Habíamos olvidado el sabor del abrazo, el gusto que destila una reunión de amigos, la tibieza de encontrarnos a la entrada del cine, sentarnos en la sala frente a voces traviesas o mirar los transeúntes un sábado en la noche mientras desordenamos el mundo en algún bar.
Habíamos olvidado la historia del olvido en la que el beso se nubla, el tacto se enmudece, las caricias se apagan y la avidez del sexo se torna inconcebible.
Habíamos olvidado que el amor se nos borra, los gestos se avinagran, el deseo se atrofia, la amistad se destiñe y los «te quiero» se enmohecen si no los sacas al sol.
Por Guillermo Acuña González Sociólogo y escritor 16 de marzo 2020
Doña Mercedes es una mujer pequeña, que trenza su pelo blanco
hasta convertirlo en una especie de ritual milenario. Viajamos juntos en un bus
internacional. Me cuenta tantas cosas, como si se hubiera enterado de mi
interés siempre presente por las biografías relacionadas con las movilidades
humanas, sus impactos, sus consecuencias.
Hablamos de políticas de población, por ejemplo. “tuve doce hijos
y usted no sabe cómo cuesta sacarlos adelante”. De esos doce hijos, dos viven
en Costa Rica. El varón, al que visitó en estos días, vive en Jacó. “construye
casas”, me dice. De su hija mujer solo me cuenta que tuvo cuatro hijos y que no
se acuerda donde vive. Es originaria de Palacagüina, la de la canción. “Ahí
nació Cristo, el de los pobres”, me dije. Unos kilómetros antes de llegar, al
pasar por Sébaco, me comparte su recuerdo acerca de uno de sus hijos que fue
enviado por un Banco a salvar al pequeño productor, ahogado en deudas.
Me pregunto sobre si es ahora, en un contexto de precariedad
económica y social, pero no, me confirma que fue hace muchos años. En realidad
la región tiene ya muchos años de experimentar estos desequilibrios sociales e
institucionales y ahora, le toca enfrentar, desde sus especificidades, los
efectos de una realidad sanitaria global que en el reloj de la muerte ya lleva
avanzadas horas de contar víctimas. Retomamos la conversación poblacional:
“ahora la mujer no quiere tener hijos”, me resume así su pensamiento sobre esas
políticas de población no escritas, pero que la fuerza del empuje de las
reivindicaciones y los derechos de la mujer, ha transformado en realidades
latentes que se esparcen por toda la región, como reconocimientos conquistados
y en proceso de consolidación.
Prontos a llegar al lugar donde el Autobús se detendrá para que doña Mercedes baje, 50 kilómetros antes del puesto fronterizo Las Manos, entre Honduras y Nicaragua, me pregunta y le contesto: “a Honduras, a un encuentro regional de poesía y a hablar sobre la gente como su hijo, el que vive en Costa Rica”. Nos decimos adiós desde lo habitual, como si siempre hubiéramos compartido viaje, como si siempre nos hubiéramos visto. Ahora, con el pasar de los días, pienso en su menudencia, preparada para todas las inclemencias posibles, incluso las que dictan los designios de una calamidad global que empieza a expandir sus tentáculos haciéndose más fuerte, mostrando la debilidad humana, pero sobre todo la debilidad de un sistema económico que, basado en la extracción y la competencia desigual, pareciera haber iniciado un largo periodo de reseteo.
Los regímenes de movilidad son espacios en los que las fronteras
internacionales adquieren un carácter especial. Pienso en esa noción mientras
camino con mi pasaporte en las inmediaciones de una polvorienta estación migratoria
de paso entre Nicaragua y Honduras llamada Las Manos. Como en otras zonas de
paso, a ambos países los divide una aguja que es levantada insistentemente por
funcionarios migratorios en medio de una dinámica compleja, desordenada, que
interviene en eso que Stefanie Kron (2011) denomina la tensión entre los
movimientos migratorios y los intentos para “sujetarlos, conducirlos,
gobernarlos. Son regímenes migratorios en los que las fronteras adquieren un
carácter especial: son a la vez regímenes fronterizos.
Cruzar en estos días los regímenes fronterizos como Las Manos, o
Peñas Blancas entre Costa Rica y Nicaragua, es tensionar constantemente las
narrativas entre el control global, la restricción de la movilidad impuesta por
las circunstancias y lo que realmente ocurre en esos territorios de interrupción
y continuidad que se producen en las divisiones sociopolíticas
centroamericanas.
De regreso a Costa Rica, luego de comprobar que la palabra puede
abrirle orificios enormes al dolor y la desigualdad a un país como Honduras,
nos detenemos en Las Manos. Paradójicamente recuerdo a Kilapayún y su solicitud
de unir todas las manos negras y blancas para construir una muralla. Es una
mañana fría y con más polvo que de costumbre. Nos dirigen hacia una estación sanitaria
improvisada (un gran toldo y varios funcionarios protegidos de nuestros
cuerpos) adonde seremos testeados, revisados en nuestra biografía de los
últimos 14 días y orientados a dirigirnos a un centro médico si presentamos los
síntomas ya referidos en los medios de comunicación y en redes sociales.
Es una especie de sitio centinela, que la epidemiología contemporánea define como lugares de vigilancia al paso de grupos humanos para analizar su comportamiento. Ahí estoy yo y varias personas centroamericanas más. Luego mi observación sobre los espacios de porosidad, la movilidad latente, las narrativas de construcción de muros que son derribados por estas lógicas mediante las cuales las personas esquivan, responden, cruzan. Los personajes de frontera, la transacción formal e informal permanente, la urgencia por cruzar. Observo tres mujeres con sentido Nicaragua-Honduras dirigirse a hacer sus diligencias migratorias. Pienso en las desigualdades, las violencias, el acceso. Las veo marcharse entre la espesura de vehículos de gran tracción estacionados como grandes dinosaurios en medio de la nada. La vida sigue, pero ayer mismo esa frontera fue cerrada. Las manos se convirtieron en puño, hasta nuevo aviso.
En el camino de regreso, termino de leer el trabajo de Óscar Martínez sobre las movilidades humanas centroamericanas de hace diez años. Busco en redes sociales avances, novedades sobre la pandemia mientras vamos dejando atrás una apacible y rápida frontera entre Nicaragua y Costa Rica. Contrario a hace unos días, cuando fuimos encuestados por funcionarios del Gobierno de Nicaragua, el paso de regreso solo nos trajo preguntas sobre el cambio de córdobas a pesos, las ventas de comida y artesanías, en medio de un calor sofocante de las tres de la tarde.
La relación entre pandemias y movilidades humanas no es nueva. La
historia está llena de imágenes y metáforas sobre las malas noticias de las que
son portadoras las corporalidades humanas a los ojos de los otros. Pienso en
eso mientras reflexiono haberme movilizado en estos contextos. Lo volvería a
hacer sin duda, como lo hice, extremando los cuidados, los míos y los de los
otros. Así transcurrieron algunos días en Tegucigalpa, de la que regresé lleno
de poesía, pero también de imágenes sobre su realidad, su contexto de
desigualdad, sus rasgos de un estado entregado a los vicios de los poderes
fácticos, la porosidad de la frontera y esos contextos de discriminación y
racialización, al ver un inmigrante, posiblemente haitiano, ayudar a acomodar
los equipajes en el autobús luego de la inspección de rigor por parte de las
autoridades migratorias costarricenses. Sus facciones y su requerimiento en
francés para pedir campo y cumplir con su trabajo informal, me recuerdan todas
las metáforas posibles en las que los costarricenses hemos construido al otro
en los últimos años.
Busco
información actualizada. Y da la casualidad que Oscar Martínez, el de las crónicas
sobre los migrantes de hace diez años, también colabora para el diario Español
“El país”, en el que escribió el viernes 13 de marzo, estas líneas:
“en esta pandemia se recomienda no viajar, mucho menos desde países que tengan casos de coronavirus, como México o Estados Unidos. Eso sí, si usted es migrante centroamericano olvide lo que hemos dicho.Se recomienda también lavarse las manos varias veces, con detenimiento y detalle. Pero en estos países un gran porcentaje de la población no recibe agua potable. Miles de esas personas pagan el servicio, pero la falta de planificación urbana que permitió la construcción de colonias obreras encaramadas en cerros, los sistemas de tuberías viejos y dañados y el acaparamiento han llevado a que esa gente no tenga más que un pequeño hilo de agua una hora o dos por las madrugadas. Otros, nada. Si en estos países uno vive en las zonas pudientes y tiene una cisterna que chupe agua para acumular en las horas que el servicio llega, puede lavarse las manos tal como indican los manuales. Si uno vive en las comunidades y cantones centroamericanos y el agua que acarrea del pozo es a base de sudor y músculo, quizá no vaya a cumplir a rajatabla las instrucciones de la Organización Mundial de la Salud. Saludarse con el codo, dicen. Mejor aún, de lejitos, si es posible. En Honduras, por ejemplo, una de cada cinco personas vive en pobreza extrema en zonas rurales. O sea, con menos de $1.90 al día. Esa gente, muchos de ellos vendedores informales de lo que cosechan, viajará en autobús al pueblito más cercano, tomado de la barandilla más a la mano, sin alcohol-gel por ninguna parte, que cuesta unos centavos el botecito, se refundirá en algún mercado e intentará vender de puesto en puesto lo que cultivó. Esa gente dará la mano a quien deba darla para cerrar un trato y extenderá la palma para recibir monedas cuando se las ofrezcan a cambio, porque si no lo hace no será el coronavirus el que lo matará, sino el hambre. Esa misma gente, no se preocupen, no acaparará nada en ningún supermercado. El coronavirus ya llegó a esta región, plagada de calamidades. Ahora, hará lo suyo. Porque lo otro, lo de construir sociedades con un abismo profundo entre unas clases y los de abajo, ya está hecho desde hace décadas” (Oscar Martinez. “Ser pobre en una región que espera el coronavirus”. Recuperado el 16 de marzo dehttps://elpais.com/internacional/2020-03-14/ser-pobre-en-la-region-que-espera-el-coronavirus.html)
Cada país de la región ha enfrentado a su manera el desafío. Ha acudido a las narrativas del poder, de la imposición, de la construcción de comunidad bajo el lema “juntos saldremos adelante”. Pienso en Doña Mercedes, en ese migrante haitiano en la frontera, en las movilidades humanas que continúan despachando esos países. Pienso en las décadas de discurso orientado a la individualidad y la competitividad, la exclusión, la desigualdad y luego vuelvo a pensar en las fronteras, en las movilidades humanas como recurso para la sobrevivencia. Pienso en todo eso mientras abro la puerta de mi casa, a asistir como ritual, a varios días de cuido y reflexión sobre la región que somos. En cómo haremos para pensarnos como comunidad, en como abrirle a las manos, los puños y volver a estrecharlas en un régimen ya no de separación, sino de alegría y construcción colectiva.
En realidad debemos de adquirir conocimiento
para elegir el bien, pero ningún conocimiento nos ayudará si hemos perdido la capacidad
de conmovernos con la desgracia de otro ser humano, con la mirada amistosa de
otra persona, con el canto de un pájaro, con el verdor del césped. Si el hombre
se hace indiferente a la vida no hay ninguna esperanza de que pueda elegir el
bien. Eric Fromm
Álvaro Vega Sánchez. Sociólogo
La pandemia del coronavirus, al
igual que las catástrofes producidas por la crisis climática, ha puesto en
evidencia, una vez más, la vulnerabilidad y fragilidad de nuestra “aldea
global”.
Esta pequeña aldea ha sido impactada
por un virus cuya onda expansiva es de alcance global, y, por lo contagioso, su
crecimiento es exponencial si no se toman las medidas adecuadas de prevención,
contención y curación. Los virus son globales, no tienen nacionalidad aún y
cuando su origen sea local. Este llamado de atención de los epidemiólogos es
fundamental para contener el avance de los impulsos xenófobos y racistas
discriminatorios, así como para contribuir a transitar de la conciencia
planetaria a la convivencia planetaria.
Para acometer estos desafíos
globales, tenemos que enfrentar un virus mayor: el síndrome de Faraón, es
decir, la arrogancia de resistirnos a nuestra vulnerabilidad, sintiéndonos
dioses, por más plagas que nos azoten. De manera irresponsable y prepotente, la
tripulación de esta pequeña nave planetaria, especialmente las élites
geopolíticas y económicas dominantes, nos están conduciendo a un viaje sin
retorno.
La realidad nos está forzando a intensificar
los esfuerzos contraculturales para proyectar otro modelo de globalización,
cimentado, al menos, en dos pilares fundamentales: una ética de la economía
para la solidaridad y una convivencia humana que potencie la afectividad. Apostar
por nuevos enfoques socio-económicos que impulsen una economía solidaria, para
la reproducción de la vida digna. Asimismo, recuperar la importancia de las
emociones, sentimientos y afectos; saber administrarlos y potenciarlos para
construir una cultura de paz entre los pueblos y con la naturaleza biodiversa,
es decir, para una convivencia inclusiva bioecosistémica.
El psicólogo Yago Franco asocia la destrucción del afecto –“accidente afectivo”– a la concepción del tiempo predominante en el capitalismo: “…la aceleración ilimitada que del mismo hizo el ser humano (el antropos capitalista) se lo arrebató a sí mismo, con él su intimidad y con esto, su propia subjetividad. Si la verdad de un acontecimiento lo destruye (Paul Virilio) la inmediatez, la fuga acelerada hacia ningún lugar que ocurre por el ansia de consumo (de objetos, información, placeres, diversión, vínculos, etc.) y también por la angustia de adquirir o mantener un lugar en la sociedad, tienen como consecuencia dañar la subjetividad humana, de la mano del empobrecimiento del mundo representacional y afectivo” (http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num3/clinica-franco-destruccion-afecto). Por su parte, José Mujica, expresidente uruguayo, nos invita a reconquistar el tiempo que es el garante de nuestra libertad; y a no malgastarlo en el consumo superfluo, sacrificando la riqueza de la vida afectiva que nos hace felices (https://youtu.be/WOROWBXXXw10).
Efectivamente, dada la
prevalencia del homoconsumus la afectividad se ha visto
devaluada cualitativamente, y hoy tenemos que emprender su reconquista para
reconstruir el tejido socioemocional global. Se trata de impulsar una nueva
unidad de cultura donde se ejercite la afectividad y la gratuidad; donde el
compartir solidario, la equidad y la convivencia respetuosa entre los seres
humanos y armónica con la naturaleza sean los cimientos de una nueva humanidad.
En esta dirección, también
tenemos que prepararnos para saber administrar el avance de la inteligencia
artificial (IA), como advierte Yuval Noah Harari, en su reciente libro 21 leccionesparaelsigloXXI. Destaca este autor que se requiere prestar especial atención a
la investigación sobre la mente humana, para ejercer contrapeso, desde la
inteligencia emocional, a las amenazas que la IA pueda representar para la
libertad y la igualdad: “…de la misma manera que los algoritmos de macrodatos
podrían acabar con la libertad, podrían al mismo tiempo crear las sociedades
más desiguales que jamás hayan existido. Toda la riqueza y todo el poder
podrían estar concentrados en manos de una élite minúscula, mientras que la
mayoría de la gente sufriría no la explotación, sino algo mucho peor: la
irrelevancia” (página 95).
La dignidad y la relevancia de
los seres humanos, así como la salvaguarda de su casa común no es negociable.
Es el mensaje contundente que hay que enviar a los poderes fácticos globales
que pretenden sostener un modelo globalizador, ecológica y humanamente inviable
por lo depredador, insolidario e insensible; es decir, carente de una
afectividad que apueste por defender y promover el derecho a la vida digna del
ser humano y la naturaleza.
La pandemia del coronavirus ha vuelto a encender el semáforo para detenernos a repensar nuestro “ser en el cosmos”; especialmente para ejercitarnos para el bien como corporalidad sensible y diversa, corresponsables del destino de la humanidad y del planeta. Es decir, para propiciar un modelo de globalización alternativo, que asuma con decisión la promoción y defensa de los derechos humanos y de la naturaleza, así como que restituya el papel de los Estados Sociales de Derecho, para garantizar seguridad y bienestar social universales.
Para nuestro colectivo, Mujeres por Costa Rica, el control de las armas de fuego y las municiones en manos de la población civil constituye un tema ineludible en materia de derechos humanos. Considerando que:
Nuestro país ha liderado valiosas iniciativas a nivel internacional para controlar la transferencia y el tráfico ilícito de armas de fuego.
La proliferación de armas pequeñas y ligeras es un problema que demanda la atención de los gobiernos, debido a que constituye una gran amenaza para el desarrollo de nuestros países y una verdadera pandemia de gravísimas consecuencias para la salud pública.
Centroamérica tiene las más altas tasas de homicidios a nivel mundial, especialmente en los países del triángulo norte. En alguna medida, consecuencia de armas restantes de los conflictos armados del pasado y el tráfico de drogas. Según la ONU en el año 2018, en nuestro país, 69 de cada 100 homicidios fueron con armas de fuego. Desgraciadamente, los jóvenes, masculinos entre 17 y 25 años son las principales víctimas y victimarios de la violencia armada.
La venta de armas constituye un lucrativo negocio a nivel mundial. En esta parte del mundo, la mayor parte de las armas de fuego proceden de Estados Unidos, en donde la facilidad para adquirir sin ningún control armas y municiones posibilita el tráfico ilegal de armas de norte a sur, hacia los países de nuestra región.
La proliferación de armas de fuego en nuestro país también se debe al aumento del número de empresas privadas de seguridad; es imposible saber cuántas armas se han desviado de esas empresas hacia el mercado ilícito.
También resulta de gran importancia valorar los peligros que entraña la portación de armas aunque sean legalmente adquiridas, por lo que se debe discutir este asunto en profundidad. Esto va ligado a la necesidad de mejorar el acceso al sistema de justicia, para evitar la tentación de que la gente quiera hacerla con sus propias manos.
EN CONSECUENCIA Consideramos necesario reducir el tráfico lícito de armas de tres a una, porque su proliferación contribuye a generar mayores conflictos y violencia social, y a facilitar su desviación hada el tráfico ilícito y sin ningún control. Expresamos nuestra satisfacción porta discusión en el seno de la Asamblea Legislativa del proyecto de ley para reformar la Ley de Armas que actualmente rige en esa materia, y expresamos nuestro apoyo.
La Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) ordenó a Costa Rica garantizarles a las parejas del mismo sexo todos los derechos existentes en la legislación, incluido el derecho al matrimonio, sin discriminación alguna frente a las parejas heterosexuales. Fotografía de archivo, UCR.
En una sociedad democrática y pluralista, la convivencia armoniosa requiere de serios esfuerzos ciudadanos para respetar las diferencias entre los grupos y las personas que la integran, así como de un profundo reconocimiento de la diversidad de creencias, tradiciones y aspiraciones. Nuestra institucionalidad, como Estado de Derecho, es la base de esta convivencia y el marco que permite el disfrute de los Derechos Humanos.
En este contexto, la implementación de la reciente Opinión Consultiva OC-24/17, emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos el pasado 24 de noviembre, representará un esfuerzo individual y colectivo, consciente y deliberado, por asegurar la coexistencia de múltiples y diversos valores, formas de vida y creencias. Eso no sucederá en un vacío sociocultural, sino que se conjugará e interactuará con tradiciones ancestrales y principios que forman parte de nuestra común identidad histórica costarricense. Ese crisol es lo que nos permitirá fortalecer la convivencia democrática que nos ha caracterizado y distinguido como nación. Es imperativo consolidar el respeto de la diversidad de opiniones y creencias.
La consideración del derecho ajeno es siempre una vía de doble sentido, pues significa que todas las personas aceptemos con reciprocidad las particularidades de nuestras identidades y la naturaleza inviolable de la dignidad humana. Toda persona mantiene su derecho a disentir, sin menosprecio y con respeto, de las aspiraciones que le son reconocidas a otras personas. Convivir en la diferencia es sin duda una desafiante circunstancia, pero constituye a la vez una oportunidad para ensanchar el horizonte de la humanidad.
Instamos a todos los grupos sociales y todas las personas a asumir con plena conciencia el deber que implica el ejercicio responsable de la libertad, así como el decidido esfuerzo por identificar y apoyar la atención de las necesidades del bien común. Hoy más que nunca, nuestra patria demanda compromiso y cohesión de sus hijos e hijas alrededor de los valores democráticos del respeto, el reconocimiento y la paz.
Conversatorio: “Percepción de la población de convivencia y derechos humanos”
Este miércoles 8 de noviembre de 2017 se llevó a cabo el Conversatorio: “Percepción de la población de convivencia y derechos humanos”, actividad dirigida a estudiantes de secundaria, a quienes el Dr. Norman Solórzano Alfaro, Vicerrector de Docencia y Coordinador de la Comisión Institucional 2017: Año de la UNA, por la Vida, el Diálogo y la Paz, les ilustró sobre la necesidad de los jóvenes de promover un diálogo fructífero, una a mejor y mayor convivencia social, que permitan compartir y fortalecer los derechos humanos hacia prácticas que consoliden la paz para el bien común.
El Vicerrector Solórzano participó como mediador del Foro, además atendió las consultas de los niños y propició un ambiente muy cálido con los niños y el público presente, lo que permitió interactuar sobre los Derechos humanos para cada quién y para el país. Motivó a los niños a expresarse y conocer más sobre sus derechos y la sana convivencia con los demás y el ambiente. Aludió al mensaje que dejara el Dr. Humberto Maturana hace pocos meses que visitó nuestro país: “Amar educa. Si creamos un espacio que acoge, que escucha, en el cual decimos la verdad y contestamos las preguntas, nos damos tiempo para estar allí con el niño o niña, ese niño se transformará en una persona reflexiva, seria, responsable que va a escoger desde sí”.
En esta actividad académica realizada en el Centro Cultural Omar Dengo de Heredia, el Master José Andrés Díaz, investigador del IDESPO, compartió con los colegiales sobre la situación social que se vive en Costa Rica y su convivencia en distintos espacios, producto de una investigación realizada para valorar diversos espacios de convivencia social.
Al respecto, se expuso sobre lo hallado en el barrio y la comunidad, las calles y el espacio político.
ENCUESTA: El instrumento con el cual se analizó la visión de la población sobre los temas ya mencionados, fue una encuesta realizada por el Instituto de Estudios Sociales de la Población, con una muestra de 800 personas entre los meses de marzo de abril. Como mencionamos antes, esta tenía tres partes: la primera iba enfocada a la convivencia con otras personas, la segunda con el acoso callejero y la tercera en relación con el entorno político.
La primera parte arrojo resultados tales como: que las personas prefieren tener de vecinos a personas extranjeras y de diversidad sexual que a personas que consumen alguna sustancia adictiva o que estuvieron en algún momento en la cárcel. También, que al enfrentar un conflicto comunal las opciones más viables era la comunicación o ignorar a los vecinos para evitar caer en agresiones.
En la segunda parte de la encuesta, parte de los entrevistados reconocieron ser conscientes de la agresión sexual, que es mayor en mujeres que en hombre y que estaría de acuerdo con aprobar una ley nacional en contra del acoso y la violencia sexual. También, la población está de acuerdo con que la educación sexual es necesaria en los centros educativos.
Por último, en la tercera parte de la encuesta se halló que la población desea un gobierno que escuche las necesidades de la población, quizá si no logra subvencionarlas a tiempo no es tanto problema, pero que si sea consciente de que necesita la población nacional.
Esta encuesta será utilizada para el estudio académico y científico, para abrir brecha a la investigación y profundización de estas áreas y otras.
EXPOSICIÓN DE LA GALERÍA FOTOGRÁFICA
Dentro de las actividades programadas por la Comisión Institucional 2017: Año de la UNA por la Vida, el Diálogo y la Paz, se presentó una galería fotográfica contenido con imágenes y mensajes escritos de “líderes de los derechos humanos”.
La Master Idalia Alpízar, académica y creadora de la exposición nos comentó: “se está exponiendo a hombres y mujeres que han hecho un gran aporte en la historia de los Derechos Humanos, de los cuales muchos de ellos han tenido que donar sangre y algunas casos hasta dar su vida”.
Para los organizadores por medio de esta galería se está haciendo una demostración gráfica, para rescatar el aporte de personas que se han destacado en el camino de la construcción de una sociedad de paz y en pro de los Derechos Humanos: “Muchos desconocen la labor de los personajes destacados en la muestra, de ahí que con esta exposición esperamos que se conozca el aporte de estas personas en las que se incluyen costarricenses y a algunas mujeres que lastimosamente han sido invisibilidades en su momento”, acotó Alpízar.
HUMANIZADOS
Para culminar la actividad de apertura del “Encuentro”, hubo una representación artística de parte de grupo “Humanizados”, quiénes lucieron una variedad de bailes e interpretaciones. También, la Compañía de Cámara de Danza-UNA y la Escuela de Danza de la UNA interpretaron un fragmento de un sueño imposible de la autoraCarmen Werner.
Así concluyó este II encuentro por la “Vida, el Dialogo y la Paz, dirigido a niños, jóvenes y adultos. Del cuál los asistentes pudieron disfrutar y aprender en un ambiente de intercambios y conversaciones: “Los niños, niñas y jóvenes de nuestros países y territorios se van a transformar con nosotros, con los mayores, con los que conviven, según sea esa convivencia”, concluyo el Dr. Norman Solórzano Alfaro, Vicerrector de Docencia.
Por:
Efraín Cavallini Acuña. Rectoría
Dayanne Nájera Matarrita. Estudiante RI-UNA
Diana Arias-Estudiantes Enseñanza de las Ciencias
Enviado por MSc. Efraín Cavallini Acuña, Asesor Comunicación, Rectoría UNA.
Este 10 de octubre a partir de la 1:00 pm tendremos una Convivencia Comunal. La idea es compartir, música, pintura, acroyoga, hula hula, suiza, en fin, todo lo que gusten, todas las edades, frente a la Cafetería, en la Cooperativa de Artesanas de Santa Elena y Monteverde, Casem, Monteverde Centro. ¡Llevar una merienda para compartir!
Compartido por Bertalía Rodríguez en redes digitales.
El reconocido biólogo y pedagogo Humberto Maturana y la orientadora familiar y epistemóloga Ximena Dávila dirigieron el conversatorio “Humanismo y Ciencia: importancia de la convivencia”, organizado por la Universidad Técnica Nacional (UTN), con la participación de la UNA, la UNED y el Colypro
El pasado miércoles 19 de julio, se llevó a cabo el conversatorio “Humanismo y Ciencia: importancia de la convivencia”, dirigido por el biólogo y pedagogo Humberto Maturana y la orientadora familiar y epistemóloga Ximena Dávila, como parte del Encuentro Humanístico, organizado por la Universidad Técnica Nacional (UTN), con la participación de la Universidad Nacional (UNA), la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y el Colegio de Licenciados y Profesores (Colypro).
Humberto Maturana inició el conversatorio enfatizando en que los seres humanos existimos como seres individuales; sin embargo, se necesita del entendimiento y convivencia con los demás.
Destacó que la relación con Ximena Dávila se da con la creación de la Escuela Matriztica, que se constituye en un laboratorio humano para acompañar a las personas en las comunidades humanas y las organizaciones en sus procesos de transformación e integración cultural.
Los conferencistas afirmaron que hemos sido condicionados a una sola manera de concebir el mundo y de relacionarlos, por lo que instaron a soltar la incertidumbre e ir formando la identidad desde una reflexión más holística.
De acuerdo con los conferencistas, es necesario poner una mirada reflexiva a todas nuestras relaciones humanas porque tratamos al “otro” como depositario de nuestro conocimiento, de nuestras verdades, creyendo que hay una realidad única.
Por ello, insistieron en que es válido preguntarnos constantemente sobre lo que hacemos, sin importar desde que ámbito lo hagamos, -ya sea filosófico, científico, político- pues todo es parte del humanismo. Los expositores resaltaron la importancia de la convivencia, la cual radica en escuchar al “otro”, sin que exista un afán de imponer razones.
Por otra parte, expresaron que la ciencia se puede considerar algo muy extraordinario en el que existe un modo de convivir, que parte de la distinción de la experiencia a explicar, la proposición de un proceso generativo, la deducción a partir de lo propuesto, pasando a la deducción y, en consecuencia, a una explicación científica.
Agregaron que en la vida cotidiana se concibe una cultura que funcione como una red de conversaciones donde se entrelazan las relaciones, emociones, sentires, el lenguaje y nos vamos transformando juntos; siempre y cuando estemos dispuestos a cambiar de opinión y/o llegar a un acuerdos para conservar el vivir.
Por último, Humberto hizo referencia a la importancia de tener un propósito, de coexistir, convivir, escucharnos y escuchar a los demás.
El rector de la UTN, Marcelo Prieto; el rector de la UNA, Alberto Salom, y la rectora adjunta, Luz Emilia Flores, agradecieron a los conferencistas el compartir con los universitarios sus propuestas humanistas.
Unidad de Comunicación, Vicerrectoría de Acción Social, UCR
Jóvenes disfrutando de juegos de mesa. Fotografía cortesía del TCU 547.
Baile, música urbana, arte, juegos y deportes cautivan la atención de jóvenes del Centro de Formación Juvenil Zurquí (CFJZ) y del Centro Especializado Adulto Joven, en las actividades culturales y recreativas que periódicamente organiza el proyecto de Trabajo Comunal Universitario (TCU) Apoyo a la población penal juvenil (TC-547) de la Escuela de Psicología de la Universidad de Costa Rica (UCR).
Desde el 2011 se realizan ferias y peñas culturales en los centros penales juveniles, abriendo así un espacio lúdico y de intercambio de habilidades y saberes entre artistas, estudiantes de la UCR y personas privadas de libertad.
“La realización de este tipo de actividades y el éxito de las mismas permite visibilizar la pertinencia de trabajar y crear propuestas de la mano con esta población. Mediante el juego, el deporte y el arte es posible gestar otras formas de vinculación que favorecen el encuentro con los y las otras y esto último, dignifica”, afirmó María José Masís, responsable del proyecto de TCU.
El Festival Urbano Moviliz-Arte es un ejemplo de estas actividades, en el último realizado el pasado 21 de octubre, se realizaron partidos de fútbol, espectáculo de telas por Jessica Monge; y presentación de grupos de hip hop y rap como: GB Real, Fakir, Forest Crew y Hip Hop al barrio. Miriam Calderón, profesora de artes del CFJZ, colaboró en el proceso de diseño y desarrollo de la actividad.
Estudiantes de derecho, psicología, sociología y trabajo social del TCU 547 y artistas en el Centro Especializado Adulto Joven. Fotografía cortesía del TCU 547.
Además, hubo parkour guiado por Sebastián Fernández, quien explicó que la filosofía de esta disciplina “consiste en desplazarse de un lado a otro de la manera más eficiente, considerando que algunos obstáculos pueden ser superados”. La población penitenciaria tuvo la oportunidad de compartir con estos artistas e inclusive, se unieron a improvisar rap y bailar break dance.
La participación activa de los jóvenes privados de libertad en la organización de las actividades impulsa la sana convivencia en los centros penitenciarios basada en el respeto, la escucha, el compromiso y el disfrute.
Por su parte, en el Centro Especializado Adulto Joven se realizó una feria en la que cerca de 130 personas privadas de libertad disfrutaron de arte, deporte, juegos tradicionales y de mesa, el pasado 10 de febrero. La actividad organizada de forma conjunta la UCR y el centro penal, abordó temas ligados a la convivencia y la generación de acuerdos, que garantizaran el máximo aprovechamiento del espacio.
La feria contó con la colaboración de la Iniciativa Estudiantil (IE) Jóvenes transformando: arte y reflexión en el contexto carcelario; del artista plástico Pedro Arce Vega, quien retrató a los jóvenes, les ayudó a pintar y a hacer monotipia; del grafitero Jeancarlos Sequeira, quién les invitó a plasmar en mantas su arte con spray y el Dj Sawin se encargó de amenizar el evento.
Además, se realizaron presentaciones espontáneas por D’Pinta y Konceptualez, quienes a través del arte urbano invitan a reflexionar sobre la realidad social y a continuar luchando. Con canciones propias e improvisando letras de rap, hicieron lazo con los jóvenes del centro, quienes se animaron a compartir su talento con los artistas e inclusive, uno de los jóvenes cantó sobre su experiencia de privación de libertad.
Estas actividades culturales y recreativas en los centros penitenciarios no solo permiten el disfrute y entretenimiento, sino que estudiantes, artistas y población privada de libertad puede compartir e intercambiar ideas alrededor de un tema que promueva la reflexión en aras de fomentar prácticas de solidaridad, cooperación y respeto en prisión.
María Encarnación Peña Bonilla, Periodista Oficina de Divulgación e Información
Karol Ríos, Comunicadora Facultad de Educación
Las personas participantes en el curso dejarán de lado la corriente del control para fomentar y fortalecer la criticidad de los alumnos, por ende mejorar su calidad de vida (foto archivo Facultad de Educación).
El proyecto Manejo de la Disciplina para el logro de la Convivencia Escolar, de la Facultad de Educación de la UCR, nació hace más de 15 años tras un proceso de investigación multidisciplinaria que detectó la necesidad de abordar este tema en las aulas costarricenses.
Este proyecto, se traduce en cursos que logran visibilizar la práctica del docente y su influencia en la disciplina y la convivencia escolar. Analiza el aprovechamiento del tiempo y las prácticas interiorizadas en las dinámicas de aula, para que los y las docentes sean promotores de convivencia y no incentiven (inconscientemente) dinámicas que puedan desembocar en comportamientos inadecuados.
Actualmente ofrece tres modalidades: curso presencial, curso bimodal y la oferta totalmente virtual, que ha sido innovadora no solo por el tema, sino por ser la primera iniciativa de este tipo en la Facultad de Educación
A lo largo de los años, la iniciativa ha sido enriquecida por los propios participantes, cuyas inquietudes y experiencias han sido retomadas por el equipo del proyecto para incluirlas como ejemplos para fomentar la convivencia y el respeto en las aulas.
Para M.Sc. Osvaldo Murillo Aguilar, profesor a cargo, el curso destaca porque valora el papel del docente, su incidencia y también responsabilidad. Por medio del análisis de casos, observaciones en el aula, tareas, foros e intercambio de estrategias, soluciones y del trabajo colaborativo; los docentes participantes reflexionan sobre su propia realidad para concretar en acciones que incidan positivamente en el ambiente de aula.
El proyecto ha impactado a miles de docentes dentro y fuera del área metropolitana, abriendo espacios de interacción y manejo del tiempo con profesores y personas implicadas en ambientes educativos (foto archivo Facultad de Educación).
Dejar de lado un sistema que sanciona o castiga
A pesar de que el Ministerio de Educación Pública (MEP) cuenta con protocolos y propuestas en torno al tema de manejo de la disciplina, este proyecto de la UCR es una alternativa para el desarrollo de competencias, de formación profesional, que abordan de forma integral las diversas situaciones que puedan presentarse en el aula; reenfocando la visión hacia los estudiantes, para que en lugar de ser sancionados sean vistos como susceptibles de mejora, pensando siempre en el mejoramiento de su calidad de vida.
Por lo anterior, los cursos se enfocan en un abordaje integral que incluye a todos los actores del contexto educativo: docentes, padres de familia, orientadores, personal administrativo, instalaciones físicas y personal operativo de los centros educativos.
El curso ofrece tres ejes, uno enfocado en la prevención para reducir la frecuencia y la intensidad de los “problemas” de disciplina; otro eje se centra en el desarrollo de un plan de intervención, para que el docente sepa cómo actuar y qué hacer en determinadas situaciones; y un tercer eje trabaja en la corrección.
Este proyecto está inscrito en elInstituto de Investigación en Educación (INIE) y es dirigido por un equipo multidisciplinario integrado por una sicóloga, un orientador y una especialista en educación preescolar.