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Etiqueta: memoria histórica

El inicio de la sangrienta dictadura aquel 11 de septiembre de 1973

Freddy Pacheco León

Freddy Pacheco León

»Se abrirán de nuevo las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor», vaticinó el Dr. Salvador Allende aquel tenebroso 11 de setiembre de 1973, instantes antes de morir.

El ladrón y asesino vitalicio Augusto Pinochet, cómplice de Richard Nixon, Henry Kissinger y los «aristócratas» chilenos que junto a la presencia de «los rotos» en el Palacio de La Moneda veían amenazadas sus cuotas de poder, cobardemente ordenó bombardear con aviones Hawker Hunters el palacio presidencial. SU objetivo: asesinar al presidente Constitucional de Chile. Dignísimo «compañero» quien, ante la inminente muerte, rechazó rendirse y refugiarse en alguna embajada de nación amiga, como la de Costa Rica, a la que don Pepe le instó asilarse.

Pasan los años y ¡jamás! podríamos olvidar el momento en que escuchábamos por la radio, las firmes palabras del presidente, con interferencias provocadas por los fascistas, en medio del ruido estruendoso de las armas pesadas, los tanques y camiones y los aviones a reacción.

Para entonces vivíamos en un apartamento en calle Mac Iver con Huérfanos, a pocas cuadras de La Moneda, desde donde la pesadilla se hacía realidad. Fue el inicio de una larga y sangrienta dictadura militar, donde los asesinatos, la tortura, los desaparecidos y los robos al Estado, eran cotidianos. Ya Víctor Jara no cantaba en el Teatro Municipal, ni se escuchaba la voz grave y lenta de Pablo Neruda, el eterno poeta que murió de pena.

Pero un día la estrella de la bandera chilena volvió a brillar, y por fin, se abrieron de nuevo las grandes alamedas, se condenó a Pinochet y otros criminales uniformados, se expulsó a los que usurpaban el poder político y, por karma del destino, el siniestro Richard Nixon fue expulsado cual vil delincuente de la Casa Blanca…

Algo ni siquiera parecido deseamos para el pueblo costarricense, a pesar de los que sueñan con un régimen dictatorial en nuestra amenazada Patria.

80 años del juicio de Núremberg

José Manuel Arroyo Gutiérrez

Entre el 20 de noviembre de 1945 y el 1º de octubre de 1946, en la ciudad de Núremberg, Alemania, se llevó a cabo el proceso judicial más relevante del siglo XX. Por vez primera en la Historia, se sentó en el banquillo de los acusados a jerarcas de un Estado, por sus conductas individuales en el contexto de la Segunda Guerra Mundial.

Esta empresa judicial no estuvo exenta de dificultades y cuestionamientos. Hubo que improvisarlo prácticamente todo. Por medio de los llamados Acuerdos de Londres (agosto de 1945) fue preciso redactar un Estatuto rector; constituir el Tribunal Militar Internacional que se encargaría del juzgamiento; designar a los cuatro jueces titulares y sus respectivos suplentes, uno por cada una de las potencias vencedoras (Gran Bretaña, los Estados Unidos de América, la Unión Soviética y Francia); se estableció asimismo el sistema procesal a emplear (acusatorio anglosajón); se definieron cuatro figuras penales a aplicar: Plan Concreto o Conspiración para la Guerra, Crímenes contra la Paz, Crímenes de Guerra y Crímenes contra la humanidad, y por último se levantó la lista de líderes del nacional-socialismo capturados, donde figuraron militares, ideólogos, jefes claves del Partido y del Estado, ejecutores responsables de programas de exterminio, e incluso diplomáticos y economistas con responsabilidades especiales. Por último se enlistaron también las organizaciones, entidades estatales, de seguridad y militares que debían rendir cuentas.

El juicio duró aproximadamente un año. En total se celebraron 403 audiencias, se incorporaron más de 4.000 documentos (informes, actas, memorandos, fotografías y documentales cinematográficos), se escuchó a 33 testigos de la acusación y a 61 de la defensa, y 19 de los acusados decidieron declarar sobre los cargos que soportaban.

En las etapas previas al inicio del Juicio, hubo cuestionamientos que superar. El primero consistió en la pertinencia de llevar a cabo un proceso penal formal. Se discutió por parte de los Aliados vencedores si simplemente se debía identificar e interrogar a los acusados para de inmediato fusilarlos o ahorcarlos, conforme los protocolos tradicionales militares y de guerra; o bien, se conducía el juicio formal, conforme principios y normas del debido proceso legal. Esta segunda tesis fue la que finalmente se impuso por insistencia de la delegación soviética y aceptación final de las otras potencias aliadas.

Otro cuestionamiento que hubo que superar, resuelto de hecho, fue de orden ético. Se cuestionaba si el bando vencedor tenía autoridad moral para juzgar a los vencidos, dado que se habían perpetrado abusos y crímenes de guerra por parte de los Aliados, tanto como por parte de los nazis. Se cuestionaba la presencia de la Unión Soviética en el tribunal juzgador, cuando en su momento había firmado un Pacto de No-agresión con Hitler y había participado en el hecho generador de la guerra al repartirse el territorio de Polonia con Hitler. Se acusaba a los soviéticos también de haber perpetrado la matanza de quince mil oficiales polacos detenidos en la localidad de Katyn. Y se señalaba que el juez titular soviético (Nikitchenko) había fungido como juez en las parodias judiciales mediante las cuales Stalin llevó a cabo las purgas de sus oponentes internos. A los Aliados se les reclamaba el haber tolerado los avances de Hitler antes de iniciarse la guerra, además de haber bombardeado ciudades indefensas, como Dresde, en las que murieron miles de civiles, amén de los entonces recientes lanzamientos de bombas atómicas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, con cientos de miles de víctimas, también civiles.

Estas importantes objeciones fueron contestadas argumentándose que la Alemania nazi fue, sin duda alguna, la responsable del inicio y desarrollo del conflicto bélico, en especial por las agresiones militares para invadir y anexarse territorios extranjeros. Además, no podían compararse moralmente, las campañas deliberadas de odio racial y exterminio contra poblaciones enteras, como la judía, la gitana, los eslavos y las minorías identitarias, con las acciones propias de la guerra como bombardeos y estrategias militares defensivas. Por último, se alegó que no era admisible dejar en impunidad las atrocidades cometidas por el nacionalsocialismo alemán, debiéndose pedir cuentas y sentar responsabilidades por los crímenes contra la humanidad. Se trataba en consecuencia de una reivindicación ética, espiritual y pedagógica para que lo ocurrido no volviera a suceder. En resumen, había que sentar un precedente y al menos prevenir a futuro situaciones semejantes.

El último gran cuestionamiento fue de naturaleza jurídica. Al tenerse que improvisar prácticamente todo, se pusieron en entredicho los principios rectores del derecho procesal penal moderno. Empezando por la creación de un Tribunal Militar Internacional ad-hoc, para el caso de Núremberg, y en contradicción con el principio de juez previo o juez natural. De igual manera se tuvieron que confeccionar las figuras penales contra el mandato clásico de Nullum crimen sine lege, y por supuesto, prever las penas a contrapelo del presupuesto Nulla poena sine lege. Es decir, se percibía un quebranto del principio de legalidad en su conjunto y todo parecía contradecir la prohibición de la aplicación retroactiva de la ley penal.

La respuesta a estas cuestiones capitales se levantó con bastante solvencia. Se alegó que se procuraba conducir un juicio reglado, conforme los principios del debido proceso con el propósito de responder con legalidad a quienes se habían comportado con brutal arbitrariedad. Se trataba también esclarecer los hechos para que luego no fueran a minimizarse o negarse del todo. Se contestó la crítica de violación al principio de legalidad argumentándose que sí existía normativa internacional previa que condenaba las principales acciones emprendidas por la Alemania nacionalsocialista, tales como el Convenio de la Haya (1899) para la solución arbitrada de los conflictos; el Tratado de Versalles (1919) que creó la Sociedad de Naciones; la VI Conferencia Panamericana (1928) en la que se califica la guerra de agresión como un crimen contra la especie humana; el Tratado General de Renuncia a la Guerra o Pacto de París (1928) en el que se reiteraba el peligro mortal de una nueva conflagración mundial. En la mayoría de estos acuerdos internacionales participó y se comprometió Alemania, razón por la cual podía pedírsele cuentas por lo ocurrido.

La defensa de los acusados esgrimió argumentos de distinta índole: ninguno de los imputados aceptó su culpa; ninguno aceptó haber conocido los crímenes atroces –sobre todo matanzas masivas en centros de exterminio-; y por el contrario alegaron haber actuado siempre por honor y lealtad al pueblo alemán y su Führer; incluso alegaron haberlo hecho por Dios y por amor a la Patria. Desde una perspectiva más técnica, algunos de ellos intentaron defenderse alegando que estaban amparados a una especie de “legítima defensa putativa” por cumplirse los supuestos de esta causa justificante, a saber, el haber respondido a agresiones previas; o bien alegaron haber actuado sólo por órdenes superiores, lo que conformaba la “obediencia debida” puesto que estaban sometidos a enormes presiones y hubiera sido mucho peor desobedecer y arrastrar a sus tropas y a sí mismo a disciplinas letales. Un último argumento defensivo esgrimió razones de “seguridad militar”, tratando de explicar que los grupos operativos móviles (Einsatzgruppen), verdaderos comandos de exterminio, lo que hicieron en la retaguardia, conforme el ejército alemán avanzaba, fue eliminar todo riesgo de revuelta, razón por la cual fue necesario acabar con judíos, comunistas, eslavos y otros.

En sentencia todas estas argumentaciones fueron rechazadas. Destaca el establecimiento de las responsabilidades individuales de cada acusado, así como la inadmisión de la supuesta “obediencia debida” en vista de que los hechos consumados fueron gravísimos, todos los acusados conocían y querían voluntariamente participar de ellos, y en ningún caso podía aceptarse una excusa exculpatoria.

La sentencia condenó a 12 acusados a la pena de muerte (Göring, Ribbentrop, Keitel, Kaltenbrunner, Rosenberg, Streicher, Jodl, Frank, Frick, Sauckel, Seyss-Inquart y Bormann en ausencia). Se pronunciaron 3 cadenas perpetuas (Hess, Funk y Raeder). Además, sobre 4 imputados recayeron condenas de prisión prolongadas entre diez y veinte años (Speer, Von Schirach, Von Neurath y Dönitz). Por último, el Tribunal absolvió a 3 acusados (Schacht; Von Papen y Fritzch).

El Juicio de Núremberg terminó siendo reconocido como un formidable precedente en el campo de la legalidad internacional. Voces autorizadas como la de René Cassin, se refirieron a él como un evento que “arrojó luz incuestionable sobre el acontecimiento bélico”. Se reconoció también que se había constituido un proceso al que se llamó “la condena de la memoria” porque serviría para no olvidar lo sucedido en materia de crímenes contra la humanidad.

A partir de su realización, se desencadenaron otros procesos y otras instituciones que conforman hoy el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, así como los Institutos, Sistemas Regionales y Tribunales Internacionales en esta materia: (a) durante y después del Juicio de Núremberg se llevaron a cabo otros juicio en Alemania y en las zonas de ocupación; se juzgó a generales y otros militares, a miembros de los cuerpos de seguridad, a profesionales como médicos, abogados, administradores, economistas, funcionarios de campos de concentración y exterminio. Miles de personas fueron acusadas (5006), cientos condenadas a pena de muerte (794) de las cuales fueron efectivamente ejecutadas 486. En diciembre de 1945 con la Ley No. 10 del Consejo de Control, los Aliados crearon una base jurídica estandarizada para el procesamiento de los crímenes de guerra en las respectivas zonas de ocupación que de base para los posteriores juicios al de Núremberg; (b) Incluso se llegó a juzgar a líderes nazis que habían declarado como testigos en el proceso principal de Núremberg (Ohlendorf, Höss, Wisliceny) sobre los que recayeron posteriormente sentencias de muerte; (c) El proceso de Núremberg sirvió también de modelo y heredó pautas procesales y principios normativos que guiaron la realización de muchos juicios posteriores, así como inspiró la normativa internacional emitida a partir de 1946 en el seno de la Organización de Naciones Unidas (UNO); (d) Por ejemplo, la Resolución de 11 de diciembre de 1946 de la ONU confirmando los principios del derecho internacional reconocidos por el Estatuto del Tribunal de Núremberg y por la sentencia de ese Tribunal; (e) En Noviembre de 1947 se crea una Comisión especializada en Derecho Internacional de la ONU. (f) El 9 de diciembre de 1948 se produce la adopción por parte de la Asamblea General de la ONU de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio; (g) el 10 de diciembre de 1948, en París, la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante Resolución 217 A (III), adoptó la Declaración Universal de los Derechos Humanos; (h) el 26 de noviembre de 1968 la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Lesa Humanidad (con particular mención al delito de Genocidio); (i) se crearon dos tribunales internacionales en La Haya para conocer los crímenes en la antigua Yugoslavia (TPIY), 1993-2017 y el Tribunal de Arusha, Tanzania (TPIR), 1994-2015. (j) En 1998, con el Tratado de Roma, se adoptó en principio la creación de un Tribunal Penal Internacional que comenzó a funcionar en el 2002. Los Estados Unidos de América y otras potencias se abstuvieron de apoyar su creación y, aun así, comenzó a funcionar en el 2002.

Este artículo ha sido escrito entre junio y setiembre de 2026, tiempos en que el Derecho Internacional y la Doctrina de los Derechos Humanos están siendo sometidos a prueba como nunca antes. Se vive un auge de la extrema derecha en Europa y América, una mezcla de neo-fascismo y anarco-neoliberalismos que controla gobiernos otrora democrático-liberales. Una potencia mundial, los Estados Unidos de América, inicia impunemente guerras de agresión como la de Irán; otra potencia, la Rusia de Putin, invade a Ucrania y sostiene una guerra de invasión que lleva años; el Estado de Israel sostiene una acción de exterminio genocida contra el pueblo palestino; de nuevo los Estados Unidos fulmina lanchas en altamar con el pretexto de combatir el narcotráfico e invade y secuestra a un jefe de otro Estado como ha sido en el caso de Venezuela. Hay alarmas de claros genocidios en países africanos como Sudán y el Congo, donde conflictos internos están provocando el exterminio de etnias minoritarias o en desventaja armada. Entretanto, las más importantes instituciones internacionales, llámense ONU o Corte Penal Internacional, nacidas para que este tipo de barbaries no se volvieran a repetir después de lo ocurrido en la Segunda Guerra Mundial, exhiben su debilidad, incapaces de ir más allá de gestos y discursos de condena, absolutamente incapaces de hacer valer el derecho internacional vigente.

El paisaje mundial es así, por completo desolador. Cuesta creer que la memoria humana sea tan frágil, impotente para imponer la razón, el derecho y la justicia por encima de la fuerza bruta. Resulta paradójico que una potencia como USA, ayer artífice del Juicio de Núremberg, en el que pugnó por introducir el delito de Conspiración para Guerra como esencial en todo el proceso, sea hoy una nación que propicia precisamente las guerras de agresión e invasión en distintas partes del mundo.

Pero aquí hemos de estar, una vez más, recordando lo que el lado positivo de esta misma humanidad ha sido capaz de responsabilizar y construir, juzgar los crímenes más atroces, apostar por el Derecho Internacional, la defensa y garantía de los Derechos Humanos y las instituciones que las respalden. Aquí estaremos para que no se extinga la memoria y para no perder el sueño de una especie, supuestamente racional, habitando un mundo donde la ambición, el egoísmo, el odio, la mentira y la agresión, cedan ante el respeto a la dignidad de cada persona por el sólo hecho de serlo, la solidaridad y empatía para los más débiles, la conciencia de que la deshumanización de un solo individuo es la deshumanización de todos, y para que, en fin, se hagan valer los derechos fundamentales de todas y todos, a pesar de las diferencias y las disidencias.

Certamen busca recuperar las memorias de la Campaña Nacional guardadas en los hogares costarricenses

El baúl familiar se abre para contar la historia

 

  • La iniciativa convocará a la ciudadanía a desenterrar anécdotas, testimonios y objetos de valor histórico sobre la gesta heroica de 1856-1857.
  • Las personas pueden enviar sus propuestas a partir de este 30 de setiembre y hasta el 1 de mayo del año entrante

Documentar la memoria colectiva y rescatar las vivencias ciudadanas que forjaron la identidad de la patria, es el propósito del #Concurso de relatos e historias familiares en conmemoración del 170° aniversario de la Campaña Nacional de 1856-1857”, cuyo lanzamiento oficial se dio este lunes 14, a las 10 a. m., con una conferencia sobre “Los soldados de la Campaña Nacional” ofrecida por el doctor Raúl Arias en las instalaciones de Biblioteca Nacional.

La convocatoria llama a la ciudadanía a compartir los recuerdos, testimonios y registros guardados en sus hogares para integrarlos de manera permanente al acervo histórico del país. «La gesta heroica de 1856 y 1857 no solo se resguarda en los libros oficiales, sino en el corazón y los recuerdos latentes de las familias costarricenses. Este concurso es un puente de oro para rescatar del olvido esas microhistorias, anécdotas y tesoros familiares que forjaron el alma y la libertad de nuestra vía costarricense hacia el porvenir. Invitamos a la ciudadanía, en especial a las nuevas generaciones, a escudriñar en sus raíces y compartir la herencia viva de nuestros libertadores», indica Armando Vargas Araya, periodista y presidente emérito de la Academia Morista Costarricense, institución que impulsa el certamen.

Convocatoria

La recepción formal de las obras se abrirá este venidero 30 de setiembre de 2026 y cerrará el 1 de mayo de 2027. Los documentos deberán ser enviados directamente al correo electrónico oficial de la organización: contactoacademiamorista@gmail.com.

El jurado calificador evaluará propuestas enfocadas en las siguientes líneas temáticas:

  • Historias familiares y anécdotas transmitidas de generación en generación sobre la Campaña Nacional.
  • Objetos y recuerdos históricos de valor familiar (tales como medallas, cartas u otros artículos).
  • Memorias de desfiles y actividades escolares de épocas pasadas.
  • Relatos de ficción creativos inspirados en la gesta histórica de 1856-1857.

El veredicto final con las obras seleccionadas será anunciado públicamente el 30 de setiembre de 2027. Las bases completas del concurso se pueden consultar escaneando el código QR oficial integrado en los afiches de la campaña o solicitando información en las plataformas digitales de la Biblioteca.

Acerca de la Academia Morista Costarricense

Es una institución dedicada a la investigación, preservación y difusión de la vida, obra y legado del Libertador de la Patria, el presidente Juan Rafael Mora Porras, así como de los acontecimientos históricos de la Campaña Nacional de 1856-1857. Su propósito es fortalecer los valores cívicos, la soberanía nacional y la memoria histórica de Costa Rica a través de actividades académicas, publicaciones y certámenes culturales dirigidos a toda la ciudadanía.

Día después del 9/11: Aprender en cuerpo propio quién va a seguir mandando y el nuevo cómo – Segunda entrega

María Suárez Toro
Escribana

El día es el 12 de septiembre del 2001y me acabo de despertar de la pesadilla en vivo del día antes en el sitio de los que fueron hasta ayer las dos Torres Gemelas en Nueva York. Es el día después de que la guerra en el mundo globalizado llega directamente al territorio de los Estados Unidos.

Ayer, bastante desorientada, con polvo hasta por las narices y mucho estrés, caminé con otra amiga muchas horas hasta llegar a la casa de mi amiga Rhonda en Brooklin, NY. La travesía no fue muy distinta, cómo experiencia humana, a la que había vivido en algunos países de Centroamérica. Las imágenes de multitudes asustadas saliendo en carrera de Manhattan, mirando para atrás, mientras corría desaforada hacia adelante en busca de un lugar seguro.

Quienes me conocen saben que yo tengo una característica un poco peculiar. Cuando me encuentro en situaciones críticas de violencia, la cual nunca conocí en mi infancia no en Puerto Rico ni el Nueva York, donde estuve parte de los años 60 y 70, me concentro en ver y sentir el poder de la vida y de lo mejor de la humanidad cuando la muerte se hace presente. Esto fue probablemente desarrollado en medio de tanto conflicto en la Centroamérica de las dictaduras de los 70 y 80 y los procesos de paz que nunca se concretaban en los 90 en la región.

Lo vi y lo viví una vez más en el 2021. En el estado de sobrevivencia del 9/11 en Manhattan, todo el mundo corría hacia Brooklin.

La calles de ciudad más fría, más comercializada y más inhóspita que yo había conocido en mi vida, estaba convertida en un jardín de colmados, pulperías, tiendas y casas abiertas. Sus dueños o empleados repartían agua, víveres o medicinas gratuitas, hablándole a la gente con alieno.

Hasta sus televisores, radios e inmensas bocinas de música popular fueron sacadas a la intemperie. Para que la gente que buscaba regresar a algún lugar seguro pudiera ver cómo se desenvolvía la cosa en las derribadas Torres Gemelas.

Ah – me dije mientras caminaba – en momentos de emergencia son tan humanos y comunicativos cómo en Centroamericanos, le dije a mi amiga, recordándole otra lección que ya había aprendido: en guerra y en situaciones de estricta sobrevivencia, al ser humano se le conoce lo mejor de sí o lo peor de sí. ¡Depende!

Siempre me he preguntado de qué depende y al final de este episodio verán lo que aprendí.

Bueno, pero estoy despertando en Brooklin el día después. Dormí en el lugar seguro de mi amiga judía, abogada de los derechos humanos y solidaria contra todas las dictaduras del continente. Fue la abogada del famoso caso de la película “Desaparecido” en Chile y muchos más durante la dictadura y de agarrar a un dictador del Guatemala de visita en NY. Lo agarraron con base en una viejísima ley contra la piratería en EUA.

Desayuno con ella, pero tengo que salir a buscar un café internet para dejarle saber a mi familia y a la gente en Costa Rica que estoy bien y que me quedo en NY para transmitir en vivo en Radio Internacional Feminista en onda corta los próximos días.

El camino de cinco cuadras para llegar de la casa al Café Internet anunciado en una radio local comunitaria WBAI esa mañana fue tan calmado que no parecía Nueva York. Silencio total. No hay buses, no hay carros y la gente está sentada a las afueras de sus casas, hablando y escuchando radio.

Lo que más me llama la atención es que te miran y hasta te dan los buenos días. ¡Un Nueva York humanizado! Yo voy feliz, devolviendo los saludos en español, en inglés, yiddish y hasta en portugués. Tal vez uno que otro barrio en árabe. Porque allá viven en barrios bastante segregados y hay idiomas que yo no conocía.

Caminaba aprendiéndomelos para contestar igual. ¡Era divertido! No parecía Nueva York. Tarde casi una horas en llegar y varias más en una fila eterna para usar el Café Internet. Todos y todas andábamos en los mismo. Desesperados por poder hablar con los familiares, nadie abusaba del tiempo, como si de ello dependiera su propia comunicación.

Hmmm, una gran familia en la desgracia, pienso en mi particular énfasis en tiempos cómo esos.

De repente dan las 3 pm en punto cuando al unísono, aparece una simultaneidad en todas las grandes pantallas del gran televisor y en todas las computadoras. Una sola y única transmisión.

Es Bush el presidente y una publicidad terriblemente agresiva y violenta, llena de imágenes de espanto y anunciando: es la guerra contra América. Y ya no hay imágenes de los rescatistas y bomberos ayudando a la gente en el sito de las torres, ni la gente ayudándose a salir o sanarse, ni siquiera la gente llorando a sus muertos o los testimonios de sobrevivencia. Bush habla de que van a ganar y aparecen militares suyos guerrereando y árabes terrorizando a población civil. Bombas, guerra, destrucción y agresividad de los soldados gringos, miedo de la gente y sed de terrorizar de las imágenes de árabes. “¡Ya sabemos quiénes fueron y vamos contra ellos sin piedad porque todos nos odian a los americanos!” decían en texto y en voces.

Temblando, le escribí a mi familia y a mis amistades y salí del lugar en carrera. Estaba embotada del ruido de la violencia y agresividad sin parar.

Quería refugiarme a la casa de mi amiga para apagar todo aquello. Pero el recorrido me daría aliento, pensé. ¡Error de cálculo! Toda la gente había sacado sus televisores a la calle y estaban viendo lo mismo en sus pantallas. Aterrados, cuando levantaban la mirada para ver quien pasaba.

Cuando me miraban – con esta cara de árabe arrepentida (Sur de España), mezclada con sangre y ADN latina – me miraban con desprecio y hasta me decían cosas agresivas en sus lenguajes.

¡No los podía creer! ¡Apenas unas horas antes fueron mis amigos y amigas, de “buenos días” y todo en las calles de Nueva York!

¡No lo podía creer, de un día para otro, fui una mujer árabe, amenaza para los gringos!

No me atreví a correr y aunque lo hubiese querido no podía. Las piernas me fallaban con cada improperio agresivo.

Me mandaban a irme de donde había venido y me señalaban de árabe mal parida.

Cuando llegue a la casa estaba desbaratada emocionalmente y físicamente abatida.

Ese día supe que era Arabe.

Ese día supe quienes iban a convertir el hecho macabro en una nueva oportunidad para un festín mayor de dominio, control y violencia en el mundo.

Ese día supe cómo lo justificarían…

Y ese día aprendí qué es lo que saca lo peor de la gente.

Publicado en https://escribana.org/es/segunda-entrega-dia-despues-del-9-11-aprender-en-cuerpo-propio-quien-va-a-seguir-mandando-y-el-nuevo-como/ y compartido con SURCOS por la autora.

¿Qué vi y viví cambiar a partir del 9/11?

María Suárez
Escribana

Hoy amaneció 9/11. Los grandes medios le han llamado los atentados que cambiaron el mundo. Fue terrible. Estuve allí, en el aeropuerto de NY. Llegué una media hora antes desde Durban en Sudáfrica, esperando el vuelo que nunca llegó para devolverme a Costa Rica.

Fue terrible y mi primera experiencia fue la caminata desde La Guardia por un costado de Manhattan. Tratan de llegar a la casa de mi amiga Rhonda en Brooklin, caminaba – desaforada del espanto – en medio de las horadas de gente que escapaba del lugar de los hechos y sus alrededores para salir del espanto.

Cuando al fin pude ver en televisión lo que acababa de vivir, sin percibirlo más que por su resultado en la gente que había sobrevivido y corría y corría, el espanto se me instaló en el corazón y en el alma.

Lo que más me movió el alma fue la gente tirándose de las ventanas de los altísimos pisos de los edificios por caer. Sus mundos desaparecieron en un instante, como los miles de muertos adentro.

Pero no es cierto lo que dicen los medios. Ellos, los responsables de los atentados, aún con toda su barbaridad y su fatal impacto en la muerte de tanta gente inocente – más de 2,000 – no cambiaron el mundo ese día.

El mundo de la gente de a pie en Medio Oriente y el mundo de a pie en Occidente, ya estaba tan desorientado, tan diezmado y tan asustado y disociado ante las políticas globalizadas de los que cambiaron el mundo ese día – y lo han seguido cambiado para peor, cada vez para peor.

Es mismo “peor” que hoy – 25 años después, ha amasado poderes y fortunas como nunca antes del 9/11. Poderío militar cómo nunca antes del 9/11. Depredación de la naturaleza, dictaduras y fascismo, como nunca antes. Tecnologías para controlar y destruir, como nunca antes del 9/11.

Sí, “cómo nunca antes”, ese día aprovecharon la situación, no para cambiarla, sino para instrumentalizarla para sí.

Yo viví cómo ocurrió esa afirmación del modelo y lo viví en el lugar donde se concretó ese cambio para terminar de globalizarlo.

Mañana, después que haga el duelo por los miles de víctimas, les escribiré cómo lo hicieron los responsables del cambio para peor.

Publicado en https://escribana.org/es/que-vi-y-vivi-cambiar-a-partir-del-9-11/ y compartido con SURCOS por la autora.

Chile: Organizaciones de DDHH convocan romería por la memoria, el legado de Allende, y contra los indultos

Felix Madariaga

Por Félix Madariaga

La movilización se realizará el 6 de septiembre y busca reivindicar el legado del presidente Salvador Allende, conmemorar los 53 años del golpe de Estado, y denunciar los retrocesos en materia de derechos humanos.

La Coordinadora Nacional de Organizaciones de Derechos Humanos y Sociales y la Mesa de Derechos Humanos por una Vida Digna, convocaron a una romería por la memoria, los derechos humanos, y contra los indultos la que se realizará el próximo 6 de septiembre, a las 10:00 horas, desde el Metro Los Héroe y finalizará en el Cementerio General, en Santiago, con un acto político-cultural.

La jornada se desarrollará bajo la consigna de “No a los Indultos”, “Derechos Humanos, ni un paso atrás”. Así mismo, se reivindicará el legado del presidente Salvador Allende y se rendirá homenaje a las víctimas del golpe de Estado cívico-militar de 1973 y de las posteriores violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

Las organizaciones convocantes han expresado su preocupación frente a los posibles indultos o beneficios para condenados por graves violaciones a los derechos humanos, tanto vinculados a la dictadura como a hechos ocurridos durante el estallido social, y advierten sobre lo que consideran un escenario de retrocesos en materia de verdad, justicia, reparación, memoria, y garantías de no repetición.

Entre las principales preocupaciones, se encuentra también el desmantelamiento o debilitamiento del “Plan Nacional de Búsqueda, Verdad y Justicia”, iniciativa creada bajo el gobierno del expresidente Gabriel Boric, y que busca avanzar en el esclarecimiento del paradero de las personas detenidas desaparecidas durante la dictadura.

Para las organizaciones de derechos humanos, la memoria no constituye solamente una mirada hacia el pasado, sino también una responsabilidad frente al presente y el futuro. En ese sentido, la convocatoria busca expresar un rechazo categórico a cualquier forma de impunidad y reafirmar que las violaciones a los derechos humanos no pueden volver a quedar subordinadas a intereses políticos y cambios de gobiernos.

“Una demostración de amor y reconocimiento”

La presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos (AFEP) y Premio Nacional de Derechos Humanos 2026, Alicia Lira, llamó a la ciudadanía a participar de la movilización y destacó el carácter histórico y también cultural de la jornada.

“El 6 conmemoraremos en forma cultural, en forma mística, reivindicando, no sólo lo que fue la Unidad Popular, la memoria de nuestros familiares, lo que aún nos falta por encontrar, nuestros detenidos desaparecidos y ejecutados sin entrega de cuerpo”, señaló la Premio Nacional de Derechos Humanos.

Además, expresó que la marcha representa también un homenaje al presidente Salvador Allende y a quienes participaron del proceso de la Unidad Popular junto a trabajadores, mujeres y profesionales.

“Tiene que ver con esta marcha, que hay una demostración de amor, de reconocimiento, con el orgullo que sentimos de nuestro presidente Salvador Allende”, afirmó.

En el mismo sentido, el músico Jorge Coulon, del grupo Inti Illimani, llamó a participar de la movilización en un momento que considera especialmente relevante para la defensa de los derechos humanos.

“Es muy importante reivindicar que Chile respeta y exige respetar los derechos humanos y la memoria de las víctimas de las violaciones a los derechos humanos”, señaló el artista.

Fotografía de Pablo Ruiz.

Algunas reflexiones sobre la celebración del Día de la Emancipación en Puerto Limón

Bernardo Archer Moore, presidente de ACUDHECA.

Por Bernardo Archer Moore

Durante años, la discusión sobre el 31 de agosto estuvo marcada por cierta confusión acerca de qué se celebraba. Hoy existe mayor claridad: agosto, y particularmente el 31, está dedicado a conmemorar la emancipación de las personas negras de la esclavitud y la servidumbre en la diáspora africana.

Pero conocer el significado de la fecha no significa necesariamente conservar el espíritu con el que nació su celebración.

Hasta mediados de la década de 1970, el 31 de agosto era una actividad organizada fundamentalmente por organizaciones afrocostarricenses de Puerto Limón, financiadas por ellas mismas.

Aquella forma de organización representaba también una expresión de autonomía comunitaria frente al Estado. Era una celebración más íntima y solemne.

En ella se honraba la memoria, el sacrificio y la lucha de nuestros antepasados por la supervivencia de nuestra comunidad frente a un mundo marcado por la desigualdad.

En 1980, el 31 de agosto fue declarado oficialmente «Día de la Gente Negra» mediante el Decreto N.° 11928, durante la administración de Rodrigo Carazo Odio.

Posteriormente, en junio de 1999, se constituyó formalmente el Comité Cívico y Cultural Étnico Negro, que asumió un papel protagónico en la organización del Festival de la Cultura Negra y del emblemático Desfile de la Gran Gala.

A partir de entonces, la celebración experimentó una profunda transformación: pasó progresivamente de ser un acto solemne de memoria, identidad y unidad comunitaria a convertirse en un acontecimiento multitudinario, festivo y también comercial.

Hoy participan miles de personas afrodescendientes y no afrodescendientes. La cultura, la vestimenta, la música y el comercio ocupan un espacio cada vez más importante.

Sin embargo, existe una continuidad que debería hacernos reflexionar: ayer y hoy, las familias afrocostarricenses menos favorecidas continúan, física y simbólicamente, al otro lado de la acera.

La pregunta, entonces, no debería ser solamente cuánto ha crecido la celebración, sino qué hemos perdido en el proceso.

Celebrar nuestra cultura es importante, pero celebrar la cultura y defenderla son dos cosas diferentes.

La emancipación no debería convertirse únicamente en una fiesta de identidad, vestimenta y comercio. Debe ser también una oportunidad para recordar la lucha de nuestros antepasados, evaluar las condiciones actuales de nuestra comunidad y defender su dignidad, sus derechos, su organización y su autonomía.

También debemos cuestionar la llamada «apoliticidad»: no parece coherente ser apolítico cuando se trata de escuchar las demandas del pueblo y, al mismo tiempo, político cuando se trata de gestionar recursos públicos.

El 31 de agosto debería ser, ante todo, un día para recordar de dónde venimos, reconocer cuánto hemos avanzado y preguntarnos cuánto nos falta todavía por alcanzar.

La verdadera emancipación no consiste solamente en recordar que nuestros antepasados dejaron de ser esclavos; consiste también en impedir que las nuevas generaciones tengan que luchar nuevamente por la dignidad, la identidad, la autonomía y los derechos que nosotros tenemos la responsabilidad de preservar.

Abogado costarricense rinde homenaje en Praga a los combatientes de la Operación Anthropoid

El abogado costarricense Arturo Fournier Facio, quien da seguimiento a temas de derechos humanos, rindió este 29 de agosto homenaje en Praga a los patriotas checoslovacos que integraron la Operación Anthropoid, la misión que en 1942 logró ajusticiar al jerarca nazi Reinhard Heydrich, conocido como «el carnicero de Praga» por las masacres cometidas bajo su mando como jefe de la ocupación nazi del Protectorado de Bohemia y Moravia.

La operación fue planeada por el gobierno checoslovaco en el exilio, con el apoyo del Ejecutivo de Operaciones Especiales (SOE) del Reino Unido, y ejecutada por los paracaidistas Jozef Gabčík y Jan Kubiš, entrenados por los británicos y lanzados en paracaídas sobre el territorio ocupado en diciembre de 1941. El 27 de mayo de 1942, ambos emboscaron el automóvil descubierto de Heydrich en una curva cerrada de Praga: el arma de Gabčík falló al momento de disparar, pero Kubiš logró lanzar una granada antitanque modificada que hirió gravemente al jerarca nazi, quien murió a causa de esas heridas el 4 de junio de 1942.

Tras el atentado, Gabčík, Kubiš y otros cinco paracaidistas del grupo —Adolf Opálka, Josef Bublík, Josef Valčík, Jaroslav Švarc y Jan Hrubý— se refugiaron en la cripta de la Iglesia Ortodoxa de los Santos Cirilo y Metodio, en la calle Resslova de Praga. Permanecieron ocultos allí durante varias semanas, hasta que fueron delatados por un colaborador. En la madrugada del 18 de junio de 1942, cerca de 750 soldados de las SS cercaron el templo. Tras un enfrentamiento de varias horas, tres de los combatientes murieron combatiendo o se quitaron la vida en el coro de la iglesia, mientras los otros cuatro, refugiados en la cripta, hicieron lo mismo antes de ser capturados.

La represalia nazi por el atentado fue brutal: además de la ejecución de miles de personas, los pueblos de Lidice y Ležáky fueron arrasados y sus habitantes asesinados o enviados a campos de concentración, en uno de los episodios de represalia colectiva más recordados de la Segunda Guerra Mundial.

Hoy, la fachada de la iglesia conserva aún los impactos de bala del asedio de 1942, y el templo alberga un museo dedicado a la memoria de los combatientes de la Operación Anthropoid.

Festival Cultural «Grito por la Paz» se realizará en Tibás el próximo 22 de agosto

La Comunidad Buen Vivir invita a la ciudadanía al Festival Cultural «Grito por la Paz Tibás 2026», que se realizará el sábado 22 de agosto, de 9:00 a.m. a 4:00 p.m., en la Biblioteca Pública de Tibás, con entrada libre. La actividad es organizada en conjunto con la Escuela de Bellas Artes Vincent van Gogh, el Ministerio de Cultura y Juventud y el Sistema Nacional de Bibliotecas.

Según explican las personas organizadoras, el festival surge como una reflexión colectiva frente al dolor causado históricamente por las guerras, bombardeos, invasiones y desapariciones forzadas ocurridas tanto en conflictos mundiales —como las dos Guerras Mundiales, Hiroshima y Nagasaki, o la guerra de Vietnam— como en distintos países de América Latina, el Caribe, África y Medio Oriente. Desde esa preocupación, la Comunidad Buen Vivir ha llevado el «Grito por la Paz» a distintos puntos del país, incluyendo Paso Ancho, San Sebastián, Desamparados, Turrialba y San José, y ahora extiende la iniciativa a Tibás.

La jornada combina teatro, danza, artes visuales, música en vivo, poesía, creación literaria, tai chi chuan e instalaciones en los árboles, además de una fogata cultural, exposición de artes visuales y talleres de mandalas.

Entre las actividades programadas destacan: tai chi chuan con Reynaldo Ugalde Meza (9:00 a.m.); danza en telas sobre árboles con Kryssia Rojas (10:00 a.m.); cuentacuentos con Hillary Zúñiga Araya (10:30 a.m.); un taller de mandalas para personas adultas mayores y un taller de creación literaria de poesía para niños y niñas con Marta Rojas (10:45 a.m.); el foro de cine corto «Pachamama: la llamada» con Ronald Soto Venegas (11:00 a.m.); un círculo de percusión «Tambores para la Paz» con Jorge Guido (11:15 a.m.); el taller «Apachetas para la Paz» con Edison Valverde y una exhibición de body paint con Hommer Salazar (11:30 a.m.), junto con actividades simultáneas de dibujo bajo los árboles y el inicio de la instalación «Casa de Neón», ambas a cargo de la Escuela de Bellas Artes Vincent van Gogh.

Al mediodía se realizará la «Olla de la Paz» con Erika Cascante, seguida de una exhibición de kung fu con José Torres, del Centro de Cultura Yan Xiang de Costa Rica (12:10 p.m.), danza con Sabrina Álvarez (12:30 p.m.), teatro mimo con Reynaldo Ugalde Meza (12:45 p.m.) y un monólogo escénico de Laura Meoño (12:50 p.m.).

La tarde continuará con lecturas de «Poesías para la Paz» a cargo de Mario Zaldívar, Marta Castro, Francis Cruz, Alejandro Chinchilla, Alejandro Cordero, Catalina Gaviria Hena, Malquín González Mena y Carmen Julieta Echeverría (1:00 p.m.); los conciertos «Violines sin Guerra» con Dana Zárate (1:30 p.m.) y «Violines para la Paz» con Aristóteles Gray (1:45 p.m.); una presentación de solistas y cantautores con Falú, Mirley Vega, Andrés Prada, Navi Hernández, Ana Andrade, Hayden Ceciliano, Alonso Ferreto y Jorge Guido (2:00 p.m.); el concierto dúo Hel-Hecho Latino con Óscar Álvarez y Reynaldo Ugalde (3:00 p.m.); y los conciertos de música latinoamericana de los grupos Urgente (3:10 p.m.) y Terra Nova (3:30 p.m.). El festival cerrará a las 3:55 p.m.

Hiroshima y Nagasaki: la memoria que aún intenta salvarnos

Mientras se extinguen las voces de quienes vivieron el horror nuclear, el mundo enfrenta nuevas formas de conflicto que ponen a prueba su capacidad para construir una paz duradera.

Olga C. Guerra Pizarro

Cada 6 y 9 de agosto el mundo vuelve la mirada hacia Hiroshima y Nagasaki. Recordamos las ciudades destruidas por las bombas atómicas y honramos a las miles de víctimas que marcaron uno de los capítulos más dolorosos de la historia de la humanidad.

Pero la memoria solo cobra verdadero sentido cuando nos ayuda a comprender el presente y a asumir responsabilidades frente al futuro.

Hoy el mundo ya no vive bajo la amenaza exclusiva de las armas nucleares. La inteligencia artificial aplicada a sistemas militares, los drones autónomos, los ciberataques, la manipulación informativa y una creciente carrera tecnológica están transformando la naturaleza de los conflictos. La capacidad de destrucción continúa evolucionando, muchas veces más rápido que nuestra capacidad para establecer límites éticos, políticos y humanitarios.

Paradójicamente, el mismo ingenio que ha permitido grandes avances para la humanidad también ha multiplicado su capacidad de destrucción. Cada nuevo avance científico nos recuerda que el verdadero límite no está en la tecnología, sino en las decisiones humanas sobre el uso que hacemos de ella.

Los últimos testigos del horror

Ochenta y un años después de Hiroshima y Nagasaki, los sobrevivientes de las bombas atómicas, conocidos como hibakusha, representan una generación que lentamente se despide. En Japón quedan poco más de 91.000 sobrevivientes oficialmente reconocidos y su edad promedio supera los 86 años. Con cada año que pasa, el mundo pierde no solo a quienes vivieron el horror en primera persona, sino también una parte irremplazable de la memoria colectiva de la humanidad.

La mayoría de ellos no solo sobrevivió a la explosión. También enfrentó durante décadas las consecuencias de la radiación, enfermedades, pérdidas familiares, secuelas psicológicas y, en muchos casos, discriminación social. Su vida ha sido un recordatorio permanente de que una guerra no termina cuando cesan los bombardeos; sus efectos pueden prolongarse durante generaciones.

Seis sobrevivientes de la bomba atómica de Hiroshima (hibakusha) retratados en 2016. Sus testimonios han contribuido a mantener viva la memoria de las consecuencias humanas de la guerra nuclear. Foto: Johannes Eisele / AFP.

Conscientes de que pronto ya no quedarán testigos directos, instituciones, universidades y organizaciones de paz en Japón trabajan para preservar sus testimonios mediante archivos digitales, registros audiovisuales y programas educativos. Al mismo tiempo, hijos y nietos de los hibakusha han asumido la responsabilidad de transmitir esas historias para que las nuevas generaciones comprendan que la paz no puede darse por sentada.

Este relevo generacional nos deja una responsabilidad que ya no podemos delegar. Cuando desaparezcan las últimas voces capaces de decir «yo estuve allí», la memoria dependerá de nuestra voluntad de escuchar, enseñar y actuar. Recordar Hiroshima y Nagasaki dejará de ser únicamente un ejercicio histórico para convertirse en una decisión ética y ciudadana.

Una marcha que llega en el momento oportuno

Precisamente en este contexto, la Cuarta Marcha Mundial por la Paz y la Noviolencia, que se desarrollará del 21 de septiembre al 4 de octubre de 2026 bajo el lema «En mi ciudad», adquiere un significado especial.

La iniciativa propone que cientos de ciudades en los seis continentes promuevan actividades educativas, culturales y comunitarias para fortalecer la paz, la noviolencia, el diálogo, el respeto por los derechos humanos y la resolución pacífica de los conflictos. Más que una movilización internacional, plantea que la construcción de la paz comience allí donde vivimos: en nuestras familias, nuestras escuelas, nuestros barrios y nuestras ciudades.

La marcha también impulsa objetivos concretos, entre ellos la adhesión al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, el fortalecimiento del sistema multilateral y una mayor participación de la sociedad civil en las decisiones que afectan el futuro del planeta. Son propuestas que buscan responder a un escenario internacional marcado por el rearme, las tensiones geopolíticas y el acelerado desarrollo de nuevas tecnologías militares.

La paz comienza mucho antes que la guerra

Con frecuencia se afirma que la paz es simplemente la ausencia de guerra. La experiencia demuestra que no es suficiente. Puede no haber enfrentamientos armados y, aun así, existir violencia, odio, discriminación, exclusión o indiferencia. La paz comienza mucho antes de que estalle un conflicto.

Comienza cuando reconocemos la dignidad del otro, cuando optamos por el diálogo antes que la confrontación y cuando entendemos que ningún avance científico será suficiente si no está acompañado por principios éticos capaces de orientar su uso.

Desde esa perspectiva, el amor deja de ser una idea romántica para convertirse en una decisión profundamente humana. Amar es reconocer el valor de la vida del otro, incluso cuando piensa diferente, pertenece a otra cultura o vive al otro lado del mundo. Sin esa convicción, cualquier tecnología puede terminar sirviendo a la destrucción en lugar de al progreso.

Más que conmemorar, reflexionar

La humanidad dispone hoy de tecnologías capaces de transformar el mundo en cuestión de segundos. Nunca antes habíamos tenido tanto conocimiento ni tantas herramientas a nuestro alcance. Sin embargo, el rumbo que tome ese progreso dependerá siempre de las decisiones que adoptemos y de los valores que las inspiren.

Las guerras son consecuencia de decisiones humanas. La paz también lo es. Se construye cada día en nuestras acciones, en nuestras palabras y en la manera en que elegimos relacionarnos con los demás.

Recordar Hiroshima y Nagasaki solo adquiere verdadero sentido si esa memoria nos impulsa a construir un mundo donde la tecnología esté siempre al servicio de la vida y nunca de la destrucción. Porque la paz no es un recuerdo del pasado; es una decisión que tomamos cada día.

Imagen de cabecera: El Memorial de la Paz de Hiroshima (Genbaku Dome), declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, se refleja sobre el río Motoyasu como un símbolo de memoria, resiliencia y del compromiso de las generaciones presentes y futuras con la paz. Foto: Stephan Leuzinger.

Compartido con SURCOS por la autora.