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Etiqueta: Lenin Chacón Vargas

Las verdades y mentiras en la memoria de 1948: Aclaraciones a la historia oficial, contra la exclusión histórica

Por: Lenin Chacón Vargas

El libro La Junta Fundadora de la Segunda República: Actas 1948-1949, compilado y presentado por mi amigo, el historiador Vladimir de la Cruz de Lemus, no solo reúne las actas del «gobierno de facto que gobernó como dictadura» —en palabras del propio Vladimir—, sino que nos ofrece proclamas, artículos y ensayos de diferentes autores sobre los acontecimientos alrededor de la guerra civil y otros aspectos de la vida y obra de José Figueres Ferrer exaltando la versión de los vencedores. La obra tiene la virtud de inducirnos a investigar aún más ese período tan controvertido; sin embargo, no aporta nada nuevo a la narrativa que ya conocemos: la historia oficial. Con esto, la historia de los vencidos se posterga una vez más y se blinda la historia oficial.

En estas páginas se exacerba y se exalta como una obra revolucionaria de Figueres lo que fue el proyecto de la Segunda República. Obra que debe someterse a estudio crítico. Se olvida que esta surgió, primero, de un fraude electoral perpetrado por la oposición de Figueres y Ulate en las elecciones de febrero de 1948; y segundo, de un levantamiento armado sedicioso, nutrido por militares mercenarios de Centroamérica y el Caribe, con armas modernas traídas desde Guatemala. Fue una guerra que José Figueres preparó minuciosamente desde su exilio en México. Para abonar el terreno, y según sus propias narraciones en el libro “El Espíritu del 48”, Figueres desarrolló campañas de rumores contra el gobierno constitucional de Teodoro Picado para infundir miedo en la población. Además, organizó a sus «muchachos» —como los llama en su libro— para ejecutar actos terroristas, como las bombas en el diario La Tribuna y en el auto de Manuel Mora Valverde; acciones de las que, paradójicamente, se vanagloria la historia oficial.

Una verdadera reconciliación nacional exige la historia completa. Hace falta reivindicar a los muertos de las fosas comunes, a los torturados y a los asesinados, a los desaparecidos, hacer justicia a los mártires del Codo del Diablo, la represión política durante los dieciocho meses del gobierno cívico-militar, y de la represión política de la posguerra de 1948 a 1958. (Notas 1 y 2 al pie de página).

Es imperativo reivindicar a todas y todos los comunistas encarcelados y sometidos a los Tribunales de Probidad; procesos de persecución inmediata que buscaban delitos que jamás encontraron. Su único «delito» fue pertenecer al Partido Vanguardia Popular (comunistas costarricenses). Eso, y acaso las gallinas que Carlos Luis Fallas permitió sacar de un patio ajeno para alimentar a su tropa de tres mil milicianos en los alrededores de Cartago. El mismo «Calufa» que intervino directamente para impedir que unos soldados del gobierno fusilaran a varios combatientes del Ejército de Liberación Nacional, entre los que estaba Ortuño Sobrado, un gesto que este último siempre le agradeció.

Estas son apenas palabras introductorias, porque la historia de la gestación y las consecuencias de la guerra civil es larga y cruel. No podemos continuar exaltando la historia oficial en procura de exonerar de responsabilidades a quienes fueron y siguen siendo los legítimos responsables: el Ejército de Liberación Nacional y el gobierno cívico-militar presidido por José Figueres, quien «gobernó como dictador». Hace falta la historia completa por la memoria y por la justicia.

Mientras tanto, el debate en torno a los acontecimientos de la guerra civil de 1948 en Costa Rica sigue secuestrado por una narrativa oficial que prefiere la comodidad del mito antes que el rigor de los documentos. Recientemente, mi amigo, el historiador Vladimir de la Cruz, ha sostenido afirmaciones basadas únicamente en lo que el presbítero Benjamín Núñez le relató de palabra: que él, José Figueres y Francisco Orlich supuestamente votaron en contra o no estuvieron de acuerdo con ilegalizar a los comunistas. Interpreto estas tesis como especulaciones carentes de un solo documento que las respalde. Todo lo contrario: el documento que existe como acta, donde se aprueba el Decreto 105 para ilegalizar al Partido Vanguardia Popular y a los sindicatos, y para perseguir a sindicalistas y comunistas, se encuentra en el Archivo Nacional con las firmas de José Figueres y sus ministros. Ahí no se consigna quién votó a favor o en contra; la realidad es que todos aprobaron el decreto.

La realidad histórica demuestra que el padre Núñez incurrió de forma sistemática en contradicciones, diciendo y desdiciéndose sobre los acuerdos que pusieron fin al conflicto armado. Las pruebas de esta ambigüedad son múltiples. En el libro del historiador Óscar Aguilar Bulgarelli, Núñez declaró abiertamente que sí hubo negociaciones y acuerdos con Manuel Mora Valverde para concertar el Pacto de Ochomogo. Es más, en un conocido documental de 1983, el propio José Figueres Ferrer y Benjamín Núñez recrearon frente a las cámaras los detalles de aquel encuentro, validando la legitimidad y los términos del pacto.

Sin embargo, la memoria oficialista comenzó a cambiar por conveniencia poco después. En 1986, en las páginas del diario Primera Plana, el coautor que auxilió a Núñez en la redacción de El Espíritu del 48 salió en su defensa alegando que la carta de compromiso firmada por el sacerdote —y esgrimida por Manuel Mora— era un documento «apócrifo». La réplica de Manuel no se hizo esperar: mediante una carta pública en el semanario Libertad en diciembre de 1986, detalló con rigor y precisión la verdad histórica del acuerdo de Ochomogo y la autenticidad de la firma que Núñez le entregó en la Embajada de México el 19 de abril de 1948. Cabe destacar que dicha carta original fue recuperada recientemente de los archivos resguardados en la Biblioteca Vicente Lombardo Toledano en México y publicada por el investigador Germán Chacón, sepultando cualquier duda sobre su existencia.

Ante la contundente réplica de Manuel Mora, Núñez y su entorno guardaron un silencio sepulcral durante un mes. Acto seguido, en 1987, publicaron el libro El Espíritu del 48. En dicha obra, Núñez y Figueres ejecutaron un malabarismo histórico inadmisible: afirmaron categóricamente que no existió ningún documento o carta suscrita por el presbítero para detener la guerra, desconociendo deliberadamente el Pacto de Ochomogo. Una flagrante contradicción, puesto que las firmas constan de forma irrefutable en los documentos que detuvieron el avance del conflicto.

No conformes con alterar los hechos, pretendieron manchar la dignidad y la honestidad política de Manuel Mora. Lo tildaron de mentiroso, acusándolo de urdir una «triquiñuela política» para engañar a la dirección de su propio partido. La mala fe de esta operación histórica quedó en evidencia cuando, tras salir de la imprenta, Núñez y su coautor obsequiaron un ejemplar a Arnoldo Ferreto. El objetivo era evidente: sembrar cizaña en un momento en que la izquierda costarricense sufría profundas divisiones internas. Ferreto, quien acababa de terminar su libro Gestación de la guerra civil de 1948 y sus consecuencias, se vio arrastrado por este testimonio falseado y añadió un epílogo cargado de diatribas hacia la figura de Manuel.

Aunque Mora Valverde realizó múltiples denuncias públicas y emplazó directamente a Figueres entre las décadas de 1950 y 1960, el caudillo liberacionista optó siempre por callar. Lo mismo ocurrió en agosto de 1969, cuando se discutía en el Parlamento si permitían o no la legalidad del Partido Bloque de Obreros, Campesinos e Intelectuales, y si aplicaban o no el artículo 98 de la Constitución Política. En una carta pública dirigida a José Figueres —entonces candidato presidencial del PLN— para que cumpliera «el pacto de Ochomogo», el líder optó por el silencio. Al Bloque le aplicaron la guillotina política: el artículo 98. Creer ciegamente en la memoria selectiva de Núñez es un favor inmerecido que la documentación histórica desmiente con absoluta rotundidad.

Esta política de exclusión e inmunidad para la versión de los vencedores se extiende hasta nuestras instituciones editoriales estatales. Es imperativo denunciar la mutilación histórica operada por la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia (EUNED). En las ediciones de los años 2006 y 2011 de la célebre Cartilla Histórica de Ricardo Fernández Guardia, se eliminaron deliberadamente doce páginas del texto original. En esos folios, el insigne historiador detallaba pasajes clave sobre la finalización de la guerra y la instauración de la Junta de Gobierno; verdades incómodas que no resultaban del agrado de Alberto Cañas ni, por supuesto, de Benjamín Núñez.

Resulta una paradoja vergonzosa que, a pesar de las constantes denuncias de este atropello cultural, ningún director ni presidente de la editorial se haya atrevido a hacer justicia a la memoria de don Ricardo Fernández Guardia. El libro se sigue comercializando mutilado con total impunidad. ¿Acaso la censura y la exclusión de la historia real sobre el 48 no importan? Claro que importan, y pesan de forma alarmante cuando estas visiones pretenden ser legitimadas sin que ningún director de la EUNED ni los historiadores contemporáneos muevan un dedo para enmendar semejante distorsión.

El mismo sesgo se evidencia cuando Vladimir afirma —nuevamente sin un soporte documental— que los líderes José Figueres, Francisco Orlich y Benjamín Núñez, no votaron a favor de la ilegalización de los comunistas. Los documentos y la realidad de su actuar como miembros del gobierno cívico militar, dicen otra cosa. La verdad tangible es que durante 27 años se mutilaron las libertades republicanas, se restringió la libertad y el derecho al sufragio, y los comunistas fuimos perseguidos políticamente. Esa dirigencia jamás movió un dedo para impedir que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) aplicara el infame artículo 98 constitucional entre 1953 y 1969.

Es más, durante la segunda presidencia de José Figueres Ferrer (1970-1974), la inacción fue total. Lejos de buscar la reconciliación democrática, Figueres procedió a archivar el dictamen de mayoría de diciembre de 1970 que buscaba reformar el artículo 98; un proyecto de ley que había sido propuesto y redactado por Manuel Mora para devolver la legalidad electoral a las fuerzas de izquierda. Estos hechos no pertenecen al terreno de la especulación oral; están completamente respaldados por las actas y documentos del país.

Seguiré escribiendo y rescatando las fuentes primarias y testimonios de los vencidos para hacer estricta justicia histórica a los comunistas costarricenses y a su papel destacado para poner fin a la guerra civil. Debo recordar, sobre todo, el valor y la hidalguía de Manuel Mora Valverde al subir en horas de la noche del 17 de abril de 1948 al Alto de Ochomogo, acompañado con Carlos Luis Fallas a encontrarse con Figueres en busca de un acuerdo para ponerle fin a la conflagración; lográndose así el Pacto de Ochomogo que dio origen a las cartas firmadas por Benjamín Núñez y al pliego de garantías del Ejército de Liberación Nacional al Partido Vanguardia Popular. Esos documentos y firmas pusieron fin a la guerra y evitaron miles de muertos. La historia patria no se puede seguir construyendo sobre señores a los que hoy se les reivindica como si se tratara de un acto para exonerarlos de la responsabilidad por las consecuencias de aquellos actos antidemocráticos ejecutados por decretos.

Una acomodada y excluyente narración de historia influida por el subjetivismo que hace a un lado relatar hechos tal como ocurrieron realmente, da pie para convertir la simple palabra de los vencedores en dogma o sus leyendas escritas en verdad, o la falsificación misma de una verdad creada para justificar una guerra innecesaria, carece enteramente de validez científica y moral. La verdad histórica de Costa Rica, sobre todo las verdades que hirieron profundamente a los costarricenses víctimas y protagonistas de la guerra se defienden con documentos, o acontecimientos debidamente verificados. Exonerar a los responsables de la guerra y de sus consecuencias inhumanas y antidemocráticas debe ser sometido a crítica.

Conclusión:

Existe abundante investigación, libros, tesis de historiadores contemporáneos sobre gestación de la guerra civil de 1948 y sus consecuencias en la vida civil, democrática institucional, las libertades republicanas y la vida política nacional para que se hagan nuevos esfuerzos a fin de que: el fraude electoral de 1948, el levantamiento armado sedicioso, la traída de mercenarios militares extranjeros para ejecutar el golpe de Estado al presidente constitucional don Teodoro Picado y, posteriormente, a don Otilio Ulate, así como la disolución del Congreso, del Poder Judicial y de los consejos municipales, de un Gobierno de facto que gobernó como dictadura son hechos que deben someterse a una revisión crítica impostergable para otorgarles, finalmente, el lugar que verdaderamente les corresponde en la historia nacional.

Lenin Chacón Vargas
Desde Porrosatí, la montaña huetar en Heredia, donde fue maestra Carmen Lyra y le dimos el último adiós a Manuel Mora Valverde.

1 de noviembre de 2026.

Notas:
1. Violencia política contra los Comunistas tras la guerra civil en Costa Rica (1948 – 1949) Silvia Elena Molina Vargas, máster en Historia. 2018.
2. En el fondo el olvido es un gran simulacro: violencia política en la posguerra costarricense (1948 – 1958). Alexia Ugalde Quesada, máster en Historia. 2017.

De Óscar Arias (1986) a Rodrigo Chaves (2026): la ilusión de la ruptura y la liquidación del Estado Social de Derecho. Parte segunda

Por: Lenin Chacón Vargas

El debate político actual en Costa Rica suele presentarse como una confrontación radical entre el oficialismo (Rodrigo Chaves y Laura Fernández) y los partidos tradicionales. Sin embargo, detrás de la retórica de ruptura se esconde una profunda continuidad del régimen neoliberal. Las dinámicas fiscales, el desmantelamiento institucional y las tensiones democráticas que vive el país no son un fenómeno aislado de los últimos años, sino la profundización de un modelo económico y político de corte neoliberal implantado desde 1986: la III República Neoliberal de Óscar Arias. En esta segunda parte damos continuidad a la numeración de las secciones que desarrollé en la primera parte, la cual, puede verse en este enlace.

7. El discurso de la culpa y la estrategia de atomización política

Uno de los pilares de los gobiernos de Rodrigo Chaves y Laura Fernández ha sido la construcción de una narrativa fundamentada en responsabilizar de manera exclusiva a las administraciones del pasado —particularmente al Partido Liberación Nacional (PLN), al Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) y al Partido Acción Ciudadana (PAC)— por los males estructurales del país.

Si bien es innegable el desgaste y los cuestionamientos éticos que debilitaron a estas agrupaciones, el uso político de este resentimiento o cólera popular ha servido para justificar un estilo de gobierno autoritario y de confrontación.

Esta estrategia no busca transformar las bases del sistema ni cambiar el régimen económico, sino debilitar y fragmentar a la oposición tradicional. Lo hizo cuando logró absorber y neutralizar a partidos como el PUSC o Nueva República (PNR) mediante alianzas coyunturales o la oferta de puestos estratégicos dentro del Estado, mermando así su capacidad de contrapeso en la Asamblea Legislativa y favoreciendo el voto negativo al levantamiento de la inmunidad de Rodrigo Chaves siendo presidente.

8. La complicidad histórica y la «Tercera República Neoliberal»

Contrario a la tesis de una separación absoluta, la administración de Rodrigo Chaves Robles opera, en la práctica, como continuadora y heredera de las políticas de apertura, desregulación y contención del gasto público consolidadas a partir de 1986, un proceso fuertemente impulsado en su momento por Óscar Arias Sánchez.

Bajo esta perspectiva, las tensiones actuales no representan una disputa ideológica de fondo sobre el modelo económico de desarrollo (el «capitalismo salvaje» neoliberal), sino que constituyen más bien una pugna por el control del relato y del poder político; o el poder total sobre el Estado y sus tres poderes: el Poder Judicial (incluyendo la Sala IV), el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) y el Poder Legislativo, además de la Contraloría General de la República (CGR). Chaves lo quiere todo y no lo oculta.

El discurso oficialista contra el establishment encubre la aplicación de una agenda económica compartida con los sectores patronales: los grandes empresarios y las empresas extranjeras transnacionales.

Así lo demuestran los datos de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) del INEC, que reflejan una pobreza total estancada en el 15,2 % y un coeficiente de Gini de 0,488 (desigualdad de ingresos o riqueza de la población nacional), confirmando que la riqueza sigue concentrándose en pocas manos. Además, la brecha territorial del 39 % en el ingreso promedio entre hogares urbanos y rurales evidencia el abandono crónico de las provincias costeras del país bajo este modelo de capitalismo salvaje. Aunque la presidenta Fernández afirma que quiere revertir esta situación, sus propuestas no pasan de ser paliativos y medidas manipulables que benefician a empresarios mientras debilitan la educación pública y la seguridad social. En breves líneas podemos fundamentar esta afirmación analizando el Presupuesto Nacional.

9. El debilitamiento del Estado Social de Derecho y las libertades republicanas

La verdadera crisis de este modelo radica en el impacto directo sobre la institucionalidad pública y las garantías sociales consagradas en la Constitución Política. El ataque a la educación pública es uno de los síntomas más graves: el presupuesto nacional para el sector educativo cayó drásticamente a un 5,68 % del PIB, con proyecciones a desplomarse al 4,9 %, violando flagrantemente el mandato constitucional del 8 %. A esto se suma el congelamiento y el recorte de 8.048 millones de colones del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES), asfixiando la operación, las becas y las sedes regionales de las universidades públicas.

Asimismo, los repetidos intentos del Ejecutivo por debilitar el control preventivo del gasto mediante las distintas versiones de la denominada «Ley Jaguar» evidencian el desplante autoritario que amenaza con alterar la vida democrática y constitucional de la República.

Los fallos de la Sala Constitucional, que declararon inconstitucionales las reformas propuestas a la Ley Orgánica de la Contraloría General de la República (CGR), confirmaron que el proyecto pretendía restar competencias de fiscalización a los fondos públicos, intentando vulnerar el sistema de frenos y contrapesos esencial para las libertades republicanas.

Los recortes presupuestarios exprimiendo los fondos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) como si fuera la caja chica de un Estado que acumula una deuda de 4,46 billones de colones (aproximadamente el 9 % del Producto Interno Bruto [PIB]). Extraen de los fondos para la Caja 250.000 millones de colones que corresponden a las siguientes entidades del sector social:

Del programa de atención a personas en condición de calle (alrededor de ¢159.000 millones).

Aproximadamente ¢56.000 millones de los CEN-CINAI.

Rebajas al Fondo de Subsidios para la Vivienda (Banhvi).

Reducciones menores en programas alimentarios del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS).

¿Hacia dónde se dirigen? Si bien todo este dinero se redirige supuestamente a programas de asistencia e inclusión social para asegurar su sostenibilidad, está claro —como han señalado algunos diputados— que se trata de «desvestir a un santo para vestir a otro». Todo parece indicar que este tipo de maniobras responden a un populismo autoritario, inconsecuente y demagógico para confrontar a la oposición y engañar a la población pobre del país.

El tema de fondo es la desfinanciación de la CCSS mientras la deuda del Estado sigue aumentando, desprotegiendo la salud de la ciudadanía, sobre todo de los más pobres y la educación pública.

El hecho es evidente, debilitan la Caja y los controles adecuados, pero dicen que las contabilidades de la Caja están debidamente conciliadas en más del 92%; decir lo contrario según el discurso del Gobierno es mentir y que la Junta Directiva no trabaje con normalidad por la negativa de Zapote a juramentar a Rocío Alfaro como representante del sector sindical, lo que se acusa como desacato, asimismo, la Presidencia de la República continúa rompiendo el orden constitucional, lo que es motivo de alarma. Esto convoca a la ciudadanía a salir a las calles a recuperar la democracia, el orden constitucional y la justicia.

10. ¡La democracia de la calle es la alternativa y un deber patriótico!

A enfrentar la demagogia de la Presidencia cuando afirman que “es aliada de la educación superior” y no descansa de atacarla y promover recortes presupuestarios y critican el sistema de becas en la educación superior, mientras apoyan el sistema de becas en universidades privadas recurriendo a los fondos de CONAPE que son fondos públicos con intereses al 4,5% y 14 años para pagar. Los estudiantes de universidades públicas tienen derecho a un justo sistema de becas.

Y la presidenta sigue cuestionando el uso de fondos públicos por parte de las universidades. Como he señalado según la Constitución el 8% del PIB es para el Presupuesto de la Educación, y este año 2027 Laura Fernández presupuestó el 4,9% del PIB el nivel más bajo de los últimos años.

El reto: una oposición coordinada y estructurada en todo el país.

El debilitamiento del Estado Social de Derecho y la mutilación de las conquistas sociales históricas continuarán avanzando en la medida en que la oposición política, parlamentaria y popular permanezca fragmentada o carente de una propuesta alternativa robusta.

Para frenar la consolidación del régimen neoliberal autoritario y recuperar la democracia institucional y social, así como el respeto al Poder Judicial, se vuelve indispensable la articulación de un movimiento civil, político y popular capaz de superar los cálculos electorales inmediatos y los prejuicios políticos. Es necesario emprender con más fuerza una plataforma enfocada en el fortalecimiento institucional democrático, la educación, la salud pública y la soberanía social y alimentaria. Se requiere fortalecer la conciencia democrática, patriótica y de compromiso con el bienestar y el progreso social del pueblo costarricense.

Una oposición fuerte en todo el país construyendo comités democráticos o comités patrióticos.

NOTA: «El capitalismo salvaje» es el calificativo al periodo neoliberal utilizado y comentado desde Roma por los últimos papas. Lo consideran así:

«Un capitalismo salvaje ha enseñado la lógica de las ganancias a cualquier costo… sin pensar en la explotación de las personas… se ven los resultados en la crisis que estamos viviendo». El papa Francisco consideró que el capitalismo salvaje quiere esclavos …

«El capitalismo salvaje y su culto al beneficio a toda costa han provocado crisis, desigualdad y miseria, situaciones capaces de convertir al ser humano en esclavo». Papa Benedicto XVI.

«El capitalismo en algunos países del mundo aún pervive en su estado salvaje. Lo que la Iglesia critica es el espíritu contra el que el capitalismo ha alentado al utilizar el capital para someter y oprimir al hombre en una vida donde los hombres buscan su propio bien y no el bien común». Juan Pablo II..

20/10/26, Limón Costa Rica.

De Óscar Arias 1986 a Rodrigo Chaves 2026: 40 años de neoliberalismo privatizando la vida de las juventudes, hipotecando su futuro. Parte primera

Por: Lenin Chacón Vargas
Exsecretario general de la Juventud Vanguardista 1974-1980
Exsecretario general del Partido del Pueblo Costarricense hasta 1991

A las nuevas generaciones les han contado una historia a medias. Dicen que el país está mal por culpa de «los mismos de siempre» o de «los partidos tradicionales» como el PLN, el PUSC y el PAC. Sin embargo, hay una trampa en ese discurso. Detrás de las peleas que vemos a diario en la televisión, la prensa digital y las redes sociales, existe un mismo plan económico que lleva 40 años aplicándose sin interrupción.

Desde 1986 hasta el actual 2026, Costa Rica pasó de ser un país que invertía en su gente a transformarse en una empresa que beneficia a unos pocos. Esta es la historia de cómo el modelo neoliberal —o capitalismo salvaje— nos viene quitando, pedazo a pedazo, nuestra calidad de vida.

1. De la Costa Rica solidaria a la Costa Rica neoliberal

Todo comenzó a mediados de los años 80 con la llegada del primer gobierno de Óscar Arias Sánchez, enemistado con los viejos líderes socialdemócratas: José Figueres, Luis Alberto Monge, Daniel Oduber, llamándoles “muletas que no necesitaba”. Con la llegada del gobierno de Arias en 1986, y dando continuidad profunda a los Programas de Ajuste Estructural que habían iniciado tímidamente en el gobierno de Monge tras la crisis de 1981, se consolidó un giro de timón radical. El énfasis dejó de ser el fortalecimiento de la producción interna y el mercado local. Ahora se priorizaba la inserción de Costa Rica en la economía global, las exportaciones no tradicionales y la atracción de inversión extranjera.

2. Los programas de ajuste estructural (PAE)

Los Programas de Ajuste Estructural fueron los instrumentos financieros y políticos impuestos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que sirvieron como motor de esa transición. Tras la devastadora crisis económica de 1981, el país estaba quebrado. La respuesta de los organismos internacionales fue clara: para recibir préstamos de estabilización, Costa Rica debía desmantelar el modelo del Estado Social de Derecho y abrir su economía. El agro nacional, que había sido el corazón de la soberanía alimentaria y la estabilidad social campesina durante décadas, fue el sector que pagó el costo más alto.

El PAE I, negociado bajo Monge en 1985, y el PAE II, aprobado y ejecutado con fuerza en el gobierno de Arias, actuaron sobre tres ejes destructivos que transformaron para siempre la estructura social y agraria del país.

El primero fue la asfixia deliberada del Consejo Nacional de Producción y la pérdida de la soberanía alimentaria. Antes de los PAE, el CNP era una institución clave de la Costa Rica socialdemócrata. Le compraba a los pequeños agricultores sus cosechas de granos básicos, arroz, frijoles y maíz, a precios de sustentación, precios mínimos garantizados para que el campesino no perdiera dinero. Y vendía esos alimentos a la población a precios accesibles a través de los estancos. Los PAE catalogaron este sistema como un gasto ineficiente y una distorsión del libre mercado. Bajo las directrices del PAE II, se eliminaron los precios de sustentación y se cerraron paulatinamente los estancos. El CNP fue despojado de su capacidad de compra. Al obligar al país a eliminar los aranceles de importación, el mercado nacional se inundó de granos básicos extranjeros, fuertemente subsidiados en sus países de origen, como el maíz y arroz estadounidense. El productor local simplemente no pudo competir y el CNP quedó reducido a una entidad mínima.

El segundo eje fue la política de la “agricultura de cambio» y el fin del grano básico. Con el PAE II se consolidó una consigna oficial que sepultó la agricultura tradicional. El argumento neoliberal dictaba que Costa Rica no debía gastar recursos en producir su propia comida si era más barato importarla. En su lugar, los campesinos debían reconvertirse en productores de exportaciones no tradicionales: flores, mini-vegetales, plantas ornamentales, piña y melón, tubérculos. El Ministerio de Agricultura y Ganadería y los bancos del Estado cambiaron radicalmente sus prioridades. Se cortó el crédito barato, la asistencia técnica y los seguros agrícolas para los productores de maíz, arroz y frijoles. Si un campesino quería crédito, el banco se lo otorgaba únicamente si sembraba los productos destinados al mercado internacional. Los pequeños agricultores, que no tenían los recursos, la tecnología ni los contactos internacionales para exportar flores o piña, cayeron en la ruina. Esto provocó una masiva quiebra en el campo, el abandono de las tierras y el inicio de la gran migración campesina hacia los precarios de las periferias urbanas.

El tercer eje fue la privatización del crédito agrícola. El sistema bancario nacionalizado había sido diseñado por el primer liberacionismo para democratizar el crédito. Existían las Juntas Rurales de Crédito Agrícola, que financiaban al pequeño productor con tasas de interés bajísimas y plazos sumamente flexibles porque el fin no era el lucro sino el desarrollo social. Los programas exigieron la desregulación financiera, abriendo el portillo para la banca privada y obligando a los bancos del Estado a operar bajo criterios estrictos de rentabilidad comercial y libre mercado. Las Juntas Rurales de Crédito perdieron su razón de ser. El pequeño agricultor se convirtió en un cliente de alto riesgo para los ojos de una banca ahora corporativizada. Al no poder acceder a financiamiento, la producción agrícola familiar quedó prácticamente liquidada, dejando el campo libre para el auge de las grandes corporaciones transnacionales, especialmente en sectores como la piña, melón, sandía y el banano.

Aquella idea de que el suelo costarricense debe alimentar a sus hijos fue sustituida por la lógica neoliberal de que el mercado global proveería todo. Y así transformaron la estructura social y agraria del país para siempre.

Los discursos del arismo sonaban bonito tanto en la primera gestión 1986-1990, como en la segundo 2006-2010 incluido el Tratado de Libre Comercio (TLC.) prometían «modernizar el país» y «abrirnos al mundo» “la tecnocracia al poder” y sus consignas ilusorias como «en vez de un Hyundai, tendrán un Mercedes Benz».

La realidad, no obstante, fue otra. Se cambió por completo la lógica del Estado. Las instituciones públicas* que nacieron para garantizar derechos fundamentales —la salud, la educación, la energía eléctrica, las telecomunicaciones, los seguros, el agua, el transporte ferroviario y el agro, — empezaron a ser vistas como simples «negocios» que debían generar ganancias financieras o, de lo contrario, recortarse. Así comenzó el desmantelamiento del Estado Social de Derecho, la eliminación del cultivo de granos básicos: arroz, frijoles, maíz.

3. La precarización del trabajo: adiós a la estabilidad laboral

Para los jóvenes de hoy, conseguir un empleo con plenas garantías laborales parece un mito del pasado. El neoliberalismo trajo consigo la flexibilización laboral, sustituyendo la conquista histórica de la jornada de 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de recreación, por propuestas extenuantes como la jornada 4×3 (cuatro días laborando 12 horas continuas a cambio de tres días de descanso).

Bajo la falsa promesa de «atraer inversión», se mutilan las jornadas laborales humanamente justas. Hoy se ha normalizado el trabajo informal, el empleo precarizado por aplicaciones digitales o las dinámicas de zonas francas donde los derechos sindicales y el pago de horas extra son prácticamente inexistentes. Nos vendieron la idea de ser «nuestros propios jefes» a través del emprendedurismo para ocultar que el Estado ya no garantiza salarios dignos ni estabilidad. Esto destruye la posibilidad de construir un proyecto de vida, comprar una casa

o aspirar a una vejez digna, mientras la Banca para el Desarrollo se utiliza como una herramienta de clientelismo político para los gobiernos de turno.

4. La asfixia de la educación y la salud pública

El daño más grave de estas cuatro décadas ha sido el ataque directo contra los pilares de la democracia costarricense: la educación pública y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Educación en quiebra: El presupuesto educativo se ha recortado a niveles históricos, violando flagrantemente el mandato constitucional del 8%. Hoy tenemos escuelas con órdenes sanitarias y universidades públicas bajo constante amenaza presupuestaria y cierres de centros regionales.

Un pueblo sin educación es un pueblo fácil de manipular.

Salud debilitada: La CCSS ha sido ahogada financieramente por los sucesivos gobiernos, incluyendo el actual, mediante la corrupción, el derroche y una sistemática asfixia de sus finanzas. Al colapsar los servicios y extenderse las listas de espera, se obliga a la gente sencilla a pagar clínicas privadas o a morir esperando una cita. De esta forma, convierten la salud en un lujo de consumo; una mercancía con diferentes precios según la capacidad de pago y la calidad de los especialistas.

5. El gobierno actual: El heredero neoliberal con disfraz de rebelde

La administración de Rodrigo Chaves Robles y Laura Fernández Delgado han sabido explotar el enojo legítimo de la población hacia las cúpulas del PLN, el PUSC y el PAC. Su estrategia en redes sociales es efectiva: ataca violentamente a los actores políticos y funcionarios del pasado para proyectar una imagen de «rebelde» o reformador. Pero no es ni más ni menos que un político neoliberal, populista y autoritario.

Pero observemos las acciones y no los gritos.

En materia económica, este gobierno es un alumno excelente de Óscar Arias y de la Unión Costarricense de Cámaras y Asociaciones del Sector Empresarial Privado (UCCAEP).

Su receta es la misma de siempre: recortes profundos a los programas sociales, debilitamiento de la institucionalidad, ataques a la libertad de prensa y un favorecimiento descarado a los grandes grupos financieros. No hay ruptura; hay una profundización del capitalismo salvaje mediante un estilo autoritario de gritería e insultos.

A esto se suma el ataque sistemático al Poder Judicial, la Sala Constitucional (Sala IV) y la Fiscalía General, motivado por las centenas de denuncias judiciales que pesan sobre diputados, ministros, exministros y el propio exmandatario y el debilitamiento de los recursos para combatir eficazmente el crimen organizado.

6. Para recuperar el futuro: Urge la organización y la movilización nacional

Nos están dejando una Costa Rica sin memoria y con una «vida útil» muy corta para las mayorías. La corrupción y la pérdida de libertades no son casualidad; son el resultado directo de este modelo neoliberal que cumple 40 años en este 2026.

La juventud no puede quedarse como espectadora en las redes sociales mientras le desmantelan el país que se construyó con tanto esfuerzo en el siglo XX. La única forma de frenar este régimen neoliberal y autoritario es la organización popular. Necesitamos rescatar la democracia social, la que pone al ser humano por encima del mercado. Es hora de despertar, recordar de dónde venimos y reclamar el futuro que nos quieren robar.

Es un deber ineludible de las juventudes de hoy, defender los derechos, las garantías sociales, las garantías individuales y el Estado social y democrático de derecho que conquistaron nuestros padres y abuelos.

¡A luchar! La democracia de la calle es el camino.

*Nota: Instituciones Públicas desmanteladas o en proceso: C.C.S.S., universidades públicas, ICE, INS, AyA, Ferrocarriles al Pacífico y al Atlántico, C.N.P., todas, patrimonio del pueblo de Costa Rica.

Desde la trinchera del arte, las ideas, la cultura y la canción

Pasajes de una historia del Movimiento de la Nueva Canción, el Frente Cultural de la Juventud Vanguardista Costarricense.

Lenin Chacón Vargas
Secretario general de la Juventud Vanguardista Costarricense (1974-1980)

Ver la foto del semanario Libertad del homenaje a Emilia Prieto en La Casona del Higuerón, en 1976, me motivó a escribir estos recuerdos, que son memoria-historia para nunca olvidar.

Para comprender el origen del Movimiento de la Nueva Canción de Costa Rica de los años setenta, es indispensable desviar la mirada de los despachos oficiales y fijarla en los salones de la JVC, en los centros de proyección cultural en Montes de Oca, donde la juventud organizada decidió que la revolución social no solo se escribía en panfletos o manifiestos obreros, sino que también se cantaba, se proyectaba en pantallas improvisadas y se esculpía en madera.

Entre 1974 y 1980, durante mis años al frente de la Secretaría General de la Juventud Vanguardista Costarricense (JVC), tuvimos la certeza histórica de que la política sin cultura carecía de alma y de que el arte sin conciencia de clase carecía de contenido. Comprendíamos que el arte es revolución y que revolución sin arte no es revolución. Fue así como articulamos una red orgánica de resistencia y acción que, por casualidades de la vida y de la lucha, convirtió al cantón en un epicentro de la vanguardia de la Nueva Canción.

La Casona del Higuerón

Dentro de esta arquitectura cultural de masas, La Casona del Higuerón no era simplemente un restaurante o una peña informal; era una trinchera del Frente Cultural de la JVC. Gerenciada por el camarada Mario Blanco Barrantes y apuntalada por el sudor y la disciplina militante del obrero Gerardo Vegas, La Casona lograba materializar semanalmente la alianza obrero-estudiantil-intelectual y artística. En sus mesas se sentaban los muchachos de la Universidad de Costa Rica a debatir sobre política, arte y acción junto a trabajadores de las fábricas y de la cultura, sindicalistas, escritores e intelectuales.

Cada semana, durante años, las luces de La Casona se atenuaban para dar paso a los cineforos. No proyectábamos para el mero entretenimiento; el cine era un detonante ideológico, una ventana para discutir las realidades de la América Latina ensangrentada por las dictaduras y las promesas de liberación de los pueblos. Al terminar las cintas, las tertulias se ponían en marcha y se extendían hasta la madrugada entre creadores, militantes e intelectuales orgánicos, amalgamando la teoría política con la sensibilidad artística. El restaurante de la Casona era dirigido con la exquisita cuchara de comidas muy ticas de Magda Artavia. El teatro de La Casona fue diseñado por el actor, cineasta y dramaturgo Óscar Castillo Herrera.

CECUPO y el CAI

La Casona del Higuerón no operaba de manera aislada; formaba parte de un engranaje mayor concebido desde la JVC. En 1974 abrimos las puertas del Centro de Cultura Popular (CECUPO) en San Pedro de Montes de Oca. Aquella casa amplia, que en algún tiempo fue casa de monjas, se transformó de inmediato en el cuartel general de las organizaciones culturales alternativas: albergaba oficinas, una pequeña sala de teatro, zonas de ensayo y la trastienda de la Discoteca del Arte Popular (DIAP), desde donde distribuíamos la música que los medios comerciales censuraban de manera sistemática.

En estrecha alianza con el CECUPO, la Coordinadora de Artistas e Intelectuales (CAI) agrupó a las mentes más lúcidas y comprometidas de la época. Al frente de la Coordinadora estuvo el entrañable cineasta Víctor Vega, un creador que con su mirada documental y punzante capturaba las profundas contradicciones de nuestra sociedad. Que un realizador de su talla presidiera la CAI demostraba el imán que significaba la JVC para la intelectualidad costarricense: el arte ya no pertenecía a las élites académicas, sino que se ponía al servicio de las bases populares.

La Nueva Canción y el homenaje de 1976

Fue precisamente al calor de esta red como se impulsó el Movimiento de la Nueva Canción Costarricense. La Nueva Canción, nacida de la mano de la JVC y bajo la tutela intelectual de Emilia Prieto, despertó conciencias. Doña Emilia fue nuestra brújula: con su agudo sentido crítico, su buen humor y su incansable labor de rescate de las tonadas campesinas, nos enseñó que el folclor del Valle Central era un espacio de resistencia cultural indígena y mestiza frente a la penetración cultural extranjera. Dionisio Cabal aprendió y heredó de ella ese oficio, lo hizo suyo y nos dejó una gran obra.

El punto culminante de esta simbiosis se vivió en 1976 en La Casona del Higuerón. Organizamos un homenaje a la compañera Emilia que quedó grabado de forma indeleble en la historia. Ella no acudió como una espectadora pasiva a recibir un pergamino protocolario; subió a la tarima con los jóvenes para ser parte activa del concierto, rompiendo las distancias generacionales con su guitarra y su palabra militante.

Esa noche, los grupos musicales unieron sus voces. El grupo Tayacán (Luis Enrique Mejía, Orlando Gamboa, Rubén Pagura, Joaquín Rodríguez, Rafa Acosta), el conjunto Erome, guiado por los hermanos Monestel; el cuarteto Viva Voz, con Marisol Carballo; Dionisio Cabal, los hermanos Mena y la solista Alejandra entonaron sus acordes como un tributo vivo a la maestra. En la primera fila, a la derecha, destacaba un muchacho de mirada limpia y guitarra firme: Manuel Monestel, junto a su hermano Bernal Monestel y sus otros compañeros de Erome. Ver a Manuel en esa fotografía de 1976 es recordar el germen de un compromiso inquebrantable. Manuel siguió los consejos y el ejemplo de Emilia, y ha dedicado su vida al rescate e investigación del arte musical y poético de nuestra población afrodescendiente del Caribe. Su andar coherente —ideales y acción—, que el país reconocería con el Premio Nacional de Cultura Magón, comenzó en aquellas peñas solidarias de La Casona y en los festivales de la época. Manuel sigue siendo el mismo muchacho de aquella fotografía, activo y altivo. Esta crónica no estaría completa sin evocar el espíritu de la maravillosa década de los setenta, que recibió un impulso poderoso cuando, por invitación de la JVC, Víctor Jara, el cantautor chileno miembro del Comité Central de las Juventudes Comunistas de Chile, llegó a Costa Rica en noviembre de 1971. Dio conciertos, sostuvo reuniones de intercambio y regaló a la JVC una matriz de su disco Pongo en tus manos abiertas, que poco tiempo después editamos con el sello disquero de la JVC, la Discoteca del Arte Popular (DIAP). Se iniciaba así una época dorada de agitación cultural, trova, compromiso social y luchas unitarias juveniles en Costa Rica.

Víctor Jara en Costa Rica, noviembre de 1971. De izquierda a derecha Lenin Chacón, secretario de Cultura de la JVC 1970-1973; Gilberto Calvo, secretario de Relaciones Internacionales; Víctor Jara, cantautor de Chile; Vladimir de la Cruz.

Al hojear las páginas del periódico Libertad de 1976, resulta imposible no conmoverse ante el homenaje a la entrañable Emilia Prieto, cuya guía inspiró a toda una generación a mirar hacia nuestras raíces.

Es justo y necesario honrar la memoria y el legado de cada una de las voces que aparecen en esta foto del tiempo. Queremos rendir un tributo profundo a todas y todos los cantantes que, con su guitarra y su voz, desafiaron al silencio. Entre ellos, expresamos un agradecimiento muy especial a Manuel Monestel, recientemente galardonado con el prestigioso Premio Nacional de Cultura Magón, quien transformó el calipso y la música caribeña en un pilar inamovible de nuestra identidad nacional. A él, y a cada artista que puso su talento al servicio de la cultura en esos años revolucionarios, les dedicamos este recuerdo imperecedero.

Al rememorar el periodo 1974-1980, nos queda la certeza de que La Casona del Higuerón y la red cultural nacional, incluido el zonal de la cultura con más de diez comités de base de la JVC, cumplieron su misión histórica. No fuimos vencidos por el olvido. Aquellos jóvenes de la fotografía, guiados por el faro de Emilia Prieto y arropados por la mística revolucionaria, sembraron una semilla musical, poética y política que sigue floreciendo en la memoria colectiva de Costa Rica y en una nueva generación de intérpretes y cantautores presentes en todas las luchas sociales del pueblo y las juventudes de Costa Rica.

Fuimos parte, entre muchas y muchos, de este esfuerzo:

  • Lenin Chacón Vargas: secretario general de la JVC (1974-1980). Conductor político y articulador de la red cultural de masas.
  • Emilia Prieto Tugores: artista, folclorista y militante. Matriz ideológica y guía fundacional del Movimiento de la Nueva Canción Costarricense.
  • Comité Zonal de Trabajadores de la Cultura de la JVC: del cual Luis Fernando Gómez fue secretario político durante varios años.
  • La Casona del Higuerón: centro cultural, restaurante y peña de la JVC. Sede de cineforos, tertulias semanales y conciertos de la Nueva Canción.
  • Mario Blanco Barrantes: militante y dirigente de la JVC. Gerente y organizador operativo de La Casona del Higuerón.
  • Gerardo Vegas: obrero militante y dirigente de la JVC. Asistente fundamental en la operación de La Casona.
  • CECUPO: Centro de Cultura Popular en San Pedro. Oficinas para organizaciones culturales, movimientos alternativos, teatro, ensayos y difusión musical.
  • CAI: Coordinadora de Artistas e Intelectuales. Frente orgánico que agrupó a creadores e intelectuales comprometidos con las luchas populares.
  • Víctor Vega: destacado cineasta de corte social y director documental. Presidente de la Coordinadora de Artistas e Intelectuales (CAI).
  • Carmen Naranjo: ministra de Cultura. Propició la apertura democrática, el respeto institucional y el reconocimiento de la red cultural popular.
  • Tayacán, Erome, Viva Voz, Alejandra: conjuntos y cantautores juveniles de la JVC que impulsaron la Nueva Canción y protagonizaron el histórico homenaje de 1976. Con la destacada participación de Luis Enrique Mejía Godoy, Dionisio Cabal Antillón, Marisol Carballo, Orlando Gamboa Guzmán y Bernal Monestel.
  • Manuel Monestel: joven integrante de Erome. Dedica su vida al rescate y difusión de la música afrodescendiente del Caribe; galardonado con el Premio Magón.

Lenin Chacón Vargas
Moravia, Costa Rica, octubre de 2026

¡Por el rescate de nuestra Patria, del Estado Social de Derecho!

Lenin Chacón Vargas

Por una democracia avanzada. Nuestra prioridad es Costa Rica. Dejemos de lado los desacuerdos que nos dividen.

Nos corresponde concentrar las fuerzas en nuestra propia tierra para superar el régimen neoliberal y autoritario actual. No el del pasado, sino el de hoy, el que representan Rodrigo Chaves Robles y la presidenta Laura Fernández Delgado.

Urge una lectura real del presente

Esto requiere que las izquierdas, el progresismo democrático y los sectores populares entendamos la realidad política y judicial de hoy, con sus nuevos liderazgos y el reacomodo de fuerzas. Las élites que gobernaron entre 1986 y 2022 ya hicieron su daño destruyendo el Estado Social de Derecho mutilando la democracia y las libertades republicanas; los liderazgos del oficialismo de hoy vienen a dar la estocada final. Vienen a privatizarlo todo, a desmantelar nuestras instituciones y a liquidar los programas sociales. Si lo permitimos, la salud, la educación pública, y la ayuda social se reducirán a limosnas, condenando a las personas más pobres a una mayor miseria.

Urge construir la unidad en la diversidad.

No podemos callar ante un régimen represivo que ataca al Poder Judicial, a la Contraloría y al Tribunal Supremo de Elecciones, mientras debilita los controles contra el crimen organizado y la corrupción. Frente a este atropello, la solución no es la división. Debemos unir fuerzas desde nuestras diferencias, organizarnos y activarnos hasta recuperar la democracia, las garantías sociales, y la justicia social. Y no permitir que nos arrebaten la jornada de las 8-8-8.

Debemos fortalecer y extender la red de organizaciones cívicas democráticas en todo el país.

La lucha es hoy. Mañana puede ser muy tarde.

“Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que la luz”. José Martí

¡Es hora de iluminar y asegurar un mejor futuro para Costa Rica!

26/09/26.

Memoria, resistencia. “Si nos olvidamos, nos ganan”

Por Lenin Chacón Vargas

Aquel memorable 6 de enero de 1973 amaneció con un aire denso sobre el Cementerio Obrero de San José. No era una fecha cualquiera. Se cumplían veinticinco años de uno de los crímenes más execrables de nuestra historia: el asesinato de los mártires del Codo del Diablo. Federico Picado, Tobías Vaglio, Lucio Ibarra, Octavio Sáenz, Narciso Sotomayor y Álvaro Aguilar. Seis nombres que quisieron borrar con sangre, pero que el pueblo trabajador grabó en su memoria.

Aquella mañana, un grupo de obreros, de hombres y mujeres militantes de Vanguardia Popular, con niñas y niños familiares, se congregaron frente al mausoleo de la Confederación de Trabajadores de Costa Rica, (C.T.C.R.) con una estructura escalonada de cinco niveles que se levanta imponente en el cementerio obrero, para rendir homenaje a los caídos. Y en primera línea, custodiadas por aquella marea humana de luchadores, dos niñas pequeñas encabezaban el acto solemne. Una de ellas es Yalena de la Cruz Figueroa. La otra, una pequeña cuya identidad se pierde en el tiempo, pero cuya presencia allí, en ese momento, tiene un peso simbólico que estremece. Ellas representaban el futuro por el que aquellos hombres y mujeres habían entregado todo. Ellas eran la prueba viviente de que la lucha continuaba.

La fotografía que comparto, con sus bordes ajados por el tiempo y papel periódico viejo que solo da la memoria, es mucho más que un documento familiar. Es un tesoro histórico. Es la prueba de que existimos, de que luchamos, de que resistimos. Cada vez que la veo, siento que el pasado me habla al oído con esa voz ronca de los que ya no están, pero cuya presencia se niega a desaparecer. Allí están, frente al mausoleo, un grupo de hombres y mujeres que escribieron con sudor, sangre y convicción algunas de las páginas más dignas del movimiento popular costarricense. Y en el centro de esa gesta, como una imagen que condensa todas las esperanzas y todas las contradicciones, esas dos niñas; no eran un adorno: eran el símbolo de que la semilla plantada por los mártires germinaba en las nuevas generaciones.

Recuerdo el ambiente en el cementerio aquel enero de 1973. La solemnidad del momento, el silencio respetuoso de los presentes, las palabras pronunciadas con voz firme y emocionada. Recuerdo las coronas de flores, los cantos, los puños en alto. Y recuerdo, sobre todo, la sensación de estar participando en algo mucho más grande que nosotros mismos. La lucha por la justicia social no es una tarea de un día ni de una generación. Es una carrera de relevos en la que cada uno aporta su esfuerzo, su sudor, su inteligencia y, a veces, su vida. Aquellos mártires del 48 habían entregado lo más preciado. Nosotros, los que vinimos después, teníamos la obligación de honrar su memoria y de continuar su obra. Y eso es lo que hicimos y hacemos con todas nuestras fuerzas y con todas nuestras limitaciones.

En la fotografía, de izquierda a derecha, los rostros se suceden como las páginas de un libro de historia. Allí está María Alfaro, abuelita de Rocío Alfaro, una mujer que seguramente cargaba sobre sus hombros el peso de muchas luchas y el cuidado de muchas generaciones. A su lado, un hombre cuya identidad no logro recordar con precisión, pero cuya presencia en ese grupo habla de una militancia anónima, de esos cientos de trabajadores que sostuvieron con su esfuerzo cotidiano la estructura del Partido. Luego, la figura inconfundible de Gonzalo Sierra Castillo, legendario comunista y dirigente sindical y campesino; su nombre solo basta para evocar una época entera de luchas bananeras, de huelgas en las plantaciones, de organización de los trabajadores del campo y de la ciudad. Sierra Castillo fue fundador y secretario general de la emblemática Confederación General de Trabajadores, la CGT, en los años 50 de dura clandestinidad y represión política y sindical, y su vida es un testimonio de coherencia y entrega; ¡cuántas historias guardo de él, de sus palabras encendidas, de su capacidad para mover a las masas con la sola fuerza de su convicción! Su recuerdo es inseparable de las gestas más importantes del movimiento obrero costarricense junto a Carlos Luis Fallas y Álvaro Montero Vega, líderes del movimiento sindical de obreros bananeros. No puedo dejar de recordar a Gonzalo Sierra -Sierrita como le decíamos en el Partido- aquel primero de mayo de 1962 en la tribuna y con su cabeza sangrando por una piedra que lanzaron los agresores del Movimientos Costa Rica Libre, grupo fascista de aquellos tiempos; aún herido, terminó su discurso y corrimos hacia él para darle abrazo y cerciorarnos de que la herida no fuera de gravedad; aun así, se le llevó para darle la correspondiente atención médica, mientras nos dispersamos bajo la lluvia de piedras y palos de los fascistas. Ahí nació nuestro Juramento de que nunca más nos volverían a agarrar de sorpresa ni permitiríamos que nos volvieran a agredir sin una respuesta contundente de nuestra parte, como ocurrió el primero de mayo de1963 en las celebraciones del día del trabajador frente al Correo y la estatua de Juan Rafael Mora Porras.

Al lado de Sierrita, con esos anteojos de intelectual comprometido, está Francisco Gamboa. Su figura representa esa fusión indisoluble entre pensamiento y acción que caracterizó a los dirigentes comunistas de su generación. Gamboa no solo leía y escribía; también organizaba, movilizaba, arriesgaba. Luego, vemos a Elmer Soto, cuyo nombre resuena en los anales de la lucha obrera sindical; y, a su izquierda, la insigne militante de los barrios del sur, Pamela, quien siempre nos acompañaba a las luchas juveniles de la época. Más atrás, en esa segunda fila que la fotografía captura con cierta penumbra, se adivinan las figuras del linotipista obrero de la Imprenta Elena y de un zapatero de Cristo Rey. El linotipista: ese trabajador de la palabra impresa. El zapatero de Cristo Rey, un barrio de trabajadores, un hombre que cosía zapatos y que en su taller humilde discutía política y organizaba a sus vecinos: Leymer, cuyo nombre propio se ha perdido pero cuya presencia en ese grupo testifica que él siempre estaba en la primera línea. Y Edwin Calderón, el abuelito-padre de Yalena; él está allí como siempre, en los actos de calle que se organizaban; con él me identificaba plenamente y cumplía muchas tareas. Edwin no fue un espectador; fue parte de esa dirigencia que sostuvo el acto, que organizó el homenaje, que mantuvo viva la memoria de los caídos. Y más a la derecha, completando el grupo, vemos a Manuel Moscoa y a Eliécer Sánchez -el Tigre, como le llamábamos-, cuyos nombres se suman a esta constelación de luchadores.

Todos ellos, en su conjunto, representan el músculo trabajador de una Costa Rica que muchas veces se empeña en olvidar sus raíces. Pero la fotografía está ahí para recordarnos que la historia no la hacen solo los grandes personajes de los libros oficiales. La hacen también los linotipistas, los zapateros, los campesinos, las amas de casa, los sindicalistas, los intelectuales comprometidos. La hacen esos hombres y mujeres que un día decidieron que la dignidad no se negocia y que la solidaridad es la ternura de los pueblos.

El acto en el Cementerio Obrero, frente al mausoleo de la C.T.C. R, fue mucho más que una ceremonia. Fue un acto de resistencia. En una época en la que el movimiento popular era perseguido, en la que las ideas de izquierda eran estigmatizadas y criminalizadas, reunirse para honrar a los mártires del Codo del Diablo era un gesto de valentía y una afirmación de soberanía popular. El Partido Vanguardia Popular, junto a otras organizaciones sindicales y campesinas, mantenía encendida la llama de la memoria hasta el día de hoy. Y en el centro de ese acto, como una imagen que condensa todas las esperanzas y todas las contradicciones, estaban esas dos niñas que encabezaban el homenaje: no eran un adorno sino el símbolo de que la lucha continuaba, de que la utopía seguía viva, de que la semilla plantada por los mártires germinaba en las nuevas generaciones.

Hoy, cuando miro esta fotografía restaurada, cuando recuerdo esos rostros queridos, esos rostros de compañeros y compañeras que ya no están, siento una mezcla de nostalgia y de orgullo. Nostalgia por los tiempos vividos, por las luchas compartidas, por las esperanzas que nos animaban. Orgullo por haber formado parte de esa gesta, por haber conocido a esos hombres y mujeres, por haber aprendido de ellos el valor de la solidaridad y la importancia de no claudicar nunca. La restauración de la imagen, ese trabajo paciente de limpiar las arrugas del papel, de aclarar las sombras, de devolverle la nitidez a los rostros, es una metáfora de lo que debemos hacer con nuestra memoria histórica. No se trata de alterar la realidad, de inventar lo que no fue, de embellecer el pasado para hacerlo más digerible. Se trata de limpiar el polvo del olvido, de iluminar las zonas oscuras, de permitir que las nuevas generaciones puedan ver con claridad lo que sus abuelos y abuelas hicieron por ellos. La fotografía no es solo un documento familiar. Es un documento histórico. Es la prueba de que existimos, de que luchamos, de que resistimos. Es la prueba de que la clase trabajadora costarricense tiene una historia digna de ser contada y honrada.

Bien podemos afirmar que la Costa Rica de hoy se construyó sobre las luchas de hombres y mujeres que no se resignaron a la injusticia. Se construyó sobre la sangre de los mártires del Codo del Diablo y sobre el sudor de los trabajadores del campo y de la ciudad.

Las niñas de la fotografía crecieron. La vida siguió su curso, con sus alegrías y sus dolores, con sus triunfos y sus derrotas. Pero aquel momento quedó grabado para siempre. El mausoleo de la C.T.C.R. sigue en pie en el Cementerio Obrero, Los nombres de los mártires del Codo del Diablo siguen resonando en los actos conmemorativos, y hoy tengo la certeza de que sus nombres y ejemplo viven en el corazón de miles de costarricenses y jóvenes, y que la lucha continúa. De hecho, nuevas generaciones de jóvenes junto a veteranos luchadores nos reunimos todos los años -el 18 de diciembre- para recordarles y rendirles el homenaje que siempre merecen, recordando que la lucha continua por la dignidad, la solidaridad, la justicia social, la democracia, las libertades republicanas y la soberanía popular Esos principios no caducan: son la brújula que nos orienta en medio de las tormentas de la historia, y hoy más que nunca frente a un Gobierno autoritario que pretende imponer un régimen dictatorial.

Al escribir estas memorias, al reconstruir estos recuerdos, siento que cumplo con un deber. El deber de transmitir a las nuevas generaciones la verdad de lo que fuimos y de lo que seguimos siendo. El deber de decirles que la Costa Rica de hoy, con sus contradicciones y sus desigualdades, no surgió de la nada. Se construyó sobre las luchas de hombres y mujeres que no se resignaron a la injusticia. Se construyó sobre la sangre de los mártires del Codo del Diablo y sobre el sudor de los trabajadores del campo y de la ciudad. Se construyó sobre la convicción patriótica de que otro mundo es posible. Esa convicción sigue viva. La utopía sigue viva. Y mientras haya memoria, mientras haya lucha, mientras haya esperanza, la llama de aquellos hombres y mujeres seguirá iluminando el camino.

Aquella fotografía en blanco y negro, con rostros queridos y su mausoleo imponente, es mucho más que un recuerdo. Es un legado. Es una herencia que recibo con humildad y que procuro transmitir con pasión. Es la prueba de que la vida vale la pena cuando se vive al servicio de los demás. Es la prueba de que la historia la escriben los pueblos cuando se atreven a soñar y a luchar. Es la prueba de que, a pesar de todo, la dignidad humana es indestructible. Por eso la guardo con celo. Por eso la comparto con orgullo. Por eso la defiendo con firmeza. Porque en ella están mis raíces, mi historia, mi gente. Y porque en ella está, también, el futuro que queremos construir. La memoria es un arma de liberación. La memoria es un acto de amor. La memoria es la victoria sobre el olvido. Y nosotros, los que tenemos la dicha de recordar, tenemos la responsabilidad de contarlo. Para que otros sepan. Para que otros luchen. Para que otros sueñen.

La historia oficial ha intentado borrar la verdad sobre el Codo del Diablo, sobre el Pacto de Ochomogo, sobre la traición de Figueres y Benjamín Núñez. Han mutilado páginas de la Cartilla Histórica. Han deformado los hechos. Han presentado a los vencidos como verdugos y a los verdugos como héroes. Pero la verdad se abre paso. La verdad está en esta fotografía. La verdad está en los nombres de los mártires. La verdad está en la memoria del pueblo trabajador. ¡Basta de medias verdades! Exigimos que se publique la historia completa, la de los vencidos y la de los vencedores. Las nuevas generaciones tienen derecho a saber que la «historia oficial» se construyó sobre la exclusión y el engaño. Tienen derecho a saber que el Pacto de Ochomogo fue un pacto por la paz, respeto a las garantías sociales, respeto a la vida, al derecho ajeno, negociado y acordado entre Manuel Mora Valverde, Carlos Luis Fallas (Calufa), José Figueres Ferrer y el presbítero Benjamín Núñez. Tienen derecho a saber que Figueres firmó y luego traicionó. Tienen derecho a saber que apenas un mes después de tomar el poder, tiró estos acuerdos a la basura y desató la respuesta de sangre: el crimen del Codo del Diablo, la persecución, la cárcel, centenares de presos políticos, el exilio de Manuel Mora, de Carmen Lyra y de centenares más.

No olvidaré la imagen de aquellos hombres y mujeres en el Cementerio Obrero. No olvidaré a Gonzalo Sierra Castillo, a Francisco Gamboa, a Elmer Soto, al linotipista, al zapatero de Cristo Rey, a Leymer, a Manuel Moscoa, a Eliécer Sánchez. No olvidaré a María Alfaro, a Rocío Alfaro, a las dos niñas. No olvidaré a Edwin Calderón. No olvidaré el mausoleo de la C.T.C.R., con sus cinco niveles escalonados, con sus inscripciones borroneadas por el tiempo. No olvidaré la fecha: enero de 1973, veinticinco años después del crimen. No olvidaré el silencio respetuoso, los cantos, los puños en alto. No olvidaré la sensación de estar participando en algo mucho más grande que nosotros mismos.

La lucha continúa. La persecución y agresión de las fuerzas policíacas antimotines a las luchas de obreros, campesinos, estudiantes y mujeres no cesa hasta nuestros días. Pero tampoco cesa nuestra resistencia. Tampoco cesa nuestra organización. Tampoco cesa nuestra esperanza. La memoria es un arma de liberación. La memoria es un acto de amor. La memoria es la victoria sobre el olvido. Y nosotros, los que tenemos la dicha de recordar, tenemos la responsabilidad de contarlo. Para que otros sepan. Para que otros luchen. Para que otros sueñen.

Imagen:
Foto original del mausoleo compartida por Yalena de la Cruz Figueroa (archivo familiar). Se acompaña de la misma imagen restaurada.

Colaboró en digitalizacion: Luana Jiménez..

De ALCOA al FEES

Lenin Chacón Vargas

Presupuesto para las universidades públicas

El 24 de abril de 1970 estalló una decisión colectiva en defensa de la soberanía nacional. Aquellas jornadas patrióticas contra el contrato ley ALCOA-Estado costarricense no le pertenecen a ningún grupo político; quien así lo crea, peca de pedante e ignora la realidad de aquel día, de aquella gesta.

Fue el resultado de muchos días y muchos meses y de la forja de la unión de 81 organizaciones que entendieron que la patria no se entrega, que los recursos naturales y la soberanía se defienden en la calle. Esa jornada gloriosa fue la expresión máxima de estudiantes y trabajadores en defensa de la bauxita, el agua, la ecología y los pueblos originarios, frente a un contrato que pretendía hipotecar el futuro de las nuevas generaciones.

Esa memoria hoy respira en mí a través de los rostros de quienes entonces éramos adolescentes y jóvenes. Me conmueve recordar a compañeras como Ana Lupita Mora y Macarena Barahona, del Colegio Nuestra Señora de Sion, quienes tras debatir en las aulas decidieron lanzarse a las calles. Pienso en Marielos Azofeifa, del Samuel Sáenz, y en Melania Guevara, del Colegio Superior de Señoritas. En mis recuerdos aún veo desfilar a miles de estudiantes que rompieron esquemas, marchando con orgullo con sus uniformes y desafiando las amenazas de las autoridades.

Recuerdo especialmente la valentía en secundaria. Tras la expulsión de Fernando Ugalde, presidente del Liceo de Costa Rica, Manuel Gamboa Asch asumió el liderazgo con una madurez asombrosa, junto a Héctor Ferlini-Salazar, un secretario estudiantil que apenas cursaba el segundo año. Éramos jóvenes, sí, pero estábamos llenos de convicción patriótica.

No olvido a Javier Prada, expulsado del Brenes Mesén por su beligerancia en la lucha; ni a “Pele” Lizano, el joven trabajador que caminó desde Granadilla para unirse al clamor nacional; ni el ímpetu de Fredy Garrido Dubón. Las voces de tantas y tantos que hoy decimos con orgullo «yo estuve ahí», son el cimiento de nuestra identidad patriótica.

Hoy, esa memoria nos recuerda: si en 1970 el recurso a defender era el suelo y la bauxita, hoy ese recurso es el talento humano, el pensamiento crítico y la investigación científica de nuestras universidades públicas. El paralelismo es absoluto. El recorte presupuestario al FEES, impulsado por la administración actual, representa una nueva forma de dominación que debilita nuestra soberanía intelectual y profesional. Desfinanciar la universidad pública es tan dañino hoy como lo habría sido aquel contrato transnacional: nos arrebata la riqueza del mañana para cubrir vacíos políticos del presente.

La historia me ha enseñado que el protagonismo estudiantil es vital. En el 70, sabíamos que luchábamos por el país que heredaríamos. Los estudiantes de hoy deben comprender que un justo presupuesto para el FEES no es un privilegio, sino la garantía de que cualquier joven, sea de zona rural o urbana, tenga un pupitre y un profesor esperándolo.

Nuestra lucha por un presupuesto justo trasciende ideologías; es un punto de encuentro nacional y un acto de civismo. Así como aquellas jóvenes de colegios católicos y públicos y universitarios se unieron en un solo puño, la juventud actual tiene el deber ineludible de movilizarse. Cuestionar al poder cuando atenta contra el bien común no es un «error de juventud»; es, como demostró mi generación, la forma más alta de patriotismo y en defensa del presente y futuro de las juventudes

¡Jóvenes, a luchar sin tregua por una mejor universidad y por un mejor país!

Aquel memorable 24 de abril de 1970

Lenin Chacón Vargas
24 de abril de 2026
(Fragmento de “Memorias de un Militante”)

Aquel memorable 24 de abril día cálido de verano, amaneció con un aire pesado, cargado de la electricidad que precede a las grandes tormentas. Sabía que ese día la Asamblea Legislativa decidiría sobre el contrato ALCOA- Estado.

San José no era la ciudad calma de siempre; era un hervidero de voluntades juveniles que venían desde todos los puntos cardinales. Mientras terminábamos de organizar los mítines en las escalinatas de la Catedral Metropolitana, el paisaje sonoro era sobrecogedor: a lo lejos, el incesante ruido de las sirenas de la Cruz Roja se mezclaba con el rin ran profundo de las campanas de la Catedral. Parecía que el bronce llamaba al combate, convocando a la conciencia de un pueblo que se negaba a ser entregado a pedazos a una transnacional.

Desde esas escalinatas, avanzamos en una marea humana hacia la Asamblea Legislativa. La consigna era una sola: «¡ALCOA NO!» y un cartel que elaboro y enarboló el compañero Raúl Casteñanos que decía: “Diputados ¿How $ $Much?

Raúl Casteñanos y José Manuel Cerdas creadores y portadores de ese cartel

Pero tras los muros del Castillo Azul y el edificio legislativo, la sordera del poder era absoluta. Cuando se filtró la noticia de que los diputados habían aprobado el contrato-ley, la indignación rompió todos los diques.

La respuesta a la violencia institucional fue un estallido de furia patriótica. Recuerdo el momento exacto en que la multitud, en un acto de rebeldía pura, se lanzó contra el antiguo edificio legislativo. La intención era clara: prenderle fuego a la estructura que acababa de traicionar la soberanía nacional. En medio del caos, las llamas lograron lamer y devorar algunas cortinas antes de que el violento desalojo policial nos empujara de nuevo hacia la calle.

La Avenida Central se transformó de inmediato. En cuestión de minutos, la arteria principal de la capital se llenó de barricadas improvisadas. Enfrentamos a la policía antimotines bajo una lluvia de piedras y un aire irrespirable; los gases lacrimógenos formaban nubes densas que obligaban a retroceder, pero la moral seguía intacta.

La represión fue encarnizada. Centenares de compañeros fueron arrastrados a las celdas. Entre los presos estaba Francisco Barahona Riera entonces presidente de la Federación de Estudiantes de la UCR (FEUCR), cuya detención se convirtió en un símbolo de la lucha estudiantil. No olvidaré la imagen del poeta Alfonso Chase Brenes quien fue golpeado sin piedad por la fuerza pública y llevado entre varios policías al cajón de la patrulla junto a tantos otros que esa tarde pusieron el cuerpo por el país. Ni olvido la imagen de los estudiantes Manuel Picado Gómez arrastrado entre 6 policías y la de Manuel Gamboa dirigente estudiantil del Liceo de Costa Rica de igual manera golpeado y encarcelado, José Picado en ese tiempo dirigente de la Juventud Revolucionaria Demócrata Cristiana desafiando en plena avenida central a los puños a un policía con máscara anti gas y garrote en mano para golpearlo.

Manuel Picado Gómez

El ensañamiento y la cárcel como castigo para luchadores sean estudiantes obreros, campesinos mujeres nunca cesó. Aquel viernes 24 de abril de 1970 no golpeó a todos por igual. Mientras la presión social lograba que la mayoría de los estudiantes fueran liberados al día siguiente, el sistema decidió dar un escarmiento ejemplarizante a quienes consideraba el núcleo más peligroso de nuestra resistencia: los obreros y las mujeres de vanguardia.

Jose Picado Lagos enfrenta a un policía

Fue en ese contexto de brutalidad selectiva donde el nombre de Ana Cecilia Hernández Bolaños militante de la Juventud Vanguardista se grabó con letras de oro en nuestra historia, detenida violentamente en medio del caos de la Avenida Central, Ana fue conducida a la Cárcel del Buen Pastor. Allí, en aquel presidio de mujeres, permaneció recluida durante quince días, convirtiéndose en el símbolo de la dignidad femenina, de mujer revolucionaria, frente a una represión que pretendía, en vano, doblegar su espíritu. Su encarcelamiento no fue un error, fue un mensaje del poder contra la mujer que decide militar y luchar. Ana por mucho tiempo dedicó su vida a la lucha por organizar a las mujeres desde la Alianza de Mujeres Costarricenses.

Del mismo modo, la saña estatal cayó con todo su peso sobre el movimiento sindical. Dos destacados líderes obreros, Carlos Blanco Cole y Rigoberto Sánchez, sufrieron una detención brutal. No fueron llevados a cualquier celda; los hundieron en las húmedas y oscuras celdas de la Antigua Penitenciaria Central.

Mientras las aulas universitarias recobraban a sus alumnos, Carlos y Rigoberto cumplían quince días de encierro tras los muros de «la Peni». Ese ensañamiento contra los obreros era la prueba de que el gobierno de Trejos entendía que la verdadera amenaza al contrato ALCOA era la alianza que habíamos forjado entre el pensamiento estudiantil y el músculo trabajador. Esa diferencia de trato en las liberaciones lejos de dividirnos nos unió más: aprendimos que en la Juventud Vanguardista la lealtad hacia nuestros cuadros obreros era sagrada.

Ese día, aunque el contrato se firmó, el espíritu de la Juventud Vanguardista, el movimiento estudiantil y del movimiento popular costarricenses salieron fortalecidos. Comprendimos que el fuego de las cortinas era apenas un reflejo del fuego interno de una generación que ya no aceptaría más falacias infames disfrazadas de democracia y que la lucha unitaria juvenil por la soberanía, la justicia y la solidaridad continuarían. Al recordar esos nombres de aquel 24 de abril, recuerdo y rindo homenaje muy conmovido a las estudiantes y los estudiantes de los colegios públicos y privados de secundaria las y los jóvenes universitarios a todas y todos los trabajadores y sindicatos que en todo el país se movilizaron con elevado espíritu Patriótico en defensa de la soberanía nacional. En la UCR se inauguró unos días después la Plaza 24 de Abril donde luce un pequeño monumento y una placa que nos recuerda aquella gesta de abril de 1970

La persecución y agresión de las fuerza policíaca antimotines a las luchas de obreros, campesinos, estudiantes y las mujeres no cesa hasta nuestros días.

Sigo recordando como desde aquel abril de jornadas patrióticas explosivas en las calles de nuestras ciudades pasamos a la construcción política, al crecimiento y consolidación de la organización juvenil en el territorio nacional. La represión del 24 de abril y la conducta abominable de la mayoría de las diputaciones al doblar la cerviz ante el poderoso pulpo imperialista; LA ALCOA, dejó una herida abierta, pero también una lección indeleble. Las detenciones masivas de figuras como Francisco Barahona Riera y la agresión al poeta Alfonso Chase Brenes, del dirigente estudiantil en aquel tiempo militante de la Juventud Revolucionaria Demócrata Cristiana José Picado Lagos, de Manuel Picado, Manuel Gamboa y de varios centenares de jóvenes patriotas fueron solo actos de fuerza bruta; fueron el reconocimiento implícito de que el poder le temía a esas nuevas alianzas que se forjaban entre estudiantes, jóvenes políticos de diferente pensamiento, poetas, obreros, campesinos : hombres y mujeres y que los largo de las siguientes décadas libramos importantes batallas y logramos conquistas: aumento del 6% presupuesto para las universidades, convenciones colectivas de obreros con la patronal, (huelga de obreros bananeros del Sur 1971) más democracia con la reforma del artículo 98 y la posterior inscripción legal del Partido de los Comunistas (PVP) y otras: Ley de Comunidad Estudiantil y un nuevo Código de Educación, Mayoría de Edad a la 18 años, voto directo y universal para elegir a los Dirigentes Estudiantiles de las Universidades y Colegios. 5 años más tarde en 1975 se aprueba la Ley para Abolir los Contratos Ley quedando al fin derogada la Ley que aprobó el contrato ALCOA -ESTADO.

En las celdas, entre el olor a sudor y el eco de los cerrojos, no hubo derrota. Al contrario, se gestó una reflexión profunda: la lucha por la libertad de los presos políticos se convirtió en nuestra primera gran victoria moral tras la firma del contrato ALCOA. Comprendimos que, si el sistema nos quería silenciar con el Artículo 98, la cárcel y la represión, nosotros responderíamos con una organización que ellos no pudieran destruir.

Fue así como la Juventud Vanguardista dio un salto cualitativo. En mi condición de secretario general, junto a Oscar Madrigal Jiménez secretario nacional de Organización y Ricardo Araya secretario de Finanzas, (éramos el secretariado de la JVC) y junto a dirigentes y militantes, hombres y mujeres en todo el país nos empeñamos en trasladar ese fuego de las barricadas de la Avenida Central y los entusiasmo de las jornadas patrióticas contra ALCOA a la cotidianidad de los barrios populares, las aulas estudiantiles, las fincas bananeras y las fábricas. Sabíamos que la revolución no se hacía solo con mítines en la Catedral o en el mercado central que frecuentábamos para expresar a toda voz las denuncias de las injusticias y los llamados a las luchas reivindicativas, sino con presencia y organización real donde el pueblo sufría las carencias del sistema., los barrios eran importantes en esos procesos

Marielos Giralt Bermúdez hace su discurso en el 10º aniversario de la lucha contra ALCOA. Fototeca histórica UCR.

Nuestra organización empezó a multiplicarse. Ya no solo estábamos en la Universidad de Costa Rica o en los colegios emblemáticos; se extendían los comités en los barrios del sur de San José, y por todo el país, en las barriadas de Alajuela y Heredia, Cartago y en los enclaves bananeros. La consigna era clara: luchar, organizar, estudiar, por la Revolución y una Patria nueva a partir de las reivindicaciones primarias por salario justo, techo, oportunidades, más aulas escolares, más presupuesto para la educación, cetros deportivos y recreativos de esa manera teníamos la convicción que avanzábamos a la revolución según los ideales socialistas que nos inspiraban. La vida política evoluciono. Nuevas generaciones levantan las mismas banderas de justicia y democracia y la convicción de que un mundo mejor es posible: la utopía sigue viva.

Prohibido olvidar

Lenin Chacón Vargas
Bagaces Guanacaste
22 de abril de 2026

EL Pacto de Ochomogo, fue un pacto por la paz, respeto a las garantías sociales, respeto a la vida, al derecho ajeno, lo negociaron y lo acordaron hace 78 años entre Manuel Mora Valverde -acompañado con Carlos Luis Fallas- José Figueres Ferrer, y el presbítero Benjamín Núñez en el Alto de Ochomogo. De un lado estaban las tropas figueristas preparando el asalto a San José y del otro unos 3.000 milicianos, obreras y campesinas comandados por Carlos Luis Fallas Sibaja.

El acuerdo para poner fin a la Guerra Civil de 1948 ha sido una verdad histórica deformada, tergiversada por la historia oficial y algunas voces desde la izquierda ex vanguardista.

Del Pacto de Ochomogo, abjuran y falsifican José Figueres y Benjamín Núñez en el libo “El Espíritu del 48”: que contiene la historia oficial, por demás está decir que los que ahí escribieron se lucieron a presentarnos leyendas, verdades a medias y soslayando hechos históricos.

Los hechos de la historia real demuestran cómo la paz en 1948 se logró con la palabra y la firma de los comunistas representados por Manuel Mora Valverde y se rompió con la traición, la mentira y el desprecio de los vencedores, representados por José Figueres y Benjamín Núñez

Se pactó la noche del 17 de abril de 1948, ante la amenaza de una batalla sangrienta en San José, Manuel Mora Valverde fue claro: “Yo voy donde esté Figueres a buscar una solución” y así lo hizo una noche llena de incertidumbres y peligros. En el Alto de Ochomogo, se detuvo la guerra. Manuel no llegó solo; contaba con el respaldo de 3,000 milicianos, obreros y campesinos bajo el mando de «Calufa», listos para defender San José y las garantías sociales y el Código de Trabajo o inmolarse.

Es lamentable leer cómo viejos camaradas de lucha y de armas han hecho de los testimonios falsos de Benjamín Núñez su verdad para lanzar diatribas contra la integridad de Manuel. Basta leer el epílogo del libro de Arnoldo Ferreto Segura “Gestación, consecuencias y desarrollo de los sucesos de 1948” con otros que se han hecho eco de las falacias de Arnoldo contra Manuel que lo considera traidor, oportunista y mentiroso, recogiendo así, las palabras de Benjamín en su testimonio y avaladas por Figueres en El Espíritu del 48.

Por esas razones me obligo a recordar cómo terminó la guerra civil y los acuerdos para que eso fuera posible:

Las Garantías: Lo que Figueres firmó y luego traicionó
El Ejército de Liberación Nacional, representado por Figueres, se comprometió por escrito a:

  1. Respeto absoluto a la vida: Garantizar la integridad de calderonistas y comunistas.

  2. Continuidad social: Mantener intactas las leyes sociales conquistadas por el pueblo.

  3. Libertad de organización: El reconocimiento y plenas garantías para el Partido Vanguardia Popular y sus organizaciones.

La gran estafa histórica
Apenas un mes después de tomar el poder,
Figueres tiró estos acuerdos a la basura. La respuesta fue sangre: crimen: El crimen del Codo del Diablo; persecución: cárcel, centenares de presos políticos; exilio: Manuel y Carmen Lyra obligados al exilio y centenares más. No sólo traicionaron el pacto, sino que han intentado borrar la verdad.

Incluso hoy, la Editorial UNED sigue vendiendo la «Cartilla Histórica» de Ricardo Fernández Guardia con 12 páginas mutiladas. ¿Qué ocultan? Ocultan la verdad sobre la renuncia de Teodoro Picado ante la amenaza de los marines yanquis y el incumplimiento de las promesas hechas al pueblo. El primer historiador narra la explicación de Teodoro Picado en la carta que dirige a Manuel y a Calderón Guardia cuando denuncia que “fuerzas incontrastables” le obligan a dimitir. La EUNED debería reparar el daño publicando una nueva edición de la Cartilla Histórica con todas las páginas mutiladas en tiempos en que Alberto Cañas era director de la EUNED.

¡Basta de medias verdades! Exigimos que se publique la historia completa, la de los vencidos y la de los vencedores. Las nuevas generaciones tienen derecho a saber que la «historia oficial» se construyó sobre la exclusión y el engaño.

Resumiendo:

El pacto entre el Ejército de Liberación Nacional y Vanguardia Popular se resumió en:

Inviolabilidad de la vida y bienes: Protección para todos los combatientes y dirigentes del bando vencido.

Vigencia de las Reformas Sociales: Compromiso de no derogar el Código de Trabajo ni las Garantías Sociales de 1943.

Reconocimiento Político: Garantía de que el Partido Vanguardia Popular seguiría operando legalmente (compromiso que fue roto poco después con la ilegalización del partido).

Y garantía de la vigencia de todas las Libertades Republicanas, libertades que fueron mutiladas como la libertad de sufragio, de prensa, de libre expresión, además de las libertades de libre sindicalización.

Manuel Mora Valverde y los comunistas: teoría y táctica para la revolución social en Costa Rica

Lenin Chacón Vargas

16 de junio 1931 – 16 de junio 2025. 94 años del Partido Comunista de Costa Rica

¿Fue Manuel Mora Valverde un reformista o un revolucionario consecuente?

Parte I

La teoría y táctica del Partido Comunista de Costa Rica

Para seguir la línea del pensamiento vivo de Manuel Mora Valverde, quiero recordar conceptos ideológicos explicados en junio de 1934, en una aguda y prolongada polémica en el Congreso de la República con el General Jorge Volio Jiménez, fundador del Partido Reformista y en la palabra de Manuel, podemos constatar, su clara comprensión sobre la importancia de luchar por reformas de diferente contenido y carácter, como parte de la táctica política, para avanzar en el propósito estratégico: la revolución por la que luchaban los comunistas en aquellos años, en claro enfrentamiento con el reformismo, que se queda anclado en el sistema económico y social que defiende el General Volio.

Manuel explica que, en la acción política, las reformas y la lucha por la revolución deben estar concatenadas, como procesos que no deben separarse, las reformas deben coadyuvar a la revolución social. Para darle coherencia y validez a esa táctica y estrategia, debe intervenir el Partido, usando todos sus medios para promover conciencia revolucionaria entre los diferentes sectores del pueblo, alentar su organización, asegurar el fortalecimiento de las organizaciones sociales y sindicales como aliadas seguras en la lucha revolucionaria.

En esas direcciones apuntó el pensamiento de Manuel y su trabajo parlamentario, unidos a la acción del Partido, de los sindicatos de trabajadores y de las organizaciones de campesinas. Eso fue así, en los intensos y acelerados acontecimientos de los años 40, que transformaron la vida nacional, cuando se conquistó mayor justicia, democracia política, cultural, social y económica, mayor justicia agraria para los campesinos y bienestar general para los trabajadores: garantías sociales, seguridad social, Caja Costarricense de Seguro Social, Universidad de Costa Rica, Código de Trabajo, Código Electoral, Ley de Fomento a la Producción, Ley de Inquilinato, entre muchas otras.

Esas reformas, convertidas en conquistas sociales, económicas y políticas, son el contenido esencial de la revolución social 1942-1948, que tuvo como desenlace la guerra civil de 1948, truncando la revolución que estaba en marcha. En 1945 se estableció un impuesto sobre el “ingreso” y para las elecciones de medio periodo se consolida la alianza de comunistas con el Gobierno de Teodoro Picado y para las elecciones de medio periodo de 1946. Esos acontecimientos despiertan aún más el malestar de la oposición, deciden entrar en una coalición Partido Social Demócrata y Partido Demócrata: Ulatismo y Figuerimo, Centro de Estudio para problemas nacionales y todo el conservadurismo en alianza a participar juntos en las elecciones de 1946 con los objetivos muy definidos según la plataforma del Partido Socialdemócrata:

1. Desplazar y excluir a los comunistas de la vida política

2. Poner fin al régimen de Calderón Guardia y Teodoro Picado

Ante la derrota en esas elecciones intensifican las acciones de calle y exigencia d de tomar el control sobre el Tribunal Electoral, lo que logran con la huelga de brazos caídos entre julio y agosto de 1947 a lo T. Picado cedió para poner fin a la huelga. El documento de arreglo no lo firman los comunistas. El Tribunal y el director de Padrón electoral quedaron en manos de la oposición. Desde donde se ejecuta el gran fraude electoral. Sobre este tema me extiendo en otro de mis artículos.

Parte II el partido, su tarea histórica

El Partido Comunista -aclara Manuel-, está “por el derrumbamiento efectivo de la organización social, refiriéndose a las relaciones económicas de producción capitalistas dominantes, con resabios semi feudales en las grandes haciendas agrícolas, ganaderas y compañías extranjeras”.

“El Partido -dice Manuel-, sus miembros, conocen exactamente su posición dentro del movimiento social contemporáneo, conocen de dónde vienen y para dónde van, porque el Partido Comunista coloca las jornadas eleccionarias en un plano secundario de la lucha y en cambio, coloca en primer plano la capacitación de las masas obreras para el derrumbamiento efectivo de la actual organización social”.

El comunismo y el reformismo se diferencian en que el reformismo, bajo la careta de tácticas distintas, es el mejor aliado que tiene el capitalismo. El reformismo dice que la redención de los trabajadores puede obtenerse paulatinamente esperando a que los capitalistas hagan concesiones; el comunismo sostiene que esas concesiones hay que arrancarlas al capitalismo.

El marxismo exige al Partido Comunista de cada país estudiar su propia realidad y proceder de acuerdo con ella. Precisamente en eso se diferencia el marxismo del idealismo. El marxismo es realista y no podría cometer la tontería de proceder de acuerdo con realidades supuestas, porque entonces iría al fracaso. El Marxismo Leninismo no es un dogma es una guía para la acción política. Su aplicación ortodoxa como un recetario lleva al dogmatismo, al sectarismo, se convierte en una especie de religión.

“Un Partido debe ser una agrupación bien unificada en la consecución de ideales precisos, y capaz de actuar con una táctica.”

Así, Manuel define las líneas generales de lo que ha de ser el Partido y la lucha por los ideales de la revolución que pregona.

En ese mismo discurso enfrentado a los ataques del Reformista Jorge Volio, define la posición de los comunistas frente a la propiedad privada, sobre la libertad, la religión, la moral, la democracia, la lucha de clases, el concepto de Patria, de Pueblo; en ese discurso, expone lineamientos esenciales del marxismo-leninismo. Deja claramente definidas las diferencias entre el pensamiento revolucionario y el reformista, expone la posición de los comunistas por transformar el sistema capitalista y construir mediante un proceso de lucha continua por la democracia, la justicia y el socialismo, frente al Reformismo que solo busca perpetuar el sistema capitalista.

En consecuencia, los comunistas propugnan un socialismo democrático, proclaman una sociedad de bienestar de vida digna para los diferentes sectores del pueblo trabajador, una democratización de la propiedad sobre los bienes de producción, y una distribución justa sobre la tenencia de la tierra, de la producción y la riqueza nacional. Una política tributaria en la que el rico pague como rico y el pobre como pobre.

Manuel sigue en su discurso y denuncia que, “Los supuestos defensores de la democracia en Costa Rica (se refiere a los diputados de los partidos burgueses de la oligarquía) están amontonando sobre ella, teorías y argumentaciones absurdas y le van a asfixiar, le van a dar muerte. Cuando el pueblo les diga: “¿dónde está la democracia cuya defensa os encomendé?” Ellos le mostrarán al pueblo el cadáver de la democracia”. (Discursos MMV, pág. 87).

Como realmente ocurrió después de la Guerra Civil de 1948 con la instauración de una dictadura, autoproclamada II República, entre mayo de 1948 y noviembre de 1949, periodo para el cual dicho régimen creo los “Tribunales de Probidad y de sanciones inmediatas” para perseguir y procesar a los vencidos, se mutilaron libertades republicanas, ilegalizaron y reprimieron a los comunistas, tal cual era un objetivo principal del pacto Figueres – Ulate. Y jamás la pureza del sufragio, lo que quedó claro con el fraude perpetrado por ellos en febrero de 1948 y posteriormente la ilegalización y persecución del Partido Vanguardia Popular y sus militantes (decreto 105 de José Figueres y el artículo 98 de la constitución política).

En la posguerra vinieron largos y complicados días y años de lucha por las libertades públicas y republicanas, de luchas intensas por la libertad de sufragio y por la democracia política en las que Manuel, como el que más, juega un papel de primer orden.

Cualquiera que haga un repaso sobre la historia política de Costa Rica 1948– 1976, puede darse cuenta de que quienes más lucharon por la defensa y ampliación del régimen democrático fueron los comunistas con Manuel Mora al frente.

Continua Manuel, “La burguesía rompió la organización feudal, la de los príncipes y los barones de sangre azul, bajo las consignas de libertad, igualdad, fraternidad.

Esas consignas les sirvieron de base y ahora les sirven de estorbo, porque, aunque sea en una mínima parte, la clase antagónica las aprovecha pues, para destruirlas.” (Discursos MMV, pág. 27)

Eso fue lo que hicieron en los 18 meses del régimen Figuerista, desde mayo de 1948 a noviembre de 1949. La Libertad, la igualdad, la fraternidad les estorbó siempre como sucede en la actualidad, en que las clases dominantes con sus cámaras patronales, el Poder Ejecutivo y la mayoría de parlamentarios se esmeran en destruir las libertades públicas. La “igualdad” es decir el Estado social democrático de derecho, y la “fraternidad”, en sus políticas mezquinas y leyes injustas, orientadas a descargar el peso de las crisis sobre las espaldas de la clase trabajadora, de los asalariados, de los sin trabajo, de los pobres, de los desposeídos.

Parte III Revolución versus Reformismo

En ese debate político e ideológico que se desarrolla en el Parlamento sobre

Revolución versus Reformismo, Manuel expone su posición sobre el Reformismo, que encarnaba el General Jorge Volio, lo hace de una manera sencilla y al mismo tiempo profunda, “¿Qué es la Revolución Social?” se pregunta Manuel y continua: Quiero aclarar el concepto de revolución social que yo he usado en esta Cámara y que tanto ha escandalizado a unos cuantos señores ignorantes a pesar de ser jefes de partido, que aquí se sientan. Y lo aclaro, no porque me interese el error de esos señores, sino porque ese error ha trascendido a un sector de la clase obrera en forma desorientadora; y orientar a la masa obrera sí es importante para nosotros. Revolución social no significa para nosotros motín, ni cuartelazo. El motín o el cuartelazo podrían ser el comienzo o la culminación de la revolución social, pero no la revolución social. El cuartelazo, o se traduce en crimen improductivo o termina en el cambio de títeres que están al frente del Gobierno. La revolución debe tener una trascendencia más grande: debe transformar la estructura misma de la sociedad. Cuando una máquina está inutilizada, no va a funcionar bien con solo cambiarle de maquinista. Es necesario componer la máquina, transformarla quizá completamente. Pues la sociedad es una especie de máquina que en este momento está funcionando mal porque está totalmente desequilibrada en su mecanismo. Cambiar de gobernantes burgueses es cambiar de maquinistas. Nosotros queremos algo más efectivo que eso. El golpe de Estado produce un simple cambio de hombres; (verbigracia, José Figueres dio Golpe de Estado el presidente constitucional Teodoro Picado en marzo-abril de 1948). La revolución social tiene que producir un cambio total del régimen. La revolución social, en consecuencia, no se realiza con solo ganar el poder. Hay que llegar al cambio total del organismo social. Y aclaro más mis conceptos: en Rusia, por ejemplo, hace dieciséis años que el Partido Comunista tomó el poder. Sin embargo, nosotros no creemos que todavía esté realizada integralmente la revolución social en Rusia. Se está haciendo y se terminará. Es decir, que el golpe de estado bolchevique no es para nosotros la revolución verdadera en Rusia. Cada una de las medidas de carácter económico, científico, cultural, que posteriormente ha adoptado el Estado obrero ruso, (PODER DE LOS SOVIET) sí son pasos hacia la revolución social. Cuando en Rusia hayan sido abolidas todas las supervivencias del antiguo régimen, régimen inicuo de explotación y de muerte, entonces estará hecha la gran revolución. Es bueno que agregue lo siguiente: cuando se gestaba el golpe de estado bolchevique, el Partido Comunista ruso tuvo necesidad en muchas oportunidades de frenar los movimientos revolucionarios que espontáneamente se manifestaban en la masa. En Costa Rica, el mismo papel le ha tocado jugar al Partido Comunista en varias ocasiones. ¿Por qué? Porque nosotros no pretendemos simplemente tomar el poder como sí lo pretende el General Volio; si el poder no nos ha de permitir realizar los anhelos de la humanidad oprimida, no queremos el poder. Además, porque nosotros creemos que cada cosa tiene su oportunidad y que la toma del poder no se puede realizar cuando a los dirigentes de un partido se les ocurra, sino cuando las condiciones sociales, objetivas y subjetivas, lo exijan (cuando se den las condiciones de una situación revolucionaria según las enseñanzas de Vladimir I. Lenin). ¡Nosotros queremos la revolución social! Nosotros adversamos el charlatanismo cuartelario de que ha sido promotor en tantas ocasiones.”

Sus conceptos, serán una constante en el discurso de Manuel Mora y del Partido a lo largo de su militancia. Así definía Manuel el concepto Revolución, como luchar por ella y la necesidad de identificar los factores objetivos y subjetivos que deben valorarse para impulsar la revolución. Ese concepto esencial del pensamiento Leninista. Eso me lleva a reflexionar lo que vino después de la muerte de Vladimir l. Lenin el periodo no de una dictadura del proletariado, sino la dictadura de un hombre José Stalin.

Y pensar sobre el presente en las organizaciones populares de izquierda que conquistaron del Poder, proclamaron revoluciones, pero sin cambios revolucionarios. Razón lleva Manuel cuando nos recuerda que no basta el Poder.

Es evidente que Manuel, ya había estudiado a V. I. Lenin sobre la Teoría dela Revolución y sobre la situación revolucionaria.

Esos factores objetivos y subjetivos necesarios para la revolución se discutieron muchos años después de este discurso, en 1981, en el Comité Central del Partido, sobre los factores objetivos y subjetivos de la revolución, sobre la existencia o no de una situación revolucionara en la Costa Rica de los primeros años de la década de los 80. Las discusiones revelaron discrepancias sobre ese tema, que unidas a la decisión de un congreso para sustituir a Manuel Mora de la Secretaría General, tuvieron como desenlace la dramática división de los comunistas costarricenses.

La gestación, evolución y consecuencias de los acontecimientos que dividieron a los comunistas costarricenses, las abordo en un capítulo aparte de mis memorias militantes.

Esos conceptos de revolución y reformas, a lo largo de la vida del Partido formaron parte de los debates, las luchas y las discrepancias. Normal en la vida de un partido revolucionario. Pero cuando se imponen métodos de ordeno y mando que rebasan la democracia interna y no se organiza y abre el debate con amplia participación de las bases, conduce a la negación misma del centralismo democrático, imponiéndose el centralismo, negando la democracia, privando a las bases de participar del debate, mucho de eso sucedió en el Partido que había concebido Manuel y que construimos con sudor y sangre varias generaciones de comunistas, modelo que finalmente sucumbe.

El partido se creó para la lucha y para la revolución

En 1984, 50 años después de aquel discurso de Manuel, con un Partido dividido y debilitado, Manuel nos explica su pensamiento sobre revolución y reformas.

“Mi conciencia, forjada en los principios científicos del marxismo-leninismo, me permite aceptar que se me considere el fundador del Partido Comunista de Costa Rica. Permítaseme usar un símil para dar mayor claridad a mi pensamiento: imaginen que un grupo de muchachos se encuentran con un río y deciden atravesar sus aguas con conceptos que no son los tradicionales, pero que corresponden a los nuevos avances de la ciencia, sería absurdo decir que esos muchachos inventaron o cruzaron el río, para no decir que lo fundaron. Este Partido nuestro, es hijo legítimo de un largo y fecundo proceso histórico cuyos valores se hunden en la carne y en el espíritu de nuestro pueblo. Un grupo de obreros y estudiantes y yo personalmente vimos con claridad, hace cincuenta años, que había llegado la hora de que nuestro pueblo comenzara a concentrarse en la construcción de un nuevo régimen social.

Comprendimos desde el primer momento que la tarea no iba a ser fácil ni corta, que tendríamos que enfrentarnos en primer lugar, a la ignorancia de nuestras grandes masas populares, a una verdadera montaña de prejuicios sociales y filosóficos, al egoísmo sórdido de nuestras clases dominantes y al imperialismo. Pero no dudamos en comprender la lucha, absolutamente convencidos de que lograría conducir al pueblo a grandes batallas y a grandes victorias, ya que la revolución se rige por leyes y no depende de la voluntad, ni menos del capricho, de los poderosos.

27 años fuera de ley por no doblegarnos

“No fundamos un partido electoral. Fundamos un partido revolucionario, lo que quiere decir que no nos proponemos construir una maquinaria para cazar votos, destinada a cambiar presidentes y diputados cada cuatro años, sino una organización fuerte, capaz de conducir a la clase trabajadora y al pueblo en la lucha por transformar el régimen económico-social establecido. Conforme a ese criterio hemos intervenido en procesos electorales (como táctica y estrategia hacia la revolución) y hemos elegido diputados y munícipes que en los parlamentos nunca se han doblegado ni ante los capitalistas, ni ante los terratenientes, ni ante el imperialismo. Por eso, precisamente, nos mantuvieron alrededor de 27 años fuera de ley, pero desde la clandestinidad continuamos luchando, creciendo. El pueblo nos vio siempre al frente de las grandes luchas sin ninguna vacilación. Los oligarcas y las compañías imperialistas también sintieron la fuerza de nuestro puño y convencidos de que no podían liquidarnos como lo habían anunciado, financiaron y desataron grandes campañas de calumnias contra nosotros, creyendo que de esa manera el pueblo nos abandonaría. Pero se equivocaron. El pueblo ha visto nuestra lucha, nuestros hechos a lo largo de los años, y esa lucha y esos hechos han tenido y siguen teniendo más peso que la mentira de nuestros enemigos que precisamente son los enemigos del pueblo. Por eso con la ayuda de la mayoría del pueblo, es decir, con el apoyo efectivo de las grandes masas populares, recuperamos nuestra legalidad.”

Nuestros triunfos se traducen en batallas ganadas a los grandes explotadores.

“Al cabo de los años, podemos presentar un balance muy positivo de nuestra lucha. Claro que ese balance no puede medirse nunca por los resultados electorales. Nuestros triunfos se traducen en batallas ganadas a las clases explotadoras y al imperialismo en favor de nuestro pueblo y en defensa de la soberanía de nuestra Patria; se traducen en avances efectivos por el camino de la revolución. Podemos decir que hemos echado las bases del verdadero movimiento obrero y revolucionario en nuestro país, que hemos logrado aclarar y fortalecer la conciencia de nuestra clase trabajadora, que hemos aclarado y desarrollado la conciencia anti imperialista de nuestra clase trabajadora y de nuestras capas medias, que hemos logrado arraigar en nuestra clase trabajadora el espíritu del internacionalismo proletario, que hemos logrado darle sentido realista a la lucha revolucionaria y librado una lucha franca contra el sectarismo y el oportunismo.

Todas estas son conquistas revolucionarias que nos da mucho orgullo porque ellas constituyen los verdaderos instrumentos de la revolución.”

Queda claro que Manuel en teoría, su discurso político y su acción fue un revolucionario consecuente e inclaudicable.

Después de la división de los comunistas 1983-1984, la tarea histórica que se había propuesto Manuel Mora Valverde y el partido quedó trunca. Sigue pendiente.

Tarea que han de enarbolar nuevas generaciones desde una izquierda audaz, flexible, realista, capaz de las alianzas necesarias para avanzar en pos de un proyecto político nacional progresista y saber forjar la alianza más importante con los trabajadores y las trabajadoras de la ciudad y el campo y con las juventudes, en busca de un camino hacia la construcción de un proyecto político nacional democrático, popular, progresista revolucionario.