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Etiqueta: Autodeterminación

Lidiando con Washington: diplomacia y autodeterminación

Álvaro Fernández González | Setiembre 2026

El encuentro de Xi Jinping con Donald Trump y los discursos de Trump, y del presidente de Irán y de la presidenta de Venezuela ante la ONU plantean una pregunta: ¿cómo lidiar con Washington sin renunciar a decidir el propio rumbo? La “estabilidad estratégica” convive con amenazas y acuerdos desiguales. Trump habló de “aniquilar” a Irán y reivindicó la operación estadounidense en Venezuela y el acceso posterior a su petróleo.

China tiene una capacidad económica y política que le permite negociar como gran potencia. Xi propuso cooperar, encauzar la competencia y gestionar las diferencias; también pidió reanudar las negociaciones con Irán. Beijing busca estabilidad para desarrollarse. Aquí la autodeterminación se expresa en poder dialogar, disentir y mantener opciones propias, sin que el otro dicte el desenlace.

Irán enfrenta una amenaza más inmediata. Masoud Pezeshkian defendió en la ONU la seguridad de su país y el uso pacífico de la tecnología nuclear, sin cerrar una salida negociada. Su firmeza recuerda que amenazar con destruir al interlocutor altera el sentido de la diplomacia. ¿Qué garantías permitirían negociar sin convertir la supervivencia en moneda de cambio?

Venezuela ensaya otra respuesta. Delcy Rodríguez agradeció la disposición de Trump a cooperar y destacó el acuerdo energético, a la vez que reclamó soberanía y ausencia de injerencia. La reconstrucción y el ingreso de recursos pueden hacer razonable negociar. Pero Trump presenta el petróleo como fruto de la victoria de las cañoneras. Importa entonces saber quién decide las ventas, administra los ingresos y puede revisar los compromisos. Una mejora económica no despeja el costo político del acuerdo.

Lidiar con Washington exige diplomacia; llamarla defensa de la autodeterminación requiere algo más.

La prueba está en el margen para rechazar exigencias, conservar socios y controlar los recursos, en las garantías frente a la fuerza y en la participación efectiva de cada pueblo en decisiones que comprometen su futuro.

Los viejos hábitos son difíciles de romper: llegó el momento de Limón

Bernardo Archer Moore, presidente de ACUDHECA.

Por: Bernardo Archer Moore
Adulto Mayor de Cahuita.

El Fin de los Esfuerzos Individuales en la Defensa de los Derechos Tribales.

Los viejos hábitos son difíciles de romper, pero los tiempos han cambiado de manera irreversible.

Durante generaciones, la lucha de nuestras comunidades se caracterizó por esfuerzos individuales, aislados y fragmentados. Esa era ha quedado en el pasado.

Hoy, la reivindicación de los derechos fundamentales del Pueblo Tribal Afrocostarricense cuenta con un sólido blindaje jurídico internacional y constitucional que exige una sola condición ineludible: Unidad y representatividad colectiva.

Un giro histórico en la justicia constitucional

El andamiaje legal de nuestra lucha ya no depende de voluntades políticas pasajeras, ni esfuerzos y protagonismos individuales, sino, de mandatos judiciales de la más alta jerarquía.

El reconocimiento y la aplicación del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) —incorporado a la legislación costarricense mediante la Ley N° 7316— han sido ordenados con absoluta claridad por la Sala Constitucional a través de hitos jurídicos recientes:

✓ Sentencia N° 2025-029985 (19 de septiembre de 2025): Reafirma el derecho constitucional a la consulta previa, libre, informada, culturalmente adecuada y efectiva ante cualquier decisión estatal que afecte los derechos colectivos, el territorio o el futuro de la comunidad.

✓ Sentencias N° 2025-035746 y N° 2026-010993: Consolidan el estatus legal y la protección constitucional de estos derechos territoriales y culturales.

✓ Decreto Ejecutivo N° 43532-MP-MINAE-MCJ-MEP: Identifica formalmente al Foro Tribal Afrocostarricense como el único mecanismo institucional legítimo de diálogo entre nuestro pueblo y el Estado.

Riesgo de simulación de consulta derivado del intento de protagonismo individual o personal

Tras la Sentencia N° 2026-010993, la pérdida de vigencia legal del Foro Tribal Afrocostarricense abre la puerta a que los liderazgos aislados intenten asumir de forma unilateral la vocería de toda la comunidad.

Este intento de protagonismo individual o personal, al carecer de una estructura de representación jurídica y unificada, propicia que los procesos de diálogo estatales o municipales se reduzcan a una simulación de la consulta.

Al validar acuerdos con figuras particulares en lugar de un interlocutor formal legítimo, los proyectos de desarrollo, convenios de cualquier naturaleza, o planes reguladores resultantes quedan viciados de nulidad absoluta; por violar el derecho al consentimiento previo, libre e informado amparado en el Convenio 169 de la OIT.

El peligro del individualismo frente al Estado

Es precisamente en este nuevo escenario donde debemos romper los viejos hábitos. Los esfuerzos personales y aislados, que no nacen de las organizaciones de los pueblos tribales, representan hoy un riesgo crítico.

Aunque el protagonismo individual puede generar satisfacción personal, contribuir al desarrollo de la comunidad e incluso servir como medio de sustento económico personal, hoy sus riesgos superan ampliamente sus beneficios, tanto para la comunidad como para el legado de quienes deciden asumir ese camino.

Cuando se actúa al margen de los canales representativos institucionales, se debilitan los procesos colectivos y se abren de par en par las puertas para el incumplimiento por parte del Estado y las municipalidades.

Las acciones desarticuladas les dan la excusa perfecta a las instituciones públicas para eludir sus responsabilidades y fragmentar nuestra representatividad.

La ley es contundente: El sujeto de estos derechos fundamentales es el colectivo, representado legítimamente a través de sus propias instituciones, como el Foro Tribal Afrocostarricense.

«Hemos luchado durante demasiado tiempo y hemos sacrificado demasiado para permitir que esta generación pierda, por división o indiferencia, aquello que las generaciones anteriores conquistaron con tanto esfuerzo».

— Mensaje de los adultos mayores de Cahuita.

Conclusión: Cruzar la Puerta con Unidad.

La puerta constitucional para la autodeterminación y el respeto a nuestro territorio caribeño ya ha sido abierta por la Sala Constitucional.

No obstante, cruzarla con éxito requiere de disciplina colectiva, visión de futuro y un respeto absoluto por nuestras estructuras organizativas.

Dejemos atrás las gestiones individuales que debilitan la causa común.

El futuro de nuestras familias, de nuestros hijos y de las próximas generaciones se defiende con organización, legitimidad institucional y con la fuerza inquebrantable de la unidad tribal.

FESITRAES invita a conversatorio sobre la realidad del Sáhara Occidental y la lucha del pueblo saharaui por su independencia

La Federación de Sindicatos de Trabajadoras y Trabajadores de la Educación Superior (FESITRAES) invita al conversatorio «Realidad colonial del Sáhara Occidental y la lucha de las personas trabajadoras saharauis por su independencia», una actividad abierta al público que busca acercar a la comunidad universitaria y a la ciudadanía costarricense a la situación histórica, política y social que vive el pueblo saharaui.

La actividad se realizará el martes 14 de julio de 2026, a las 4:30 p.m., en las instalaciones del SINDEU, en San Pedro de Montes de Oca.

El conversatorio contará con la participación de Nafii Buda Ahmed Mohamed, secretario general de la Unión General de Trabajadores de Saguia el Hamra y Río de Oro (UGTSARIO), y del historiador Dr. Jorge Barrientos, docente de la Universidad de Costa Rica (UCR).

Nafii Buda Ahmed Mohamed nació el 16 de octubre de 1981 en El Aaiún, Sáhara Occidental. Además de dirigir actualmente la UGTSARIO, fue presidente de la Unión de Periodistas y Escritores Saharauis, director de la Radio Nacional Saharaui y responsable de la radio y televisión comunitarias en los campamentos de refugiados de El Aaiún y Auserd. También ejerció como docente en la enseñanza básica, secundaria y de formación profesional en los campamentos de refugiados saharauis, acumulando más de dos décadas de trabajo en comunicación y defensa de los derechos del pueblo saharaui.

El conversatorio permitirá conocer la realidad del Sáhara Occidental, territorio reconocido por las Naciones Unidas como pendiente de descolonización. Según la información institucional de la UGTSARIO, la organización considera que la ocupación del territorio y la negación del derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación constituyen el origen de las violaciones a los derechos políticos, civiles, económicos, sociales y culturales que denuncia desde hace décadas.

Fundada en 1974, la UGTSARIO se define como una organización sindical de resistencia que representa a las personas trabajadoras saharauis tanto en los campamentos de refugiados como en los territorios ocupados, la diáspora y otros espacios donde desarrolla actividad laboral. Entre sus principales objetivos figuran la defensa de los derechos laborales y sociales, la protección de los derechos humanos y el respaldo al derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación e independencia.

El documento institucional señala además que la organización denuncia la explotación de los recursos naturales del Sáhara Occidental sin el consentimiento del pueblo saharaui, la represión contra personas sindicalistas y defensoras de derechos humanos, la discriminación laboral y la exclusión de la población autóctona, al tiempo que desarrolla una labor permanente de sensibilización internacional sobre la situación del territorio.

La actividad es organizada por FESITRAES con el respaldo de las organizaciones sindicales SINDEU, SITUN, AFITEC, UTRAUTN y SIUNED, como un espacio para promover el conocimiento, el diálogo y la solidaridad internacional en torno a una de las últimas cuestiones de descolonización pendientes en el mundo.

Palestina: la dignidad y lucha de los pueblos

José A. Amesty Rivera

Durante años nos han dicho que Palestina es un conflicto lejano, complicado y difícil de entender, nos repiten que es un problema milenario lleno de matices que sólo los expertos pueden explicar, pero para muchos pueblos de América Latina la cuestión es bastante más sencilla de lo que pretenden hacernos creer.

Cuando un pueblo vive bajo ocupación, cuando su territorio se reduce cada año, cuando miles de familias son desplazadas, cuando los bombardeos destruyen escuelas, hospitales y viviendas, y cuando la comunidad internacional mira para otro lado, estamos frente a una injusticia que cualquier persona puede comprender.

Por eso Palestina ya no es solamente un tema de Medio Oriente, se ha convertido en una causa mundial, una causa que interpela a quienes creen en la soberanía de los pueblos, en la autodeterminación y en el derecho de las naciones a vivir libres de la dominación extranjera.

En América Latina esta realidad tiene un significado especial, ya que nuestros pueblos conocen bien lo que significa sufrir la intervención de potencias extranjeras, el saqueo de recursos naturales, los bloqueos económicos, las presiones diplomáticas y las campañas mediáticas destinadas a justificar lo injustificable.

Nuestra historia está marcada por siglos de colonialismo: primero fueron los imperios europeos, después llegaron nuevas formas de dependencia económica, política y cultural; cambiaron los métodos, pero muchas veces el objetivo siguió siendo el mismo, impedir que los pueblos decidan libremente su destino.

Por eso la causa palestina encuentra tanta solidaridad en nuestra región, no porque las realidades sean idénticas, sino porque existe una experiencia común de resistencia frente a formas de dominación, que adoptan distintos rostros según la época y el lugar.

Defender a Palestina no significa estar contra el pueblo judío ni contra ninguna religión, esto es importante decirlo con claridad.

El pueblo judío sufrió algunas de las persecuciones más terribles de la historia, como el antisemitismo que provocó sufrimiento, discriminación y tragedias inmensas, culminando en el horror del Holocausto, este hecho debe ser reconocido y condenado sin ninguna ambigüedad.

Pero precisamente porque conocemos esta historia, también debemos afirmar algo fundamental, ningún sufrimiento histórico puede justificar la negación de los derechos de otro pueblo. La defensa de los derechos humanos no puede aplicarse según la conveniencia política de las grandes potencias; si creemos en la dignidad humana, debemos defenderla siempre y para todos.

Por esto rechazamos el antisemitismo con la misma fuerza con que rechazamos la islamofobia, el racismo, la xenofobia y cualquier forma de discriminación.

También rechazamos una práctica cada vez más utilizada, presentar cualquier crítica a las políticas del gobierno israelí, como si fuera un ataque contra todo el pueblo judío; una cosa es cuestionar las decisiones de un gobierno, y otra muy distinta es discriminar a una comunidad o una religión, ya que no son lo mismo.

Criticar las decisiones de un gobierno es un derecho democrático, de la misma manera que se cuestionan las políticas de Estados Unidos, Francia, Rusia, China o cualquier otro país, también pueden cuestionarse las acciones de Israel. Confundir deliberadamente estas cosas sólo sirve para bloquear el debate y evitar que se discutan problemas reales.

Otro aspecto que merece atención es el papel de los grandes medios de comunicación internacionales. Durante décadas, buena parte de la información sobre Palestina ha llegado al mundo filtrada por intereses políticos y geopolíticos muy concretos.

Las víctimas palestinas suelen aparecer reducidas a números, sus historias rara vez ocupan las primeras planas, sus voces son muchas veces invisibilizadas.

Mientras tanto, determinados relatos reciben una cobertura permanente y una legitimidad, que pocas veces se concede a otros pueblos que sufren conflictos similares.

No se trata de conspiraciones ni de explicaciones simplistas, se trata de reconocer que la información también es un terreno de disputa política, ya que los pueblos tienen derecho a conocer todas las versiones de los hechos para formar sus propias opiniones.

La cuestión palestina también nos obliga a reflexionar sobre el mundo en que vivimos, durante muchos se intentó imponer la idea de que unas pocas potencias tenían derecho a decidir qué gobiernos eran legítimos, qué guerras eran aceptables y qué pueblos merecían solidaridad internacional.

Sin embargo, el mundo está cambiando, cada vez más países reclaman relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo, la cooperación y la igualdad soberana entre los Estados.

Para América Latina, esta discusión es especialmente importante. La independencia política conquistada en el siglo XIX, sigue siendo una tarea inconclusa mientras persistan formas de dependencia económica, financiera y tecnológica.

Por esto la integración regional sigue siendo una necesidad estratégica, Bolívar soñó con una América Latina unida, porque comprendía que nuestros países aislados serían más vulnerables frente a los intereses de las grandes potencias, dos siglos después, esta lección mantiene plena vigencia.

La defensa de Palestina también nos recuerda la importancia de construir un mundo multipolar, donde ninguna potencia pueda imponer unilateralmente sus intereses sobre el resto de la humanidad.

Un mundo donde el derecho internacional se aplique a todos por igual, un mundo donde los derechos humanos no dependan del poder militar, económico o diplomático de quien los viola.

Desde una perspectiva latinoamericanista, la solidaridad con Palestina forma parte de una disputa más amplia, es la misma lucha por la soberanía que libraron nuestros libertadores, el combate de los pueblos indígenas que defendieron sus territorios, la pelea de quienes enfrentaron dictaduras, bloqueos e intervenciones extranjeras, la batalla de quienes creen que la dignidad no se negocia.

La izquierda latinoamericana tiene una responsabilidad importante en este debate, debe mantener una posición firme en defensa de los derechos humanos sin caer en prejuicios religiosos, étnicos o culturales, debe denunciar las injusticias donde ocurran, sin dobles raseros y debe recordar que los principios sólo tienen valor cuando se aplican de manera coherente.

Si estamos contra la ocupación de territorios, debemos estarlo siempre, si defendemos la autodeterminación de los pueblos, debemos hacerlo sin excepciones, si creemos en la igualdad entre las naciones, no podemos aceptar que algunas tengan más derechos que otras.

Palestina interpela precisamente esta coherencia; nos obliga a preguntarnos si los derechos humanos son realmente universales o si dependen de intereses geopolíticos, nos obliga a decidir si la soberanía es un derecho para todos o un privilegio reservado para unos pocos y nos obliga a recordar que la solidaridad internacional no es una consigna vacía, es un compromiso concreto con quienes sufren injusticias.

Por esto la causa palestina sigue despertando apoyo en sindicatos, movimientos estudiantiles, organizaciones populares, espacios culturales y comunidades de toda América Latina, ya que muchos reconocen en esta lucha algo que forma parte de nuestra propia memoria histórica.

La memoria de quienes resistieron la colonización, la memoria de quienes enfrentaron imperios, la memoria de quienes se negaron a aceptar que el poder de la fuerza estuviera por encima de la fuerza de la razón.

La solidaridad con Palestina no nace del odio hacia nadie, nace de una convicción profundamente humana y profundamente latinoamericana, que ningún pueblo debe vivir sometido, desplazado o privado de sus derechos fundamentales.

Y mientras exista un pueblo luchando por su tierra, por su soberanía y por su dignidad, esta causa seguirá encontrando eco en los corazones de millones de hombres y mujeres de Nuestra América.

Porque la lucha de Palestina, como todas las luchas por la libertad, nos recuerda una verdad sencilla pero poderosa, los pueblos pueden ser golpeados, pueden ser bloqueados, pueden ser silenciados durante un tiempo, pero nunca dejan de luchar cuando está en juego su derecho a existir y a decidir su propio destino.

El cambio sociopolítico más trascendental del último siglo

Por Bernardo Archer Moore

Bernardo Archer Moore

Costa Rica vive hoy, de manera silenciosa pero profunda, una de las transformaciones sociopolíticas más trascendentales de los últimos cien años.

Su carácter irreversible constituye, precisamente, la base de su fuerza presente y de su legado para las generaciones futuras.

La consulta previa, libre e informada de las comunidades afrocostarricenses frente a decisiones, políticas o proyectos que afecten sus territorios y derechos colectivos NO constituye una promesa política ni una concesión circunstancial.

Es un derecho reconocido por la República, con jerarquía constitucional, integrado al régimen de Derechos Fundamentales que protege no solo a los pueblos indígenas como se creía por mucho tiempo, sino, también, a los Pueblos Tribales Afrocostarricenses; frente a decisiones o proyectos que puedan afectar sus territorios, identidad cultural y derechos colectivos.

Algo que gran parte de la ciudadanía jamás imaginó presenciar en vida.

Y precisamente allí radica el mayor desafío: Lograr la plena comprensión, implementación y disfrute de este profundo cambio sociopolítico dentro de nuestra República.

La tribalidad afrocostarricense: una nueva realidad en el escenario político nacional

Bernardo Archer Moore
Presidente – ACUDHECA

Cahuita

Bernardo Archer Moore, presidente de ACUDHECA.

Preámbulo

Esta información no es solo relevante para comunidades como Cahuita. Su importancia alcanza a todo el país, porque se relaciona directamente con el respeto al Estado de Derecho y a compromisos internacionales como el Convenio 169 de la OIT.

Cuando estos principios no se cumplen, no solo se afecta a un grupo específico:
– Se debilita la legalidad de las decisiones públicas.
– Se compromete la institucionalidad del Estado.

En juego está algo mayor: el respeto a las reglas que protegen a todos los costarricenses.

¿Qué es el Foro Tribal Afrocostarricense?

El Foro Tribal Afrocostarricense es un espacio de representación y diálogo, creado a partir del Decreto Ejecutivo N° 43532-MP-MINAE-MCJ-MEP, que reconoce a la población afrodescendiente como pueblo tribal bajo el Convenio 169 de la OIT.

Objetivo del foro

Su función principal es:

Defender los derechos del pueblo tribal afrocostarricense, especialmente:

  • Derecho a consulta previa, libre e informada.
  • Protección de territorios ancestrales.
  • Preservación de la cultura e identidad. Y,
  • Derecho a la autodeterminación.

¿Cómo funciona?

Está integrado por representantes de comunidades afrodescendientes:
Líderes y lideresas de las 8 comunidades que participaron en los diálogos: Tortuguero, Siquirres, Estrada, Cahuita, Puerto Viejo, Sixaola, Limón y Guácimo.

□ Actúa como interlocutor ante el Estado
□ Participa en procesos donde se discuten proyectos o decisiones que afectan al pueblo tribal.

Ejemplo: turismo, uso de tierras, parques nacionales, carreteras.

¿Cuándo se activa?

Cuando el Estado quiere hacer algo que pueda afectar al pueblo tribal:

Debe consultar primero. La consulta debe ser: antes de decidir (previa)
Sin presión (libre)
Con información clara (informada)
Con intención real de acuerdo (buena fe).

Relación clave: Foro vs pueblos tribales (como Cahuita)

Los pueblos tribales (como Cahuita) son el sujeto de derechos.

El Foro es solo el mecanismo de representación y coordinación.

En palabras simples:

El Pueblo Tribal = el dueño del derecho

El Foro = el canal para ejercer ese derecho.

Importante: El Foro no sustituye al pueblo, ni decide por sí solo.

Debe responder a las comunidades y bajar la consulta a las bases.

¿Por qué es importante?

Porque permite que comunidades como Cahuita:
No sean excluidas de decisiones sobre su territorio.
Puedan detener proyectos ilegales sin consulta.
Defiendan su cultura frente al desarraigo.

Resumen final en una frase

Sin pueblo tribal organizado, no hay Foro legítimo;
y sin Foro operativo, no hay consulta real.

Compatriotas: Lo hecho, hecho está. El camino no es hacia atrás, sino hacia adelante.

Los derechos conquistados no son negociables ni reversibles.

Quienes intenten retroceder, se encontrarán con un límite claro:
El principio de no regresión en derechos humanos, que protege lo ya alcanzado.

El mensaje es simple y firme: Avanzar no es una opción, es una obligación histórica.

La época del silencio se acabó en Cahuita

Durante años nos dijeron:
“calladitos más bonitos.”

Pero ese silencio no era paz… era control.

Hoy que hablamos, incomodamos.

Y cuando incomodamos, atacan:

“No es de Cahuita”
“Es extranjero”
“Divide”

Pero ya no funciona. Ese silencio acostumbrado – no es ley ni consentimiento – es estrategia para lograr lo deseado.

La realidad cambia todo:
La Sala Constitucional ordenó consulta del PRC al Pueblo Tribal de Cahuita; y ratificó al Foro Tribal Afrocostarricense como órgano por medio del cual debe realizarse la consulta. (Voto 2025-029985)

Pero también reconoció:

El Foro Tribal venció (Voto 2026-010993).

Y eso lo cambia todo:

● Sin organización, no hay representación.
● Sin representación, no hay consulta.
● Y sin consulta… otros deciden por nosotros.

Que no te engañen

No es inclusión.
Es sustitución.

Hoy es definitivo:
El silencio terminó.

Y un pueblo que despierta…
ya no se deja reemplazar.

(English):
Patience is an ancestral virtue—wisdom distilled across generations—captured in a simple truth: “It takes patience to ride a donkey.”

(Español):
La paciencia es una virtud ancestral —sabiduría destilada a lo largo de generaciones—, resumida en una simple verdad: «Se necesita paciencia para montar un burro.»

Uno para todos y todos para uno.

Bernardo Archer Moore
Adulto Mayor — que, con dignidad, decidió no callar más.

¿Unidad o simulación? La verdadera prueba del Convenio 169 en Cahuita

Por Bernardo Archer Moore

Bernardo Archer Moore.

En 1989, cuando la Organización Internacional del Trabajo (OIT) adoptó el Convenio 169 de la OIT para reconocer los derechos colectivos de los pueblos indígenas y tribales, que Costa Rica ratificó plenamente en 1993, el mundo era muy diferente al de hoy.

La segregación racial y étnica era una norma tácita, y la IA estaba más allá de la imaginación de cualquiera.

La esperanza generalizada era que este acuerdo entre naciones civilizadas se implementara tan pronto como concluye su breve proceso de ratificación en cada país.

Sin embargo, más de tres décadas después, su implementación en Costa Rica sigue siendo una promesa incumplida.

El problema hoy no es la falta de una ley, sino su evasión.

El artículo 6 del Convenio es claro: El Estado debe consultar a los pueblos interesados con el fin de llegar a un acuerdo o consentimiento. Esto no se trata de informarles sobre decisiones ya tomadas, ni de celebrar audiencias públicas. Se trata de garantizar el derecho a la participación colectiva en el proceso de toma de decisiones.

Sin embargo, como lo demuestra la resolución constitucional sobre el «Plan Regulador Costero de Cahuita», el Estado ha sustituido la consulta genuina por mecanismos de participación general, diluyendo así la voluntad de los titulares de derechos.

Aquí radica la distorsión central: confundir «población» con «pueblo».

El Convenio 169 no protege a todos los habitantes de un territorio, sino a los pueblos definidos por su autoidentificación, continuidad histórica y diferenciación cultural; y no por un linaje étnico directo.

En Cahuita, esto implica que el sujeto de consulta no es la totalidad de los residentes, sino el pueblo tribal afrodescendiente, definido conforme a criterios de autoidentificación, continuidad histórica y diferenciación cultural. En consecuencia, aquellas personas que no comparten dicha identidad colectiva —por carecer de vínculo histórico, cultural o de autoidentificación con el pueblo tribal— no forman parte del sujeto titular del derecho de consulta.

En este punto resulta imprescindible apelar al juicio humano, en lugar de depender exclusivamente de la inteligencia artificial, cuya interpretación de los hechos contemporáneos suele estar condicionada por las proyecciones y supuestos de sus desarrolladores sobre un futuro incierto, más que por la complejidad de la realidad presente.

En esta línea de pensamiento, surge un fenómeno contemporáneo ineludible: La creciente complejidad de la identidad, resultado de los procesos de migración, mestizaje y asimilación cultural.

Ante la ausencia de normas claras basadas en la realidad de nuestras comunidades, la ambigüedad genera conflictos internos.

Y este tipo de conflictos, lejos de conducir a soluciones, benefician los intereses del Estado.

Durante el último año, el incumplimiento de la Convención ha encontrado la excusa perfecta en las divisiones internas de las comunidades: permite seguir eludiendo la consulta, justificando la inacción y trasladando la responsabilidad a las propias comunidades afectadas.

Así, el problema deja de ser una cuestión estatal y se convierte convenientemente en una cuestión comunitaria.

Ante este escenario, la comunidad tribal afrodescendiente de Cahuita se enfrenta a un dilema histórico: definirse como sujeto colectivo de acuerdo con los criterios del Convenio 169, o permitir que la ambigüedad siga facilitando la simulación de consulta.

No hay una tercera vía.

La unidad, en este contexto, no es un ideal abstracto. Es una condición jurídica.

Sin ella, no hay consentimiento válido, ni consulta legítima, ni posibilidad de autodeterminación.

En este escenario, incluso los prejuicios históricos —como la narrativa de que «los pueblos afrodescendientes no pueden llegar a acuerdos»— dejan de ser meros estigmas y se convierten en herramientas funcionales de despojo.

La cuestión ya no es jurídica, sino histórica:

¿Permitiremos que se confirme esta narrativa («los negros no se unen«), o construiremos, desde la unidad, el verdadero fundamento de nuestros derechos?

Cahuita, Talamanca

Los filibusteros nunca se fueron

Rafael A. Ugalde Q.*

Con Cuba hasta el último suspiro. Sin aspavientos, sin no otra ilusión que nuestros pueblos sean libres, coherentes en su decir y hacer, como decía Martí. Sin la vergüenza de que mañana algún atrevido nos cuente como estrella cincuenta y uno de la bandera del dios Baal, llena de rayas como espadas oliendo a sangre fresca de niños, mujeres y ancianos, no importa el país adonde llega y queda izada.

Ellos nunca se fueron, a pesar de que la dignidad de otros tiempos, el de esos viejos robles llamados abuelas y abuelos, los hicieron pagar caro su osadía. Los filibusteros siempre han estado allí desde 1856. No engañemos más a nadie negando lo evidente: siempre han estado con nosotros y con distintos trajes.

Llamemos las cosas sin palanganeos. Que no los hayamos visto por miopía o criminal comodidad, es otra cosa, por cierto, muy lamentable. Cuando los pueblos centroamericanos no aguantaban dos siglos de violencia instituida constitucionalmente, traducida en salarios miserables, del hambre deambulando por calles y avenidas, despojados de sus tierras ancestrales, violación a sus derechos humanos, el sombrero del mago apareció inesperadamente y realizó el gran “milagro”, claro, con el visto bueno de las barras y las estrellas.

Nos hicieron llegar un confite envenenado de un premio nobel de pacificación, en 1987. Entonces fue cuando a la tortilla le dieron vuelta definitivamente. Quienes habían sido víctimas de la violencia por décadas por parte de las élites, tanto en las ciudades como en los campos, resultaron ser los violentos históricos. Dicha bondad era tan grande si se declaraban culpables de la violencia que pronto tendrían educación gratuita, los salarios soñados, seguridad social, democracia, libertad etc., etc. ¿Habrá necesidad en profundizar sobre esta paz centroamericana?

La paz no es solamente ausencia de la guerra. La verdadera paz que añoran nuestros pueblos se construye todos los días de abajo hacia arriba, con plena soberanía, con independencia sometida a toda clase de pruebas, se levanta con autodeterminación y pleno respeto a las otras naciones, según el derecho internacional.

No es la paz de la llamada “Cumbre de las Américas” celebrada el pasado 7 de marzo en La Florida – con la honrosa ausencia de México, Cuba, Nicaragua, Brasil, Colombia y Venezuela – donde 12 presidentes regionales se mostraron dispuestos a que Nuestra América alivie el sopapo de la caída del ”matón“ del barrio, frente a un indetenible Nuevo Orden Mundial, aunque para ello se hayan adherido a la guerra en la zona y se hayan comprometido con convertir en vasallos a todas sus poblaciones, en el proceso de recolonización del continente que implica dicha declaración final.

Siempre han estado en el mismo lugar y hasta a veces protegidos por oportunistas y cipayos disfrazados, que han logrado borrar con un difuso lenguaje academicista, reformista o de supuesta preocupación social, la situación de miseria que viven miles de seres humanos, haciendo filas en la seguridad social, las universidades públicas etc., borrando de rebote el verdadero significado de la solidaridad con Cuba, Venezuela, Nicaragua, Irán o Palestina.

Todo acto de solidaridad – esto no quieren escucharlo- tiene un fuerte componente antimperialista, soberanista y de lucha de clases, sí dicha decisión es sincera, sin cálculos politiqueros, personalista, egoísta o vanidad, porque toda solidaridad con cualquier pueblo del mundo, víctima del Imperialismo y sus élites serviles, es una escogencia moral, ética; es decir, gústenos o no, es una manifestación de coherencia ideológica y de verdad Revolucionaria. No puede ser que ayer, por ejemplo, Cuba, Nicaragua o Venezuela eran “dictadura”, pero hoy ya no lo son. Toda verdad es revolucionaria decía Fidel, es decir se rige fundamentalmente por “principios”; diferente son los “valores” que fluctúan en el mercado de las cosas.

Hoy el yankismo de adentro y los advenedizos redujo los viejos vínculos con el pueblo y las autoridades cubanas a relaciones consulares. No importa. Ellos nos han confundido. Se han equivocado. ¡Qué poco conocen a un puñado de hombres y mujeres que tenemos claro que la vida de cualquiera de nosotros no vale más que la de un aborigen Mapuche, un campesino guatemalteco o un obrero cubano!

Son los mismos que tienen un retrato de Juan Rafael Mora por simple estética, pero llevan 170 años enterrando a quien verdaderamente forjó nuestra independencia y delineó una diplomacia independiente, digna para todos los tiempos, que ellos enterraron. Son los mismos que hubieran deseado que José Martí jamás hubiera estado dos veces en nuestro país dándonos un baño de dignidad, ni que los hermanos Maceo forjase el decoro que aún persiste entre miles de ticos y ticas.

Han declarado la guerra a todos quienes creemos que sin plena soberanía es un engaño hablar de mejoras en la economía, del fin del narcotráfico mientras el principal consumidor del mundo no hace nada para acabar con sus carteles internos, de independencia, democracia, derechos humanos y de autodeterminación. Todo ello resulta en farsa si no tenemos soberanía.

Si, imagínese usted la magnitud de cinismo, invocando los derechos humanos contra Cuba, quienes acabaron con los niños de Gaza, rociaron de fósforo blanco a poblaciones del Líbano, como hicieron en la guerra de Vietnam, acabaron con una escuela y sus niñas de Irán el pasado 28 de febrero. “Es divertido” bombardear, dijo ante los periodistas este Baal insaciable de sangre y referente moral de nuestro yankismo.

Pero también la decisión del gobierno implica un reto: tenemos que replantear la solidaridad, especialmente con Cuba, desde otra estrategia. No podemos seguir ocultando el componente antimperialista y de lucha de clases, sin tapujos, que tiene la solidaridad y cuya esencia confrontativa el imperialismo rehúye, porque ese es nuestro campo y fortaleza. Allí es a donde tenemos que llevar a los imperialistas declarados y a los camuflados.

Esta decisión de bajar el nivel de las relaciones con Cuba, como parte de la asfixia energética, se tomó los primeros días del mes de febrero pasado, pocas horas después de las elecciones. En el artículo «diplomacia tica en sintonía con las peores causas» (Revista Surcos) está explicado en un par de párrafos.

El cerco contra Cuba es bloquear todos los canales que sirven desde adentro hacia afuera como voz antimperialista (borrar medios como Cubadebate, Prensa Latina, Radio Habana etc.), al mismo tiempo que en cualquier “negociación” entre Cuba y la Casa Blanca tratarán de buscar “quintas columnas” o traidores. A toda “negociación” los yankis llegan con un puñal escondido. No olvidarlo.

Pero también la medida adoptada por el filibusterismo atrincherado en Zapote va encaminada además a detener la creciente solidaridad con Cuba en Nuestra América por su posición digna y solidaria con las causas justas. Por eso desempolvaron en La Florida el viejo Plan Cóndor para las Américas – hablan de terrorismo y narcotráfico y no de la “subversión” de que hablaban en la década de los ochentas, manteniendo el terrorismo- necesitan silenciar la voz de Cuba e imbuirse el continente en una sentada. No lo lograrán en la medida que a los filibusteros de ayer y hoy no le demos tequio y comprendan que, mientras haya una sola mujer o un solo varón que para ellos la solidaridad con Cuba no es un medio electoral, vanidad o pusilaminidad, nuestra paciencia como pueblo no es genuflexión ni seremos nunca siervos. Viva Cuba Socialista. Viva la Solidaridad con el pueblo y las autoridades de Cuba. VENCEREMOS.

*Periodista, abogado y notario por la U.C.R.

¿Soberanía u obediencia?

Por MSc. Rodrigo Campos Hernández

Las palabras del presidente Rodrigo Chaves sobre Cuba no dejan espacio para la ambigüedad.

No solo rompió relaciones diplomáticas. Dijo que no reconoce la legitimidad del gobierno cubano, que “hay que limpiar el hemisferio de comunistas” y que “los americanos dicen enough is enough”. Con eso basta.

Porque ya no estamos ante una política exterior basada en derechos humanos. Estamos ante una toma de posición ideológica… y geopolítica.

Cuando un presidente habla en esos términos, la pregunta no es Cuba. La pregunta es Costa Rica.

¿Desde cuándo nuestra política exterior se formula en sintonía con el lenguaje de la Casa Blanca? ¿Desde cuándo “defender derechos humanos” significa repetir la lógica de confrontación de una potencia?

Porque mientras se rompe con Cuba, no se rompen relaciones con quienes bloquean, sancionan, intervienen o imponen condiciones a otros países. Entonces no es un tema de derechos. Es un tema de a quién se le aplican. Y eso tiene nombre: doble moral.

Costa Rica ha sido —al menos en su mejor tradición— un país de paz, de diálogo, de multilateralismo, de respeto a la autodeterminación de los pueblos.

Hoy, en cambio, escuchamos un discurso que no dialoga: confronta. Que no media: se alinea. Que no construye puentes: los rompe. Y lo más grave es que no parece ser un hecho aislado. El propio presidente ha dicho que esta línea será continuada por la próxima administración de Laura Fernández.

Entonces la pregunta ya no es diplomática. Es política. ¿Vamos a seguir siendo un país que decide desde sus principios o uno que ajusta su voz al poder de turno? Porque cuando la política exterior pierde su voz propia, la soberanía no se pierde de golpe. Se cede… frase por frase.