogo del CIET-UCR.
En total, se están valorando una serie de citoquinas que se pueden clasificar en tres grupos. Las inflamatorias: IL-1beta, IL-6, TNF. Las citoquinas inflamatorias con capacidad antiviral: IFN-alfa, IFN-gama. Por último, están las citoquinas antiinflamatorias: IL-10, IL-38.
“La idea de nosotros es ampliar pronto este panel para tener 10 citoquinas totales. Esto nos permitiría tener un mayor espectro de análisis y valorar cuáles son las más idóneas para que el personal médico pueda tomar decisiones. Todo esto, con el propósito de efectuar el abordaje terapéutico más conveniente para la persona. En este momento, ya los resultados de la interleuquina 6 están siendo usados para guiar algunos tratamientos”, destacó el Dr. Mora.
Uno de esos abordajes es, justamente, la aplicación de un anticuerpo que bloquea el receptor de la interleuquina 6.
“Dichosamente, en algunos pacientes moderados en los cuales se logró determinar que estaban sufriendo de esta tormenta citoquínica de manera temprana, se les ofreció el tocilizumab, que es una sustancia que actúa sobre el funcionamiento de una de las interleuquinas que tienen mayor impacto en el paciente. En algunos de estos pacientes se ha tenido mejoría, han disminuido la progresión de la enfermedad, así como una menor probabilidad de que requieran de soporte ventilatorio e, incluso, su ingreso a cuidados intensivos”, explicó el Dr. Silesky.
Él es el Dr. Javier Mora, microbiólogo del CIET-UCR, encargado de la medición de las citoquinas.
Segundo enemigo
El paciente con COVID-19 en estado moderado o grave no solo se enfrenta a la “tormenta” de citoquinas. A su condición se le puede unir un problema adicional: la coagulación.
Los coágulos, en términos simples, son una masa producto de la unión de plaquetas, células y proteínas. Su función es sellar rupturas vasculares para evitar la pérdida de sangre.
El riesgo radica cuando se forman coágulos sanguíneos que viajan por el torrente y obstruyen alguna arteria del corazón, los riñones, los pulmones o el cerebro. Ese bloqueo detiene la circulación y genera los conocidos infartos y embolias.
Ahora, imagine que un paciente con COVID-19 presenta ambos escenarios (tormenta de citoquinas y coágulos). ¿El resultado? No es precisamente el más favorecedor.
“La sangre en nuestro cuerpo se encuentra en un estado de equilibro. Se ha visto que los pacientes con la enfermedad del COVID-19 rompen el equilibrio y lo llevan al extremo de formación de trombos. ¿Por qué? Básicamente, las infecciones despiertan una respuesta inmune. La reacción de esa respuesta se puede exacerbar y generar un aumento exagerado de citoquinas. Esa misma exacerbación de la respuesta inmune nos puede dar señales de la activación de la coagulación”, afirmó la Dra. Mariela Solano Vargas, del Cihata-UCR.
Los análisis de coagulación se realizan con base en dos marcadores potenciales. Los marcadores más estudiados han sido el dímero D y el fibrinógeno, junto con una batería amplia de pruebas de coagulación.
En este caso particular, aún los médicos no están usando estos resultados para guiar el tratamiento, pues el objetivo primordial del Cihata-UCR es primero analizar a 20 pacientes para relacionar los resultados con las interleuquinas y evaluar cuáles son los mejores marcadores para los pacientes.
“La idea de los análisis de coagulación de nosotros es ver si hay algún cambio asociarlo con las interleuquinas. Por eso, manejamos la misma muestra de sangre. Cuando tengamos los 20 pacientes, haremos un análisis profundo para ver cuáles marcadores son los más beneficiosos”, afirmó la Dra. Solano.
Ella es la Dra. Mariela Solano Vargas, del Cihata-UCR. La Dra. Solano, con el resto de sus compañeros, realiza los análisis de las coagulopatías.
Proceso complejo
La medición de las citocinas y los coágulos se realiza a partir de la extracción de una muestra de sangre. Las pruebas de coagulación miden los niveles del dímero D y el fibrinógeno, así como inhibidores de la coagulación, tiempos de coagulación, anticardiolipinas, anticoagulante lúpico y un panel de asociación genética de trombofilias.
En el caso de las citoquinas, la muestra se centrifuga y se obtiene el suero. De ese suero se evalúan seis proteínas distintas de manera simultánea por una técnica denominada citometría de flujo. Esta técnica consiste en usar esferas, con diferentes intensidades de fluorescencia, recubiertas con anticuerpos que reconocen específicamente a las diferentes citoquinas.
Posteriormente, se lleva a cabo un monitoreo las 48 horas y otro a las 96 horas. Luego, se efectúa una comparación entre su estado inicial y el avance en la respuesta inmunológica. Esto permite tener una herramienta de seguimiento y control, prevenir futuras complicaciones y probar la respuesta de futuros tratamientos.
De acuerdo con el Dr. Mora, si los resultados globales obtenidos son satisfactorios, esta iniciativa de acción social de la UCR podría extenderse a otros hospitales.
“Cuando surge la pandemia, iniciamos como equipo de investigadores e investigadoras a trabajar sobre ideas que podían ofrecerse al hospital, pensando en colaborar en medio de la crisis que sabíamos que se podía venir. Iniciamos conversaciones sobre lo que se sabía hasta ese momento, los estudios publicados y desde la experiencia del Cihata para, posteriormente, hacer esta propuesta”, comentó Carolina Boza Calvo, psicóloga clínica, en una publicación emitida el 25 de mayo por la Vicerrectoría de Acción Social.
Jenniffer Jiménez Córdoba Periodista, Oficina de Divulgación e Información
Desde las facultades, laboratorios, institutos y centros de investigación universitarios germinan iniciativas científicas y tecnológicas que buscan fortalecer la lucha contra el COVID-19
En el campo de la innovación tecnológica, uno de los aportes de la UCR es el diseño y la construcción de prototipos de ventiladores y respiradores para atender a pacientes con COVID-19. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.
Nuestro país no sería el mismo si aquellas figuras visionarias que definieron la Constitución Política, hace 71 años, no hubiesen decidido invertir, prioritariamente, en la educación pública universitaria, para que de esa manera la formación de profesionales y el desarrollo de la ciencia fueran los pilares en los que se basa el progreso de Costa Rica.
Gracias a ese conocimiento universitario de calidad, miles de egresados de las universidades públicas han logrado impulsar el avance de todos los sectores de nuestra sociedad, tanto públicos como privados. Por ejemplo, en áreas como la industria y la producción de bienes y servicios, la innovación en aplicaciones tecnológicas, el desarrollo de construcciones de gran magnitud y otra que cobra especial relevancia en esta época: la salud.
Este 2020, vivimos en los embates de la pandemia por el COVID-19. Esta enfermedad ha cambiado nuestra cotidianidad y nos exige mantener un comportamiento solidario y empático, como vía para proteger la vida de todas las personas vulnerables ante el nuevo coronavirus.
Por eso, desde el inicio de esta emergencia sanitaria, la Universidad de Costa Rica (UCR) ha estado presente para aportar —mediante la ciencia, la tecnología y la innovación— proyectos que ofrezcan soluciones a la falta de dispositivos médicos, a la necesidad de obtener y procesar datos para facilitar la toma de decisiones de las autoridades, así como al faltante de opciones que ofrezcan alternativas confiables para recuperar a los pacientes, entre otros.
Aportes claves desde la academia
Más de 100 especialistas de todas las áreas del saber de la UCR se han unido en una labor multidisciplinaria para crear más de 40 iniciativas relacionadas con la pandemia actual.
Expertos en artes y letras, ciencias agroalimentarias, ciencias básicas, ciencias sociales, ingeniería y salud trabajan desde la investigación y de manera conjunta. El objetivo es crear opciones viables, que cuiden a quienes nos protegen del coronavirus y colaboren en la tarea de recuperar a los enfermos. Estos profesionales son el fruto de la educación pública universitaria.
Con 50 años de experiencia en la producción de antivenenos para combatir las mordeduras de serpientes, el Instituto Clodomiro Picado es uno de los centros de investigación de la UCR que ha colaborado en el desarrollo de dos medicamentos para tratar a personas enfermas con COVID-19. Foto: Laura Rodríguez Rodríguez.
Así, por ejemplo, entre los proyectos creados se encuentran los protectores faciales elaborados a partir de material biodegradable, que ofrecen mayor seguridad a profesionales en enfermería y medicina, policías y todos aquellos funcionarios que se encuentran en la primera línea de exposición frente al coronavirus; los ventiladores y respiradores para proporcionar asistencia a personas ingresadas en los hospitales; los hisopos necesarios para diagnosticar la enfermedad; la formulación de un medicamento a partir del plasma convaleciente de personas recuperadas; el desarrollo de modelos matemáticos para estudiar la dinámica de transmisión local del virus y que permiten a las autoridades del Ministerio de Salud tomar decisiones; y la creación de plataformas interactivas que reúnen y aportan datos importantes para definir estrategias relacionadas con la atención de la emergencia (véase Conozca cada uno de los aportes de la UCR en el marco de la pandemia).
“La naturaleza multidisciplinaria y transdisciplinaria de estos trabajos resulta esencial para completar de forma exitosa los objetivos de la UCR de mejorar la respuesta del país ante el COVID-19. En nuestro caso, hemos trabajado en identificar moléculas inhibidoras de un componente clave de los coronavirus, para poder crear drogas antivirales efectivas. Se trata de una de las iniciativas que pasaron por una evaluación científica rigurosa para recibir fondos del Espacio de Estudios Avanzados de la UCR (Ucrea)”, manifestó Francisco Siles Canales, profesor e investigador de la Escuela de Ingeniería Eléctrica, quien participa en el proyecto denominado Plataforma biocomputacional para la identificación de inhibidores de coronavirus.
Estas propuestas han visto la luz gracias a que se han unido los esfuerzos de la UCR, instituciones públicas, como la Caja Costarricense de Seguros Social (CCSS), y diversas empresas privadas, que han aportado el soporte tecnológico y logístico de forma solidaria para beneficio del territorio nacional.
“Hay que destacar la participación de actores externos a la Universidad en la gestión de estos proyectos. Son más de 49 empresas y emprendedores, así como entidades estatales que colaboran para cumplir estos propósitos. Parte de la visión que tiene la UCR es generar este conocimiento para que sea trasladado al sector industrial, el cual cuenta con la capacidad de masificar los resultados y ponerlos a disposición de las personas”, afirmó Marianela Cortes Muñoz, directora de la Unidad de Gestión y Transferencia del Conocimiento para la Innovación (Proinnova), de la UCR.
Finalmente, un aspecto importante de resaltar es que varios de estos proyectos han sido incluidos en el Repositorio de Derechos del COVID-19, el cual fue creado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) e impulsado por el Gobierno de Costa Rica. El objetivo de esta iniciativa es compartir los datos, el conocimiento y la propiedad intelectual dentro del contexto de la pandemia, para que todos los países puedan buscar soluciones y salvar la vida de las personas infectadas por el SARS-CoV-2.
Los caballos donados al Instituto Clodomiro Picado alcanzaron el punto más alto en la generación de anticuerpos
Estas son las bolsas de plasma equino antes de iniciar el proceso de purificación.
Después de tres meses de inmunización, los caballos que fueron donados al Instituto Clodomiro Picado de la Universidad de Costa Rica (UCR) alcanzaron su punto máximo en la generación de anticuerpos contra el SARS-CoV-2.
Como resultado, los científicos procedieron a realizar una sangría industrial el viernes 3 de julio, y el lunes 6 del mismo mes se inició el procesamiento del plasma para producir una formulación de anticuerpos equinos contra el COVID-19.
“Durante el proceso de inmunización se monitoreó la respuesta de anticuerpos específicos en los caballos. Cuando determinamos que estos llegaron al punto máximo, decidimos que era el momento para hacer la sangría industrial. La sangre fue fraccionada para obtener el plasma, a partir del cual se purificarán los anticuerpos. El resto, la parte celular, fue retornada a cada caballo para evitar que desarrollen cuadros de anemia. En todo momento, a los caballos se les estuvo vigilando muy de cerca su estado de salud, que tuvieran suficiente pasto en los potreros, alimento de buena calidad y tratándolos siempre con mucha calma”, enfatizó el Dr. Mauricio Arguedas Gómez, médico veterinario del ICP-UCR.
A los caballos se les realizaron cuatro inmunizaciones con combinaciones diferentes de proteínas del SARS-CoV-2, que no dañan la salud de los equinos.
Luego, se les midió la cantidad de anticuerpos contra las proteínas virales, mediante una prueba que el mismo ICP-UCR diseñó, la cual es conocida como ELISA (ensayo por inmunoabsorción ligado a enzimas).
Finalmente, se les extrajo entre ocho y nueve litros de plasma a cada caballo, para reunir un total cercano a los 50 L de plasma.
“Entre las proteínas seleccionadas para realizar la inmunización está la proteína S1, que es la proteína viral que se une al receptor celular. También las proteínas E y M, como un constructo recombinante, y la proteína de nucleocápside N”, afirmó el Dr. Guillermo León, coordinador de la División Industrial del ICP-UCR.
El científico indicó que la proteína de nucleocápside N, aunque es un antígeno interno del virus, es contra la cual el plasma de las personas convalecientes contiene más anticuerpos. Por eso, también se usó como inmunógeno (sustancia capaz de inducir una respuesta inmune).
La Universidad de Costa Rica comunicará de manera oportuna cuando se tenga el primer lote de la formulación.
Jenniffer Jiménez Córdoba Periodista, Oficina de Divulgación e Información
Agencia de acreditación del Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos ingresó al Acuerdo de Washington de la Alianza Mundial de la Ingeniería
La inversión en la infraestructura y en el equipo tecnológico necesario para que los estudiantes y los docentes puedan contar con laboratorios adecuados para su desarrollo académico, es una de las variables que se incluyen dentro de los procesos de autoevaluación con miras a cumplir con una acreditación. Anel Kenjekeeva.
La Facultad de Ingeniería (FI) de la Universidad de Costa Rica (UCR) cuenta con nueve carreras, de las cuales siete están acreditadas ante la Agencia de Acreditación de Programas de Ingeniería y de Arquitectura (AAPIA), del Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos de Costa Rica (CFIA).
Dicha Agencia fue aceptada el pasado 22 de junio como miembro pleno del Acuerdo de Washington de la Alianza Mundial de la Ingeniería, durante el congreso anual en el que participaron los 19 países signatarios entre los que están Australia, Canadá, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Irlanda, Japón y Rusia.
Esto significa que la acreditación de las carreras de Ingeniería de Biosistemas, Ingeniería Civil, Ingeniería Eléctrica, Ingeniería Industrial, Ingeniería Mecánica, Ingeniería Química e Ingeniería Topográfica tendrá esta característica adicional; las carreras de Arquitectura y Ciencias de la Computación e Informática también están acreditadas pero no ante el AAPIA, si no que ante la Agencia Centroamericana de Acreditación de Arquitectura e Ingeniera (ACAAI) y el Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior (SINAES), respectivamente.
Las carreras de Ingeniería de la UCR organizan múltiples actividades abiertas al público en las que los estudiantes exponen los trabajos que han hecho durante sus cursos, como por ejemplo el RobotiFEST UCR de la Escuela de Ingeniería Industrial, la ExpoIQ de la Escuela de Ingeniería Química y el Día de Puertas Abiertas de la Escuela de Ingeniería Eléctrica. Foto Anel Kenjekeeva.
Cabe resaltar que la totalidad de las carreras de la Facultad de Ingeniería de la UCR están acreditadas y cinco de ellas cuentan con reacreditación por parte de SINAES.
“Esto es un indicador de que se siguieron procesos rigurosos de verificación de la calidad de acuerdo a las normas internacionales y que nuestras carreras las cumplen, así es que en este momento tenemos siete carreras que ingresan de manera automática al Acuerdo de Washington. Esta es una de las formas en que la UCR y la Facultad de Ingeniería garantizan la calidad de sus carreras”, señaló el Ing. Orlando Arrieta Orozco, decano de la FI.
Por su parte, la presidenta del CFIA, Ing. Alejandra Morice Sandoval, indicó que el Acuerdo de Washington de la Alianza Internacional de Ingeniería establece y hace cumplir normas globalmente reconocidas para la educación y la práctica profesional de la ingeniería.
“Este ha sido un largo proceso de casi 20 años y un gran esfuerzo por parte del CFIA para alcanzar esta meta, esperamos que los profesionales de ingeniería puedan aprovechar todos los beneficios que brinda este reconocimiento e incentivamos a las universidades a que se incorporen en este proceso de acreditación ante la AAPIA”, agregó finalmente Morice Sandoval.
Otto Salas Murillo Periodista, Oficina de Divulgación e Información
Por Guillermo Santana, miembro del Consejo Universitario Debido a la caída del mercado de turismo vigente antes de la pandemia, Costa Rica debe incentivar nuevas alternativas para fortalecer la economía
Guillermo Santana, miembro del Consejo Universitario. Foto: Cristian Araya.
La actual emergencia sanitaria ya ha causado la lamentable muerte de 21 habitantes de nuestro país. Es nuestro deber destacar y agradecer la excelente respuesta del sector salud a esta pandemia. Los años de construcción y preservación de su estructura están rindiendo frutos en el mejor momento posible. Esta construcción inició en los años cuarenta del siglo pasado y ha crecido, y se ha consolidado en estricto apego al desarrollo socioeconómico del país.
Sin embargo, corresponde ahora agregar una vigésimo segunda fatalidad. Esta vez no se trata de un ser humano, sino de una industria nacional: el turismo.
La expectativa de un retorno al mercado de turismo existente antes del surgimiento del nuevo coronavirus resulta quimérica en el mejor de los casos. Nuestro principal socio turístico, Estados Unidos, enfrenta un panorama cada vez más sombrío. Contrario a la experiencia europea, a la fecha, el número de casos de contagio de COVID-19 está empezando una nueva curva de crecimiento sin que a la fecha se pueda estimar su estabilización y mucho menos su reducción.
Llenar un hueco tan grande requiere inducción de demanda en nuevos mercados o ampliación en mercados existentes, todos ubicados a mayor distancia de nuestro país. En cualquiera de los casos, los tiempos de vuelo promedio se incrementan en al menos dos horas. Esta circunstancia se vuelve casi insuperable en vista de la necesidad de llenar un vacío tan grande como el que deja el mercado estadounidense.
Debemos incentivar nuevas alternativas para el crecimiento socioeconómico del país. Una de las posibles alternativas puede ser la promoción de la industria de base tecnológica en forma de encadenamientos multinacionales. El recurso humano del país ha mostrado estar a la altura de la demanda en esa industria. El capital necesario para la expansión puede venir de inversión externa o inclusive mixta.
El compromiso a forjar en esta iniciativa debe involucrar al sector privado con el Gobierno y con la academia, como una hélice de tres aletas. Sin estos tres componentes claramente diferenciados y actuando cada uno en su propio dominio, nuestra nave no alcanzará la altura requerida.
Dr. Guillermo Santana Miembro del Consejo Universitario
A LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA Estimados (as) señores (as):
“Busca de manera permanente y libre, la verdad, la justicia, la belleza, el respeto a las diferencias, la solidaridad, la eficacia y la eficiencia”. (E. O. art. 5, inciso b)
Circula en redes sociales, desde el viernes anterior, un documento que solicita un voto de censura para este servidor, en calidad de Rector y por haber emitido la Resolución R-171-2020. El documento aparece dirigido a la señora directora del Consejo Universitario.
En relación con él, recibí mensaje de la persona que aparece como firmante, quien me indicó que ni ella ni su movimiento emitieron ese documento. También, durante el fin de semana recién pasado, otras personas involucradas en el proceso electoral de nuestra institución, de muto proprio, me han indicado lo mismo.
Somos de la convicción que, en una institución de cultura superior, toda situación debe ser asumida como reto pedagógico, a fin de aprovecharla como oportunidad de mejora; por tanto, lo descrito en los párrafos anteriores obliga a hacer la siguiente reflexión, acompañada de un respetuoso llamado a la conciencia, al menos en dos de sus niveles: el racional y el moral.
Es evidente que la Universidad de Costa Rica en específico y la institucionalidad estatal en general, se encuentran profundamente amenazadas y están imbuidas en la mayor crisis que se recuerde en la historia reciente. Unas de las estrategias utilizadas para debilitarnos han radicado en promover el desfinanciamiento, la desinformación y la división, lo que se suma a una campaña estructurada de desprestigio. Por tanto, promover acciones análogas desde el seno institucional, si fue eso lo que sucedió en este caso, no solo es reprochable sino censurable.
Cada acción que se desarrolle en el escenario universitario debe mostrar un ejercicio altamente virtuoso en tanto: prudente, solidario, justo, veraz, responsable, valiente y, consecuentemente, garantizar el mayor beneficio. Debemos tener presentes los fines, principios y propósitos explicitados en el Estatuto Orgánico y, desde estos parámetros, promover diálogos académicos del mayor nivel posible, que garanticen una genuina defensa de nuestra Universidad.
Es así como, el equipo de transición reafirma su compromiso para trabajar ardua y dialógicamente en resguardo del bien y el fortalecimiento del Alma Mater, a la vez que reclama y agradece un accionar recíproco y proporcional por parte de todos los miembros de la comunidad universitaria.
De la manera más cordial les extiendo un saludo en esta particular coyuntura que vive nuestra institución y la humanidad en general, y lo hago solidariamente para externarles que si la situación es incierta para todas las personas, comprendo que, con más razón, lo es para el personal que se encuentra en condición laboral interina.
En dicho contexto, deseo señalarles que, este servidor y quienes me acompañan como colaboradores más próximos, estamos seguros de que es urgente una revisión profunda del régimen docente, para lograr una dignificación laboral más integral que la obtenida hasta el momento, pero para una administración transitoria y de pocos meses es imposible atender la radicalidad de tal situación.
Desde tal conciencia, es nuestro interés comunicarles que esta Rectoría ha tomado todas las previsiones del caso para garantizar los derechos laborales que les corresponde a cada una y a cada uno de ustedes, según es posible definir para el próximo año, en el cual se deberá garantizar los nombramientos en correspondencia al número de semanas que la estabilidad impropia tutela. En razón de esto, quisiera pedirles que mantengan confianza en la vocación humanística del Alma Mater que me corresponde resguardar.
Pronto estaremos emitiendo indicaciones más específicas junto con las directrices que fueran necesarias para que lo que indico anteriormente sea cumplido a cabalidad.
Dr. Carlos Araya Leandro
Rector, Universidad de Costa Rica
La Oficina de Becas y Atención Socioeconómica junto con la Sede del Sur realizó la campaña el 17 y 18 de junio
La campaña de Optometría y Oftalmología se llevó a cabo el 17 y 18 de junio en la Sede del Sur.
Con el objetivo de velar por el bienestar de la población estudiantil, la Oficina de Becas y Atención Socioeconómica de la Universidad de Costa Rica realizó una campaña de optometría y oftalmología en la Sede del Sur, entre el 17 y 18 de junio.
Gracias a esta iniciativa un total de 92 estudiantes se vieron favorecidos con el beneficio complementario de Optometría y Oftalmología que se le otorga, una vez por año lectivo, a los becarios 4 y 5; y que consiste en un descuento total para cubrir los costos de diagnóstico o compra de lentes del paquete básico contratado por la UCR a Asembis.
La MBA. Anabelle León Chinchilla manifestó que esta iniciativa se suma las múltiples acciones emprendidas desde la Vicerrectoría de Vida Estudiantil para fortalecer los canales de comunicación y atención con la población estudiantil, en la coyuntura de la pandemia.
“El servicio que, desde sus centros de atención, brinda la empresa con la cual la Universidad mantiene el convenio, se ofrece en las distintas regiones del país, lo que ha favorecido la cercanía para que el estudiantado pueda acceder este beneficio que le otorga la beca. Para la sede del Sur no se contó con esta proximidad, por lo que la empresa, a través de sus profesionales, se hizo presente en las Instalaciones del centro de estudio para brindar la atención”dijo León.
Campaña de Optometría y Oftalmología en la Sede del Sur.
Además de los estudiantes de la Sede del Sur, un total de 3229 estudiantes de otras sede universitarias también fueron favorecidos con la asignación de este beneficio complementario.
A esta cifra se le sumarán aquellos y aquellas estudiantes que efectuaron la solicitud del beneficio con fecha cierre del 30 de junio y que realizarán la gestión del beneficio complementario durante esta semana (cierra el 04 de julio).
La asignación de este beneficio complementario está sujeta a la categoría de beca económica 4 y 5 de la población estudiantil.
Tatiana Carmona Rizo Periodista Vicerrectoría de Vida Estudiantil