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Etiqueta: combustibles fósiles

La ilusión del “oro negro”

Dr. Luis Paulino Vargas Solís
Economista
Director a.i. CICDE-UNED

Este lunes 16 de agosto de 2021, en la sección de comentarios de opinión de CANARA, escuché algunas cosas que me dejaron perplejo. El autor, de nombre Carlos Roldán, afirmaba básicamente dos cosas: permitir la explotación de petróleo en Costa Rica resolverá nuestros problemas fiscales y, además, permitirá reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial. O sea: Roldán nos dice que, para reducir los gases generados por los combustibles fósiles, hay que extraer, refinar y usar combustibles fósiles. De entrada, suena paradójico, pero, en todo caso, la cuestión amerita un examen más detenido.

La propuesta encuentra sustento en dos tesis. Primero, el transporte del combustible que importamos, realizado por vía marítima, conlleva una importante emisión de gases de efecto invernadero, que se dejaría de hacer al producirse localmente esos combustibles. Segundo, en Costa Rica el petróleo sería extraído y refinado utilizando electricidad “100% renovable” (hidroelectricidad), mientras que en Estados Unidos se obtiene con base en electricidad generada “quemando combustibles fósiles”.

Ambas ideas son correctas. Efectivamente, arriba del 80% y, según el año, incluso más del 90%, de nuestras importaciones de combustibles, provienen de Estados Unidos, cuyo abastecimiento energético se basa, en alrededor de un 80%, en combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón). Y, sin embargo, es incorrecta la dicotomía que se plantea. La opción no es entre importar combustibles fósiles o producirlos localmente, sino entre los combustibles fósiles frente a otras fuentes energéticas alternativas, que no generen gases de efecto invernadero, y que tengan los mínimos impactos posibles sobre los ambientes naturales y el legado sociocultural de las poblaciones.

La migración hacia esas fuentes energéticas realmente limpias, resume el dilema realmente importante. Se trata de una decisión impostergable, no como opción ideológica, y sí, en cambio, como exigencia de la realidad. La crisis ambiental planetaria no autoriza ninguna otra posibilidad ¿Será posible que haya personas que aún no se dieron cuenta?

Y en cuanto a resolver el problema fiscal, me parece que ahí la cuestión naufraga. El señor Roldán habla de una riqueza que, a valor actual, equivaldría a $350 mil millones, equivalente al valor total de la producción nacional (el PIB) generada durante casi seis años, lo cual presuntamente le daría al gobierno, ingresos anuales por un monto de $3.900 millones (cerca del 6,5% del PIB). Pero para que esa riqueza se monetice, habrá no solo que extraer y refinar el petróleo, sino, además, exportarlo, puesto que, como es obvio, el mercado costarricense no podría, ni absorber y consumir internamente tan enorme oferta petrolera ni aportar las fabulosas cifras en dólares de que se nos habla, puesto que no generamos dólares por nuestra cuenta y pagamos los combustibles en colones. Para estimar la capacidad de consumo del mercado nacional, baste recordar que nuestras importaciones de combustibles y lubricantes, sumaron $1.625 millones en 2019 y cayeron a poco más de $900 millones en 2020 ¿De dónde saldrían los $3.900 millones que el gobierno presuntamente recaudaría, como no sea de muy significativos volúmenes de exportación? De modo que los gases de efecto invernadero que no se emitan al dejar de importar, se emitirán al exportar, pero en mucha mayor cuantía, ya que implícitamente se está hablando de exportaciones por un monto sustancialmente mayor a lo que hoy día importamos.

Pero, además, ¿cuántos años tardaremos para tener a punto la producción y exportación petrolera? ¿Qué hacemos entretanto con nuestros problemas fiscales? Y, además, ¿cerraremos los ojos ante el desastre climático para resignarnos a depender perpetuamente de transporte movido por combustibles fósiles?

NOTA: el comentario de CANARA al que hago referencia, puede escucharse aquí: https://www.panoramadigital.co.cr/prohibir-la-extraccion-de-petroleo-una-accion-contra-el-ambiente/

 

Compartido con SURCOS por el autor y publicado en su blog: https://sonarconlospiesenlatierra.blogspot.com/

Los derechos de pueblos originarios estadounidenses, el ambiente y el financiamiento de la actividad petrolera

Matthew Cook

¿Se puede decir que donde uno invierte su dinero refleja sus valores? Pues, así lo cree Scotiabank. Como dice Scotiabank en la página Face de la Federación de Surf de Costa Rica: «Scotiabank reconoce la importancia del deporte, por eso, a nivel global y nacional apoya diversas disciplinas como el surf, entre otros.»

Muy bien. Estamos de acuerdo. Por ende, es muy importante que Scotiabank explique cuáles son los valores que están expresando con el patrocinio de la corporación petrolera Enbridge con $9.84 MILES DE MILLONES desde el 2016. Con este dinero Scotiabank está financiando a Enbridge y su oleoducto Line 3 que le permite a la empresa sacar el petróleo más sucio y dañino del mundo: los «tar sands» o arenas bituminosas de Canadá. ¿Por qué tan sucio y dañino? Este petróleo no está en forma líquida como lo que uno imagina que sale de un pozo petrolero. Como indica el nombre las arenas bituminosas están compuestas de arenas mezcladas con petróleo. Para sacar el petróleo hay que usar grandes cantidades de vapor caliente para quitar el petróleo de la arena. Así que por cada barril de petróleo se usan 3 barriles de agua. Además, estas arenas están minadas a cielo abierto implicando la destrucción de millones de hectáreas de bosque boreal para minar las arenas. Finalmente, después de “lavar” la arena, el agua y las arenas contaminadas se depositan en grandes lagos sucios y tóxicos. Estas minas de petróleo a cielo abierto y los lagos tóxicos de desechos son tan enormes que se pueden ver desde el espacio.

¿Entonces uno quiere preguntar a Scotiabank para qué sacar este petróleo tan contaminante? Los expertos de la climatología están diciendo que tenemos que dejar de usar los combustibles fósiles ya si queremos evitar la destrucción masiva de la vida del planeta, incluyendo la de los seres humanos. Podría pensarse que invertir dinero para sacar las arenas bituminosas refleja nada más que avaricia y una despreocupación total del daño al planeta además de reflejar total irrespeto a los deseos de muchos pueblos indígenas que no quieren estas minas y sus oleoductos en sus tierras natales. ¿Pero qué dice Scotiabank sobre los valores reflejados por su inversión?

Hace un mes el gobierno de Trump dio su aprobación para la construcción del último tramo del oleoducto Line 3 que está construyendo la empresa Enbridge. Desde ese entonces el pueblo indígena Ojibwa se ha tirado a la calle para frenar la construcción de esta abominación porque pasa por tierras controladas por ellos por ley, según un tratado con el gobierno del EUA firmado en 1855. En Minnesota, Estados Unidos muchas personas indígenas están enfrentando a la seguridad privada de Enbridge y a los policías para bloquear el paso del oleoducto Enbridge Line 3.

¿Y qué pasa en Costa Rica? ¿Qué piensa Scotiabank del daño que Costa Rica ya está experimentando por el cambio climático causado por los combustibles fósiles que Scotiabank está ayudando a sacar da las minas de los “tar sands”? Pues aquí en Costa Rica tenemos sequías e inundaciones afectando la agricultura, los inmensos huracanes gemelos de Eta y Iota acaban de destruir mucha infraestructura que tanto ha costado al país construir. Hay lluvia en diciembre y falta de lluvia en octubre. El bosque nuboso está desapareciendo de Monteverde y las hermosas playas en todo el país están siendo tragadas por el mar. La lista de los daños es larga y crece cada día. ¿Qué dice Scotiabank que hasta la Iglesia de Coronado ya casi ni tiene neblina?

Scotiabank quiere enseñar a los jóvenes de Costa Rica que la empresa valora el deporte del surf pero es más importante que los jóvenes ticos sepan que mientras que Scotiabank paga unos coloncitos para subir sus tolditos en la playa, está pagando miles de millones de dólares para financiar esa extracción, una actividad que está destruyendo esas mismas playas. Las migajas que Scotiabank tira a los surfistas es una burla, es un chiste cruel y si Scotiabank tuviera un poquito de vergüenza nunca más pondrían un toldo con su logo en una playa de Costa Rica hasta que dejen de financiar a Enbridge y su oleoducto Line 3.

Entonces, los jóvenes tienen el derecho de saber qué dice Scotiabank. ¿Van a apoyar el surfismo en Costa Rica o van a apoyar el Enbridge Line 3? Porque no se puede hacer las dos.

Fuentes de información:

– Financiamiento de Enbridge: https://www.ran.org/bcc-2020-data-explorer/#data-panel

– Los tar sands: https://www.nationalgeographic.com/environment/2019/04/alberta-canadas-tar-sands-is-growing-but-indigenous-people-fight-back/

– Los derechos de los Ojibwe sobre el territorio del Enbridge Line 3: https://www.minnpost.com/community-voices/2019/05/line-3-pipeline-proposal-yet-another-abuse-against-native-americans/

– Página en Facebook de la resistencia al oleoducto: https://www.facebook.com/StopLine3/?ti=as

Texto enviado a SURCOS por el autor.

Nosotros no somos el virus

Sebastián Solís Vargas *

Yo me considero un ambientalista, pero a veces pienso en que quizá esa palabra no es percibida de la misma manera por todos. Aunque la palabra hace pensar en alguien que se preocupa por el medio ambiente, la definición que yo le doy no acaba ahí. Quiero aprovechar este medio para explicar mis pensamientos respecto a esa palabra tan importante para mí y de paso exponer por qué creo que algunas personas tienen un concepto totalmente equivocado sobre el ambientalismo.

Es una creencia popular que el ser humano es un ser “ajeno” a la naturaleza, un ser superior a la misma, tanto así que para muchos es difícil concebir la idea de que pertenecemos el reino animal. En parte es por eso que durante las últimas generaciones han ocurrido las conocidas revoluciones industriales, las cuales han llevado a la humanidad a explotar la naturaleza de una manera nunca antes imaginada. Por el contrario, la generación actual ha promovido la creencia de que el ser humano SÍ es parte de la naturaleza y no un ente ajeno y superior, por lo que dependemos de ella y debemos cuidarla. A simple vista parece que el ambientalismo se apega a la segunda creencia. De hecho, creo que muchos ambientalistas piensan así. Sin embargo, mi posición se aproxima más a la primera forma de pensar. El propósito de los próximos párrafos es explicar esta supuesta contradicción.

Un ejemplo del choque de creencias que mencioné se ha hecho manifiesto durante la actual cuarentena ocasionada por el virus COVID-19. Mientras que las actividades humanas han sido frenadas por primera vez en décadas, la naturaleza parece empezar a resurgir en lugares antes afectados por la contaminación y de igual manera empiezan a surgir publicaciones en redes sociales con la frase “Nosotros somos el virus”. De aquí emerge el título de esta publicación. Después de analizar esta frase durante mis días de cuarentena fue que llegué a comprender mejor cuál es mi posición al respecto.

Si la crisis climática empeorara lo suficiente como para causar la extinción de la humanidad, e incluso la de la mayoría de las especies existentes, eso no significa que sea el fin de la naturaleza. Te aseguro que ella tarde o temprano se recuperará, y seguirá adelante sin importarle que existamos o no. Te lo puedo asegurar porque la Tierra ya ha pasado por eventos similares en el pasado. Nosotros las conocemos como “Las cinco extinciones masivas”.

Cinco. Durante la historia de nuestro planeta han sido cinco las ocasiones en las que la naturaleza pareció estar al borde de la muerte.1 Y aun así, la naturaleza se ha levantado, lo suficientemente fuerte como para dar lugar al planeta hermoso, verde y lleno de vida que conocemos. Por eso pienso que la naturaleza no necesita a alguien que la defienda de los humanos. “Nosotros NO somos el virus”. Somos nosotros los que deberíamos tener cuidado. Esto NO es una guerra entre la naturaleza y la humanidad, como normalmente se nos hace creer.

Yo no soy ambientalista simplemente porque quiero que la naturaleza prospere.

Yo soy ambientalista porque quiero que la humanidad prospere.

Definitivamente es cierto que la humanidad depende de la naturaleza para existir.

Sin ella no tendríamos fuente de alimento, de agua, de aire, de paisajes hermosos, ni siquiera del suelo en el que ponemos nuestras casas. Y aunque esto nos hace parecer que estamos totalmente a la merced de los caprichos de la naturaleza, yo sí pienso que el ser humano es un ser superior a la naturaleza—o más bien, tiene el potencial de serlo.

Comprender las causas de una extinción masiva es muy complicado, porque hay muchos factores involucrados, todos cambiando al mismo tiempo. No es para nada como un experimento de laboratorio, en el cual solo se modifica una variable mientras que las otras se mantienen constantes.2 Más bien, es una maraña de elementos interconectados que ninguno de sus espectadores, como reptiles, plantas y anfibios prehistóricos, podría haber siquiera comprendido; mucho menos hacer algo para evitarlo.

Pero nosotros somos diferentes. Desde 1886 la humanidad descifró el cambio climático3: desde entonces hemos descubierto que la quema de combustibles fósiles libera un gas invisible que favorece al incremento de la temperatura global y que han ocurrido eventos muy similares en el pasado—sí, también como parte de las extinciones masivas2.

Somos la primera especie con el súper poder de predecir el futuro de esa manera. Los millones de especies afectadas por estos eventos estarían increíblemente celosos.

A pesar de tener ese poder colectivo tan útil, creo que no es suficiente para hacernos llamar “seres superiores a la naturaleza”. Pues, por el momento seguimos actuando como si nada pasara, igual que las víctimas de las antiguas extinciones: a pesar de estar en medio de una crisis global, no tenían idea de lo que pasaba, y simplemente continuaron sus actividades rutinarias. Ya fuese cazar insectos, hacer fotosíntesis o tomar el sol, no podían hacer nada para salvarse. Si realmente queremos hacernos llamar seres superiores a la naturaleza, hay que demostrarlo dándole la vuelta a esta crisis. Solucionarla es nuestro examen de graduación.

Las corporaciones y gobiernos obsesionados con el crecimiento económico continúan destruyendo el medio ambiente porque creen que explotar a la naturaleza demuestra cuán poderosos son4, cuando en realidad solo demuestra que actúan como cualquier otro ser vivo sin capacidad de razonamiento. Si de verdad queremos demostrar lo poderosos que somos, ¿qué mejor manera de hacerlo que actuar para evitar la sexta extinción masiva? Ese sería un logro del que sí nos podríamos sentir orgullosos como especie. La frase “Nosotros somos el virus”, lejos de sonar como algo que un ambientalista diría, sirve como una excusa para no enfrentar a la crisis climática. Se traduce a algo como “Si nosotros somos el virus, entonces es mejor que nos extingamos. Así ya no causaremos más problemas”. Suena como algo que diría alguien que ya se rindió y está dispuesto a no hacer nada, y a morir a manos de la crisis climática. Esto NO es ambientalismo. Es exactamente lo contrario.

Yo me considero un ambientalista. Pero es posible que la palabra que más se ajuste a mi forma de pensar y actuar sea “humanista”. Porque nosotros no abogamos simplemente por el bienestar del medio ambiente. Abogamos por el bienestar de la humanidad misma.

Nosotros no somos el virus. Somos mucho más valiosos que eso, y llegó el momento de demostrarlo.

Referencias

1. Taylor, Paul D. Extinctions in the History of Life. Londres: Cambridge University Press, 2004.
2. Weart, Spencer R. The Discovery of Global Warming. Londres: Harvard University Press, 2004.
3. Wignall, A. Hallam & P.B. Mass Extinctions and Their Aftermath. Nueva York: Oxford University Press, 1997.
4. Evans, Malcolm D. Whitehead and Philosophy of Education: The Seamless Coat of Learning. Amsterdam : Rodopi, 1998.

* Integrante de Fridays For Future Costa Rica