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Etiqueta: armas nucleares

Hiroshima y Nagasaki: la memoria que aún intenta salvarnos

Mientras se extinguen las voces de quienes vivieron el horror nuclear, el mundo enfrenta nuevas formas de conflicto que ponen a prueba su capacidad para construir una paz duradera.

Olga C. Guerra Pizarro

Cada 6 y 9 de agosto el mundo vuelve la mirada hacia Hiroshima y Nagasaki. Recordamos las ciudades destruidas por las bombas atómicas y honramos a las miles de víctimas que marcaron uno de los capítulos más dolorosos de la historia de la humanidad.

Pero la memoria solo cobra verdadero sentido cuando nos ayuda a comprender el presente y a asumir responsabilidades frente al futuro.

Hoy el mundo ya no vive bajo la amenaza exclusiva de las armas nucleares. La inteligencia artificial aplicada a sistemas militares, los drones autónomos, los ciberataques, la manipulación informativa y una creciente carrera tecnológica están transformando la naturaleza de los conflictos. La capacidad de destrucción continúa evolucionando, muchas veces más rápido que nuestra capacidad para establecer límites éticos, políticos y humanitarios.

Paradójicamente, el mismo ingenio que ha permitido grandes avances para la humanidad también ha multiplicado su capacidad de destrucción. Cada nuevo avance científico nos recuerda que el verdadero límite no está en la tecnología, sino en las decisiones humanas sobre el uso que hacemos de ella.

Los últimos testigos del horror

Ochenta y un años después de Hiroshima y Nagasaki, los sobrevivientes de las bombas atómicas, conocidos como hibakusha, representan una generación que lentamente se despide. En Japón quedan poco más de 91.000 sobrevivientes oficialmente reconocidos y su edad promedio supera los 86 años. Con cada año que pasa, el mundo pierde no solo a quienes vivieron el horror en primera persona, sino también una parte irremplazable de la memoria colectiva de la humanidad.

La mayoría de ellos no solo sobrevivió a la explosión. También enfrentó durante décadas las consecuencias de la radiación, enfermedades, pérdidas familiares, secuelas psicológicas y, en muchos casos, discriminación social. Su vida ha sido un recordatorio permanente de que una guerra no termina cuando cesan los bombardeos; sus efectos pueden prolongarse durante generaciones.

Seis sobrevivientes de la bomba atómica de Hiroshima (hibakusha) retratados en 2016. Sus testimonios han contribuido a mantener viva la memoria de las consecuencias humanas de la guerra nuclear. Foto: Johannes Eisele / AFP.

Conscientes de que pronto ya no quedarán testigos directos, instituciones, universidades y organizaciones de paz en Japón trabajan para preservar sus testimonios mediante archivos digitales, registros audiovisuales y programas educativos. Al mismo tiempo, hijos y nietos de los hibakusha han asumido la responsabilidad de transmitir esas historias para que las nuevas generaciones comprendan que la paz no puede darse por sentada.

Este relevo generacional nos deja una responsabilidad que ya no podemos delegar. Cuando desaparezcan las últimas voces capaces de decir «yo estuve allí», la memoria dependerá de nuestra voluntad de escuchar, enseñar y actuar. Recordar Hiroshima y Nagasaki dejará de ser únicamente un ejercicio histórico para convertirse en una decisión ética y ciudadana.

Una marcha que llega en el momento oportuno

Precisamente en este contexto, la Cuarta Marcha Mundial por la Paz y la No Violencia, que se desarrollará del 21 de septiembre al 4 de octubre de 2026 bajo el lema «En mi ciudad», adquiere un significado especial.

La iniciativa propone que cientos de ciudades en los seis continentes promuevan actividades educativas, culturales y comunitarias para fortalecer la paz, la no violencia, el diálogo, el respeto por los derechos humanos y la resolución pacífica de los conflictos. Más que una movilización internacional, plantea que la construcción de la paz comience allí donde vivimos: en nuestras familias, nuestras escuelas, nuestros barrios y nuestras ciudades.

La marcha también impulsa objetivos concretos, entre ellos la adhesión al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, el fortalecimiento del sistema multilateral y una mayor participación de la sociedad civil en las decisiones que afectan el futuro del planeta. Son propuestas que buscan responder a un escenario internacional marcado por el rearme, las tensiones geopolíticas y el acelerado desarrollo de nuevas tecnologías militares.

La paz comienza mucho antes que la guerra

Con frecuencia se afirma que la paz es simplemente la ausencia de guerra. La experiencia demuestra que no es suficiente. Puede no haber enfrentamientos armados y, aun así, existir violencia, odio, discriminación, exclusión o indiferencia. La paz comienza mucho antes de que estalle un conflicto.

Comienza cuando reconocemos la dignidad del otro, cuando optamos por el diálogo antes que la confrontación y cuando entendemos que ningún avance científico será suficiente si no está acompañado por principios éticos capaces de orientar su uso.

Desde esa perspectiva, el amor deja de ser una idea romántica para convertirse en una decisión profundamente humana. Amar es reconocer el valor de la vida del otro, incluso cuando piensa diferente, pertenece a otra cultura o vive al otro lado del mundo. Sin esa convicción, cualquier tecnología puede terminar sirviendo a la destrucción en lugar de al progreso.

Más que conmemorar, reflexionar

La humanidad dispone hoy de tecnologías capaces de transformar el mundo en cuestión de segundos. Nunca antes habíamos tenido tanto conocimiento ni tantas herramientas a nuestro alcance. Sin embargo, el rumbo que tome ese progreso dependerá siempre de las decisiones que adoptemos y de los valores que las inspiren.

Las guerras son consecuencia de decisiones humanas. La paz también lo es. Se construye cada día en nuestras acciones, en nuestras palabras y en la manera en que elegimos relacionarnos con los demás.

Recordar Hiroshima y Nagasaki solo adquiere verdadero sentido si esa memoria nos impulsa a construir un mundo donde la tecnología esté siempre al servicio de la vida y nunca de la destrucción. Porque la paz no es un recuerdo del pasado; es una decisión que tomamos cada día.

Imagen de cabecera: El Memorial de la Paz de Hiroshima (Genbaku Dome), declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, se refleja sobre el río Motoyasu como un símbolo de memoria, resiliencia y del compromiso de las generaciones presentes y futuras con la paz. Foto: Stephan Leuzinger.

Compartido con SURCOS por la autora.

Hiroshima y Nagasaki, 81 años después: recordar a las víctimas, no olvidar a los responsables

Felix Madariaga

Por Félix Madariaga

El 6 y el 9 de agosto de 1945, Hiroshima y Nagasaki ingresaron para siempre en la historia como las únicas ciudades del mundo contra las que se utilizaron armas nucleares durante una guerra. Han pasado 81 años, y la pregunta sigue siendo necesaria: ¿quién lanzó esas bombas y por qué todavía existe tanta cautela para hablar de esa responsabilidad?

Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima la bomba de uranio Little Boy y tres días después sobre Nagasaki la bomba de plutonio Fat Man. Las estimaciones históricas indican alrededor de 140.000 muertos en Hiroshima hasta fines de 1945 y decenas de miles en Nagasaki, además de las personas que posteriormente sufrieron las consecuencias de la radiación.

No fueron desastres naturales ni accidentes. Fueron decisiones políticas y militares. Por supuesto, los crímenes cometidos por el Japón imperial durante la Segunda Guerra Mundial deben ser condenados. Pero una cosa no justifica la otra. Los crímenes japoneses no legitiman el uso de armas nucleares contra ciudades habitadas.

81 años después

Este 6 de agosto, Hiroshima volvió a recordar a sus víctimas. Cerca de 50.000 personas participaron en la ceremonia de paz, junto a representantes de alrededor de 120 países y regiones. A las 8:15 am, hora en que cayó la bomba, se guardó un minuto de silencio. El alcalde de Hiroshima, Kazumi Matsui, volvió a cuestionar la idea de que las armas nucleares puedan garantizar la seguridad mediante la llamada disuasión nuclear.

El 9 de agosto, Nagasaki realizó también su ceremonia conmemorativa. Naciones Unidas, por su parte, volvió a hacer un llamado para avanzar en la eliminación de las armas nucleares. También organizaciones pacifistas y antinucleares realizaron actividades conmemorativas durante agosto en distintos países.

Recordar Hiroshima y Nagasaki no puede reducirse a ceremonias, flores y discursos sobre la paz. La memoria también debe recordar las decisiones que hicieron posible esa tragedia. La bomba no cayó por casualidad desde el cielo. Fue transportada, preparada y lanzada deliberadamente.

La contradicción japonesa

Existe además una paradoja que Japón debería discutir con mayor profundidad. El país que sufrió los únicos ataques nucleares de la historia continúa dependiendo militarmente de Estados Unidos y de su llamado paraguas nuclear. Japón recuerda cada año el horror de Hiroshima y Nagasaki, pero su seguridad sigue vinculada a la capacidad nuclear estadounidense.

No se trata de desconocer la responsabilidad japonesa en la Segunda Guerra Mundial ni de plantear una revancha histórica. Se trata de formular una pregunta legítima: ¿Puede el único país que ha sufrido ataques nucleares aceptar indefinidamente que su seguridad dependa de las mismas armas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki? La memoria japonesa corre además el riesgo de transformarse en una ceremonia diplomática en la que las víctimas ocupan todo el espacio y la responsabilidad histórica queda en segundo plano.

No olvidar

A 81 años de Hiroshima y Nagasaki, no basta con decir «nunca más».

Hay que recordar a las víctimas, escuchar a los sobrevivientes y cuestionar las doctrinas militares que todavía consideran las armas nucleares instrumentos legítimos de seguridad.

Estados Unidos ha sido el único país que ha utilizado armas nucleares contra población civil durante una guerra. Esa responsabilidad histórica no desaparece con el paso del tiempo.

Japón, por su parte, tiene el desafío de mantener viva su memoria sin convertirla en una conmemoración políticamente cómoda.

Hiroshima no fue un accidente. Nagasaki tampoco. Fueron decisiones humanas.

Por lo mismo Chile forma parte de esa historia. Documentos del propio Departamento de Estado reconocen que Washington financió acciones políticas, desarrolló campañas de propaganda contra Salvador Allende y consideró operaciones encubiertas destinadas a impedir su llegada al poder. Aunque la responsabilidad directa de Estados Unidos en el golpe del 11 de septiembre de 1973 continúa siendo objeto de debate, su intervención en la política chilena está documentadaPor eso, cuando hablamos de Hiroshima y Nagasaki, también debemos recordar que detrás de la retórica estadounidense sobre democracia, libertad y seguridad existe una historia de intervenciones en América Latina y otros continentes que no puede ser ignorada.

Fuentes:

https://history.state.gov/milestones/1969-1976/allende

https://www.youtube.com/watch?v=NMn3bE6JGg4

https://indonesia.un.org/en/320461-message-nagasaki-peace-memorial-81st-anniversary-atomic-bombing-nagasaki-2026-secretary

https://psr.org/get-involved/hiroshima-nagasaki-events/

https://www.nbcnews.com/world/asia/hiroshima-marks-81st-atomic-bomb-anniversary-rcna591306

https://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2026-08-06/hiroshima-conmemora-81-anos-de-la-bomba-atomica-y-su-alcalde-deplora-la-busqueda-de-armas-nucleares

Piden a Alemania a poner fin a la militarización y a los envíos de armas a Israel

Pablo Ruiz
Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas – Chile
www.derechoalapaz.org

Este jueves 11 de junio una delegación del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas entregó una Carta por la Paz en la Embajada de la República Federal de Alemania en Chile, ubicada en la comuna de Vitacura, en Santiago de Chile.

En la misiva el Observatorio manifiesta su preocupación por el incremento de la militarización en Europa y los vientos de guerra que los líderes europeos señalan que se podría producir en un futuro próximo y donde los países de Europa han aumentado significativamente su gasto militar al 2% del PIB para la OTAN y donde Alemania se ha propuesto, para el año 2029, destinar el 3,5 de su PIB para gasto militar.

En la carta que va dirigida a la embajadora alemana en Santiago, Susanne Fries-Gaier, también le manifiestan su rechazo al acuerdo que fue firmado con el gobierno alemán por la ex ministra de defensa chilena, Adriana Delpiano, “el que permitirá que Chile pase al nivel dos del sistema de catalogación con la OTAN” y agregan que “lamentablemente, la OTAN ha sido un instrumento de guerra y no queremos que nuestro país (Chile) esté involucrado con esta alianza militar”.

Así mismo, expresan su “solidaridad con el pueblo de Palestina” y rechazan “los ataques sistemáticos que viene realizando Israel contra su población, donde indirectamente son cómplices los países que siguen enviando armas al gobierno israelí; entre ellos, Estados Unidos y Alemania. Pedimos que Alemania deje de apoyar este genocidio”, señalan y expresan “nuestro rechazo a la represión que hay en Alemania contra manifestantes que se solidarizan con Palestina. Esto viola el derecho a la libre expresión, que constituye uno de los pilares de la democracia”.

La delegación del Observatorio pudo conversar en el lugar con Stefan Preuß, consejero político de la Embajada de Alemania en Chile, a quien se le señaló las preocupaciones expresadas en la misiva.

Alicia Lira, presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, y candidata al Premio Nacional de Derechos Humanos, presente en la actividad, dijo que “están asesinando en Gaza a niñas y niños palestinos, a mujeres, y que este genocidio debe terminar”.

También la delegación conversó con Preuß sobre la importancia de que el gobierno de Alemania apoye la demanda del movimiento de derechos humanos chilenos para la entrega total de la ex Colonia Dignidad para que este lugar sea un sitio de memoria.

El tema nuclear

La carta entregada también menciona y rechaza la presencia de armas nucleares en Alemania donde, de acuerdo a DW, los expertos estiman que hay entre 15 a 20 bombas nucleares de los EEUU, del modelo B61, en la base aérea de Büchel en Renania-Palatinado, en el suroeste de Alemania.

El dirigente Pablo Ruiz, señaló que “el tema de una guerra nuclear en la actualidad nos debería preocupar a todos ya que sus consecuencias serán devastadoras y aunque estemos lejos de Europa sufriremos tarde o temprano sus efectos”, también dijo que “hace semanas denunciamos también, basados en un informe del OIEA, que Alemania tiene las capacidades para fabricar sus propias armas nucleares y estos nos debe preocupar”.

En tanto Félix Madariaga, vicepresidente de la Corporación 3y4 Álamos, se refirió a algunos temas preocupantes para Chile que han ocurrido desde que la exministra Delpiano firmó un acuerdo secreto con Alemania. «Expresamos nuestro rechazo al actual rol del gobierno alemán en la promoción de políticas que profundizan los conflictos y aumentan los riesgos de una confrontación nuclear. Los pueblos necesitan paz, no más guerra».

«Asimismo, rechazamos cualquier intento de involucrar a Chile en la OTAN mediante acuerdos cuyo contenido permanece oculto a la ciudadanía, como el convenio firmado por la ex ministra de Defensa, Adriana Delpiano. Chile debe ser un país comprometido con la paz y no con los promotores de la guerra”, concluyó Madariaga.

La carta entregada tiene la firma de Alicia Lira, de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos; de Patricio Vejar, de la Comunidad Ecuménica Martin Luther King; de Hervi Lara, de la Red de Profesores de Filosofía de Chile (REPROFICH); de Carlos González y Félix Madariaga, de la Corporación 3 y 4 Álamos; de José Frias, del Comité de Derechos Humanos y Ecológicos de Quilpué; y de Pablo Ruiz, del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas y de la Comisión de Paz, No Violencia y Desmilitarización de la Alianza CONVIDA-20.

El Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas en Chile trabaja en alianza con SOA Watch de EEUU, con World BEYOND War, y con la International Peace Bureau (IPB) con oficina en Alemania.

Fotos: David Hormazabal

Exponor: La Industria, las tecnologías, y la disyuntiva de la Guerra

Pablo Ruiz
www.derechoalapaz.org
SOAW-Chile

Entre los días 8 al 11 de junio, se realiza en la ciudad de Antofagasta, en Chile, la Exponor 2026 que en otras palabras es la “Exhibición Internacional de Tecnologías e Innovaciones para la Industria Minera y Energética”. De acuerdo a información del sitio Exponor este evento reunirá a más de 1.300 expositores, de 36 países, y “cuenta con un completo programa de actividades orientado a la generación de oportunidades de negocio”.

A esta Exponor 2026 vendrán, entre otros, representantes de la Unión Europea, entre ellos Alemania, Finlandia, Francia, Bélgica, países que necesitan vender o comprar tecnología para su industria, y quienes también compran minerales a Chile, especialmente minerales críticos, para la producción de bienes de uso para su población. También, y debemos decirlo porque posiblemente no se mencionará, para seguir fabricando dispositivos tecnológicos militares, armas, tanques, aviones de combate, misiles, etc.

En estos tiempos convulsionados por guerras, para la fabricación y el desarrollo de armas y de nuevas armas, cada vez más precisas y efectivas, participan una serie de actores que intervienen en ese proceso donde se incluye por supuesto a las Industrias Tecnológicas y las Industrias Mineras que proporciona insumos para la fabricación de material bélico.

Como activistas por la paz, llamamos la atención sobre estos asuntos. Hemos participado en la Campaña Contra el Gasto Militar y contra la Guerra que impulsan organizaciones europeas y de América Latina. La guerra es la peor respuesta que se puede tomar cuando se tienen controversias territoriales con otros países. Es la búsqueda del diálogo y la resolución no violenta de los conflictos el camino correcto y humano.

Como muchos saben, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, exigió a los países de la OTAN aumentar su gasto en defensa mínimamente al 2% de su PIB. Alemania, incluso, tiene un plan ambicioso de rearme para los próximos años y tiene por objetivo, para el año 2029, destinar el 3,5 de su PIB para gasto militar. Al mismo tiempo, organizaciones han denunciado que Alemania tiene actualmente las capacidades para fabricar sus propias armas nucleares.

En lo que respecta a nosotros, a Chile, la ex ministra de defensa, Adriana Delpiano, firmó un acuerdo con la embajadora de la República Federal de Alemania, Susanne Fries-Gaier, el que permitirá que Chile pase al nivel dos del sistema de catalogación con la OTAN para la venta y compra de material bélico con esta Alianza Militar. Nuestra respuesta fue escribirle al presidente de entonces, Gabriel Boric, para manifestarles nuestro rechazo a este acuerdo con esta Alianza Militar acusada de diversas intervenciones y crímenes.

Otro de los países que van a participar en esta Exponor 2026 es Finlandia, donde se debate sobre las armas nucleares, el gobierno finlandés quiere introducir enmiendas en su constitución para poder tenerlas. También estará Francia, donde su presidente, Emmanuel Macron, dijo que “el orden basado en reglas está en ruinas” y que “para ser libre hay que ser temido y para ser temido hay que ser poderoso” y ordenó el aumento del arsenal nuclear francés.

De nuestro continente, estará Brasil. Su presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, dijo que en el actual escenario mundial había que prepararse ya que “si no nos preparamos para defendernos, cualquier día alguien nos invade” e instó a que Brasil produzca sus propias armas de combate.

Muy posiblemente, en la EXPONOR 2026 nadie hable del doble propósito que tienen las tecnologías ni menos del uso de minerales chilenos para la fabricación de armas que asesinan a seres humanos de carne y hueso en otros rincones del mundo. Sin embargo, creo que la ciudadanía debe ser consciente de estas posibilidades y ser más conscientes todavía que la humanidad atraviesa un momento de tensión y aumento de la militarización que nos pueden llevar, esta vez, por la existencia de armas nucleares, a una tercera guerra mundial de consecuencias inimaginables.

* Pablo Ruiz es periodista egresado de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Es coordinador del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas en Chile (organización afiliada a World BEYOND War y a la International Peace Bureau). También es integrante de la Comisión de Paz, No Violencia y Antimilitarismo de la Alianza CONVIDA-20. Es editor de la Revista El Derecho de Vivir en Paz www.derechoalapaz.org

América Latina: No a la Guerra, No a la OTAN

Pablo Ruiz E.*

Desde América del Sur observamos con mucha preocupación la política, maniobras y ejercicios militares que realizan los países miembros de la OTAN en el mundo y que pueden desencadenar una tercera guerra mundial que tendría consecuencias devastadora para todos los países, incluida América Latina, ya que una tercera guerra mundial contra Rusia o China, eventualmente, podría involucrar armas nucleares.

De acuerdo al Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG):

  • Colombia: Es socio global de la OTAN desde 2018, lo que implica una cooperación estrecha en seguridad, aunque no es miembro pleno.

  • Perú: Designado en 2026 como aliado principal no miembro de la OTAN por EEUU, facilitando cooperación en defensa y tecnología. Además, cuenta con certificación Nivel 2 en catalogación OTAN.

  • Argentina: Mantiene el estatus de aliado importante extra-OTAN desde 1998, fortaleciendo sus lazos.

  • Chile: Vinculado desde 2004 al Sistema OTAN de Catalogación (SOC), avanzando en modernización logística con software de la alianza.

  • Brasil: Usuario del sistema de catalogación de la OTAN y reconocido aliado importante de la OTAN.

Todos estos países, Brasil, Colombia, Chile, Perú y Argentina tienen los más altos gastos militares en América Latina. Por supuesto, en nuestro continente está el aliado más importante de la OTAN que son los Estados Unidos y también está Canadá con los más altos gastos militares.

En el caso de Chile queremos denunciar que el año 2025 la ex ministra de Defensa, Adriana Delpiano, y la embajadora de Alemania en Chile, Susanne Fries-Gaier, firmaron una “acuerdo técnico con Alemania que apunta a facilitar el intercambio de material militar” que, de paso, permitirá “el acceso a la logística del sistema OTAN -Organización de Tratado del Atlántico Norte-”.

La firma del acuerdo con Alemania es parte de una serie de requisitos de la OTAN para que Chile avance al Nivel 2, lo que permitirá al país catalogar sus propios productos y ofrecerlos en esta vitrina internacional.

El año pasado también, el diario electrónico El Mostrador denunció que existía una operación secreta entre Chile y Alemania. Alemania pedía a Chile la transferencia de al menos 30 vehículos de combate de infantería Marder 1A3. Estos carros de combate, posteriormente, serían enviados a la guerra en Ucrania que es de público conocimiento el gobierno alemán le está enviado equipamientos y armas a Ucrania en esta guerra contra Rusia.

Como organizaciones manifestamos al Ministerio de Defensa de Chile nuestro rechazo a esta venta o transferencia de estos carros de combate y pedimos al gobierno neutralidad y que pusiera fin a esta operación. No estamos de acuerdo que Alemania involucre a Chile en ninguna guerra.

Como ven, Alemania está muy activa en asuntos militares y sumemos a esto que un informe del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) señala que Alemania ha alcanzado, en secreto, las capacidades para fabricar sus propias armas nucleares. Aunque digan que no tienen intenciones nosotros no creemos lo que dice el gobierno alemán porque en la práctica podrían fabricar armas nucleares en muy poco tiempo lo que es concordante con su discurso belicista y sus intenciones de construir el ejército más poderoso de Europa y su apoyo a la política de disuasión nuclear que impulsa la OTAN.

También es preciso señalar que en América Latina sigue la presencia del Reino Unido en las Islas Malvinas donde han realizado en estos años diversos ejercicios militares para asegurar el control estratégico del Atlántico.

El Comité Especial de Descolonización de la ONU (C-24) examina anualmente la «Cuestión de las Islas Malvinas» desde 1964, reafirmando que es un caso de colonialismo que requiere negociaciones bilaterales entre Argentina y el Reino Unido. Argentina ratifica su soberanía e insta a la descolonización, rechazando la autodeterminación isleña.

Así mismo, Página 12, denunció “un nuevo avasallamiento del Reino Unido sobre la soberanía argentina y sus recursos, el gobierno local de las Islas Malvinas habilitó el proyecto de las petroleras Rockhopper, del Reino Unido, y Navitas, de Israel, para extraer 55 mil barriles diarios en el yacimiento Sea Lion, ubicado a 200 kilómetros de Puerto Argentino”.

La OTAN es un instrumento para la guerra y para que las grandes empresas de armamento sigan haciendo negocios y lucrándose con la muerte y la destrucción. Al mismo tiempo, son instrumentos para el saqueo de recursos naturales y para la geopolítica del petróleo.

Denunciamos el ataque a Venezuela y la extorsión que realiza el gobierno de los Estados Unidos y las sanciones impuestas unilateralmente contra el pueblo venezolano.

Denunciamos el bloqueo unilateral contra Cuba y las amenazas constantes que hace Estados Unidos de atacar a este país considerado por Washington como una amenaza. Denunciamos que EEUU sigue manteniendo control ilegal en Guantánamo que no es solo una base militar sino también una cárcel.

Finalmente, manifestamos nuestro apoyo con las diversas iniciativas de la Red Internacional No a la Guerra, No a la OTAN ya que es deber de todos defender la paz y el derecho a la autodeterminación de los pueblos.

* Este artículo ha sido preparado y compartido en el webinario “OTAN: ¿sigue expandiéndose a nivel global?” organizado por IPB y la Red Internacional No a la Guerra, No a la OTAN.

Pablo Ruiz es periodista egresado de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Es coordinador del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas en Chile (organización afiliada a World BEYOND War y a la International Peace Bureau). Es editor de la Revista El Derecho de Vivir en Paz www.derechoalapaz.org

Fuente: https://www.derechoalapaz.com/america-latina-no-a-la-guerra-no-a-la-otan/

Armas nucleares y la destrucción del espíritu humano

David Andersson / pressenza

Charla presentada como parte del panel de Pressenza titulado “Armas nucleares, amenazas existenciales y periodismo: mirando hacia el futuro” durante el 3er Festival de Comunicación de la Juntanza de Nuestra América CIESPAL, en Quito, Ecuador, el viernes 20 de marzo de 2026.

Las armas nucleares ya han destruido la sociedad que se suponía que debían proteger. Incluso sin una sola bomba que haya explotado, su mera existencia ha corroído el tejido moral, ético y humano de nuestra civilización. Generan una forma de violencia institucional tan profunda, una deshumanización tan completa, que la sociedad destinada a ser protegida por ellos se está colapsando desde dentro, desintegrando ante nuestros ojos.

Tendemos a pensar en términos materiales. Nos tranquilizamos: ninguna bomba nuclear va a caer sobre Nueva York, Ciudad de México, París, Berlín, Calcuta o Beijing. Pero lo que no vemos es el nivel de destrucción psicológica y espiritual que estas armas ya han producido: un miedo generalizado y violencia ambiental que excede lo que los seres humanos pueden absorber para crecer, incluso para desarrollarse, permanecer plenamente humanos. Esta es la verdadera crisis de la era nuclear.

Consideremos a los Estados Unidos, el único país que ha usado estas armas, y sigue siendo el más poderoso del mundo, y sin embargo, una nación en un estado de permanente miedo, que opera en modo de supervivencia. Gasta más en seguridad y militarmente que el resto del mundo sumado, no por fuerza, sino para manejar un temor irracional: el miedo al otro, a los inmigrantes, a la oposición política, al cambio mismo. Las armas nucleares no crearon seguridad, crearon una civilización rehén de su propio arsenal.

Estas armas también han hecho algo más sutil y quizás más dañino: han distorsionado nuestra brújula interior. Han erosionado nuestra capacidad de distinguir entre los estados internos de declive y compulsión, lo crepuscular, lo moribundo, y algo mucho más significativo: la posibilidad de crecimiento interno, de profundidad, de una vida orientada hacia el propósito en lugar de la supervivencia. Cuando la aniquilación es un estado mental permanente, se hace más difícil imaginar, y mucho más construir, algo por lo que vale la pena vivir.

Nosotros, como comunicadores, también somos parte del problema. Transmitimos la violencia como una especie de radiación, normalizándola, convirtiéndola en un elemento fijo de nuestra conciencia diaria, hasta que la lucha se siente casi imposible. Conflicto tras conflicto, bomba tras bomba, genocidio tras genocidio, el espíritu humano es arrasado por un enemigo invisible. Incluso cuando los drones hacen gran parte de la matanza y no se detona ningún arma nuclear, la destrucción espiritual es la misma.

Nos sorprende el colapso del orden internacional, pero ¿por qué deberíamos estar sorprendidos? Las mismas estructuras que produjeron esta arma demoníaca, transformando el equilibrio de poder en un mecanismo de destrucción masiva, ahora se aferran desesperadamente a controlar a cualquier costo. Normalizamos lo absurdo, y ahora vivimos las consecuencias.

Estamos en la fase final de este proceso. E incluso si no se utiliza ningún arma nuclear en Irán, Ucrania o en cualquier otro lugar, su existencia es en última instancia insostenible. La próxima civilización no tendrá más remedio que ir más allá de ellas, no como un acto de idealismo, sino como una necesidad, redirigiendo la energía y los recursos gastados en los arsenales nucleares hacia las prioridades que realmente hacen posible la vida humana y que vale la pena vivir.

Trabajar por la erradicación de las armas nucleares es trabajar por la humanización del mundo.

Video completo de la presentación:

Ucrania, Rusia y Estados Unidos en el espejo de Alaska

Vladimir de la Cruz

El escenario internacional sigue siendo oscuro. Entre la región de Palestina, y el genocidio diario que se realiza en Gaza, por el gobierno de los carniceros de Israel y sus aliados internacionales, y la guerra en Ucrania, provocada por la OTAN, Europa se cubre con un gran paraguas, a modo de una gran espada de Damocles, bajo un peligro de guerra inminente, casi inevitable, totalmente omnipresente, sobre las naciones de la Unión Europea, que están entre esos extremos como la parte interna de ese sándwich político y geopolítico, pasto principalmente de los intereses económicos y geopolíticos militares que allí actúan.

Recordemos que Europa es toda la región desde Portugal y España, al extremo de la Península Ibérica hasta la Rusia que limita con los Montes Urales, que fue el más importante escenario de la II Guerra Mundial.

Una guerra actual, de características europeas, dentro de ese contexto geográfico, es sin lugar a dudas, una guerra que calificaría por sus impactos y consecuencias en una verdadera III Guerra Mundial, que podría tener la característica de una Guerra Mundial Atómica de Baja Intensidad, donde probablemente se utilizarían bombas atómicas similares, en su capacidad destructiva, a las que fueron lanzadas criminalmente, por los Estados Unidos, contra las ciudades de Hiroshima y Nagasaki el 6 y 9 de agosto de 1945, cuando no era necesario ese uso de armas atómicas, en ese momento final de la participación del Imperio del Japón en aquella guerra, lo que sirvió para disuadir al mundo de la nueva época que iniciaba, la época de las guerras atómicas o nucleares.

Hoy, una guerra así desarrollada tendría un alcance global, trascendente a Europa, al norte de África y el extremo oriental del Asia. Sería una guerra que inevitablemente alcanzaría al continente americano, donde nunca, en las dos guerras mundiales así conocidas del siglo XX, ha caído una sola bomba, ni ejércitos han desarrollado combates de ninguna especie.

La sola amenaza de participación de la OTAN en el conflicto de Ucrania ha provocado que Rusia declare que esa participación, si se llega a concretar, sería una guerra de la OTAN contra Rusia, por lo que Rusia tendría el derecho de actuar en respuesta contra los países europeos que así se comprometan. Así lo ha declarado y hecho saber reiteradamente el presidente ruso, Vladimir Putin.

Putin no ha dicho (pero es obvio que también así actuará) será una guerra contra Canadá y Estados Unidos que son países integrantes del Pacto de la OTAN.

En la II Guerra Mundial Hitler ordenó que sus submarinos actuaran hundiendo barcos en puertos latinoamericanos y del Caribe, como lo hicieron, para obstaculizar el apoyo en armas, comestibles y el traslado abastecimientos en general, que desde América se hacía para las tropas que combatían a las fuerzas fascistas y nazistas.

En una situación actual, todos los puertos y aeropuertos de la costa Atlántica de los Estados Unidos, y de Canadá si fuera necesario, serían atacados con misiles transcontinentales y, si a eso se llegara, se haría con bombas atómicas de baja intensidad, para evitar cualquier suministro de material militar a las tropas que estuvieran combatiendo contra Rusia. Nada sería seguro. Hasta el Canal de Panamá se volvería un objetivo estratégico para evitar el traslado marítimo de armas y pertrechos de guerra desde la costa pacífica de los Estados Unidos usando el Canal de Panamá para ir a Europa.

El control geopolítico, territorial y militar que el presidente Trump ha señalado, que quiere desarrollar (como ya lo está haciendo) en Panamá, es parte de esta estrategia, en esa posibilidad de un conflicto armado de esta envergadura. De manera que, si allí fuera necesario, también tendrían su dosis de bombas atómicas de baja intensidad.

Hiroshima y Nagasaki son el testimonio de que la Humanidad se puede destruir a sí misma, en dosis pequeñas o en grandes dosis según sea la necesidad de la confrontación.

Las bombas «Little Boy» y «Fat Man», utilizadas en esas ciudades hoy son juguetes de niños, comparadas con las que se han desarrollado mundialmente, que están producidas y almacenadas en más de 10.000 artefactos de ese tipo, y de distintas magnitudes de explosión, por los países productores de armas y armas atómicas.

En aquella guerra, Estados Unidos anunció que esas armas nucleares habían sido usadas en combate. En una guerra actual se volverían a usar, con la misma justificación de armas de combate, con la gravedad de que esas armas circulan en varios países, que hoy están involucrados territorialmente en los escenarios donde están los focos de guerra calientes.

Las bombas de Hiroshima y Nagasaki tuvieron un impacto devastador en las zonas donde fueron lanzadas, con un impacto de muerte de poco más de 400.000 personas entre ambas. Antes del lanzamiento de las dos bombas atómicas Estados Unidas había bombardeado 67 ciudades japonesas. Las atómicas de Hiroshima y Nagasaki se lanzaron afectando áreas de 5 a 10 kilómetros de ancho.

La justificación del uso de armas atómicas para poner fin a una guerra sigue siendo válida para los guerreristas. La lucha internacional contra el desarme nuclear no ha sido suficientemente válida en estos últimos 80 años.

La detonación de bombas atómicas tiene también la consecuencia de envenenamientos por radiación, desarrollo de leucemias y otros cánceres.

Hay guerras recientes, de las últimas décadas, donde se han hecho caer más bombas que las lanzadas en la II Guerra Mundial.

Si las bombas atómicas de 1945 se lanzaron con el objetivo de hacer rendir al Imperio japonés, el lanzamiento de bombas atómicas hoy sería para acabar con un gobierno, con un sistema político, con una nación, un país o un gran territorio.

Después de Hiroshima y Nagasaki se han lanzado, a modo de prueba, más de 2000 bombas atómicas o nucleares como pruebas de las armas atómicas en desarrollo y producción.

Se estima que China, Francia, India, Israel, Corea del Norte, Pakistán, Rusia, el Reino Unido y Estados Unidos tienen almacenadas más de 12.500 armas nucleares.

El presidente Trump se ha empeñado en acabar con la guerra en Ucrania, pero no así con el genocidio israelí en Gaza, donde han apoyado las acciones criminales del ejército y del gobierno israelí, y ha apoyado las incursiones militares de Israel a Irán y a Siria, aparte de los otros apoyos que sostiene en otros conflictos militares en África y los que quiere desarrollar en el Caribe.

Elemento importante para desarrollar armas nucleares es el uranio, que se encuentra principalmente en Australia, con las mayores reservas, Kazajistán, Canadá, Rusia, Siberia, la Antártida y Groenlandia, donde Trump ha puesto el ojo de la apropiación territorial.

En América Latina no hay uranio ni países con armas nucleares, pero no estaríamos al margen de una guerra de esta naturaleza. Nos alcanzaría en todas sus consecuencias.

El uranio como elemento natural es más abundante que el oro, la plata o el mercurio, parecido al estaño y poco menos que el cobalto o el plomo.

20 países concentran las principales minas de uranio y, de ellas, 10 minas producen casi el 60% del uranio mundial. Las minas se encuentran en Canadá, Australia, Namibia, Rusia, Níger y Kazajistán. La reserva de uranio mundial se estima para los próximos 100 años, de acuerdo con la Agencia de Energía Nuclear y del Organismo Internacional de Energía Atómica. Mundialmente hay cerca de 500 reactores nucleares en funcionamiento.

La reunión, de pocos minutos, del pasado viernes 15 de agosto en Alaska, entre Trump y Putin, que solo alcanzó para saludarse, darse la mano y ni siquiera almorzar, evidenció que a Trump y a Putin les preocupa la guerra de Ucrania, y las consecuencias más amplias que puede tener.

Trump con gran sentido de la realidad política de la situación de Ucrania reconoció que Ucrania no está ganando la guerra, que Ucrania la está perdiendo, que el avance de las tropas rusas es de varios kilómetros por día, que el ejército ucraniano muestra importantes señales de cansancio y abatimiento, no solo físico sino también moral y de capacidad y compromiso de combate, que el control territorial ruso es cada día mayor, casi el 20% del territorio de Ucrania.

Reconoció Trump también, que por encuestas hechas por Estados Unidos, realizadas a la población de Ucrania, casi el 90% desea que la guerra se acabe, y que están de acuerdo con el dominio ruso de los territorios que tienen bajo su control, que además son de una población rusa superior al 90% de sus habitantes.

Trump atendió las peticiones rusas de que Ucrania no entre como miembro a la OTAN, que no se establezcan bases militares de la OTAN en territorio ucraniano, que se acaben las manifestaciones nazi fascistas en la administración política ucraniana, que los territorios en poder ruso así se quedan y que no habría intercambio territorial con Ucrania de regiones rusas.

Putin fue claro en señalar que el apoyo militar de la OTAN a Ucrania comprometía a esa organización en el conflicto, y que de llegar a participar con efectivos militares entendería que es una declaración de guerra que tendría sus consecuencias sobre los países que con la OTAN participaran, originando una escalada militar más amplia, ya en el escenario de casi una III Guerra Mundial.

Trump no pudo imponer su deseo de un “alto el fuego”, considerando que lo correspondiente es un acuerdo de paz, que es lo que más fácilmente se puede lograr, aceptando las condiciones establecidas por Putin.

Trump dijo claramente: “La mejor forma de terminar la horrible guerra entre Rusia y Ucrania es ir directamente a un Acuerdo de Paz, que terminaría la guerra, y no a un simple acuerdo de alto el fuego, que en muchas ocasiones no se puede sostener”. Por ello la salida rápida de Trump de la reunión y la convocatoria urgente que hiciera para la reunión, en Washington, el pasado 19 de agosto con Zelenski y algunos líderes europeos en la Casa Blanca.

El enfrentamiento militar Trump reconoció que puede durar hasta principios del próximo año, con las dificultades que el invierno europeo puede ocasionar a las tropas ucranianas, especialmente.

De nada le valió a Trump tratar de impresionar a Putin con las maniobras aéreas que hiciera sobre su cabeza, sin quitarle la alfombra roja con que lo recibió.

Trump reconoció sus dudas sobre continuar dando el apoyo a Ucrania, sin Europa, puesto que Ucrania en este momento pasa su peor situación de fragilidad y debilidad. Los avances rusos en Donetsk y Pokrovsk son contundentes.

Trump y sus militares, como la sabe la OTAN, los rusos han duplicado sus ataques aéreos y han logrado alcanzar bajo control más de 3500 kilómetros cuadrados de territorio. Ucrania se ha retirado del territorio ruso de Kursk, porque no lo ha podido sostener.

Las garantías estadounidenses para Zelenski y Ucrania se agotan. Por eso Trump declaró después de la reunión de Alaska que “Ahora le toca al presidente Zelenski lograrlo”. Esa guerra le ha costado a Estados Unidos desde Biden hasta Trump, casi los 500.000 millones de dólares y a la Unión Europea le va costando casi los 150.000 millones.

La guerra en el interior de Ucrania ha atado al gobierno para las correctas tomas de decisiones. A Estados Unidos, a su presidente Trump, pareciera ya no importarle Ucrania para darle garantías de seguridad ni al gobierno de Zelenski. Le interesa a Trump también participar de la explotación de las tierras raras que hay en Ucrania, unas en territorios que están en poder de los rusos ahora, y otras en las cuales quiere participar directamente.

La reunión de Alaska se repetirá en Moscú, sobre el reconocimiento real de la posición de fuerza y de la realidad que tiene Rusia en esa región.

Ucrania y los guerreristas europeos tendrán de ceder para lograr una paz efectiva.

Ningún otro país europeo está siendo amenazado por Rusia, pero Rusia se defenderá de cualquier país europeo o miembro de la OTAN que participe perversamente en ese conflicto, que considere con ello que le ha declarado la guerra. Y, con ello, se puede abrir la válvula de la III Guerra Mundial de Baja Intensidad. ¡Ojalá que esto no ocurra!

Publicado en MEER y compartido con SURCOS por el autor.

A 80 años del lanzamiento de la bomba atómica: Hiroshima y Nagasaki ¡Nunca Más!

Félix Madariaga Leiva
Periodista

Para este 6 de agosto se organizó en Chile un homenaje a las víctimas de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki en el museo de la Memoria y los Derechos Humanos, actividad organizada por los dueños de casa y la embajada de Japón, llamado muy significativamente “Acto de Memoria y Paz”, la que se suma a una serie de actividades organizadas en todo el mundo en conmemoración de la despiadada y cobarde masacre contra la población civil en 1945.

Este 2025 también se cumplieron los 80 años de la “Gran Guerra Patria”, que liberó a Europa y el mundo del Nazismo, abrió las puertas de los campos de concentración en Polonia, rescatando a más de 6.000 prisioneros de Auschwitz, Birkenau y Monowitz, en su mayoría enfermos y moribundos, pero volviendo al tema, no debemos y no podemos olvidar nunca estas fechas – sin importar cuantos años hayan pasado – el 6 y el 9 de agosto de 1945, cuando Estados Unidos – sin necesidad ni remordimiento – lanzó toda su fuerza nuclear contra un debilitado Japón, causando una masacre de proporciones entre la población civil. Se calcula que, entre 150.000 y 250.000 personas, en su mayoría civiles, murieron a causa de las bombas, número que se elevó a lo largo del tiempo debido a la radiación. Sin lugar a dudas 1945 fue uno de los años más desastrosos para la humanidad.

La actitud “negacionista” y “maquiavélica” del imperio del norte es abierta, clara y desvergonzada, protegidos por una histórica impunidad que les ha permitido actuar sin mayores consecuencias a lo largo del planeta. Esa ha sido su historia pasada y quién nos podría asegurar que no será así en el futuro; hoy presionan a países a alinearse con sus políticas – internas y externas – amenazados por el alza de aranceles comerciales. Ejemplos de su actitud prepotente sobran, la bomba atómica que lanzaron sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en Japón en 1945, las devastadoras acciones contra el pueblo de Vietnam, los años 60 y 70 en América Latina, instalando dictaduras militares que dejaron una huella de horror que jamás se olvidará, y sus incursiones en Afganistán, Irak, Siria, Somalia, Libia – entre muchas otras – en nombre de una “libertad y democracia” de la que se han declarado unilateralmente los defensores universales.

Fue y será un genocidio

El genocidio tiene dos elementos principales: son actos cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal; han de cometerse al menos uno de los cinco actos específicos para que tenga lugar la destrucción del grupo: la matanza de miembros del grupo, la lesión grave a su integridad física o mental, el sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que acarrean su destrucción física, total o parcial, las medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo, o el traslado por la fuerza de niños y niñas de un grupo a otro grupo (Convención para la Prevención y Sanción del Genocidio de Naciones Unidas).

Aún hoy hay algunos que intentan imponer posiciones que buscan relativizar el horror, utilizando variados argumentos para negar que fue un genocidio, una de las principales defensas del lanzamiento de la bomba nuclear, es que fue una medida necesaria para poner fin a la guerra y evitar una invasión masiva que le habría costado la vida a miles de soldados norteamericanos.

Para nosotros sí fue un genocidio, sí hubo una clara intención de causar el mayor daño posible a la población japonesa, causando la muerte de cientos de miles de civiles, muchos de ellos mujeres y niños, ocasionando sufrimientos innecesarios que se prolongaron por décadas.

Estados Unidos ha desafiado abiertamente al mundo con el uso de armas nucleares. No podemos olvidar que en Hiroshima vivían cerca de 350 mil personas ese fatídico 6 de agosto. Los registros de ese año estiman que la bomba mató unas 140 mil personas. Tres días después, lanzó otra bomba atómica sobre Nagasaki, el 9 de agosto de 1945, matando instantáneamente a más de 75.000 personas. Japón se rindió seis días después, el 15 de agosto. Militarmente el ataque fue innecesario, Japón ya estaba vencido, acorralado y sin recursos, y era sólo cuestión de tiempo para que se rindiera. Si así lo hubiesen querido los norteamericanos, se habría podido evitar la muerte de miles de inocentes.

El negacionismo de Estados Unidos es un fenómeno que golpea la memoria de las víctimas. Nunca han pedido perdón, nunca se han hecho responsables por la destrucción de ciudades completas, por las consecuencias económicas de esa destrucción, por los miles de muertos, huérfanos y desplazados. Por los países que de rodillas y sin recursos deben buscar la forma de ponerse de pie. Recordemos la carta del expresidente Harry Truman, 11 de agosto de 1945. Después del primer bombardeo lo defiende como «el único idioma» que una «bestia» puede entender. Sin duda un cobarde, así pasó a la historia, como los creadores de la bomba, escondidos tras el proyecto Manhattan.

¿Y entonces qué podemos esperar?, ¿seguiremos viviendo a merced de sus estrategias y decisiones?, ¿seguiremos viviendo con miedo a volvernos uno de sus objetivos? Para aquellos que les gusta ver el vaso medio lleno, podrán esperar que la diplomacia y las organizaciones internacionales, finalmente se pongan los pantalones largos y tomen acciones que detengan la prepotencia e impunidad con la que actúa el imperialismo; para quienes vemos el vaso medio vacío, sólo podemos esperar que surja y se fortalezca – desde abajo – la organización de los pueblos, se generen instancias autónomas de justicia capaces de perseguir los crímenes de lesa humanidad. Estamos lejos de ese objetivo, pero no vencidos. Hiroshima y Nagasaki ¡Nunca Más!

Fuentes:

https://www.youtube.com/watch?v=GRlUoYuev_0

https://www.ohchr.org/es/instruments-mechanisms/instruments/convention-prevention-and-punishment-crime-genocide

https://www.shapell.org/manuscript/truman-defends-use-of-atomic-bomb-against-japan/

https://www.britannica.com/event/Manhattan-Project

El gobierno del presidente Jacobo Árbenz sufrió un golpe de Estado en 1954. Foto de Prensa Comunitaria, de Guatemala.

Estados Unidos y la guerra eterna contra todos

Por Pablo Ruiz*

La mal llamada guerra de los 12 días entre Irán e Israel se podría llamar “la guerra eterna” porque fue justamente en Irán, después de la Segunda Guerra Mundial, donde EEUU promovió, mediante operaciones de la CIA, lo que se conoce como el primer golpe de Estado en el mundo, sucedido en 1953, siendo el segundo en Guatemala, en 1954, y después en distintos países hasta la actualidad.

“El golpe de Estado en Irán de 1953 es uno de los sucesos más significativos en la historia moderna de Irán, destacando como un claro ejemplo de intervención extranjera en el contexto de la Guerra Fría. Este evento tuvo lugar el 19 de agosto de 1953 y resultó en el derrocamiento del primer ministro Mohammad Mosaddeq, quien había impulsado la nacionalización del petróleo”, señala un artículo de Jerson Levi Medina.

En 1953 entonces Estados Unidos estableció y apoyó en Irán una monarquía la que se prolongó por 26 años y que cayó en 1979 con la revolución islámica. Al mismo tiempo, comenzó nuevamente una guerra permanente, abierta o encubierta, para derrocar a las nuevas autoridades en Irán.

La retórica, ante la prensa y el mundo, para atacar a Irán, muy parecida a la mentira que se usó para atacar a Irak, que Israel y los Estados Unidos no pueden permitir que Irán tenga armas nucleares. Al menos resulta irónico que se diga esto cuando está claramente establecido que tanto Israel como Estados Unidos disponen de armamento nuclear.

El ataque a Irán, por otro lado, desvío la atención de los grandes medios a la masacre que se sigue cometiendo contra el pueblo palestino y que al presidente Donald Trump, que (irónicamente) quiere el Premio Nobel de la Paz, no le importan en lo más mínimo.

En todo caso, no hay pruebas ciertas de que Irán esté desarrollando un arma nuclear. Así lo ha señalado la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) y es concordante con lo que dijo primeramente la directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, ante el capitolio.

En contraste, sí hay evidencia pública que Estados Unidos ha seguido realizando esfuerzos para fortalecer su arsenal nuclear trabajando en el desarrollo de un nuevo misil balístico intercontinental con capacidad de llevar ojivas nucleares conocido como LGM-35A Sentinel de Northrop Grumman.

“La provisión de múltiples ojivas, contramedidas, y un mayor alcance para atacar a China significa que el diseño del Sentinel es significativamente más grande que el del actual Minuteman III”, comentó el sitio especializado www.defensedaily.com

Sobre las armas nucleares, por los hechos, vemos que la Agencia Internacional de Energía Atómica sólo tiene sus ojos, interés, y trabajo puestos en Irán y no, como quisiéramos, tiene una actitud pro activa para que Israel, Estados Unidos, y otras potencias nucleares, desmantelen sus arsenales.

Más armas para Ucrania

En julio dos personajes estuvieron de visita en los EEUU, lugar donde se dan las órdenes y autorizaciones a instituciones y países con una soberanía cuestionable. En Washington, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, y el ministro de Defensa de Alemania, Boris Pistorius. Ambos con el mismo propósito, su obsesión de seguir apoyando a “Daddy” y su objetivo de alimentar la guerra en Ucrania, enviado armas desde terceros países, para que sigan muriendo ucranianos y rusos. Su discurso, de Trump, es una cosa, la realidad puede ser siempre otra.

Según diversos medios de prensa, Mark Rutte ha confirmado que Alemania, Reino Unido, Dinamarca, Noruega, Suecia, Canadá, Países Bajos y Finlandia, países de la OTAN, comprarán armamento a Estados Unidos, incluyendo baterías antiaéreas Patriot, para enviarlos después a Ucrania. Buen negocio, made in usa. Peligro para todos que se desencadene una guerra nuclear por la involucración cada vez más de Europa y EEUU en Ucrania contra Rusia.

También, este 14 de julio, se reunió el secretario de Defensa, Pete Hegseth, con su homólogo Boris Pistorius a quien lo felicitó por todos los avances y logros del intereses de los EEUU.

“Hemos visto un progreso increíble dentro de la OTAN, con Alemania a la cabeza, un compromiso firme con su gasto y un compromiso con el liderazgo europeo”, dijo Hegseth.

A todo lo anterior, una columna de David Ignatius, publicada por The Washington Post, titulada “Al presionar a Putin, Trump «escala para desescalar»” se afirma que Trump estaría de acuerdo secretamente en que Ucrania pueda atacar a Moscú y San Petersburgo.

“La determinación de Trump de presionar a Putin se transmitió en una conversación la semana pasada con el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, según me informó una fuente. Trump le preguntó a Zelenski por qué no atacaba Moscú. “Podemos si nos dan las armas”, respondió Zelenski. Trump afirmó que Ucrania necesitaba presionar más a Putin, no solo a Moscú, sino también a San Petersburgo”, señala el artículo.

En nuestro continente, sigue la guerra económica y las amenazas contra Brasil, Chile, México de aplicar elevados aranceles. Siguen las deportaciones y detenciones de migrantes en EEUU. En Panamá y otros países, los “gringos” siguen realizando ejercicios militares en lo ellos consideran su “patio trasero”.

Al cierre de este artículo, Israel ha lanzado diversos ataques a Siria y Rusia ha denunciado que la OTAN se está preparando “activamente” para involucrar a Moldavia en un posible conflicto armado contra Rusia. En Palestina, Israel sigue asesinando al pueblo palestino. La guerra de nunca acabar.

* Pablo Ruiz es integrante del Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas en Chile y editor de la Revista El Derecho de Vivir en Paz www.derechoalapaz.org

Imagen: El gobierno del presidente Jacobo Árbenz sufrió un golpe de Estado en 1954. Foto de Prensa Comunitaria, de Guatemala.

Convocan a manifestación pacífica por la neutralidad y la paz

La organización Mundo sin guerras y sin violencia convoca a una manifestación pacífica el sábado 12 de julio a las 9 a.m. en el Parque Central de San José. El objetivo es exigir el compromiso de Costa Rica con la neutralidad ante los conflictos bélicos y rechazar cualquier forma de participación directa o indirecta en guerras.

La actividad surge como respuesta al agravamiento de los conflictos armados, la expansión de la violencia estructural y los discursos de odio. También se alerta sobre la amenaza del uso de armas nucleares. Desde una visión humanista, se promueve la Noviolencia activa como camino para la construcción de paz duradera.

La organización hace un llamado a la ciudadanía a sumarse a esta manifestación desde una perspectiva colectiva y solidaria. Bajo el lema “La guerra no es un destino, es el negocio de los poderosos. ¡La paz es de las y los valientes!”, se busca elevar una voz clara en favor de la vida, el respeto y la convivencia pacífica.