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Bio-medicalización: tecnociencia y mercado contra la salud

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Por nmurcia

El otro día reflexionábamos sobre la necesidad de re-conceptualizar la idea de “progreso médico”. La tesis es que es necesario exponer, explicar y hacer atractiva una idea alternativa para generar esquemas de desarrollo y de pensamiento, alrededor de la medicina y los sistemas de salud, distintos a los actuales.

Para empezar, criticando elementos que convencionalmente se han asociado a dicho concepto pero que han sido pervertidos por el sistema económico, el mercado y la propia cultura predominante: el desarrollo tecnológico, la prolongación de la vida, la atención centrada en el paciente, la eliminación del riesgo o, sin ser exhaustivos, la medicalización de la salud.

Se trataría de desentrañar lo que de ideología hay detrás de elementos aparentemente neutrales para poderlos -precisamente- politizar y, por consiguiente, debatir. Esta sería la única manera de romper el actual y destructivo consenso en lo esencial (y disenso en lo periférico) que existe en las propuestas políticas, de uno y otro color, sobre cómo organizar los sistemas sanitarios, que es casi equivalente a decir, sobre cómo “ponerles límite” (algo parecido pasa con la idea de crecimiento económico, aceptada, ampliamente como el único instrumento capaz de generar bienestar social y que solo ha sido impugnado desde la ecología política con conceptualizaciones tan provocativas y necesarias como el de-crecimiento).

En la entrada anterior reflexionábamos sobre una estrategia -demonizada por la izquierda y la derecha-, el racionamiento, que nos parece imprescindible rehabilitar.

En efecto, la izquierda, en su anticuada visión de la salud como producto exclusivo de la medicina y la innovación científica, ataca la idea de racionamiento porque implica no financiar algunos “avances” médicos o infraestructuras sanitarias y “eso es de derechas”. En sanidad, como la salud es un derecho, no valen límites.

A este respecto vale la pena destacar la interesante respuesta de Mercedes Pérez, en la más que intensa entrevista de Enrique Gavilán a ella y a Juan Gérvas, a propósito de su último libro, “La expropiación de la salud”: “El derecho a la salud en sí mismo es tan absurdo como el derecho a la inteligencia, la bondad, la felicidad o la belleza”.

Pero la derecha también ataca el racionamiento (el “serio”) porque implica poner límites al mercado mediante restricciones a la introducción de nuevas tecnologías o la construcción de nuevas infraestructuras sanitarias. No hay nada que guste tanto y genere tantos beneficios a la industria farmacéutica, tecnológica o de la construcción como una sanidad pública expansiva. Para la derecha, el racionamiento solo vale para algunas cosas, como los recursos humanos, la atención primaria o la salud pública. Para las nuevas tecnologías o la construcción de nuevos hospitales, ni hablar de racionamiento. Eso va contra el desarrollo económico (de algunos, claro).

Hoy profundizaremos, un poco, en otro concepto esquivo como es el de medicalización de la salud.

De la biomedicina a la medicalización

La medicalización es un concepto utilizado hoy en día casi exclusivamente en su acepción más negativa pero su significado original era ambiguo. Fue empleado en sociología por primera vez en los años 70 y se ha descrito como “definir un problema en términos médicos, como enfermedad o alteración, y/o la utilización de una intervención médica para tratarlo” (Peter Conrad).

Los historiadores establecen el inicio de la medicalización en los siglos XVIII y XIX cuando se comenzó a aplicar el conocimiento científico a la medicina. En estas primeras décadas de expansión del conocimiento médico -basado en la ciencia y no en la especulación como hasta entonces-, la medicalización de dolencias como el “dolor en el flanco” (apendicitis) o de la enfermedad sagrada “morbus sacer” (epilepsia) aportó evidentes ventajas al ser humano. Es decir, inicialmente, los aspectos positivos de la medicalización superaban ampliamente los negativos. Para algunos autores, esta primera fase se correspondería con lo que se ha llamado específicamente “biomedicina”.

En los años 70 comienzan a surgir las primeras voces críticas con el proceso medicalizador biomédico. La antipsiquiatría de Szasz aludía a como los psiquiatras se habían convertido en jueces que establecían lo que era o no un comportamiento “normal”. Illich hablaba del imperialismo médico, su excesiva influencia social y como la medicina se había transformado en la principal amenaza contra la salud. En sociología, se introduce el concepto de “medicalización” en los años 70 (Zola) para examinar la dinámica de expansión de la institución médica y estudiar los procesos de construcción de la autoridad profesional a través del diagnóstico médico, sustituyendo a antiguas formas de clasificar las “desviaciones” como la religiosa o la penal. El mismo Zola escribió: “la medicina se ha convertido en el nuevo repositorio de la verdad, el sitio donde son realizados los juicios finales y absolutos por parte de expertos supuestamente neutrales y objetivos. Y esos juicios son realizados en nombre de la salud“.

Estas dos primeras fases de medicalización, -la que hemos denominado biomedicina y la que viene definida por su expansión (que podríamos denominar, propiamente, medicalización)- se basaron, evidentemente, en el avance científico pero su principal agente, sin duda, era la profesión médica. Los médicos eran los mediadores y gestores principales en la selección, evaluación y aplicación del conocimiento biomédico a la clínica, por ello, los máximos responsables del fenómeno de medicalización de la vida y, lógicamente, los protagonistas de los dardos de la crítica desmedicalizadora de Szasz, Illich o Zola. En esta fase, que podría corresponder a las décadas existentes entre el final de la II Guerra Mundial y los años 80, los aspectos positivos de la medicalización siguen imponiéndose a los negativos, aunque éstos últimos son cada vez más evidentes.

De la medicalización a la bio-medicalización

Sin embargo, el proceso sufre un cambio dramático desde los años 90 y, sobre todo, en la primera década de este siglo gracias a la emergencia y protagonismo de nuevos instrumentos de medicalización como la industria farmacéutica y la tecnociencia. La importancia adquirida por estos nuevos y (más) poderosos vectores medicalizadores coincide con la pérdida de protagonismo de la profesión médica en el proceso. La medicalización habría entrado en una nueva dimensión y los médicos pasan a ser un engranaje más, un mero “target” de las campañas de marketing de la industria, junto con pacientes y ciudadanos. La industria farmacéutica y tecnológica introduce elementos propios de la sociedad de consumo y transforma la institución social de la medicina en el gigantesco mercado de la salud que es hoy en día.

Ahora es el mercado (farmacéuticas y multinacionales de la homeopatía y otras pócimas, industrias tecnológicas y de la alimentación, aseguradoras privadas, asociaciones científicas médicas) el principal promotor de la medicalización, el afán de lucro el principal objetivo, y la innovación, la investigación científica y la publicidad sus principales motores. Esta nueva fase, responde a dinámicas más complejas determinadas fundamentalmente por la capacidad de las nuevas tecnologías -como la genética, la bioinformática o la farmacología- para expandir el mercado de la salud y, por tanto, para definir lo que es o no objeto de la medicina, es decir, sustanciar el progreso médico. Este es el periodo que algunos autores denominan bio-medicalización y es también el momento en el que los aspectos negativos de la medicalización superan con mucho los positivos (aunque ambas tendencias, obviamente, siguen conviviendo).

No es casualidad que el momento de máxima expansión del proceso de medicalización coincida con el lamentable papel de actor secundario que ahora tienen los médicos en la asistencia sanitaria, poco más que agentes de ventas de medicamentos, servicios médicos o tecnologías (Gavilán lo llama el síndrome del cajero automático). Los médicos podrían ser la única esperanza de la sociedad en la enconada lucha entre el sistema económico y la salud, y el mercado lo sabe. Por eso es fundamental su neutralización, y por eso hay tantos recursos destinados -en el mejor de los casos- a garantizar su silencio y su docilidad y –en el peor- su colaboración.

Definitivamente, la perspectiva clínica -con sus problemas pero mucho menos dañina que la biomedicalizadora- ha sido sustituida por la hedonista, la estética/cosmética o la del bienestar; también por la molecular, la genética o la de la biometríca.

Con tantos datos y con tantos deseos ¿para qué queremos un juicio clínico?

Para que hayamos llegado a la fase de bio-medicalización han tenido que suceder cambios trascendentales en las esferas económica y política así como en los sistemas de generación (tecnociencia) y evaluación del conocimiento biomédico (es muy interesante a este respecto la descripción que se hace de las reformas (neo)liberales de las agencias reguladoras de medicamentos y tecnologías, como la FDA o la EMA, a favor de los intereses de la industria, desde los años 80, en la muy recomendable monografía “Unhealthy Phramaceutical Regulation” de Davies y Abraham).

La que Echevarría llama revolución tecnocientífica, uno de los impulsores de la bio-medicalización, ha instaurado una modificación radical de los objetivos de la ciencia, de los modos de organización de la investigación y de los criterios de valoración de sus resultados, introduciendo la empresarialización, la competencia, el marketing y la informatización de la actividad científica biomédica como factores determinantes.

Las nuevas subjetividades médicas

La conjunción de mercado y tecnociencia ha expandido las áreas susceptibles de ser medicalizadas -a través de tecnologías como la biología molecular, la biotecnología, la genómica, el big-data o los trasplantes- y ha hecho posible no solo el control sino la transformación del ser humano, por primera vez, “desde dentro hacia fuera”.

Las soluciones biomedicalizadoras ya no tienen como primera finalidad luchar contra las enfermedades sino procurar la salud mediante la optimización del bienestar y la mejora de las capacidades humanas, lo que Callahan llama “la medicina del perfeccionamiento”:

“El sueño del progreso médico no tiene ningún objetivo final lógico ni ninguna limitación intrínseca… La ausencia de cualquier meta definida es precisamente el combustible que alimenta toda la empresa” (Callahan, 1998, pag 52).

Esta otra cita también es esclarecedora:

“El sueño del progreso en medicina tiene dos objetivos que podríamos llamar tradicional y utópico. El objetivo tradicional ha consistido en curar o aliviar condiciones físicas o psicológicas que causaran muerte, dolor, sufrimiento o pérdida de alguna característica del funcionamiento humano. Lo “normal” era el objetivo en la búsqueda de la salud. El objetivo utópico es el uso del conocimiento médico para satisfacer el deseo de las personas de trascender los problemas físicos y psicológicos que dificultan el camino en la búsqueda de objetivos distintos a la mejora de la salud. El fin es conseguir una salud óptima para lo que no es suficiente el adecuado funcionamiento del organismo sino que se persigue un impulso añadido que procure otras metas más allá” (Callahan, pag 51-52).

Por ejemplo, los biomarcadores moleculares están creando nuevas subjetividades médicas al determinar nuevas categorías de personas en riesgo (por ej. pre-alzheimer), nuevas formas de monitorización del riesgo (test genéticos) e imponer nuevos comportamientos ante el riesgo (mastectomía u ooforectomía profilácticas). La psicofarmacología cada vez más persigue objetivos cercanos a la cosmética emocional.

En el interesante primer capítulo de la monografía “Reimagining (bio)medicalization, pharmaceuticals and genetics” titulado ” “Moving Sideways and Forging Ahead: Reimagining “-Izations” in the Twuenty-First Century“, que nos ha servido de inspiración para esta entrada, Susan Bell y Anne Figert describen otro ejemplo: el primer medicamento “raza específico” aprobado por la FDA, el BiDil (isosorbida e hidralazina en una combinación de dosis fija).

La investigación científica que conduce a la aprobación de BiDil se realizó por razones comerciales solo en la población afroamericana, por lo que la eficacia del fármaco en otras razas es desconocido. En un más que lúcido comentario en el Annals of Family Medicine, Brody y Hunt apuntan el peligro existente de que los médicos abonen, con la utilización de este medicamento, las teorías que defienden que las diferencias raciales son genéticas, por tanto, objetivas y no (socialmente) construidas.

La bio-medicalización de la raza es una despolitización de las desigualdades raciales:

“¿En qué medida la identificación de un rasgo genético específico que se correlacione con la respuesta terapéutica positiva conseguirá expandir el mercado?… Los médicos de familia deberían ser muy precavidos antes de ofrecer apoyo a esta manera de hacer “avanzar” el conocimiento médico”.

Bio-medicalización y neoliberalismo

Esto nos lleva al último punto de esta reflexión. Como hemos señalado, los médicos han sido, hasta ahora, los principalmente aludidos por los críticos de la medicalización. Movimientos como el llamado empoderamiento del enfermo, la antipsiquiatría, la atención primaria y comunitaria, las teorías de los determinantes sociales de la salud, la prevención cuaternaria o el desarrollo del consentimiento informado han sido reacciones defensivas (políticas, profesionales, sociales y éticas) contra el poder del médico y la expansión de la medicina individualística que iba de su brazo.

Segura y Repullo lo explican bien cuando señalan el conflicto histórico latente que siempre ha existido entre una perspectiva clínica centrada en el beneficio individual y otra más holística que percibió las “limitaciones de la clínica frente a las dimensiones sociales de los problemas de salud” y proponía priorizar acciones de índole política y comunitaria sobre los enfoques más individualistas.

Sin embargo, tras Alma Ata -el último intento serio de reforma política de los sistemas sanitarios-, continúan, “el cambio político neoliberal de los años 80 hace emerger, para quedarse, la centralidad política y económica del individuo”

El movimiento crítico hasta ahora desplegado, evidentemente, no ha sido capaz de detener el proceso biomedicalizador que -a diferencia del anterior, derivado de la expansión de la biomedicina, que iba de la mano de una profesión todavía comprometida socialmente- proviene de una superestructura política, económica y cultural que denominamos neoliberalismo, cuyo principal elemento de transformación es el mercado.

Ya no es el poder médico el que expropia la salud (en esto no estamos de acuerdo con Gérvas y Pérez) sino el sistema económico de la mano de la innovación tecnológica y la tecnociencia. Ya no valen las estrategias de (auto) defensa, por tanto, “dominio dependientes” (tradicionalmente procedentes de la propia medicina y/o alrededores, como la bioética) sino que son necesarios movimientos mucho más amplios que impliquen a toda la sociedad.

En realidad, como reclamaba Berwick recientemente en un Editorial del JAMA (ya comentado), denunciando la confiscación de la riqueza de las naciones por los sistemas sanitarios, hace falta una auténtica revolución ciudadana: “El cambio requerirá la voluntad política colectiva de los afectados por la confiscación: los trabajadores que quieren proteger a sus familias, los emprendedores que quieren sobrevivir en una economía competitiva, los ciudadanos informados que quieren salud y no solo procedimientos y los profesionales que desean un trabajo que añada significado a sus vidas“.

El verdadero enemigo de la salud no es la enfermedad sino el sistema económico.

 

Abel Novoa

 

Enviado a SURCOS Digital por Rafaela Sierra.

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“La moda dicta centrarse en el paciente, pero es una forma de paternalismo refinado”

Entrevista a Mercedes Pérez Fernández y Juan Gérvas sobre su segundo libro cuyo título es suficientemente explícito: “La expropiación de la salud” (Ediciones

Los libros del lince, 2015). Sobran las presentaciones y los preámbulos. Vamos directo al grano. El momento lo merece.

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– Parece claro que los médicos hemos expropiado la salud a las personas. Pero también que los ciudadanos han delegado el cuidado de su salud en los profesionales. ¿Qué ha sido antes, la gallina o el huevo?

[Mercedes Pérez-Fernández]. La expropiación de la salud es un proceso coercitivo e insidioso que deja sin capacidades de autocuración y sin autonomía a individuos y poblaciones a cambio de la promesa implícita de juventud eterna. La promesa responde a un primitivo deseo humano de evitar la muerte y de conservar la juventud para siempre. Esa aspiración convierte en víctima simple y fácil al individuo, y el médico tiene la oportunidad de expropiar la salud con sus promesas imposibles. Es la pescadilla que se muerde la cola pero, en el momento actual, ceba “la bomba” el médico.

[Juan Gérvas]. La expropiación de la salud es un fenómeno social y, por tanto, complejo. Se produce una colusión de intereses que amalgama deseo y negocio para ofrecer el señuelo de lo que la medicina no puede ofrecer: dar sentido a la vida. Son intereses variopintos de individuos, pacientes, familiares, poblaciones, profesionales, académicos, investigadores, empresarios, accionistas, periodistas, políticos y otros muchos que han visto en la salud un filón de expectativas y consumo sin fin. Lo importante no es determinar “culpables” sino consecuencias. Es decir, el impacto personal y social de esa pérdida de capacidades de autocuración y de autonomía frente al vivir, el enfermar y el morir. Desde luego, nadie es inocente, pero el poder lo tiene el médico y por ello la mayor responsabilidad. Además, la responsabilidad es también puramente profesional, puesto que la expropiación de la salud dinamita el principio básico médico, el “primero no dañar” (primum non nocere). Es bien cierto que el poema de Gilgamesh, de hace casi 5.000 años, el más antiguo de la civilización occidental que conservamos por escrito, ya relata la búsqueda de la fuente de la eterna juventud, pero siempre hemos creído que aquello era un vano deseo. El problema actual es que los médicos lo presentan como posible y los periodistas les dan eco explícito con títulos como “Una vacuna contra el envejecimiento”.

– Al leer vuestra obra le queda a uno la sensación de que los verdaderos sanos están en peligro de extinción y que por el contrario hay una epidemia de sanos preocupados. ¿Tenemos cifras que avalen esta evolución o es un simple temor?

[MPF]. Cuando los médicos transforman la menopausia en una enfermedad que hay que tratar con “terapia hormonal sustitutiva” se transforma a más del 50% de la población en enferma a partir de una cierta edad. Cuando los médicos determinan en todas las embarazadas pruebas de hipotiroidismo y, además, les prescriben yodo sistemáticamente, convierten en enfermas al 100% de las embarazadas, pues todas terminan preocupadas de su tiroides y del desarrollo psicomotor e intelectual de su futuro hijo y dejan de disfrutar de su embarazo. Cuando se hacen mamografías cada 2 años a todas las mujeres de 50 a 70 años, el 100% de las mujeres se convierten en potenciales enfermas, al menos preocupadas con sus pechos. Son intervenciones sin fundamento científico que ciertamente enferman a mujeres sanas. Hay muchos más ejemplos que demuestran el poder medicalizador de los médicos sin que ello aporte más beneficios que daños.

[JG]. En otro campo, el de las enfermedades cardiovasculares, se pueden publicar estudios que demuestran que el 90% de los trabajadores tienen algún factor de riesgo, o se puede difundir propaganda para consumir Danacol (por ejemplo) amenazando con el colesterol a toda la población. Se ha calculado que la suma de las poblaciones con distintas enfermedades y factores de riesgo supera al total mundial. Es decir, que muchos ciudadanos tienen varias enfermedades, ciertas en algunos casos (sobre todo donde hay pobreza) y en la mayoría inventadas (especialmente donde hay riqueza). Estamos hablando, pues, de que lo normal es estar enfermos, o preocupados con la enfermedad. Ciertamente, los sanos están en peligro de extinción, si es que queda alguno en alguna aldea remota.

– Una de las formas de expropiación de la salud que citáis en el libro es la negación de la narrativa del paciente. Hace unas semanas dialogamos con Raquel Taranilla, quien reivindica en su libro “Mi cuerpo también” su propia historia personal, en contraposición a la historia clínica ‘oficial’. Pero, no nos engañemos; la mayoría de las personas no siente esa necesidad de narrar su perspectiva, o bien no pueden o saben hacerlo, y eso nos priva de una interesantísima fuente de información.

[MPF]. La mayoría de las personas tienen un relato de su vida que incluye la narración de su peculiar sufrir y enfermar. Por ejemplo, ¿quién no sabe contar la muerte de sus padres? o ¿qué mujer no sabe contar sus partos, especialmente si fueron complicados? Otra cosa es que los médicos no les den oportunidad de expresarse, o que no se les escuche. Pero todo humano tiene historias que contar y, de las más directas, su proceso de vivir la enfermedad. Por supuesto, casi todas quedan en el ámbito personal, de la familia y los amigos, pues son pocos quienes tienen capacidad y oportunidad de escribir y publicar un libro.

[JG]. Se niega la palabra a los pacientes, que siempre tienen una versión muy distinta de la “oficial”, esa síntesis que registra, esquematiza y manipula el médico. Por supuesto, las historias de los pacientes se expresan según su cultura y su historia personal. Lamentablemente, hay médicos que creen que los pacientes no sienten necesidad, no pueden o no saben expresar sus miedos y vivencias, sus temores y adversidades, pero tal creencia sólo expresa un deforme conocimiento antropológico y científico por parte de dichos médicos. Muchos médicos saben hablar a los pacientes pero pocos saben escucharlos. La medicina no es ciencia cuando ignora la versión de los pacientes y familiares.

– Por otro lado, en el caso de Raquel su discurso es muy emancipador, pero puede darse la circunstancia de que la narrativa de un paciente dado sea proclive a la medicalización de su cuerpo y de su enfermar. Lo mismo eso ya no despierta tanta simpatía ni nos parece tan aceptable.

[MPF]. La diversidad humana es lo esperable y por ello no hay enfermedades sino enfermos. Hay pacientes medicalizadores y eso es normal. Lo anormal es que los médicos medicalicen sin necesidad. Lo grave es que los médicos carezcan de tolerancia y pretendan imponer un modelo, bien medicalizador, bien desmedicalizador. Ante la enfermedad, el sufrimiento y la muerte, cada paciente tiene derecho a tener la actitud que le ayude a sobrevivir mejor, con mayor dignidad. Se atribuye a Hickam el dicho de que “un paciente puede tener al tiempo las enfermedades que le dé la gana” y no las que espere el médico. En el mismo sentido, cada paciente puede enfrentarse al enfermar como le dé la gana (y pueda). En todos los casos, el médico debería ofrecer cálida calidad, y en ello entra la simpatía y la aceptación de su forma de enfermar.

[JG]. El problema lo han estudiado los economistas, al definir la “relación de agencia”, por la que el médico debería decidir como si fuera el propio paciente con los conocimientos del propio médico. Es decir, el médico es el administrador (el agente) y el paciente es el dueño (el principal). Por ello, el médico tiene que tratar de evitar la medicalización de la vida, la enfermedad y la muerte al ser consciente de que la satisfacción del paciente se acompaña de mayor número de hospitalizaciones y de mayor mortalidad, además de mayor gasto. Además, el paciente del médico no es sólo el paciente presente, sino el conjunto de pacientes. El médico también representa a la sociedad y, por ello, debe buscar un equilibrio en el que se consiga lo mejor para el paciente y para la sociedad. Lo ideal es lograr alinear los intereses del paciente, de la población y del propio médico, pero no cabe el rechazo a ninguna forma de enfermar, sino la tolerancia, el respeto y la comprensión.

– Un experto fue una vez entrevistado en el diario ABC: “No tengo nada en contra de que el que quiera mejorar lo haga; pero si asume ese margen de mejora es que no está bien del todo. Por ejemplo, yo leo, pero si me pongo gafas leo mejor. Pues… ¿por qué no ponérmelas?”. ¿Parece lógico, verdad?

[MPF]. Muchas veces los expertos hacen declaraciones sorprendentes, puras falacias (en el sentido de argumentos falsos pero aparentemente válidos). En general, los expertos son elementos clave en el proceso de expropiación de la salud. Sabemos que la presencia de expertos no asegura mejores elecciones que las de generalistas y legos, al menos en asuntos médicos como guías de práctica clínica cardiovascular. La cuestión del “mejoramiento” biológico, psicológico, moral y social es clave para el futuro de la Humanidad, pero tal como se expresa en esa sentencia es pura basura. Mejoramiento no es tanto poder usar gafas para leer mejor sino necesitarlas porque uno saber leer y tiene tiempo, ganas y material de lectura (en papel o en pantalla), y lograr que quien necesite gafas las tenga con independencia de su poder adquisitivo. Mejoramiento es que los viejos tengan dientes y que los adolescentes no puedan distinguirse según clase social por el estado de sus dentaduras.

[JG]. Muchos expertos son vendedores, sin más. En medicina se les llama “key opinion leaders” (KOL), líderes principales de opinión, y son representantes ilustrados de las distintas industrias, a veces catedráticos de universidad, a veces presidentes de sociedades científicas, a veces profesionales con prestigio, etc. Estos KOL parecen independientes, ingeniosos y científicos, pero son puros comerciales; es decir, agentes de ventas. Sus argumentos carecen de ciencia y de conciencia. Reducen los problemas de forma que las respuestas surjan sin pensar, con técnicas de propaganda. En el ejemplo, conservar la capacidad visual es un logro social y científico, sin duda, como lo es evitar la muerte por apendicitis. Pero tales logros no implican que se pueda defender todo mejoramiento pues algunos lesionan valores básicos, como el pretender mejorar la sociedad con las técnicas que se justificaron con las teorías eugenésicas antes de la II Guerra Mundial. Estoy hablando, por ejemplo, de lo que se hizo en Alemania, Estados Unidos y Suecia de castrar a los enfermos mentales, para mejorar la raza, decían.

– ¿Cambia algo vuestra respuesta anterior si añado que dicho experto se refería al uso recreativo de los fármacos para la disfunción eréctil (es decir, tomarlos para mejorar la erección, sin tener impotencia como tal)?

[MPF]. No. Cuando se tratan cuestiones científicas y filosóficas con ese desparpajo lo que sigue suele ser más basura.

[JG]. Es lamentable que tales expertos, tales KOL, reciban el menor eco en los medios de comunicación. No por su labor de vendedores sin más, sino por la podredumbre moral que destilan. En el ejemplo, reducir el sexo y la sexualidad a la erección, como si todo fuera pura biología. Los humanos somos seres sexuados y la erección del pene es necesaria para algunas expresiones de la sexualidad, pero hay mucho más, que probablemente tal experto no ha vivido nunca. Su reduccionismo violenta la alegría de una vida sexual sana y feliz, pues la convierte en erección nada más. Incidentalmente, es una visión muy machista.

– Alrededor de una de cada 2 a 4 ocasiones los pacientes no se toman los medicamentos como sus médicos les indican, y uno de cada 10 ni siquiera van a la farmacia a comprarlos. La falta de adherencia es considerada un problema de salud pública, y a bien que puede llegar a serlo. Unos ven esta conducta como un síntoma de miopía o incluso un signo patológico; otros por el contrario lo observan como una señal de rebeldía.

[MPF]. Desde luego, a veces los pacientes hacen bien al no seguir las indicaciones de los médicos. Su sabiduría es grande. Hay que tener en cuenta que al revisar 3.000 intervenciones habituales en la práctica clínica, sólo el 11% tenía demostración de “sin duda beneficiosa”; sobre el 50% no había ni siquiera ensayos clínicos que permitieran definir su efectividad. Sin olvidar que es falso el 50% de lo publicado a partir de ensayos clínicos ni que de los ensayos clínicos hay un salto cuyo efecto desconocemos al llevarlos a la práctica y a los pacientes concretos. Incluso, en la investigación básica, no se puede reproducir en los laboratorios industriales la mitad de lo que publican los académicos en Nature (probablemente la mejor revista científica del mundo). Estos datos proceden de revistas excelentes y de los mejores científicos, y son una llamada de atención para que los médicos dejen de ser arrogantes y los pacientes empiecen a ser más exigentes.

[JG]. El problema de salud pública no es tanto la falta de adherencia de los pacientes a las indicaciones de los médicos, sino la falta de ciencia de dichas indicaciones. La medicina científica tiene dosis homeopáticas de ciencia, y toneladas de imprudencia arrogante. En muchos casos los pacientes perciben que las recomendaciones médicas les perjudican, y por ello no las cumplen. Los pacientes callan, por no desagradar a sus médicos y, sobre todo, porque nadie quiere escucharles. Se considera que no quieren expresarse, que no saben o que no pueden, pero lo que sucede en general es que son invitados de piedra en un campo en el que se juega su salud, y muchas veces su vida.

– Decís que renunciar al poder que da expropiar la salud a las personas “es una forma de respeto que facilita el desarrollo de las habilidades de autocuración y de las capacidades de valoración de la propia salud”. Pero en ocasiones el paciente lo puede percibir como una forma de abandonarlo a su suerte.

[MPF]. Pudiera haber algún paciente que se sintiera abandonado, al menos en teoría, pero el abandono es total cuando el paciente queda desarmado y solo, sin capacidades ni para saber, por ejemplo, qué hacer ante un típico cuadro gripal invernal (tiene que ir a urgencias del hospital, “porque no soy médico”). Ante cualquier adversidad precisa del médico, sin darse cuenta de que no es una adversidad, sino la vida. Ya se dijo que “cada día tiene su propia malicia”.

[JG]. La medicina ha de ser armónica, de forma que se ofrezca al tiempo calidad “humana” y científica. Algún paciente puede precisar de cuidados más continuados, o incluso desarrollar dependencia del médico y de sus intervenciones. Este paciente no es un problema para el médico consciente de su profesionalidad. Lo malo es el médico que trata de hacer a todos sus pacientes dependientes de sus indicaciones e intervenciones, casi siempre innecesarias y sin fundamento científico. Para entendernos, no hay problema alguno en hacer un análisis de tiroides a una embarazada que tiene pánico al hipotiroidismo; el problema es cuando el médico cree que hay que hacerle pruebas de hipotiroidismo a todas las embarazadas. No hay porqué dejar a ningún paciente abandonado, hay que dar oportunidad a todos de desarrollarse en el sentido de devolverles y potenciar sus capacidades curativas. Es abandono el del que se ahoga en una piscina de medio metro de fondo porque, tras tropezar, no sabe qué hacer hasta que se lo dice el socorrista, si nadar o salir andando.

– Los estudios cualitativos nos muestran que ser consciente del sufrimiento de las personas puede allanar el camino a que los mediquemos. Esto parece estar en contradicción con la idea que pretendéis inculcar con vuestro libro, ¿no?

[MPF]. Sí, al médico le mueve el sufrimiento del paciente y la búsqueda de su alivio, y en ello encuentra la mayor satisfacción personal y profesional. Por eso los médicos cuentan con gran aprecio social. Pero lo que se espera de los médicos es proporcionalidad. Por ejemplo, para evitar el dolor podríamos anestesiar de por vida a toda la población. Nadie sufriría, pero sería una aberración al carecer de límites lógicos y prudentes. Eso es lo que criticamos y por ello proponemos, en el libro y en otras muchas publicaciones, una medicina con límites, una medicina que no se transforme en pseudociencia al ofrecer imposibles, como es ahora en muchos campos y especialidades.

[JG]. Lamentablemente, está demostrado que los estudiantes de medicina pierden la empatía con los pacientes a partir del tercer curso. Eso es un problema de salud pública, pues sin empatía no hay medicina de calidad. El médico tiene que ser consciente del interior del paciente, de su sufrir (y de de su familia), pero muchas veces lo ignora. Entre otras cosas porque no pregunta, ni siquiera sobre cómo vive el paciente su enfermedad; por ejemplo, cómo repercute en su vida tener que tomar tres pastillas al día, o qué efectos nota cuando las toma, o qué limitaciones diarias impone la artrosis de los dedos de sus pies. Necesitamos médicos empáticos, que dejen hablar a los pacientes y que sean conscientes de su enfermar peculiar. Al tiempo, que no pretendan sofocar esas vivencias del mundo interior del paciente con medicamentos ni con otras intervenciones. Lograr este equilibrio sensato es difícil y por ello es difícil ser médico. Desde luego, muchas veces no hay que hacer nada, sólo oír y asistir al devenir vital de los pacientes que a veces precisan, y a veces no, la intervención médica. En todo caso, el médico que acierta y logra el equilibrio sensato obtiene al tiempo el reconocimiento de los pacientes y sus familiares y de los compañeros, lo que colma su autoestima más que ninguna recompensa monetaria.

– ¿El poder en medicina se ejerce a través de su lenguaje, jerga y símbolos propios?

[MPF]. El poder médico se ejerce de mil formas. Por ejemplo, con la estructura organizativa que convierte al paciente en el combustible del sistema sanitario, ese paciente que va de aquí para allá, en lugar de recibir todos los servicios en el mismo punto. También se ejerce con leyes y normas que dan el monopolio al médico para determinar salud, enfermedad y muerte. Desde luego, la representación es muy importante, en el sentido de emplear un vocabulario excluyente y símbolos tan poderosos como la jeringuilla para inyectar medicamentos psiquiátricos que intoxican el cerebro del paciente, o para poner vacunas innecesarias. ¡Qué decir de la filosofía mecánica que el médico impone al paciente y a la sociedad y que concibe al ser humano como un conjunto complicado de piezas que se descomponen cuando hay enfermedad…!

[JG]. El poder médico empieza a ser omnímodo, sobre todo por el vacío que ha dejado la religión y por el culto al cuerpo que ha impuesto el capitalismo.

Ciertamente, hay un poder sanador beneficioso que bien se demuestra, por ejemplo, en la intervención de cataratas, que evita la causa más frecuente de ceguera. Pero el poder es peligroso y está transformando al médico, de forma que se empieza a ver a sí mismo como salvador y no como sanador. Salvador en el sentido de señalar pautas morales vistas como superiores e ideales, del tipo de no fumar, no abusar del alcohol ni de otras drogas, hacer ejercicio, evitar en el exceso de exposición solar, mantenerse delgado y otros “estilos de vida” que marginan a los que tienen horribles “condiciones de vida”. Además, el médico se cree científico lo que le da un aire orgulloso de justificada suficiencia que exige obediencia. Esa mezcla de falsa moral y falsa ciencia produce expropiación de la salud porque convierte a los pacientes (y a sus familias) en analfabetos sanitarios que precisan de la ciencia médica para interpretarse correctamente a sí mismos, en la salud y en la enfermedad. Además, la expropiación de la salud es parte de una ideología biológica que pretende negar otros componentes de la salud, especialmente los sociales. Así, por ejemplo, los factores y tablas de riesgo cardiovascular son puramente biológicos ignorando que los factores adversos psicosociales incrementan 2,7 veces el riesgo de infarto de miocardio y contribuyen al 35% del riesgo atribuible.

– ¿El lenguaje científico es tan moralmente neutral y objetivo como se piensa?

[MPF]. La ciencia no es neutral ni objetiva. El verdadero científico sabe que sólo puede establecer paradigmas desde una cultura y concepción filosóficas determinadas. Es de ignorantes creer que la ciencia es neutral y objetiva. Esta deriva se acentúa con la progresiva separación de ciencia y filosofía que lleva a una peligrosa razón instrumental al eliminar del pensamiento científico la consideración básica del respeto a la dignidad del ser humano y al medio ambiente.

La razón instrumental ha justificado barbaridades como los experimentos en humanos en los campos de concentración nazi y en China por el japonés Escuadrón 731, así como el Experimento Tuskegee de estudio de la historia natural de la sífilis en negros pobres en Estados Unidos y, más recientemente, en Nepal el estudio de la vacuna para la hepatitis E.

[JG]. La ciencia obliga a conceptualizaciones múltiples que no se logran desde la nada. Bien se dice que estamos a hombros de gigantes y eso incluye lo básico, como el lenguaje con el que nos expresamos. Nuestro lenguaje no es neutral sino parcial, ligado a la cultura y las vivencias de los distintos grupos de población. Tampoco es neutral la selección de problemas que merecen ser estudiados pues no todo logra el mismo interés y apoyo social. Por ejemplo, los grandes programas de investigación de la Unión Europea y otras potencias, como Estados Unidos, Japón y China, obedecen a intereses muy particulares, que “ordenan” el mundo científico señalando qué es importante y qué irrelevante. Entre esos intereses no suelen encontrarse los de las minorías, como pobres, gitanos, prostitutas, vagabundos, inmigrantes y otros marginados. Sabemos, además, que la ciencia tiene un componente humano y un desarrollo propio que nos sorprende según nuestra propia capacidad de sorpresa. Es decir, podemos dar respuesta a un problema científico con una hipótesis (siempre provisional) pero ello generará de inmediato nuevos problemas no previstos y la capacidad de percibir esos nuevos problemas es claramente cultural y parcial.

Lamentablemente, la ciencia médica tiene poco de ciencia y por ello se pierde el 85% del esfuerzo investigador, pues no tenemos la valía científica de la física, capaz de imaginar, por ejemplo, “experimentos mentales” en los que sentarse en una silla y viajar junto a un rayo de luz, o aproximarse a un agujero negro en una nave espacial. También suele faltar en medicina algo elemental como es la simulación en ordenadores y nos solemos ceñir a la teoría y la experimentación, como mucho.

– A veces lanzáis afirmaciones en vuestro libro que son difíciles de aceptar o asimilar. Como, por ejemplo, cuando os referís al cáncer de mama sobrediagnosticado como una “no-enfermedad”. ¿Cómo saber en una paciente concreta si su cáncer “no progresará ni causará la muerte”?

[MPF]. Sí, desde luego, nuestro libro, como muchas de nuestras publicaciones, contiene ideas y hechos que parecen increíbles pues ponemos patas arriba una medicina mercantilizada que ha logrado imponer un pensamiento único. Hasta ahora hemos sido muy prudentes y sólo señalamos los errores habituales más evidentes y por ello no hemos tenido que corregir prácticamente nunca. En el caso del cáncer de mama lo importante es ser conscientes de que utilizamos la palabra cáncer en vano, y damos el mismo nombre a procesos muy dispares simplemente porque bajo el microscopio parecen similares. Hemos escrito mucho acerca del sobrediagnóstico como error del pronóstico, no del diagnóstico, pero de todo ello le llega poco al paciente, e incluso al estudiante, al residente y al médico en ejercicio. Les parece nuevo por más que haya datos publicados desde hace más de 40 años.

[JG]. El problema del sobrediagnóstico en los cribados, como la mamografía para el cáncer de mama, se planteó en toda su crudeza con el diagnóstico precoz del neuroblastoma (un tumor de niños que se suele diagnosticar cuando ha dado metástasis y va a matar al paciente). En buena lógica, se ha abandonado el cribado del neuroblastoma puesto que no podemos distinguir entre el neuroblastoma que no progresará ni llevará a la muerte y el neuroblastoma que dará metástasis y matará al niño. Lo que hacemos es esperar y lograr que los médicos diagnostiquen el neuroblastoma en cuanto dé síntomas y mejorar los tratamientos. Es lo mismo que habría que hacer con el cáncer de mama, pues el cribado no ha disminuido la mortalidad global y produce sobrediagnóstico en al menos un 30% de los casos. No habría que hacer mamografías pues producen más daños que beneficios. En cuanto al pronóstico, la cerrazón conceptual (la falta de neutralidad científica) ha bloqueado la investigación para distinguir entre cáncer “durmiente” y cáncer agresivo, pues la consigna y lema era, y es, “todo cáncer es cáncer agresivo, sin más, y por ello hay que extirparlo cueste lo que cueste”. En Estados Unidos, el Instituto Nacional del Cáncer convocó por primera vez ayudas para estudiar este problema en septiembre de 2014. Hay varias líneas abiertas, pero dos son de mayor interés: la determinación genética de los distintos clones que componen un tumor y las características mecánicas de las células de dichos clones. Mientras tanto, lo científico no es preguntarse qué paciente tendrá un cáncer “durmiente” sino abandonar los cribados del cáncer, como el del cáncer de mama con las mamografías.

– ¡Qué elección más difícil la del científico Alan Turing: o sufrir el estigma social de ir a la cárcel por su homosexualidad o negarla a base de hormonas!

[MPF]. No, no, de ninguna manera, la elección difícil era la de la sociedad inglesa en torno a la II Guerra Mundial, en que vivió Alan Turing: o cambiar el paradigma de la homosexualidad como enfermedad o llevar a la muerte a personas sanas por cuestiones morales. En ello contó mucho una ciencia no neutral que justificaba la homosexualidad como un trastorno mental, de la misma manera que 100 años antes justificaba la esclavitud en base a características físicas, psicológicas y sociales de los negros. La medicina lleva siglos al servicio del poder, y la expropiación de la salud es sólo la culminación de una larga labor de control social mediante los paradigmas médicos.

[JG]. La historia de Alan Turing la hemos contado muchas veces, pero en el contexto científico de los años 40 a 70 del siglo XX, en que se incluía la homosexualidad como enfermedad mental. Ello provocó la muerte de muchos, no siempre por suicidio sino también por complicaciones de los tratamientos (incluyendo las inyecciones de apomorfina; siempre la inyección como expresión simbólica de la biopolítica…). El dilema, la difícil elección de Alan Turing, se repite hoy en día. Así, no nos parece “anormal” que, por ejemplo, los padres de un niño inteligente e inquieto tengan que elegir entre intoxicar su cerebro de continuo con anfetaminas (metilfenidato, Ritalin y similares) o el estigma y la expulsión de la escuela-colegio. Es lo mismo con los ancianos con deterioro cognitivo y/o Alzheimer, cuyos familiares tienen que elegir entre lo científico y humano (no hay tratamiento farmacológico ninguno) o lo socialmente aceptado (la intoxicación de sus cerebros con medicamentos que los anulan y tienen graves efectos secundarios). Si vemos el dilema y el estigma de Alan Turing como algo escandaloso deberíamos escandalizarnos por los millones de “alan-turing” que crea la expropiación de la salud.

– Como diría la filósofa Beatriz Preciado, los transexuales no necesitan que se les certifique ninguna enfermedad ni que se les condene a ninguna castración química; son ell@s mismas l@s que toman, de forma voluntaria, las hormonas dentro de programas reglados de cambio de sexo, dejándose expropiar así su sexualidad. Ella, por el contrario, se tomaba la testosterona sin control médico y sin aceptar el concepto de género impuesto políticamente. ¿Qué pensáis de esto?

[MPF]. Los humanos somos seres sexuados, del nacimiento a la muerte. La esfera sexual es expresión básica para el ser humano. Incluye el placer pero también el cariño, la ternura, el romance, la sensibilidad, el amor, la emoción, el contacto íntimo (piel contra piel, genitales contra genitales, besos), el frenesí, la actividad física gozosa, la conmoción, el intercambio de fluidos, la pasión, la entrega, el desenfreno, la sinrazón y mucho más. Reducir todo ese mundo al de la bioquímica simple de las hormonas sexuales es como reducir el compromiso solidario con los que sufren a las características físicas del metal de las monedas con las que algunos les ayudan. Hay que vivir como un gozo la sexualidad y disfrutarla como nos haya llegado en la vida, y en cada momento. La expropiación de la salud sexual es justo lo contrario, el énfasis en la biología y en la bioquímica, y en la norma. A no olvidar que todavía en Alemania, por ejemplo, es un delito el incesto entre adultos y que en Estados Unidos en muchos estados es un delito el adulterio.

[JG]. La biología de la sexualidad es sorprendente, cuando menos. Eso de machos y hembras entre los seres vivos sexuados es sólo una situación en permanente cambio. Por ejemplo, en muchos peces las hembras tienen capacidad de transformarse en machos cuando estos faltan. ¿Qué decir del caracol, hermafrodita perfecto que copula al tiempo como macho y hembra con otro caracol que disfruta de las mismas características, de penetrar y ser penetrado simultáneamente?

Si hay un mundo secuestrado por los médicos es el del sexo y así, por ejemplo, todo lo que se considera promoción de la salud sexual es pura represión y se reduce a consejos (inútiles y sin fundamento científico) para evitar enfermedades de transmisión sexual y embarazos no queridos. Como seres sexuados tenemos derechos inalienables al disfrute de la esfera sexual. Entre ellos, el derecho a la libertad sexual como posibilidad de plena expresión del potencial sexual de los individuos, que excluye toda forma de coerción, explotación y abuso sexual en cualquier etapa y situación de la vida. También derecho a la autonomía, integridad y seguridad sexual del cuerpo (libres de abusos, imposiciones, tortura, mutilación o violencia de cualquier tipo), derecho a la privacidad sexual (el ámbito íntimo conviene en mucho a la actividad sexual, en general), a la igualdad sexual, a la elección de la opción sexual, al placer sexual, a la expresión sexual emocional, a la libre asociación sexual (matrimonio, pareja de hecho, convivencia en trío o en tribu, etc.), a la decisión con libertad sobre la reproducción, a la información sexual completa y científica, a la educación sexual integral y a la atención clínica de los problemas de salud sexual. Como agentes de los pacientes, sólo señalar los efectos adversos, por ejemplo el potencial cancerígeno de las hormonas sexuales. El sexo es gozoso pero tiene su precio, y no es sólo el precio del comercio sexual o de los desengaños amorosos.

– Con la crisis económica y los recortes en sanidad se ha hecho del ‘derecho a la salud’ una bandera. ¿Existe el derecho a la salud como tal?

[MPF]. En el libro consideramos en extenso esta cuestión. El derecho a la salud en sí mismo es tan absurdo como el derecho a la inteligencia, la bondad, la felicidad, o la belleza. Otra cosa es el derecho a la protección, promoción y atención de la salud, que sí es cuestión cierta. Es comprensible que por brevedad y concisión se hable de derecho a la salud, pero entendiéndolo como he dicho. Es comprensible esa reducción al absurdo pero es una patáfora, como la de que “son de Bilbao los que dicen que nacen donde quieren”, patáfora entrañable que denota libertad intelectual (y otras muchas cosas más). Es patáfora una figura literaria que en cierta forma recuerda a la metáfora, pero con el absurdo por fundamento. Entre medias, lo que no podemos olvidar es la canallada de excluir del sistema sanitario a los inmigrantes sin papeles, y a otros grupos como mayores de 26 años sin trabajo previo. Eso perjudica la salud de los excluidos y de los excluyentes, pero los canallas no lo ven, o les importa un bledo.

[JG]. Los derechos humanos de primera generación son los que se refieren a la libertad y la participación en la vida política. Incluyen derechos básicos como libertad de expresión, de religión, derecho a un juicio justo y otros necesarios para disfrutar de la vida en plenitud social y política. El derecho a la salud se encuentra entre los derechos humanos de segunda generación que incluyen, además, el derecho al trabajo, a la educación, a la vivienda y otros que precisan de un esfuerzo constante para asegurar la equidad (a cada cual según su necesidad, de cada cual según su capacidad). En este sentido el derecho a la salud es más bien el derecho a la promoción, protección y atención de la salud, en el sentido de la organización de un sistema sanitario de cobertura universal que evite la bancarrota personal y familiar por causa de los gastos de atención a la enfermedad y al tiempo ofrezca equidad en el acceso y prestación de servicios (más servicios a quien más los necesita y los mismos servicios a quienes tienen la misma necesidad). El derecho a la salud también implica la inclusión de la salud en todas las políticas, puesto que en su mayor parte la salud no depende del sistema sanitario ni de los médicos. Por supuesto, la expropiación de la salud por los médicos elimina de facto esta concepción universal y política de la salud y traslada todo problema de salud a la pura biología y a la respuesta individual en la consulta y/o el quirófano. La expropiación de la salud es parte del neoliberalismo y de su lema, “¡Sálvese el que pueda!”, pues lleva a soluciones médicas personales e insolidarias que excluyen, por ejemplo, cualquier internacionalismo (¡después nos asombra la epidemia de Ébola…!).

– En vuestra obra en general situáis muy alto el listón de la exigencia ética y profesional, a veces incluso en límites inalcanzables. En la clínica en el día a día se plantean decenas de situaciones en las que nos vemos obligados a relajar tales pretensiones para no caer en conflictos cada dos por tres, a costa en muchas ocasiones de mucha frustración. Si la salud, como la definís en vuestro libro, es “el equilibrio entre lo que se puede hacer y lo que se desea hacer”, ¿ser tan exigentes con nosotros mismos puede llegar a ser poco saludable?

[MPF]. Ser médico duele. Ser médico duele como duele vivir. Ya hemos dicho que es difícil ser médico a propósito de la conciliación entre la empatía con el paciente y la necesaria distancia para tomar decisiones como si se fuera el propio paciente. Son muchos, pero no todos, los médicos que, por formación y condición personal, son capaces de lograr un equilibrio entre lo que se debería hacer y lo que se hace. Esos privilegiados no son médicos “perfectos” sino que toleran sus ambigüedades y contradicciones con la misma piedad y ternura que las de sus pacientes y compañeros. Es decir, son humanos como todos los profesionales y pacientes pero son conscientes de ello y no temen a su propia sensibilidad que les lleva a decisiones irracionales ocasionales. En toda nuestra obra hemos hablado del médico “normal”, del médico clínico como nosotros mismos, falibles pero entregados. Es cierto que ese médico normal se mueve habitualmente en un nivel altísimo de exigencia ética y profesional y por ello, insisto, tiene gran aprecio social. Nuestro libro es un canto a esa medicina con límites, al tiempo científica y “humana”, que implica preguntarse no sólo por “¿cómo hacerlo mejor?” sino “¿por qué hacerlo mejor?”; es decir, una medicina que ponga en primer término los valores, desde la tolerancia al altruismo. Se precisa ciencia, conciencia y coraje pues hay que sumar el conocimiento (lo que hay que hacer y cómo hacerlo) a la ética (por qué hacerlo) y al coraje (hacerlo aunque conlleve el rechazo de quienes siguen los dictados de la medicina mercantilista que expropia la salud). El resultado final es un “estilo de práctica”, una huella de actividad que refleja lo más profundo del médico, aquello que incluso él mismo desconoce y que lleva allá donde trabaje. No son los pacientes los que marcan este estilo de práctica sino el propio médico que, sin embargo, suele achacar a sus enfermos aquello del estilo que le repugna, como el abuso de pruebas diagnósticas y de medicamentos y la utilización excesiva de las consultas, urgencias y hospitalizaciones.

[JG]. La selección y formación de los estudiantes de medicina, y de los residentes, es manifiestamente mejorable. Es decir, es penosa. Por ello es muy frecuente la frustración en la práctica clínica, incluso el abandono de la misma, la intoxicación con psicofármacos y otras drogas (incluyendo el alcohol) y el suicidio profesional (desprecio del propio trabajo clínico) o personal (autolisis). El médico tiene que encontrar el equilibrio que le haga disfrutar de su trabajo a diario con los pacientes, y para ello precisa tener y fomentar los valores básicos: tolerancia, ternura, sensibilidad, piedad, inteligencia, ética, empatía, cortesía, conocimiento, compromiso, compasión, capacidad de comunicación y altruismo. Además, por supuesto, precisa de habilidades y recursos. Con todo ello podría salvar el abismo que existe entre lo que el médico hace (efectividad) y lo que podría hacer (eficacia). Mucho de ese abismo se debe al desconocimiento y a la pura ignorancia pues, por ejemplo, los nuevos hallazgos de eficacia probada tardan unos 20 años en llegar a la práctica clínica diaria. Mucha de la frustración del médico la provoca el contraste entre su orgullosa actitud, de arrogancia científica, y la realidad vital del paciente y de su enfermar. La teoría tiene poco que ver con la práctica, y el médico no lo comprende, se estrella contra un muro de ignorancia justo por su vana pretensión orgullosa de conducta científica. No pasa nada, por ejemplo, por considerar con una paciente su preocupación por la osteoporosis, a sabiendas de que es una enfermedad inventada cuyo diagnóstico y tratamiento provoca graves daños. Una paciente no hace granero, lo que lo llena es el cumplimiento ciego del protocolo (algorimo o guía) de osteoporosis que la gerencia impone, con normas de obligado cumplimiento que se incentivan con dinero al final del año. Ese granero de salud expropiada es el que frustra al médico, no el grano del paciente nuestro de cada día que pide algo irrelevante o innecesario. Hemos demostrado, por ejemplo, que se puede prescribir irracionalmente en el 20% de los casos y pese a todo tener un perfil de prescripción excelente, pues pesa mucho el 80% restante. La exigencia ética y profesional implica trabajar con la ética de la negativa y con la ética de la ignorancia; es decir, diciendo “no” amable y oportunamente a deseos alocados de pacientes, compañeros y jefes, y compartiendo con ellos las limitaciones de la ciencia (que sólo conoceremos si no somos ignorantes ni arrogantes). Es difícil ser médico, sí, y cuanto más generalista más difícil.

– En uno de sus últimos libros, “Filosofía para médicos“, el epistemólogo argentino Mario Bunge carga contra los críticos de la medicina, especialmente contra Petr Skrabanek, Ivan Illich y Michael Foucault. Según él, estos autores son “parte del problema”, ya que “denigran a la razón, a la moral y a los movimientos de reforma social. Sus escritos son malos para la salud individual y para la sanidad pública”. Tacha las críticas al preventivismo de “irresponsables”.

[MPF]. Salvando las distancias, Mario Bunge tiene tanta razón como nosotros. Es decir, su apreciación es cierta en lo que se refiere a que los críticos con la medicina pueden llegar a ser un problema. Especialmente si carecen de base empírica y cuando su desconfianza de la ciencia médica y sus ideas no se transforman en acciones que mejoren el panorama. Pero justo nuestras ideas tienen siempre base empírica y se traducen de continuo en cambios de la vida cotidiana. Por poner un ejemplo, nuestra propuesta de humanizar las consultas eliminando toda basura de las industrias (bolígrafos, notas, carteles, calendarios, etc) se traduce en muchas consultas con flores naturales y ambientes sanos, sin humos industriales. Nuestra propuesta de calma y tranquilidad ante la pandemia de gripe A de 2009 se tradujo en un poderoso movimiento (GripeyCalma) que logró cambiar la respuesta profesional y científica promovida por la Organización Mundial de la Salud, el Ministerio y las Consejerías (y las industrias y los medios de comunicación). En otro ejemplo, nuestra práctica de no recibir a los representantes de las industrias, ni sus obsequios, ni formación continuada, ni congresos, llevó desde Healthy Skepticism a NoGracias, siendo en la actualidad No Gracias un excelente instrumento en contra de la expropiación de la salud. Es ejemplo, también, el éxito de los Seminarios de Innovación en Atención Primaria donde se generan ideas y actitudes y se transfiere la antorcha del trabajo científico y “humano” entre generaciones de médicos. ¿Qué decir del ejemplo del propio Equipo CESCA, con sus más de 35 años de actividad, inasequible al desaliento? Hay muchos más ejemplos de propuestas y críticas nuestras transformadas en acciones, no por mérito nuestro sino con nuestra participación y constante apoyo. En todo caso, hay un grupo de pensadores que nos han servido de lazarillos desde jóvenes, incluidos Petr Skrabanek, Ivan Illich y Michael Foucault (en el prólogo del nuestro libro se incluye un listado, cada uno con su obra clave).

[JG]. Salvando las distancias, Mario Bunge es realista, cree que las cosas existen por sí mismas. Nosotros somos empiristas, sólo creemos en lo que vemos y probamos. Mario Bunge fue marxista; nosotros nunca lo hemos sido. Mario Bunge es filósofo; nosotros somos médicos. Mario Bunge es materialista y, por ejemplo, cree que las enfermedades mentales expresan cambios en el cerebro y muestra una gran confianza en los psicofármacos. Nosotros somos críticos con estos medicamentos que intoxican el cerebro y creemos que el enfermar es una compleja interacción entre el individuo y la sociedad cuyo resultado final es variable; sirve de ejemplo la inclusión de la homosexualidad entre las enfermedades mentales antes, y ahora la medicalización de la angustia vital. Mario Bunge es “sistematista”, incluye tanto el análisis como la síntesis. Nosotros somos también sistematistas y nos encanta ir y volver de la anécdota a la categoría, y entre medias a la filosofía, pero cargamos la mano en los relatos de los pacientes, en lo que parecen simples anécdotas. Mario Bunge defiende básicamente mecanismos causales mecanicistas y cree en leyes homeopáticas en las que el resultado final se puede prever a partir de los componentes iniciales. Nosotros defendemos circunstancias causales biopsicosociales, somos emergencistas y creemos en leyes heteropáticas; por ejemplo, no se puede prever el resultado final de la miríada de situaciones y problemas biológicos, psicológicos y sociales que se suman para “producir”, por mecanismos que desconocemos en general, más enfermedades, más graves, más complicadas y más permanentes en los pacientes pobres. Mario Bunge defiende un cientifismo numérico del que nosotros abominamos pues los números son sólo ayudas y se vuelven venenosos si “viven por sí mismos”. De hecho, la expropiación de la salud se basa mucho en la biometría (el definir, medir y establecer un sistema de pesos y medidas normales) y en el uso espurio de la estadística y la epidemiología. Mario Bunge cree en los ensayos clínicos como el “patrón oro”, nosotros creemos en los estudios que demuestran que más de la mitad de los ensayos clínicos no tienen nada de oro (su grado de ley es cero). Mario Bunge es crítico e intolerante con las pseudociencias, nosotros somos críticos pero tolerantes con las pseudociencias (entre otras cosas, porque el 90% de la medicina científica “oficial” es pseudociencia). Mario Bunge cree en la autoridad científica, nosotros no. Nosotros somos, en el buen sentido de la palabra, nihilistas; Mario Bunge no. “Nihil” significa en latín “nada”, y de ahí proviene “nihilismo”, nombre con el que se define una actitud filosófica de negación de todo principio, autoridad, o dogma filosófico, político, religioso o moral. Lo expresó bien en su sentido político Dimitri Pisarev, quien luchó contra la pobreza del pueblo ruso. Dijo “Todo lo que pueda romperse hay que romperlo; lo que aguante el golpe será bueno y lo que estalle será bueno para la basura; hay que dar golpes a derecha y a izquierda, pues de ello no puede resultar nada malo”. En su sentido filosófico, el nihilista niega el determinismo y acepta que no existe propósito de la existencia humana. En su sentido científico, el nihilismo implica apertura a lo nuevo y negación de toda idea preconcebida, y por ello supone una negación de cualquier creencia, especialmente de supersticiones, perjuicios, costumbres y actitudes hipócritas.

Creemos que esta es la única forma de progresar, si las nuevas ideas se transforman en acciones que mejoran la salud de individuos y poblaciones. En este camino de la crítica a la práctica han sido fundamentales autores como Petr Skrabanek, Ivan Illich y Michael Foucault.

– Se habla mucho del ‘patient centredness’ y sus modelos ¿Pero está realmente el ‘patient centredness’ centrado en el paciente?

[MPF]. El movimiento para poner el énfasis en el paciente es un error filosófico pues el énfasis hay que ponerlo en la persona, que nunca es “sólo paciente”. El que sufre tiene áreas y campos en los que disfruta pues la enfermedad no está ni en la ciudad del sí ni en la ciudad del no, sino que va y viene de aquí para allá, como el electrón en la física cuántica. A una paciente le puede doler la espalda, por ejemplo, pero gozar de orgasmos increíbles cuando se masturba. Centrar la atención y la vida en el dolor de espalda es absurdo, una forma de expropiar la salud y de anular las capacidades vitales individuales.

[JG]. La moda dicta centrarse en el paciente, pero lo que se ve y lee suele ser ridículo, una forma de paternalismo refinado. El paciente lo que precisa es que le devuelvan sus capacidades curativas y que los médicos escuchen su narrativa y se asomen respetuosamente a su “interior”. Bien se demuestra en el caso de la investigación sobre la artrosis, que no se interesa en absoluto por el campo del propio paciente, como citamos en el libro, a partir de un texto en el Annals of

Internal Medicine. En general el ‘patient centredness‘ no es más que otra forma de expropiación de la salud, adaptada a una corriente que maquilla la brutalidad, pero la mantiene.

– ¿Y qué decís de los programas de ‘pacientes expertos’?

[MPF]. Desde luego, por poner un ejemplo, no hay nada más experto en el embarazo, por ejemplo, que la mujer que ha parido. Ella sí sabe de los sentimientos profundos que nunca se comentan en las consultas, de los temores atávicos, de la liberación sexual de no tener que preocuparse de evitar el embarazo, de las fantasías sobre el fruto de su vientre, del abuso de médicos y enfermeras, etc. La medicina que expropia la salud niega esos mundos y lleva a las embarazadas por una estrecha ruta de “prevención” y “normas sanas” que las transforma en enfermas (sin beneficio alguno) y que excluye a cualquier “paciente experto”.

[JG]. Los programas de “pacientes expertos” ofrecen un escape, pero la sociedad y los profesionales pretenden de nuevo controlarlo. Bien se ve en la reacción contra las “doulas” por su presencia fuera del mundo regulado de las profesiones sanitarias. Doulas son las madres de las embarazadas en Namibia y allí cuentan con todo el reconocimiento. Cuando hemos expropiado a la mujer y a la familia del embarazo, cuando la futura abuela ya no cuenta, ¿cómo no buscar el soporte experto y amable de quien ha vivido la experiencia? En otro ejemplo, todos entendemos a Alcohólicos Anónimos y otros grupos de autoayuda como entre drogadictos, o pacientes con esquizofrenia. Lo que sucede es que la expropiación de la salud también quiere programas de pacientes expertos dentro de la ortodoxia, dentro del orden que los médicos (y otros profesionales) marcan.

– ¿Y de los procesos de ‘toma de decisiones compartida’, en los que se presentan resultados de ensayos clínicos en forma de pictogramas a los pacientes?

[MPF]. En esto de presentar resultados con pictogramas los primeros que tienen que aprender son médicos, enfermeras, farmacéuticos y otros profesionales de la salud, que suelen ser analfabetos numéricos. La mayoría no comprenden las nociones de riesgo estadístico y, por ejemplo, emplean las tablas de riesgo cardiovascular como si fueran tablas de decisión. Desde luego, los pacientes precisan de exposiciones claras sobre riegos, beneficios y daños. Los profesionales, más.

[JG]. Nada que añadir a lo dicho por Mercedes. Quizá sólo citar el excelente trabajo del Harding Center for Risk Literacy, del Instituto Max Plank, de Alemania, que pretende luchar contra el analfabetismo numérico de los profesionales sanitarios.

– Que la salud haya sido expropiada por los médicos, ¿también repercute sobre la filosofía y fundamento de la medicina y nuestra forma de trabajar en el día a día? ¿De qué manera? (en caso de respuesta afirmativa a la anterior) ¿Y de qué manera evitar que esto suceda?

[MPF]. La expropiación de la salud conlleva a una visión realista del ser humano, que se pretende enfermo cuando se desvía del “diseño ideal”. En el libro explicamos en profundidad las consecuencias de esta visión que lleva al trabajo “mecánico” de los médicos, a la tiranía del diagnóstico y al sometimiento a pruebas y a tratamientos que provocan más daños que beneficios. Por ejemplo, es evidente el daño de esta concepción filosófica cuando se demuestra que cada año mueren en los hospitales de Estados Unidos hasta 400.000 pacientes por fallos en la seguridad del paciente (errores, excesos, etc.). La sangre de los pacientes cae sobre los médicos expropiadores de la salud, pero estos pretenden ignorarlo. ¡Más le convenía atarse al cuello una piedra de molino y ser echados al mar! Hay que cambiar drásticamente el trabajo diario; por ejemplo, ya lo hemos dicho, abandonar toda prueba de cribado de cáncer; en otro ejemplo, renunciar a las vacunas sin fundamento (gripe, papiloma, neumococo, rotavirus, meningitis B, etc); por ejemplo, introducir dosis gigantescas de ciencia, piedad y tolerancia ante el enfermar de cada paciente individual; por ejemplo, rechazar en general las guías clínicas (protocolos y algoritmos) elaboradas por expertos; en otro ejemplo, no emplear las categorías de pre-diabetes y pre-hipertensión, no tratar con medicamentos a pacientes hipertensos con tensiones de menos de 140/90 y que el paciente diabético no utilice las tiras de la glucosa salvo que emplee insulina; por ejemplo, mirar a los ojos del paciente más que a la pantalla del ordenador; por ejemplo, levantarse para recibir y despedir en la puerta al paciente y practicar un estilo de Medicina Basada en la Cortesía que incluya tener flor cortada fresca en la mesa del despacho; por ejemplo, hablar menos y escuchar más; en otro ejemplo, renunciar al falso mantra de “no tengo tiempo” mientras la consulta se llena de pacientes crónicos estabilizados que no precisan cuidados, pero son “cómodos de llevar”; por ejemplo, “explorar” con respeto el interior del paciente; por ejemplo, elaborar y dar a los pacientes una hoja con el perfil vital y profesional del propio médico; en otro ejemplo, mantener la agenda abierta para atender a diario las propias urgencias en consulta y en domicilios; por ejemplo, dar el teléfono personal a la familia del paciente terminal para prestar atención fuera del horario (noches, festivos, domingos); en otro ejemplo, comprender el uso de las medicinas alternativas por los pacientes y estar abiertos a hablar sobre ellas; por ejemplo, no realizar “chequeos” a ninguna edad ni sexo; en otro ejemplo, en general no cumplir ni seguir el Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud (PAPPS) y menos su sección en la infancia (PREVINFAD); etc. En todo caso, estudiar, estudiar y estudiar poniendo en cuestión todo el conocimiento científico al tiempo que se mejora el trabajo clínico diario con el extracto depurado que supere el nihilismo sistemático.

[JG]. El médico que expropia la salud es un médico que ha perdido lo esencial pues renuncia a lo fundamental, al “primero no dañar” (primum non nocere). El médico que expropia la salud suele ser un médico a tiempo parcial pues cuando sale de la consulta-hospital no se acuerda de los pacientes, no siente una responsabilidad continua. El médico que expropia la salud no suele pensar por sí mismo, sigue las modas que marcan los KOL y sus industrias (farmacéuticas, alimentarias, tecnológicas, de gestión y otras). El médico que expropia la salud todo lo fía a la tecnología, apenas se levanta del asiento, casi no explora al paciente ni le mira de frente, y encuentra “la verdad” en la pantalla del ordenador. El médico que expropia la salud recibe a los representantes y acepta sus obsequios y regalos, va a las charlas y conferencias que organizan, y participa en los congresos médicos (de las sociedades científicas y de las asociaciones de pacientes que se crían y viven a los pechos de las industrias). El médico que expropia la salud se cree científico y se frustra por no aceptar con humildad su trabajo de sanador que lo convertiría en un semi-dios. El médico que expropia la salud sigue las guías de práctica clínica de la gerencia y de las sociedades científicas (¡incluso las guías dictadas por las industrias a la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia, la Asociación Española de Pediatría, la Sociedad Española de Salud Pública, Medicina Preventiva e Higiene, la Asociación Española de Urología y la Sociedad Española de Vacunología!). El médico que expropia la salud no duda, se fía de lo que le dicen, y aprende por “transfusión” de palabras y proyecciones de power-points manipulados y tóxicos. El médico que expropia la salud cree que a los pacientes les falta educación para la salud, y desprecia su cultura y sus respuestas curativas alternativas. En fin, no sigo, pero de todo ello se deduce lo que se puede hacer para renovar la práctica diaria desde la propia consulta-hospital y ya Mercedes ha señalado algunos ejemplos de lo que hemos practicado en nuestra clínica diaria.

 

Enviado a SURCOS Digital por Rafaela Sierra.

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Aporte de compendio digital de documentos sobre el Dr. Juan Guillermo Ortiz Guier, Benemérito de la Patria

Mario Cabrera, del Movimiento Comunal Autónomo Ramonense (MOCARA), nos compartió el trabajo preliminar de compendio documental que ha realizado para el Encargado de Prensa del Despacho del Ministro de Salud, por motivo del Benemeritazgo recientemente otorgado al Dr. Juan Guillermo Ortiz Guier.

Se adjuntan dos comprimidos de compendio digital de documentos con el fin de compartir el legado del Dr. Ortiz, como estandarte de lucha, para recuperar y profundizar, participativamente, nuestro sistema nacional de salud y seguridad social.

Los documentos de la serie numerados como número «1», «2» y «3» contienen información Biográfica sobre el Dr. Ortiz, contenida en dos proyectos legislativos de declaración de Benemeritazgo. Particularmente el proyecto de 2009 (numeral 3.-) aporta valiosa información ordenada sobre su persona.

Como numeral «4» se aporta un consolidado de diversas comunicaciones de prensa divulgando y comentando el Benemeritazgo otorgado.

En el numeral «5» se desea destacar un trabajo sobre el Hospital Salud sin Paredes (HSP), a propósito del Diálogo sobre la CCSS realizado el 2 noviembre del 2013 en el Museo Regional de Occidente en San Ramón.

Particularmente interesa destacar la proeza sanitaria alcanzada por el Programa HSP en materia de drástica disminución de la Mortalidad Infantil, mediante análisis comparado entre lo ocurrido en el ámbito nacional y lo correspondiente a la zona del HSP. Ello le mereció el reconocimiento mundial y la entrega del Premio Mundial de Atención Primaria por la OMS en Ginebra, en 1999. En esta presentación se recuperó el bello mural que se ha convertido en toda una «Alegoría a las Salud Sin Paredes», que se encuentra pintada al frente de una de las dos aulas levantadas por el Programa Hospital Sin Paredes, para educar a miles de responsables de salud y dirigentes de comités de salud y otras organizaciones de base comunitaria. Hoy ese complejo educativo es conocido como «Centro Docente Dr. Juan Guillermo Ortiz Guier», y una placa da cuenta de ello.

En los numerales «6» y «7» se recupera diversas actividades desarrolladas por movimientos sociales de base comunitaria en Occidente, relacionados con la conmemoración del 60 Aniversario del levantamiento del Hospital de San Ramón (1955-…), la rememoración de los 30 años del cierre del Programa HSP (1955 a 1985) y el Benemeritazgo otorgado al Dr. Ortiz.

En el numeral 6.3 se encuentra los vínculos en internet de tres producciones documentales, la últimas de las cuales se produjo justo en la semana que la Asamblea Legislativa declaraba el Benemeritazgo al Dr. Ortiz.

Con la serie del numeral «8», se aporta diversas reacciones de movimientos sociales comunitarios, colegio profesional y personalidades ante la muerte del Dr. Ortiz, el 12 de diciembre de 2009.

 

¡Salud con participación, sin privatización!

A- Biografía Dr. JuanGmoOrtizGuier (1924-2009) (2)

B- Biografía Dr. JuanGmoOrtizGuier (1924-2009) (1)

 

 

Información enviada a SURCOS Digital por Mario Cabrera.

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Profesionales en salud deben cuidar a las personas como si fuesen sus familiares

Enfermería realiza I Congreso de Enfermería Paliativa y Control del Dolor

Profesionales en salud deben cuidar a las personas como si fuesen sus familiares
Uno de los objetivos principales de este Congreso fue hacer conciencia sobre la atención humanizada de la enfermería para que contribuya al bienestar de las personas y las familias que requieran de cuidados paliativos y manejo del dolor, así como actualizar los conocimientos en esta temática (foto Rafael León).

Otto Salas Murillo,

Periodista Oficina de Divulgación e Información

 

En la profesión de enfermería existe una tendencia mundial que promueve la atención para mejorar la calidad de vida para las personas que atraviesan situaciones de salud difíciles.

Basados en dicha tendencia la Escuela de Enfermería de la UCR, con la colaboración del Centro Nacional de Control del Dolor y Cuidados Paliativos de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS), organizó el I Congreso de Enfermería Paliativa y Control del Dolor en el mes de junio en el Auditorio de la Ciudad de la Investigación.

La M.Sc. Mabel Granados Hernández, directora a.i. de la Escuela de Enfermería, explicó que uno de los objetivos principales es sensibilizar a las y los estudiantes para que tengan el conocimiento necesario sobre los cuidados paliativos, como un derecho que tienen todas las personas.

Profesionales en salud deben cuidar a las personas como si fuesen sus familiares2
La M.Sc. Mabel Granados Hernández recordó que en el mundo los cuidados paliativos surgen en la década de los 80’s, como una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud y con el propósito de apoyar a las personas enfermas con cáncer y a sus familias (foto Rafael León).

“La comprensión y la intervención terapéutica de la enfermería paliativa y el manejo del dolor debe abarcar elementos que son muy importantes como la persona, la muerte, el morir y el sufrimiento, los cuales son cruciales para afrontar de manera efectiva los cuidados de calidad en esta etapa. La persona es el centro del desarrollo lógico de los cuidados paliativos, entendidos como el interés genuino por la atención integral de las necesidades al final de la vida. Debemos asumir que la persona es poseedora de una dignidad sublime y allí se basa el respecto, trato personalizado y justo que siempre merecen”, destacó Granados Hernández.

Por su parte la coordinadora de este Congreso, M.Sc. Mary Meza Benavides, dijo que el tema de dolor y cuidados paliativos constituye la esencia de la profesión y que se podría decir que existe una enfermería paliativa.

Sin embargo, Meza Benavides aclaró que esto no ha sido oficializado desde las instituciones que están relacionadas con el área de la salud o desde el mismo gremio de enfermería.

Profesionales en salud deben cuidar a las personas como si fuesen sus familiares3
Dentro de sus múltiples ocupaciones académicas, el Dr. Alfonso García Hernández es actualmente miembro de la Asociación Española de Cuidados Paliativos (foto Rafael León).

“Nuestro norte es la atención humanizada, científica y oportuna dirigida a las personas y familias que tienen experiencias de salud muy difíciles, para los cuales la presencia de un o una profesional con experiencia y empatía es crucial. Este congreso abarcó temas diversos como la dimensión de cuidados paliativos en la formación universitaria, situación de los cuidados paliativos en el país, abordaje clínico de enfermedades y terapias alternativas para el manejo del dolor”, citó Meza Benavides.

Un proceso final de calidad y respeto

Como conferencista principal estuvo el Dr. Alfonso García Hernández, profesor de la Escuela Universitaria de Enfermería y Fisioterapia de la Universidad de La Laguna, España, quien declaró en su exposición que es diferente prestar servicios y cuidados al final de la vida en cada país o región, por lo que se debe conocer el entorno, la cultura y las costumbres.

Profesionales en salud deben cuidar a las personas como si fuesen sus familiares4
La Universidad de Costa Rica, por medio de la Escuela de Enfermería, lidera el estudio del tema de cuidados paliativos y manejo del dolor, muestra de ello es este Congreso que convocó a más de 300 personas (foto Rafael León).

“Hemos aprendido que incluso nosotros mismos somos diversos, vivimos de manera diferente y tememos morir diferente, por tanto el planteamiento de lo que es la vida y la muerte es diferente en toda persona, por tanto una formación que se precie debe tener presente este aspecto para que las personas tengan un final de vida digno y así se posibilite entender las realidades de cada quien de una manera más amplia y flexible”, comentó García Hernández.

Asimismo, este experto de la Universidad de La Laguna manifestó que el tratamiento paliativo puede incluir radioterapia, quimioterapia y cirugía siempre y cuando se establezca que va a ayudar a la persona.

“Para un final de vida tranquilo sería conveniente no tener dolor, vivirlo como una experiencia de bienestar, estar en paz y cerca de nuestros allegados. La mayor parte de las organizaciones dicen que los pacientes deben, si lo desean, conocer la verdad, conocer todo el diagnóstico y además rechazar si lo desea todo tipo de tratamiento curativo; igualmente, puede aceptar los cuidados necesarios para vivir confortablemente el proceso de morir, recibir tratamiento de alivio del dolor y escoger el momento y la forma en que se producirá la muerte”, argumentó García Hernández.

El rector Dr. Henning Jensen Pennington manifestó que la UCR ha estado presente en el desarrollo de este tema, tanto desde la docencia como en la acción social y la investigación; por ejemplo, Jensen citó que actualmente la Escuela de Medicina cuenta con una especialidad en Medicina Paliativa y la Escuela de Enfermería contempla en su plan de estudios un curso optativo denominado Dolor y Cuidado Paliativo, que se imparte todos los años con un número promedio de matrícula de 30 estudiantes.

 

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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La única manera de proteger a los pobres y a los sensatos de las garras del negocio de la salud es mediante la incompatibilidad de la práctica médica pública con la privada

Por nmurcia

Cuando aquí nos agarramos los machos antes de proclamar la necesidad de la incompatibilidad entre la práctica médica pública y privada, en el Reino Unido, el BMJ «la monta» al publicar el texto del cardiólogo John Dean que, directamente, afirma que la medicina privada es inmoral porque busca en primera instancia el beneficio económico y que la incompatibilidad debería ser obligatoria porque, inevitablemente la práctica particular intoxica la actividad clínica en la pública.

Las reacciones en contra no se han hecho esperar y son muy virulentas.

El texto del Dr. Dean no pretende ser un tratado de ética médica sino una opinión basada en percepciones personales que consideramos muy valiosas y por eso lo traducimos hoy, pero la polémica no es nueva y los datos incontestables.

La medicina privada

Incontestable es que es muy fácil inducir el consumo por parte de los pacientes de servicios médicos innecesarios pero altamente lucrativos. Este es el problema ético grave que introduce la medicina comercial en un mundo dominado por una concepción de salud en expansión a través de la biomedicalización.

En una entrada de justo hace 1 año nos hacíamos eco de un artículo del New York Times que denunciaba las ganancias asombrosas de algunos médicos en la medicina privada norteamericana. La entrada la titulamos: Los pacientes como cajeros automáticos.

“Muchos especialistas han llegado a ser particularmente hábiles en el negocio con una medicina cada vez más empresarial, mediante la protección de su territorio a través del cabildeo agresivo de sus sociedades médicas y, sobre todo, aumentando los ingresos al ofrecer nuevos procedimientos o haciendo más lucrativos los ya existentes”.

Jean Mitchell, profesora de economía de la salud en la Universidad de Georgetown, comentaba en el texto:

«Muchas veces es mejor esperar y ver, pero esperar no genera dinero… Es solo necesario un simple ‘Déjeme hacer un pequeño corte en la piel’ para que lleguen los honorarios profesionales y los pagos para el laboratorio y las instalaciones. Cada paciente es como un cajero automático”.

Los ingresos más importantes se dan entre los especialistas que controlan técnicas que fácilmente pueden ser sobre-indicadas, comentaba el artículo, como las de dermatología, las colonoscopias o gastroscopias, cualquier técnica de imagen o muchas intervenciones quirúrgicas como la extirpación de vesícula, operaciones de hernias, varices o varias de traumatología (ya lo comentamos en esta otra entrada)

Las incompatibilidades y los dos mundos

El Dr Dean además de señalar lo difícil que es mantener el timón ético en la práctica privada, asume que, inevitablemente, trabajar en la privada influye en la actuación pública.

En un reciente artículo, Marciano Sánchez Bayle, de la FADSP, aportaba los argumentos clásicos en contra de la compatibilidad:

«Además lo mas frecuente es que los profesionales que trabajan exclusivamente en el sector público tengan una dedicación mayor que los que están pluriempleados y trabajan simultáneamente en el sector público y privado, y es evidente que la dedicación exclusiva permite una mayor disposición de tiempo para su actualización profesional y, sobre todo, permite evitar el potencial conflicto de intereses de quienes simultánean el trabajo en el sector público y el privado, conflicto de intereses que favorece el que se detraigan recursos del sistema público en beneficio de la privada, potenciando los comportamientos oportunistas como el absentismo, el incumplimiento horario, el desvío de pacientes al sector privado, la demanda inducida, la selección de pacientes y la apropiación y/o el uso indebido de los recursos públicos para fines privados»

Pero hay otros problemas relacionados distintos a los ya conocidos y que tienen que ver con la gestión de la innovación. Veamos

Hace un año hacíamos referencia a la situación que se está produciendo en Alemania. Como sabemos su sistema es de provisión privada y de financiación pública. El Estado paga a los especialistas privados por ciertos procedimientos acordados tras una evaluación de acuerdo a las mejores evidencias científicas. Sin embargo, ganar dinero solo con «lo indicado» no está siendo suficiente para los médicos alemanes.

En el capítulo titulado “La consulta médica como supermercado” -del estupendo libro del periodista alemán Jörg Blech, «Medicina enferma»-, se describe como los médicos alemanes hacen pagar un plus a sus clientes para que puedan optar a algunas prácticas, tecnologías o productos no financiados públicamente:

«En Alemania cada vez es más frecuente que los pacientes paguen un sobre-costo por un paquete llamado “prestación de salud individual” en el que se incluyen procedimientos innecesarios como “reconocimientos ultrasónicos de las axilas y los pechos” por 60 euros. En una encuesta, el 77% de los médicos justificaban la oferta de técnicas o procedimientos innecesarios por motivos económicos y según un responsable médico “algunos médicos llegan incluso a conceder o no determinados tratamientos médicamente necesarios en función de si sus pacientes compran además ciertas prestaciones de salud individual”. Los médicos venden estas prestaciones asegurando que no están financiadas porque “el gobierno solo quiere ahorrar “: como pasa con el “baño subacuático por 8,74 euros” o diversos productos homeopáticos, inyecciones de vitaminas, cremas con hormonas y tecno-chatarra como la “terapia lumínica” para el síndrome premenstrual o la oxigenoterapia a 15 euros el cuarto de hora»

Es evidente que el médico alemán se gana la vida con «lo indicado» pero se hace rico con lo superfluo, es decir, convenciendo a los pacientes de que necesitan tecno-chatarra e intervenciones inútiles. Cuando es el mismo profesional el que provee tanto lo indicado como lo no indicado, el conflicto es evidente. Imaginen esta conversación:

«Mire, el síndrome premenstrual por lo público no se trata -así de perversa es la medicina socializada- pero por lo privado tenemos unas terapias lumínicas estupendas y que además, precisamente, salen baratísimas si las compra con el pack que incluye la oxigenoterapia»

Hagamos política ficción. A medida que progresemos en la evaluación y la financiación selectiva de nuevas tecnologías médicas y medicamentos (y esperemos hacerlo bien pronto) mayor será la bolsa de procedimientos excluidos de la sanidad pública pero ofertables en la sanidad privada.

En el Reino Unido, donde el NICE excluye algunos tratamientos por no ser costo efectivos, los conflictos son cada vez más frecuentes. Por ejemplo, muchos pacientes con cáncer acuden a la medicina privada buscando antineoplásicos no financiados por el NHS. El incremento en la frecuencia de esta situación ha obligado a una reflexión profunda sobre la compatibilidad de los tratamientos para un mismo proceso tan grave como un cáncer. (Aquí el documento interfaceguidanceethicsmay2009):

«Un escenario alternativo es cuando un paciente desea pagar un tratamiento de manera particular para una condición médica concreta, mientras que al mismo tiempo desea continuar recibiendo atención en el NHS para esa misma condición. Este asunto es objeto de cierta controversia, debido al aumento del número de tratamientos costosos, por ejemplo, medicamentos para el cáncer en etapas tardías, no financiados por el NHS debido a la relación costo-efectividad pero que sí pueden tener ciertos beneficios a nivel individual. Aunque todavía hay incertidumbre sobre la forma precisa como operarán los siguientes principios en situaciones clínicas específicas, es evidente que los pacientes que optan por complementar su tratamiento de esta manera: (1) Tienen pleno derecho a seguir recibiendo atención en el NHS de acuerdo con su necesidad clínica; (2) No les debe suponer una ventaja o una desventaja en relación con el cuidado que reciben en el NHS»

Complejo ¿no?

Pongamos un ejemplo hipotético pero verídico (no sé si me explico).

En un centro hospitalario un afamado cirujano engorda su privada de varices ofreciendo procedimientos terapéuticos no financiados pero que vende diciendo que «aportan ventajas sobre los que él puede realizar en el hospital público».

El efecto perverso que tiene que este médico trabaje en la pública y en la privada es síxtuple:

(1) Engaña a los pacientes, ya que deriva pacientes a su privada desde la pública mediante una información sesgada.

(2) Pervierte el mercado ya que se aprovecha de una posición de privilegio para acceder a un gran número de potenciales clientes a los que no podría acceder mediante sus propios medios y a los que no acceden otros colegas que solo trabajan en la privada y sobre los que tiene una ventaja competitiva no legítima

(3) Engaña al sistema de salud, ya que tiene un enorme incentivo para sobre-indicar la cirugía de varices y engordar la lista de espera de la pública (precisamente para aumentar el número de pacientes susceptibles de acabar en su privada; de hecho, cuanto más cerca de lo «estético» esté la intervención, es decir, menos indicada, más fácil será que el cliente o clienta acaben en su privada)

(4) Hace daño a los enfermos que realmente necesitan la intervención ya que tienen que esperar más porque la lista de espera está ocupada por pacientes que no necesitan la operación

(5) Hace daño a los ciudadanos que no necesitan la intervención pero a los que se la indica y a los que opera innecesariamente

(6) Hace daño a su propio Servicio ya que tiene un enorme incentivo para no introducir innovaciones sensatas en su práctica pública y así poder seguir ofreciendo supuestas o verdaderas ventajas técnicas en su privada

¿Cómo evitar los problemas que emergen cuando los médicos deben compatibilizar ganar un sueldo trabajando en la pública -con una cartera de servicios restringida (asumiendo un mundo ideal donde las prestaciones fueran solo las que han demostrada valor)- y forrarse en la privada con una oferta en continua expansión de tecnologías y/o medicamentos chatarra «último modelo»?

¿Con evaluación? En Alemania y en Reino Unido el financiador pone límites pero, sin incompatibilidades, no es suficiente para evitar el abuso: la asistencia inútil, superflua o no costo efectiva es derivada a la privada y es pagada directamente por el bolsillo de los enfermos engañados.

Pero es todavía peor si el financiador pone pocos límites (como en España) porque entonces la asistencia inútil invade el sistema público y es pagada por los todos los contribuyentes. Con lo poco no financiado, el médico hace su privada.

El asunto clave es evaluación más incompatibilidad. Evaluar sin incompatibilidad atenta contra el bolsillo de los engañados pacientes. No evaluar atenta contra el bolsillo de los contribuyentes. Es necesario establecer una frontera nítida entre una expansiva medicina comercial y una contractiva medicina pública. Son dos mundos distintos, con prioridades distintas, que necesitan ser habitados por enfermos y médicos distintos. Son dos mundos inmiscibles.

El mundo de la medicina privada será (estamos haciendo política sanitaria ficción, recordamos) el de la innovación continua y el que cuente con las mejores condiciones hoteleras que cada uno pueda pagar (como los hoteles, habrá hospitales con diferentes estrellas). No existirán listas de espera ni barreras a la medicalización y al consumo sanitario siguiendo los deseos de unos clientes de alto standing deseosos de prolongar sus acomodadas vidas al máximo, llenándolas de belleza, tecnología y seguridad preventiva. Los médicos mantendrán fructíferas relaciones con la industria farmacéutica y tecnológica y, naturalmente, ganarán enormes cantidades de dinero de manera proporcional al número de servicios médicos prestados. El sobrediagnóstico, el sobretratamiento, los problemas de seguridad relacionados con medicamentos o tecnologías poco testados o la ruina de las familias cuando el dinero se acabe y/o las enfermedades se cronifiquen, será la cruz. La cara, la capacidad de elección, el acceso directo a los especialistas sin un médico de atención primaria que ponga problemas y, por supuesto, la ausencia de esperas.

El segundo mundo será el de la medicina pública. Un mundo donde las innovaciones tecnológicas se incorporen mucho más lentamente, tras una rigurosa evaluación previa (que incluya la experiencia extraída en el mundo privado en el uso de estas tecnologías y medicamentos); organizaciones sanitarias más austeros pero también más equitativas, alrededor de una atención primaria accesible, y con inevitables pero transparentes y justas listas de espera (las organizaciones estarán centradas en aspectos no solo biomédicos sino también sociales, y habrá una continua e intensa participación de los ciudadanos que también tendrán voz en el establecimiento de las prioridades del sistema). En esta sanidad pública los médicos estarán bien pagados pero no ganarán más por indicar más intervenciones sanitarias y, por supuesto, su actividad pública será incompatible con la privada; las relaciones con la industria se producirán en contextos altamente controlados donde se eliminen los conflictos de interés. La cruz será la falta de capacidad de elección del usuario y las listas de espera; la cara, un sistema no centrado en las tecnologías sino en la deliberación médico paciente y el cuidado, y no medicalizador ni medicalizado (otros profesionales tendrán tanto o más valor que los médicos, como enfermería, trabajadores sociales, psicólogos, terapéutas ocupacionales, nutricionistas, etc..)

Es verdad que como dice Gérvas, en una especie de justicia divina, los ricos que acuden a la medicina privada tienen su castigo en forma de sobrediagnóstico y sobretratamiento pero, también es cierto que, la única manera de proteger a los pobres y a los sensatos de las garras del negocio de la salud va a requerir la incompatibilidad de la práctica público y privada. R

En suma,

(1) la práctica privada de la medicina implica (inevitablemente) una peligrosa deriva anti-ética;

(2) la compatibilidad de la actividad público y privada -además de intoxicar la labor pública, generar peligrosos incentivos a la sobreindicación, el sobrediagnóstico y la estafa-, impide que el sistema público proteja adecuadamente a los pobres y a los sensatos de las garras del mercado de la salud

(3) Podría ser interesante explorar la teoría de los dos mundos y valorar las consecuencias sociales, políticas y/o profesionales que conllevaría.

 

Ahora, la prometida traducción del texto del Dr Dean, «Private practice is unethical—and doctors should give it up»:

«Pregunta a cualquier fumador: la última persona con la que quieren estar es con alguien que acaba de dejar de fumar. Percibo un malestar similar entre algunos de mis colegas ahora que he renunciado a la práctica médica privada. Al igual que un católico no practicante rechazado por el sacerdocio, me he convertido en un apóstata.

Siempre he sido ambivalente acerca de la práctica privada pero se había vuelto cada vez más incómoda. Hasta que me di cuenta de que, en conciencia, no podía seguir con élla. No importa lo alto que me hubiera puesto mis propios estándares morales y éticos; la cuestión es que no podía escapar del hecho de que yo estaba involucrado en un negocio donde la conducta de algunos era tan inmoral, que rayaba lo criminal: los codiciosos se aprovechan de los más necesitados.

El negocio de la medicina y la práctica de la medicina son incompatibles. La medicina privada alienta a los médicos a tomar decisiones sobre la base de beneficios económicos en lugar de la necesidad de los enfermos….

El dinero es la raíz de todo

¿Entonces por qué comencé a trabajar en la privada? Para empezar, decidí que necesitaba el dinero para renovar la casa, educar a mis hijos y así sucesivamente. Y yo estaba seguro de que sería capaz de mantener mi actividad privada separada de mi trabajo público en el NHS. Atendía a mis pacientes privados después del trabajo de la pública. Pero se hizo cada vez más difícil según aumentaba mi actividad privada y la contaminación se hizo inevitable.

Dejó de ser ganarse la vida para convertirse en un negocio. Por supuesto, la práctica privada tien recompensas no meramente económicas: tenía más tiempo para los pacientes, conocí a algunas personas muy interesantes y he hecho buenos amigos, lo que no habría sucedido si hubiera restringido mi actividad exclusivamente al trabajo del NHS. Pero el hecho ineludible es que el dinero estaba en la raíz de todo. Esto es extraño, porque yo nunca anhelé un coche Maserati o un chalet en los Alpes suizos…

La realidad es que la actividad privada tiene efectos nocivos directos sobre el la pública. Un médico que quiera estar al día no puede estar en dos lugares a la vez; así que el tiempo de permanencia en el sector privado priva al NHS de un recurso valioso. La medicina privada es un lugar solitario: no se tiene el apoyo de un equipo como en el NHS. Los problemas clínicos son difíciles de discutir con los colegas (después de todo, los problemas son suyos y te pagan por solucionarlos). En el sector privado, los colegas de la pública son por lo general sus competidores.

Y, seamos sinceros: todo el negocio es en gran parte una estafa. Los pacientes creen que el pago implica una medicina de mayor calidad; pero, igual que pagar más por el champú con vitaminas añadidas, la promesa es mucho mayor que la realidad. Los ricos y famosos pueden utilizar las instalaciones privadas para esconderse de la mirada pública; pero para la mayoría de los pacientes privados «ordinarios», sin embargo, la principal ventaja es simplemente poder saltarse las colas del NHS. Los hospitales privados son como hoteles de cinco estrellas, pero en su mayor parte no son un buen lugar si estás realmente enfermo.

Disonancia cognitiva

El aspecto más pernicioso de trabajo médico privado, sin embargo, es el efecto indirecto que tiene sobre la práctica pública. Es difícil justificar someter a los pacientes privados a pruebas y tratamientos innecesarios si se evita hacer lo mismo con los pacientes del NHS. Así que, para aliviar el estrés de esta disonancia cognitiva, uno acaba utilizando el mismo sistema en ambas prácticas. Además, la práctica privada crea un incentivo perverso para aumentar los tiempos de espera: cuánto más largas sean las colas, más negocio para la privada. Por eso, las especialidades con cortos tiempos de espera, como la oncología, ofrecen poco trabajo privado. Los celos sobre los ingresos privados es, además, una importante fuente de conflicto entre médicos en muchos hospitales.

Sé lo que algunos estarán pensando: ¿qué hay de malo en hacer un trabajo extra en el propio tiempo libre? El problema no es la actividad extra sino el conflicto inevitable con el trabajo principal.

No echo de menos la práctica privada. Quitarse la carga es liberador. Y me parece que el tiempo que he ganado es mucho más valioso para mí que el dinero extra. ¿Es una hipocresía sentarme encima de la pila de dinero que he ganado y pretender tener la autoridad moral? Tal vez, pero siento haberlo hecho. Tal vez hubiera sido más fácil si no me lo hubieran permitido. Tal vez los políticos sanitarios deberían trazar una línea infranqueable entre la medicina privada y la pública y obligar a los médicos a elegir.

 

Información enviada SURCOS Digital por Rafaela Sierra.

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Aprendizaje y sensibilización caracterizaron congreso sobre cuidados paliativos

Esteban Cubero Hernández,

Periodista Vicerrectoría de Acción Social

Aprendizaje y sensibilización caracterizaron congreso sobre cuidados paliativos
Como parte de las actividades del Congreso se analizaron algunas películas de cine como el filme español «Mar Adentro», ganador del Oscar a mejor película extranjera en el año 2004.

Costa Rica ocupa el primer lugar de Latinoamérica y el tercer lugar del mundo en atención de cuidados paliativos, “es el modelo que están siguiendo todos los países centroamericanos y latinoamericanos”, indicó el M.Sc. José Solano Picado, enfermero del Centro Nacional de Control del Dolor y Cuidado Paliativo de la Caja Costarricense del Seguro Social (CCSS).

Con el fin de reflexionar sobre las experiencias y avances en Enfermería Paliativa y manejo del dolor, la Universidad de Costa Rica (UCR) realizó el I Congreso Internacional de Enfermería Paliativa y Manejo del Dolor: avances desde una perspectiva integradora.

La actividad se llevó a cabo a mediados del mes de junio, en el Auditorio de la Ciudad de Investigación de la UCR, y fue organizada por la Escuela de Enfermería, el Programa de Investigación en Enfermería (PROINE) y el ED-1539 “Programa de Educación permanente de la Escuela de Enfermería”, en conjunto con el Centro Nacional de Control del Dolor y Cuidado Paliativo.

La coordinadora del PROINE y una de las organizadoras del Congreso, la M.Sc. Mary Meza Benavides comentó que los propósitos de la actividad eran “sensibilizar a profesionales de la salud en general en el tema de los cuidados paliativos, el manejo del dolor y, además, actualizar en los últimos avances, principalmente sobre la temática del dolor, el duelo y el proceso de muerte”.

Aprendizaje y sensibilización caracterizaron congreso sobre cuidados paliativos2
Dr. Javier Rojas Elizondo, M.Sc. Mary Meza Benavides, Dr Alonso García Hernández (invitado de España) y Licda. Francini Espinoza Marín participaron en el congreso (foto Esteban Cubero).

La M.Sc. Marianela Carrillo Villegas, enfermera del Hospital San Juan de Dios, también participó en el Congreso. “Cada uno de los que salimos de aquí hoy llevamos mucho conocimiento, se nos ha dado información importante; se ha fomentado la empatía, los valores y también se nos ha visto a nosotros como personas. Somos personas que tratamos a otras personas”, mencionó la enfermera.

Los cuidados paliativos en el cine

“Cine y cuidados paliativos, asociado al arte de comunicar en enfermería” a cargo del Dr. Javier Rojas Elizondo, fue una de las conferencias finales del congreso.

Aprendizaje y sensibilización caracterizaron congreso sobre cuidados paliativos3
Algunas de las personas participantes disfrutaron de varias actividades físicas y de interacción social en el congreso que se realizó el 17, 18 y 19 de junio (foto Esteban Cubero).

“El cine tiene que ver con la vida, la vida de las personas”, reflexionó el Dr. Rojas, y comentó que el cine ayuda a ponernos en los zapatos del otro, a sentir el dolor de la otra persona, elementos que son fundamentales en los cuidados paliativos.

Entre las películas mencionadas por el médico destacan el filme de origen francés “La escafandra y la mariposa”, estrenada en el año 2007; “Amar la vida”, cinta inglesa del año 2001, y “La teoría del todo”, filme estrenado el año pasado y que le otorgó a Eddie Redmayne el Oscar como mejor actor.

El ponente le dio especial énfasis al largometraje español “Mar Adentro”, dirigido en el año 2004 por el popular cineasta Alejandro Amenábar, que ganó el premio de la academia a mejor película extranjera. Esta obra cuenta la historia de un hombre que tiene 30 años de estar parapléjico tras un accidente, por lo cual desea que le practiquen la eutanasia. En efecto el filme, basado en una historia de la vida real, fue fundamental en la aprobación de la eutanasia en España.

“Definitivamente es necesario ver esas películas como herramienta de reflexión y discusión para fortalecer y adentrarse en lo que es el mundo de los cuidados paliativos, porque tener sensibilidad, empatía y compasión hacia las otras personas marca la diferencia”, puntualizó Gabriela Roja Ortiz, estudiante recién graduada de enfermería de la UCR.

Finalmente, la organizadora rescató que uno de los retos principales luego de este congreso consiste en consolidar una asociación de profesionales en esta área de la enfermería, cuyo propósito será realizar más actividades en conjunto, que puedan ser de beneficio para el sector.

 

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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Inicia plan de movilizaciones por conflicto de la salud en Barva de Heredia

“Alianza Cantonal Barveña por la Defensa del Derecho a la Salud” inicia plan de movilizaciones a nivel cantonal este viernes 12 de junio del 2015

Cronología hechos CCSS2

Con la celebración del Foro cantonal sobre la situación actual y perspectivas del servicio de salud en Barva, la Alianza Cantonal inicia una serie de actividades de movilización encaminadas a exigir que la Junta Directiva de la Caja Costarricense del Seguro Social asuma de una vez por todas la prestación del servicio de la salud y que se ordene la salida de la empresa COOPESIBA del cantón. El Foro está programado para las 6 y 30 minutos de la tarde del próximo viernes 12 de junio en las instalaciones de la Casa de ANDE, ubicadas 150 metros al sur del edificio Municipal.

La Alianza Cantonal Barveña ha decidido iniciar este proceso de movilización ciudadana de los usuarios afectados mediante la celebración de este foro en medio de una coyuntura marcada por el hecho de que las instalaciones del área de salud del cantón están en proceso de construcción, el 18 de diciembre del presente año vence el contrato entre la Caja y la empresa COOPESIBA que presta los servicios de atención de salud en los diez EBAIS del cantón y en este año han salido a la luz pública informes de la Auditoría y de la Contraloría internas de la CCSS sobre el funcionamiento irregular de la empresa.

El Lic Fredy Humberto Vargas Chavarría, uno de los abogados de la Alianza, manifestó que el Informe de la Auditoría Interna de la Caja No. ASS-03-2015 de fecha 10 de febrero del 2015 titulado “Estudio sobre la gestión en la prestación de los servicios integrales de salud en el primer nivel de atención reforzado en el Área de Salud de Barva” es claro, categórico y contundente en el sentido de que la empresa COOPESIBA es culpable de una serie de graves y sensibles incumplimientos de las obligaciones contractuales y de violación de numerosas leyes nacionales; la Junta Directiva de la Caja, en el ejercicio de las potestades de imperio que le asisten, la prevalencia del interés público y la cláusula del Convenio está en la obligación de resolver de manera unilateral el contrato con la empresa e iniciar un procedimiento administrativo para identificar a los funcionarios que consintieron que estas irregularidades se presentaran.

Señaló que entre los más graves incumplimientos en que ha incurrido la empresa y documentados en el informe de la Auditoría, destacan:

De cada diez horas de especialidades médicas solo una se destina para atención directa al usuario y las otras son para capacitación y reuniones internas de la cooperativa; ausencia de un médico internista, lo que afecta a un segmento de la población muy frágil que son personas mayores y de la tercera edad con padecimientos crónicos como diabetes, hipertensión, alzhéimer, presión alta, a pesar de que la Caja lo ha venido pagando desde el año 2011; largas listas de espera, prácticamente en todos los servicios, por ejemplo para el 31 de octubre del 2014, había 219 en ginecología y 908 en psicología y para practicarse un electrocardiograma fue de 182 días.

Vargas Chavarría dijo que en el peor de los casos la Junta Directiva no debe prorrogar el convenio con la empresa, el cual vence el próximo 18 de diciembre del año 2015 y en su lugar, adoptar las medidas necesarias de transición para que la Caja, de una vez por todas, asuma la prestación del servicio de salud, como ordena el artículo 73 de la Constitución Política.

La dirigente Dorisa Ballestero de la Alianza Cantonal manifestó que la población está cansada de recibir un servicio deficiente y de mala calidad y de la campaña de mentiras que ha montado la empresa para proteger sus negocios y señaló que las condiciones de prestación del servicio son un desastre, frente a lo cual la Alianza ha acordado que la lucha no se detendrá hasta que la Junta Directiva ordene la salida de la empresa COOPESIBA de Barva de Heredia.

La dirigente recordó que además de los incumplimientos mencionados, la empresa incumple la Ley 8239 deberes y derechos de las personas usuarias de los servicios de salud públicos y privados, ya que ante el miedo de ser denunciada, la empresa ha quitado todos los rótulos y avisos informativos sobre los derechos que les asiste y la existencia de las Contralorías de servicios ordenados por los artículos 22 del reglamento de la Ley y el inciso a de la Ley.

Además indicó que la empresa viola el ordenamiento jurídico con el consentimiento de las altas autoridades de la Caja ya que no ha construido las mejoras y adaptaciones en sus instalaciones que ordena la ley 7.600 contra la discriminación de las personas con discapacidad, bajo el argumento de que los costos de las mejoras y las obras no se los reconoce la Caja.

La Alianza está integrada por el Foro Cantonal Barveño por la Defensa del Agua, las asociaciones de desarrollo de los seis distritos y la Unión Cantonal, la Juventud del Frente Amplio, los Partidos Barva Unida y Acción Ciudadana, la asociación ambientalista SHURAKMA, el Club de Leones de Barva, La Comisión Especial Municipal Junta Interventora del Acueducto Municipal de Barva, el Sindicato Unión Médica Nacional y vecinos del cantón en general.

Para mayor información comunicarse con el Lic. Fredy Vargas Chavarría al teléfono 83022347 y Dorisa Ballestero al teléfono 84322189.

 

Enviado a SURCOS Digital por Fredy Vargas Chavarría.

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UCR: Biblioteca virtual en población y salud estrena nuevo repositorio digital

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En la nueva Biblioteca Virtual de Población y Salud es posible encontrar mapas, bases de datos bibliográficas, bases de datos a texto completo, bases de microdatos, libros, folletos, trabajos finales de graduación, publicaciones periódicas, artículos científicos e informes de investigación (ilustración elaborada por Jorge Carvajal).

Daniela Muñoz Alvarado,

Centro Centroamericano de Población

 

A partir del mes de mayo, la Biblioteca Virtual en Población y Salud (BVPS), del Centro Centroamericano de Población (CCP), relanzó su sistema de información a través de un repositorio digital, donde los visitantes podrán encontrar más de 800 documentos digitales a texto completo en temas de: salud pública y población, estadística, demografía, historia, economía, sociología e incluso informática.

Con la iniciativa de dar una mayor y mejor accesibilidad a la información de calidad en estos temas, esta biblioteca fue creada en el año 2001, a través de una serie de esfuerzos realizados por el CCP desde su año de creación en 1995.

Las personas encargadas de la construcción de este acervo tuvieron la necesidad de agrupar y organizar no solamente todos los recursos de información que generaban sus investigadores, sino también toda la información que había en la web y en otras instituciones sobre salud y población. De esta forma fue como en 1996 el CCP lanzó su página web y puso a disposición del público el primer catálogo bibliográfico en línea del país.

Es así como, desde su creación como proyecto de investigación, es posible encontrar en la BVPS todo tipo de recursos de información tales como bases de datos bibliográficas, bases de datos a texto completo, bases de microdatos, libros, folletos, trabajos finales de graduación, publicaciones periódicas, artículos científicos, informes de investigación, entre muchos otros. Asimismo, la BVPS cuenta con 250 mapas en su mapoteca digital.

La biblioteca utilizaba desde sus inicios el software para la gestión de archivos digitales WinIsis, sin embargo esta plataforma ya no cumplía con las necesidades actuales del centro y sus usuarios; por lo tanto, los investigadores del proyecto tomaron la decisión de trasladar la colección al software de gestión de repositorios DSpace.

En este sentido, el director del proyecto M.Sc. Ricardo Chinchilla indicó que “DSpace es mucho más eficiente y de última generación. El acceso a la información y su gestión será mucho mejor y permitirá compartir información por medio de las facilidades que nos da la interoperabilidad con otros repositorios”.

Este software, que es de acceso libre y abierto y es el utilizado en los repositorios institucionales de la Universidad de Costa Rica, permite la creación y generación de colecciones, la administración de recursos en texto completo, con búsquedas mucho más versátiles en diferentes niveles. Todo esto con una interfaz mejorada y accesible para los usuarios.

De esta manera, la idea en el futuro es que la biblioteca puede conectarse con otros repositorios institucionales como Kerwá.

Actualmente, la encargada de la biblioteca Alejandra Escalante está trabajando en la depuración del repositorio para incrementar la cantidad de documentos disponibles.

 

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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Comentarios de José María Gutiérrez ante Foro Universitario sobre Facultades de Odontología y Microbiología

Odontología y Microbiología evidencian sus aportes7

El Dr. José María Gutiérrez, reconocido profesor e investigador de la Facultad de Microbiología y subdirector del Instituto Clodomiro Picado (ICP) en su intervención en la tercera sesión del Primer Foro Institucional 2015 “La Universidad de Costa Rica: Aportes para el fortalecimiento del Estado Social de Derecho, la institucionalidad democrática y las garantías sociales”, planteó un acercamiento mayor entre unidades académicas con formas de trabajo versátiles, integradoras e interactivas, inter y trans-disciplinarias, las cuales son fundamentales para poder llegar a ser más productivos en la generación y transmisión de conocimientos y para favorecer sinergias e interacciones y lograr formas más generosas de convivencia.

Este llamado a la reflexión sobre la estructura y funcionamiento institucional y sobre los valores esenciales que la rigen son necesarios en el marco del complejo escenario de la educación superior costarricense y de la celebración en este año del 75º aniversario de la Universidad de Costa Rica, según lo puntualizó Gutiérrez, el pasado 20 de mayo, en el auditorio de la Facultad de Educación.

 

Siga el enlace para leer la exposición completa del Dr. José María Gutiérrez, quien la envió a SURCOS Digital:

Comentarios preparados por José María Gutiérrez

 

 

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El maltrato infantil es resultado de negligencia familiar e institucional

El maltrato infantil es resultado de negligencia familiar e institucional
El foro organizado por PRIDENA fue un espacio de discusión y análisis entre los especialistas y el público presente sobre la violencia infantil como uno de los graves problemas que como sociedad está teniendo el país y que debe abordarse de manera urgente (foto María Peña).

Foro de PRIDENA en el Día Internacional de la Familia

 

María Encarnación Peña Bonilla,

Periodista Oficina de Divulgación e Información

 

  • Desaprovechamiento de coordinación inter-sectorial, sobre todo SALUD/PANI.
  • Pérdida de credibilidad en institucionalidad que debe velar por la protección.
  • No existe política gubernamental de prevención.
  • Acciones políticas predominantes respecto al tema de protección y el tema de violencia priorizan un manejo represivo.

 

Sin duda alguna la negligencia, tanto de parte de las familias, como de parte de algunas instituciones y políticas públicas en Costa Rica, contribuyen con las diferentes expresiones de violencia infantil que se están manifestando en la sociedad costarricense. Así de categórica fue la conclusión en la cual coincidieron los especialistas en materia de niñez y adolescencia que participaron el pasado 15 de mayo en un foro para analizar el tema, organizado por el Programa Interdisciplinario de Estudios y Acción Social de los Derechos de la Niñez y la Adolescencia (PRIDENA) de la UCR.

El maltrato infantil es resultado de negligencia familiar e institucional2
Dr. Mariano Rosabal Coto: “Hay avances, pero no se dan todas las respuestas necesarias, posibles, ni pertinentes; siguen siendo respuestas centradas en atención, penalización, institucionalización y esto que desgasta al sistema” (foto María Peña).

Durante el foro los especialistas invitados abordaron diferentes aspectos en torno a la violencia infantil: sus detonantes, sus consecuencias individuales y colectivas, los diferentes contextos familiares y sociales, las instituciones del Estado que deben atender el tema y proteger a los infantes; la situación actual de las familias en el país, las prácticas de crianza y los procesos sociales, económicos y demográficos que afectan a este importante núcleo de la sociedad.

Violencia como hechos, no como condición de vida

Según detalló el Dr. Mariano Rosabal Coto, del Instituto de Investigaciones Psicológicas de la UCR (IIP) las principales raíces identificadas sobre la violencia contra niños y niñas, están vinculadas a la llamada negligencia (parental), en sus contextos de crianza, así como con el ejercicio de la disciplina y/o autoridad parental

La sociedad ha visibilizado la violencia como hecho, en detrimento del abordaje de la violencia como condición de vida, como estructura, destacó Rosabal. Y agregó que las políticas de prevención, atención y protección en el área de violencia intrafamiliar priorizan el enfoque de género, diluyendo la primera infancia y su contexto. “Los esfuerzos se han centrado en la protección post-facto de niños y niñas víctimas, no en la reeducación de estructuras básicas de las familias; educar contra la negligencia y otro tipo de prácticas no penalizadas, implica orientarse a la prevención.”

El maltrato infantil es resultado de negligencia familiar e institucional3
Según Cecilia Villarreal, en materia de violencia infantil es necesario tener un abordaje desde la diversidad de las familias y procurarles una capacidad de auto organización según los roles; además de reconstruir el paradigma de la culpa (foto María Peña).

Ante tal realidad los retos de nuestra sociedad para enfrentar la violencia infantil son, a criterio de Rosabal, muy puntuales: visibilizar a la primera infancia, tener claro cómo las formas predominantes de disciplina se basan o legitiman diversas formas de violencia, recuperar la credibilidad en cuanto a la labor de protección en el PANI, incorporar a la primera infancia en los planes del MIDEPLAN, enfrentar los vacíos en cuanto a políticas y acciones relativas a recreación y tiempo libre, optimizar los sistemas monitoreo.

Urge una política pública de familia en Costa Rica

La catedrática de la Escuela de Orientación de la UCR, Cecilia Villarreal, destacó que es necesario desmitificar el concepto de familia que tradicionalmente ha sido nuclear y sexista; además de reproductor de patrones de relaciones de generación a generación; y construir un paradigma de diversidad y complejidad que posibilite a la familia educar en convivencia democrática, bajo principios de pertenencia (identidad) de orden, compromiso y responsabilidad según el rol que cada quien tiene dentro de la familia.

Pero, por otro lado, también enfatizó Villarreal, hay otros sectores de la sociedad que deben de cumplir también con su función particular ante el tema de la violencia infantil y cuestionarse seriamente qué están haciendo ante esa dolorosa y multifactorial realidad en la que muchos niños y niñas viven su día a día.

El maltrato infantil es resultado de negligencia familiar e institucional4
El público estuvo conformado por estudiantes de la UCR, profesionales en orientación, funcionarios del PANI, psicólogos, psiquiatras, funcionarios de CEN/CINAIS, entre otros interesados directos en el tema de violencia infantil (foto María Peña).

“Las políticas públicas en el país desmiembran a la familia”, aseveró la especialista, puesto que pretenden atender o asumir a los integrantes de la familia como sujetos independientes: infantes, adolescentes, mujeres, personas ancianas. Lo cual ha dado como resultado recursos y servicios públicos descoordinados por sectores o por problemas y la ausencia de una política pública para la familia como un todo. “Es urgente en Costa Rica una política pública de familia para redimensionar y re abordar la violencia contra nuestra niñez y enfrentar la negligencia tanto familiar como institucional”

La indiferencia parental

Para Carmen María Castillo Porras, coordinadora de PRIDENA, el control y la exigencia parental son elementos clave en la interacción a lo interno de la familia y para prevenir la violencia infantil. Las familias con rasgos de negligencia y falta de compromiso y alta indiferencia parental para los hijos no pueden fomentar prácticas de crianza adecuadas para los niños y prever el abuso.

Y por el ámbito macro social de la familia, agregó la coordinadora, debemos preguntarnos qué le enseñamos a padres y cuidadores desde la institucionalidad con que cuenta el país, y si sabemos responder desde esos programas y políticas públicas a la diversidad de la población que se atiende, ya que ha habido cambios importantes en las prácticas de crianza que impactan el desarrollo de niños y niñas, lo que obliga a reconstruir viejas ideas en las prácticas de crianza.

 

Prácticas disciplinarias y violencia física

 

Prácticas disciplinarias y violencia física

Figuras parentales son ambivalentes en relación a castigo físico: se rechaza de palabra pero se legitima su uso

Opinión sobre uso del castigoFuente: Paniamor et al (2010); Rosabal-Coto, (sp); Elizondo & Peña, (2014)

 

TIPOLOGÍA DE VIOLENIA CONTRA LA INFANCIA

  • Violencia en ámbito familiar
  • Negligencia
  • Maltrato
  • Violencia en Centros educativos
  • Deserción escolar
  • Violencia escolar
  • Violencia Sexual
  • Relaciones impropias adultos-niñas (embarazo adolescente)
  • Violencia en Espacios Públicos (Comunidad)
  • Violencia asociada a Tráfico de Drogas
  • Consumo de drogas
  • Violencia económica
  • Trabajo infantil / explotación comercial
  • Violencia por explotación sexual comercial y trata
  • Violencia social
  • Niñez que vive y trabaja en la calle
  • Pandillas
  • Violencia cultural
  • Discriminación étnica

 

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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