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Etiqueta: variabilidad climática

Cambio climático y caficultura, una relación compleja

Autores*:
Wilson Picado Umaña
Gerardo Jiménez Porras
Rafael Díaz Porras
Antonio Delgado Ballesteros

Existe un gran debate sobre el peso del cambio climático en la distribución de la vida vegetal en el planeta. La pregunta que predomina es si el aumento de las temperaturas o el cambio en la estacionalidad de las lluvias llevarán al límite a las plantas y árboles, desplazándolos de sus agroecosistemas habituales.

En muchos lugares y, en muchos casos, la respuesta a esta pregunta está puesta ya sobre la mesa. El aumento de temperatura está provocando la desaparición de especies, mientras que en cuanto a las plantas y arbustos domesticados, con valor de mercado, las variaciones climáticas extremas causan trastornos en las cosechas y el cultivo en general.

El café es uno de los productos vegetales más importantes del mercado, sino el que más. Está cultivado en todo el mundo tropical de Occidente y Oriente, en diversos pisos altitudinales y bajo diferentes sistemas de producción, algunos orgánicos y campesinos, otros convencionales. Es una de las bebidas insignia de la cultura moderna, es casi una “estrella pop” del mundo en el que vivimos. La bebemos no solo a diario, en casa, sino que además es una experiencia social tanto como ir al mall o al cine.

Todo esto explica el enorme interés que existe por adentrarse en la relación entre este cultivo y el clima. Sin embargo, analizar el impacto del cambio climático en nuestras caficulturas es un desafío. Lo es, en primer lugar, porque es importante entender no únicamente la forma como el cambio climático afecta la producción, sino también la forma como este proceso afecta la vida de la gente que habita y trabaja en los territorios cafetaleros.

En este sentido, no solo la ecología o la economía importan, importan además lo social y lo cultural. Somos seres económicos en cuanto a lo que producimos, tanto como ecológicos en cuanto al contexto ambiental en el que desarrollamos dicha producción.

Y somos seres sociales y culturales en tanto somos capaces de crear vínculos de identidad, de trabajo y de intercambio alrededor de las plantaciones de café. El cambio climático puede modificar los flujos de trabajo temporal, ampliando los ciclos de cosecha o acortándolos. Puede cambiar la composición varietal de los cafetales y sus sistemas de sombra, intensificar el calendario anual de labores o favorecer la aparición de nuevas plagas y enfermedades, entre otros efectos. El cambio climático puede reconfigurar una cultura y un paisaje cafetalero.

En segundo lugar, el impacto del cambio climático se asemeja a un sistema complejo. Hay muchas variables de distinta naturaleza jugando al mismo tiempo: climáticas, agronómicas, productivas, sociales, ecológicas, tecnológicas e incluso hasta políticas. Y en cada uno de estos campos hay otras decenas o cientos de pequeñas variables, cada una de éstas con posibilidad de incidir sobre la evolución del sistema por completo. La cantidad posible de interrelaciones entre estas variables es casi inabordable.

Dicha complejidad nos aleja de cualquier posible explicación mono causal. O, al menos, nos lo advierte. Al estudiar este fenómeno en la caficultura nos vemos inmersos en dinámicas multifactoriales donde el factor de la lluvia, si es escasa o excesiva, es tan relevante para explicar el desplazamiento territorial del grano tanto como la decisión de una productora o de un productor en una coyuntura determinada. O la evolución del mercado de la tierra, o la disponibilidad de pastizales, o la introducción de nuevas variedades de cultivo, entre otros tantos factores.

El cambio climático en café interactúa en un sistema social y agroecológico preexistente, donde muchos de sus factores iniciales mantienen una enorme capacidad de incidencia y de transformación. No son factores pasivos ni predeterminados estrictamente por la variación climática. Un sistema, además, que no es producto del presente, sino de decisiones productivas, de políticas públicas y de transformaciones ecológicas ocurridas en el pasado, a lo largo de años y décadas.

Esto debería de alejarnos de cualquier “visión de túnel”. Es decir, de cualquier perspectiva que focalice sus explicaciones estrictamente alrededor de una variable o factor, o de un campo disciplinario.

Siempre se ha dicho que la investigación interdisciplinaria, con participación comunitaria y de largo plazo es el mejor antídoto para este tipo de visiones. De seguro que sí. Pero resulta que este es un sistema complejo tan difícil de poner en práctica en nuestras comunidades de investigación públicas y privadas casi tanto como lo es entender el sistema del cambio climático como tal.

(*) Investigadores del Proyecto “Cambio climático y relocalización del café en Los Santos, Costa Rica”, CINPE, Escuela de Historia y Escuela de Sociología, Universidad Nacional, Costa Rica.

Imagen de cabecera: Quemas en el cerro El Abejonal, León Cortés. Marzo de 2025.

En la imagen de la izquierda se puede ver nuevos sembradíos de café en el Cerro La Laguna, Tarrazú (mayo de 2024). En la de la derecha se aprecia la tala de bosque secundario en Cerro La Laguna, Tarrazú (mayo de 2024).

Comunicación pública sobre el calentamiento global antropogénico puede distorsionar prioridades ante desastres

Calentamiento global antropogénico y comunicación social: El esfuerzo de Costa Rica para ser ‘modelo y líder mundial’” es el título de la presentación elaborada por Sergio Mora Castro y Gerardo J. Soto, en la que proponen diferenciar con mayor claridad el calentamiento global antropogénico (CGA), el cambio climático y la variabilidad climática (VC), especialmente cuando se discuten desastres, gestión del riesgo y políticas públicas.

La ponencia, convocada por el CGCR (Colegio de Geólogos de Costa Rica) y el Comité Costarricense de Ingeniería Geológica y del Ambiente (COCIGA), sostiene que parte del debate público tiende a explicar los desastres como consecuencia directa del CGA, cuando —según el enfoque desarrollado por los autores— el daño social y material suele estar determinado en gran medida por la vulnerabilidad y la forma en que se gestiona el riesgo en territorios expuestos.

En dos afirmaciones que los autores presentan como eje de crítica comunicacional, señalan que figuras mediáticas, funcionarios internacionales, políticos y activistas atribuyen al CGA desastres que estarían vinculados principalmente a la vulnerabilidad frente a la variabilidad climática; y agregan que muchas de esas intervenciones —a su juicio— carecen de criterios rigurosos, lo que confunde a la opinión pública e incide en decisiones y prioridades.

A partir de la segunda mitad del documento, Mora y Soto profundizan en cómo se construyen los mensajes sobre clima y riesgo en el espacio público. Plantean que existe una cadena de transferencia de información —desde ciencia especializada hasta cobertura mediática— donde pueden aparecer filtros, simplificaciones y sesgos, lo cual afecta la comprensión social de los problemas y puede derivar en políticas desconectadas de las necesidades más urgentes de gestión del riesgo.

El texto también cuestiona la forma en que ciertos espacios internacionales de negociación climática concentran atención y recursos, pero sin integrar suficientemente la gestión del riesgo y otras prioridades del desarrollo. Desde esta perspectiva, los autores advierten que el debate climático puede volverse un terreno de retórica, espectacularización o polarización (entre alarmismo y negacionismo), en vez de promover decisiones informadas y verificables.

Finalmente, la presentación cierra con un conjunto de conclusiones y recomendaciones que insisten en mejorar la comunicación social del riesgo, evitar explicaciones simplificadas de los desastres y fortalecer enfoques integrados que articulen ciencia, planificación territorial, inversión pública y reducción real de vulnerabilidades.

Las lluvias de abril

Wilson Picado Umaña
Rafael Díaz Porras
Gerardo Jiménez Porras
Antonio Delgado Ballesteros
Investigadores del Proyecto “Cambio climático y relocalización del café en Los Santos, Costa Rica”, CINPE, Universidad Nacional, Costa Rica.

Quizás ustedes también han escuchado este refrán: “Las lluvias de febrero se van para el sombrero, las lluvias de marzo se van para el canasto y las lluvias de abril se van para el ferrocarril”. Habla del café, de su cosecha. De la relación entre la cosecha y las lluvias.

Sin decirlo, habla de la floración del café, de la “florea” del café, mejor dicho. De su ocurrencia en tres de los meses más secos del año en Costa Rica. O los más secos, para ser precisos. De la importancia de la florea en la cosecha de café dependiendo del mes en el que ocurra. Y habla de la figura del ferrocarril, del mercado, del puerto. El dinero y la bonanza que deparaba una gran cosecha.

Es un refrán sabio, como suele pasar con estos. Trata de procesos y datos que hoy desvelan a la ciencia, al gobierno y a la ciudadanía: la relación entre el clima y la producción agrícola. Habla de la oportunidad de las lluvias, de su justa ocurrencia para que la florea de café anticipe una buena cosecha, canastos llenos y ferrocarriles a rebosar.

Pero habla además de la incertidumbre. De lo que puede pasar si llueve antes o después, en mal momento, en el mes y de la forma menos indicada. Que la florea sea buena o mala.

Como otros cultivos, el café es una actividad muy sensible a las variaciones climáticas. Y como otros cultivos, los expertos pintan un futuro complicado debido al impacto del cambio climático. Abundan las proyecciones. Algunas afirman que en 2050 desaparecerá el 50 por ciento de las tierras más aptas para café del mundo. Otras, que será un futuro de pérdidas para algunas regiones y de ganancias para aquellas donde las variaciones climáticas sean menos acentuadas.

Se dice que el café arábica perderá y que el robusta ganará. Sin embargo, otros estudios advierten que la variabilidad climática afectará a los dos.

Los territorios del café se moverán en el futuro, quizás por el clima, quizás por una mezcla de factores climáticos y de mercado. El café siempre ha estado en movimiento a través de su historia. Véase un ejemplo. Hasta 1950 la mayor parte del café cultivado en Costa Rica estaba situado en el Valle Central. Cuatro o cinco décadas después, el paisaje era otro: buena parte del territorio cafetalero estaba distribuido entre Occidente, Los Santos, Pérez Zeledón, Coto Brus, la Península de Nicoya y la zona norte del país.

Presionado por la urbanización y el auge de nuevos sectores en la economía, el café encontró suelos y climas óptimos más allá de la capital. Y creció. Muchísimo.

Sin embargo, incluso en esas tierras de expansión, el área cultivada se ha reducido poco a poco en los últimos años. En 2001, de acuerdo con datos del CATIE y del ICAFÉ, el país contaba con unas 113229 hectáreas de café. Apenas unos años después, el censo cafetalero del ICAFÉ demostró que dicha mancha había disminuido a unas 98 mil hectáreas entre 2003 y 2006.

Y siguió bajando. En 2012, el área era de unas 93774 hectáreas, mientras que en 2017-2018 era de unas 92652 hectáreas. A excepción de Coto Brus, Pérez Zeledón y, sobre todo, Los Santos, en el resto del país la extensión cultivada del grano ha caído en las últimas dos décadas.

Donde todavía crece el área de cultivo, lo hace buscando las montañas y, en menor medida, buscando las tierras bajas y cálidas. Entre 2012 y 2017-2018, según datos del ICAFÉ, más de 2 mil hectáreas de café fueron cultivadas por encima de 1400 metros de altura, especialmente en regiones como Los Santos. Y en esta misma región, y en otras, nuevos cafetales han sido plantados bajo los 1000 metros sobre el nivel del mar.

El café se mueve, como ha pasado desde el siglo XIX y lo seguirá haciendo en el siglo XXI. Lo hará, sin embargo, en distintas circunstancias. Hay nuevas certidumbres en el sector: nuevas variedades, nuevos tipos de café y mercados, una participación mayor de las y los productores en la cadena de valor, múltiples iniciativas empresariales de pequeña y gran escala, y una cultura de la calidad que enorgullece a cada una de las regiones cafetaleras.

Pero también hay nuevas incertidumbres: las lluvias inusuales que causan enormes pérdidas en la cosecha, el impacto de los huracanes y las sequías, la migración del café a las tierras altas y su impacto ambiental, la transición generacional, las condiciones laborales del trabajo inmigrante y la convivencia no siempre pacífica entre el cafetal y el bosque en ciertas regiones del país, entre otras.

Se trata del cambio climático, seguro que sí. Pero, asimismo, se trata de un cambio estructural del sector no solo desde el punto de vista del mercado o de las instituciones, sino también social y ambiental.

A pesar de esto, se sabe mucho para enfrentar aquello sobre lo cual abundan las dudas en el futuro. El país cuenta con un extraordinario conocimiento acumulado sobre el café en las manos de las y los productores, de los micro y grandes beneficios, de las cooperativas y empresas privadas, y de la institucionalidad alrededor del ICAFÉ.

El refrán de las lluvias de abril habla de la incertidumbre. Pero, si lo leemos bien, también habla de la certidumbre, del conocimiento sobre lo que puede pasar ante la variabilidad no esperada. Es una breve reflexión ante lo desconocido y lo imprevisto.

Solo faltó decirnos lo que pasaría con las lluvias de mayo.

Comunicación y percepción social del riesgo derivado de las condiciones climáticas cambiantes

Sergio Mora Castro

Sergio Mora Castro
Doctor en Ingeniería Geológica, especialista en Gestión del Riesgo

La comunicación social es compleja, sobre todo cuando se trata de la percepción del riesgo

Esta reflexión breve, acerca de la complejidad de la comunicación social y de la percepción del riesgo, bajo el contexto de las amenazas hidrometeorológicas y climáticas, surge al observar lo que pareciera la fragua de un efecto perverso causado por el exceso de información incompleta, descontrolada, sesgada y sin el sustento adecuado de la conjugación, imprescindible, de las ciencias naturales y sociales, sobre el problema del Cambio Climático, particularmente en su faceta asociada con el Calentamiento Global Antropogénico.

El escenario actual, a partir del cual se genera la percepción social de ese riesgo, ha sido construido a partir de una sobrecarga y bombardeo persistente de información insuficiente, inadecuada, insistente y sesgada acerca de una situación (aunque real), de que el planeta se está calentando. Sin embargo, el sensacionalismo, el alarmismo y el catastrofismo, induce a pensar que esta situación nos conducirá a que todos moriremos fritos en el sartén terrestre, más temprano que tarde.

Ejemplos de la comunicación en la actualidad

En el caso de Costa Rica, este tipo de información se ha agudizado durante los períodos prolongados de la estación seca, a veces convertidos en sequías, recurrente y frecuentemente asociadas a los episodios (“calientes”) de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), el cual, dicho sea de paso, no es un “fenómeno”, como inadecuadamente se insiste en calificarlo (i.e. tiene explicación científica, e incluso cierto grado de predictibilidad).

Estas sequías se presentan, a menudo, como la prueba irrefutable del cambio climático en nuestro país y hasta han servido de excusa para los aspavientos prematuros de posibles cortes y racionamientos eléctricos, pero que no han sido más que el producto de los errores en la planificación de la expansión de la oferta eléctrica, producidos durante los últimos años en el país.

Luego y casi inmediatamente después, sobrevinieron las lluvias torrenciales de finales de mayo, junio y lo que va de julio, las cuales produjeron inundaciones y deslizamientos en los mismos sitios en donde se producen casi todos los años y esta vez, se buscó afanosamente un chivo expiatorio adicional: La Niña-Oscilación del Sur (episodio “frío”, también mal-denominada “fenómeno”).

Más o menos durante los mismos meses iniciales de 2024, se produjo una ola de calor en Argentina, la cual impactó severamente el bienestar de la población y que, por supuesto, fue atribuida al cambio climático. Apenas terminada esa oleada calorífera, se produjo, de manera relativamente súbita, una “oleada polar”. Estos episodios fríos suceden, más o menos, entre cada 10 a 15 años. En esta ocasión ha sido más evidente, gracias a la enorme cantidad de información instantánea que aparece en las redes sociales y en la prensa.

Antes y durante estos casos, el paso rápido de los extremos del calor al frío en Argentina, así como la alternancia entre las sequías y las lluvias torrenciales en Costa Rica, la población y los tomadores de decisiones no siempre reciben la información adecuada y oportuna y terminan bajo una confusión severa y perniciosa. Es notorio, en todo caso, el sesgo insistente que se produce, desde hace varios años, con las noticias que le asignan todos los males atmosféricos al cambio climático. En contraposición, no hay suficiente información ni comunicación social acerca de la Variabilidad Climática, sobre la cual sus características y parámetros son casi y prácticamente desconocidos para el público.

Resultado: La percepción social del riesgo se convierte en una confusión crónica

A causa de ello, la población y, como hemos visto recientemente, la población es tomada por “sorpresa” y los sectores energético y agropecuario no se preparan, se asustan y se descuidan a la hora de enfrentar las variaciones naturales e ineludibles, ya sea del déficit o exceso de las lluvias y/o de la alternancia entre el frío y el calor, por lo que terminan sufriendo las consecuencias.

Así de simple: En el lapso de unas pocas semanas o días, se pasa del horno al congelador, y de la sequía a las inundaciones y deslizamientos, todos apocalípticos…

Por todo ello se hace necesario reflexionar y establecer una estrategia para lograr el balance adecuado, con rigurosidad científica, del proceso de la comunicación social del riesgo, y equilibrar así los conceptos, datos e información, con fundamento y sentido común que deben orientar a la percepción social. Es necesario comenzar por aclarar y cubrir todos los aspectos y variables de los procesos que involucran el “tiempo”, la “variabilidad climática”, el “calentamiento global antropogénico” y el “cambio climático”.

A continuación, se ofrece una muestra y algunos ejemplos de las noticias sobre estas situaciones en Costa Rica y Argentina, sucedidas este año y plasmadas en reportajes, en algunos casos, de la prensa sensacionalista:

Argentina:

Ola de calor, Argentina (30 de enero de 2024): https://www.pagina12.com.ar/708458-primera-ola-de-calor-de-2024-hay-alertas-por-temperaturas-ex

Concluyó primera ola de calor, en Argentina, de 2024 (15 de febrero de 2024): https://www.smn.gob.ar/noticias/r%C3%A9cords-en-argentina-concluy%C3%B3-la-primera-ola-de-calor-de-la-temporada

Primera ola de calor en Argentina (16 de febrero): https://www.infobae.com/sociedad/2024/02/16/la-primera-ola-de-calor-de-la-temporada-duro-23-dias-y-afecto-a-todo-el-pais/

Mayo, el más cálido y el más frío (13 de junio de 2024): https://chequeado.com/el-explicador/mayo-2024-fue-el-mas-calido-desde-que-se-tienen-registros-a-nivel-mundial-pero-el-mas-frio-desde-1961-en-la-argentina/

Mar congelado en Tierra del Fuego, Argentina (26 de junio de 2024): https://www.infobae.com/america/medio-ambiente/2024/06/26/el-mar-se-congelo-en-tierra-del-fuego-que-factores-generan-el-fenomeno/

Frío extremo en Argentina (7 de julio de 2024): https://www.infobae.com/sociedad/2024/07/07/sigue-la-ola-polar-en-casi-todo-el-pais-extendieron-la-alerta-naranja-por-frio-extremo-en-el-amba/

Frío extremo, Argentina (7 de julio, 2024): https://www.ellitoral.com/informacion-general/alerta-roja-frio-extremo-buenos-aires-san-luis-pampa-servicio-meteorologico-nacional-ola-polar-argentina_0_hPlncVqJVq.html

Ola polar en Argentina (8 de julio de 2024): https://www.eldestapeweb.com/atr/servicio-meteorologico-nacional/alerta-roja-por-frio-extremo-cuando-termina-la-ola-polar-2024781970

Peces congelados en la Patagonia argentina (9 de julio de 2024): https://www.instagram.com/reel/C9OZluHOV-B/?igsh=bjJicjM2ZWJ5YXEx

Frío extremo en Argentina (9 de julio de 2024): https://www.infobae.com/sociedad/2024/07/09/ola-polar-alerta-roja-por-frio-extremo-en-buenos-aires-y-otras-cinco-provincias/

Ganado ovino afectado por el frío en la Pampa argentina (10 de julio de 2024): https://www.clarin.com/rural/ola-polar-congelo-campo-deben-romper-hielo-hachazos-animales-agua_0_tDXsDx8aHh.html

Ola polar, Argentina (10 de julio de 2024): https://www.pagina12.com.ar/750473-la-ola-polar-azota-a-casi-todo-el-pais-y-hay-alerta-roja-por

Costa Rica:

Cortes de electricidad por sequía, Costa Rica (10 de mayo de 2024): https://cnnespanol.cnn.com/2024/05/10/costa-rica-anuncia-racionamiento-electrico-por-la-sequia/

Cortes de electricidad en Costa Rica, por sequía (10 de mayo de 2024): https://www.tvazteca.com/aztecanoticias/crisis-electrica-costa-rica-vive-cortes-de-energia-hasta-3-horas

Racionamiento de agua potable por sequía causada por sequía del cambio climático en Costa Rica (10 de julio de 2024): https://www.teletica.com/251184_a-que-se-debe-la-falta-de-agua-en-varias-zonas-del-pais

Racionamiento agua potable, Costa Rica, por sequía (11 de julio de 2024): https://www.infobae.com/america/america-latina/2023/07/12/mas-de-275000-personas-quedaran-afectadas-por-el-racionamiento-de-agua-en-costa-rica/

Lluvias torrenciales en Costa Rica (10 de julio de 2024): https://www.prensa-latina.cu/2024/06/30/giro-monzonico-y-lluvias-estacionales-causan-danos-en-costa-rica/

Dos muertos por inundaciones en Costa Rica (26 de julio de 2024): https://www.infobae.com/america/agencias/2021/07/26/al-menos-dos-muertos-dejan-torrenciales-lluvias-en-costa-rica-2/

Ya no habrá cortes de electricidad, gracias a las lluvias en Costa Rica (11 de mayo de 2024): https://www.tiktok.com/@noticiasacr/video/7367916487438617861

Descartados cortes de electricidad por lluvias en Costa Rica (18 de mayo, 2024): https://www.infobae.com/america/agencias/2024/05/18/costa-rica-descarta-una-alerta-por-racionamiento-electrico-tras-el-aumento-de-las-lluvias/

Ya no habrá cortes de electricidad, por las lluvias, en Costa Rica (10 de julio de 2024): https://www.diarioextra.com/Noticia/detalle/521212/ya-no-habr-cortes-de-luz