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Etiqueta: Carta Pastoral

El fondo del debate —y la tentación de ignorarlo

Glenm Gómez Álvarez, Pbro.

A una semana exacta de dejar su cargo —salvo que la política, siempre creativa, disponga lo contrario— y en pleno debate sobre el Acuerdo Transpacífico, don Manuel Tovar Rivera, ministro de Comercio Exterior, ha salido al paso de la homilía de monseñor José Rafael Quirós, arzobispo de San José, pronunciada el pasado 1 de mayo, día de San José Obrero; una intervención en la que el prelado se limita —con puntual fidelidad— a citar los planteamientos de la más reciente carta pastoral del episcopado costarricense.

Hasta aquí, todo podría pasar por una anécdota más del siempre picante — y selectivamente distraído— debate público. Pero asoma una duda básica: ¿Se entendió de dónde provenía realmente esa posición, o resulta más cómodo responder como si fuera la opinión aislada de alguien que, casualmente, no figura en la lista de afinidades… y, por tanto, puede despacharse sin mayor trámite?

La precisión importa. El 28 de abril de 2026, la Conferencia Episcopal de Costa Rica publicó la carta pastoral colectiva “La paz esté con ustedes”. Se trata de un documento colegiado, fruto del discernimiento conjunto de los obispos del país.

Por tanto, cuando el arzobispo Quirós citó —incluso textualmente—no estaba elaborando una postura propia paralela, sino haciendo presente una voz compartida y publicada.

Aquí asoma la duda inevitable: si el ministro no estaba informado de una carta pastoral- entiéndase el mensaje público de un actor social con enorme presencia- que abordaba asuntos directamente vinculados a su despacho, quizá convendría revisar con cierta urgencia los canales de comunicación de su propio ministerio; y si sí lo estaba, entonces la omisión resulta todavía más… reveladora. En ambos casos, el carácter colegiado se esfuma con facilidad y el debate se reconduce hacia una personalización que, casualmente, siempre termina simplificando lo que en realidad es bastante más complejo.

La Iglesia tiene el derecho y el deber de manifestarse. El Compendio de la Doctrina Social lo establece con claridad: “La Iglesia tiene el derecho y el deber de emitir un juicio moral, incluso sobre materias económicas y sociales, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas.” (CDSI n. 81)

Es decir, no se trata de sustituir a los políticos o a los técnicos, sino de iluminar las implicaciones humanas de sus decisiones.

En esa misma línea, el papa León XIV ha insistido recientemente en que la fe no puede reducirse a un ámbito abstracto. En palabras que condensan este llamado:

“No puede haber verdadera fe donde se tolera la injusticia; la oración que no se traduce en justicia pierde su verdad.”

Cuando una política de corte económico incide en la dignidad de las personas, en el trabajo o en la equidad social, deja de ser un asunto exclusivamente técnico. Entra en el terreno moral.

Lo que vemos no es exclusivo del contexto costarricense. Días atrás, J. D. Vance —cercano al entorno político de Donald Trump— cuestionó al Papa León XIV por pronunciarse sobre temas que cruzan teología y política, sugiriendo que se limitara a lo “moral”, mientras defendía al mismo tiempo categorías como la “guerra justa”.

El paralelismo es significativo: se acepta la voz moral… siempre que no se traduzca en consecuencias concretas.

Volviendo al caso nacional, la cuestión sigue abierta: Si el arzobispo está citando un documento colegiado, ¿se está considerando adecuadamente ese contexto al responder? ¿Se trata de un simple desfase en la comunicación? ¿O hay una incomodidad más profunda cuando la Iglesia desciende del plano general al concreto?

Y aún más: si se cuestiona la intervención de la Iglesia Católica en asuntos públicos, ¿se aplica ese mismo rasero a todos los actores religiosos por igual… o hay objeciones que aparecen con una selectividad bastante oportuna?

Aquí ya no estamos ante un simple matiz, sino ante una cuestión de fondo. El país necesita un debate serio sobre su política comercial, pero ese debate pierde calidad cuando no se reconoce con precisión el derecho a manifestarse… y desde qué lugar se hace.

A diferencia de otros sectores religiosos en Costa Rica, la Iglesia no interviene como actor técnico ni como grupo de presión política. Interviene desde una responsabilidad moral que, precisamente, le impide guardar silencio frente a estructuras que pueden derivar en injusticia.

Al final, el debate no será ni técnico ni retórico, sino profundamente humano. Y es precisamente ahí donde los criterios dejan de ser abstractos, pues, como recuerda el Evangelio, el juicio no se juega en discursos, sino en realidades concretas: “Tuve hambre y me diste de comer…” (Mt 25,35).

Voz Profética contra la Guerra

Iglesia Metodista Wesleyana Costarricense

Bienaventurados los pacificadores,
porque ellos serán llamados hijos de Dios
”.

Mateo. 5:9

Acabamos de concluir la Semana Santa, cuyos días fueron marcados por el sacrificio redentor de Jesucristo y la esperanza viva de la Resurrección, levantamos nuestra voz como Iglesia que discierne los tiempos, no para acomodarse a ellos, sino para confrontarlos a la luz del Evangelio.

Hemos sido testigos de un clamor profético que resuena desde Roma, en la voz del Papa León XIV, quien ha declarado con valentía que Dios no escucha las oraciones que nacen de manos manchadas de violencia. Esta palabra, además de ser un gesto político, es un llamado urgente a la coherencia evangélica. Es la denuncia de una fe que busca sacar provecho para justificar la guerra, una fe que ha olvidado la cruz y ha preferido el poder.

Como Iglesia heredera de la tradición Wesleyana, afirmamos con claridad que, no hay santidad sin justicia, no hay piedad sin misericordia, y no hay verdadera fe donde se bendice la violencia.

Nos preocupa profundamente la creciente tendencia de utilizar el nombre de Dios para legitimar acciones bélicas, discursos de odio y estrategias de dominación. Nos duele ver cómo se pretende vestir de espiritualidad, lo que en esencia es negación del mandamiento supremo del amor. La fe no puede ser combustible para la maquinaria de guerra. El Evangelio no es propaganda de ningún imperio.

Por ello, extendemos esta Carta Pastoral y Profetica, como un acto de comunión y también de interpelación:

Al Papa León XIV:

Reciba nuestra solidaridad y apoyo en su firme testimonio a favor de la paz. Oramos para que el Espíritu Santo continúe guiando su voz profética en medio de presiones políticas y tensiones globales. Que su llamado a abandonar las armas no sea silenciado, sino amplificado por todos los que creemos en el Reino de Dios.

A las Autoridades de las Naciones:

Les exhortamos a recordar que el poder no es licencia para destruir, sino una responsabilidad para proteger la vida. Ninguna estrategia de seguridad, puede justificar la pérdida de la dignidad humana y la historia juzgará con severidad a quienes, pudiendo elegir la paz, optaron por la violencia.

A Todas las Confesiones Religiosas:

Este no es tiempo de silencio ni de neutralidad cómoda. Es tiempo de unidad en lo esencial, la defensa de la vida, la denuncia de la injusticia y la proclamación de la paz. Más allá de nuestras diferencias doctrinales, nos une un llamado superior, ser luz en medio de la oscuridad. Convocamos a iglesias, comunidades de fe y líderes espirituales a levantar una sola voz contra la guerra y la indiferencia.

Al Pueblo de Dios:

No podemos ignorar el llamado a la conversión integral. Como bien se ha dicho, la mayor amenaza no es solo la guerra, sino la indiferencia. Cada acto de egoísmo, cada palabra que hiere, cada silencio ante la injusticia, nos hace cómplices de un mundo que se aleja del amor. El tiempo Pascual nos confronta ¿vivimos como resucitados o como espectadores pasivos del dolor ajeno?

Hermanas y Hermanos, el Evangelio no nos permite ser indiferentes. La cruz no es un símbolo decorativo, es un llamado radical a amar incluso en medio del conflicto. Y la resurrección no es una idea abstracta, es una fuerza viva que nos impulsa a transformar la realidad.

Hoy más que nunca, reafirmamos que el mal no tiene la última palabra, pero tampoco será vencido sin nuestra participación activa en el amor.

Que el Espíritu nos despierte. Que la Iglesia se levante. Que la humanidad escuche.

Y que el Dios de la Vida nos encuentre no orando por la guerra, sino trabajando incansablemente por la paz.

“¡Clama a voz en cuello,
no te detengas!
Alza tu voz como trompeta…

Isaías. 58:1

Obispos salvadoreños exigen justicia social y unidad

En su nueva Carta Pastoral, la Conferencia Episcopal de El Salvador levanta la voz contra la pobreza, la violencia y el desajuste en políticas públicas. Un llamado urgente a transformar las estructuras sociales en beneficio de las mayorías más vulnerables.

Vatican News*

En un El Salvador marcado por profundas desigualdades sociales y económicas, los obispos han lanzado un “clamor de esperanza” a la nación. Con su nueva Carta Pastoral titulada “Una voz que con esperanza clama en el desierto”, la Conferencia Episcopal no solo exige la atención urgente de las autoridades sobre los temas más críticos, sino que, con un tono profético, plantea una transformación radical con base en la justicia social, la unidad y el respeto a la dignidad humana.

El documento fue presentado el 29 de mayo, durante la fiesta litúrgica de San Pablo VI. En él, los obispos reiteran la necesidad de que los líderes políticos busquen siempre el bien común, priorizando este sobre los intereses particulares. “El Papa León XIV señaló que hoy vivimos en un contexto de discordia, heridos por el odio, la venganza y los prejuicios, alimentados por un modelo económico que explota los recursos de la tierra y margina a los más pobres”, apuntan, haciendo un llamado a adoptar un “paradigma de unidad, comunión y fraternidad”, con el fin de sanar las divisiones que atraviesan al pueblo salvadoreño.

Escuchar al pueblo: un imperativo ético

Los obispos subrayan que su objetivo no es contradecir a las autoridades, sino dar voz a los “más pobres y vulnerables”. “Lo que nos mueve es el bien del pueblo. Queremos hacer oír el clamor de los que ven vulnerados sus derechos”, afirman. Este mensaje va especialmente dirigido a aquellos que, pese a ser el motor de la economía nacional, han sido despojados de sus medios de vida. “Es urgente ofrecer alternativas viables para que puedan sostener a sus familias”, recalcan, incitando a la acción política para que no se deje de lado a los sectores más desfavorecidos.

Educación y salud: pilares del futuro

En cuanto a la educación, la carta es clara: “Es una de las mejores puertas para alcanzar el desarrollo”. Los obispos alertan sobre el riesgo de que, sin una adecuada inversión en este sector, las nuevas generaciones queden rezagadas en la “cuarta revolución industrial, la revolución tecnológica”. Por eso, instan a las autoridades a priorizar la educación como un motor clave para el futuro del país.

El tema de la salud también ocupa un lugar destacado. Los obispos destacan la necesidad de invertir en la construcción de más hospitales y clínicas de calidad. Aunque reconocen que esto implica un alto costo, enfatizan que es una medida esencial para garantizar el bienestar físico y emocional de una población “tan abnegada y sufrida”.

La violencia: un desafío sin solución definitiva

En cuanto a la violencia, la Conferencia Episcopal reconoce los avances realizados hasta el momento, pero destaca que la paz no se logra solo con medidas represivas. “Es crucial ampliar los espacios de esparcimiento e invertir recursos en la atención de niños y jóvenes”, especialmente en las zonas históricamente más afectadas por la violencia. “La pobreza y la falta de oportunidades conducen a la ignorancia, la violencia, el odio de clases y, por ende, a la criminalización”, señalan, llamando a un cambio de enfoque en las políticas de seguridad.

Los obispos también abordan el tema de los migrantes, recordando que “no son delincuentes ni criminales, sino personas que buscan una vida mejor”. Por ello, exigen a las autoridades que no promuevan las cárceles de El Salvador para las víctimas de las políticas antiinmigrantes de potencias extranjeras, y reclaman una política migratoria más inclusiva, que favorezca “fronteras abiertas e inserción de los migrantes en la economía como mano de obra”.

El medio ambiente: una llamada urgente a la acción

Otro de los puntos claves de la Carta es la crisis ambiental. Los obispos instan a “apostar por la reforestación, la limpieza y recuperación de los ríos, lagos y ojos de agua”, además de exigir la derogación de la ley de minería aprobada a fines de 2024. “Es imperativo escuchar las voces de los ambientalistas y evitar su persecución”, afirman, advirtiendo sobre el daño irreversible que la explotación irresponsable de los recursos naturales podría causar al país.

SURCOS publica esta nota del boletín Vatican News compartida con nuestro medio por Alberto Rojas.

Puede descargar la Carta Pastoral completa en formato PDF desde este enlace.