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Costa Rica y el Índice de Desarrollo Humano (IDH): la posición 68 puesta en perspectiva

Nicolas Boeglin (*)

Ampliamente publicitado, el pasado lunes 9 de diciembre, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó la medición anual que realiza, al entregar su informe sobre el Índice de Desarrollo Humano (IDH) a nivel mundial (véase informe 2019 en español). En la tabla de clasificación de 189 Estados, ubica a Costa Rica para el 2018 en la posición 68.

Como se recordará, el IDH es un indicador internacional elaborado por Naciones Unidas que clasifica a los Estados cada cierto tiempo, según una metodología validada desde 1995.

Bastante menos publicitado, la posición 68 que ostenta a nivel mundial Costa Rica en el 2019 corresponde a la misma posición que ocupaba en el 2013 (véase informe del PNUD del 2013, p. 17).

Prácticamente imperceptible en los diversos artículos y análisis publicados a raíz de esta presentación del PNUD, con respecto a la última medición del IDH realizada en el 2018, Costa Rica perdió cinco lugares en materia de desarrollo humano en este 2019.

Costa Rica: cinco escaños perdidos

En el 2018, fecha de la última medición, Costa Rica ostentaba la posición 63 a nivel mundial (véase informe del 2018, tabla en página 23), mientras que con esta nueva medición, Costa Rica se sitúa en el puesto 68 (véase precitado informe del 2019, tabla en página 26).

En Costa Rica, salvo error de nuestra parte, pocos analistas hicieron ver esta pronunciada caída, la cual debería de interesar a diversos sectores. En México, la pérdida de dos escaños fue considerada lo suficientemente importante para dar lugar a un titular de prensa en un influyente medio digital (véase nota de prensa del medio Aristegi Noticias del 10.12.2019); de igual forma en el caso de Nicaragua (véase nota de prensa de VosTV del 10.12.2019); al tiempo que, en Argentina, el mantenimiento en el mismo lugar también se considera de cierto interés (véase nota de prensa del medio MDZ del 9.12.2019).

En efecto, perder cinco posiciones de un año a otro refleja evidentemente un notable deterioro, el cual debiera interpelar a muchos analistas y decisores políticos, así como a sectores académicos.

Nótese que en el 2015, Costa Rica ostentaba la posición 69 (véase informe IDH 2015, tablero en p. 214). ¿Qué significa exactamente el encontrar a Costa Rica en el lugar 69? De manera a ayudar a nuestros estimables lectores poco familiarizados con estos rangos, es preciso señalar que el peor puesto obtenido por Costa Rica en su historia desde que existe esta medición del PNUD, es precisamente el puesto 69.

Esta desmejorada posición para el 2019 puede también ser comparada al IDH de Costa Rica en el año 2003, año en el que Costa Rica ostentaba la posición 42 a nivel mundial (véase informe IDH 2003, tabla de página 262).

Hay que tener en mente que desde el año 2006, el descenso de Costa Rica en materia de desarrollo humano ha sido notorio. En el 2011, Costa Rica cayó al puesto más bajo en su historia, el puesto 69, lo cual puede plantear algunas interrogantes sobre los efectos, en materia social, de la gestión de la administración del Presidente Oscar Arias Sánchez (2006-2010). Volvió exactamente al lugar 69 en el 2015, al concluir el cuatrienio de la administración de la Presidenta Laura Chinchilla Miranda (2010-2014).

Al haberse mantenido en el 2019 con un IDH en la posición 68, las interrogantes persisten, al no haber logrado ninguna de las administraciones posteriores a la del período 2006-2010 mejorar sustancialmente el IDH de Costa Rica, salvo el repunte logrado – de la posición 69 (2015) a la posición 63 (2018) – correspondiente a la administración del Presidente Luis Guillermo Solís Rivera (2014-2018).

La pobreza: una persistente variable sin incorporarse en el caso de Costa Rica

La curiosidad de algunos puede llevarnos a intentar conocer las diversas variables usadas por el PNUD para calcular el IDH. Al consultar la casilla específica correspondiente a Costa Rica (véase enlace del PNUD), se desglosa el IDH con los diversos valores numéricos usados para cada una de las variables: el único valor que no fue asignado en el 2018 fue el de pobreza, con un rubro que se mantiene con la indicación «n.a /not available».

¿Cómo explicar esta ausencia al contar Costa Rica con diversos estudios y diagnósticos que miden de forma muy precisa la pobreza en el país? Es una situación idéntica a la encontrada en el 2017 al publicarse el informe IDH 2016. Habíamos en efecto tenido la oportunidad en el 2017 de indicar que:

«Se ignora si la gran cantidad de estudios y diagnósticos sobre la pobreza realizados en Costa Rica por entidades estatales impide, por alguna razón, a los investigadores del PNUD cuantificar con algún valor numérico esta variable y se esperaría que, con ocasión de la próxima medición del IDH, sea plenamente integrada» (Nota 1).

Al persistir esta ausencia de valor numérico relativo a la pobreza, no nos queda más que mantener la misma interrogante (y expresar la misma sugerencia que la anteriormente manifestada), de forma tal que sea plenamente incorporado este valor en la próxima medición realizada por parte del PNUD.

El IDH en el resto de América Latina

Con relación a los demás Estados de América Latina, en este informe del IDH 2019 dado a conocer recientemente, Chile lidera la región (puesto 42, a comparar con el puesto 38 ostentado en el 2016), seguido por Argentina (48) y Uruguay (57). Perder cuatro escaños en materia de desarrollo humano es un indicador que posiblemente podría explicar algunas de las cosas que han ocurrido en Chile en las últimas semanas.

La medición IDH 2019 indica también que, justo antes de Costa Rica, se sitúa Panamá (67) y que después de Costa Rica, se registra a Cuba con la posición 72.

En los últimos puestos de esta medición a nivel mundial que realiza el PNUD, figuran por parte de América Latina, Nicaragua (126), Honduras (132) y Haití (169).

Si ahora consideramos a los vecinos directos de Costa Rica, es de notar el notable descenso de Panamá, pasando de la posición 60 en el 2016, 66 (2018) a la posición 67 (2019), al tiempo que Nicaragua desciende levemente del puesto 124 (registrado tanto en el 2016 como 2018) al puesto 126 (2019).

Imagen extraída de artículo de prensa titulado «20% de las familias pobres apenas concentró el 4,2% del total de ingreso de los hogares»(CRHoy, edición del 23.11.2012)

Con relación a la desigualdad social, calculada con base en otra medición internacional (el denominado «coeficiente Gini«), una región tan desigual como América Latina ha hecho esfuerzos significativos para reducirla en estos últimos años, con algunas excepciones, que incluyen a Costa Rica. Nos habíamos permitido escribir, en noviembre del 2018, que:

«Es a partir del año 2007 que la desigualdad social en Costa Rica que mide el coeficiente Gini progresa de manera significativa.

La variación del coeficiente Gini en América Latina desde el 2002 hasta el 2016 en curva sostenidamente descendente se puede también apreciar en el gráfico I.5 (página 49) del Panorama Social de América Latina (2017) publicado por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), y disponible aquí.

A notar tres progresiones significativas de un año a otro del coeficiente Gini en Costa Rica en los últimos 10 años (pocamente comentadas, estudiadas y/o analizadas), pasando de 0,507 (2010) a 0,515 (2011), luego de 0,515 (2012) a 0,522 (2013), y posteriormente de 0,516 (2015) a 0,521 (2016)» (Nota 2).

Gráfico extraído de nota de prensa titulada «Cierto: Costa Rica es de los países más desiguales del mundo, según el Banco Mundial, Doblecheck, edición del 27.02.2019

Aunque ello signifique traer a colación promesas incumplidas, cabe recordar que en su Plan Nacional de Desarrollo, presentado en el 2014, la administración del Presidente Luis Guillermo Solís Rivera (2014-2018) pretendía reducir en sus 4 años de gestión el coeficiente Gini de 0,516 (2014) a 0,4924 en el 2018 (véase Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018, p. 67). Al contrastar estos valores numéricos con las mediciones del coeficiente Gini brindadas por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC), se evidencia que el Gini se ha mantenido en Costa Rica, con la siguiente variación:

0,516 (2014 y 2015);

0,521 (2016);

0,514 (2017 y 2018 y 2019).

A modo de conclusión

Volviendo al IDH, los datos que arroja el PNUD en este cierre del 2019 permiten evidenciar el notable deterioro del clima social, de la calidad de vida, del tipo las oportunidades que ofrece Costa Rica a sus jóvenes, a habitantes de extensas zonas geográficas de su territorio, consecuencia lógica de advertencias tan sostenidas como recurrentes provenientes de diversos sectores académicos y de movimientos sociales de Costa Rica y del resto de América Latina, y que reaparecen en diversos instrumentos de medición en materia social.

Con respecto a estos últimos, resulta oportuno indicar que desde Costa Rica, en el 2013, una alianza entre una entidad como el INCAE Business School, en asociación con las universidades Oxford y de Harvard (con el generoso apoyo de la Fundación Rockefeller, la Pratham Education Foundation, y la empresa Deloitte) propuso una nueva forma de medir el desarrollo social, con la creación del Indice de Progreso Social (véase nota del INCAE). Se puede consultar la plataforma del Social Progress Index en este enlace . No se ha podido conocer cuáles son las deficiencias detectadas en el IDH que elabora el PNUD por parte del INCAE y de sus socios anglosajones para proceder a crear una nueva metodología de medición, en la que, como era previsible, Costa Rica aparece en una posición privilegiada en América Latina.

De igual forma, el recientemente creado Índice de Felicidad ( Happy Planet Index ), otorga a Costa Rica una envidiable posición como uno de los países «más felices» del mundo.

Estas y algunas otras iniciativas de índole privado encuentran muchas veces mayor eco en los grandes medios de prensa y en la opinión pública, que la medición del IDH elaborada por el PNUD de Naciones Unidas; así como en algunos sectores, empecinados en defender las virtudes de lo que denominan el “modelo de desarrollo económico” fuertemente impulsado a partir de mediados de los años 2000.

—Notas–

Nota 1: Véase nuestra breve nota BOEGLIN N., “Índice de Desarrollo Humano 2016: Costa Rica en el puesto 66”, publicado en el sitio de Hablando Claro (Radio Columbia), y disponible en el siguiente enlace.

Nota 2: Véase nuestra nota BOEGLIN N., “Pobreza en Costa Rica entre el 2017 y el 2018, un nuevo incremento puesto en perspectiva”, Portal de Noticias de la Universidad de Costa Rica (UCR), sección Voz Experta, disponible en el siguiente enlace.

(*)Profesor de Derecho Internacional Público Facultad de Derecho Universidad de Costa Rica, UCR.

Enviado por el autor.

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ANNUS HORRIBILIS

“Yo no olvido al año viejo”

Manuel Hernández

Este año que está dando el último coletazo, no ha sido justamente el más bienaventurado.

Desde que despuntó el 2019, la reforma fiscal empezó a mostrar garras y dientes bien afilados contra el pueblo y la clase trabajadora, precarizando sus condiciones de vida.

La implementación de esa reforma ya ha causado, de manera temprana, un sustancial menoscabo de las remuneraciones de los funcionarios públicos, que probablemente va a generar un estancamiento salarial y económico durante un período considerable.

La pobreza nos golpeó en el 21% y la extrema prácticamente en el orden del 6%, convirtiendo a Costa Rica en uno de los países que más ha crecido, de manera escandalosa, la desigualdad. Costa Rica está en el top 10 de los países más desiguales del mundo, que no es poco decir y retrata nuestra patentada marca “pura vida”.

El desempleo registró un aumento incontenible, disparándose hasta un histórico 12%, siendo las mujeres las más afectadas.

El desempleo se agravó con el cierre de operaciones de JAPDEVA, prácticamente sepultada, a merced del cual más de 500 personas fueron cesadas, cuyas familias desdichadamente habrán pasado una navidad no muy feliz.

El endeudamiento de las personas alcanzó un nivel desproporcionado, resultando que más de 324.000 deudores tienen préstamos atrasados, de hasta tres meses de mora.

El presupuesto de la República 2020 y el de las demás instituciones públicas, subordinados a la rigurosa aplicación de la Regla Fiscal, tuvieron un salvaje recorte y en consecuencia, traerá un deterioro de los servicios públicos y las prestaciones sociales inherentes al Estado Social y Democrático.

En el ojo de esta tormenta fiscal están las universidades públicas, que nunca habían experimentado esa sistemática hostilidad política y mediática.

En este año, la confianza del consumidor cayó al nivel más bajo de la última década y el índice de confianza empresarial tocó fondo, llegando en este mes de diciembre, apenas a 5 puntos (de una escala de 1 a 10).

Sin lugar a duda, en tan sólo un corto año, sufrimos las graves consecuencias de una profunda crisis social y económica, de carácter estructural, que removió los cimientos de nuestra sociedad, pero que afectó a la gran mayoría de la población, a quienes se impuso, contra viento y marea, la pesada carga de la crisis.

Pero esta crisis estructural no se refleja exclusivamente en indicadores económicos y sociales, la cual tiene su contrapartida en la crisis en que cayó la democracia, que ciertamente viene desde hace algún tiempo, pero que se intensificó este año.

La represión de la protesta social ha sido una constante, expresión de la reacción oficial de un modelo económico políticamente autoritario, que de ordinario recurre a las fuerzas represivas del orden para disciplinar los sectores sociales, estudiantiles y sindicatos clasistas inconformes.

Esta crisis democrática la corona la reciente sentencia del Tribunal Constitucional, que viene a consolidar el Derecho de Huelga del Enemigo, contenido en el proyecto de ley N° 21049, que está al acecho del próximo año, para convertirse en una espuria ley de la República, marcando una regresión legislativa que nos devuelve en el tiempo más de 75 años atrás, mucho antes que la misma promulgación del Código de Trabajo.

En realidad, ha sido un año muy duro, concurrido de incertidumbres, privaciones, ajustes y recortes antidemocráticos, que podríamos afirmar que a quien por lo menos le ha dejado una chIVA, una burra negra y una yegua blanca, en el balance anual, francamente no le fue tan mal.

¡Y que se dé con una piedra en el pecho, a quien además generosamente este año le ha dejado una buena suegra, que en esta trágica situación en la de menos es pedirle peras al olmo!

En el último minuto de este aciago año, levantemos la copa y declaremos el 2019: Annus Horribilis.

Solicitan que detengan maquillajes en estudios actuariales del SEM-CCSS

El investigador y experto en estudios actuariales, máster Rodrigo Arias López envió una carta a la Junta Directiva de la Caja Costarricense de Seguro Social en la cual solicita que se “detengan los maquillajes en ‘estudios actuariales’ del SEM” o Seguro de Enfermedad y Maternidad. El documento tiene fecha del 16 de diciembre de 2019.

Asimismo, “que se ordene el cumplimiento de los artículos 32 siguientes y concordantes de la Ley 17 y procedan a cobrar al Estado las cuotas que ordenan las leyes N° 17, N° 5905, N° 5349 y N° 7374”.

En su nota Rodrigo Arias López dice:

“Por este medio, como ciudadano y asegurado cotizante activo de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), muy respetuosamente me dirijo a esa Junta Directiva para solicitarle lo que se indica en el asunto, conforme las funciones y obligaciones que le confieren a esa Junta Directiva el artículo 14 de la Ley Constitutiva de la CCSS.

Primero. Solicito a esa Junta Directiva detener el maquillaje en los estudios actuariales del seguro de salud, trasladar esa función actuarial al Departamento Actuarial de la Dirección Actuarial y Económica y ordenar que se realice un nuevo estudio actuarial conforme el artículo 42 de la Ley 17.

Esta solicitud la fundamento en las siguientes graves falencias técnicas y jurídicas que contiene la “Valuación Actuarial del Seguro de Salud, 2017” (EST-0007-2019) de Agosto, 2019, elaborada por Carolina González Gaitán, Actuaria, Evelyn Guzmán Solano, Actuaria, revisada y firmada digitalmente por Luis Guillermo López Vargas, Director.

  1. A) Incorrecta selección de las hipótesis de crecimiento de los gastos
  2. B) Ausencia de proyección de las reservas del seguro
  3. C) Tarifas del Cuadro N° 51 erróneas
  4. D) En el informe no se incluyen los ingresos según condición de aseguramiento

Segundo: Solicito a esa Junta Directiva proceder a cobrar al Estado lo que ordenan las () leyes.

Tercero. Solicito a esa Junta Directiva proceder de conformidad a lo ordenado por los artículos 32, 42 y 43 de la Ley 17; es decir, determinar la forma como se divide la prima de 25,16% sobre los salarios que la CCSS recauda de acuerdo con la Ley N° 17, en el caso de los trabajadores asalariados. De conformidad con el Cuadro 51 actualizado conforme a lo solicitado en el punto Primero de esta nota, la tarifa que resulte para el caso de los asalariados es la parte que le corresponde al Régimen de Reparto (seguro de salud) y el remanente le pertenece al Régimen de Capitalización (Seguro de Invalidez Vejez y Muerte).

En el siguiente enlace puede descargar el documento completo con todo el análisis técnico y documental realizado por el experto en temas actuariales Rodrigo Arias López:

En otro documento fechado 8 de agosto de 2018 y dirigido al Dr. Román Macaya Hayes, presidente ejecutivo de la Caja Costarricense de Seguro Social, el máster Arias López se refiere “al uso de los fondos y reservas de los seguros sociales para otros fines y a las obligaciones del Estado como tal con el Seguro de Salud (SEM) según la normativa vigente”.

En este amplio documento el analista expone la forma como se incumple lo establecido en la Constitución Política, así como en la normativa nacional en relación con el Seguro de Salud. Por ello, en su petitoria señala:

“Dado que tales actuaciones de la CCSS resultan a todas luces inconstitucionales, conforme a los artículos 27 y 30 de la Constitución Política, solicito a ese Despacho lo siguiente:

1) Dar respuesta a mi solicitud de fecha 24 de mayo de 2018, puntos de a) a k) antes transcritos.

2) Ordenar a la administración activa de la CCSS proceder a cuantificar y a cobrar al Estado el 100% de los aportes y costos que le corresponden por diversas leyes en cada modalidad de aseguramiento del seguro de salud, incluyendo los gastos de la atención médica a no asegurados y los incurridos por la aplicación de los artículos 7 y 8 de la Ley 7374.

3) Reducir gradualmente la cuota del 15% sobre los salarios del seguro de salud de los trabajadores asalariados al nivel técnico y legal que corresponde y trasladar dicha reducción al Seguro de Invalidez, Vejez y Muerte”.

Puede consultar el documento completo en este enlace:

Finalmente, el experto en temas actuariales Rodrigo Arias López, remitió una carta al presidente ejecutivo de la CCSS el 4 de octubre de 2019 en la cual indica:

Dado que a la fecha no cuento con una respuesta sobre lo resuelto por su despacho con relación a mi oficio del 8 de Agosto de 2018, con relación “al uso de los fondos y reservas de los seguros sociales para otros fines y a las obligaciones del Estado con el Seguro de Salud”, la cual fue trasladado por su Despacho para su atención a la Dirección Actuarial por medio del oficio PE-2425-2018 del 21 de Agosto del 2018, solicito respetuosamente trasladar a la Junta Directiva mi solicitud, junto con el expediente completo que contiene las adiciones realizadas por el suscrito.

Esta solicitud es conforme al artículo 27 y 30 de la Constitución Política.

LA DERECHIZACIÓN DEL PAC

Álvaro Vega Sánchez,

Sociólogo

El Partido Acción Ciudadana (PAC) cambia de traje cada vez que llega a Zapote. Arriba con aires de baluarte del cambio por los caminos de la ética, la solidaridad y la justicia social. Y una vez en el poder deambula por los tenebrosos senderos de las componendas y las alianzas con los sectores más conservadores y oligárquicos.

Pero el PAC persiste cínicamente en presentarse como defensor de los pobres y adalid en la lucha contra los “privilegios”.  Y hasta se atreve a declararle la guerra a los “pensionados de lujo”, haciendo malabares para complacer a la oligarquía empresarial-financiera. Vende la primogenitura por un plato de lentejas, y no le importa servir en bandeja la cabeza del Estados Social de Derecho.

Por eso, se convirtió rápidamente en un partido más de corte electoralista; sus miembros bailan la danza electoral cada cuatro años, para convertirse hoy en diputados, mañana en alcaldes (con salarios que duplican y hasta triplican el de un catedrático universitario) y pasado mañana en ministros. Por favor, ¿dónde cabe tanta desvergüenza? Solo en este país del cinismo, la hipocresía y la vanidad de quienes han hecho del poder un fin en sí mismo.

El gobierno del PAC accedió al poder con la bandera del progresismo para transitar, en coalición con el bipartidismo PLUSC y hasta con los partidos confesionales evangélicos, hacia un populismo de derecha, que viene en avanzada de norte a sur, es decir de Trump a Bolsonaro. Ahora, asume su versión a la tica producto de una inédita alianza entre el PAC, la oligarquía empresarial-financiera, la “dictadura mediática” y el fundamentalismo religioso.

Los aires de triunfalismo con que el gobierno de coalición oligárquica y el poder mediático celebran sus victorias pírricas, haciendo alarde del consenso legislativo para la aprobación masiva de proyectos, no hacen otra cosa que develar la fragilidad de sus pies de barro. Apelan a maquillar su imagen con el discurso mesiánico-populista de salvar a los pobres endeudados y sin empleo, con las migajas que le regatean a la clase media porque a la clase alta no la tocan, es su aliada natural.

También están dispuestos a hipotecar al país al sistema financiero internacional, para continuar medio administrando la crisis, con la idea de culminar airosos una gestión más con sello PAC. Pero “la mona aunque se vista de seda, mona se queda”…, con perdón de tan digna señora, que sí sabe jugar la danza de la vida entre los árboles, y sorprendernos siempre con su mirada serena y sin dobleces. Por eso, su aparente fealdad se transforma en belleza.

¿Cómo pretenden sacar al país de la pobreza y la desigualdad con esta “nueva” receta asistencialista de refundición de deudas? Así, van a celebrar el Bicentenario con más pobres, desempleados y una clase media más endeudada y precarizada.

Es curioso, el PAC nace y se fortalece con el apoyo de los pobres y la clase media y hoy impulsa políticas contra ellos, para favorecer a las pocas familias ricas de este país que, como señalara con preocupación el exministro Francisco Morales (Programa La Lupa, 89.1), superan con creces en riqueza a las tradicionales familias oligárquica de El Salvador. Por eso el PAC, al igual que el fundamentalismo religioso, es un partido que “nace entre los pobres contra los pobres” (Enrique Dussel).

Enviado por el autor.

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Partidos políticos y democracia real

Luis Ángel Salazar Oses

Teléfono: 8830 3841, correo: panga07@gmail.com

Permítasenos plantear, a manera de preámbulo o marco teórico generalísimo, las siguientes tesis: Hoy la Humanidad está dividida en dos clases, una minúscula -se habla del 1%- que posee infinitas riquezas que crecen minuto a minuto, lo que le permite disfrutar de todos los placeres de este mundo y la otra, apabullantemente mayoritaria, cada día más empobrecida y a la que se va privando crecientemente del merecido disfrute de los bienes y servicios de este planeta. Irónicamente esta mayoría a la que llamamos Pueblo, es la que produce con su trabajo y sacrificio cotidianos, todas las riquezas de la Tierra, mientras que la primera a la que llamamos élite o argolla parasitaria, las acopia y las disfruta. ¿Por qué? simplemente porque la argolla es dueña de los grandes medios de producción -tierras, industrias, herramientas enormes y sofisticadas, etc, y de los grandes centros de especulación financiera, como los Bancos, las Bolsas de Valores y demás artificios para lucrar. La argolla mira a la Humanidad y a la Naturaleza como simples combustibles para producir y aumentar sus riquezas, por lo que es Homicida y Ecocida. Así que la gran tarea que nos corresponde como Pueblo es despertar informarnos, unirnos, organizarnos, empoderarnos, movilizarnos, convertirnos en Poder popular y, establecer en nuestro mundo y en nuestro país un nuevo sistema que sustituya al Capitalista Neoliberal de la argolla, por uno Humanitarista, Ecologista y Socialista Dialéctico. En Costa Rica todo este proceso de argolla versus Pueblo se hace cada día más evidente, basta recordar para comprobarlo, el nefasto Plan Fiscal que nos ha implantado la argolla, ninguneando el Plan Fiscal alternativo, que planteó el sector sindical, simplemente porque este último pretendía que el rico pagase impuestos como rico y el pobre como pobre. Así las cosas, cualquier proceso que divida al pueblo hoy es su enemigo y, el que lo una, su correcto camino. Por favor no lo olvidemos.

Según nos han informado, durante la actual campaña política que culminará el próximo año 2020, en nuestro Cantón de Grecia diez partidos políticos se disputan el gobierno de nuestra Municipalidad. Ante tal cantidad de opciones, nos han empezado a surgir varias preguntas que creemos importante ventilar, junto a sus respectivas respuestas y comentarios complementarios, veamos: ¿son tantos y tan variados los problemas, que justifican la existencia de tantos grupos en busca de soluciones?; ahondando un poco más al respecto ¿la naturaleza de las posible soluciones a esos problemas son tan disímiles que exigen diez enfoques ideológicos diferentes para encontrarlas, formularlas y ponerlas en práctica?; estos partidos ¿han analizado detallada y científicamente la realidad económica, política, social, cultural y ecológica de nuestro Cantón y, sus respectivas relaciones con la realidad nacional e internacional, para detectar así sus reales y profundos problemas y, por ende, determinar sus soluciones concretas?; hecho lo anterior y, a partir de la elemental premisa de que para resolver los problemas de los cinco sectores diferentes supra citados, constitutivos de nuestra realidad griega, se requieren especialistas diferentes ¿se han escogido para integrar sus papeletas a las personas adecuadas?; si entendemos como Partidos Políticos -con mayúscula por su calidad-, a las organizaciones que realmente se preocupan por resolver estos problemas para beneficio del Pueblo en general y de la Naturaleza, ¿serán Partidos los que se disputan el Gobierno Local griego o, simples grupos personalistas y, por ende, oportunistas, encabezados por elementos que solo desean servirse y no servir y usar el puesto municipal como simple trampolín para seguir trepando o, que simplemente encarnan fanáticas ideologías pseudo religiosas, o morales?; ¿la mayor cantidad de Partidos Políticos o grupúsculos politiqueros -recordar que la politiquería es la versión prostituida de la política- garantiza más democracia?; ¿qué es Democracia Real?

Ahora nos dedicaremos a tratar de responder estas cuestiones que consideramos fundamentales, aclarando de inmediato que no soy partidario de ninguna de estas diez entidades que hoy participan en esta lid electoral y, más aún, que posiblemente ni siquiera emitiré mi voto el próximo 02/02/20.

Respecto a la cantidad y variedad de los problemas que padece nuestro Cantón y, a partir de mi vivencia directa en medio de ellos, debida tanto a mis más de siete décadas de habitarlo, como a mi preocupación cotidiana por analizarlos, entenderlos y buscarles soluciones, puedo afirmar sin temor a equivocarme, que no son tan numerosos ni tan diferentes y que, con solo entenderlos por sus raíces y atacarlos desde ellas mismas, su solución aparece clara, y realizable, eso sí, con la participación de todo el Pueblo. De tal manera que no se justifica la existencia de tantos partidos en nuestro menú electoral cantonal. De lo anteriormente planteado, podemos sostener con mucha validez la hipótesis de que muy posiblemente, quienes encabezan estos partidos, salvo notabilísimas excepciones que inexplicablemente están en partidos diferentes, poco o ningún análisis científico y holístico -total- han hecho de nuestra realidad local, nacional e internacional en procura de entender y definir los problemas que nos azotan, sus orígenes, su naturaleza y sus reales soluciones. Al no realizarse el proceso anterior, también existe la altísima probabilidad de que las personas escogidas para ocupar los puestos a elegir no sean los idóneos para realizar exitosamente las tareas requeridas para resolver los problemas objetivamente existentes. La respuesta a la antepenúltima pregunta que me he planteado empieza a contestarse sola y, no únicamente por las elucubraciones que he planteado, sino porque los comentarios que brotan del seno de nuestro Pueblo mismo la confirman: la mayoría de los partidos inscritos en nuestro Cantón, no son Partidos, sino simple grupos con las características que les hemos atribuido casi al final de la segunda parte de este artículo por lo que no las repetiré.

A estas alturas vale hacer un par de digresiones que creemos totalmente pertinentes y que no calzan con la politiquería predominante en nuestro país. Los auténticos Partidos políticos deben ser grupos de análisis, reflexión y propuestas, dedicados a comprender la realidad integral de las áreas en que actúan -nacionales, regionales o locales- y, a detectar sus más importantes problemas, con el fin de elaborar propuestas totalmente rigurosas para resolverlos los problemas y presentárselas al Pueblo que, a su vez, las evaluará a fondo, las comparará y, finalmente se decidirá por una de ellas, la elegirá para ocupar la administración de su localidad y vigilará constantemente el trabajo de estos sus empleado públicos, a los que mantiene con sus impuestos y, por ende, puede destituir en el momento en que note que no cumplen eficientemente las tareas que se les ha encomendado. De tal manera que el Pueblo es el omnipotente y, a esto se le llama DEMOCRACIA REAL. Vale recordar, eso sí, que el Pueblo capaz de actuar de la manera que planteamos ha de ser un Pueblo convertido en Poder Popular.

La respuesta entonces a la última pregunta que nos hemos hecho es simplemente un corolario desprendido de todo lo que hemos expuesto: la cantidad de Democracia NO depende del mayor número de partidos políticos sino de su CALIDAD, pero, sobre todo, de que el Pueblo se haya convertido, mediante el proceso que hemos esbozado, en la suprema autoridad, esto es: «démos»: pueblo y «krátos»: autoridad.

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Colombia firma finalmente el Acuerdo de Escazú: apuntes

Nicolás Boeglin

Este 11 de diciembre del 2019, finalmente se oficializó en Naciones Unidas la firma del Acuerdo de Escazú (instrumento regional suscrito en Costa Rica en el 2018) por parte de Colombia: véase notificación oficial de la Secretaría General. En las líneas que siguen desmenuzaremos el alcance de esta firma, que no se deja ver en el escueto documento circulado por el departamento de tratados de Naciones Unidas.

Ello no sin antes recordar que, para que un tratado internacional sea vigente en el ordenamiento jurídico de un Estado, este último primero debe firmarlo (una atribución que recae usualmente en el Poder Ejecutivo) y luego aprobarlo (una postedad tradicionalmente reconocida al Poder Legislativo): el negarse a firmar un instrumento internacional impide a sectores políticos y de la sociedad civil iniciar una campaña para lograr su ratificación.

El resultado de una fuerte presión de la sociedad civil colombiana

La palabra «finalmente» usada previamente obedece a la fuerte movilización de organizaciones ambientales y sociales en Colombia, desde que oficialmente el Poder Ejecutivo colombiano afirmara que no iba a firmar este tratado, aduciendo un sinnúmero de razones tan insólitas como falaces (véase por ejemplo nota del prensa de RCN del 30.09.2019).

Cabe señalar que la víspera de la firma, es decir el 10 de diciembre del 2019, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) participó en la ciudad colombiana de Cartagena a una actividad en homenaje a líderes sociales y defensores de los derechos humanos en la que afirmó que:

«Combatir la violencia que se ejerce contra estos defensores de los Derechos Humanos es una responsabilidad de los gobiernos, pero también de nuestras sociedades, de nuestros ciudadanos, de nuestras empresas y de la comunidad internacional. Es una responsabilidad y un deber sagrado compartido por todos» (véase texto de su discurso).

La decisión del Poder Ejecutivo de Colombia de firmar el Acuerdo de Escazú en semejantes condiciones merece mención y anuncia que la campaña por lograr su debida ratificación será bastante álgida. No está de más precisar que durante las negociaciones del Acuerdo de Escazú (2014-2018), la delegación colombiana se mostró incómoda, presentando diversas propuestas en aras de reducir el alcance de varias disposiciones del futuro instrumento.

«No firmaremos el Acuerdo de Escazú porque…»: un insólito unísono oído en Bogotá y en Santiago (y en ninguna otra parte)

Con ocasión de la PreCop25 celebrada en Costa Rica en octubre del 2019, habíamos tenido la oportunidad de señalar lo inédito que resultaban las posiciones de Chile y de Colombia de no firmar un instrumento regional como el Acuerdo de Escazú. En esta nota publicada en el sitio de la Red por la Justicia Ambiental en Colombia, titulada: «Ambiente y Derechos Humanos: el Acuerdo de Escazú a un año de su firma«, nos permitimos señalar que:

«La ausencia de la firma de Chile, de Colombia y la de otros Estados podría revertirse en caso de que algunos Estados de la región, por alguna razón, cambien súbitamente de parecer e inicien su propio proceso en aras de facilitar a sus ciudadanos el ejercicio de sus derechos en materia ambiental.»

La posición de Chile así como los argumentos (un tanto originales) esgrimidos por parte de sus máximas autoridades fueron desmenuzados y desvirtuados uno tras uno en esta emisión producida en Chile del programa «Las cartas sobre la mesa» por parte de representantes chilenos de la sociedad civil (véase emisión disponible en este enlace).

Con relación a aspectos estrictamente jurídicos, remitimos también a nuestros estimables lectores a una entrevista titulada «¿Cuál es el tratado de derechos humanos y ambientales que Chile y Colombia se rehúsan a firmar?» realizada en noviembre del 2019, disponible en este enlace, en la que hacemos ver la verdadera revolución jurídica que proponen Chile y Colombia al presentar una serie de argumentos sobre las consecuencias de la firma de un tratado que desconoce … la misma Convención de Viena sobre Derechos de los Tratados de 1969 (véase lo que dispone el artículo 18 de dicha convención).

Foto extraída de nota de prensa de la BBC, titulada «Los países en los que matan a más ambientalistas en el mundo y el terrible récord de América Latina», 30 de julio del 2019

El Acuerdo de Escazú a más de un año desde su firma

El tablero oficial sobre el estado de firmas y ratificaciones del Acuerdo de Escazú (véase enlace oficial), con 22 firmas pero tan solo cinco ratificaciones obtenidas en poco más de un año evidencia que a algunos sectores políticos (y a influyentes sectores económicos) no les interesa en lo más mínimo que se combine la protección de los derechos humanos con la defensa del ambiente.

En días recientes, el Ejecutivo de Paraguay optó por retirar el proyecto de aprobación del Acuerdo de Escazú en trámite en el Congreso, causando un profundo malestar entre diversos sectores paraguayos (véase nota de prensa de Última Hora del 2/1/2019): no se tiene claro si el señor Arzobispo confundió este instrumento con otro texto al que se opone la Iglesia Católica sobre derechos humanos.

Es de notar que entre las firmas ausentes, figuran, además de las de Colombia (hasta este 11 de diciembre) y la de Chile, las de Cuba, El Salvador, Honduras y de Venezuela.

La COP25 que se lleva a cabo en España en este mes de diciembre constituye una ocasión propicia para que algunos Estados de América Latina reafirmen su compromiso con la defensa del ambiente y los derechos que ello conlleva para las comunidades y las organizaciones ecologistas.

Como bien lo señala una misiva colectiva de entidades colombianas,

«La firma de este Acuerdo representa también un compromiso con la agenda climática de Colombia y se convierte en un nuevo acercamiento del Gobierno Nacional con la democracia ambiental y las y los defensoras/es de derechos humanos y ambientales del país» (véase texto del Comunicado de la Alianza por el Acuerdo de Escazú en Colombia, con fecha del 10.12.2019).

Hay que agradecer a Bolivia y a Uruguay por haber sido los primeros en América Latina en depositar su respectivo instrumento de ratificación en la Secretaría General de Naciones Unidas, al tiempo que persisten interrogantes muy válidas sobre la ausencia de Costa Rica como Estado Parte a este novedoso instrumento (habiéndose transcurrido más de un año desde que puede serlo).

A modo de conclusión

Las organizaciones colombianas que lograron obtener esta firma por parte de Colombia podrían compartir su valiosa experiencia con sus homólogas chilenas: a pesar de haber sido, con Costa Rica, un activo promotor durante más de cuatro años de las negociaciones que culminaron en el 2018 en Escazú, y a pesar de la movilización de organizaciones sociales exigiendo mayor coherencia por parte de sus autoridades de cara a la COP25 inicialmente prevista en Santiago, Chile se resiste a firmar el Acuerdo de Escazú.

La movilización de organizaciones ecologistas colombianas permitió, entre muchas otras acciones, una publicación extremadamente completa (cuya lectura se recomienda y que puede interesar a muchos otros Estados de América Latina), titulada “Colombia y el Acuerdo de Escazú” (véase texto integral ), en la que se concluye que:

“Son alarmantes las cifras de conflictos ambientales y de asesinatos de defensores y defensoras del ambiente en Colombia. A pesar de contar con una amplia legislación en materia de información, participación y justicia ambiental en Colombia, la conflictividad ambiental en el país se agudiza cada día. El Acuerdo de Escazú se convierte en una herramienta de vital importancia para cambiar esta situación en el país” (p. 89).

Un amicus curiae presentado el pasado 6 de diciembre por diversas entidades internacionales en la causa penal que enfrenta el líder mapuche en Chile Pascual Curamil Millanao (véase texto completo, cuya lectura también recomendamos) nos viene a recordar la opción latente de algunos Estados (y sectores económicos) de optar por criminalizar a líderes comunitarios y ecologistas en América Latina, con la única finalidad de intimidar a los integrantes de sus comunidades.

Nótese que en América Latina, los dos Estados en los que se están dando fuertes movilizaciones y protestas sociales en este cierre del año 2019 coïnciden con los dos únicos Estados cuyas autoridades adujeron oficialmente oponerse a la firma del Acuerdo de Escazú.

 

(*) Nicolas Boeglin, Profesor de Derecho Internacional Público, Facultad de Derecho, Universidad de Costa Rica UCR.

Enviado por el autor.

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Sigue desatando nudos

Oscar Madrigal, abogado

El Presidente Alvarado trabaja por mantener la Alianza política con el PLN, el PAC y el PRN para la aprobación de una serie de proyectos de ley en estas sesiones extraordinarias. (Recordamos que hace muy poco tiempo los amigos del PAC abjuraban de las alianzas con los neopentecostales e incluso tuvieron el atrevimiento de censurar al diputado Villalta por votar algún proyecto con ellos). Esa santa alianza la busca afanosamente el Gobierno para que se aprueben los siguientes proyectos, según informa La Nación.

1-. Regulación de las huelgas, que es prácticamente su prohibición.

2-. Empleo público que es salario único y otras restricciones laborales

3-. Reforma a pensiones de lujo, que es creación de un solo régimen de pensiones.

4-. Cambios a instituciones y refundición de órganos desconcentrados que llevará a despidos de empleados.

5-. Regulación de las plataformas de transportes.

6-. Flexibilización de la jornada de trabajo, que significa la reducción de derechos de los trabajadores como las horas extras.

Como se aprecia fácilmente, se trata de una agenda eminentemente anti-laboral, sea contra los trabajadores y trabajadoras.

No hay nada referente a poner límite al capital financiero o a promover una mayor justicia social.

El Gobierno del PAC trabaja para restringir derechos, en unidad con partidos de derecha y reaccionarios como el PLN y los ramashekos, los cuales con nuestros votos fueron repudiados en las urnas.

Entre los 3 partidos sumarían 34 votos que aseguraría la aprobación de esos proyectos.

El Gobierno y el Presidente Alvarado siguen desatando nudos, pero solo aquellos que significan derechos sociales y económicos de los trabajadores.

 

Compartido con SURCOS por Juan Carlos Cruz Barrientos.

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Contra la reforma laboral regresiva. Sí al paro nacional

Carlos Meneses Reyes

El Movimiento Obrero Mundial conquistó la jornada laboral, sobre base científico-social de: 8 horas de trabajo – 48 horas semanales 8 horas de estudio -48 horas semanales

8 horas de descanso -48 horas semanales.

El trabajo dignifica al ser humano. Es creatividad. Produce efecto social y plusvalía (ganancia) para el patrono. Falso que el neo liberalismo salvaje le da más a dedicación familiar y al estudio de los trabajadores. Para quitarles horas de trabajo, previo flexibilizaron, es decir, restaron hora-ganancias, hora productividad, horas extras, ganancia adicional, horas – nalgas (investigación, estudio), horas acumuladas para una pensión, horas para remunerar lo vacacional. Afectan los logros y conquista sociales de dignificación del trabajo, expresada en cuerpos normativos y/o en avances doctrinarios y jurisprudenciales, tales como: la jornada de trabajo comienza desde que el trabajador sale de su hogar. La teoría del riesgo laboral por accidentes de trabajo y enfermedades profesionales, abarca toda la jornada laboral en el concepto amplio y humano de su inicio y terminación. La rebaja de horas-trabajo, carga la planificación estratégica a espaldas del trabajador, quien ha de superar conocimiento, reconocimiento de capacidades, soluciones a mayor rentabilidad que corresponde a la formación y capacitaron de personal a cargo de las empresas (patronos). Impone la informalidad y niega la estabilidad. Suprime la concentración calificada y especializada de la producción, base de lo coordinado-organizativo. Afecta la sindicalización, la organización de los trabajadores en sindicatos, como correas de transmisión de poder popular. Aumenta la explotación al exigir la misma productividad en seis horas, que en ocho remuneradas, trayendo consigo mayor desgaste físico-mental. Aplica mayor alienación, pérdida de valor de si, enajenación e intensidad de subordinación laboral. La disminución de la jornada laboral afecta el reloj biológico del trabajador. En lugar de estabilidad, impone inestabilidad, aumentando el pie de fuerza del sub empleo, al eliminar la jornada mínima legal, calculando el incentivo al mercado laboral de tercerías, eliminando el contrato de trabajo a término indefinido. Tiende a eliminar la función social del trabajo, aumenta la plusvalía, como ganancia empresarial y consolida la imposición del capital privado explotador. Es tanto lo que le han arrebatado al trabajador que ya no cabe flexibilizar más. Con tamaña flexibilización desconocieron las relaciones del contrato laboral e impusieron las relaciones de mercado laboral como objeto o mercancía de carácter civil. Condenaron el Derecho Laboral a una caricatura y enfilan contra los derechos humanos del trabajador. !Basta ya! !Resistencia!. PURO ABOGADO. 04.12-2019.

 

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Derechos humanos, igualdad de oportunidades, inclusión y equidad en educación

BREVES CONSIDERACIONES

Luis Muñoz Varela[1]

Tres décadas atrás, en Costa Rica dio inicio la promulgación de varias leyes y la creación de instituciones específicamente dedicadas a la protección y salvaguarda de los derechos humanos, la igualdad de oportunidades, la inclusión y la equidad en varias dimensiones de la vida en sociedad. Cabe mencionar las siguientes: a) Ley de Promoción de Ia Igualdad Social de la Mujer (1990); b) Ley de Aprobación de los Derechos del Niño (1990); c) Ley de creación de la Defensoría de los Habitantes de la República (1992); d) Ley Orgánica del Patronato Nacional de la Infancia (1996); e) Ley de Igualdad de Oportunidades para las Personas con Discapacidad (1996); f) creación del Instituto Nacional de las Mujeres (1998); g) Código de la Niñez y la Adolescencia (1998). Todas estas leyes e instituciones vienen a establecer en el país una plataforma a partir de la cual se busca asegurar y garantizar el cumplimiento de los derechos humanos, la igualdad de oportunidades, la inclusión y la equidad social, al menos en sus dimensiones más visibles y sensibles.

La formulación del concepto y perspectiva de los derechos humanos remite a situaciones y realidades en las que las libertades, la dignidad y la condición humana son transgredidas, restringidas o anuladas en su naturaleza esencial y en muy diversos sentidos. Cabe recordar, al respecto, que la Declaración Universal de Derechos Humanos -aprobada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el 10 de diciembre de 1948-, tomó como marco de referencia para su fundamentación el contexto de abyecta y demencial destructividad humana caracterizado por los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. Un momento en el que, de una manera inédita, la persecución y el exterminio programado – “asesinato administrativo” (Adorno, 1998, p. 17)- de millones de seres humanos alcanzó a tener calidades jamás registradas en toda la historia anterior de la humanidad. (Arendt, 1995).

La Segunda Guerra Mundial representó para la humanidad una experiencia atroz, en la que “el desconocimiento y menosprecio de los derechos humanos” originó “actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad” (Asamblea General de Naciones Unidas, 1948, p. 1); acontecimientos que llegaron a tener una “horrible originalidad que ninguna comparación histórica puede atenuar” (Arendt, 1995, p. 31). Con este marco de referencia como telón de fondo, la Asamblea General de la ONU dispuso proclamar la Declaración Universal de Derechos Humanos, estableciendo que se trata de un marco de referencia y de un conjunto de principios y finalidades:

[…] por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción. (p. 2).

Durante las últimas dos décadas, organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), han desarrollado definiciones amplias de los derechos humanos, a partir de un conjunto de principios básicos ordenado con la finalidad de precisar la naturaleza y el alcance de estos derechos. Este conjunto de principios básicos es el siguiente:

  1. a) universalidad e inalterabilidad;
  2. b) indivisibilidad;
  3. c) interdependencia e interrelación;
  4. d) igualdad y no discriminación;
  5. e) participación e integración;
  6. f) habilitación;
  7. g) rendición de cuentas y respeto del imperio de la ley (UNICEF, 2008).

Estos principios dan cuenta de una concepción ontológica, epistémica y axiológica de los derechos humanos, en la que queda implicada necesariamente una visión democrática de la sociedad y en la que el valor más elevado lo es el de la dignidad humana. Para asegurar que cada persona viva en la condición de dignidad que, en su calidad de ser humano, le es intrínseca, el Estado y la sociedad en su conjunto deben realizar las acciones que sean necesarias para atender y resolver todas aquellas situaciones que representen restricción, obstaculización, negación o ultraje de los derechos humanos y de la dignidad humana.

Característica fundamental de esta concepción de los derechos humanos, además de su carácter complejo e integral, es que se coloca en una línea de acciones políticas y programáticas ancladas en el presente y con proyección de futuro. Los derechos humanos, al tiempo que son inherentes a la condición humana y a la dignidad de cada persona, también deben servir como parámetros para avanzar de manera continua en la construcción de sociedades cada vez mejor articuladas y sustentadas en la institucionalidad de las libertades democráticas y en el desarrollo de capacidades para el logro del bienestar común y la justicia social.

Los derechos humanos son el lenguaje de las necesidades humanas básicas, de acuerdo con la noción de dignidad e igualdad de la persona humana. Contribuyen a articular las necesidades y la respuesta de aquellos que tienen que satisfacerlas. (ACNUDH, 2012, p. 11).

Los principios que definen la naturaleza de los derechos humanos vienen a representar, así, indicadores con base en los cuales es posible establecer, en cada momento, cuál es el estado en que un país se encuentra en materia de equidad, justicia social, igualdad, libertad; todas éstas, condiciones básicas que deben asistir a las personas en la sociedad para que puedan contar con una vida digna.

Partiendo de la situación constatada en la que se esté, los principios sirven para definir las acciones que corresponda llevar a cabo, a fin de garantizar el cumplimiento de los derechos humanos, lo mismo que para identificar a futuro las capacidades que deban ser desarrolladas para que la sociedad avance en la construcción de condiciones institucionales, económicas, sociales y culturales, que garanticen el fortalecimiento continuo de la institucionalidad de la democracia y la mejora del bienestar común con justicia social y dignidad humana.

En Costa Rica, a partir de 1994 existe una política en educación que ha sido declarada como política de Estado. En su formulación, esta política está contenida en cuatro documentos promulgados desde entonces: a) Política Educativa hacia el Siglo XXI (1994), b) El Centro Educativo de Calidad como eje de la Educación Costarricense (2008), c) Educar para una Nueva Ciudadanía (2015) y d) La persona: centro del proceso educativo y sujeto transformador de la sociedad (2016). Los tres primeros documentos presentan una misma fundamentación de principio, sustentada en tres “vertientes filosóficas”: humanismo; b) racionalismo; c) constructivismo. El cuarto documento adiciona a estas estas tres vertientes la del “Paradigma de la Complejidad” (Consejo Superior de Educación, 2016).

Las cuatro políticas tienen como punto de partida y de sustentación conceptual y programática, las diversas declaraciones que en el ámbito de la educación han sido aprobadas por los foros y conferencias mundiales celebrados por la UNESCO, a partir de la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos (Jomtien, Tailandia, 1990). Estas consisten en un conjunto de declaraciones que, hasta el presente, reiteran en la preocupación por el acceso universal a la educación, al menos hasta el umbral de superación del analfabetismo (terminación de la educación primaria), así como su ampliación a la preescolar y la secundaria.

Según se recalca, en la actualidad, en un mundo cada vez más intensamente determinado por los avances científico/tecnológicos, una productividad basada en estos avances, una realidad mundial de interdependencia, así como nuevas configuraciones de desigualdad social, exclusión, discriminación y vulnerabilización que afectan a diversos sectores sociales, la educación debe ser asumida como un instrumento fundamental para hacer frente y superar todas estas situaciones que vulneran la dignidad humana y que hacen emerger escenarios de agudas desigualdades, inequidad, injusticia social, vulneración de los derechos humanos. (Conferencia Mundial sobre Educación para Todos, 1990; Foro Mundial sobre la Educación (2000 y 2015). Ante ello, es imperativo que los sistemas educativos provean y aseguren una educación de calidad para toda la población; una educación inclusiva, equitativa y con base en el principio de la igualdad de oportunidades: “la educación es un bien público, un derecho humano fundamental y la base para garantizar la realización de otros derechos”. (Foro Mundial sobre la Educación, 2015, p. 7).

En Costa Rica, a la zaga de las orientaciones y directrices propuestas por la UNESCO, la política educativa también asumió como eje de su fundamentación y de su instrumentación pedagógico/didáctica, la educación de calidad en igualdad de oportunidades para toda la población estudiantil del país. Se impulsan acciones para ampliar la cobertura y el acceso en los niveles de la preescolar y la secundaria, a la vez que para reincorporar al sistema a la población joven y adulta que, por razones socioeconómicas o de cualquiera otra índole, no haya podido concluir sus estudios en al menos la trayectoria de la educación básica.

De manera especial, las disposiciones establecidas incluyen dar énfasis a la facilitación de oportunidades de acceso a la mujer, que por distintas razones (maternidad adolescente, trabajo doméstico, carencia familiar de recursos económicos, situaciones de violencia local en la comunidad donde residen y otras), resultan ser las más afectadas, no solo en lo que concierne a las oportunidades de acceso a la educación, sino también en muchos otros diversos ámbitos de la vida en sociedad.

Las políticas educativas promulgadas durante el último cuarto de siglo reiteran de manera sistemática en que, dadas las realidades de limitaciones múltiples que afrontan diversos sectores sociales y poblaciones, la prestación de los servicios educativos ha de llevarse a cabo con base en los principios de la equidad, la igualdad de oportunidades, la inclusión, la solidaridad y el respeto a las diversidades culturales. (Consejo Superior de Educación, 1994; Consejo Superior de Educación, 2008; Ministerio de Educación Pública, 2015).

De ahí que, para dar curso a la facilitación de las condiciones que conduzcan a la verificación de tales principios, se haya dispuesto la creación de programas como, por ejemplo, el de transferencias monetarias condicionadas Avancemos (2008), el Fondo Nacional de Becas (Fonabe, 1997), el Proyecto MEP-ProEDUCA (dirigido a favorecer la equidad en el acceso y la permanencia en el sistema educativo), “Yo me Apunto con la educación” (2015, para brindar atención a colegios con altos niveles de exclusión, infraestructura en mal estado, carencia de equipo y materiales didácticos y otros). Otros programas ya existentes desde antiguo, como los de comedores escolares y transporte estudiantil, también han sido fortalecidos con la finalidad de ampliar la cobertura, sobre todo hacia aquellas comunidades y centros educativos que presentan los mayores índices de pobreza y de desigualdad social.

Según señala UNICEF (2008), en muchos países, pese a los esfuerzos realizados por los gobiernos y los sistemas educativos, aún no se ha logrado asegurar el acceso universal y proporcionar una educación de calidad para toda la población estudiantil. UNICEF subraya que los enfoques de las políticas educativas basados en la ampliación de la cobertura resultan ser infructuosos, en la medida que no atiendan a profundidad las problemáticas complejas que representan la desigualdad, la inequidad y la exclusión social. No es suficiente con los esfuerzos que se realizan de manera principal en la universalización de la matrícula. Es preciso que las políticas y los programas de apoyo entiendan, tomen en consideración y asuman la globalidad de los diversos aspectos y factores que intervienen en los procesos educativos y en la prevalencia de situaciones de exclusión y desigualdad que afectan de manera significativa a diversos sectores sociales, poblaciones y comunidades.

No se ha reconocido la complejidad de los obstáculos que impiden el acceso de los niños a la escuela, ni se ha prestado oídos a las inquietudes expresadas por los propios niños acerca de su educación; tampoco se ha construido una cultura de la educación en la que se respete y valore por igual a todos los niños, ni se ha conseguido que los padres y las comunidades locales apoyen la educación, que se adopte un enfoque global de la educación, que se aborden los derechos de los niños en la educación, ni, por último, arraigar escuelas que sean centros acuciosos de acción comunitaria y desarrollo social. (UNICEF, 2008, p. 2).

Esta valoración de UNICEF constituye una llamada de atención crítica e interpela a los sistemas educativos a que asuman la educación en toda su dimensión de complejidad. Resalta aspectos que, siendo fundamentales, no acostumbran aparecer en los informes ministeriales de evaluación del sistema educativo, como tampoco en el seguimiento sobre la educación que realizan de manera periódica otras entidades; en Costa Rica, por ejemplo, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) y el Ministerio de Planificación y Política Económica (Mideplan). Se trata de aspectos que, por su naturaleza cualitativa, no pueden ser ponderados por medio de los indicadores cuantitativos y tradicionales utilizados por el sistema educativo y esas otras entidades, referidos a tasas de matriculación, aprobación, reprobación, rezago, exclusión, entre los más comunes.

La medición estadística, sobra decirlo, es de importancia fundamental. Ésta representa una dimensión de información valiosa que permite a las instancias de gestión del sistema educativo tomar decisiones en materia de asignación de recursos, atención y mejora de infraestructura, control del desempeño de la administración local de los programas de apoyo económico o asistencia social a la población estudiantil y a las familias, reconocimiento de las diferencias de rendimientos escolares en los centros educativos; en fin, le permite a la gestión superior del sistema educativo contar con un mapa del estado de la cuestión sobre las deficiencias y necesidades existentes por localización geográfica (regiones, provincias, cantones, distritos), a fin de consolidar o bien redireccionar las acciones emprendidas y hacer una mejor gestión de los procesos y cursos de acción desarrollados.

Sin embargo, además de la información que facilitan los indicadores cuantitativos, es necesario contar con indagaciones cualitativas que provean de información en dimensiones de mayor complejidad y con una perspectiva integral de las problemáticas existentes. Las estadísticas disponibles, sobre todo las que ofrece la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) del INEC y los informes sobre el estado de la educación que elabora el Programa Estado de la Nación (PEN), muestran una situación en la que, en su comparación por zonas (urbana y rural) y por régimen de prestación de los servicios educativos (público, privado, mixto), la calidad de la educación y los alcances en materia de asegurar igualdad de oportunidades, inclusión y equidad exhiben diferencias importantes entre los distintos centros educativos, poblaciones y comunidades.

Al respecto, una iniciativa como, por ejemplo, la de “Yo me Apunto con la educación”, viene a prestar atención a las desigualdades existentes y a promover acciones concertadas entre diversos actores interesados en la calidad y la pertinencia de la educación. Sin embargo, este tipo de acciones requieren de mayores niveles de compromiso y, de manera especial, de una participación genuina por parte de los actores locales, sobre todo las familias y las propias comunidades estudiantiles. No parece ser apropiada, por infructuosa y carente de eficacia contextual, la norma según la cual se da por descontado que las propuestas diseñadas en las oficiales centrales especializadas del sistema educativo son las que deben ser puestas en marcha y las únicas que pueden venir a resolver los problemas, sin necesidad de realizar mayores consultas ni otorgar espacios para que las poblaciones afectadas puedan expresar también sus propias valoraciones, puntos de vista y recomendaciones.

Las cuestiones relevadas por UNICEF interpelan a fondo finalidades declaradas en las políticas educativas, tales como las de igualdad de oportunidades, equidad, inclusión, así como las de pertinencia y calidad de la educación. Finalidades que no se lograrán cumplir, en el tanto, por ejemplo, los programas de apoyo creados para extenderlas a los sectores sociales y poblaciones con limitaciones de acceso y permanencia en el sistema educativo estén basados en protocolos de aplicación estandarizada. Las posibilidades y condiciones (institucionales, económicas, sociales y culturales) de acceso y de vinculación con los servicios públicos no son las mismas para todos los sectores sociales y las diferentes poblaciones y comunidades. Varían de manera significativa de una zona a otra y entre las diferentes regiones geográficas.

Es recurrente en la política educativa costarricense, la referencia a la necesidad de realizar los mayores esfuerzos institucionales para brindar educación pertinente y de calidad a toda la población. De por medio está el desafío por hacer que la educación se constituya en la herramienta facilitadora de acceso al empleo, requisito indispensable para impulsar la mejora de las condiciones de vida y el bienestar social, tanto a escala individual como de la sociedad en general. No obstante, lo mismo en este aspecto que en el caso de los conceptos de equidad, inclusión, igualdad de oportunidades y de respeto a la diversidad cultural, las acepciones asignadas también remiten, en general, a una proyección programática de la educación fundamentalmente de índole instrumental.

Tanto la calidad como la pertinencia de la educación involucran una visión compleja del proceso educativo y de la prestación de los servicios educativos. Aun cuando, en un país como Costa Rica, se cuente con marcos jurídicos que regulan la protección y el cumplimiento de los derechos humanos y que obliguen a las instituciones del Estado a llevar a cabo las acciones que al respecto se requieren, los objetivos declarados no se llegarán a cumplir, en la medida que prevalezca un contexto social, económico y cultural que afecta a diversos sectores de la población, que por su condición social, económica, cultural, étnica, de género y otras, se mantienen en una situación en la que sus derechos humanos están siendo limitados, obstruidos o incluso negados.

Los programas de asistencia social son muy importantes, pero deben operar en el marco de una red interinstitucional de acciones, orientadas con base en una perspectiva que, más allá de lo paliativo o asistencial, se propongan resolver de manera genuina las realidades de exclusión, desigualdad, inequidad, vulnerabilización e injusticia social. Para el caso específico de la educación, esas acciones tienen que estar dirigidas a que las personas desarrollen las capacidades y las libertades que les son necesarias para dignificar su vida y avanzar en la construcción de condiciones de bienestar social, indispensables para la sana convivencia social, la mejora continua de la institucionalidad de la democracia y el respeto y resguardo de los derechos humanos para toda la población.

[1] Instituto de Investigación en Educación (INIE), Universidad de Costa Rica. C.e.: luis.munoz@ucr.ac.cr.

Referencias bibliográficas

-Adorno, Theodor W. (1998). Educación para la emancipación. Madrid: Ediciones Morata S. L.

-Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. (2012). Indicadores de Derechos Humanos. Guía para la medición y la aplicación. Nueva York y Ginebra: Naciones Unidas. Recuperado de: http://www.ohchr.org/Documents/Publications/Human_rights_indicators_sp.pdf

-Arendt, Hannah. (1995). De la historia a la acción. Barcelona: Paidós. Asamblea General de las Naciones Unidas. (1948). Declaración Universal de Derechos Humanos. Nueva York: Naciones Unidas. Recuperado de: https://www.ohchr.org/EN/UDHR/Documents/UDHR_Translations/spn.pdf

-Consejo Superior de Educación (1994). Política Educativa hacia el Siglo XXI. San José: Ministerio de Educación Pública. Recuperado de: file:///D:/4/politicaeducativasigloXXI.pdf

-Consejo Superior de Educación. (2008). El Centro Educativo de Calidad como Eje de la Educación Costarricense. San José: Ministerio de Educación Pública. Recuperado de: http://www.mep.go.cr/educatico/el-centro-educativo-de-calidad-como-eje-de-la-educacion-costarricense

-Consejo Superior de Educación. (2016). La persona: centro del proceso educativo y sujeto transformador de la sociedad. San José: Ministerio de Educación Pública. Recuperado de:

-Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia. (2008). Un enfoque de la Educación para Todos basado en los derechos humanos. Marco para hacer realidad el derecho de los niños a la educación y los derechos en la educación. París: UNESCO. Recuperado de: http://unesdoc.unesco.org/images/0015/001588/158893s.pdf

-Foro Mundial sobre la Educación. (2000). Informe final. París: UNESCO. Recuperado de: http://iin.oea.org/Cursos_a_distancia/Lectura%2017_disc.Dakar.pdf

-Foro Mundial sobre la Educación. (2015). Declaración de Incheon y Marco de Acción para la realización del Objetivo de Desarrollo Sostenible 4. París: UNESCO. Recuperado de: http://agoradeeducacion.com/doc/wp-content/uploads/2018/09/UNESCO-2015-Declaración-de- Incheon-y-Marco-de-Acción-para-el-ODS-4.pdf

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Empleos “peor es nada”

Luis Paulino Vargas Solís

Economista/Director CICDE-UNED

Trabajar en una piñera es estar bajo el yugo de un régimen laboral abusivo, que maltrata la dignidad humana, a extremos que a menudo merecerían ser considerados los propios de un sistema de semiesclavitud. Pero es que, además, la explotación piñera provoca graves daños ambientales y múltiples prejuicios a la salud humana y animal. La contaminación de mantos acuíferos está bien comprobada, con perniciosas repercusiones para las poblaciones vecinas y elevados costos para el AYA.

Los trabajadores de las piñeras, como asimismo quienes viven en las comunidades aledañas, lo comprenden perfectamente. Y, sin embargo, no ocultan la preocupación que les ocasiona pensar que las piñeras pudieran irse. Reunido en una oportunidad con vecinos de Pavón de Los Chiles, me lo expresaban con claridad: “queremos que se regulen las piñeras, pero no queremos que se vaya, porque si no ¿en qué trabajaríamos?”.

¿Será acaso posible regularlas y al mismo tiempo retenerlas? Es que, en realidad, su rentabilidad depende de un doble subsidio: el que le proveen los trabajadores a través de jornadas laborales bárbaramente extenuantes y salarios ridículos; y el que la colectividad les da, al permitirles dañar gravemente la naturaleza y afectar la salud humana y animal, sin ni siquiera solicitarles alguna compensación a cambio. Regular, como me decían en Pavón, supone corregir tales excesos. Y, entonces, ¿se mantendrían las piñeras en operación?

El cultivo de la piña.

Recordemos, por otra parte, el caso de la minería a cielo abierto en Crucitas. Hablar de “sostenibilidad” –como lo hace nada menos que el Colegio de Geólogos– es un oxímoron. Como hablar de un sol radiante a medianoche. Es imposible desarrollar una mina de este tipo sin que tenga importantes impactos en el paisaje, los bosques, la vida silvestre y el agua. Pero hoy nos dicen que haber frenado aquel proyecto que Oscar Arias definió como de interés público, implicó perder la oportunidad de brindar empleo a las comunidades vecinas. En su lugar, nos recuerdan, se ha establecido un tráfico clandestino del oro, que también tiene consecuencias ambientales negativas, y diversas repercusiones sociales adversas.

Lo anterior, sin embargo, deja abiertas importantes preguntas.

Primero, y aparte las consecuencias ambientales que este tipo de minería trae consigo, ¿de qué tipo de empleos estamos hablando? No son, en general, ocupaciones calificadas ni bien remuneradas, y es una actividad que, por su misma naturaleza, comporta considerables riesgos laborales. Además, la explotación minera tiene un ciclo de vida bien delimitado. Y luego, y aparte la destrucción ambiental, ¿qué les quedaría a las comunidades?

Segundo, y visto que el proyecto minero se cayó, ¿qué ofrecía la clase política como alternativa? Evidentemente nada. De haber existido esa alternativa, Crucitas no estaría atrapada en la situación deplorable que hoy se observa. Barajaban dos opciones: el “peor es nada” de la minería, o la nada desnuda. Se impuso esta última.

Lo cierto es que vivimos una época de marcada involución en la calidad de los empleos: inestables y precarizados, mal remunerados, con agravado irrespeto incluso a las más elementales normas laborales. Es sintomático que a las personas trabajadores del sector público, se les reclame airadamente gozar de estabilidad en sus trabajos. O sea: tener un empleo digno deja de ser un derecho y comienza a ser visto como privilegio aberrante. Y hay gente que gustosa se come esa torta envenenada: les parece que inestabilidad, incertidumbre y atropello son el estado deseable de las cosas, tan natural como las lluvias en pleno octubre. La dignidad no parece ser un valor que estas personas aprecien. Tales es la grave intoxicación que provoca el “ethos neoliberal”

Uber es, en muchos sentidos, icónico. La precarización es su alimento, a la vez que su hábitat. Se la defiende señalando que genera empleo. Y es cierto: provee empleo a personas que no lo tienen o a quienes sufren la urgencia de un segundo o tercer empleo. Pero es un empleo sin derechos ni protección alguna. Más aún: es un modelo que logra trastocar las bases tradicionales de funcionamiento del capitalismo, donde se suponían que los riesgos del negocio eran asumidos por el empresario capitalista. No más. Uber queda exenta de cualquier riesgo. Lo suyo es recolectar ganancias y llevárselas.

Y siendo que, para éxtasis y gloria del “consumidor”, Uber es más barato que el taxi tradicional, también es cierto que el milagro no es milagroso en absoluto: evadir todas las obligaciones sociales es solo una procaz forma de dumping. Uber reduce costos y tarifas evadiendo todas las responsabilidades que cualquier ciudadano que se respete sí cumpliría. En ese particular, Uber y las piñeras se dan la mano.

No se me malentienda: no tengo nada, ni remotamente, contra quienes se redondean unos cinquitos trabajando con Uber. Les guardo absoluto respeto, mucho más puesto que son víctimas de un modelo cuyo combustible es la irresponsabilidad.

Uber también es parte del juego de los empleos “peor es nada”. A más no haber, es menos malo trabajar en Uber que no trabajar del todo. Quizá las condiciones no sean tan groseramente agraviantes como las que se observan en las piñeras. Pero el problema de fondo es similar.

El empleo es territorio minado para las élites en Costa Rica, lo mismo la clase política, el empresariado o el poder mediático. Es tan grave y, en particular, tan pertinazmente grave, que les lanza un desafío que las deja petrificadas. Su única respuesta es, cada vez más, las ofertas “peor es nada”. Al mismo objetivo apunta la flexibilización de las jornadas laborales: que si los negocios no caminan bien, no será la empresa la que deba plantarle cara al ventarrón. No, al menos, en primera instancia. El problema –o sea, y de nuevo, los riesgos– se trasladan a las personas trabajadoras, mediante la reducción de su jornada y su ingreso salarial.

Pero el desafío va mucho más allá, y abre interrogantes de dimensiones oceánicas: automatización, robotización e inteligencia artificial y la perspectiva ominosa de la destrucción masiva de empleos.

Corresponde generar alternativas, puesto que las actuales élites gobernantes nada ofrecen.

 

Tomado del blog: https://sonarconlospiesenlatierra.blogspot.com/

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