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Etiqueta: Álvaro Vega Sánchez

Apoyemos las Iniciativas Comunales: Parque Natural Urbano “Lorne Ross” y Parque Nacional del Agua “Juan Castro Blanco”

Álvaro Vega

Álvaro Vega Sánchez. Sociólogo

Para el teólogo brasileño Rubem Alves la cultura es del orden del disfrute, no es una cosa útil, un medio, sino un fin en sí misma. No me como una fruta, dice Alves, pensando y contando las calorías, la disfruto sin cálculos utilitarios. Eso es cultura de la vida. Un razonamiento similar quedó esbozado en la frase del muralista mejicano, Leopoldo Flores (1934-2016) que creó la obra monumental “Cosmovitral Jardín Botánico” en Toluca: “El momento más importante es el momento de la creación, es el momento de la emoción, no cuando la obra se termina y firma puesto que entonces, ya no tiene importancia”. Tal debería ser también la motivación fundamental en el ejercicio del arte de la política o la política como arte.

La misión del político es servir al bien común de su pueblo con generosidad y gratuidad, atender a sus iniciativas y, de esta manera, contribuir a elevar los niveles de participación y organización ciudadana, para el fortalecimiento de nuestro régimen democrático.

Hoy, merece el apoyo la comunidad de Santa Ana que ha venido, durante 15 años, propiciando la idea de convertir una finca de 52 hectáreas, donada por la familia de Lorne Ross, en un Parque Natural Urbano, según un reciente reportaje del Semanario Universidad. Muy sabia la decisión de esa comunidad de crear un parque ecológico cantonal con loables objetivos, entre otros, preservar los recursos naturales y el patrimonio cultural, paliar los efectos del cambio climático y oxigenar nuestras urbes. De esta manera, se complementa el valioso esfuerzo de un país que con gran sabiduría convirtió buena parte de su territorio en Parques Nacionales y áreas de conservación. Con estas iniciativas avanzamos hacia un país “ecológicamente rico” (Silvia Rodríguez), para bien de las presentes y futuras generaciones.

Sin embargo, no solo debemos atender a las nuevas iniciativas en ese campo, sino brindar un apoyo más sustantivo a los proyectos ya existentes, como los Parques Nacionales, Áreas de Conservación y Estaciones Experimentales, que adolecen de recursos para su mejor manejo y funcionamiento.

Así, por ejemplo, contamos con un Parque Nacional del Agua en San Carlos, creado por ley en 1992 y que lleva el nombre de don Juan Castro Blanco, un campesino sancarleño de reconocida trayectoria municipal, y que contribuyó en la creación de varias obras para el progreso y bienestar de su pueblo, incluida la primera cañería del cantón. Este parque cuenta con una extensión de más de 14.000 hectáreas e innumerables nacientes de agua. Un reservorio natural del más preciado recurso para la reproducción de la vida, que hoy provee de agua potable a miles de familias tanto del cantón de San Carlos como de Zarcero. También con cuencas hidrográficas que alimentan ríos y quebradas, contribuyendo a la generación de energía limpia hidroeléctrica. Además, una hermosa laguna, Pozo Verde; un lugar que ha venido recibiendo el aporte de la Cooperativa de Electrificación Rural de San Carlos (COOPELESCA) para mejorar la infraestructura, propiciando mejores espacios para la educación ecológica y el turismo.

Este parque, según la opinión de lideres sancarleños, merece un mayor apoyo en recurso humano debidamente equipado para su cuido y mantenimiento, así como mejoras en infraestructura para atención a visitantes, que cada vez son más, también por esfuerzos promocionales en escuelas y colegios de la zona por parte de COOPELESCA. Sin duda, este tipo de mejoras también revierten en importantes beneficios por la mayor afluencia de turistas.

Como todos sabemos, San Carlos es una de las zonas del país más ricas en recurso hídrico; hay abundancia de quebradas y ríos y de nacientes de agua para consumo humano y animal, así como de aguas termales con propiedades medicinales. Los sancarleños de ayer al igual que los santaneños de hoy tuvieron la visión de impulsar un santuario natural que protegiera la montaña para la preservación del agua. Un ejemplo más de un país que ha sabido apostar con decisión y pasión por la protección y conservación de las fuentes de agua como bien público y no como un mero recurso mercantil para obtener dividendos económicos o políticos.

Hoy, de cara a los desafíos del cambio climático, que ya están devastando a muchas regiones del planeta, generando hambrunas y profundizando las olas migratorias, nuestro país debe renovar su apuesta por la preservación y buen uso de sus recursos naturales. Nuestros Parques Nacionales, áreas de Conservación y Estacione Experimentales deben constituirse en una prioridad de la política pública. Modernizar la infraestructura y contar con más personal especializado y equipo de monitoreo (drones) para una mejor vigilancia de las áreas de conservación y los hábitat de las diversas especies.

Levantemos, una vez más, la bandera de un país que sabe valorar, promover y defender sus recursos naturales y patrimonio cultural, es decir, un país al servicio de una cultura de la vida. Emulemos la actitud ejemplar de solidaridad y gratuidad de personas nacionales y extranjeras, como don Juan Castro y don Lorne Ross, quienes supieron anteponer cualquier interés mercantil o personalista con tal de contribuir a la preservación de la vida en nuestro planeta.

Premio Iberoamericano José León Sánchez

En la imagen José León Sánchez, Premio Nelson Mandela 2018.

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo.

Mi oficio es amar a México
José León Sánchez

Este 19 de abril del 2024, coincidiendo con el día de nacimiento del escritor y Premio Magón, José León Sánchez, el 19 de abril de 1929, será la entrega de la Primera Edición del Premio Iberoamericano José León Sánchez, en la Ciudad de México; evento al que ha sido invitada su esposa, la filóloga Aiza Vega Montero, para la respectiva entrega del premio.

En la convocatoria al premio, realizada por la Barra Interamericana de Abogados, se consigna que se “conferirá a las personas y/o asociaciones que se hayan distinguido por su actividad en grado inminente, en la difusión, promoción y defensa de los Derechos Humanos”. José León Sánchez dedicó su vida, desde muy joven en la prisión de la Isla San Lucas, a través de su obra literaria y todo su trajinar –en alguna circunstancia como diplomático y en su larga vida como un ciudadano costarricense más– a promover y defender los derechos humanos de los niños, mujeres, presos, campesinos e indígenas. Termina sus días, denunciando el injusto castigo a las mujeres que han sido inducidas al mundo del tráfico de drogas, y propiciando una nueva legislación que las proteja.

Se trata de un reconocimiento más de los muchos que recibió en vida por parte de ese hermano y generoso pueblo, México; su otra patria, donde el novel escritor de la Isla de los Hombres Solos fue acogido como un mexicano más, para llegar a ser reconocido como uno de sus más grandes y consagrados escritores. Fue distinguido como Doctor Honoris Causa por la Universidad Autónoma de México (UNAM), recibió el Premio Interamericano al Mérito Jurídico otorgado por la Barra Interamericana de Abogados y el Premio Nelson Mandela, que otorga la Comisión de Derechos Humanos de México.

José León Sánchez incursionó en profundidad en la historia y la cultura mexicana, para recuperarla con gran creatividad literaria, destacando hechos históricos y personajes ilustres que dieron vida e identidad a ese pueblo. Un trabajo de muchos años, que asumió con la pasión y versatilidad del poeta y la disciplina e imaginación del investigador social. Entre otros aportes literarios, que son abundantes y en diversos géneros, cabe destacar cuatro grandes novelas: Campanas para llamar el viento, que se adentra –recogiendo la memoria de un personaje paradigmático: Fray Junípero– en el mundo político y religioso del México de la devastadora conquista española; Mujer… Aún la Noche es Joven, una obra literaria sobre la vida y obra del gran compositor musical mexicano Agustín Lara, escrita con un estilo no convencional; Al florecer las Rosas Madrugaron, que narra la trágica pero fructífera vida de la querida cantante Chavela Vargas, donde se evidencia su amplio conocimiento de la cultura y el lenguaje del pueblo mexicano; y la gran novela decolonial Tenochtitlán, en la que se narra la gesta gloriosa de resistencia y dignidad de los indómitos aztecas. Esta última novela, con múltiples traducciones, se ha convertido en un ícono en la vida política y cultural del pueblo mexicano.

México ha sido terreno fértil para que fructifique el trabajo de artistas y escritores costarricenses, que hicieron de ese país su otra patria. Nuestro pequeño país, arrastrado por prejuicios y una dosis desproporcionada de mezquindad, no alcanzó a valorar en su justa dimensión a muchos de sus grandes cultores del arte y la literatura, como fueron Yolanda Oreamuno, Eunice Odio, Francisco Zúñiga, José León Sánchez, entre otros, que sí alzaron vuelo en ese “México lindo y querido”.

No es gratuito, entonces, que un José León Sánchez que amaba entrañablemente a su Cucaracho de Río Cuarto, donde había nacido, y con él a toda Costa Rica, y que supo perdonar para poder extender el abrazo presto y sincero, aprovechara cualquier oportunidad para expresar, con un dejo de nostalgia, su amor y gratitud por México. En una entrevista realizada por Víctor Hugo Fernández, a propósito de la publicación de su novela Campanas para Llamar el Viento, expresa: “Durante muchos años he tenido como oficio –un oficio interior– el amar a México y eso está antes del oficio de escritor. Nunca, nunca, nunca, –perdona la redundancia– dejaré de bendecir el día en que mi vida se cruzó con la historia de ese pueblo hermano”.

A contrapelo de quienes todavía no alcanzan la estatura moral para el perdón y de otros quienes tampoco alcanzan a valorar la grandeza humana de un escritor autodidacta que se abrió camino en otra patria, sin renegar de la suya, gesto que lo enaltece, a José León Sánchez se le otorgó el máximo galardón cultural de este país, el Premio Magón. Hoy en el hermano pueblo de México se le rinde un homenaje póstumo, con este premio iberoamericano que llevará su nombre, en reconocimiento a su encomiable labor en la promoción y defensa de los derechos humanos.

José León Sánchez no solo fue el escritor costarricense-mexicano que engrandeció las letras del continente, sino el escritor que supo articular a su obra, con gran maestría, su lucha por la defensa de los derechos humanos, recogiendo su experiencia de negación radical de los mismos como preso torturado e injustamente condenado a 30 años de prisión, y traduciéndola a una novela testimonial que trascendió fronteras; asimismo, dedicándose con empeño a defender la causa de los privados de libertad en los foros nacionales e internacionales. Hizo de toda su producción literaria una obra de denuncia al servicio de la reivindicación de los derechos humanos, sociales y culturales de los sectores más vulnerables, marginados y desprotegidos.

Sí, México y su intelectualidad han sabido ponderar ese legado portentoso y hoy lo reafirman con este homenaje, que eternizará el nombre de José León Sánchez junto con su obra. Nuestro país, en este aspecto, debería emular a México. Cierto que somos hospitalarios, y hemos sabido acoger a hermanos latinoamericanos perseguidos injustamente por razones políticas; en algunos casos, con desprendimiento y generosidad. Sin embargo, ha habido grandes profesionales, artistas, escritores que han pasado desapercibidos por este país, “sin pena ni gloria”. Quedamos debiendo.

Ahí están las ruinas de la prisión de San Lucas, el Alcatraz costarricense, para que algún día se levante un Museo de los Derechos Humanos y de la Naturaleza, que recoja y proyecte el invaluable y generoso legado de uno de los más ilustres pensadores y cultores de las letras y el espíritu de la solidaridad humana, que floreció como los rosales de llano Grande de Cartago, irradiando una luz que abrió senderos de libertad y dignidad para nuestras gentes y pueblos.

Celebramos y agradecemos la iniciativa de la Barra Interamericana de Abogados por este reconocimiento a nuestro querido compatriota escritor de La Isla de los Hombres Solos y Tenochtitlán, dos novelas que nos hermanan cultural y literariamente, como pueblos. Es un gesto que también nos hermana y compromete en la inclaudicable y persistente lucha por la defensa de los derechos humanos, en tiempos donde estos se ven amenazados, más que diezmados y hasta negados, por fuerzas políticas que se resisten al devenir de un nuevo orden geopolítico multilateral para la convivencia planetaria digna, justa, pacífica y afectiva, y buscan destruir los Estados Sociales de Derechos, favoreciendo a pequeños grupos de poder económico e induciendo a niveles de desigualdad, violencia y pobreza insostenibles.

Gracias México por celebrar de esta manera el natalicio de nuestro insigne escritor, maestro, amigo y hermano José León Sánchez.

Costa Rica: Un Tren Descarrilado

Álvaro Vega

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

Hasta los aciagos años de 1980 el país avanzó, más bien que mal, desde una reforma de corte socialista en los años de 1940, con protagonismo del movimiento campesino-obrero que una década anterior (huelga de trabajadores bananeros de 1934) contribuyó a impugnar el régimen oligárquico de economía de enclave, hasta consolidar una institucionalidad social modernizante de inspiración social demócrata y socialcristiana.

El descarrilamiento que se produjo con la instauración de los Programas de Ajuste Estructural de corte neoliberal, en la década de 1980, ha sido de consecuencias desastrosas, comparable con la “tragedia del Virilla” en 1926 que cobró 385 víctimas y 150 heridos. Por más que se quiera vender la idea de que tales programas eran una necesidad, lo cierto es que fueron el inicio del desmantelamiento del Estado Social de Derecho, el rumbo que nos venía conduciendo a mejores puertos, al punto de convertirnos en el país latinoamericano que punteaba en desarrollo humano.

Hoy estamos punteando también, pero en desigualdad y violencia. Ocupamos los vergonzantes primeros lugares en la región y también entre los diez más desiguales y violentos del mundo. Frente a esta realidad, por una parte, se profundiza el derrotero privatizador más que diezmando el financiamiento a la institucionalidad social (Caja del Seguro Social, educación pública, programas de asistencia social), propiciando la importación de arroz con lo que se favorece a países extranjeros (Brasil, Uruguay y Estados Unidos, principales proveedores) y a los pocos importadores, mientras se produce la quiebra de nuestros productores. Asimismo, para no impulsar una verdadera reforma tributaria que ponga a pagar a los ricos del país, se festina la venta del Banco de Costa Rica: un paliativo más, propio de la vieja estrategia de “patear la bola” que tanto se critica. Por otra parte, se negocian una serie de leyes, más bien de carácter represivo y no preventivo, y se anuncia la creación de más cárceles como la fórmula mágica para contener el avance de la violencia organizada y delincuencial.

No se quiere entender que la mejor política de seguridad para el país es una buena política económica y social, que propicie el empleo digno, el salario justo, la educación de calidad y accesible, la salud preventiva, es decir, una canasta básica y nutritiva al alcance de todos y diagnósticos tempranos de enfermedades crónicas, servicio de transporte público de calidad y ciudades amigables.

De no avanzar hacia un estilo de desarrollo postneoliberal, dando un nuevo impulso al Estado Social de Derecho, el tren seguirá descarrilado y cobrando cada vez más víctimas. El viraje tiene que ser lo antes posible, y solo una coalición de fuerzas sociales y políticas imbuidas de una decidida y valiente voluntad patriótica puede hacerlo.

El derrotero de la denominada “dictadura en democracia” que se inauguró torciendo brazos para impulsar el Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y Costa Rica-República Dominicana, se ha venido profundizando en los dos últimos gobiernos, pero ya hace aguas. El discurso populista y mesiánico de perfil religioso resulta cada vez más vacío, se diluye en un marasmo de falsas promesas que vienen siendo repulsadas por una ciudadanía desencantada.

Las personalidades fuertes por las que apostaba buena parte de la ciudadanía han defraudado. Vendieron una imagen de fortaleza para enderezar la barca y enrumbar al país hacia la decencia en el manejo de la cosa pública y hacia la justicia social, pero una vez en el poder pactaron con los poderosos y abandonaron las banderas de la justicia para el bienestar y la paz social. El tren continuó descarrilado.

Hoy se abre una ventana de oportunidades con el diálogo social emprendido por la academia y la clase trabajadora del país. Este es un país donde ha prevalecido la inteligencia y la cultura sobre el poder y la fuerza. Cuando en el mundo hay una avanzada de regímenes de fuerza que conducen a la guerra por mezquinos intereses económicos y geopolíticos, legitimando el genocidio, se hace necesario levantar las banderas de la inteligencia y la cultura, para construir sociedades que apuesten por la paz y a vida. ¿Por qué no Costa Rica?

Foro Diálogo Nacional de Alto Nivel: Necesario y Oportuno

Álvaro Vega

Álvaro Vega Sánchez. Sociólogo

Celebramos la iniciativa de este Diálogo Nacional, que dio inicio el 5 de marzo del año 2024 y se prolongará por 8 meses, emprendida por el Consejo Nacional de Rectores (CONARE), La Mesa de Diálogo Social y Productivo y la Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras del Banco Popular y de Desarrollo Comunal. La consideramos necesaria y oportuna debido a las siguientes razones, entre otras:

  1. El país urge de un nuevo derrotero cultural, económico, social y político para encarar con decisión y voluntad ciudadana los álgidos problemas de la desigualdad, el empobrecimiento y la intensificación de la violencia.
  2. Hay que contrarrestar el ensanchamiento del cerco neoliberal que ha venido socavando las bases de un Estado Social de Derecho, garante de un estilo de desarrollo más equitativo y promotor de derechos fundamentales para el bienestar, la convivencia democrática y la paz social.
  3. Avanzamos aceleradamente a niveles muy peligrosos de polarización social, cultural y política, propios de países sometidos a regímenes autoritarios y antidemocráticos.
  4. Asimismo, proliferan y se intensifican los discursos y narrativas de carácter confrontativo que alimentan la descalificación y el odio. Abonamos el terreno para la confrontación y la violencia en sus diversas formas: simbólica, política, psicológica y física.
  5. Es evidente, la perdida de legitimidad y credibilidad de las ofertas partidarias de diverso signo ideológico y contenido programático. Se muestran así, con profundas limitaciones para asumir una agenda país que contribuya a dar el salto cualitativo hacia una democratización económica y social más sustantiva.
  6. Los avances cualitativos en legislación e institucionalidad social que heredamos de los esfuerzos de diálogo y concertación sociopolítica, con visión ética y humanista, en las décadas de 1940 y 1950, y que permitieron forjar una Costa Rica más próspera y solidaria, requieren ser retomados y actualizados para proyectar la Costa Rica del futuro.
  7. Es fundamental, en esta dirección, y de cara al cambio demográfico, que propiciemos el encuentro intergeneracional, para ampliar los horizontes conjuntando esfuerzos donde se conjuguen de manera proactiva las visiones propias de las viejas y nuevas generaciones.

Auguramos una generosa cosecha de esta iniciativa de diálogo nacional para construir un nuevo pacto social, por el que la ciudadanía ha venido clamando desde hace rato. Las fuerzas sociales, políticas y empresariales habrán de inspirarse en el legado que ofrecieron nuestros más destacados impulsores del diálogo para la concertación social, como fueron el obispo Víctor Manuel Sanabria, el líder comunista Manuel Mora Valverde, el líder socialcristiano Rafael Ángel Calderón Guardia, el líder socialdemócrata José María Figueres Ferrer y los líderes del movimiento popular y sindical Carlos Luis Fallas (Calufa), María Isabel Carvajal (Carmen Lyra) y el presbítero Benjamín Núñez.

Que las palabras del pedagogo Paulo Freire sirvan de guía e inspiración para todos los y las participantes en esta mesa de diálogo: “Nadie educa a nadie, nadie se educa solo, nos educamos en comunión”. Forjemos la Costa Rica amante de la paz y la solidaridad para nuestros hijos y nietos. Nos la merecemos y se la merecen. Que el lema siga siendo el que dejó consignado en nuestro Himno Nacional su compositor, José María Zeledón Brenes (Billo Zeledón), “Vivan siempre el trabajo y la paz”.

Por Nuestra Juventud

Álvaro Vega

Prepárense los jóvenes con tesón, con ardor, con persistente decisión de victoria. Omar Dengo

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

Los homicidios de jóvenes, según el OIJ, casi se triplicaron este año 2023 con relación al anterior. Mientras en el 2022 al mes de agosto fueron 8 los asesinatos de personas entre los 12 y 17 años, a esta misma fecha la cifra alcanza los 21 fallecidos).

El escenario no podría ser más catastrófico. Sin embargo, posiblemente lo será si a corto plazo no se invierte lo requerido para contener la ola creciente de criminalidad y si no se redefinen las políticas públicas para evitar seguir reproduciendo las condiciones que son caldo de cultivo de la violencia en sus diferentes manifestaciones, factor que viene desfigurando aceleradamente el rostro de una Costa Rica más pacífica y democrática que heredamos de los forjadores de la Segunda República, con la reforma social y la modernización del Estado de Derecho, que contribuyeron a crear una vigorosa institucionalidad social de carácter público. Institucionalidad que facilitó la movilidad social de la juventud perteneciente a los sectores populares, tanto rurales como urbanos.

Urge retomar ese derrotero, ahora para impulsar una política pública centrada en la atención prioritaria a la juventud. Salir al rescate de una generación que se nos escapa de las manos porque la estamos entregando al crimen organizado, a la drogadicción y, por ende, a una muerte temprana. Postergar las acciones es auto suicidarnos como sociedad. Pienso que esta política pública hay que orientarla, al menos, en tres direcciones.

Primero, y es algo en lo que se ha venido insistiendo, hay que ampliar la cobertura del sistema educativo, con un particular énfasis en la capacitación de técnicos y científicos de alto nivel, pero con visión humanista y no meramente tecnocrática.  Asimismo, acompañada de una política de desarrollo en ciencia y tecnología endógena (José María Gutiérrez), para no convertir a nuestros profesionales en “maquiladores de punta”. Para ello, se requiere redoblar el apoyo a los colegios científico-tecnológicos, instituciones como el INA y el Instituto Tecnológico y a esfuerzos de cooperación interinstitucional como el que ha venido emprendiendo la Universidad Técnica Nacional (UTN) y la Universidad de Costa Rica (UCR), en San Carlos. Además, hay que apostar nuevamente y con mayor esfuerzo por la regionalización educativa de nivel superior.

La segunda dimensión corresponde al fortalecimiento de una política de cultura que permita a la juventud acceder al cultivo de las diferentes manifestaciones del quehacer artístico, para enriquecer su acervo cultural, así como elevar el sentido y espíritu de la identidad pluricultural y multiétnica de nuestro país, tal y como lo consigna la Constitución. El arte y la cultura, que elevan el espíritu y enriquecen y dignifican la corporalidad como seres vivientes, constituyen el fundamento del verdadero desarrollo en humanidad de las sociedades. Estamos sobrados de talento artístico y de iniciativas comunales que con grandes sacrificios sostienen a grupos de teatro, danza, música, baile, etc., pero el apoyo estatal y privado es mezquino y raquítico.

Ante esta precaria situación, como bien señala José Luis Amador, “se está imponiendo la cultura del cartel y la muerte. Hay que hacer algo para promover la cultura de la paz. Hay que decir no a la muerte. Y esto pasa por la cultura, por los valores, por la poesía, por la belleza. Un joven con un revolver no puede ser mejor que un o una joven con una guitarra, con un arado o un estetoscopio”.

Y, la tercera dimensión toca al deporte. Al igual que el arte el deporte, por tratarse de un quehacer que exige dedicación y disciplina, se convierte en escuela para la preparación de personas creativas, diligentes y resilientes.  Son varios los esfuerzos de gobiernos locales por dotar de instalaciones deportivas a sus comunidades. Se requiere generalizarlas a todo el país. Hay que apostar por alcanzar niveles altos de competitividad en las diversas modalidades deportivas. Ya es hora de ir más allá del fútbol-centrismo de nuestra cultura deportiva.

Una juventud con opciones a cultivar alguna de las expresiones artísticas, un deporte y alcanzar la debida preparación para desempeñar una profesión u oficio, ha de ser la aspiración fundamental de un pueblo que sabe actuar con la sabiduría que permita contener, revertir y prevenir la creciente violencia que está conduciendo a nuestra juventud al despeñadero y, con ella, al país entero. Esta empresa de rescate de nuestra juventud tenemos que convertirla en consigna que amalgame a todos los sectores sociales. Unámonos por nuestra juventud, como dice el maestro Omar Dengo, “con tesón, con ardor, con persistente decisión de victoria”.

¿Vamos a Seguir Poniendo los Muertos?

Álvaro Vega

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

En tiempo de guerra y en tiempo de paz seguimos poniendo los muertos, mientras las potencias y países ricos recogen las ganancias, tanto del negocio de las armas como del narcotráfico. Lo que es una ganancia para esos países se revierte en pérdida en vidas humanas para los nuestros.

Urge cambiar radicalmente esta lógica neocolonial, propiciada por los poderes fácticos del capitalismo salvaje de un neoliberalismo que se vende como el ideal de prosperidad para los pueblos empobrecidos, mientras son sometidos a patrones financieros, sistemas productivos y estilos de consumo que profundizan la pobreza, la desigualdad y la violencia. Hay que erradicar este neocolonialismo, que se viste de buena vecindad, protector del libre comercio y hasta de los derechos humanos: un contrasentido a todas luces, que campea a fuerza de una propaganda mediática engañosa y desvergonzada.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, una vez más, ha levantado la voz en el seno de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para proponer que se eleve a la categoría de crimen internacional toda invasión militar de un país contra otro. Esta, entre otras acciones globales anticolonialistas contribuirían, sin duda, a una convivencia global más digna, afectiva y pacífica. Y permitiría contener los tambores que reiteradamente llaman a la guerra, para redefinir fronteras de influencia geopolítica entre las potencias y naciones más poderosas.

Hay que asumir el desafío de un nuevo pacto global con compromisos vinculantes que contribuyan a erradicar, de una vez por todas, el neocolonialismo guerrerista, antiecológico y homicida. No debemos permitir que se continúe profundizando el modelo de globalización dual: donde unos disfrutan los oasis de riqueza y otros perecen en la más escandalosa miseria, unos ponen los muertos y otros recogen el botín, unos conservan y cuidan la naturaleza y el ambiente y otros lo depredan y explotan para amasar capitales, unos son víctimas de enfermedades y pandemias y otros acumulan ganancias con el negocio de las medicinas y las vacunas…

Lamentablemente, un conjunto de nuevas fuerzas sociales, políticas y religiosas de corte populista y neoconservador están contribuyendo a desviar la atención sobre las causas estructurales de estos álgidos problemas. Por ejemplo, se utiliza el discurso de la anticorrupción, refiriéndolo de manera reduccionista a los comportamientos individuales o de grupos de interés que utilizan recursos públicos y privados para enriquecerse. De esta manera, se exime al modelo mismo, que genera y propicia esos comportamientos. Y las alternativas propuestas, van en la misma dirección, a saber, corregir esos comportamientos, como si se trata de simple voluntarismo personal o grupal. De esta manera, los correctivos son simples paliativos, porque se dejan intactas las estructuras socio-económicas, jurídico-políticas y culturales.

Construir los cimientos de un proyecto global alternativo postneoliberal sigue siendo la consigna necesaria para recoger y hacer viables esos esfuerzos e ideales que permitan heredar un mundo mejor a las nuevas generaciones. Acciones desde los ámbitos personales, locales y comunales son tan necesarios como las acciones globales. Y en esta tarea, son precisamente los países que hoy ponen la peor parte: los muertos, quienes deben aunar acciones y esfuerzos para decir ¡basta Ya! Y avanzar hacia un nuevo modelo descolonizador y humana, social y ecológicamente viable, para “vivir bien, juntos”.

¿Somos masoquistas?

Álvaro Vega

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

Pareciera que los costarricenses nos estamos acostumbrando a convivir con los problemas y hasta disfrutarlos, es decir, convirtiéndonos en masoquistas: un comportamiento enfermizo que encuentra placer en soportar lo insoportable y sufrir lo insufrible. Una resignada aceptación de los problemas más álgidos, algo así como que es mejor padecerlos que enfrentarlos y solucionarlos. Nos resistimos al cambio sustantivo entreteniéndonos con paliativos y mensajes-masajes (McLuhan) populistas que actúan como analgésicos.

Los informes sobre el Estado de la Educación del Programa Estado de La Nación año tras año nos desafían a cambiar de rumbo. Los problemas se acumulan y hoy estamos heredando a las nuevas generaciones un futuro de menos oportunidades y condiciones laborales cada vez más precarias. Naturalizamos la devaluación de la calidad educativa y, con en ello, empobrecemos más al país. Cómplices de todo ello: los sucesivos gobiernos de las últimas cuatro décadas que se entregaron a la política neoliberal de menos Estado social y más mercado; menos distribución y más crecimiento-concentración económica; menos soberanía alimentaria y más apertura comercial; menos Costa Rica solidaria y más Globalismo desigual.

 De esta manera, no solo arrastramos las consecuencias sociales de la “generación perdida” de la década de 1980 por la aplicación de esa política, sino que, bajo las condiciones actuales de reducción presupuestaria para la educación y devaluación sustantiva de su calidad, teniendo una mayor cobertura, según el más reciente “Informe del Estado de la Educasión”, continuamos abonando el terreno para nuevas generaciones igualmente devaluadas en educación, destinadas a convertirse en maquileras de un sistema que sigue apostando por mano de obra barata y condiciones laborable de sobreexplotación con jornadas extendidas no remuneradas.

Los índices de pobreza estancados y una desigualdad creciente. No hay forma de que los gobiernos “tomen el sartén por el mago” y se decidan por una política tributaria verdaderamente justa y progresiva que revierta cualitativamente esa tendencia. Hacemos todo lo contrario, con un Plan Fiscal que favorece a los ricos y golpea a los pobres y la clase media, una Ley de Empleo Público que supuestamente trata de nivelar los salarios, cuando de lo que busca es de desmantelar el Estado Social de Derecho. Una política de salarios decrecientes que desestimula el trabajo profesional de calidad en el sector público. Es decir, leyes y acciones para ahondar las brechas sociales y, con ello, crear condiciones para que florezca el mercado informal del narcotráfico y se eleven los índices de violencia criminal.

Todo ello no es otra cosa que masoquismo, y al estilo costarricense donde todo lo digerimos y reciclamos con chistes; también hoy con descalificaciones donde se apela al lenguaje violento que busca “serruchar pisos” y hacer “bullyng”, para desviar la atención sobre los problemas reales. Una actitud evasiva enfermiza y complaciente con quienes nos han venido, desde hace rato, vendiendo falsas promesas mesiánicas.

Ha llegado la hora de despertar del letargo. No dejarnos anestesiar con esas promesas de reinos venideros. Decidirnos a “tomar las riendas” de este “caballo desbocado” que acelera su trote, para conducirnos al despeñadero. No podemos permitirnos, seguir mirándonos en el espejo de una patria irreconocible, por lo socialmente violenta y cada vez más polarizada. Llegó la hora de encarar la realidad. Dejar el comportamiento masoquista que nos está volviendo dóciles y débiles, destinados a soportar lo insoportable. Y, a pesar de todo ello, sintiéndonos “felices”, es decir, “jodidos y agradecidos”.

Parque Ecológico Las Lapas en Crucitas

Álvaro Vega Sánchez

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

El santuario de las lapas en Crucitas fue profanado y dolosamente invadido y arrasado. Hay que restituir ese santuario convirtiendo a la finca crucitas en un parque ecológico donde se reforeste, especialmente con almendros, el hábitat natural de una de nuestras aves más bellas, símbolo de una rica y exuberante biodiversidad.

En un viejo artículo había sugerido que, siguiendo la visionaria y sabia tradición de crear parques nacionales en un país ejemplar a nivel mundial de una avanzada política conservacionista, en la actualidad podríamos apostar por crear parques ecológicos en todos los cantones del país, verdaderos pulmones para oxigenar nuestras urbes en crecimiento. Asimismo, para proteger zonas estratégicas de reproducción de especies terrestres y marinas que se han convertido en víctimas del arrinconamiento y la depredación por parte de un ser humano que perdió el rumbo de su misión fundamental: garantizar la reproducción de la vida en el único planeta habitable de nuestra galaxia.

Crucitas nos retrata hoy ante el mundo como un país sin rumbo, sin visión ni estrategia. Gobiernos van y vienen y Crucitas empeora. No hay voluntad de sentarse a la mesa del diálogo ciudadano para conjuntar las mejores ideas y salir del “atolladero” en que nos encontramos en este caso, como en tantos otros que han sido objeto de la improvisación, por decir los menos. No adolecemos de imaginación y creatividad, para proyectar al país sobre mejores senderos, pero sí abunda la falta de voluntad para el diálogo que permita gestar y recoger las mejores ideas; la conversación reposada que abre nuevos horizontes, tarea ineludible de los pueblos soñadores y visionarios.

Un país sin rumbo, es decir, que no marca la cancha, está cada vez más expuesto a ser conducido por intereses foráneos, la más de las veces siguiendo la lógica imperial de extraer y explotar sus mejores recursos humanos y naturales a cambio de “cristales” y promesas de futuros gloriosos, mientras se profundiza la desigualdad, la injusticia y la violencia criminal. Un país que no planifica su futuro está destinado nos solo a repetir los errores del pasado sino a facilitar que se impongan intereses ajenos y espurios que lo mantendrán postrado, adormecido y paralizado: un país convertido en “hoja que arrebata el viento”.

¿No creen que ya es tiempo de comprometerse  con acciones concretas y sustantivas, para no permitir que el santuario ecológico, que es Costa Rica, sea invadido por intereses y fuerzas mezquinas que solo piensan en sacar provecho económico de sus recursos, sin importarles las consecuencias ecológicas devastadoras, anti-vida? ¿Acaso, vamos a permitir que una valiosa y rica tradición de conservación y salvaguarda de nuestras riquezas biodiversas se tire por la borda, con la excusa de “reactivar la economía”? ¿Qué tipo de economía queremos reactivar, la que ha emprendido una guerra no declarada contra la naturaleza, que hoy cobra cada vez más víctimas (incluidos los “migrantes ecológicos”) en razón de un acelerado cambio climático?

Una alternativa para Crucitas, en correspondencia con nuestra “vía costarricense” de progreso y bienestar social y eco-ambiental, significa afirmar nuestra identidad, con dignidad, en el escenario global. Que la mesa del diálogo recoja las mejores ideas, para actuar ya.

Guerra en Costa Rica… contra la clase media

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

                Los proyectos sociopolíticos predominantes desde la década de 1940 hasta la de 1980: el socialcristianismo bajo el liderazgo de don Rafael Ángel Calderón Guardia, la socialdemocracia impulsada por José Figueres Ferrer y el “comunismo a la tica” de don Manuel Mora Valverde convergieron, en buena medida, alrededor de lo que se denominó la “vía costarricense” (Armando Vargas) de desarrollo económico, social y político.

                A pesar de las diferencias que siempre hubo entre estos proyectos, se procuraba darle forma a un modelo de desarrollo que permitiera evitar la concentración de la riqueza, contener el empobrecimiento y ofrecer servicios públicos de calidad en salud, educación, agua, electricidad, telecomunicaciones e infraestructura vial. De esta manera, se creaban las condiciones para la movilidad y la inclusión social; es decir, engrosar la clase media y achicar las clases alta y baja.

                 Esfuerzos sostenidos en esta dirección, condujeron a logros significativos que nos colocaron entre los países latinoamericanos con los mejores índices de desarrollo humano: una sociedad subdesarrollada, pero apuntalando su clase media. Sí, aún y cuando persistía la pobreza al lado de los islotes de riqueza, la tendencia dominante era hacia la inclusión y la justicia social, lo que inducía a un orden social más equitativo y solidario. La inversión social sustantiva por parte del Estado, especialmente en educación y salud, fue un factor determinante para que el país se desmarcara del rumbo oligárquico que predominaba en los países de América Latina.

                La década de 1980, con los Programas de Ajuste Estructural impuestos por los organismos financieros internacionales (particularmente el FMI y el BM), marca un antes y un después. Se inicia el camino hacia la oligarquización del país, proceso que se ve fortalecido por los gobiernos del bipartidismo desde esa década, así como por algunas de las nuevas fuerzas políticas.

                Una coalición entre viejas y nuevas fuerzas político-partidistas, élites empresariales y organismos financieros internacionales le han declarado la guerra a la clase media, particularmente a profesionales del sector público a quienes se les ha estigmatizado como privilegiados con salarios y pensiones de lujo. De esta manera, se tira una cortina de humo sobre los privilegios que han sostenido las élites empresariales al amparo de gobiernos populistas, que se visten de salvadores de la patria enfilando su “artillería” contra la clase media, convertida hoy en el chivo expiatorio de los males que padece el país.

                Con la destrucción de la clase media se está sustituyendo la “vía costarricense” de desarrollo por la vía oligárquica: la que han optado la mayoría de los países centroamericanos, que hoy expulsan significativos contingentes de su población hacia Estados Unidos y construyen mega cárceles, porque el empobrecimiento y la desigualdad de las sociedades oligárquicas solo conducen a la violencia o a la huida, el éxodo masivo.

                Todavía estamos a tiempo de dar un viraje, que nos coloque en la ruta de la “vía costarricense” del fortalecimiento del Estado Social de Derecho. Ello implica, por un lado, alcanzar los más altos niveles de calidad y competencia colaborativa en el ejercicio de la función pública, para garantizar mejores servicios. Y, por otro, enfrentar las medidas y acciones que han venido utilizando reiteradamente el discurso de la ética y la anticorrupción para reducir el Estado y abrir las puertas a la privatización de nuestra institucionalidad pública socialmente “rentable”. Es decir, medidas y acciones que “tiran al niño con el agua sucia de la bañera”.

Democratizar la educación para reconstruir la democracia

Álvaro Vega Sánchez

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

El régimen democrático costarricense, que celebró índices de desarrollo humano y de paz social ejemplares en América Latina, se ha deteriorado cualitativamente. El creciente empobrecimiento, desigualdad e inseguridad social junto con la avanzada del autoritarismo político y el fundamentalismo religioso-cultural son los factores que explican, en buena medida, ese deterioro. El mismo se manifiesta en un debilitamiento sustantivo de nuestra institucionalidad social pública, así como en la pérdida de protagonismo del país en la defensa de los derechos humanos y de la naturaleza a nivel mundial.

Todo ello también ha contribuido a profundizar la polarización social, acicateada por los elevados decibles de las voces del odio y la intolerancia que campean hoy en las redes sociales y algunos medios de comunicación. Asimismo, una gestión gubernamental que no da indicios de contribuir al tan necesario diálogo social para encarar los álgidos problemas del país. Acudir a las vieja prácticas de componendas interpartidarias solo abonan el terreno de la polarización y el desencanto ciudadano.

Reconstruir el régimen democrático del país es una tarea tan urgente como importante. Para ello necesitamos una ciudadanía con mejores niveles educativos, particularmente, como se recomienda en esta era de la inteligencia artificial, poniendo especial atención a la formación en “capacidades blandas” para humanizar el desempeño técnico-profesional e incentivar la creatividad y el trabajo colaborativo. Por lo tanto, se requiere ampliar la cobertura del sistema educativo en todos sus niveles, es decir, democratizarlo fortaleciendo la institucionalidad pública y convocando a la privada a un mayor compromiso solidario. Asimismo, redefinir la estrategia curricular atendiendo a las nuevas condiciones de disponibilidad y acceso a la información.

Una verdadera democratización de la educación es aquella que garantice que todo joven costarricense a la edad de 18 años haya culminado la educación secundaria y esté preparado para acceder a una carrera técnica o académica del mejor nivel. De esta manera, se crean las condiciones que eviten seguir reproduciendo la “generación perdida” de jóvenes que ni estudian ni trabajan. Un país que se precia de tener un “ejército de maestros” no debe estar tirando a las calles a jóvenes en edad productiva, para que se conviertan en delincuentes, sicarios, consumidores y traficantes de drogas, contribuyendo a reproducir los círculos de la pobreza y la violencia.

Si bien es cierto, la educación no es la única solución a los graves problemas de la pobreza, la desigualdad y la violencia social (cultural, simbólica y política) y criminal, sin educación no hay posibilidad de avanzar significativamente en la solución de los mismos. Como se dice, es una condición necesaria pero no suficiente. Sin embargo, en las condiciones actuales, si el país pretende rescatar su viejo protagonismo en desarrollo humano y reconstruir su régimen democrático la democratización de la educación tiene que convertirse en una prioridad de la política pública.

En esta dirección se requiere afinar la planificación y regulación de todo el sistema educativo, tanto público como privado, con un norte claro y definido: garantizar la conclusión de los estudios secundarios para todos los jóvenes que habitan este país. Es la gran deuda social que arrastramos desde hace décadas, como bien lo han reiterado los Informes sobre el Estado de la Educación. Para ello, se requiere un seguimiento personalizado del avance educativo de los jóvenes y, por consiguiente, una estrategia de cooperación por parte de las familias, las organizaciones de la sociedad civil que trabajan con jóvenes y el Estado.

Si no queremos una sociedad con más cárceles que escuelas y colegios, tenemos que actuar ya. Hay que superar el actual modelo de “oligarquización de la educación” y dar el salto cualitativo hacia la democratización de la educación, la vía por la cual el país cosechó sus mejores logros y los puede seguir cosechando.