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Etiqueta: educación superior pública

Voces y Política: El FEES como pilar en la educación superior y el papel del movimiento estudiantil en la defensa de las universidades públicas

Se extiende la invitación a sintonizar el programa Voces y Política, el próximo miércoles 03 de agosto a las 5:00 p.m.

En esta ocasión se estará conversando acerca del FEES y su importancia para la educación superior costarricense, así como del papel del movimiento estudiantil en la defensa de las universidades públicas.

Se contará con la participación de la señora Miryam Badilla Mora, representante estudiantil en el Consejo Universitario de la Universidad de Costa Rica y del señor José María Villalta, exdiputado de la República.

Escuche el programa por la 96.7 FM en Radio Universidad o véalo a través del Facebook de Radio Universidad de Costa Rica y del Programa Kioscos Socioambientales.

Compartido con SURCOS por Programa Voces y Política.

PUÑOS ALZADOS

Por Memo Acuña (Escritor y sociólogo costarricense)

Frente a la plaza 24 de abril, concretamente en el cuarto piso del viejo edificio de la Facultad de Ciencias Sociales de la universidad de Costa Rica, se había instalado una radio estudiantil.

Transmitía desde un potente parlante que amplificaba para todo aquel que pasara por la plaza, mensajes sobre la necesidad de defender el presupuesto de las universidades públicas, entonces asediadas por el ánimo recortista de un lacónico Ministro de Hacienda, de ingrata memoria.

Los mensajes eran directos y claros: la universidad pública es un bien social y colectivo y en lugar de debilitarla con intentos minimalistas, hay que fortalecerla como uno de los últimos reductos de un estado social que estaba, como ahora lo está, a punto de pasar a la historia.

Eran los tempranos años noventa y ya el discurso privatizador, reformista y anti estatista había ganado posiciones y espacios en una sociedad que años después sería polarizada para siempre.

Desde la radio 24 de abril se impulsaba un rito, un lenguaje de unidad, de sentido de comunidad que de alguna manera se vio amenazada. Por eso la respuesta. Por eso las jornadas que no se volvieron a repetir con las 4 universidades públicas de entonces llenando San José con color, música, danza y poesía.

Una de las mejores anécdotas de ese periodo de movilización, me la dejó el actor y director de teatro Stoyan Vladich, que para entonces dirigía la Escuela de Artes Dramáticas de la UCR. Nos había citado a un grupo de estudiantes para conversar sobre el movimiento universitario, su importancia.

La sorpresa sería al empezar su conversación lanzándonos una serie de ataques hacia nosotros, la universidad pública y su rol en la sociedad. Nos enojamos. Claro que nos enojamos. Y empezamos a contraargumentarle con datos, con cifras claras, con ideas bien fundamentadas sobre por qué había que salir a la calle a exigir que el presupuesto para la educación superior pública no se modificara y más bien se fortaleciera.

Nos detuvo cuando la conversación subió de tono, sonrió y nos dijo que así, con esa vehemencia con que le habíamos contestado, había que salir y convencer a la gente para contar con su apoyo en la defensa de la universidad pública.

Le agradezco a Vladich por ese momento.

Hoy hay nubes igual de densas que se ciernen sobre el futuro de la educación superior pública costarricense. Hoy habría que enojarse igual contra el irrespeto de autoridades gubernamentales que sistemáticamente le han cerrado las puertas a la negociación del FEES (Fondo Especial para la Educación Superior).

Hoy habrá que alzar los puños como un valor universal que manifieste la alegría de defender un bien público y colectivo que nos pertenece a todos y todas.

Vamos a alzarlos.

SINAES entrega a la UNED el certificado de acreditación oficial de 12 carreras

El Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior (SINAES) ha entregado a doce de las carreras impartidas por la Universidad Estatal a Distancia (UNED) el Certificado de Acreditación Oficial. 

Entre estas se encuentran algunas carreras reacreditadas por un periodo de cuatro años, las cuales serían la Maestría en Psicopedagogía; el Diplomado, Bachillerato y Licenciatura en Educación Preescolar; el Profesorado, Bachillerato y Licenciatura en Enseñanza de la Matemática, y el Bachillerato y Licenciatura en Manejo de Recursos Naturales.

Por otro lado, las que reciben por primera vez su acreditación son el Diplomado en Administración de Empresas y los Bachilleratos y Licenciaturas en Administración de Empresas con énfasis en Banca y Finanzas, Contaduría, Dirección de Empresas/Dirección Empresarial, Mercadeo, Negocios Internacionales, Producción/Operaciones y Recursos Humanos

La ceremonia completa de acreditación puede ser observada en el siguiente enlace: https://www.facebook.com/UNED.CR/videos/831801971123825

 

Compartido con Surcos por Karol Ramírez Chinchilla.

Aumenta la cantidad de carreras acreditadas de la Universidad de Costa Rica

El pasado 16 de mayo se realizó la entrega del certificado oficial de acreditación con SINAES a las carreras de Bachillerato en Francés, Bachillerato y Licenciatura en Terapia Física y la reacreditación de Licenciatura en Ingeniería de Alimentos y el Bachillerato y Licenciatura en Educación con énfasis en Orientación, todas de la Sede Rodrigo Facio Brenes.

62 carreras tienen la condición de acreditadas, re acreditadas o certificadas

Para el resto del año 21 carreras proyectan tener las visitas de pares externos para sus procesos de autoevaluación con miras a la acreditación o reacreditación

Dos nuevas carreras han acreditado su  calidad este 2022: el Bachillerato en Francés y el Bachillerato y Licenciatura en Terapia Física. Otras tres lograron la reacreditación: la Licenciatura en Arquitectura, el Bachillerato y Licenciatura en Educación con énfasis en Orientación y la Licenciatura en Ingeniería de Alimentos; y 21 más persiguen el mismo objetivo al tener ya las visitas de pares proyectadas este año. 

La Dra. Gabriela Valverde Soto, directora del Centro de Evaluación Académica, instancia encargada de apoyar estos procesos dentro de la UCR, asegura que “la visión institucional es promover la autoevaluación de todas las carreras, incentivarles para que inicien estos procesos de reflexión y autoanálisis, con el propósito de identificar las áreas que requieren una mejora y así construir o consolidar la excelencia académica”.  

Luego de un largo proceso de autoevaluación, finalmente muchas carreras van a recibir lo que se conoce como visita de pares evaluadores en los distintos modelos que tienen las agencias, si logran cumplir los estándares y criterios de calidad, el ente externo acredita la carrera. En la UCR una gran cantidad recibe este sello de excelencia con el Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior, quien analizará en los próximos meses a once carreras de la Sede Rodrigo Facio y a otras cinco de la Sede de Occidente. Las carreras de Informática Empresarial y Psicología optaron por acreditarse con el SINAES pero por conglomerados, lo que beneficia a los estudiantes de distintas Sedes.  

No obstante, otras dos carreras han optado por agencias especializadas como en el caso de Ingeniería Mecánica e Ingeniería Química de la Sede Rodrigo Facio, que recibieron el pasado martes 24 de mayo la visita de pares externos con la Agencia de Acreditación de Programas de Ingeniería y de Arquitectura (AAPIA), del Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos. De igual forma la carrera de Medicina y Cirugía culminará su proceso con el Consejo Mexicano para la Acreditación de la Educación Médica A. C. (COMAEM).

Esfuerzos colectivos

El pasado 16 de mayo en la ceremonia de entrega del certificado de acreditación ante el SINAES, la directora de la Escuela de Tecnologías en Salud, M.Sc. Xinia Alvarado Zeledón indicó que “en el contexto actual donde parecieran predominar las lógicas de la acumulación, la inmediatez y la individualidad; resulta particularmente importante poner el acento en dos aspectos: el reconocimiento de un esfuerzo acumulado y el compromiso de la educación superior pública costarricense”. 

La Licda. Heilyn Fernández Huertas, docente de Tecnologías en Salud y quien formó parte de la Comisión de Autoevaluación y Gestión de la Calidad, explica que “el sello certifica que la carrera se sometió a una verificación externa que incluye la evaluación del plan de estudios, infraestructura, cuerpo docente y otros muchos aspectos. Es por tanto, un garante de que la carrera cumple con estándares de calidad y excelencia académica. Además, en la Ley 8798 se declara de interés público la acreditación de las carreras; estableciéndose que el Estado y sus instituciones procurarán contratar personal graduado de carreras acreditadas”. 

Las carreras acreditadas de la UCR cuentan con docentes preparados según los estándares definidos por el SINAES. La M.Ed. Julieta Solórzano Salas, directora de la Escuela de Orientación y Educación Especial, comenta que en su Unidad Académica “la mayoría tiene títulos a nivel de posgrado de la misma universidad y de otras universidades del país y extranjeras” y destaca como una fortaleza importante el contar con la Asociación de Estudiantes ya que participan en las decisiones que se toman y que impactarán su vida académica y desarrollo integral. Desde su acreditación en el 2012, la Escuela ha graduado 565 personas.

La M.Sc. Ruth De La Asunción Romero, directora de la Escuela de Tecnología de Alimentos entrega el certificado de reacreditación a la presidente de la Asociación de Estudiantes de la carrera de Ingeniería de Alimentos, Fiorella Chavarría Vargas. “Este momento significa para nosotros una mejora en lo que respecta a nuestro futuro, porque se puede continuar con una constante actualización de tecnologías que nos ayudan en nuestro proceso de formación, siendo parte del avance que se necesita para perfeccionar nuestras cualidades día tras día”, afirmó la estudiante.

De hecho, el papel de las direcciones de las Unidades Académicas va más allá de liderar el proceso, implica tender «un puente entre las necesidades de la carrera y las prioridades que tiene la Universidad revalidando constantemente la importancia del grupo de personas orientadoras en la sociedad costarricense quienes tienen a su cargo procesos de orientación con miras a contribuir en el bienestar de las personas en las diferentes etapas de su desarrollo, aspecto que reviste de especial importancia en estos momentos tan complejos como los que estamos enfrentado a nivel global”, explica Solórzano.

Competitividad

El impacto es tangible y positivo para las generaciones de graduados. Por ejemplo, la Embajada de Canadá contrata a estudiantes graduados de la carrera de Francés para desempeñar puestos administrativos o de servicio al cliente a nivel de la Sección Consular. La Oficial de Servicios Comunes, Especialista en Recursos Humanos de esta embajada, Iveth González Muñoz destaca que “como empleadores, es importante saber que el nivel de enseñanza que se está brindando es exigente y enfocado a la mejora continua del nivel de aprendizaje del idioma. Permite confirmar que los egresados de la carrera son personas que no solo han sido capaces de aprender y dominar otro idioma, sino que han podido demostrar responsabilidad y perseverancia, habilidades blandas que interesan mucho en la actualidad”.  

En el caso de otras carreras este tipo de certificación de calidad les brinda a sus estudiantes otro tipo de ventajas, por ejemplo, el Servicio Civil en los concursos que se realizan para el otorgamiento de nombramientos y plazas a personas profesionales en Orientación, brinda 5 puntos dentro de la calificación final de los atestados. Esto beneficia a sus estudiantes, en comparación con personas graduadas de otras universidades a la hora de aplicar por un puesto, como explican la Licda. Viria Ureña Salazar y la M.Sc. Ericka Jiménez Espinoza, docentes de la Comisión de Autoevaluación de la carrera.

De acuerdo con datos suministrados por la Dra. Adriana Sancho Simoneau, coordinadora del Área de Desarrollo Curricular y Evaluación Académica (ADCEA) del CEA este año muchas carreras iniciaron los procesos de autoevaluación para determinar los caminos a seguir. Por ejemplo, optar por una primera acreditación con SINAES: Derecho en la Sede de Guanacaste, Enseñanza de los Estudios Sociales, Salud Ambiental e Inglés en la Rodrigo Facio.  

Otras han mostrado interés en iniciar la acreditación con entes internacionales como la carrera de Derecho. También están aquellas que luego de evaluar sus posibilidades, inician el proceso de autoevaluación con miras a la acreditación pero por conglomerados como es el caso de Dirección de Empresas del Recinto de Paraíso, Contaduría Pública del recinto de Turrialba y Guápiles, Administración Aduanera y Comercio Exterior de las Sedes de Guanacaste, del Caribe y la Sede del Sur. Finalmente, dos más solicitaron una asesoría para iniciar su evaluabilidad por parte del CEA: Informática y Tecnología Multimedia de la Sede del Pacífico y Gestión Integral del Recurso Hídrico de Occidente.

Hacia la especialización

El caso de Arquitectura es particular, ya que se habían certificado con el SINAES en el pasado, sin embargo, decidieron acreditarse esta vez con la Agencia Centroamericana de Acreditación de programas de Arquitectura y de Ingeniería (ACAAI). Para el Dr. Olman Hernández Ureña la decisión de iniciar un proceso con esta agencia tenía mucho respaldo. Además de ser regional, es decir confería una acreditación internacional, contaba con el reconocimiento del Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA), la UCR, el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos de Costa Rica (CFIA), el Consejo Centroamericano de Acreditación de la Educación Superior (CCA) y otras entidades de tercer nivel, además de la integración con redes para fortalecerse en un contexto actual de articulación regional. 

Por otra parte, ACAAI utiliza criterios de calidad específicos, por ejemplo, incluye aspectos relacionados con el medio ambiente, con el desarrollo de competencias específicas en el área de la arquitectura y la carrera también debe describir la forma en que el diseño de las edificaciones incide en el entorno físico y en el consumo de energía, como explican las asesoras en evaluación del Centro de Evaluación Académica de la UCR, la M.Sc. María Marta Jiménez-Picado y la Dra. Eugenia Gallardo-Allen, quienes acompañaron a la carrera.  

Por lo pronto, la carrera de Arquitectura tiene en el horizonte la implementación de mecanismos para la mejora continua para garantizar la revisión permanente del plan de estudios, la introducción de la práctica profesional en la formación del estudiantado, la mejora de algunos espacios físicos de la carrera y el desarrollo de estrategias para promover la actualización de su personal docente.  Al año la Escuela de Arquitectura gradúa aproximadamente 60 profesionales.

 

Bárbara Ocampo Hernández
Periodista, Vicerrectoría de Docencia, UCR

REACREDITADA LA CARRERA DE PLANIFICACION DE LA UNA

El bachillerato y la licenciatura en Planificación Económica y Social de la Escuela de Planificación y Promoción Social de la Universidad Nacional de Costa Rica-EPPS-UNA, recibió este lunes 23 de mayo de 2002 la segunda acreditación por parte del Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior-SINAES.

En la ceremonia de acreditación realizada en el Auditorio Clodomiro Picado, estuvieron presentes el Julio Calvo Alvarado en representación del Consejo Nacional de Acreditación del SINAES, el MED Francisco González Alvarado, Rector de la Universidad Nacional-UNA, el Dr. Ángel Ortega Ortega, Director de la Escuela de Planificación y Promoción Social-EPPS-UNA.

El Dr. Ortega, Director de EPPS-UNA, señaló que la educación se convierte en una de las mejores herramientas a las cuales se apostó en el pasado, y se debe seguir apostado en el presente y en el futuro, por cuanto está claramente evidenciado que, en toda la historia del país, ésta, ha representado un motor de movilidad social en las familias, en el tanto, sea una educación de calidad: “Como Sistema de Educción Pública tenemos grandes retos que escapan a nuestro actuar, como Sistema de Educación Superior Pública, contamos con el SINAES, para articular una oferta pertinente, cuyas valoraciones de calidad, no solo consideren los parámetros internacionales, para medir aporte a la investigación, extensión y producción, que en su mayoría han sido pensados desde paradigmas tradicionales dominantes, sino que se consideren los procesos que las profesiones aportan al desarrollo de la sociedad costarricense desde el cumplimiento de su tercera misión, dado que la calidad es algo intrínseco a los contextos. Como carreras acreditadas, en muchos casos estamos siendo evaluadas con esos parámetros dominantes que, si no lo detectamos, podrían estar orientándonos hacia una educación con fuerte enfoque de mercado, y, descuidar el mayor de los retos que es, llevar la UNA a las espacios organizacionales, locales y territoriales y desde los mismos actores locales, generar desarrollo para su beneficio y esto, no está totalmente claro en los procesos de evaluación o autoevaluación de la calidad”, señaló Ortega.

Desde el año 2019 la Escuela de Planificación Económica y Promoción Social, por medio de su actividad académica de gestión de la calidad de la carrera del Bachillerato y Licenciatura en Planificación Económica y Social, comenzó el proceso de autoevaluación con miras de reacreditación de la carrera impartida en el Campus Omar Dengo. De esta manera, el trabajo operativo del proceso de autoevaluación, fue realizado por la Comisión de Autoevaluación de la carrera, con asesoría de la Vicerrectoría de Docencia. Además, los insumos para la construcción del informe de autoevaluación, solicitado por el Sistema Nacional de Acreditación de la Educación Superior (SINAES), fueron suministrados por la UNA: la Dirección, Subdirección, coordinadoras (es) de programas, proyectos y actividades académicas (PPAA), así como todo el personal administrativo, docente, estudiantes regulares, graduados y empleadores.

La Máster Isabel Calvo González, coordinadora del equipo de autoevaluación de la EPPS-UNA, señaló que la autoevaluación del bachillerato y la licenciatura en EPPS-UNA se inició con un proceso de sensibilización que incluyó visitas a aulas, exposiciones en actividades académicas y publicaciones periódicas en redes sociales, con el fin de informar sobre la importancia de la autoevaluación y la reacreditación. Además, se realizó una revisión de documentos oficiales (de la Unidad Académica y de otras instancias universitarias) para sistematizar, describir y analizar datos solicitados como evidencias por parte del SINAES. Se aplicaron encuestas anónimas a estudiantes de primer ingreso, estudiantes regulares, personas graduadas, personal docente y personal administrativo de la Escuela de Planificación y Promoción Social, así como a empleadores de profesionales en Planificación en diversos ámbitos: “ Los diferentes instrumentos, se confeccionaron de forma detallada, para que correspondiera con la realidad y perspectiva de cada sector, así como con los requerimientos que se señalan en el Manual de Acreditación oficial de carreras de grado del SINAES”, manifestó Calvo.

Cabe indicar que el 9 de marzo del año 2021 se hace remisión del Informe de Autoevaluación al SINAES por parte del Rector de la UNA, MED Francisco González, y el 12 de julio de 2021 el SINAES realiza el nombramiento de un grupo de expertos encargados de realizar la evaluación externa de la carrera. Dicha evaluación se realizó de manera virtual la semana del 6 al 10 de setiembre del 2021 y contó con la participación de los expertos internacionales Dr. Alexander Blandón López de Colombia, Dr. Zidane Zeraoui El Awad de México y la experta nacional la Dra. Mayela Cubillo Mora.

La visita de estas personas evaluadoras externas culminó con la aprobación de un compromiso de mejoramiento para los próximos 4 años por parte de la Escuela de Planificación y Promoción Social, en donde la Unidad Académica asume su compromiso por una mejora constante en el plan de estudios, el desarrollo docente, la investigación, el desempeño estudiantil, la vinculación con las personas graduadas, entre otras. Con base a esto, el 2 de noviembre del año 2021, en la sesión 1544 del SINAES se aprueba la segunda acreditación del Bachillerato y Licenciatura en Planificación Económica y Social impartida en el Campus Omar Dengo. Se hace entrega oficial de la certificación de manera presencial el pasado 23 de mayo del 2022 en horas de la mañana con participación de académicos, estudiantes y autoridades universitarias.

“Desde los espacios generados en el marco de la gestión de la calidad, debemos avocarnos a diseñar propuestas educativas que no solo aseguren la empleabilidad, sino que les permita a las personas formadas, insertarse activamente en su realidad social, para desempeñarse no sólo como profesionales, sino como personas ciudadanas competentes en armonía con el concepto de crecimiento y desarrollo de dimensiones holísticas”, manifestó en su mensaje oficial el Director de EPPS-UNA, para quién, dicho propósito es posible, si se demanda de parte del sistema de educación superior pública, lo siguiente:

  • Consolidarse como una organización inteligente que aprende sobre la base del respeto, la solidaridad, la responsabilidad, la participación y el diálogo, pero que además renueve de manera permanente su propuesta educativa y pedagógica.
  • Definición de un foco de largo plazo anclado en el sentir y actuar de todo su equipo de trabajo, pero, con estructuras internas flexibles que permitan la renovación permanente sin perder su horizonte de largo plazo.
  • Garantizar una educación permanente abierta a todos y todas, respetando el principio de equidad y sin importar la formalidad de las carreras.

Para Ortega, este es el contexto en que la Carrera de Planificación Económica y Social-EPPS-UNA, viene implementando una nueva estructura curricular, elaborada en el marco de su primer proceso de acreditación y que hoy, les permite obtener por primera vez, la reacreditación.

Con la aprobación de la segunda acreditación la Unidad Académica (EPPPS-UNA), reafirma su compromiso con el estudiantado y con la sociedad costarricense, de brindar una oferta académica de calidad, estableciendo la mejora continua como eje esencial en sus procesos de gestión académica y administrativa.

Las integrantes de la Comisión de Autoevaluación de EPPS-UNA, Lic. Laura Vargas León, MBA Karol Monge Hernández, Isabel Calvo (Coordinadora) y la M.Sc Adriana Sánchez Sánchez,  expresaron el compromiso de la Escuela en aportar, tanto en la línea de formación de personas profesionales comprometidos con el desarrollo con equidad, como con los proyectos de investigación y extensión de apoyo directo a las poblaciones vulnerables en el país, generando insumos y propuestas de planificación al servicio de estos sectores: “Para ello, se vienen mejorando una serie de procesos relacionados con la gestión, la actualización, la formación, el acercamiento con personas egresadas, el acercamiento con los empleadores, entre otros”.

El Rector de la UNA, Máster Francisco González Alvarado, expresó que la UNA hace mas de 20 años apostó por el proceso de autoevaluación y con ello obtener la acreditación de sus carreras, en donde los estudiantes han jugado un papel central.  Hoy en vísperas de iniciar un nuevo proceso de planificación institucional para el 2023, ya reconocemos que la acreditación es un ejercicio, una experiencia, una herramienta que la UNA no va a echar atrás, que por el contrario se constituye en una aspiración a la cual se van sumando cada día diversas Unidades Académicas: “Ningún proceso de acreditación es el resultado de una persona, es un proceso de trabajo articulado, voluntario, es un reto que nos visualiza en el corto plazo con la posibilidad que logremos la acreditación institucional de los servicios académicos”.

El Rector puntualizó que la acreditación de carreras universitarias tiene sentido en la medida que transforme, que no es suficiente con cumplir con el procedimiento y los estándares que exige el proceso, sino que transforme significativamente la actividad institucional y el desarrollo general y particular en la academia: “Un elemento fundamental de la acreditación es el hecho de tenernos vinculados al sector empleador y a las personas egresadas. Los procesos de acreditación nos fortalecen y nos ayudan a plantear nuevos compromisos en íntima relación con las demandas de la sociedad y sobre todo asegurando empleabilidad en los procesos de nuestras carreras. Esto es un reto que tenemos que plantearnos en el marco de la acreditación de procesos institucionales que impulsamos”, indicó el Rector González.

Josué Molina Alpízar, estudiante de la carrera en Planificación Económica y Social, quien junto a las autoridades participó de la entrega del certificado, dijo que para cambiar las realidades actuales es necesaria la evaluación de pares externos sobre el quehacer de la Unidad Académica, dado que la retroalimentación sobre los procesos académicos ayuda a prepararse y cambiar los futuros del país y dar elementos para potenciar los nichos educativos hacia la innovación y la transformación: “Agradecemos al SINAES por constituirse en agentes para la evaluación de la realidad y dar luces para cambiar y mejorar la sociedad en aras de una verdadera transformación con equidad».

El representante del Consejo Nacional de Acreditación del SINAES, Master Julio Calvo Alvarado, expresó que la educación ha sido determinante en la construcción de nuestro país, ha sido un motor que desde el siglo XIX ha delineado el camino aspiracional de la paz, el bienestar con equidad y oportunidades y el desarrollo en armonía con el ambiente: “Por eso este país ha invertido en educación, que junto con la salud reciben mas recursos del presupuesto nacional: “Por eso Costa Rica en el concierto de las naciones luce sus mejores indicadores en desarrollo humano, conservación de la naturaleza, convivencia pacifica y democracia. Pero afanarse de lo que hicimos, sin autocrítica, y reconocer que el modelo está fallando es como nadar en arena. Enfrentamos una gran crisis en el sector educación que nos deja sin aliento, que requiere de grandes transformaciones. Superpuesto a lo anterior enfrentamos una crisis fiscal histórica azuzada por los transes de la pandemia y la economía mundial. Todo parece la respuesta perfecta para retroceder y perder nuestros logros y el rumbo que habíamos tomado. Pero esto no va a suceder y no sucederá, si todos en consonancia aceptamos el sacrificio y el reto de hacer más, mejor y con menos. Para eso se requiere de la revisión permanente de nuestro trabajo, de nuestras vidas y de cómo interactuamos en sociedad y política. La autocritica y la creatividad nos permitirán retomar el camino, para esto una vez deberemos de ser creativos y de entrar en la innovación”.

En este sentido, Calvo dijo que el SINAES se convierte en una plataforma estratégica para el país, ya que es con los procesos de acreditación voluntaria que las carreras pueden desarrollar un proceso de autoevaluación mirando los retos y el futuro. Este proceso es el mas importante, porque educadores, estudiantes, autoridades universitarias, egresados y empleadores tienen la oportunidad de replantear su quehacer para definir una estrategia de mejora continua que les permita enfrentar proactivamente los retos y formar los profesionales que el país requiere.

Para las autoridades de EPPS-UNA, se debe partir de una educación orientada a generar capacidades para aprender, desaprender y reinventarse en el marco de los cambios que se vienen generando. Unas capacidades para que, a partir de la información abierta y disponible, se puedan comprender los fenómenos sociales, económicos, culturales, ambientales, políticos y generar a partir de esta, nuevo conocimiento útil y necesario para gestar los procesos de desarrollo en equidad: “Ante el contexto en donde se desenvolverán nuestras personas profesionales, debemos desde la currículo, generar una actitud resiliente, inclusiva y diversa, que nos permita influir con sabiduría y creatividad, en procura de responder a esas deudas pendientes de la sociedad costarricense… La calidad, es una categoría directamente relacionada con los contextos, y al ser estos cambiantes, el proceso de gestión de la calidad es también un proceso continuo”, concluyó el Dr. Ángel Ortega.

“La educación no cambia al mundo, pero cambia a las personas, que han de cambiar al mundo”. Paulo Freire.

 

Por. Efraín Cavallini Acuña,
Académico EPPS-UNA

La defensa de la autonomía es esencial para garantizar el aporte de las universidades públicas al país

José María Gutiérrez.

José María Gutiérrez
Profesor emérito, Universidad de Costa Rica (jose.gutierrez@ucr.ac.cr)

Las universidades públicas juegan un papel esencial en la vida democrática de nuestra sociedad. Siendo instituciones en permanente evolución, las universidades se transforman para adaptarse a entornos complejos y cambiantes y así depurar su aporte, desde una visión humanista, de excelencia académica y de compromiso con el bien común.  Paralelamente, nuestras universidades y la sociedad que las ampara deben defender y fortalecer los fundamentos del ethos universitario público, el cual depende, en gran medida, de la autonomía a la que constitucionalmente tienen derecho.

La autonomía es uno de los principales logros históricos de las universidades de América Latina a partir de la Reforma de Córdoba, un proceso impulsado por el movimiento estudiantil de la Universidad de Córdoba, Argentina, en 1918. En Costa Rica, la autonomía de la Universidad de Costa Rica quedó establecida en la constitución política de 1949, extendiéndose luego a las otras universidades públicas conforme se fueron creando. Su carácter autónomo ha permitido a estas instituciones hacer múltiples contribuciones a la vida del país en diversos ámbitos.

Pese a su relevancia, el concepto de autonomía universitaria se percibe con frecuencia como algo abstracto y difuso, incluso al interior de nuestras instituciones de educación superior. Además, sectores políticos y económicos hegemónicos, junto con algunos medios de comunicación, presentan con frecuencia a la opinión pública una visión distorsionada de este precepto, haciéndolo ver como un privilegio injustificado. Cada vez con más frecuencia se escuchan voces que cuestionan la autonomía universitaria y propugnan modificarla de diversas formas. El actual escenario político nacional no es nada halagüeño en este sentido; conviene por lo tanto retomar el valor de la autonomía de las universidades públicas para fortalecerlo y consolidarlo.

La autonomía universitaria incluye la libertad académica, la autodeterminación en el establecimiento de planes, programas, presupuestos y organización interna, y la plena capacidad jurídica para adquirir derechos y contraer obligaciones, así como para darse su organización y gobierno propios. La autonomía, en suma, procura dar a estas instituciones todas las condiciones jurídicas requeridas para que desarrollen con independencia su misión (ver Gutiérrez, 2021). El que las universidades sean centros de pensamiento y acción libres y críticos en función de los más amplios intereses de la colectividad es fundamental. Y es precisamente este uno de los puntos que incomodan a los poderes fácticos de carácter económico y político, aquí y en todo el continente.

En los últimos años hemos presenciado embates contra la autonomía universitaria en Costa Rica. Por un lado, se ha cuestionado el presupuesto que se asigna a estas instituciones de educación superior. Sin un adecuado financiamiento por parte del estado, la autonomía universitaria se debilita y el aporte de estas instituciones a la sociedad pierde sustento. Además, se ha elaborado un discurso recurrente que propone condicionar la asignación presupuestaria a que las universidades adapten sus planes de trabajo y su funcionamiento a propuestas que emanan de estos sectores hegemónicos. Esta tendencia quedó claramente reflejada en el dictamen de mayoría de la comisión especial de la Asamblea Legislativa con relación a la administración del Fondo Especial de Educación Superior (FEES), presentado en el 2020, en el que algunas propuestas implicaban claras transgresiones a la autonomía (ver Gutiérrez, 2020).

Estos intentos por condicionar las agendas universitarias con base en los intereses de poderes fácticos del país incluyen, entre otros elementos, un cuestionamiento al desarrollo holístico en las diversas áreas del conocimiento, lo cual es un fundamento central del ethos universitario, centrado en la integralidad de los saberes. Se propone un énfasis desmedido en áreas de trabajo que tienen que ver con el desarrollo económico y se desmeritan áreas como las ciencias básicas, las humanidades, las artes y las ciencias sociales, haciéndolas ver como ‘inútiles’ para los objetivos de desarrollo del país. El aporte universitario a la economía es por supuesto fundamental, y estas instituciones lo hacen de múltiples formas, pero este es solo uno de los componentes de un amplio espectro de disciplinas y labores, todas ellas importantes.

Se subvalora con frecuencia también la acción social o extensión y se cuestionan los procesos de pensamiento crítico que aportan las universidades sobre la realidad nacional, una función fundamental a través de la cual se aportan visiones diversas que abonan a los debates en el país y enriquecen nuestra vida democrática.

De acatarse este tipo de presiones, la autonomía se desdibujaría y las universidades dejarían de ser centros de análisis y pensamiento libres para convertirse en meros instrumentos de agendas externas. En suma, se debilitaría la esencia misma del concepto de universidad pública. Estas tendencias han tenido un fuerte impacto en muchas universidades del mundo, las cuales han entrado en procesos de mercantilización acelerados, lo que Martha Nussbaum ha denominado ‘la crisis silenciosa de la educación superior en el mundo’ (Nussbaum, 2012) (en realidad es una crisis de una dimensión tal que ya no es tan silenciosa).

Es importante dejar claro que la autonomía universitaria no es autarquía irresponsable y que la misma conlleva un enorme compromiso de análisis y mejoramiento permanentes, en el sentido de que nos conmina como comunidades universitarias a depurar continuamente nuestro trabajo, abandonando zonas de confort y privilegios inaceptables y asumiendo metas cada vez más ambiciosas en función de la excelencia académica y la procura del bien común. La autonomía obliga a la reflexión y el análisis autocrítico con miras a mejorar nuestro aporte, así como a hacer un uso adecuado de los recursos que provee el estado. Esa es nuestra responsabilidad, la cual debe ir a la par de la defensa de la autonomía.

Dados los peligros que se ciernen sobre la autonomía universitaria, se requiere una actitud proactiva y decidida en las comunidades universitarias para defender este valor esencial. Con frecuencia las dinámicas cotidianas y los intereses particulares de grupos en nuestras instituciones impiden darle a este tópico la importancia que merece. Es necesario generar conciencia sobre los riesgos a los que las universidades están expuestas.

La defensa de la autonomía, incluyendo la procura de un presupuesto justo para que estas instituciones puedan realizar su labor, es una tarea que nos concierne a todas y todos en las comunidades universitarias, y también le concierne a la sociedad en general, por la importancia de estas instituciones en la vida del país. Esta defensa demanda procesos activos, comprometidos y participativos, que tengan impacto a lo interno y a lo externo de nuestras instituciones y que posean incidencia política real.

Pare ello se requiere desarrollar un doble accionar centrado en la reflexión y la participación. Por un lado, debemos generar espacios de análisis y discusión sobre estos temas en diversos nichos (formales e informales) de las universidades públicas, con un rol activo de docentes, estudiantes y personas administrativas. El movimiento estudiantil en particular tiene un importante papel que jugar, como lo ha hecho en pasadas luchas por reivindicaciones varias. Y, además, es fundamental generar confluencia entre las comunidades universitarias y diversos sectores organizados de la sociedad, para que la defensa de la autonomía se entienda como una necesidad de la colectividad en su conjunto, en diálogo con reivindicaciones urgentes de otros sectores.

Estas tareas de reflexión y análisis deben ser complementadas con la preparación de procesos de participación y movilización, para enfrentar los retos que se avecinan y generar formas concretas de transformar este pensamiento crítico en incidencia política efectiva. Existen debates decisivos sobre los rumbos que Costa Rica tomará en el futuro. En este contexto, la defensa del estado social de derecho y de la institucionalidad pública debe ser una prioridad en la procura de garantizar una vida digna para todas y todos. La defensa y el mejoramiento de las universidades públicas, y particularmente la protección de su autonomía, son tareas fundamentales en las cuales las comunidades universitarias tenemos una enorme cuota de responsabilidad. Los tiempos llaman con urgencia a la reflexión y a la participación.

Referencias

Gutiérrez (2020) La autonomía universitaria y el dictamen de la comisión legislativa sobre el FEES (https://www.elpais.cr/2020/06/03/la-autonomia-universitaria-y-el-dictamen-de-la-comision-legislativa-sobre-el-fees/).

Gutiérrez, J.M. (2021) La Universidad de Costa Rica en sus encrucijadas. En: Reflexiones desde la Academia: Universidad, Ciencia y Sociedad. Segunda edición. Editorial Universidad de Costa Rica, San José, pp. 13-47.

Nussbaum, M. (2012) Sin Fines de Lucro. Por qué la Democracia Necesita de las Humanidades. Katz Editores, Buenos Aires, 199 p.

Entrevista a Diana Borges de la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE)

La entrevista a Diana Borges se da dentro el marco de la “Campaña latinoamericana y caribeña por la democratización de la educación superior y el conocimiento”, bajo el lema de “La educación superior no es mercancía”. La campaña regional se da en camino a la Conferencia Mundial de Educación Superior (WHEC2022), que se celebrará en Barcelona, España, del 18 al 20 de mayo, organizada por la UNESCO; se inició con el propósito de defender la educación superior pública como derecho y acervo de nuestros pueblos.

En la entrevista se le hicieron diversas preguntas a Diana Borges dentro de las cuales están:

¿Qué piensan como organización de estudiantes sobre las posibilidades que pueda brindar o lo que pueda llegar a ocurrir en la Conferencia Mundial de Educación Superior?

A esta pregunta Diana responde que han hecho grandes esfuerzos para que haya una participación democrática de distintas organizaciones para que de esa forma, mediante la conferencia, definir el correcto rumbo que debe seguir la educación superior.

¿Qué trabas están identificando en materia de acceso y permanencia en los estudios a nivel latinoamericano? ¿Qué impacto tienen los procesos de privatización?

A esto responde que una de las principales trabas ha sido el efecto socioeconómico que ha tenido la pandemia ya que muchos jóvenes se han visto obligados a sacrificar su educación para empezar a trabajar y sacar a su familia adelante

¿De qué manera los sistemas públicos deberían responder a esa necesidad de acceso?

Para esta pregunta, Diana indica que una de las prioridades para los sistemas públicos debe ser establecer políticas contundentes para garantizar la inclusión de mujeres o grupos raciales de forma igualitaria en la educación superior.

¿Cuál es la contribución de los docentes, las docentes, les docentes, no solo las mujeres, en garantizar condiciones de mayor igualdad a todo nivel en las universidades?

La contribución es hacer clara la interseccionalidad del tema de la igualdad de género con lo que se menciona en las clases y también no adoptar métodos que puedan oprimir a las mujeres.

Esto es tan solo un breve resumen de algunas de las preguntas que se hicieron en la entrevista, la cual está accesible en el siguiente link: https://www.clacso.org/bianca-borges-oclae/

Estudio de factibilidad para la creación del «Técnico en Comunicación Transmedia», en la UNED

La Universidad Estatal a Distancia, UNED, desea lanzar un técnico en comunicación transmedia en el que se pretende formar a medios regionales, personas comunicadoras, personal de instituciones regionales y público en general en temas relacionados con comunicación, radio, TV, relaciones públicas y redes sociales en todas las regiones del país.

Ante este plan, la UNED ha iniciado estudios que permitirán justificar la creación del técnico.

La universidad del Siglo XXI

Desde una perspectiva intimista

Mis desgarramientos interiores

Alberto Salom Echeverría

Uno de los sentimientos más desgarradores que he experimentado en mi vida, es el del abandono, la separación física de alguien o de algo. Varias veces en mi existencia lo he vivido: lo experimenté intensamente a mis once años, con el temprano fallecimiento de mi padre tras un accidente automovilístico. Volví a vivirlo con la misma intensidad, pero de una manera distinta porque era más maduro, a la edad de cuarenta años, cuando se produjo la partida de un ser maravilloso en mi vida, en la de mis hermanos y estoy seguro de que en la de mucha gente más; ese ser maravilloso fue mi madre. Síntesis de una irremediable endeblez física, propiciada por una enfermedad que la atacó temprano, por una parte y de una inusual fortaleza intelectual y espiritual, por otra. Ella no podía vivir más de cinco años como promedio de la enfermedad. ¡Pero vivió treinta años más! por decisión propia, es decir, por su corazón inmenso y generoso que quiso seguir latiendo alimentado por nuestro amor y entrega hacia ella. ¡Qué sentimiento de abandono sufrí, de inefable orfandad, no obstante, mis cuarenta años! La tercera experiencia fue la muerte de Isabel, mi esposa por 26 años. Una compañera sin par, de gran solidez científica y académica, formada en la UCR, muy leal y de gran valentía también.

Todas estas pérdidas dejaron en mí, después de un primer desgarramiento interior, la enseñanza de que nada de lo espiritual se pierde de manera definitiva. Los cuerpos, lo físico se separa en toda relación en algún momento de manera irremediable, definitiva; los afectos entrañables en cambio, cuando la sinceridad ha sido cristalina en las relaciones interpersonales, trascienden los límites de la finitud de la relación física produciendo esa sensación de prolongación de la existencia, más allá de lo humanamente temporal. El filósofo Platón planteó en la antigüedad de un modo condensado la idea que he querido expresar, cuando postuló: “La unidad del universo es infinita porque no nace ni muere, pero las cosas que devienen son finitas.” Más recientemente, en la modernidad, el filósofo Danés Soren Kierkegaard señaló al respecto que, “el hombre (hoy hablamos del hombre y la mujer) es algo concreto, temporal, en un constante devenir, luchando entre lo temporal-terrenal y lo eterno.”

La huella de La Universidad Nacional en mi experiencia académica

En medio de este dilema, entre lo humano finito y lo eterno, barrunto que la vida cobra más sentido, cuando nos inquietamos y movemos por algo en lo que de verdad creemos. Ese algo por lo que vale la pena vivir para mí son los principios, aquello en lo que creemos profundamente de acuerdo con nuestros valores. Cuando se me prestó por cinco años la oficina de la Rectoría, quise colocar en ella, para verlo constantemente, un arreglo en sepia que me regaló mi hijo mayor, José Carlos. Se trata de una frase, que ahora conservo en mi habitación, muy cerca de mi corazón; el cuadro contiene la imagen de Abraham Lincoln y una frase suya que he querido hacer mía: “Si pudiéramos darnos cuenta primero en dónde estamos y hacia dónde vamos, seríamos capaces de juzgar qué hacer y cómo hacerlo”. Esta frase sintetizó una convicción muy arraigada con la que, desde muy joven he procurado caminar en mi vida. Todo en derredor nuestro adquiere más sentido, en cuanto logramos darle una dirección a nuestro accionar.

No obstante, todas estas convicciones profundas, cuando debí dejar la Universidad Nacional, al terminar mi ejercicio como Rector, junto a mis colegas en la gestión, por haberme acogido a la jubilación, me embargó en un inicio el mismo sentimiento de desgarramiento, y hasta de soledad quizás. Aunque la experiencia acumulada, junto a estas cavilaciones, me permitieron reflexionar pronto percatándome así de lo profundo que está inserta la UNA en mi corazón. Había quedado atrás mi paso por la emblemática Universidad de Costa Rica, institución pública a la que, como joven estudiante también me entregué con pasión. En el año 1976, ingresé como docente a la UNA, para iniciar una carrera académica noble y sublime, que terminó de formar mi personalidad.

La UNA me marcó de manera indeleble. En ella aprendí a reconocer la enorme variedad o pluralidad de la existencia, tanto derivado del conocimiento de los estudiantes provenientes de los más diversos rincones del país, como en mi relación con los colegas universitarios, con el personal administrativo y académico de la institución. La UNA me permitió además, junto a mis colegas y estudiantes, entrar en contacto con comunidades compuestas por mujeres amas de casa, muchas deseosas de asumir algún emprendimiento, algunas otras mujeres solas con hijos, jefas de familia, trabajadoras recién incorporadas a los mercados laborales con indecibles necesidades de capacitación y desde luego sociales, trabajadores de los ferrocarriles, obreros de la construcción, campesinos sin tierra, comunidades indígenas, decenas de jóvenes con discapacidad en todas ellas, deseosos de aprender algún oficio y de incorporarse plenamente a una sociedad poco preparada todavía para subsanar las barreras arquitectónicas, las cognitivas y de otros órdenes. ¡Qué reto tan formidable! Imposible acometerlo, aprendimos pronto, desde una sola perspectiva epistemológica.

Origen y evolución de La Universidad Nacional.

La UNA desde su origen se abrió al desafío de incursionar en el profundo y acaso insondable mundo de la multiplicidad de lo causal. El mismo concepto de “Universidad Necesaria” que, nuestro fundador Benjamín Núñez lo hizo vernáculo en diálogo con Darcy Ribeiro, sociólogo y pedagogo brasileño, nos obligó a recibir jóvenes estudiantes de diferentes culturas, orígenes étnicos, sin distingos de género ni de condición social. Este solo hecho, puso en entredicho una idea por entonces arraigada en el medio cultural del país: los estudiantes de condición social más vulnerable, provenientes en su mayoría del mundo rural, no estaban capacitados para incursionar con éxito en la educación superior, por carecer de las condiciones intelectuales, académicas o pedagógicas que solían adquirirse en los liceos o colegios que contaban con recursos de todo orden y que, por ese hecho otorgaban mayores ventajas educativas.

Entre todos los aportes de la UNA a la educación superior del país, en mi concepto este es uno de los más trascendentes. Nosotros quedamos obligados a modificar incluso el sistema de admisión, a fin de viabilizar el acceso de las personas estudiantes de origen más humilde. No solo eso, debimos crear las condiciones apropiadas a lo interno para subsanar sus carencias económicas y también el pobre nivel académico que muchos traían de la secundaria. Recordemos para empezar los propedéuticos; si bien luego debimos revisarlos. Todo constituyó un formidable reto: la estructuración del sistema de becas, las primeras residencias estudiantiles, casas antiguas enclavadas y dispersas por toda la ciudad de Heredia, como “La Moya”. Cada innovación debió ser sometida a examen crítico y debate interno, otra característica del modo de gestión de la UNA desde su nacimiento. La mejor prueba en el ámbito académico de que caminamos por una senda correcta, nos la proporcionaron algunos años después de la fundación de la UNA, los cientos de estudiantes que, independientemente de su origen social y étnico, o de su género, se graduaron y como nuevos profesionales se insertaron en los mercados laborales con bastante éxito. De hecho, nos sentimos orgullosos de que el porcentaje de subocupación haya sido muy bajo y la desocupación de la población estudiantil egresada de la UNA, casi inexistente.

No obstante, aquí es menester advertir que, una correcta lectura (solo el tiempo nos ha dado esta perspectiva), nos obliga a reconocer que los estudiantes que se han formado como profesionales en la mal llamada (en mi opinión), sede central de la UNA, pero que provenían de regiones alejadas de los principales centros urbanos, solamente en porcentajes bajos retornaron a los pueblos o cantones en los que se criaron. Ciertamente, el papel de las sedes regionales: Chorotega o Brunca y del campus en Sarapiquí, nos han ayudado a paliar los efectos perniciosos que ha tenido esta fuga de cerebros de los territorios locales o regionales hacia la zona central del país. Empero, el desarrollo desigual que ha tenido Costa Rica, favorable a esta región central, desde sus orígenes e incrementado a partir de la segunda mitad del siglo pasado, no favorece tampoco en ningún sentido la inserción de los profesionales en las regiones periféricas.

En tanto no se logre revertir esta tendencia “hipercentralista” a nivel del país, la universidad tiene posibilidades y el imperativo además de incrementar su aporte a los territorios o regiones, mediante al menos dos rutas importantes, que yo he bautizado como contra tendencias: 1-el apoyo a las sedes y campus regionales para que puedan ser dueños de sus propias carreras; esto implica el fortalecimiento planificado en la dotación de recursos a las sedes regionales, para consiguientemente poder otorgarle a estas la potestad de modificar el currículo o plan de estudios, apoyadas por la Unidad de Diseño e Innovación Curricular de la vicerrectoría de docencia y de acuerdo con las necesidades de los territorios y localidades; y 2-un mayor impulso a las carreras itinerantes, lo que nos obliga, acorde nuevamente con una perspectiva territorial, a abrir carreras en determinadas localidades rezagadas del desarrollo nacional, al menos hasta graduar una cohorte de profesionales o técnicos. Gracias a la iniciativa de la Dra. Ana María Hernández que, con tanto entusiasmo y empeño impulsó la propuesta de las carreras itinerantes, el Consejo de Rectoría acogió la propuesta basada en la experiencia de la División Rural del CIDE. Fue el Dr. Pedro Ureña quien la puso sobre el tapete de discusión en su momento. Este trabajo ameritaría un mayor esfuerzo de coordinación con las demás instituciones públicas de educación superior, congregadas en el convenio del CONARE. ¡Ojalá esto pudiera discutirse más en el seno de CONARE! En mi opinión se trata de un nuevo impulso a la Educación Superior del país, concentrando esfuerzos en los territorios y regiones rutinariamente más rezagados del desarrollo.

La organización multidisciplinaria en la UNA y el desafío de la revolución científico-tecnológica.

En lugar de organizar las facultades de acuerdo con los criterios tradicionales de la disciplinariedad creados desde la universidad napoleónica, lo que ha conducido y conduce a la fragmentación del conocimiento, cuando se agrupan las disciplinas básicamente según su afinidad, la UNA por contraposición innovó en la manera como se organizaron las facultades, acudiendo, aunque fuera en forma embrionaria, a la idea de multidisciplinariedad. Todavía no estaba presente ahí la perspectiva de interdisciplinariedad. Aquel otro criterio (el de la multidisciplinariedad) fue patente en la Facultad de Tierra y Mar, en la de Exactas y Naturales, en la Facultad de Ciencias de la Salud, en la de Ciencias Sociales, en la de Filosofía y Letras; así como en los Centros como son: el Centro de Estudios Generales, el Centro de Investigación y Docencia en Educación y el Centro de Investigación, Docencia y Extensión Artística.

A pesar de esta importante innovación en el campo de la organización académica en la UNA, hoy la revolución científico-tecnológica, especialmente en las TIC´s, en la robótica y la informática, en nanotecnología, tanto como en la biotecnología, ha inducido cambios acelerados en el conocimiento en todos los órdenes y ha sentado las bases para el desarrollo portentoso de la sociedad del conocimiento. Ninguna universidad que se precie de ser seria puede quedar ajena a todo ello. Sin embargo, es notorio el rezago de los países latinoamericanos respecto de esta revolución tecnológica, frente a los países desarrollados. De ahí que se haya levantado un extraordinario reto para los centros universitarios de educación superior pública, debido a que sobre ellos reposa la responsabilidad de impulsar la investigación de punta, la extensión o acción social como medio idóneo de contacto con las comunidades y sectores más necesitados del país y aunado a lo anterior una docencia de calidad. Desde nuestra experiencia universitaria, hemos sentido que el desafío es mucho más descomunal aún, al considerar el proceso de globalización que tiene lugar, tan desigual en sus progresos; así como el gigantesco reto que impone a todos los países de la Tierra, la grave enfermedad del calentamiento global y del cambio climático, derivados de la producción por el ser humano de los combustibles fósiles. La brecha digital y tecnológica abierta entre los países ricos y pobres es hoy más grande que nunca, lo mismo que en los órdenes económico y social.

Las “comunidades Epistémicas”.

Hemos llegado a la conclusión de que para que la universidad de hoy pueda acometer desde el punto de vista cognitivo este inmenso reto que nos acecha, es menester promover en toda la Universidad Pública una nueva organización de la academia, de modo que estemos en mejores condiciones para realizar un abordaje de los problemas desde una posición, ahora sí, inter y multidisciplinaria. Desde el punto de vista epistemológico, postulamos que no podemos seguir enfrentando fenómenos complejos y multicausales desde una óptica estrictamente disciplinar.

Postulamos que las disciplinas no se disuelven; al contrario, han de fortalecerse para desde esa base, forjar sinergias entre las diversas disciplinas. Implica un diálogo permanente, fecundo y vigoroso, tanto al interior de cada institución como, si fuera posible, entre todas ellas. No deseo hoy, queridas y queridos colegas y amistades aludir en detalle a la gestión que tuve el honor de encabezar con gente maravillosa, porque cada experiencia está a prueba. Además, porque esta disertación no es una rendición de cuentas. No obstante, solamente digo, para lo que pueda ser útil, impulsamos la idea de crear “comunidades epistémicas”, también conocidas como “comunidades de conocimiento”, cuya labor debería ser tomada en cuenta. Lo esencial, es el “diálogo entre los saberes”, como postularon Maturana y Varela, hace ya algunos años.

En el año 2018, el Dr. Itzkuauhtli Zamora Sáenz escribió sobre una experiencia en una comunidad de Guadalajara, México, muy aleccionadora. Cito “En las últimas dos décadas, es posible atestiguar una proliferación de modelos para la toma de decisiones políticas que abogan por la necesidad de crear mecanismos incluyentes que promuevan la participación multisectorial. Estas propuestas han recibido los nombres de ciencia posnormal, planeación participativa o gobernanza, por mencionar algunos de distintas corrientes (Funtowicz y Ravetz, 1993;Huitema, etal., 2009; Schmoldt, Kangas y Mendoza, 2001).

La premisa general de estas propuestas es que la solución de problemas complejos como los ambientales no puede ser resultado de una decisión exclusivamente técnica o científica que se imponga de manera jerárquica y vertical: requiere incluir el conocimiento y la postura de las comunidades locales que serán las principales beneficiadas o perjudicadas por la implementación de la política. Bajo esta perspectiva, tanto las decisiones como los procesos para tomarlas son igualmente importantes, esto es, no importa solamente alcanzar un buen resultado, sino que su formulación se haya dado bajo mecanismos abiertos, plurales e incluyentes.

Estos modelos participativos coinciden con lo que Mark Warren ha denominado democracia, expansiva, la cual se caracteriza por la ampliación de mecanismos participativos en pequeña escala y por la necesidad de incluir en las soluciones la voz de los posibles afectados por las decisiones gubernamentales (Warren, 1992)” […] -Un poco después agrega el Dr. Zamora- “Hay una gran cantidad de mecanismos específicos para favorecer la participación multisectorial como talleres de planeación, foros, mesas de participación, grupos promotores, paneles de expertos o consejos ciudadanos, por mencionar algunos. Todos estos mecanismos comparten la idea regulativa de favorecer el entendimiento común y la cooperación entre diferentes actores. Peter Haas, en 1992 Haas (1992)acuñó el concepto de comunidad epistémica para referirse a un grupo de personas que se reúnen periódicamente para generar acuerdos sobre un problema y su solución. El concepto lo utilizó Haas por primera vez para referirse a la emergencia de una red de actores gubernamentales, civiles y académicos de diferentes países que se congregaron para intercambiar información con el objetivo de revertir la contaminación del mar Mediterráneo.

El propio Haas agregó que el tipo de problemas que pretende resolver una comunidad epistémica se caracteriza por estar inserto en un contexto de incertidumbre en el que los diferentes actores reconocen que el conocimiento científico no elimina el riesgo de consecuencias no deseadas de una decisión determinada, sino que incluso los puede hacer más conscientes de las posibles secuelas (Haas, 2004).” (Cfr. Zamora Sánez, Itzkuauhtli. “Comunidades Epistémicas en la Solución de Problemas Ambientales. Tendencias en la Recuperación de Ríos Urbanos.” https://orcid.org/0000-0002-1554-6984). En nuestro caso, fue la Dra. Luz Emilia Flores la que tuvo a bien proponernos el fructífero concepto de “Comunidad Epistémica.”

La Universidad como “Bien Público” y su relación con el entorno nacional.

El desarrollo de nuevas carreras y áreas del conocimiento de base multi e interdisciplinaria y la creciente importancia de la internacionalización, constituye todo un programa de acción de la universidad contemporánea en la sociedad del conocimiento. En ella, es imprescindible que las instituciones públicas de educación superior se afiancen como un bien público en un momento en que las élites gobernantes en toda América Latina se han decantado por cuestionar este concepto, junto con importantes grupos del sector empresarial. Esto lo estamos viviendo en Costa Rica concretado en la Ley 9635, de fortalecimiento de las finanzas públicas, en particular en el título IV de la misma que quedó aprobada en diciembre de 2018. Hoy las cinco universidades públicas están viendo drásticamente restringidos sus presupuestos, como resultado del mandato de dicha ley, especialmente en el Título IV de la misma. Los rectores en su momento, agrupados en el CONARE presentamos un recurso de nulidad ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo, en contra del Decreto Ejecutivo que amplió la cobertura del título sobre empleo de dicha ley. Adicionalmente, se planteó también una Acción de Inconstitucionalidad ante la Sala, contra el mismo decreto. Esta es la hora, ante un asunto tan, pero tan urgente y trascendental, en la que ni la Sala Constitucional, ni el Tribunal de lo Contencioso Administrativo se han pronunciado todavía, después de casi cuatro años de haber sido presentados ambos incidentes.

La actividad sustantiva en La Universidad.

Otro asunto que nos permitió crecer académica e intelectualmente tiene que ver con la conceptualización de la actividad sustantiva en el quehacer académico de la universidad pública. Siempre se ha entendido la actividad académica como la conjunción y concatenación de la docencia, la investigación y la extensión conceptualizada también como acción social. La situación actual requiere la integración de estos tres pilares para la formación de profesionales preparados para enfrentar los retos y cambios que la sociedad demanda. La actividad docente para que tenga calidad debe alimentarse de la investigación constante de las personas académicas y de la extensión que, como es sabido se produce cuando la universidad se vincula con la sociedad compenetrándose con las comunidades a las que apoya y de las que se nutre también. El verdadero reto estriba, por un lado, en lograr una real coordinación de las tres actividades (docencia, investigación y extensión) en el eslabón superior ejecutivo de la universidad, a fin de lograr un verdadero apoyo a las facultades y unidades académicas. Pero, por otra parte, cada unidad académica debe ser un hervidero de conocimiento que involucre a todo el personal docente de modo que se pueda transmitir al estudiante la experiencia académica adquirida. En nuestra experiencia todavía tenemos frente a nosotros el reto de alcanzar una mayor compenetración y simbiosis entre estos tres componentes de la actividad sustantiva de la universidad, tanto en el quehacer de las personas profesionales que apoyan a las facultades y unidades académicas desde el nivel ejecutivo superior y, sobre todo, en las unidades académicas mismas.

La Universidad Humanista con sentido social en el siglo XXI.

He dejado para la parte postrera de mi intervención, un tema que considero es uno de los más relevantes. El Foro Económico Mundial sobre «El futuro del trabajo 2020» analiza la disrupción causada por el COVID-19 y las perspectivas futuras sobre el empleo y las habilidades necesarias, en el contexto actual de recesión económica global y aceleración de la digitalización.

En el mencionado informe se plantea que, citó: “La  automatización junto con la actual recesión de COVID-19 está creando una ‘doble disrupción’ para los trabajadores: el informe estima que para 2025, la automatización y la nueva división del trabajo entre humanos y máquinas afectará a 85 millones de puestos de trabajo en todo el mundo, creándose 97 millones de nuevas funciones, a través de la creciente demanda de trabajadores para puestos de trabajo en la economía verde y digital (relacionados con la economía de datos, inteligencia artificial, computación en la nube…).” (Cfr. Foro Económico Mundial. “Informe Futuro del Trabajo 2020.” Sincrogo.com/blog/actualidad-laboral/informe-futuro-del-trabajo-2020-foro-económico-mundial/).

¿Qué hacer ante estas realidades? Creo imprescindible tener presente la importancia para una universidad que nació humanista, de no descuidar la visión humanista integral. De no hacerlo se puede incurrir en el error de adoptar una visión unilateral, acicateados exclusivamente por los criterios emanados de las tendencias del mercado. De acuerdo con estos criterios, las instituciones superiores de educación pública deberían transformar su currículo según lo que se denomina “carreras STEM” (Science, Tecnology, Engineering and Mathematics).

Una adecuada concepción humanista de la educación es incluyente de todas las disciplinas. Esta inclusividad en la sociedad del conocimiento implica poner en primer plano el sentido social del conocimiento y de la formación. Esta no puede desdeñar los valores éticos del bienestar colectivo, el énfasis constante en la democratización de la institución universitaria; es decir, la facilitación del acceso y permanencia de las personas estudiantes indistintamente de su origen social, a las oportunidades que brinda la educación superior. Junto a ello, la universidad pública no puede perder su orientación a contribuir desde la academia a esclarecer la ruta de un desarrollo sostenible, justo y equitativo, en consonancia con la Naturaleza, la preservación de los ecosistemas y de la vida en ella. Por ello es por lo que, la evaluación, la acreditación de las carreras y de la educación, así como el aseguramiento de la calidad, jamás pueden mimetizarse con los estándares de los llamados países centrales. Al contrario, abogo porque la universidad pública latinoamericana, cumpliendo con su misión, tenga en cuenta la realidad de los países en los que está inserta. De ahí la importancia de la autonomía universitaria, para pensarse a sí misma y tomar las decisiones estratégicas, sobre la base de los valores académicos consensuados entre la comunidad universitaria.

Desde algunos años atrás se nos viene induciendo desde afuera y desde diferentes posturas a que dejemos de lado las ciencias sociales y las humanidades (SSH, por sus siglas en inglés: Social Science and Humanities) para abrazarnos supuestamente a la “modernidad y el progreso”; se busca así, afiliarnos por decirlo de esta manera, a las STEM (Science, Tecnology, Engineering and Mathematics). Es decir, teóricamente quienes nos inducen por ese camino suponen que debemos subsumir a las universidades humanistas de hoy, en el mundo de la llamada “ciencia precisa”, que se puede medir, para colocarnos así, supuestamente, en la cúspide del desarrollo tecnológico.

Tal razonamiento supone las SSH arrinconadas en posiciones puramente especulativas y propiciadoras de un razonamiento cualitativo infértil. Esta cuestión así planteada nos remite a un viejo y trillado debate entre culturas científicas y humanistas. Hay que combinar las SSH con las STEM. No se debe por lo tanto renunciar a la ciencia, ni a la tecnología, ni a la precisión matemática. Pero no por eso se debe dejar de lado la educación, la filosofía, la filología, la sociología, el arte, la danza, la música; ambos conjuntos disciplinarios son imprescindibles para fortalecer las bases de universidades sociales y humanistas. Se trata de dos grandes conjuntos o componentes disciplinarios convergentes; no como desde cierta perspectiva errada se les quiere presentar como si fuesen más bien divergentes y excluyentes entre sí.

Está pendiente en la universidad latinoamericana y del Caribe asumir una reflexión a fondo, sin menoscabar lo alcanzado hasta ahora, intentando buscar (innovar) nuevas formas de organizar la academia que permitan un mejor entrelazamiento de los saberes, y una mayor cooperación que facilite recoger los beneficios del debate científico y cultural de la universidad en el mundo contemporáneo.

No en vano nos dice José Joaquín Brunner, investigador y académico chileno: “Un nuevo balance entre STEM y SSH se requiere también para salvar el futuro que hoy reconocemos amenazado por diversas fuerzas destructivas. En efecto, las disciplinas STEM —precisamente por su poder de incidencia en el control y la transformación del mundo— provocan una extrema racionalización científico-tecnológica de los entornos naturales, de las actividades productivas, de las relaciones sociales y de la propia esfera cultural […] Mas se trata de una racionalización de medios, regida por la funcionalidad y la eficiencia, el cálculo de costos y beneficios, y la continua expansión —ahora global— de la explotación de los recursos naturales y las capacidades humanas. Es ese proceso, con todos sus progresos y riesgos, el que las SSH ayudan a interrogar y analizar desde una racionalidad de fines y valores, manteniendo abierta así las puertas hacia la esperanza. Hay pues razones más acá y más allá de la economía —“Más cosas hay en el cielo y la tierra, Horacio, que las que se sueñan en tu filosofía”— que justifican apoyar resueltamente a las SSH, en pie de igualdad con las disciplinas que rigen la racionalización científico-técnica del mundo. Este es un balance que se requiere cada vez más patentemente y con mayor urgencia, para no terminar agotados por el progreso y aplastados por los escombros que deja tras de sí.” (Cfr. Brunner, J.J. “Humanismo: ¿Cuál es su Poder?” nuevo poder.cl/humanismo-cual-es-su-valor/).

 

Nota compartida con SURCOS por el autor.

UNA: ESCUELA DE PLANIFICACIÓN APORTA A LA REGIONALIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR

Con una matrícula de 40 estudiantes de nuevo ingreso, el campus Coto de la Universidad Nacional, ubicado en la provincia de Puntarenas, Cantón de Corredores, pone en funcionamiento para este 2022 una oportunidad para la formación de jóvenes, en uno de los cantones con menor índice de desarrollo humano (IDH) del país.

La carrera de Planificación Económica y Social, a cargo de la Escuela de Planificación y Promoción Social-EPPS-UNA, tiene como objetivo formar personas profesionales con capacidades para la sistematización y la producción de conocimientos teóricos, metodológicos y técnicos en planificación, organización y gestión; que contribuyan con los procesos de desarrollo integral y sustentable de la sociedad, dentro de una concepción inter y multidisciplinaria.

Como parte del proceso académico, este jueves 3 de marzo de 2022, la dirección de la EPPS-UNA en conjunto con las autoridades de la Sede Brunca, organizaron un encuentro en el Campus Coto, entre docentes de ambas instancias educativas de la UNA, con el propósito de iniciar la implementación de la Carrera de Planificación Económica y Social en esta región. De ahí, que se generó una reflexión y análisis del enfoque de planificación que se asume desde el plan de estudios, así como, el perfil profesional que se pretende forjar desde los procesos de docencia y su relación con la extensión e investigación universitaria.

Personas académicas y autoridades de EPPS-UNA abordaron los objetivos, el perfil de entrada, salida y profesional de dicha carrera, propiciando el intercambio abierto de puntos de vista, sobre la pertinencia de este tipo de profesionales para contribuir al desarrollo de la región.

El PhD Giovanni Rodríguez Sánchez, académico de EPPS-UNA, comentó que el perfil ocupacional y profesional de los estudiantes de esta carrera, les permitirá interpretar la realidad nacional y local, así como su relación con las tendencias globales. Podrá, además, diseñar estrategias de desarrollo adecuadas a diferentes sectores de la población, facilitando una mayor participación en la toma de decisiones: “Cada profesional en Planificación Económica y Social, estará en capacidad de cumplir las funciones de gestión, promoción, organización, investigación, planificación (diagnóstico, formulación, ejecución), capacitación, evaluación, dirección, asesoría en los ámbitos públicos y privados”.

Para el Dr. Ángel Ortega Ortega, Director de EPPS-UNA, dentro de los elementos de mayor interés expuestos en el encuentro, se destaca la concepción de planificación del desarrollo que se tiene en la carrera, la cual es considerada como un sistema en el cual intervienen la investigación, la prospectiva, la elaboración y ejecución y la evaluación de estrategias, así como la participación de todos los actores sociales locales o institucionales involucrados: “Se visualiza además, como objeto de estudio de la planificación, el desarrollo, para lo cual es necesaria estudiar el pasado, comprender el presente y construir el futuro, el cual debe ser conveniente en el marco de un interés por contribuir a una sociedad más justa, equitativa, sostenible y solidaria, y es en ese marco, en el cual se enfocan los esfuerzos de formación de personas planificadoras en el área económica y social, indicó el director de la unidad académica”.

Con el objeto de orientar el desarrollo de la docencia, la sesión concluyó, con un análisis de la interrelación entre los contenidos de los diferentes cursos considerando las cuatro áreas disciplinares del plan de estudios: Área de planificación y administración, área económica y social, área metodológica e instrumental y finalmente el área disciplinar de prácticas.

 

Msc- Efraín Cavallini Acuña,
EPPS-UNA