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Etiqueta: Codo del Diablo

Memoria, resistencia. “Si nos olvidamos, nos ganan”

Por Lenin Chacón Vargas

Aquel memorable 6 de enero de 1973 amaneció con un aire denso sobre el Cementerio Obrero de San José. No era una fecha cualquiera. Se cumplían veinticinco años de uno de los crímenes más execrables de nuestra historia: el asesinato de los mártires del Codo del Diablo. Federico Picado, Tobías Vaglio, Lucio Ibarra, Octavio Sáenz, Narciso Sotomayor y Álvaro Aguilar. Seis nombres que quisieron borrar con sangre, pero que el pueblo trabajador grabó en su memoria.

Aquella mañana, un grupo de obreros, de hombres y mujeres militantes de Vanguardia Popular, con niñas y niños familiares, se congregaron frente al mausoleo de la Confederación de Trabajadores de Costa Rica, (C.T.C.R.) con una estructura escalonada de cinco niveles que se levanta imponente en el cementerio obrero, para rendir homenaje a los caídos. Y en primera línea, custodiadas por aquella marea humana de luchadores, dos niñas pequeñas encabezaban el acto solemne. Una de ellas es Yalena de la Cruz Figueroa. La otra, una pequeña cuya identidad se pierde en el tiempo, pero cuya presencia allí, en ese momento, tiene un peso simbólico que estremece. Ellas representaban el futuro por el que aquellos hombres y mujeres habían entregado todo. Ellas eran la prueba viviente de que la lucha continuaba.

La fotografía que comparto, con sus bordes ajados por el tiempo y papel periódico viejo que solo da la memoria, es mucho más que un documento familiar. Es un tesoro histórico. Es la prueba de que existimos, de que luchamos, de que resistimos. Cada vez que la veo, siento que el pasado me habla al oído con esa voz ronca de los que ya no están, pero cuya presencia se niega a desaparecer. Allí están, frente al mausoleo, un grupo de hombres y mujeres que escribieron con sudor, sangre y convicción algunas de las páginas más dignas del movimiento popular costarricense. Y en el centro de esa gesta, como una imagen que condensa todas las esperanzas y todas las contradicciones, esas dos niñas; no eran un adorno: eran el símbolo de que la semilla plantada por los mártires germinaba en las nuevas generaciones.

Recuerdo el ambiente en el cementerio aquel enero de 1973. La solemnidad del momento, el silencio respetuoso de los presentes, las palabras pronunciadas con voz firme y emocionada. Recuerdo las coronas de flores, los cantos, los puños en alto. Y recuerdo, sobre todo, la sensación de estar participando en algo mucho más grande que nosotros mismos. La lucha por la justicia social no es una tarea de un día ni de una generación. Es una carrera de relevos en la que cada uno aporta su esfuerzo, su sudor, su inteligencia y, a veces, su vida. Aquellos mártires del 48 habían entregado lo más preciado. Nosotros, los que vinimos después, teníamos la obligación de honrar su memoria y de continuar su obra. Y eso es lo que hicimos y hacemos con todas nuestras fuerzas y con todas nuestras limitaciones.

En la fotografía, de izquierda a derecha, los rostros se suceden como las páginas de un libro de historia. Allí está María Alfaro, abuelita de Rocío Alfaro, una mujer que seguramente cargaba sobre sus hombros el peso de muchas luchas y el cuidado de muchas generaciones. A su lado, un hombre cuya identidad no logro recordar con precisión, pero cuya presencia en ese grupo habla de una militancia anónima, de esos cientos de trabajadores que sostuvieron con su esfuerzo cotidiano la estructura del Partido. Luego, la figura inconfundible de Gonzalo Sierra Castillo, legendario comunista y dirigente sindical y campesino; su nombre solo basta para evocar una época entera de luchas bananeras, de huelgas en las plantaciones, de organización de los trabajadores del campo y de la ciudad. Sierra Castillo fue fundador y secretario general de la emblemática Confederación General de Trabajadores, la CGT, en los años 50 de dura clandestinidad y represión política y sindical, y su vida es un testimonio de coherencia y entrega; ¡cuántas historias guardo de él, de sus palabras encendidas, de su capacidad para mover a las masas con la sola fuerza de su convicción! Su recuerdo es inseparable de las gestas más importantes del movimiento obrero costarricense junto a Carlos Luis Fallas y Álvaro Montero Vega, líderes del movimiento sindical de obreros bananeros. No puedo dejar de recordar a Gonzalo Sierra -Sierrita como le decíamos en el Partido- aquel primero de mayo de 1962 en la tribuna y con su cabeza sangrando por una piedra que lanzaron los agresores del Movimientos Costa Rica Libre, grupo fascista de aquellos tiempos; aún herido, terminó su discurso y corrimos hacia él para darle abrazo y cerciorarnos de que la herida no fuera de gravedad; aun así, se le llevó para darle la correspondiente atención médica, mientras nos dispersamos bajo la lluvia de piedras y palos de los fascistas. Ahí nació nuestro Juramento de que nunca más nos volverían a agarrar de sorpresa ni permitiríamos que nos volvieran a agredir sin una respuesta contundente de nuestra parte, como ocurrió el primero de mayo de1963 en las celebraciones del día del trabajador frente al Correo y la estatua de Juan Rafael Mora Porras.

Al lado de Sierrita, con esos anteojos de intelectual comprometido, está Francisco Gamboa. Su figura representa esa fusión indisoluble entre pensamiento y acción que caracterizó a los dirigentes comunistas de su generación. Gamboa no solo leía y escribía; también organizaba, movilizaba, arriesgaba. Luego, vemos a Elmer Soto, cuyo nombre resuena en los anales de la lucha obrera sindical; y, a su izquierda, la insigne militante de los barrios del sur, Pamela, quien siempre nos acompañaba a las luchas juveniles de la época. Más atrás, en esa segunda fila que la fotografía captura con cierta penumbra, se adivinan las figuras del linotipista obrero de la Imprenta Elena y de un zapatero de Cristo Rey. El linotipista: ese trabajador de la palabra impresa. El zapatero de Cristo Rey, un barrio de trabajadores, un hombre que cosía zapatos y que en su taller humilde discutía política y organizaba a sus vecinos: Leymer, cuyo nombre propio se ha perdido pero cuya presencia en ese grupo testifica que él siempre estaba en la primera línea. Y Edwin Calderón, el abuelito-padre de Yalena; él está allí como siempre, en los actos de calle que se organizaban; con él me identificaba plenamente y cumplía muchas tareas. Edwin no fue un espectador; fue parte de esa dirigencia que sostuvo el acto, que organizó el homenaje, que mantuvo viva la memoria de los caídos. Y más a la derecha, completando el grupo, vemos a Manuel Moscoa y a Eliécer Sánchez -el Tigre, como le llamábamos-, cuyos nombres se suman a esta constelación de luchadores.

Todos ellos, en su conjunto, representan el músculo trabajador de una Costa Rica que muchas veces se empeña en olvidar sus raíces. Pero la fotografía está ahí para recordarnos que la historia no la hacen solo los grandes personajes de los libros oficiales. La hacen también los linotipistas, los zapateros, los campesinos, las amas de casa, los sindicalistas, los intelectuales comprometidos. La hacen esos hombres y mujeres que un día decidieron que la dignidad no se negocia y que la solidaridad es la ternura de los pueblos.

El acto en el Cementerio Obrero, frente al mausoleo de la C.T.C. R, fue mucho más que una ceremonia. Fue un acto de resistencia. En una época en la que el movimiento popular era perseguido, en la que las ideas de izquierda eran estigmatizadas y criminalizadas, reunirse para honrar a los mártires del Codo del Diablo era un gesto de valentía y una afirmación de soberanía popular. El Partido Vanguardia Popular, junto a otras organizaciones sindicales y campesinas, mantenía encendida la llama de la memoria hasta el día de hoy. Y en el centro de ese acto, como una imagen que condensa todas las esperanzas y todas las contradicciones, estaban esas dos niñas que encabezaban el homenaje: no eran un adorno sino el símbolo de que la lucha continuaba, de que la utopía seguía viva, de que la semilla plantada por los mártires germinaba en las nuevas generaciones.

Hoy, cuando miro esta fotografía restaurada, cuando recuerdo esos rostros queridos, esos rostros de compañeros y compañeras que ya no están, siento una mezcla de nostalgia y de orgullo. Nostalgia por los tiempos vividos, por las luchas compartidas, por las esperanzas que nos animaban. Orgullo por haber formado parte de esa gesta, por haber conocido a esos hombres y mujeres, por haber aprendido de ellos el valor de la solidaridad y la importancia de no claudicar nunca. La restauración de la imagen, ese trabajo paciente de limpiar las arrugas del papel, de aclarar las sombras, de devolverle la nitidez a los rostros, es una metáfora de lo que debemos hacer con nuestra memoria histórica. No se trata de alterar la realidad, de inventar lo que no fue, de embellecer el pasado para hacerlo más digerible. Se trata de limpiar el polvo del olvido, de iluminar las zonas oscuras, de permitir que las nuevas generaciones puedan ver con claridad lo que sus abuelos y abuelas hicieron por ellos. La fotografía no es solo un documento familiar. Es un documento histórico. Es la prueba de que existimos, de que luchamos, de que resistimos. Es la prueba de que la clase trabajadora costarricense tiene una historia digna de ser contada y honrada.

Bien podemos afirmar que la Costa Rica de hoy se construyó sobre las luchas de hombres y mujeres que no se resignaron a la injusticia. Se construyó sobre la sangre de los mártires del Codo del Diablo y sobre el sudor de los trabajadores del campo y de la ciudad.

Las niñas de la fotografía crecieron. La vida siguió su curso, con sus alegrías y sus dolores, con sus triunfos y sus derrotas. Pero aquel momento quedó grabado para siempre. El mausoleo de la C.T.C.R. sigue en pie en el Cementerio Obrero, Los nombres de los mártires del Codo del Diablo siguen resonando en los actos conmemorativos, y hoy tengo la certeza de que sus nombres y ejemplo viven en el corazón de miles de costarricenses y jóvenes, y que la lucha continúa. De hecho, nuevas generaciones de jóvenes junto a veteranos luchadores nos reunimos todos los años -el 18 de diciembre- para recordarles y rendirles el homenaje que siempre merecen, recordando que la lucha continua por la dignidad, la solidaridad, la justicia social, la democracia, las libertades republicanas y la soberanía popular Esos principios no caducan: son la brújula que nos orienta en medio de las tormentas de la historia, y hoy más que nunca frente a un Gobierno autoritario que pretende imponer un régimen dictatorial.

Al escribir estas memorias, al reconstruir estos recuerdos, siento que cumplo con un deber. El deber de transmitir a las nuevas generaciones la verdad de lo que fuimos y de lo que seguimos siendo. El deber de decirles que la Costa Rica de hoy, con sus contradicciones y sus desigualdades, no surgió de la nada. Se construyó sobre las luchas de hombres y mujeres que no se resignaron a la injusticia. Se construyó sobre la sangre de los mártires del Codo del Diablo y sobre el sudor de los trabajadores del campo y de la ciudad. Se construyó sobre la convicción patriótica de que otro mundo es posible. Esa convicción sigue viva. La utopía sigue viva. Y mientras haya memoria, mientras haya lucha, mientras haya esperanza, la llama de aquellos hombres y mujeres seguirá iluminando el camino.

Aquella fotografía en blanco y negro, con rostros queridos y su mausoleo imponente, es mucho más que un recuerdo. Es un legado. Es una herencia que recibo con humildad y que procuro transmitir con pasión. Es la prueba de que la vida vale la pena cuando se vive al servicio de los demás. Es la prueba de que la historia la escriben los pueblos cuando se atreven a soñar y a luchar. Es la prueba de que, a pesar de todo, la dignidad humana es indestructible. Por eso la guardo con celo. Por eso la comparto con orgullo. Por eso la defiendo con firmeza. Porque en ella están mis raíces, mi historia, mi gente. Y porque en ella está, también, el futuro que queremos construir. La memoria es un arma de liberación. La memoria es un acto de amor. La memoria es la victoria sobre el olvido. Y nosotros, los que tenemos la dicha de recordar, tenemos la responsabilidad de contarlo. Para que otros sepan. Para que otros luchen. Para que otros sueñen.

La historia oficial ha intentado borrar la verdad sobre el Codo del Diablo, sobre el Pacto de Ochomogo, sobre la traición de Figueres y Benjamín Núñez. Han mutilado páginas de la Cartilla Histórica. Han deformado los hechos. Han presentado a los vencidos como verdugos y a los verdugos como héroes. Pero la verdad se abre paso. La verdad está en esta fotografía. La verdad está en los nombres de los mártires. La verdad está en la memoria del pueblo trabajador. ¡Basta de medias verdades! Exigimos que se publique la historia completa, la de los vencidos y la de los vencedores. Las nuevas generaciones tienen derecho a saber que la «historia oficial» se construyó sobre la exclusión y el engaño. Tienen derecho a saber que el Pacto de Ochomogo fue un pacto por la paz, respeto a las garantías sociales, respeto a la vida, al derecho ajeno, negociado y acordado entre Manuel Mora Valverde, Carlos Luis Fallas (Calufa), José Figueres Ferrer y el presbítero Benjamín Núñez. Tienen derecho a saber que Figueres firmó y luego traicionó. Tienen derecho a saber que apenas un mes después de tomar el poder, tiró estos acuerdos a la basura y desató la respuesta de sangre: el crimen del Codo del Diablo, la persecución, la cárcel, centenares de presos políticos, el exilio de Manuel Mora, de Carmen Lyra y de centenares más.

No olvidaré la imagen de aquellos hombres y mujeres en el Cementerio Obrero. No olvidaré a Gonzalo Sierra Castillo, a Francisco Gamboa, a Elmer Soto, al linotipista, al zapatero de Cristo Rey, a Leymer, a Manuel Moscoa, a Eliécer Sánchez. No olvidaré a María Alfaro, a Rocío Alfaro, a las dos niñas. No olvidaré a Edwin Calderón. No olvidaré el mausoleo de la C.T.C.R., con sus cinco niveles escalonados, con sus inscripciones borroneadas por el tiempo. No olvidaré la fecha: enero de 1973, veinticinco años después del crimen. No olvidaré el silencio respetuoso, los cantos, los puños en alto. No olvidaré la sensación de estar participando en algo mucho más grande que nosotros mismos.

La lucha continúa. La persecución y agresión de las fuerzas policíacas antimotines a las luchas de obreros, campesinos, estudiantes y mujeres no cesa hasta nuestros días. Pero tampoco cesa nuestra resistencia. Tampoco cesa nuestra organización. Tampoco cesa nuestra esperanza. La memoria es un arma de liberación. La memoria es un acto de amor. La memoria es la victoria sobre el olvido. Y nosotros, los que tenemos la dicha de recordar, tenemos la responsabilidad de contarlo. Para que otros sepan. Para que otros luchen. Para que otros sueñen.

Imagen:
Foto original del mausoleo compartida por Yalena de la Cruz Figueroa (archivo familiar). Se acompaña de la misma imagen restaurada.

Colaboró en digitalizacion: Luana Jiménez..

La dinastía de los encomenderos

Rafael A. Ugalde Q.*

A la memoria de Federico Picado Sáenz, Tobías Vaglio Sardi, Lucio Ibarra, Octavio Sáenz Soto, Narciso Sotomayor y Álvaro Aguilar, todos víctimas de la “dictadura democrática”, 77 años atrás.

Mientras sigamos definiendo la “izquierda” en abstracto, donde todos caben, desde traidores, pasando por mercachifles, hasta llegar a personas que sinceramente reflexionan y hacen un alto y se dicen: caramba sí seguimos haciendo lo mismo obtendremos idénticos resultados. Nuestro pasado de más de 400 años como víctimas de los encomenderos s seguirá haciéndonos creer, por parte de unos pocos y con poderes de reyes sin corona, que todo va bien y es progresivamente perfeccionable. Es cuestión, dicen, de ser pacientes.

Pero quienes resaltaban las maravillas de la “democracia liberal representativa”, entiéndase de pequeñas castas, ni siquiera ellos creen ya en ese axioma. En Rumania desconocieron al ganador de unas elecciones este 2025, metieron el líder a la cárcel hasta que impusieron a un ilustre desconocido, que era el que la Unión Europea necesitaba.

Al expresidente Andrés Manuel López Obrador estuvieron a punto de destituirlo en dos ocasiones; una por supuesta “violencia de género” y otra por “ofender gravemente” a los mexicanos no pertenecientes a su movimiento político, a quienes AMLO llamó neoliberales corruptos y sinvergüenzas ¡Vaya sensibilidad de desgraciados!

La realidad es que esta “izquierda” desconoce que Europa y su referente civilizatorio – Estados Unidos – no busca ya ni siquiera la democracia liberal burguesa, exige plena sumisión al imperio ya destronado. Y punto.

Surgen entonces “revoluciones” en Ecuador, en Chile, Bolivia, etc., desde las alturas, desde las jefaturas, que entrenan un día sí, y el otro también, para que la experiencia en ciernes de democracia popular participativa, salida desde las bases, sea entregada en bandeja de plata a los nazifascistas -sionistas europeos como Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea; Manfred Weber, jefe de los partidos populares europeos; Friedrich Merz, flamante nieto de un aplaudidor de Hitler; y a las sectas encabezadas por los Milei, los Boric, los Kast, los Paz; con posibilidad de que estos traidores retornen en la vuelta siguiente con otro color de camaleón y el respectivo peinado de moda.

Ahora bien, en cuanto a nuestro país, causa escozor que, si bien tenemos claro que en ninguna parte del mundo existe la receta única acerca de cómo se construye el socialismo, máxime después del fardo de 500 años de expoliación, sí es claro que, con esta gente, defensora de un supuesto “capitalismo bueno”, su “buena democracia” hay que imponerla, aunque para los pueblos estos procesos reformistas, subalternos al imperio, resulten moral, política y económicamente empobrecedores y degradantes.

No porque los pueblos sean masoquistas, sino por la sencilla razón de que tienes en tu casa al enemigo, y una vez identificado como traidor, éste sale y lo verás luego, desde afuera, pidiendo al “imperialismo bueno”, junto a las oligarquías locales, intervenciones militares, bombas para volar puentes, minas para puertos claves, bloqueos comerciales y financieros, declaraciones de naciones promotoras del terrorismo, extradiciones a la carta, etc., a fin de “restaurar la democracia”.

En nuestro caso, el punto de inflexión de esta gente llegó, a inicios de los años 80 del siglo pasado, con el Primer Programa de Ajuste Estructural de la economía, ese que jamás hubiera afectado a nuestros campesinos forjadores de soberanía alimentaria, nuestros empleados de servicios públicos para ciudadanos usuarios (y no solo para clientes con capacidad de compra), nuestra CCSS autónoma y nuestro participativo Hospital Sin Paredes, el derecho a una vivienda digna, el derecho a la educación de calidad, etc., ese PAE I y subsiguientes no los habrían hecho realidad sin el apoyo absoluto e incondicional de todos los partidos políticos. Serán 4 décadas del “buen capitalismo” que incluso continuarán más allá del 2026, cuando sin duda será acelerado el proceso de desclasamiento del pueblo trabajador costarricense.! Las pruebas están a la orden del día; ¡otra cosa es que los interesados quieran nos tapemos los ojos!

Por eso ustedes ven que los piratas imperiales roban, matan y asaltan en nuestro mar Caribe, amenazando lo más preciado que tenemos como pueblos: la paz. Mientras tanto esas “izquierdas”, junto a todas las derechas, seguirán calladitas.

Para construir otra izquierda, la necesaria para enlazarnos al Sur Global y al nuevo mundo multipolar y pluricéntrico, capaz de condenar esta barbarie y acabar de una vez por todas con la secular encomienda, hay que cumplir dos condiciones sine qua non, indispensables e innegociables: ser antimperialista y tener patria.

Lo primero ellos no pueden serlo, pues en Costa Rica el 48% de la inversión extranjera directa que les surte es de origen gringo, lo cual resulta en una dependencia económica y política, brutal y escandalosa.

En cuanto a lo segundo, su patria reside donde tienen los fondos de pensiones, los impuestos escamoteados, el dinerito enjuagado, etc. Es decir, para ellos la soberanía de una nación pasa por la suma y la resta, para así saber qué precio tiene.

Reconstruir nuestro país, así como Nuestra América, pasa porque esta izquierda honesta, preocupada sinceramente por el despeñadero a que nos están empujando, nos nutramos de las experiencias patrióticas, soberanas y antimperialistas a que tienen derecho nuestros pueblos sin contar con el permiso de nadie. Superaremos así las desviaciones encomenderas en que quieren mantenernos a sangre, fuego, miedo y sumisión. 23 de diciembre 2025.

*Circulo Bolivariano de Solidaridad con los Pueblos Yamileth López.

Conmemoración del 77 aniversario de los mártires del Codo del Diablo

Por Macarena Barahona Riera

Para que la sociedad costarricense construya su destino con la justicia de su historia, en honor a los hombres y mujeres que han dado de sí sus mejores capacidades en la conquista de los derechos humanos del pueblo costarricense, debe saberse valorar a los costarricenses que murieron en la guerra civil, los que murieron en los combates, aproximadamente 2000 hombres, los que murieron en las emboscadas, como el crimen de Edwin Vaglio y Horacio Montiel que siendo prisioneros fueron sacados de la Penitenciaría Central y asesinados en el Cerro de la Muerte y encontrados sus cuerpos brutalmente golpeados en la carretera sur, La Cangreja de Cartago el 24 de Mayo de 1948, denunciados por Carlos Luis Fallas.

El 19 de diciembre de 1948 fueron sacados de la Penitenciaría Central, Carlos Luis Fallas, Adolfo Braña, Luis Carballo, Arnoldo Ferreto y Jaime Cerdas, para asesinarlos en el Parque de La Sabana, sin embargo, Olinda Cruz, esposa de Jaime Cerdas fue a solicitar la intervención de Monseñor Sanabria que pudo detener los asesinatos y fueron devueltos a la Penitenciaría.

No fue así con los prisioneros políticos que desde la cárcel de Limón fueron llevados en el tren por sus custodios y asesinados en la vuelta denominada el Codo del Diablo de Turrialba; el diputado Federico Picado Sáenz, Secretario de la Federación de Trabajadores de Limón, Octavio Sáenz Soto, dirigente de los trabajadores ferroviarios, Tomas Vaglio Sardi, empresario agrícola y dirigente de trabajadores agrícolas y campesinos, Lucio Ibarra dirigente obrero y Álvaro Aguilar militante del Partido Republicano y Narciso Sotomayor que desde Nicaragua había participado en la guerra civil en la Legión Caribe como tantos centroamericanos.

Una sociedad está enferma, cuando convive su presente entre muertos de fosas comunes y crímenes silenciados.

La sociedad democrática a nivel mundial expresa el repudio general a estas inhumanas situaciones, crímenes y violaciones a los derechos humanos ocultados de los textos educativos y de los panegíricos de los vencedores, no desaparecen las víctimas, todo lo contrario, las vuelve majestuosas en su dignidad humana y trascendentes, nos relatan el fin de una guerra civil desde sus fosas, a la espera de sus exhumaciones y justicias.

Las fosas del 48 están dispersas en los lugares de los enfrentamientos, donde fueron ultimados, muchos heridos fueron rematados, según los mismos vencedores en sinceros relatos de combatientes que custodia el Archivo Nacional y testimonios publicados. [Barahona. Documentos de 1948. Editorial Costa Rica]

Las víctimas del crimen del Codo del Diablo, un diputado electo, dirigentes del partido proscrito y dirigentes de los sindicatos proscritos, dan un terrible muestrario de esos días, los vencedores en sus fiestas de poder y gloria, cachuchas y buenos negocios, y los proscritos, diputados, dirigentes de partido y de sindicatos, en la cárcel, el destierro, y la muerte. Miles de trabajadores despedidos de las instituciones del estado por ser calderonistas o comunistas.

Cientos de costarricenses, hombres y mujeres en las cárceles de todo el país. Tribunales de Sanciones Inmediatas hechos para juzgar a los calderonistas y comunistas.

Son días de represión, sin garantías individuales, amenazados de invasión por parte de calderonistas por la frontera con Nicaragua.

Estas víctimas, que hoy conmemoramos los 77 años de sus asesinatos, se han convertido en la verdad oculta de los vencedores, son cadáveres que hablan y se defienden desde sus tumbas en el Cementerio Obrero, sus derechos violados, sus vidas segadas, sus compromisos con el pueblo trabajador, con un concepto de patria, superior, nos narran la injusticia y los derechos pendientes de una sociedad política y económica que en la mentira, el silencio, la tergiversación y el oportunismo, construyó un relato alterno de falacias, donde los derechos humanos de sus víctimas fueron ultimados en sus integridades físicas y morales.

La persecución, el pillaje, la vendetta, el escarnio público especialmente a las mujeres y los hombres, a maestras, a maestros, profesoras universitarias, profesores universitarios, empleados públicos, estudiantes, sucedió sin que fueron considerados oprobiosos y humillantes ante las consideraciones de derechos humanos y el trato cruel de los prisioneros políticos.

Estos crímenes conmocionaron las conciencias de muchos costarricenses exiliados en diferentes partes, las voces de José Albertazzi y su hija Alicia Albertazzi, Fernando Cerdas, en Guatemala, de Judith Ferreto Segura, Carmen Lyra, Manuel Mora Valverde, Alfonso, Eduardo, Claudia, Mora Valverde en México, a través de sus cartas se refleja el impacto moral y físico del destierro. De Carlos Luis Sáenz, Adela Ferreto y Corina Rodríguez en Panamá, Fernando Chaves Molina y el artista Manuel de la Cruz González desde Venezuela, en sus palabras tristes e indignadas: “Esta voz clara y limpia con que buscó, su anatema viril o tu orgullo infinito, sea protesta, indignación, presencia y grito, del horrendo crimen del “Codo del diablo. ¡¡De pie costarricenses!! ¡¡¡Atrás los mercenarios!!! Es imposible jamás olvidar Codo del Diablo, La Lucha, Tarbaca, El Tejar, San Isidro del General. Recuerda tus dolores y vive tu calvario.” (archivo Museo de la UCR). En el exilio de Manuel de la Cruz González y su testimonio, entendemos lo que habrán sufrido cientos de familias en el destierro, el exilio y el insilio. Ciudadanos que lucharon y resistieron por la defensa de las Garantías sociales, el Código de Trabajo y un nuevo Código Electoral.

En este aniversario de la muerte de estas víctimas, la sociedad debe repensar, y como en otros países sucede, pedir disculpas, a través de las autoridades institucionales, por el trato oprobioso del que fueron objeto tantos funcionario del estado, del magisterio nacional, de líderes sindicales y comunales, por lo inhumano del crimen de los prisioneros políticos, un resarcimiento público a sus descendientes.

Aún espera la conciencia lúcida y justa del pueblo costarricense que enarbola decencia y debe compensar el silencio y la complicidad en la corrupción en estos días de crisis de la vida política.

La memoria histórica enseña que solo con la justicia y la libertad se construye La Paz y se defienden los derechos humanos, los mártires del Codo del Diablo sostienen la esperanza.

Diciembre 2025

Afiche de la convocatoria del Partido Vanguardia Popular y la Juventud Vanguardista Costarricense para la conmemoración del aniversario del asesinato de los mártires del Codo del Diablo. Imagen aportada por la autora.

Notas sobre el Codo del Diablo

Trino Barrantes Araya
camilosantamaria775@gmail.com

Han transcurrido 77 años de un horrendo crimen político y los autores intelectuales nunca fueron juzgados. Pero hagamos un breve recorrido antes de los acontecimientos del Asesinato del Codo del Diablo, a fin de reconocer los elementos más representantes de la coyuntura que antecede al Codo del Diablo.

Señalamos lo siguiente. Aunque desde un principio la posibilidad de inscribir un Partido Comunista ha sido imposible, aun en nuestros días, también es cierto que el papel de los comunistas por vía del proceso electoral no es nada despreciable.

Así, en 1932, en los primeros comicios electorales en los cuales tiene participación nuestro glorioso Partido, con el nombre de Bloque de Obreros y Campesinos, logra elegir dos diputados, el Zapatero Efraín Jiménez y al estudiante de derecho Manuel Mora Valverde; para la municipalidad de San José, fueron electos los obreros Guillermo Fernández y Adolfo Braña.

No debemos olvidar que, dos años antes, en 1934, se logra una de las principales derrotas al imperialismo yanqui, en el corazón de uno de sus enclaves más poderosos, la United Fruit Company. El papel destacado de la dirigencia del Partido Comunista fue muy significativo.

El primer lustro de los años 40 deja una impronta que definitivamente marca el ritmo del siglo XX. El Código de Trabajo, Las Garantías Sociales, La Caja Costarricense del Seguro Social y la Universidad de Costa Rica, van ampliando el sello en donde se materializó la influencia de los comunistas costarricenses, en donde la militancia del Partido Vanguardia Popular inscribe su sello revolucionario.

En ese mismo orden de las grandes conquistas del partido de los comunistas costarricense, debemos señalar que, en el año de 1946, se promulgó el primer Código Electoral impulsado por el Partido Vanguardia Popular. Le correspondió al camarada Lic. Luis Carballo Corrales, diputado Vanguardista ante el Congreso, la redacción del mismo. Lo novedoso de esta propuesta es que por primera vez se limitaba la potestad al Poder Ejecutivo de intervenir directamente en la organización, dirección y supervisión del proceso electoral (Arce,1987:36).

La cita nos sirve para reconocer los antecedentes que servirán de marco general a lo que la historia nacional conoce como la Guerra Civil del 48.

La Guerra Civil del 48 sirvió para desenmascarar el verdadero contenido dominante de la burguesía criolla. Al menos así lo demostraron los hechos surgidos desde la represión, consolidados en dicho proceso, mediante todos los mecanismos coercitivos contra la izquierda histórica de este país, cuyo punto más álgido lo constituyó, entre muchos otros crímenes resultado del conflicto, el asesinato del Codo del Diablo.

Enrique Benavides, con una pluma prístinamente incisiva, en su libro: “El crimen del Codo del Diablo”, nos narra lo siguiente.

“…El viaje a San José se haría en el Motocar 156 de la Northern Railway Company. A las 7:30 PM, salieron de Limón, justo el 19 de diciembre de 1948; custodiados por el Capitán Manuel Zúñiga Jirón, el Subteniente Clarencio Aulud Alvarado y Hernán Campos Esquivel…”

Por su parte Eduardo Mora, escribe parte de los procesos que vivió esa época, de la manera siguiente:

“…a 15 miembros de la Juventud del Partido los fusilaron en Quebradillas; a 60 militantes en El Tejar, y a dos, liberados de la Penitenciaría Central por orden de un juez, los llevaron hasta La Cangreja, en Cartago, y allí los mataron. Uno de ellos fue Edwin Vaglio, hijo de Tobías Vaglio. (Mora,2000:189).

No solo la historiografía costarricense ha tenido que ver con este evento. También la literatura costarricense ha expuesto sobre el acontecimiento del Codo del Diablo.

José Jacinto Brenes Molina en su artículo sobre el tema en referencia,

“…estudia tres obras de la literatura costarricense (Los vencidos, El eco de los pasos y Final de calle de los autores Gerardo César Hurtado, Julieta Pinto y Quince Duncan, respectivamente) las cuales se producen durante la década de 1970. Significativamente las tres novelas se refieren a los hechos de la Guerra Civil de 1948 con una intención que pueda ser comparada literariamente…”

Por su parte el novelista Gerardo César Hurtado, refiriéndose al texto anterior indica lo que sigue:

“…La figura de José Figueres y su principal obra política es puesta en la balanza literaria de tres narradores costarricenses. Mediante un análisis de base sociológico-literario, el artículo demuestra que las novelas: Los vencidos, El eco de los pasos y Final de calle se estructuran alrededor de la tesis de que los ideales que inspiraron el surgimiento de la Segunda República liderada por José Figueres Ferrer fueron traicionados en la práctica política posterior…”

En otro texto, pero en el mismo contexto que referimos, el poeta y ensayista Alfonso Chase, subraya lo siguiente:

“…La historia es fácil, ahora que se tiene nueva información. Fue un asesinato selectivo. Rumores que corrieron en Limón, en esos días previas a la Natividad, sobre un escarmiento que se iba a hacer en la persona de algunos militantes del Partido Vanguardia Popular, para prevenir un alzamiento interno. Los detenidos fueron capturados en sus casas y encarcelados, días antes, sin ningún cargo específico, cuando no fuera su militancia política y el respeto de que disfrutaban entre sus amigos, vecinos, militantes y entre la gente honrada de Limón”.

Nos corresponde a las nuevas generaciones y principalmente a la juventud, reescribir la nueva historia. Pero la historia no puede ser desprovista de una clara visión política e ideológica y en consecuencia, reescribir desde una perspectiva clasista.

El Codo del Diablo: 74 aniversario de un crimen de Estado que aún permanece en la impunidad “… Crímenes de guerra y lesa humanidad…”

Por: Trino Barrantes Araya
Partido Vanguardia Popular
camilosantamaria775@gmail.com

“…1º.- Que ya hace más de un mes don Otilio Ulate denunció desde las columnas de sus propios periódicos, el asesinato en masa cometido por autoridades de este Gobierno en el punto de la vía Férrea a Limón denominado “El Codo del Diablo /…/ Todas las circunstancias hechas públicas por la prensa del señor Ulate revelaron que el asesinato fue minuciosa y fríamente preparado y obedecía sin duda al plan de destruir físicamente a los dirigentes responsables de la Confederación de Trabajadores de Costa Rica y del Partido Vanguardia Popular /…/ 3º.- Este delito ha sido catalogado por las Naciones Unidas con el carácter de Genocidio, y el voto del delegado costarricense fue incluido como afirmativo al aprobar la ONU la Convención que sanciona esta clase de delitos. (El subrayado, la y la cursiva son nuestras) …”( (Anexo al Acta No.21. de fecha y lugar San José, 27 de enero de 1949, de la Asamblea Nacional Constituyente)

Compañeras, compañeros. Nos reúne aquí una fecha muy importante para recordar y conmemorar el 74 Aniversario del Asesinato de los Mártires del Codo del Diablo.

Efectivamente hoy, sábado 17 de diciembre de 2022, hemos decidido RE (volver a situar) CORDARI (corazón). Poner en nuestros corazones el valor histórico de los mártires del Codo del Diablo. De tal suerte que, si conmemoramos, es porque estamos dispuestos en colocar en nuestra memoria colectiva y en la resistencia de la lucha popular, el recuerdo de los hechos acaecidos en el Codo del Diablo, el 19 de diciembre de 1948.

Enrique Benavides, en su texto: El crimen del Codo del Diablo, nos dice:

A la altura de la milla 41, donde la línea del ferrocarril comienza a bordear por su base el empinado cerro del Diablo, el motorista Auld Alvarado menguó la velocidad conduciéndolo más lentamente, hasta detenerlo en el punto más profundo de la curva en forma de herradura, que se conoce con el nombre de “El Codo del Diablo”. Campos creyó que había fallado la chispa, y se bajó para examinarla, por detrás del vehículo. No tuvo tiempo de examinar el aparato, pues Zúñiga Jirón había dado orden a los reos que se bajaran y entonces dio orden al motorista, para que se adelantara un poco con el Motocar, los reos quedaron a unos cuantos metros del vehículo, luego el Capitán Zúñiga Jirón, estando esposados en parejas, abrió fuego con su ametralladora, siguiéndole Valverde. Campos horrorizado y a distancia, contemplaba la escena mudo, desorbitado, sin atinar a moverse de su sitio. Pudo ver seguidamente como Valverde remataba los cuerpos de Federico Picado y el cuerpo de Octavio Sáenz, con su revolver”.

El asesinato por motivos políticos es, sin más, un crimen que tipifica como crimen de lesa humanidad. La Guerra civil, como toda confrontación bélica, abrió profundas heridas en el tejido social costarricense, que aún hoy, en pleno siglo XXI, dejan que se vuelvan abrir los efectos de aquel hecho histórico.

Pareciera que, aunque un grueso de la población del país ni siquiera conoce de esos hechos y no se sienten parte de ellos, pues nacen en un momento en que dichas heridas han comenzado a ser restañadas; un grupo de ideólogos del bipartidismo sigue empeñado en que los fantasmas de los crímenes de abril de 1948 vuelvan a las calles y ciudades del país, en cada proceso electoral.

Pero dígase puntualmente que, desde la historia oficial se ha silenciado el derecho que corresponde a las víctimas. Por eso, tal vez sea necesario que trabajos como el ejecutado por Baltasar Garzón, la sostenida lucha histórica de las Abuelas de la Plaza de Mayo. La reveladora lección del filme el “El silencio del otro” (https://www.espinof.com/documentales/silencio-otros-no-pelicula-pasado-sino-lucha-presente-sufrimiento-que-existe-ahora-almudena-carracedo), y nuevas lecturas discursivas, nos permitan situar el verdadero alcance de lo que significó este crimen.

En el orden y aportes de nuevos documentales, el historiador Víctor Hugo Acuña, refiere a la película producida por los hermanos Jara y escribe lo siguiente:

“…Sin embargo, al colocar de nuevo aquellos acontecimientos en la esfera pública, plantea algunas cuestiones que trascienden a las familias de las víctimas y afectan al conjunto de la sociedad costarricense. En efecto, el documental abre la pregunta sobre cuáles son las responsabilidades presentes no prescritas del Estado costarricense en relación con esta violación de los derechos humanos de la que fue directo responsable y de cuya impunidad fue también cómplice. El Estado costarricense pidió perdón recientemente a Juan Rafael Mora por su ejecución sumaria y yo me pregunto si no sería indispensable que hiciese lo mismo con las víctimas del Codo del Diablo y con sus descendientes. El gesto no solo tendría valor simbólico, ya que permitiría dejar claro que no hay jerarquías entre las víctimas de los llamados “crímenes de Estado”, sino también efectivo para quienes vivimos hoy y para quienes vivirán mañana en el sentido de que el Estado al cual pertenecemos garantiza que las violaciones de los derechos humanos no pueden quedar impunes…” (Acuña, 2014)

En diciembre de 1948, durante el período que se conoce como la “contrarrevolución”, se decidió que un grupo de prisioneros que se encontraban en la cárcel de Puerto Limón debían ser trasladados a San José. Entre ellos estaban: Federico Picado Saénz, Tobías Vaglio Sardí, Lucio Ibarra Aburto, Octavio Saénz Soto, Narciso Sotomayor Ramírez, Álvaro Aguilar Umaña (republicano, fue confundido con otro vanguardista de igual nombre).

A 74 años del Asesinato de los mártires del Codo del Diablo, nos mueve un interés básico. Llamar la atención de que este crimen, debe ser visto bajo la lupa de lo que disponen los Instrumentos de derechos humanos, respecto a los crímenes de lesa humanidad. La   Convención sobre la imprescriptibilidad de los crímenes de guerra y de los crímenes de lesa humanidad. Adoptada y abierta a la firma, ratificación y adhesión por la Asamblea General en su resolución 2391 (XXIII), de 26 de noviembre de 1968. La cual entró en vigor, el 11 de noviembre de 1970, de conformidad con el artículo VIII. De igual forma referimos en estos principios del derecho internacional a La Asamblea General, Recordando sus resoluciones 2583 (XXIV) de 15 de diciembre de 1969, 2712 (XXV) de 15 de diciembre de 1970, 2840 (XXVI) de 18 de diciembre de 1971 y 3020 (XXVII) de 18 de diciembre de 1972. (https://www.ohchr.org/es/instruments-mechanisms/instruments/convention-non-applicability-statutory-limitations-war-crimes).

En el momento en que escribimos estos notas, han pasado 74 años de este horroroso e impune crimen. Este 19 de diciembre, estaremos conmemorando un año más, sin que los autores materiales e intelectuales tuviesen ningún tipo moral, judicial o real de condena. Un crimen de la envergadura del suceso en Siquirres, en el Codo del Diablo, se prendió históricamente en la conciencia del pueblo, en la memoria colectiva.

Pero los revolucionarios, los movimientos populares, sindicatos y partidos políticos clasistas, no podemos quedarnos solamente en el RECUERDO, la coyuntura actual nos exige un compromiso permanente, pues hoy el fascismo y las concepciones pentecostales más reaccionarias asumen un papel muy peligroso para los pueblos.

Gobiernos sucesivos, desde que se implementa el Estado Neoliberal, a partir de la firma de los PAE´s , o bajo la argucia de la pandemia del COVID-19, o más recientemente, ante la prepotencia gubernamental, han llevado al país a un empobrecimiento acelerado, a la tercerización del trabajo sin precedentes, a un índice de desempleo muy grande, una acelerada y creciente deuda externa y una profunda crisis, la cual se anunció sería atendida como prioridad gubernamental; pero solo como perspectiva de promesa electoral.

En lo internacional, el espectro tampoco luce muy halagüeño y distinto. El intento de golpe de estado de la derecha en Alemania, el ascenso de los fascistas en Ucrania, el derrocamiento por parte de una oligarquía espuria contra Pedro Castillo en el Perú; el manoseo legal y jurídico para invisibilizar del espectro político a Cristina Kirchner; los irrespetuosos desplantes de Rodrigo Chaves contra la institucionalidad de este país y el absurdo manejo respecto a los pueblos ancestrales, deben ponernos a todas y todos en una nueva fase de sintonía, en donde el ejercicio de la lucha popular debe templarse cada día más no solo en la unidad en la acción, sino en nuestras propuestas programáticas.

La criminalización de la protesta social, la judicialización de las acciones políticas, son llamados de atención de que en nuestro país se conculcan los derechos humanos cada vez más.

Ciertamente, cada 19 de diciembre es obligado que recordemos los hechos de cómo se da una cadena de factores que llevaron a este atroz asesinato de lesa humanidad, que a la fecha sigue impune; pero nuestra responsabilidad histórica es también con el día de hoy. Tenemos un gran compromiso con nuestro pueblo, por eso hacemos un llamado a la UNIDAD POPULAR. Somos creyentes de esa consigna que nos unifica en nuestros intereses clasistas:

“¡El pueblo unido jamás será vencido!”

Cementerio Obrero. San José, 17 de diciembre de 2022

LA GUERRA CIVIL DEL 48: Una lectura historiográfica distinta

Trino Barrantes Araya
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Alfonso Pardo Martínez
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Introducción

Recorrer historiográficamente los hechos políticos de 1948, obliga a armarse de un cuerpo teórico, para no quedar enredado en los intersticios y el tejido con que se ha escrito la historia oficial. En cualquiera de las corrientes, son los vencedores a los que se le ha otorgado la potestad de esa narrativa.

Algunos historiadores dan por sentado la lectura obligada de la Huelga de Brazos Caídos, como antecedente inmediato que supone las bases de los fenómenos que precipitarán más tarde la Guerra Civil (Calderón Hernández, 2002; Molina, 2002, Contreras, 2008, Lehoucq, 19912). Obviamente para explicar los hechos político-militares de 1948, estamos en la obligación de explicar muchos otros factores que precipitaron este conflicto armado. Pero los hechos del 48, no serían completos si no se tiene como marco de referencia el papel del Partido Vanguardia Popular, la política de alianzas y los capítulos de las Garantías Sociales, el Código de Trabajo, la aparición de la Caja Costarricense del Seguro Social y la fundación de la Universidad de Costa Rica. Obviamente, estos aspectos gustan ser soslayados por una parte de los historiadores y principalmente por la historia oficial.

Otros/as han señalado, a partir de los actores sociales, nuevas propuestas para describir el carácter tan violento que asumen estos hechos históricos. Un gran esfuerzo a partir de las memorias de los niños y niñas nacidos en el marco de la guerra. Interpretaciones y explicaciones desde lo militar, lo diplomático o confrontando relatos, recopilan de manera dialéctica visiones distintas del acontecimiento vivido en dicho momento.

I.- Los niveles de los contextos: Lo internacional y lo nacional

La Crisis Económica de 1929-1933, la inestabilidad económica resultado de la Segunda Guerra Mundial, el nuevo mapa bipolar surgido a partir de 1945. La nuevas vías y propuestas para el desarrollo de nuestras economías bajo la hegemonía del imperialismo norteamericano. El marco generado a partir de la “Guerra Fría” representan, sin lugar a dudas, el marco coyuntural de la situación internacional en que queda inscrito nuestro país y consecuentemente la Guerra Civil del 48.

En lo interno, es fácil adivinar que la década de los años 40, tienen en sus cimientos el germen que va a potenciar más tarde el caldo de cultivo en donde se precipitan los hechos político-militares del 48.

Nuevas divisiones políticas, consolidación de lecturas ideológicas diferentes, partidos minoritarios que asumen un papel protagónico, tal es el caso de Confraternidad Guanacasteca, el papel mediático de la prensa y las acusaciones mutuas respecto al fraude electoral, van dándole cuerpo al tejido en donde tendrá lugar el conflicto señalado.

Una pequeña burguesía intelectual, conducida por el Centro de Estudios de Problemas Nacionales, un cierto corrimiento del Partido Vanguardia Popular a las tesis gobiernistas, los pequeños empresarios políticos; nuevas políticas de alianza tendrán como resultado una polarización política cada vez mayor.

Todo lo anterior nos lleva a un hecho desencadenante que tendrá sus prolegómenos más marcados con los efectos generados a partir de las elecciones de 1948. Esta campaña polarizó dos visiones político-electorales, claramente diferenciadas. Por una parte, la figura de Otilio Ulate, encabezando el Partido Unión Nacional y por la otra, el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia, líder indiscutible del Partido Republicano Nacional. Monseñor Sanabria, Manuel Mora Valverde, el Partido Vanguardia Popular, el papel decidido de los sindicatos bajo la ideología marxista, forman ese complejo tejido donde se dan estos acontecimientos.

Es necesario tener presente, como lo reseña Iván Molina, que a pesar del contexto de fraude que sirve de aureola a las elecciones de 1944, se introdujo una de la más importante reforma al Código Electoral en 1946, la cual tuvo como objetivo independizar la organización de los comicios electorales por parte del Poder Ejecutivo, para dejarlo en manos del Tribunal Nacional Electoral (2002:181.

El otro elemento que es importante tener presente en esta aproximación, fue la creciente polarización política dentro de la misma oposición entre Cortés y Ulate, que de alguna manera será el que incida más directamente en el desencadenamiento de los conflictos de 1948 (Contreras,2008:190).

Actores sociales más relevantes en los hechos político-militares de la Guerra Civil de 1948

Debemos reiterar en esta apartado que, un aspecto que influyó decididamente en el espacio político en los años cuarenta, fueron las reformas sociales, orientadas a favorecer a las grandes mayorías y consecuentemente a potenciar su nivel político-ideológico (http://www.museocostarica.go.cr/es_cr/en-detalle/la-guerra-civil-de-1948-una-sintesis.html?Itemid=115)  Pero, con esa misma rigurosidad que vemos los antecedentes de este conflicto, estamos en la obligación de ver objetivamente los hechos ocurridos en el mismo contexto de la guerra. Estos factores y los nuevos actores sociales imprimen un sello de larga data a este acontecimiento (http://historia.fes.ucr.ac.cr/dialogos.htm).

No se trata de darle un lugar de privilegio a los actores que conoce el discurso oficial, a saber: Teodoro Picado M, José Figueres Ferrer, Otilio Ulate Blanco, Santos León Herrera. De igual envergadura es dar lectura al papel del Partido Social Demócrata, el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales, el Ejército de Liberación Nacional, la Legión del Caribe (Schifter, 1980:68 y 75) y, la doctrina social de la iglesia, el aporte del Partido Vanguardia Popular y claro está, la fracción oficialista.

Sobre la Legión del Caribe, Guillermo Villegas H, en su narrativa testimonios del 48, sostiene como tesis central que varios militares (Juan Rodríguez, de la República Dominicana, Rosendo Argüello, de Nicaragua, Horacio Julio Ornes, entre otros, se hicieron presentes en Costa Rica y su papel en el conflicto fue muy importante, además del aporte en la proporción de armas para darle un contenido real al proceso de la guerra (Cfr, Villegas, PP.: 199, 208, 210).

Recordemos aquí, tal y como lo señalamos en nuestra introducción en este apartado es necesario referir a la Huelga de Brazos Caídos de 1947. Aunque en esencia, este movimiento fue un paro patronal, lo cierto también es que sus demandas fueron aceptadas como definitivas por el Tribunal Nacional Electoral. Cabe destacar que los actores sociales más importantes de este evento lo constituyeron los trabajadores del sistema bancario nacional y los comerciantes. Aunque una buena masa de la clase trabajadora y otro poco más de contingentes sociales populares también sumaron su fuerza a este paro (Cfr. Manuel Rojas, Pp.: 109-110 y 150).

Cuarenta días que sacudieron el suelo patrio: La Guerra Civil de 1948

Distingamos, pues, dos grandes factores que está en la base de este conflicto. En primer lugar, existe, como tesis central por gran parte de la historiografía costarricense que, el “conflicto político-electoral” es sin duda la “chispa que encendió” la apacible pradera del suelo costarricense. Tal vez el punto más álgido del acontecimiento tuvo lugar el 12 de marzo de 1948, cuando los militares y soldados del Ejército de Liberación Nacional toman San Isidro del General, con el grave acontecimiento del asesinato del coronel gubernamental Rigoberto Pacheco; pero de la misma envergadura son los acontecimientos que se suceden en San Ramón de Alajuela, con la muerte de los figueristas Catalino Murillo y Federico Arce (López,2000:292).

A estos eventos político-militares le siguieron el día 13 de marzo con la toma de San Cristóbal Sur y sucesivamente la toma de San Marcos de Tarrazú y Santa María de Dota, por parte del Ejército de Liberación Nacional.

El autor citado, Juan diego López, en su texto: Los cuarenta días de 1948: La guerra civil de Costa Rica, reseña que dos días después los seguidores de Picado toman Buenos Aires, posteriormente el 9 de abril arranca la Marcha Fantasma. Operación bélica conducida por el ELN, que culmina el 12 de abril con la toma de Paraíso y Cartago. Más tarde, con la ayuda de la Legión del Caribe, bombardean Limón y el Ejército de Liberación Nacional se apunta un triunfo más,  tomándose el centro de esa provincia y el puerto de Moin. (http://www.slideshare.net/Socialesdigital/costa-rica-en-la-decada-de-los-40-134602245).

Vale reseñar que el papel jugado en todo este proceso de lucha civil, por los dirigentes comunistas, bajo el alero del Partido Vanguardia Popular, son imprescindibles para entender los alcances del conflicto al que referimos.

El final de la Guerra Civil lleva a un breve espacio de transición en el cual, en el gobierno de los 18 días, le corresponderá a Santos León Herrera, asumir la presidencia de la República. Su gran logro, poner fin, oficialmente, al conflicto político-militar en que se vio envuelto nuestro país. Pero en ese mismo orden, también se dictaron los decretos que pone en manos de los vencedores el aparato militar costarricense, los cuarteles, la Fuerza Armada y la Fuerza Policial.

En esta suerte de impase político, el 10 de mayo se establece formalmente la Junta Revolucionaria, a la cual le corresponderá el ejercicio del poder durante los dieciocho meses siguientes. Este gobierno de facto asume el nombre de Junta Fundadora de la Segunda República y de inmediato se abocó a convocar la Asamblea Nacional Constituyente.

Paralelo a la Constituyente, los nefastos Decretos Ley de la Junta Fundadora de la Segunda República, proscribiendo los sindicatos clasistas y al mismo partido comunista bajo el nombre de Partido Vanguardia Popular, tienen su epílogo más amargo en el asesinato impune de los mártires del Codo del Diablo. Necesitamos, entonces, reescribir la historia desde las voces de las grandes mayorías.

Sin lugar a dudas, estos acontecimientos siembran las bases del Estado Social de Derecho mediante el Estado Benefactor que tendrá lugar en los próximos quinquenios.

Una página que requerirá de un nuevo examen es la firma del Pacto de Ochomogo. Sin la verdadera y correcta interpretación de estos hechos históricos, no se le está otorgando a nuestra historia el contenido objetivo que como ciencia requiere. Si un atroz crimen como el que se ejecutó contra los mártires del Codo del Diablo, no se aclara, nuestra historia seguirá cargando grandes vacíos.

 

Imagen ilustrativa.

Memoria Histórica: ANEP #10. PRIMERO DE MAYO

27 de abril 2022

Como se sabe, históricamente la conmemoración de esta fecha para los trabajadores -hombres y mujeres-, en el mundo occidental, ha sido memoria y recuerdo de los “Mártires de Chicago”, que dieron sus vidas en esa ciudad en la primera mitad del siglo XIX; una lucha transgresora en ese momento: 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso, 8 horas de educación. La ley y el orden en Norteamérica era de realizar 10 a 13 horas de trabajo por día; para el sector conservador:

“…había que salvar a Norteamérica del complot comunista de las 8 horas…”

El primero de mayo, bajo la consigna de las 8 horas, comenzó la huelga. Represión, muerte y violencia, nace la historia de los “Mártires de Chicago”.

En nuestro país desde el año 1913, se conmemora el Primero de Mayo como forma de recordar los hechos de Chicago, además, las organizaciones sindicales y el progresismo social expresan sus demandas; algunas políticas, otras socio- económicas. El Primero de Mayo es sin duda el reencuentro del pensamiento y la lucha reivindicativa de los trabajadores costarricenses, en sus diferentes ámbitos y realidades.

En este escrito traigo a la memoria de los que nos leen, un hecho oculto y traslapado en la historia social costarricense: el asesinato de Codo del Diablo (21 de diciembre de 1949), en el cual cuatro dirigentes sindicales fueron masacrados: FEDERICO PICADO, OCTAVIO SÁENZ, LUCIO IBARRA y TOBIAS VAGLIO. Arnoldo Ferreto en sus memorias expresó:

“…Federico y Octavio dirigentes del partido en la provincia de Limón; Federico había sido electo diputado, venciendo al candidato oficial y al candidato ulatista… Ibarra era dirigente campesino del cantón de Pococí, y Vaglio dirigente del partido en Siquirres, ambos habían estado conmigo dirigiendo la huelga bananera de 1934 en la región de Línea Vieja… el mismo día que se consumó ese crimen fuimos sacados de la Penitenciaria los compañeros Carlos Luis Fallas, Adolfo Braña, Luis Carballo, Jaime Cerdas… luego supimos que las personas que intervinieron para que no nos asesinaran habían sido Monseñor Sanabria y el presidente electo Otilio Ulate….”

El asesinato de Codo del Diablo, quedó impune, el país vivió una dura etapa de represión luego de la Guerra Civil del 48. El asesinato a mansalva de los dirigentes “desafectos” del sistema era la norma.

El recuerdo de este capítulo histórico, nos hace pensar en que también en Costa Rica tenemos nuestros mártires, que a lo mejor pueden ser decenas, pero que lastimosamente vamos olvidando; el sistema, la cultura y la educación van invisibilizando también a nuestros “mártires”.

Hoy al conmemorarse esta celebración del Primero de Mayo, tal vez nuestro pensamiento debe mutar y reivindicar a hombres y mujeres costarricenses que han entregado su vida por sus ideales…utopías …y sueños.

Adalberto Fonseca Esquivel
Historiador

Los grandes hechos que contradicen la abolición del ejército

Guillermo Carvajal Alvarado

Para verdades la Historia y los hechos concretos. Sobre hechos falsos hemos construido una historia plagada de mentiras y no podemos tolerar que se festejen unos hechos para negar otros acontecimientos crueles y violentos ejecutados  desde el mismo aparato de gobierno. 

Nos han mentido una y otra vez y seguimos repitiendo una historia  que en la realidad se contradice a sí misma. 

La masacre del Codo del Diablo se perpetró un 19 de diciembre de 1948, cuando en teoría el 1 de Diciembre de 1948 se abolida el ejército con el famoso mazazo en el antiguo cuartel Bella Vista. 

El crimen del Codo de Diablo fue perpetrado por el ejército de Liberación Nacional quienes ya habían ejecutado actos similares en Quebradilla del Guarco de Cartago el 13 de abril de 1948. 

La historia y los historiadores hemos sido cómplices por esconder una realidad y ensalzar otra. Por eso a los 72 años aún hay gente que vivió esos hechos y son testigos de la gran falsedad. 

El 19 de diciembre es una fecha que el pueblo costarricense debe colocar en su memoria colectiva y mantenerla siempre presente, el 19 de diciembre es un día de conmemoración, un día para rendir homenaje a 6 héroes de los trabajadores costarricenses que fueron asesinados el 19 de diciembre de 1948 en el Codo del Diablo, en los márgenes del río reventazón en la zona de Turrialba, 8 meses después de haber finalizado la guerra y a 7 meses de haber tomado el control político la Junta de Gobierno presidida por Jose Figueres Ferrer y a tan sólo 18 días del acto público que anunciaba la abolición del ejército en Costa Rica.

Solo exorcizando la verdadera historia podemos construir una historia real que dignifique a todos los ciudadanos y no sólo a quienes nos cuentan la historia de los vencidos a expensas del miedo y el temor de un ejército y de una institucionalidad que estuvo al servicio de la opresión y la masacre del 19 de diciembre de 1948.

¿Quienes fueron los asesinados?

Fueron sacados de sus casa en la Ciudad de Limón sus nombres fueron : Lucio lbarra, Octavio Sáenz, Federico Picado, Narciso Sotomayor, Tobías Vaglio, y Carlos Aguilar, todos ellos cayeron por las balas asesinas del Ejército de Liberación Nacional.

 

Enviado a SURCOS por Trino Barrantes.