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Etiqueta: divulgación científica

El volcán Arenal cuenta una nueva historia

El volcán Arenal, el cerro Chato y el lago de Arenal. Foto: Luko Hilje

Luko Hilje
lukohilje@gmail.com

Por fin, tras años de larga espera, debido a varias circunstancias, recientemente ha visto la luz el libro Dos hombres y un volcán, escrito por mi prima María Isabel Quesada Rojas y yo, publicado por la Editorial Tecnológica de Costa Rica. Y ahora, el leerlo pausadamente, ya en su versión impresa, reafirmo mi convicción de cuán importante era saldar una deuda postergada por 89 años hacia aquellos siete valerosos compatriotas que en 1937 alcanzaron la cima del Arenal, para verificar —como lo sospechaban— que era un volcán, y no un inofensivo cerro.

Ahora bien, en cuanto a la génesis del libro, representa la suma de dos esfuerzos independientes, acerca de los cuales vale la pena comentar.

El volcán Arenal. Foto: Federico Chavarría Kopper.

En efecto, para el cincuentenario del muy destructivo despertar del volcán Arenal, ocurrido en 1968, me había propuesto rescatar varios textos escritos por mi tío Luis Castro Rodríguez en varias épocas, para preparar un artículo académico. Y, mientras estaba en esas, ya bastante avanzado en mis labores, me enteré de que hace 30 años, en 1996, María Isabel enfermera de formación había escrito un breve libro de remembranzas acerca de su padre Alberto (Beto) Quesada Rodríguez; lo intituló Un hombre y un volcán, y lo compartió con su familia, en formato digital. Fue por ello que, residente ella en la lejana San Carlos, y tras decenios de no vernos ni saber de ella, la contacté para que me compartiera su obra, lo cual hizo de manera gentil e inmediata.

Tras su lectura, me percaté de que, de manera muy sencilla, podía articular y fusionar mi proyecto con el de ella, para dar forma a un libro conjunto, lo cual aceptó gustosa. Y fue así como nació Dos hombres y un volcán, centrado en Luis y Beto —primos hermanos, nacidos de Naranjo, Alajuela—, pero sin ignorar a quienes los secundaron en sus afanes de exploradores.

Cabe aquí una digresión para indicar que el espíritu de aventura de Beto tenía una profunda raigambre familiar, quizás incrustada en los genes. Tan es así, que fueron varios de sus ancestros los fundadores de Villa Quesada —hoy Ciudad Quesada—, entre quienes figuraron su abuelo José Joaquín Quesada Rodríguez, su tío abuelo paterno Baltazar, su tío abuelo materno José María Quesada Ugaldetodos oriundos de San Pedro de Poás, más su tío Teófilo Quesada Quesada y su padre Lupicio Quesada Quesada. Por su parte, Beto fue uno de los primeros pobladores de La Fortuna, entorno totalmente agreste y colmado de peligros donde, a su llegada, ya vivían el nicaragüense Marcial Jarquín Bellorín y quizás unos pocos más recios colonos, como Ramón Villalta, quien residía en lo que hoy es el caserío de La Palma. Fue ahí donde Beto se instaló en 1934, a la edad de 34 años, casado y con dos hijos ya, tras hacer un denuncio de 50 hectáreas.

Unos dos años después se estableció en La Fortuna su primo hermano Ricardo Quirós Rodríguez, hermano de Luis por vía materna. Y sería su casa el sitio al que, de vez en cuando, concurriría su familia naranjeña, incluidas mi abuelita Ramona y mi madre Carmen Quirós Rodríguez, junto con los abundantes hijos de ésta.

A diferencia de Beto y Ricardo, quienes no tuvieron educación formal y se dedicaron siempre a las labores de finqueros, Luis cursó la secundaria en el Colegio Seminario y el Liceo de Costa Rica, además de que se graduó como maestro en la Escuela Normal de Costa Rica. Por tanto, la oportunidad de visitar a su hermano Ricardo y a su primo Beto lo puso en contacto visual con el espectacular cerro Arenal, y como era un lector voraz, además de que en su formación no faltó la vulcanología, posiblemente siempre le intrigó la verdadera naturaleza del citado cerro.

Asimismo, es casi seguro que los escasos habitantes de La Fortuna no ignoraban que, a la distancia, los pobladores de Villa Quesada habían observado en 1922 columnas de humo emergiendo del imponente cerro, acompañadas de temblores. Con el título Los pueblos de San Carlos están asustados con la aparición de un nuevo volcán, la prensa dio cuenta de estos fenómenos que, afortunadamente, no pasaron a más, sin determinarse a cabalidad si se trataba del despertar del coloso.

Esto explica que, dado que vivían en sus proximidades, a los nuevos habitantes de La Fortuna no les resultaría tan complicado ni demorado emprender el ascenso hasta la cumbre, para indagar si había huellas de vulcanismo.

Y fue así como en algún momento de 1936, Beto y su hermano Guillermo —residente en Villa Quesada—, junto con su primo Ricardo y algunos más, decidieron escalar el Arenal por su flanco boscoso, lo que facilitaba su ascenso, en contraste con otros sectores más expuestos y arenosos. Fue en esa oportunidad que descubrieron la célebre Laguna Clara o Laguna Azul, en sus estribaciones.

Enterado de este hecho, el empresario agrícola josefino Rodolfo Quirós Quirós —medio primo nuestro, dado que su padre Juan Bautista Quirós Segura era primo hermano de Ascensión Quirós Montero, mi abuelo— se entusiasmó con la idea de llegar hasta la cima y persuadió a mi tío Luis para organizar una expedición. Y ya para febrero de 1937 todo se había concretado para alcanzar esta meta. Fue así como, con Beto y Ricardo como baquianos, a Rodolfo y Luis se les sumarían los naranjeños Gustavo Quesada Rodríguez y Bercelio (Chelo) Castro Ramírez, más el finquero sancarleño Elías Kopper Cubero, para emprender el reto planteado.

Tras indecibles adversidades —que Luis narró con bastante detalle, gracias a su excelente pluma de periodista, porque también lo fue—, les tomó entre nueve y diez horas alcanzar la cúspide del supuesto cerro, y cerca de las tres de la tarde del miércoles 24 de febrero, cuando el denso velo de nubes que la cubría se disipó, pudieron atestiguar la presencia de un cráter bien definido, al igual que de fumarolas activas. Su gran incógnita era si se trataba de un volcán extinto o en formación, y tomaría nada menos que 31 años en despejarse, y de manera muy violenta, en la mañana del lunes 29 de julio de 1968.

Esta es la esencia, el hecho central sobre el cual gravita nuestro libro, en el que María Isabel relata el indisoluble vínculo afectivo de su padre Beto con el volcán, en tanto que yo me valgo del rico legado de mi tío Luis para narrar de primera mano los acontecimientos asociados con ese significativo ascenso.

Pero, en realidad, el libro abarca mucho más, pues Luis tuvo la oportunidad de retornar dos veces, una en 1950 y otra en 1959, en tanto que Beto lo hizo incontables veces, ya fuera con sus hijos o con visitantes interesados que llegaban desde diferentes puntos del país, y cuyos nombres quedaron registrados en una bitácora que él mantenía en su casa.

Al fin de cuentas, gracias a la existencia de estos materiales escritos, con nuestro libro se ha podido recuperar del olvido y la desmemoria una porción sustancial de la historia asociada con el Arenal y, como lo acoté al principio, ha hecho posible saldar una añeja deuda con quienes hace casi un siglo acometieron el desafío de conquistar sus alturas, para develar tan prolongado, escondido y acuciante misterio.

Ruta Micológica 2026 impulsa turismo científico, conservación y educación ambiental en comunidades del país

La Ruta Micológica Costa Rica 2026 celebrará su quinta edición consolidándose como una experiencia que articula turismo científico, conservación ambiental, ciencia ciudadana y desarrollo local mediante expediciones guiadas centradas en el reino de los hongos. El proyecto, impulsado por Oropopo Experience y Funga Conservation, ha reunido en sus cuatro ediciones anteriores a más de 700 participantes en 16 destinos del país y 52 experiencias desarrolladas.

La iniciativa propone una aproximación educativa y regenerativa a los ecosistemas, promoviendo una nueva mirada sobre los bosques y sus interrelaciones ecológicas. “La Ruta Micológica es una experiencia que cambia la forma en que las personas perciben el bosque: deja de ser solo paisaje y se convierte en un sistema vivo lleno de relaciones, donde los hongos son protagonistas invisibles”, señaló Luis Ledezma, codirector de Funga Conservation.

Desde su creación en 2022, la Ruta ha combinado caminatas guiadas, identificación de hongos, actividades de ciencia ciudadana y propuestas gastronómicas en algunos territorios, desarrollándose especialmente durante la temporada lluviosa, cuando disminuye la actividad turística convencional. Según sus organizadores, esto permite activar economías locales y generar valor en comunidades rurales mediante experiencias educativas de bajo impacto ambiental.

La edición 2026 incorporará además tres charlas familiares accesibles mediante donación, con el objetivo de acercar el conocimiento sobre hongos a públicos más amplios y eliminar barreras de acceso. Las actividades tendrán opciones que van desde los 47 hasta los 235 dólares, incluyendo experiencias con hospedaje, actividades educativas y espacios gratuitos.

El programa recorrerá distintos territorios del país entre mayo y noviembre, incluyendo actividades en Cerro de la Muerte, Monteverde, Cerros de Escazú, Esparza, Dota y Heredia, abordando temas como hongos comestibles, bioluminiscencia, restauración ecológica, identificación de especies y conservación de bosques de robles.

Entre las organizaciones impulsoras se encuentra Oropopo Experience, empresa dedicada al turismo sostenible y educativo, así como Funga Conservation, organización enfocada en investigación, educación y conservación de hongos silvestres en Costa Rica mediante ciencia ciudadana y sostenibilidad ecológica.

La Ruta Micológica recibió por quinto año consecutivo el sello Esencial Costa Rica, reconocimiento mencionado por las organizaciones como parte de su compromiso con la sostenibilidad y el impacto local.

Más información e inscripciones pueden consultarse en el sitio web del proyecto y mediante el formulario habilitado por las organizaciones organizadoras.

Ciencia y conocimiento aplicado protagonizan nuevo panel de Alternativas este 24 de abril

El programa Alternativas realizará el panel “La ciencia en tu día a día II” este 24 de abril de 2026 a las 18:00 horas (-6 UTC), con la participación de especialistas vinculados a la investigación, la docencia universitaria y el desarrollo científico. La actividad busca acercar la ciencia a la vida cotidiana, mostrando cómo el conocimiento académico impacta la salud, la tecnología, la educación y distintos ámbitos sociales.

El espacio contará con la participación de Hans Zamora, docente de la Sede de Occidente de la Universidad de Costa Rica (UCR), bachiller en Química por la UCR, licenciado en Docencia por la UNED y doctor en Química Analítica por la UNICAMP (Brasil), con trabajo en metabolómica de neuropatías inflamatorias.

También participará Eduardo Arías, docente e investigador de la UNED y de la UCR – Sede de Occidente, con formación en ingeniería física experimental y estudios doctorales en CICATA, Unidad Legaria, IPN (México).

La transmisión será en vivo por Facebook Live, YouTube y Spotify, como parte de la programación del colectivo Reflexión – Acción, responsable del programa Alternativas.

Además, el panel será retransmitido por diversas emisoras aliadas:

  • Guanacaste 106.1 FM

  • Radio Soberanía

  • Radio Revolución

  • 506 Ondas de Alajuelita

  • 97.3 FM Voces Libertarias

La convocatoria propone un diálogo accesible entre ciencia y ciudadanía, resaltando la importancia de la investigación pública y del pensamiento crítico en tiempos marcados por rápidos cambios tecnológicos y desafíos sociales.

Cocodrilos en ríos y playas: lo que conviene saber antes de entrar

El agua se ve tranquila. A simple vista, no hay nada que alerte. La orilla parece segura, el paisaje invita a meterse sin pensarlo mucho. Pero en muchos puntos del país, esa calma puede ser engañosa.

En Costa Rica, los cocodrilos forman parte del entorno natural de numerosas zonas costeras. Pueden encontrarse no solo en grandes ríos o manglares, sino también en desembocaduras, esteros, lagunas, playas cercanas a ríos e incluso en cuerpos de agua pequeños que están conectados con estos sistemas. En el Pacífico, se han registrado hasta los 600 metros sobre el nivel del mar; en el Caribe, hasta los 250 metros.

Por eso, antes de entrar al agua o acercarse a la orilla, vale la pena hacer una pausa. No toma más que unos minutos: observe el entorno, fíjese en señales de riesgo y pregunte a quienes conocen la zona.

El investigador Iván Sandoval, de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional, insiste en que lo primero es informarse.

“Durante la época seca, la atención debe ser mayor. Al disminuir el caudal de los ríos, muchos cocodrilos se desplazan en busca de agua, lo que puede acercarlos a sitios donde hay presencia de personas”, detalló.

Hay prácticas que aumentan el riesgo y debe evitar:

· Entrar al agua en zonas donde se sabe que hay cocodrilos.
Permanecer en orillas con agua turbia o de baja visibilidad.

· Realizar actividades como natación, kayak, paddle o surf cerca de desembocaduras o esteros.
Pescar dentro del agua o limpiar pescado en la orilla, lo que puede atraer animales.
Permitir que las mascotas se acerquen a estos sitios.

Si observa un cocodrilo, aléjese, no intente interactuar con él ni alimentarlo.

Lo que debe saber antes de ir de paseo

La prevención también requiere entender qué son los cocodrilos, cómo se comportan y por qué aparecen en ciertos lugares.

Ante el aumento de encuentros entre personas y cocodrilos en zonas costeras, la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional desarrolló dos publicaciones con información científica y herramientas educativas.

Se trata de una guía metodológica sobre manejo de interacciones entre humanos y cocodrilos y de un libro dirigido al público general. Ambos materiales buscan responder preguntas frecuentes y ofrecer orientación práctica.

Sandoval explicó que el objetivo es reducir incidentes. “Son una guía práctica para educar a la población y dar respuesta a muchas de esas consultas que comúnmente se hacen”, comentó.

Uno de los aportes es explicar el comportamiento de la especie. Los cocodrilos no están “invadiendo” espacios humanos; ocupan hábitats donde siempre han estado. Lo que ha cambiado es la relación con las personas, marcada por el crecimiento urbano, las actividades productivas y la recuperación de sus poblaciones.

El libro aborda aspectos clave:

· ¿Dónde viven y por qué se desplazan?

· ¿Cómo se comportan en distintos momentos del año?

· ¿Qué situaciones aumentan el riesgo de encuentros?

· ¿Qué prácticas humanas los atraen, como alimentar fauna silvestre o dejar restos de pesca?

También se explica su papel ecológico: el cocodrilo es un depredador tope que regula poblaciones y mantiene el equilibrio de los ecosistemas acuáticos.

La guía metodológica, por su parte, está pensada para comunidades e instituciones y propone talleres y actividades que ayudan a reconocer riesgos y a modificar conductas.

Las publicaciones, aunque se desarrollaron con énfasis en la región Chorotega, aplican para todo el país y están disponibles en formato digital en el siguiente enlace. También incluye un libro para colorear: https://bit.ly/4rOChCZ

Oficina de Comunicación
Universidad Nacional, Costa Rica