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Etiqueta: cambio climático

UNA y municipio herediano en pro del ambiente

Con el respaldo del profesional del Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible de la Universidad Nacional (CINPE-UNA), la Municipalidad de Heredia es a partir de hoy el primer ayuntamiento de Costa Rica en contar con una política pública para abordar la problemática del cambio climático.

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UCR: Guanacaste en la encrucijada frente al clima

Cada diez años, Guanacaste experimenta sequías severas y prolongadas, incluso durante varios años, que agravan las condiciones secas propias de este lugar. El aumento en la temperatura en los últimos años, atribuido al cambio climático, es uno de los factores que contribuye al incremento de la aridez de esta región del país, con efectos en la agricultura y en la escasez de agua para solventar las necesidades básicas.

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UNA: Parrita en alerta ante cambio climático

Los esfuerzos por contrarrestar los efectos del cambio climático en la Gran Área Metropolitana (GAM), son muy distintos a la realidad de las zonas costeras, en donde existen altos índices de pobreza, hambre, desorganización social, rezago en el sector productivo y desempleo, destacó Olman Segura, director e investigador del Centro Internacional de Política Económica de la Universidad Nacional (Cinpe-UNA).

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Exponen por qué basarse en el PIB destruye el planeta

George Monbiot es activista climático británico y esto que dice acerca de este tema en el video que compartimos.

“Lo que tenemos que hacer es un gran cambio estructural, un cambio político económico. Lo que nos dicen que hagamos es cambiar los bastoncillos de algodón y esos pequeños objetos sin sentido, pero eso no nos va a llevar a ninguna parte. Hay una o dos cosas que puedes hacer como consumidor que pueden conseguir un cambio: cambiar a una dieta vegetariana es una de ellas. Es un gran, gran cambio, porque las macrogranjas de animales tienen un masivo impacto ambiental. Otra: dejar de volar. Pero más allá de eso, actualmente todo lo que tenemos que hacer es cambiar el sistema (…) que está comiendo el planeta en un crecimiento perpetuo. Quiero decir, ¿desde cuándo el PIB fue una medida sensata del bienestar del ser humano?”

 

Enviado por Hernán Alvarado Ugarte.

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Saneamiento seguro y cambio climático son los retos de Costa Rica para la sostenibilidad del recurso hídrico

  • Informe del AyA indica que solo solo 15% de la población en Costa Rica cuenta con saneamiento seguro frente a 92,4% con acceso al agua potable

  • Abastecimiento a poblaciones dispersas, la disminución de brechas urbano-rural y la afectación al recurso hídrico frente al cambio climático son los principales desafíos nacionales

22 de marzo de 2019. En el marco del Día Mundial del Agua, el Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) hacen un llamado a reconocer la necesidad de incrementar el saneamiento seguro, así como las medidas de adaptación y mitigación frente a los efectos del cambio climático sobre las fuentes de agua.

Según el más reciente Informe de agua para consumo humano y saneamiento del Laboratorio Nacional de Aguas del AyA (2019), en Costa Rica 4,6 millones de personas cuentan con agua potable en sus hogares (el 92,4%), siendo de las coberturas más altas a nivel regional; sin embargo, solo 750.000 personas cuentan con saneamiento seguro (15%).

En ese sentido, la presidenta ejecutiva del AyA, Yamileth Astorga, resaltó la necesidad de invertir en todos los aspectos del ciclo social del agua. “Costa Rica es reconocida por la alta cobertura de acceso a agua potable, pero para alcanzar el desarrollo sostenible debemos continuar la Ruta del Saneamiento con inversiones en proyectos de tratamiento y recolección de aguas residuales”, indicó la jerarca.

El Informe también arrojó una brecha en el acceso a agua potable entre el área urbana y rural, pues la cobertura es de 96,4% y 84,4% respectivamente. En cuanto a saneamiento, aún el 13,4% de las aguas residuales se dispone en alcantarillados que no cuentan con una planta de tratamiento, por lo que persisten descargas directas a ríos, quebradas y mares.

Asimismo, las condiciones extremas de escasez de agua y estrés climático afectan cada vez más al país; por ejemplo, se prevé que en la región norte las precipitaciones disminuirán en un 15% al 2020, 35% al 2050 y hasta el 65% al 2080. De la misma manera, el incremento en la frecuencia e intensidad de eventos extremos como tormentas y huracanes amenazan directamente la infraestructura de agua potable.

“El cambio climático y el agotamiento de los recursos naturales, muchas veces por contaminación, exigen acciones inmediatas para garantizar el desarrollo sostenible. Felicitamos a Costa Rica por el compromiso de aumentar el saneamiento seguro en todo el país. Sin duda estas acciones serán una fortaleza a nivel mundial en términos de competitividad y atracción de inversión extranjera”, señaló Kryssia Brade, Oficial a cargo del PNUD.

En este momento, AyA impulsa una cartera de inversión de casi $1.000 millones que contempla 112 proyectos en el territorio nacional, tanto de agua potable como de saneamiento. Con el acompañamiento del Ministerio de Ambiente y Energía, la Dirección de Cambio Climático, el financiamiento del Fondo Mundial para el Medio Ambiente y el acompañamiento técnico del PNUD, lidera un proyecto por $5 millones para fortalecer las capacidades de 300 acueductos comunales en la zona norte, como aliados en el desarrollo local y para hacer frente al cambio climático.

 

Enviado por Ingrid Hernández Sánchez, Asesora Comunicación, PNUD Costa Rica.

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UCR: Los pastos marinos: un mundo bajo el agua por conocer

Los pastos marinos son las únicas plantas que habitan en el océano. De ellos se alimentan animales como las tortugas, los manatíes, los erizos y los peces. También contribuyen a la protección de las zonas marino costeras y a mitigar los efectos del cambio climático

En el mar se forman pastizales subacuáticos que están adheridos a los sedimentos (foto cortesía Jimena Samper).

Sin embargo, sabemos poco de ellos y podríamos asemejarlos a los pastos terrestres, pero son diferentes. Como el resto de las plantas, los pastos marinos tienen distintos componentes o estructuras, lo cual les permite realizar el proceso de fotosíntesis, gracias a la energía que aporta la luz. Para esto, absorben el CO2procedente de la atmósfera, que está disuelto en el agua.

Las algas también realizan la fotosíntesis en el mar, pero son organismos mucho más sencillos y no tienen los mismos componentes que las plantas.

En el fondo del océano se forman pastizales subacuáticos denominados praderas, que se adhieren a los sedimentos. Algunas veces quedan expuestas cerca de la costa, cuando la marea baja, y se observan como una gran alfombra verde que cubre el suelo marino.

En Costa Rica se han identificado siete especies de plantas bajo el mar, en las costas del Pacífico y del Caribe. Su estudio se ha iniciado de manera sistemática por el Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar), de la Universidad de Costa Rica (UCR), ante el vacío de conocimiento acerca del tema.

“En Costa Rica, los pastos marinos han sido menos estudiados que otros ecosistemas, como los manglares o los arrecifes de coral. Estamos tratando de cambiar eso y de generar más conciencia acerca de su importancia”, expresó Jimena Samper Villarreal, investigadora del Cimar y especialista en el tema.

Antes de 1960, no existían publicaciones científicas en el país. Es a partir del 2010 cuando se empezaron a realizar estudios en el Golfo Dulce, en el sur del territorio, con la participación de estudiantes de la carrera de Biología de la UCR.

“Nosotros analizamos el tipo de investigaciones realizadas aquí. Casi todas son reportes de cuáles especies se encuentran y en dónde. Es menor el porcentaje que aborda aspectos ecológicos, como la fauna asociada”, comentó la experta.

Las primeras indagaciones se concentraron solo en los pastos marinos del Caribe, gracias a un proyecto que funciona en toda esa región, el cual desde 1999 monitorea estos ecosistemas. También se le da seguimiento a los manglares y a los arrecifes de coral.

En 2017, el Cimar logró iniciar un proyecto de monitoreo de los pastos en el Pacífico, especialmente en el Golfo Dulce. Ahí se encuentra la pradera de pastos marinos más extensa de la costa pacífica.

Especies más comunes

En el Caribe Sur de Costa Rica, que comprende Cahuita, Manzanillo y Gandoca, crecen las principales praderas de pastos marinos. “En todas estas zonas, detrás del arrecife, donde hay lagunas y es más tranquilo, se desarrollan praderas extensas de especies de gran tamaño y muy persistentes”, explicó Samper.

En esta costa, la especie dominante es Thalassia testudinum, que es la más común y la favorita de la tortuga. Luego, le sigue Syringodium filiforme, la cual tiene una forma tubular, como un espagueti, y es alimento del manatí. Ambas solo se encuentran en el Caribe a nivel mundial.

Con respecto a los pastos del Pacífico, hay bastantes vacíos de información sobre los sitios donde están presentes. Además de ser especies más pequeñas, son más efímeras y más dinámicas, y crecen muy rápido. Esa es su estrategia de vida, expresó la bióloga.

En la costa pacífica, las especies predominantes son Halophila baillonis, Alodule wrightii y Ruppia maritima. Se desconoce si actualmente existen praderas extensas de R. maritima, luego de que en 1996 desapareciera una (de 5000 metros cuadrados de extensión, aproximadamente) en bahía Culebra, Guanacaste, a raíz de una tormenta, tal y como lo documentó el investigador del Cimar, Jorge Cortés Núñez.

El pasto conocido como trébol (Halophila baillonis), pues sus hojas tienen la forma de tal planta, se encuentra tanto en el Caribe como en el Pacífico y está clasificado como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Esta es una de las principales especies encontradas en el Pacífico costarricense.

Por su parte, la erosión costera del Caribe, consecuencia del cambio climático, ha afectado a los pastos marinos.

Cambio climático

De acuerdo con los científicos, los pastos marinos ayudan a aplacar los efectos del cambio climático, por medio del secuestro de carbono, función que realizan a través de la fotosíntesis. La tarea que desarrollan es captar el CO2 en sus tejidos y lo retienen durante cierto tiempo.

Diversas especies de organismos marinos, como los erizos, se alimentan de los pastos marinos (foto cortesía de Jimena Samper).

“Gran parte del tejido fotosintético y no fotosintético se entierra en el sedimento, donde hay poca descomposición de la materia. El sedimento atrapa el carbono que secuestra por la fotosíntesis y el que viene de la zona terrestre debido a la erosión, y ambos quedan almacenados en la capa de pastos marinos vivos. A esto es lo que llamamos carbono azul, que sirve para mitigar el cambio climático”, detalló la investigadora de la UCR.

En este sentido, no solo hay que proteger las plantas marinas para que sigan secuestrando el carbono –insistió–, sino para que, además, no emitan el que han retenido durante miles de años.

Cabe señalar que esta función del secuestro de carbono es realizada también por los manglares.

Vulnerabilidad

El principal problema que presentan los pastos marinos consiste en que necesitan la luz para realizar el proceso de fotosíntesis y, para ello, dependen de la claridad del agua. Igualmente, existen otros factores que intervienen, como las alteraciones de la salinidad del agua y de la fuerza del oleaje.

Los pastos marinos “son ecosistemas muy vulnerables que están siendo afectados a nivel mundial. Crecen en la zona costera, cerca de donde está el desarrollo humano. Si nosotros erosionamos la cuenca, cae mucho sedimento al mar, o si echamos muchos nutrientes (aguas negras o aguas residuales) se genera gran cantidad de fitoplancton, se hace más turbia el agua y ellos no pueden realizar la fotosíntesis”, explicó Samper.

La falta de información también ha incidido en que muchas veces los pastos marinos pasen inadvertidos; aunque, a la vez, estos son importantes para ciertas comunidades, sobre todo en lugares donde no hay arrecifes coralinos. Los pescadores, por ejemplo, los confunden con las algas, indicó.

Tampoco se tiene conciencia sobre las relaciones entre los pastos marinos y los organismos que se alimentan de ellos. Por esto, el Cimar organiza talleres en comunidades costeras para informar y sensibilizar a estas poblaciones acerca de la importancia de este recurso marino.

La bióloga concluyó que existen evidencias científicas de que a nivel mundial han disminuido, considerablemente, los pastos marinos, producto de las actividades humanas. Por tanto, insistió en que para lograr conservarlos es clave saber dónde se encuentran y cuáles especies hay. De ahí la necesidad de efectuar mayor investigación.

Algunas cifras
En el mundo existen entre 60 y 72 especies de pastos marinos. De ellas, 7 se han identifico en 31 sitios de Costa Rica, la mayoría en la costa del Pacífico.
En nuestro país, estas plantas cubren un área de 133 hectáreas: 97 en el Pacífico y 36 en el Caribe.

 

Patricia Blanco Picado

Periodista Oficina de Divulgación e Información, UCR

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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Movilización mundial contra la energía sucia

  • Nuevo informe del #IPCC sobre 1,5°C muestra grandes diferencias entre el calentamiento a 1,5°C y a 2°C. El mundo tiene que actuar AHORA para evitar el #cambioclimático

“Estamos en estado de emergencia climática. El informe del @IPCC sobre 1,5°C ilustra descarnadamente la diferencia entre el calentamiento a 1,5°C y a 2°C; para muchos en todo el mundo esta diferencia es de vida o muerte. Es vital mantener el aumento de la temperatura bien por debajo de 1,5°C, pero la evidencia presentada por el IPCC muestra que la ventana de oportunidad para hacerlo es pequeña y sigue achicándose. Hay activistas movilizados en todo el mundo exigiendo que se ponga punto final a los combustibles fósiles, las energías sucias y las tecnologías peligrosas. Queremos que la transición a un sistema energético limpio beneficie a los pueblos, no a las corporaciones”.

“Sólo un cambio radical de sistema ofrece una trayectoria esperanzadora que nos libere del derrotismo. Sólo transformando radicalmente nuestros sistemas energéticos, alimentarios y económicos podremos evitar una catástrofe climática y que el calentamiento exceda 1,5°C”.

Comunicado de prensa: https://www.foei.org/es/noticias/informe-ipcc-advierte-catastrofe-climatica

Para más información: Mariana Porras 8302-2360

*Imagen tomada de Bioenergy Crops

Enviado por Coecoceiba.

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Crisis Sistémica y Cambio Climático

  • IPCC señala en su reciente informe que se necesitan cambios de gran alcance
  • Experto salvadoreño en Cambio Climático visita Costa Rica

Crisis Sistemica y Cambio Climatico

FECON, 9-10- 2018. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) emitió el pasado 8 de octubre su último informe en el cual asegura que “Para limitar el calentamiento global a 1,5 °C se necesitarían cambios de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad”.

El informe especial del IPCC sobre el calentamiento global se respalda en más de 6000 referencias de investigaciones de 133 autores y científicos de 40 países distintos, asegura que el planeta ya está sufriendo consecuencias de un calentamiento de 1°C. Entre estas: condiciones meteorológicas más extremas, crecientes niveles del mar y un menguante hielo marino en el Ártico.

Entre las alarmas que lanza este informe destaca que los arrecifes de coral disminuirían entre un 70% y un 90% con un calentamiento global de 1,5°C, mientras que prácticamente todos ellos (> 99%) desaparecerían con uno de 2°C.

En el informe se señala que para limitar el calentamiento global a 1,5°C se necesitarían transiciones «rápidas y de gran alcance» en la tierra, la energía, la industria, los edificios, el transporte y las ciudades. Sería necesario que las emisiones netas globales de dióxido de carbono (CO2) de origen humano disminuyeran en 2030 alrededor de un 45% respecto de los niveles de 2010.

Al mismo tiempo el Dr. Ricardo Navarro, experto en ciencias climáticas, visita el país y dará una conferencia abierta este jueves 11 de octubre, a las 4:30 PM en la casa Claretiana de Ejercicios Espirituales, en San Francisco de Guadalupe. Desde la Federación Costarricense para la Conservación de la Naturaleza invitamos a este espacio.

Contacto:

Mariana Porras, Coecoceiba Amigos de la Tierra, teléfono: 83022360

Henry Picado Cerdas, FECON, teléfono 87609800

 

Notas:

1) Global Warming of 1.5 °C: http://www.ipcc.ch/report/sr15/

 

 

Enviado por FECON.

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UCR: La sexta extinción masiva de los organismos será provocada por el ser humano

Los humanos han ignorado las lecciones del pasado y desde hace unos 11 000 años han destruido la diversidad de las especies, así como también han contribuido a deteriorar la tierra, el mar y el aire

UCR La sexta extincion masiva de los organismos será provocada por el ser humano
El sapo dorado (Incilius periglenes), icono de Monteverde, fue avistado por última vez en 1989.

La ecologista Martha Crump, quien registró los rituales de apareamiento del sapo dorado en 1987, narra lo siguiente en su libro En busca de la rana dorada (2000): “Estoy inmersa en la fría niebla de este asombroso bosque de Costa Rica, porque como bióloga investigo fenómenos nuevos y apasionantes. Esta es mi búsqueda personal de la rana dorada, o como Jay Savage lo expresara: ‘la búsqueda de la verdad mística y la belleza de la naturaleza’”. El sapo dorado, icono de Monteverde, fue avistado por última vez en 1989 y es parte de la extensa lista de los animales extintos.

Se calcula que en el planeta habita cerca de un millón de millones de especies diferentes, de las cuales el 99,9995 % son bacterias y arqueas (sin núcleo) que escapan a la vista. El restante 0,0005 % son eucariotas (con núcleo), de los que 30 millones son insectos, arácnidos, moluscos, crustáceos y otros invertebrados; 85 000 son mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces; 300 000 son plantas, y 700 000 son hongos, protozoarios y cromistas.

Sin embargo, las especies no son eternas y están destinadas a la extinción, algunas más temprano que otras.Todo depende de su adaptabilidad y de la contingencia de los eventos. Se ha estimado que cerca del 99,9 % de las especies multicelulares, que alguna vez habitaron la tierra, se extinguieron. Es probable que para el año 2100, la mitad de las plantas y vertebrados que existen habrá desaparecido. “La extinción es la regla, la supervivencia es la excepción” (Carl Sagan, 1934 – 1996).

Desde la perspectiva geológica, se han registrado cinco extinciones masivas de los organismos multicelulares, todas causadas por catástrofes naturales. La primera ocurrió hace unos 444 millones de años durante la transición del Ordovícico al Silúrico, cuando cerca del 86 % de las especies (todas marinas) fueron borradas de la faz de la tierra.

La segunda sucedió unos 375 millones de años atrás durante el Devónico tardío, con el 75 % de las especies desaparecidas. La tercera y más severa de todas transcurrió al final del Pérmico, hace unos 251 millones de años, con la eliminación del 96 % de las especies. Se estima que toda la vida multicelular que existe desciende de ese 4 % que sobrevivió.

La cuarta extinción mató al 80 % de las especies al final del Triásico, unos 200 millones de años atrás. Por último, hace 66 millones de años, al término del Cretáceo, cerca del 76 % de las especies murieron, entre ellas los famosos dinosaurios, las amonitas, muchas plantas y grandes reptiles voladores como los pterosaurios.

Todo apunta a una sexta extinción masiva, esta vez causada por una especie de mamífero bípedo, desnudo y de cabeza grande, cuya siniestra actividad es modificar al medio ambiente: el Homo sapiens. Este sexto período se inició al final del Pleistoceno, hace unos 100 mil años, cuando los humanos empezaron a migrar de África hacia otros continentes.

Durante esa época se presentaron varias glaciaciones, interrumpidas por períodos en los que el hielo se retiraba. Aunque es posible que el cambio climático pusiera estrés a la flora y a la fauna de entonces, el consenso es que la principal causa del cambio del paisaje en los continentes y de la extinción de muchos animales y plantas fue la acción de los advenedizos humanos; todo producto de las cacerías y destrucción de la floresta mediante las quemas y talas.

Por ejemplo, la desaparición del 71 % de las especies de los vertebrados de Oceanía coincide con la llegada de los humanos a Nueva Zelanda, Australia y Nueva Guinea hace unos 60 000 años. Entre los animales extintos está la megafauna, que incluía marsupiales gigantes como canguros y diprotodontes, aves como el pichón gigante y reptiles como enormes cocodrilos y lagartijas.

Del mismo modo, el arribo de humanos al continente americano, 15 000 años atrás, coincide con la desaparición del 78 % de la megafauna, por ejemplo, camellos, caballos, renos, bisontes, perezosos gigantes, osos, felinos y mamuts, entre otros. Algo similar ocurrió en Madagascar hace 1 600 años, cuando la megafauna fue eliminada de esa isla a partir de la venida de los primeros humanos desde Indonesia.

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Desde la perspectiva geológica, se han registrado cinco extinciones masivas de organismos multicelulares causadas por catástrofes naturales. Todo apunta a una sexta extinción masiva, esta vez causada por la especie humana (infografía: Edgardo Moreno y Rafael Espinoza).

La “edad de los humanos”

Las extinciones antropogénicas; es decir, mediadas por los humanos, se aceleraron hace unos 11 000 años, con la aparición de asentamientos en las diferentes regiones. Estos han ido en aumento hasta crear las metrópolis del presente.

De acuerdo con Paul Crutzen, Premio Nobel de Química 1995, a esta nueva época se le debe conocer como el “Antropoceno”; es decir, la ‘edad de los humanos’. Si bien la extinción masiva no es única del actual período, sí lo es la forma en que ella ocurre. Los científicos la han delimitado de acuerdo con cuatro características interdependientes.

La primera de ellas es la homogeneización de la flora y la fauna a nivel global. Nunca antes la Tierra había experimentado el intercambio masivo de especies entre diferentes latitudes ni la dispersión rápida de organismos exóticos de un lugar a otro. Esto ha llevado a confrontaciones ecológicas y a que se propaguen enfermedades, tal y como ha ocurrido con los cerdos ferales en varias islas, incluyendo la del Coco.

En segundo lugar, los humanos son los principales predadores de la tierra y del mar. Ninguna otra especie puede reclamar tal distinción. La humanidad usa cerca del 35 % de la producción neta del planeta para sus propios fines. A esto hay que añadir el consumo desmesurado de combustibles fósiles, lo cual constituye una minería irrestricta de la biosfera del pasado.

El tercer rasgo alude al poderío que tienen los humanos para redirigir la evolución mediante varios procedimientos ingeniosos y algunos perversos. Los más obvios son la domesticación de las plantas y los animales, la erosión y modificación de grandes territorios silvestres para la agricultura, la ganadería, el urbanismo y la explotación indiscriminada de los océanos, todo para alimentar a la gran masa humana.

La última y más severa acción es la “tecnósfera”, término acuñado por Peter Haff para describir un sistema global tecnosocial que consume gran cantidad de energía. Este sistema está compuesto por las sociedades humanas, todos sus artefactos y sus sistemas tecnológicos, así como por los procedimientos y vínculos necesarios para que funcione.

La tecnósfera se reproduce y se eleva por encima de la humanidad y no puede ser eliminada sin causar enormes estragos a su creador. Ella domina y mata a diferentes especies de manera directa o indirecta, incluyendo a la misma que la creó: el Homo sapiens. Solo basta recordar la hecatombe de Hiroshima y los accidentes en Chernóbil y Fukushima; eso sin tomar en cuenta la contaminación y el calentamiento global antropogénico que se incrementó exponencialmente desde la revolución industrial.

Aunque la historia es a veces ingrata, ella ayuda a comprender el presente y a anunciar el futuro. Los humanos han ignorado las lecciones del pasado y han desplazado, aniquilado y diezmado la diversidad de las especies.También han contribuido a deteriorar la tierra, el mar y el aire.

Es evidente que se han convertido en los depredadores supremos, incluso de sí mismos, y, por tanto, seguros candidatos para la extinción prematura en un universo que, después de todo, es indiferente al destino de los humanos.

 

Edgardo Moreno Robles

Catedrático de la Facultad de Microbiología e investigador del Instituto Clodomiro Picado (ICP)

 

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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