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Etiqueta: Venezuela

Venezuela bajo asedio

Álvaro Fernández González, Julio de 2026

Comprender la realidad venezolana exige mirar más allá de las decisiones del gobierno y situarlas en el contexto de una profunda pérdida de soberanía.

El país enfrenta hoy una forma de colonialismo que ya no depende de la ocupación militar, sino del control sobre sus recursos estratégicos mediante sanciones, restricciones financieras y mecanismos externos que condicionan el acceso a los ingresos generados por su propio petróleo.

En ese escenario, muchas decisiones gubernamentales que generan controversia deben analizarse como respuestas adoptadas bajo condiciones excepcionales.

Es legítimo debatirlas y criticarlas, pero resulta insuficiente interpretarlas como una simple renuncia al proyecto bolivariano sin considerar la presión permanente ejercida por Estados Unidos sobre la economía y las instituciones venezolanas.

Mientras gran parte de la atención internacional se concentra en las disputas entre gobiernos, la Administración Trump y la de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, otra realidad continúa desarrollándose en cientos de comunas y organizaciones populares.

Asambleas vecinales, consultas comunitarias, proyectos autogestionados y espacios de participación mantienen viva una experiencia de democracia desde abajo que constituye uno de los principales legados de la Revolución Bolivariana.

Por ello, reducir el presente venezolano a la supuesta derrota del chavismo significa ignorar la persistencia de un tejido social organizado que sigue defendiendo la soberanía, la participación popular y la justicia social.

Las contradicciones existen y son objeto de debate dentro del propio movimiento, pero la discusión central continúa siendo otra: cómo preservar un proyecto político y una sociedad organizada frente a una estrategia de asfixia económica y subordinación geopolítica.

La principal lección es clara. Para comprender Venezuela no basta con juzgar las decisiones de sus dirigentes.

Es necesario observar también la capacidad de su pueblo para sostener, incluso en medio del asedio, las formas de organización que mantienen viva la aspiración de una democracia popular y de una verdadera independencia nacional.

Referencia:

“Before the Earthquake- Venezuela’s Uncomfortable Reality with Andreína Chavez Alava”.

Sin pueblo no hay revolución – Elecciones en Venezuela

José A. Amesty Rivera

Desde enero de 2026, Venezuela vive una crisis política y constitucional que ha abierto un fuerte debate dentro y fuera del país; todo comenzó con la captura-secuestro del presidente Nicolás Maduro durante una operación militar de EEUU. A partir de ese momento surgió una pregunta que sigue sin tener una respuesta única, ¿qué debe hacerse cuando un presidente queda fuera del ejercicio de sus funciones por una situación que la Constitución nunca imaginó-previó?

Y aquí empiezan las diferencias. Para el gobierno venezolano, lo ocurrido fue una agresión directa contra la soberanía nacional, su argumento es sencillo, Nicolás Maduro no renunció, no murió, no fue destituido por el Tribunal Supremo de Justicia, ni fue revocado por el voto popular; es decir, ninguna de las causas que la Constitución reconoce como una falta absoluta se ha producido. Por esto sostiene que Maduro sigue siendo el Presidente de la República y que, mientras dure su ausencia forzada, corresponde a la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumir las funciones del Ejecutivo, sin que exista la obligación inmediata de convocar nuevas elecciones.

La oposición, por otro lado, sostiene una posición completamente distinta. Afirma que, aunque la Constitución no habla expresamente de un presidente capturado por una potencia extranjera, la realidad demuestra que Maduro no puede ejercer el cargo y que esa situación debe considerarse una falta absoluta. Según esta interpretación, el artículo 233 obliga a convocar elecciones presidenciales para que sea el pueblo quien decida el rumbo del país.

Varios especialistas en Derecho Constitucional coinciden en que la Constitución venezolana nunca previó un escenario como este. El artículo 233 enumera cuáles son las faltas absolutas del Presidente: la muerte, la renuncia, la destitución por decisión del Tribunal Supremo de Justicia, una incapacidad permanente certificada, el abandono del cargo declarado por la Asamblea Nacional o la revocatoria del mandato mediante referéndum.

También establece que, si una falta absoluta ocurre durante los primeros cuatro años del período presidencial, el Vicepresidente Ejecutivo asume temporalmente la Presidencia y deben convocarse elecciones universales, directas y secretas dentro de los treinta días siguientes.

El problema es que la Constitución no dice qué hacer cuando un presidente es capturado y permanece fuera del país por decisión de un gobierno extranjero, este vacío jurídico es precisamente el origen del debate que hoy divide a Venezuela, pero más allá de la discusión legal, hay un tema mucho más profundo.

Durante más de dos siglos, América Latina ha vivido bajo la sombra de las intervenciones extranjeras, nuestra historia está llena de invasiones, bloqueos económicos, golpes de Estado y presiones de las grandes potencias.

Desde la ocupación de Haití por EEUU, pasando por el derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala, el golpe contra Salvador Allende en Chile o la invasión a Panamá, la experiencia nos ha enseñado que cuando una potencia decide intervenir en otro país, casi nunca lo hace por amor a la democracia, generalmente existen intereses económicos, estratégicos o políticos detrás de estas decisiones.

Por esto, cualquier persona que se considere de izquierda, democrática y latinoamericanista tiene razones para rechazar una intervención extranjera en Venezuela, no importa si se simpatiza o no con el gobierno de Nicolás Maduro; permitir que un país decida por la fuerza el destino político de otro, abre un precedente muy peligroso para toda América Latina, sin embargo, aquí aparece otro problema igual de importante. Defender la soberanía no significa que la democracia pueda ponerse en pausa por tiempo indefinido.

La izquierda latinoamericana siempre ha levantado dos banderas: la independencia de nuestros pueblos y el derecho de esos pueblos a decidir su propio destino, una bandera sin la otra pierde sentido.

Nuestra propia historia también demuestra que algunos gobiernos, en nombre de la defensa de la soberanía, terminaron alejándose poco a poco de los mecanismos democráticos que les dieron legitimidad, esto es un riesgo que no puede ignorarse.

La Constitución venezolana de 1999, impulsada durante el gobierno de Hugo Chávez, fue creada precisamente para que las crisis políticas no se resolvieran con la fuerza, sino con reglas claras. Por esto estableció procedimientos para las ausencias del presidente y para garantizar que, cuando fuera necesario, el pueblo volviera a decidir mediante el voto; nadie imaginó que algún día Venezuela enfrentaría una situación como la actual.

Ante este vacío, el Tribunal Supremo de Justicia optó por una interpretación excepcional que permitió mantener la continuidad del gobierno sin convocar elecciones. Para el oficialismo, esta fue la única manera de enfrentar una agresión extranjera sin romper el orden constitucional; pero esta decisión también ha generado dudas.

Reiterando, el chavismo insiste en que Nicolás Maduro sigue siendo el presidente constitucional porque ninguna de las causas previstas en el artículo 233 ha ocurrido. La oposición responde que un presidente que no puede ejercer sus funciones durante un tiempo indefinido deja de gobernar en la práctica y que, por respeto a la propia Constitución, corresponde devolver la palabra al pueblo, estas dos posiciones tienen argumentos jurídicos.

Pero las Constituciones no solo se leen palabra por palabra, también deben interpretarse según el espíritu con el que fueron escritas, y este espíritu, en el caso venezolano, siempre tuvo un objetivo claro, que la voluntad popular fuera la máxima fuente de legitimidad; vale aquí la pena, recordar una de las principales enseñanzas de Hugo Chávez.

Cada vez que enfrentó una crisis importante buscó el respaldo de las urnas, ganó elecciones presidenciales, impulsó referendos, promovió consultas populares y convirtió el voto en la principal herramienta para enfrentar a sus adversarios nacionales e internacionales. Su mensaje era y es claro, ningún poder es más fuerte que la decisión del pueblo, este legado merece ser recordado.

Cuando un gobierno tiene respaldo popular, unas elecciones no deberían darle miedo, al contrario, fortalecen su legitimidad. Cuando las elecciones se aplazan una y otra vez, inevitablemente aparecen preguntas y desconfianza.

También la izquierda debe evitar otro error que ha cometido en distintos momentos de la historia, pensar que cualquier crítica a un gobierno progresista favorece automáticamente al imperialismo, y no siempre es así. Se puede rechazar una intervención extranjera y, al mismo tiempo, defender que la Constitución se cumpla, se puede condenar el intervencionismo de EEUU y también pedir que el pueblo venezolano vuelva a expresarse en las urnas; no hay ninguna contradicción en esta postura.

La Revolución Cubana resistió durante décadas porque logró construir una fuerte legitimidad interna a pesar del bloqueo estadounidense; la Revolución Sandinista, en Nicaragua, mostró que incluso los procesos con un enorme respaldo popular pueden desgastarse cuando disminuyen los espacios de participación; en Bolivia, el gobierno de Evo Morales enfrentó una crisis política, cuando surgieron cuestionamientos sobre los límites constitucionales de la reelección.

Cada proceso tiene su propia historia, pero todos dejan una enseñanza común, ninguna revolución puede vivir únicamente de su pasado; la legitimidad debe renovarse constantemente mediante la participación del pueblo y esto también vale para Venezuela.

Condenar la intervención estadounidense, es una obligación para quienes defendemos la soberanía latinoamericana, pero también es válido preguntarse cuánto tiempo puede mantenerse una situación excepcional, sin consultar nuevamente a los ciudadanos/as.

Al final, existe un principio que ninguna izquierda democrática debería abandonar jamás, la soberanía pertenece al pueblo, no pertenece a un partido, no pertenece a un gobierno, no corresponde a un líder, y, por supuesto, tampoco a una potencia extranjera.

Si el pueblo es el verdadero dueño de la soberanía, entonces las grandes crisis nacionales deben resolverse devolviéndole la palabra, esto significa elecciones libres, transparentes, con garantías para todas las fuerzas políticas y con observación internacional que dé confianza a todos los sectores, no se trata de aceptar imposiciones desde Washington, se trata, precisamente, de impedirlas.

Porque la mejor respuesta frente a cualquier intento de intervención extranjera es que sean los propios venezolanos/as quienes decidan democráticamente el futuro de su país; hoy la izquierda latinoamericana tiene la oportunidad de demostrar coherencia.

Puede condenar cualquier violación de la soberanía venezolana, puede exigir respeto al Derecho Internacional, puede rechazar toda forma de intervención militar o política desde el exterior. Y, al mismo tiempo, puede defender el derecho del pueblo venezolano a renovar democráticamente la legitimidad de sus instituciones, no hay contradicción entre ambas cosas, al contrario, una fortalece a la otra.

José Martí decía que un pueblo no se construye, cómo se organiza un campamento militar. Augusto César Sandino recordaba que la soberanía no se negocia. Salvador Allende repetía que la historia la hacen los pueblos. Hugo Chávez insistía en que el poder constituyente residía en la voluntad popular.

Todos, desde épocas y realidades distintas, coincidían en una idea sencilla y poderosa, el pueblo debe ser siempre el protagonista de su propia historia. Por esto, la salida a la crisis venezolana no puede decidirse en Washington, ni en los cuarteles, ni únicamente en los tribunales, debe decidirse donde siempre debió estar la última palabra, en las urnas electorales; porque ningún imperio tiene derecho a escoger quién gobierna Venezuela, pero tampoco ninguna crisis, por grave que sea, puede justificar que la voz del pueblo permanezca indefinidamente en silencio.

La soberanía y el voto electoral no son caminos opuestos, son dos principios que deben caminar juntos, cuando uno falta, el otro termina perdiendo fuerza. Y una izquierda que olvida cualquiera de los dos corre el riesgo de dejar de ser fiel a su propia historia.

La verdad y la política bajo los escombros

José A. Amesty Rivera

Hay quienes que, cuando los pueblos sufren, llegan con agua, alimentos, medicinas, maquinaria y solidaridad, otros llegan con cámaras, troles y mentiras.

La historia de Nuestra América está llena de terremotos, huracanes, inundaciones y otras tragedias naturales, pero también ha estado marcada por otro tipo de desastres, uno creado desde los centros del poder político y mediático, como el uso del dolor humano para desestabilizar gobiernos populares y sembrar desesperanza.

Lo ocurrido en Venezuela tras los devastadores terremotos no puede analizarse solo como un fenómeno geológico; mientras miles de rescatistas, médicos, bomberos, trabajadores públicos y voluntarios luchan contra el tiempo para salvar vidas, en las redes sociales se libra otra batalla, una ofensiva comunicacional que busca convertir una tragedia nacional en un instrumento de confrontación política.

Esto no es algo nuevo. La Revolución Bolivariana ha enfrentado durante más de dos décadas una guerra en muchos frentes, donde la manipulación de la información ha sido una de las armas más poderosas. Cada dificultad económica, cada apagón, cada inundación, cada crisis sanitaria, y ahora cada desastre natural se convierte de inmediato en material para una maquinaria propagandística, que intenta presentar al Estado venezolano como un proyecto fracasado.

No hablamos simplemente de la crítica política, que siempre es válida en una sociedad democrática, la crítica forma parte del debate. El problema comienza cuando el sufrimiento de miles de familias, se convierte en un espectáculo para generar odio, desmoralización y enfrentamiento.

Mientras hombres y mujeres remueven toneladas de escombros para rescatar sobrevivientes, en Internet circulan fotografías de otros terremotos presentadas como si fueran de Venezuela, videos manipulados, imágenes creadas con inteligencia artificial y rumores sobre supuestos saqueos, abandono total de las víctimas, robo de donaciones, e incluso versiones según las cuales funcionarios cobraban dinero para entregar los cuerpos de personas fallecidas.

Muchas de estas publicaciones fueron desmentidas posteriormente por verificadores independientes, demostrando que el dolor también puede convertirse en un negocio político.

Es la política del desastre, donde el neoliberalismo convierte todo en mercancía, incluso las tragedias. Existe una lógica profundamente deshumanizada que cree que mientras peor le vaya al país, mayores serán las posibilidades de derrotar políticamente al gobierno.

Es una visión que no celebra la reconstrucción, sino el derrumbe; que no busca aliviar el sufrimiento, sino aumentarlo; que no construye esperanza, sino frustración.

En esta lógica, una catástrofe natural deja de ser un drama humano para convertirse en una oportunidad propagandística. Lo importante deja de ser salvar personas y pasa a ser construir un relato político.

Por esto aparecen las matrices de opinión incluso antes de que terminen las labores de rescate. Primero se instala la idea del abandono, luego la de un supuesto colapso institucional, más tarde llegan las acusaciones sin pruebas y, finalmente, aparece la conclusión política que ya estaba preparada, presentar al gobierno como incapaz y convertir el dolor colectivo en combustible para la confrontación.

No es un drama exclusivo de Venezuela. Lo hemos visto en Cuba después de huracanes, en Nicaragua tras desastres naturales, en Bolivia durante los incendios, en México después de terremotos y en buena parte de América Latina, cuando gobiernos progresistas enfrentan situaciones extraordinarias.

Las redes sociales permiten que una mentira recorra millones de pantallas antes de que la verdad logre abrirse paso; este es precisamente el objetivo: no informar, sino impactar emocionalmente, sembrar miedo, provocar indignación y romper la confianza entre el pueblo y las instituciones.

Mientras algunos se concentran sus esfuerzos en hacer virales rumores y noticias falsas, otra Venezuela estaba actuando: Bomberos, Protección Civil, la Fuerza Armada, Personal Sanitario, Consejos Comunales, Comunas, Militantes Sociales, Vecinos, Jóvenes Voluntarios, Trabajadores Públicos y Rescatistas Internacionales. Miles de personas que no preguntan por la posición política de quien necesita ayuda, simplemente ayudan.

Porque cuando un edificio se derrumba no hay opositores ni chavistas bajo los escombros, hay seres humanos. Esta es la Venezuela que pocas veces ocupa los titulares de los grandes medios internacionales, la Venezuela de la solidaridad organizada, la que comparte alimentos, aunque tenga poco, la que convierte escuelas en refugios y donde las comunidades organizan cocinas colectivas mientras llegan los organismos especializados.

Y no se trata de idealizar la realidad. Ningún Estado del mundo responde de manera perfecta a una catástrofe de semejante magnitud, siempre habrán carencias, errores, retrasos y limitaciones materiales.

Más aún cuando un país ha soportado durante años sanciones económicas, dificultades financieras y restricciones para adquirir equipos especializados, pero reconocer esas limitaciones es muy diferente a fabricar una realidad paralela basada en noticias falsas.

También se ha desatado una guerra psicológica. Hace tiempo que los manuales de guerra dejaron de limitarse al terreno militar, hoy las operaciones psicológicas ocupan un lugar central, y las redes sociales funcionan como verdaderos campos de batalla, donde cada fotografía, cada video y cada rumor puede influir en la percepción colectiva.

La desinformación no busca solamente engañar, busca paralizar, desmoralizar y dividir, busca que la gente deje de confiar en las instituciones del país, que toda información oficial sea vista automáticamente como falsa y que termine imponiéndose el caos informativo.

En este escenario gana quien logra sembrar primero una emoción, aunque después sea desmentida; las mentiras casi siempre corren más rápido que las rectificaciones y, cuando se trata de tragedias humanas, el impacto emocional hace que se propaguen todavía más rápido.

Dicho esto, la izquierda también tiene responsabilidades. Defender al pueblo venezolano no significa negar los problemas, no significa convertir la solidaridad en propaganda, ni afirmar que todo funciona perfectamente.

Ser de izquierda exige un compromiso mucho más profundo, como el de defender la verdad, incluso cuando resulte incómoda. Porque si denunciamos la manipulación del adversario, también debemos rechazar cualquier intento de ocultar los errores propios. La ética revolucionaria no puede construirse sobre exageraciones, sino sobre hechos.

Por eso es tan importante combatir las noticias falsas, no solo porque afectan la imagen del gobierno, sino porque afectan directamente la vida de las víctimas. Un rumor puede impedir que una familia encuentre información confiable, puede dificultar el trabajo de los rescatistas, sembrar pánico, generar violencia o desviar recursos hacia problemas que no existen. Las fake news también matan.

Otro tema es que la Patria Grande no puede ser indiferente frente al dolor. La respuesta latinoamericana debe estar a la altura de una región que conoce muy bien el valor de la solidaridad, por ejemplo, Cuba enviando médicos, México enviando rescatistas, Colombia tendiendo puentes, Brasil aportando ayuda; los pueblos organizando campañas de recolección, las universidades ofreciendo apoyo técnico y los movimientos sociales movilizando alimentos y medicinas.

Esta es la América Latina que soñaron Bolívar, Martí, Sandino, el Che, Chávez y tantos otros, la América Latina que entiende que ninguna frontera vale más que una vida humana; hoy Venezuela necesita esta solidaridad.

Y no necesita laboratorios digitales sembrando odio, no necesita dirigentes políticos haciendo cálculos electorales entre los escombros, no necesita influencers compitiendo por seguidores en medio de la tragedia; Necesita humanidad, cooperación y respeto por quienes lo han perdido todo.

Para ir terminando, cada desastre natural deja lecciones, una de ellas es que la verdad también necesita ser defendida, porque la mentira organizada puede convertirse en otra forma de violencia.

La batalla por la verdad no pertenece únicamente al gobierno ni a la oposición, pertenece al pueblo, pertenece a quienes creen que ninguna diferencia política justifica usar el sufrimiento humano, como arma de confrontación.

Cuando la tierra deje de temblar comienza otra reconstrucción, la de las viviendas, las escuelas y los hospitales, pero también la reconstrucción de la confianza colectiva, y esta tarea exige derrotar el cinismo, el oportunismo y la manipulación.

La izquierda latinoamericana debe levantar una bandera sencilla, pero profundamente revolucionaria, ninguna victoria política, vale una sola mentira construida sobre el dolor del pueblo.

Porque los escombros se levantan con maquinaria, pero las heridas sanan con solidaridad, y la dignidad de un pueblo solo puede sostenerse sobre la verdad, la justicia y la memoria.

En tiempos en que las redes sociales pueden convertir una falsedad en una verdad aparente, defender la información verificada, también es una forma de defender la soberanía, y la soberanía, como nos enseñó Hugo Chávez, no pertenece a un partido ni a un gobierno; pertenece al pueblo, que tiene derecho a enfrentar las adversidades con la verdad por delante y con la esperanza intacta.

Costa Rica con el pueblo bolivariano de Venezuela en momentos de tragedia

Circulo Bolivariano Yamileth López

Dos desastrosos terremotos (magnitudes 7.2 y 7.5) localizados en la región más populosa del país (Estados La Guiara, Miranda, Carabobo, Falcón, Aragua y Distrito Capital). En la zona epicentral las personas fallecidas, lesionadas, heridas y desaparecidas ascienden a miles. Familias y mascotas dignificadas se cuentan en decenas de miles, igual centenares de pacientes de hospitales trasladados de emergencia a centros médicos fuera de riesgo, dada la secuencia de centenares de réplicas sentidas en extensos territorios y ciudades.

La infraestructura dañada y colapsada es cuantiosa. Las personas y animales atrapados bajo escombros son buscadas y está siendo rescatada con monumentales esfuerzos sobrehumanos.

Queremos unirnos a los pueblos del mundo con nuestras muestras de energía, emociones y consternación por el dolor y sufrimiento que sufre la nación Bolivariana y la comunidad familiar de Venezuela, en este trance difícil.

Nos sentimos profundamente conmovidos por la movilización unida del pueblo bolivariano, en atención y salvamento de su grey en las zonas afectadas. De igual forma por la rápida y eficaz ayuda multilateral de muchos país y pueblos hermanos.

Especialmente por aquel respaldo y solidaridad internacionalista de naciones como Cuba, Rusia e Irán que enfrentando adversidades indecibles, bloqueos, cercos y guerras despiadadas e impuestas por la barbarie irracional e inmoral de las fuerzas demenciales del peor oscurantismo de la historia; están en la Patria de Simón Bolívar, Manuelita Sáenz, Ezequiel Zamora, Simón Rodríguez, Fabricio Ojeda y Hugo Rafael Chávez Frías entregando sus valiosos recursos humanos, técnicos, médicos, científicos, materiales y a riesgo de la vida, sin pedir nada a cambio y desde sus apremiantes necesidades propias.

Cuba un faro de asombroso amor por la humanidad y decoro demuestra una vez más, como lo ha hecho por más de 60 años de internacionalismo martiano y fidelista, estar ahí primera con sus brigadas de especialistas y profesionales, pueblo voluntario con sus mochilas cargadas de equipo médico, trabajo metódico, insumos, cultura, alfabetización, conocimientos, valor, pundonor, convicción, esperanza, colaboración incondicional, amor y vida.

Cuba un pueblo movilizado en batallones de mujeres y hombres con batas blancas, overoles y camisas de faena armados de estetoscopio, mascarilla, bisturí, lápiz, libreta, pincel, guitarra, azada, barreno, cooperación incansable, brazos y manos fraternales profunda fe en el triunfo de la vida y cubanía desbordante; que ha llevado y sigue llevando la solidaridad y la hermandad por todos los continentes para vencer las tragedias humanas y la violencia del analfabetismo, la desnutrición infantil, la insalubridad pública, la escasez de médicos, la miseria y el abandono de los derechos fundamentales, los desastres naturales y sociales, las pandemias y epidemias como el apostolado martiano de «patria es humanidad».

Hacemos nuestra la verdad versada por José Martí: «Amor con amor se paga» y «Honrar honra».

Nuestra fuerza emocional con el pueblo de la República Bolivariana de Venezuela.
Óscar Barrantes Rodríguez
Circulo Bolivariano Yamileth López
Miembros del Equipo de Intelectuales: Mujeres y Hombres de Ciencias de la Red Latinoamericana y Caribeña de Solidaridad con Cuba y Causas Justas.

Venezuela salió perdiendo

Por Nacho Montes de Oca / pressenza

Tras el ataque militar a Venezuela en enero de este año, Estados Unidos saqueó frenéticamente los recursos estratégicos de Venezuela, como el petróleo y el oro. Estados Unidos compra y vende petróleo venezolano a través de cuentas bancarias controladas por el gobierno estadounidense, fiscalizando por la fuerza los ingresos originalmente destinados a Venezuela y permitiendo que Venezuela utilice solo una pequeña parte para comprar bienes a precios elevados en EEUU como un requisito obligatorio.

Los mecanismos de liquidación y uso de los ingresos por venta de petróleo no son transparentes. El ministro de Energía de EEUU, Chris Wright, declaró públicamente que se vendieron al menos U$S 150 millones de barriles de crudo venezolano desde el 3 de enero. Incluso a un precio medio previo al conflicto en Oriente Medio de U$S 60 por barril, los ingresos por ventas de petróleo deberían haber sido de U$S 9.000 millones. Sin embargo, según informes de los medios, Venezuela solo recibió hasta ahora U$S 500 millones de dólares. Además, el ministro del Interior de EEUU, Doug Burgham, afirmó públicamente que había llegado a los EEUU oro por valor de U$S 100 millones procedentes de Venezuela, pero no se reveló si Estados Unidos le pagó ese monto a Venezuela.

Bajo las sanciones y bloqueos prolongados de Estados Unidos, la inflación de Venezuela se disparó un 475% en 2025, un 71% en lo que va de año y registra un aumento anual esperado del 271,6%. En abril de este año, en términos anuales, el dólar estadounidense subió un 403% frente a la moneda oficial venezolana. El nivel de vida de las clases media y baja, cuyos principales ingresos están en moneda local, fueron afectados gravemente.

Aunque el gobierno venezolano afirma utilizar parte de los ingresos de la venta de petróleo para subvencionar los medios de vida de la población debido al control estricto de parte de Estados Unidos, la actual escasez de divisas es grave y la idea de «sembrar el petróleo» no mostró resultados reales.

En 2026, Venezuela es escenario frecuente de diversas protestas y huelgas, con trabajadores industriales, profesores universitarios y otros grupos que exigen continuamente aumentos gubernamentales en salarios y pensiones. El 9 de abril, algunos sindicatos venezolanos organizaron una marcha de cientos de trabajadores activos y jubilados en la capital, Caracas, exigiendo salarios mínimos y pensiones más altos. Durante el proceso, estallaron enfrentamientos físicos con la policía y los agentes utilizaron gases lacrimógenos y otros medios para hacer cumplir la ley. El día 16, el Sindicato Nacional de Sindicatos de Venezuela organizo otra manifestación en la capital, con varios representantes sindicales presentando peticiones a la Embajada de Estados Unidos en Venezuela respecto a estas demandas, convocando elecciones dentro del año, mayores ingresos de los trabajadores, contención de la inflación y la liberación de presos políticos.

Halcones de RAND: Cuba y Venezuela como objetivos

José A. Amesty Rivera

En mayo del presente año 2026, la organización estadounidense RAND Corporation publicó un informe que prendió las alarmas en América Latina. El documento, llamado “Multiplicadores de poder en las Américas”, dice que Estados Unidos debe aumentar su presencia militar, política y de inteligencia en la región para frenar el avance de China, Rusia e Irán.

Aunque el texto habla de apoyo a fuerzas de seguridad, lucha contra el narcotráfico y combate a la corrupción, el mensaje de fondo parece otro, Washington quiere recuperar más control e influencia sobre América Latina.

RAND no es cualquier centro de estudios; desde la Guerra Fría ha trabajado muy cerca del Pentágono y de la política exterior de EEUU. Muchas de sus ideas terminan convertidas en decisiones reales del gobierno norteamericano. Por eso, cuando RAND habla de fortalecer operaciones militares, ampliar la cooperación de seguridad y aplicar estrategias de “guerra irregular”, no se siente como simple teoría, suena más bien como una advertencia política.

Además, el informe aparece en un momento delicado; el gobierno de Donald Trump ha endurecido nuevamente su discurso hacia América Latina, retomando ideas muy parecidas a la vieja Doctrina Monroe, América bajo la influencia de Washington.

En discursos recientes, funcionarios estadounidenses han dicho que China representa una amenaza para el continente y que América Latina debería volver a alinearse con EEUU.

Aunque el informe menciona varios países, Cuba y Venezuela aparecen otra vez como objetivos principales, no es casualidad, ambos gobiernos han mantenido relaciones cercanas con Rusia y China, además de buscar mecanismos económicos alternativos al sistema financiero dominado por EEUU.

RAND señala directamente que Rusia mantiene presencia política y militar en Cuba, Nicaragua y Venezuela, mientras China sigue creciendo mediante inversiones, infraestructura y acuerdos estratégicos.

Pero aquí aparece una contradicción clara; mientras Washington acusa a China de expandir su influencia, EEUU lleva décadas teniendo una presencia mucho más grande en la región, bases militares, cooperación militar, presión económica y acuerdos políticos.

En el caso de Cuba, el tema tiene un peso simbólico enorme; desde 1959, la isla ha sido uno de los pocos proyectos políticos latinoamericanos que ha resistido abiertamente la influencia estadounidense. El bloqueo económico ha golpeado fuerte a la población cubana, especialmente en los últimos años, pero aun así Cuba sigue siendo una referencia política para sectores de izquierda en América Latina.

En marzo de 2026, crecieron rumores sobre posibles acciones militares estadounidenses alrededor de la isla, aunque el Comando Sur negó planes de invasión, reconoció que mantiene capacidad militar activa cerca de Cuba y en la base de Guantánamo.

Eso deja claro que, aunque Washington no hable abiertamente de intervención, la presión militar sigue presente.

El caso venezolano es todavía más complicado; durante años, Venezuela fortaleció sus relaciones con China y Rusia en áreas como petróleo, defensa e infraestructura, esto convirtió al país en un punto clave de la disputa global entre Washington y sus rivales.

Medios internacionales reportaron que, después de operaciones estadounidenses realizadas a comienzos de 2026, contra el liderazgo venezolano, aumentó la presión política y militar sobre el país.

El informe de RAND encaja perfectamente en este escenario; el documento dice que hoy las diferencias entre amenazas estatales y grupos criminales son “difusas”, y esta idea preocupa, porque históricamente ese tipo de discurso ha servido para justificar sanciones, operaciones encubiertas e incluso intervenciones militares.

Esto ya pasó antes en América Latina; durante décadas, EEUU utilizó el argumento de la “seguridad nacional” para intervenir directa o indirectamente en países considerados contrarios a sus intereses. Guatemala en 1954, República Dominicana en 1965, Chile en 1973, Panamá en 1989 y las guerras en Centroamérica durante los años 80 son ejemplos claros.

Hoy el lenguaje cambió, ya no se habla tanto de comunismo, sino de narcotráfico, terrorismo, corrupción o influencia china o rusa; pero la lógica política se parece bastante, presentar una amenaza para justificar más control y presencia militar.

Otro de los temas centrales del informe es China; RAND deja claro que para EEUU el problema ya no es solamente el narcotráfico, sino también el crecimiento económico chino en América Latina.

Según declaraciones recientes del Comando Sur, Washington vigila puertos, proyectos espaciales e infraestructuras ligadas a empresas chinas en varios países latinoamericanos.

Estados Unidos dice que muchas de esas inversiones podrían tener uso civil y militar al mismo tiempo; este discurso recuerda bastante al que se utilizaba durante la Guerra Fría contra la Unión Soviética.

Pero para muchos gobiernos latinoamericanos, China representa otra cosa, financiamiento, comercio e inversiones sin las condiciones políticas tradicionales de Washington o del Fondo Monetario Internacional. Países como Brasil, Perú, Argentina, Bolivia y Venezuela han aumentado mucho sus relaciones con Beijing en los últimos años.

Obvio que China busca influencia, recursos y mercados, pero varios gobiernos de la región consideran que tener relaciones con distintas potencias les da más independencia y reduce la dependencia histórica de EEUU.

Aquí aparece otro tema sensible, la desdolarización. El crecimiento de mecanismos comerciales fuera del dólar preocupa mucho a Washington. Los BRICS y otros espacios internacionales impulsan alternativas financieras que podrían reducir el peso mundial de la moneda estadounidense.

Por eso RAND, insiste tanto en que el Pentágono debe responder también frente a la “presión económica” china y rusa. El problema es que esa lógica puede abrir la puerta a justificar acciones políticas o militares por motivos económicos.

Quizás lo más preocupante del informe es su tono; RAND dice que EEUU debe prepararse para actuar en escenarios de competencia, crisis y “guerra irregular”. También propone aumentar el uso de fuerzas especiales, cooperación militar y mecanismos de seguridad regional.

Al mismo tiempo, funcionarios estadounidenses han dicho recientemente que los carteles del narcotráfico solo pueden enfrentarse con fuerza militar.

Este discurso genera preocupación porque América Latina conoce muy bien las consecuencias de la militarización. La llamada “guerra contra las drogas”, impulsada durante décadas, dejó miles de muertos en países como México y Colombia sin resolver realmente el problema del narcotráfico.

Además, usar el crimen organizado como argumento para aumentar presencia militar extranjera puede terminar debilitando la soberanía de los países de la región.

Muchos analistas creen que detrás de todo esto hay una pelea mucho más grande, el control político y estratégico del continente en medio de la competencia mundial entre Estados Unidos y China.

Lo que está pasando se parece cada vez más a una nueva Guerra Fría, ya no entre capitalismo y socialismo, sino entre un mundo dominado por EEUU y otro más multipolar.

En esta disputa, América Latina vuelve a convertirse en una región estratégica; petróleo, minerales, rutas comerciales, telecomunicaciones y mercados hacen que el continente tenga un valor enorme para las grandes potencias.

Cuba y Venezuela aparecen como símbolos de resistencia frente a la influencia estadounidense, mientras China y Rusia aprovechan las tensiones históricas entre Washington y varios gobiernos latinoamericanos para ganar espacio.

La gran pregunta es si América Latina podrá mantener cierta independencia o terminará atrapada otra vez entre potencias mundiales.

El informe de RAND deja claro que sectores del poder estadounidense creen que llegó el momento de recuperar influencia política y estratégica en el continente, pero América Latina ya no es la misma de hace décadas, hoy existen gobiernos, movimientos sociales y alianzas internacionales que buscan más autonomía.

Por eso, cualquier intento de imponer presión extrema o soluciones militares podría aumentar todavía más la tensión y la inestabilidad en la región.

Al final, detrás de términos técnicos como “asistencia de seguridad”, “guerra irregular” o “multiplicadores de poder”, aparece una realidad vieja y conocida, la pelea por el control político y económico de América Latina sigue viva, y Cuba y Venezuela continúan estando en el centro de esa disputa.

Panel abordará el papel de América Latina en el conflicto geopolítico, con énfasis en Venezuela – Alternativas

El programa Alter Nativas realizará un espacio de análisis titulado “América Latina actor principal del conflicto geopolítico: el caso de Venezuela”, con la participación de un panel de personas invitadas de amplia trayectoria académica, social y comunicacional.

El panel estará integrado por Jorge Coronado Marroquín, sociólogo con estudios en Ciencias Políticas y economista político, egresado de la Escuela Libre de Estudios Superiores de Berlín, Alemania; Carlos Manuel Vega Bolaños, ingeniero agrónomo, luchador social y dirigente comunal y sindical; Eduardo Medina Guevara, coordinador general de la plataforma comunicacional internacional Rompiendo Fronteras, productor audiovisual y conductor del programa Al Encuentro, Abrebrecha Venezuela; y Luis Ángel Salazar Oses, profesor jubilado de Filosofía y Educación de la Universidad de Costa Rica y la Universidad Estatal a Distancia.

El espacio de reflexión propone analizar el rol de América Latina en el actual escenario geopolítico internacional, tomando como eje el caso de Venezuela, y abordando sus implicaciones políticas, sociales y regionales.

La transmisión se realizará en vivo el viernes 23 de enero de 2026, a las 18:00 horas (UTC -6), a través de las plataformas Facebook Live, YouTube y Spotify, y contará además con la retransmisión de diversas emisoras amigas.

Entre las emisoras participantes se encuentran Radio Guanacaste (106.1 FM), Radio Soberanía, Radio Revolución, 506 Ondas Alajuelita Radio y Voces Libertarias (97.3 FM), ampliando el alcance del programa a distintos territorios del país.

Esta iniciativa busca fomentar el análisis crítico, el pensamiento político y la comprensión regional de los conflictos internacionales, desde una perspectiva latinoamericana y plural.

Los pueblos resisten a el “Cartel del Norte”

Rafael A. Ugalde Q*

Fidel Castro:” Los hombres pueden morir, ¡pero los ejemplos no morirán jamás!; los hombres pueden morir, ¡pero las ideas no morirán jamás!”

“No tienen moral para señalar a Cuba en nada, absolutamente en nada, quienes convierten todo en negocio, incluso las vidas humanas”, afirmó categóricamente el jefe de Estado cubano, Miguel Díaz Canel, al referirse a lo que calificó como una campaña de hostilidad y descrédito contra la nación caribeña.

El gobierno cubano repatrió los restos mortales de 32 soldados caídos en combate durante la invasión imperialista contra la República Bolivariana de Venezuela, el pasado 3 de enero. Por siete días la bandera de la estrella solitaria estuvo a media asta en señal de duelo.

En declaraciones recogidas por el medio de información “Cubanet”, el dirigente revolucionario destacó la falta de moral de la administración estadounidense de cualquier señalamiento contra la realidad de la mayor de las Antillas.

Quienes hoy “drenan histéricos” contra Cuba lo hacen, preciso, movidos por la rabia ante la decisión soberana del pueblo cubano de elegir su propio modelo político.

En ese sentido, rechazó los intentos de responsabilizar solo a la Revolución por las severas carencias económicas que enfrenta el país.

Y a decir verdad, en torno a la negativa de responsabilizar a más de 60 años de bloqueo financiero y comercial, en parte por los problemas que sufre la nación caribeña, hay que señalar como las oligarquías y sus ondulantes voceros de las burguesías regionales montan el relato enviado desde las distintas administraciones norteamericanas encaminado a tapar el resuello a la Revolución y los logros alcanzados en distintos campos por el socialismo.

Extraña, empero, como esta jefeategia de hacer aparecer el socialismo enemigo de los” derechos humanos”, la “libertad”, la “democracia”, etc., frente un sistema capitalista que además de garantizar los anteriores valores, es él la garantía de absoluto “desarrollo”, la “justicia” independiente y el respeto de el “Derecho Internacional” contra la ley del más fuerte, aún hoy después de la reciente invasión a los venezolanos en búsqueda de petróleo, minerales, secuestro de un Jefe de estado y robos de barcos petroleros en alta mar. Se necesita ser discapacitado mentalmente para seguir hablando de “dictaduras”, “democracia” liberal representativa y defendiendo los derechos humanos totalmente ideologizados, cuando esos paradigmas capitalistas quedaron destrozados desde sus entrañas por el imperialismo y sus burguesías sátrapas, luego de la criminal invasión a los venezolanos.

Es repugnante para estos soñadores de aplicar la “ ley de la selva”, en lugar del diálogo cuerdo, decir a este jefe del “Cartel del Norte” que ahora va por la “liberación” de Cuba, que aplicará la Doctrina Monroe como si no tuviera 203 años de aplicarse como instrumento de sumisión a gobiernos e intentos de recolonizar pueblos enteros, o impunemente ver reírse a este narcisista, cual si fuera el “capo” mayor de esta banda delincuencial, por haberse llevado un gobernante extranjero con todo y su esposa, se autoelige nuevo gobernante de la nación asaltada y empieza a ofrecer a diestra y siniestra sus mejores postores las riquezas ajenas .

Sin embargo, como escribió un día de estos el columnista Martín Caparrós – “El País” 3/1/2026; “El “puto” amo – no es posible que haya gente que oye a Trump y no sientan una tristeza extraordinaria. ¿Cómo pueden tantas personas pensar que ser bruto es ser decente? ¿Cómo logramos desprestigiar así la inteligencia?, preguntaba.

En este sentido, como suele ocurrir a todo imperio cuando está llegando a su fin, la decencia estorba y no vale Inteligencia alguna, sino todo es desesperación de una parte, y promesas a los imperialistas por la otra, de que ambos seguirán succionando la sangre de los pueblos y no detendrán jamás, en ninguna circunstancia, el frenesí sin fin del baile de las máscaras y la fiesta de los vampiros.

Así ocurre con el imperio Romano, el Bizantino, el Persa, el Mongol, el Otomano, el Austrohúngaro, el Británico, el Español, etc., desmoronándose desde adentro, con funestas consecuencia hacia afuera.

En el caso del imperio estadounidense, tiene ahora a su haber una tormenta perfecta desde el mismo momento que la desesperación lleva a instrumentalizar su moneda para financiar las aventuras guerreristas, mantenerse como supuesto “policía” del mundo y vigentes sus tradicionales coartadas. En Viet Nan fue el peligro del “comunismo”, en Afganistán la búsqueda de la “democracia” y un “gobierno estable”, en Irak la presunta presencia de “armas de destrucción masiva”, mientras el pueblo y la República Islámica de Irán, en la llamada guerra de los doce días, dejó al descubierto el embuste de un “enriquecimiento de uranio”, que por cierto, salió carísimo a los nazisionistas de Israel y Estados Unidos.

Los resultados de estas aventuras y la tormenta perfecta en el horizonte, está a mano. Según los datos a octubre del año pasado del Mises Institute – (10/27/2025) – la deuda federal soberana de los EEUU superó los 38 billones de dólares. aumenta además a un ritmo alarmante de veintisiete millones diariamente, pasando de 37 a 38 billones de dólares en solo 73 días.

Por distintas fuentes sabemos ahora que el 80% de esta deuda soberana estadounidense es con entidades estatales, a Japón deben entre 750 mil y 800 mil millones de dólares, mientras a la República Popular China adeudan entre el 2.6% y el 3% de esos créditos, equivalentes entre 60 mil y 80 mil millones de dólares.

Con el agravante monetario para el “Cartel del Norte” que el oro, según observación realizada durante octubre y la primera quincena de noviembre 2025, las principales bolsas dedicadas a comerciar este metal proyectan precios récords para este año 2026, cuyo significado no debería pasar inadvertido para ningún geopolítico en el mundo.

Esta tendencia es interpretada en términos financieros como pérdida de confianza del dólar estadounidense en el comercio mundial. Algo muy grave para quienes defienden el viejo orden, que se cae en pedazo, y beneficioso, sin duda alguna, para el llamado Sur Global.

Suma a todo lo dicho, las transacciones en monedas locales como el rublo ruso, el real iraní, la rupia india, el ran surafricano y el yuan chino, que ganan independencia respecto al dólar estadounidense y el euro.

En este sentido, el conocido programa “Wolff Visión Economic”, reveló esta semana que China empezó a deshacerse de los bonos del Tesoro norteamericano en cantidades nunca antes visto, cambiando las reglas políticas y económicas para las próximas décadas. Después de este movimiento estratégico de los chinos todo cambiará en el mundo, sostiene.

Recordó que los Estados Unidos recibía financiamiento de China y esta nación a cambio tenía libre acceso al mercado norteamericano, pero con las restricciones arancelarias impuestas a todo el orbe por la administración Trump, así como el intento del Occidente colectivo de apropiarse de trescientos mil millones de dólares rusos, ello obligó a el equipo económico del presidente Xi Jinping a realizar movimientos nunca vistos en el tablero de la economía, garantizando ya un “tifón” financiero en Washington.

Los movimientos de los arfiles en este ajedrez asiático no han cesado desde el 4 de enero pasado. Mientras el “cartel” celebraba el “éxito” sin bajas – por el momento han reconocido de mala gana siete heridos – en la operación contra los venezolanos, Xi Jinping dio un golpe inesperado donde más duele a los estadounidenses.

Los cubanos se volcaron durante siete días a rendir reconocimiento a sus 32 soldados caídos en Venezuela.

Los chinos, según reconocieron la prensa china y norteamericana, suspendieron temporalmente la transacción en dólares estadounidense para todos sus negocios con las multinacionales de la guerra Boeing, Lockheet Martin, Raytheon, General Dinámica.

Como sí el golpe anterior no fuera suficiente, ese mismo día 4 de enero, la mayor empresa china del mundo relacionada con redes eléctricas – State Gris Corporación – sin mayores explicaciones comunicó se había desacoplado de toda la tecnología proveniente de Estados Unidos. En otras palabras: no los necesitamos.

Y para que los miembros siguieran festejando por su intento de colonizar a los venezolanos, la petrolera estatal más grande del planeta, Chinne National Petroleum Corporation, comunicó una “Reorganización Estratégica” que anula los contratos de refinación de petróleo con firmas estadounidenses por un monto cercano a los 47 mil millones de dólares anuales. Dando, allí, donde más duele a los yankis.

Así, el petróleo que antes iba a las principales refinerías de Estados Unidos ahora va redirigido a países del llamado “Sur Global” como Brasil, Sudáfrica, India, etc., lo cual significa un posible aumento de 23% en el precio del energético, antes de finalizar 2026.

En este sentido, la presidenta venezolana en funciones, Delcy Rodríguez, declaró en conferencia de prensa que su país sigue las instrucciones dejadas por el gobernante Nicolás Maduro, tendiente a vender el hidrocarburo a quien lo pague y dialogo abierto con todo el mundo.

Los contratos firmados con la empresa Chevron se cumplirán. El petróleo venezolano es del pueblo y seguirá controlado por ´él, que está unido, en paz y exigiendo el regreso de nuestro presidente y nuestra diputada Cilia Flores.

Las categóricas manifestaciones de Rodríguez parecieran dirigirse directamente a Trump, quien ha tenido que reconocer el gobierno chavista como único interlocutor. Recientemente Trump admitió que fue él quien llamó telefónicamente a la lideresa suramericana, luego de haber dicho que China no tendría acceso a más crudo del país bolivariano.

Tanto Rodríguez como el ministro, Diosdado Cabello, han llamado en distintos momentos a cerrar filas a favor de la liberación de Maduro y su esposa Cilia Flores, a mantener la unidad entre el pueblo que no ha parado de movilizarse a favor de sus mártires y a tener confianza absoluta en las fuerzas armadas, la lucha por la paz para mantener el crecimiento económico de 6.5% anual y rescatar el Derecho Internacional sobre la fuerza bruta y el saqueo.

¡Vivos se los llevaron! ¡Vivos nos los traen! ¡Vivan los antimperialistas de Nuestra América! ¡Venceremos!

*Diplomado en Geopolítica y petróleo; periodista, abogado y notario por la U.C.R, miembro del Comité bolivariano de solidaridad Yamileth López.

La AEDIDH condena la agresión militar de Estados Unidos en Venezuela

Luarca (Asturias), 8 de enero de 2026

El 3 de enero de 2026 Estados Unidos consumó una agresión militar contra la R.B. de Venezuela, meticulosamente ejecutada por las fuerzas armadas de EEUU. Fue precedida por un despliegue naval y aéreo sin precedentes frente a las costas de Venezuela, el bombardeo de buques civiles venezolanos, la ejecución sumaria de sus tripulantes y el secuestro de al menos dos petroleros que habían salido de puertos venezolanos.

En la noche del 2 al 3 de enero de 2026 un centenar de aviones militares de los EEUU bombardeó varios objetivos estratégicos y militares de Caracas, causando más de 50 fallecidos, un número indeterminado de heridos y sumiendo en la oscuridad a la capital. Simultáneamente, un comando de helicópteros transportando unos 200 militares estadounidenses, aterrizó en las proximidades del palacio presidencial y secuestró por la fuerza al presidente de la nación y su esposa. Ambos fueron conducidos por sus secuestradores hasta Nueva York y acusados ante un tribunal local de narcotráfico y terrorismo.

Estos hechos constituyen una agresión militar directamente ordenada por el presidente de los EEUU, igualmente culpable de un crimen contra la paz, pues suponen la violación flagrante de los propósitos y principios que se proclaman en la Carta de las Naciones Unidas de 1945, particularmente los principios de prohibición de la amenaza y uso de la fuerza contra la integridad territorial y la independencia política (art. 2.4) de Venezuela; de no intervención en los asuntos de la jurisdicción interna (art. 2.7) de Venezuela; y de arreglo pacífico de las controversias, de conformidad con el derecho internacional (art. 2.3). También se han violado las inmunidades e inviolabilidades que el derecho internacional reconoce a los jefes de Estado y de Gobierno en activo.

El derecho internacional de los derechos humanos ha resultado igualmente violado, en particular el art. 1 (común) de los dos Pactos Internacionales de Derechos Humanos, que reconoce el derecho de todos los pueblos a su libre determinación y a disponer libremente de sus riquezas y recursos naturales. El indisimulado propósito de los EEUU de adueñarse de los inmensos recursos petroleros y otras riquezas naturales del país, agravará aún más la penosa situación de los derechos humanos en la R.B. de Venezuela, tal y como ha sido descrita por la Misión internacional independiente de determinación de los hechos del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. La Misión ha llamado a mantener la atención en las graves violaciones a los derechos humanos y crímenes de lesa humanidad, tales como ejecuciones sumarias, desapariciones forzadas, torturas, la detención arbitraria de más de 900 presos políticos o el exilio de más de siete millones de venezolanos. Las autoridades venezolanas deberán responder de tales violaciones a los derechos humanos, incluso ante la Corte Penal Internacional por los crímenes de lesa humanidad cometidos.

El derecho humano a la paz, que la AEDIDH defiende a través del proyecto de Declaración Universal sobre el Derecho Humano a la Paz, de 30 de enero de 2023, (https://aedidh.org/wp-content/uploads/2023/02/DHP-30.1.2023-final.pdf) ha sido también seriamente violado, pues las personas y pueblos que sufren agresión, colonialismo, neocolonialismo y otros crímenes internacionales, “merecen una atención especial como víctimas de violaciones del derecho humano a la paz” (art. 2.3). La Declaración llama también a los Estados a obedecer “la obligación legal de abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza en las relaciones internacionales» (art. 3.4); a abstenerse de “imponer sanciones unilaterales” (art. 3.5); y respetar “el derecho de todos los pueblos a la libre determinación” (art. 3.8). Por su parte, las víctimas de violaciones a los derechos humanos “tienen el derecho a la verdad, a una compensación, a la justicia, a la reparación y a garantías de no repetición” (art. 7.7).

Denunciamos la agresión militar del 3 de enero de 2026 porque precipita aún más a la comunidad internacional en un abismo de incertidumbre, conflicto y desestabilización regional y mundial, un desorden internacional sin reglas que responde a la ley del más fuerte y a las pretensiones imperiales de los EEUU, que ya ha amenazado a otros países de la región como Colombia, Panamá, Cuba, México, incluso Groenlandia. Es un precedente peligrosísimo que nos devuelve a la guerra fría y al pasado intervencionista de los EEUU, alejándonos aún más de la paz en el mundo. Nos interpela a reclamar a nuestros gobiernos una reacción coordinada en defensa del multilateralismo y del derecho internacional, del respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales de todos sin distinciones, incluido el derecho humano a la paz.

En cuanto a Venezuela, reiteramos junto a la Misión internacional independiente de determinación de los hechos que las autoridades deben liberar inmediatamente a todos los presos políticos, así como respetar los derechos humanos y libertades fundamentales internacionalmente reconocidos y aceptados por Venezuela. En particular, las autoridades venezolanas deben restablecer el Estado de derecho, asegurar la independencia del poder judicial y respetar las libertades públicas, incluida la libertad de prensa, que permitan la celebración de elecciones libres y democráticas bajo supervisión de las Naciones Unidas, de modo que el pueblo venezolano pueda ejercer su derecho de libre determinación, eligiendo en libertad a sus representantes políticos en el más breve plazo posible.

La extrema derecha no sabe cómo colocarse ante la agresión de Trump en Venezuela y el imperialismo de EEUU

Javier Biosca de elDiario.es

La agresión de Trump en Venezuela, el secuestro de Maduro y el imperialismo yankee en acción ha descolocado a la extrema derecha europea, evidenciando tensiones y contradicciones evidentes. ¿Qué es más importante, la soberanía nacional por encima de todas las cosas (normalmente definida por oposición al globalismo y entidades supranacionales que minan el poder de las naciones) —uno de los pilares sobre los que se levanta esa extrema derecha, junto con el racismo, por supuesto— o la eliminación de Nicolás Maduro, retratado durante años como el villano internacional de la derecha y la encarnación de todos los males del pérfido socialismo?

Muchos salieron rápidamente a celebrar la intervención estadounidense. “Debemos alegrarnos por ello y apoyar la restauración de la democracia en Venezuela”, decía un Abascal exultante (aunque eso está por ver. Primero, el petróleo). “La caída de Maduro es un golpe para la mafia sanchista”, añadía estirando el chicle un poquito de más. Geert Wilders, su colega en Países Bajos, también rebosaba alegría: “Bang Boom Maduro gone”.

Dentro del mismo partido europeo, Patriots, hay posiciones mucho más duras que priman con la soberanía, como la de los Le Pen y Bardella en Francia y otros que ni siquiera quieren opinar para no meterse en problemas con papi Trump.

“Hay una razón fundamental para oponerse al cambio de régimen que Estados Unidos acaba de provocar en Venezuela. La soberanía de los Estados nunca es negociable, independientemente de su tamaño, su poder o el continente al que pertenezcan. Es inviolable y sagrada. Renunciar hoy a este principio por Venezuela, por cualquier Estado, equivaldría a aceptar mañana nuestra propia servidumbre”, declaraba Le Pen.

Su línea es la más coherente con el programa de Patriots, del que Abascal, por cierto, es presidente. Dicho programa concluye con esta frase: “Dar prioridad a la soberanía sobre el federalismo, a la libertad sobre los dictados y a la paz”.

Matteo Salvini, vice primer ministro italiano y líder de Lega, invocaba incluso al Papa: “La principal vía para resolver las disputas internacionales y poner fin a los conflictos en curso debe retornar a la diplomacia, respetando el derecho de los pueblos a decidir su propio futuro. Las palabras del Santo Padre son esclarecedoras en este sentido, al instar a la soberanía nacional de Venezuela”.

Otros se encuentran tan descolocados o divididos, que prefieren no pronunciare, como ha sido el caso de la AfD alemana, con una rama más trumpista y otra más prorrusa. Su líder, Alice Weidel, ha tuiteado mucho estos días, pero nada de Venezuela. Su portavoz de exteriores, Markus Frohnmaier, dice que no es su tarea comentar estos asuntos, añadiendo que “el derecho internacional no es una ley natural, sino una herramienta interpretativa política. Lo apruebes o no, lo que cuenta en la escena internacional es la fuerza, no la ética académica”.

Ni siquiera el todopoderoso Viktor Orbán, primer ministro húngaro, lo tenía claro: “Ha sucedido, y estamos considerando si esto es bueno o malo para Hungría”. Hungría fue el único Estado miembro de la UE que se negó a firmar un comunicado conjunto al respecto pidiendo calma, contención y respeto por el derecho internacional.

En una rueda de prensa dos días después, dijo: “2025 fue un año en el que quedó claro para todos que una era en la política internacional había llegado a su fin, con la toma de posesión del presidente Trump dando el golpe final. Como resultado, en 2026 ya estamos viviendo en una nueva era. Por ahora seguimos utilizando el sencillo enfoque de llamar a la era que terminó en 2025 ‘el orden mundial liberal’. Esta tenía sus propias reglas que ya no son válidas; y en 2026 los húngaros tendrán que avanzar en un mundo que funciona según nuevas reglas. Llamamos a la era en la que hemos entrado ‘la era de las naciones’ y, con la debida humildad y modestia, nos consideramos los heraldos de esta era desde 2010”.

Tras varios días de silencio, el FPO austríaco, primera fuerza política en su país, reaccionó a través de su portavoz de Exteriores, Susanne Fürst, que con mucho cuidado trató de no celebrar o criticar la acción: “Austria es un país pequeño y neutral con muchos problemas propios. En política exterior la prioridad es proteger a la propia población, lo que significa, sobre todo, mantenerse al margen de conflictos y guerras que no son nuestros. Eso se aplica tanto a Venezuela como a Ucrania”.

Giorgia Meloni, primera ministra de Italia, intentaba cuadrar el círculo soplando y sorbiendo a la vez: “La acción militar exterior no es la vía a recorrer para poner fin a regímenes totalitarios, pero al mismo tiempo, el Gobierno considera legítima una intervención de naturaleza defensiva contra ataques híbridos a su propia seguridad, como el caso de entidades estatales que alimentan y favorecen el narcotráfico”.

El peso de Trump

Hablando del tema con Franco Delle Donne, autor de Epidemia Ultra, me decía: “Hay un bloque más proatlantista y pro-Trump, como Vox y Milei, que ha articulado mucho su discurso en contra del régimen venezolano desde lo ideológico y lo simbólico. Luego hay posiciones más moderadas como Meloni, que busca cierta independencia de MAGA para no quedar como una suerte de sirviente, aunque en líneas generales apoya. Pero llama la atención las contradicciones que se ven en los partidos más relacionados con Rusia. Al mismo tiempo que defienden a Rusia, o que al menos no se posicionan muy en contra de la misma respecto a Ucrania, condenan esto de Trump”.

Todas estas formaciones tienen, al menos en la práctica, la soberanía sagrada de las naciones como uno de sus pilares (por eso su oposición frontal a una UE centralizada y supranacional). Pero eso se matiza cuando la violación viene por parte de Donald Trump, erigido líder de la internacional reaccionaria. En su reciente Estrategia de Seguridad Nacional, Trump, adoptando la teoría del Gran Reemplazo, el otro gran pilar de estos partidos, ha prometido apoyar a las formaciones «patriotas» para salvar a Europa mientras declara la guerra al continente. Sin embargo, la colisión entre el ‘America First’ y el ‘España First’, ‘Francia First’ o ‘Alemania First’ es cuestión de tiempo, como vimos con los aranceles.

“Que no haya un punto de acuerdo demuestra que no hay una internacional ultraderechista orgánica y organizada, sino que hay espacios y foros en los cuales se discuten y trafican narrativas y fuentes de financiación, pero hay intereses propios en cada uno de esos partidos que en ocasiones no obedecen a alineamientos estratégicos e ideológicos congruentes”, dice Delle Donne.

Trump no solo ha transformado para siempre el Partido Republicano de EEUU, sino también la red de partidos ultraderechistas de Europa.

Una última reflexión evidente, pero necesaria: oponerte a un ataque militar ilegal en Venezuela no te convierte en amante de Maduro, igual que oponerte a la invasión de Irak no te convertía entonces en seguidor de Sadam Husein.