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Voz Profética contra la Guerra

Iglesia Metodista Wesleyana Costarricense

“Bienaventurados los pacificadores,
porque ellos serán llamados hijos de Dios
”.

Mateo. 5:9

Acabamos de concluir la Semana Santa, cuyos días fueron marcados por el sacrificio redentor de Jesucristo y la esperanza viva de la Resurrección, levantamos nuestra voz como Iglesia que discierne los tiempos, no para acomodarse a ellos, sino para confrontarlos a la luz del Evangelio.

Hemos sido testigos de un clamor profético que resuena desde Roma, en la voz del Papa León XIV, quien ha declarado con valentía que Dios no escucha las oraciones que nacen de manos manchadas de violencia. Esta palabra, además de ser un gesto político, es un llamado urgente a la coherencia evangélica. Es la denuncia de una fe que busca sacar provecho para justificar la guerra, una fe que ha olvidado la cruz y ha preferido el poder.

Como Iglesia heredera de la tradición Wesleyana, afirmamos con claridad que, no hay santidad sin justicia, no hay piedad sin misericordia, y no hay verdadera fe donde se bendice la violencia.

Nos preocupa profundamente la creciente tendencia de utilizar el nombre de Dios para legitimar acciones bélicas, discursos de odio y estrategias de dominación. Nos duele ver cómo se pretende vestir de espiritualidad, lo que en esencia es negación del mandamiento supremo del amor. La fe no puede ser combustible para la maquinaria de guerra. El Evangelio no es propaganda de ningún imperio.

Por ello, extendemos esta Carta Pastoral y Profetica, como un acto de comunión y también de interpelación:

Al Papa León XIV:

Reciba nuestra solidaridad y apoyo en su firme testimonio a favor de la paz. Oramos para que el Espíritu Santo continúe guiando su voz profética en medio de presiones políticas y tensiones globales. Que su llamado a abandonar las armas no sea silenciado, sino amplificado por todos los que creemos en el Reino de Dios.

A las Autoridades de las Naciones:

Les exhortamos a recordar que el poder no es licencia para destruir, sino una responsabilidad para proteger la vida. Ninguna estrategia de seguridad, puede justificar la pérdida de la dignidad humana y la historia juzgará con severidad a quienes, pudiendo elegir la paz, optaron por la violencia.

A Todas las Confesiones Religiosas:

Este no es tiempo de silencio ni de neutralidad cómoda. Es tiempo de unidad en lo esencial, la defensa de la vida, la denuncia de la injusticia y la proclamación de la paz. Más allá de nuestras diferencias doctrinales, nos une un llamado superior, ser luz en medio de la oscuridad. Convocamos a iglesias, comunidades de fe y líderes espirituales a levantar una sola voz contra la guerra y la indiferencia.

Al Pueblo de Dios:

No podemos ignorar el llamado a la conversión integral. Como bien se ha dicho, la mayor amenaza no es solo la guerra, sino la indiferencia. Cada acto de egoísmo, cada palabra que hiere, cada silencio ante la injusticia, nos hace cómplices de un mundo que se aleja del amor. El tiempo Pascual nos confronta ¿vivimos como resucitados o como espectadores pasivos del dolor ajeno?

Hermanas y Hermanos, el Evangelio no nos permite ser indiferentes. La cruz no es un símbolo decorativo, es un llamado radical a amar incluso en medio del conflicto. Y la resurrección no es una idea abstracta, es una fuerza viva que nos impulsa a transformar la realidad.

Hoy más que nunca, reafirmamos que el mal no tiene la última palabra, pero tampoco será vencido sin nuestra participación activa en el amor.

Que el Espíritu nos despierte. Que la Iglesia se levante. Que la humanidad escuche.

Y que el Dios de la Vida nos encuentre no orando por la guerra, sino trabajando incansablemente por la paz.

“¡Clama a voz en cuello,
no te detengas!
Alza tu voz como trompeta…
”

Isaías. 58:1

De William Walker, horda del hegemón y sistema capitalista, a un gobierno dirigido por un pedófilo: La esencia del destino manifiesto no cambia

Trino Barrantes Araya

El gringo de ojos celestes, abogado, periodista, médico y esencialmente un hijo predilecto de imperialismo, pisó tierras de nuestra hermana República de Nicaragua en el año de 1855. Su esquema era sencillo, dominar, por la vía militar y crear un nuevo estado. Su lema se sintetiza en un gran objetivo: “Five or None”.

Hoy el “pedófilo de la Casa Blanca”, amplía el yugo a site naciones más, bajo un adefesio político-militar llamado “Escudo de la Américas”. La frase de John Q. Adams, pronunciada en 1803, adquiere plena vigencia. Porque la Doctrina Monroe, sigue festinando con los cipayos y los lacayos de nuestro continente:

“El mundo tiene que acostumbrarse a la idea de que el continente norteamericano es nuestro dominio”.

El primero soñaba con dominar a su antojo la “Vía del Tránsito”, el actual en someter la soberanía de nuestros Estados y apropiarse del petróleo, del litio, de las tierras raras, del agua, del oro. Sí, bajo el ideal de Cristóbal Colón, el oro sigue teniendo validez, ayer en la conquista y la colonización, hoy en el nuevo proyecto neocolonial-neonazifascista.

Nos siguen cambiando cuentas y vidrios, por autodeterminación, independencia y soberanía. Aquel sueño imperial del “Estrecho Dudoso”.

Durante los primeros meses del año 1855, la pasividad de nuestros hermanos nicaragüenses fue pasmosa. Bajo tales circunstancias Walker pensó que la nacionalidad era solo una cuestión decorativa. Solamente se habían recorrido siete quinquenios de haber declarado la independencia de España y el nuevo amo del norte, encontraba una tierra fértil para sus perversos intereses.

Tal vez sea por esa razón que, en la proclama dictada en San José el 20 de noviembre de 1855, JUANITO MORA (Juan Rafael Mora Porras), de manera transparente se refirió contra los imperialistas gringos, de la siguiente forma:

“Una gavilla de advenedizos, escoria de todos los pueblos, condenados por la justicia de la Unión Americana, no encontrando ya donde hoy están con que saciar su voracidad, proyectan invadir a Costa Rica para buscar en nuestras esposas e hijas, en nuestras casas y haciendas, goces a sus feroces pasiones, alimento a su desenfrenada codicia”.

Las mismas mentiras que se tejen hoy en las narrativas del hegemón, son parte del discurso de agente del Destino Manifiesto. Cuando hipócritamente le escribe a nuestro prócer y arquitecto de la Segunda Independencia, descarada y falsamente le dice a Juanito Mora que sus intenciones respecto a las repúblicas centroamericanas son para “mantener el orden y el gobierno”. Se reclama en la cartografía imperialista la “ilusión de construir y fortalecer la democracia y fijar las bases del desarrollo”; no importa el número de víctimas, la ruptura del orden constitucional y gobierno”. Todo sea por la “pax imperial”.

Mora fue un adelantado de la época, porque a esta sucia maniobra imperialista, en su proclama del 28 de febrero dejaba claramente su sentido y vocación nacionalista. Señala que está próximamente amenazada la independencia de esta República y la de las otras de Centro América, de tal suerte que, la más apremiante necesidad no solamente es defender los derechos patrios, sino arrojar de Nicaragua al enemigo común”.

Déjennos aquí, hacer un parangón con la guerra genocida del sionismo contra Gaza y la aventura fracasada de la guerra sionista-gringa contra el pueblo de Irán. Cercanos a la Batalla de Rivas del 11 de abril, de la manera más visionaria proclamó don Juan Rafael Mora Porras lo siguiente: “Todos los filibusteros, de cualquier nacionalidad a que pertenezcan, que sean aprehendidos con las armas en la mano, sufrirán el rigor de la ley siendo fusilados”.

Las batallas, la del 20 de marzo de 1856 y la que se conoce con el nombre de Batalla de Rivas, el 11 de abril de ese mismo año, conocidas históricamente como la “Campaña Nacional”, forman parte del resultado del conflicto militar entre las fuerzas del ejército de Costa Rica, dirigidas por Juanito Mora, y como contraparte el ejército filibustero estadounidense conducido por William Walker.

Nuestra historia fue muy noble con los costarricenses. Hay dos grandes batallas que deciden el curso de nuestra soberanía y la primera derrota, de un país pequeño contra el imperialismo yanqui. La Batalla del 11 de abril, que dio lugar al triunfo de la toma del Tránsito y la Batalla del 11 de abril de Rivas.

La postura moral, combativa, decente y en función de la defensa de la soberanía de Juan Rafael Mora Porras, dista años de moral y decencia ante la forma servil en la que el actual mandatario dobla las rodillas ante el hegemón, rindiendo así culto a un pedófilo citado miles de veces en los archivos Epstein y animador vulgar del genocidio en Gaza.

“Comunista”

Por Juan Carlos Cruz Barrientos

Cuando el poder deja de convencer, empieza a etiquetar. Y en ese gesto, convierte palabras en armas y el lenguaje en campo de batalla.

En la política contemporánea, figuras como Donald Trump, Javier Milei y Rodrigo Chaves han convertido términos como “comunista”, “zurdo” o “izquierdista” en instrumentos de combate. No son categorías analíticas ni definiciones ideológicas rigurosas: son etiquetas diseñadas para simplificar, estigmatizar y deslegitimar al adversario.

La historia demuestra que este recurso no es nuevo ni inocente. El señalamiento de “comunista” ha servido como antesala de la violencia. Los ejemplos abundan, pero aquí hay algunos: Maximiliano Hernández Martínez lo utilizó para justificar la masacre de más de 30 mil indígenas en 1932; Adolf Hitler lo integró en su cruzada anticomunista durante la Segunda Guerra Mundial; Augusto Pinochet lo convirtió en argumento para la represión, la desaparición y el asesinato sistemático, como también ocurrió con las dictaduras argentinas tras el golpe de 1976.

Hoy, en pleno siglo XXI, el término “comunista” funciona como un significante vacío. Puede designar a un sindicalista, a un senador demócrata estadounidense, a una feminista, a un ambientalista o a una lideresa indígena. Su función no es describir, sino despojar de legitimidad cualquier crítica que incomode.

Nombrar al adversario como “comunista” no explica lo que es: define cómo debe ser tratado.

Algo similar ocurre con la etiqueta de “terrorista”. Su uso indiscriminado deshumaniza y simplifica. Una vez aplicada, borra matices y convierte demandas de soberanía, autodeterminación o justicia en amenazas contra la seguridad, la paz, la nación. Así, la violencia pasar dominio exclusivo de los adversarios, combatirles no es cuestionado, es más bien un imperativo, una necesidad.

Lejos de ser un simple exceso retórico, este tipo de lenguaje forma parte de una disputa más profunda. Como advertía Antonio Gramsci, el poder no se sostiene solo por la fuerza, sino por su capacidad de construir sentido común: esa trama de ideas y percepciones que hace que el mundo parezca “natural” e incuestionable.

En ese terreno, el lenguaje es decisivo. Durante décadas, instituciones educativas, religiosas y mediáticas han contribuido a fijar asociaciones automáticas: “comunista” como amenaza, “terrorista” como enemigo absoluto. El resultado es una reacción casi refleja: la etiqueta sustituye al análisis.

Cuando la etiqueta reemplaza al argumento, la democracia empieza a vaciarse.

En contextos de crisis o de disputa política intensa, este mecanismo se vuelve más visible. Cuando el consenso se resquebraja, se intensifica la lucha por el sentido. Es allí donde estas etiquetas operan como herramientas en una verdadera “guerra de posiciones”: una confrontación menos visible que la fuerza directa, pero decisiva en la construcción de legitimidad. Etiquetar en ese contexto, es fijar fronteras. No solo se define quién tiene razón, sino quién merece ser escuchado… y quién no. Y más aún, quién merece ser destruido sin que medie ninguna otra explicación.

El uso sistemático de epítetos como estos revela, en última instancia, una fragilidad. Cuando un proyecto político necesita recurrir a la estigmatización constante, lo que evidencia es su dificultad para sostenerse en la argumentación y en la persuasión. En lugar de convencer, busca alinear; en lugar de debatir, intenta clausurar.

La disputa por el lenguaje no es secundaria. Es parte del conflicto político central. Porque allí donde etiquetar sustituye al debate, lo que está en juego no es solo una palabra, sino la capacidad de una sociedad para pensarse a sí misma, deliberar y decidir en libertad.

De la Batalla de Santa Rosa a la Batalla de Rivas contra los filibusteros en Costa Rica y en Nicaragua. Algunas notas sobre la Primera Campaña

Vladimir de la Cruz

Celebramos este año, el 170 aniversario de la Gloriosa Gesta de 1856-1857, breve período histórico que se caracterizó, y generalmente así se recuerda, como los meses comprendidos entre el 20 de marzo de 1856, con el triunfo de la Batalla de Santa Rosa, sobre los filibusteros que habían ingresado al territorio nacional, y el 1º de mayo de 1857, cuando el jefe filibustero William Walker se rindió y salió de Centroamérica.

De manera más precisa, ese escenario histórico se comprende desde 1855, cuando se invita el 9 de abril, a William Walker, quien se hacía llamar expresidente de Sonora, para que llegue a Nicaragua a sumarse a las fuerzas políticas del Ejército Democrático, en su lucha interna contra el Ejército Legitimista, en ese país, hasta el mes de setiembre de 1860, cuando el 12 de setiembre fusilaron, en Honduras, a William Walker, luego de su último intento de regresar a Centroamérica, y el 30 de setiembre de 1860, fusilan al Presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora Porras y, el 2 de octubre de 1860, también fue fusilado el General José María Cañas.

La lucha entre liberales y conservadores en Nicaragua era intensa desde 1853. Walker llegó a Nicaragua desde San Francisco de California, de Estados Unidos, el 4 de mayo, al puerto El Realejo, donde fue recibido por los delegados del Ejército Democrático, que se enfrentaba al Ejército Legitimista jefeado por el General Ponciano Corral. Se le había ofrecido la posibilidad de impulsar una colonización. Walker llegó con su grupo de mercenarios bajo el nombre de la Falanje Americana. Walker en Nicaragua tuvo sus enfrentamientos y se produjo en Rivas un intento de quemarle el edificio donde estaba fortificado. En ese intento murió el 29 de junio de 1855 el joven Manuel Mongalo, un héroe nicaragüense similar a nuestro Juan Santamaría.

El presidente Mora, enterado de las andanzas filibusteras y mercenarias de Walker en Estados Unidos y México, previó el peligro de su llegada y estadía en Nicaragua en 1855.

El 20 de noviembre de 1855 el presidente Mora hace su Primera Proclama al pueblo costarricense advirtiendo del peligro que se cernía y llamando a prepararse para ir a combatir contra Walker. A su llamado se sumó, el 22 de noviembre, el Obispo Anselmo Llorente y La Fuente, advirtiendo también el peligro y amenaza que significaba Walker contra la religión católica.

A principios de 1856 Walker comisiona a su lugarteniente Schlesinger a venir a Costa Rica para “invitarnos” a formar parte de su proyecto anexionista y esclavista El presidente Mora da órdenes que no lo dejen desembarcar en Caldera ni en Puntarenas. Expulsado que fue enfureció a Walker quien pocos días después ordenó a Schlesinger que regresara a Costa Rica para tomarla a la fuerza. Así, la tropa filibustera se preparó para ingresar al territorio nacional en marzo de 1856.

El 1º de marzo, el presidente Mora, con apoyo del Congreso se prepara para marchar a Nicaragua, para luchar allá contra Walker y liberar a Nicaragua de la opresión que él les significaba. Ese 1º de marzo el presidente Mora lanza su Proclama de salida hacia la lucha contra los filibusteros.

El 3 de marzo, el Obispo Anselmo Llorente y La Fuente se dirige a las tropas combatientes, fortaleciéndoles espiritualmente su ánimo para ir a combatir, siendo acompañados por un grupo de sacerdotes bajo el mando del Presbítero Francisco Calvo, Capellán del Ejército en esa lucha contra los filibusteros.

El 4 de marzo el ejército duerme en Río Grande siguiendo la marcha por San Mateo.

El 7 de marzo el presidente Mora se incorpora a la marcha con el Ejército, asumiendo la Jefatura del Ejército y dejando en la Presidencia al vicepresidente Francisco María Oreamuno.

El 10 de marzo la tropa ya estaba en Puntarenas. La marcha seguiría por tierra, por el Golfo adentrándose por el río Tempisque hasta sus afluentes Bebedero y Bolsón, para desde allí llegar a Liberia, y tratando de darle vuelta a la Península para de esa forma llegar a Liberia.

El 11 de marzo el Ejército Expedicionario llega a Bagaces, donde los Generales José Joaquín Mora Porras y José María Cañas Escamilla desarrollan los planes de las operaciones militares a ejecutar.

El 12 de marzo el presidente Mora llega a Puntarenas acompañado de su Estado Mayor, mientras el Ejército Expedicionario llega a Liberia.

El 18 de marzo se recibe la noticia de que los filibusteros estaban en el territorio nacional, que habían pasado Sapoa, encontrándose en la Hacienda Santa Rosa, que era bien conocida por los costarricenses.

El 19 de marzo se partió hacia la Hacienda Santa Rosa. A las 4 de la tarde del 20 de marzo, se logró enfrentar a los filibusteros, en un combate que no pasó de los 10 minutos. A los 14 minutos de iniciado el combate se estaba redactando el Parte del triunfo sobre los filibusteros, que salieron huyendo. En la Batalla de Santa Rosa, fallecieron los Capitanes José María Gutiérrez y Manuel Quirós; los tenientes Justos Castro, Manuel Rojas y doce soldados.

La Batalla de Santa Rosa elevó la moral combatiente del Ejército Expedicionario e infligió una profunda derrota moral en los filibusteros. Hubo filibusteros capturados que fueron sometidos el 23 de marzo a un Consejo de Guerra, en Liberia, que dispuso fusilarlos, lo que se realizó el 25 de marzo.

El 24 de marzo el presidente en ejercicio, Francisco María Oreamuno se dirige con una proclama al pueblo informando el triunfo militar en Santa Rosa.

El presidente Mora dispuso, perseguir por todo el territorio nacional a los filibusteros, mientras avanzaba hacia Nicaragua.

El 29 de marzo el presidente Mora hace su Proclama dirigida a los nicaragüenses, indicándoles que va a ingresar a su país para liberarlos de la horda filibustera que los oprime y domina, indicándoles también que el ingreso de la tropa costarricense no es para ir a adueñarse de nada en Nicaragua, al mismo tiempo que los invita a participar en esta lucha.

El 31 de marzo la tropa está en Sapoa, ingresando a Nicaragua. El 4 de abril el Ejército se encuentra en marcha sobre la ciudad de Rivas. El 5 de marzo se llega a Peña Blanca, en Nicaragua, muy cerca del camino que se conocía como La Vía de la Compañía del Tránsito, empresa encargada de movilizar casi 1000 estadounidenses mensualmente desde la costa Atlántica a la costa Pacífica, de los Estados Unidos.

El 6 de abril el presidente Mora ya se encuentra en Santa Clara, en Nicaragua, listos para instalarse el 7 de abril, en Rivas, donde se acuartela. Allí recibió apoyo de ciudadanos Comisionados de Rivas. El 7 de abril dispuso el presidente Mora que dos Divisiones del Ejército tomaran por sorpresa San Juan del Sur y la Virgen, sitios que eran parte de la ruta de la Compañía del Tránsito. En La Virgen hubo un pequeño enfrentamiento con los filibusteros que tuvieron seis bajas y cinco heridos.

El 8 de abril el Ejército Expedicionario entra a Rivas, habiendo dado la vuelta por la Bahía de la Virgen, siendo recibidos con gran apoyo por la población. Inmediatamente se dirige a las Municipalidades de Rivas, Masaya, Granada, Matagalpa, Managua, León y Chinandega, para que le informen de la situación que tienen.

El 10 de abril el Ejército ocupa tres sitios claves, La Virgen, San Juan del Sur y Rivas. El presidente Mora ordena que se impida y se corte la navegación en el Río San Juan, tarea que se le encomienda al coronel Rafael Escalante.

A las 8 de la mañana los filibusteros se hicieron presentes en el Puerto del Estero del Sardinal, en San Carlos, desde donde habían querido ingresar los filibusteros al territorio nacional. Allí se produjo una ligera Batalla, la de Sardinal, el 10 de abril, donde resultaron heridos el General Florentino Alfaro y nueve soldados, y los filibusteros tuvieron cuatro muertos en tierra y muchos en el río. Allí fue tomado un vapor de Walker.

La Batalla de Sardinal, ese 10 de abril se sumó en elevar el espíritu de combate de la tropa nacional y, de la misma manera, produjo un desánimo en la tropa filibustera, y el propio Walker.

El 11 de abril, a las 8 de la mañana, Walker se lanzó a dominar la plaza de Rivas y a atacar el Cuartel General donde estaba el presidente Mora, desarrollándose un combate encarnizado que duró hasta horas de la noche. A Rivas fueron llegando los combatientes de Sardinal y de las tropas que se tenían explorando los terrenos aledaños. Las tropas de ambos ejércitos se acuartelaban en casas de la población.

En la Batalla de Rivas cayeron combatiendo valientes militares, el General José Manuel Quirós; el Mayor Francisco Corral; los Capitanes Carlos Alvarado, Miguel Granados, Vicente Valverde y más de 110 soldados. Los filibusteros perdieron 200 hombres, contando los que capturaron y fusilaron.

En esta Batalla, Walker se había acuartelado en la casa llamada Mesón de Rivas. Ese Mesón se intentó quemar para lo que se ofrecieron el oficial Luis Pacheco Bertora, que cayó herido, el soldado Rosales, de origen nicaragüense que peleaba con nuestra tropa, y el Tambor del Ejército, Juan Santamaría quien cayó en la tarea de la quema, que fue exitosa.

Los filibusteros abandonaron Rivas huyendo de la ciudad. El ejército costarricenses aseguró así su triunfo.

El 15 de abril el presidente Mora esperaba noticias de los ejércitos y de las fuerzas militares de los Gobiernos de El Salvador y Guatemala, que se sumaban a la guerra contra los filibusteros, para coordinar con ellos.

El 17 de abril Walker se encontraba en la ciudad de Granada, habiendo sufrido una gran deserción en su tropa.

El 21 de abril no se sabía nada del concurso de las Fuerzas Aliadas de El Salvador, Guatemala y Honduras.

En los siguientes días empezaron a manifestarse los enfermos y muertos del cólera, lo que obligó al regreso a Costa Rica del Ejército Costarricense.

El General presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, desde el Cuartel General de Rivas, dirigió una Proclama agradeciendo a los jefes, a los Oficiales y los Soldados, todo su compromiso y ordenando regresar el Ejército Costarricense al interior de la República.

El 26 de abril, a las 4 de la mañana, el general presidente de Costa Rica, Juan Rafael Mora, dejó la ciudad de Rivas, dirigiéndose hacia Liberia acompañado de sus Edecanes y por el Ejército.

En Rivas murieron de cólera el comandante Juan Alfaro Ruiz, el Subteniente Julián Rojas y el Capitán Zenón Mayorga.

El 29 de abril en la Hacienda El Jocote se estableció un punto del ejército para defender la frontera y ejercer control sobre el Río San Juan.

De esta forma terminó, lo que conocemos como la Primera Campaña en la Guerra contra los filibusteros, quienes habían sido gravemente derrotados y desmoralizados.

Los días siguientes, en Nicaragua Walker se impone, con fuerza política desde junio, al tiempo que empiezan a llegar, el 4 de julio, los soldados guatemaltecos bajo las órdenes del brigadier Mariano Paredes y del coronel José Víctor Zavala, el 8 de julio llega la fuerza salvadoreña de vanguardia al mando del General Ramón Belloso.

El 10 de julio el Gobierno nicaragüense, de Fermín Ferrer, declara electo presidente de la República de Nicaragua al General William Walker, que fue reconocido por los Estados Unidos.

Así se da el marco de la llamada Segunda Campaña que se articula desde setiembre con los ejércitos centroamericanos aliados. En esta Segunda Campaña, la tropa costarricense, de nuevo movilizada al escenario de guerra se integra con las tropas aliadas.

Le peste del cólera afectó a la población costarricense con alrededor de 10.000 muertes. Nuevas batallas intensas contra los filibusteros caracterizan este período hasta la rendición de Walker el 1 de mayo de 1857.

El próximo sábado 11 de abril celebramos la tercer derrota al filibustero William Walker, la contundente de esa Primera Campaña, la que aseguró de modo definitivo que los filibusteros no pisarían el suelo costarricense.

El glorioso espíritu combativo, por las más de 12 horas de combate, inmortalizó la Batalla de Rivas, a los caídos y héroes de la Patria, y quienes se destacaron en esas horas de combate. De allí los principales héroes que se recuerdan con este motivo, el presidente general Juan Rafael Mora Porras, los generales José Joaquín Mora Porras, José María Cañas Escamilla, los caídos en la quema del Mesón, especialmente la exaltación que se hace de Juan Santamaría y de Francisca Pancha Carrasco, que con su participación se hace sobresalir a la mujer costarricense que se unió al Ejército y que representa a todas las mujeres que sustituyeron a los hombres, que salieron de los campos de trabajo, al combate, asegurando la producción, la economía de guerra en esos meses y la alimentación de los soldados.

Con motivo del 170 aniversario de la Batalla de Rivas, y de la Campaña Nacional contra los filibusteros se han preparado algunas actividades a las cuales les invito.

Viernes 10 de abril, desde las 10 a.m hasta el mediodía, la Municipalidad de Escazú, recuerda a los escazuceños caídos en los combates contra los filibusteros, en el Parque Central de Escazú, con desfile y con presentación escénica de la Cantata Guerra de 1856.

El sábado 11 de abril se convoca a las 10 a.m, al pie del Monumento del presidente, General y Benemérito de la Patria, Juanito Mora, frente al Edificio de Correos en San José, a un acto cívico para colocar una ofrenda floral en el Monumento.

El lunes 13 de abril, se invita por parte de la Academia Morista Costarricense y la Biblioteca Nacional, a la conferencia, a cargo del MSc. Adrián Chaves Marín, que se transmitirá por el Facebook de la Biblioteca Nacional, a las 4 p.m, bajo el título: “El fuego de la Memoria: 170 aniversario de la Batalla de Rivas”.

La ilusión de la guerra justa: sindicatos, sociedad civil y la resistencia de la humanidad

Frank Ulloa Royo

Édouard-Léon Scott de Martinville vivió en un contexto social y político complejo, marcado por las secuelas de la Revolución Francesa y las tensiones europeas del siglo XIX. Como impresor y librero, tuvo acceso a las descripciones de los avances científicos más recientes, lo que le permitió convertirse en inventor. Su interés por grabar la conversación humana lo llevó a buscar un medio mecánico que pudiera registrar automáticamente la palabra, como si la voz quedara atrapada en el tiempo. Hoy, otro nueve abril son las voces de angustia las que quedarán también grabadas.

Un nueve de abril de 1860, este parisino grabó a alguien cantando “Au clair de la lune”, una bella canción infantil. Hoy, esa melodía inocente se usa de manera cruel en el genocidio que presenciamos en tiempo real: drones israelíes reproducen grabaciones de llantos infantiles para anunciar la tragedia que está por ocurrir, como parte de una limpieza étnica. Este es un pequeño ensayo sobre lugares poco comunes pero idénticos: los sitios habitados por humanos en guerra.

La llamada doctrina de la “guerra justa” es un espejismo que la humanidad ha repetido como un mantra para intentar darle legitimidad a lo que en esencia es injustificable. Se le ponen ropajes solemnes, se le adorna con doctrinas, se le viste con discursos patrióticos o religiosos, pero detrás de esas vestiduras la guerra sigue siendo lo mismo: una fractura de la humanidad, un fracaso de la palabra frente al ruido de las armas. Como señaló Hannah Arendt (1969), “la violencia puede destruir el poder, pero nunca lo crea”; y en ese vacío se instala la guerra como derrota de la dignidad civilizada.1

El dilema ético se agudiza cuando un Estado agrede a otro en un contexto internacional debilitado, con Naciones Unidas convertida en espectadora impotente, atrapada en vetos y burocracias. La reciente guerra en Irán, impulsada por intereses estratégicos —el robo del petróleo y los viejos motivos religiosos que alimentan las teocracias, tanto sionista como musulmana—, muestra con crudeza esta crisis de institucionalidad: los misiles y drones hablan mientras la ONU calla. ¿Cómo responder a la violencia sin caer en la misma lógica que la engendra? La tentación es replicar la fuerza con más fuerza, pero ese camino perpetúa el círculo de la barbarie. La alternativa exige creatividad política, diplomacia radical, solidaridad transnacional y la construcción de mecanismos de resistencia civil que desarmen la guerra desde sus raíces. Es tiempo de hablar claro y crear nuevas herramientas para garantizar el derecho a la vida.

En este horizonte, los sindicatos tienen un papel insustituible. Ya la II Internacional, pese a su fracaso para detener la Primera Guerra Mundial, nos señaló un camino: el de desenmascarar las guerras, mostrar que detrás de los discursos patrióticos se esconden intereses económicos y geopolíticos. Los sindicatos, como voz de los trabajadores, deben recordar que cada guerra es también una guerra contra los pueblos, contra su derecho a vivir y a soñar. La tarea sindical es levantar la palabra, denunciar la mentira, construir redes de solidaridad que atraviesen fronteras y que digan con claridad que no hay guerra justa, que toda guerra es una herida en el cuerpo de la humanidad. Como escribió Rosa Luxemburgo (1915), “la guerra es siempre el negocio de unos pocos y la desgracia de muchos”.

Pero no son solo los sindicatos: la sociedad civil entera tiene un papel decisivo. Las mujeres, como en la antigua Grecia, cuando se levantaron en huelga contra sus maridos guerreros para detener la guerra —recordemos la fuerza simbólica de Lisístrata de Aristófanes (411 a.C.)—, nos enseñan que la resistencia puede nacer de lo cotidiano, de la vida misma. Hoy, las mujeres en múltiples rincones del mundo siguen siendo las primeras en organizarse contra la violencia, en defender la vida frente a la lógica de la muerte. Su voz, junto con la de jóvenes, comunidades indígenas, movimientos sociales y culturales, es la que puede quebrar el discurso bélico y abrir espacio a la paz.

La verdadera justicia no se encuentra en los tratados que legitiman la violencia, sino en la capacidad de los pueblos para resistir la lógica de la guerra y reinventar la paz. Mientras los Estados se atrincheran en sus intereses y las instituciones internacionales se tambalean, la humanidad necesita recordar que la única salida digna es construir un orden donde la palabra sustituya al misil y la solidaridad sustituya al cálculo estratégico. Porque la guerra, con todos sus ropajes, seguirá siendo siempre lo mismo: la derrota de la humanidad frente a sí misma.

Referencias bibliográficas

  • Arendt, Hannah (1969). Sobre la violencia. Nueva York: Harcourt Brace.

  • Aristófanes (411 a.C.). Lisístrata. Atenas: Teatro clásico griego.

  • Luxemburgo, Rosa (1915). La crisis de la socialdemocracia. Stuttgart: J.H.W. Dietz Nachf.

  • Walzer, Michael (1977). Just and Unjust Wars: A Moral Argument with Historical Illustrations. Nueva York: Basic Books.

  • Galtung, Johan (1996). Peace by Peaceful Means: Peace and Conflict, Development and Civilization. Oslo: International Peace Research Institute.

  • Naciones Unidas (2025). Informe sobre la crisis de institucionalidad y conflictos armados. Nueva York: ONU.

1 San Agustín (siglo V) fue el primero en formular la idea de que, bajo ciertas condiciones, una guerra podía ser moralmente aceptable. Santo Tomás de Aquino (siglo XIII) sistematizó la doctrina en la Summa Theologiae, estableciendo criterios como autoridad legítima, causa justa y recta intención. Finalmente, e Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2309) recoge estos principios, señalando que la legítima defensa mediante la fuerza militar requiere condiciones estrictas y rigurosas.

La dependencia internacional es perjudicial para el país

Óscar Madrigal

Oscar Madrigal

Debo confesar que me causó risa la noticia dada a conocer por el latoso ministro de seguridad Zamora, el canciller y el presidente, que declara terroristas a varias organizaciones del Medio Oriente. Causa risa por lo ridículo de la postura. Me dio la impresión de que el canciller lo dijo con cierta vergüenza, pero se la aguanta por sus problemas con la justicia.

El vasallaje ante Trump, su incondicionalidad ante las políticas guerreristas ha hecho a la camarilla chavista perder la razón. ¿No se han dado cuenta que su mismísimo patrón va a negociar con esos “terroristas”?

¿No se han dado cuenta que Trump es un presidente que no es de fiar? Esto ya lo han entendido la gran mayoría de los gobiernos, como los europeos. Además, ¿tampoco han comprendido que Trump sólo entiende y respeta el lenguaje de la fuerza, de los golpes, como lo está enseñando Irán?

Es tan de poco fiar que no importa de lealtades o negociaciones cuando se trata de aranceles, bombardeos, despojos de tierra, secuestro de presidentes o riesgo a sus negocios familiares.

Los gobernantes que le besan el culo, como el mismo Trump lo dijo, no gozan de ningún respeto y sólo se ganan su desprecio. Chaves no comprende que, entre más incondicional de Trump, más despreciado es.

Chaves entre más arrastrado menos beneficios obtiene para el país: caída de la inversión, aranceles más altos e investigaciones sobre la producción nacional. El que no se respeta a sí mismo, no es respetado por nadie.

Costa Rica ha forjado un prestigio internacional por ciertas posturas contrarias a los dictados de los gobiernos estadounidenses, tal el caso de Carazo ante el Fondo Monetario Internacional o del plan de paz de Arias ante posturas de Reagan.

La absoluta dependencia del Gobierno de Chaves de las políticas díscolas e incongruentes del presidente Trump es no tener ninguna política internacional, y en consecuencia gozar del irrespeto mundial y dejar de tener opiniones constructivas que aportar en los distintos foros internacionales.

Decadencia

MSc.Lic.Bach. Anais Patricia Quirós Fernández
Académica Universitaria
Especialista en la Enseñanza del Idioma Inglés
Universidad Técnica Nacional, Sede El Roble
Estudios en Género, Diversidad y Derechos Humanos,
Conciencia digital y fundamentos de la IA,
Diplomada Internacional en Cambio Climático y
Gestión Integral del Riesgo de Desastres Naturales
Estudiante Carrera Derecho

“Inicia en cualquier momento, cuando se descuidan elementos.” No tiene retorno, pero sí un conteo regresivo e imparable. Es casi una muerte anunciada que golpea lentamente, pero no se detiene; viola todas las fuerzas y arrasa a su paso. No escucha ni atiende llamado, solo llega. En su declive se deja ver poco a poco, y lo único que se desconoce es cuánto durará ese proceso de deterioro progresivo y debilitamiento integral.

Causa una erosión silenciosa que destruye, volviéndose una “entropía emocional”: desorden, incertidumbre y caos. Es un drenaje de energía que no solo apaga la ilusión, sino que esteriliza el suelo para cualquier sentimiento futuro. Se podría decir que todo ser vivo lo vive, y todo ser inerte también; bajo la sombra del abandono nada permanece, sin importar quién o qué, dónde o cuándo.

Pero ¿qué pasa cuando es una decadencia relacional? Dos personas que “se amaban” y se proyectaban a futuro, iniciando una dulce y fresca versión de ellos mismos. Nadie se prepara para el calvario, ni muchas personas llegan a comprenderlo cuando ocurre la distorsión de la realidad.

La Falsa Eternidad

Es la droga del inicio que lleva a la ceguera voluntaria. Nos permite proyectar la mejor parte y anular cualquier probabilidad de ver la realidad; idealizamos la fantasía y la volvemos real con peculiaridades encantadoras, donde el silencio es cómodo y el roce, eléctrico. Pero ¿dónde está la eternidad de las cosas y de los sentimientos? Ese es el espejismo peligroso: un estado hipnótico donde el tiempo deja de ser lineal para convertirse en un presente expandido. Nos da la ilusión de que los sentimientos son una roca inalterable, cuando la realidad es que son un organismo que, por estar vivo, ya ha empezado a morir.

Aquí es donde toda pareja se equivoca, creyendo que las leyes de la naturaleza no aplican para ellos. Es ahí cuando inicia el descuido y aparecen las grietas. Se firman contratos emocionales sobre promesas que el futuro no pagará, creando una estafa romántica e ignorando que los seres humanos somos procesos, no estados fijos. Construimos una versión nuestra que la biología y el tiempo se encargarán de demoler. Cuando aparece la primera fisura bajo esa falta de perspectiva, el golpe es devastador: entre más alta haya sido la fantasía, más dolorosa será la caída. La falsa eternidad es una anestesia temporal donde amas la sensación, no a la persona.

La Metamorfosis

En la metamorfosis que sufren las relaciones existen señales visibles que ignoramos bajo la enajenación de creer que somos indestructibles. La mutación de la identidad compartida genera la pérdida de códigos íntimos. Ante nuestros ojos, todo se deforma: gestos, palabras, acciones. Las palabras cambian de química; los sabores, de ingredientes; los colores, de fuerza. Todo lenguaje, verbal o corporal, se invierte.

El lenguaje pasa de ser puente a ser muro. Ya no se habla para comunicarse, sino para herir o atacar. La música deja de ser melodía para ser ruido. Los gestos pasan de agradables a despreciables. El «nosotros» se desplaza hacia el «extraño». El proceso culmina cuando te despiertas al lado de alguien ajeno, pero lo más aterrador es que no te conoces a ti misma; no entiendes cómo llegaste ahí ni por qué permaneces, convertida en una versión amarga y opaca de ti misma, velando a quien solías ser.

En este punto, ocurre una transformación biológica negativa: todo se fermenta. Aquellas mariposas del inicio se convierten en gusanos de resentimiento. El brillo de los sentimientos se pierde por el óxido del distanciamiento; se enquistan las palabras calladas y se marchita la frescura de los momentos. El amor ha entrado en estado de putrefacción.

Los espacios físicos también mutan y crean barreras. Dos personas sentadas a la mesa, pero a años luz de distancia. El sofá se vuelve frontera y la cama un desierto desolado donde reina la noche y el frío. Todo objeto que antes simbolizaba unión es ahora como el escombro de una casa abandonada; una civilización que colapsó donde es mejor demoler que intentar reparar.

La erosión de lo cotidiano

La frescura no existe, todo se ha vuelto rancio. Antes, despertar era vivir y escuchar tus cualidades era música; hoy llegan las críticas y el reconocimiento de la carga. La microagresión cotidiana es la celda que quema cualquier sentimiento restante. Lo que antes era un gesto apreciado, hoy se siente obligatorio y no nace el elogio. Inicia el silencio defensivo; la paz es ahora pesada como el aire antes de una tormenta de desierto.

Acudimos a las rutinas diarias como a una armadura doméstica; una trinchera para dejar pasar el tiempo y no sentir la erosión interna. Convertimos la rutina en nuestra equinácea particular: una dosis de indiferencia administrada para fortalecer el sistema contra el dolor de la realidad. Nos movemos por la casa como fantasmas, tratando de traspasarnos sin tocarnos, utilizando el silencio como el muro final de nuestra propia decadencia. Ya no hay equipo, solo un grupo de adversarios que llevan cuentas matemáticas de agravios. El silencio es tal que los ruidos internos no te dejan escuchar. El fin ya está prediciendo su llegada.

Incluso la ciencia le pone nombre a este abismo. Según expertos como John Gottman, el desprecio es el mayor predictor del fin. Ya no hay dolor, hay asco o indiferencia, porque el resentimiento acumulado finalmente quemó la estructura original. Como una fotografía que pierde color y forma, la relación deja solo partes incompletas, rostros que ya no podemos reconocer.

«La decadencia no es la ausencia de amor, sino su putrefacción. Es ver cómo el oro de la primera cita se oxida hasta convertirse en un hierro que solo sirve para herir.»

El Umbral del Escombro

Al final, aceptar la decadencia no es un acto de derrota, sino de honestidad brutal. Entender que el amor, como todo organismo vivo, requiere una energía que la inercia de la rutina no puede proveer. Cuando el suelo se esteriliza y las palabras se enquistan, el mayor acto de amor —o de amor propio— ya no es intentar reconstruir sobre las ruinas, sino aprender a caminar entre ellas sin mirar atrás.

Porque a veces, el infierno no es el fuego del conflicto, sino el frío eterno de dos personas que, teniéndolo todo para ser incendio, prefirieron convertirse en ceniza por el simple miedo de admitir que su eternidad había caducado.

Carta por la no-proliferación nuclear en Alemania

Sr. António Guterres
Secretario de las Naciones Unidas

Las personas y organizaciones que firmamos esta carta queremos expresar lo siguiente:

1 – Hemos tomado conocimiento que el director del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, señaló que el mundo podría pasar de 9 a 25 ó 30 países con armamento nuclear, sin decir de qué países se trata. Sin embargo, según un informe de la OEIA, de marzo de 2025, Alemania ha alcanzado las capacidades, científicas, técnicas, y manufactureras para producir sus propias armas nucleares. La proliferación de nuevas armas nucleares es un hecho muy grave y viola los esfuerzos del Tratado de No-Proliferación Nuclear. No podemos olvidar que Alemania encabezó dos guerras mundiales que la humanidad guarda en su memoria.

2 – Expresamos nuestra profunda preocupación por este informe de la OEIA que consigna que Alemania tiene la capacidad de fabricar armas nucleares en un corto plazo si así lo quisiera. Sumado a esto están las declaraciones de políticos alemanes que expresan la necesidad de que Alemania cree el ejército más fuerte de Europa lo cual es imposible sin armas nucleares. Varios gobiernos de Europa, incluido Alemania, hablan cada vez más de la necesidad de preparar a su población para una posible guerra nuclear. Consideramos que estas declaraciones son irresponsables, provocadoras, y llaman a prepararse para la guerra nuclear.

3 – Por estas razones llamamos a la ONU, a la OEIA, a la Comunidad Internacional, a las organizaciones internacionales, a exigir el fin y desmantelamiento de las capacidades que tiene Alemania para construir sus propias armas nucleares. Alemania debe respetar el Tratado de No-Proliferación Nuclear. Al mismo tiempo, debe exigir el retiro de las armas nucleares estacionadas en Büchel por Estados Unidos.

Observatorio de Derechos Humanos de los Pueblos

Coordinadora Americana por los Derechos de los Pueblos

Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, Chile

Asociación para una Ciudadanía Participativa (ACI Participa), Honduras

ACHIPEM Nacional, Chile

Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia – Comosoc

Mesa Ecuménica por la Paz – MEP, Colombia

Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas – SOAWChile

Grupo de investigación y Editorial Kavilando, Colombia

Red Interuniversitaria por la Paz -REDIPAZ- Colombia

Comunidad Ecuménica Martin Luther King, Chile

Comité Monseñor Romero México

Comisión de Paz. No Violencia y Anti Militarización, Alianza CONVIDA20

Comité de DD.HH. y Ecológicos de Quilpué, Chile

Comité Oscar Romero-Sicsal Chile

Centro de Amigos para la Paz, Costa Rica

Servicio Paz y Justicia, SERPAJ-Chile

Comitê Carioca de Solidariedade a Cuba e às Causas Justas, Brasil

Festivales Solidarios, Guatemala

SOS Ribahorza, España

Colectivo Raíces de Resistencia, Chile

Coordinadora Latinoamericana en Bélgica

CINTRAS, Centro de Salud Mental y Derechos Humanos, Chile

Fundación Escuela de Paz, Colombia

Red de Solidaridad con Palestina. Costa Rica

Colectivo de Educación Pedagógica Totlahtol Yoltok, México

SERPAJ-PY, Paraguay

Casa del Caribe-Inc. Barahona/Rep. Dominicana

Montreal for a World Beyond War, Canadá

Mass Peace Action, USA

Campaign for Peace, Disarmament and Common Security, USA

Mouvement de la Paix, France

Global Women United for Peace against NATO, USA

ATTAC Hungary, GWUAN, Hungria

Fundación Espacio Sostenible, Chile

International Peace Bureau (IPB), Germany/International

European Peace Project, Netherlands/Germany

Women for Peace – Finland

World BEYOND War

Firmas individuales: Alicia Lira, Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, Chile; Stella Calloni, periodista, Argentina; Julio Yao, Presidente Honorario, Centro de Estudios Estratégicos Asiáticos de Panamá (CEEAP); María Stella Cáceres, Museo de las Memorias, Dictadura y DDHH de Paraguay; Pablo Ruiz, periodista, Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas, Chile; Eduardo Bustamante, Colombia; Luis Ángel Cespedes R, Centro Cuáquero de Amigos para la Paz CAP, Costa Rica; Mariella Tapella, El Salvador; Maritze Trigos Torres, Colombia; María Elena López Gallardo, Sicsal, México; Fernando Rule Castro, Argenntina; Rafael Vilar, España; Hervi Lara Bravo, Chile; Juan Mastrantonio, Chile; Jordi Valle Celma, Catalunya; Núria Assens Mampel, España; José Enrique González Ruiz, México; Shaira Sepúlveda Acevedo, Chile; Jorge Andrés Forero González – Achiote Comunicaciones, Colombia; Roger Chaves G., Costa Rica; Meryam Sánchez Arguijo, Costa Rica; Sebastián Pérez Carmona, Costa Rica; Sonia Ulate Fallas, Partido Vanguardia Popular, Costa Rica; Yamileth Monterrey López, Costa Rica; José Alberto Montero Castro, México; Luis Alberto Grubert Ibarra, Colombia; Sandra Salazar, Costa Rica; José Alberto Amesty Rivera, Costa Rica; Andreu Ginestet, Alemania; Felix Madariaga, Chile; Klaus Helms, Germany; Ludo De Brabander, Vrede vzw, Belgium; Norha Ossa Hoyos, Colombia; Pippa Bartolotti, UK; Judith Kelly, USA; Mary Girard, CA; Ali Álvarez, observatório de derechos humanos de los pueblos, Brasil; Teti Casagrande Montesi, Italia; Laura Carreño, Chile; Juan Enrique Prieto Urzúa, Movimiento Humanista, Chile; Ricardo Soberón Garrido, Perú; Robert Austin Henry, Australia; Viviana Canibilo Ramírez, Australia; Andrés Figueroa Cornejo, periodista, Chile; Julin Acosta, Rep. Dominicana; Nydia Leaf, United States; Luis Romero Wamani, Servicio Paz y Justicia, Argentina; Dianne Blais, USA; Sima Kassaie-van Ooyen, Deutschland; Stefan Kytzia, DE; Matyas Benyik – ATTAC Hungary Association; Kristina Magnusson, Suecia; Yves Simón, United States; Isabelle Casel, Germany.

Enlace para firmas:
https://docs.google.com/forms/d/19kc_5bGW6jDq9DPlLTHSym1nxIxuLNFwGLkhs5hK0Aw/preview

Foto de Referencia: Alemania, protesta contra las bombas nucleares. www.deutschland.de

Tregua Bajo Sospecha

José A. Amesty Rivera

Cuando el imperio habla de “alto al fuego”, los pueblos no pueden darse el lujo de ser ingenuos, porque el imperialismo (ese viejo zorro) no se detiene, se reacomoda, no descansa, calcula; no negocia por debilidad, sino por conveniencia.

Recordemos que la historia ya nos ha enseñado (desde la Guerra de Vietnam hasta las invasiones en Irak), que muchas veces las pausas no son para la paz, sino para recargar los fusiles, reordenar tropas y afinar la maquinaria de muerte.

Hoy, en medio de la confrontación entre EEUU, Israel e Irán, nos venden un “alto al fuego” de dos semanas. Pero aquí nadie debe confundirse, esto no es paz, es pausa táctica. Dos semanas que, más que un respiro humanitario, huelen a cálculo militar. ¿Qué significa realmente este paréntesis? ¿Un camino hacia la negociación o un simple tiempo muerto para preparar el próximo golpe?

Dos semanas, tiempo suficiente para rearmarse, reorganizarse y volver a golpear, según una gran mayoría de las opiniones, hipótesis y cuestionamientos.

Porque, si algo ha quedado claro en este conflicto, es que Irán no es Irak, no es Libia, no es un país fácil de arrodillar, Irán es otra cosa.

Es un Estado con estructura, con ideología, con una base militar que, aunque golpeada, sigue operativa. Es un país que ha resistido décadas de sanciones, sabotajes, guerras indirectas y amenazas abiertas, y, aun así, no ha caído.

Incluso en medio de los bombardeos, la realidad muestra una contradicción poderosa, mientras la economía civil sufre duramente (con inflación por las nubes, desempleo y destrucción de infraestructura), su aparato militar y su capacidad de resistencia siguen funcionando.

Esto no es poca cosa. Eso significa que no estamos frente a un país derrotado, sino frente a un país golpeado, pero en pie.

Y ahí está el punto clave que el discurso occidental imperial intenta ocultar, porque, si Irán no está derrotado, entonces ¿qué significa este alto al fuego? ¿Un gesto de buena voluntad o una señal de que la ofensiva no logró quebrarlo?

Más aún, el propio contexto revela que este “descanso” no nace del humanismo, sino del miedo al descontrol. Porque el conflicto ya estaba comenzando a sacudir el corazón del sistema mundial, el petróleo.

Es obvio, el simple anuncio del alto al fuego hizo caer los precios energéticos a nivel global, mostrando hasta qué punto esta guerra amenaza la estabilidad económica del planeta, y esto no es casualidad.

Irán controla una de las arterias más sensibles del capitalismo global, el Estrecho de Ormuz. Desde ahí puede abrir o cerrar la llave energética del mundo, y ya lo ha demostrado, aplicando bloqueos selectivos y controlando el paso de buques según sus intereses.

Eso no lo hace un país débil; eso lo hace un actor estratégico de primer orden; por eso entra en escena otro jugador clave, China.

China se mueve por beneficios, y su mayor temor no es la guerra en sí, sino sus consecuencias, quedarse sin energía, ver frenado su crecimiento, perder su lugar en la disputa global.

Entonces, todo apunta a lo evidente, China empuja a Irán a negociar para salvarse a sí misma. Evitar una guerra total en el Golfo es, para Beijing, una cuestión de supervivencia estratégica.

En fin, China depende en gran medida del petróleo que llega desde esa región. Un conflicto prolongado habría significado perder casi la mitad de sus importaciones energéticas marítimas. En otras palabras, un golpe directo a su economía y a su proyecto de convertirse en la principal potencia global.

Entonces, ¿qué hizo China? Jugar al ajedrez.

Presionar a Irán para aceptar un alto al fuego no es rendirse; es evitar una guerra total que podría frenar su ascenso histórico, es decir, es estrategia.

Pero eso también revela otra verdad incómoda, Irán no negocia solo; Irán juega en bloque, y eso cambia todo.

Ahora bien, mientras unos presionan para negociar, otros se preparan para continuar la guerra, porque el imperialismo no acepta fácilmente condiciones.

Aceptar las “diez condiciones” de Irán (como se ha planteado) sería, en términos políticos, una bofetada al discurso de la supremacía imperial estadounidense. Sería reconocer que, después de sanciones, amenazas y bombardeos, no pudieron imponer su voluntad. ¿Esto es derrota? Para el relato imperial, sí.

Pero, en la práctica, el imperialismo no funciona en blanco y negro, retrocede hoy para avanzar mañana, negocia hoy para golpear después.

Por eso, este alto al fuego genera más dudas que certezas, porque, mientras se habla de negociación, la realidad interna de Irán también arde, crisis económica, tensiones sociales y medidas diversas que muestran que el país está bajo una presión brutal.

Es decir, Irán resiste hacia afuera, pero también enfrenta tensiones hacia adentro y, aun así, no se rinde, y esto es lo que más preocupa al poder global.

Porque un país que resiste sanciones, guerra y crisis interna sin colapsar es un mal ejemplo para el resto del mundo; es un mensaje peligroso para los pueblos, que el imperio no es invencible.

Por eso, este alto al fuego no debe leerse como el final del conflicto; debe leerse como lo que probablemente es, una pausa cargada de tensión, donde todos se preparan para el siguiente movimiento.

Esperando que ese “alto al fuego” no sea la antesala de una tormenta mayor; porque, si algo está claro, es esto, la paz verdadera no se construye en dos semanas, ni bajo amenazas ni bajo chantajes geopolíticos, se construye cuando los intereses de los pueblos pesan más que los negocios de la guerra.

EEUU e Israel reorganizando su maquinaria militar. China asegurando su suministro energético. Irán resistiendo, negociando, pero sin arrodillarse. Y no hemos hablado de Rusia e Israel.

Y los pueblos del mundo, una vez más, en medio del fuego cruzado de intereses que no son los suyos. Porque aquí no se está discutiendo solo un acuerdo, se está disputando algo más grande, quién manda en el mundo y hasta dónde puede resistir quien se atreve a decir que no.

Finalizando este escrito, las noticias no nos sorprenden al informarse que Israel viola el alto al fuego al bombardear lugares del Líbano; y, a la inversa, el Líbano viola supuestamente la tregua al atacar a Israel.

Y lo más inaudito, el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, afirmó este miércoles que el acuerdo del alto al fuego acordado con Irán la jornada anterior, no incluye el cese de ataques contra el Líbano, calificando la situación como “un malentendido legítimo”: “Ni nosotros ni los israelíes dijimos que el Líbano fuera a formar parte del alto al fuego”, insistió.

Lo cual revela lo voluble, lo inconstante y lo impredecible de esta llamada “tregua”.

La carrera espacial no tiene un solo vencedor: desmontando el relato supremacista

Por Juan Carlos Cruz para SURCOS

En medio de la escalada retórica de la administración de Donald Trump, ha emergido un intento por reescribir la historia de la carrera espacial, atribuyendo a Estados Unidos un liderazgo pionero absoluto —incluida la exploración de la cara oculta de la Luna y los hitos en diversidad dentro de la tripulación espacial. Sin embargo, los datos históricos y la dinámica actual desmienten con claridad esa narrativa.

Fue la Unión Soviética la que inauguró la era espacial con el Sputnik en 1957, envió al primer ser humano al espacio con Yuri Gagarin en 1961, y abrió también el camino en términos de inclusión: en 1963, la misión Vostok 6 llevó a Valentina Tereshkova, la primera mujer en viajar al espacio. En el terreno lunar, la sonda Luna 3 captó en 1959 las primeras imágenes del lado oculto de la Luna, seguida por el primer alunizaje suave (1966) y el despliegue del primer vehículo robótico (1970). En 1980, con la misión Soyuz 38, la URSS llevó al espacio al primer afrodescendiente, el cosmonauta cubano Arnaldo Tamayo Méndez.

Lejos de ese relato unilateral, la República Popular China ha consolidado una estrategia sostenida que ya produjo hitos inéditos, como el primer alunizaje en la cara oculta de la Luna en 2019. Pero más relevante aún es la lógica que subyace a su programa: planificación a largo plazo, continuidad institucional y objetivos estratégicos claros.

Como advierte el análisis publicado en Diario Red por Eduardo García Granado, la actual “carrera lunar” no se definirá por gestos espectaculares, sino por la capacidad de establecer una presencia permanente. En ese terreno, el programa estadounidense aparece atravesado por la urgencia y la incertidumbre, mientras que el chino avanza con mayor previsibilidad, financiamiento estable y una hoja de ruta coherente orientada incluso a la instalación de bases en el polo sur lunar.

En ese contexto, el lanzamiento de la misión Artemis II a inicios de abril adquiere un significado que trasciende lo tecnológico. Más allá de sus objetivos declarados, ocurre en un momento en que la popularidad de Trump no alcanza el 40%, lo que permite leerlo también como un recurso de reposicionamiento político interno. La apuesta por un hito mediático se inscribe así en un intento por contrarrestar el desgaste de su imagen, marcado por errores de cálculo en la escalada contra Irán y por las consecuencias humanitarias de la ofensiva impulsada junto al primer ministro israelí Benjamín Netanyahu.

Así, aunque Estados Unidos pueda lograr nuevos hitos en el corto plazo, ello no garantiza primacía estratégica en el nuevo ciclo espacial, donde la clave ya no es “llegar primero”, sino “quedarse”.

La historia —y el presente— de la exploración espacial no responde a una supremacía única, sino a una disputa prolongada entre modelos tecnológicos, políticos y geopolíticos. Reescribirla como epopeya nacional no solo distorsiona los hechos: también revela la ansiedad de una potencia que percibe en ascenso a sus competidores.