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Etiqueta: élites

Más allá de las palabras. Primera parte

Rafael A. Ugalde Q.
Periodista
Miembro del Movimiento Bolivariano de Solidaridad Yamileth López

En ocasión del llamado “mes de la patria” y los 166 años del asesinato de Juan Rafael Mora Porras y el general José María Cañas –2 de octubre de 1860– se elaboran tres entregas. En ellas, al calor de las festividades por el crimen realizado en Puntarenas, abordamos las contradicciones de clase actuales y nos preguntamos qué sentirían los dos próceres de la Campaña Nacional de 1856 si pudieran regresar de sus tumbas.

Conocemos cómo ciertos sectores políticos optan por adscribirse a categorías como «oposición» o «demócratas» con el propósito de diferenciarse, cuestionar o impugnar determinados modelos de gestión que, a su juicio, vulneran los principios del sistema liberal republicano. Esta postura posee plena legitimidad jurídica e incluso consistencia ética, formalmente condicional a que dichos actores mantengan su independencia operativa.

Sin embargo, se observa una contradicción estructural cuando estas mismas facciones dependen de la interacción o de las dinámicas del propio gobierno cuestionado para preservar o consolidar su caudal electoral, estimado de manera constante entre el 20% y el 25% según los estudios de opinión pública.

El núcleo ontológico del dilema reside, empero, en las condiciones de posibilidad para erigir y sostener una praxis gubernamental radicalmente discorde de la inercia institucional presente en los últimos cincuenta años de la nación. ¿Es viable quebrar la teleología del fracaso sin replicar los bucles históricos que han malogrado experiencias análogas en otras latitudes?

Esta interrogante adquiere un espesor aún más desafiante —casi aporético— ante el escenario de una quiebra abrupta de la arquitectura republicana. Nos enfrentamos aquí a la paradoja de una legitimidad que emerge en el seno de una soberanía amputada y una independencia constreñida; una entidad obligada, por vectores geopolíticos exógenos, a escenificar los ritos diplomáticos de la coyuntura contemporánea.

Así, la cuestión trasciende lo procedimental para interrogar la esencia misma de la autonomía: ¿Puede un orden político refundarse genuinamente cuando sus márgenes de libertad ya han sido predeterminados por el tablero internacional?

El ofrecimiento de una alternativa política alcanzará su auténtica coherencia cuando la promesa de una nueva gobernanza —cimentada ahora en el anti-continuismo y la salvaguarda democrática— se traduzca en un modelo de participación directa. Esto exige consagrar la articulación de las comunidades de base como sujetos protagónicos de su propio destino y consolidar una ruptura categórica con los viejos esquemas de servidumbres y gratificaciones electoralistas.

El otro bloque —frecuentemente presentado por sus críticos como “oficialista”, “dictatorial”, “antidemocrático” o “continuismo”— ejerce el poder con la firme convicción de que su proyecto político debe trascender del año 2030. Esta postura revela que, por encima de tener o no un plan estructurado de gobernanza, apuesta a abrir aún más la economía, por lo menos hasta no ver a Costa Rica convertida en la Singapur tropical.

De esta manera, más allá de los nombres o apellidos que quieran dar a ambos grupos, han forjado una relación idéntica y admirable a la de un matrimonio de toda la vida. Es una unión con sus inevitables picos de entendimiento, arrebatos de enojo, resentimientos y dulces noches de conciliaciones; bendecida y sostenida, sobre todo, por ese amor hereditario y activado por la cuna dorada que los mantiene desde hace más de dos siglos y hasta que “la muerte los separe”.

Sin embargo, unos y otros, desde la cúspide de sus élites, utilizan la imprecisión del lenguaje como un mecanismo calculado de dominación. Al imprimir a cada palabra la ambigüedad exacta, logran que el ciudadano que barre calles, paga la luz con un tarjetazo, quien añora una intervención quirúrgica, una casa, etc., crea entender el mensaje a su conveniencia, manteniéndose conforme.

Es cuando aparecen los frutos de ciertos discursos que, instrumentalizados por el rigor de las ciencias jurídicas y políticas, crean la “disonancia cognitiva” en una colectividad paralizada de toda capacidad de praxis y experimentación. Bajo esta premisa, se fija luego la idea de que el único bálsamo capaz de mitigar la contradicción interna se llama democracia.

Tienen años de especializarse en crear problemas coyunturales – desfinanciamientos de muelles, aeropuertos, filas en el Seguro – para después presentar la “modernización” como solución mágica del mercado: la entrega a los “especialistas” de la medicina privada las intervenciones quirúrgicas que no se hicieron en la Caja o a grandes consorcios las obras que no quisieron hacer.

Es el medicamento disponible que tienen para despojar a las mayorías de su destino, convirtiendo cualquier confrontación política en horror; no vaya a ser que las contradicciones inoculadas por años suplanten tradiciones, los “acuerdos” y las “negociaciones” propios entre élites, entendiendo el colectivo social dicho juego.

Mientras tanto, estos clanes hacen lo imposible para mantener en secreto la precisión y el verdadero significado de los conceptos; un monopolio lingüístico que, como clase social ducha en el arte del control, manejan con maestría histórica para asegurar que el poder jamás escape de sus manos.

No es una afirmación antojadiza. Una larga lista de autores, sobre todo desde finales de la década de 1960 hasta la actualidad, han hecho del estudio de los mecanismos de influencia en el subconsciente y en la conciencia de las masas un vasto campo del que se ocupa la ciencia de la comunicación.

Las perspectivas de análisis son amplias: abarcan desde el conservadurismo tradicional, el estructuralismo francés, el positivismo cientificista (o fetichismo numérico) y el funcionalismo de matriz weberiana, hasta los enfoques críticos, profundos, de autores clásicos y contemporáneos como Herbert I. Schiller, Francisco Sierra Caballero o Armand Mattelart (coautor junto a Ariel Dorfman de la célebre obra Para leer al Pato Donald.)

En su conjunto estos referentes han construido desde la economía política una herramienta analítica fundamental que trasciende el mero análisis de contenidos, la coyuntura electoral o la simple organización social del futuro basada en datos y algoritmos.

Esto es especialmente importante de cara a la sociedad del futuro, si se considera que toda organización que no articula a su base, descuida sus tareas de fondo y no está comprometida con transformar social y económicamente su colectividad, queda con una opción: resignarse a ver caer el auge conquistado cuando realizaba las modificaciones graduales y continuas del sistema, teniendo así que asimilar el regreso a peligrosos evolucionismos democráticos de viejo cuño para subsistir. Con independencia controlada y sin autonomía.

Estos autores demuestran, gústenos o no, disimulemos o lo decoremos, cómo las mayorías sociales siguen traumatizadas por siglos de despojos y exclusión sistemática. Sea en Brasil, Paraguay, México, Honduras, Costa Rica o Panamá, buscan certezas en la retórica de sus traumatizadores, frente a palabras absolutizadas por el “socialismo” democrático, la democracia de alternancia, la “institucionalidad” democrática, etc.

Este aparato conceptual – nos dirían algunos de estos autores – funciona como un dispositivo de alienación: la élite reproduce las condiciones de vulnerabilidad de quienes subsisten de la venta de su trabajo utilizando la opacidad y la ambigüedad discursiva. Lejos de ser neutral, este lenguaje opera como un control de la economía y la política, diseñado para institucionalizar la sumisión y asegurar así la estabilidad del orden social vigente.

De esta manera, el “relato” que nos cuenta la CNN, La Nación, El País de España sobre constantes alijos quitados al narcotráfico, la crisis de la seguridad ciudadana, la confrontación entre el Ejecutivo y el Poder Judicial, la “negligencia” de un excanciller etc., es la parte superficial del discurso o la pequeña punta visible del gran iceberg bajo el hielo, el que alguna vez Ernest Hemingway elevó a teoría literaria.

Estos grupos saben perfectamente hasta dónde llevar sus presuntas contradicciones, para mantener entre las masas la creencia de que si no son cuidadas como el pastor vigila a sus ovejas perecerán frente al lobo goloso; con ello refuerzan además la ilusión de que en democracia – al menos como la conocemos desde hace años – todo es posible alcanzarlo con esfuerzo y trabajo.

Si ellos nos enseñaran que desde aquellos días en que los criollos y sus descendientes optaron por un modelo que colapsaría si no generara pobreza, enfermos, gente sin casa, justicia lenta e instrumentalizada, inseguridad y violencia social etc., entonces el lobo desaparecería de nuestra vida.

El mantra, transmitido por generaciones, también habría desaparecido.

Del enclave bananero al atraso de hoy: apuntes desde Honduras

Marlin Óscar Ávila.

Marlin Óscar Ávila

Recuerdos de las fincas bananeras

Estoy recordando cuando vivía en las fincas bananeras, cuando aún era un niño que dependía de mis padres. Aunque era hijastro, mi padrastro me trató como a su hijo natural.

En ese tiempo, ser hijo de un funcionario de la empresa Tela Railroad Company (TRRCo) era un privilegio frente a los hijos de “los campeños”, los trabajadores manuales, que a su vez se clasificaban según sus actividades principales, lo que definía sus salarios.

En cada finca había clases sociales. Los hijos de empleados de confianza éramos de estirpe de alta sociedad. En nuestras casas había servidumbre: cocinera, “chinas” para cuidar a la niñez y yardero, lo que ahora llamamos jardinero. Generalmente esos oficios los ejercían personas garífunas. Muchos empleados de confianza eran extranjeros, irlandeses o escoceses, o bien hijos de terratenientes, como era mi padrastro.

Había escuelas bilingües, de inglés y español, para los hijos de los empleados de confianza. Esas escuelas estaban en la zona de la compañía bananera de El Progreso y luego pasaron a manos de los jesuitas. Cada finca contaba con escuela primaria solo hasta tercer grado. Después, las familias tenían que buscar escuelas privadas o dejar a sus hijos sin seguir estudiando. Es decir, convertirlos en fuerza laboral semianalfabeta.

Hasta el transporte estaba clasificado. El tren de pasajeros, que cruzaba la costa atlántica hasta Trujillo, tenía vagones con áreas de primera y de segunda clase. Había incluso un tren con vagones que llamaban “machangay”, que no tenía asientos: todas las personas viajaban de pie. En ese tiempo no había carretera, solo la línea férrea, así que había que viajar en tren. Por eso era común que un adolescente perdiera una o las dos piernas al tratar de subirse a un tren en marcha.

Las mulas se usaban para cargar dos y hasta cuatro racimos de banano verde, que se llevaban hasta una plataforma de cemento de unos 12 metros de largo por tres o cuatro de ancho, a la que llamaban “lavadora”. Del techo colgaban unas cadenas y tubos que giraban lentamente sin detenerse, con unos ganchos largos de metal donde se colgaba cada racimo. Así pasaban uno tras otro, hasta asegurar que todos los bananos quedaran bañados con un líquido que contenía químicos para combatir las enfermedades comunes de la fruta.

Después del baño, los racimos, muy pesados, debían trasladarse sin golpearlos a los vagones del tren estacionados, hasta llenarlos. Luego llegaba una locomotora, enganchaba los vagones y se los llevaba a Puerto Tela, a Puerto Cortés o hasta Trujillo, para embarcarlos hacia EUA.

El atraso

Aquella sociedad de clases, dirigida desde arriba, me hace pensar en cómo un país puede mantenerse en el atraso por muchos años, según las élites que lo gobiernan.

Si a quienes gobiernan no les importa un sistema democrático formalmente establecido, el de gobernar para el pueblo, por el pueblo y con el pueblo, lo que ese pueblo exprese “por un oído les entra y por el otro les sale”, tal como lo acaba de decir abiertamente un presidente centroamericano. Aunque eso sea imposible por la naturaleza humana, no cabe duda de que una sociedad puede seguir en el letargo de su atraso si no reacciona colectivamente.

Un ejemplo es la renovación de la licencia de conducir. Los avances tecnológicos deberían permitir que quienes tienen su licencia vencida puedan renovarla sin tener que madrugar para hacer largas filas frente a las ventanillas de las oficinas públicas, lo que favorece a tramitadores que cobran para repartirse ese ingreso con funcionarios.

Son horas, desvelos y desgaste de miles de personas, víctimas de un sistema obsoleto que no considera a las personas adultas mayores ni a las personas con discapacidad, y que se mantiene en las sociedades atrasadas en beneficio de unos pocos, ante la mirada cómplice de una burocracia también obsoleta. Desde luego, hay unos pocos que se lucran de este sistema a costa del sacrificio de muchos.

Las playas del Atlántico

Ese abandono se ve también en lo que debería ser motivo de orgullo. Hace poco fuimos de visita a Puerto Cortés, en el Atlántico hondureño. Desde la playa pública, administrada por la municipalidad, pudimos ver a unos cinco barcos mercantes anclados a cerca de un kilómetro de distancia, esperando ser atendidos en los muelles.

En la playa había unas tres docenas de motociclistas con sus vehículos estacionados, además de una veintena de jóvenes turistas que tomaban el sol y se divertían a lo grande. Ese ambiente agradable podría no ser del todo recomendable si tomamos en cuenta la salud y la higiene de la población.

Los barcos interoceánicos tienen tanques sépticos que, al llenarse, pueden vaciarse en el mar. A eso se suman los desagües de la ciudad. Aunque no confirmamos hacia dónde corren las aguas negras de ese puerto, hay un riesgo serio para la salud pública. Supimos que también hay playas privadas, pero igual habría que saber si el agua allí está libre de desechos humanos y cumple los niveles de calidad necesarios.

Esperamos que las autoridades aclaren estos puntos, porque esas playas, que se extienden por muchos kilómetros a lo largo del Atlántico hasta Nicaragua, son sin duda un atractivo turístico.

Marlin Óscar Ávila
Honduras, 2026

Costa Rica y la polarización de sus élites

Mauricio Ramírez Núñez
Académico

Mauricio Ramírez Núñez.

La crisis política que enfrenta Costa Rica trasciende la figura de Rodrigo Chaves y no puede entenderse como un fenómeno aislado. Es, más bien, el resultado de una profunda confrontación entre las élites económicas del país, agravada por un creciente descontento social. Este malestar se intensifica en el contexto de la Cuarta Revolución Industrial, un momento histórico que está redefiniendo las estructuras de poder tradicionales.

La automatización, la digitalización y la transformación del mercado laboral a nivel global han dado lugar a nuevas dinámicas económicas y productivas, desafiando a los grupos dominantes y generando un enfrentamiento entre quienes buscan adaptarse a estos cambios y quienes resisten para proteger sus privilegios. En este escenario, la crisis costarricense se revela como un síntoma de un conflicto global entre el avance tecnológico (nuevas élites económicas) y las estructuras de poder que ven en las nuevas dinámicas una amenaza a sus intereses.

Este fenómeno no es exclusivo de Costa Rica. En Estados Unidos, la llegada de Donald Trump por primera vez al poder en 2017 evidenció la fractura entre una élite industrialista y productiva, que busca preservar su control sobre la economía real, y una élite tecno-globalista y financiera, que ha consolidado su dominio en los centros de poder y en los mercados internacionales, dejando de lado aquel carácter nacional del desarrollo económico.

Esta pugna ha redefinido el panorama político estadounidense, y se refleja también ideológicamente en una batalla cultural que llega hasta las bases y mueven al electorado en una dirección u otra. Guardando las distancias del caso, podemos decir que algo similar ocurre en nuestro país: no es solo una lucha ideológica y contra la corrupción como lo vende el gobierno, sino una batalla por quién controla el futuro económico de Costa Rica.

Por otro lado, no podemos olvidar las grandes desigualdades que no hemos podido resolver a pesar de tener la democracia más estable de toda la región. En este contexto, el gobierno de Chaves ha emergido como el catalizador de un reacomodo en las relaciones de poder, explotando el descontento popular para consolidar su influencia y el de una élite económica que ha entrado en contradicción con la tradicional.

Como señala Manuel Castells en su libro Comunicación y Poder, las redes sociales no solo han redefinido la comunicación política, sino que también han transformado la forma en que se moviliza el descontento y se construyen las narrativas de poder. En el caso de Costa Rica, las redes han dejado de ser simples plataformas de interacción y se han convertido en mecanismos para imponer la agenda política.

En un contexto de crisis y desconfianza en las instituciones, el grupo político que logre interpretar y canalizar el sentimiento de frustración que se mueve y se multiplica en redes se convierte en el vocero del descontento popular. Esto explica por qué la oposición enfrenta serias dificultades para desafiar al oficialismo: atacar al gobierno de Chaves es percibido por su base como un ataque directo al pueblo mismo, reforzando la idea demagoga de que existe un conflicto entre “la élite tradicional” y el “pueblo contra el sistema”.

Las redes sociales, además, moldean el comportamiento político de los ciudadanos, dice el profesor Castells. Si un individuo encuentra actitudes con las que coincide dentro de su red, es más activo políticamente. Por el contrario, cuando se expone a ideas contradictorias, su participación disminuye. De este modo, las redes sociales han creado burbujas informativas donde las personas solo encuentran contenido que refuerza sus creencias, profundizando la polarización, lo que beneficia a quienes dominan la narrativa digital. Ahí está el detalle.

El oficialismo ha comprendido que la polarización no es un problema, sino un arma para aferrarse al poder. Ha diseñado un discurso en el que cualquier crítica no es un cuestionamiento legítimo, sino un ataque directo al pueblo, mientras que las élites tradicionales son presentadas como los enemigos del cambio. Con esta narrativa, el gobierno se blinda contra el escrutinio público y mantiene su base de apoyo intacta, sin importar sus contradicciones, errores o actos de corrupción. Más que un movimiento político, sus seguidores se comportan como una secta, donde la lealtad ciega importa más que la realidad.

Por esta razón, la oposición no ha logrado generar un impacto significativo: mientras sigan atacando directamente al gobierno sin ofrecer una alternativa convincente y movilizadora, entiéndase aquellas causas reales que “chiman el zapato al pueblo”, seguirán jugando el juego de la polarización que tanto beneficia a Chaves y sus fanáticos. En este escenario, Costa Rica enfrenta un dilema complejo de cara a las próximas elecciones del 2026: o encuentra nuevas formas de hacer política, donde la discusión democrática supere la lógica de “nosotros contra ellos”, o seguirá atrapada en una dinámica en la que el poder se mantiene no por la eficiencia del gobierno, sino por la astucia en la manipulación del descontento social.

La Falsa y Loca “Democracia” en EEUU

Lic. José A. Amesty R.

A propósito de los sucesos, donde los partidarios del presidente Donald Trump se dirigieron contra el Capitolio estadounidense, irrumpieron y tomaron algunos recintos del mismo, en el que se desarrollaba la ceremonia de certificación de la victoria del candidato Joe Biden; se suscitaron enfrentamientos entre civiles y la policía del exterior del edificio de gobierno, donde resultó muerta una mujer de un disparo, finalmente fue cerrado el Capitolio, todo a raíz del discurso de Trump afirmando que “nunca” concederá la derrota ante Biden.

Las turbas utilizaron la violencia para subvertir el proceso usual y legal mediante el cual se elige a los presidentes.

El diario Washington Post, habla de un golpe de Estado en el Capitolio, el cual fue incitado por un Presidente sin ley que intenta desesperadamente aferrarse al poder y alentado por sus cínicos facilitadores republicanos en el Congreso.

Realmente es una situación inédita, en un país donde se precian de ser el “modelo de democracia” en el mundo. El tema de la democracia en USA, es amplio, muy comentado por especialistas, políticos y muy extenso para tratar en un artículo, por lo que nos limitaremos a trazar unas líneas-notas en torno al mismo.

Lo básico del término es, Democracia = demos + cracia, el gobierno de (o por) el pueblo; y en relación a EEUU, gracias a una intensa y sostenida campaña propagandística, colmada de alabanzas y rastreras adulaciones, aparece como la tierra de la libertad y la democracia. Es más, como un país al cual Dios le habría encomendado la misión de recorrer el mundo sembrando libertad, justicia, derechos humanos y democracia por doquier. Sin duda es una visión mesiánica.

No obstante, lo cierto es que, además, la academia, la intelectualidad y los políticos, son insuficientes para ocultar un hecho decisivo: en la propia Constitución de Estados Unidos, con sus correspondientes enmiendas, la palabra “democracia” no aparece ni una sola vez.

Esto contrasta con afirmaciones como: “El sistema de gobierno estadounidense ha mostrado, durante sus 240 años, su ejemplaridad, despertando la envidia de todo el mundo”, Joseph Robinette Biden Jr.

Estas afirmaciones son más bien un mito, que son compartidas por una nada despreciable masa de la población occidental: basado en la fábula que la norteamericana es la democracia por antonomasia y, en consecuencia, digna de ser imitada. La historia, la Constitución y el régimen electoral estadounidenses desmienten tales creencias. En todo caso, no es recomendable hacerse ilusiones respecto del país, que cumple el rol de imperio dominante y que ha marginado históricamente a su pueblo, y a muchos otros del orbe.

Ya conocemos de las múltiples y mayores barbaridades, fraudes, golpes de Estado y genocidios de los últimos 200 años se han realizado en nombre de la sacrosanta democracia, y de algunos principios “democráticos” (como libertad de circulación, diálogo, consenso, elecciones libres, entre otros), que pareciera ser el escudo protector de los intereses de las grandes empresas trasnacionales y su cohorte de políticos y gobernantes de nuestro mundo tan poco occidental como cristiano.

Lo indudable, es que EEUU ha olvidado algo que señala el académico Bruce Barton: “la democracia estadounidense, le debe su sello distintivo a los principios y la estructura de los Gobiernos civiles de los indios norteamericanos”. Tema apasionante e ilustrativo a abordar en otro momento.

En términos electorales, que parece ser la única premisa fundamental de la democracia estadounidense, reconocida como tal, en este país contiene un solo proyecto, el imperialista con dos variantes: el Partido Demócrata y el Republicano.

En términos económicos, según la obra “Capitalismo Progresista” de Joseph E. Stiglitz, la situación del país es devastadora ya que el crecimiento del PIB no acompañó necesariamente al mejoramiento social y que se alteró desde 1980: la economía se ralentizó, el nivel de vida decayó, la desigualdad se volvió creciente, incluyendo las desigualdades de raza, condición étnica, género y oportunidades, la desigualdad en sanidad y, desde luego, en riqueza, pues el 1% de la cima dispone de más del 40% de la riqueza total del país.

En síntesis, la igualdad ya no es el rasgo característico de la gran nación, otrora admirada en Europa y en el propio continente.

El sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos, señala que EEUU es “un país disfuncional en términos democráticos” y “una democracia fallida”, habla de una “degradación total” al subrayar que “las casas se protegen el día de las elecciones por las milicias armadas en las calles”. “Es el único país del mundo donde eso ocurre”.

En general, la democracia de EEUU, hace muchísimo tiempo, viene demostrando que están bastante de espalda a los intereses de las mayorías populares. Este es un problema serio. Y las formas de resolver las crisis pasan por líderes autoritarios como Trump.

Históricamente, para recalcar e ir concluyendo, los Estados Unidos se autoproclaman un pueblo pacífico, destinado por la providencia a expandir el ideal de la libertad y la democracia por el planeta. Su relato se complementó más adelante con la doctrina Monroe de 1821, cuyo eslogan «América para los americanos» fue la excusa para imponer su voluntad a los nacientes Estados de América Latina. Doctrina Monroe y «destino manifiesto» han tenido diferentes interpretaciones y actualizaciones, según gobiernen demócratas o republicanos. Desde la política del garrote y la zanahoria, pasando por la del «buen vecino», el panamericanismo y la Alianza para el Progreso hasta las políticas militares y geoestratégicas. Guerras de baja intensidad, lucha contra el narcotráfico, el terrorismo internacional, reversión de procesos revolucionarios, otros.

Bajo dicho paraguas proclaman su condición de gendarme no sólo en América Latina, sino en el mundo occidental. Según argumentan sus ideólogos y think tanks, no se trata de una situación buscada, sino de una especie de fatalidad con la cual deben convivir, impuesta por Dios, como pueblo elegido para garantizar la democracia. Así, educados en la paz, tendrán que hacer la guerra. Defensores de los derechos humanos, tendrán que violarlos. Bajo la promesa de defender la justicia y la libertad, se ven abocados a transgredir dichos principios en pro de lograr el objetivo final, que no es otro que imponer por la fuerza y a su pesar el Estado de Derecho. Para ello no escatiman esfuerzos, promueven golpes de Estado, derrocan gobiernos y, si es necesario, invaden países en nombre de la pax americana.

Concluimos que la “Democracia” de USA, es una democracia simulada, ya que tanto demócratas como republicanos han sostenido el infame bloqueo a Cuba, atacan a pueblos como Venezuela, se han entrometido en la política de los gobiernos de la región, han organizado golpes de Estado militares con el fin de que sus empresas exploten al máximo nuestras riquezas naturales.

Por décadas se presentó a Estados Unidos como ejemplo de democracia avanzada. Todos los medios propagandísticos y comunicacionales sirvieron para ello y se reforzaba por la idea de elecciones libres y la inexistencia de golpes de Estado liderados por fuerzas militares, lo que en América Latina servía para explicar que “allá no hay golpes porque no hay embajada norteamericana”, recordaba el ecuatoriano Egard Isch.

Ese “espíritu democrático” de las élites hace que EE.UU, apoye siempre las peores dictaduras, los golpes más sangrientos, las guerras de dominación simuladas como guerras civiles, siempre que fueran útiles a sus intereses nacionales y los de sus empresas expoliadores.

Aquella promesa de igualdad, libertad y fraternidad quedó anegada en los cimientos de la estatua de la Libertad, ya que colocaron la libertad individual (a expresarse, a votar) como el único rasgo, desechando oficialmente la igualdad y la fraternidad. No se puede olvidar que se trata de un régimen teocrático en el que en actos públicos se jura ante la Biblia, en el que en siete estados se prohíbe a los ateos ser profesores o funcionarios públicos, y sufren discriminación en el ejército, si es que logran ingresar.

Todavía hoy, el servicio de inmigración establece en su guía de políticas que un miembro de un partido comunista no puede ser admitido en el país. Pero el mismo criterio se aplica a los ciudadanos en una serie de empleos si se los identifica como comunistas (o terroristas, calificación que puede alcanzar a cualquiera que no sea blanco).

Esta crisis del sistema político de EEUU, y por ende, de su identidad, no sabiendo a ciencia cierta dónde van, que no sea su mera ambición de poder, ojala, los confunda y disuade a no imponer por la fuerza su pésimo sistema político.

Imagen tomada de New York Times.

¿Un ejercicio de política ficción o una pesadilla anunciada? (i).

Rogelio Cedeño Castro, sociólogo y escritor costarricense.

Primera parte.

“Un millón de personas tienen trabajos sustituibles por máquinas. Investigación revela que uno de cada dos empleos en Costa Rica tiene elevados riesgos de automatización…La mitad de los trabajos de la población ocupada en Costa Rica tienen un alto riesgo de automatización, es decir se pueden sustituir por máquinas, computadoras o algoritmos que desempeñen estas funciones a menor costo en comparación con el ser humano” Manuel Avendaño Arce EL FINANCIERO n° 1317 26 de diciembre de 2020 página 4.

Hace unos meses intentamos formular, al menos algún enfoque teórico que tuviera cierto valor explicativo acerca del origen y los alcances del complejo fenómeno de la llamada pandemia del Covid 19, cuyos alcances y efectos más ignominiosos (e incluso genocidas) parecen conectarse con los aún más temibles de la llamada Cuarta Revolución Industrial que podría deshacerse de más de la mitad de la fuerza laboral en nuestro medio, a los que estamos enfrentados como individuos y también como humanidad no importa si lo ignoremos, de una manera consciente o no, sus efectos o augurios, más o menos perceptibles, han llegado para quedarse entre nosotros.

El mencionado ejercicio teórico lo hemos intentado, ya sea anclándonos –por así decirlo- en la búsqueda de herramientas cognitivas dentro de los cánones de la sociología clásica de finales del siglo XIX (v.g.r. EL PARADOJAL DESTINO DE LA SOCIOLOGÍA CONTEMPORÁNEA, apartados del I al X) y primeros años del anterior, o más probablemente desde la sociología del conocimiento, una rama separada de aquella, surgida en Alemania durante la década de 1920, como resultado del intenso debate teórico sobre la noción de ideología y sus alcances surgido en los medios académicos de una nación, que como el resto de Europa, se encontraba profundamente afectada por las secuelas de la Gran Guerra de 1914-1918, las que darían origen a un enorme conflicto social y político, al ascenso de los totalitarismos y a un nuevo conflicto armado, siempre en gran escala hasta alcanzar dimensiones planetarias, apenas un par de décadas después.

La discusión acerca de las relaciones, y también fricciones o múltiples rupturas, más o menos frecuentes, entre el conocimiento entendido en estricto sentido, y la existencia social de nosotros, los de la especie humana, tan propensa hacia los conflictos, y todo tipo de acciones letales que no han cesado de escalarse desde los más lejanos tiempos prehistóricos, cobró nuevos matices e intensidad con los planteamientos de Karl Mannheim (1893-1947) y su perspectivismo, al someter la teoría de la ideología de K. Marx, tomada como “falsa conciencia” que enmascara la realidad(o extensión real única de que hablaba Georges Gurvitch (1894-1965), el sociólogo rusofrancés, con su hiperempirismo dialéctico) a la crítica de que hacía objeto a todas las visiones de mundo existentes en el conglomerado social, al considerarlas precisamente como falsa conciencia, valga la reiteración de este tema que ya habíamos abordado en nuestra reflexiones sociológicas.

El fenómeno social total que ha puesto a la especie humana en alto riesgo de extinción, dada la dimensión planetaria que ha venido asumiendo a lo largo del año que está a punto de concluir, no sólo resulta muy complejo para ser entendido, dada la imposibilidad de ir más allá del ascenso de la insignificancia en que hemos caído, al no poder la gran mayoría de los seres humanos concentrarse o poner su atención en un tema más allá de los cinco o diez segundos de un spot de televisión (v.g.r. Cornelius Castoriadis), llevándonos a caer en actitudes que van desde la pusilanimidad hasta la estupidez manifiesta, por lo que tarea se torna virtualmente imposible..

El tema de las muertes, los contagios, las vacunas y las camas hospitalarias nos conduce, por momentos, por la vía de los reduccionismos más variados, hacia la imposibilidad de captar la totalidad de un fenómeno en el que las dimensiones clínica, económica, política, social y cultural están inextricablemente unidas, de una manera tal que: “se pone de manifiesto la profundidad de una crisis múltiple, cuyos elementos sociales y naturales están inextricablemente unidos, además de que sólo así pueden ser entendidos y confrontados, en la medida en que se profundiza la naturaleza misma de los problemas clínicos a resolver, también lo hacen los de la dimensión sociológica en términos del manejo social (y epidemiológico) del evento patológico…(EL PARADOJAL DESTINO DE LA SOCIOLOGÍA CONTEMPORÁNEA VII, 7 de abril de 2020, sección de opinión, diario digital www.elpais.cr).

La pérdida de millones de puestos de trabajo y la acelerada caída de la economía en escala planetaria, durante el año transcurrido desde su inicio, constituyen los efectos palpables de un fenómeno del que todos hablamos, aún sin entenderlo, e ignorando todavía el hecho de que, a la larga parece estar unido a las dinámicas destructivas de la Cuarta Revolución Industrial, con su anunciada mecanización- deshumanización del mundo del trabajo ¿Prescindirán la humanidad o las élites del mundo industrializado de más de la mitad de la población del planeta? Al menos no aparecen respuestas o reacciones que vayan en sentido contrario por ninguna parte, mientras tanto seguimos alucinados mirando o sufriendo el fenómeno de la pandemia y sus estadísticas de morbilidad y enfermedad. La confusión e indiferencia de la gran mayoría de las gentes son tales que pareciera que muchos los ven con admiración, o tal vez tendrán la expectativa, no siempre fundada en hechos comprobados o comprobables, de que la catástrofe que se está incubando en una atmósfera casi imperceptible, aunque sus ecos sean cada día más sonoros, no los alcanzará a ellos.

¿Por qué es importante estudiar la desigualdad asociada a la distribución de la riqueza?

SURCOS recibió este comunicado:

Estamos haciendo un llamado a toda la población universitaria y costarricense para que escriba al señor Rector, Dr. Carlos Araya Leandro y demás miembros del Consejo Universitario de la UCR para que no sólo se pronuncien sobre el tema, sino que hagan respetar los principios la libertad de cátedra, la diversidad, el respecto a las personas y la libre expresión, la resolución interna de conflicto, entre otros.

Esta es la pregunta que se plantea una investigación en la Universidad de Costa Rica y que está siendo cuestionado en primera línea, por Florida Ice and Farm Company (FIFCO) y por Steve Aronson, fundador de Grupo Britt.

Recientemente, un vídeo elaborado por la Oficina de Divulgación e Información (ODI) de la Universidad de Costa Rica con base en una investigación en curso por parte del Instituto de Investigaciones Sociales de la UCR (IIS-UCR), en la cual se vincula la desigualdad con la política fiscal, ha llevado a los grupos económicos de poder a presionar a la Universidad de Costa Rica (UCR) para rectificar la información elaborada por el medio universitario y a inmiscuirse en las fuentes utilizadas en la investigación.

Independientemente de las generalizaciones, que pueden ser criticables y mejorables, las personas afectadas deben limitarse a solicitar un Derecho de Respuesta y no a presionar a la Universidad a tomar determinadas posturas y decisiones.

El artículo 84 de la Constitución Política les otorga independencia a las Universidades Públicas para su funcionamiento. Así mismo, el estatuto orgánico de la UCR estable como sus principios la libertad de cátedra, la diversidad, el respecto a las personas y la libre expresión, la resolución interna de conflicto, entre otros. Así que, si algo debe mejorar la universidad, esta tiene independencia y los principios necesarios para resolverlo por su cuenta y sin presiones externas.

FIFCO y Steve Aronson no sólo cuestionan la investigación en curso, sino que están desplegando una campaña en medios de comunicación y ejerciendo fuertes presiones a las autoridades universitarias a tomar determinadas posturas y decisiones, en nombre de la UNIVERSIDAD.

Envié sus cartas a:

Dr. Carlos Araya Leandro
Rector
rectoria@ucr.ac.cr
recepcion.rectoria@ucr.ac.cr
carlos.arayaleandro@ucr.ac.cr

Prof. Cat. Madeline Howard Mora
Directora
Área de Salud
mhoward@cu.ucr.ac.cr

M.Sc. Miguel Casafont Broutin
Área de Artes y Letras
mcasafont@cu.ucr.ac.cr

M.Sc. Carlos Humberto Méndez Soto
Área de Ciencias Agroalimentarias
cmendez@cu.ucr.ac.cr

Dr. Rodrigo Carboni Méndez
Área de Ciencias Básicas
rcarboni@cu.ucr.ac.cr

Dra. Teresita Cordero Cordero
Área de Ciencias Sociales
tcordero@cu.ucr.ac.cr

Dr. Guillermo Santana Barboza
Área de Ingeniería
gsantana@cu.ucr.ac.cr

M.Sc. Patricia Quesada Villalobos
Sedes Regionales
pquesada@cu.ucr.ac.cr

Lic. Warner Cascante Salas
Sector Administrativo
wcascante@cu.ucr.ac.cr

Bach. Valeria Rodríguez Quesada
Sector Estudiantil
vrodriguez@cu.ucr.ac.cr

Sr. Rodrigo Antonio Pérez Vega
Sector Estudiantil
rperez@cu.ucr.ac.cr

M.B.A. Marco Vinicio Calvo Vargas
Federación de Colegios Profesionales Universitarios
mcalvo@cu.ucr.ac.cr

M.Sc. Guiselle Cruz Maduro
Ministra de Educación Pública
despachoministro@mep.go.cr

*Ver también: Declaraciones en favor de la libertad académica del doctor Francisco Robles Rivera del IIS-UCR https://wp.me/p6rfbZ-ciO

Declaraciones en favor de la libertad académica del doctor Francisco Robles Rivera del IIS-UCR

SURCOS recibió dos documentos que llaman a respetar y apoyar la libertad académica del doctor Francisco Robles Rivera, investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica.

Uno de los documentos está firmado por la reconocida académica de la Universidad Libre de Berlín y su centro adscrito el Instituto de Estudios Latinoamericanos, la doctora Marianne Braig. El segundo es un escrito enviado por el Grupo de Trabajo CLACSO Élites empresariales, Estado y dominación.

La doctora Braig dirige su carta al rector de la Universidad de Costa Rica, doctor Carlos Araya Leandro y expresa: “Agradezco el dar seguimiento al caso del Dr. Robles Rivera, y su interés para continuar la fructífera colaboración entre la Universidad de Costa Rica y la Universidad Libre de Berlín, instituciones que comparten un compromiso por la libertad académica”.

La profesora Braig detalla lo siguiente: … “le escribo con suma preocupación por las noticias que son de mi conocimiento respecto a la importancia de la libertad académica y los riesgos que esta sufre actualmente en el caso del Dr. Francisco Robles Rivera. Los cuestionamientos éticos y profesionales, así como los ataques personales contra el Dr. Robles Rivera por su trabajo académico no deben confundirse con la siempre válida discusión y crítica científica. Por el contrario, la amenaza o la intimidación afectan no solo la persona, sino a la comunidad científica en su conjunto”.

“De su honestidad académica y rigurosidad científica puedo dar fe. El trabajo del Dr. Robles Rivera ha destacado en el ámbito académico internacional por sumar en el debate temas de desigualdad, influencia y poder de las élites y construcción democrática en la región de Centroamérica”, agrega.

“Como usted sabe, dice Braig, son pocas las investigaciones que apuntan a entender las consecuencias de la reproducción de la cultura del privilegio y la influencia de las élites en la política, la economía y la cultura en América Central. Por esa razón, observamos con preocupación que los ataques personales no son exclusivos al trabajo académico del Dr. Robles Rivera, sino que, por el contrario, se suman a un problema mayor de ataques generalizados contra las ciencias sociales y las humanidades en contextos de alta desigualdad o cuando en su análisis evidencian dinámicas cuya discusión pública incomodan a los actores económicos y/o políticos beneficiados por las ventajas descritas”.

“En Alemania, y en la Unión Europea en general, las instituciones de educación superior están comprometidas en favor de la libertad académica y condenan los esfuerzos sistemáticos o aislados, vengan de actores públicos o privados, que buscan cercar el alcance de las ciencias sociales, sus métodos, sus explicaciones, sus discusiones y su publicación. Las universidades y sus consorcios se manifiestan por la defensa de las y los científicos para que cuenten con esa libertad académica, no solo en Alemania y Europa, sino en todo el mundo”.

“Reconociendo la importancia de las relaciones que la Universidad Libre de Berlín ha mantenido con la Universidad de Costa Rica por más de cuarenta años, estamos en la mejor disposición para apoyar el trabajo del Dr. Robles Rivera en el Instituto de Investigaciones Sociales y su libertad académica. También, es nuestro propósito colaborar en el fortalecimiento y la defensa de las ciencias sociales que buscan una mejor comprensión de los problemas que atañen a nuestros países, para lograr mejoras en las condiciones de vida de las personas, la equidad y la democracia”.

Por su parte, la Declaración del Grupo de Trabajo CLACSO Élites empresariales, Estado y dominación en apoyo a Francisco Robles Rivera dice:

“Las investigadoras y los investigadores del Grupo de Trabajo CLACSO Élites empresariales, Estado y dominación, brindamos nuestro total apoyo al colega investigador Dr. Francisco Robles Rivera de la Universidad de Costa Rica.

Hace unos días, su trabajo de investigación ha sido cuestionado públicamente por empresas y personas mencionadas en la investigación. Al respecto sostenemos lo siguiente. La investigación científica se basa en la búsqueda sistemática, con un método riguroso, de evidencias empíricas para conocer la realidad. Es a su vez un conocimiento sujeto a crítica y posee mecanismos propios de revisión de pares. El trabajo del profesor Robles Rivera, se ajusta a esos principios y está comprometido con ellos.

Entendemos que la libertad académica en los métodos y objetos de estudio es un derecho intrínsecamente vinculado a la libertad de expresión en la universidad y en una sociedad pluralista, y por ese motivo no debe ser menoscabado por motivos particulares o presiones externas.

Las ciencias sociales contribuyen a generar conocimiento sobre la propia sociedad, a reflexionar en forma crítica sobre el sentido común, las creencias establecidas y la naturalización de las relaciones sociales. Por ese motivo, muchas veces esa crítica incomoda a las estructuras de poder.

Los múltiples estudios sobre el poder han revelado la necesidad de una mayor transparencia y acceso a la información pública relativa al funcionamiento de la economía, los grupos empresariales y sistemas tributarios, en contextos de creciente concentración económica y de autoridad política. Todo ello se agrava por la constatación recurrente de restricciones de acceso y control de fuentes de datos, así como la opacidad en la información disponible.

Por lo señalado, el Grupo de Trabajo expresa su total respaldo al investigador Francisco Robles Rivera para que continúe con su trabajo de investigación y rechaza cualquier tipo de intento de censura o intromisión de este u otro trabajo de investigación académica dedicada a los estudios del poder”.