Ir al contenido principal

Etiqueta: independencia de Centroamérica

Ni Don, ni Señor. ¡Ciudadano!

Vladimir de la Cruz

Hace pocos días en la Asamblea Legislativa el soberano diputado gobiernista, José Miguel Villalobos, le reclamó al magistrado Jorge Araya García, que al referirse a Rodrigo Chaves Robles no le decía ministro ni presidente, y que solo se refería a él como “señor” pidiéndole que le siguiera dando el trato de ministro o presidente, como se acostumbra en Estados Unidos llamar a quienes han ejercido la presidencia.

El magistrado le espetó con respeto, de forma directa y sin rodeos, que, para él, por la forma como fue educado lo más importante que los cargos, que son temporales, es la condición humana, que es de por vida.

¿Tiene importancia ese intercambio de opiniones? Hoy el término DON y SEÑOR, consecuentemente DOÑA, la esposa del Don y SEÑORA, la esposa del Señor, se usan más como fórmulas de respeto y cortesía para dirigirse a un hombre o una mujer mayor de edad.

Sin embargo, en una sociedad democrática, como la que vivimos, esos términos no se deberían usar para el lenguaje general ni coloquial, ni tampoco oficial, como se estila en algunos países y cancillerías. ¿Por qué? Porque se debería usar el adjetivo de CIUDADANO o CIUDADANA, que refiere a los miembros activos, naturales de un Estado, que tienen derechos políticos, garantías constitucionales, como mecanismos legales para proteger, defender y restituir Derechos y Libertades que le pudieren ser, al Ciudadano, amenazados o violados por actos del Estado o de particulares.

El origen real de la palabra DON deriva del latín “dominus” que significa propietario, señor, amo, dueño. En la tradición española, desde la época colonial, situación que se trasladó a la América colonial, dominada por España, se empleó también, desde el siglo XVI, para dirigirse a las personas que pertenecían a la nobleza, término extendido a comerciantes y personas que por tal condición se les debía ese respeto. Era un concepto empleado para distinguir al noble del plebeyo, al noble del criollo y del común de las personas. El DON por sí no significaba un título social, tan solo un tratamiento deferencial.

Por la tradición popular se corrió la idea de que es un acrónimo que responde a: “De Origen Noble”, que en la correspondencia de la época se indicaba D.O.N. y luego se le eliminaron los puntos dejando el DON antecediendo al nombre de pila de la persona.

El DON así no se usa ni se usó para referirse a una persona por el apellido. Si así se usaba se consideraba que quien lo hacía era un plebeyo.

Hoy el término se usa para destacar estatus social, mayor edad, buena voluntad para referirse a una persona de mayor estatus social. Se puede usar de manera despreciable: “esa doña”, o es “un don nadie”, con lo cual se le quita el aura de nobleza que el “don” presume encerrar o contener.

En Hispanoamérica, desde la Independencia se impulsó su desuso, aunque permanece su empleo. Por la tradición francesa se concentró el término a la curia católica, tratamiento que se daba para Dios, Jesucristo y a los santos. En la España medieval se empleaba solo a los reyes, a los grandes nobles y a quienes tenían los más altos cargos eclesiásticos, especialmente referido a arzobispos y cardenales. Después se generalizó a algunos hidalgos, que podían probar su nobleza, pero no a plebeyos. Los hidalgos eran la capa más baja de la nobleza. Es un término que refiere a “hijos de algo”, que podría ser familia conocida o noble. En Don Quijote de la Mancha tenemos esta referencia cuando Alonso Quijano toma el nombre de Don Quijote y Sancho, la buena conciencia, reflexiona que ese “don” no se tenía derecho a usar.

En 1611 el rey Felipe III de España amplió su uso a obispos, condes, mujeres e hijos de los hidalgos y los hijos de personas tituladas, aunque fuesen “bastardos”.

Los reyes españoles por necesidad económica pusieron en venta el derecho de uso del don/doña, el 3 de julio de 1664, por una vida, por dos vidas o a perpetuidad, y en algunos casos permitió incluir un escudo de armas.

En América, en 1573, el rey Felipe II, dio el carácter de hidalgo, aunque no el de don/doña a todos los conquistadores y primeros pobladores. Sin embargo, el del don/doña se hacía constar en documentos oficiales, en registros parroquiales de bautismos, confirmaciones, casamientos y sepulturas, así como en cabildos, lo que hacía ver niveles sociales más altos en lo político, en lo económico y en lo militar. Su uso llegó a alcanzar a los indios que se consideraban nobles.

En los días de la Independencia en Argentina y Uruguay se le dio el tratamiento de “don” a los esclavos libertos que lucharon contra los españoles realistas.

Actualmente, su uso se extiende al punto de decir, por ejemplo, presidente Don… Al referirse con el don se puede poner con mayúscula como con minúscula, que es lo más usual.

Igual sucede con las palabra Señor y Señora, hoy empleadas como cortesía o respeto para dirigirse a personas adultas o mayores.

Señor deriva del latín que significa “más viejo”. Su uso habitual es para dirigirse a personas que no se les conoce el nombre.

Señor históricamente está asociado a un dueño, un propietario, amo o persona con poder de dominio sobre bienes y sobre personas. Su antónimo es el vasallo, el súbdito y en ocasiones el esclavo.

El término se asoció a terratenientes y hacendados, a quienes tenían posesiones con pleno dominio y jurisdicción. A los titulares de señoríos, existentes en España y en la América colonial, que eran territorios cuyos habitantes estaban sujetos o sometidos a la autoridad del Señor, que usualmente eran nobles o eclesiásticos. Se era dueño de tierras y a los campesinos se les podía cobrar por trabajar esas tierras. Algunos señoríos nobiliarios se ligaban a los mayorazgos, que permitía el traspaso de propiedades entre generaciones sin dividirse, para garantizar el poder de la tierra, el capital y el linaje o la descendencia.

La tradición popular asocia el término de señora a mujer casada o viuda mientras a la soltera se le llama señorita.

Los señores feudales tenían derecho para castigar, como dueños que eran de las personas bajo su dominio, hasta con la pena de muerte. Igualmente, los señores feudales tenían el derecho de pernada o de primae noctis con el cual podían obligar o mantener relaciones sexuales en la noche de boda a la esposa de sus vasallos.

En el orden jerárquico de la nobleza titulada de España los rangos de mayor a menor son: Duque, Marqués, Conde, Vizconde, Barón y Señor. La nobleza no titulada comprendía al Caballero, al Hidalgo y al Maestrante.

Si por la etimología el vocablo “don” implica una condición o cualidad de dominio, de dueño sobre otras personas, no se debe usar para dirigirse o referirse a una persona.

Igual sucede con Señor que está asociado a un dueño, un propietario, amo o persona con poder de dominio sobre bienes, sobre personas y campesinos que le trabajaban.

El título de honor, rango social se perdió con la Independencia. Y el dominio de personas también.

En el régimen de tenencia de las tierras en el período colonial todas le pertenecían al rey, tierras reales o realengos, que eran los territorios de la Corona. El rey podía dar tierras a particulares. No eran de los señores feudales, de la nobleza ni de la Iglesia.

Bajo la ocupación francesa en España, en las Cortes de Cádiz se eliminaron los señoríos jurisdiccionales manteniéndose los territoriales, que pasaron como propiedades privadas.

En 1789, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y en la de 1793, la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, se afirmó que estos derechos son “naturales, inalienables y sagrados” y que todos los hombres “nacen libres e iguales”. Así se empezó a desarrollar el concepto del Ciudadano como la persona activa de un Estado, con derechos políticos, civiles, sociales, y sometidos a sus leyes.

Las Cortes de Cádiz también igualaron a todos los habitantes de la América colonial, cuando establecieron la igualdad de los estamentos. Las limitaciones al absolutismo monárquico empezaban a aflorar. La lucha por la Independencia reivindicó cortar con el dominio español en todo lo político institucional que significaba.

En el Plan de Iguala, del 24 de febrero de 1821, Iturbide y Guerrero pactan la lucha final de la Independencia del Virreinato de México, y reconocen en su punto 12 que todos los habitantes de la Nueva España, sin distinción alguna, de europeos, africanos e indios se les considera ciudadanos del proceso que impulsa Iturbide.

Cuando el 15 de setiembre de 1821 se acuerda la Independencia de Guatemala, se establece igualmente comunicar esa decisión a las provincias que constituían la Capitanía General, el Reino de Guatemala o las Diputaciones que existieron con la Constitución de Cádiz, para que cada una resolviera como bien le pareciera, e invitan para que se forme un Congreso, para lo cual se deben nombrar representantes, diputados, para definir en forma definitiva la Independencia, señalando que en la escogencia de esos diputados no debe excluirse de “la ciudadanía a los originarios de África”. Queda claro que se abolió la esclavitud ese 15 de setiembre de 1821, lo que luego se refuerza en 1824 para toda Centroamérica.

Siguiendo esta línea política, el 23 de julio de 1823, al reunirse la Asamblea Nacional Constituyente de las mismas Provincias, que había sido convocada, decretó exaltando la superación del régimen colonial y reinal español, que existiendo un “sistema de igualdad legal entre los funcionarios y ciudadanos”, se decreta:

“1.- Quedan abolidos todos los tratamientos de Majestad, Alteza, Excelencia, Señoría y demás que se ha usado hasta hoy.

2.- Las autoridades, corporaciones y empleados públicos no se denominarán con otro título que el que disponga la ley al destino o empleo que ejerzan.

3.- Queda abolida la distinción del Don”

De esta forma, desde 1823 no se deben emplear esos adjetivos para referirse a las personas. El de Señor y de Don por las razones aquí expuestas, en tanto significaban un estado de sumisión de personas, con los señores y los nobles, que los colocaba en condición de vasallos, siervos o esclavos.

En su lugar debe decirse CIUDADANO, que responde a la persona del sistema republicano, con derechos, libertades, que el Estado mismo debe garantizárselas.

Así, el magistrado no estaba obligado a decirle presidente Rodrigo Chaves, que no es costumbre hacerlo en Costa Rica a quienes han ejercido ese alto cargo público.

Cuando lo llamó “señor” solo el magistrado sabe si lo hizo por respeto a la edad de Rodrigo Chaves, ya adulto mayor, como lo señaló rápidamente cuando le respondió al soberano diputado, o quiso significar, más finamente, que el señor Chaves se siente en Costa Rica, como ese poderoso personaje medieval, y del período colonial, dueño pleno de todo el país, como si fuera su Señorío, con su población, que no quiere que las leyes le establezcan límites ni controles, al estilo de los gobernantes absolutistas, de esa época, o a los gobernantes autoritarios, tiránicos, dictatoriales y despóticos de estos tiempos, que considera, por la forma como se dirige a los ciudadanos, como si fueran sus vasallos, siervos y esclavos, como los que trasportan frecuentemente a actos públicos, que los ponen a actuar como los capataces que los conducen y dirigen les mandan.

El ciudadano Jorge Araya García puso los pies en el suelo, con elegancia, resultado de la educación que recibió desde niño y practicó en su familia, como también lo dijo.

Cuando di clases, por más de 40 años, en mi primera lección les enseñaba a mis estudiantes estos conceptos, pidiéndoles que no me dijeran Don ni Señor, que Ciudadano era la mejor forma de llamarme. Si eso les costaba, que me llamaran Profesor, que es quien ejerce la enseñanza pública o privada de una materia, en mi caso Historia de Costa Rica, siendo apenas un guía en el aprendizaje de los estudiantes. Del mismo modo, Profesor porque es el que profesa una profesión, en mi caso la de Historiador, actividad que se desempeña trabajando, enseñando.

El Ciudadano Soberano Diputado puede llamar presidente al ciudadano Rodrigo Chaves, lo que tiene que hacer igual con todas las personas que han ejercido la Presidencia en Costa Rica.

También lo puede llamar ministro por el cargo que desempeña actualmente.

Y a todas las personas que han ejercido cargos como presidente, vicepresidente, embajador, ministro, viceministro, magistrado, diputado, alcalde o vicealcalde, como se acostumbra en otros países.

Pero siempre podrá decirles a todos ellos, y todas las personas, el glorioso adjetivo de Ciudadano, que los iguala en todo sentido.

Los faroles y antorchas de la Independencia

Vladimir de la Cruz

Desde 1964 se celebra en Centroamérica, de manera conjunta la fecha del 15 de setiembre, como la fecha de la Independencia de Centroamérica, recordando el Acta de Independencia declarada esa fecha, en 1821, en Guatemala, que era la cabecera principal de la Capitanía General de Guatemala, también, antiguo Reino de Guatemala.

La celebración conjunta en Centroamérica, de la fecha del 15 de setiembre de 1821, se determinó por declaración así establecida por la Asamblea Nacional Constituyente, de las Provincias Unidas de Centroamérica, de la cual formábamos parte, indicando que “ la memoria del glorioso 15 de setiembre de 1821, en la que el pueblo de esta capital (Guatemala), proclamó su Independencia del gobierno español, se celebre con todas las demostraciones…, ha tenido a bien decretar y se decreta:…1.- El día 15 del próximo mes de setiembre será feriado en esta capital (Guatemala)…2…, 3…, 4…, 5…, 6…, 7, … 8…, 9…, 10…, 11.- El Supremo Poder Ejecutivo, al circular este (decreto) dispondrá que en todos los pueblos de las Provincias Unidas, se celebre la Memoria del día en que cada uno proclamó su Independencia del Gobierno español…” Así se dispuso y comunicó el 26 de agosto de 1823.

Así, la Independencia de Guatemala se constituyó en el detonante para que las Provincias Unidas de Centroamérica, cada una por su parte, tomara la decisión de su Independencia, en tanto iban recibiendo la noticia de lo dispuesto en Guatemala, que dejaba en libertad a cada provincia para que decidiera lo propio. De esa manera, El Salvador declaró su Independencia el 21 de setiembre, Honduras y Nicaragua lo hicieron el 28 de setiembre. Nicaragua en esa fecha hizo su declaración indicando que la decisión de la Independencia quedaba sujeta “hasta que se aclararan los nublados del día”. Esta situación la corrigieron el 11 de octubre cuando declaró su Independencia. A Costa Rica la noticia de lo dispuesto en Guatemala llegó acompañada de lo decidido en Nicaragua, el 12 de octubre de 1821.

El último gobernador colonial, Juan Manuel de Cañas, no pudo ocultar la noticia, que se traía de pueblo en pueblo por toda Centroamérica, provocando distintas reacciones.

En Costa Rica la noticia de la Independencia pasó primero por San José donde fue acogida. Siendo Cartago la capital de la Provincia de Costa Rica, la discusión de lo dispuesto en Guatemala y Nicaragua se mantuvo por varios días, en los pueblos del Valle Central, para lo que se solicitó se enviaran delegados a Cartago para tomar la decisión sobre la independencia declarada en las otras provincias.

En Cartago estaban reunidos los delegados de los pueblos desde la noche del 28 de octubre, y en la mañanita del 29 de octubre, se aprobó declarar la Independencia de Costa Rica, constituyéndose esta fecha como la Fecha de la Declaración de la Independencia de Costa Rica.

Así, por la misma declaración de la Asamblea Nacional Constituyente, de las Provincias Unidas de Centroamérica, la fecha del 15 de setiembre se debe celebrar en memoria de lo sucedido en Guatemala, y la del 29 de octubre por ser la fecha en que Costa Rica, de manera definitiva tomó la decisión de independizarse. Debe ser la fecha del 29 de octubre y no cualquier otra porque Cartago era la capital de la Provincia de Costa Rica. El Acta de Independencia de Costa Ria se juró el 10 de noviembre de 1821, reafirmándose de esa forma lo dispuesto en Cartago el 29 de octubre.

De igual manera se podría considerar que las fechas de independencia de los pueblos de la provincia de Chiapas, como lo fueron Ciudad Real, Comitán y Tuxtla, que proclamaron primero su Independencia, antes que Guatemala, a la que pertenecían, deban tenerse como las fechas de Independencia, de Guatemala y del resto de Centroamérica. Influyeron esas declaraciones en Guatemala para la decisión que se tomó el 15 de setiembre.

Lo que recorrió el territorio de Centroamérica a partir del 15 de setiembre de 1821 fue la noticia de la Independencia de Guatemala.

Lo que recorrió el territorio de Centroamérica a partir de esa fecha fue la invitación para que cada Provincia, entre ellas Costa Rica, tomara su propia decisión.

El recorrido de la noticia se hizo de día, no de noche. A caballo o a pie se trajo la noticia. De noche no se podía porque no había buenos caminos para transitar. No había telégrafos ni teléfonos. Había peligros reales de animales salvajes, felinos especialmente, para los viajeros que pudieran movilizarse nocturnamente. Había que hacer paradas obligadas. Por eso la noticia duró muchos días, casi un mes, en llegar a Costa Rica. Quienes traían la noticia, uno o varios viajeros, se desplazaban de día, sin antorchas ni teas.

A principios de la década de 1960, en el contexto de la Integración Centroamericana que se impulsaba y de la reunión de presidentes de Centroamérica con el presidente Kennedy, del 18 al 20 de marzo de 1963, el Profesor, y Director de la Dirección General de Deportes, Alfredo Cruz Bolaños, impulsó la idea, acogida en esa reunión de Presidentes centroamericanos, que se materializó por primera vez en 1964, de festejar la Independencia del 15 de setiembre de Guatemala y el recorrido de su noticia por toda la región, con un recorrido oficial que se iniciaría en Guatemala hasta llegar a Costa Rica, recorrido que se haría portando una Antorcha, en manos de estudiantes de toda la región.

Es claro que la celebración de este recorrido no se hace por las noches. Se hace durante todo el día, pueblo a pueblo, por la ruta que se disponga.

La Antorcha se propuso como símbolo de la luz frente a la oscuridad de la dominación española, como símbolo de la luz contra la opresión colonial, como símbolo de la libertad, del pueblo y del país, como símbolo de la soberanía popular, del pueblo en capacidad de tomar sus propias decisiones y la independencia nacional frente al sometimiento político e institucional del orden colonial español, o de cualquier otro orden imperial que nos amenace.

El 14 de setiembre de cada año, desde 1964, el pueblo costarricense, y el estudiantado nacional, se moviliza para recordar, exaltar y festejar la noticia de la Independencia que nos llegó, en el desfile así organizado, para consolidar la Independencia de Costa Rica, y la de Centroamérica. Eso celebraremos el próximo 14 de setiembre en Costa Rica.

Para esta fecha, para este próximo 14 de setiembre, se está invitando a participar a todo el pueblo, en todas las comunidades del país, por donde pase la Antorcha traída de Guatemala, y en los pueblos por donde no pase, para que la gente se reúna con antorchas para celebrar la Independencia Nacional, pero especialmente para fortalecer la Independencia, la Soberanía y la Libertad del pueblo de Costa Rica.

Se está llamando a defender las libertades y derechos sagrados que la Independencia nos dio y que, en el desarrollo institucional del país, desde aquella gloriosa fecha hasta hoy, se han logrado como grandes conquistas populares y ciudadanas, establecidas en la Constitución Política, hoy diariamente amenazadas por las acciones autoritarias que se impulsan por el Gobierno de la República.

Se está llamando a defender la institucionalidad democrática nacional, el Estado de Derecho, que implica defender la independencia de los Poderes Públicos, del Poder Ejecutivo, del Poder Legislativo, del Poder Judicial, del Poder Electoral.

Se llama a luchar para que el Poder Ejecutivo no controle dictatorial, tiránica, ni autoritariamente todos los Poderes de Estado, para que no se entronice una Dictadura, una Tiranía, un Gobierno Absoluto en el país, ni se establezcan las bases de una Costa Rica dependiente, como una nueva colonia de una potencia extranjera, ni como una República alquilada a esos intereses, ni como un Protectorado político y militar como pareciera se está gestionando por el Gobierno de Laura Fernández.

El 14 y el 15 de setiembre hay que afirmar la verdadera Independencia Nacional.

Los faroles y antorchas de la Independencia, de esta fecha, son para afirmar, consolidar y defender el Estado de Derecho y el Estado Social de Derecho que malos costarricenses, y en cierta forma traidores a la Patria, están despedazando.

La Independencia de Centroamérica

El 15 de septiembre como fecha clave para las luchas independentistas

Vladimir de la Cruz de Lemos

La dominación de la conquista y la colonia española en el continente americano se inició con la llegada de Cristóbal Colón el 12 de octubre 1492, cuando asumió de hecho la propiedad de las tierras por él “descubiertas”, de las cuales no tenían conocimiento los europeos. La expansión de los reinos europeos le permitía apropiarse de manera natural de aquellas tierras que no pertenecían a reinos europeos conocidos.

Eran los tiempos de inicio del desarrollo del capitalismo mundial, cuando estos reinos hacían valer su poder por el poderío de sus riquezas o de sus extensiones terrestres. Fue la base del colonialismo mundial desarrollado posteriormente de manera más fina, eficaz, depredadora.

La dominación y opresión se prolongó hasta finales del siglo XX, cuando después de la II Guerra Mundial, particularmente, se desarrollaron las luchas anticoloniales y de liberación nacional que produjeron que las Naciones Unidas (organización fundada en 1945, con 52 países como miembros fundadores) hoy tengan 194 estados, repúblicas o países miembros de esa comunidad internacional.

Los temas de control de riquezas naturales y extensiones territoriales siguen siendo hoy objetivos geopolíticos estratégicos de gran relevancia en las relaciones internacionales, particularmente cuando el Presidente Donald Trump plantea sin temor (y con gran prepotencia imperial) el control de territorios como Groenlandia, la anexión de Canadá, el control de la franja ístmica de Panamá por su canal interoceánico, su proyección sobre las tierras raras de Ucrania y su visión de la región de Palestina y la franja de Gaza para hacer un gran centro turístico y de diversión como las riberas turísticas del Mediterráneo o de juego como Las Vegas, temas para otra ocasión.

La presencia de los vikingos en el continente americano (con su llegada a Groenlandia, Canadá, entre los años 990 y 1050, y su posible presencia en la región noreste de los Estados Unidos, en la zona de los grandes lagos, hacia el año 1000) no tuvo ninguna proyección importante al resto de Europa por su fracaso colonizador. Nos quedaron sus zagas y sus recuerdos, que parecen más leyenda que realidad histórica.

Los cuatro viajes de Colón permitieron dimensionar la continentalidad americana, junto con los viajes marítimos de los grandes navegantes que se desataron en aquella época, que permitieron tener una visión global de La Tierra y una visión de extensión del continente gracias a Americus Vespucio, quien la dimensionó y divulgó al punto que se le reconoció en su nombre el continente de América.

La grandeza de los territorios de los que los españoles hacían derecho de propiedad les obligó a fragmentarlos para una mejor dominación y control de tierras, de hombres y de riquezas naturales. Así se desarrollaron los Virreinatos: el de Nueva España (o de México), en 1535, que fue el más extenso de todos y se proyectó hasta Asia y Oceanía, seguido por el de Perú, 1542, el de Nueva Granada en 1717 y 1723, y el del Río La Plata, 1776.

Al frente de los Virreinatos se estableció una reproducción de las estructuras del poder político español con sus respectivos funcionarios políticos y administrativos, y una división interior territorial, que también reprodujo las estructuras de poder político, administrativo y religioso, reproduciendo allí las autoridades políticas, administrativas y religiosas para ejercer mejor control de los territorios y de la población dominada.

En los Virreinatos, España establecía Reinos, Capitanías Generales, Gobernaciones, Intendencias, Partidos, Diputaciones y Señoríos, como en México, y otras formas de administración y control político administrativo.

El Virreinato de México incluyó lo que actualmente es México, los actuales estados estadounidenses de California, Nevada, Colorado, Utah, Nuevo México, Arizona, Texas, Oregón, Washington, Florida, parte territorial de Idaho, Montana, Wyoming, Kansas, Oklahoma y Luisiana. Comprendió, también, la parte suroeste de la Columbia Británica, del actual Canadá.

A ello agregó las llamadas Capitanías Generales, como la Capitanía General de Guatemala (que incluía a los actuales países de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, los estados de Chiapas —que también fue Intendencia — y Belice); la Capitanía General de Santo Domingo, 1535 (actual República Dominicana), la Capitanía General de Cuba, 1777, y la Capitanía General de Puerto Rico, 1582.

La conquista fue el período de guerra y sometimiento de las comunidades autóctonas, indígenas. La colonia fue el período en que, dominadas las comunidades y controladas las poblaciones, las organizaron para su mejor explotación económica.

Los períodos de conquista se prolongaron en las diferentes regiones hasta que los españoles lograron asentarse, desarrollar o fundar sus ciudades y ejercer desde allí el control territorial y político.

Consolidada la conquista, el período de la colonia culminó con la lucha por la Independencia, contra la dominación política y territorial que llegó hasta finales de la década de 1820.

Los procesos de independencia se dieron de manera diversa. Así, en México, en sus regiones, se produjeron en distintos momentos esas resistencias anticoloniales.

De esta manera, cuando se trata la Independencia de Centroamérica, se habla de la región que entonces comprendía la Capitanía General de Guatemala, y no del conjunto de México.

Usualmente, no se aborda el proceso de la Independencia de una manera simultánea o comparativa con lo que sucedía en el resto del territorio mexicano.

Así, por ejemplo, el 15 de setiembre de 1808, Pablo Alvarado, estudiante costarricense de Medicina en Guatemala, es reprimido y encarcelado por hacer publicaciones anti españolistas. El mismo Pablo considera haber sido el primer detenido en toda la Capitanía por ese motivo, y el 15-16 de setiembre de 1810, con el llamado Grito de Dolores del padre Miguel Hidalgo, en México, se inicia la lucha insurreccional por la Independencia de México.

Así, en el territorio de México, desde 1810 se desarrollan las luchas por su Independencia, y en la Capitanía General de Guatemala también levemente desde 1808. Se van a desarrollar como procesos paralelos e independientes, como sucedieron en otras partes del continente.

En el área de Centroamérica, en la Capitanía General de Guatemala, hubo movimientos anti españolistas, algunos con características insurreccionales, el cinco noviembre de 1811 en San Salvador, liderados por José Manuel Arce, contra la crueldad y malos tratos del intendente Antonio Gutiérrez.

En 1813 y 1814 se dieron otros movimientos similares, públicos y clandestinos, según fuera necesario, en otros pueblos, provocando la reacción represiva monárquica.

La insurrección salvadoreña terminó con la cárcel de sus principales líderes patriotas. En 1814 se produce una conspiración en San Salvador que nuevamente fue derrotada. Iguales movimientos se dieron en 1811, en Nicaragua, en las ciudades de León, Granada, en Rivas. Los líderes de la insurrección en Nicaragua fueron capturados y trasladados a Guatemala, donde fueron condenados a cadena perpetua y tratados brutalmente. En Costa Rica también se produjeron algunos movimientos anti españolistas.

En 1821, se puede decir, se vinculan en su etapa final los sucesos de México con los de la Capitanía General, a partir de la idea del Imperio de Agustín de Iturbide, el Plan de Iguala y el Tratado de Córdoba, que abrió los espacios para que los movimientos independentistas en la Capitanía empezaran a verse en el espejo de México, como parte continua de la misma unión que había tenido bajo el Virreinato, sin monarquía española, sin monarquía dominante, sino bajo un ideal republicano.

El 24 de febrero de 1821, el líder revolucionario mexicano Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide (en ese momento representando las fuerzas represivas monárquicas) pactaron una alianza en el llamado Plan de Iguala, que cambió el rumbo de los acontecimientos independentistas de los días siguientes.

Tres meses después, el cinco de julio de 1821, se produjo el levantamiento contra el Virrey Apodaca en México, obligándolo a presentar su renuncia, siendo sustituido el 30 de julio por el nuevo Virrey, Juan de O’Donojú, quien entendía y comprendía mejor la situación de independencia que se daba en el Virreinato, por lo que se entrevista con Iturbide, firmando el 24 de agosto el Tratado de Córdoba, confirmando en lo sustantivo el Plan de Iguala que nombraba a Iturbide Presidente, proclama la Independencia de México y le declara Emperador.

De esa manera, en el sur de México, que estaba agitado, se altera la Provincia de Chiapas, colindante con Oaxaca, que era parte de la Capitanía General de Guatemala. De modo que, el 28 de agosto, el Cabildo de la Ciudad de Comitán acuerda proclamar la Independencia el siguiente primero de septiembre, fecha en que también se declaran independientes Chiapas y Oaxaca.

El tres de septiembre también lo hizo el Ayuntamiento de Ciudad Real (actual San Cristóbal), noticias que llegaron a la ciudad de Guatemala el cuatro de setiembre, al mismo tiempo que el Jefe Político Superior, Gabino Gaínza Gabino, en el Ayuntamiento, reconocía que en Guatemala había inconformidad con el régimen y se estaban recogiendo firmas exigiendo la Independencia.

En la sesión del Ayuntamiento de Guatemala del cuatro de septiembre, el patriota Mariano Aycinema propuso imitar a Oaxaca. En El Salvador, ese mismo cuatro de setiembre, el patriota y sacerdote José Matías Delgado solicitaba en un memorial lo mismo.

En la región de Chiapas, la agitación continuaba. El cinco de septiembre, el Ayuntamiento de la Ciudad de Tuxtla se declara independiente, y el ocho de septiembre toda la Provincia de Chiapas declarará su Independencia, se separará de Guatemala y se une al Imperio Mexicano de Iturbide, lo que repercute fuertemente en la Capitanía General.

Desde el 13 de setiembre, en el Palacio de los Capitanes, en Guatemala, donde se discutían estos sucesos, se concentraban las personas, el pueblo, exigiendo a gritos que se declarara la Independencia, bajo vigilia popular de las manifestaciones que lideraba María Dolores Bedoya, la esposa del Dr. Pedro Molina, uno de los grandes patriotas y activistas pro independentistas.

El 14 de setiembre se circularon invitaciones a los ciudadanos para presionar a la Diputación para que el día 15 se pronunciara. La reunión fue convocada por Gabino Gaínza, quien tenía mayoría de representantes enemigos de la independencia. Por eso, Aycinena, Pedro Molina y José F. Barrundia invitaron a los vecinos y convocaron al pueblo de los distintos barrios a congregarse frente al Palacio de Gobierno.

De esa forma se obligó a que, el 15 de setiembre de 1821, conociendo los sucesos de Chiapas, se proclamara la Independencia de Guatemala, que era la capital de la Capitanía General, declaración de Independencia que hizo conocer al resto de las provincias de la Capitanía, para que resolvieran de acuerdo con sus propios intereses.

Al declararse Guatemala independiente, automáticamente liberó a las provincias para que así lo decidieran. Así lo hicieron El Salvador, el 21 de setiembre; Comayagua, Honduras, el 28 de setiembre; León, de Nicaragua, en un primer momento el 28 de setiembre y luego el 11 de octubre. Costa Rica, que recibió esa noticia el 13 de octubre lo hizo después de consultar en sus pueblos el 29 de octubre de 1821.

A Costa Rica llegaron copias de las Actas de Independencia de Guatemala y de León, de Nicaragua, porque Costa Rica dependía de Guatemala en aspectos de Guerra, Justicia y Hacienda, y de León, en aspectos de Política, Economía y Policía.

Aquel día, del 29 de octubre, el entonces presidente de la regencia del imperio mexicano, Agustín de Iturbide, invitó a Guatemala a formar parte de México, lo que ya había hecho con el resto de las provincias, invitándolas a enviar representantes a las Cortes Constituyentes que iban a trabajar en México.

La abdicación de Agustín de Iturbide a la corona imperial mexicana, el 19 de marzo de 1823, dejó liberadas a todas las provincias que, de una u otra manera, en sus actas de Independencia, en 1821, habían manifestado su adherencia. Así, procedieron a la realización de su Congreso, convocado desde el 15 de setiembre de 1821, en la propia Acta de Independencia de Guatemala.

El 24 de junio de 1823 se instaló al Congreso Centroamericano, que tuvo el carácter o la forma de Asamblea Nacional Constituyente.

El primero de julio de 1823, el Congreso declaró la Independencia Absoluta de Centroamérica de España, agrupándose inicialmente bajo el nombre de Provincias Unidas de América Central, y luego bajo la forma de República Federal del Centro de América.

La Declaratoria del 1 de julio de 1823 fue a modo de reafirmación en la región de la Independencia Absoluta de Centroamérica de España, que impulsó a la agrupación inicial bajo el nombre de Provincias Unidas de América Central y luego, bajo la forma de República Federal del Centro de América. Esto ha llevado al actual gobierno de Honduras a celebrar como su fecha de Independencia, desde este año, el primero de julio de 1823.

El Congreso Centroamericano también dispuso, en 1824, que en Centroamérica se celebrara el 15 de septiembre de 1821 como la fecha de Independencia de la región, fecha que debía celebrarse junto con la fecha propia con que cada provincia había tomado su decisión de Independencia.

De este modo, la fecha precisa de cada país es: el 15 de septiembre para Guatemala, el 21 de septiembre para El Salvador, el 28 de septiembre para Honduras, el 12 de octubre para Nicaragua y el 29 de octubre para Costa Rica, fechas que en la práctica no se celebran, porque domina el referente histórico de la fecha del 15 de septiembre.

(Publicado en MEER.com.es el 24 de setiembre del 2025 y compartido con SURCOS por el autor).