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El discurso comunista del presidente Chaves

Vladimir de la Cruz

En el análisis comunista clásico, sobre la base del Manifiesto Comunista, publicado en 1848, la sociedad contemporánea es el resultado de una evolución histórica, generada por un proceso de lucha de clases fundamentales, cuyo resultado hizo sistemas políticos caracterizados por el dominio de una de esas clases sobre la otra. Así se dieron el sistema esclavista, donde las clases fundamentales eran los esclavistas y los esclavos, el sistema feudal, donde las clases fundamentales eran la de los señores feudales y los campesinos, bajo la forma de siervos y vasallos, a su servicio, y el sistema capitalista, cuyas clases fundamentales son la burguesía y el proletariado, la clase obrera.

Federico Engels, corredactor del Manifiesto decía que la idea central, que inspira todo el Manifiesto, es que el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia de la sociedad -una vez disuelto el primitivo régimen de comunidad del suelo- es una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del proceso social, hasta llegar a la fase presente, en que la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y las luchas de clases; esta idea cardinal fue fruto personal y exclusivo de Marx.

Engels en las ediciones del Manifiesto hasta su muerte, a finales del siglo XIX, valoró el desarrollo del capitalismo en esa segunda mitad de esa centuria, sin alterar el contenido de lo dicho en 1848. Según él, el asalto al poder por la clase obrera señaló que La Comuna de París había demostrado, principalmente, que “la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines”.

El Manifiesto Comunista se proponía por misión proclamar la desaparición inminente e inevitable de la propiedad burguesa en su estado actual. No se analizó en el Manifiesto la situación de Rusia y Estados Unidos en ese siglo. En Rusia, decía Engels, coincidiendo con el orden capitalista en febril desarrollo y la propiedad burguesa del suelo que empezaba a formarse, más de la mitad de la tierra era propiedad común de los campesinos. La liberación del campesinado por el Zar no resolvió el problema por las cargas tributarias que les impuso, que los llevó a mantenerse bajo el sometimiento que tenía, que les era más beneficioso. En los días de la Revolución, en octubre de 1917, Lenin, entendiendo esta situación planteó como uno de sus tres primeros decretos, el de la Tierra, para asegurar como aliado al campesinado.

El Manifiesto Comunista en su momento, 1847, no se llamó Manifiesto Socialista, como bien decía Engels, porque el concepto de “socialista” abarcaba dos categorías de personas. Unas, las que abrazaban diversos sistemas utópicos, y entre ellas destacaban los owenistas en Inglaterra, y en Francia los fourieristas, que poco a poco habían ido quedando reducidos a dos sectas agonizantes. En la otra, los charlatanes sociales de toda laya, que aspiraban a remediar las injusticias de la sociedad con sus potingues mágicos y con toda serie de remiendos, sin tocar en lo más mínimo, al capital ni a la ganancia. Frente a esto había gentes ajenas al movimiento obrero, que iban a buscar apoyo para sus teorías a las clases “cultas”, y el sector obrero que, convencido de la insuficiencia y superficialidad de las meras conmociones políticas, reclamaba una radical transformación de la sociedad, que se apellidaba comunista.

Para Marx y Engels, la revolución era en todas partes obra de las clases trabajadoras: fueron los obreros quienes levantaron las barricadas y dieron sus vidas luchando por la causa, aunque solamente los obreros de París, después de derribar el Gobierno, tenían la firme y decidida intención de derribar con él a todo el régimen burgués.

En esta línea de pensamiento, la burguesía existe revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social. La época de la burguesía, decía Engels, se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes. “Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.”

En 1848 Marx y Engels afirmaron que “la necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta a otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones. La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo. Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu.”

Continúa el Manifiesto: “La burguesía obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. Crea un mundo hecho a su imagen y semejanza. La burguesía somete el campo al imperio de la ciudad. Crea ciudades enormes, intensifica la población urbana en una fuerte proporción respecto a la campesina y arranca a una parte considerable de la gente del campo al cretinismo de la vida rural. Y del mismo modo que somete el campo a la ciudad, somete los pueblos bárbaros y semibárbaros a las naciones civilizadas, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente. La burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitantes del país. Aglomera la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad. Este proceso tenía que conducir, por fuerza lógica, a un régimen de centralización política. Territorios antes independientes, apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos y líneas aduaneras propias, se asocian y refunden en una nación única, bajo un Gobierno, una ley, un interés nacional de clase y una sola línea aduanera.”

Seguía el Manifiesto: “Vino a ocupar su puesto la libre concurrencia, con la constitución política y social a ella adecuada, en la que se revelaba ya la hegemonía económica y política de la clase burguesa. Pues bien: ante nuestros ojos se desarrolla hoy un espectáculo semejante. Las condiciones de producción y de cambio de la burguesía, el régimen burgués de la propiedad, la moderna sociedad burguesa, que ha sabido hacer brotar como por encanto tan fabulosos medios de producción y de transporte, recuerda al brujo impotente para dominar los espíritus subterráneos que conjuró.”

En esta dimensión analizan Marx y Engels que “la historia de la industria y del comercio es la historia de las modernas fuerzas productivas que se rebelan contra el régimen vigente de producción, contra el régimen de la propiedad, donde residen las condiciones de vida y de predominio político de la burguesía, con crisis periódicas de producción y comerciales, que ponen en peligro a la misma sociedad… Basta mencionar las crisis comerciales, cuya periódica reiteración supone un peligro cada vez mayor para la existencia de la sociedad burguesa toda. Las crisis comerciales, además de destruir una gran parte de los productos elaborados, aniquilan una parte considerable de las fuerzas productivas existentes. En esas crisis se desata una epidemia social que a cualquiera de las épocas anteriores hubiera parecido absurda e inconcebible: la epidemia de la superproducción.”

Agregaba El Manifiesto, “el trabajador se convierte en un simple resorte de la máquina, del que sólo se exige una operación mecánica, monótona, de fácil aprendizaje. Por eso, los gastos que supone un obrero se reducen, sobre poco más o menos, al mínimo de lo que necesita para vivir y para perpetuar su raza. Y ya se sabe que el precio de una mercancía, y como una de tantas el trabajo, equivale a su coste de producción. Cuanto más repelente es el trabajo, tanto más disminuye el salario pagado al obrero. Más aún: cuanto más aumentan la maquinaria y la división del trabajo, tanto más aumenta también éste, bien porque se alargue la jornada, bien porque se intensifique el rendimiento exigido, se acelere la marcha de las máquinas, etc.”

Señalaba El Manifiesto: “Todas las clases que le precedieron y conquistaron el Poder procuraron consolidar las posiciones adquiridas sometiendo a la sociedad entera a su régimen de adquisición. Los proletarios sólo pueden conquistar para sí las fuerzas sociales de la producción aboliendo el régimen adquisitivo a que se hallan sujetos, y con él todo el régimen de apropiación de la sociedad. Los proletarios no tienen nada propio que asegurar, sino destruir todos los aseguramientos y seguridades privadas de los demás.

Hasta ahora, todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa. El proletariado, la capa más baja y oprimida de la sociedad actual, no puede levantarse, incorporarse, sin hacer saltar, hecho añicos desde los cimientos hasta el remate, todo ese edificio que forma la sociedad oficial. Por su forma, aunque no por su contenido, la campaña del proletariado contra la burguesía empieza siendo nacional. Es lógico que el proletariado de cada país ajuste ante todo las cuentas con su propia burguesía… en que esta guerra civil desencadena una revolución abierta y franca, y el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, echa las bases de su poder”.

Concluyen en el Manifiesto que “hasta hoy, toda sociedad descansó, como hemos visto, en el antagonismo entre las clases oprimidas y las opresoras. Mas para poder oprimir a una clase es menester asegurarle, por lo menos, las condiciones indispensables de vida, pues de otro modo se extinguiría, y con ella su esclavizamiento. El siervo de la gleba se vio exaltado a miembro del municipio sin salir de la servidumbre, como el villano convertido en burgués bajo el yugo del absolutismo feudal. La situación del obrero moderno es muy distinta, pues lejos de mejorar conforme progresa la industria, decae y empeora por debajo del nivel de su propia clase. El obrero se depaupera, y el pauperismo se desarrolla en proporciones mucho mayores que la población y la riqueza. He ahí una prueba palmaria de la incapacidad de la burguesía para seguir gobernando la sociedad e imponiendo a ésta por norma las condiciones de su vida como clase. Es incapaz de gobernar, porque es incapaz de garantizar a sus esclavos la existencia ni aun dentro de su esclavitud, porque se ve forzada a dejarlos llegar hasta una situación de desamparo en que no tiene más remedio que mantenerles, cuando son ellos quienes debieran mantenerla a ella. La sociedad no puede seguir viviendo bajo el imperio de esa clase; la vida de la burguesía se ha hecho incompatible con la sociedad. La existencia y el predominio de la clase burguesa tienen por condición esencial la concentración de la riqueza en manos de unos cuantos individuos, la formación e incremento constante del capital; y éste, a su vez, no puede existir sin el trabajo asalariado.”

El discurso del Presidente Rodrigo Chaves, denunciando que todos los gobiernos y partidos políticos que ejercieron el poder constituyeron una “dictadura perfecta”, una dictadura de quienes ejercieron el poder y el gobierno desde el Poder Ejecutivo, y sus instituciones, la Asamblea Legislativa y el Tribunal Supremo de Elecciones, desde donde organizaron el asalto a las finanzas públicas, al erario nacional, donde establecieron la corrupción, y mecanismo que montaron con inteligencia para gobernar para ellos, solo para ellos, haciéndole creer a la gente, a los electores y ciudadanos que gobernaban en su nombre y por ellos. Dijo el presidente Chaves que aprovechando esas circunstancias y poder nombraron magistrados y otros puestos, “haciendo los mismos cambalaches”.

El presidente Chaves desnudó la naturaleza política del régimen democrático burgués oligárquico que existe en Costa Rica. El presidente no dijo que la democracia nacional fuera imperfecta, dijo que era la dictadura perfecta de los grupos que la habían controlado desde el poder, desde el gobierno, desde las instituciones públicas. El presidente Chaves no negó el origen democrático de los gobiernos, tan solo señaló que aprovechándose de mecanismos democráticos los que llegaron a gobernar lo hicieron imponiéndose como dictadores sobre el pueblo, en su nombre como si los representaran cuando solo estaban en el poder para representar sus propios intereses y riquezas. Chaves no violentó el equilibrio de poderes, tan solo señaló en su análisis que esos poderes públicos estaban interconectados en y dominio por quienes ejercían el control político con capacidad de nombramientos de los integrantes de esos otros poderes o instancias públicas. De allí concluyó que los gobiernos de los partidos Unidad, Liberación Nacional, Unidad Social Cristiana y Acción Ciudadana, que son los que han ejercido el gobierno constituyeron el engranaje de la dictadura institucional perfecta. En este sentido, por su orden en el ejercicio de la Presidencia desde 1948, José Figueres, Otilio Ulate, José Figueres, Mario Echandi, Francisco Orlich, José Joaquín Trejos Fernández, José Figueres, Daniel Oduber, Rodrigo Carazo, Luis Alberto Monge, Oscar Arias, Rafael Ángel Calderón Fournier, José María Figueres, Miguel Ángel Rodríguez, Abel Pacheco, Oscar Arias, Laura Chinchilla, Luis Guillermo Solís y Carlos Alvarado, son según el presidente Rodrigo Chaves, los dictadores de esa “dictadura perfecta”, que ha tenido Costa Rica.

El presidente Chaves no se considera en esa línea sucesoria de dictadores, por cuanto es el que denuncia la naturaleza dictatorial y tiránica de sus anteriores gobernantes, y porque se siente el tarzán de esa jungla, con su jaguar al lado, en capacidad de acabar con esa urdimbre dictatorial.

Lo que el presidente Chaves ha dejado claro con su ataque, a los que él considera dictadores del pasado inmediato costarricense, es que él está en contra de esos gobiernos, de esos partidos que gobernaron, de las formas como esos presidentes y gobernantes lo hicieron porque él representa otra forma de gobernar, que supuestamente esos dictadores con sus ramificaciones en el Estado, no lo dejan gobernar y, porque él quiere imponerse como un nuevo prototipo de dictador gobernante.

Chaves siente que él representa un nuevo grupo político, económico, empresarial financiero, como efectivamente lo es, que quiere asirse con el poder en todos los mandos, para gobernar a su antojo, sin controles, de forma gerencialmente autoritaria, en nombre de los jaguares que le acompañan como masa acrítica, analfabeta políticamente, que consideran que con él, con Chaves, nada tienen que perder y con más posibilidades de ganar, porque el presidente Chaves les vende humo, confianza y fe de que todo lo que hace es por la gente del Purral…y por los jóvenes ninis, que ni trabajan ni estudian, que están siendo reclutados para las luchas entre las organizaciones criminales…

Chaves no convoca al proletariado ni a la clase trabajadora a su favor en esta lucha contra los gobernantes y partidos de la dictadura perfecta. Habla y expresa la lucha que existe entre sectores oligárquicos y de poder del pasado con nuevos sectores oligárquicos que quieren adueñarse del poder en esta época, en este momento. Su lucha de clases es una lucha en el interior de los grupos oligárquico burgueses nacionales. Su enfoque teórico comunista, que le sirve para ese ataque, es ese.

Lo que no se están dando cuenta, quienes así piensan, es que si esa población pobre, movilizada en buses, con comida y cierta paga básica, para acompañar las giras presidenciales, y esos jóvenes llegasen a tener conciencia de su propia situación, y de quienes los tienen allí, y así, en esa condición de pobreza y miseria, bien podrían usar esas armas contra sus explotadores sociales, económicos y políticos… Así es la Historia.

El discurso en su forma comunista, de lucha intra oligárquica puede escapársele de la boca y de las manos al presidente Chaves. Él forma parte de todo lo que dice criticar.

Compartido con SURCOS por el autor.

Un “jaguar” extraviado en el Congreso

Freddy Pacheco León

Llevaron “el jaguar” a la Asamblea Legislativa, como amenaza para los que Chaves considera sus enemigos, personales y políticos. “¡Si no me lo tratan bien, van a verlo actuar a lo largo y ancho del país!”, fue su sonoro mensaje, acompañado de una cimarrona.

Pero resulta, como dicen los jóvenes, que el animal “entró quedando”, pues inmediatamente se sintió desorientado, ya que “la fiera” no tenía por qué conocer, la legislación que se iría a encontrar, aunque sus domadores le habían pintado un panorama límpido y agradable.

Y es que, no podría ser de otra manera, ya que, en la Ley del Referéndum, sobre el trámite del convocado por el Poder Ejecutivo, en forma conjunta con la Asamblea Legislativa, NO hay determinación alguna que permita interpretar, que la «ley jaguar«, conformada por cuatro proyectos de ley, pudiese tramitarse en forma diferente a otros proyectos de ley similares.

En el caso del referéndum legislativo, dice dicha Ley, que su trámite se hará «por los procedimientos reglamentarios al efecto«. Por otro lado, para el referéndum del Poder Ejecutivo, que busca al Poder Legislativo como socio, luego de entregada la propuesta, la misma Ley, remite a lo señalado para el referéndum legislativo, al indicarse que «seguirá el trámite previsto en el artículo anterior«.

¿Y cuáles serán esos «procedimientos reglamentarios«?, preguntamos, y de una vez respondemos: pues los únicos que existen, los usuales, no cabe inventar nada, donde la legislación positiva, no otorga ese espacio.

Al revisar el Reglamento de la Asamblea Legislativa, vemos que el presidente tiene el mandato de «Asignar a las comisiones los proyectos presentados a la Asamblea Legislativa, con estricto apego a la especialidad de la materia y según las funciones y atribuciones señaladas para cada una de ellas«. Mandato que no hace diferenciación alguna, de si se trata de un proyecto de ley, llamémoslo como los que se tramitan cotidianamente, o uno que se espera sea convocado a referéndum, conjuntamente por los poderes Ejecutivo y Legislativo. Asimismo, como debe ser, no se habla de un plazo perentorio alguno.

Para los referéndums, recordemos que lo único que está normado, es lo referente a proyectos de ley que impliquen reformas a la Constitución. Para estos, el proyecto de que se trate ha de haber sido aprobado por mayoría calificada, en una legislatura, como requisito a ser luego sometido a referéndum. Es, aquí todavía más claro, que antes habría de haber sido sometido a «los procedimientos reglamentarios al efecto«. Jamás podría pensarse que, un proyecto de ley de reforma constitucional, con semejante trascendencia, no fuere antes tramitado en la respectiva comisión, analizado a profundidad, consultado, ampliamente divulgado, etcétera, para eventualmente ser dictaminado. Aun así, nuestra carta magna, ha sido reformada en 64 ocasiones, hasta la fecha, prueba de que no es cierto que no se pudiere modificar.

El hecho de que la llamada «ley jaguar», sea en realidad, la reunión de cuatro proyectos de ley (que modificarían igual número de leyes), complica, todavía más, el asunto. Y es así, porque, al estudiar la normativa que crea y regula el referéndum, es claro que el legislador pensó en un proyecto, y no en dos, cuatro o 14. Por ello, el trámite en comisión legislativa ha de ser tal, que, los señores diputados tendrían que tramitar, individualmente, cada uno de los proyectos, con su correspondiente número de expediente, pues sería imposible, conocerlos cual si fuere uno solo. Esto significa, que se deberán remitir al Departamento de Servicios Técnicos de la Asamblea Legislativa, así como hacer las consultas de rigor (al Tribunal Supremo de Elecciones y la Sala Constitucional), para cada uno de ellos. Lo mismo, a la hora de solicitar los criterios correspondientes, también para cada uno. Imposible hacerlo de otra manera, aunque el pobre “jaguar”, se vaya a sentir más incómodo, que en el clausurado zoológico del Parque Bolívar.

Sin embargo, la que podríamos considerar una «ventaja», a favor del Congreso, para salir del problema que podría crearle la solicitud de referéndum nacida en Zapote, es el factor tiempo. ¡Veamos!

Como sendas solicitudes del referéndum por iniciativa ciudadana, también para la «ley jaguar«, fueron presentadas el pasado 5 de junio, el TSE, como un solo trámite, tomó un acuerdo preliminar, solicitando al Departamento de Servicios Técnicos, elaborar el informe correspondiente. Labor que los juristas del Congreso harán, luego de recibidas las respuestas a las consultas de rigor, donde, presumimos, estaría incluida la Sala Constitucional, fundamentalmente.

Podría ser, pues, que para cuando la Asamblea Legislativa inicie el trámite que le ha solicitado Chaves, para su extraño referéndum, para entonces quizá ya se habrá avanzado en el trámite para el referéndum de las más de 177.000 firmas, el de iniciativa ciudadana, solicitado por el ciudadano esposo de la diputada Cisneros, y, cosa extraña, por el ciudadano que estuvo asilado en Nicaragua, bajo “la protección” del dictador Ortega, por haber alegado que su vida corría peligro en nuestro país, al haberse puesto del lado de los nicas, en relación con la (fallida) construcción estratégica, de la ruta 1856, que habría corrido paralela a parte del río San Juan, cuando padecimos la invasión del ejército “sandinista” a isla Portillo.

Lo mejor que podría suceder, sería que, antes de que se abriera un debate inútil en la Asamblea Legislativa, se pudiesen tener a mano, algunos elementos objetivos, que, muy posiblemente, facilitarán lo que se vaya a resolver. Aunque muchos pensamos que al menos dos de los proyectos de ley, incluidos en la “ley jaguar”, serían inconstitucionales, solo la Sala IV podría determinarlo así.

Igualmente, en vista de que existe jurisprudencia en el TSE, en el sentido de que la forma empleada por los proponentes del referéndum, que incluye varios proyectos de reformas legales a igual número de leyes, no puede ser tramitado así, presumimos que su resolución, no será diferente al rechazo emitido en otra oportunidad, para una iniciativa que se tiene muy presente.

Finalmente, para los que piensan que la “ley jaguar” habrá de seguir el mismo trámite aplicado al del muy conocido TLC con los Estados Unidos, les recordamos que se trataba de un convenio internacional, suscrito por el Poder Ejecutivo, que, en su proceso de aprobación legislativa, no podría habérsele cambiado “ni una coma”. Después de que la Sala IV no encontró roces constitucionales, sencillamente se puso a votación del Plenario Legislativo, como respuesta a la solicitud del Poder Ejecutivo, de procesarlo como un proyecto de ley por vía de referéndum conjunto de ambos poderes. No son similares, evidentemente, las dos situaciones.

19.6.24

El referéndum de Chaves y la disyuntiva de las señoras y los señores diputados

Henry Mora Jiménez

Ha llegado a mi teléfono celular el siguiente mensaje (lo he recortado para trasmitir lo esencial):

“¿Usted que haría? No hay que ser adivino … para darse cuenta de que los señores y las señoras diputadas se encuentran ante un dilema respecto del Referéndum: Todo el mundo está claro en que lo enviado está plagado de inconstitucionalidades que lo hacen inviable, algunas MUY graves. El asunto está en que, si se vota en contra, Chaves alegará que la Asamblea no lo deja trabajar …  Y si se vota a favor, y se le tira el churuco a la Sala IV y al TSE, podrían quedar como avalándolo y comiéndole gallina. Y cuidado si no, con una enorme culpa de irresponsabilidad de cara la Historia (con «H» mayúscula).  Entonces, como dijo ese gran filósofo argentino Diego Verdaguer: ¿Usted que haría, usted que haría?”

Mi primera reacción fue: la Asamblea tiene que “comerse la bronca” y enfrentar a Chaves. Dado lo harto deficiente del proyecto, ese sería el mal menor, aunque tengan que escuchar a Chaves despotricar por unos días o semanas.

Pero pensándolo mejor, la Asamblea más bien tiene una oportunidad de oro para recuperar prestigio ante la ciudadanía (¡que mucho que le falta!).

Si el proyecto no tiene futuro, como lo han señalado destacados especialistas en derecho constitucional, lo mejor que pueden hacer los señores diputados es ahorrarle tiempo y recursos al país, y rechazar ese remedo de proyecto de ley, y de paso (pero nada despreciable) no caer en el juego maquiavélico de Chaves.

Pero además, aunque a la Asamblea no le corresponde enmendar los desaciertos del Poder Ejecutivo, bien pueden recomendar (o auspiciar un Foro que lo sugiera) la mejor manera (responsable, legal y oportuna) de llevar adelante Ciudad Gobierno y la Marina en Limón. Estos proyectos cuentan con muy pocos opositores (si se hacen bien) y la Asamblea estaría actuando sensata y correctamente si le ahorra al país la polarización política que a todas luces el presidente busca desencadenar. Y a la misma provincia de Limón le ahorraría la enorme decepción de una nueva esperanza frustrada.

Entonces, más que una disyuntiva, la Asamblea legislativa tiene ante sí una gran oportunidad.

Piotr Bolótnikov, oro olímpico y héroe soviético

Gabe Abrahams

Piotr Bolótnikov (1930-2013) nació el 8 de marzo de 1930 en el pueblo de Zinovkino de la República Autónoma Socialista Soviética de Mordovia, perteneciente a la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas).

Con cuatro años, perdió a su madre. Y, con doce años, a su padre, el cual falleció en el frente durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) defendiendo a la URSS como comandante del ejército soviético.

En medio de este drama familiar y de las dificultares de la guerra y solo ayudado por la hermana de su padre fallecido, el joven Piotr Bolótnikov pasó penurias, hambre y frío. Aunque, ya en los compases finales de la contienda mundial, en 1944, pudo empezar a reponerse y acudir a la escuela de formación industrial de Krasnoslobodsk.

En 1946, Bolótnikov se trasladó a Moscú para terminar sus estudios y trabajó de electricista. Y, en 1950, fue reclutado por el ejército y marchó a la RDA (República Democrática Alemana), empezando a practicar atletismo. Tras una estancia de cinco años, regresó a la URSS, se dio de baja del ejército y se centró en correr para el club Spartak.

En 1957, Bolótnikov ganó su primer título de 10.000 metros en el campeonato de la URSS, al vencer en un apretado final al entonces campeón olímpico de la distancia, su compatriota Vladimir Kuts. Eso le supuso iniciar un dominio en los campeonatos soviéticos que se extendería durante varios años.

En 1960, Piotr Bolótnikov acudió a los Juegos Olímpicos de Roma con el ánimo de ratificar su excelente estado de forma e hizo historia. Se impuso con autoridad en la final olímpica de los 10.000 metros, derrotando a sus principales rivales y consiguiendo la medalla de oro olímpica. Un oro que resultó un merecido premio a saber superar los años de miseria y hambre, los duros entrenamientos, los reveses competitivos…

El 5 de octubre de 1960, en Kiev, Bolótnikov culminó su gran año olímpico, al pulverizar la plusmarca mundial de los 10.000 metros, dejándola en un tiempo de 28:18.8.

1962 volvió a ser otro año importante en la carrera deportiva de Piotr Bolótnikov. El 11 de agosto de 1962, en Moscú, batió de nuevo la plusmarca mundial de los 10.000 metros, en esta ocasión por menos de un segundo. Y, un par de semanas después, ganó los 10.000 metros del Campeonato de Europa celebrado en Belgrado, la capital de Yugoslavia, quedando también tercero en los 5.000 metros. Al oro olímpico, se sumaban plusmarcas mundiales y un oro europeo.

Bolótnikov coronó el año 1962 afiliándose al PCUS, es decir el Partido Comunista de la Unión Soviética. Siempre había sido comunista y tomó la decisión por pura coherencia ideológica.

Los éxitos deportivos de Bolótnikov poco a poco cesaron y, en 1965, decidió retirarse de las pistas, trabajando a partir de entonces de entrenador en el Spartak y en Argelia.

Entre los años 1980 y 1986, Bolótnikov consiguió ser diputado de un consejo de distrito de la ciudad de Moscú, siendo ese el único cargo relativamente relevante a nivel político que tuvo a lo largo de toda su trayectoria.

Piotr Bolótnikov pasó los últimos años de su vida en su dacha, rodeado de sus medallas y trofeos de otro tiempo, junto a su mujer Raisa, sus hijos y sus nietos. También junto a sus condecoraciones como la Orden de Lenin, que le concedió la URSS en 1960. E hizo deporte hasta el final de sus días.

El 20 de diciembre de 2013, falleció Piotr Bolótnikov con 83 años y fue enterrado en el cementerio Troyekúrovskoye de Moscú, junto a otros héroes soviéticos. El mundo del deporte mostró tristeza por el adiós a uno de los más grandes corredores de fondo de la historia.

Ha pasado más de una década desde esa despedida y la memoria de Piotr Bolótnikov sigue presente. Se podría afirmar que ha permanecido intacta. Cada aniversario de sus gestas, invariablemente se recuerdan. Cada aniversario de sus medallas, su figura toma de nuevo protagonismo. Y es que resulta obligado poner en valor a un corredor excepcional, a un oro olímpico y héroe soviético, que dominó las pruebas de fondo de su tiempo y que es parte de la historia del olimpismo y del deporte del pasado siglo XX. Bolótnikov permanece.

América Latina de cara al siglo XXI: entre la desesperanza y la descolonización consciente y organizada

Borrador para discusión. Envíe sus opiniones y sugerencias a misobrado@yahoo.com

Miguel Sobrado y Juan José Rojas

Introducción

La mayor parte de la extensión del continente americano y de su riqueza, incluida su población, se encuentra en Latinoamérica, pero esta parte de la región se ha convertido en el “patito feo”, por la falta de oportunidades para los excluidos y las malas condiciones imperantes.

Hoy en día, desde todos los países del subcontinente latinoamericano, salen caravanas intermitentes de miles de migrantes desesperanzados, con rumbo hacia Norteamérica. La desesperanza cunde en la región latinoamericana que parece haber perdido el sueño martiano de una América Latina protagónica en el mundo contemporáneo. Esto ocurre, después de siglos de gobiernos autoritarios y de décadas de sanciones impuestas por los Estados Unidos a las naciones de la región que no aceptan su hegemonía, a lo que se añade la violencia creciente del narcotráfico y la corrupción concomitante del clientelismo. La respuesta espontánea e inmediata ha sido la desesperanza traducida en migraciones masivas de millones de personas afectadas.

Dos factores preponderantes han condicionado este éxodo: la herencia de la servidumbre y la esclavitud, y las condiciones de tutelaje neocolonial, especialmente por parte de los Estados Unidos. En este documento, analizaremos la relevancia que han tenido y tienen estos factores en la configuración de los sistemas estatales y sociales, para proponer medidas que permitan mitigar e iniciar la transformación de los círculos viciosos prevalecientes, en nuevos procesos virtuosos que puedan modificar, en el mediano plazo, la situación regional.

El reto es ver la realidad latinoamericana, más allá de los estereotipos negativos y personalistas y de países individuales, para analizarla como un sistema específico, configurado por las condiciones históricas propias y las del entorno mundial. Bajo esta perspectiva, al identificar y comprender la naturaleza de estos sistemas, en lo que comparten y difieren, es factible proponer apalancamientos claves que permitan su transformación en modelos de desarrollo con bienestar social y en armonía con la naturaleza.

La herencia colonial

Nuestra institucionalidad tiene sus raíces en el sistema político centralista de los reinos y los virreinatos de los cuales dependían las decisiones políticas y económicas. En la época colonial, para todos los emprendimientos de conquista de nuevos territorios o explotaciones económicas, como las minas o las plantaciones agrícolas, se requería la autorización y subordinación, de sus promotores, a las disposiciones establecidas y a los monopolios reales.

La riqueza, dentro de este ordenamiento económico vertical, fue generada mayoritariamente por la mano de obra servil, a través de las encomiendas, a las que quedaron atadas las poblaciones indígenas y que se otorgaba por la autoridad real a los conquistadores. Posteriormente, a lo largo del extenso periodo colonial, se incorpora la esclavitud de los africanos, de forma masiva para el desarrollo de minas y haciendas.

Desde aquél entonces, el centralismo, como forma de gobierno, promueve las relaciones verticalistas e incuba un clima para la dependencia y corrupción, al mismo tiempo que desalienta la participación de las comunidades en sus propios asuntos.

Este ordenamiento colonial, gestionado de forma centralista y basado en la servidumbre y la esclavitud, es heredado por los criollos. Éstos sintiéndose discriminados por los privilegios de que gozan los peninsulares y que los mantienen alejados de la gestión local, proclaman la independencia a inicios del siglo XIX.

Los nuevos Estados, surgidos de las guerras de independencia contra las coronas española, portuguesa y francesa, mantuvieron la estructura centralista de poder y, si bien abolieron formalmente y, de forma progresiva, la esclavitud, reservaron para los criollos el control del poder, basado, al igual que en la época colonial, en el monopolio sobre grandes extensiones territoriales, expropiadas a las comunidades indígenas, dentro de un sistema de relaciones de dominación que ofrecía muy pocos canales de avance social, al mismo tiempo que mantenían los prejuicios étnicos y de clase, de forma abierta o subyacente (Sobrado y Rojas, 2006).

De tal forma que, aunque formalmente los indígenas, los afroamericanos, los mulatos y los mestizos, se convirtieron en ciudadanos, en los hechos, estaban desprovistos de medios de producción, de oportunidades efectivas de avance social y de derechos civiles y políticos. En estas condiciones, resultó prácticamente imposible que tales sectores sociales pudieran ejercitar sus destrezas empresariales, asociativas y cívicas. La emergencia de cualquier atisbo de capital social fue severamente bloqueada.

El caso de Haití resulta paradigmático al respecto, ya que habiendo sido el primer país que alcanzó su independencia, logrando establecer en 1804 la primera república del continente creada por esclavos, muy pronto devino en una nación pobre y atrasada. La no superación de los lastres de origen, sumada a la deuda astronómica que le impuso Francia, le han acarreado, hasta el día de hoy, una trágica e injusta historia.

Visto en retrospectiva, tanto la conquista como la colonización posterior, despojaron a los países latinoamericanos, tanto de la tierra y del fruto de su trabajo servil o esclavo en las haciendas y minas, como de su identidad étnico-cultural, negando la riqueza de sus tradiciones ancestrales y de gran parte de sus valores filosóficos y estéticos, los cuales fueron invisibilizados o borrados por la cultura dominante.

El tutelaje neocolonial

En 1820, cuando nacían las nuevas repúblicas, los Estados Unidos, la nueva potencia emergente en la región, proclamaba la doctrina Monroe, bajo la consigna: “América para los americanos”, que se transformó, de hecho, en América para los norteamericanos, empezando por la ocupación y anexión, en la década de 1840, de la mitad del territorio de México.

Esta expansión, es retenida temporalmente, por Inglaterra, la potencia dominante a escala internacional. En aquél entonces, cuando las tropas norteamericanas pretenden ocupar Centro América. La férrea oposición inglesa, los obliga a firmar el Tratado Clayton Bulwer, mediante el que ambos países se comprometen a no tomar colonias en la región.

Si bien formalmente los norteamericanos, en virtud del Tratado arriba mencionado, no pudieron ocupar con su ejército los territorios de Centro América, si crearon la figura del filibusterismo, como iniciativa privada destinada al mismo fin. Cabe destacar que esta estrategia fue aplicada inicialmente en Cuba, por parte del militar venezolano Narciso López, quién era partidario de la política anexionista de los Estados Unidos. Entre 1848 y 1851 organizó varios intentos de invasión a territorio cubano con grupos de voluntarios de varios estados del sureste de los Estados Unidos, que fracasaron estrepitosamente. En la última de ellas, ocurrida en Bahía Honda, Pinar del Río, fue capturado por las tropas españolas, siendo ejecutado a “garrote vil”, el 1 de septiembre de 1851, en la explanada de La Punta, en la ciudad de La Habana.

Pese a este fracaso momentáneo, la práctica del filibusterismo es trasladada a Centro América, siendo impulsada y financiada principalmente por los grupos de poder político y económico del sur racista, con la finalidad de ocupar primero Nicaragua y expandirse posteriormente a toda la región.

En este contexto, la decisión del gobierno de Costa Rica de formar un ejército profesional para enfrentar a los filibusteros gozó tanto del respaldo de Inglaterra, que le vendió los fusiles minie, los más avanzados de la época, como de Cornelius Vandervilt, dueño de la Compañía del Tránsito, cuyos buques habían sido expropiados por los filibusteros. De manera paralela, se logró la incorporación de los ejércitos de Centro América que se integraron a la guerra, consiguiendo derrotar a los filibusteros.

Pero, sin importar que los filibusteros hubiesen sido repelidos en el campo de batalla, los Estados Unidos continuaron interviniendo, diplomática y militarmente y, de manera creciente, en la región, a lo largo de los siglos XIX y XX, considerándola su patio trasero.

Así, a medida que crecía su importancia económica y militar, y con la finalidad de asegurar su hegemonía sobre el subcontinente latinoamericano, los Estados Unidos promueven intervenciones militares directas y golpes de Estado para imponer regímenes dictatoriales proclives a sus intereses. A lo largo del siglo XX llegaron a intervenir más de 20 veces. Dentro de estas intervenciones, se destacan: la ocupación de Nicaragua en los años veinte y los golpes de Estado en Guatemala en 1954 y en Chile en 1973, dadas las graves repercusiones provocadas por tales acontecimientos sobre la vida democrática de esos países. El primer gran rechazo, contra su política expansionista lo encuentran en Nicaragua con la guerrilla de Augusto César Sandino, un rebelde, que logró derrotarlos militarmente, aunque terminó siendo traicionado por la Guardia Nacional, formada por los norteamericanos antes de evacuar a su derrotado ejército.

De manera especial, durante la segunda mitad del siglo XX, florecen dictaduras violentas promovidas por los Estados Unidos, que crean un clima de malestar e insurrección en gran parte del continente, especialmente después del derrocamiento por la fuerza del gobierno de Jacobo Árbenz en Guatemala, que se manifiesta, entre otras formas, en la creación de la Legión Caribe, una alianza de opositores para derrocar a las dictaduras. Este ambiente socio-político y cultural, se ve reflejado, entre otras expresiones artísticas, en las obras literarias de Mario Vargas Llosa, como Tiempos recios, que versa sobre el derrocamiento del gobierno legítimo de Guatemala; La fiesta del chivo, que trata sobre los efectos de la dictadura de Trujillo, en República Dominicana, y la que probablemente fue la más popular en su época: Conversaciones en la Catedral, en la que aborda el pesimismo y la corrupción moral reinante en la sociedad peruana bajo la dictadura del general Manuel A. Odría.

En medio de este contexto adverso y desolador, emerge con fuerza, la revolución encabezada por la guerrilla cubana en 1959, como símbolo de la resistencia y de la dignidad latinoamericanas. Inspirada en el pensamiento de José Martí y dentro del marco de un mundo de potencias bipolar, se inclina hacia el socialismo y establece una alianza con el bloque soviético que le permite sobrevivir. De esta manera, el surgimiento de la revolución cubana obliga a los Estados Unidos a revalorar parcialmente su relación con América Latina, poniendo en marcha una estrategia de contención, basada en dos componentes. Por una parte, ofreciendo “la zanahoria” de La Alianza para el Progreso, en 1961, con la cual busca reorientar el desarrollo económico de los países latinoamericanos y, por otra, con “el garrote”, promoviendo el bloqueo a Cuba y fortaleciendo las dictaduras anticomunistas en toda la región, entre las que se destacan por su crueldad las de Argentina, Brasil y Chile. De igual modo, se involucra militarmente en la guerra contra las guerrillas en Centro América, en los años 70s y 80s. Guerra con la que, una vez más, pretendió ocupar Centro América, pero que, tras largos años de muerte y destrucción, se vio obligado a negociar el Plan de Paz, promovido por los presidentes de la región con el respaldo de los demócratas norteamericanos y de los social-demócratas europeos.

El bloqueo a Cuba tuvo, desde sus inicios, dos propósitos: el de afectar a la población civil que mayoritariamente apoyaba a la revolución, para que cambiara de opinión y, establecer un precedente de cara a toda la región, para desalentar a los demás países para que se abstuvieran de tomar medidas autónomas adversas a sus intereses. La aplicación del bloqueo se hizo y se sostuvo a contrapelo del derecho internacional y de la voluntad de la casi totalidad de los miembros de la Asamblea de las Naciones Unidas que, reiteradamente han exigido su levantamiento.

Aunque el objetivo de crear una opinión interna adversa al gobierno cubano, que condujera a su derrocamiento, no fue alcanzado y aún con el hecho de que desapareciera, desde 1991, la Unión Soviética y con ella el peligro de una amenaza estratégica, el bloqueo se mantiene hasta el día de hoy y se ha agudizado con sanciones adicionales, derivadas de la declaración de Cuba como país “promotor del terrorismo”, la cual se produjo con la intención de satisfacer intereses locales y mantener la disuasión de comportamientos “inamistosos” de los otros países del continente. Estas sanciones que se han extendido a Venezuela y Nicaragua han contribuido significativamente a desatar las grandes migraciones hacia el norte.

La aparición del narco tráfico, su impacto en los Estados y en el equilibrio regional

Con la aparición del negocio del narco tráfico, en gran escala, impulsado inicialmente por Pablo Escobar, cambian los ejes del poder centralizado en una pequeña elite nacional, a la que ya no es preciso pedirle permiso para hacer negocios. Su poder actual como transnacional es tan grande que se permite retar el poder de los Estados y minarlos progresivamente, aprovechando las redes de corrupción institucionales y penetrando los poderes locales, especialmente en las zonas deprimidas. En poco tiempo, se han apoderado de Estados completos, así como de numerosos municipios y regiones en las que su palabra es la ley del fusil. En los Estados Unidos y Europa se encuentra su principal mercado, en donde han desarrollado, dada la pasividad de sus autoridades, densas redes de apoyo con las que las desafían permanentemente.

Por todo ello, el narco debe ser visto como una enorme y poderosa empresa descentralizada, que se está constituyendo progresivamente en una opción de poder, reclutando y dando oportunidades a las grandes masas de excluidos de los mecanismos tradicionales de generación de ingresos y de avance social. Una opción de poder creciente en el contexto de desigualdad y exclusión social prevalecientes y que tiende a imponer un orden económico y social despótico y autoritario. Una especie de neo feudalismo en pleno siglo XXI. Un enemigo muy peligroso que sólo puede ser enfrentado con organización desde las bases territoriales, fortaleciendo la inteligencia policial y actuando sobre las causas generadoras de la exclusión social y la impunidad.

La emergencia de nuevas condiciones y tendencias en el mundo y América Latina

En la segunda década del siglo XXI, asistimos al ascenso vertiginoso de nuevas potencias económicas como China, India, Sur África, Rusia y Brasil, fenómeno que está cambiando el panorama de poder mundial unipolar prevaleciente desde la desintegración de la Unión Soviética en la última década del siglo XX.

El peso creciente de China y las repercusiones de su éxito económico y social han aglutinado a estas potencias, cuya participación en la economía mundial se acercará en el 2030 al 40%, constituyéndose en un nuevo eje de poder que rechaza el ordenamiento unilateral y al margen del derecho internacional que, en forma de sanciones, imponen los Estados Unidos a quienes no comulgan con sus intereses. La actual coyuntura internacional es, por tanto, favorable al cambio pues ya no existe una hegemonía donde impere solo “la ley del garrote” a través de sanciones y golpes de Estado, sino que florece un mundo multipolar que genera alternativas y posibilidades de nuevas alianzas.

Dentro de este contexto, Brasil y México, entre otros, han venido jugando un papel relevante en la ampliación de los derechos soberanos del conjunto de las naciones de América Latina y han implementado políticas significativas en la perspectiva de recuperar y fortalecer su soberanía económica y política; sin embargo, tales medidas siguen siendo débiles e incompletas por carecer de una base social de apoyo que respalde los cambios, así como de inclusión social a través de la educación y otros mecanismos de promoción y organización social.

Simultáneamente, al interior del continente, se está produciendo un reacomodo de fuerzas, en cuyo marco, la social democracia y el socialismo clientelista han venido perdiendo respaldo por las prácticas corruptas que los acompañan, al tiempo que crece el populismo de derecha, aderezado, en varios casos, con tintes preocupantes de carácter neofascista que van más allá de la simple retórica discursiva.

El peso de la corrupción endémica

El centralismo, en condiciones de falta de oportunidades y de participación de las grandes mayorías de excluidos, origina la corrupción clientelista, esto es, el manejo de personas y organizaciones por prebendas, a cambio de llevar o mantener en el poder a los oligarcas de la clase política. Los dirigentes de estas organizaciones, a su vez, en cuanto tienen acceso al poder, se reparten la mejor tajada (Trocello, 2008). Esta práctica no es un atributo exclusivo de la derecha sino también de una parte importante de los movimientos que claman por la sociedad del bienestar.

Teniendo como prioridad el interés propio, al llegar al poder manejan la hacienda pública con ese criterio, provocando un desajuste financiero que termina afectando, en primer lugar, a quienes deberían ser los beneficiados del bienestar, provocando desesperanza e indignación. Sólo así puede explicarse que la mayoría de los argentinos escogieran a un presidente esquizofrénico y delirante como Javier Milei.

En el campo de las privatizaciones, la derecha ha exhibido un gran oportunismo y corrupción, al hacer negocios comprando por una bicoca empresas públicas para venderlas después con grandes ganancias (Piketty, 2019). Lamentablemente ese oportunismo no ha sido solo de la derecha sino también de la llamada izquierda, tal como se ha podido constatar con las expropiaciones de las grandes empresas y haciendas adjudicadas, no a los trabajadores organizados como correspondería, sino a los dirigentes políticos como sucedió en Nicaragua.

Hacia el futuro inmediato: aprovechar los cambios externos para ejercer soberanía y consumar las transformaciones internas que hacen falta

Como se ha expuesto a lo largo de este trabajo, el tutelaje estatal o patriarcal, junto con la exclusión masiva de los sectores populares de las dinámicas económicas y políticas, limitan el desarrollo de las personas y también de países y continentes enteros, dando lugar a la configuración de escenarios de decadencia institucional avanzada (Fukuyama, 2016). En contraste, el capital social y la cultura cívicas indispensables para impulsar el desarrollo económico y social sólo pueden emerger en condiciones de autonomía y libertad asociativa, por lo que el empoderamiento ciudadano aparece como una condición si ne qua non de cualquier intento de transformación efectiva de la realidad que nos afecta.

Por otra parte, si se sabe aprovechar, la nueva coyuntura internacional abre espacios para que los países latinoamericanos ejerzan su soberanía de forma cada vez más plena. Ciertamente, los Estados Unidos no renunciarán fácilmente a su hegemonía regional, pero factores ideológicos e intereses creados la van a limitar, entre ellos, la garantía de su propia seguridad y la necesidad de acceso a los recursos vitales del continente. Todas estas circunstancias, aunadas a la lucha de resistencia de los pueblos y a una hábil negociación con las potencias económicas en ascenso, los obligarán a ir modificando su actitud hacia Latinoamérica.

A su vez, el cada vez más grave estado de salud del planeta, que exhibe alarmantes condiciones de deterioro en temas cruciales como desaparición de biodiversidad, cambios de uso de suelos, pérdida de riqueza y vitalidad de las fuentes de agua dulce, y cambio climático, así como los desastres naturales asociados al mismo, incidirá en la revalorización de las prácticas productivas y los valores ancestrales de los pueblos originarios del continente que, no hace mucho tiempo, permitían la regeneración de los suelos, bosques y climas (Ribeiro, 2015). Toda esta herencia cultural, al igual que las prácticas avanzadas de permacultura, elevarán el valor de la innovación agroecológica regional y su importancia para el mundo.

Pero, en lo inmediato, América Latina enfrenta el grave problema derivado del poder creciente del narco tráfico, así como el de la añeja corrupción clientelista y el peligro de las privatizaciones oligárquicas como las que se dieron con los programas neoliberales o las que tuvieron lugar en la Rusia post soviética. Además, bajo este contexto, las condiciones de exclusión se consolidan, al mantenerse inalteradas las relaciones de discriminación étnica y de clase que, a su vez, definen las limitadas oportunidades de acceso a la educación y a los círculos de influencia y poder para millones de personas.

En estas condiciones, la tarea histórica de transformar el actual estado de cosas solo puede ser realizada por un pueblo organizado que active su poder de incidencia en el ámbito económico y cívico. A tales efectos, lo que se requiere es una amplia movilización social que actúe como fuerza motriz de la transformación social y política. Pero dicha organización y movilización social no se podrá lograr si antes no se echan abajo las barreras que mantienen en la postración a la gran mayoría de la población.

Empezar a erradicar la exclusión, solo es posible con la puesta en marcha de una serie de medidas estratégicas de mediano y largo plazo, entre las que destacan: la promoción educativa y la alfabetización organizacional y empresarial, ambas realizadas en forma masiva y como procesos participativos de largo aliento. A continuación, abundaremos en algunos de los elementos definitorios de tales acciones.

Como es sabido, la educación es un derecho fundamental establecido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada, desde 1948, por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En el año 2015, este organismo internacional estableció una nueva agenda mundial para el año 2030, en la que se enlistan 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS). De forma enfática, los ODS cuatro y cinco aspiran a garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, así como promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todas y todos.

Sin embargo, hacia el año 2019, América Latina y el Caribe aún se encontraban lejos de alcanzar las metas educativas establecidas en los ODS. Peor aún, la pandemia mundial por covid-19, desatada a partir de 2020, afectó los sistemas educativos, forzándolos al cierre de actividades presenciales y a la implementación apresurada de formas alternativas de educación a distancia, que no lograron retener a toda la población estudiantil. Todo ello derivó en la interrupción abrupta de su proceso educativo, afectando su aprendizaje y progresión escolar (CEPAL, 2024).

En un intento por tratar de revertir esta situación, el informe de seguimiento de la educación en el mundo para 2022 de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) recomienda a los gobiernos, las organizaciones bilaterales y multilaterales, la sociedad civil, el sector privado, los académicos, las comunidades, las escuelas, los estudiantes, las familias y los tutores a trabajar de manera conjunta en la implementación de las siguientes acciones: fomentar el acceso igualitario a la educación y prevenir el abandono escolar; lograr que el aprendizaje sea transformador, seguro e inclusivo para todos los educandos; desarrollar sistemas educativos equitativos, inclusivos y transformadores de género, y promover enfoques integrados, coordinados y que abarquen todo el sistema.

No obstante, de acuerdo con información estadística, dada a conocer recientemente por la CEPAL (2022), en relación con 14 países de América Latina, se observa que un 41.4% de la fuerza de trabajo de 15 años y más, no completó la enseñanza secundaria. Entre los factores de riesgo para desertar de la escuela se encuentran: la condición de pobreza, étnica, racial y de discapacidad, debido a que estas condiciones son objeto de discriminación en contextos académicos adversos.

Pero, además, la falta de acceso al sistema educativo genera un círculo vicioso de pobreza y marginación, ya que cuando el estudiante proviene de un hogar donde los padres no finalizaron el nivel primario de educación, se eleva, de forma considerable, la incidencia de la pobreza y la pobreza extrema. En efecto, entre la población de esos hogares, la incidencia de ambos tipos de pobreza llega al 46.8%. En cambio, los estudiantes que provienen de hogares donde los padres tienen educación terciaria completa, la incidencia de la pobreza fue del 9.0% (CEPAL, 2022).

En virtud de lo anterior, lo que se requiere urgentemente es el establecimiento de un sistema educativo inclusivo, gratuito y universal, que ponga freno a la deserción estudiantil y que cuente con amplia cobertura y participación de todos los grupos étnicos y clases sociales. Así, en el marco de un sistema educativo abierto, plural y diverso será posible impartir una educación que eduque para la vida de forma integral, con el propósito de desarrollar en las personas sus capacidades cognitivas, socioemocionales y físicas que les permitan alcanzar su bienestar individual y colectivo. Una educación que desarrolle el pensamiento crítico y el fortalecimiento de los lazos entre escuela y comunidad y que, además, permita que los conocimientos y aprendizajes adquiridos en las aulas se vinculen con el sector productivo y la investigación científica.

Lo antes dicho en relación con el papel de la educación es particularmente válido para la población infantil y juvenil de América Latina, el futuro de nuestras naciones; pero, aún quedaría pendiente de erradicar la exclusión a la que ha sido sometida la población adulta, la que actualmente constituye la mayor parte de la población económicamente activa del continente y que exhibe bajos niveles de escolaridad y, por ende, una enorme vulnerabilidad económica y social.

Para promover la reinserción de los bastos contingentes de población que han sido excluidos de los circuitos económicos y que hoy constituyen el grueso del flujo migratorio latinoamericano, se podrían poner en marcha procesos masivos de capacitación organizacional y técnica en los lugares de origen de esa población.

Dicho en otras palabras, lo que en esta materia se requiere, es impulsar un amplio y consistente proceso de capacitación organizacional a nivel local y comunitario, abierto a toda la población residente en esos lugares, es decir, desde los niños hasta los ancianos, pasando por los jóvenes, las mujeres jefas de hogar y los padres de familia en el que a partir de diagnósticos comunitarios participativos se identifiquen, por una parte, los peligros existentes para la seguridad comunitaria y, por otra, el potencial económico y las oportunidades de negocio existentes en las comunidades rurales y urbanas. En un segundo momento, con base en tales diagnósticos, se podrían montar diversos procesos de capacitación técnica, empresarial y asociativa que permitan avanzar en la elaboración de proyectos productivos específicos.

Evidentemente, todo este esfuerzo de capacitación organizacional deberá ejecutarse siguiendo los principios epistemológicos y los procedimientos técnicos, recuperados y sistematizados en metodologías de capacitación de masas, entre las que destacan la educación popular de Paulo Freire y la del Laboratorio Organizacional (LO), creada y desarrollada por el sociólogo brasileño Clodomir Santos de Morais y que ya ha sido aplicada con éxito, en diferentes países de cuatro continentes (Carmen y Sobrado, 2000). Esta última, además de presentar resultados destacados en diversas formas de organización popular, genera poder real, elevando la conciencia y las posibilidades de incidencia y participación de las comunidades en la vida económica y política. El éxito del LO se fundamenta en su enfoque basado en la autonomía efectiva de los grupos y no en el tutelaje clientelista de los asistencialistas. En este sentido, cabe destacar que la autonomía del sujeto es exigida por la naturaleza del proceso mismo de capacitación que demanda, para ser efectivo, de la relación sin interferencias con el objeto, en este caso la organización social, en cuyo manejo los participantes buscan habilitarse. Todo este planteamiento metodológico está alineado, de forma congruente, con los principios de la educación para adultos o andragogía y la teoría de la actividad objetivada de Lev Vigotski.

El método de Clodomir añade, además, el concepto de estructuras ideológicas o inercias de comportamiento, derivadas de la práctica laboral previa de los participantes, las cuales deben ser superadas, a través de las nuevas prácticas organizativas, que se generan en los Laboratorios Organizacionales (Santos de Morais, 1989). De esta suerte, los participantes tienen la oportunidad de conocer no sólo las formas tradicionales de producción como la artesanía, la manufactura, la industria, y la post industria, sino también las formas emergentes que incluyen la agroecología y la Inteligencia Artificial. Estas últimas, como es sabido, están adquiriendo cada vez mayor relevancia en la configuración de empresas y en la mimetización del ser humano con la naturaleza, generando nuevas formas de artesanía rural y urbana que ayudan a la regeneración de la naturaleza y constituyen un fuerte estimuló para incentivar el arraigo de la población en sus lugares de origen.

Razones por las que la capacitación en organización debe darse en condiciones de autonomía

La capacitación, entendida como habilitación para desempeñar una actividad determinada, requiere de una adecuada instrucción sobre el objeto con el cual se quiere capacitar, es decir, de una práctica directa con dicho objeto. No obstante, en un primer momento de instrucción, la persona o el grupo entran en relación con un instructor o con un manual, lo que les permite informarse sobre la naturaleza del objeto en cuyo manejo desean capacitarse. Esto es un paso necesario, pero no suficiente. Para habilitarse realmente en el manejo del objeto deben practicar con él, pues sólo de este modo obtendrán el conocimiento necesario sobre su operación y funcionamiento y podrán desarrollar habilidades y destrezas en su manejo.

Tal como puede observarse en los procesos de capacitación para el manejo de vehículos. La primera fase de instrucción la realiza el sujeto que se quiere capacitar con un instructor. Se establece así una relación entre dos sujetos. En la segunda fase, cuando el sujeto se monta al vehículo, el instructor pasa a un segundo plano y solo se mantiene para evitar alguna emergencia, mientras que el sujeto entra en relación directa con el vehículo. Al accionar sobre éste y arrancar su motor, el sujeto recibe información del objeto, relativa a su fuerza y dinámica y sobre cómo se articulan en la práctica los diversos componentes del sistema. En este proceso va reconociendo sus calidades operativas y desarrollando destrezas para lograr algún día conducir vehículos automotores en el mundo real donde transitan personas y otros vehículos. El instructor debe respetar la autonomía del sujeto para que el proceso de conocimiento y desarrollo de destrezas pueda fluir sin alteraciones, limitándose a intervenir solo en caso de emergencia. Un instructor que limite la autonomía del sujeto o pretenda dirigir cada paso en el manejo del vehículo, rompe el clima necesario para que el proceso de capacitación se produzca, impidiéndolo o alargándolo innecesariamente.

La capacitación en organización fuente de poder

Así como la capacitación en el manejo de un vehículo requiere de autonomía, la capacitación en organización de los grupos y empresas sociales demanda, además de los procesos básicos de instrucción, de una efectiva autonomía en su funcionamiento. Esto es un requisito para que quienes se están capacitando perciban el movimiento de las partes, adquieran conocimientos y desarrollen destrezas sobre el sistema en operación.

Si bien en la vida cotidiana se reconoce la importancia de la autonomía en los procesos de capacitación técnica, esto no opera en la práctica de la misma manera en la capacitación en organización. Ello a pesar de ser exactamente los mismos principios cognitivos los que rigen el aprendizaje y la capacitación de los individuos y los grupos. Diversas razones, ya sean de tipo ideológico o de posición social, como el temor respecto de las repercusiones económicas y políticas de los procesos de capacitación de masas, el prestigio personal e institucional o un interés de control político, interfieren y alteran el proceso de capacitación. En el fondo lo que sucede es que no se sabe capacitar, ni se confía en las capacidades de los sujetos que son miembros de la organización. La intervención indebida en estos casos impide que se produzca el proceso de habilitación para el desempeño organizacional y que se genere, a contrapelo de los procesos de conocimiento, una especie de sujeto pasivo y dependiente.

En síntesis, capacitar a un grupo humano para una actividad autónoma, no es lo mismo que entrenar para el ejército o para el desempeño en una fábrica, en donde las órdenes y la planificación se definen en instancias superiores. Para gestar una organización capaz de autogestionarse, tales como las diversas formas de cooperativas y organizaciones de economía social y solidaria, creadas para la producción o para resolver servicios comunales básicos, debe partirse del carácter gregario de la especie humana y la complejidad de intereses personales y grupales intervinientes. Se trata de poner en marcha un proceso de capacitación con autonomía que articule orgánicamente los intereses individuales o de grupos, alrededor del propósito común que los integra como organización, lo que, en modo alguno, se podría lograr con la visión estrechamente individualista.

En virtud de lo antes dicho, el objetivo final de la capacitación organizacional propuesta es que los excluidos se vuelvan protagonistas de su propio proceso de desarrollo a través del poder de la auto organización y a partir de los recursos disponibles en sus comunidades. De este modo, la participación organizada de los pobladores, de cualquier comunidad carente, en la atención de sus necesidades inmediatas de abasto y alimentación, vivienda, salud, educación y seguridad pública, entre otras, ira dando paso a un proceso creciente de empoderamiento ciudadano de sectores antaño pasivos y excluidos, quiénes mediante el logro de objetivos colectivos o el cumplimiento de metas sociales, avanzará paulatinamente en la recuperación de su propia identidad y autoestima. Ello es así porque la gente no se transforma solo con discursos o lecturas, sino a través de la actividad concreta y organizada que se traduce en resultados de beneficio común.

Impulsar el cambio sincrónico desde arriba y desde abajo

La separación histórica y estructural entre Estado y Sociedad es otra de las herencias nefastas de la época colonial, al grado que los propios gobiernos de izquierda cuando conquistan el poder político suelen aplicar una estrategia de transformación anclada o limitada en el quehacer del Estado, haciendo a un lado o dejando en segundo plano la participación ciudadana y el control que permite la organización popular informada. El resultado de ello, han sido un conjunto de avances significativos, sobre todo, en materia de distribución social de la riqueza y de combate a la corrupción gubernamental, pero que por sí solos son insuficientes para lograr trascender el neoliberalismo, amén de que son poco sostenibles a largo plazo.

Con base en la experiencia reciente de algunos gobiernos progresistas, es imperativo realizar un esfuerzo especial por tratar de armonizar los ritmos del proceso de cambio desde el Estado, con los procesos de organización y participación social desde la sociedad civil. La firma de un pacto político u acuerdo social incluyente puede constituirse en un buen punto de partida para que Estado y sociedad se reconcilien y empiecen trabajar juntos en la implementación de un proyecto común.

En pocas palabras, lo que se propone es avanzar en la reforma profunda del Estado hasta poner en pie un fuerte y vigoroso Estado Social de Bienestar, fundamentado en la descentralización y participación popular y que no tenga miedo a fortalecer la autonomía de los diferentes sujetos sociales. Para ello, será necesario alentar todas las formas de la democracia directa, modificar sustancialmente el estilo unipersonal y centralista de gobierno y desconcentrar el ejercicio del poder. La legitimidad política del Estado se debe utilizar para promover una amplia y constante movilización social que permita llevar a cabo los cambios estructurales que se requieren.

Construir organización autónoma es sembrar la verdadera democracia

Dado el peso excesivo del clientelismo en nuestros sistemas políticos, estamos bastante acostumbrados a tratar como organizaciones a estructuras jurídicas formadas en oficinas por seudo dirigentes que aportan listas de clientes que los declaran como sus representantes en diversos tipos de emprendimientos. Clientes que tienen un beneficio, a menudo poco tangible, pero que no dirigen ni definen en la práctica las políticas de estas “organizaciones”, que terminan convirtiéndose en furgones de cola de los partidos políticos. Estos partidos promueven formalmente el “Estado de Bienestar”, pero cuando llegan al poder no gobiernan para el pueblo, sino para la elite gobernante, incluyendo a los “dirigentes populares” que los sostienen y desatan una cascada de corrupción que desmoraliza a la población.

Esta aclaración es imprescindible para comprender resultados electorales como los de Argentina, donde las grandes masas de marginados, cansadas de engaños, votaron por “un salto de la sartén al fuego”, eligiendo a un anarco capitalista. Pero, ahora, nuevamente son excluidas porque no tienen poder para manifestar su fuerza frente a un Estado mediatizado por el clientelismo y una clase política que sólo los utilizó para legitimar su acceso al poder por una vía pacífica y electoral.

Así, en un continente en el que más de la mitad de la población trabajadora tiene menos que bachillerato y en un momento histórico que se caracteriza por el avance imparable de la tecnología, el desarrollo de programas de capacitación masiva en auto organización resulta estratégico e impostergable para construir ciudadanía con bienestar y evitar los riesgos de la violencia.

Por eso, hoy es imperativo darle el poder de la organización e intervención en los asuntos públicos a las grandes masas de excluidos y pobres de las repúblicas latinoamericanas, carentes de mecanismos de poder; masas que, conociendo los resultados y retomando las mejores prácticas de las organizaciones autónomas en el campo comunal, cooperativo y de la salud, (ver Trilogía Latinoamericana en www.prismalat.com) se puedan empoderar, a través de la organización autónoma, para construir una nueva institucionalidad cada vez más descentralizada, participativa, democrática y eficiente.

Epilogo

Esta propuesta puede parecer, a primera vista poco estimulante por su complejidad y de muy largo plazo, dada la urgencia de las transformaciones que requiere nuestro continente, así como las amenazas existentes y la velocidad de los cambios planetarios; pero, si se valora adecuadamente, posee un poder acumulativo que viabiliza la transformación básica del sistema en el mediano plazo.

Lo más importante para iniciar el proceso de metamorfosis aquí descrito, es aceptar que, en cierto modo, “estamos esrotados” como dijo un campesino apaleado después de un desalojo, y que, por ende, necesitamos impulsar un cambio de paradigma o de imaginario social que pase de la derrota estructural, debida a la “cultura de la corrupción” a una visión histórica y realista del origen de las debilidades del sistema, acompañada de una propuesta operativa de transformación y autotransformación progresiva que vaya desde la exclusión social hoy imperante hasta la conquista del umbral de ciudadanía para todas y todos. Realizado este cambio de visión y emprendido el ajuste en las políticas económicas, sociales y de seguridad pública, en las que se retomen las mejores prácticas alcanzadas hasta el momento enriqueciéndolas en las nuevas y diversas realidades, los resultados serán contagiosos y se diseminarán como un reguero de pólvora por todo el continente, alcanzando velocidades inusitadas y una gran variedad de resultados e innovaciones propias de un continente tan rico y diverso como es el nuestro.

Pero tampoco hay que pasar por alto que las transformaciones que requiere el continente, a pesar de los cambios favorables en la coyuntura mundial, no se van a poner en marcha sólo con discursos en las plazas o sermones; es preciso tratar a la organización autónoma como fuente de poder popular que reafirme la identidad latinoamericana. De este modo, mediante la organización autónoma y la movilización ciudadana se sentarían las bases del cambio y se desataría una dinámica de transformación en cuyo marco los efectos concretos de la actividad autónoma organizada serán los que, por una parte, darán poder y confianza en sus posibilidades a los excluidos y, por otra, romperán los estereotipos sobre la incapacidad étnica o de clase. De igual modo, el concepto de organización, tan debilitado por el clientelismo, retomará su significado e impulso prestigiando con sus resultados las iniciativas locales y creando condiciones para que se produzca un sincretismo entre los valores ancestrales y lo mejor de la cultura humanista y democrática de nuestros tiempos.

En suma, es crucial aceptar que el desarrollo sólo se logra potenciando las capacidades cívicas y empresariales de la gente a través de la organización autónoma. Este es el camino para crear ciudadanía y democracia, el otro es el del terror y la violencia del Estado o del narco tráfico. Apostados en la segunda década del siglo XXI, necesitamos, urgentemente, tomar decisiones firmes antes de que sea demasiado tarde.

Bibliografía

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20 videos de sustentación

Prisma Latinoamérica: www.prismalat.com; también en YouTube, Fac

El abc de la deuda del Estado costarricense con la Caja Costarricense del Seguro Social

Henry Mora Jiménez

Introducción

La deuda del Estado costarricense con la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) es un tema que debe preocuparnos a todos, sin excepción. A febrero de este año la deuda ascendía a 3.7 billones de colones (según datos oficiales de la Caja, aunque el ministerio de Hacienda no avala esta cifra). De este monto, un 80% corresponde al Seguro de Salud, un 18% al IVM (más de 660 mil millones de colones) y el 2% restante a otras obligaciones establecidas por ley. El lunes 17 de junio la prensa nacional informa sobre una “carta de entendimiento” firmada entre el gerente de pensiones de la Caja y el ministro de Hacienda para conciliar la deuda del IVM. Esta no es la deuda mayor, pero sería un avance si se cristaliza en un acuerdo que finalmente se respete.

En los últimos años este monto ha crecido de manera descontrolada, aumentando en un 20.74% solo entre febrero de 2023 y febrero de 2024. Otro dato impactante: entre mayo de 2022 y noviembre de 2023 (Administración Chaves Robles) esta deuda creció un 35.5% (cerca de 1 billón de colones más).

No hay que profundizar mucho para darse cuenta de que esta deuda afecta de múltiples maneras a la sociedad costarricense, por ejemplo, en la infraestructura y el equipamiento de los centros de salud en todos los niveles (EBAIS, clínicas, hospitales), en la atención a pacientes y en las interminables listas de espera, entre otras. La solución integral no se vislumbra en el horizonte, pero sería un buen comienzo si se lograra parar en seco este crecimiento y garantizar la estabilidad y robustez financiera de la institución más querida de los costarricenses.

¿Cómo ha surgido esta deuda gigantesca?

Desde la fundación de la CCSS a inicios de los años cuarenta del siglo pasado, el Estado asumió un compromiso subsidiario y solidario con el financiamiento de la seguridad social de nuestro país, formando parte de lo que se ha denominado el esquema de contribución tripartita: empleador, trabajador y Estado.

En los años setenta, nació el aseguramiento voluntario del trabajador independiente, convertido como obligatorio en el 2005, producto de una disposición contenida en la Ley de Protección al Trabajador (LPT). En esta figura, el Estado se comprometió a complementar el aporte del trabajador independiente, dada la ausencia de un patrono. Esta lógica se extendió luego a los asegurados voluntarios, personas que no ejercen una actividad laboral como tal, pero desean inscribirse en los seguros sociales administrados por la CCSS.

Si bien es cierto que parte de la deuda del Estado se explica por el incumplimiento en el pago total de estas obligaciones por concepto de contribuciones sociales, han sido las coberturas de poblaciones altamente vulnerables y sin capacidad contributiva, cuyo financiamiento recae en el Estado, los rubros que acumulan los montos adeudados más significativos. En este sentido, destacan las obligaciones asociadas a la protección de las personas y familias en condición de pobreza básica o pobreza extrema, a través del programa Asegurados por Cuenta del Estado; los menores de edad cubiertos por el Código de Niñez y Adolescencia; y múltiples grupos incluidos en diversas leyes especiales, cuya situación de riesgo social, imponen un aseguramiento con cargo al Estado.

Así mismo, con el traslado a la CCSS -a mediados de la década de los años noventa- de los programas y servicios que otorgaba el Ministerio de Salud, nació una nueva obligación, constituida por el financiamiento del Primer Nivel de Atención por parte del Estado, situación ratificada en 2019 en una sentencia judicial en firme que se encuentra en fase de ejecución, y podría implicar un monto adicional de la deuda actual por casi 6 billones de colones.

De forma adicional, la deuda del Estado con la CCSS incluye otros rubros menores, tales como, montos no pagados por concepto de la Ley de Paternidad Responsable, Ley de Control del Tabaco, Fecundación In Vitro (FIV) y un contrato con la OPS para la aprobación de los Indicadores de Desembolso del Préstamo con el Banco Mundial, suscrito en abril de 2016.

En todos estos casos, la continuada “morosidad” del Estado afecta los distintos servicios que la Caja debe suministrar a la población y cuya responsabilidad está plasmada en el párrafo tercero del Artículo 177 de la Constitución Política.

Fuente: CCSS, Gerencia Financiera

¿Cómo afecta esta deuda a los asegurados y al personal médico y administrativo?

La afectación a los pacientes es evidente:

Respuesta insuficiente en el Primer Nivel de Atención: Existe una brecha de más de 350 EBAIS en todo el territorio nacional, que no se ha podido cerrar por el incumplimiento del Estado de sus obligaciones, limitando la oferta de citas médicas en estos centros, y generando largas filas en los servicios de emergencia de las clínicas y hospitales de la CCSS.

Listas de espera prolongadas e interminables: La deuda redunda en largas demoras para recibir atención médica oportuna. Los pacientes esperan más tiempo para consultas, cirugías o tratamientos, lo que afecta su salud y calidad de vida y, en ocasiones, su vida misma.

Acceso limitado a servicios: La falta de recursos limita la disponibilidad de ciertos servicios médicos, como pruebas diagnósticas o medicamentos, especialmente si estos últimos son de alto costo.

Calidad de atención comprometida: La infraestructura deficiente y la falta de insumos afectan la calidad de la atención brindada.

Aumento de los gastos privados en salud. Cuando la Caja no da soluciones a tiempo, a los asegurados no les queda más remedio que cubrir con sus propios recursos el pago por medicamentos, tratamientos y cirugías.

Pero también afecta al personal médico y administrativo:

Sobrecarga laboral: El personal médico enfrenta una mayor carga de trabajo debido a la alta demanda y la escasez de recursos. Esto impacta en su salud física y emocional y repercute en el trato a los asegurados.

Salarios y condiciones laborales: La deuda dificulta el pago de salarios y beneficios “competitivos” al personal especializado y los hace migrar al sector privado.

Recursos limitados: La falta de inversión en infraestructura y equipos afecta la capacidad del personal para brindar una atención óptima.

¿Es esta deuda factible de pagar en el corto plazo por parte del Estado costarricense?

La factibilidad de pagar esta deuda es un tema complejo y multifacético. Algunos factores por considerar son:

La capacidad económica: El Estado debe evaluar su capacidad para generar ingresos y asignar recursos sin estrujar demasiado al sector privado.

Las prioridades presupuestarias: La deuda compite con otras necesidades, como educación, seguridad, infraestructura y servicios sociales. El Estado debe equilibrar estas prioridades al asignar sus recursos.

La voluntad de pago. El actual gobierno, embarcado en una cruzada fiscalista, ha mostrado particular reticencia a reconocer la deuda y a hacer las amortizaciones correspondientes.

En definitiva, la posibilidad de pagar la deuda estatal con la Caja es inviable en el corto plazo, ya que representa cerca de un 7% del Producto Interno Bruto, una cifra cercana a la totalidad de los impuestos que el Estado recauda en un año. Pero por esta misma razón no se debe seguir postergando una salida negociada de mediano y largo plazos.

¿Qué estrategias se han considerado para abordar la deuda del Estado con la CCSS?

En los últimos años se han considerado diversas estrategias para abordar la deuda con la Caja, las más importantes han sido:

  1. Que el Estado realice aportes excepcionales periódicos a la deuda, que han sido muy limitados.
  2. Negociaciones bilaterales Caja – Ministerio de Hacienda para establecer un plan de pagos a mediano y largo plazo, pero sin resultados tangibles hasta ahora.
  • También se ha propuesto que un porcentaje de los préstamos para inversión que contrae el Gobierno (deuda externa) se dedique a amortizar parte de la deuda con la CCSS, pero esta opción ha contado con la férrea oposición del actual ministro de Hacienda.

¿Qué opciones de pago graduales por parte del Estado pueden considerarse?

El Estado costarricense puede y debe considerar varias opciones de pago gradual pero constante para abordar la deuda con la Caja, entre otras:

Convenios de pago: Establecer acuerdos formales con la CCSS para pagar la deuda en cuotas preestablecidas a lo largo del tiempo. Esto permite una distribución más manejable de los pagos.

Reestructuración de la deuda: Negociar plazos más largos o tasas de interés de morosidad más bajas para facilitar el pago gradual.

Asignación presupuestaria específica: Destinar una parte del presupuesto estatal anual directamente al pago de la deuda con la CCSS.

Fondos específicos: Crear un fondo específico para la deuda con aportes regulares del Estado.

Cualquiera que sea la opción o el abanico de opciones, la primera medida debería ser detener de manera inmediata el crecimiento de la deuda (más allá de los intereses acumulados), de manera que el Estado empiece a cumplir con sus obligaciones legales y constitucionales con la Caja.

Como vemos, el problema pasa por una necesaria e ineludible negociación y un dialogo transparente que, increíblemente, no se ha podido llevar a cabo. En estas condiciones la presión de la ciudadanía se vuelve insustituible.

P.D. Agradezco los valiosos comentarios a un primer borrador de este artículo por parte de un funcionario anónimo de la CCSS.

Nogui Acosta y Marta Esquivel, dos nefastos empleados públicos

José Luis Valverde Morales.

Por José Luis Valverde Morales

Las listas de espera crecen en el Seguro Social, el Ministro de Hacienda, prefiere se pierda un préstamo internacional en condiciones blandas, antes de pagarle a la Caja.

Muchos ni siquiera imaginan cómo sería Costa Rica, sin servicios médicos para todos.

Algunos pensionados en su ignorancia apoyan la destrucción de esta importante conquista social.

La moda, culpar a los demás, así matan en silencio a la gallina de los huevos de oro.

El jaguar ruge, hay quienes aplauden mientras los devora.

En los 60 años de la Organización para Estudios Tropicales

Estudiantes y profesores del curso de Ecología de Poblaciones, de 1974, en una visita al volcán Poás: Olga Méndez, Pedro Falco, Luko Hilje, Rafaela Sierra, Gary Stiles, Julio Sánchez, Sergio Salas, Gustavo Ramos, Carmelina Flores y Amado Suazo.

Publicado originalmente en la revista digital europea MEER

Luko Hilje (luko@ice.co.cr)

A mediados de diciembre de 2023, fui invitado como co-conferencista en el evento El aporte histórico de la OET: remembranzas de 60 años, junto con el renombrado biólogo Pedro León Azofeifa; tuvo lugar en la sede local de dicha entidad, en el campus de la Universidad de Costa Rica (UCR). Ello obedeció a que el año pasado la Organización para Estudios Tropicales (OET) u Organization for Tropical Studies (OTS) alcanzó su 60 aniversario, y las nuestras representaron el cierre de un ciclo de conferencias organizadas durante el año.

Como lo expresé esa tarde, aparte de sentirme muy honrado con dicha invitación, también lo fue compartir el podio con Pedro, colega por quien he sentido un profundo afecto y admiración desde siempre. De ello dejé constancia en mi artículo ¿Cabeza de…, León?, que publiqué hace 19 años en el diario La República (12-V-05, p. 16), cuando él fue galardonado como miembro de la Academia Nacional de Ciencias de EE. UU. Y, aunque tomamos rumbos muy diferentes, él en el campo de la biología molecular, y yo en el de la entomología agrícola y forestal, hemos confluido en instancias y ámbitos pertinentes a la conservación del ambiente y al desarrollo científico del país. Una expresión de esto fue la elaboración del artículo La biodiversidad de Costa Rica en dos siglos de vida independiente, y una mirada hacia el tricentenario que, encabezado por nuestro común y entrañable colega y amigo Rodrigo Gámez Lobo, publicamos en la Revista del Archivo Nacional de Costa Rica (2021, No. 85), con ocasión de la celebración del bicentenario de nuestra independencia.

Ahora bien, en cuanto a nuestras charlas de esa tarde, Pedro se refirió a los primeros años de la OET, no solo con su notable habilidad expositiva, sino que también con gran conocimiento de causa, pues durante seis años (1998-2004) fungió como presidente de la Junta Directiva de esta entidad. Por mi parte, con gusto acepté hacerlo, porque en los últimos años me he dedicado a investigar acerca del desarrollo histórico de nuestras ciencias naturales, y porque con la OET —aunque ocasional—, he tenido una relación muy positiva, no solo en mis años de estudiante, sino que también como profesional. Fue por eso que a mi conferencia —de apenas media hora, y que fue más bien una especie de «divertimento»— la intitulé Una opinión acerca del significado histórico de la Organización para Estudios Tropicales en Costa Rica, más algunas remembranzas personales.

Es a ella a la que deseo referirme en sus aspectos esenciales, para que mis palabras de esa inolvidable tarde no se las lleve el viento y caigan en el desolado fondo del olvido.

Un vistazo al siglo XIX

En realidad, para entender a cabalidad el surgimiento, al igual que el significado histórico de la OET, es ineludible dar una mirada en retrospectiva al siglo XIX, pues fue a mediados de dicha centuria cuando arribaron a Costa Rica los primeros naturalistas europeos.

Algunos de ellos fueron transeúntes, pero hubo cuatro que se instalaron en el país por períodos de longitud variable y, además, escribieron artículos formales en revistas, o incluso libros, sobre diferentes aspectos de nuestra naturaleza. El primero fue el danés Anders Oersted (1846-1848), quien fue seguido por los alemanes Karl Hoffmann (1854-1859), Alexander von Frantzius (1854-1868) y Helmuth Polakowsky (1875-1876). Asimismo, tras un prolongado interregno —de más de un decenio—, su labor sería continuada y acrecentada por los naturalistas suizos Paul Biolley, Henri Pittier y Adolphe Tonduz, contratados por el gobierno de Bernardo Soto Alfaro, durante la Reforma Liberal de 1885-1889.

A su vez, estos esfuerzos pioneros fueron ampliados y enriquecidos con la monumental obra Biología Centrali-Americana, que fue una iniciativa de los ingleses Frederick D. Godman y Osbert Salvin, y que quedó plasmada en 67 volúmenes, publicados en un intervalo de 36 años (1879-1915), escritos por numerosos especialistas europeos y estadounidenses. Además, se vieron favorecidos por una alianza establecida en 1862 por von Frantzius con el Instituto Smithsoniano —restringida a aves y mamíferos—, la cual también permitió la formación de José Cástulo Zeledón como el primer naturalista costarricense, a quien le correspondió actuar como una especie de eslabón o puente entre los naturalistas alemanes y suizos ya citados.

Asimismo, esto incidiría en la fundación del Museo Nacional, en 1887, como un espacio de encuentro e intercambio de conocimientos entre los consagrados y los noveles científicos de entonces (Zeledón, Juan José Cooper Sandoval, Anastasio Alfaro González, José Fidel Tristán Fernández, Otón Jiménez Luthmer y Alberto Manuel Brenes Mora), lo cual propició la institucionalización de las ciencias biológicas en el país. Ya en el siglo XX, ésta culminaría en 1957, con la fundación del Departamento de Biología en la UCR, convertido en 1974 en la actual Escuela de Biología, que hizo posible la formación de biólogos con énfasis en botánica, zoología, genética o ecología.

Acerca de este proceso, el lector puede consultar tres artículos míos recientes, publicados en revistas académicas: Las rutas históricas del desarrollo de las ciencias biológicas en Costa Rica (2022), Naturalistas y científicos extranjeros influyentes en el desarrollo de las ciencias biológicas en Costa Rica (2023) y Los pioneros de la entomología en Costa Rica (2023). El primero apareció en Herencia, y los otros dos en la Revista de Biología Tropical.

Surgimiento y vigencia de la OET

Aunque, con la creación del Museo Nacional se inició un flujo continuo de botánicos y zoólogos extranjeros —sobre todo estadounidenses—, ello no ocurrió de manera sistemática ni articulada, sino más bien aleatoria.

No obstante, esta situación cambió de manera radical con el surgimiento de la OET —cuya acta de nacimiento data del 5 de marzo de 1963, en Florida—, como un consorcio académico de siete universidades estadounidenses y la UCR. De ello da fe el artículo Un recuento de la historia de la biología en Costa Rica, en la voz del Dr. Rafael Lucas Rodríguez Caballero (Herencia, 2023) que, aunque elaborado por mí, su médula corresponde a un invaluable texto casi desconocido —una conferencia ofrecida en agosto de 1972— de ese insigne científico y educador, quien a su vez fue coartífice de la creación de la OET.

En dicho texto, don Rafa —como se le conocía en el ámbito universitario— narra los primeros intentos por crear un ente educativo orientado al estudio profundo de la naturaleza neotropical, pero la idea no cristalizaría sino hasta 1963. Fue por esos tiempos que confluyeron en un mismo propósito dos científicos realmente excepcionales, así como hábiles gestores en el mundo de la ciencia: él, como director del Departamento de Biología de la UCR, y Jay M. Savage, por entonces profesor en la Universidad de Southern California. Botánico don Rafa y herpetólogo Savage, tan contrastantes especialidades no fueron óbice para que sus mentes convergieran en cuanto al planeamiento y la concreción de un proyecto muy original e innovador en el mundo tropical. En efecto, se trataba de una aventura académica unificadora e integradora en su enfoque, así como de gran alcance científico.

Esa aventura se materializó en la OET, cuyo primer gran logro es haber alcanzado 60 años de existencia, es decir, una inusitada perdurabilidad, pues para entidades como estas —que no tienen fondos permanentes garantizados—, es sumamente difícil mantenerse en el tiempo. Gracias a quienes han sabido conducir sus destinos, así como a aquellas personas y agencias filantrópicas que han aportado fondos para su financiamiento, la trayectoria de la OET ha sido muy fructífera, a pesar de haber enfrentado situaciones realmente adversas en ciertas épocas.

Desde el punto de vista administrativo y logístico, aunque a lo largo de su historia su sede administrativa estuvo en edificios alquilados, ya en San Pedro de Montes de Oca o en Moravia, desde el 14 de mayo de 2004 se localiza en un hermoso edificio, dentro de la Ciudad de la Investigación de la UCR. Asimismo, cuenta con tres estaciones biológicas en el territorio nacional, en zonas ecológicas contrastantes: La Selva (Sarapiquí), Palo Verde (Guanacaste) y Las Cruces- Jardín Botánico Wilson (San Vito).

La OET como un parteaguas

Cuando uno analiza la historia de las ciencias biológicas en Costa Rica, se percata de que, por más de un siglo, la investigación tuvo un sesgo hacia aspectos puramente taxonómicos, tanto de la flora como de la fauna. Esto era lógico, pues los investigadores extranjeros venían al país atraídos por su muy rica biodiversidad, que incluía no solo el asombroso número de especies que lo caracterizan, sino que también las singulares adaptaciones anatómicas y fisiológicas, relaciones simbióticas, comportamientos, sistemas de polinización, etc., que, a veces por insólitas, parecieran pertenecer al ámbito del surrealismo. Pienso que, millones de años antes de que emergiera esta corriente pictórica y literaria, en el mundo natural —y, en particular, el tropical— la flora y la fauna ya habían sobrepasado casi todos los límites de la imaginación.

Por tanto, en su afán de descubrir y describir las inefables formas y fenómenos con que se topaban a cada paso que daban en nuestras selvas y costas, o al bucear en sus mares, los investigadores extranjeros centraron sus esfuerzos en inventariar miles de especies de plantas y animales, sin necesariamente profundizar —por falta de tiempo y de recursos económicos— en las tramas de relaciones ecológicas, tanto estructurales como funcionales, de las que dichas especies forman parte, y menos aún en aspectos pertinentes a las relaciones genéticas o evolutivas de los grupos taxonómicos de su interés. Pero todo esto cambiaría con la OET.

Ahora bien, sí hay que tener claro que las expectativas originales de la OET eran de carácter docente. Así se percibe con meridiana claridad en el ya citado artículo de don Rafa, quien, al referirse a la génesis de la OET, relata lo siguiente:

«Esto arrancó de la lucha de casi diez años de un profesor de la Universidad de Michigan, que se llamó Norman Hartweg, quien soñaba con la instalación de un plantel de investigación de ciencias en el trópico. Luchó por establecerlo en el sur de México, donde se le desdeñó y quedó totalmente desanimado. Sin embargo, en una oportunidad llegaron a Costa Rica unos estadounidenses, que venían a estudiar la posibilidad de dar cursos de verano para profesores de su país. Para entonces estaba John de Abate Jiménez en el Departamento [de Biología], y él y yo hicimos amistad con este grupo, y por espacio de tres años realizamos cursos intensivos de biología tropical para profesores universitarios estadounidenses. Al año siguiente de comenzar, en 1962, promovimos una conferencia continental, con la participación de muchos países de América, desde Estados Unidos hasta la Argentina, con el fin de aunar esfuerzos para el estudio del trópico, y de esa reunión nació la Organización para Estudios Tropicales».

En realidad, esos primeros esfuerzos por familiarizar a profesores estadounidenses con el mundo tropical tomaron otro cariz, y muy pronto evolucionaron hacia la oferta de un curso de postgrado en inglés, tanto para estudiantes estadounidenses como latinoamericanos. Dicho curso se intituló Tropical Biology: An Ecological Approach (Biología Tropical: Un Enfoque Ecológico), aunque también se le ha denominado Fundamentals of Tropical Ecology. Si bien se dice que se inició en 1963, el verdadero curso no comenzó sino hasta 1965, según me lo indicó Daniel Janzen en estos días. Debido a su innegable éxito, se ofrece hasta hoy, junto con otros cursos de posgrado y grado surgidos en años más recientes.

Desde sus albores, ese curso clásico o fundacional fue concebido como de investigación en el campo, a tiempo completo, durante dos meses, y de manera intensiva. Sin embargo, dos brillantes jóvenes que lo habían tomado, Daniel Janzen y Norman Scott, le insuflaron un original enfoque metodológico, basado en la realización de experimentos cortos. Para ello, cada estudiante debía observar algún hecho o fenómeno que le llamara la atención, plantearse una pregunta inteligente al respecto, convertirla en una hipótesis, y determinar la veracidad de ésta mediante un experimento realizable en unas pocas horas de trabajo de campo. Por cierto, ellos provenían de disciplinas muy disímiles, de la entomología el primero, y de la herpetología el segundo; Daniel fue discípulo del célebre Ray F. Smith —uno de los proponentes del paradigma del manejo integrado de plagas— en la Universidad de California, en su campus de Berkeley, mientras que Norman lo fue del ya citado Savage, en la Universidad de Southern California.

Como lo afirmo en uno de los artículos académicos que cité al inicio de este artículo, «desde el punto de vista de la enseñanza de las ciencias biológicas, esos cursos intensivos de biología de campo representaron una especie de parteaguas o hito, vale decir, “un antes y un después” en la forma de percibir y entender la naturaleza tropical, y desde entonces ese enfoque y esa metodología las hemos aplicado a nuestros estudiantes durante nuestra vida académica». Esto último es muy satisfactorio para mí, pues algunos de mis estudiantes extranjeros en la Universidad Nacional (UNA) o el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (CATIE), años después me comunicaron cuán enriquecedora y gratificante fue esa experiencia académica, la cual ellos también replicaron con éxito en sus labores docentes.

Ahora bien, en determinado momento, las labores de la OET empezaron a trascender el ámbito docente, para también incentivar las actividades de investigación en ecología tropical. En efecto, con el paso de los años, y gracias al mejoramiento y modernización de su infraestructura, las estaciones de la OET se convirtieron en entornos ideales para el desarrollo de proyectos de largo plazo, gestados por profesores de algunas universidades estadounidenses, y financiados por diversas entidades. Esto ha permitido que sus estudiantes de postgrado realicen ahí las investigaciones para sus tesis, con lo cual se han logrado extraordinarios avances en el entendimiento de los complejos fenómenos y mecanismos que determinan la abundancia, la estructura, la funcionalidad, la distribución, la persistencia y la evolución de la biota tropical, así como sus interrelaciones con el entorno físico.

Por ejemplo, solamente en La Selva —la más antigua de las estaciones, y otrora perteneciente al célebre ecólogo Leslie R. Holdridge—, las investigaciones ahí realizadas han producido más de 4500 publicaciones, lo que permite afirmar que es uno de los sitios tropicales del planeta mejor estudiados. Es pertinente resaltar que estas y muchas otras publicaciones corresponden a artículos aparecidos en revistas científicas de muy alto nivel, al igual que a capítulos de libros, libros completos y otros tipos de documentos. Por cierto, toda esta información está sistematizada en la excelente base de datos BINABITROP —patrocinada por la OET—, así como disponible en Internet para cualquier usuario interesado.

Mi relación con la OET

Antes de continuar, aclaro que no pretendo reseñar aquí la historia de la OET —pues no soy quién para hacerlo—, sino relatar algunas remembranzas personales, como lo señalé al inicio.

Al respecto, por fortuna, se cuenta con tres excelentes publicaciones. La primera corresponde a un capítulo del libro Tropical rainforest diversity and conservation, escrito por Donald E. Stone —uno de sus directores, por largo tiempo—, el cual se intitula The Organization for Tropical Studies (OTS): a success story in graduate training and research (1988). La segunda es el artículo Evolution of the Organization for Tropical Studies (Revista de Biología Tropical, 2002), de Leslie J. Burlingame. La tercera es otro artículo, The Organization for Tropical Studies: History, accomplishments, future directions in education and research, with an emphasis in the contributions to the study of plant reproductive ecology and genetics in tropical ecosystems (Biological Conservation, 2021), escrito por Oscar Rocha y Elizabeth Braker. ¡Ojalá algún día se escriba un libro completo sobre la historia y los logros de la OET!

Ahora bien, en cuanto a mis remembranzas, debo indicar que mi relación con la OET ha sido discontinua y hasta intermitente a lo largo de medio siglo, pero siempre muy positiva.

Todo empezó cuando, por tratarse de un curso de postgrado, recién obtenido el bachillerato universitario en Biología —que completé a fines de 1973—, al comenzar el siguiente año, en el verano o estación seca de 1974, fui aceptado en el curso de Ecología de Poblaciones, al cual me referiré en detalle después.

Gracias a mi desempeño en dicho curso, en el verano del año siguiente sus coordinadores, el herpetólogo Douglas Robinson, el ornitólogo Gary Stiles y el ecólogo Sergio Salas —profesores en la UCR— me nombraron como su asistente, cuando frisaba yo los 22 años de edad. Además, salvo Douglas, ellos me conocían desde antes. Al respecto, en el verano de 1973 fui asistente de Sergio en el curso de Historia Natural de Costa Rica, como lo narro en el artículo Sergio Salas, mentor y amigo (Nuestro País, 20-II-2018), mientras que en el segundo semestre de 1974 había tomado el curso de Comportamiento Animal con Gary.

En virtud de mi responsabilidad como asistente, me correspondió ir a acondicionar un aula de la Escuela La Julieta, en Parrita, y un aposento en la estación de Palo Verde, como espacios de trabajo para los estudiantes. Llevábamos estereoscopios, microscopios, balanzas, jaulas de madera y vidrio, cajas entomológicas, reactivos químicos y una muy selecta biblioteca. Además, en varios baúles de madera acarreábamos gran cantidad de frascos de vidrio —para preservar especímenes de animales invertebrados y pequeños vertebrados—, binoculares, trampas, prensas para plantas, cuadrículas de alambre, redes de niebla, redes para capturar insectos, termómetros, higrómetros, cronómetros, contadores manuales, cintas métricas, sueros antiofídicos, etc. Para ello, yo contaba con la imprescindible ayuda de algún chofer de la OET, como Edgar Murillo y Jessie James, tico este último, pero con nombre parecido al del legendario bandolero del Viejo Oeste, y que dio origen a una marca de bluyins por entonces muy afamada.

Fueron varias las anécdotas vividas con ellos. Por ejemplo, en ruta hacia Guanacaste, a la camioneta se le pincharon tres llantas —de desgastadas que estaban—, y no había dinero para comprar nuevas, ante lo cual Edgar, después de llamar a la OET tres veces el mismo día y agenciárselas con Jorge Campabadal Madrigal —por entonces director residente— y su eficiente secretaria Flor Torres Acosta, debió recurrir a no recuerdo qué artimañas para que se las vendieran de fiado, mientras que la otra se pudo reparar. Asimismo, con Jessie, el maltrecho yip Land Rover de la OET nos falló, y tuvimos que dejarlo en un taller en Quepos, así como pedir aventón a un camión repartidor de muebles y aparatos electrodomésticos. En pleno verano, por la retorcida y apenas lastreada carretera hacia Puriscal, tuvimos que permanecer sentados en el piso del cajón hermético del camión, con los traseros maltratados de tanto brinco, sofocados y tragando polvo, así como atentos a que ninguno de aquellos enseres —que en las curvas y pendientes se querían desatar de los mecates con que estaban amarrados— nos fuera a golpear.

Superados estos avatares, lo realmente lindo vendría después, con el auxilio a los estudiantes —provenientes de varios países latinoamericanos—, al transportarlos en carro hasta los sitios de experimentación, así como ayudarles en aspectos logísticos para sus proyectos. No obstante, Douglas, Gary y Sergio no solo me honraron con elegirme como asistente de tan importante curso, sino que además me pidieron que diseñara dos experimentos de campo, para que los estudiantes los efectuaran, lo cual me demandó mucha imaginación, al igual que bastantes días de trabajo, debido a mis dudas acerca de si llenaría las expectativas de ellos y de los estudiantes. Eso fue en 1975, como lo indiqué previamente, pero en 1976 me solicitaron lo mismo, más una charla acerca de los fundamentos ecológicos del control biológico de plagas, dado que a mediados de 1975 había tomado el Curso Internacional de Control Biológico, en México, gracias a una beca de la Organización de Estados Americanos (OEA).

En realidad, movido por el impulso interno de servir mejor a la sociedad como profesional, para entonces ya había definido que —no sin dolor— me alejaba de la biología básica o «pura», para incursionar en la biología aplicada a la agricultura y la silvicultura. Ese sería mi campo de especialización, que se cimentaría al obtener el doctorado en Entomología, con énfasis en manejo integrado de plagas, en la Universidad de California, en su campus de Riverside.

Un singular curso de campo

Conviene destacar que, aunque la OET ofrecía su curso clásico, Douglas Robinson sentía la necesidad de que se creara un curso análogo, pero enseñado en español, pues muy pocos estudiantes latinoamericanos tenían solvencia en inglés. Por tanto, en 1971, y a título individual, se atrevió a dictar el curso Dinámica de Poblaciones, exclusivo para estudiantes de la UCR. Por cierto, en el concepto «dinámica» convergen los cuatro grandes factores (natalidad, inmigración, mortalidad y emigración), que determinan el curso de las poblaciones vegetales y animales en el tiempo, el cual se expresa en su abundancia, distribución y persistencia. Lo poco que conozco de esta tentativa lo debo al entrañable amigo y colega Freddy Pacheco León, quien fue uno de los que tomó ese curso, el cual tuvo mucho de «experimental» o «piloto».

Insistente en sus proyectos, esta experiencia pionera le permitió a Douglas hacer un nuevo intento tres años después, pero ahora acompañado por los ya citados Gary Stiles y Sergio Salas como cómplices. Estos conocían bien la metodología empleada en la OET pues, mientras cursaba el postgrado en la Universidad de California, en el campus de Los Ángeles, Gary había tomado el primer curso de la OET, en 1964, mientras que Sergio lo matriculó en 1967.

A ellos tres se sumó un selecto grupo de científicos, tanto nacionales (Carlos Valerio Gutiérrez y Carlos Villalobos Solé) como extranjeros; estos últimos fueron el mexicano José Sarukhán y el venezolano Ernesto Medina, más los estadounidenses Robert Hunter, Monte Lloyd, Gary Hartshorn, George Powell y Leslie Holdridge. Este curso se denominó Ecología de Poblaciones, y fue el que tomé yo. De Costa Rica, los estudiantes fuimos Olga Méndez Arburola, Julio Sánchez Pérez y yo, más la española Rafaela Sierra Ramos —residente en el país—, así como los extranjeros Gustavo Ramos Estrada (Guatemala), Amado Suazo Velásquez (Honduras), Pedro E. Falco González (Colombia) y Carmelina Flores de Lombardi (Venezuela).

Como una simpática curiosidad, para entonces el costo de la matrícula correspondía a ₡ 515, equivalentes a US$ 50. Ahora suena cómico y casi prehistórico, pero a los estudiantes extranjeros les informaban que desde el aeropuerto Juan Santamaría podían desplazarse en autobús hasta el centro de San José por ₡ 1,50, pero si preferían tomar un taxi hasta al hotel Holland House —cerca de la UCR, donde se les albergaría—, la tarifa era de ₡ 28. Estas abismales diferencias no obedecen solo al tipo de cambio per se —de ₡ 8,54 a inicios de 1974, y hoy de unos ₡ 500 por dólar—, sino especialmente al desmesurado aumento en el costo de la vida en Costa Rica; al respecto, hace poco tomé un taxi del aeropuerto a mi casa, en San Pablo de Heredia, y me cobraron $ 40 por apenas 11 km de recorrido, en tanto que la UCR está a 23 km del aeropuerto. Pero, bueno…, dejemos de lado las cosas desagradables, y pasemos a lo bonito de la enriquecedora experiencia vivida en el curso de la OET.

Efectivamente, como parte del pensum académico, a diferencia de muchas carreras en la UCR —que se basan exclusivamente en clases teóricas—, en la de Biología siempre hubo actividades de carácter práctico, para complementar la teoría que se nos enseñaba. Normalmente comprendían extensas jornadas de laboratorio o giras al campo, estas últimas los fines de semana, para que no interfirieran con los ajustados horarios de los días hábiles.

Sin embargo, Ecología de Poblaciones era muy diferente de todo lo vivido hasta entonces, pues era un curso intensivo en el campo. Focalizado en entender in situ las interacciones entre plantas y animales, en el contexto de ecosistemas particulares y contrastantes, durante casi dos meses pudimos ascender desde las planicies del Pacífico Sur, al nivel del mar, hasta el páramo de Talamanca, a casi 3500 m de altitud. Para ello, estuvimos poco más de una semana en cada una de las siguientes localidades: Parrita, Palo Verde, La Selva, Monteverde y el Cerro de la Muerte; a ellas se sumó una visita al CATIE, en Turrialba.

Es pertinente indicar que en Palo Verde y La Selva nos instalamos en las estaciones de la OET, donde se contaba con dormitorios con camarotes, servicio de comedor, y un amplio salón para trabajar, colocar el equipo, los instrumentos y la biblioteca, y en el cual también tenían lugar las conferencias, debates, etc. No obstante, para las demás localidades hubo que recurrir a lo que hubiera disponible. Por ejemplo, para trabajar en Parrita usamos como sede el pequeño hotel de la Compañía Bananera, en Quepos, donde nos facilitaron un salón; en Monteverde, nos prestaron la escuela —pues los niños estaban de vacaciones—, y nos hospedamos en dos o tres casas de familias cuáqueras, que funcionaban como pensiones; finalmente, para estar cerca del Cerro de la Muerte, nos albergamos en el hotel La Georgina, en Villa Mills, donde nos permitieron usar una pequeña sala para las actividades del curso.

En realidad, esta fue una experiencia formativa inédita. En efecto, durante casi dos meses permanecimos totalmente inmersos en la naturaleza, mientras que, a un incesante ritmo, realizábamos diversas actividades, que se complementaban de manera óptima. Sin duda, las más importantes eran los experimentos de campo, de los cuales había dos modalidades: proyectos de grupo —preparados por los profesores coordinadores o por los especialistas invitados— y proyectos individuales. Estos últimos eran concebidos por cada uno de los estudiantes, pero cada anteproyecto debía ser sometido a la aprobación de los compañeros y los profesores, lo que suscitaba discusiones nada benévolas, a veces bastante caldeadas. Y, por supuesto, durante esos dos meses no hubo un solo anteproyecto que se librara de ser modificado y replanteado, además de que no pocos terminaron en el cesto de la basura. «¡Critiquen, critiquen, critiquen!», era la consigna de nuestros profesores —auténticos mentores—, pues su propósito era contribuir a formar mentes críticas y creativas.

Obviamente, una vez efectuados los experimentos, iniciados desde muy temprano y finalizados antes del mediodía, los resultados debían ser analizados en términos estadísticos y biológicos, como paso previo a la elaboración del informe final y su presentación ante el grupo. Esto se hacía por las tardes, pero a veces el tiempo era insuficiente, por lo que se debía trabajar hasta altas horas de la noche, aunque hubiera que madrugar al día siguiente. Y, ya una vez presentado el informe final ante el grupo, en este segundo tamiz imperaba de nuevo la crítica, pues nuestros profesores se regían por el principio y la convicción de que es la crítica objetiva y sana el mejor proceder para depurar y perfeccionar cualquier obra. ¡Cuánto sufrimos, porque pensar duele! Pero, ¡¡¡cuánto aprendimos!!!

Ahora bien, este adiestramiento de carácter práctico era complementado con ricas conferencias de naturaleza teórica, impartidas casi todas las noches por los profesores y los expertos invitados. Además, a veces se tenía la oportunidad de interactuar con investigadores reputados, al igual que con estudiantes que trabajaban en sus tesis de doctorado, como parte de proyectos de largo plazo de dichos tutores en las estaciones de la OET. Es decir, durante esos dos meses pasábamos sumergidos, literalmente, en teoría ecológica y en hallazgos de campo recientes, generados in situ, por lo que el curso fue una auténtica experiencia vivencial, como lo manifesté en uno de mis artículos citados al principio.

Para concluir esta sección, cuando Douglas murió, escribí una especie de obituario en la prensa (Semanario Universidad, 28-VI-91, p. 4), en el cual resumí lo que, en esencia, fue el curso de Ecología de Poblaciones. En él expresé que Douglas «nos trasladó a los montes, y con Gary Stiles y Sergio Salas nos puso a trabajar, en jornadas de más de quince horas diarias durante dos meses, para estudiar la ecología de las poblaciones naturales. El curso fue una expurgación de lo libresco, del reportecito fácil, de la biología de folletín. Ahí, entre la extenuación, nacimos como ecólogos».

Una huella realmente indeleble

Aunque, como lo indiqué en páginas previas, ya en 1975 había decidido enrumbarme hacia la entomología aplicada, la formación que me dejó el curso me reafirmó la noción de que el manejo de plagas agrícolas y forestales de ninguna manera está disociado de la ecología de las poblaciones y comunidades naturales. De hecho, bien sabemos que la presencia de plagas es en sí misma la expresión de desbalances poblacionales en los agroecosistemas.

Por ello, desde entonces sentí la necesidad de acrecentar mi formación en el campo ecológico. Fue así como en el propio 1975 aproveché para tomar el curso Ecología Avanzada, dictado por Gary Stiles y Susan Smith —ofrecido una sola vez, creo—, así como dos seminarios en 1976, intitulados Competencia y Depredación, ambos a cargo de Carlos Villalobos. Además, mi tesis de licenciatura versó sobre relaciones planta-insecto, al estudiar por dos años consecutivos la fenología y la polinización por dípteros de la planta de patito (Aristolochia grandiflora); fue dirigida por Gary, mientras que los demás miembros del Comité de Tesis fueron Sergio, Carlos Valerio, Carlos Villalobos y el Dr. Luis A. Fournier Origgi, profesor de los cursos de Ecología Vegetal, Botánica Forestal y Métodos de Investigación.

Posteriormente, a inicios de 1979, al comenzar el postgrado en la Universidad de California, era obligatorio tomar el curso Ecología de Insectos. Esa vez fue impartido por Dac A. Crossley, profesor visitante de la Universidad de Georgia, quien había sido discípulo del célebre ecólogo Eugene P. Odum. Después de asistir a clases por un par de semanas, el curso me pareció muy básico, por lo que solicité a la División de Estudios de Postgrado que me relevaran de tomarlo y me reconocieran en su lugar el de Ecología de Poblaciones. Por fortuna, ello ocurrió con presteza, dada la alta reputación de la OET en el ámbito académico en EE. UU.

En trimestres posteriores me matriculé en Ecología de Poblaciones de Insectos, dictado por Robert F. Luck y, por interés propio, asistí como oyente al de Introducción a la Ecología de Poblaciones y Comunidades, que impartía Clay A. Sassaman en el Departamento de Biología. Asimismo, después de tomar Cálculo I y Cálculo II, asistí como oyente a los cursos de Ecología Matemática y Genética de Poblaciones, a cargo de Richard F. Green y Charles E. Taylor, respectivamente, de los cuales debí desertar, pues no daba abasto, entre mis cursos obligatorios y las labores de investigación para mi tesis. Por cierto, esta última fue de carácter completamente agroecológico, al analizar en el tiempo y el espacio las fluctuaciones poblacionales del lepidóptero Heliothis virescens, cuya larva es una seria plaga del algodón y otros cultivos.

Fue así como, con una sólida formación en entomología ecológica, a mi regreso al país, por varios años me correspondió impartir los cursos de Ecología General y Manejo de Enfermedades y Plagas Forestales, para la carrera de Ingeniería en Ciencias Forestales, en la Escuela de Ciencias Ambientales, en la UNA. Asimismo, tuve la oportunidad de dictar el curso Ecología de Poblaciones Animales, al igual que Análisis y Combate de Vertebrados Plaga, para la Maestría en Manejo de Vida Silvestre, también en la UNA. Posteriormente, al mudarme al CATIE, por casi 20 años tuve a cargo el curso Manejo Agroecológico de Insectos Plaga, dentro de la Maestría en Fitoprotección. Además, de las 66 tesis en que me correspondió participar como director o como miembro de Comité —ya fuera de licenciatura, maestría y doctorado—, todas se refirieron al conocimiento y las aplicaciones de aspectos ecológicos clave para manejar plagas agrícolas o forestales sin causar efectos adversos al ambiente.

Es oportuno mencionar que, durante mis años de docente e investigador en la UNA, varias veces fui invitado por la OET como conferencista en el curso Ecología de Poblaciones, en temas como la estacionalidad de insectos en ambientes tropicales, el herbivorismo en insectos, algunas relaciones insecto/planta, y las aplicaciones prácticas del conocimiento de las interacciones depredador/presa y parasitoide/hospedante, lo que me permitió retornar a sitios añorados, como La Selva, Palo Verde y Monteverde. Además, cuando en 1985 se decidió ampliar la oferta académica e instaurar el curso Agroecology, me solicitaron ser miembro del comité gestor de tan relevante proyecto académico, al lado de los reputados científicos Robert Hart, Jack Ewel, Barbara Bentley, Rodrigo Gámez, Steve Gliesmann, Steve Risch, y uno o dos más que escapan a mi memoria. Asimismo, fui conferencista en la primera versión de dicho curso y varias veces más, al igual que cuando el curso se impartió en español, con el título Agroecología.

En síntesis, el original y sugerente abordaje ecológico aprendido y asimilado en aquel memorable verano de 1974 —hace exactamente medio siglo—, moldeó mi mente de manera indeleble, y marcó para siempre mi vida profesional.

Para concluir, lo hasta ahora narrado y una que otra anécdota más, fue lo que evoqué con Pedro León aquella tarde decembrina del año pasado, permeada por los frescos vientos alisios de la época navideña, cuando el alma es más sensible a la rememoración y a la gratitud. Por tanto, aproveché tan sin igual ocasión para agradecer todo cuanto recibí de la OET y de mis mentores. Y, para que no haya riesgo de que mi tributo se esfume, aunque Douglas y Sergio ya no están con nosotros, Gary —hoy con 81 años— reside en Colombia, y los amigos Daniel Janzen y Norman Scott tienen 85 y 89 años, respectivamente, en estas páginas dejo constancia y reafirmo lo imperecedero que ha sido en mí su legado formativo, el cual también traté de infundir en quienes por más de 30 años fueron mis discípulos. ¡Muchas gracias!

Geopolítica y coyuntura de crisis

Por: Trino Barrantes Araya
camilosantamaria775@gmail.com

I.- La crisis geopolítica actual, ¿hay realmente un declive de la hegemonía norteamericana?

Con el título inicial se han escrito varios ensayos. Todos, pues, tienen como punto de partida de que existe hoy un hegemón, el imperio yanqui, pero que francamente está sumido en una profunda crisis hegemónica, económica, geopolítica y de legitimidad.

Esa lectura es parcialmente cierta y se ajusta al concepto de “Guerra Fría” que sirvió de marco en el análisis coyuntural, antes de 1989 y 1991. En rigor, con la caída del muro de Berlín y el fracaso del socialismo real en la URSS.

Pero lo cierto es que, ninguna lectura de la narrativa actual, puede obviar el papel del imperialismo que, aunque viva un profundo proceso de crisis , logra “resetearse”, para mantener su posición dominante.

Ahora bien, sin querer agotar, de ninguna manera la definición de que es la geopolítica, podemos aventurar una simple acepción:

“La Geopolítica es la conciencia geográfica del Estado. Ella proporciona la materia prima de donde el hombre de Estado, de Espíritu creador, obtiene su obra de arte” (Karl Haushofer).

II.- El cambio del sistema internacional.

Tal vez aquí, la puntualización podría ser exhaustiva. No tratamos de ninguna manera de agotar el tema. Sin embargo, como parte de una razonable lectura y de un cierto ejercicio, compartimos para nuestro análisis estos tres puntos básicos ofrecidos por algunos autores.

Siguiendo esa lógica, algunos estudiosos descansan su teoría afirmando que, el cambio del sistema internacional depende de tres factores:

“… un fracaso absoluto estadounidense en el ámbito económico, militar y diplomático; una nueva crisis del capitalismo global que le afecte significativamente, o un cambio de la orientación de su política exterior debido a un cambio en su política doméstica…”

Pero lo cierto de todo esto, es que hoy tenemos puntos concretos de inflexión y, a riesgo de no ser tan esquemáticos, podemos indicar los siguientes puntos de fricción, inflexión y riesgo del mundo contemporáneo.

III.- Los actuales puntos de inflexión del sistema mundial.

En primer lugar, asoma como constante la guerra de IVta. generación, un sistema más impulsivo y caótico y, obviamente la crisis de las hegemonías, frente a un mundo multipolar y nuevo concepto económico a través de los BRIC´S.

Cualquier espacio geográfico se convierte hoy en punto de disputa y polarización. La ruptura de los consensos es una constante y el fantasma de la conflagración de una guerra mundial toca con más fuerza a las puertas del mundo contemporáneo.

Así pues, el mundo unipolar cede violentamente a un mundo multipolar en donde el cambio de los actores ofrece a Rusia, China, la India, Sudáfrica y otras formaciones económico sociales, una perspectiva de nuevo tipo.

Un segundo momento. Con base en el punto anterior, podemos señalar que existe hoy un nuevo sujeto histórico. Pero también una nueva lógica de mirar el conflicto armado bajo otra naturaleza. La Inteligencia Artificial-IA, las redes sociales (Las llamadas GAFA (acrónimo de Google, Apple, Facebook y Amazon) afectan e interceden en las nuevas narrativas y el discurso.

El tercer elemento que cruza el firmamento es el cambio que estamos viviendo de la guerra convencional a la guerra híbrida. La lucha mediática, los troles, los drones y otra serie de elementos son de nuevo orden en el conflicto militar. No se abandona, claro está, el estado salvaje de la fuerza militar; pero nuevas formas le dan al conflicto una lectura diferente.

El cuarto aspecto que no deja de ser importante en las nuevas lógicas de dominación y de afirmación geopolítica son las criptomonedas, y lo que en cibernética llamamos el poder del “big data”.

El uso indiscriminado de “datos”, dará a las nuevas hegemonías un lógica de dominación muy diferente al poder que hasta ahora se ha ejercido por la vía bancaria, las armas militares y los más medias.

Como lo señaló, positivamente, Gabriel Rivas, en la Escuela de Cuadros del PVP: “…por otro lado, si no apostamos a la soberanía alimentaria, a crear fronteras humanas en defensa del cambio climático, si no somos capaces de leer correctamente los fakes news, es decir el mar de desinformación que nos atosiga la 24 horas del día, no podemos hablar de crear entonces una nueva conciencia revolucionaria. La desinformación hoy es tóxica, su estructura está basada en informaciones falsas y descontextualizadas que se hacen pasar por ciertas…”.

Un quinto aspecto, tan importante como lo otros que hemos mencionado, son los riesgos y amenazas concretas en el los ataques ciberespaciales, la crisis en los indicadores sociales: económicos, medioambientales, sociales, culturales, tecnológicos y geopolíticos y la afirmación cada vez más frecuente de los gobiernos “populistas de derecha”.

Sin ser una afirmación comprobada, la humanidad está dando pasos muy acelerados hacia un nuevo proyecto neofascista.

El elemento sexto que podemos puntualizar en este pequeño examen, es la crisis del dólar, la crisis económica y la deslegitimación de los procesos electorales.

Las nuevas lecturas de la sociedad contemporáneas ponen en igualdad de posiciones prestigiosas profesiones liberales, a la par del sicariato. La estructura natural de la empresa, colapsa frente a la lógica que asumen las estructuras del comercio del narcotráfico.

Sumado a todo ello, la crisis de un liderazgo propositivo, el ascenso de las masas en sus nuevas propuestas políticas, no aparecen en el horizonte a corto plazo.

El sexto elemento, se tiene que ubicar en tres contextos geopolíticos y geográficos de muy distinto signo: América Latina, el Cercano Oriente y África.

En cada una de ellas los desafíos son de muy distinta naturaleza. No obstante, las asimetrías y diferencias que existen en cada uno de dichos espacios, los tres comparten la lógica de la “Guerra de la Cuarta Generación” y el contexto de la Guerra Híbrida.

IV.- “Guerra de la Cuarta Generación”, el contexto de la “Guerra Híbrida” Marcapasos de la Tercera Conflagración, hoy de carácter nuclear.

“… después de todo el tiempo que el norte

acomodó al mundo a sus intereses, ya toca

al SUR cambiar las reglas del juego…”

Miguel Díaz-Canel

Este último apartado, tiene como estructura una aproximación hacia algunos párrafos conclusivos, no definitivos, pero sí objeto del resultado que nos anticipa.

“Nunca es más oscuro que cuando va a amanecer”. El cielo está lleno de señales. Señales que cruzan el firmamento con un verdadero sello apocalíptico. Porque de desarrollarse una guerra termonuclear, el resultado es impredecible. Hiroshima y Nagasaki, asoman como fantasmas incuestionables.

Pero hablemos someramente de “geopolítica”. La geopolítica no solo debe verse como la disciplina que estudia la expansión territorial; la consolidación de la geopolítica está estrechamente ligada a la expansión de los imperios y a la dominación que han ejercido y ejercen sobre los territorios sometidos a su dominio.

Por eso a esta disciplina del saber humano, no solo debe entendérsele como estudio de un determinado territorio donde se expresa un particular campo de conflicto; al contrario, debemos entenderla más ampliamente, es decir en sus implicaciones económicas, relación con el ambiente, el espacio vivencial de afirmación de la cultura y, consecuentemente, como límite geográfico.

De tal suerte que, hablar hoy de geopolítica, exige ampliar el panorama a temas y retos de una naturaleza más compleja, tales como:

  • Las grandes movilizaciones de migrantes
  • La lucha contra la pobreza
  • Las políticas contra los desastres naturales y el calentamiento global
  • La sostenibilidad de los océanos y la defensa del agua
  • Depredación del ambiente y el calentamiento global
  • Erradicación de la exclusión, la desigualdad, la discriminación y el enfrentamiento a las visiones supremacista

Pero también la geopolítica pasa por otros grandes ejes que comprometen el destino de la humanidad:

  • ¿Cómo enfrentar la Inteligencia Artificial?
  • El comportamiento de los nuevos bloques de poder y económicos
  • Los conflictos armados a gran escala

Ni los anteriores puntos señalados, ni tampoco estos tres ejes agotan la narrativa contemporánea en la cual está inserta toda la humanidad.

Frente a las disparidades económicas y geopolíticas, el mundo reclama hoy una nueva arquitectura para reacomodar sus nichos ecológicos, en un marco que rompa con las disparidades y asimetrías existentes.

Tenemos en el orbe 70 bases militares y 16 conflictos armados a gran escala (Programa de Datos de Conflicto de Uppsala-Suecia). Guerra y conflictos adquieren así una clara diferenciación, cuyo análisis se mide en función del número de muertos. Necrológico indicador, que nos dice, que más de 1000 muertos corresponden a una guerra, menos de esa cifra a un conflicto.

Un tema de tal envergadura no se agota, más bien nos lleva a una gran interrogante colectiva: ¿ Qué hacer?

Un tamalito a referéndum

Freddy Pacheco León

Cuando el Departamento de Servicios Técnicos, de la Asamblea Legislativa, comunique al Directorio su dictamen acerca de los CUATRO proyectos incluidos en el «proyecto Jaguar», se habría de hacer las consultas a la Sala IV de la Corte Suprema de Justicia. Consultas que, por legalidad y consideración a los señores magistrados, se tendrían que hacer por separado, para cada uno de los proyectos respectivos.

Para ello, la Sala debería contar con el plazo máximo dispuesto para el estudio y resolución de cada uno, pues jamás podría jugar, en un trámite tan trascendental, el concepto del «combo», pese a haber sido remitidos cual si fuese un solo componente de lo que se sometería a votación en el Plenario Legislativo.

Se trata de proyectos tan diversos, como el del uso por privados, de terrenos demaniales bajo la custodia de Japdeva, el de desfigurar la estructura y funciones, de la Contraloría General de la República, así como la flexibilización de la Ley de Contratación Pública, para liberarla de controles constitucionales.

Por supuesto, que lo mismo se aplicaría, para el TSE, quien también tiene el deber de tratar de determinar, previamente, la existencia de posibles roces con la Constitución Política, en algunos o en los cuatro proyectos, que le fueron presentados, con sabrosos ingredientes, cual  «tamalito» de temporada, para no hacer incurrir al pueblo, en un error, costoso, pero evitable.