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El pasado nos convoca

Isabel Ducca D.

Uno de los blancos preferidos de la globalización neoliberal ha sido la memoria histórica y social de los pueblos contra los que se ha dirigido. En nuestro país, antes de los años ochenta ya nuestra memoria social era raquítica, coja, sorda y tuerta. Después de casi cincuenta años de depredación económica, social, política, ambiental y feminicida, nuestra situación es crónica.

Evidentemente, estos últimos cuatro años han deteriorado aún más el tejido social y el anuncio es que, para el 2030, tendremos un panorama todavía más desolador. Posiblemente, habrá quienes se rehúsen a ver la realidad y el futuro ingrato en el horizonte y me tilden de ave de mal agüero. Volver a mirar para otro lado lo único que les puede ocasionar es una torticolis mental o histórica.

Hay mucho que reconstruir y, sobre todo, mucho que fortalecer si deseamos crear resistencia y nutrir la que poseemos. No tengo recetas ni soluciones, los procesos de lucha social se piensan y se llevan a cabo en colectivo. Sin embargo, siempre caben iniciativas; son semillas para poner a germinar, después sembrar, regar, cuidar y un día nos darán sus frutos.

Antes de exponer mi propuesta, deseo expresar dos aspectos fundamentales de mi motivación. El primero se refiere a la gran lección de espiritualidad que le ofrece el pueblo mexicano al mundo entero cada fiesta de muertos. Si bien durante esa fecha hay turismo, mucho; hay negocio, en demasía; no se queda únicamente en lo mercantil; lo trasciende, de una manera indescriptible. Surge una energía espiritual, creativa, festiva y de recogimiento para renovar el hilo que conecta con la ancestralidad para agradecer y rendir un merecido homenaje.

El otro asunto guarda relación con la calidad humana de nuestra gente. Nuestro país no fue forjado por los “prohombres y héroes” de la historia oficial, aunque hubo quienes pusieron granos de arena y otros reformas estructurales por el bienestar social, ha sido la lucha popular la que ha definido el rumbo, al lado de liderazgos con sensibilidad e inteligencia para anteponer el bien común a la codicia y la ambición. En cualquier rincón del país, hay memoria suficiente para rescatar y enaltecer personajes cuya acción fue determinante para abrir caminos, luchar por la educación pública, mantener el agua como bien social, defender los bosques, la naturaleza y los animales de la voracidad depredadora del gran capital, velar por apertura y consolidación de los servicios de salud. Y, al lado de esas aventuras sociales por el bienestar de las personas más vulnerables, nos acompaña la creatividad, el humor y el saber popular. Pero la calidad humana a la que me refiero no atañe únicamente a quienes se dedican a la lucha social.

Este país no salió de la mediocridad de las dirigencias actuales que no saben, y lo alardean públicamente con impudicia, ni siquiera por cuál guerra mundial vamos. No, la ignorancia y la falta de cultura no han sido nunca la tónica. En Costa Rica, una diputada que osara afirmar que se pueden vivir dos años sin cultura, no habría sido vista con admiración. Por esa razón, tenemos un legado en literatura, pintura, grabado, escultura, música, arquitectura, ingeniería, medicina, ciencia y tecnología que no nos avergüenza. Todo lo contrario, nos debe llenar de regocijo y ganas de rememorar ese maravilloso legado.

La memoria social está intrínsicamente ligada a la identidad. Evidentemente, hay un aspecto, el académico, que corresponde a cada especialidad, fundamentalmente a quienes se dedican a la historia como ciencia social. Su guía es imprescindible. Sin embargo, la memoria es un ancho y vasto territorio en el cual andamos como sociedad, por lo que nuestra incidencia para rescatar, recordar, construir relatos y crear formas y diseños para homenajear y rendir tributos nos compete a todas las personas que nos sintamos identificadas y queramos participar y aportar.

El pasado nos convoca a realizar en la primera semana de noviembre de cada año una fiesta de los muertos a la tica. Vayamos a nuestras raíces en cualquier rincón en el que estemos, tenemos mucho que aprender y regalar a quienes nos seguirán en este camino. saquemos del baúl de los recuerdos a quienes destacaron por su entrega en diferentes momentos y demos homenaje a esos muertos que hoy nos inspiran.

¡Creatividad nos sobra!

Posteriormente, daremos a conocer un manifiesto para ser suscrito por personalidades de la cultura y la academia, colegios profesionales, organizaciones y personas individuales.

Panoramas SURCOS | 18 de mayo de 2026

Le invitamos a conocer esta selección de temas publicados hoy en SURCOS y navegar en el medio:

Nosara genera USD 2.130 millones al año, pero recibe menos de 1 céntimo por cada colón que le genera al municipio
https://wp.me/p6rfbZ-z03

Pronunciamiento de la Comisión de Salud Global de la Academia Nacional de Ciencias sobre el caos en el transporte y su impacto en la salud y la calidad de vida
https://wp.me/p6rfbZ-z0h

Organizaciones piden aprobar proyecto de ley sobre pasos de fauna y alertan sobre muerte masiva de animales en carreteras
https://wp.me/p6rfbZ-yZT

Distopía, anticipación ontológica (Bloch) y Netflix
Jiddu Rojas Jiménez
https://wp.me/p6rfbZ-yZY

La ilusión constitucionalista
Manuel Delgado
https://wp.me/p6rfbZ-z0j

Cuando el misterio reemplaza a la evidencia
Jaime E. García González
https://wp.me/p6rfbZ-z0e

La presencia de China en América Latina
José A. Amesty Rivera
https://wp.me/p6rfbZ-z01

Estado mexicano pide disculpas por su responsabilidad en la desaparición forzada de Gregorio Alfonso Alvarado López
https://wp.me/p6rfbZ-yZI

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La ilusión constitucionalista

Manuel Delgado

Costa Rica tiene dos patronas: la Virgen de los Ángeles y la Constitución Política. Sobre la fidelidad a la primera no tengo nada que decir. Sobre la segunda hay que resaltar que la Constitución desata toda una adhesión mística a su devocionario. Hablando de ella, se nos ponen los ojos en blanco, el corazón palpita con fuerza y el cerebro cesa sus impulsos cognoscitivos. He tenido la experiencia, incluso con gente inteligente y de izquierda, de que hablar mal de la constitución es peor que hablar de la Negrita de Cartago.

La pobre criatura esa, me refiero a la Constitución, es, sin embargo, un ser inanimado, un simple instrumento, bueno o malo según la mano que la esgrima.

Pero hay una cosa en la que no hemos pensado, y es que esta constitución es una norma espuria, nacida no de un consenso sino de una imposición por la fuerza.

Nuestra Carta Magna fue elaborada y declarada por una constituyente de la que fueron excluidos los dos principales partidos de la oposición, el Republicano de Calderón Guardia y el Comunista, que ya por entonces se llamaba Vanguardia Popular. Sus integrantes fueron electos en un periodo de terror político, cuando país era dirigido no por un gobierno legítimo sino por una junta de facto cuyo único sostén eran las armas y, por tanto, la represión.

La Asamblea Constituyente estuvo integrada principalmente por diputados ulatistas, 33 de 42, cuyo partido, dice la historiadora Clotilde Obregón Quesada, “era el único que tenía en sus manos el mecanismo para hacer propaganda”. Lástima que la historiadora no haya ahondado en esto. Había cinco diputados de un partido independiente, llamado Constitucional, tres del Social Demócrata, que luego pasaría a integrar el Partido Liberación Nacional, y uno del partido Confraternidad Nacional.

Los ulatistas, el Partido Unión Nacional, habían ganado las elecciones del 48, las cuales fueron declaradas fraudulentas y anuladas por el Congreso Nacional, la Asamblea Legislativa de entonces. Esa anulación sirvió de excusa para que Figueres iniciara la guerra civil.

Una vez terminada la guerra civil, Figueres y Ulate pactaron un procedimiento muy curioso: el primero gobernaría de facto y sin congreso por 18 meses, al cabo de los cuales le entregaría la presidencia a Ulate, reconociéndolo como ganador de las elecciones del 48, pero habría elecciones legislativas, desconociendo el resultado correspondiente de esas mismas elecciones. ¿Por qué un resultado era válido y el otro no? La cuestión tenía nombres y apellidos: la mayoría de los diputados electos en esas elecciones, repito, fraudulentas para una cosa pero válidas para otra, eran del partido calderonista y de los comunistas.

En momentos en que se realizaron las elecciones tanto para la constituyente como para la Asamblea Legislativa, los partidos Republicano y Vanguardia Popular estaban fuera de la ley, sus líderes en el exilio y sus dirigentes presos o escondidos. Ese mismo mes de diciembre de 1948 fueron asesinados los mártires del Codo del Diablo.

La otra parte del acuerdo era volver a llamar a elecciones generales en 1952-1953, pero la Constitución establecía que “no podrá ser elegido Presidente o Vicepresidente: 1.-el que hubiese servido la Presidencia en cualquier lapso dentro de los ocho años anteriores, etc…” Esto se aplicaba a los que hubieran servido la Vicepresidencia. Es decir, con nombres y apellidos, no podían postularse ni Calderón Guardia ni Teodoro Picado. Esa misma norma contemplaba una excepción: José Figueres Ferrer, presidente de la junta de gobierno, el cual sí siguió gozando de los derechos constituciones.

Calderón Guardia volvió a ser candidato en 1962. Teodoro Picado murió en el exilio en Nicaragua en 1960. A los comunistas de Vanguardia Popular se les niega su derecho a participar hasta 1970 (la norma constitucional que les prohibía participar se derogó hasta 1976). Así de democrática era la Carta Magna y quienes la aplicaban.

Hay una cosa muy extraña que nunca he encontrado debidamente explicada, y es que tanto en las elecciones de la constituyente de 1948 como las parlamentarias de 1949 las fuerzas afines al figuerismo (con esto me refiero al Partido Social Demócrata) tuvieron unas votaciones bajísimas. Electoralmente, el figuerismo se hace muy fuerte en las elecciones de 1953. ¿Cómo se explica ese vuelco?

Así que los mitos de la democracia y su constitución son solo eso: mitos de nuestra historia, plegarias de nuestro devocionario, que un político serio debe tomar con sentido crítico y espíritu de educador popular. En otras palabras, para hablar de la constitución y comer pescado, hay que tener mucho cuidado.

Pronunciamiento de la Comisión de Salud Global de la Academia Nacional de Ciencias sobre el caos en el transporte y su impacto en la salud y la calidad de vida

Un serio problema que demanda atención urgente

Costa Rica vive un auténtico caos en el transporte. De acuerdo a índices internacionales, San José ocupa uno de los primeros lugares en el mundo en cuanto a peores condiciones de tránsito y de movilidad en general. Esta situación tiene múltiples aristas y causas que la hacen particularmente compleja. En el centro de esta crisis está una acentuada falta de planificación, aparejada del incremento acelerado en la flota vehicular privada y el debilitamiento sistemático del transporte público durante las últimas décadas. El número de operarios de autobuses disminuyó en un 24% y el número de personas usuarias de autobús se redujo en un 42% desde el año 2018.

Ello va de la mano de una deficiente infraestructura vial, con proyectos atrasados, de alto costo y con frecuencia insuficientes. A lo anterior se agrega un desarrollo inmobiliario descoordinado y sin planificación, lo cual se refleja en que 40 cantones no cuentan con planes reguladores y, entre los que sí poseen, muchos son parciales o están desactualizados. Los procesos de urbanización con frecuencia no toman en cuenta el tema del transporte y hay una enorme deficiencia en la sectorialización del transporte público. Todo ello nos ha llevado a la crítica situación actual.

Resulta paradójico que el país cuenta, desde 1976, con una gran cantidad de estudios técnicos que señalan claramente estas deficiencias y proponen formas de enfrentarlas; igualmente hay legislación en el tema, la cual a menudo se incumple. Con frecuencia intereses sectoriales prevalecen sobre el interés público y el país se ha quedado rezagado en la implementación de soluciones.

Impactos en la salud pública

El caos en el transporte tiene múltiples impactos negativos en la vida del país. En el ámbito de la salud, los accidentes de tránsito y las muertes derivadas de ellos representan un serio problema. El año pasado, la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS) reportó 44.000 personas atendidas en sus servicios por accidentes de tránsito, los cuales ocurren mayormente en la temporada seca. Estos accidentes se relacionan a menudo con conducción temeraria y exceso de velocidad. Esta problemática afecta principalmente a personas jóvenes entre 20 y 29 años, especialmente a peatones, ciclistas y motociclistas, con un predominio de los varones (72 % de los casos en 2025); ello conlleva un alto impacto en la fuerza laboral del país. En términos de número de casos atendidos en la CCSS en el período 2019-2025, los accidentes de tránsito ocupan la posición decimoquinta, mientras que en términos de mortalidad se ubican en el sexto lugar, lo que refleja la gravedad de estos eventos. Además, estos accidentes tienen un efecto significativo en los costos institucionales de atención y rehabilitación.

Más allá de la afectación física, el caos vial impacta en la salud mental, al causar estrés, irritación y fatiga, constituyendo un estresor crónico que golpea la calidad de vida de la población. La salud también se ve afectada por los congestionamientos, al dificultarse el traslado de personas a los centros de salud. Por otra parte, las emisiones de gases de la creciente flota vehicular representan la principal causa de contaminación del aire en el país, lo cual también tiene un efecto en la salud de la población al favorecer enfermedades respiratorias y crónicas diversas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que los efectos combinados de la contaminación del aire ambiente y la del aire doméstico se asocian a 6,7 millones de muertes prematuras cada año en el mundo.

Esta problemática tiene un impacto asimétrico en diversos sectores de la población, afectando a personas en situación de discapacidad, mujeres y personas adultas mayores, dadas las deficiencias en accesibilidad y servicios del transporte público. Por otra parte, el efecto en salud mental y tiempo perdido por personas trabajadoras en las presas viales tiene serias consecuencias en la economía del país. Se estima que en la gran área metropolitana el tiempo perdido por congestionamiento vial le cuesta a las personas trabajadoras cerca de un 4.3% del producto interno bruto.

El camino hacia las soluciones

La seriedad y magnitud del problema demanda acciones claras y decididas por parte de autoridades de gobierno y municipales, con la participación activa de la ciudadanía. En el núcleo de las soluciones está la modernización del transporte público, el cual debe concebirse como un servicio esencial que, en parte, debe ser subsidiado por el Estado, como ocurre en muchos países. Se deben rescatar planes y análisis técnicos efectuados a lo largo de décadas y actualizarlos, siempre favoreciendo el bien común sobre los intereses sectoriales. Deben darse paralelamente transformaciones en los procesos de mejoramiento de la infraestructura vial, superando las crónicas deficiencias en este ámbito.

Se requiere trabajar en planes serios de sectorialización del transporte público, así como en una adecuada planificación del desarrollo urbano, el cual incluya implementación y actualización de planes de ordenamiento territorial por parte de las municipalidades. Es necesario hacer acopio de conocimiento científico-tecnológico existente en las universidades y otras instituciones del país para monitorear el tema del congestionamiento vial, la contaminación del aire y los accidentes de tránsito, de manera que se generen medidas de prevención e intervenciones adaptadas a los diferentes contextos territoriales del país. Es indispensable también hacer valer la legislación existente en los derechos de las personas, incluyendo aquellas que tienen alguna discapacidad, de contar con sistemas de transporte público que respeten sus necesidades.

La Comisión de Salud Global de la Academia Nacional de Ciencias hace un vehemente llamado de atención a las autoridades y a la sociedad para que se atienda de forma decidida este serio problema. Muchas de las soluciones al mismo ya se conocen. Pero se requiere voluntad política y una amplia participación ciudadana, incluyendo a la comunidad científico-tecnológica, para tomar decisiones claras y efectivas que redunden en una transformación sustantiva de nuestro sistema de transporte, en beneficio de la calidad de vida de la población y del ambiente, un sistema que sea público, interconectado, limpio, eficiente y seguro.

*Este pronunciamiento fue elaborado por José María Gutiérrez Gutiérrez, Rolando Herrero Acosta, María L. Ávila-Agüero, Henriette Raventós Vorst, Berendina (Berna) van Wendel de Joode, Catharina Wesseling y Edgardo Moreno Robles, integrantes de la Comisión de Salud Global de la Academia Nacional de Ciencias. El texto tiene como base los análisis presentados en el foro organizado por esta comisión titulado “El caos en el transporte y su impacto en la salud pública”, celebrado el 22 de abril del 2026 con la participación como panelistas de Leonardo Castro, Roy Wong, José Rojas, Leonardo Merino y Nicole Mesén.

El video de este foro se puede ver en el siguiente enlace:
https://www.youtube.com/watch?v=gpQlyTm6Dbw

Cuando el misterio reemplaza a la evidencia

Jaime E. García González
Dr. sc. agr., Prof. catedrático jubilado UCR y UNED
Miembro de la Red de Coordinación en Biodiversidad (RCB)

biodiversidadcr@gmail.com

Las desapariciones de científicos alimentan teorías inquietantes, pero también revelan cómo el secretismo y la desinformación moldean la percepción pública.

La reciente desaparición de Ingrid Coleen Lane, neurocientífica y bioingeniera vinculada a investigaciones relacionadas con seguridad nuclear en Estados Unidos, volvió a encender en redes sociales y medios alternativos una vieja narrativa: la supuesta existencia de una cadena de científicos desaparecidos o asesinados en circunstancias misteriosas. Junto a su nombre reaparecieron casos como los de Anthony Chávez, Melissa Casias, Carl Grillmair, Michael David Hicks, Nuno Loureiro y William Neil McCasland, todos asociados de una u otra forma con proyectos científicos estratégicos.

Ingrid Coleen Lane

El tema ha sido ampliamente difundido por medios como Actualidad RT, que presentan estos hechos como una sucesión inquietante de episodios conectados. Sin embargo, análisis posteriores y recopilaciones periodísticas, como la publicada en Wikipedia sobre la teoría de los científicos desaparecidos, advierten que hasta ahora no existe evidencia sólida que demuestre una conspiración organizada detrás de estos acontecimientos.

Y precisamente allí aparece el aspecto más interesante del fenómeno: no solo importa lo que ocurrió, sino cómo las sociedades contemporáneas interpretan aquello que no logran explicar completamente.

Vivimos en una época marcada por la desconfianza institucional. Cuando un científico relacionado con programas nucleares desaparece sin dejar rastro, o cuando un investigador aeroespacial fallece en circunstancias poco claras, el vacío informativo rápidamente se llena de sospechas. La opacidad estatal, la cultura del secreto en áreas de defensa y la dificultad para acceder a información verificable crean el terreno ideal para que prosperen narrativas conspirativas.

No es un fenómeno nuevo. Durante la Guerra Fría, tanto Estados Unidos como la Unión Soviética construyeron gigantescos aparatos científicos estrechamente ligados a intereses militares y geopolíticos. Desde el Proyecto Manhattan hasta la carrera espacial, el conocimiento científico pasó a convertirse en un recurso estratégico. Y donde existe poder estratégico, inevitablemente surgen secretismo, vigilancia y desinformación.

Sin embargo, convertir automáticamente toda desaparición en prueba de una conspiración puede ser tan problemático como negar cualquier interrogante legítima. Varias de las muertes y desapariciones mencionadas tienen explicaciones parciales, antecedentes personales complejos o investigaciones todavía abiertas. Otras simplemente fueron amplificadas en internet mediante asociaciones especulativas construidas sobre coincidencias profesionales.

Eso no significa que las preguntas deban descartarse. Las instituciones públicas tienen la responsabilidad de ofrecer información transparente y verificable, especialmente cuando los hechos involucran sectores sensibles vinculados a defensa, energía nuclear o investigación estratégica. El silencio prolongado y las respuestas ambiguas solo alimentan la incertidumbre social.

Pero el verdadero desafío contemporáneo parece ser otro: aprender a movernos entre dos extremos igualmente peligrosos. Por un lado, la ingenuidad que acepta sin cuestionar toda versión oficial. Por otro, la tendencia a interpretar cualquier vacío de información como prueba automática de conspiraciones globales.

Las redes sociales y ciertos medios digitales han convertido el misterio en un producto altamente rentable. La lógica algorítmica premia el impacto emocional, no necesariamente la evidencia. Así, historias complejas terminan reducidas a relatos simples de “científicos eliminados” o “secretos ocultos”, aunque la realidad sea mucho más ambigua.

Quizás la lección más importante de estos casos no sea demostrar la existencia de una conspiración internacional, sino evidenciar la profunda crisis de confianza que atraviesan las sociedades modernas. Cuando las instituciones pierden credibilidad, incluso las coincidencias comienzan a parecer sospechosas.

Y en tiempos donde la información circula más rápido que la verificación, el misterio suele expandirse mucho más velozmente que la verdad.

Coalición por los pasos de fauna

Los pasos de fauna no pueden esperar

El Proyecto de Ley de Pasos de Fauna, expediente 23.166, enfrenta un momento decisivo. Aunque ya fue aprobado en primer debate en la Asamblea Legislativa, el proyecto podría archivarse si no se aprueba la moción de plazo cuatrienal presentada el día de hoy, necesaria para extender por cuatro años más la vigencia legislativa del expediente y permitir su avance hacia el segundo debate.

Permitir que este proyecto sea archivado sería un grave retroceso para Costa Rica y una nueva deuda con su biodiversidad. La falta de una legislación específica sobre pasos de fauna ya no puede verse como una omisión menor, sino como la ausencia de acciones concretas y la falta de voluntad frente a una problemática ampliamente documentada y prevenible.

Mientras esta ley continúa estancada, la fauna silvestre muere diariamente como consecuencia de la fragmentación de bosques, la tala y la falta de planificación ambiental en el desarrollo de infraestructura vial y urbana.

La magnitud del problema es alarmante:

A través de una recopilación de estudios realizados en Costa Rica, la Universidad Latina compiló más de 19.000 registros de atropellos de animales silvestres.

Solo en la Ruta 253, durante el 2019 en un tramo de 20 km, entre Comunidad y Papagayo, se tiene un estimado anual de 7.000 atropellos de vida silvestre.

Entre 2011 y 2025, la asociación SalveMonos registró 1.552 accidentes de fauna silvestre, de los cuales 994 corresponden a electrocuciones y 153 a atropellos. Del total, cerca del 85% involucra primates.

Asimismo, según datos de Vías Amigables con la Vida Silvestre, Centro de Rescate y Santuario Las Pumas y Panthera, entre 2012 y 2025 se registraron 676 atropellos de felinos silvestres en rutas nacionales, siendo el manigordo la especie más afectada, con 482 casos documentados.

Los pasos de fauna salvan vidas.

La asociación SalveMonos ha instalado 313 puentes de fauna arbórea en los cantones de Santa Cruz y Carrillo. Como parte de su implementación, se colocaron cámaras de monitoreo para evaluar su efectividad, generando amplia evidencia documental sobre su uso constante, en especial del mono aullador.

Registro de monos aulladores utilizando un paso de fauna aéreo en Guanacaste. Imagen cortesía de SalveMonos.

Además, el Protocolo de Monitoreo de Pasos de Fauna, elaborado por Panthera y el Banco Interamericano de Desarrollo, reporta a partir de 19 estudios realizados en Costa Rica entre el 2011 y el 2023, que se documentan 59 especies utilizando pasos de fauna, evidenciando su funcionalidad para reducir impactos sobre la fauna silvestre y restaurar la conectividad ecológica.

Las organizaciones firmantes hacemos un llamado urgente a las diputadas y diputados de todas las fracciones para que aprueben la moción de plazo y permitan que este proyecto continúe su camino hacia el segundo debate y su eventual aprobación como ley de la República.

También hacemos un llamado a la ciudadanía, organizaciones, comunidades y sectores comprometidos con la biodiversidad a comunicarse con las distintas fracciones legislativas y exigir que este proyecto no sea archivado.

La protección de la fauna silvestre no puede seguir postergándose.

Puede bajar desde SURCOS el documento Estado del Impacto Vial y Medidas Ambientales para la Vida Silvestre, Costa Rica

Organizaciones firmantes:

SalveMonos Costa Rica

Savage Lands

APREFLOFAS

Alturas Wildlife Rescue Costa Rica

Verde Mar

Alianza Escazú

Bloque Verde

GuanaDefensoras

Corredor Biológico Paso de la Danta

Observatorio de Derechos Humanos y Naturaleza

● The Leatherback Trust

● Comité Punta Pelencho

Asociación Civil Pro Natura

Un Puerto Limpio

Asociación de Desarrollo Específico para la Conservación del Medio Ambiente Playa Grande

Asociación Nandamojo

Sol Sanctuary

Antigentrificación

Asociación de Desarrollo de Playa Brasilito

Fundación Halfway Home Tamarindo

Mercado Bahía Ballena

Fundación Fogaus

Asociación de Desarrollo de Playa Potrero

Coalición Floresta

Colectivo Ecologista Liberiano

Fundación Orgánica

Asociación Sostenibilidad en Grande

Defensores de la Casa Común

Asociación Ojo de Agua Legado Ancestral

Red de Juventudes y Cambio Climático de Costa Rica

Nosara genera USD 2.130 millones al año, pero recibe menos de 1 céntimo por cada colón que le genera al municipio

Un estudio independiente, contrastado con datos de la Municipalidad de Nicoya, calculó por primera vez cuánto produce, cuánto tributa y cuánto recibe de vuelta un distrito costarricense. El resultado: una fuga fiscal de USD 55 millones al año.

Este es el primer balance fiscal territorial distrital de Costa Rica

Lo esencial

¿Qué es este estudio?

Es el primer Balance Fiscal Territorial hecho a nivel de distrito en Costa Rica. Hasta ahora, el país no tenía forma de saber cuánta riqueza produce un territorio específico, cuánto de esa riqueza se convierte en impuestos y cuánto regresa a la comunidad como inversión pública. Este estudio lo calculó para el distrito de Nosara, en Nicoya, Guanacaste.

Lo elaboró la Alianza para el Desarrollo Comunitario (ADC), organización local que ya coordinó el Censo Nosara 2024 (el primer censo comunitario distrital del país, con asesoría técnica del INEC), con apoyo de la Asociación ConoSer. El balance busca aportar datos verificables al debate público sobre crecimiento urbano, turismo y distribución de recursos.

¿Qué encontró?

Que Nosara produce mucho y recibe muy poco de vuelta. El distrito genera, en un solo año, una actividad económica estimada en USD 2.130 millones (equivalente a cerca del 2% del PIB nacional en apenas 135 km²): una cifra que se compara a más de dos veces y media lo que cuesta el tren eléctrico de pasajeros que el país acaba de aprobar. Pero de cada colón que el distrito le genera a la Municipalidad, regresan al distrito 0,62 céntimos en inversión directa: menos de un céntimo.

La diferencia entre lo que el sistema fiscal podría recaudar y lo que efectivamente recauda es lo que el estudio llama fuga fiscal: unos USD 55 millones al año. Para el distrito de Nosara esa fuga equivale a ₡1,76 millones (USD 3.909) cada hora, cerca de USD 34 millones al año que se podrían recaudar y quedar en Nosara y hoy no llega a la comunidad. En perspectiva, esta fuga anual es comparable al valor del oro extraído de Crucitas (USD 60 millones) anualmente según información del Organismo de Investigación Judicial.

¿Por qué importa para Nosara?

Porque esa fuga refleja una clara desigualdad. Nosara es el distrito con el metro cuadrado más caro de Costa Rica (triplica el precio de Escazú, 2023), su alojamiento Airbnb/Vrbo (no hotelero) con ingresos más altos generó USD $530 mil dólares en 2025 y la propiedad a la venta con el precio más alto se listó en USD $27 millones de dólares, sin embargo, no tiene clínica, ni estación propia de Cruz Roja o Bomberos de Costa Rica, ni colegio técnico, ni plan regulador, ni un sistema hídrico que garantice abastecimiento sostenible. En temporada alta convergen más de 35.000 personas: cuatro veces su población permanente de 8.716 habitantes, sobre una infraestructura que no da abasto.

¿A quién le corresponde ese dinero?

No todo es de la Municipalidad, y el estudio lo distingue con claridad. La fuga fiscal tiene dos destinos distintos:

  • Recursos municipales: impuesto sobre bienes inmuebles, patentes comerciales, permisos de construcción. Estos le corresponden directamente a la Municipalidad de Nicoya y deberían traducirse en mayor inversión para el distrito.

  • Recursos nacionales: IVA, impuesto sobre la renta y cargas asociadas a la actividad turística. Estos van al Estado central y se distribuyen según las reglas presupuestarias nacionales.

El punto del estudio no es que todo deba volver a Nosara, sino que hoy parte considerable de esos recursos (de ambos tipos) simplemente no se está recaudando. La discusión sobre cómo se reparte la inversión pública primero empieza por recaudar lo correspondiente y luego invertir en la comunidad.

¿Qué se puede hacer?

En paralelo a la recién aprobada ley para patentes de Nicoya, la cual amplía las actividades sujetas al impuesto y su tarifa; el informe de este balance identifica cuatro puntos de acción sobre normativa ya vigente: actualizar el catastro municipal (congelado desde 2017), cruzar los datos del ICT, Hacienda y las plataformas digitales para fiscalizar los alojamientos temporales, controlar las construcciones sin permiso, dotar a Nosara de un plan regulador y actualizar reglamentación fiscal. Bajo la estructura tributaria actual, la pérdida fiscal acumulada para el distrito entre 2019–2030 podría alcanzar los USD 349,6 millones; USD 132 millones ya se perdieron y el resto todavía es recuperable.

Cuando se ponen los números sobre la mesa, no estamos hablando de algo que solo pasa en Nosara: estamos hablando de un patrón de fuga fiscal. La metodología que usamos aquí es aplicable a Tamarindo, Manuel Antonio, Santa Teresa, Uvita o el Caribe Sur con los datos que ya existen en ICE, CFIA, Hacienda, las municipalidades y la Contraloría. Lo que falta es la decisión interinstitucional de medirlo y transformar esas fugas en inversión que retorne a las comunidades.”

– Emmanuel Gutiérrez Pizarro, investigador y analista de datos territoriales, director de la ADC.



El respaldo

¿Qué tan confiables son estas cifras?

El estudio es un informe técnico de 123 páginas que integra datos de trece fuentes institucionales independientes y compartido con académicos para revisión de pares. La verificación más contundente llegó de la propia Municipalidad: el 7 de abril de 2026, su Dirección Financiera emitió el Oficio DF-0023-2026 con los registros de su sistema contable sobre la generación tributaria de Nosara en 2025. La comparación con esos datos respalda el modelo.

Verificación cruzada con la Municipalidad de Nicoya (Nosara 2025)

El estudio estimó ₡1.930 millones de generación tributaria municipal usando solo fuentes públicas. El Oficio DF-0023-2026 reportó un monto de ₡2.191 millones desde el sistema contable de la Municipalidad: una diferencia del 11,7 %. En patentes, la estimación quedó dentro del 5 % del registro municipal. Estos datos municipales permiten ahora contrastar los resultados del estudio.

Cifras clave de un vistazo

INDICADOR

MAGNITUD

PIB distrital estimado (anual)

USD 2.130 M / ₡958.500 M

Fuga fiscal anual

USD 55 M / ₡24.750 M

Retorno municipal por cada colón

0,62 céntimos

Pérdida fiscal para Nosara por hora

USD 3.909 / ₡1,76 M

Pérdida fiscal para Nosara anual

USD 34 M / ₡15.300 M

Pérdida fiscal acumulada 2019–2030

USD 349,6 M / ₡157.320 M

Factor de subvaluación catastral

12,1x (picos de 31x en Delicias)

Alojamientos temporales fuera del registro ICT

96,6 % de ~1.500

Construcciones sin permiso municipal

6 de cada 10

Población permanente vs. temporada alta

8.716 vs. 35.000+

Fuente: Balance Fiscal Territorial del Distrito de Nosara (ADC / ConoSer, marzo 2026) y Oficio DF-0023-2026, Dirección Financiera, Municipalidad de Nicoya. Integra 13 fuentes institucionales. Una ficha técnica con la metodología completa está disponible para medios. El estudio aplica un tipo de cambio de ₡470 por USD en sus cálculos internos; las cifras en colones de este comunicado se expresan a ₡450 por USD, para mantener consistencia con la información publicada.

Financiamiento y transparencia. El estudio se financió con aporte profesional del autor y de familias residentes solidarias del distrito. Los financiadores son independientes de los sectores que abordan los hallazgos, y la metodología y las conclusiones se contrastaron con datos de la Municipalidad de Nicoya (Oficio DF-0023-2026).

Información compartida con SURCOS por Bloque Verde.

La presencia de China en América Latina

José A. Amesty Rivera

La gente común de nuestros pueblos latinoamericanos ya no habla de China solamente como un país lejano que compra petróleo, hierro o soya, ahora se habla de una potencia que se está metiendo “hasta la cocina” en América Latina, y no solo en comercio, también en tecnología, puertos, carreteras, energía, telecomunicaciones, inteligencia artificial, vigilancia digital y hasta en el juego político de la región.

En 2026, China dejó de ser simplemente “un cliente grande”, hoy es uno de los actores más poderosos dentro de América Latina y está peleando cara a cara con EEUU y Europa por el control económico y estratégico del continente.

Y la verdad es que esto no pasa de la noche a la mañana; mientras América Latina se hunde entre deuda, crisis económicas, corrupción, industrias quebradas y gobiernos desesperados buscando financiamiento, Beijing llega ofreciendo plata rápida, obras gigantescas y tecnología sin sermones políticos ni condiciones incómodas.

Ahí fue donde China encuentra la puerta abierta, lo que hace veinte años parecía un simple negocio comercial, hoy es una transformación completa del mapa de poder latinoamericano.

China ya controla o participa en puertos, redes eléctricas, minas, telecomunicaciones, proyectos energéticos, satélites y sistemas tecnológicos sensibles; su influencia se mete desde las calles de Bogotá hasta las minas de litio en Bolivia, pasando por el petróleo venezolano y los puertos gigantes del Pacífico.

Y mientras muchos gobiernos celebran inversiones y acuerdos, otros advierten que la región podría estar entrando en una nueva forma de dependencia extranjera; porque sí, cambió el jugador, pero el riesgo de subordinación sigue allí.

El comercio es probablemente la cara más visible de esta expansión, china ya es el principal socio comercial de varios países sudamericanos, compra cantidades cuantiosas de soya, cobre, hierro, petróleo, carne y litio, mientras inunda la región con maquinaria, tecnología, paneles solares, productos industriales y vehículos eléctricos.

Hoy el comercio entre China y América Latina supera el medio billón de dólares al año, una cifra que hace dos décadas parecía pura ciencia ficción.

Pero detrás de estos números bonitos aparece una realidad incómoda; América Latina sigue exportando materia prima barata e importando productos industrializados, o sea, seguimos jugando el viejo papel de proveedores de recursos mientras otros se quedan con la tecnología, la industria y las ganancias grandes.

Brasil es uno de los mejores ejemplos. China se convirtió en el principal comprador de soya brasileña y también absorbe enormes cantidades de hierro, petróleo y carne; hay regiones enteras del agro brasileño que dependen directamente de lo que decida Beijing. Si China compra más, la economía rural respira, si China baja las compras, miles de productores tiemblan. Este nivel de dependencia ya preocupa dentro de sectores industriales brasileños, especialmente porque productos chinos mucho más baratos están golpeando fábricas locales y aumentando la vulnerabilidad económica.

Mientras tanto, empresas chinas avanzan sobre redes eléctricas, energía, puertos y telecomunicaciones. Huawei prácticamente se volvió protagonista del despliegue tecnológico brasileño y juega fuerte en las redes 5G.

Además, marcas chinas de vehículos eléctricos están entrando agresivamente al mercado latinoamericano, desplazando poco a poco a fabricantes occidentales. Y aquí es donde la pelea geopolítica se pone seria, porque el 5G no es solamente internet rápido, aquí también se juega inteligencia artificial, automatización industrial, vigilancia urbana y control de infraestructura crítica.

Washington lo sabe perfectamente, por esto Estados Unidos lleva años presionando a gobiernos latinoamericanos para frenar el avance tecnológico chino.

Argentina enfrenta otro escenario delicado. El país tiene una de las mayores reservas de litio del planeta, un recurso fundamental para baterías, autos eléctricos y toda la transición energética mundial. China ya se está posicionando fuerte dentro del llamado “triángulo del litio”, compartido con Bolivia y Chile. Pero además del litio, Beijing financió represas, ferrocarriles y proyectos energéticos argentinos. Y el punto más sensible sigue siendo la estación espacial china instalada en Neuquén, en plena Patagonia. Oficialmente es una base científica.

Extraoficialmente, muchos en Washington sospechan posibles usos militares o de inteligencia. Esto demuestra que la competencia entre China y EEUU ya no ocurre solamente en Asia o en el Mar del Sur de China, la batalla también se está jugando en territorio latinoamericano.

Chile ocupa otro lugar clave porque controla algunos de los minerales más importantes para el futuro energético global. El cobre chileno es vital para industrias tecnológicas y eléctricas, mientras el litio se vuelve prácticamente oro moderno; China ya participa en minería, energía y telecomunicaciones chilenas.

Y EEUU mira con preocupación proyectos relacionados con cables submarinos, centros de datos y redes digitales estratégicas, porque quien controle los minerales críticos y la infraestructura digital del futuro tendrá una ventaja brutal sobre la economía mundial.

Perú se ha convertido en uno de los principales laboratorios de expansión china en infraestructura; empresas chinas tienen enorme presencia en minas de cobre y oro, pero el proyecto que más preocupa a Washington es el megapuerto de Chancay. Este puerto, financiado con capital chino, podría cambiar completamente las rutas comerciales entre Sudamérica y Asia. Para Beijing, es una pieza estratégica dentro de su expansión marítima global, para EEUU, es otro punto de influencia china creciendo en el Pacífico latinoamericano.

Bolivia también entró de lleno en el tablero geopolítico gracias al litio. Durante años el país tuvo dificultades para industrializar sus reservas, y ahí apareció China ofreciendo financiamiento, tecnología y acuerdos industriales. Además, crecieron convenios relacionados con satélites, telecomunicaciones y vigilancia digital. Muchos ya llaman al litio “el petróleo del siglo XXI”, y no es exageración. El país o bloque que domine ese recurso tendrá poder enorme sobre la economía energética del futuro.

Venezuela representa probablemente uno de los vínculos más profundos entre China y América Latina. Durante años, Beijing prestó miles de millones de dólares respaldados con petróleo venezolano, incluso después del colapso económico, China mantuvo apoyo financiero, tecnológico y diplomático al gobierno venezolano. Empresas chinas participaron en telecomunicaciones, sistemas de monitoreo estatal y vigilancia digital, y esto encendió todas las alarmas en Washington. Porque para EEUU no se trata solamente de negocios, también ven una expansión de modelos de control político apoyados en tecnología china.

Colombia muestra otro fenómeno interesante, aunque históricamente fue uno de los aliados más cercanos de Estados Unidos en Sudamérica, China logró avanzar fuerte en infraestructura y tecnología. El metro de Bogotá, construido por un consorcio chino, es uno de los símbolos más visibles de ese avance. Incluso empresarios colombianos comenzaron a mirar más hacia Asia mientras algunos mercados occidentales se desaceleran; esto manda un mensaje clarísimo, hasta los aliados tradicionales de Washington están buscando diversificar relaciones.

México vive quizás el equilibrio más complicado de todos, su economía depende profundamente de EEUU, pero China ya se volvió clave en manufactura, electrónica y vehículos eléctricos. Washington acusa constantemente a empresas chinas de usar territorio mexicano para esquivar aranceles y entrar indirectamente al mercado norteamericano. Mientras tanto, fabricantes chinos siguen creciendo gracias a precios más baratos y producción masiva; México intenta jugar en ambos bandos sin romper con ninguno.

Panamá sigue siendo una joya geopolítica por el canal interoceánico; China entendió hace años que controlar rutas logísticas globales vale tanto como controlar petróleo o minerales. Empresas chinas participaron en puertos, infraestructura marítima y proyectos estratégicos vinculados al comercio internacional, y claro, EEUU no piensa quedarse tranquilo viendo cómo Beijing gana terreno en uno de los puntos más sensibles del continente.

Ecuador también recibió una ola fuerte de capital chino en hidroeléctricas, minería y petróleo, pero varios proyectos terminaron cuestionados por sobrecostos, fallas técnicas y dependencia financiera. Ahí nace otra discusión cada vez más fuerte en América Latina; ¿China realmente ayuda al desarrollo o simplemente está construyendo una nueva forma de dependencia?

Uruguay intenta mantener el equilibrio, comercia cada vez más con China, vende productos agrícolas y fortalece acuerdos tecnológicos, pero sin romper totalmente con Occidente.

Costa Rica tiene un peso simbólico importante porque fue uno de los primeros países centroamericanos en romper relaciones con Taiwán para reconocer oficialmente a China, desde entonces crecieron inversiones, cooperación tecnológica e infraestructura. Pero también aparecieron investigaciones sobre minería ilegal y tráfico de oro vinculadas a cadenas internacionales conectadas, supuestamente con el mercado chino. Esto demuestra la posibilidad que la expansión económica también puede mezclarse con redes criminales, corrupción y destrucción ambiental.

En Cuba y Nicaragua, la relación con China tiene además un componente político clarísimo, ambos gobiernos ven en Beijing un aliado frente a sanciones y presiones occidentales; China participa en telecomunicaciones, infraestructura y financiamiento estatal.

En Nicaragua, el acercamiento explotó después de romper relaciones diplomáticas con Taiwán. Y mientras eso ocurre, países como Paraguay enfrentan presiones económicas internas para acercarse también a Beijing.

La pelea diplomática entre China y Taiwán ya aterrizó de lleno en América Latina.

Uno de los sectores donde China avanza más rápido es el de vehículos eléctricos, marcas como BYD, Chery, Geely y MG están entrando con fuerza gracias a modelos más baratos y agresivos que muchos competidores occidentales, en este sentido, Brasil, México, Chile y Colombia son mercados prioritarios.

Esto acelera la transición energética, sí, pero también aumenta la dependencia tecnológica de cadenas industriales controladas por China. Huawei sigue dominando buena parte de las telecomunicaciones latinoamericanas pese a toda la presión de Washington, y aquí ya no estamos hablando solamente de celulares o internet, estamos hablando de inteligencia artificial, automatización, vigilancia urbana y seguridad nacional.

EEUU teme que China termine obteniendo acceso privilegiado a infraestructura crítica latinoamericana mediante estas tecnologías.

El espacio también entró en la pelea. China desarrolla cooperación espacial con Argentina, Bolivia, Venezuela y Brasil, oficialmente son proyectos científicos, pero Washington sospecha posibles usos militares duales. La competencia espacial ya dejó de ser cosa exclusiva de las superpotencias tradicionales.

América Latina ahora forma parte del tablero geopolítico; las críticas al avance chino son cada vez más fuertes. Muchos economistas creen que la región corre el riesgo de hundirse otra vez en el viejo modelo extractivista, que es, exportar recursos baratos mientras otros desarrollan industria y tecnología. Otros alertan sobre deuda, pérdida de soberanía y dependencia tecnológica.

Además, comunidades indígenas y grupos ambientalistas denuncian contaminación, destrucción ecológica y conflictos sociales relacionados con proyectos extractivos impulsados por empresas extranjeras, incluidas compañías chinas.

Pero al mismo tiempo, muchos gobiernos responden con un argumento sencillo, occidente nunca ofreció el nivel de financiamiento e infraestructura que ahora ofrece China, y aquí está la gran contradicción del asunto; para algunos, Beijing representa una oportunidad histórica de crecimiento, desarrollo, modernización y diversificación económica. Para otros, representa el nacimiento de una nueva dependencia extranjera disfrazada de cooperación.

Lo cierto es que en 2026 América Latina ya no es un simple espectador del conflicto global, ahora es uno de los campos de batalla más importantes de la disputa entre China y EEUU por recursos, tecnología, energía y control económico. China ya no es solamente un comprador de materias primas, se convierte en un actor profundamente metido en sectores clave de la región, como el litio, cobre, puertos, telecomunicaciones, inteligencia artificial, minería, energía, vigilancia digital y movilidad eléctrica.

La gran pregunta es si América Latina logrará usar esta relación para fortalecer industrias propias y ganar soberanía económica y desarrollo, o si terminará atrapada en un modelo de dependencia, deuda y control tecnológico extranjero. Porque la pelea por América Latina ya inició, y lo que pase en esta región durante las próximas décadas, podría definir buena parte del nuevo equilibrio mundial.

Distopía, anticipación ontológica (Bloch) y Netflix

Jiddu Rojas Jiménez

“Somos seres para la esperanza, aunque sepamos del abismo”. Ernst Bloch.

Recientemente, pude ver un maratón de la serie El cuento de la criada, The Handmaid’s Tale (2017-2025, creada por Bruce Miller). Otra distopía más en el inevitable Netflix.

No es cine-arte precisamente; es otra serie, con la arquitectura y textura necesarias para ser “popular” y bien comercializable. Recomendada. Muy recomendada.

Pero tenemos malas noticias políticas: como ya sabemos, el cine, la televisión y hasta Netflix son, desgraciadamente, “proféticos”. Y no en un sentido religioso y menos emancipador o escatológico.

Sufre, por el contrario, esta industria cultural (arte digamos no áureo), estructuralmente, de lo que el gran filósofo Ernst Bloch llama “anticipación ontológica” (en El principio esperanza).

Aunque, paradójicamente, el cine como espectáculo serial de masas la padece más bien. No la constituye como potencia liberadora necesariamente, sino como desgarramiento cultural avisado. Como anuncio acaso de un destino colectivo trágico; apenas evitable, y matizado de alienantes distracciones sociales o de delirantes teorías de la conspiración.

En este caso no se trata de la hermosa esperanza ontológica de Bloch —tan diferente de la religiosa confesional—, sino de una anunciada tragedia cultural, política, económica y sexual, que se aproxima en pleno siglo XXI.

Lo sabemos desde la transformación de la República en Imperio con Star Wars, pasando por el humor corrosivo de Los Simpsons, o las versiones cinematográficas de los clásicos 1984, Fahrenheit 451, Un mundo feliz, La naranja mecánica, luego más recientemente los éxitos de taquilla Avatar, Los juegos del hambre o simplemente Matrix. Todas grandes metáforas culturales. Todas acertadas. Y todas interpelando a la cultura de masas.

Esta nueva, aberrante y cruel trama —algo delirante en otros tiempos pasados, y basada en la novela de la autora canadiense Margaret Atwood de 1985— parece ahora totalmente plausible en un futuro cercano. Tal cual. El cuento de la criada no parece suficientemente imposible. Así de simple.

Lo que hubiese parecido una exageración poco realista —imaginar una especie de violenta sociedad totalitaria hiperpatriarcal, militarizada y fundamentalista protestante para los EE.UU., con servidumbre sexual femenina obligada y poligamia bíblica, con natalismo fascista, con mutilaciones públicas como castigo, con tortura reglamentada y dosificada penalmente y sádicamente, como en el actual y moderno Israel (en caso de “terrorismo”), etc.— es una de las posibles realidades futuras en un impredecible imperio trumpista en total decadencia. Más allá de MAGA, y con algún detonante colectivo y mediático, podríamos tener esta especie de neofascismo natalista norteamericano, o casi cualquier cosa.

“El anticomunismo es el comienzo del fascismo”, escribió Camus (quien no era comunista ni marxista, pero sí miembro de la Resistencia). Aun y cuando no haya más “comunismo”, ni URSS, ni Pacto de Varsovia, queda su fantasma. La desinformación sistemática y la manipulación colectiva hacen el resto. Y el ascenso económico brutal de China Popular y de los BRICS+ no pasa inadvertido para el “Imperio” (Negri).

Justo en este momento se discute internacionalmente en China sobre la llamada “trampa de Tucídides” —concepto del politólogo norteamericano Graham T. Allison, creado en su artículo homónimo del 2012 para el Financial Times, y luego desarrollado en el libro Destined for War del 2017, inspirado a partir del texto griego clásico de Tucídides Historia de la guerra del Peloponeso—, que explicaba la inevitable guerra entre la antigua Atenas y la antigua Esparta. Lo que pasa es que EE.UU. y China Popular son potencias mundiales nucleares. Sin hablar del poderío militar de Rusia.

Y esto nos recuerda que últimamente el rumbo democrático-liberal —con todos los defectos clasistas de la democracia liberal burguesa— del imperialismo occidental está en entredicho y navega con rápido rumbo hacia el autoritarismo.

Esto último incide directamente en su periferia neocolonial, incluida América Central, Latinoamérica en general y, por supuesto… Costa Rica con Rodrigo Chaves y su continuismo.

La “actualización” del imperialismo capitalista en tiempos de crisis fue, es y será el fascismo, y obviamente su economía política es la guerra de rapiña y el caos organizado. Y obviamente su periferia neocolonial, dada su histórica relación asimétrica, será su primer campo de batalla y experimentación.

Pero como alguna vez sentenció Umberto Eco: “Nazismo solo hay uno, pero fascismos hay muchos”. Es variopinto el neofascismo en el siglo XXI. Y se le nombrará como “libertad”, sentenció Umberto Eco de nuevo.

Ya sea el apartheid bóer con su discurso paranoico racista en la vieja Sudáfrica; o el franquista nacional-católico de viejo estilo; o el de nuevo estilo tipo Vox o la internacional Ayuso; o el régimen salazarista de Portugal; o la dictadura de los coroneles griegos (1967-1974); o la dictadura militar turca laica y prooccidental, o la actual islamista de Erdogan; las dictaduras de seguridad nacional impuestas en la periferia latinoamericana o por el neocolonialismo en África; o, a su manera, las satrapías petroleras del Medio Oriente; o el nuevo clásico: el actual sionismo revisionista y su genocidio en Gaza (y su pasada, atroz y también colonial Nakba).

La protagonista June Osborne (interpretada por Elisabeth Moss), ahora sexualmente esclavizada por uno de los nuevos comandantes (interpretado por Ralph Fiennes), no solo es mujer, blanca, hermosa e inteligente; es educada, universitaria, profesional y tenía un trabajo estable y un lindo matrimonio heterosexual interracial, carro y casa, y atención… tenía una hermosa hija.

Esto último le salva la vida cuando trata fallidamente de escapar con su familia a Canadá y es capturada y llevada con las demás “sirvientas”; porque en esta distopía norteamericana hay una especie de extraña pandemia mundial donde no hay fertilidad. Ella, al final del día, es fértil. Es un útero fértil. Y como en “La dialéctica del amo y el esclavo” de La fenomenología del espíritu de Hegel, el esclavo (o esclava) terminará sutilmente administrando su esclavitud y venciendo sobre el amo.

Este apocalíptico tema ya ha sido tratado en otra película distópica, pero británica: Children of Men (2006), Los hijos del hombre (España), o Los niños del hombre (Latinoamérica), de Alfonso Cuarón, con Clive Owen, Julianne Moore, Michael Caine y Chiwetel Ejiofor. Y viendo la tasa de natalidad de algunos países ricos, si no fuese por la inmigración de países pobres periféricos, pronto colapsarían demográficamente.

Spoiler sobre la trama de la serie en cuestión: aprovechando la coyuntura, los fanáticos fundamentalistas crean falsos atentados, o sea de “falsa bandera”, provocaciones al estilo de las Torres Gemelas del 11-S, y se desbordan. Así dividen EE.UU. al estilo de la Confederación sureña esclavista (anticipada por el filibusterismo de William Walker), e implantan un moderno toque de queda permanente, como en El Salvador de Bukele: la “República de Gilead”. Dando pie a un siniestro proyecto político totalitario.

Todo muy propio al próximo cambio del nuevo modo de producción del tecnofeudalismo, anunciado por el economista Yanis Varoufakis. Un nuevo modo de producción —aún peor que el capitalismo tardío, financiero y global— caracterizado por personajes ultramillonarios, barones del tecnofeudalismo tipo Peter Thiel, Alex Karp, Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Sundar Pichai y Bill Gates.

Así las cosas, con las previstas, actuales y próximas guerras imperialistas, con la grave crisis energética en ciernes, con la crisis climática y ecológica, con el sesgo totalitario de la IA, con la desinformación sistemática y con la manipulación de masas del populismo de extrema derecha, que nada nos extrañe… “El futuro es ya”, ironizaba el francés Jean Baudrillard.

Avisados estamos. La distopía, cualquiera sea su nombre, podría estar más cerca. Y Netflix lo “profetiza”.

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Ana Cecilia Jiménez: las etiquetas ideológicas funcionan como mecanismos de descalificación y “macartización” política

En el marco del programa Alternativas, realizado recientemente bajo el tema “Más allá de las etiquetas: el lenguaje ideológico que oculta la desigualdad y la acumulación de riqueza en el sistema capitalista”, la socióloga, trabajadora social y presidenta de ACODEHU Ana Cecilia Jiménez Arce presentó una reflexión crítica sobre el uso de etiquetas ideológicas como instrumentos de descalificación política y construcción de discursos de odio.

El texto desarrollado por la autora, titulado “Estereotipos, etiquetas, el macartismo ideológico”, analiza cómo determinados conceptos y símbolos políticos son utilizados desde estructuras de poder mediático, político e ideológico para simplificar, estigmatizar y desacreditar a personas, movimientos sociales y corrientes de pensamiento.

Jiménez parte de una referencia al discurso del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, durante una cumbre de líderes progresistas realizada en Barcelona el 18 de abril de 2026. Allí, Sánchez reivindicó públicamente términos utilizados históricamente de forma peyorativa contra sectores progresistas, feministas, ecologistas o de izquierda.

La autora rescata especialmente la frase:

“Nunca te avergüences de tus ideales… el mundo necesita más gente como tú”.

A partir de ese punto, sostiene que las etiquetas ideológicas funcionan frecuentemente como mecanismos de “desdibujamiento del otro”, orientados a desacreditar adversarios políticos y construir imaginarios de amenaza social.

El documento plantea que expresiones como “zurdo”, “rojo”, “progre”, “verde” o “comunista” adquieren significados específicos dependiendo del contexto histórico y cultural donde son utilizadas. Según Jiménez, estas palabras dejan de ser simples categorías descriptivas y pasan a convertirse en instrumentos de confrontación política y exclusión simbólica.

En su análisis, la autora afirma que la prensa mediática y los sectores de ultraderecha utilizan frecuentemente discursos de odio y estrategias de simplificación ideológica para generar confrontación social y legitimar posiciones autoritarias.

Como ejemplo, menciona declaraciones y discursos políticos recientes en Costa Rica y América Latina, vinculados con la idea de “limpiar de comunistas” determinados espacios sociales o institucionales.

Jiménez sostiene que las etiquetas operan como “mapas simbólicos” cargados de contenido histórico, religioso, cultural e ideológico. Bajo ciertas condiciones políticas, afirma, esas etiquetas son utilizadas para menospreciar, deslegitimar y generar ambientes de agresividad irracional contra personas o colectivos.

El texto también analiza ejemplos históricos relacionados con el color rojo asociado al comunismo, la revolución y la amenaza durante la Guerra Fría, así como el uso del color verde para referirse a movimientos ecologistas, frecuentemente descalificados desde posiciones desarrollistas o extractivistas.

En esa línea, la autora cita al lingüista y analista político Noam Chomsky, señalando que el problema surge cuando las etiquetas “congelan significados” y reducen realidades políticas complejas a categorías simplificadas.

Jiménez concluye que las etiquetas, utilizadas desde grupos de poder en contextos históricos determinados, suelen asociarse a memorias de violencia política y mecanismos de persecución ideológica.

El documento cierra con una reflexión sobre las funciones simbólicas y prácticas de las etiquetas políticas, entre ellas la identificación rápida, la construcción de identidad colectiva, la simplificación mediática y la movilización emocional.

Como anexo, la autora incorpora además un comentario crítico sobre las tensiones entre el expresidente Miguel Ángel Rodríguez y el expresidente Rodrigo Chaves respecto al Poder Judicial, utilizando ambos casos para contrastar actitudes frente a la institucionalidad democrática y la rendición de cuentas.

La participación de Ana Cecilia Jiménez formó parte del espacio de análisis impulsado por Alternativas, dedicado a discutir el lenguaje ideológico y las formas discursivas utilizadas para ocultar desigualdades estructurales y procesos de acumulación de riqueza en el sistema capitalista.