Desde la trinchera del arte, las ideas, la cultura y la canción
Pasajes de una historia del Movimiento de la Nueva Canción, el Frente Cultural de la Juventud Vanguardista Costarricense.
Lenin Chacón Vargas
Secretario general de la Juventud Vanguardista Costarricense (1974-1980)
Ver la foto del semanario Libertad del homenaje a Emilia Prieto en La Casona del Higuerón, en 1976, me motivó a escribir estos recuerdos, que son memoria-historia para nunca olvidar.
Para comprender el origen del Movimiento de la Nueva Canción de Costa Rica de los años setenta, es indispensable desviar la mirada de los despachos oficiales y fijarla en los salones de la JVC, en los centros de proyección cultural en Montes de Oca, donde la juventud organizada decidió que la revolución social no solo se escribía en panfletos o manifiestos obreros, sino que también se cantaba, se proyectaba en pantallas improvisadas y se esculpía en madera.
Entre 1974 y 1980, durante mis años al frente de la Secretaría General de la Juventud Vanguardista Costarricense (JVC), tuvimos la certeza histórica de que la política sin cultura carecía de alma y de que el arte sin conciencia de clase carecía de contenido. Comprendíamos que el arte es revolución y que revolución sin arte no es revolución. Fue así como articulamos una red orgánica de resistencia y acción que, por casualidades de la vida y de la lucha, convirtió al cantón en un epicentro de la vanguardia de la Nueva Canción.
La Casona del Higuerón
Dentro de esta arquitectura cultural de masas, La Casona del Higuerón no era simplemente un restaurante o una peña informal; era una trinchera del Frente Cultural de la JVC. Gerenciada por el camarada Mario Blanco Barrantes y apuntalada por el sudor y la disciplina militante del obrero Gerardo Vegas, La Casona lograba materializar semanalmente la alianza obrero-estudiantil-intelectual y artística. En sus mesas se sentaban los muchachos de la Universidad de Costa Rica a debatir sobre política, arte y acción junto a trabajadores de las fábricas y de la cultura, sindicalistas, escritores e intelectuales.
Cada semana, durante años, las luces de La Casona se atenuaban para dar paso a los cineforos. No proyectábamos para el mero entretenimiento; el cine era un detonante ideológico, una ventana para discutir las realidades de la América Latina ensangrentada por las dictaduras y las promesas de liberación de los pueblos. Al terminar las cintas, las tertulias se ponían en marcha y se extendían hasta la madrugada entre creadores, militantes e intelectuales orgánicos, amalgamando la teoría política con la sensibilidad artística. El restaurante de la Casona era dirigido con la exquisita cuchara de comidas muy ticas de Magda Artavia. El teatro de La Casona fue diseñado por el actor, cineasta y dramaturgo Óscar Castillo Herrera.
CECUPO y el CAI
La Casona del Higuerón no operaba de manera aislada; formaba parte de un engranaje mayor concebido desde la JVC. En 1974 abrimos las puertas del Centro de Cultura Popular (CECUPO) en San Pedro de Montes de Oca. Aquella casa amplia, que en algún tiempo fue casa de monjas, se transformó de inmediato en el cuartel general de las organizaciones culturales alternativas: albergaba oficinas, una pequeña sala de teatro, zonas de ensayo y la trastienda de la Discoteca del Arte Popular (DIAP), desde donde distribuíamos la música que los medios comerciales censuraban de manera sistemática.
En estrecha alianza con el CECUPO, la Coordinadora de Artistas e Intelectuales (CAI) agrupó a las mentes más lúcidas y comprometidas de la época. Al frente de la Coordinadora estuvo el entrañable cineasta Víctor Vega, un creador que con su mirada documental y punzante capturaba las profundas contradicciones de nuestra sociedad. Que un realizador de su talla presidiera la CAI demostraba el imán que significaba la JVC para la intelectualidad costarricense: el arte ya no pertenecía a las élites académicas, sino que se ponía al servicio de las bases populares.
La Nueva Canción y el homenaje de 1976
Fue precisamente al calor de esta red como se impulsó el Movimiento de la Nueva Canción Costarricense. La Nueva Canción, nacida de la mano de la JVC y bajo la tutela intelectual de Emilia Prieto, despertó conciencias. Doña Emilia fue nuestra brújula: con su agudo sentido crítico, su buen humor y su incansable labor de rescate de las tonadas campesinas, nos enseñó que el folclor del Valle Central era un espacio de resistencia cultural indígena y mestiza frente a la penetración cultural extranjera. Dionisio Cabal aprendió y heredó de ella ese oficio, lo hizo suyo y nos dejó una gran obra.
El punto culminante de esta simbiosis se vivió en 1976 en La Casona del Higuerón. Organizamos un homenaje a la compañera Emilia que quedó grabado de forma indeleble en la historia. Ella no acudió como una espectadora pasiva a recibir un pergamino protocolario; subió a la tarima con los jóvenes para ser parte activa del concierto, rompiendo las distancias generacionales con su guitarra y su palabra militante.
Esa noche, los grupos musicales unieron sus voces. El grupo Tayacán (Luis Enrique Mejía, Orlando Gamboa, Rubén Pagura, Joaquín Rodríguez, Rafa Acosta), el conjunto Erome, guiado por los hermanos Monestel; el cuarteto Viva Voz, con Marisol Carballo; Dionisio Cabal, los hermanos Mena y la solista Alejandra entonaron sus acordes como un tributo vivo a la maestra. En la primera fila, a la derecha, destacaba un muchacho de mirada limpia y guitarra firme: Manuel Monestel, junto a su hermano Bernal Monestel y sus otros compañeros de Erome. Ver a Manuel en esa fotografía de 1976 es recordar el germen de un compromiso inquebrantable. Manuel siguió los consejos y el ejemplo de Emilia, y ha dedicado su vida al rescate e investigación del arte musical y poético de nuestra población afrodescendiente del Caribe. Su andar coherente —ideales y acción—, que el país reconocería con el Premio Nacional de Cultura Magón, comenzó en aquellas peñas solidarias de La Casona y en los festivales de la época. Manuel sigue siendo el mismo muchacho de aquella fotografía, activo y altivo. Esta crónica no estaría completa sin evocar el espíritu de la maravillosa década de los setenta, que recibió un impulso poderoso cuando, por invitación de la JVC, Víctor Jara, el cantautor chileno miembro del Comité Central de las Juventudes Comunistas de Chile, llegó a Costa Rica en noviembre de 1971. Dio conciertos, sostuvo reuniones de intercambio y regaló a la JVC una matriz de su disco Pongo en tus manos abiertas, que poco tiempo después editamos con el sello disquero de la JVC, la Discoteca del Arte Popular (DIAP). Se iniciaba así una época dorada de agitación cultural, trova, compromiso social y luchas unitarias juveniles en Costa Rica.

Al hojear las páginas del periódico Libertad de 1976, resulta imposible no conmoverse ante el homenaje a la entrañable Emilia Prieto, cuya guía inspiró a toda una generación a mirar hacia nuestras raíces.
Es justo y necesario honrar la memoria y el legado de cada una de las voces que aparecen en esta foto del tiempo. Queremos rendir un tributo profundo a todas y todos los cantantes que, con su guitarra y su voz, desafiaron al silencio. Entre ellos, expresamos un agradecimiento muy especial a Manuel Monestel, recientemente galardonado con el prestigioso Premio Nacional de Cultura Magón, quien transformó el calipso y la música caribeña en un pilar inamovible de nuestra identidad nacional. A él, y a cada artista que puso su talento al servicio de la cultura en esos años revolucionarios, les dedicamos este recuerdo imperecedero.
Al rememorar el periodo 1974-1980, nos queda la certeza de que La Casona del Higuerón y la red cultural nacional, incluido el zonal de la cultura con más de diez comités de base de la JVC, cumplieron su misión histórica. No fuimos vencidos por el olvido. Aquellos jóvenes de la fotografía, guiados por el faro de Emilia Prieto y arropados por la mística revolucionaria, sembraron una semilla musical, poética y política que sigue floreciendo en la memoria colectiva de Costa Rica y en una nueva generación de intérpretes y cantautores presentes en todas las luchas sociales del pueblo y las juventudes de Costa Rica.
Fuimos parte, entre muchas y muchos, de este esfuerzo:
- Lenin Chacón Vargas: secretario general de la JVC (1974-1980). Conductor político y articulador de la red cultural de masas.
- Emilia Prieto Tugores: artista, folclorista y militante. Matriz ideológica y guía fundacional del Movimiento de la Nueva Canción Costarricense.
- Comité Zonal de Trabajadores de la Cultura de la JVC: del cual Luis Fernando Gómez fue secretario político durante varios años.
- La Casona del Higuerón: centro cultural, restaurante y peña de la JVC. Sede de cineforos, tertulias semanales y conciertos de la Nueva Canción.
- Mario Blanco Barrantes: militante y dirigente de la JVC. Gerente y organizador operativo de La Casona del Higuerón.
- Gerardo Vegas: obrero militante y dirigente de la JVC. Asistente fundamental en la operación de La Casona.
- CECUPO: Centro de Cultura Popular en San Pedro. Oficinas para organizaciones culturales, movimientos alternativos, teatro, ensayos y difusión musical.
- CAI: Coordinadora de Artistas e Intelectuales. Frente orgánico que agrupó a creadores e intelectuales comprometidos con las luchas populares.
- Víctor Vega: destacado cineasta de corte social y director documental. Presidente de la Coordinadora de Artistas e Intelectuales (CAI).
- Carmen Naranjo: ministra de Cultura. Propició la apertura democrática, el respeto institucional y el reconocimiento de la red cultural popular.
- Tayacán, Erome, Viva Voz, Alejandra: conjuntos y cantautores juveniles de la JVC que impulsaron la Nueva Canción y protagonizaron el histórico homenaje de 1976. Con la destacada participación de Luis Enrique Mejía Godoy, Dionisio Cabal Antillón, Marisol Carballo, Orlando Gamboa Guzmán y Bernal Monestel.
- Manuel Monestel: joven integrante de Erome. Dedica su vida al rescate y difusión de la música afrodescendiente del Caribe; galardonado con el Premio Magón.
Lenin Chacón Vargas
Moravia, Costa Rica, octubre de 2026
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