El enojo persiste. Esta vez con la peligrosa realidad anunciada hace varios años en un cuidadoso análisis sobre los acechos a la democracia costarricense publicado por el Programa Estado de la Nación.
En ese entonces (hace ya casi diez años) se decía que los mitos fundacionales de la matriz democrática local contaban aún con bases sólidas, aunque se preveía su erosión conforme las generaciones se separaran de tales mitos: paz, estabilidad, institucionalidad.
El tiempo de la frontera ha llegado y toma a una sociedad estupefacta, dunda, atolondrada desde el punto de vista político. Las resistencias se atomizaron y defienden hoy sus parcelas, pero no un proyecto de sociedad, colectivo, inclusivo.
Con esta realidad que pega de frente, una categoría esencial para la democracia ha sido sustraída. Importante para la construcción de la representación y la representatividad, el “pueblo” ha quedado diluido entre un proyecto que supo procesar el enojo y otro, para el que esa representación se le volvió un fardo.
Preguntarse por el pueblo, ese que llaman pueblo, es preguntarse por su invención de una u otra versión. ¿si este no es el pueblo, el pueblo dónde está?
Pareciera que la disolución de su sentido ha sido bien aprovechada por el lado del enojo y la frustración de un sistema político tradicional que le dio la espalda.
Porque seamos francos: las mieles de aquello que se denominó Estado de bienestar duraron poco y la inclusión e integración horizontal y vertical fueron difuminadas por un modelo quirúrgicamente demoledor en lo social, lo económico y cultural.
Rescatar al pueblo no es para nada sencillo ni un ejercicio de teoría académica inerte. Es más que eso. Es encontrar su lugar en la historia, en esos mitos fundantes de la democracia costarricense y devolverle el sentido colectivo que, aun con diferencias, alguna vez tuvo.
Liderazgo es el espejo que refleja las virtudes del hombre y su visión futura…
Caryl Alonso Jiménez
Es innegable, el cooperativismo ya no es un fenómeno marginal en la sociedad mundial, tiene una importante presencia. Según la Alianza Cooperativa Mundial a finales del 2024 existen tres millones de cooperativas en el mundo, donde el 12% de la población mundial (1000 millones) son socios activos…
En Guatemala representan el 35% de las exportaciones anuales, cuanta con más de tres millones de asociados en más de dos mil seiscientas cooperativas, que representan el 7.3% del PIB. ¿Realmente importa el papel de las cooperativas y su incidencia en la vida económica productiva y el bienestar de comunidades rurales…?
Si. Si importan, hay líderes y dirigentes que si les importa. Son aquellos que hacen que las cosas sucedan… son hombres y mujeres que tejen organizaciones de cooperación, dotados de la sensibilidad humana que son capaces de hacer sentir la diferencia (Kutter, 2006).
En las cooperativas, sus resultados se vinculan a las transformaciones de los ciudadanos, donde sus beneficios pueden medirse en procesos de cambio que producen mejora en la escala social, y allí sí que hay un balance en sus estados de resultados… porque el reparto de la riqueza es notable entre sus asociados.
Justamente, desde hace 49 años se viene gestando una dinámica social en Alta Verapaz, que recoge una historia tejida con la participación de líderes comunitarios que se han organizado alrededor de 40 cooperativas y crearon la Federación de Cooperativas de Alta Verapaz (FEDECOVERA), que ha construido las bases del desarrollo comunitario.
Su historia inicia en los albores de los años ochenta, donde construyó las bases de una dinámica comunitaria y rural con lógicas del trabajo de campo que le dieron razones a las veleidades trágicas de la época, y lograron situarse en los márgenes de esa historia.
La visión productiva y la combinación de la capacidad de imponer un modelo que le dio una sólida autonomía para buscar en los mercados mundiales en cinco continentes, aquello que las manos campesinas de hombres y mujeres que trabajan cada día.
Poner de acuerdo 40 cooperativas con dinámica propia y sentido competitivo, demanda la habilidad que solamente la confianza y visión de horizonte podían lograrlo: Leonardo Daniel Delgado, gerente general y principal líder, quien, con el carisma incontestable, supo comprender aspiraciones y optimismo con sentido humano. Por ello resulta la envidia de los que no tienen esas virtudes, esa voluntad inquebrantable que construye en silencio un sistema económico productivo para el desarrollo de Alta y Baja Verapaz.
Leonardo Delgado no tiene el sigilo del líder misterioso. No, por el contrario, tiene ese particular sentido humano del hombre sabio que escucha y reproduce en lenguaje de emprendimiento todo aquello que mira y procesa de la realidad. Recibe elogios que lo destacan como líder, pero sabe en su humildad que solo el ejemplo y el testimonio diario por el trabajo y sus convicciones, es lo que tienen validez.
Tiene uno de los olfatos más talentosos para construir prosperidad. Es un compulsivo legionario de la competitividad productiva, con excepcional genialidad para incorporar iniciativas en una faceta que transita hacia lo industrial, donde cada movimiento, según afirma, debe brindar valor agregado para producir rentas y repartirlas a los asociados cooperativistas. Con ello, busca demostrar que la vida en el campo es un laboratorio para el descubrimiento y compromiso que confirma, que la dignidad del hombre y la mujer del área rural, pueden salir adelante…
Es un lector compulsivo de los avances científicos, con esas combinaciones donde explica que toda invención deberá pasar por la combinación de usufructuar resultados para el bienestar humano; sino es un instrumento para el mercado, a veces impagable para campesinos pobres, como los servicios de salud rural y educación.
Leonardo Delgado no es un predicador y tampoco un motivador, es su extraordinario ejemplo y su testimonio. Ha reunido a lo largo de estos 40 años de capitán de buque, los mapas de interpretación para el desarrollo.
Tiene esos rasgos indiscutibles de quien encuentra en el trabajo diario, desde las alboradas de la blanca neblina del amanecer hasta las estrelladas noches de Alta Verapaz, esas razones que le dan la inspiración para la lucha diaria.
FEDECOVERA es un símbolo departamental que crea condiciones para el desarrollo, no es retórica para ganar adeptos; sino, para hacer de los balances financieros, un importante espacio para escribir los resultados anuales del desarrollo y bienestar en Alta Verapaz. Y justo, es allí donde Leonardo Delgado está haciendo que sucedan cosas buenas para Guatemala.
Hoy hace 30 años se nos adelantó un gran defensor de los derechos humanos, un gran amigo y compañero de defensores y defensoras, entre estos, Ramón Custodio.
Jorge era un humanista de primera línea, humilde en su sabiduría, rechaza los dogmatismos. Siempre estuvo abierto a nuevas ideas o propuestas, confiaba en la gente y en su capacidad de ser artífices de sus propias transformaciones.
Lo conocí cuando vine a vivir a San Pedro Sula, Cortés, Honduras hace más de 50 años.
De él aprendí, además de amar al prójimo, la capacidad de resistir y arriesgar la vida por causas justas.
Muchas horas pasamos conversando en el corredor de su casa adónde yo llegaba después de cenar, para improvisar análisis de coyuntura qué nos ayudaran a saber si nuestras acciones se apegaban a los principios filosóficos que nos guiaban.
Jorge nunca quiso ocupar el cargo de Coordinador General del Comité de Derechos Humanos (CODEH), aun cuando se le sugirió en varias oportunidades. Él prefirió trabajar en la construcción de equipos de defensores y defensoras en todo el territorio, consideraba que era una tarea urgente, ante los abusos de militares y políticos.
Fue admirable la manera como trataba con calma y sabiduría los asuntos más delicados de la organización nacional y del país. Sus últimos aportes se enfocaron en la creación del Ministerio Publico como miembro de la Comisión ADHOC (1995), el mismo año de su partida.
La entereza con que enfrentó esos años de la represión militar de Álvarez Martínez le permitió a la juventud hondureña tomar valor y seguir arriesgándose por el futuro del país.
Es seguro que, quienes ahora cuentan con 55 a 75 años y lean esta nota, recordarán a ese gran defensor de los derechos humanos.
Recordar y mantener la memoria de personas valerosas como Jorge Sierra, es un deber de quienes supimos cómo era vivir bajo las dictaduras y regímenes militares en los 70s y 80s.
Celebremos la vida de Jorge Sierra, que, aunque fugaz, aportó mucho en la tares, aún inconclusa de construir democracia. ¡¡Un Urra!! a quienes se sacrificaron por Honduras en la guerra fría.
Dos vistas de la celebración del 169 aniversario del triunfo en la batalla de Sardinal, realizada este jueves en Sarapiquí. Foto: Luko Hilje
Luko Hilje (luko@ice.co.cr)
Alocución, en la celebración del 169 aniversario del triunfo costarricense en la batalla de Sardinal, que permitió expulsar del territorio nacional a los filibusteros invasores, el 10 de abril de 1856
Era febrero de 1856. Costa Rica vivía en un estado de zozobra y tirantez, ante la presencia en Nicaragua del ejército filibustero liderado por William Walker, que no era un simple y ocurrente aventurero, sino médico, abogado y periodista, quien tenía muy claro lo que quería.
Para sus aviesos fines, contaba con el sólido apoyo político y económico de grandes terratenientes, dueños de latifundios de algodón, caña de azúcar y tabaco, imposibles de cultivar sin la mano de obra de los esclavos negros. Por tanto, en su afán expansionista y sus fines comerciales, ellos y Walker coincidían en el objetivo de tomar el poder en los cinco países centroamericanos, implantar la oprobiosa esclavitud, y anexarlos a lo que, a partir de 1861, serían los Estados Confederados de América, o la confederación de estados sureños.
Atento a las ambiciones de Walker, el presidente don Juan Rafael (Juanito) Mora llamó a nuestro pueblo a las armas y, nomás empezando marzo, 4000 hombres y mujeres habían marchado hacia Puntarenas y Guanacaste para defender la integridad territorial, ante la amenaza de invasión de las fuerzas filibusteras.
Antes de continuar, debe recordarse que Walker tenía su cuartel general en la ciudad de Granada, a orillas del lago de Nicaragua. Y, desde ahí, contaba con unos 10 vapores, que en febrero le había incautado al magnate Cornelius Vanderbilt, otrora dueño de la Compañía Accesoria del Tránsito, empresa muy próspera durante la llamada “fiebre del oro”, cuando miles de aventureros cruzaban Nicaragua por el río San Juan y el citado lago, para llegar a California. Dicha flota le permitía a Walker el dominio pleno del río, donde había establecido cuatro posiciones estratégicas: el fuerte de San Carlos, el Castillo Viejo, Punta Hipp —frente a La Trinidad—y San Juan del Norte, en la costa del Caribe.
Para retornar a la marcha de nuestro ejército, consciente de que, mientras el grueso de las tropas estaba cerca de la costa del Pacífico, los filibusteros podrían invadir el Valle Central, don Juanito tomó una oportuna decisión.
En efecto, mandó a llamar a San Ramón al botero Francisco Martínez, para que se reunieran en Atenas, donde le otorgó el grado de capitán y le asignó una misión especial: dirigirse con un batallón al río San Juan, a través de la región de San Carlos, que él conocía muy bien. Martínez se dio a la tarea de organizar su tropa, y ya el 21 de marzo salía de la capital hacia San Ramón, para desde ahí llegar al río San Carlos y navegar hacia el San Juan. No obstante, por razones que sería muy extenso relatar, permanecieron en Muelle de San Carlos, y nunca se enfrentaron a los filibusteros.
Con el país en vilo, sobrevino una situación urgente, a la que había que hacerle frente. Ocurrió que cinco días antes, el 16 de marzo, el cartero Manuel Gutiérrez, quien traía consigo los fardos del correo oficial que habían llegado a San Juan del Norte desde Inglaterra, fue retenido en La Trinidad por una tropa de 25 hombres, a cargo del teniente John M. Baldwin. Este grave hecho activó las alarmas, pues se temía una invasión por Sarapiquí a ciudades clave, como Alajuela, Heredia y San José. Además, como esa era la Semana Santa, la gente estaba distraída, dedicada a los cultos religiosos propios de esas festividades católicas.
Antes de proseguir, es importante indicar que, al revisar con cuidado la documentación existente, no está tan claro que se temiera una invasión hasta el Valle Central. Más bien, se percibe que la intención de nuestro batallón no era enfrentarse a los filibusteros, sino tan solo acercárseles, para atisbar sus movimientos. Es decir, tenía carácter preventivo. Eso sí, si éstos penetraban a Costa Rica por el río Sarapiquí, sí habría confrontación armada, lógicamente.
Como era urgente actuar, se optó por un plan expedito. Por entonces se contaba con dos destacamentos de 25 soldados, que estaban en los puestos aduanales de Muelle y Cariblanco —establecidos para evitar el contrabando desde San Juan del Norte—, a cargo de los capitanes Pedro Porras Bolandi y Francisco González Brenes, respectivamente.
Fue así como, para conformar el batallón necesario, se decidió que a ellos se les sumarían otros 50 hombres, provenientes de Alajuela; éstos venían al mando del general Florentino Alfaro Zamora y del teniente coronel Rafael Orozco Rojas. La escogencia de alajuelenses se basó en que se consideraba que eran quienes estaban más familiarizados con dicha región, tan montañosa y colmada de peligros. Y fue así, poco a poco, pero rápido, que se fueron congregando en Muelle todos los soldados.
Ahora bien, de Muelle a La Trinidad —que era el punto a vigilar, tomado por los filibusteros—, hay una distancia de unos 45 kilómetros. Y, aunque ese trecho se podía navegar en pocas horas en balsas y botes, era muy riesgoso hacerlo pues, al aproximarse a la desembocadura en el San Juan, la tropa nuestra podía ser detectada y atacada de inmediato. Fue por ello que se eligió avanzar a pie por la ribera izquierda del río Sarapiquí, machete en mano, para abrir una picada o trocha en la tupida montaña.
En la mañana del 10 de abril, nuestra corajuda tropa ya había avanzado unos 18 kilómetros, hasta la desembocadura del pequeño río Sardinal. Sin embargo, es posible que alguien delatara la presencia de nuestra tropa ahí, por lo que Baldwin vino a toparla y enfrentarla, al mando de unos 100 mercenarios, en seis embarcaciones; ellos dicen que eran apenas 20 hombres y dos lanchas.
Desembocadura del río Sardinal, en cuyo estero —hoy inexistente—, se libró la batalla contra los filibusteros. Foto: Luko Hilje
Eran cerca de las ocho de la mañana. Al notar que desde el pequeño estero que había en la boca del río —hoy eliminado por la erosión— se elevaba el humo de una fogata de nuestros combatientes, Baldwin decidió atacarlos.
Estaban desprevenidos y confiados, pues mientras una cuadrilla trabajaba en la continuación de la trocha, la mayoría reponía fuerzas en un playón del estero que estaba aguas arriba.
De súbito, desde un recodo de la ribera, sobre un playón del estero localizado aguas abajo, de manera sorpresiva desembarcaron los filibusteros y de una vez empezaron a disparar sus fusiles. Nomás iniciada la refriega, el general Alfaro fue herido en el brazo derecho, por lo que debió retirarse del combate, al punto de que ni siquiera pudo dirigir su batallón.
Ante tal escenario bélico, había razones de sobra para estar pesimistas. Aún más, en un parte de dicha batalla, el jefe militar Orozco expresaba su impotencia al ver a los soldados enemigos desembarcando con soltura, “porque desgraciadamente el Estero de Sardinal, que nos separaba de una parte de ellos, nos impedía entablar lucha con otra arma”. Con esto, él quería decir que el hondo caño que corría en medio de los dos playones del estero los distanciaba de los filibusteros, lo cual anulaba la posibilidad de acometer luchas cuerpo a cuerpo y matarlos con sus filosas bayonetas y machetes, técnica en la cual los costarricenses eran muy diestros, como lo atestiguaron las batallas de Santa Rosa, Rivas y La Trinidad.
Además, una vez iniciada la escaramuza, los nuestros escucharon el silbido de disparos desde la ribera del río donde ellos estaban, pues Baldwin ordenó a una columna que avanzara por tierra, hacia el estero. O sea, los filibusteros los estaban atacando por dos flancos.
Ante tales adversidades, el fervor patrio se convirtió en llamarada, y de los pechos de nuestros héroes brotó la bravura necesaria para defender la patria agredida. Al percatarse de esto, sacando fuerzas de flaqueza, los soldados de la cuadrilla que trabajaban abriendo trocha aguas abajo regresaron hacia el estero y empezaron a disparar, protegidos por la densa vegetación de la ribera.
En pocos minutos se suscitó el fuego cruzado entre las dos tropas, de manera intensa e incesante. Y, tras una hora de enfrentamiento, los filibusteros recularon hacia La Trinidad, dejando abandonados cuatro muertos en tierra, entre ellos el teniente William Rakestraw, además de que —según lo dicen algunos informes—, unos 25 se ahogaron, pues la piragua en la que estaban se hundió.
Aunque, según Walker, en su libro La guerra en Nicaragua (1860), en nuestras filas murieron más de 20 hombres, eso es absolutamente falso, pues perdimos apenas tres: Salvador Alvarado, Salvador Sibaja y Joaquín Solís, por desaparición los dos últimos. Además, hubo tan solo seis heridos, aparte del general Alfaro: Manuel Arias, Manuel María Rojas, Manuel Cabezas, Manuel Morera, Joaquín Arley y Desiderio Quesada; todos eran alajuelenses, excepto Cabezas y Arley, de San José y Cartago, respectivamente.
Después de trasladar los heridos a Muelle, para que los curara el médico Lucas Alvarado Quesada, en las semanas subsiguientes el batallón permaneció en Muelle y Cariblanco, por si sobrevenía un contraataque filibustero, el cual nunca ocurrió.
De esta manera, al igual que en Santa Rosa el 20 de marzo anterior, en Sardinal los filibusteros fueron expulsados del territorio nacional el 10 de abril, y se les derrotaría al día siguiente en la memorable batalla de Rivas, en Nicaragua. Y ocho meses después, el 22 de diciembre, se les expulsaría por tercera vez, en la batalla de La Trinidad—, la cual marcó el principio del fin de Walker, hasta su rendición en Rivas, el 1° de mayo de 1857.
Es decir, la batalla de Sardinal —acaecida hace 169 años aquí—, marcó un hito indeleble en la senda que, rubricada con la generosa sangre de sus heroicos hijos, nos permitió recuperar la libertad y la soberanía nacional cuando estuvieron amenazadas por los ominosos sueños imperiales de Walker.
Y confío en que este ejemplo represente un inextinguible faro, que nos ilumine y aliente siempre para emularlos, y defender nuestra patria cuando haya que hacerlo.
Tributo por parte de miembros de nuestra Fuerza Pública a la bandera izada en el hito de la Ruta de los Héroes, en Sardinal, Sarapiquí. Foto: Luko Hilje
A 169 años de la Batalla de Rivas, honramos el valor de Juan Rafael Mora Porras y Juan Santamaría, quienes enfrentaron con coraje y dignidad la amenaza al proyecto de libertad centroamericano.
Hoy, sus ideales resuenan más vivos que nunca.
Desde Acción Ciudadana reivindicamos su lucha por la soberanía, la paz y la convivencia democrática. Porque los enemigos de la libertad no solo visten uniforme: también se esconden en discursos de odio, en la polarización, y en los ataques a nuestras instituciones.
En ocasión del 169 aniversario de la Batalla de Rivas, el historiador Óscar Aguilar Bulgarelli expresó su preocupación por la disminución de las celebraciones públicas que conmemoran esta fecha histórica en Costa Rica.
«Hoy conmemoramos el 169 aniversario de la batalla de Rivas, de la gesta heroica del ejército de Costa Rica, de la gesta heroica de Juan Santamaría, de la gesta heroica de Juan Rafael Mora y todos los que en aquel ejército nacional lograron derrotar a la banda de William Walker», manifestó Aguilar Bulgarelli.
El historiador señaló que, en contraste con épocas anteriores, la conmemoración actual se caracteriza por ser «un día silencioso», donde ya no se observan «aquellas celebraciones de desfiles, de trompetas, de algarabías, celebrando un hecho patriótico indiscutiblemente importante».
En sus declaraciones, Aguilar Bulgarelli expresó que este olvido de las celebraciones patrias tiene consecuencias para la sociedad costarricense, asociándolo con «una indiferencia hacia nuestras instituciones y hacia nuestra historia» y lo que describe como «una esclavitud por el consumo y una esclavitud hacia la ignorancia».
El analista también comentó sobre la limitada cobertura mediática de la fecha, mencionando que «los medios de comunicación hoy, salvo alguna referencia en algún noticiero de la mañana, no dicen absolutamente nada» sobre el 11 de abril.
Para Aguilar Bulgarelli, la conmemoración de las fechas patrias tiene un propósito fundamental: «reverdecer el amor a la patria», pero aclaró que esto no significa «pararse en una tarima en un parque de pueblo a pegar cuatro gritos estridentes, llamando al odio entre hermanos».
El historiador hizo referencia al Pacto de Concordia, primera constitución costarricense, indicando que la verdadera celebración de estas fechas debería orientarse a crear «ese cariño, esa concordia, ese respeto entre hermanos costarricenses».
En su reflexión final, Aguilar Bulgarelli hizo un llamado a recordar «con respeto la gesta heroica de nuestros héroes de Rivas, de Juan Santamaría y de tantos otros de los cuales heredamos esta patria».
Algún día dijo Figueres que la tarea que le quedaba pendiente era quemar La Nación. Representaba mucho contra las ideas por las que él había luchado. Desde mi punto de vista, más que la abolición del ejército (mucho más, mucho más fundamental) fue la nacionalización de los depósitos bancarios. Por algo fue también por donde empezó el ataque al sector público, ante una voracidad insaciable (de los que mandan) y la incapacidad de ver más allá de sus narices (de algunos de los que mandan, y de otros, de los que obedecen).
Esa pelea formidable, en la que se construía una forma de nación, se perdió. Derrota nunca más evidente que en el día en que el director de La Nación se transformó en ministro y embajador de quien, desde adentro, minaba las bases del mundo que construyó Figueres.
Hoy hablan de los peligros que corre la democracia en Costa Rica. Es una visión corta, en mi opinión. Los peligros son antiguos. Ninguno contribuyó más a eso que el líder más lúcido de ese proyecto de mirada corta. En beneficio propio, manoseó la Constitución, el Poder Legislativo, el Judicial. ¿Para qué? Para aprobar un proyecto desquiciador del sector productivo nacional, para avanzar en la privatización de las telecomunicaciones y echar a andar, de manera lesiva para los intereses nacionales, la privatización de las obras públicas.
¿Cómo sorprendernos del desencanto con la “democracia”?
La 27 nos recuerda todos los días el perverso mecanismo mediante el cual se mete la mano en el bolsillo de los costarricenses, con la complicidad de los organismos del Estado que deberían controlarlo. En esto, fueron muchos los cómplices, encargados de desmontar una capacidad pública eficiente, para entregarla a los mismos que hacen clavos de oro con un mecanismo perverso.
Hay quienes piensan que todo eso es cosa vieja. Del pasado. Y no se explican cómo hemos podido llegar tan lejos y tan hondo, ni esa lógica que, después de un Alvarado, entrega el país a un Chaves.
Para mí está claro. ¿Ningún daño ha hecho a nuestra institucionalidad el manoseo de los tres poderes para satisfacer ambiciones personales desmedidas? Ese tipo de acciones son como echar un químico corrosivo en los engranajes de la historia.
Hay responsables. Aunque algunos piensen que están olvidados, nunca dejan de funcionar, corroyendo los engranajes de la convivencia nacional. Lo modosito de las propuestas, los BMW y los Mercedes ofrecidos, son solo humo de paja, hipocresía que la brutalidad del “memorando del miedo” desnuda.
Entonces aparece uno, vivo, que toca los puntos sensibles, los más vulnerables. El primero, esa cúpula ambiciosa, de visión corta, insaciable. Luego los otros poderes, la prensa… La manera chabacana, como lo hacen, encanta a muchos.
Asaltan el Estado gentes sin antecedente político alguno. Las encuestas lo muestran. Sin historial, ni capacidad. Sin propuestas. Pero con estilo. Es suficiente el dedo apuntado a los responsables de la demolición hecha en los últimos 50 años, de la que ellos mismos son acabados representantes.
Nos toca recuperar un rumbo perdido. No es volver atrás. Es avanzar sobre las bases que hicieron de Costa Rica una excepción, las mismas que, desde hace casi 50 años, han venido demoliendo sistemáticamente. Bases tan sólidas que, pese a todo, no han podido ser demolidas del todo. Algo queda, sobre todo en la memoria de los costarricenses.
No se trata de gritos sobre una democracia en peligro. Ese peligro, como hemos visto, viene de larga data. Hace falta la defensa de lo público. En vez de terminar de deshacer el ICE, de vender el BCR, de avanzar en la privatización de la salud, de la educación, en la destrucción de la CCSS, sería prudente reconstruir los fundamentos que hicieron posible que el país creciera con imaginación, sobre la base de recursos propios, sin perder de vista los derechos de las mayorías. Sin rechazar su lugar en el escenario internacional. Pero no un lugar subalterno, mediocre (como una “zona franca”, sugieren algunos). Participar con lo nuestro. Llevar nuestra banca a los mercados internacionales. El ICE a Centroamérica y más allá; ¿por qué no? en vez de destruirlo. No es fácil, pero me parece que es lo que tiene sentido.
Un programa para el 2026 que llene de aire nuevo, de lucidez, una pelea en la que se juega una forma de construcción del país.
En 1966, dos submarinos nucleares soviéticos dieron la Vuelta al Mundo bajo el mar, convirtiéndose en la primera pareja de submarinos en lograrlo. El presente artículo recuerda la gesta.
En las décadas de la Guerra Fría entre la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) y los Estados Unidos, “guerra” iniciada tras el final de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), la Unión Soviética se decantó por la producción de una serie de submarinos nucleares diferentes a los de Estados Unidos.
Los submarinos norteamericanos estaban preparados principalmente para misiones operativas, mientras que los soviéticos seguían el modelo de submarinos de misiles balísticos, los cuales contaban con una plataforma de sistema de lanzamiento vertical.
En medio de esa disputa por el control de los mares, los submarinos nucleares soviéticos consiguieron varias plusmarcas muy destacadas.
La primera circunnavegación sumergida de la historia, es decir la primera Vuelta al Mundo bajo el mar, la realizó en 1960 el submarino nuclear USS Triton de la Armada de Estados Unidos, al recorrer 49.491 km durante 60 días y 21 horas. Eso le supuso al submarino estadounidense conseguir la primera plusmarca individual de la Vuelta al Mundo bajo el mar.
Seis años después, en 1966, dos submarinos nucleares soviéticos que se encontraban a las órdenes del contraalmirante Anatoly Ivanovich Sorokin se convirtieron en la primera pareja de submarinos en dar la Vuelta al Mundo sumergidos, estableciendo la primera plusmarca por parejas de la Vuelta al Mundo bajo el mar.
Los dos submarinos soviéticos que llevaron a cabo la gesta eran de distinta clase. Uno era el submarino nuclear K-116 (del proyecto 675), diseñado para destruir naves enemigas con misiles P-6, así como para atacar objetivos costeros con misiles de crucero P-5M. El otro era el submarino nuclear K-133 (del proyecto 627A), preparado con torpedos de innegable potencia atómica.
Los dos submarinos de la URSS partieron de la Flota del Norte el 1 de febrero de 1966, tras recibir las órdenes de navegación del Estado Mayor Naval soviético, las cuales decían: “Atravesarás mares y océanos que los marineros rusos no han transitado en más de 100 años. Creemos firmemente que superarás con éxito todas las dificultades y llevarás la bandera de la Armada Soviética con honor a través de tres océanos y muchos mares”.
Los dos submarinos nucleares soviéticos, con el apoyo de un buque de salvamento como medida ante cualquier imprevisto, así pues, cruzaron en su recorrido el mar de Barents, el mar de Noruega, el océano Atlántico y el océano Pacífico a través del paso de Drake, la zona más peligrosa de todo el trayecto, completando su circunnavegación al llegar a la base de submarinos de la Flota del Pacífico de la URSS en Vilyuchinsk el 26 de marzo de 1966.
La Vuelta al Mundo bajo el mar les supuso a los dos submarinos de la URSS recorrer 39.000 km en 52 días, con lo cual alcanzaron una plusmarca que permaneció en el tiempo.
Según informaron los tripulantes de ambos submarinos, durante el recorrido, se encontraron con numerosos buques de guerra estadounidenses, logrando no ser detectados.
Un dato de interés es que un tercio de los tripulantes de los dos submarinos soviéticos eran miembros del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), siendo el resto miembros del Komsomol, la rama juvenil del PCUS.
La plusmarca de la Vuelta al Mundo bajo el mar de la pareja de submarinos nucleares soviéticos fue dedicada al 23º Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Y, por eso, en ese congreso, el ministro de Defensa de la URSS Rodion Malinovsky enalteció la gesta en los siguientes términos: “En los últimos años, el número de cruceros largos de nuestros submarinos nucleares se ha quintuplicado, lo que ha demostrado claramente la capacidad de nuestros gloriosos marineros para llevar a cabo con éxito cualquier misión en las vastas extensiones oceánicas, desde el Ártico hasta la Antártida. Hace unos días, concluyó con éxito un crucero alrededor del mundo de un grupo de submarinos nucleares que viajaban sumergidos”.
Pocos días después del congreso, la prensa norteamericana se hizo eco de la Vuelta al Mundo de los dos submarinos soviéticos. El 8 de abril de 1966, el New York Times publicó una noticia que, entre otras cosas, decía: “Un escuadrón de submarinos nucleares soviéticos con misiles vigiló de cerca los aviones y barcos estadounidenses detectados durante una reciente vuelta al mundo”.
En el mismo 1966, el almirante Anatoly Ivanovich Sorokin que estuvo al frente de la circunnavegación soviética recibió por ella la distinción de Héroe de la Unión Soviética de manos de Nikolái Podgorni, presidente del Presídium del Sóviet Supremo de la URSS.
Ha pasado más de medio siglo desde la Vuelta al Mundo bajo el mar de los submarinos nucleares soviéticos K-116 (proyecto 675) y K-133 (proyecto 627A). Los ministerios de la marina de diversos países la recuerdan. Y no hay aniversario que no se invoque su memoria. Y es que fue tal la dimensión de la plusmarca lograda por esos submarinos que ha llegado hasta nuestros días viva, actual, manteniendo el gran atractivo que tuvo en su tiempo.
Comenzaré por explicar los términos del título que encabezan estas líneas. Es ya un lugar común afirmar que el mundo va hacia un nuevo orden político. Dichas así las cosas, me parecen inaceptables. Lo que yo cuestiono es el término “orden”, como si hubiese habido alguna vez en la historia de la humanidad un verdadero y auténtico “orden”, cuando en la realidad siempre ha imperado el desorden de una u otra manera, provocado por un sector para beneficio propio, sea este un grupo de individuos, sea una región geográfica entera. Por eso el término más adecuado es el de “reordenamiento”, pues ordenar equivale a poner orden ciertamente, pero obedeciendo a un mandato las más de las veces de carácter despótico y a costa de un doloroso derramamiento de sangre. Po desgracia, así se ha escrito la historia real. Por eso lo que ahora corresponde es reconocer que se está implantando un nuevo reacomodo de las fuerzas imperiales, pues buscan establecer una nueva partición del mundo, desde el punto de vista geográfico en vista a la apropiación de las riquezas. Ambas expresiones, “reordenamiento” y “repartición”, tienen como prefijo la sílaba “re”, que puede significar tanto repetición como énfasis. Estructuralmente no denotan nada nuevo, por desgracia, al menos en las intenciones de algunos de los dirigentes sobre todo provenientes del mundo político-cultural de Occidente.
Aclarado lo anterior, debemos ahora ahondar en el tema. Lo que hoy se da en el mundo es el reconocimiento por parte de los Estados Unidos, potencia dominante en el mundo occidental, de que su poder hegemónico universal ha terminado; quien primero tomó conciencia de esa realidad fue el presidente Obama; sus sucesores intentaron con inhumano furor mantener el status quo. Pero ha sido en vano todo intento por mantener una hegemonía que no se da ni en el ámbito comercial, donde China impera, ni en el campo militar, donde Putin ha demostrado estar ganando la guerra. Los Estados Unidos están endeudados como ningún país en la historia de la humanidad lo ha estado; 36 billones de dólares no se pueden pagar nunca; es imposible sostener 800 bases militares dispersas en todos los rincones del planeta. Por eso Trump ha encargado a su superministro Elon Musk aplicar recortes draconianos en el aparato burocrático federal en todos los ámbitos, incluidos el Pentágono y los servicios de inteligencia y espionaje como la CIA, ambos hasta ahora intocables, pero especialmente en el ámbito social, obligando al resto del mundo, especialmente a sus vecinos México y Canadá y a sus aliados de la Unión Europea y, por supuesto, a sus rivales comerciales como China, mediante la imposición de aranceles, a pagar su deuda incluso a costa de un precio muy elevado políticamente. Pero lo más grave es que lo hace pisoteando la legalidad por la que se regía el comercio mundial y las relaciones diplomáticas, políticas y militares, con lo que la confianza de las naciones amigas se ha hecho añicos en estos pocos meses del retorno de Trump a la Casa Blanca. Por su parte, Putin ha demostrado no estar dispuesto a doblegarse ante las exigencias imperiales de Trump; tampoco China cederá en su política de acrecentar cualitativa y cuantitativamente sus relaciones comerciales con el mundo, basado en una política respetuosa del derecho internacional y del crecimiento exponencial de las tecnologías de punta; los gobiernos musulmanes, inclinándose ante la voluntad ampliamente mayoritaria de su población, dan muestras cada vez más contundentes de tomar distancia de la política prosionista de Washington; los países periféricos marchan hacia una consolidación del BRICS, lo cual y de consonancia con la naturaleza de estas alianzas, se abren posibilidades de alianzas políticas que no excluyen alianzas militares . Resultado: el Tío Sam está más aislado que nunca.
Dado todo lo anterior, resulta claro que hay indicios de que se están creando las condiciones para forjar un nuevo reordenamiento del mundo multipolar, compuesto por regiones que rebasan la jurisdiccionalidad de las naciones-Estado; en otras palabras, la concepción misma de democracia surgida de las revoluciones norteamericana y francesa de la segunda mitad del siglo XVIII ha periclitado, lo mismo que la hegemonía plena de una nación-imperio proveniente de Occidente. Pero esto, no se dará mecánicamente sino dialécticamente, como todo en la historia, en donde la dinámica de los grandes procesos se rige por la ley de la física newtoniana, según el cual a toda acción se da una reacción en sentido contrario directamente proporcional. El imperio norteamericano no parece estar dispuesto a ceder en sus intenciones de apropiarse del mundo entero. Pero ha cambiado de estrategia; ya sus círculos más lúcidos no pretenden hacerlo mediante una guerra total, que significaría la desaparición de la humanidad, incluso de ellos mismos, sino mediante la conquista de regiones hasta ahora inexplotadas, como son los dos polos: El Ártico y la Atlántida; de ahí su decisión de anexionarse Canadá y Groenlandia, para luego disputarle a Rusia la posesión total del Ártico y todas sus inexplotadas riquezas. Otro tanto se da con las Islas Malvinas en el Atlántico Sur, que la OTÁN está convirtiendo en una base nuclear con el fin de dominar militarmente la Atlántida. La pérdida del control de muchas regiones de África y el Medio Oriente, especialmente de la estratégica Península Arábiga, hace aún más apremiante para las potencias occidentales lograr la apropiación de los dos polos. Específicamente, para los Estados Unidos el dominio total del Continente, inspirados en la doctrina Monroe es vital. Los Estados Unidos no pueden reconocer la independencia de Nuestra América porque la consideran su patio trasero, no sólo por razones geopolíticas sino también por razones económicas; los datos son contundentes: Wall Street controla el 80% de las “commodities”, 31% de las cuales provienen de América Latina; en consecuencia, la pérdida de Nuestra América significaría, ni más ni menos, que el derrumbe total del imperio yanqui.
Esa es la razón por la cual todo Occidente lucha, ya que carecen de las materias primas indispensables para su desarrollo científico-tecnológico, base de su crecimiento económico, su poder político y su irradiación y prestigio culturales. Los datos hablan por sí mismos. Esas materias primas están en Rusia (gas natural y petróleo, riquezas inexplotadas en Siberia y el Polo Norte), en el Medio Oriente (petróleo), en África y en Nuestra América, por no hablar de China que posee la casi totalidad de las tierras raras, y Bolivia que posee el 67% del litio. Eso es lo que está en juego detrás de todas las bravatas e intrigas del escenario político mundial. Una “repartición” de esas riquezas sería el primer paso para un nuevo “reordenamiento” mundial; su control mediante su apropiación por parte de las grandes trasnacionales, es el objetivo final de ese supuesto “nuevo orden mundial”. Pero eso no será posible mientras Rusia se imponga militarmente, China comercialmente y los países del BRICS crezcan en número y solidez política y económica. Esa es la encrucijada a que se enfrenta una humanidad angustiada ante la amenaza de un fin apocalíptico inminente si las potencias dotadas de armas nucleares desataran una guerra mundial, o la destrucción ecológica sigue sin que la detengamos a tiempo.