Rafael A. Ugalde Quirós Periodista, abogado y notario por la U.C.R.
Cuando dentro de dos años, la anfitriona Bruselas, pronuncie la clásica «Soyez les bienvenus chers délégués« en la V Cumbre de Estados Latinoamericanos y el Caribe (CELAC – UE), la bienvenida a lo mejor ya haya diferenciado el significado profundo en todos los idiomas entre “sumisión” y “colaboración” y así, entonces, los liderazgos de la región corran mejor suerte.
La extensa resolución final de la IV Cumbre regional y el viejo continente reflejó, por un lado, una visión de sociedad propia y tradicional de quienes defienden el llamado “capitalismo bueno”, gracias a “izquierdas democráticas” “socialismo de consensos”, “frentismos populares”, “coaliciones democráticas” etc., de marcado acervo socialdemócrata y reformista, con un excelente discurso disfrazado de “progresismo” conforme ordena el último grito de moda.
Las discusiones, por otra parte, presentes dentro de la IV Cumbre en Santa Marta, nos dejó la evidencia de una concepción diametralmente opuesta a la anterior, que cree superable el concepto tradicional de democracia como sinónimo de llamar solo a votar en ciertas fechas, encaminada a transformar el modelo con la incorporación activamente de la población en la defensa de las soberanías nacionales y la construcción del sistema de producción y sus relaciones para que, cualquier desarrollo alcanzado, se considere bien de toda la colectividad, por encima de cualquier oferta y demanda.
Se diferencian además de la primera tesis en que establecen con notoria claridad cómo el reformismo resultó en las últimas décadas un aliado incondicional de la Europa profundamente fragmentada y las plutocracias regionales decrépitas, incapaces de levantar proyectos independientes y soberanos, en relación con Estados Unidos y el viejo continente.
Se parecen, pero son como el aceite y el vinagre. Para los primeros es cuestión de “ajustar” y “focalizar” los problemas lógicos derivados de las bondades del ese capitalismo, para que nada o muy pocas alteraciones del sistema haya, al mejor estilo de Max Webber; para los segundos, en cambio, la democracia es más que elecciones cada cierto tiempo, porque creen que cualquier transformación política y económica corre a cargo de las mayorías y son, en última instancia los trabajadores quienes revolucionan toda realidad social.
Así, en Santa Marta estuvieron además sumamente activos un tercer grupo que por ningún motivo se debe perder de vista en los años venideros. Fueron quienes rechazaron a Nuestra América como zona de paz, aplaudieron las exclusiones de naciones en razón del color de la piel, gobierno, asuntos de género, despolitización de los derechos humanos, creen sin tapujos que la plaga del narcotráfico y el terrorismo basta combatirlo a bombazos y aplicación de la pena de muerte generalizada. Son los países cuyos delegados están matriculados con la nueva versión del nazifascismo-sionismo. Son, en síntesis, quienes toda su existencia depende de las órdenes dadas desde Estados Unidos y esperan que la UE tenga éxitos conjuntamente en la nueva aventura de recolonización.
Por último, no hay que perder de vista que en Santa Marta hubo una numerosa delegación de segundo nivel de Europa Comunitaria – pues de peso solo estuvo el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y los primeros ministros de Portugal, Luis Montenegro – que dio cátedra sobre cómo funcionan las nuevas leyes de los imperios.
Foto presidencia de la república de Colombia.
Un grupo de segundones de la UE que conocía el oficio al dedillo y se llevó en banda a quien pestañó.
La declaración final incluyó varios párrafos con términos cómo “colaboración”, “multilateralismo”, “democracia”, “elecciones creíbles”, obviamente como una concesión de la región para que Europa Occidental conserve el monopolio de decir qué comicios son válidos y qué gobierno deben reconocerse en sus antiguas colonias.
Esta versión sesgada a favor de los intereses de las naciones integrantes de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) produjo un intenso debate al interior del encuentro, confirmaron a la prensa local varios diplomáticos acreditados durante el encuentro.
Aunque los europeos lograron imponer contra todos los pronósticos sus intereses, junto a los de Estados Unidos -que no necesitó estar presente, pues tuvo excelentes peones –, la guerra de la OTAN en Ucrania contra la Federación de Rusia produjo el mayor cisma dentro de la cita, que se prolongó más allá del conclave.
El canciller nicaragüense, Denis Moncada Colindres, al terminó de la cita, contó que Nicaragua se apartó de la llamada “Declaración de Santa Marta” por un asunto de principios. “La posición del Gobierno de Nicaragua es clara: No aceptamos y debe ser excluido, eliminado el párrafo que hace referencia a Ucrania”, expresó. De esa manera, precisó a la prensa, hubo consenso para que se aprobara la Declaración de la Cumbre, de lo contrario el pronunciamiento final no sería aprobado. Se refería a que los acuerdos de la CELAC se adoptan por consenso entre sus miembros; cuando hay un desacuerdo se permite acompañar la declaración final con el documento en el cual el país deja constando sus diferencias.
La declaración final, fue suscrita por 58 de los 60 países participantes en la cumbre. Nicaragua y Venezuela se “disociaron” del conjunto del documento, por lo tanto, se promulgaron tres documentos, que ponen en evidencia que el “trato igualitario” tan invocado durante este importante encuentro estuvo lejos de la realidad diplomática.
Para la Europa civilizatoria esta cumbre en tierras latinoamericanas y caribeñas significaba una especie de “luz al final del túnel”, pues es la oportunidad de relanzar más de 500 años de vinculación con la región, dado el complicado tablero geopolítico y el innegable error de cálculo cometido por sus lideres, en relación con el conflicto en Ucrania.
Los principales voceros de la UE reconocen que su economía pasa por problemas para competir con China, sus arsenales de armas están casi vacíos, porque no paró en abastecer a Ucrania, en tanto se obligó a subir de 2 % a 5% el presupuesto para la compra de armamento procedente de Estados Unidos. Y Europa occidental vive de los réditos producidos por los despojos llevados a cabo en América, Asia y África, por eso se acostumbró a transformar materias primas que ahora se les dificulta su obtención.
Por eso, pensando en materias primas, no dudó en escalar un conflicto armado entre Rusia y Ucrania – dos países entre familiarizados y fuera de la OTAN, pensando que con 12 mil sanciones a Moscú pondría de rodilla a Putin y quedaría libre así el acceso a la codiciada zona de Eurasia, rica en enormes cantidades de gas, petróleo, cobalto, oro, uranio, hierro, tierras raras, maderas, precisamente materias requeridas por la plutocracia occidental para sus cadenas de suministros.
No hubo ni lo uno ni lo otro. Sin embargo, los europeos no se llevaron de América Latina y el Caribe la totalidad de muchas de esas materias primas requeridas ahora con urgencia para enfrentar el paso arrollador del dragón chino por el mundo.
Se trata, pues, una vez puesta en contexto la terminología diplomática de la Carta de Santa Marta, de un “multilateralismo” encaminado a entregar las materias primas de la región no solo a los Estados Unidos, sino además a los europeos que, como bloque, ambos defenderán esta parte del mundo como su área exclusiva de dominio contra el surgimiento de nuevos frentes económicos, políticos y de desarrollo socioeconómico en el cambiante tablero geopolítico.
Naciones como Costa Rica, Panamá, El Salvador y Trinidad y Tobago, aunque refrendaron la declaración final de esta Cumbre, presentaron objeciones concretas a los párrafos 10, 18 y 47 de la Carta de Santa Marta relacionados con la cooperación en acción climática y protección del medio ambiente (Párrafo 10), el compromiso con la democracia, los derechos humanos y el multilateralismo (Párrafo 18), y la cooperación en gestión migratoria (Párrafo 47).
Según reveló el vicecanciller colombiano, Mauricio Jaramillo, una vez terminada la cita de Santa Marta, esta estuvo marcada por profundas diferencias y desacuerdos.
Con antelación a esta IV Cumbre CELAC-UE había fracasado el X encuentro denominado de las Américas con la exclusión de Cuba, Nicaragua y Venezuela por órdenes expresas de Estados Unidos y decisión de la Organización de Estados Americanos.
Jaramillo seguidamente amplió detalles revelando que la declaración conjunta de todos los miembros fue resultado de una negociación muy difícil entre 60 delegaciones.
Agregó que, Nicaragua optó por no respaldar el documento completo, mientras agradeció el gesto diplomático de Venezuela de retirarse de la declaración final y evitar así dar al traste con la cumbre, por mantenerse la visión sobre la guerra ucraniana.
Sin embargo, pese al innegable boicot contra esta cumbre por parte de Estados Unidos, en complicidad abierta con los altos cargos de la UE, el presidente colombiano “salvó” a su manera este difícil encuentro en puntos específicos, como el bloqueo comercial y económico contra Cuba y la situación de Palestina, aunque no logró un pronunciamiento concreto a favor de la necesidad de reconocer un Estado palestino con todas las garantías dadas por el Derecho Internacional.
Bruno Rodríguez Parrilla, ministro cubano de Relaciones Exteriores, destacó en la red X el llamado de la Carta de Santa Marta contra el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por el gobierno de Estados Unidos a Cuba desde hace 61 años. Asimismo, subrayó la oposición regional a leyes y reglamentos con efectos extraterritoriales, a que hace referencia la declaración CELAC-UE.
No obstante, había lamentado que el texto final del importante encuentro careciese de una denuncia contundente por el actual despliegue militar de Estados Unidos en el mar Caribe, que pone en peligro “la paz, estabilidad y seguridad regional, aun cuando fue un tema ampliamente discutido durante los debates de la IV Cumbre Celac-UEE”, reveló.
El destructor norteamericano Gerald Ford con misiles nucleares y modernos bombarderos apunta hacia la población venezolana. (F. tomada de Instagram).
La alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, en una reacción recogidas por diferentes agencias de noticias dijo que, si se hubiera mencionado directamente la militarización del Caribe por Estados Unidos en el documento final de Santa Marta, no se habrían “logrado las firmas de algunos países”. “Así funciona la diplomacia”, añadió.
La funcionaria tiene cerca de seis meses de estar en el ojo de la tormenta porque insiste en que la UE se apropie de más de $ 300 mil millones de activos rusos confiados a bancos europeos para financiar la guerra ucraniana.
Asimismo, en declaraciones recogidas por la cadena de noticias CNN Kallas resaltó los buenos acuerdos alcanzados en Colombia y sostuvo que vamos a seguir siendo un socio comercial “predecible” y “confiable”, concluyó.
¿Qué les parece si hablamos de recolonización? ¡El que quiera entender que entienda!
La Contraloría General de la República (CGR) aprobó de forma parcial el presupuesto extraordinario N.º 2-2025 de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), que incluye ₡2.700 millones destinados al pago de licencias de cuido para personas responsables de pacientes en fase terminal o con enfermedades graves, conforme a lo establecido en la Ley N.º 7756.
El presupuesto extraordinario, por un total de ₡50.458,8 millones, fue remitido por la CCSS el 6 de noviembre de 2025 y aprobado por la Contraloría el 12 de noviembre de 2025. La CGR aclaró que ahora corresponde a la CCSS ejecutar dichos recursos, trámite en el cual la Contraloría no tiene responsabilidad directa.
Fondos aprobados
De acuerdo con el informe DFOE-BIS-0653-2025, los recursos aprobados comprenden:
₡2.700 millones provenientes del Fondo de Desarrollo Social y Asignaciones Familiares (FODESAF) para financiar el subsidio de licencias de cuido.
₡42,5 millones por ingresos no tributarios para la compra de insumos médicos.
₡10.832,6 millones en transferencias corrientes del Gobierno Central para cubrir servicios a trabajadores independientes y asegurados voluntarios.
₡25.329 millones en transferencias del Gobierno Central para amortizar deudas con la CCSS.
₡10.054,7 millones del FODESAF para pensiones de personas adultas mayores en situación de pobreza.
Aprobación y fundamentos legales
La resolución se fundamenta en las atribuciones de la Contraloría establecidas en los artículos 184 de la Constitución Política y 18 de la Ley Orgánica de la CGR N.º 7428, así como en la Ley N.º 7756, que garantiza el subsidio a responsables de pacientes terminales o menores gravemente enfermos.
Además, la aprobación responde al cumplimiento de resoluciones recientes de la Sala Constitucional (N.º 2025035754 y N.º 2025035801), que ordenaron a la CCSS y al FODESAF realizar los pagos de manera inmediata, al considerar que estos subsidios tienen carácter constitucional y no pueden ser postergados.
La CGR precisó que el análisis de legalidad del presupuesto se limita al cumplimiento de los requisitos normativos, y que la ejecución de los fondos es responsabilidad exclusiva del jerarca y los titulares subordinados de la CCSS.
Finalmente, el documento reitera que la aprobación de los recursos no implica pronunciamiento sobre la elegibilidad individual de las personas beneficiarias, sino sobre la congruencia legal y constitucional de la incorporación presupuestaria.
El Núcleo de Investigación y Acción en Psicología y Violencia invita al lanzamiento de su más reciente documento de trabajo, titulado “Una propuesta para pensar, analizar y trabajar la violencia que agobia nuestros días”, el cual busca abrir un espacio de reflexión crítica y acción frente a las múltiples expresiones de violencia que afectan la vida cotidiana de las personas y comunidades en Costa Rica.
El documento parte del compromiso ético y profesional de la psicología con la transformación social, proponiendo herramientas conceptuales y metodológicas que permitan abordar la violencia desde una perspectiva integral. La propuesta incluye ejes para el análisis de la violencia estructural, simbólica, de género y comunitaria, con el fin de aportar insumos para la acción profesional, institucional y colectiva.
🗓 Fecha: Lunes 17 de noviembre de 2025 💻 Modalidad: Virtual (Zoom) 📲 El código QR del afiche permite acceder directamente al enlace de la reunión.
La Universidad de Costa Rica (UCR), a través del Programa de Posgrado en Sociología, organiza el seminario “Movilidad humana y migración: cuerpos, fronteras, luchas y resistencias en el siglo XXI”, que se llevará a cabo del 18 al 21 de noviembre de 2025, en modalidad presencial y con transmisión por redes sociales.
El encuentro, coordinado junto con la Asociación Centroamericana de Sociología (ACAS), el Colegio de Profesionales en Sociología de Costa Rica y el Servicio Jesuita para Migrantes, busca analizar críticamente los procesos de movilidad humana y sus implicaciones sociales, económicas y políticas en el contexto de las transformaciones geopolíticas actuales.
El documento base del seminario plantea que las múltiples crisis del capitalismo contemporáneo —guerras, violencia estructural, cambio climático y endurecimiento de las fronteras— han situado la movilidad humana en el centro de los debates globales. Frente a visiones que reducen a las personas migrantes a víctimas o “problemas a gestionar”, se propone un enfoque que reconozca sus luchas y resistencias como sujetos políticos.
Un campo crítico de estudios migratorios
El seminario propone la construcción de un campo crítico que:
Reconozca los saberes situados desde el Sur Global.
Ponga en el centro las luchas migrantes y su papel político.
Analice la movilidad como proceso histórico, desigual y atravesado por clase, género y raza.
Aborde las fronteras como espacios de disputa y resistencia.
Visibilice cómo los discursos securitarios alimentan racismo y xenofobia.
Programa del Seminario
Martes 18 de noviembre – Inauguración 🕒 3:00 p.m. | Sala Multimedia, Facultad de Ciencias Sociales Conferencia inaugural:Reconfiguración de los corredores migratorios en América Central: Movilidades y sistemas globales desiguales, a cargo del Dr. Guillermo Navarro Alvarado (UCR). Palabras introductorias: Dra. Nancy Piedra Guillén, directora del Posgrado en Sociología. Modera: Lic. Jesús Alberto Chavarría Cuadra.
Miércoles 19 de noviembre – Mesa 1: Subjetividad, cuerpo y fronteras 🕔 5:00 p.m. | Sala del Posgrado en Sociología
Agencia emocional y resiliencia de juventudes migrantes nicaragüenses en Costa Rica – Lic. Fabián Chavarría Calderón.
Autonomías y luchas por la permanencia de personas migrantes nicaragüenses – Lic. Jesús Alberto Chavarría Cuadra.
Cuerpos narrados, cuerpos dibujados: movilidades contemporáneas en Centroamérica – Dr. Guillermo Acuña González. Modera: Dra. Nancy Piedra Guillén.
Jueves 20 de noviembre – Mesa 2: Derechos humanos y protección internacional 🕑 2:00 p.m. | Mini auditorio 609, Facultad de Ciencias Sociales
Movilidad forzada en Costa Rica en contexto de desprotección y deshumanización – Lic. Adam Álvarez Calderón.
Movilidad humana y políticas públicas – M.Sc. Harold Alejandro Villegas Román.
Defensa de derechos humanos de migrantes como deber y derecho – Br. Jhoswel Antonio Martínez. Modera: Mtra. María José Chaves Groh.
Jueves 20 de noviembre – Mesa 3: Discursos mediáticos y percepción pública 🕠 5:30 p.m. | Actividad virtual por Zoom
Discurso mediático en República Dominicana: otredad e identidad nacional – Lic. Estefany Viviana Polanco Matos.
Hacer música es hacer comunidad – Mtra. Ceshia Ubau Molina. Modera: M.Sc. David Mora Castillo.
Viernes 21 de noviembre – Clausura 🕥 10:30 a.m. (Costa Rica) | Actividad virtual Conferencia de clausura:Violencia racializada en la geografía fronteriza – Dr. Ignacio Mendiola Gonzalo, Universidad del País Vasco. Modera: Dra. Laura Paniagua Arguedas, directora del Doctorado en Ciencias Sociales sobre América Central, UCR.
El seminario será transmitido por las redes sociales de la WebTV de la Facultad de Ciencias Sociales, el Colegio de Profesionales en Sociología de Costa Rica y la Asociación Centroamericana de Sociología (ACAS).
📍 Inscripción: mediante el código QR del afiche o en las redes institucionales. 📅 Fechas: del 18 al 21 de noviembre de 2025 📲 Transmisión: Facebook y YouTube
Este artículo reflexiona sobre el colapso del socialismo democrático y el ascenso de nuevas formas de fascismo en Europa y América Latina. El primer capítulo analiza cómo los países nórdicos, otrora bastiones del pacto social, han sido seducidos por discursos autoritarios, mientras en América Latina las maquinarias electorales y los algoritmos reemplazan a los ejércitos como instrumentos de control. El segundo capítulo se centra en Costa Rica, donde la multiplicación de partidos sin ideología, el descrédito del sistema electoral y el ataque a la institucionalidad desde el propio poder estatal configuran un escenario de grave deterioro democrático. El texto propone una lectura ética y literaria del presente, y plantea la necesidad de repensar el mito del ave fénix como tarea colectiva ante la crisis de humanidad.
Palabras clave: Socialismo democrático, fascismo digital, crisis institucional, Costa Rica, autoritarismo, sindicatos, democracia, ética política
Capítulo I: El fin del socialismo democrático y el renacer del fascismo
Hubo un tiempo en que el socialismo democrático fue más que una etiqueta. Fue una promesa. En los países nórdicos, esa promesa se tradujo en hospitales públicos, educación gratuita, sindicatos fuertes y partidos que aún cantaban. Se creyó que el capitalismo podía ser domesticado, que el mercado podía servir sin devorar, que el trabajo podía tener dignidad sin pedir permiso al capital (Gomariz, s.f.).
Pero ese tiempo se ha ido. Hoy, incluso las sociedades que fueron modelo de equidad escuchan los cantos de sirenas autoritarias. En Suecia, Finlandia y Dinamarca, crecen partidos que hablan de orden, de fronteras, de pureza. La guerra fría, que parecía enterrada, resucita como espectro, no solo en lo militar, sino en lo cultural y simbólico (Urrego Ardila, 2022). Se rearma, se vigila, se teme. El pacto social se deshilacha, y en su lugar se instala la sospecha.
En América Latina, el paisaje es semejante, aunque con sus propios matices. Aquí no son los tanques los que avanzan, sino los algoritmos. Las maquinarias electorales se perfeccionan, los ejércitos quedan a la retaguardia, y los sindicatos se refugian en discursos que ya no conmueven. Los partidos políticos han perdido sus ritos, sus cantos, su capacidad de convocar desde la emoción colectiva. Con excepciones luminosas —Uruguay, Brasil, Colombia— el continente parece rendirse a una nueva forma de fascismo: más digital, más emocional, más eficaz (Trindade, 2003; Borón, 2003).
Este nuevo fascismo no necesita uniformes ni marchas. Se disfraza de eficiencia, de modernidad, de sentido común. Promete seguridad, orden, progreso. Pero lo que ofrece es miedo, exclusión, silencio. No busca convencer: busca saturar. No construye comunidad: la reemplaza por tribus digitales. No propone futuro: administra el presente como si fuera eterno.
Y mientras tanto, los que aún creemos en lo humano, en lo colectivo, en lo justo, nos preguntamos: ¿a qué oponernos? ¿A quién apoyar? Los liderazgos se construyen en redes, se consumen como productos, se olvidan como memes. La juventud, despojada de esperanza, ya no quiere reproducirse. Adopta mascotas, se sumerge en pantallas, se repliega. Lo social se desplaza, lo político se diluye, lo humano se desvanece.
Tal vez, como decía Gomariz (s.f.), solo las comunidades más “atrasadas” puedan salvarse. Las que aún cultivan la tierra con las manos, las que aún cuentan historias en la plaza, las que aún entierran a sus muertos con canto. Tal vez allí se guarde la semilla de un nuevo comienzo.
Pero no basta con esperar. Es hora de repensar el mito del ave fénix. No como consuelo automático, sino como tarea ética. Reconstruir lo humano desde las cenizas, con memoria, con coraje, con palabra. Porque si algo nos queda, es la capacidad de resistir, de narrar, de cuidar.
Capítulo II: Costa Rica: el deterioro democrático y el riesgo de colapso institucional
Costa Rica, país que alguna vez fue símbolo de estabilidad democrática en América Latina, atraviesa hoy una crisis profunda, no solo institucional, sino ética. La multiplicación de partidos sin ideología, la banalización del liderazgo político y el uso del poder estatal para desacreditar el sistema electoral configuran un escenario alarmante (Cortés Ramos & Fernández Alvarado, 2021).
Los partidos políticos han dejado de ser espacios de deliberación y proyecto. Se han convertido en plataformas de ocasión, sin raíces ni propuestas. Los líderes que emergen son fatuos, construidos por redes sociales, sin trayectoria ni compromiso. La política se ha vuelto espectáculo, y la institucionalidad, blanco de ataques desde el propio poder ejecutivo.
El Tribunal Supremo de Elecciones, pilar de la democracia costarricense, ha sido objeto de sospechas infundadas, sembradas desde el discurso oficial. Esta estrategia, que recuerda el modelo argentino de deslegitimación institucional (Trindade, 2003), se despliega ahora desde el centro mismo del Estado, con una eficacia inquietante.
Los sindicatos, otrora actores de resistencia, sobreviven en discursos, pero enfrentan descrédito, fragmentación y persecución. La ciudadanía, desorientada, se repliega en la individualidad, mientras crece el riesgo de una ruptura mayor. No es exagerado hablar de una posible segunda guerra civil, no en términos bélicos tradicionales, sino como colapso del pacto social, del respeto mutuo, de la convivencia democrática.
Este tema no es para jugar. La democracia no está escrita en piedra. Requiere cuidado, memoria, coraje. Y hoy, más que nunca, exige una palabra clara, una resistencia ética, una reconstrucción desde las ruinas. Esperamos que se trate de un eclipse y no el inicio de una nueva historia de terror para la humanidad.
Cortés Ramos, A., & Fernández Alvarado, D. (2021). Órdenes sociales, regímenes políticos y geopolítica en Centroamérica: una lectura de larga duración en el contexto del bicentenario. Anuario de Estudios Centroamericanos, 47(2), 1–30. https://doi.org/10.15517/aeca.v47i2.48291
Gomariz, E. (s.f.). Reflexiones sobre el socialismo democrático y la socialdemocracia. Manuscrito inédito.
Urrego Ardila, M. A. (2022). Totalitarismo, fascismo y su importancia para América Latina: continuidad de la Guerra Fría en el campo cultural y las ciencias sociales. Revista de Estudios Latinoamericanos, 34(1), 45–67. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/9016543.pdf
Las imágenes recientes de la marcha encabezada por figuras del Partido Liberación Nacional (PLN) bajo la consigna “Defendamos Costa Rica” confirman lo que advertí en un artículo anterior publicado en otro medio (Las consignas de la oligarquía): los sectores que históricamente se beneficiaron del modelo de dominación económica y simbólica de la oligarquía criolla vuelven a ocupar el primer plano del escenario público, esta vez disfrazados de defensores del pueblo. Pero lo verdaderamente alarmante no es su teatralidad, sino la participación utilitaria de las universidades públicas y los sindicatos, que terminan sirviendo de andamiaje legitimador a quienes entregaron la soberanía nacional en el altar del neoliberalismo.
No hay que olvidar que el PLN fue el artífice de la apertura comercial que devastó la agricultura, desmanteló el Estado social y erosionó la paz social construida a pulso durante décadas. Fueron sus gobiernos los que convirtieron la educación en una mercancía, la salud en un negocio y el trabajo en una precariedad institucionalizada. Que hoy aparezcan marchando por la “defensa del agro” o la “unidad nacional” no es más que un gesto de cinismo histórico: quienes destruyeron la casa ahora posan como sus guardianes. Y lo hacen de la mano de un aparato universitario que, en lugar de producir pensamiento crítico, se presta al juego mediático de la democracia liberal, confundiendo “presencia cívica” con neutralidad académica.
El problema no es que la universidad participe en el debate público —de hecho, debe hacerlo—, sino desde qué lugar y con qué conciencia lo hace. Cuando lo hace sin distanciamiento crítico, cuando se alinea con las fuerzas políticas que vaciaron de contenido al Estado y al bien común, cuando pone sus símbolos y su legitimidad al servicio de intereses partidarios, renuncia a su función emancipadora. No es el pueblo quien marcha, sino la razón crítica convertida en procesión institucional, donde las universidades, en vez de interpelar el poder, se suman a su liturgia. Lo que se presenta como civismo no es sino una escena de restauración simbólica del orden político que las alimenta.
Lejos de haberse vestido de pueblo, como alguna vez soñaron la conquista de la institución educativa quienes le sembraron al lado del pensamiento crítico latinoamericano, la universidad corre el riesgo de culminar por disfrazarse de pueblo para servir al poder. Es el pueblo —el que trabaja, produce, resiste y sostiene lo común— quien encarna hoy las múltiples fracturas de una “democracia” forjada al calor de la evasión, la impunidad y la decadencia moral que sin ningún pudor llaman “institucionalidad”. Es junto al pueblo que también la vieja política negó que el futuro de la universidad debe surgir sin temor a afirmarse como actor social y popular. Allí radica su legitimidad: en el vínculo con la vida concreta, material, espiritual del pueblo que le sostiene, no en la obediencia cómplice de una aristocracia nobiliaria cuyos apellidos se extienden desde la Colonia hasta la actualidad sobre la base de la explotación sistemática de aquellos a quienes ahora se atreve a llamar “compatriotas”.
Si es verdad que la historia habría de repetirse dos veces, primero como tragedia y luego como farsa, como pensaba Marx tras el golpe que disolvió la república francesa y devolvió el poder a los herederos del viejo imperio, la tragedia que como país hemos experimentado los últimos 20 años han estado promovidos por la voracidad egoísta, individualista y egocéntrica con que el PLN anunciaba durante la negociación del TLC (2007) que sin duda, “como en toda negociación” decían, habrían “ganadores” y “perdedores”. La tragedia se ha hecho carne en nuestra nación con la entrega del país y de sus instituciones a los intereses de las dinastías mediáticas y financieras: la familia Jiménez, que desde La Nación y su participación en FIFCO ha moldeado candidaturas y opinión pública a su antojo; los Picado Cozza, dueños de Teletica, cuyo Canal 7 se erige como altavoz de una élite política y financiera que siempre está a salvo; los hermanos Arias, capaces de armar un bloque de 41 diputados para controlar la Asamblea y la agenda legislativa; las cámaras empresariales agrupadas en UCCAEP, junto a empresarios como los Quirós, los Raventós o Simaan, que compran favores electorales y dictan la política económica a cambio de aportes millonarios en las campañas políticas de quienes les protegen. Mientras eso ocurría la Farsa se hacía carne esta mañana bajo esa misma bandera que sin ningún pudor han mancillado los mismos partidos que privatizaron la tierra, la educación, la salud y nuestra paz.
Me dirijo a la institucionalidad universitaria no desde la comodidad del aula ni desde la neutralidad de los informes técnicos con el fin de llenar requisitos del POA, sino desde el cansancio acumulado de quienes sostienen con su cuerpo, su deseo y su precariedad los engranajes del sistema educativo. Desde quienes aman la docencia y la investigación, pero se encuentran ahogadxs en un océano de tareas mal remuneradas, evaluaciones continuas, burocracia interminable y una cultura institucional que glorifica la autoexplotación como si fuera sinónimo de compromiso académico.
La salud mental en la universidad se ha convertido en una bomba de tiempo silenciada. El discurso del bienestar circula como política de imagen, pero no como práctica estructural. Se organizan semanas de salud mental, talleres de mindfulness (así en lenguaje liberal) y charlas de autocuidado, mientras en la práctica los ritmos de trabajo y los niveles de exigencia se intensifican.
Largas jornadas frente a la pantalla, la multitarea permanente y la competencia entre colegas por fondos o reconocimientos institucionales han instalado el cansancio crónico como norma. La universidad, que debería ser espacio de pensamiento crítico y emancipador, se ha transformado en una máquina de productividad emocional que devora la subjetividad de quienes la habitan.
La autoexplotación se ha naturalizado. Se aplaude al docente o investigador que trabaja fines de semana, que responde correos a medianoche, que asume más carga académica “por compromiso con el estudiantado” o “la persona que se pone la camisa de la institución”.
Pero detrás de esa mística del sacrificio del ¨buen empleado¨ hay un sistema que se sostiene en la vulnerabilidad emocional y económica del personal. Los salarios fraccionados (1/4 y 1/2 tiempos), especialmente en los rangos más bajos, son insuficientes para cubrir el costo real de vida. En contextos donde el alquiler, los alimentos y los servicios básicos aumentan cada mes, la perdia de garantias laborales como las anualidades congeladas, la imposibilidad de aumentar la jorda laboral por meio de un 16 bis1, la fata de trnasparencia institusional en estos procesos y el desinteres de las autoridades equivalen a una forma de violencia institucional: una que erosiona lentamente la salud física, la estabilidad emocional y la dignidad profesional.
La precarización no es solo económica, es también simbólica. Se espera que la academia sea un espacio meritocrático donde el conocimiento y el esfuerzo bastan para abrir caminos, pero la realidad es otra: los cuerpos y las identidades disidentes siguen enfrentando barreras invisibles. Las personas LGBTIQ+, especialmente quienes habitamos corporalidades cuir, seguimos cargando con la sospecha institucional. Nuestras existencias son toleradas en tanto no incomoden el orden normativo; nuestras investigaciones son aceptadas mientras se mantengan en el margen del “tema especial” y no cuestionen de raíz las estructuras cisheteronormativas de la producción del saber.
Esta violencia simbólica tiene efectos concretos en la salud mental. Vivir permanentemente en un entorno que exige disimular, traducir o justificar la propia existencia produce un desgaste profundo.
La universidad debería ser un refugio frente a estas violencias, pero muchas veces las reproduce con una sutileza institucionalizada. Se promueve la diversidad como valor, pero sin transformar los mecanismos estructurales de exclusión. Se firman políticas de igualdad, mientras los protocolos de atención siguen sin reconocer la complejidad interseccional de las diversas condiciones de vida de sus empleadxs. Se habla de inclusión, pero los espacios de decisión continúan ocupados por persons previlegiadas que no muestran empatia por las condiciones laborales precarias y violentas.
En ese contexto, la salud mental no puede abordarse como un asunto individual. No se trata de aprender a respirar mejor ni de asistir a talleres de resiliencia. Se trata de reconocer que la precarización material y simbólica mata lentamente. Que la ansiedad y la depresión no son solo diagnósticos clínicos, sino síntomas de un sistema que prioriza los indicadores de desempeño sobre el bienestar humano. Que la autoexplotación no es un acto de amor al trabajo, sino una estrategia de supervivencia frente a la inseguridad laboral.
El bajo salario, la sobrecarga de tareas y la exigencia constante de resultados no solo afectan el cuerpo, sino también el deseo de crear, investigar y acompañar procesos educativos transformadores. Nos encontramos en un punto donde la vocación se convierte en trampa: se nos pide pasión, pero se nos niegan las condiciones para vivirla dignamente. La pasión sin justicia social se transforma en explotación emocional.
Frente a esto, exigimos una transformación estructural, no paliativos simbólicos. Queremos universidades que no midan su excelencia por la cantidad de publicaciones, sino por la calidad de los vínculos que promueven. Queremos que la salud mental sea reconocida como una cuestión política y colectiva. Que se hable de bienestar junto con redistribución, de inclusión junto con justicia económica, de diversidad junto con descolonización del saber.
Las universidades deben dejar de ser espacios de sufrimiento normalizado. No queremos más docentes agotadxs, estudiantes medicadxs por ansiedad o funcionaries que sobreviven a punta de café y precariedad. Queremos espacios donde el pensamiento crítico no se quede en el discurso, sino que atraviese las prácticas institucionales, los presupuestos, las jerarquías y las políticas laborales.
Exigimos respeto, redistribución y reconocimiento. Queremos seguir produciendo conocimiento, pero sin que ello implique enfermarnos. Queremos enseñar, pero también vivir. Queremos que el amor por el trabajo académico no sea el disfraz de la explotación.
La universidad tiene la oportunidad —y la obligación— de repensarse como espacio de cuidado mutuo, de dignidad y de justicia. Pero eso solo será posible si escucha las voces que históricamente ha silenciado: las de quienes hemos sostenido el sistema desde la marginalidad, desde el deseo, desde la precariedad y desde el agotamiento.
La salud mental universitaria no se cura con pausas activas ni con campañas motivacionales. Se cura con justicia laboral, con sueldos dignos, con políticas reales de inclusión y con una pedagogía del cuidado que no tema incomodar la norma. Hasta que eso ocurra, seguiremos insistiendo: nuestra existencia, nuestro cuerpo y nuestra salud no son negociables.
*Artista seropositivo e investigador académico.
Imagen: Cartel del Frente Gremial UNED, colocado en las gradas de acceso frente a la Vicerrectoría en el edificio C, Sabanilla Montes de Oca.
1Desde mediados de los 2025 recursos humanos de la UNED, no acepta solicitudes de 16 Bis para aumento de jornadas laborales por la crisis financiera para la educación superior.
El 25 de noviembre es una fecha de conmemoración y de lucha para los movimientos feministas. Esta fecha se remonta al asesinato de las hermanas Mirabal, tres mujeres dominicanas que fueron ejecutadas en 1960 por oponerse a la dictadura de Rafael Trujillo. Desde entonces, se conmemora el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, una jornada que en América Latina adquiere matices propios por los altos índices de violencia patriarcal, incluidos los femicidios.
En respuesta a esa violencia, ha cobrado fuerza en la región la organización del movimiento de mujeres bajo el grito de ¡Ni una menos!. En Costa Rica, en los últimos años se han articulado colectivamente las familias que sobreviven a los femicidios, junto con organizaciones feministas, para exigir justicia y mantener viva la memoria de las mujeres asesinadas.
Este año no será la excepción. La convocatoria es a marchar el 25N a las 4 p.m. desde el Parque Central de San José. Según el Observatorio de Violencia de Género contra las Mujeres y Acceso a la Justicia del Poder Judicial, hasta el 2 de noviembre del año en curso se registraban 32 femicidios en el país, cifra que confirma la persistencia de una problemática estructural.
Una reconstrucción amorosa de la memoria
Al leer El invencible verano de Liliana, de la escritora mexicana Cristina Rivera Garza, encontré una historia que resuena profundamente con las luchas feministas en Costa Rica. Rivera Garza —una de las voces más reconocidas de la literatura latinoamericana contemporánea— reconstruye la vida de su hermana Liliana Rivera Garza, víctima de feminicidio en 1990 en Azcapotzalco, México.
El libro combina los géneros del testimonio, la crónica, el archivo y la memoria para recuperar la voz de Liliana, no solo como víctima, sino como mujer libre, creativa y soñadora. La autora muestra que hace tres décadas ni siquiera existía el lenguaje para nombrar la violencia machista, y que la escritura puede ser una herramienta de justicia simbólica y colectiva.
El feminicidio de Liliana ocurrió antes de que la antropóloga y feminista Marcela Lagarde acuñara el término “feminicidio”, que se popularizó en la década de 1990 para referirse a los crímenes de mujeres cometidos en contextos de impunidad y desigualdad estructural. En México, el feminicidio no fue tipificado como delito hasta 2012, cuando fue incorporado en el Artículo 325 del Código Penal Federal.
Rivera Garza, al mezclar memorias personales, documentos y testimonios, logra articular una denuncia que es también una reconstrucción amorosa con la cual escribir se convierte en un acto de resistencia contra el olvido.
De México a Costa Rica: una violencia sin fronteras
El caso de Liliana, ocurrido hace más de tres décadas, sigue resonando en América Latina. Su historia dialoga con una realidad compartida donde persiste la violencia patriarcal y la impunidad. En Costa Rica, las cifras de femicidio muestran una tendencia preocupante, mientras las respuestas institucionales siguen siendo insuficientes.
La situación nacional se agrava por el debilitamiento institucional del INAMU, los recortes presupuestarios y la aprobación de políticas que profundizan la precariedad laboral —como las jornadas 4×3— que afectan especialmente a las mujeres trabajadoras. Esta combinación de factores evidencia que el problema no se limita a la violencia individual, sino que forma parte de un entramado político y social que desprotege a las mujeres y favorece la impunidad.
Cada caso de femicidio revela el mismo patrón, detrás de cada cifra hay una historia interrumpida, una familia desgarrada y una comunidad que se organiza para exigir justicia. Los recientes femicidios de mujeres jóvenes conmocionan al país y reactivan la demanda por respuestas urgentes frente a un sistema judicial que, con frecuencia, revictimiza y desatiende.
Ante esta realidad, son las familias, amigas y comunidades quienes han asumido la tarea de mantener viva la memoria. Al igual que Cristina Rivera Garza transformó su duelo en una escritura de resistencia, en Costa Rica las familias de víctimas han convertido el dolor en fuerza colectiva junto a organizaciones feministas y de mujeres.
Así, las historias de Liliana en México y de tantas mujeres en Costa Rica se entrelazan como parte de una memoria feminista latinoamericana, una memoria que no olvida, que nombra y que insiste en que vivir libres de violencia no puede seguir siendo un privilegio.
La literatura como resistencia y como acto de amor
El invencible verano de Liliana es, sobre todo, un ejercicio ético de memoria. Escribir, para Rivera Garza, es una forma de reparación simbólica y de justicia. En sus páginas, la autora denuncia la carga de culpa impuesta a las familias de las víctimas —culpa que no es individual, sino social— y señala al patriarcado como estructura que reproduce la violencia y el silencio.
La dimensión estética del libro amplifica su fuerza política. La literatura se vuelve un territorio para restituir humanidad a las mujeres asesinadas, devolverles nombre, sueños y dignidad. En ese sentido, el arte y la memoria se funden en un mismo propósito: no olvidar.
Leer para no olvidar
En un contexto donde la violencia machista continúa arrebatando vidas, leer también es una forma de resistencia. Leer y recordar son actos políticos. El invencible verano de Liliana nos recuerda que las palabras pueden ser refugio, pero también trinchera.
Como escribe Rivera Garza:
“Somos ellas en el pasado, somos ellas en el futuro, y somos otras a la vez. Mujeres en busca de justicia. Mujeres exhaustas, y juntas. Hartas ya, pero con la paciencia que solo marcan los siglos. Ya para siempre enrabiadas.”
Marchar, escribir, acompañar, recordar, todo ello es parte del mismo gesto de amor y de justicia. Porque, como nos enseñó Liliana, aun en lo más profundo del invierno, hay un verano invencible.
Era genial, era bella y era apasionada. Demasiado esencia para un frágil envase. De allí que su alma fue como un brasero, que la inquietud mantuvo permanentemente encendido.
La vida de Juana de Azbaje y Ramírez fue como un romance suave, arrullador, acompañado de música con sordina; pero en el que se guarda un suplicio tantálico, el suplicio de una sed incalmable; mas tan interior, tan recóndita, que sólo lo supieron las fuentes y los manantiales. Vamos a relatar una historia que nos deja el asombro de un cuento, con todo el sabor de la fruta del trópico y el aroma de su flor. Dije el asombro de un cuento como pude decir de una leyenda, pero a la leyenda le gusta vestirse con el ropaje de la realidad y sólo los ojos agudos descubren, bajo su túnica, el aletazo del ensueño que la impulsa; y el cuento es todo asombro, como la vida que hoy vamos a contar.
El gran poeta y escritor salvadoreño Julio Enrique Ávila
Me refiero a Juana Inés de Asbaje, mundialmente conocida por Sor Juana Inés de la Cruz. Niña prodigio y mujer prodigio. ¿Qué querube plantó en los pensiles de la tierra ese rosal celeste? A poco de nacer, ya fue toda deslumbramiento, toda esencia de milagro. No fue nunca promesa, fue una anticipada realidad, una redoma colmada de maravillas. ¿Quién fue su maestro? ¿Quién le enseñó tanta ciencia, tanto conocimiento del mundo, si sabía más que los más sabios en su derredor? Ella misma y sólo ella misma. Esa fue su sed, su suplicio y su gloria: el ansia de saber. Y pobres fueron los manantiales para sus labios; y apenas gotas de cristal dispersas los riachuelos, para su sed.
Sor Juana es un caso psicológico notable, capaz de absorber por sí misma una extraordinaria cultura. Fue la mujer sabia, el fenómeno de su época, la décima musa del siglo; pero a la vez la ternura sincera y sentida, en la que brotaba como un humo hacia el cielo, la voz honda y exquisita del amor.
Ávila, en su primera publicación sobre Sor Juana Inés de la Cruz
Pero con estar tan alabada de todos, ni la adulación ni los éxitos ensombrecieron su gesto afable como un arrullo; los conocimientos la tornaron más comprensiva para las miserias humanas, más paciente para sus defectos. La pedantería no penetró jamás su epidermis de mujer fina, nacida para encantar. Para sus hermanas de claustro fue siempre el pañuelo que enjuga las lágrimas, el mohín que hace alegre la tristeza. Cuando pasaba por los sombríos corredores se sentía un murmullo de sonrisas, el revolar de su toca parecía ir dando los “buenos días” con sus alas blancas, y en sus manos milagrosas, que aquietaban los enojos y las penas, el alma parecía derramársele por la punta de los dedos….
Nació el 12 de noviembre de 1651, en una plácida alquería, con cactos y nopales, dormida en la falda de los volcanes. San Miguel de Neplanta, en la altiplanicie mejicana, a los pies del Popocatepetl y el Iztacihuatl, que mantienen, según la leyenda, un amor trágico que no ha podido apagar la nieve. La niña prodigio se llenó de luz de altura, y así como la nieve se vuelve luminosa al recibir el sol, ella se volvió luminosa. Y sin embargo era una florecilla, una florecilla montañera, pura y fuerte, para aromar entre las rocas. A los tres años, sabía leer y escribir, y era tanta su pasión por el estudio, que rogó a su madre le permitiese asistir a la escuela, vestida de varón. Sus padres, inquietos por no disponer de medios para colmar las ansias de la niña, la mandaron junto al abuelo, quien poseía una inmensa y rica biblioteca, golosina inagotable para el paladar de la flor montañesa. Por sus manos ávidas, pasaron volumen tras volumen; y en la penumbra hechizada de los anaqueles, más de una vez fulguraron juntos los cabellos dorados de la nieta y los mechones blancos del abuelo, no para ver pasar el desfile de fanfarria guerrera, como en el poema de Darío, sino hundidos en el misterio, en la búsqueda de la verdad eterna. Le bastan veinte lecciones de latín para conocer la lengua, que, con su dedicación, domina al poco tiempo con maestría. Y así como en un juego, sin darse cuenta, fue adquiriendo lo que la ciencia humana había acumulado, con un ansia jamás saciada.
Mas el ánfora de su cuerpo se fue llenando de gracia, de la rama en flor surgió el fruto apetecido; y una buena mañana se dio cuenta que era bella y que todas las miradas se quedaban prendidas en su rostro de durazno. Tenía trece años, y una de tantas noches, por el balcón abierto se entró de puntillas el ensueño, y la acarició en la luz temblorosa de la primera estrella. Ya la ciencia no fue la única hermana de su espíritu, vino la ilusión y la hizo desbordarse en rimas. Sensible, exquisita, culta, llena de gracia y de luz, su fama llegó a oídos del Virrey, quién la pidió para dama de compañía de su esposa. Y, cuando todavía estaba en la edad de la sonrisa limpia y cascabelera, penetró en la Corte, donde supo deslumbrar. Según su propia expresión, en el palacio de la Virreina, “fue desgraciada por discreta y perseguida por hermosa”. Cuando aún no tenía los diecisiete años, sufrió un examen público de todas las facultades, ante cuarenta profesores de la Universidad, teólogos, filósofos, humanistas, y a todos llenó de asombro. Según palabras del Virrey: “se defendía como una galera real en medio de un tropel de chalupas”. En la Corte fulgurante, los artistas la elogiaban y los galanes la cortejaban.
Pero, entre el boato y la frivolidad, ella guardaba en un hueco de su alma, allí donde no penetraban las miradas indiscretas, su ilusión. De allí acaso le llegaron los desengaños.
Sor Juana era inquieta y apasionada, al fin hija de marino. Su padre Juan de Azbaje y Vargas Machuca, después de recorrer mares y sufrir tempestades, arrojó el ancla en tierras de México, donde contrajo matrimonio con una linda criolla, Isabel Ramírez de Santillana. Juana Inés, adoptó en vez del apellido paterno, el de su madre, Ramírez, por creer que así se mostraba más mexicana. Tenía una dignidad que le prestaba singular energía, junto a un temperamento suave y amoroso que la tornaba indefensa. No se sabe a ciencia cierta a qué motivo obedeció que esta niña mimada, rica de dones, deslumbrante como una joya, se retirara a un convento cuando apenas se abría a la vida, cuando aún era un capullo; a los diecisiete años fue a dar su aroma a los altares, donde sería una flor suprema en la corona de la Virgen. Si era tan vehemente, tan tierna, pero al mismo tiempo tan fiera de su dignidad, ¿no sería una decepción de amor? Acaso escudriñando en sus versos, esos versos suyos que se sienten tan sinceros, encontremos la clave.
Uno de los poemas más famosos, aunque no de los mejores, que comienza: “Hombres necios que acusáis…” en lugar de ser una defensa de la mujer, pudiera ser una defensa de ella misma; y al juzgar a los hombres, pudiera estarse rebelando contra un sólo hombre. En ninguna otra de sus poesías se encuentra ese ardor tan enconado, ese rencor rayano en el odio y el desprecio, al que sacrifica, por momentos, hasta la gracia y el sentido estético. Leamos algunas estrofas, que acaso nos ayuden a descorrer el velo y óyelo:
“Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis. Si con ansia sin igual solicitáis su desdén, ¿por qué queréis que obren bien si las incitáis al mal? Combatís su resistencia y luego, con gravedad decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia. ¿Qué humor puede ser más raro que el que, falto de consejo, él mismo empaña el espejo y siente que no esté claro? ¿Pues cómo ha de estar templada la que vuestro amor pretende, si la que es ingrata ofende y la que es fácil enfada? ¿Cuál mayor culpa ha tenido en una pasión errada: la que cae de rogada o el que ruega de caído? ¿O cuál es más de culpar, aunque cualquiera mal haga la que peca por la paga o el que paga por pecar? ¿Pues para que os espantáis de la culpa que tenéis? Queredlas cual las hacéis o hacedlas cual las buscáis”
Se siente en ellas, más que un motivo de justicia rebelde, una herida sangrante, un ideal destrozado, un ídolo que cae hecho pedazos. Más adelante veremos cómo los celos la torturaban hasta el paroxismo; y cómo la ausencia la tornaba lánguida y abatida. Indudablemente su alma se quemaba en un oculto brasero, y comprendió que el amor humano no la merecía.
A los ocho años compuso su primera loa, con ocasión de una fiesta religiosa en el vecino pueblo de Amecameca. La yema todavía cerrada empezó a darse en perfume. Con interrupciones y variando los temas de sus versos con las inquietudes que fueron agitando su alma de nardo, pequeña todavía pero ya cargada de aromas, fue forjando una personalidad propia, exclusivamente original para el medio en que vivía y que no sólo llegó a causar asombro sino preocupación.
Al leer sus poesías, se adivina que en realidad fue de singular belleza, no porque ella lo diga ni siquiera lo deje pensar, sino porque se siente la admiración que despertaba. No cabe duda que ella amó y que fue amada. Sus versos de amor profano, que son de los más suaves y delicados que hayan salido jamás de pluma de mujer, nos lo dicen con pasión tan sincera y desbordante de emoción lírica, que no dejan lugar a dudas. Escuchemos algunas de estas estrofas, estremecidas, inquietas, hasta torturadas, cauce estrecho para una tan inmensa corriente de ternura
“Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, como en tu rostro y tus acciones veía que con palabras no te persuadía, que el corazón me vieses deseaba. Y amor, que mis intentos ayudaba, venció lo que imposible parecía; pues entre el llanto que el dolor vertía, el corazón deshecho destilaba. Baste ya de rigores, mi bien, baste, no te atormenten más celos tiranos, ni el vil recelo tu quietud contraste con sombras necias, con indicios vanos: pues ya en líquido humor viste y tocaste mi corazón deshecho entre tus manos”.
Ella, la cortejada, la consentida, la que alumbraba y atraía, abrió su corazón a quien no supo apreciarlo; y como no era mujer para cosas pequeñas menos habría de serlo para un amor pequeño y pasajero. Parece que sufrió de incomprensión, de liviandad, y el desengaño y los celos del novio la pusieron en trance de desesperación. Oigámosla:
“Mas ¿cuándo, ¡ay gloria mía! mereceré gozar tu luz serena? ¿Cuándo llegará el día que pongas dulce fin a tanta pena? ¿Cúando veré tus ojos, dulce encanto, y de los míos quitarás el llanto? ¿Cuándo tu luz hermosa revestirá de gloria de mis sentidos? ¿Y cuándo yo dichosa mis suspiros daré por bien perdidos teniendo en poco el precio de mi llanto? ¡Qué tanto ha de penar quien goza tanto! …”
No querría terminar estos cantos apasionados, tan vehementes, que en mi concepto ayudan a explicar su retiro conventual, sin leeros este otro, uno de los más bellos sonetos de amor, en el que se siente latir una ternura ya en brazos de la desesperanza, que lucha por conservar la sonrisa cuando se están derramando ya las lágrimas. Dice así:
“Detente, sombra de mi bien esquivo imagen del hechizo que más quiero, bella ilusión por quien alegre muero, dulce ficción por quien penosa vivo. Si al imán de tus gracias atractivo sirve mi pecho de obediente acero, ¿para qué me enamoras lisonjero, si has de burlarme luego fugitivo? Mas blasonar no puedes satisfecho de que triunfa de mí tu tiranía; que aunque dejes burlado el lazo estrecho que tu forma fantástica ceñía, poco importa burlar brazos y pecho si te labra prisión mi fantasía”.
Una vez en el silencio conventual, si bien cerró los ojos a la pompa sensual y palaciega, no pudo encadenar su mente, que siguió ávida penetrando arcanos y descubriendo infinitos. Su celda llegó a ser un museo, una biblioteca, una sala de música; y en ella se debatía su espíritu prisionero, como un pájaro que anhela devorar las distancias y se tropieza con los hierros de una jaula. Su inquietud de saber continuó en aumento cada día, hasta merecer la reprensión de una prelada “muy santa y muy cándida”, que creyó que el estudio era cosa de Inquisición y le mandó que no estudiase más. “Yo le obedecí, nos dice Sor Juana Inés, en cuanto a no tomar un libro; que en cuanto a no estudiar absolutamente, como no cae bajo mi potestad, no lo pude hacer; porque aunque no estudiaba en los libros, estudiaba en todas las cosas que Dios creó, sirviéndome ellas de letras, y de libros toda esta máquina universal”. Como vemos, Sor Juana fue una naturaleza privilegiada. “Y lo que más interesa en sus obras, dice don Marcelino Menéndez y Pelayo, es el rarísimo fenómeno psicológico que ofrece la persona de su autora. Abundan en nuestra literatura los ejemplos de monjas escritoras, y no sólo de asuntos místicos, sino de otros seculares y profanos; pero el ejemplo de curiosidad científica, universal y avasalladora que desde sus primeros años dominó a Sor Juana y la hizo atropellar y vencer hasta el fin de sus días cuantos obstáculos le puso delante la preocupación o la costumbre, sin que fueran parte a entibiarla ni ajenas reprensiones ni escrúpulos propios, ni fervores ascéticos, ni disciplinas y cilicios después que entró en religión, ni el tumulto y pompa de la vida mundana que llevó en su juventud, es algo tan nuevo, tan anormal y único, que a no tener sus confesiones, parecería desmedida hipérbole de sus panegiristas”.
Sor Juana, como Fray Luis de León, Góngora o Quevedo, también gustó de relacionar la brevedad de la vida humana con la fugitiva esplendidez de la flor. Cuando el poeta se aísla en sí mismo y penetra en la verdad que podríamos llamar absoluta, entonces comprende, con alegría o amargura, que el tiempo es poco para la obra y que hay que desprenderse de las vanas pompas que engalanan el cuerpo y desvirtúan la vida, para que pueda fulgurar límpido el diamante del espíritu. Ya nos dijo Quevedo: “solamente lo fugitivo permanece y dura”. Pero Sor Juana le da a su expresión el más puro sentido femenino, la coquetería innata, el temor ante la pérdida de algo que es infinitamente más fugaz que la vida: la frescura de la belleza; y anhela una muerte juvenil, no por ansias místicas como Santa Teresa, sino por la zozobra de la vejez, por el temor de la primera arruga, por el brillo que se apaga en los ojos. Y así su canto es el clamor de angustia de una mujer ansiosa de saberse amada y admirada por sus propios encantos físicos. Escuchemos su voz, que esta vez aconseja, llena de juguetona filosofía, engreída de su propio valer:
“Rosa divina que en gentil cultura eres con tu fragante sutileza magisterio purpúreo en la belleza, enseñanza nevada en la hermosura; amago de la humana arquitectura, ejemplo de la vana gentileza en cuyo ser unió naturaleza la cuna alegre y triste sepultura. Cuán altiva es tu pompa, presumida: soberbia, el riesgo de morir desdeñas; y luego, desmayada y encogida, de tu caduco ser das mustias señas! ¡Con que, con docta muerte y necia vida, viviendo engañas y muriendo enseñas!”
Este estupendo soneto, se comprende mejor, se completa en su pensamiento un poco culterano, al leer las siguientes estrofas:
“Miró Celia una rosa que en el prado ostentaba feliz la pompa vana y con afeites de carmín y grana bañaba alegre el rostro delicado; y dijo: Goza, sin temor del hado, el curso breve de tu edad lozana, pues no podrá la muerte de mañana quitarte lo que hubieres hoy gozado. Y aunque llega la muerte presurosa Y tu fragante vida se te aleja no sientas el morir tan bella y moza; mira que la experiencia te aconseja que es fortuna morirte siendo hermosa y no ver el ultraje de ser vieja”.
No podemos encontrar más completa lección de mundanología, ni nada más alejado del arrebato místico de San Teresa: “Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero, que muero por que no muero”.
Julio Enrique Ávila
Considerando esa naturaleza desbordante en lo intelectual y en lo material; con una alma múltiple, atenta y gozosa en lo mundano tanto como en la especulación científica, en los halagos de la belleza como en las más puras abstracciones del espíritu; una naturaleza inquieta y vehemente en toda forma, que necesitaban anchos espacios para su vuelo, ¿cómo pudo acomodarse a la estrechez de una celda? ¿Qué derrumbamiento moral la llevó a aislarse del mundo, para encontrar a Dios? No pudo ser más que el amor. Si el amor humano no le colmó sus ansias, ella buscó un amor más seguro y perfecto, más lejano pero más prometedor para un alma de su temple y para una dignidad diamantina como la suya. Pero aún ya en la vida religiosa, cuando sus versos se elevan al cielo, como el humo del sacrificio recibido con beneplácito por Dios, entre la transparente sinceridad y el gozo del ideal triunfante, se lamenta de no poder arrancarse la apetencia de ser amada, cundo dice:
“Tan precisa es la apetencia que a ser amado tenemos, que aún sabiendo que no sirve nunca dejarla sabemos. Si es delito, ya lo digo si es culpa, ya la confieso; más no puedo arrepentirme por más que hacerlo pretendo”.
Y tampoco se arranca la espina del recuerdo, aunque la anhele con frenesí, para ser más de Dios, para darse más completa a ese amor que no es ciego y que es lícito; oigamos este lamento que viene de muy atrás y que la sigue como una cruz:
“Yo me acuerdo (ah, nunca fuera), que he querido en otro tiempo lo que pasó de locura y lo que excedió de extremo. ¡Oh humana flaqueza nuestra, adonde el más puro afecto aún no sabe desnudarse del natural sentimiento!”
Mas si por el amor renunció a toda esperanza terrenal, aún le quedó la hermana menor de la ilusión, le quedó a su lado la loca de la casa: la fantasía. No pudo asilarse del mundo intelectual aunque lo hiciera del mundo afectivo. A su celda llegaban los elogios del mundo, mariposas de colores que aleteaban alrededor de ella, y que al quemarse en la llama le avivan su hoguera. Llegó a sentir que el claustro le cerraba los horizontes para el vuelo; y se acusaba, pronto, de no poder atender las cosas de Dios. Entonces le entraban rachas de arrepentimiento, castigaba sus carnes con extremo rigor, al punto que tenían que irle a la mano para que las penitencias excesivas no la extenuaran. Dice su confesor: “Juana Inés no corría en la virtud sino volaba”. Mas luego una carta literaria le llenaba de secreto gozo, un homenaje, una lisonja a su arte, exaltaban en forma desbordante su alegría. Y para que su tortura fuera mayor, junto a su ciencia aumentaba su belleza, cada vez más radiante, más acendrada de mieles. Así fue como para unos llegó a ser un fénix y para otros un escándalo. Mitad lisonjeada, mitad divertida, ella amonesta a sus admiradores, y en romance que no terminó, les dice: “Yo soy una mujer ignorante, de estudios desordenados, ¿es que acaso los condimentos de mi tierra han vertido un perfume mágico en mis versos?”. Esta glorificación era para ella perturbadora y a la par avergonzante, porque seguramente iba dirigido a una imagen ideal en la cual la habían convertido los intelectuales europeos.
Con todo, la idea de su gloria literaria era un cosquilleo siempre renovado, en parte inquietante para su espíritu, pero la llenaba de íntima satisfacción. Su imaginación no le permitía transitar por los caminos de todos, menos por los corredores sombríos de un convento, se desviaba para llegar más lejos y más alto. De allí que su pensamiento pudo llegar a ser peligroso para su fe. El Padre Antonio, que tenía temores respecto a la salvación de su alma, parece haber dicho: “Dios no podía haber enviado un azote más grande al país que dejar a Sor Juana en los círculos mundanos”. Sin embargo, cuando ella ya había vivido y servido largos años en el claustro, sin poder renunciar a las ciencias y a las artes, le retiró su auxilio espiritual, dejándola sufrir dos años bajo la presión de su silencio desaprobador. Mas, en justicia no había en ella vanidad. El estudio y la poesía la absorbían de lleno, se apoderaban de ella y la conducían dócilmente de la mano, como en una alucinación; luego el aplauso unánime le ponía frente a un misterio: el misterio de su propio talento.
Así vivió largo años esta maravillosa mujer, hecha de amor y de dolor; nacida para el vuelo lejano y encadenada en una jaula de plegarias, estrella con ropaje de cirio, que aun quemándose en la santa penumbra de un altar; dio su luz de lucero a todas las distancias; torturada porque su amor divino no le alzó los ojos de la tierra, ni le cerró los oídos a la profunda música del alma. Tuvo la energía del diamante y supo fulgurar magnética en la oscuridad. Yo pienso que el retazo del cielo que le envolvió de azul el espíritu fue el mejor camino para llevarla a Dios; cuando la plegaria no acudía a sus labios, alguna tierna estrofa la tornaba tan dulce y tan pura, que si no era ella la que ascendía a las alturas, era Dios mismo el que bajaba hasta ella.
Pero llegó el momento en que supo mostrar toda la sublimidad de su alma religiosa; todo ese amor divino que le hizo encontrar a Dios en cada miseria y en cada pena de los hombres. Sor Juana no fue una visionaria, En su profesión de fe, fue ortodoxa; en sus ideas, siempre fue clara y segura; en la norma de su vida, pura y fiel a su deber, y así recorrió su difícil camino. Hasta que en las postrimerías del siglo XVII le tocaron a México años tristes y llenos de tormentas. Los indios del norte se levantaron, aniquilando o dispersando las misiones cristianas. En las costas, los piratas, atraídos por el fabuloso botín que México guardaba, hicieron desembarques en los que arrasaron y profanaron todo; en el interior hubo revueltas sangrientas, que llegaron hasta la propia capital, cundiendo el pánico y la inseguridad. Los indígenas, hambrientos y desesperados se arrojaron nuevamente en los brazos de sus dioses sanguinarios y volvieron a inmolar víctimas humanas en sus altares. El Virrey, inseguro de su vida, abandonó su palacio, atropellado por la muchedumbre y se escondió bajo los techos protectores de un convento. Los edificios del Cabildo y el Archivo del Estado fueron incendiados. Para reprimir la rebelión no se escatimaron flagelaciones públicas, degollaciones, procesiones expiatorias que pasaban frente a las iglesias cerradas. Las enfermedades se propagaron, de tal manera, que cortejos fúnebres interminables pululaban a través de la ciudad; y muchos de los admiradores, amigos y hermanos conventuales de Sor Juana perecieron.
Entonces, el que había sido sacrificio callado e interior, se mostró desbordante, sin valladares que lo contuvieran. Sor Juana se conmovió hondamente, se identificó con aquella miseria desesperada, la sintió como un puñal en sus entrañas; y renunció a todo lo que le quedaba de ilusión terrenal. Abandonó sus estudios, se desprendió de sus reliquias y trofeos literarios, de los bibelots y obsequios con que los magnates y admiradores la habían glorificado y que eran su pequeña satisfacción humana; y hasta de lo que constituía “su quita pesares”, su amor más grande de la tierra, su biblioteca de cuatro mil volúmenes, en la que por tantos años había vivido sumergida, con las raíces ávidas prendidas a sus fuentes inagotables; su biblioteca, la dadora de luz y de fuerza, las alas de su pájaro prisionero. Sus instrumentos musicales y astronómicos, que le permitían evadirse por los espacios, caminar por las estrellas y las nebulosas; todo lo dio para calmar el hambre de los menesterosos. Sólo guardó para sí sus libros de oración y su cilicio, para castigar más su cuerpo, su bello cuerpo, bello y fresco a su pesar.
Y cuando la peste, esa embajadora de la muerte, como ella gran demócrata y niveladora, que no respeta estados, privilegios ni jerarquías, penetró por las puertas del convento con su campana trágica. Sor Juana no huyó. Sus tocas aletearon tristes y angustiadas sobre las hermanas agonizantes, y sus manos suavizaron, como las oraciones, los dolores de los cuerpos y las dudas de las almas. Entonces vivió la estrofa más noble y sublime, aquella que logró unir, místicamente, el amor a los hombres con el amor a Dios. Su alma, encendida como un cirio, dio su luz de consuelo hasta que le tocó extinguirse, dando resplandores. Una mañana de abril cuando los árboles se cubrían de nuevos retoños, y las brisas acariciaban la esperanza de la nueva primavera, Sor Juana se marchó (a los 44 años) acompañada del canto de los pájaros y el perfume de las azucenas. La tierra quedaba llena de lágrimas y de miserias, pero ella se había hecho ritmo y melodía celeste, iba hacia las hermanas estrellas a postrarse a las plantas de su divino amado.
La Alianza por una Vida Digna y SURCOS Digital invitan al foro en vivo “Economía social solidaria y soberanía alimentaria en Costa Rica”, un espacio de análisis y diálogo sobre las experiencias, desafíos y perspectivas de estos temas fundamentales para el país.
El encuentro contará con la participación de:
Mayra López, de la Feria Orgánica El Trueque,
Aura Martínez, presidenta de la Corporación Hortícola Nacional, y
Marcela Dumani, de la Escuela de Nutrición de la UCR e integrante de la Red de Agroecología de Costa Rica.
🗓️ Fecha: Martes 18 de noviembre de 2025 🕕 Hora: 6:00 p.m. 📍 Transmisión en vivo: Facebook Live de SURCOS Digital
El foro busca visibilizar cómo la economía social solidaria y las prácticas agroecológicas fortalecen la soberanía alimentaria, la participación comunitaria y la resiliencia económica frente a los retos actuales del país.
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