Ir al contenido principal

Etiqueta: distopía

Distopía, anticipación ontológica (Bloch) y Netflix

Jiddu Rojas Jiménez

“Somos seres para la esperanza, aunque sepamos del abismo”. Ernst Bloch.

Recientemente, pude ver un maratón de la serie El cuento de la criada, The Handmaid’s Tale (2017-2025, creada por Bruce Miller). Otra distopía más en el inevitable Netflix.

No es cine-arte precisamente; es otra serie, con la arquitectura y textura necesarias para ser “popular” y bien comercializable. Recomendada. Muy recomendada.

Pero tenemos malas noticias políticas: como ya sabemos, el cine, la televisión y hasta Netflix son, desgraciadamente, “proféticos”. Y no en un sentido religioso y menos emancipador o escatológico.

Sufre, por el contrario, esta industria cultural (arte digamos no áureo), estructuralmente, de lo que el gran filósofo Ernst Bloch llama “anticipación ontológica” (en El principio esperanza).

Aunque, paradójicamente, el cine como espectáculo serial de masas la padece más bien. No la constituye como potencia liberadora necesariamente, sino como desgarramiento cultural avisado. Como anuncio acaso de un destino colectivo trágico; apenas evitable, y matizado de alienantes distracciones sociales o de delirantes teorías de la conspiración.

En este caso no se trata de la hermosa esperanza ontológica de Bloch —tan diferente de la religiosa confesional—, sino de una anunciada tragedia cultural, política, económica y sexual, que se aproxima en pleno siglo XXI.

Lo sabemos desde la transformación de la República en Imperio con Star Wars, pasando por el humor corrosivo de Los Simpsons, o las versiones cinematográficas de los clásicos 1984, Fahrenheit 451, Un mundo feliz, La naranja mecánica, luego más recientemente los éxitos de taquilla Avatar, Los juegos del hambre o simplemente Matrix. Todas grandes metáforas culturales. Todas acertadas. Y todas interpelando a la cultura de masas.

Esta nueva, aberrante y cruel trama —algo delirante en otros tiempos pasados, y basada en la novela de la autora canadiense Margaret Atwood de 1985— parece ahora totalmente plausible en un futuro cercano. Tal cual. El cuento de la criada no parece suficientemente imposible. Así de simple.

Lo que hubiese parecido una exageración poco realista —imaginar una especie de violenta sociedad totalitaria hiperpatriarcal, militarizada y fundamentalista protestante para los EE.UU., con servidumbre sexual femenina obligada y poligamia bíblica, con natalismo fascista, con mutilaciones públicas como castigo, con tortura reglamentada y dosificada penalmente y sádicamente, como en el actual y moderno Israel (en caso de “terrorismo”), etc.— es una de las posibles realidades futuras en un impredecible imperio trumpista en total decadencia. Más allá de MAGA, y con algún detonante colectivo y mediático, podríamos tener esta especie de neofascismo natalista norteamericano, o casi cualquier cosa.

“El anticomunismo es el comienzo del fascismo”, escribió Camus (quien no era comunista ni marxista, pero sí miembro de la Resistencia). Aun y cuando no haya más “comunismo”, ni URSS, ni Pacto de Varsovia, queda su fantasma. La desinformación sistemática y la manipulación colectiva hacen el resto. Y el ascenso económico brutal de China Popular y de los BRICS+ no pasa inadvertido para el “Imperio” (Negri).

Justo en este momento se discute internacionalmente en China sobre la llamada “trampa de Tucídides” —concepto del politólogo norteamericano Graham T. Allison, creado en su artículo homónimo del 2012 para el Financial Times, y luego desarrollado en el libro Destined for War del 2017, inspirado a partir del texto griego clásico de Tucídides Historia de la guerra del Peloponeso—, que explicaba la inevitable guerra entre la antigua Atenas y la antigua Esparta. Lo que pasa es que EE.UU. y China Popular son potencias mundiales nucleares. Sin hablar del poderío militar de Rusia.

Y esto nos recuerda que últimamente el rumbo democrático-liberal —con todos los defectos clasistas de la democracia liberal burguesa— del imperialismo occidental está en entredicho y navega con rápido rumbo hacia el autoritarismo.

Esto último incide directamente en su periferia neocolonial, incluida América Central, Latinoamérica en general y, por supuesto… Costa Rica con Rodrigo Chaves y su continuismo.

La “actualización” del imperialismo capitalista en tiempos de crisis fue, es y será el fascismo, y obviamente su economía política es la guerra de rapiña y el caos organizado. Y obviamente su periferia neocolonial, dada su histórica relación asimétrica, será su primer campo de batalla y experimentación.

Pero como alguna vez sentenció Umberto Eco: “Nazismo solo hay uno, pero fascismos hay muchos”. Es variopinto el neofascismo en el siglo XXI. Y se le nombrará como “libertad”, sentenció Umberto Eco de nuevo.

Ya sea el apartheid bóer con su discurso paranoico racista en la vieja Sudáfrica; o el franquista nacional-católico de viejo estilo; o el de nuevo estilo tipo Vox o la internacional Ayuso; o el régimen salazarista de Portugal; o la dictadura de los coroneles griegos (1967-1974); o la dictadura militar turca laica y prooccidental, o la actual islamista de Erdogan; las dictaduras de seguridad nacional impuestas en la periferia latinoamericana o por el neocolonialismo en África; o, a su manera, las satrapías petroleras del Medio Oriente; o el nuevo clásico: el actual sionismo revisionista y su genocidio en Gaza (y su pasada, atroz y también colonial Nakba).

La protagonista June Osborne (interpretada por Elisabeth Moss), ahora sexualmente esclavizada por uno de los nuevos comandantes (interpretado por Ralph Fiennes), no solo es mujer, blanca, hermosa e inteligente; es educada, universitaria, profesional y tenía un trabajo estable y un lindo matrimonio heterosexual interracial, carro y casa, y atención… tenía una hermosa hija.

Esto último le salva la vida cuando trata fallidamente de escapar con su familia a Canadá y es capturada y llevada con las demás “sirvientas”; porque en esta distopía norteamericana hay una especie de extraña pandemia mundial donde no hay fertilidad. Ella, al final del día, es fértil. Es un útero fértil. Y como en “La dialéctica del amo y el esclavo” de La fenomenología del espíritu de Hegel, el esclavo (o esclava) terminará sutilmente administrando su esclavitud y venciendo sobre el amo.

Este apocalíptico tema ya ha sido tratado en otra película distópica, pero británica: Children of Men (2006), Los hijos del hombre (España), o Los niños del hombre (Latinoamérica), de Alfonso Cuarón, con Clive Owen, Julianne Moore, Michael Caine y Chiwetel Ejiofor. Y viendo la tasa de natalidad de algunos países ricos, si no fuese por la inmigración de países pobres periféricos, pronto colapsarían demográficamente.

Spoiler sobre la trama de la serie en cuestión: aprovechando la coyuntura, los fanáticos fundamentalistas crean falsos atentados, o sea de “falsa bandera”, provocaciones al estilo de las Torres Gemelas del 11-S, y se desbordan. Así dividen EE.UU. al estilo de la Confederación sureña esclavista (anticipada por el filibusterismo de William Walker), e implantan un moderno toque de queda permanente, como en El Salvador de Bukele: la “República de Gilead”. Dando pie a un siniestro proyecto político totalitario.

Todo muy propio al próximo cambio del nuevo modo de producción del tecnofeudalismo, anunciado por el economista Yanis Varoufakis. Un nuevo modo de producción —aún peor que el capitalismo tardío, financiero y global— caracterizado por personajes ultramillonarios, barones del tecnofeudalismo tipo Peter Thiel, Alex Karp, Elon Musk, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Sundar Pichai y Bill Gates.

Así las cosas, con las previstas, actuales y próximas guerras imperialistas, con la grave crisis energética en ciernes, con la crisis climática y ecológica, con el sesgo totalitario de la IA, con la desinformación sistemática y con la manipulación de masas del populismo de extrema derecha, que nada nos extrañe… “El futuro es ya”, ironizaba el francés Jean Baudrillard.

Avisados estamos. La distopía, cualquiera sea su nombre, podría estar más cerca. Y Netflix lo “profetiza”.

https://www.facebook.com/share/r/1T5sKu4E5D/

Los mágicos poderes demoniacos del club de los 300: Roschider y Bilderberg, sus tesis centrales

Por: Alfonso Pardo M.
Trino Barrantes A.

David Rockefeller, Jusef Retinger, Henri de Castries, Paul van Zeeland, Bill Gates y Cristina Lagarde, puede ser que ni se conozcan, que pertenezcan a espacios geográficos muy diferenciados. Unos ubicados en Nueva Zelanda, otros en Francia y la mayoría de ellos en los Estados Unidos.

De igual forma los años de creación y las siglas, podrían parecer muy diferentes: 1945. El Fondo Monetario Internacional-FMI, Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo-Banco Mundial-BM, 1945, Organización Cooperativa para el Desarrollo Económico-OCDE, 1948; en 1954, el Club Bildeberg.

Cuatro tesis centrales son las que definen al Club de los 300. La primera, crear una nueva normalidad bajo la distopía; segunda tesis, el mundo de hoy debe tener como práctica social real, concreta y objetiva, la eugenesis; la tercera tesis son las nuevas formas de estructurar el poder institucional bajo la égida de la cultura mediática. La cuarta tesis, tan perversa como las otras tres, es hacer creer como natural y moralmente válido la aporofobia.

Hagamos una brevísima conceptualización de las palabras que sirven de base en esta miscelánea:

Distopía:

 “…Es el término opuesto a utopía. Como tal, designa un tipo de mundo imaginario, recreado en la literatura o el cine, que se considera indeseable. La palabra distopía se forma con las raíces griegas δυσ (dys), que significa ‘malo’, y τόπος (tópos), que puede traducirse como ‘lugar…”

Eugenesia o eugenesis:

“…La palabra eugenesia designa al concepto de origen decimonónico, de obtener crías sanas, vigorosas y genéticamente bien dotadas con la finalidad de mejorar o perfeccionar la especie humana… La palabra γένεσις = génesis, que significaorigen‘, fuente’, según Homero (circa s…”

Mas medias o cultura mediática:

Las nociones de cultura de masas, más medias o simplemente industrias culturales, nos llevan a las diferentes representaciones y al discurso ideológico dominante que se fabrica desde los medios de comunicación masiva, en manos de un pequeño círculo de poder.

Cuando hablamos de cultura mediática, estamos referenciando una sociedad mediatizada.

Aporofobia:

“…El neologismo da nombre al miedo a los pobres y fue acuñado por la filósofa Adela Cortina. ¿Qué ver ahora? «Aporofobia«, el neologismo que da nombre al miedo, rechazo o aversión a los pobres, ha sido elegida palabra del año 2017 por la Fundación del Español Urgente, promovida por la Agencia Efe y BBVA…”

Bajo el peso de estas cuatro tesis, la construcción patriótica, debe renunciarse como tal. La desnacionalización se convierte en un valor y los antivalores como la elusión, la evasión, la destrucción del Estado Social de Derecho, el robo, la corrupción, forman parte del nuevo status quo de las clases dominantes, son parte formal de la lógica empresarial en esta nueva distopía.

Nos roban la esperanza, nos conducen al suicidio colectivo, eliminan las fronteras del Estado Nacional, transnacionalizan la cultura. Crean una memoria colectiva fragmentada o inventada. Fomentan la xenofobia, la discriminación y alimentan los nuevos proyectos supremacistas. El rechazo a los pobres, supera en mucho aquel viejo concepto del malinchismo. Se desprecia al extranjero migrante., no así al extranjero de ojos azules, que exhibe su colección de tarjetas de crédito, con acento alemán, belga, sueco, libanés, gringo, etc.

Para el Club de Bildeberg los viejos constituimos un gran desequilibrio en este mundo. Consumimos grandes sumas en atención médica y escandalosas masas de capital en lujosas pensiones, al amparo de una cultura del ocio e improductiva. Concluyen, pues, que el costo millonario por pago de onerosas jubilaciones, es un contrasentido para la lógica de producción del sistema capitalista. En esta lectura deshumanizada, Bill Gate manifiesta que, tres meses de un anciano enfermo grave, incide negativamente en la contratación de varios profesores universitarios. Así, entonces, la salud se ve como una mercancía más y si desajusta la regla de la ganancia, se convierte en un obstáculo para las aspiraciones de maximizar las cuantiosas sumas de capital.

En el rigor metodológico de sus tesis, esta población satura las camas de los hospitales. Por eso, sin ningún reparo, que atisbe algo de lo humano, sostienen que para darle viabilidad al sistema capitalista actual, es urgente la disminución estructural y sostenida de la población adulta mayor, de los pobres y de otros sectores, como el lumpen proletario y los migrantes; principalmente, señalan como población meta, a la que está ubicada en el hemisferio sur.

Tienen como una cifra (perversa) estadísticamente hablando, que en este momento histórico, un aproximado de un 75% de la población debe morir.

Como parte de su narrativa, el Club de los 300 alimenta la idea de que el mundo contemporáneo, debe tener absolutamente claro de que existen razas inferiores de hombres y mujeres que contaminan el mundo y, consecuentemente, debilitan la rentabilidad del capital.

Para sus ideólogos, el mundo de hoy debe tener como práctica social, la eugenesis. Apuestan a grandes campañas publicitarias para inducir al mundo a que se legalice el aborto, contradiciendo las tesis de su aliado, el Vaticano y confrontando así mismo a algunos grupos feministas que no apoyan ese planteamiento. El aborto masivo en este discurso, tiene dos objetivos básicos. En primer lugar como una forma de exterminación y en segundo lugar avanzar en las prácticas masivas de esterilización de la población. Pero más dramático que lo anterior, es la forma en que la concentración y centralización del capital, conduce a la muerte de millones de seres humanos por hambre, con dramáticas cifras de desnutrición de niñas y niños a nivel mundial.

Una lectura más en el marco de la eugenesia es la política sostenida de inocular virus mortales en grupos de población sensible. Ataques sostenidos con guerras bacteriológicas. Planificados escenarios que llevan al etnocidio y políticas guerreristas cuyo objetivo es exterminar masivamente con poblaciones enteras, con prácticas de un genocidio planificado.

El caso más reciente, el asesinato de George Floyd, es solo una punta del iceberg, que nos deja al descubierto la infinidad de maneras de matar a las personas negras, se asume como una práctica natural que, “las vidas de las personas negras no importan”, como tampoco importaría el genocidio de los pueblos ancestrales.

Así, ante el corona virus o SARS-Co- V2 (COVID-19), se esconden su segunda tesis “…las personas negras tienen 3,5 veces más posibilidades de morir que las blancas y las latinas dos veces más de sucumbir al virus. Puede que nunca se conozcan las proporciones reales de personas muertas ya que según el estudio de Yale, casi la mitad de los estados no rastrea la raza y el origen étnico de las personas muertas durante la pandemia y los que lo hacen no tienen en cuenta las diferencias de edad entre los grupos de población”.

Obviamente las pandemias pasan, con sus profundas consecuencias estructurales en nuestras debilitadas economías, lo que queda, sin embargo, es el sello indeleble del sistema capitalista salvaje y neoliberal rampante, que produce sostenidamente más muertes por hambre y negación al acceso de trabajo, que todas las muertes que pudiéramos sumar producto del COVID-19.

Nihilismo absoluto. De ninguna manera. Mientras podamos seguir creyendo en la gran reserva moral del pueblo, podemos seguir construyendo nuestra utopía, el proyecto alternativo y contestatario contra las tesis del Club de los 300.

Estamos en capacidad de adivinar bajo la lucha de clases, las acciones previsibles del sistema capitalista. Es en las manos de la clase trabajadora en donde descansa la riqueza, no es en las formas obcecadas de explotación del hombre por el hombre de la mujer por la mujer.

San José, Costa Rica, 22 de julio de 2020