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Etiqueta: educación vial

Otra masacre (esta vez) consumada

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

A raíz de mi columna anterior sobre la relación entre aumento de violencia y mercado ilegal de armas en Costa Rica, recibí una amable comunicación vía correo electrónico por parte del Señor Adolfo Morales en la que saludaba la reflexión propuesta y me invitaba a colocar el interés en otro drama igual o peor de serio.

En efecto, Costa Rica ha entrado en los últimos años en un viaje sin retorno en materia de muertes producidas en carretera. Solo en 2025, la cifra de personas fallecidas en accidentes de tránsito en sitio y como resultado de complicaciones posteriores fue de 903, un dato que excedió los 873 homicidios cometidos en el mismo año, según una nota del sitio teletica.com.

Hemos venido insistiendo en nuestras intervenciones en medios de comunicación, sobre los cambios culturales que se registran e impactan el comportamiento vial en el país día tras día.

En la conducción se condensa una mezcla de aceleración por la vida, una ira incontenible, la irresponsabilidad absoluta, el desafío permanente a la autoridad, los tiempos qcortados para trasladarnos y llegar a nuestros destinos.

A esto debemos agregar la competencia en que se ha convertido conducir en nuestras calles y el pobre manejo de las tensiones y emociones, que derivan en otro tipo de violencias con resultados lamentables y que hemos observado en los últimos años en el país.

Es este un desafío de salud pública que debe ser combatido con prevención, capacitación en cultura vial a edades tempranas y una decidida apuesta política y técnica por impulsar el transporte ferroviario moderno que desahogue esas trampas mortales en la que se han convertido nuestras carreteras.

También allí nos estamos matando.

Si no hacemos algo de inmediato la masacre terminará de consumarse en un corto plazo y para siempre.

El caos en el tránsito vehicular

José Luis Pacheco Murillo

El tema del tránsito vehicular en nuestras carreteras al analizarlo nos encontramos con situaciones cada vez más caóticas. En muchas ocasiones la circulación es sumamente pesada por la cantidad de vehículos que circulan. Aunado a eso nuestras calles, en ciudades, en la mayoría de los casos son las mismas que se construyeron hace 50 o más años y de igual forma en su gran mayoría con poco y a veces poquísimo mantenimiento, lo que implica una ecuación poco alentadora, pues el aumento de la flota vehicular con relación a las calles y carreteras es desproporcionado y eso lo vemos y vivimos a diario.

El problema se agrava por la falta de planificación en cuanto a posibilidades de parqueo, la falta de respeto a las zonas demarcadas con amarillo y el siempre y fatal deseo de parquear ojalá al frente del lugar a donde vamos, para no caminar. Además de la ausencia de autoridades que obliguen a respetar la señalización, por ejemplo, que los choferes de autobuses utilicen las paradas adecuadamente y no como sucede quedándose en media calle para bajar pasaje y obstaculizando el paso de otros vehículos.

La falta de tolerancia por parte de conductores y la poca amabilidad también se unen a lo anterior para agrandar el caos vial que vivimos y no qué decir de aquellos que no tienen la capacidad y el entendimiento para saber que dado lo que ocurre adelante su vehículo no logrará sobrepasar la intersección y simplemente siguen para quedar detenidos en media calle obstaculizando el paso de los que si no estuviera ahí podrían pasar y agilizar el tránsito. Eso es algo que tiene que ver con la inteligencia y la falta de comprensión sobre de lo que se trata ser conductor en estos tiempos y la necesidad de colaborar todos para que la movilidad sea lo más fluida posible. Además, tenemos ahora el distractor número uno: el celular y mucha más compañía de motocicletas y bicicletas e incluso una mezcla de ellas, eso exige mayor concentración a la hora de conducir.

Un problema de cultura, de educación vial y de entender que si logramos hacer las cosas como deben hacerse para bien de todos, todos nos beneficiaremos.

Dios quiera que lo entendamos y lo pongamos en práctica s partir de hoy.