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Chile: entre madrugar y despertar

Martín Hopenhayn

 

Regreso esta noche de miércoles de la Plaza Ñuñoa, probablemente el punto más festivo donde tarde a tarde, durante los últimos cinco días, se reúnen unas 10,000 personas a protestar, bailar, corear consignas, encontrarse, tomar cerveza, fumarse sus porros e imaginar un país distinto. De cada 100, 99 son jóvenes entre 18 y 35 años. Esta plaza es uno de los varios puntos donde se congrega la juventud desde el viernes pasado, y que hoy representan ese Chile súbito, iracundo e insospechado que sin aviso saltó desde bajo el asfalto a tomarse Santiago, y en seguida todas las ciudades del país.

La consigna que se impuso estos días dice alude a un despertar y connota básicamente la exteriorización incontenida de un descontento larvado y masivo. Se entona como cántico de fútbol y dice así:

“Ohhhhh, Chile despertó,

Chile despertó

Chile despertó

Chile despertó”.

Ese despertar partió, como suele hacerlo, con una chispa que hoy resulta minúscula en relación a la magnitud de la revuelta: el aumento marginal en el precio del metro de Santiago que día a día mueve a casi tres millones de personas, o el 40% de la población de la capital. Hace menos de dos semanas, en protesta por este aumento en la tarifa por un equivalente a menos de cinco centavos de dólar, un grupo de estudiantes de la secundaria se decidió a emprender un acto simbólico que ellos llamaron, con alguna imprecisión conceptual pero clara elocuencia semántica, de “desobediencia civil”: saltarse los torniquetes y evadir el pago. Curiosamente no fue el boleto estudiantil el que aumentó de precio, pero ellos lo hicieron explícitamente en solidaridad con los demás. Primer gesto que despertó, en la ciudadanía, un sentimiento de simpatía.

El gobierno la dejó pasar confiando en que sería un acto puntual y de rápida evanescencia. Probablemente, muchos pensamos lo mismo. Y al día siguiente, fueron más estudiantes. Efecto imitación o efecto viral, como queramos llamarlo: esto se multiplicó en toda la red del metro. Y el gobierno, supongo, pensó que no hacía falta hacer olas para evitar darle prensa e importancia política, limitándose a reforzar la vigilancia en los accesos del metro y en torno a los torniquetes.

Este aumento en el costo del billete coincide con aumentos en tarifas eléctricas y en muchos productos alimentarios, supuestamente alineados con el precio del dólar. Entremedio aparecieron declaraciones de ministros de Estado que la gente percibió como una burla, aunque fueran expresados con candidez o humor, y sin afán de provocación. El ministro de hacienda sugirió, al observar el aumento en el Indice de Precios al Consumidor, que los románticos podían aprovechar a comprar flores, producto cuyo precio había bajado. El ministro de economía, en otra declaración, mencionó que madrugar traía un beneficio complementario, a saber, la opción de aprovechar la hora de tarifa baja en el metro.

Todo esto ocurre en un país con algunos rasgos que en este punto vale la pena destacar. Chile tiene hoy un PIB per capita en torno a los 25,000 dólares anuales, y sólo Panamá puede competir con ese nivel en toda América Latina. Hace medio siglo era de los países pobres de la región y hoy es el más rico. El índice de pobreza bajó del 40% en 1990 a 8.6% en la última medición, en el 2017. La indigencia, o extrema pobreza, bajó en el mismo lapso del 20% al 2.8%. Un verdadero milagro. A eso se suma una expansión portentosa del consumo, del crédito, de años de escolaridad de nuevas generaciones. La expectativa de vida al nacer cruzó el umbral de los 80 años, también lo más alto en la región y por encima de Estados Unidos. La mortalidad infantil es bajísima, los servicios básicos llegan a todos los hogares y están desapareciendo los tugurios. Hay democracia, instituciones que se respetan, plenas libertades. Hasta aquí, todo muy bien.

Sigamos con los pormenores de estos días. Al tercer día de esta curiosa forma de desobediencia civil, ya no eran solo estudiantes saltándose los torniquetes. Se incorporó una masa importante de adultos, y los evasores se multiplicaban por hora. La cosa empezó a cambiar de color. Llegaron las advertencias gubernamentales sobre la violación de una norma que debía parar. Pero estaban, a flor de piel, las declaraciones de los ministros, que hacían patente, por más que no fuera la intención, algo que ellos ignoraban, pero que había aparecido en un informe sobre desigualdad publicado en el 2016 que tuvo bastante resonancia: la desigualdad que más irrita a los chilenos no es la de ingresos, sino la de trato y de salud. Es allí donde más se combina con la desigual distribución de la dignidad de las personas: llega al alma y al cuerpo.

Y el ánimo comenzó a caldearse en serio. Y de aquí en adelante todo se precipitó en una sucesión de medidas de control, por parte del gobierno, que sólo lograron atizar una marea que terminaría en tsunami. Primero, se cerraron algunas estaciones o accesos al metro como medida preventiva. La respuesta de la gente fue, correlativamente, en escalada. Primero presionando puertas cerradas. A esa altura la gente empezaba a manifestarse en la calle, primero en pequeños grupos pero rápidamente en aumento y multiplicando lugares y calles. Más tarde, las presiones a los accesos cerrados del metro se convierten en patadas. En esas circunstancias nos sorprende el viernes de la semana pasada. Todo había ocurrido en escasos cuatro o cinco días. Pero a esa altura se produce una inesperada adhesión transversal, espontánea, masiva, al movimiento de la evasión del pago del pasaje de metro. Todos miran con entusiasmo e indignación, y el gobierno empieza a no entender nada. No capta el efecto metonímico del reclamo y la velocidad con que se recarga el significante: de un aumento marginal en la tarifa del metro, a la desigualdad histórica vivida como pisoteo a la dignidad de las mayorías.

Retomo ahora la fiesta de los indicadores, para mostrar sus sombras. Chile está entre los cinco países con la peor distribución del ingreso de América Latina, y es uno de los países con mayor concentración de la riqueza en el mundo. Botones de muestra: el 1% más rico detenta el 26.5% de la riqueza, y el 10% más rico concentra el 66,5%, mientras el 50% más pobre accede a un magro 2.1% de la riqueza del país. Datos fresquitos, del 2017. Con un PIB per capita de 25,000 dólares al año, la mitad de los trabajadores recibe un sueldo inferior a 400,000 pesos chilenos, que al tipo de cambio de hoy equivalen a 550 dólares. Para ellos, el gasto diario en locomoción colectiva se come por lo menos el 10% de los ingresos, y eso si es que ningún dependiente en la familia se desplaza. Los servicios llegan a todos los hogares, pero Chile tiene las tarifas más altas de América Latina en electricidad y gas. Los alimentos han tenido una inflación que no se refleja en los índices, y hoy tienen precios en los supermercados que superan a los de España. En medicamentos, batimos todos los récords, quintuplicando en precio a muchos de sus equivalentes en la mayoría de los países. Es, probablemente, el país de América Latina que más proporción del gasto en educación y salud sale de los bolsillos de la gente, lo que produce una segregación brutal en la calidad de los servicios y prestaciones.

A esto se suman algunas gotas que rebasan el vaso, además del aumento en la tarifa del metro. El presidente Piñera, un liberal de derecha y multimillonario, anunció que en su gobierno se expandiría el consumo. Sin embargo, entre la subida del precio del dólar y del petróleo, y la baja en el precio del cobre que representa la principal entrada del comercio internacional del país, la cosa no fue tan así. Esta combustión del consumo, que ha sido la fuente de legitimidad del poder en Chile por décadas, perdió ímpetu. Muchas familias hoy están usando sus tarjetas de crédito del retail para comprar alimentos básicos en los supermercados. Nunca fue tan alta la deuda en las familias como porcentaje de sus ingresos.

Sí, Chile tiene pocos pobres, pero una proporción enorme de la población vive bajo un nivel de estrés brutal, sordo y soterrado, no reconocido pero sí percibido cuando se vive aquí y se camina o se toma el metro más allá de la zona Oriente de la ciudad. Los horarios de trabajo semanal efectivo superan las 45 horas, el promedio en tiempos de desplazamiento casa-trabajo-casa ronda las tres horas diarias para mucha gente (en “horarios sardina” que son verdaderos entrenamientos de convivencia ampliada), las familias están todas en crisis, y los núcleos de pertenencia colectiva bastante pulverizados con un modelo que privilegia el consumo familiar y personal como pegamento social. La “modernidad líquida” pegó de lleno debilitando vínculos y sentido de futuro Los datos que proveen las instituciones de salud son alarmantes respecto de trastornos de salud mental, muy especialmente en la infancia y adolescencia pero también en adultos mayores. La obesidad aumenta a pasos agigantados, la inseguridad se ha convertido en la obsesión de todos, el mundo del trabajo está inundado de precariedad o incertidumbre. Muchos viven al límite para llegar a fin de mes, expuestos a que una enfermedad catastrófica o una pérdida de empleo los exponga a la vulnerabilidad absoluta.

Retomemos ahora los acontecimientos. El viernes por la tarde empezó la explosión. De la desobediencia civil y el apoyo o simpatía de la gente, el movimiento se desplaza hacia otros frentes. Sin liderazgos. No hay voceros, ni representantes, ni interlocutores frente al gobierno, el Estado, los partidos y otras instituciones. Se viraliza y saltan desde todos los barrios grupos de jóvenes que se distribuyen entre manifestaciones pacíficas, tomas de estaciones de metro, destrucción de la infraestrucutra de las estaciones. Aparecen teorías conspirativas aún no confirmadas: grupos organizados que salen a la destrucción sistemática de la red de metros. Luego empiezan los saqueos a supermercados, las barricadas y los incendios. Se mezcla todo: anarcos, vándalos, encapuchados, narcos, gente que llega tranquilamente en autos y camiones a llevarse del supermercado lo que encuentran.

El sábado ya Chile está sumergido en el caos. Dejó de ser el país que era una semana antes, tal vez para no volver a serlo. Con violencia y todo, el movimiento cuenta con una simpatía amplia. El sonido de las cacerolas vacías como símbolo de protesta suena en toda la ciudad, luego en todo el país. Saqueos e incendios se replican, como rizomas, reticularmente, en todas partes al mismo tiempo.

Sigo con un dato estructural. Chile tiene una de las pirámides de edades más avanzadas de América Latina, junto a los otros países del Cono Sur, Cuba y tal vez Costa Rica. Es decir: la proporción de adultos mayores aumenta vertiginosamente. Pero por otro lado el sistema privado de pensiones y jubilaciones que rige desde la dictadura está mostrando efectos letales. Lo que recibe mensualmente como jubilación la gran mayoría de pensionados es irrisorio: menos de 300 dólares. Muchos de ellos, menos de 200. Todo esto, además, en un país donde hace tiempo se debilitaron los lazos familiares que permitían a los ancianos apoyarse en su descendencia, siendo cada vez menos hijos por familia (una tasa de fecundidad en 1.8 hijos por mujer), y cada vez más mujeres en edad media dedicadas a trabajar. Muchos jubilados siguen pagando, además, deudas hipotecarias que le comen más de la mitad de los ingresos jubilación. Si no paga por unos meses, la solución es simple: el banco les remata la vivienda.

En la otra punta del hilo de clases, los últimos años se regaron con escándalos de colusión de dueños de las grandes cadenas farmacéuticas para fijar precios de medicamentos, estafas a toda la sociedad en el precio del papel higiénico, empresas que financiaron políticos, intercambio de favores entre el poder económico y el político en todo el espectro ideológico. Bastante más grave, todo esto, que no pagar el crédito hipotecario. Los más bullados, entre empresarios sorprendidos en pagos de influencias, fueron castigados con clases obligatorias de ética: una verdadera provocación para el resto de la sociedad que no podía creer cómo se distribuyen faltas y sanciones en uno y otro lado. Suma y sigue.

Retomo. El sábado el presidente Piñera declara el Estado de Excepción en medio de la confusión que rige en todo el territorio. Con una inflexión de voz y brazos casi beata, insiste en reconocer que este es el estallido de la desigualdad, tal como ya se ha consagrado en boca de todos, y que reconoce que es tiempo de enfrentar este grave problema. Hace un sentido mea culpa. Curioso que venga de uno de los hombres más ricos de Chile, quien tiene como uno de sus principales puntos programáticos la reducción del impuesto a los ricos para fomentar la inversión productiva. Señala, también, como gran cosa, que elevará al congreso un proyecto de rápida tramitación para revertir el alza en el precio del transporte, en un gesto que a esta altura ya resulta irrelevante, considerando que el estallido se propagó al cuestionamiento de la desigualdad en la sociedad chilena. Y agrega que, en calidad de presidente, y para velar por la seguridad en un momento de total alteración del orden y daño a infraestructura de todos los chilenos (cosa cierta), se ve obligado a declarar el estado de excepción (facultad constitucional), sacar a los militares a la calle, y declarar toque de queda por la noche.

¿Qué pasa entonces? Pasa, simplemente, que la gente sigue en la calle, manifestándose, saqueando, incendiando. Unos piden más seguridad y acción de policía y ejército, de cara a un vecindario desbordado en saqueos y destrucción. Otros empiezan a denunciar los abusos como consecuencia del estado de emergencia y la acción de la fuerza pública. Quienes enfrentan cara a cara a soldados y policía son jóvenes. No tienen miedo. Los enfrentan cara a cara. Nunca conocieron una dictadura. Tienen otra conciencia de sus derechos. Están indignados. Por otro lado, el gobierno sabe —y la sociedad sabe que el gobierno sabe— que si se pasa de rosca en reprimir, la crisis de legitimidad se vuelve irreversible. Transita por una delgada cuerda y no quiere caerse. Es casi lo único que quiere: no caerse.

Retomo con consideraciones estructurales. Dije que este es un movimiento de jóvenes. Son los jóvenes de esta generación quienes han accedido mayoritariamente a la educación superior, tienen cuatro o cinco años más de escolaridad que sus padres, pero a la vez padecen las tasas más altas de desempleo. Los futuros prometidos se vuelven espejismos. La mentada meritocracia se licúa entre redes de influencia, capital cultural y calidad de la educación muy segmentados. Son los jóvenes quienes manejan más información sobre ellos y sobre como viven los demás, pero esa información no les da poder de negociación ni presencia en el mundo político o económico. Son los jóvenes idealizados como la generación de la sociedad de la información, pero estigmatizados como irresponsables, no dignos de confianza, potencialmente anómicos. Son los jóvenes los que crecieron en un Chile próspero, pero ven como a poco andar se ven estratificados por barrios, sistemas de relaciones, formas de ser tratados por la policía o la justicia. Son los jóvenes quienes tendrán que cargar con los costos del cambio climático y del envejecimiento de la población. Son los jóvenes los que están más dispuestos a arriesgar porque tienen menos y se conforman menos.

Quisiera agregar dos consideraciones que se complementan, se tensan, y creo que terminan de explicar lo que pueda tener, hasta ahora, de explicable este estallido. La primera es que Chile cambió, en tres décadas, de manera acelerada. Un país con una secular cultura del privilegio, y con ciudadanos de primera y segunda categoría, generó movilidad social como nunca antes, ensanchó su clase media, difundió mayor conciencia sobre derechos ciudadanos, incrementó el bienestar general, produjo un salto cuántico en años de escolaridad y en conectividad digital. La segunda consideración es que todo eso trajo, también, una espiral de expectativas que el mismo progreso alentó, y un sentido distinto sobre los derechos propios –y, consecuentemente, progresiva exasperación ante una cultura de privilegios que siguió imperando en una parte de la sociedad-. Se sabe que la movilidad trae expectativas de movilidad. El “Chile real” acumuló bronca porque la democracia no ha sido expediente ni de redistribución del poder ni de redistribución de la riqueza. Una cosa es bajar la pobreza, otra es reducir la desigualdad. El neoliberalismo apostó siempre a que lo primero compensaba holgadamente la postergación de lo segundo. Se equivocó. Y le cuesta reconocerlo.

Volvamos a los acontecimientos recientes. Las medidas de excepción con milicos en la calle no frenaron nada. El espiral de protestas, cacerolazos, marchas no autorizadas, calles cortadas por todos lados en todas las ciudades, saqueos a supermercados, tiendas y farmacias, destrucción edilicia, incendios… todo siguió. Los partidos políticos tomaron posiciones pero al mismo tiempo solo conversan o pelean entre ellos, abriéndose a organizaciones de la sociedad civil consagradas, pero que tampoco representan el movimiento en las calles. Cierto, si la protesta no tiene líderes: ¿con quién conversar? El gobierno ha dado bastonazos de ciego. El peor de todos, la declaración desatinada de Piñera el domingo pasado, sugiriendo que estábamos en guerra. Mala cosa. Tuvo que desdecirse antes de que las consecuencias se multiplicaran. Luego se la ha pasado pidiendo perdón, de su parte y de su gobierno, por la falta de sensibilidad ante las seculares desigualdades que ahora estallan como una olla a presión que no da más. Ese perdón, más que despertar simpatía, exacerba la indignación: ¿perdón ahora, por una desigualdad secular, por falta de sensibilidad, por no haberlo reconocido antes?

Finalmente el propio presidente anunció el martes, al terminar el cuarto día de caos y movilizaciones, las reformas que se han decidido de la noche a la mañana, en consulta con senadores y diputados, la mitad de los partidos, y algunos dirigentes sociales: alzas en pensiones básicas, seguros de salud para compensar gastos en medicamentos, aumento de ingreso mínimo, contención al aumento de tarifas eléctricas, un impuesto a sectores de más recursos, reducción de los altísimos salarios de parlamentarios y en la administración pública. En seguida surgen las reacciones: algunos entusiastas, muchos cautos, unos pocos críticos. Todos estas opiniones vienen de los partidos, el sistema parlamentario, los ministros. Pero falta un detalle… ¡la gente!

Escribo el miércoles, vale decir, estos anuncios fueron anoche. Anoche, también, el toque de queda en su tercera jornada empezó a mostrar dientes más afilados. La represión se hizo sentir. Hasta el mediodía del miércoles, 18 muertos , la mayoría en los propios saqueos. Pero ya apareció una víctima fatal por una golpiza de policías y otro por disparos. Las redes se embriagan de denuncias, algunas filmadas, pero también es cierto que las noticias falsas están a la orden del día y por tanto la verdad deja de ser verdad. No es fácil apreciar los hechos objetivamente y se está a la espera de los informes del Instituto de Derechos Humanos. Al parecer serían, hasta el miércoles, 102 civiles heridos, dos por balazos en estado grave, y 95 miembros de fuerzas de seguridad lesionados. Las personas arrestadas por disturbios llegaron a 2205 y están bajando, y por violación de toque de queda van en 592 los detenidos. Las manifestaciones siguen en aumento: se contaron 54 más el martes que el lunes, y los participantes se elevaron de 130 a 220 mil. Todavía no hay saldo al respecto de hoy miércoles.

Hasta ahora el balance de la destrucción también es enorme. Al mediodía de hoy miércoles se contabilizaban 333 supermercados saqueados y 30 incendiados por completo, 16 buses incendiados, 77 estaciones de metro dañadas, de las cuales 41 destruidas parcialmente, 20 incendiadas y con daños superiores a los 200 millones de dólares. Gran parte de la red del metro, que es vital para el transporte diario en un Santiago cada vez más congestionado, tardará meses en repararse.

Chile despertó. No madrugó, como sugirió el ministro de economía, pero despertó. Más bien, madrugó al gobierno. Y al despertar, cambió. Hoy en Plaza Ñuñoa, entre todas las pancartas una me llamó la atención: “O vamos por todo, o no vamos por nada”. Mientras tanto, un grupo de inmigrantes haitianos llegó con sus bombos y yembés y empezó la fiesta de percusión y danza. La alegría se volvió incontenible. De todo hay en esta explosión. Un desencanto brutal con toda la clase política, una irritación sin freno respecto de la desigualdad que se transforma en ofensa a la dignidad, una disposición de la juventud a repensarlo todo. Mientras tanto, parte de esa misma clase política, o tecnopolítica, siente vergüenza de que en los medios internacionales Chile vuelva a hacer parte de este “vecindario incómodo” de países inundados de crisis económicas, políticas, sociales, institucionales. ¿Bajará el indicador de confianza en la economía chilena? La joyita de la región que exhibe todos sus indicadores de éxito, la luminaria de la gobernabilidad, este rincón del mundo estable, prudente y pragmático, en fin, la sociedad tranquila y disciplinada, la idiosincracia contenida y respetuosa de las normas. ¿Dónde se fue todo con el correr de una sola semana?

¿Qué pasó? En los hechos, más o menos lo que he resumido. En las causas, tal vez repartidas en lo que he querido aquí recapitular. La bandera de lucha es la desigualdad. En general y en particular. Pero quien sabe qué más hay, cuáles son las pulsiones colectivas que se agitan. ¿Porqué de un día para otro esta sociedad pasó de su aspereza contenida a la total transgresión del orden, dónde estaban estas energías centrífugas la semana antepasada, cómo fue que una generación con más oportunidades que las precedentes, de repente se convirtió en una masa desbordada, colérica, pero a la vez movilizada, crítica, valiente, festiva, dispuesta a todo? No me compro las apreciaciones que tienden a poner a esta juventud en el casillero estereotipado de millenial, puramente pulsional, investido con pastiches ideológicos atrabiliarios y comportamientos infantiles. No me compro, tampoco, las tesis conspirativas.

Me preguntaban hoy en la Plaza Ñuñoa cuál será el desenlace de este movimiento y de este estallido si se sigue prolongando. Mi respuesta honesta y parca: no tengo la menor idea. No hay cómo estimar la magnitud de la grieta, ni de sus consecuencias, ni de su impacto en el ordenamiento colectivo y en las políticas. Me preguntaron, también, si el movimiento iba a dialogar con los partidos y el gobierno ante las nuevas propuestas programáticas. Respondí, encogiéndome de hombros y mirando a la multitud bailando al son de los tambores haitianos: ¿y quién, entre todos ellos, se sentará a conversar en la próxima mesa de diálogo con la institucionalidad política?

 

Martín Hopenhayn

Filósofo. Magíster en Filosofía de la Universidad de París VII. Ex Director División de Desarrollo Social de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

 

Fuente: https://www.nexos.com.mx/?p=45397

Compartido con SURCOS por Ciska Raventós.

Ilustración: Patricio Betteo

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LA CHILENIZACIÓN DE COSTA RICA

Álvaro Vega Sánchez,

Sociólogo

Para el economista Paul Krugman, en las décadas de 1980 y 1990, tanto los políticos conservadores como liberales de los Estados Unidos pusieron la política en manos de “vendedores de ungüento de serpiente económica”; y bajo el reinado de estos “defensores de la economía de la oferta…contribuyeron a hacer de Estados Unidos un lugar más cruel y miserable como consecuencia de una política impositiva y social que favoreció a los ricos y perjudicó a los pobres” (Kraugman, Paul (2013). Vendiendo prosperidad. Pág.322)

En el Chile bajo el régimen de Pinochet se replicó aquel modelo impulsado por los llamados “muchachos de Chicago”. Los posteriores gobiernos “democráticos” continuaron bajo el embrujo del mismo modelo neoliberal, colocando a Chile entre los países de mayor crecimiento económico concentrado de América Latina, por consiguiente uno de los más desiguales y socialmente inequitativos. Bajo esa política fue el país que se puso a la vanguardia de la privatización de la institucionalidad social con el consecuente encarecimiento de los servicios y el endeudamiento ciudadano.

En Costa Rica no se requirió un Pinochet para imponer con mano dura las políticas fondomonetaristas de los programas de ajuste estructural. Toda una generación de políticos -que se cobijaron bajo una misma bandera- embrujados por los “vendedores de ungüento de serpiente económica” nos han conducido al empobrecimiento, el desempleo y la desigualdad escandalosa. Y ahora, se están propiciando las condiciones para profundizar estos problemas con nuevas iniciativas privatizadoras, revestidas de reformas para paliar el déficit, como en el caso de los regímenes públicos de pensiones y medidas que buscan precarizar los salarios del sector público al equipararlos a la baja con los salarios del sector privado. Asimismo, las contrataciones público-privadas introducen una modalidad de gestión que favorece la privatización de la institucionalidad social de alta rentabilidad.

Hoy los pueblos de América del Sur, con Chile a la cabeza, se rebelan para revertir ese modelo que concentra riqueza y distribuye pobreza y que privatiza los principales servicios sociales. Es decir, se aprestan a la defensa de sus derechos humanos y sociales, en el marco de un nuevo proyecto económico y político. Costa Rica, por su parte, desiste de recuperar creativamente el modelo de Estado Social de Derecho, que ha hecho la diferencia en calidad humana y sostenibilidad ecoambiental, y avanza hacia la chilenización.

La violencia económica institucionalizada de la “dictadura de mercado”, que ha conducido a países como Chile y Costa Rica a disputarse los primeros lugares en desigualdad en el mundo, está exacerbando la indignación ciudadana. La clase política y gobernante tienen la responsabilidad histórica de establecer el contrapeso necesario para democratizar la economía. Si persiste en legitimar la “dictadura del mercado” se convierte en responsable directa de la rebelión y la violencia social ciudadana.

 Estamos a tiempo de rectificar el rumbo. La clase política debería “mirar para otro lado” y no seguir con más de lo mismo. En política el tiempo es fundamental, el que pestañea pierde. De seguir el rumbo equivocado perdemos todos y todas. ¿Por qué no ser más sensatos y aprovechar mejor el tiempo?

 

Foto: UCR

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Presentación del libro “Neoliberalismo y Derechos Humanos”

  • De Jung Mo Sung

Este lunes 28 de octubre a las 6 p.m. se realizará la presentación del libro de Jung Mo Sung: “Neoliberalismo y Derechos Humanos” en el Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) .

Esta publicación cuenta con el apoyo de la Editorial del DEI.

Invitan la Escuela de Sociología de la Universidad Nacional (UNA), Epistemologías del Sur y el DEI.

 

Enviado por DEI Comunicación.

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Presentación libro: Costa Rica, Construcción de la Democracia: avances, retrocesos y desafíos

El próximo jueves 31 de octubre a las 6:30 p.m. en el auditorio Daniel Oduber Quirós, en la sede central de la UNED, tendrá lugar la presentación del libro: “Costa Rica, Construcción de la Democracia: avances, retrocesos y desafíos”.

Daniel Camacho Monge es uno de los autores de este libro y participó en la escritura del primer capítulo, el cual se enfoca, en la Sociología Política, las luchas costarricenses por la democracia en 200 años de vida independiente.

Los autores se ubican en corrientes de pensamiento muy diversas entre sí, lo que añade interés a la obra.

La Editorial de la UNED publica este libro en conmemoración de su 40° aniversario y en recuerdo de la primera obra de esa esa importante editorial titulada ¿Democracia en Costa Rica? Cinco opiniones polémicas.

Después del acto se podrá compartir con autores y comentaristas durante el refrigerio que la EUNED ofrecerá.

COMENTARISTAS: Elizabeth Odio, Vladimir de la Cruz, Abril Gordienko.

 

Enviado a SURCOS por Daniel Camacho Monge.

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A semejanza del arte

Aquiles Jiménez

Filósofo es aquel que encuentra la belleza en la verdad, artista es aquel que encuentra la verdad en la belleza. Esta aseveración podría a primera vista confundirnos, pues la verdad ha perdido su belleza en nuestros tiempos, y la belleza ya no es una “verdad” compartida por todos.

Es más, mientras más se acerca la belleza a nuestras verdades-positivistas, más se sumerge en el abismo de lo absurdo, de lo arbitrario y de lo utilitario. Cuando Adorno dijo hace mucho tiempo: Es evidente que el arte no es evidente… no hizo más que condensar ese sentimiento general de desencanto hacia la creatividad en nuestras sociedades. Nuestra educación crea los andamios de una estructura social que funciona basada en “verdades estadísticas”, verdades que son instrumentos de poder más que de evolución. Este reconocimiento exclusivo de la razón-lógica como instrumento de aprehensión de la realidad nos induce a verdades sin espíritu, verdades que justifican en forma solapada o abierta el genocidio, la pobreza extrema y la injusticia universal.

La verdad es que a veces creo que ya no importa ni la belleza ni la verdad, sólo los instrumentos que nos promuevan como seres eficientes para obtener el respeto de todos.

Pobre filósofo, cómo puede encontrar belleza en nuestras verdades, si son demasiado macabras y absurdas, son verdades que sólo sirven para enumerar datos, para crear imágenes y necesidades ficticias.

Pobre artista, cómo puede encontrar la verdad en la belleza, pues es cada vez más difícil que encuentre su verdad en el arte, simplemente porque el arte ya no tiene trascendencia sino se convierte en una empresa de mercadeo y refugio de ineptos.

Hay que recordar que sólo el camino de la creación puede fundar nuevas verdades. Esas verdades que se repiten en las instituciones educativas tuvieron su origen en la fuerza creativa de un individuo que se negó a repetir. Fueron imágenes que se construyeron a semejanza del arte. Mientras no se interiorice la urgencia de la creatividad no se podrá alcanzar la excelencia educativa y seguiremos amontonando hechos que decantarán esas verdades espeluznantes con las que convivimos sin tener la más mínima posibilidad de transformarlas, pues las hemos construido desde la más profunda convicción de lo exteriorista, del conocimiento como medio de poder para subsanar la conciencia de hombres espiritualmente impotentes y desdichados.

 

Foto tomada de https://www.otromundoesposible.net/la-expresion-creativa-sueno-o-derecho/

Enviado por el autor.

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Mapa de las tomas del movimiento estudiantil en lucha por defensa del presupuesto

El Colectivo Geografía Crítica compartió con SURCOS el siguiente mapa de las tomas de edificios universitarios por parte del movimiento estudiantil. Estas acciones forman parte de la lucha por la defensa del derecho al estudio y la autonomía universitaria para definir el destino del presupuesto asignado en el Fondo Especial para la Educación Superior, acorde con lo dispuesto en la Constitución Política.

Enviado de SURCOS por José Mora.

Desarrollo nacional y Universidades Públicas: el presupuesto adecuado una marcha justa

Desarrollo nacional y Universidades Públicas: el presupuesto adecuado una marcha justa

M.B.A. Carlos Carranza Villalobos, docente, catedrático, investigador

Mis razones:

Como costarricense soy consciente de lo que hace el pueblo para financiar actividades en distintos ámbitos como la cultura, el mejoramiento de infraestructura y en específico en la cultura y la educación superior esta ultimas que se expresa en las Universidades Costarricense.

Se puede indicar que el cambio en los procesos de movilidad social, conformación de clase media, contar con un grupo más fuerte de personas se ha dado desde los años 40 hasta nuestros días y se ha podido formar un conjunto de investigaciones que impactan en el desarrollo humano, en el mejoramiento de nuestro mismo territorio y contar con conocimientos en distintas áreas que también han beneficiado al desarrollo empresarias y social. Paralelo las Universidades han realizado esfuerzos por regionalizar sus estudios (los cuales deben acelerarse en el próximo quinquenio cuadruplicando los recursos para zonas más pobres o más bajo desarrollo) los cuales por ser un profesor de más de 30 años puedo dar constancia como paulatinamente las sede de las distintas Universidades se han mejorado y cuenta cada día con mejores recursos como aulas, centro de informática, laboratorios, adecuadas estaciones deportivas en su gran mayoría y porque para actividades culturales que son un esfuerzo para desarrolla el espíritu, la cultura y personas de bien.

Se que en la mayoría de estas sedes son personas de muy escasos recursos como se da en la mayoría de las carreras vespertinas. No es extraño ver a mucho (as) de los estudiantes con sus recipientes que traen de su trabajo y el esfuerzo que hacen en ese campo. De igual manera los esfuerzos que se efectúan en los Centros de Investigación para aporte desde actividades agropecuarias, modificaciones en la estructura publica o procesos como las nuevas formas de asentamientos humanos, apoyo psicosocial a poblaciones que no tendrá atención de otra forma hasta la conformación de datos de alta sensibilidad social o bien programas culturales que se proyectan en distintas actividades de la vida costarricense. De igual forma podría enumerar actividades en el campo de la acción social y extensión que permite atender a la población.

Estoy de acuerdo eso si como costarricense y como ciudadanos que debemos dar cuentas a todos los habitantes de este país del uso de recursos, así como los invertimos, de igual manera cuanto se va el costo laboral entiendo que no se debe quedar solo en la masa salarial. Sino por el contrario donde es el destino de esos fondos para cuentas de los mismos.

No tengo ninguna duda que debemos fortalecer la eficiencia, la eficacia en nuestro actuar para que cada centavo sea utilizado en la mejor forma, pero sobre todo en la efectividad e impacto que hagamos en distintos campos. El país que quiera alcanzar el desarrollo debe contar con recursos adecuados para formar talento humano capital humano o bien para forma masa crítica que permita impulsar más desarrollo.

De hecho, ese esfuerzo pasa por revisar las convenciones colectivas, establecer parámetros de efectividad, relaciones de costos que permitan mejorar la citada efectividad, de igual modo la inversión que se efectué donde las universidades deben jugar un rol central.

De hecho, soy partidario que la planificación y establecimiento de contabilidad de costo con parámetros de desarrollo humano son fundamentales y el impacto sobre de la investigación en la producción (para todos (a) los productores) deben llegar esos esfuerzos aumentando el grado de impacto positivo en servicios que se respalden en compromisos éticos y sociales. Sin olvidar programas de igualdad y equidad de género y desarrollo local y regional entre otros.

Mucho se ha dicho sobre los 70000 millones que se han destinado para infraestructura. Partamos que es necesario pero una primera y necesaria objeción sale a la vista es que en un año no se puede cambiar el presupuesto. Cualquier teórico y especialista serio sabe que no es posible que es necesario tiempo para lograr esto y sobre todo porque existen ya compromisos que se deben cumplir o acaso la intencionalidad van por esfuerzos por lograr que las Universidades entren en un descalabro financiero y académico de primer orden.

Me duele como costarricense que esto no sea comprendido o ignorado por autoridades de gobierno como la Ministra de Hacienda y el saliente viceministro de esa cartera.

Solo un dato cuando se han hecho este tipo de recortes de los 80 a nuestros días dicen que las instituciones se resquebrajan afectan más fuertemente a las poblaciones más débiles y sobre todo paraliza una parte de la investigación del país.

Podría dar más argumentos ciudadanos sobre este tema eso si apoyo la marcha de mañana de las Universidades esperando que se de en forma pacífica y sobre todo con argumentos. Es necesario que el presidente don Carlos Alvarado valore con detalle y sobre todo que escuche con calma todos los argumentos del caso.

No podre marchar mañana ya que mi situación física todavía es delicada y la recuperación compleja, pero si estaré moral y espiritualmente con aquellos que buscan alcanzar objetivos nobles de ser un país de alto desarrollo.

Donde los acuerdos son posibles y sobre todo si se piensa que debe ser parte de un dialogo amplio que lleve a la Patria y a la Republica de Costa Rica a mejores destinos.

Enviado a SURCOS por el autor.

Conversatorio: Ciencia, relacionalidad y espiritualidad

Este próximo lunes 28 de octubre a las 9:30 a.m. en el Paraninfo de la UNED, se realizará el conversatorio: Ciencia, relacionalidad y espiritualidad, a cargo del invitado internacional Dr. Mark Hathaway.

Mark Hathaway (Canadá), es autor, educador e investigador con experiencia en Canadá y América Latina. Es el autor principal, junto con Leonardo Boff, de El Tao de la Liberación: Una ecología de la transformación,  que integra perspectivas de la economía, la ecología, la justicia social, la espiritualidad y la cosmología posmoderna. El Dr. Hathaway es profesor de la Universidad de Toronto y  actualmente un investigador postdoctoral en la Universidad de Waterloo, donde estudia el aprendizaje ecológico transformador.

Más detalles del conversatorio en el siguiente afiche.

 

Enviado por Jaime García.

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¿Un pegabanderas en la Rectoría?

Isabel Ducca D.

Hay dos metáforas de la sabiduría popular que siempre me han llamado la atención. La primera está prácticamente en desuso. Se trata del o la palanganas o del palanganeo. Quienes fuimos educados en hogares donde había una ética que rigiera, el palanganeo era muy mal visto. Es decir, dilatarse en asumir una tarea era signo de postergación y había que erradicarlo. Esa era la acepción más benévola del palanganeo. Existía otra mucho más severa y rompía las barreras hogareñas para incursionar en la vida social. El palanganas denotaba a alguien en quien no se podía confiar porque demostraba oportunismo, cambiaba de posición según la conveniencia propia o del grupo que le “patrocinaba” en el momento. Nunca había ni seguridad ni rectitud en sus actos y, por lo demás, no presentaba tampoco una inteligencia brillante.

Mi explicación del por qué surge el palanganas como símbolo del oportunista y servil, siempre van unidos, es que en la palangana cabe lo que usted quiera poner, desde agua cristalina hasta la peor de las suciedades.

La otra metáfora es el pegabanderas, más vigente en el habla popular que la anterior. Me gusta esa manera de nombrar el clientelismo político. El pegabanderas en su acepción más literal es un sobreviviente que debe jugársela o pellejearla cada cuatro años haciendo algún mandadillo partidario para recibir alguna limosna. No hay más ideario que la urgencia de conseguir una manera de ganarse la vida, no importa qué tipo de bandera si la azul, la verde o la amarilla. Por supuesto, hay una tipología del pegabanderas que no hemos estudiado, habría que iniciar tal labor de definición y clasificación pues no todos los pegabanderas están en las garras del hambre o del desempleo.

Algunos aspectos de esa caracterización tan urgente pueden ser los siguientes. El pegabanderas no incursiona en la política con mayúscula y con debate profundo. Entra en la contienda electoral, aunque en Costa Rica se confundan una y otra, no son sinónimos; las elecciones constituyen el espacio ideal para demostrar sus destrezas porque no requieren mayor inteligencia y mucho menos honestidad y ética. Se requiere capacidad para fingir posiciones, ideales o recitar lemas y consignas. Es decir, el pegabanderas es un cortoplacista, se mueve como pez en el agua en la coyuntura, está por la inmediatez. No tiene ni le interesa tener estrategia de largo plazo porque no está por el bienestar común, gira en torno a su egoísmo y a su necesidad urgente de escalar posiciones.

El otro rasgo es la instrumentalización de la institucionalidad para sus objetivos oportunistas. Todo lo que gire socialmente en su alrededor debe de convertirse en objeto, en un instrumento útil para sí mismo o sí misma. Las elecciones no son el espacio público para debatir propuestas sociales; se convierten en un match televisivo de insultos para ver quién insulta más a quién. Pasada la contienda, hay que unirse por el bien de la patria. Solo que la patria queda circunscrita a las fronteras de su cuenta bancaria o de la prebenda que recibirán, siempre en privado, nunca en público. Una vez instalados en el puesto, que siempre paga el pueblo, se convierte la institución en un instrumento más, que se pone al servicio del gran capital.

¿Por qué se descuartizó el Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo, INVU? Para que las grandes empresas constructoras hicieran el gran negocio en el área de la vivienda. Así podríamos seguir enumerando la historia de las instituciones públicas.

Frente a los últimos acontecimientos en la Universidad Nacional, hay quienes relatan y sacan a relucir el pasado de lucha estudiantil del actual rector. ¿Cómo se da ese giro de 180 grados? Habrá muchas explicaciones. Una fundamental es que el pensamiento de la izquierda posee dos vertientes fundamentales: el humanismo y el dogma. Hubo quienes se aprendieron el dogma de memoria, como lo hacen actualmente los cristianos, recitan el dogma sin siquiera tener una idea del humanismo cristiano. Así pues, hubo quienes recitaron o recitan todavía el dogma de la izquierda sin siquiera vislumbrar el humanismo. Cuando apareció en el horizonte político el dogma neoliberal, lo adoptaron como se acepta cualquier moda; era cuestión de cambiar de dogma.

Quien es humanista no entra en el dogma; si lo hace, su propia práctica lo obliga a desecharlo porque es imposible que un humanista verdadero sea dogmático. Podrá enriquecer su pensamiento de otras corrientes porque un requisito del humanismo es ensanchar los horizontes constantemente.

El asunto es que ahora le toca el turno a las universidades públicas de ser descuartizadas porque el totalitarismo del mercado, vía administración Carlos Alvarado, Rocío Aguilar y demás secuaces, requieren imponer su dogma, es decir el mandato del Fondo Monetario Internacional para convertirlas de cuna y hogar del humanismo, en negocio rentable al servicio de las grandes corporaciones.

No es que vayan a desaparecer, en absoluto, por eso es la oleada de construcción de edificios, las están apuntalando en infraestructura pero las están vaciando de todo contenido humanista. Hay que eliminar la autonomía universitaria, las Ciencias Sociales, las áreas de letras, todo aquello que construye el pensamiento analítico y crítico.

Don Alberto Salom, al igual que su compañero del Partido Acción Ciudadana, recitaron en elecciones algunas consignas y lemas progresistas con que engatusar electores, pero a la hora de administrar una institución pública que se debe al bienestar social y, sobre todo, a los sectores más oprimidos, la convierten objeto de su servilismo al gran capital.

Definitivamente, dicho partido nos ha legado más de un o una pegabanderas.

Enviado a SURCOS por la autora.