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Etiqueta: Álvaro Vega Sánchez

Reproduciendo el modelo de «enclave económico»

Álvaro Vega Sánchez

Alvaro Vega Sánchez, Sociólogo

A propósito de la venta de activos del Estado, de la conservación de nuestro patrimonio ecológico y de mejores alternativas para un desarrollo turístico ecológica y socialmente sostenible, vuelvo a traer a reflexión la frase “yo no sé vender, solo sé comprar” de don Juan Mercedes Matamoros, uno de los grandes hacendados sancarleños de mediados del siglo pasado. Fue la respuesta a un amigo que le criticó por haber vendido un pequeño terreno en Ciudad Quesada a un bajo precio.

A los pioneros en esa zona y otras del país les caracterizó la conservación de sus tierras, las que posteriormente heredarían a sus hijos. Se interesaban no solo por conservarlas sino por ponerlas a producir, generando trabajo y riqueza. Por supuesto, fue necesario, en estos casos de latifundio, que también el Estado interviniera para democratizar la tenencia de la tierra, como lo hizo el gobierno de don Daniel Oduber con algunas fincas de este hacendado, atendiendo a los artículos 45 y 50 de la Constitución Política que establecen como función del Estado propiciar una mejor distribución de la propiedad y reparto de la riqueza. Lamentablemente, estos artículos han sido letra muerta para los gobiernos neoliberales de las últimas décadas.

Hoy, también se requieren políticas de Estado que apoyen al pequeño y mediano emprendedor turístico, para evitar continuar reproduciendo el viejo modelo de “economía de enclave”, concentrador de la riqueza en manos de empresas extranjeras, con impactos muy limitados en reducción de pobreza y generación de empleos bien remunerados. Ejemplo de esta tendencia es el modelo de desarrollo turístico de “enclave” en Guanacaste, que al parecer ha venido sustituyendo el modelo “endógeno” de La Fortuna de San Carlos.  

Para ello, se requiere también impulsar una política educativa dirigida a formar técnicos y científicos al más alto nivel. Una apuesta decidida a convertir al país en una potencia en este campo. De esta manera, incrementar y diversificar la oferta turística ecológica y socialmente sostenible, así como innovar en la investigación y el desarrollo científico tecnológico para un adecuado manejo de nuestra rica biodiversidad.

Ya es hora de decidirse a superar esa gran contradicción de ser, por un lado, un “país ecológicamente rico” y, por otro, “socialmente pobre”.  El modelo oligárquico de concentración de la riqueza fue, en buena medida, superado por los gobiernos que en las décadas de 1940-1970 impulsaron reformas estructurales para garantizar derechos sociales y el fortaleciendo un régimen de democracia solidaria, que contribuyó a un desarrollo económico más equitativo y socialmente más inclusivo, menos desigual.

Perdimos el rumbo, cuando nos marcaron la cancha desde afuera a partir de la “década perdida” de 1980. Más recientemente, los gobiernos que ofrecían cambios significativos para conducir al país a una nueva “primavera” de crecimiento económico con equidad y justicia social, han vuelto sobre las viejas andanzas. El país, se sigue endeudando e hipotecando a los grandes intereses financiero nacionales e internacionales. Y en esas condiciones, la salida es, como ya se ha reiterado, convertirnos en una sociedad de “proletarios” y no de “propietarios”, como era la expectativa del estadista José Figueres Ferrer. Es decir, continuamos reproduciendo el viejo modelo de “enclave económico”.

Lleva razón el filósofo Enrique Dussel cuando señala que el gran desafío que tenemos los países empobrecidos en América Latina es la descolonización epistémica. Mientras continuemos padeciendo de la minusvalía cognitiva e imaginativa, es decir, considerándonos necesitados de la mano de un “Gran Hermano”, seguiremos arrastrando pobreza, desigualdad e injusticia social.  Es lo único que ofrece una reactivación económica al estilo neoliberal o neocolonial, es decir, bajo un modelo prevalente de “economía de enclave”.

José León Sánchez: un gran ser humano

Nunca estarás más lejos de mí de lo que está mi corazón.
José León Sánchez.

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo.

En un reciente homenaje póstumo al escritor José León Sánchez, que se le ofreció en la Universidad de Costa Rica, su esposa, Ahiza Vega, expresó con sentimientos nostálgicos que a José León el país sí lo había reconocido como escritor, particularmente al haberle otorgado Premios Nacionales por su obra literaria en cinco ocasiones, así como el máximo galardón cultural, el Premio Magón. Sin embargo, no alcanzó a ponderar y reconocer sus cualidades humanas. Una persona que, a pesar de haber recibido una dura, prolongada e injusta pena carcelaria, no guardó odio alguno para quienes lo juzgaron, maltrataron y estigmatizaron, provocándole, más allá del flagelo físico, un sufrimiento todavía más profundo, el que toca las fibras del alma humana y busca envilecer su espíritu. Aunque acostumbraba a decir: “mi oficio es amar a México”, también supo amar entrañablemente a su pueblo natal de Río Cuarto y con él a toda Costa Rica.  

Para el cantautor y poeta Julio Vindas, José León Sánchez, el poeta que escribía novelas, se vestía de ternura y tolerancia para no permitir que el odio y la venganza lo habitaran: “Alimenta con su pluma las ubres de la vida, camina intransigente, intransmutable, intransferible, inclaudicable, ¡trashumante!, con un fardo de tolerancia a cuestas, donde guarda el infinito dolor y la invaluable alegría de ser –sencillamente–, ¡él mismo! […] cuando le da la gana, se convierte en raíces podridas de silencio, se transforma en jaguar en celo, almizcle de colibrí, amamanta estrellas, enamora galaxias, y pregona su Amor por una Ahiza, tan infinita como bella, algo así como la presencia de todas las ausencias. José León no solo solloza nostalgia, ¡solloza ternura! […]”.

Tuve la feliz oportunidad de acompañar a José León y Ahiza en dos ocasiones a mi tierra natal, San Carlos, donde se le ofrecieron homenajes por parte de instituciones universitarias, tanto públicas como privadas. Personas como el doctor Álvaro Hidalgo, exdirector del Hospital San Carlos, y los profesores Rocío Murillo y Olivier Hernández de la Universidad Técnica Nacional (UTN), así como el profesor Gustavo Salas de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), fueron claves en los homenajes que se le brindaron en vida a José León. Asimismo, los escritores sancarleños Adriano Corrales y Francisco Rodríguez, quienes siempre supieron destacar, reconocer y difundir los méritos de su obra literaria. La academia y el pueblo sancarleño abundaron en gestos de aprecio y reconocimiento al escritor costarricense más laureado y traducido internacionalmente, como persona de cualidades humanas, afectivas e intelectuales excepcionales.

En ambas oportunidades, fui testigo de esas cualidades:  cercano, accesible y de una sensibilidad admirable para acoger con cariño a todas las personas. Esa era su manera más natural de actuar, y por consiguiente espiritual. Manuel Delgado destaca esa dimensión profundamente humana y afectiva: “M´ hijito nos decía a todos. Parecía mentira que un hombre que llevaba tras de sí tanto dolor y tanta injusticia pudiera guardar (y expresar) tanta dulzura, tanta humildad y, sobre todo, tanto amor por la vida. A mí siempre me intrigó por qué Chepeleón me mostraba tanto aprecio. Luego llegué a la convicción de que era la forma normal de ser y convivir, siempre y con todo ser humano”.  

No solo estamos ante un escritor que se forjó en el crisol del sufrimiento, sino frente a un ser humano que supo dignificarse con múltiples gestos de gratuidad y su incansable lucha por la defensa y promoción de los derechos humanos y la restitución de la rica herencia cultural de los pueblos originarios. En los últimos años, asumió con mística la defensa y dignificación de la mujer presidiaria, y junto a su esposa la recuperación de los aportes de los pueblos ancestrales de “La Gran Nicoya”, así como la traducción del “Quipu de Talamanca”.

¿Cómo explicar que ese gran escritor y ser humano no alcanzase a ser valorado, en su país de origen, como se lo merecía? Al respecto, cabe retomar lo que la insigne escritora Yolanda Oreamuno identificó como un rasgo cultural propio del costarricense: la actitud y el comportamiento de “bajar el piso” (“serruchapisos”), siempre procurando la medianía; esa predisposición para evitar que alguien trascienda la línea media, con lo bueno que podría tener para no endiosar o idolatrar, pero también con lo malo al no reconocer los méritos a quienes se destacan. En este último aspecto, la mezquindad y hasta la envidia nos delata en nuestra pobreza humana y espiritual. Para el filósofo y escritor Martín Buber “se puede calificar de humana a una sociedad en la medida en que sus miembros se confirman recíprocamente. La base de la convivencia humana es doble y sin embargo una sola: el deseo de todos los hombres de que los otros los confirmen como lo que son e incluso como lo que pueden llegar a ser y la capacidad innata de los hombres para confirmar de ese modo a sus semejantes. El hecho de que esta capacidad esté yerma en tan gran proporción constituye la verdadera debilidad y lo cuestionable de la raza humana. La verdadera humanidad solo se da allí donde esa capacidad se desarrolla”.  

Quizá, para poder aquilatar las cualidades humanas y afectivas del escritor José León Sánchez, ahora que no podremos contar con sus calurosos gestos afirmativos de cariño y reconocimiento –y también de irreverencia sagrada–, haya que volver a sus obras, con otra mirada, especialmente atendiendo al perfil de sus personajes protagonistas: los niños, las mujeres, los campesinos, los presos, los pueblos originarios… Asimismo, atender a su apasionada búsqueda por reivindicar la dignidad de esos sectores discriminados y olvidados, para construir un mundo más inclusivo, solidario y amoroso.

Gracias, José León, por darnos una lección de humanidad y afectividad en estos tiempos donde azota el frío de la indiferencia y la violencia, que nos tienen al borde del precipicio como humanidad planetaria.

 

Imagen ilustrativa.

La hora de América Latina

Álvaro Vega Sánchez

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

La avanzada del progresismo en América Latina es un signo esperanzador. El liderazgo político de Manuel López Obrador y Luis Inácio Lula da Silva podría convertirse en las dos manos que acerquen a los pueblos al Sur del Río Bravo en un abrazo fraternal y amistoso. Ambos líderes, han enarbolado la bandera de la dignidad latinoamericanista y han abierto senderos para profundizar la integración y la unidad de nuestros pueblos. No sólo representan a los dos países más grandes de América Latina, México y Brasil, sino a dos pueblos con una trayectoria histórica de liderazgos progresistas, que son símbolo de la incansable lucha por la independencia y la soberanía económica y geopolítica.

Vivimos tiempos donde el derrotero global y planetario apunta a un perfil geopolítico multipolar e intercultural. El mismo, representa un desafío para construir alianzas, sólidas y estratégicas, entre países y regiones que contribuyan al desarrollo con justicia y paz social. Para ello, es fundamental que se creen y consoliden bloques regionales que permitan generar condiciones para un nuevo marco de cooperación y relaciones comerciales, culturales y políticas, que propicien y fortalezcan sistemas políticos democráticos estables, países gobernables y una convivencia humana planetaria más digna, es decir, más equitativa, hospitalaria y afectiva.

La crisis de los regímenes democráticos actuales, debido a los índices crecientes de desigualdad, pobreza y criminalidad, obedecen, en gran medida, a un modelo de globalización geopolítica y económica que se ha venido configurando sobre un patrón de dominación socialmente empobrecedor y excluyente, culturalmente devastador, por lo discriminatorio y xenófobo, y política y económicamente neocolonial hegemonista.

Esta “segunda ola progresista”, a la que asistimos hoy en América Latina, es una valiosa oportunidad para contribuir a afianzar los vínculos de cooperación y solidaridad regionales. En un contexto geopolítico agitado por una sucesión de conflictos bélicos con participación directa de potencias militares, como Estados Unidos y Rusia, América Latina tiene que asumir el desafío de afianzar un rumbo propio para no dejarse arrastrar por estos vientos bélicos, y convertirse en fácil presa de intereses geopolíticos que no favorecen su desarrollo como región.

América Latina cuenta con los recursos suficientes para convertirse en una de las regiones, humana y ecológicamente, más prósperas del mundo. Para ello, es fundamental, como señalan los pensadores de la decolonialidad, superar, entre otras, la colonización epistémica (Enrique Dussel). Reconocernos, desde nuestras raíces ancestrales, como pueblos con valores, dignidad, conocimientos y capacidades suficientes para levantarnos sobre nuestros propios pies. En esta búsqueda, por afirmarnos como región, hay que leer y releer la novela decolonial por excelencia Tenochtitlán del insigne y laureado escritor costarricense, y adoptado por México, José León Sánchez. Nuestra visión de mundo está en nuestras novelas, dijo Ernesto Sábato.  

Es la hora de América Latina. El tiempo oportuno para articular y ofrecer, como región, una alternativa al modelo dominante de globalización neocolonial. Mostrar que sí es posible, según lo expresado por el Papa Francisco, construir fraternidad universal y amistad social. Que la cultura de la violencia, el odio, el miedo y la insolidaridad tiene todavía un frente de resistencia cultural y político en una región latinoamericana decidida a apostar por la promoción y defensa de los derechos humanos y la convivencia pacífica, digna y solidaria entre los pueblos.

Y que el ruido ensordecedor de las bombas no ha opacado las voces de la no-violencia activa por la paz con justicia social, para hacer posible que los niños y niñas sigan sonriendo y sembrando esperanza, mientras sus madres y padres abonan el jardín sin “junglas” de la hermandad universal.

“Los niños estaban ahí escondidos cuando entró el soldado castellano y elevó la espada para rematar al anciano… Orinó con un chorro caliente de orines sobre el rostro ya sin ojos de esmeralda del señor Huitzilopochtli…y salió. El anciano miró a los niños. Luego se dirigió hacia un viejo arcón empotrado en una de las paredes pintadas de rosa y verde con la historia de las batallas de Tezcatlipoca y sacó una manta de cabuya.

La ciudad está perdida…les dijo, pero yo les regalo esto…y les enseñó un puñado de granos de maíz´[…]

“Un grano de maíz para que tengan vida y puedan ver el camino ahora que va a caer la noche. Un grano de maíz para que puedan vivir… El otro grano de maíz no es para alimentar el cuerpo, sino el corazón…Llévenlo a su lado…Cuando lleguen al otro lado de la laguna busquen un lugar y siémbrenlo. Mientras un grano de maíz pueda germinar sobre la tierra extensa de Anáhuac, México Tenochtitlán, nunca, nunca, nunca… ha de morir.” (Sánchez A., José L. (2012) Tenochtitlán. La última batalla de los aztecas. México, Random House Mondadori.  p. 400-4001)

Ocurrencias populistas: más de lo mismo

Álvaro Vega Sánchez.

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

A estas alturas, el recetario neoliberal solo logra imponerse apelando a las ocurrencias populistas, aderezadas con el miedo y atizando los odios, para vencer polarizando a la sociedad.

Esa fue la estrategia utilizada para la aprobación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Una ocurrencia populista más, con la que se vendió la idea de salvar al país. Para el expresidente colombiano, Ernesto Samper, estos tratados asimétricos son como el trato que le propuso la gallina al cerdo: “hacer huevos con tocino”; una de las vías equivocadas, que han profundizado la desigualdad y la pobreza. Este Tratado se impuso apelando al miedo de que los trabajadores de las zonas francas se quedaran sin empleo y la democracia del país se viese arrasada por los regímenes dictatoriales vecinos; asimismo, con el atolillo de falsas promesas: un Tratado como operador mágico que permitiría al costarricense cambiar su moto Yamaha por una Harley o su Hyundai por un BMW.

Por su parte, el gobierno anterior atizó la hoguera contra los empleados y pensionados del sector público, tratándolos como una casta privilegiada. Además, se levantaron muros entre el sector público y el privado, para justificar una política tributaria de manos de seda para los ricos y de hierro para los pobres y la clase media. Y como si con eso no le bastara hizo alianza con los sectores más retrógrados del pluripartidismo para golpear a los trabajadores, con leyes como la de empleo público y la de regulación de las manifestaciones públicas de los trabajadores. Mientras criminalizaba la protesta social, favorecía la evasión, la elusión fiscal y premiaba con amnistías a los ricos de este país.

Las esperanzas de transitar por nuevos senderos se desvanecen, un día sí y otro también, con los dictados que emanan del actual gobierno, tanto vía decretos como leyes, la mayoría de los cuales son más de lo mismo. El discurso de la “prensa canalla” enfila sus dardos ahora contra las universidades públicas, socavando los cimientos constitucionales de su autonomía. Nuevamente, se apela de manera populista a polarizar la sociedad, insinuando que lo presupuestado para las universidades es desproporcionado con relación a lo que se invierte en infraestructura vial en el país. Y, como no se alcanzó a reducir el FEES, ahora se busca dar un golpe letal a la autonomía universitaria, proponiendo una ley que crea una instancia interministerial reguladora del quehacer universitario.

Por otra parte, cuando se le advierte al señor presidente de sus deslices autoritarios y de centralización del poder, resulta que quienes le critican son unos cuantos “pensionados de lujo”. Por favor, señor presidente, guarde su postura, no la devalúe, apelando a las mismas armas innobles de sus antecesores. Señor presidente, es hora de rectificar, porque si algo está poniendo en peligro la democracia costarricense no es, ni mucho menos, la no aprobación del proyecto de ley para emitir 6.000 millones de dólares en eurobonos, sino continuar con más de lo mismo: el populismo mesiánico, con las mismas acciones y promesas de siempre, caldo de cultivo del desencanto ciudadano con una democracia cada vez más devaluada, cuyo rostro de desigualdad y pobreza extrema lo develó la pandemia y ahora también se muestra en toda su crudeza con cada azote de la temporada de huracanes.

El camino fácil del gobierno: vender el Banco de Costa Rica (BCR)

Álvaro Vega Sánchez.

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo.

El señor presidente, don Rodrigo Chaves, ha optado por el camino fácil. Nos extraña de alguien que habla de tener capacidad y voluntad para comprarse las broncas, que por definición son difíciles. Su argumento, al parecer, más contundente es que el Banco de Costa Rica ya no cumple la función social de una banca de desarrollo, sino que opera como un banco privado o peor. Entonces, ¿por qué opta por el camino fácil de venderlo en lugar de reconvertirlo en un verdadero banco de desarrollo al servicio de la pequeña y mediana empresa?

El camino difícil es comprarse la bronca de hacer del sistema bancario nacional una institución financiera competitiva y eficiente para contribuir a la reactivación económica y social del país. Y esa es una tarea del gobierno, poner en cintura al sistema bancario nacional para que cumpla su función fundamental como banca de desarrollo. Los poderes Ejecutivo y Legislativo son quienes fijan la política de la institucionalidad financiera pública. Entonces, si el banco no está cumpliendo esa función, la responsabilidad recae sobre esos dos poderes, así como sobre la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF), y no solo sobre el banco. El banco no se manda solo. Entonces, ¿quién manda en este país?

El camino fácil de la privatización es el que ha llevado a la profundización de la pobreza y la desigualdad a los países de Suramérica, con Chile a la cabeza. Ahora, están de vuelta y, en ese país, a pesar del voto negativo al reciente proyecto de reforma de la Constitución, sigue habiendo consenso, entre tirios y troyanos, de que hay que revertir la privatización que quebró el sistema de pensiones y encareció los servicios públicos privatizados.

No hay explicación razonable para persistir en la chilenización, al estilo de Pinochet, de uno de los países, como Costa Rica, que ha sabido cultivar lo mejor de su patrimonio natural, humano y social levantando en alto la bandera -con algunos traspiés propiciados por quienes piensan más en su patrimonio que en el de la patria- de un Estado Social de Derecho, único frente de resistencia al neoliberalismo frívolo, injusto e inhumano.

Se replican hoy los intentos privatizadores de los gobiernos de don Oscar Arias y don Miguel Ángel Rodríguez. Don Oscar, en su primera administración, buscó privatizar las telecomunicaciones autorizando la operación ilegal de la empresa MILLICOM, algo que logró legitimar con la firma del TLC con Estados Unidos en su segunda administración. Asimismo, con la creación de una “Empresa Costarricense de Telecomunicaciones (ECOTEL)” para la venta de acciones y privatizar parcialmente al Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), como se pretende ahora con el Instituto Nacional de Seguros (INS). Es decir, en este caso, estamos ante un mismo modelo.  Por su parte, Don Miguel Ángel, buscó privatizar infructuosamente el ICE con el famoso paquete energético “Combo ICE”, lo que le costó la casi desaparición de su Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), algo parecido le ha sucedido a don Carlos Alvarado con el Partido Acción Ciudadana.

Los vientos virulentos de la privatización se pueden convertir, por efecto bumerang, en tempestades para los mismos partidos que los impulsan. Pareciera que viejos y nuevos partidos no han puesto en la balanza el comportamiento de una ciudadanía que todavía arrastra una cultura política afincada sobre los valores imperecederos de un Estado Social de Derecho. Hay una arrogancia globalista modernizante que busca tirar al tarro de la basura las conquistas sociales del pasado, incluso a quienes las promueven los tratan de “ningunear” con el mote de “nostálgicos”, pero resulta que esa herencia se resiste a morir, no por capricho de esos “cabezas calientes” o “anacrónicos”, sino por la misma fuerza de su vigencia para atender a las calamidades sociales de este tiempo “pandémico”, donde los más vulnerables continúan siendo las víctimas.

No estamos ante la venta de un “Rolex”, una mercancía de lujo. Se trata de una institución pública, socialmente rentable, porque sus dividendos sí contribuyen a paliar las necesidades de la “señora de Purral”, y funcionando como debe ser, ella podría emprender un negocio propio para no seguir viviendo del asistencialismo social. Pero, ahora, el señor presidente opta por el camino fácil, para no comerse la bronca con la reconversión del sistema bancario público nacional y con el FMI. Y, además, con esa venta no tener que comprarse la bronca de impulsar una verdadera reforma tributaria y parar, de una vez por todas, la evasión y la elusión fiscal. De seguir por este camino fácil, pobrecita la “señora de Purral”.

De “comprarse broncas” a “armar broncas”

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

                Nos parece acertado que el presidente, para “ordenar la casa” o “limpiar la finca”, se esté comprando algunas broncas. Hay que hacerlo, lo exigen las circunstancias actuales si aspiramos a construir una sociedad con equidad y justicia social.  Sin embargo, cuando se continúa protegiendo a grupos de gran poder económico, no se vislumbra que se estén comprando las broncas sustantivas para los cambios estructurales que exige el país. Y más aún cuando se continúa golpeando a la institucionalidad social, garante de un Estado Social de Derecho. Más bien, lo que se hace es “armar broncas”.

                Comprarse broncas sustantivas, que signifiquen un viraje en políticas públicas para la equidad y el bienestar del pueblo, no es cuestión simplemente de sustituir a unos sectores privilegiados, como los grandes arroceros, para trasladarle el negocio a otro sector privilegiado, los grandes importadores de arroz. Comprarse la bronca, en este y otros casos, significa proteger al consumidor, regulando los precios de la canasta básica y no permitiendo que la sacrosanta ley de la competencia fije los precios, aduciendo que la misma favorece al consumidor. Lo mismo sucede con las medicinas. Ahora resulta que con un decreto que permite la libre importación de medicamentos, automáticamente, vamos a tener medicinas baratas. Eso es dar “atolillo con el dedo” o “pan y circo” al pueblo. ¿Cuándo se ha visto que el mercado es intrínsicamente tan generoso como para garantizar un equilibrio de precios en favor del consumidor? 

                Asimismo, se arman broncas cuando se ataca a las universidades públicas poniendo a pelear a los niveles educativos básicos y de secundaria con los superiores. Se compara naranjas con chayotes, al pretender justificar la reducción de los recursos a las universidades aduciendo que los niveles básicos y de secundaria atienden a más de un millón de estudiantes mientras el superior apenas alcanza más de cien mil. No hay duda que hay que invertir más y mejor en educación primaria y secundaria, pero para ello se tiene que ordenar primero la casa del MEP, comprarse la bronca, desde adentro, con la ineficiencia administrativa y, desde afuera, con los grandes evasores de impuestos y los asalta bancos y de fondos de pensiones. Y no buscar un chivo expiatorio en las universidades, que sí han sabido hacer la tarea académica con excelencia, y además han venido introduciendo correctivos, por ejemplo, en materia salarial, algo que se les continúa cobrando con mala intención. Y esto es armar broncas, porque tampoco se tocan los “salarios de lujo” de altos jerarcas de todas las instituciones del sector público.  

Cuando se busca castigar las buenas prácticas institucionales de universidades que puntean en el ranking latinoamericano de calidad, en lugar de estimularlas, por supuesto, convocándolas a introducir correctivos razonables, lo que efectivamente se hace es armar broncas. Es propio de una gestión que en lugar de dialogar para buscar consensos opta por el camino fácil del mandato autoritario.  En esta dirección, el presidente Rodrigo Chaves no se ha desmarcado de la “dictadura en democracia”, que llevaron al país a niveles insoportables de injusticia social, tanto del gobierno de Oscar Arias como del de Carlos Alvarado, y que son los causantes principales de la “muerte neurológica” de sus respectivos partidos, Liberación Nacional y Acción Ciudadana, en sus inicios inspirados en ideales social demócratas, que estos gobiernos tiraron por la borda al casarse con el neoliberalismo. Lamentablemente, don Rodrigo pareciera estar corriendo la segunda milla en esa misma dirección. Ojalá corrija el rumbo, y aprenda de los errores del PLN y el PAC, y para bien del país haga la diferencia sustantiva, sin maquillajes ni portes efectistas. Es la hora de la verdad y la coherencia.     

                Así como el presidente Rodrigo Chaves reconoce que la protección de nuestros bosques y la biodiversidad está en el ADN del costarricense, o sea, ya es un componente de nuestra identidad cultural, debería reconocer que también es parte de nuestro ADN el Estado Social de Derecho, con una institucionalidad social robusta. Optar por otros caminos es darse contra la pared, armar broncas innecesarias. Y con ello, conducir a profundizar las crisis de gobernabilidad democrática, incluida la de partidos nuevos que nacen para morir y viejos que mueren, precisamente por situarse en el camino equivocado, una vía que no es la costarricense; una vía fraguada por poderes fácticos nacionales y extranjeros que solo buscan usufructuar de un Estado débil y complaciente, al servicio de sus mezquinos intereses.

                Son apenas 100 días de gobierno.  El pueblo ha venido renovando sus esperanzas de cambio significativo. El gobierno actual, para bien del país, puede rectificar. La “dictadura en democracia” del cerco neoliberal nunca será el rumbo para garantizar una democracia solidaria, sin odios que propician el conflicto y la violencia, y con equidad y justicia social. Es hora de comprarse broncas sustantivas, y con quienes verdaderamente hay que hacerlo; no armar broncas innecesarias que agiten las aguas más de lo que ya están. Necesitamos un país que avance hacia la reactivación económica con justicia y paz social.

Para compensar la inflación

Álvaro Vega Sánchez.

Por Álvaro Vega Sánchez, sociólogo.

El 1% tiene lo que el otro 99% necesita.
Joseph Stiglitz

Se ha aprobado un raquítico aumento del 1.24 % al salario del sector privado que no compensa la creciente inflación. Se reduce, así, el consumo básico de las familias con impactos negativos en la salud, especialmente en una adecuada y necesaria nutrición infantil. Y, en un contexto donde el desempleo no da señales de reducción significativa, el problema se agudiza. Urgen medidas como eliminar el IVA del 1% a la canasta básica, aumentar razonablemente el salario del sector privado y descongelar los aumentos de salarios del sector público.

Para compensar la inflación hay que aplicar la ley de “chucho el roto”: quitarles a los ricos para darle a los pobres, así de fácil. Aplicar un impuesto del 1% al sector de las grandes empresas nacionales y de las zonas francas, como se ha propuesto reiteradamente, y un impuesto a los bienes improductivos, además intensificar las medidas de control y cobro tributario a las grandes empresas que declaran cero ganancias. Asimismo, cerrar los portillos de la corrupción público-privada, que como en los caos de cochinilla, diamante y tantos otros más han sangrado las arcas del Estado.

Dejémonos de esos discursos de “no más impuestos”, que reiteran a voces los neoliberales, mientras el pueblo soporta el peso de uno de los peores impuestos: la inflación. Ese es un discurso hueco y politiquero. Por otra parte, un Estado endeudado no puede hacer chocolate sin cacao, y el cacao está en muy pocas manos.

Para situaciones extraordinarias medidas extraordinarias, se nos dijo en tiempo de pandemia. Y, claro, se tomaron esas medidas, inconstitucionales la mayoría, con el consentimiento de la Sala IV que se convirtió en el brazo derecho del gobierno de Carlos Alvarado. Así, nos recetaron un plan fiscal para que los ricos pagaran impuestos como pobres y los pobres como ricos. Aprobaron una ley anti-huelgas, criminalizando la protesta social y poniendo una mordaza al pueblo, para que se quede en casa. Aprobaron una ley para cobrar una segunda o tercera contribución solidaria a las mal llamadas “pensiones de lujo”, para no tocar a las verdaderas pensiones y salarios de lujo, como las pensiones de políticos que no cotizaron y salarios como el de la misma superintendente de pensiones.

Sí, llegó la hora de las medidas extraordinarias. Si somos uno de los países más desiguales del mundo, es porque la plata se ha concentrado en una élite intocable. Por ese camino no nivelamos la cancha. Y, para continuar sosteniendo lo insostenible, se nos obliga a endeudarnos más. Es decir, se continúa favoreciendo a las grandes empresas e instituciones financieras que siguen haciendo clavos de oro, y no se ven las medidas para que sean ellas las que paguen una porción significativa de esa deuda, como debe ser.

Por su parte, viejos y nuevos partidos vuelven a la retahíla neoliberal de la reducción del gasto público. No se cansan de repetir que el causante de la crisis fiscal y de todas las crisis es el sector público. Ya no se mencionan las exoneraciones, amnistías y evasiones de impuestos del sector privado. Y la corrupción institucionalizada solo lleva el sello de lo público. Proteccionismo extralimitado al sector privado, parar continuar por la senda de la desigualdad y el endeudamiento.

El país está a punto de arder, aún y cuando se cifran esperanzas en la nueva administración por algunas señales positivas. No se pueden postergar medidas serias y extraordinarias que atiendan, ya, las dolencias de un pueblo que ha sido valiente y solidario para encarar las crisis sanitarias, de desempleo y de alto costo de la vida. Pero, este pueblo está tocando techo.  “Más vale prevenir que lamentar”. Manos a la obra.

Presentación de libro «Cuando azota el frío: globalización y afectividad»

Libro Cuando azota el frio

El miércoles 25 de abril, a partir de las 7 y 30 de la noche, en la Casa de la Cultura del TEC, en el Barrio Amón, 250 metros al norte del Hotel Aurola Holiday Inn, será la presentación de la obra «Cuando Azota el frío GLOBALIZACIÓN Y AFECTIVIDAD» del sociólogo y prolífico escritor Álvaro Vega Sánchez.

¡Los esperamos amigos(as) lectores y bibliófilos apasionados!

 

*Imagen tomada de Editorial Universidad Nacional.

Enviado por Rogelio Cedeño.

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