Aquellos lazos – Día Mundial de la Salud Mental Materna

Ricardo Millán
Profesor asociado, Universidad de Costa Rica
Miembro Correspondiente, Academia Nacional de Medicina

Él alzó la mirada apenas escuchó su voz, melodiosa como un abrazo calentito en el corazón. Golpeteó con las manos y los pies, pujando, balbuceando, casi rugiendo emocionado. Ella aceleró los pasos, tiró las llaves y las bolsas del supermercado en el sillón, y corrió a alzarlo, estrujarlo y apapacharlo. Había esperado todo el día ese momento en que por fin, ambos estarían juntos.

Olor a bebé por un lado, a leche materna por el otro. Miradas fijas, enlazadas. Quietud, paz, amor. Dos latidos cardiacos que marchan al mismo ritmo, que se compaginan. A ella no le importa ya el trajín del trabajo ni el déspota de su jefe; él, acurrucado, no pareciera tener más necesidades porque ya todas están cubiertas.

Han pasado 15 meses de un diálogo continuo, cuando ella supo que estaba embarazada. Desde entonces, unas palabritas por allá, una música de Mozart por acá y unas pataditas como respuesta. Años después, él se enteraría en voz de la abuela que se sentía tan cómodo adentro, que el doctor tuvo que inducir el parto a las 40 semanas de embarazo porque salir no estaba en sus planes.

No importaron las noches en vela, las congojas para que agarrara el pecho, el cansancio exponencial ni el trabajo extra. Cada tarde, al ser cerca de las cinco, aquellos lazos se apretaban con fuerza, una vez más.

Una buena salud mental materna promueve directamente el desarrollo de un vínculo madre-hijo/hija seguro. Se trata de una asociación de supervivencia y evolución, que permite que el bebé, desde el momento mismo de la concepción, vea satisfechas todas sus necesidades físicas y afectivas. Es lo que permite que un niño o niña crezca con la certeza de que hay una persona disponible, protectora, afectiva, que sabe leer ¾y conectar¾ con sus necesidades.

Tiempo después, cuando esta dinámica se ha consolidado, este bebé contará con las destrezas necesarias para modularse a sí mismo en aquellas circunstancias en que la madre no esté inmediatamente disponible (por ejemplo, por razones laborales o cuando se inicia la socialización con otras personas de su edad). Una vez juntos de nuevo, podrán conectar con facilidad, como si nada hubiera pasado.

Por el contrario, incluso a pesar de todos sus esfuerzos, cuando una mujer enfrenta una depresión postparto, existe una mayor posibilidad de que ese vínculo se torne inseguro. Mamá no logrará identificar adecuadamente las necesidades de su bebé, las que irán quedando descubiertas, activando así un estado de alarma persistente que bien podría traerle consecuencias más adelante.

Hoy, en el día mundial de la salud mental materna, todas las mamás ¾y claro, todos los papás también¾ tenemos la gran oportunidad de echar una mirada a nuestra propia historia, comprendiendo qué factores nos pudieron haber afectado, desconectándonos de nuestros hijos. Si este fue el caso, toca pasar la página, hicimos lo mejor que pudimos con los recursos de los que disponíamos en aquel entonces. Volvámonos entonces hacia el futuro, procurando nuestro autocuidado, fortaleciendo nuestras habilidades, pidiendo ayuda a amigos, familiares, o, incluso, a profesionales, cuando así sea necesario. Estando nosotros mejor, podremos fortalecer el tiempo de calidad que compartimos con nuestros hijos, la atención que les ponemos, las prioridades que establecemos, la escucha que les brindamos, o la lectura de sus necesidades que hacemos. Ese traje nos sentará mejor.

Fotografía “Paz y tranquilidad” del Dr. Ricardo Millán González.