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Etiqueta: Cuba

Gracias Omar

Se conmemora en esta fecha, el 43 aniversario de la firma de los Tratados TORRIJOS-CARTER, en Washington, Estados Unidos. Como han transcurrido los años, desde esta fecha histórica para el pueblo panameño, en especial para los que participamos en las luchas que Torrijos denominó del «alpinismo generacional», por lograr materializar el sueño de vivir en una patria libre, soberana, independiente y sobre todo DIGNA.

Por el paso de los años y en particular, como consecuencia de la vergonzosa omisión (intencional, además), de no enseñar a nuestros jóvenes de los colegios secundarios, el desarrollo de nuestras relaciones con Estados Unidos, con toda seguridad, gran parte de nuestra población, desconoce qué ocurrió hace 43 años, lo que ha determinado lo que hemos sido, a partir del 1 de enero del año 2000, fecha en la que Panamá, asumió la administración y control soberano de la vía interoceánica y vio flamear nuestra enseña patria en todo el territorio nacional, sin la presencia de las tropas de ocupación y su humillante «Comando Sur», en el centro de nuestro país, en la llamada «Zonal del Canal», de la que sólo nos separaba la cerca de ciclón y alambre de púas, que TORRIJOS denominó «la quinta frontera».

Muchos recordamos esta fecha, henchidos de fervor patrio, por ser el inicio de un proceso de descolonización en nuestro pequeño país, cuyo pueblo y su juventud, regó con su sangre generosa, en capítulos e hitos históricos, en 1925, 1947 y el 9 de enero de 1964, por lograr la recuperación y el disfrute de nuestro principal recurso natural (la posición geográfica privilegiada en Nuestra América y el canal marítimo aquí construido, por esa razón), así como la desaparición definitiva del enclave colonial, con intereses hegemónicos militares. Algunos, que sin duda, los hubo y los hay, no desearon esta fecha. Probablemente, aún desean los viejos tiempos de la colonia.

OMAR TORRIJOS, a su regreso al país, el 16 de diciembre de 1969, definió claramente, el inicio de un proceso transformador, revolucionario, en los aspectos sociales, económicos, culturales, diplomáticos, soberanos y políticos en nuestro país. En ese proceso, que él denominó de «liberación nacional», planteó con valor que los «Tratados tres en uno», negociados en el gobierno de Marco Robles, con Estados Unidos, después de los gloriosos hechos de enero del 64, no servían, siquiera, para el inicio de una discusión ó negociación con el gobierno norteamericano. Menos aún, con el método de los procesos revisionistas de 1936 y 1955, de la Convención Ístmica de 1903 (el Tratado Hay-Buneau Varilla), que él (TORRIJOS), denominó «el tratado que ningún panameño firmó», que estaban diseñados para que «Panamá cediera siempre» ante el coloso imperial, negociando bilateralmente. Era lo clásico, unas migajas o limosnas económicas, como regalías, que consolaban o contentaban a la oligarquía criolla vendepatria.

TORRIJOS, planteó un cambio fundamental. Panamá, debía conseguir el apoyo solidario de los pueblos del mundo, para que hicieran suyos y defendieran la justa causa (no la de la sanguinaria invasión de 1989), de lograr concluir la presencia a perpetuidad del enclave colonial, inclusive, su presencia militar y en particular, el control del canal. Comprendiendo, «que el pez grande se come al chico», aplicando la ley del garrote ó de la zanahoria, siguiendo las orientaciones del Mariscal Josef Brozz Tito, del dr. Fidel Castro Ruz y otros líderes tercermundistas, nos incorporamos al Movimiento de Países No Alineados, logrando el apoyo de gran parte del mundo, para demandar la negociación de un tratado justo y digno para el pueblo panameño, siguiendo el espíritu y motivación de los mártires de enero del 64, de vivir en un pueblo SOBERANO, EN UN SOLO TERRITORIO, CON UNA SOLA BANDERA.

TORRIJOS, supo incorporar en esta lucha por lograr un nuevo tratado, a hombres de extraordinaria valía moral y política, entre otros, a Olof Palme, presidente de la Internacional Socialista, a Felipe González, a François Mitterrand, a Carlos Andrés Pérez, José Francisco Peña Gómez, Adolfo López Michelsen, John Wayne (amigo de Gabriel Lewis Galindo, quién lo convenció en ese apoyo), Michael Manley, Daniel Oduber, Gabriel García Márquez, Graham Green, Velazco Alvarado. Miguel de la Flor Valle, José López Portillo y muchos otros líderes de América latina y el mundo, que presionaron a Estados Unidos, para que aceptara negociar con nuestro país un nuevo tratado.

Hay que reconocer la coyuntura, históricamente única y favorable, de encontrarse al mando de la presidencia de Estados Unidos, un hombre justo y de principios éticos y morales, como Jimmy Carter, quien desafiando a las fuerzas más retrógradas del establishment de su país, convino en negociar los nuevos Tratados con Panamá, pese a las acusaciones de ‘traición», que le endilgaron y que le costó la reelección en el cargo, así como también, la de la gran mayoría de los senadores que aprobaron, por sólo dos votos por encima de las dos terceras partes, necesaria en el Senado de ese país para convertirse en un instrumento internacional válido, con efectos vinculantes. Hamilton Jordan, principal asesor político de Carter, y este mismo, reconocieron en sus memorias, que la negociación de los Tratados TORRIJOS- CARTER, fue la más difícil de las situaciones que debió enfrentar su administración, inclusive, por encima, de la crisis de los rehenes en Irán, en temas de política exterior.

Los Tratados TORRIJOS- CARTER, fueron sometidos a su aprobación o rechazo en un plebiscito popular en nuestro país. Los sectores más comprometidos con la presencia norteamericana en Panamá y que fueron históricamente obsecuentes a sus mandatos, imposiciones y amenazas, votaron por su rechazo. Inclusive, algunos sectores estudiantiles, identificados con la izquierda, aunque, por motivos diferentes que la primera, votaron en contra de la aprobación. Estos alegaban que esperar 23 años, del 1 de octubre de 1979, que empezaron a regir los Tratados, al 31de diciembre de 1999, era mucho tiempo, para ser dueños del canal. TORRIJOS, les contestó qué son 23 años, frente a la perpetuidad. Otros plantearon, que los Tratados, reconocían la legalidad de las bases militares extranjeras en el territorio nacional, pero quienes por años lucraron en sus beneficios comerciales y empresariales, nunca demandaron la ilegalidad de tales bases en el territorio nacional y, por cierto, muchos han obtenido más ganancia con el canal y las áreas adyacentes, en manos panameñas, que antes.

En esta fecha histórica, los panameños, a la vez de demostrar nuestro respeto y admiración por el l general Torrijos, por su valor, sus principios inclaudicables en no ceder ante los chantajes y amenazas de los sectores guerreristas y hegemónicos de Estados Unidos, que lo acusaron de comunista por su apoyo a las luchas de liberación de muchos pueblos en el mundo, en la época de la llamada «guerra fría», su amistad y reconocimiento por Cuba y el Dr. Fidel Castro Ruz, tenemos que reconocer la capacidad intelectual y política de Juan Antonio Tack, Rómulo Escobar Betancourt, Adolfo Ahumada, Edwin Fábrega, Carlos López Guevara, Jorge Enrique Illueca Sibauste, Aquilino Boyd, Fernando Manfredo, Gabriel Lewis Galindo, el ingeniero Stagg, Arístides Royo Sánchez, Miguel Moreno, Nicolás Ardito Barleta y muchos otros ilustres patriotas, inclusive, mujeres, que fungieron como asesores y ó negociadores de los Tratados TORRIJOS- CARTER, que aún, algunos egoístas de nuestro país, prefieren llamar los Tratados del Canal de Panamá, para no mencionar el nombre de OMAR TORRIJOS. Quienes así actúan, quedarán relegados al basurero de la historia, por su insignificancia y cobardía, no sólo intelectual, sino también por su enanismo moral, ético y humano.

Los Tratados TORRIJOS- CARTER, como lo dijo el general TORRIJOS, al firmarlos en Washington, el 7de septiembre, hace 43 años, no son los mejores tratados, ni los que todos los panameños, hubiésemos querido tener, pero son los Tratados posibles. A las futuras generaciones, les corresponde, luchar por lograr unos mejores.

Esa es una tarea pendiente. Así como hay que luchar, por lograr que en verdad, los beneficios que se derivan de un canal panameño, tengan el mayor uso colectivo posible, como lo planteó el propio general TORRIJOS, nuestro pueblo, tiene que continuar luchando, para no seguir bajo el paraguas defensivo del Pentágono de Estados Unidos, según sus propias palabras y continuar reafirmando, nuestro compromiso de ser un pueblo DIGNO, LIBRE Y SOBERANO.

Por cierto, a pesar de que el general TORRIJOS dijo que él no quería entrar a la historia, si no al Canal, este conductor valeroso, digno y de principios, entró a LA HISTORIA Y ENTRÓ AL CANAL.

7 de septiembre de 2020
La Habana, Cuba
Reynaldo E. Rivera E.
Embajador de Panamá

Solidaridad con Cuba

En estos aciagos momentos en que la humanidad vive la peor crisis en todos los campos, pero especialmente en materia de salud, provocada por la pandemia de coronavirus, elevamos nuestra voz exigiendo al gobierno de los Estados Unidos que levante el injusto bloqueo que mantiene en contra del hermano pueblo de Cuba, a pesar de la posición muchas veces manifiesta de la casi totalidad de los pueblos de la tierra.

Este bloqueo, que se mantiene únicamente por razones ideológicas por ya más de medio siglo, constituye hoy más que nunca una política criminal y genocida, que debe ser repudiada por todos los hombres y mujeres honestos del mundo, pues afecta el combate a la pandemia. Este bloqueo se ha exacerbado por la obtusa política del gobierno de Donald Trump, que viola las normas más elementales del derecho internacional y humanitario.

Cuba no sólo no representa ninguna amenaza para nadie, menos para una gran potencia como los Estados Unidos, sino que ha dado muestras, como lo ha hecho siempre su gobierno revolucionario, de solidaridad con todos los pueblos del mundo que se la han solicitado; esto lo ha hecho sin tomar en cuenta diferencias ideológicas o culturales ni distancias geográficas, sin cálculo político o económico ninguno.

Por eso, consideramos que, hoy más que nunca, el pueblo cubano merece la solidaridad de todos los hombres y mujeres honestos del mundo. Hoy todos los pueblos deben levantar la voz para expresar su solidaridad con ese hermano pueblo. Cuba se lo merece.

Para firmar: Solidaridad con Cuba

Arnoldo Mora Rodríguez, doctor en filosofía, catedrático universitario, ex ministro de Cultura y Deportes.
Xinia Rey Sánchez, Comité de Solidaridad con Cuba.
Gerardo Enrique Paniagua Rodríguez, agricultor.
Marianela Delgado Quesada, planificadora social y económica.
Juan Carlos Durán Castro, asistente de pacientes CCSS.
Rafael Barrantes Bonilla, Colectivo Comunicacional La Voz.
Gerardo Mora Burgos, filósofo, catedrático universitario, pensionado.
Leila Marcela Sánchez Cortés, promotora política.
Meibell Solera Fernández, educadora.
Gerardo Badilla Álvarez, químico farmacéutico, SINDEU.
Ana Tristán Sánchez, psicóloga.
Antonieta Fernández Quirós, abogada, jubilada.
Fabián Ulises Gómez Matarrita, artista.
Edgar Mora Guerrero, fotógrafo.
Luis Álvaro Mora Fallas, jubilado.
Suray Carrillo Guevara, abogada, ex diputada del Frente Amplio.
Vernor Arguedas Troyo, matemático, catedrático universitario, pensionado.
Gioconda Castro Reyes, militante del Frente Amplio, Guácimo.
Germán Chacón Araya, doctor en Estudios Latino Americanos.
Maggie Padgett Bernard, egresada de arquitectura (y retirada).
Rafael Rivas Ducca, consultor empresarial.
Fernando Camacho Arce, administrador pensionado.
Israel Guillén González, Fundación de Estudios Sociales Manuel Mora Valverde.
Elliana Zárate González, socióloga.
María Eugenia Román Mora, abogada, Asamblea Legislativa de Costa Rica.
Rafael Angel Monge Mena, administrador.
Marlene Méndez Vega, docente.
Roberto Salom Echeverría, sociólogo.
Carlos Luis Chacón Salas, luchador social, pensionado.
Sergio Erick Ardón, arquitecto, ex diputado, pensionado.
Jaime Lobo Segura, matemático, profesor UCR retirado.
José Gabriel Rivas Ducca, biólogo.
Jorge Hernández, docente.
Eduardo Gardela, militante del Frente Amplio, Desamparados.
Catalina Goldoni Ruíz, jubilada Universidad Nacional.
Álvaro Madrigal Arroyo, militante del Frente Amplio, Goicoechea.
Manuel Mora Salas, consultor en seguridad.
Ricardo Garrón-Figuls, agricultor, ex diputado, ex ministro de Agricultura.
Edgar Agustín Vargas Cubero, ingeniero agrónomo.
Patricia Carrillo Valverde, pensionada.
Rodolfo Ulloa Bonilla, sociólogo, asesor parlamentario del Frente Amplio.
Ruth Elena Sánchez Esquivel, estudiante, activista, militante del Frente Amplio.
Hannia Franceschi Barraza, trabajadora social.
Alejandro Chacón Porras, docente de estudios sociales.
José María Villalta Flórez-Estrada, diputado de la República.
Alejandra María Ulloa Bonilla, profesora de primaria.
Eduardo Ureña Solano, programador de computadoras.
Jonathan Acuña Soto, economista.
Julian Godoy Echeverri, comunicador, asesor parlamentario del Frente Amplio.
Diana Madrigal Valerín, abogada, asesora parlamentaria del Frente Amplio.
Isaac Rojas, ecologista.
Elena Gutiérrez George Nascimento, coreógrafa, Danza UNA.
Federico Montero Mejía, médico.
Juan Gabriel Vargas Rojas, activista y militante del Frente Amplio.
Claudia Arroyo Borroni, abogada, asesora Asamblea Legislativa de Costa Rica.
Rodrigo Arias López, matemático, consultor.
William Vindas Parajeles, expresidente de Asociación de la Industria Gráfica Costarricense (Asoingraf) y empresario gráfico.
Mario Mora Badilla, estudiante.
Sergio Reuben Soto, sociólogo, pensionado.
Oscar Héctor Leiva Cerrato, consultor participación social.
Arianna Blanco Porras, estudiante.
Yadira Mora Alfaro, filóloga, educadora jubilada.
Bruno de Jesús Coto Barboza, militante del Partido Integración Nacional, Mora.
Pbro. José Francisco Soto, sacerdote, ex asesor de Educación Religiosa del MEP en Alajuela, licenciado en Ciencias de la Religión, Escuela Ecuménica de la UNA.
David Contreras Mora, informático.
Carlos Manuel Vega Bolaños, ingeniero agrónomo, dirigente sindical en el Banco Popular.
Antonio Chaves, pensionado.
Alvaro Portillo, estudiante.
Shirley Medina Arana, pensionada, integrante del Frente Amplio.
Orlando Cubillo Jiménez, ingeniero agrónomo, pensionado.
Alejandro Delgadillo Solano, profesor y abogado.
Marvin Calvo Montoya, biólogo.
Javier Solís Herrera, periodista, ex diputado, ex embajador.
Oscar Vargas Vargas, consultor.
Francisco Enriquez Solano, doctor en historia, catedrático universitario.
Fabio Villalobos, médico pensionado.
Yamilette Fontana Coto, socióloga, jubilada.
Sebastián Vaquerano López, editor, ex embajador de El Salvador en Costa Rica.
Silvia Regina de Lima Silva, teóloga.
Jaime Prieto Valladares, teólogo.
Rafael Cuevas Molina, filósofo e historiador UNA.
Vladimir de la Cruz de Lemos, historiador, catedrático universitario.
María Magdalena Cano Valle, profesora de español, Partido Vanguardia Popular.
Macarena Barahona Riega, catedrática universitaria, politóloga y poeta.
Patricia Salgado Muñoz, antropóloga, jubilada.
María del Carmen Villalobos Chacón, trabajadora social.
Guillermo Morales Montoya, abogado y jubilado judicial.
Emma Ortega Ponce, ingeniera agrónoma.
Rodrigo Quesada Solís, ingeniero pensionado.
José Gerardo Riba Bazo, abogado y notario público, pensionado.
Miguel Angel Zúñiga Chávez, jubilado.
Mary Nieves Barahona Riera, actriz, directora y facilitadora.
Carlos Manuel Ortega Elizondo, médico CCSS, pensionado.
Percy Marín Méndez, pensionado.
Arcadio Zúñiga Noguera, máster en finanzas, pensionado.
Francisca Raventós Vorst, socióloga.
Mayela Araya Montero, docente de educación especial, jubilada.
Andrea Cordero Vargas, integrante de la JVC, trabajadora de la CCSS, estudiante de bibliotecología.
Abner Barrera Rivera, académico de la Universidad Nacional.
Esteban J. Beltrán Ulate, profesor universitario, militante del Frente Amplio.
Mónica Perea Anda, docente e investigadora de la Universidad de Costa Rica.
Fidel Barrera Romero, estudiante.
Alvaro López Baez, abogado litigante.
José Pablo Garro Arce, estudiante universitario y militante de la Juventud Vanguardista Costarricense.
José Fabio Gámez Fernández, estudiante de la Universidad Nacional.
Humberto García Loría, estudiante.
Rodrigo Zárate Solano, estudiante.
Roy González Cascante, estudiante UCR.
Lorena Coghi Robleto, militante de JVC y estudiante de la UCR.
Jorge Morales Piedra, activista, militante del Frente Amplio.
José Amesty Rivera, teólogo.
Alberto Quesada Pacheco, médico general.
Peter Tonkin, profesor.
Kiany Chavarría Oreamuno, socióloga.
Paulo Barrera Rivera, profesor e investigador universitario.
Oscar Barrantes Rodríguez, historiador y geógrafo, Círculo Bolivariano Yamileth López
Xochilt Esther Zambrana Areas, geóloga, docente UNAN.
Ana María Vega Torres, estudiante universitaria.
María José Monterroso Solís, gestora de los recursos naturales.
Rosa Irene Guevara Cantón, secretaria pensionada.
Brandon Roa, poeta costarricense.
Héctor Vega Torres, educador popular.
Ana Victoria Arce Solís, terapeuta del lenguaje.
Lenin Eugenio Jarquín Salazar, empresario.
Vlademir Lucio Ramos, profesor.
Ulises Araya Chaves, regidor Municipalidad de Belén.
Sonia Solís Umaña, antropóloga social, pensionada.
Fonlana Cheung, profesora.
Jorge Arturo Lobo Segura, biólogo, profesor universitario.
Gilberto Calvo Zúñiga, abogado y notario.
Nidia Fonseca Rivera, docente.
Mariana Carmona, trabajadora social, militante Juventud Vanguardista Costarricense.
Jorge Arguedas Mora, ex diputado, dirigente sindical ICE.
Ismael Salas Cortés, artista artesano.
Ileana Quesada Carballo, maestra pensionada.
Paula Quesada Soto, médica CCSS.
Candida Hayde Blanco Fitoria, Vanguardia Popular.
Ana Luisa Cerdas Albertazzi, historiadora, funcionaria pública pensionada.
Byron Renato Barillas Girón, sociólogo, profesor de la UNED.
Sonia Ulate Fallas, orientador MEP, lider sindical APSE.
Oscar Daniel Espinoza Ramos, artista independiente.
Gabriela Soledad Guerreros, ministra religiosa, pastora evangélica pentecostal.
Hazel Rodríguez Araya, estudiante.
Guillermo Gutiérrez Durán, ingeniero agrónomo, pensionado.
Juan Muñoz Carrión, funcionario jubilado.
Dayana Ureñ Solís, docente.
Cristhian Alvarado Segura, médico dermatólogo ELAM.
Tomás Echavarría Vela, profesor pensionado, ex asesor educación de adultos MEP.
Xinia Villalobos Zúñiga, trabajadora social.
Cecilia Rojas Orellana, psicóloga.
Marcelo Valverde Morales, investigador UNA.
Ericka Henchoz Castro, periodista y gestora en cultura.
Hálder Paniagua Navarro, pensionado.
María Laura Sánchez Rojas, sindicalista y socióloga.
Berta Rodríguez Buitrago, trabajadora de servicios domésticos.
Josefa Rodríguez Buitrago, trabajadora de servicios domésticos.
Marcos Chinchilla Montes, docente Universidad de Costa Rica.
Isabel Sánchez Rojas, filóloga jubilada.
Jorge Alfaro Loría, agricultor.
Aura Isabel Salas Vargas, jubilada.
Sary Montero, trabajadora social, jubilada.
Juan Ramón Elvir Salgado, ingeniero agrónomo, pensionado.
José Alfredo Pineda Dubón, ex decano de la Sede Región Brunca de la Universidad Nacional de Costa Rica, pensionado.
Jeffy Castro Bermúdez, informático.
Carlina Molina Vizcaíno, estudiante de medicina veterinaria, técnica laboratorio, Universidad Nacional.
Ana Monge Pereira, profesora jubilada Universidad de Costa Rica.
Manuel Monestel, cantautor, sociólogo.
Mario Cabrera Burgos, promotor voluntario de Salud sin Paredes.
Mariette Uitdewilligen, relaciones internacionales y defensora de derechos humanos.
Aurelia Trejos París, artista, militante del Partido Acción Ciudadana.
Carmen Cecilia Naranjo Castillo, ama de casa.
Jeannette Chiny Naranjo, docente jubilada.
Dionisio Cabal Antillón, cantautor.
Marcelino Ureña Alvarado, agricultor.
Manuel Antonio Ledezma Cordero, habitante de esta Tierra.
Carlos Manuel Campos Méndez, diseñador y redactor.
Célimo Guido Cruz, ex diputado.
Martín Rodriguez Espinoza, Partido Vanguardia Popular.
Pacífico Rebolledo Franco, sociólogo, doctor en ciencias de la educación, jubilado, pensionado del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales.

Para firmar: Solidaridad con Cuba

Historia de un bloqueo

“La ignorancia mata a los pueblos, y es preciso matar a la ignorancia. Pueblo que se somete, perece”. José Martí

Trino Barrantes Araya*

La potencia imperialista norteamericana, inició oficialmente el Bloqueo contra Cuba, el 27 de agosto de 1959, es a partir de esa fecha en la que el gobierno norteamericano, establece, por primera vez, los mecanismos coercitivos contra la República de Cuba.

Así las cosas, 30 días después del triunfo de la Revolución Cubana, inicia el bloqueo a través de los mecanismos que históricamente se harán presentes en estas 6 largas décadas, de la Revolución Socialista Cubana.

Es claro que el pretexto para esta brutal medida, tiene su anclaje en la derrota contra la dictadura de Fulgencio Batista, La caída de este dictador, abrió, entonces, un abanico de hostilidades que se extiende ya, por cerca de sesenta y un años.

Desde el 27 de agosto de 1959, el bloqueo económico, ha estado presente por medio de una guerra mediática sostenida; como prácticas comerciales y políticas desleales, campañas de desinformación deshumanizadas, sabotajes, inoculación de enfermedades contra la agricultura y el pueblo, son parte del currículo vitae de las diferentes magistraturas de los gobiernos de Estados Unidos contra Cuba.

Pese a todo, los Estados Unidos de América-USA, no ha logrado detener el proceso socialista y los grandes avances culturales, educativos, científicos, en salud y económicos que ha alcanzado Cuba, por el contrario, como lo señala prístinamente, en uno de sus artículos, Manuel Yepe, cuando menciona lo siguiente:

“…la persistencia del bloqueo contra Cuba ha contribuido, al igual que su política de amenazas y agresiones abiertas y encubiertas, a la promoción de una política de unidad popular de los cubanos que ha servido para estimular el apoyo entusiasta de la población al proyecto político (Manuel Yepe, Septiembre 14 de 2017)”.

De manera muy sencilla, pero pese a todo esto, los Estados Unidos no ha logrado detener el proceso socialista y los grandes avances de la revolución social cubana.

De manera muy sencilla, la historia señala que EL BLOQUEO estadounidense contra Cuba, tiene como acuerdo inicial, eliminar la cuota azucarera negociada entre ambos países.

Pero seguidamente, las medidas económicas y políticas trascendieron y llegaron a constituirse en una política férrea e impositiva, que se pueden enumerar sucintamente de la siguiente manera:

1.- A inicios de la revolución, en 1959, la American Foreign Power (Electric Bond and Share) cancela un financiamiento por la suma de $15.000.000 (15 millones de dólares). Esto en respuesta a la medida revolucionaria de rebajar las tarifas eléctricas cerca de un 30%.

2.- El 17 de octubre de 1959, la Casa Blanca se opone al acuerdo militar suscrito entre Inglaterra y Cuba, el cuál invalida el suministro de aeronaves y repuestos.

3.- Un año después, en marzo de 1960, EE.UU. suspende la venta de helicópteros a Cuba y restringe el cabotaje de embarcaciones norteamericanas a puertos cubanos.

4.- Ese mismo año, en junio, las transnacionales del petróleo TEXACO, ESSO y SHELL suspenden el suministro de petróleo al proceso revolucionario.

5.- En 1960, a un año del triunfo, se afirma el recorte absoluto de la cuota azucarera fijada entre ambos gobiernos. Pero además se restringen las ventas de muchos productos de Estados Unidos hacia Cuba.

6.- El 14 de mayo de 1964, el cinismo y lo más obsceno de este bloqueo se va a manifestar mediante el cierre comercial de medicinas y alimentos para el gobierno cubano y su pueblo. Pero el macabro mapa de datos de este bloqueo va más allá, no solamente se expresa en esas medidas concretas que hemos indicado.

Recordemos que el Departamento de Estado, la Agencia Central de Inteligencia-CIA y el Pentágono inician un cerco violento para aislar a Cuba del ajedrez internacional; primeramente, en 1961, con la expulsión de Cuba de la OEA y posteriormente mediante la aplicación sostenida de las múltiples enmiendas.

“Solo en el quinquenio 1987-1991 en la administración estadounidense se presentan las siguientes enmiendas de ley dirigidas a estrechar cada vez más el cerco de la isla: Enmienda Pepper: limitar el acceso de los buques que arriban a cuba; Enmienda Mack: Prohibición a las firmas subsidiarias de compañías estadounidenses establecidas en terceros países, la realización de operaciones comerciales con Cuba; Enmienda Smith”.

Debemos aquí también apuntar, otras acciones directas como La Ley de Ajuste Cubano, que en lo concreto manifiesta que:

“La Ley de Ajuste Cubano fue creada por el Congreso de los Estados Unidos en 1966, para amparar legalmente a los supuestos refugiados políticos cubanos que llegaban. Como no existía (hasta 1980) una ley de asilo, no había un mecanismo legal que permitiera tramitarlo. El Congreso inventó la Ley de Ajuste con el propósito de facilitar la legalización de los cubanos que decían ser refugiados”.

La Ley de Ajuste Cubano, es complementada por las medidas que aprueba la Casa Blanca, incrementando en 10 millones de dólares su apoyo para darle sostenibilidad financiera a la migración ilícita de los cubanos y cubanas.

Vicky Huddleston, exjefa de la Sección de Intereses de los Estados Unidos en Cuba, en una clara posición coherente con la lógica imperialista manifestó en el New York Times, que la Ley de Ajuste se derogará, para poder, entre otras cosas:

“fomentar una migración segura y ordenada, además de salvar vidas /…/ Respecto a esa ley agrega la autora…Es una ley anacrónica. También es una ley dispareja, porque solamente les otorga residencia permanente a los cubanos. El resto de los indocumentados quedan fuera. Finalmente, es una ley que estimula la inmigración ilegal en los Estados Unidos”.

A partir del 2015, Barack Obama abrió, casi medio siglo después, las relaciones diplomáticas con Cuba. Pero este nuevo coqueteo –cuyos intereses y objetivos siguen siendo desconocidos-, no tuvieron mucha duración ni éxito y muy por el contrario, la nueva magistratura de Donald Trump, desde su discurso de campaña electoral anunció las fuertes medidas que aplicaría contra Cuba ante su eventual gobierno, las cuales adquieren luz propia en junio del año 2017.

Así entonces, la magistratura de Donald Trump, certificó la cancelación de la iniciativa Obama, volviéndose a restringir los viajes a Cuba e imposibilitar al gobierno del Comandante y Presidente Raúl Castro Ruz, sostener intercambios con el sistema de los bancos norteamericanos.

Obviamente estas nuevas medidas derivadas del BLOQUEO no se quedaron ahí. Entre otras regulaciones, las limitaciones para viajar a Cuba, sanciones a otros países por transportar pasajeros, prohibiciones en los mercados, restricciones y ataque directos a la agricultura cubana, forman parte de esta larga cadena de latrocinios imperialistas; justificadas y amparadas ahora en la aplicación del Título III de la Ley Helms-Burton y otras medidas más agresivas por parte del Gobierno de Estados Unidos, para recrudecer el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba.

Los pueblos latinoamericanos, conscientes de la hermandad y solidaridad, para con el pueblo y el gobierno de Cuba, debemos asumir la tarea de eliminar EL BLOQUEO miserable y mezquino que afecta a Cuba y que atenta contra la hermandad de los pueblos, como lo soñó Martí en su ensayo Nuestra América. Como costarricenses consientes y democráticos, estaremos dispuestos, al igual que el pueblo cubano en apoyar al gobierno dirigido por Díaz-Canel contra todas las acciones devenidas de la Administración Trump.

En el marco de la pandemia del COVID-19, hacemos público el reconocimiento de los profesionales de la salud del pueblo de Cuba y de su gobierno, ante el compromiso y solidaridad expresada a los diferentes pueblos del mundo afectados severamente por esta pandemia.

En este contexto, denunciamos la irracionalidad de Trump, quien agrega un nuevo elemento al Bloqueo contra Cuba, negando al pueblo norteamericano el “interferón” y el apoyo médico y humanitario del personal de la salud, que ofreció el gobierno de Cuba al pueblo de los Estados Unidos.

En esta fecha, cobra total vigencia el lema internacional “CUBA SOBERANA SÍ, BLOQUEO NO”. La aspiración de los pueblos progresistas del mundo, contra el bloqueo en cuba es una legítima reivindicación de hoy y para siempre.

* camilosantamaria775@gmail.com
San José-Costa Rica, 21 de abril de 2020

Imagen: http://www.escambray.cu/2019/onu-debate-hoy-el-proyecto-de-resolucion-de-cuba-contra-el-bloqueo/

La Sociología en Cuba Historia y Actualidad: conferencia

La Escuela de Sociología de la Universidad Nacional le invita este próximo miércoles 25 de setiembre de 10 a.m. a 12 m.d. a la conferencia: La Sociología en Cuba Historia y Actualidad, a cargo de la Dra. Iliana Benitez Jiménez.

Sala de Videoconferencias, Facultad de Ciencias Sociales de la UNA.

 

Compartido con SURCOS por Silvia Rojas.

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Inolvidable concierto de la Orquesta Aragón de Cuba

Por Carlos Meneses Reyes

 

Con doble abrigo bufanda y gorra entré al Teatro Jorge Eliecer Gaitán, ayer sábado, 29 de julio, para escuchar a la legendaria Orquesta Aragón, fundada, en Cienfuegos, en el año de 1939, por el violinista cubano Orestes Aragón Centeno. Lleno total, con un público conocedor y admirador de la música cubana, de ensordecedor aplauso y manifestaciones de regocijo al instalarse los músicos en la tarima. “Bienvenidos a Bogotá”. “Viva el talento cubano”, vociferaban espontáneos, con el inicio de una verdadera explosión musical.

Un primer set, de una hora ininterrumpida, descanso y un segundo set de media hora, engalanaron el ámbito teatral con descarga de sones, rumbas, danzones, sones, boleros, chachachá. La legendaria orquesta es una trotamundos, verdaderos embajadores culturales de la enhiesta isla con un régimen, en permanente construcción socialista, permisible por el pueblo cubano.

Actualmente dirigidos por Rafael Felipe Lay Bravo, ostenta orgulloso al percusionista Armando Amezaga, de 82 años, que bajo la fórmula socialista de “a cada uno según sus capacidades” no es caso aislado en la inexistencia de la “muerte laboral” prematura en Cuba; en el que también y gracias a su sistema de salud, la mayoría de cubanos (as) aguantan más de 90 y hasta 100 años y elevan los niveles de calidad física, por solo mencionar el invento del Policosemel( PPC ), que reduce el colesterol y los triglicéridos.

En mágica irrupción musical disfrutamos del concierto ofrecido. Cinco violines. Flauta y piano magistralmente interpretados, por ejecutantes prestados por las musas para la ocasión. Instrumentos de percusión. Un frente vocal de tres voces, que, al pasaje de los coros, cantaban simultáneamente con miles de sonidos de laringes y palmas de los asistentes. No eran trece músicos ejecutando una pieza musical, era el clímax, en un recinto teatral asimilando el legado musical de todo un pueblo. “Los cubanos, como decimos en la Isla, sólo necesitamos de una lata y un palito para estar contentos. Esa es nuestra filosofía de vida. Despreocuparnos de lo que no tiene arreglo y disfrutar de lo poco que tenemos, en cuanto a lo material, porque sabemos que somos ricos en muchas cosas, empezando por la música”.

En noche tan fría, disfruté la licencia ocasional, en una Colombia signada, que inevitablemente sobrevivirá ante el reto por superar tanta inequidad e injusticias.

Bogotá, DC. 30 de julio de 2017.

 

Enviado por el autor.

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Levantamiento del embargo a Cuba: resolución de Naciones Unidas logra reunir 191 votos a favor, Estados Unidos se abstiene

Nicolas Boeglin (*)

levantamiento-del-embargo-a-cuba
Tablero de votación de la resolución adoptada en el año 2014, extraída de esta nota de prensa.

El pasado 26 de octubre, la Asamblea General de Naciones Unidas votó una resolución solicitando el levantamiento del embargo a Cuba decretado desde 1962 por Estados Unidos. A diferencia de ocasiones anteriores, en esta se logró un total de 191 votos a favor, ninguno en contra. Tampoco se registra el «no show» de algunas de las 193 delegaciones. El último Estado de América Latina en votar contra el levantamiento del embargo a Cuba fue Paraguay en 1993. Los últimos en América Latina que se mantuvieron entre las abstenciones fueron El Salvador y Nicaragua, en el 2000 y en el 2001 (ver nota). Un informe de la ONG Amnistía Internacional publicado en el 2009 y titulado El embargo estadounidense contra Cuba Su impacto en los derechos económicos y sociales (disponible en la red) permite conocer los graves impactos desde la perspectiva de los derechos humanos de esta decisión unilateral de Estados Unidos contra Cuba.

La ausencia de algún voto en contra en la votación del 2016 se debió a que Estados Unidos e Israel optaron esta vez por abstenerse, por vez primera en la historia. En años anteriores, ambos Estados votaban siempre en contra, logrando por lo demás reunir unas pocas abstenciones o votos en contra como las de Islas Marshall, Micronesia, Palau o Nauru:

– en el 2006, por ejemplo, se registraron 183 votos a favor, 4 en contra (Estados Unidos, Israel, Islas Marshall, Palau), y tan solo uno (Micronesia) se abstuvo durante la votación de esta misma resolución (ver nota de prensa);

– en el 2007, fueron 184 votos a favor acompañado del mismo padrón de los demás Estados antes citados (ver nota de prensa);

– en el 2008, fueron 185 votos a favor, 3 en contra (Estados Unidos, Israel y Palau), y 2 abstenciones (Micronesia e Islas Marshall) (ver nota);

– en el 2009, fueron 187 votos a favor, y el mismo padrón de votos de los demás Estados citados para el ejercicio del 2008 (ver nota).

En esta nota se detalla cómo Cuba ha ido paulatinamente aumentando el apoyo a esta resolución anualmente votada en Naciones Unidas, dejando a Estados Unidos y a su fiel e incondicional aliado israelí en un aislamiento casi total que se materializó en este año 2016.

La abstención de Estados Unidos plantea algunas interrogantes (ver nota de la BBC). Para la representante de Estados Unidos en Naciones Unidas » “After more than 50 years of pursuing the path of isolation, we have chosen to take the path of engagement» (ver nota de prensa de Naciones Unidas). Algunos observadores coinciden en que la administración del Presidente Obama hubiese podido despedirse de la comunidad internacional con un voto en contra, en vez de optar por una simple abstención. Ello en aras de ser más consistente con el discurso del Ejecutivo de Estados Unidos sobre la necesidad de poner fin al embargo, y las dificultades encontradas en el Congreso norteamericano para derogar la ley Helms-Burton. Tal y como se puede apreciar en esta nota de Naciones Unidas, además de Cuba, por parte de América Latina, tomaron la palabra los siguientes Estados: República Dominicana, Venezuela, México, Bolivia, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Colombia, Argentina, Uruguay, Costa Rica y El Salvador.

(*) Profesor de Derecho Internacional Público, Facultad de Derecho, Universidad de Costa Rica (UCR).

 

Imagen con fines ilustrativos tomada de World Affairs Council.

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Hablar del fin del conflicto y las guerrillas

Carlos Meneses Reyes

 

El anuncio y luego la ceremoniosa firma del Acuerdo del Cese Bilateral de Hostilidades y Definitivo, en La Habana, por parte del Comandante máximo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo y el Presidente de la República de Colombia, colmó de alegría y exultante satisfacción a muchos colombianos. A quienes convencidos del trascendental paso dado, asientan en considerar los retos que a futuro corresponde afrontar; en contraposición a quienes se enfrentan a la realidad palpable que un conflicto interno armado como el colombiano, llegue a su fin, optando por el simple rechazo a todo lo nuevo.

En Colombia no se ha firmado “la paz”; ni un “acuerdo de paz” se ha firmado un Acuerdo del Cese al Fuego Bilateral de Hostilidades y Definitivo, entre el Gobierno Nacional de la República de Colombia y la fuerza beligerante e insurgente, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia- Ejército del Pueblo. Ese Acuerdo se logró, gracias al esfuerzo denodado de representantes plenipotenciarios de ambas partes, quedando plasmado en un documento de generación y valía a la luz del Derecho Internacional, con pleno carácter vinculante, para las Altas partes signatarias. Tras la plasmada firma y rúbrica del Acuerdo, en verdadero efecto de coadyuvancia al contenido de lo mismo, lo hicieron los representantes de sendos países, con presencia de varios de sus presidentes y delegados oficiales participantes como países garantes, incluido el país anfitrión y soberano de la República Socialista de Cuba. La ausencia de la OEA, por andar en los trajines conspirativos del Secretario Alamagro contra la República Bolivariana de Venezuela, fue suplida con creces con la presencia y firma, en el mismo, del Presidente General de Las Naciones Unidas. Todo ello redunda en la legitimidad internacional de ese valioso documento, ratificando lo valioso del acto. Se ha logrado la efectividad de la consigna: “cese bilateral al Fuego. Ya!”

Tras la firma histórica de ese Acuerdo, no repicaron las campanas al aire. No se paralizaron las calles y carreteras al son de pitos y sirenas. Tampoco era necesario. Ha primado lo riguroso de la solemnidad del acto. Fue una noticia que cubrió- como pocas- todo el ámbito de conocimiento de la opinión pública nacional. Pareciere que un país acostumbrado durante décadas a padecer los rigores de la guerra, no despertara. Asume una actitud colectiva de expectativa, ante la explicación y posterior desarrollo de sus efectos. En resumen, el acumulado de los efectos políticos aún no se manifiesta. Se circunscribe a toda una carga de responsabilidad por parte de la fuerza insurgente. Alude a un simple ejercicio de contraprestación, por la contraparte estatal. Cómo si la contraparte estatal también fuere un espectador que va a observar la inmensa fila de combatientes farianos, atravesando selvas y montañas para llegar a los 23 sitios veredales de concentración en el país y a los 8 campamentos especiales de mandos insurgentes y que así cumplida esa etapa de concentración de fuerzas, sobreviniere la otra fase de dejación de las armas, de conteo y de arrume de las mismas en contenedores para luego- siempre bajo la supervisión de Naciones Unidas- fundirlas y erigir tres monumentos: uno en Nueva York, sede de las Naciones Unidas, otro en Cuba y un tercero en Colombia.

De la lectura del texto del Acuerdo del Cese Bilateral de Hostilidades, no se decanta un universo de efectos políticos del mismo.

Entendemos que un cese de fuego, implica el silencio de los fusiles para ambas partes contendientes. Un cese de hostilidades bilateral, aplica a toda acción directa y de efecto inmediato. El elemento tiempo es determinable en ese sentido. Por ejemplo, a la hora tal, del día tal, del año tal, comience el cese de fuego. También expresamente el cese de hostilidades, que no es un numerus apertus, sino atinente a conductas tipificadas que quedan proscritas, precisamente, desde ese momento, tiempo lugar y ámbito de aplicación.

Por técnica de redacción, afortunadamente en el texto del Acuerdo no se consignó que a la firma del presente…cesa el fuego y las hostilidades… pero tampoco se dice, cuándo?. Cómo comenzar a contabilizar los 180 días que fija el Acuerdo. Ello es esencial. Nos devanamos los sesos para entender el que las zonas de ubicación de las tropas guerrilleras sean para la verificación del cese bilateral del fuego. Pero mientras y durante la concentración de esas fuerzas insurgentes ¿cómo opera esa verificación?. Y si el establecimiento estatal se cuida tanto que la población civil campesina no se contamine con los alzados en armas, será que solo de noche y a luz de las sombras lo harán o será en helicópteros Hércules y con fuerzas aerotransportadas del Estado colombiano, para garantizarles su llegada?. Porque de ser así, sobra tanto celo de la dirigencia fariana en que hubo “una lectura precipitada” de las zonas veredales de ubicación y sus coordenadas.

La dejación de las armas constituye el contenido político de lo acordado. Pero pesa en la atmosfera de información y comprensión si también se concibe una fase mecánica lo de la dejación de las armas y las garantías de seguridad y lucha contra las organizaciones criminales responsables de homicidios y masacres, para la seguridad de los combatientes y de la población civil durante los desplazamientos de la guerrilleada a sus sitios o zonas veredales escogidas.

Valga resaltar la expresión de tantas inquietudes sin menoscabar lo trascendental histórico de la inminencia de la terminación del conflicto armado interno en Colombia con un sector de la insurgencia armada. Comprender que no hay terminación del conflicto armado, sino parcialmente, en tanto no se agreguen a ese esfuerzo nacional las insurgencias del ELN en todo el territorio nacional y del EPL en sus ubicaciones tópicas. También alentar que no se siga engañando a la opinión pública con lo de la consecución de la paz, cuando apenas estamos logrando es la terminación de un aspecto, el militar, del conflicto colombiano; siendo que el conflicto social, económico, político, ecológico, continúa latentes en este país de tragedias.

La Paz no es una paloma, ni puede ser herida. La Paz es la más noble bandera del pueblo colombiano!

 

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De pensamiento es la guerra

Nils Castro

 

Desde finales del siglo pasado, en América Latina experimentamos un proceso por el cual varios partidos o liderazgos de izquierda han llegado al gobierno por medios electorales. Esto abrió un panorama de originales oportunidades políticas y socioeconómicas de carácter democrático, pese a las restricciones que los sistemas políticos y electorales vigentes en cada país tenían establecidas para asegurar el mantenimiento del régimen ya instalado por la clase dominante.

Como era de prever, la emersión de este proceso despertó el fenómeno opuesto: la contraofensiva regional de la derecha en los planos político, mediático, sociocultural y económico, que ha explorado varias modalidades. Aunque algunos de esos gobiernos más tarde fueron defenestrados o han sufrido reveses electorales, nada impide que los movimientos que los impulsaron se rehagan, ni que en otras naciones latinoamericanas afloren opciones de izquierda que también ganen elecciones. Pese a los afanes de algunos “críticos” que pretenden que dichos reveses ya significan la aniquilación de ese proceso, este todavía es un fenómeno en desarrollo: sus causas no han cesado, ni tampoco las expectativas y nuevos escenarios que ellas movilizan.

Precisamente por esto, transcurridos tres lustros el conjunto de esa experiencia debe ser evaluado. No solo por sus valiosas aportaciones, sino porque ello contribuirá a superar la multiforme contraofensiva de las derechas que, pese a haberse advertido a tiempo, pilló impreparados a muchos liderazgos de izquierda. Por ello, esa evaluación demanda tanto honestas autocríticas como conclusiones dirigidas no sólo a revertir dicha contraofensiva, sino a elevar los objetivos del proceso.

La demora en hacerlo favorece la proliferación irresponsable o maliciosa de cierto periodismo sensacionalista que recicla “teorías” como las del péndulo y el “fin de la historia”. Su pertinacia busca negar legitimidad y hasta subsistencia a las izquierdas que militan en los respectivos países, en paralelo con la contraofensiva de las derechas.

  1. El nombre

Antes de abordar algunos aspectos del asunto conviene recordar algunos antecedentes del actual “progresismo” y los alcances que la palabra ha tenido. Discutir el nombre ayuda a acordar cómo ocuparnos del fenómeno.

Me parece inapropiado referirse a la diversidad de formas nacionales de ese proceso con el nombre de “socialismo del siglo XXI”. Más que proponer un proyecto articulado, esa noción expresa el anhelo asignado a una gesta nacional, pero difícilmente puede caracterizar a las emprendidas en otros países. En estricto sentido, el país donde hoy se construye y debate un proyecto socialista para el siglo XXI es Cuba.

Para abarcar ese variado conjunto de experiencias prefiero el veterano calificativo de “progresistas”, comodín lingüístico de larga historia latinoamericana. En los años 60 y 70 incluyó a corrientes, líderes y gobiernos que fueron desde Lázaro Cárdenas y Jacobo Árbenz hasta la revolución boliviana, Jango Goulart y Salvador Allende, sin omitir a Torres, Velasco y Torrijos, entre tantos otros. Esto es, designó a movimientos patrióticos y populares con los cuales la izquierda podía colaborar, que aportaron justicia social, impulsaron la producción nacional, fueron solidarios y procuraron rescatar la soberanía y autodeterminación conculcadas por el imperialismo.

Ese vocablo no requirió definición doctrinaria pero brindó un ancho alero para juntar a esa rica gama de corrientes efectivas en nuestras ciudades y campos, para compartir demandas y metas sin desconocer las diferencias que coloreaban sus respectivas identidades.

En aquellos años se emplearon otros términos afines, como los de movimientos o gobiernos de liberación nacional, nacional-populares, democrático-revolucionarios, etc. Pero la noción de “progresistas” conserva la ventaja de ser más indeterminada que otras con las cuales se intenta sustituirla pero son menos flexibles ante el heterogéneo panorama regional. Por ejemplo, la de “pos neoliberales”, que sugiere que el neoliberalismo pereció, o los gobiernos progresistas pudieron ignorar todas sus imposiciones. Como tampoco las de gobiernos de “centroizquierda”, reformistas o socialdemócratas, cascaron es cuyo sentido el oportunismo europeo vació al entregarse al neoliberalismo, y que en Latinoamérica omiten las controversias que cada día animan la vida interna del progresismo.

  1. Sus antecedentes

Pese a la represión macartista al movimiento democrático de la posguerra, durante los años 60, en significativos sectores populares y medios tomó cuerpo una cultura política afín a las aspiraciones emancipadoras, latinoamericanistas y reformadoras. Además de sus propias reivindicaciones, esa cultura asumió repercusiones de la quiebra del estalinismo, las realizaciones de la Revolución cubana, las revoluciones del 68, los movimientos anticolonialistas afroasiáticos y la lucha del pueblo norteamericano por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam. El progresismo que maduró en aquellos años, tuvo la virtud de compaginar toda esa gama de experiencias.

En menos de 30 años, en América Latina esa cultura política alcanzó un auge significativo, sobre todo en sectores urbanos populares y medios. El brío que el acontecer sociopolítico regional le imprimió a la misma se plasmó en una aceleración significativamente reflejada en dos hitos: entre el momento en que Fidel Castro enunció el Programa del Moncada[1]y aquel cuando proclamó La II Declaración de La Habana mediaron apenas 10 años[2].

No obstante, en el fragor de los siguientes años más de una vez el vanguardismo idealista de algunos de sus líderes excedió los términos de esos hitos, al postular como punto de partida al segundo ‑‑la revolución socialista continental‑‑ a poblaciones que aún no habían llegado a reclamar aspiraciones como las planteadas en La Historia me absolverá. Su fervor sobre pasó los alcances temporales de lo que el grueso de la columna de millares de potenciales rebeldes latinoamericanos ya estaban listos a hacer suyos.

Después, al cabo de su tiempo aquel robusto fenómeno padeció el desgaste de la demora del éxito de los proyectos revolucionarios emprendidos, de la frustración de las esperanzas inicialmente cifradas en la renovación del “socialismo real” ‑‑y a la postre su desaparición‑‑, así como la “apertura” de China y el cambio de su política internacional. Por añadidura, de los efectos del “periodo especial” cubano, que retrajeron temporalmente las esperanzas latinoamericanas en la posibilidad de repeler al imperialismo y de acceder al socialismo, y que motivó dudas y controversias sobre la naturaleza y las posibilidades del propio socialismo.

  1. Expansión y crisis

Esa cultura política latinoamericana tuvo un repliegue. Así, cuando en tiempos de la señora Tatcher y el presidente Reagan el imperialismo desató la contraofensiva neoliberal, en el campo revolucionario las fuerzas ideológicas requeridas para enfrentarla no estaban en su mejor momento. Eso le facilitó a la derecha imperial y sus cómplices locales no solo lograr una rápida implantación de sus “reajustes estructurales” en los ámbitos institucionales y económicos, sino también en el campo ideológico, moral y cultural.

El ímpetu contrarrevolucionario de la ofensiva neoliberal reformuló las normas e instituciones económicas internacionales en beneficio de la gran burguesía financiera y la privatización des nacionalizadora de los recursos y empresas públicas. En términos generales, pese a que la pesadilla de las dictaduras militares quedó atrás, se reorganizó el ejercicio de la política y las prácticas electorales a favor de los liderazgos dispuestos a justificar e implementar los correspondientes “reajustes” institucionales y normativos. Aunque se menciona con menor frecuencia, esa ofensiva igualmente invadió el campo ético, cultural y educacional. Alineó los grandes medios periodísticos, restringió las universidades públicas y multiplicó las privadas, eliminó los subsidios a múltiples centros de investigación, cooptó a intelectuales y formadores de opinión, etc.

Aquella ofensiva fue adonde sabemos: achicar el Estado y sus atribuciones, desproteger las empresas y la producción nacional es, precarizar el trabajo y el salario, marginar las organizaciones laborales y sociales, insolidaridad, consumismo, etc. Pero a la postre eso provocó irritaciones sociales que remataron en insurrecciones urbanas y pérdidas de gobernabilidad. Al cabo, la política y los procesos electorales reordenados por las agencias neoliberales perdieron legitimidad y eficacia, y la supervivencia del sistema requirió rehacerse.

Aun así, incluso tras la crisis económica que afloró en 2008, es excesivo pretender que el neoliberalismo colapsó. Aun teóricamente desacreditado, sigue asociado al gran capital y continúan vigentes sus reglas, que regulan el comercio y las finanzas internacionales, y gran parte del funcionamiento institucional de la mayoría de los organismos internacionales y países, así como las formas de pensar de millares de funcionarios públicos y privados. A esto contribuye el hecho de que el neoliberalismo es blanco de múltiples críticas, pero aún no ha tenido que enfrentarse a una contrapropuesta ideológica sistematizada.

  1. Al gobierno, pero no al poder

Como sabemos, en ese escenario de rechazo social a las política neoliberales, varias candidaturas procedentes de la izquierda mejoraron sus posibilidades al coincidir con el crecimiento del voto de castigo contra quienes las sustentaron. Con diferencias según las particularidades de cada país, algunas izquierdas mejoraron su representación municipal y/o parlamentaria, o directamente ganaron elecciones presidenciales aún sin haber logrado significativas victorias locales y legislativas.[3]

El análisis y comparación de procesos nacionales deberá ser parte de la evaluación que tenemos pendiente hacer y compartir. No obstante, sabemos que estas victorias fueron viables gracias a la combinación de unas promesas de campaña deliberadamente poco radicales, con la votación de repudio a la políticas y los gobiernos precedentes. En otras palabras, gran parte de esos votos no reflejó una identificación ideológica de la mayoría ciudadana con un proyecto enfilado a emprender la Revolución, ni con el supuesto de que sus candidatos realizarían un gobierno más revolucionario que el prometido en su oferta electoral.

Por lo tanto, mutatis mutandis, esas izquierdas obtuvieron una oportunidad de gobernar asociada a una mayoría electoral que reclama mejorar sus condiciones de vida, pero que no por ello ya está dispuesta a asumir ‑‑al menos todavía‑‑ las tensiones y riesgos de emprender un salto revolucionario. En otras palabras, de gobernar para cumplir determinadas promesas electorales, no para sobrepasarlas. Además, para hacerlo respetando la institucionalidad prestablecida, sin modificarla por medios distintos de los que ella misma dejaba establecidos. Esto es, para llegar al gobierno, pero no al poder.

Solo donde grandes insurrecciones urbanas habían abierto la posibilidad de cambios mayores, algunos de esos gobiernos pudieron realizar reformas constitucionales que ampliaran su campo de acción aunque, aun así, esas reformas más tarde resultarían insuficientes.[4]

  1. Cuánto ya se pudo

La devastación del Estado por el tsunami neoliberal y sus dolorosas consecuencias en cada población y soberanía nacionales, hizo indispensable emprender rectificaciones, a riesgo de llevar países y economías al caos. La aparición de gobiernos progresistas se insertó en ese contexto, cuando urgieron políticas correctivas pos neoliberales, sin que aún fuera viable sostener alternativas pos capitalistas. Pero eso permitió reconstruir un sistema socioeconómico con el cual reparar muchos de los daños sociales infligidos por los “ajustes” neoliberales, y restablecer las funciones sociales del Estado, lo que también implicó avanzar en la construcción de una comunidad latinoamericana de naciones.

Pese a la diversidad de los procesos políticos que los caracterizan, estos gobiernos coinciden en varios rasgos que originaron importantes efectos regionales: restablecieron la responsabilidad del Estado antela economía, el mercado y la redistribución del ingreso; reorganizaron servicios públicos para atender las funciones sociales del Estado, principalmente las de acceso a la salud y la educación; crearon programas de lucha contra la pobreza y el hambre, y por la alfabetización y la ciudadanización; y, además, ampliaron las inversiones en infraestructura para el desarrollo y para la solución de problemas sociales.

A la par, desarrollaron importantes proyectos de solidaridad e integración latinoamericana e incluso caribeña, que rediseñaron y fortalecieron, o crearon, organismos como el Mercosur, la Unasur, el Alba y finalmente la Celac. Eso incrementó notablemente el peso político y diplomático de Latinoamérica frente al mundo, y su capacidad de negociación. Ni siquiera los críticos más biliares de este progresismo desconocen tales adelantos de la integración regional.

Un buen aprovechamiento del período de alza de los precios internacionales de las materias primas en varios países facilitó financiar los programas de asistencia social sin castigar impositivamente a la clase adinerada. Sin embargo, esa opción apaciguadora no se aprovechó para ampliar y diversificar la capacidad productiva de esos países, y fortalecer sus reservas financieras, para cuando volvieran las vacas flacas, como ocurre tras la crisis mundial emergida en 2008.Además, por efecto del carácter correctivo y asistencialista pero no revolucionario –pos neoliberal pero no pos capitalista‑‑ de estos gobiernos, algunas acciones necesarias, como reformas agrarias y tributarias de mucho mayor aliento, dejaron de acometerse.

En la mayor parte de los casos, tampoco se realizó la indispensable reforma política, ni la debida reforma del campo de las comunicaciones sociales. Estas inconsecuencias, que cabe computar como falta de coraje político y de confianza en el potencial de las organizaciones populares, pueden registrarse como victorias de los grandes medios de comunicación que ahora implementan la contraofensiva de derecha.

Con todo, en estos quince años los gobiernos progresistas ampliaron extraordinariamente el campo de la ciudadanía y la participación popular en el debate de los asuntos de interés público, además de mejorar las condiciones de vida y concretar derechos civiles de decenas de millones de ciudadanos. Por muchas reconquistas que ahora las derechas puedan lograr, ese patrimonio cívico no será fácilmente arrebatado a los sectores populares. De allí en adelante, ahora hay una masa crítica más robusta con la cual discutir y movilizar mejores proyectos de futuro, opción que las organizaciones de izquierda deberán saber ganarle a las derechas.

Pero, tras la el surgimiento de los gobiernos progresistas las realidades y expectativas latinoamericanas quedaron cambiadas. No cabe suponer que toda esta experiencia ha sido un fiasco, ni dejó de legar relevantes consecuencias. Cualquier propuesta latinoamericana de mejor futuro sostenible deberá alzarse a partir de sus resultados, porque el punto al que hemos arribado no es de agotamiento sino de evaluación y relanzamiento

  1. La siguiente disyuntiva

Luego de que los proyectos revolucionarios de los años 60 y 70 del siglo XX ‑‑ ya fueran proyectos guerrilleros, del nacionalismo militar o el socialismo allendista ‑‑dejaron de lograr los objetivos previstos o concluyeron en reformas negociadas con el gobierno existente, y de que Latinoamérica fue blanco de la ofensiva neoliberal, no ha vuelto a darse otro auge ideológico de esa talla. El movimiento político e ideológico que posibilitó las victorias electorales progresistas de los albores del siglo XXI fue expresión de mayorías sociales más resabiosas, que deseaban revertir los efectos del tsunami neoliberal pero temían recaer en luchas civiles o dictaduras militares, o sufrir nuevas tribulaciones económicas.

Ninguno de estos accesos de liderazgos de izquierda al gobierno fue producto de una revolución y, en consecuencia, ellos asumieron gobiernos previamente estructurados y normados por la clase dominante, en las formas dispuestas por el sistema político preestablecido. Con lo cual los progresistas pasaron a ser parte del grupo gobernante, pero sin desplazar a la clase dominante.

En teoría, para superar esta situación hay dos medios: uno consciente de que en tales condiciones solo se puede ir más allá si el proceso es capaz de formar bases políticas que lo exijan, que ayuden a implementarlo y que defiendan las iniciativas gubernamentales que sobrepasa en las restricciones iniciales. Impulsar el proceso exige formar nuevos destacamentos de cuadros y movilizar organizaciones populares ‑‑transformar indignaciones sociales en movimientos políticos‑‑, misiones que por su carácter corresponden principalmente a los partidos y organizaciones de izquierda, más que al aparato gubernamental, que constitucionalmente debe servir a toda la sociedad.

Y un segundo medio, según el cual para ir más allá será necesario lograr sucesivas reelecciones del gobierno progresista, a cada una de las cuales acudir con un programa más avanzado, con base en la simpatía y confianza políticas idealmente obtenidas a través de una buena gestión gubernamental y la satisfacción de importantes demandas y necesidades sociales. Este supuesto es más engañoso de lo que parece, pues generalmente esos gobiernos no compiten por la reelección proponiendo desarrollos más radicales, sino opciones reculadas a la defensiva.

  1. Del revés a la contraofensiva

Ese supuesto ha conllevado repetidos autoengaños, al subestimarlas reacciones que las derechas enseguida de su derrota electoral pasan a impulsar. Aunque pierdan uno o más comicios, ellas conservan su poder económico, su red de articulaciones y auspicios internacionales, el control de sus grandes medios de comunicación y su influencia cultural. La perplejidad inicial de su primer revés puede desconcertar a las derechas temporalmente, pero antes de acudir a la siguiente campaña ellas realinearán sus recursos y medios, e invertirán en renovar su imagen y eficacia.

Desde hace algunos años varias fundaciones y universidades privadas estadounidenses pasaron a ofrecer cursos de organización, encuesta, publicidad y marketing políticos para capacitar jóvenes cuadros de derecha. A su vez, algunas fundaciones españolas se han dedicado a surtir giras y charlas de veteranos dirigentes de la reacción hispanoamericana.

Con estos respaldos y otros más inconfesables, las derechas han remozado su capacidad de cambiar estilos, lenguajes y liderazgos visibles. Como también de apropiarse de algunas de las temáticas suscitadas por las izquierdas, y de culpar al gobierno progresista de los problemas sensitivos que sus antecesores de derecha dejaron en el terreno y las izquierdas hayan demorado en resolver. Sobre todo eso ya he escrito en extenso en estos años y me sacaría de tema repetirlo aquí.[5]

  1. Las enajenaciones del electoralismo 1

Cuando un gobierno progresista vuelve a elecciones, por muchos que hayan sido sus méritos eso ocurrirá sobre un campo sistemáticamente asolado por la oposición económica y los medios periodísticos de mayor audiencia. Esto es, los logros del progresismo habrán sido omitidos o demeritados, sus deficiencias habrán sido sobre dimensionadas y muchos de sus recién pasados votantes estarán desorientados.

En ese contexto, ante cada período electoral el progresismo volverá a encarar una de las aberraciones propias de la democracia capitalista: cada campaña será cada vez más publicitaria y costosa, y los modos de sufragarlas serán más esquivos. Si, como es probable, el sistema electoral no ha podido ser reformado por el proceso progresista, las campañas estarán cada día más sujetas al marketing y más permeadas por la cultura y las prácticas del consumismo y el mercado.

Ante cada reto electoral la primera será que los recursos económicos no alcanzan. Salen los candidatos y dirigentes a buscar donaciones ‑‑a subastarse al mercado, diría Brecht‑‑ y no falta quien incurra en desviación de fondos públicos, lo que, aparte de sus implicaciones legales, bajo el sigilo también puede triturarla moral de algún involucrado. Por mucha buena fe que haya de por medio, inevitablemente la plata de los donantes implica reciprocidades que enajenan a dirigentes, candidatos y partidos, aunque las justifique un “realismo” del que después no hay escapatoria.

A la par suele admitirse el supuesto de que ser de izquierda es un inconveniente electoral; se acepta el prejuicio de que vale “correrse al centro” para suavizar imagen, tranquilizar donantes y buscar una incierta reserva de votantes moderados. Abandonas las posiciones que antes permitieron reconocerte y ser electo como quien eres, pero a los ojos de quienes antes te creyeron irás dejando de serlo. Al cabo, los votos que allá tal vez consigas podrán dejarte lejos de compensar los que pierdes en el campo que dejaste al agotarse la credibilidad que te restaba.

  1. Izquierda y moral

Cuando estos vaivenes se aceptan en una agrupación comprometida con transformar al país, lo que empieza como una falla ética circunstancial se convierte en daño mayor: la confianza perdida se vuelve escepticismo y la credibilidad se esfuma la suspicacia popular concluye que “estos ya son iguales que los otros”, voz que los medios “objetivos” enseguida entran a festinar.

Este fenómeno es asimétrico. Si en un partido conservador se cometen triquiñuelas el público lo cree “natural”, considerando que su moralidad es funcional al capitalismo salvaje. Pero si eso ocurre en un partido que promete otro horizonte ético, asumir comportamientos del repertorio moral capitalista es una aberración.

Para la militancia revolucionaria la calidad de cierta ética, por cuyos principios se está dispuesto a perder la libertad y hasta a dar la vida, es definitoria. Porque en última instancia se va a la contienda política por una de dos razones: porque el sistema es miserable y hay sobradas razones para luchar por transformarlo; o porque se busca disfrutar de las mieles de ese sistema miserable aunque sea a expensas de los demás.

  1. Las enajenaciones del electoralismo 2

Cuando la obsesión electoral se toma la vida partidaria, sus demás soportes lo resienten: si, por ejemplo, el partido merma la formación de líderes comunitarios, pierde dinámica de inserción y liderazgo locales, pierde el liderazgo político que se construye al luchar por las reivindicaciones diarias del ciudadano, que no son parte del escenario electoral. Es decir, al convertirse prioritariamente en grandes máquinas electorales, partidos de reconocidos méritos pueden perder influencia sociocultural porque las energías invertidas en campaña se sustraen a las demás actividades de construcción de contra hegemonía.

Por lo tanto, vale preguntarse: si en las campañas electorales es inevitable competir sin los recursos financieros necesarios, ¿solo podemos participar en desventaja? Si nos dejamos seducir por las campañas a la norteamericana, embriagadas por la estética del consumismo, siempre estaremos en desventaja, aunque tengamos recursos. Pero así como en la guerra revolucionaria solo el ejército de la clase dominante puede alinear el armamento más costoso, mientras las fuerzas populares deben apelar a la inventiva guerrillera, en las contiendas electorales la izquierda debe crear sus propias alternativas, desplegando las capacidades comunicativas de la creatividad popular y juvenil, cónsona con la condición social y moral que sustenta su credibilidad. En ambos casos la capacidad de sorprender con iniciativas inesperadas será decisiva.

  1. Partido permanente vs partido coyuntural

Eso exige volver a preguntarse: ¿cuáles son las misiones esenciales de un partido de izquierda? Decimos que impulsar a los sectores populares a organizarse y formar cuadros políticos, asumir un programa de transformación social, movilizar a las organizaciones y masas sociales para enfrentar los retos políticos por superar, para crear contra hegemonía popular y convertir masas en fuerza política. En ese marco, la participación en campañas electorales para darles mejor contenido es una parte de dichas misiones, más ahora cuando esto puede incluir hasta la posibilidad de llegar al gobierno.

No obstante, debemos distinguir entre el partido permanente y el coyuntural. Cuando la posibilidad de ganar elecciones se hace efectiva, esa parte de las misiones puede tomarse la mayoría de las previsiones, energías y recursos de la vida partidaria, incluso en detrimento de las demás actividades. Pero solo se gana mayor fuerza y poder para vencer los demás retos cuando  se han cumplido las misiones del partido permanente. En especial, las de enraizamiento comunitario, organización participativa y formación ideológica arraigada en la vida y memoria nacionales, para recatar a los millares de compatriotas que el reinado neoliberal sumió en el consumismo y la banalidad culturales.

Para darnos mejor futuro toca construir otro apogeo de la propuesta ideológica y la cultura política comparables al alcanzado en los años 70.

  1. Objetivos y medios no electorales

Para la oligarquía el objetivo es recuperar al gobierno como instrumento de poder; las elecciones son un medio para ese fin y si por este medio no lo consigue hay otros a los cuales apelar. En cada campaña, más que ganar las siguientes elecciones, para la derecha la prioridad es desacreditar y deslegitimar la gestión de cualquier izquierda en el gobierno, para darle sustentación social al propósito de remplazarla lo más pronto posible.

En tanto logre debilitara sus principales adversarios progresistas, la clase dominante querrá ganar comicios, pero a condición de que eso no limite el poder que ella requiere para obtener sus fines. El objetivo principal de la derecha no es volver a Palacio, sino encauzar un proceso contrarrevolucionario de gran alcance. Su propósito es revertir las conquistas populares acumuladas durante las últimas décadas y tomarse otras adicionales. Si eso puede asegurarse por medios no electorales como los llamados golpes “blandos”, la cuestión medular es la de las formas de deslegitimar al gobierno progresista y legitimar al que lo remplace. Ya sea esto mediante unas elecciones auténticas, espurias o reñidas, o de una operación extra electoral.

En estos años, la contraofensiva de las derechas ha introducido novedosas formas de seleccionar y presentar candidatos, discursos y promesas programáticas, para darles mayor charm mediante el marketing y las técnicas de pesquisa y manejo de la opinión ciudadana, y de las llamadas campañas sucias. Pero lo esencial no son sus estilos rutilantes, sino su capacidad ‑‑principalmente mediática‑‑ para degradar la imagen moral y política de las opciones progresistas, no apenas para justificar su defenestración, sino para crear una supuesta urgencia de remplazarlas y fomentar una demanda de cambios que tenga este sentido.

En la práctica, los medios sustituyen a los partidos una vez que las derechas, a través de los suyos, fijan su agenda para un gobierno contrarrevolucionario. Este se enfilará tanto a revertir las conquistas sociales logradas durante más de un siglo como a reinstalar las políticas neoliberales de privatizar recursos nacionales, incrementar capacidad de financiamiento y endeudamiento externos, reducir los avances en materia de integración a meros acuerdos de liberalización comercial, eliminar capacidad de negociación a las organizaciones laborales y comunitarias, judicializar las controversias con los dirigentes progresistas y sacarlos del escenario político orquestándoles procesos legales.

Para las derechas, usar el sistema electoral para recuperar el gobierno como instrumento de estas políticas tiene sentido si permite tomarse la facultad de ejecutarlas. Darse cierta imagen de legitimidad para justificar el atropello a las normas de la institucionalidad democrática en tanto eso convenga a su objetivo final.

  1. Ahondar el proceso democrático

Así las cosas, ante la presente contraofensiva reaccionaria, quienes hoy son los defensores reales de las instituciones democráticas y del proceso democratizador son la izquierda y los sectores progresistas. Pero esta condición no debe distraernos de tres cosas:

La primera, que la institucionalidad que estamos defendiendo es aquella misma que antes fue estructurada por los gobiernos de la derecha tradicional para restringir el juego democrático, mediante una coexistencia política norma da para mantener las cosas como están, no para cambiarlas. Por lo tanto, la cuestión es salva guardar una institucionalidad que al propio tiempo es imperativo democratizar erradicando los arcaísmos y privilegios que benefician a los partidos y candidatos de la oligarquía, y que encarecen el juego político a favor de los grandes financiadores de campañas. A la vez, para ensancharle el campo a la participación popular. Defender la institucionalidad no tiene sentido si no es impulsando un nuevo proceso democratizador.

La segunda, que es preciso tener presente en nuestra vida política cotidiana, en el análisis del acontecer diario y en la producción teórica, que es un imperativo de la misión de las izquierdas y los sectores progresistas, desarrollar su capacidad de convertir la inconformidad e indignación sociales en conciencia y militancia organizada para derrotar a la contrarrevolución para transformar al país.

Y la tercera, que para materializar esta misión es indispensable una permanente formación y acumulación de fuerzas en los ámbitos del trabajo material, de la vida comunitaria y de las diversas expresiones de la convivencia humana. Que es indispensable compartir ideas, proyectos y expectativas que los distintos sectores progresistas puedan hacer suyos, puesto que solo al arraigar en masas organizadas las ideas se convierten en fuerza material.

Sin embargo, lo más importante es que estas tres cosas no son solo exigencias a las organizaciones que luchan en la oposición, sino sobre todo para las fuerzas progresistas que llegan al gobierno. Porque no solo se  trata de generar mayores fuerzas para desenmascarar y derrotar la contraofensiva reaccionaria, sino también para sacar de la modorra a los cuadros y funcionarios adocenados dentro de los gobiernos progresistas. Los partidos y movimientos progresistas que van al gobierno no deben hacerlo para servir como sus justificadores, sino para exigirle a sus integrantes cumplir sus deberes políticos y morales.

Tener mejores gobiernos progresistas no es el fin de esta historia, sino una oportunidad de completar condiciones que faltan para emprender la siguiente. Entre ellas, rejuvenecer y fortalecer nuestras capacidades para derrotar a la contrarrevolución en el campo de la cultura política, la confrontación ideológica y la comunicación persuasiva porque, como apuntó José Martí, “de pensamiento es la guerra mayor que se nos hace, ganémosla a pensamiento”.

Panamá, abril de 2016.

[1]. La Historia me absolverá, de 1953, donde se plantea el objetivo de lograr un régimen democrático progresista, sin mencionar al socialismo.

[2].En 1962, en la cual pasó de reafirmar al socialismo cubano a convocar a la diversidad de las fuerzas que podían emprender la revolución latinoamericana.

[3]. Obviamente, tales procesos han sido diferentes donde una fuerza de izquierda llegó a Palacio sin obtener mayoría parlamentaria, lo que mediatizó los alcances de su victoria (como Lula), o donde triunfó en ambos cotejos (como Chávez). Y tampoco es igual cuando previamente unas insurrecciones urbanas defenestraron al anterior gobierno complaciente con el neoliberalismo (Correa), que donde triunfó ganándole a la derecha unas elecciones reñidas (Rousseff), o cuando la izquierda triunfó pero su victoria le fue robada (Cárdenas).

[4].Como en Bolivia, Ecuador y Venezuela.

[5].Ver “Una coyuntura liberadora… ¿y después?” en Rebelión 23 de julio de 2009, “Una liberación por completar” en Alai del 17 de agosto de 2009 y, particularmente, “¿Quién es la “nueva” derecha?” en Alai del 14 de abril de 2010 y Rebelión del 15 de abril del mismo año.

 

*Imagen del autor tomada de http://www.cubaminrex.cu/

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Occidente: reconocer al otro

Arnoldo Mora

 

Dos hechos recientes considerados “históricos”, cuya trascendencia por sus repercusiones a futuro va mas allá de la conmoción que en lo inmediato provocan, están muy alejados en la geografía y, sobre todo, en su naturaleza. Uno es esperanzador porque abre espacios al diálogo político. El otro es espernible porque manifiesta el lado más oscuro de la política actual. Ambos reflejan dos maneras absolutamente opuestas de hacer política.

En el primer caso me refiero a la visita de Obama a La Habana. Cuba se ha convertido, como dice el Papa Francisco, en un centro mundial de diálogo político ejemplar, haciendo realidad lo que el primer papa en visitarla isla, Juan Pablo II, dijera luego de ser recibido tanto por las máximas autoridades políticas, como por las multitudes, con estas premonitorias palabras:”Que el mundo se abra a Cuba para que Cuba se abra al mundo”. Esta apertura no ha sido fácil, porque implica el reconocimiento del derecho a ser diferente; cosa que la Cuba revolucionaria se ha ganado al demostrar ser un pueblo libre y soberano, que no dialoga sino en condiciones de igualdad y dentro del marco del más absoluto respeto al derecho internacional. Obama lo reconoció al afirmar que el pueblo cubano y solo él tenía el derecho inalienable de decidir su propio destino. Un reconocimiento que la Patria de Martí y Fidel se ha ganado por su indoblegable dignidad que le ha valido el respeto universal. Cuba ha demostrado estar dispuesta a hablar de todo y con todos, pero siempre de pie, sin doblegarse ante nada ni ante nadie. Porque Obama lo ha reconocido, fue recibido no como un enemigo, a pesar de que el Estado que él representa, mantiene el bloqueo que el propio Obama repudia, y las leyes Helms-Burton y Torricelli que, por violar los más elementales principios del derecho internacional, han sido objeto de repudio universal, incluso de sus aliados como Canadá y Europa. Dentro de este contexto, se debe considerar que la visita de Obama a Cuba se inspira en el más elemental realismo político, dado que en las Naciones Unidas el bloqueo ha sido unánime y reiteradamente condenado y en lo propios Estados Unidos más de un 56% de la población aprueba el restablecimiento pleno de las relaciones con la isla. Otro tanto creen un creciente número de políticos de los dos partidos mayoritarios y hombres de empresa de los más diversos sectores de la economía yanqui, como el turismo y las compañías de aviación, la agricultura, la industria farmacéutica, el mundo cultural y deportivo.

Sin embargo, el sesgo imperial del discurso de Obama no puede soslayarse, ya que llama a olvidar el pasado; lo cual nos hace pensar que el apoyo total que su país ha dado a las oprobiosas dictaduras en el mundo entero, incluida la de Batista cuyo rechazo por parte del pueblo cubano dio origen a la revolución, Obama lo ve como una política de presidentes y gobiernos del pasado y no como una política de Estado todavía vigente. Pedirle a las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo en Argentina, que olviden el apoyo irrestricto que la Casa Blanca le dio a la dictadura argentina, es como pedirle al pueblo judío que olvide la responsabilidad de los nazis en el holocausto, o a la población afrodescendiente de Estados Unidos (de donde vienen Obama, Michelle y sus hijas) que olviden la esclavitud y la discriminación de que han sido objeto en la flamante “democracia” gringa. Semejante propuesta de Obama es más que una torpeza: es una aberración. Mientras un presidente de Estados Unidos no pida perdón en su condición de jefe de Estado por estos crímenes y genocidios, hay motivos para seguir considerando a los Estados Unidos como el último y más sangriento imperio de Occidente. Y eso no es de ahora; remonta a los inicios mismos de la Independencia de ese país, cuando Monroe promulgó su tristemente célebre doctrina, lo que se hizo realidad en la generación siguiente, cuando le arrebataron a México, su vecino más inmediato del Sur, la mitad de su territorio (2 millones de kilómetros cuadrados).

La otra noticia que sacudió al mundo, esta vez en forma negativa, han sido los atentados perpetrados por el Estado Islámico en Bruselas. El terror ha puesto en alerta a la humanidad entera. Las causas de esta espeluznante realidad se encuentran en el menosprecio que han hecho las potencias occidentales del derecho internacional por cálculos geopolíticos para explotar el petróleo. Pero Cuba señala el camino a seguir: diálogo político dentro del marco del respeto al derecho internacional. Solo así se logrará una paz duradera para que los pueblos puedan tener sueños de progreso y no pesadillas de horror.

 

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Carta de un joven cubano al presidente de los EEUU

Cuba por siempre

 

22 de marzo de 2016

La Habana, Cuba

Sr. Presidente:

 

Hace apenas unas horas, tuve la oportunidad de escuchar su discurso de manera íntegra por nuestros canales de televisión nacional, y debo reconocer, que son precisamente sus palabras las que motivaron esta carta que ahora, luego de reflexionar sobre lo que ha dicho, me dispongo a escribirle.

Le hablo desde el respeto que siente un joven cubano, por un hombre que ha sido capaz de cambiar la historia de su país, en cuanto a política exterior hacia Cuba se trata, ese será un mérito indeleble durante toda su vida, y lo mejor, es que será un mérito alcanzado multilateralmente.

Me complace mucho que esta nueva etapa, se esté abriendo en nuestros países cuando en Cuba, aún contamos con la Dirección Histórica de la Revolución, pues debería saber, que de no ser así, este proceso sería mucho más complicado para Estados Unidos, pues los cubanos seríamos aún más recelosos.

Quisiera referirme a algunos aspectos del discurso que usted pronunciara hace pocos momentos en el Gran Teatro de la Habana “Alicia Alonso”:

El pueblo de Cuba, ha marcado siempre una diferencia con el resto del mundo en el tratamiento de sus enemigos, el fragmento del poema Martiano que usted mencionaba es prueba de ello, pero también lo es la conducta del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, de nuestro General de Ejército Raúl Castro Ruz, del Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara y del inmortal Señor de la Vanguardia Camilo Cienfuegos Gorriarán, quienes brindaron atención médica, respetaron moral y físicamente a los oficiales y soldados del ejército del dictador Fulgencio Batista, durante la guerra que condujo al triunfo Revolucionario, por lo tanto, no es una conducta nueva en Cuba el respeto a sus contrarios, sino que es una característica natural de nuestro pueblo.

Veo con beneplácito que usted, luego de más de medio siglo de férreas contradicciones, exprese hoy en mi país, que la gobernabilidad de Cuba, es un asunto de Cuba y que Estados Unidos nada tiene que hacer al respecto, y espero que no sean solo palabras y que los fondos de su Congreso, destinado a la subversión interna en la Isla, dejen de ser aprobados, que la NED y la USAID, dejen de promover programas contra la independencia y autodeterminación de Cuba y permitan realmente, que la voluntad del pueblo cubano imponga los cambios que necesitamos y en los que – por demás – ya estamos inmersos.

Su historia personal, su padre emigrante, su madre de pocos recursos y su posición actual, es indiscutiblemente una muestra de su sacrificio personal, de su voluntad de salir adelante, pero tristemente, no es la historia de la mayoría de los hombres que como usted han crecido en Estados Unidos. Yo, en lo personal, conozco muchos más hombres negros asesinados en Estados Unidos, que inmersos – de forma triunfante – en la política de su país.

Cuba es una nación de oportunidades iguales, sin exclusiones sociales, y que como bien usted ha señalado, permite y fomenta una educación igual para niños y niñas, no importa el color de su piel, o la religión e ideología de sus padres, por lo tanto, nuestros niños pueden construir un futuro con las mismas posibilidades y también el esfuerzo individual será determinante en la consecución de sus objetivos, la diferencia está en que la colectividad, la sociedad, fomenta de igual forma estas conductas y respaldas las políticas estatales al respecto.

Usted mencionaba el fin de la Guerra Fría, pero me preocupa que la existencia de naciones socialistas o progresistas en América Latina, se conviertan en el nuevo “bloque” de contradicciones, el caso de Venezuela es uno de los asuntos que ejemplifican esto que menciono y siento que Estados Unidos podría cometer el error de enterrar esa macabra etapa histórica y hacer nacer una nueva, con las mismas intenciones, pero con diferentes o mutados métodos, lo que sería nefasto para nuestros pueblos.

Quiero expresarle desde mi juventud, que considero a mi tierra como un país de Democracia, un país dónde los obreros no solo tienen voz y voto, sino que representan la mayoría y hacia ellos van dirigida las políticas de la Revolución, porque son los obreros, los campesinos, y nosotros los jóvenes el objetivo principal de la política cubana, del desarrollo social, económico y cultural, y vivo además de seguro, plenamente orgulloso de esto.

Usted mencionó que nuestras potencialidades están en nuestra capacidad de creación y estoy de acuerdo, y también mencionó nuestra capacidad de conmover al mundo, y ahí quería hacer un breve alto. Cuba no solo conmueve al mundo, sino que ha sido capaz de movilizarlo desde 1959, y es esa movilización, precisamente la que ha hecho que usted esté cambiando su política exterior hacia nuestro país, porque los pueblos se han aliado a Cuba, los gobernantes de América Latina han cambiado y Estados Unidos fue quedándose solo poco a poco.

Sabemos que nuestra sociedad es imperfecta, que debemos trabajar en aspectos que usted ha señalado y en otros muchos que usted ni imagina, precisamente porque somos una sociedad perfectible, pero tenemos cosas Sr. Presidente, que brillan por encima de nuestros defectos, y como también dijo José Martí: “El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz.”

Usted hace continua referencia a la necesidad de dejar el pasado. Cuba no puede olvidar el pasado, porque el pasado no es un lastre, es un recuerdo, es un impulso y es nuestra esencia. Cuba puede en virtud del futuro, sentarse en cualquier mesa a hablar de cualquier tema, pero los interlocutores deben ser hombres buenos, aún cuando sean de ideologías distintas, no pueden ser hombres sin decoro, sin honor y sin orgullo patrio, los cubanos, precisamente por la historia, no hablamos con mercenarios o apátridas que dan la espalda a su pueblo en virtud de un interés personal. La individualidad es respetada en mi patria, pero como aprendí desde niño: Los intereses colectivos, están por encima de los intereses personales.

Quiero concluir, agradeciendo una vez más su visita, su honestidad y la simpatía mostrada a nuestro pueblo, pero sería deshonesto conmigo si dejo de incluir en estas letras, mi valoración sobre una frase suya dirigida al General de Ejército cuando dijo: “No necesita tener miedo a una amenaza de Estados Unidos”. Sr. Presidente Barack Obama, Cuba no ha tenido ni tiene ningún miedo, la Revolución ha enfrentado las agresiones de su país durante siglos sin cobardía, hoy encaramos la convivencia pacífica con respeto y diplomacia, pero el futuro no nos asusta, Estados Unidos, no nos da miedo, a fin de cuentas éste sigue siendo un pueblo de Patria o Muerte.

 

Reciba un cordial saludo de éste joven cubano.

Julio Alejandro Gómez Pereda.

Autor del blog: www.palabrasentreelcafe.wordpress.com

 

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