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Etiqueta: escultura soviética

Vera Mújina: la escultora de la URSS

Gabe Abrahams

Vera Mújina fue una artista genial del Realismo Socialista. Su figura y sus esculturas han trascendido en el tiempo. Esta es su historia.

Vera Mújina nació el 1 de julio de 1889 en Riga, una ciudad perteneciente por aquel entonces al Imperio ruso, en el seno de una familia de ricos comerciantes.

Mújina pasó su infancia y juventud en Feodosia, en la península de Crimea, lugar en el que recibió sus primeras clases de dibujo y pintura. Vivió allí hasta la muerte de su padre ocurrida en 1904.

Tras esa etapa, Vera Mújina y su hermana mayor, María, fueron acogidas por sus tíos y tías en Kursk. Y allí la futura artista cursó la escuela secundaria.

Acabados esos estudios, Mújina se trasladó a Moscú y estudió arte. Y, ya en 1912, se marchó a París, donde prosiguió sus estudios en la Académie de la Grande Chaumière, siendo uno de sus profesores el escultor Émile Antoine Bourdelle. En la capital francesa, descubrió los movimientos de la vanguardia de la época, gracias a la artista rusa Liubov Popova.

Después de su etapa parisina, Vera Mújina viajó a Italia por su deseo de conocer la pintura y la escultura del Renacimiento, finalizando su periplo europeo en el verano de 1914 con su regreso a Moscú, justo dos semanas antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

A partir de entonces, Mújina trabajó en un hospital militar por culpa de la guerra, conoció a su futuro marido Alexey Zamkov, con el cual se casaría en 1918, y fue asistente de la artista Aleksandra Ekster en el Teatro de Cámara de Aleksandr Taïrov.

En esos años, Vera Mújina apostó por el diseño de vestuario para proyectos teatrales, siguiendo la estela de los movimientos de vanguardia que había descubierto en París. Y el más impactante de entre sus diseños fue el que realizó para el Teatro de Cámara de Taïrov, es decir, el diseño del vestuario de la obra La Rosa y la Cruz del poeta y simbolista ruso Aleksandr Blok. La acción de La Rosa y la Cruz es caballeresca y se desarrolla en los tiempos de la cruzada contra los albigenses.

En esa etapa de su carrera artística, Mújina, además, vivió con entusiasmo por su condición de comunista el estallido de la Revolución Rusa de 1917 y el posterior triunfo de los bolcheviques. Al consumarse este, el nuevo Estado soviético realizó encargos a los artistas y ella fue una de las escogidas.

En la década de 1920, gracias a esa apuesta por el arte de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), Vera Mújina dejó atrás el diseño para el teatro, la pintura que también había cultivado y los movimientos de vanguardia y se decantó por la escultura y el movimiento conocido como Realismo Socialista, dedicado a mostrar la realidad y el socialismo.

En cierta ocasión, Iósif Stalin declaró que el Realismo Socialista era el arte de la URSS, describiendo a sus artistas como “ingenieros de las almas humanas”.

En 1922, centrada en ese movimiento, Mújina creó la escultura La llama soviética. Y, en 1927, la escultura Mujer campesina, una figura de bronce por la que recibió el primer premio en la exposición dedicada al décimo aniversario de la Revolución Rusa.

En 1937, Mújina tocó techo con la estatua El obrero y la koljosiana, que adornó el pabellón soviético en la Exposición Internacional de París de ese año. La prensa francesa definió la escultura como “la mayor obra escultural del siglo XX”, mientras que Pablo Picasso, que se encontraba en París pintando su célebre cuadro Guernica, elogió su hermosura.

El obrero y la koljosiana es una estatua de gran altura que representa a un hombre y una mujer sosteniendo una hoz y un martillo, símbolo de la alianza de los obreros y los campesinos en su camino hacia el socialismo. La escultura se convirtió en un icono de la URSS y en una de las obras más relevantes del Realismo Socialista e, incluso, del arte del siglo XX. Hoy, se encuentra en el Centro de Exposiciones de Moscú.

Otras obras importantes de Vera Mújina fueron las estatuas de Máximo Gorki de 1939 y 1952, situadas en Moscú y Gorki (actual Nizhni Nóvgorod), y la estatua del músico Tchaikovsky, que se colocó delante del Conservatorio de Moscú en 1954, a los pocos meses del fallecimiento de la artista.

Aparte de su obra más clásica, Vera Mújina experimentó con el vidrio, creando bustos figurativos de ese material, y desarrolló una técnica de escultura policromada. Decoró exposiciones, diseñó ropa, etc.

Entre 1941 y 1952, Mújina ganó el Premio Stalin cinco veces y, en 1943, fue nombrada Artista del Pueblo de la URSS. Recibió otras condecoraciones, tanto a lo largo de su vida como tras su fallecimiento.

Después de la muerte de Stalin en marzo de 1953, Mújina cayó en desgracia, porque no agradó a los nuevos dirigentes soviéticos. Pero sus penurias duraron poco, ya que falleció el 6 de octubre de 1953.

Pasado un tiempo, su figura fue reestablecida, trascendió al final de la Unión Soviética (1991) y acabó siendo reconocida en todo el mundo. En la actualidad, sigue igual.

En definitiva, Vera Mújina fue una artista genial del Realismo Socialista que dejó un legado para la posteridad, un testimonio de una escultura que, como afirmó la prensa francesa durante la Exposición Internacional de París de 1937, no conoció igual en el siglo XX.