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Etiqueta: Venezuela

La extrema derecha no sabe cómo colocarse ante la agresión de Trump en Venezuela y el imperialismo de EEUU

Javier Biosca de elDiario.es

La agresión de Trump en Venezuela, el secuestro de Maduro y el imperialismo yankee en acción ha descolocado a la extrema derecha europea, evidenciando tensiones y contradicciones evidentes. ¿Qué es más importante, la soberanía nacional por encima de todas las cosas (normalmente definida por oposición al globalismo y entidades supranacionales que minan el poder de las naciones) —uno de los pilares sobre los que se levanta esa extrema derecha, junto con el racismo, por supuesto— o la eliminación de Nicolás Maduro, retratado durante años como el villano internacional de la derecha y la encarnación de todos los males del pérfido socialismo?

Muchos salieron rápidamente a celebrar la intervención estadounidense. “Debemos alegrarnos por ello y apoyar la restauración de la democracia en Venezuela”, decía un Abascal exultante (aunque eso está por ver. Primero, el petróleo). “La caída de Maduro es un golpe para la mafia sanchista”, añadía estirando el chicle un poquito de más. Geert Wilders, su colega en Países Bajos, también rebosaba alegría: “Bang Boom Maduro gone”.

Dentro del mismo partido europeo, Patriots, hay posiciones mucho más duras que priman con la soberanía, como la de los Le Pen y Bardella en Francia y otros que ni siquiera quieren opinar para no meterse en problemas con papi Trump.

“Hay una razón fundamental para oponerse al cambio de régimen que Estados Unidos acaba de provocar en Venezuela. La soberanía de los Estados nunca es negociable, independientemente de su tamaño, su poder o el continente al que pertenezcan. Es inviolable y sagrada. Renunciar hoy a este principio por Venezuela, por cualquier Estado, equivaldría a aceptar mañana nuestra propia servidumbre”, declaraba Le Pen.

Su línea es la más coherente con el programa de Patriots, del que Abascal, por cierto, es presidente. Dicho programa concluye con esta frase: “Dar prioridad a la soberanía sobre el federalismo, a la libertad sobre los dictados y a la paz”.

Matteo Salvini, vice primer ministro italiano y líder de Lega, invocaba incluso al Papa: “La principal vía para resolver las disputas internacionales y poner fin a los conflictos en curso debe retornar a la diplomacia, respetando el derecho de los pueblos a decidir su propio futuro. Las palabras del Santo Padre son esclarecedoras en este sentido, al instar a la soberanía nacional de Venezuela”.

Otros se encuentran tan descolocados o divididos, que prefieren no pronunciare, como ha sido el caso de la AfD alemana, con una rama más trumpista y otra más prorrusa. Su líder, Alice Weidel, ha tuiteado mucho estos días, pero nada de Venezuela. Su portavoz de exteriores, Markus Frohnmaier, dice que no es su tarea comentar estos asuntos, añadiendo que “el derecho internacional no es una ley natural, sino una herramienta interpretativa política. Lo apruebes o no, lo que cuenta en la escena internacional es la fuerza, no la ética académica”.

Ni siquiera el todopoderoso Viktor Orbán, primer ministro húngaro, lo tenía claro: “Ha sucedido, y estamos considerando si esto es bueno o malo para Hungría”. Hungría fue el único Estado miembro de la UE que se negó a firmar un comunicado conjunto al respecto pidiendo calma, contención y respeto por el derecho internacional.

En una rueda de prensa dos días después, dijo: “2025 fue un año en el que quedó claro para todos que una era en la política internacional había llegado a su fin, con la toma de posesión del presidente Trump dando el golpe final. Como resultado, en 2026 ya estamos viviendo en una nueva era. Por ahora seguimos utilizando el sencillo enfoque de llamar a la era que terminó en 2025 ‘el orden mundial liberal’. Esta tenía sus propias reglas que ya no son válidas; y en 2026 los húngaros tendrán que avanzar en un mundo que funciona según nuevas reglas. Llamamos a la era en la que hemos entrado ‘la era de las naciones’ y, con la debida humildad y modestia, nos consideramos los heraldos de esta era desde 2010”.

Tras varios días de silencio, el FPO austríaco, primera fuerza política en su país, reaccionó a través de su portavoz de Exteriores, Susanne Fürst, que con mucho cuidado trató de no celebrar o criticar la acción: “Austria es un país pequeño y neutral con muchos problemas propios. En política exterior la prioridad es proteger a la propia población, lo que significa, sobre todo, mantenerse al margen de conflictos y guerras que no son nuestros. Eso se aplica tanto a Venezuela como a Ucrania”.

Giorgia Meloni, primera ministra de Italia, intentaba cuadrar el círculo soplando y sorbiendo a la vez: “La acción militar exterior no es la vía a recorrer para poner fin a regímenes totalitarios, pero al mismo tiempo, el Gobierno considera legítima una intervención de naturaleza defensiva contra ataques híbridos a su propia seguridad, como el caso de entidades estatales que alimentan y favorecen el narcotráfico”.

El peso de Trump

Hablando del tema con Franco Delle Donne, autor de Epidemia Ultra, me decía: “Hay un bloque más proatlantista y pro-Trump, como Vox y Milei, que ha articulado mucho su discurso en contra del régimen venezolano desde lo ideológico y lo simbólico. Luego hay posiciones más moderadas como Meloni, que busca cierta independencia de MAGA para no quedar como una suerte de sirviente, aunque en líneas generales apoya. Pero llama la atención las contradicciones que se ven en los partidos más relacionados con Rusia. Al mismo tiempo que defienden a Rusia, o que al menos no se posicionan muy en contra de la misma respecto a Ucrania, condenan esto de Trump”.

Todas estas formaciones tienen, al menos en la práctica, la soberanía sagrada de las naciones como uno de sus pilares (por eso su oposición frontal a una UE centralizada y supranacional). Pero eso se matiza cuando la violación viene por parte de Donald Trump, erigido líder de la internacional reaccionaria. En su reciente Estrategia de Seguridad Nacional, Trump, adoptando la teoría del Gran Reemplazo, el otro gran pilar de estos partidos, ha prometido apoyar a las formaciones «patriotas» para salvar a Europa mientras declara la guerra al continente. Sin embargo, la colisión entre el ‘America First’ y el ‘España First’, ‘Francia First’ o ‘Alemania First’ es cuestión de tiempo, como vimos con los aranceles.

“Que no haya un punto de acuerdo demuestra que no hay una internacional ultraderechista orgánica y organizada, sino que hay espacios y foros en los cuales se discuten y trafican narrativas y fuentes de financiación, pero hay intereses propios en cada uno de esos partidos que en ocasiones no obedecen a alineamientos estratégicos e ideológicos congruentes”, dice Delle Donne.

Trump no solo ha transformado para siempre el Partido Republicano de EEUU, sino también la red de partidos ultraderechistas de Europa.

Una última reflexión evidente, pero necesaria: oponerte a un ataque militar ilegal en Venezuela no te convierte en amante de Maduro, igual que oponerte a la invasión de Irak no te convertía entonces en seguidor de Sadam Husein.

De la Doctrina Monroe al injerencismo imperialista

Partido Vanguardia Popular

De la Doctrina Monroe al injerencismo imperialista hoy: Agresiones militares, secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros, violación a la soberanía y a la autodeterminación de la República Bolivariana de Venezuela

“El respeto al derecho ajeno es la paz”
Benito Juárez

invasiones de los Estados Unidos a los Estados soberanos e Independientes

Permítasenos un breve recorrido por las doctrinas que han servido de pretexto al imperialismo yanqui, para intervenir nuestras soberanías, irrespetando las normas mínimas del derecho internacional

La filosofía injerencista e imperialista que deriva de la Doctrina Monroe encierra la esencia del imperialismo yanqui. La Unión de Estados Americanos-USA (EE.UU) nacido bajo el principio de las 13 colonias, pronto amplió sus fronteras, al resolver favorablemente los grandes conflictos que enfrentó a finales del Siglo XIX, contra Francia, apropiándose en 1803 de los territorios de Luisiana, después todas las tierras al este del Misisipí y Oregón, con la Rusia de los zares negociaron a un precio ridículo todo Alaska. Finalmente, con Inglaterra, iniciaron ese tipo de “entente”, sobre la base de la cual se elevó la Doctrina Monroe.

Es importante también señalar que el contexto de las revoluciones de independencia en América del Sur, iniciadas a partir de 1808 y que concluyen su ciclo, aproximadamente uno 15 años después, aceleraron una extraña alianza, entre varias naciones del viejo continente, a fin de reestablecer el poder monárquico español en sus viejas colonias de América Latina.

Aunque en principio la Doctrina Monroe, no lo es como tal, por el contrario, es más una declaración unilateral que define los rasgos esenciales de la política exterior de los Estados Unidos y no de Norteamérica.

“… La Doctrina Monroe fue enunciada ante el Congreso de los Estados Unidos para contestar la declaración rusa de que el Zar no permitiría que los barcos de la Unión se aproximaran a las aguas de Alaska (territorio de Rusia), desde el cual los rusos esperaban ampliar su influencia sobre la costa del Pacífico.

La Doctrina Monroe reconciliaba el principio de neutralidad tradicional de los Estados Unidos, frente a los asuntos europeos, con un nuevo principio americano…”.

En esa aparente neutralidad frente a Europa y de solidaridad para la América insular, el Caribe, Centro América y Sur América, se encerraba el embrión de “América para los norteamericanos”, la esencia misma del imperialismo gringo.

Simultáneamente con la Doctrina Monroe, John Quincy Adams, secretario de Estado en 1823, había sustentado la “teoría de la fruta madura”. El interés era materializar las pretensiones de Jefferson anunciadas desde 1805, para apoderarse de Cuba. Dejemos, pues, que las condiciones maduren y Cuba caerá suavemente en los regazos de los Estados Unidos. A estas vulgares pretensiones le han seguido el Bloqueo económico y comercial, la Ley Torricelli y la Ley Helms Burton.

Diecisiete años después de ese acelerado proceso de ampliación de sus fronteras, iniciado en 1823, precisamente en el año 1840, surge un principio que formará parte de la idiosincrasia del imperialismo de los EE. UU, hablamos del Destino Manifiesto. Doctrina que adquiere carta de ciudadanía en Centroamérica a partir de 1856, con la invasión imperialista en nuestros estados/nación en proceso de consolidación.

Se anticiparon de esta manera al concepto del Isael sionista, pues a partir de ese momento, Dios le otorgaba a este país la potestad para construir la civilización superior, frente a las naciones atrasadas y salvajes, dígase entonces: Asia, África y América Latina.(https://www.fgr.gob.cu/es/la-doctrina-monroe-columna-vertebral-del-imperialismo-norteamericano-parte-ii-y-final).

Después de la Guerra de Secesión, en 1848, el ideario idealista del imperialismo “yanqui”, se magnifica cada vez más en diferentes doctrinas. James Knox Polk,

afirma la Doctrina del Destino Manifiesto, mediante la usurpación de los territorios de Texas. K. Polk, elegido por los demócratas, afirmó el contenido injerencista de los EE. UU, bajo los principios de la doctrina del Destino Manifiesto de Estados Unidos, y teniendo como falsos argumentos que le correspondían a este país, ocupar todo el territorio continental, desde el Océano Atlántico hasta el Océano Pacífico. En esta prepotencia imperialista, nace esa frase ofensiva y peyorativa de creer al resto de países que están después del río Bravo, como su “patio trasero”.

En pleno siglo XX, se van articulando otras doctrinas, pero todas como una larga afirmación histórica de la doctrina Monroe, así entonces tenemos en la figura de Theodore Roosevelt (1858-1919), el modo preciso en que la doctrina imperialista logró proyectarse en la relación existente entre la ideología estadounidense y su política exterior hacia América Latina. Durante el gobierno de Teddy Roosevelt (1901-1909, la Doctrina de la Saludable Eficacia y la Enmienda Platt (Orville H Platt), forman parte del tejido de esa nación.

Tal vez a guisa de información didáctico, enumeramos las siguientes: La doctrina de la Zanahoria y el Garrote (Big Stick), la doctrina del “Resultado Cosechado”, la del “Éxito Relativo”. Con el triunfo de la Revolución Cubana se establece la Doctrina de Seguridad Interna, en el año 1960 y dos años después, se establece el bloqueo contra el proceso socialista de Cuba. Paralelamente tiene lugar la doctrina de la Guerra de Baja Intensidad y más integralmente la Doctrina de la Seguridad Nacional. Clinton no se quedó rezagado y en su período gubernamental estableció la Doctrina Clinton conocida como “Verdad Duradera”(https://repositorio.uasb.edu.ec/bitstream/10644/175/1/SM77-Castro-El%20mito%20Roosevelt%20para%20Am%C3%A9rica%20Latina,%201901-1909.pdf).

Bajo los lineamientos de estas doctrinas, los Estados Unidos legitimarán el “Derecho de Intervenir militarmente, de asesinar o secuestrar a presidentes democráticamente electos”, y como corolario de ello, las grandes tragedias para los proyectos de afirmación de la identidad de nuestros estados nacionales, su soberanía, independencia y autodeterminación. En el mapa adjunto se visualizan las intervenciones gringas en América Latina.

FUENTE: https://www.resolver.se/2016/06/no-lo-olvides-mira-todas-las-intervenciones-gringas-en-america-latina/

Resumidamente, las diferentes intervenciones de los Estados Unidos forman una larga antología. El siguiente esquema nos dice lo siguiente:

1846-1848, 1914, 1918: Invasión a México

1854, 1855, 1856: Invasión a Centro América, por Walker, Morgan y Garrison

1898, 1908: Invasión a Puerto Rico

1904, 1908, 1941, 1989: Invasión a Panamá

1901, 1961: Invasión a Cuba

1912, 1927, 1981: Invasión a Nicaragua

1915, 1994: Invasión a Haití

1924: Invasión a Honduras

1930, 1966: Invasión a República Dominicana

1941: Invasión de la Guyana Holandesa

1954: Invasión a Guatemala

1964: Brasil

1973: Invasión a Chile (pero la Operación Cóndor inició desde 1970)

1983: Granada

2002, 2025: Invasión a Venezuela

Recordemos tal y como lo refiere la Red Voltaire | Washington DC (EEUU) del 31 de mayo de 2011), que la intensificación de las agresiones militares en otros territorios a nivel mundial no ha tenido contemplaciones. El ataque a Pakistán, acusando falsamente a Islamabad de haber protegido a Osama Ben Laden, le permitió a la administración Obama trata de penetrar en la zona de influencia de China. Más recientemente en Siria.

Para el caso que nos ocupa, el 11 de abril del 2002, se llevó a cabo el golpe de Estado contra Hugo Rafael Chávez Frías. Como este hecho constituyó un rotundo fracaso. Los gobiernos de Barack Obama y Donald Trump, impusieron más de 1090 medidas coercitivas contra el proceso revolucionario de la República Bolivariana de Venezuela, cerrando este brutal ciclo de agresividad el 3 de enero de 2026, con el asesinato de soldados venezolanos y el secuestro de Nicolás Maduro Moro y su compañera sentimental Cilia Flores.

Deslegitimación de la narrativa, el equilibrio multilateral y los BRICS

El secuestro de Nicolás Maduro Moros y Cilia Flores, se vienen se dan en lo que se conoce militarmente como un golpe quirúrgico, se ha convertido en un “triunfo” pírrico para el desquiciado presidente actual de los EE.UU. Donald Trump.

El secuestro y la violación a la soberanía de la hermana República Bolivariana de Venezuela, demuestra la falacia del imperialismo gringo y sus verdaderos intereses en esa acción.

El no reconocimiento de Edmundo González y mucho menos a María Corina Machado, demuestra entonces al mundo, la legitimidad del proceso electoral del 28 de junio que da el triunfo a Maduro y su vicepresidenta Delcy Rodríguez. Pero, además, la ausencia y falta de pruebas, deja sin argumentos al fiscal general y al mismo Trump, de ligar a Maduro al cártel de los Soles y mucho menos al Tren de Aragua.

Dos argumentos falaciosos que convirtieron en “realidad” a través de la prensa servil y mediática a favor de los intereses del imperialismo gringo.

Se comprueba entonces que los siete pecados capitales del “largo historial criminal de María Corina Machado, un premio Nobel que huele putrefacto y a suciedad de academia”, que ofrece la inteligencia artificial, son absolutamente válidas. A saber:

“(1) Participó en la trama de corrupción orquestada por el usurpador Juan Guaidó, quien promovió el criminal bloqueo a Venezuela.

(2) Apoyó el despojo de las empresas y riquezas del pueblo venezolano en el exterior, incluyendo la toma de CITGO, que causó daños materiales por US$32.500 millones.

(3) Apoyó el despojo de la empresa colombo-venezolana Monómeros, que fue devuelta a Venezuela en bancarrota cuando el presidente Petro asumió la presidencia de Colombia.

(4) Apoyó la retención ilegal de 31 toneladas de oro por parte del Banco de Inglaterra.

(5) Apoyó la congelación de 4.000 millones de dólares en el sistema financiero internacional.

(6) Machado solicitó sanciones que impidieran la compra de medicamentos para 60.000 pacientes con VIH.

7) Aceptó el cargo de representante diplomática de Panamá ante la OEA.”

El nuevo equilibrio mundial, rasgos de la geopolítica

Las pretensiones fascistas y brutales del imperialismo gringo son más que evidentes y el papel sucio de las burguesías apátridas y parasitarias venezolanas, como serviles lacayos son claras. El interés de la Guyana Esequiva, la urgencia de dominar los pozos petroleros y la afirmación del mercado del crudo, son más que evidentes.

Recordemos que la Revolución Venezolana es humanista, socialista e antimperialista. Por el contrario, el imperialismo yanqui nunca ha renunciado a sus sucios intereses expuestos desde 1823 en la Doctrina Monroe.

El corolario de las intervenciones es una fórmula muy sencilla. En todos los golpes de Estado, pretendidamente se alega la afirmación de la democracia, pero el resultado ha sido, destrucción e imposición de gobiernos represivos, derechistas y fascistas. La perversidad de la geopolítica y el interés geoestratégico no ha cambiado en nada. La recolonización se anuncia como elemento general de cada una de las administraciones del imperialismo.

Hoy estamos frente a una situación muy compleja.

En Centroamérica el triángulo del norte: Guatemala, Honduras (hoy intervenida en su proceso electoral) y el Salvador, se prestan al sucio negocio de los intereses del imperialismo.

Costa Rica y Panamá cierran la tenaza sin ningún pudor renunciando a su soberanía e independencia.

En América del Sur, el fascismo, revestido de un populismo de derecha, marca la carrera de manera desenfrenada al afirmar sus gobiernos serviles y lacayos al amo del norte: Argentina, Bolivia, Ecuador, Chile, Perú, constituyen la plataforma para golpear a Venezuela y Colombia.

El Caribe insular, también tiene un incierto mapa. Los Estados Unidos logran aliados que como esclavos contemporáneos doblan su cerviz al imperialismo.

Nicaragua, Cuba, México, Venezuela (aún bajo las actuales circunstancias) Colombia y Brasil, forman el cuadro de esperanza en la resistencia y la recuperación de nuestra memoria revolucionaria. Todas, claro está, siendo asediadas por los intereses “monroistas” inspirados en las locuras de Trump.

Para el “trumpudo”, el viejo verde naranja, el escudo que constituyen hoy los BRIC´S no deja de ser un gran reto, porque, a decir verdad, el nuevo equilibrio mundial y el evidente debilitamiento del imperialismo, profundiza la crisis de la Casa Blanca, el Pentágono, la CIA y su departamento de guerra.

CONSIDERACIONES FINALES

  • Rechazamos y condenamos el secuestro y el asesinato a los héroes y heroínas que valientemente resisten esta nueva embestida del imperio yanqui.

  • Bajo el clamor de la opinión internacional, de las venezolanas y venezolanos, exigimos la presencia física de Cilia Flores y de Nicolás Maduro.

  • No negociamos los principios esenciales de soberanía, autodeterminación e independencia.

  • Llamamos a todas las fuerzas progresistas, democráticas y revolucionarias del mundo y, especialmente, de la Patria Grande, a una cadena de solidaridad con el pueblo venezolano y su gobierno, con la exigencia del retiro inmediato de los militares de la tierra de Simón Bolívar y Hugo Chávez.

  • Respaldamos en este proceso aciago a la compañera Delcy Rodríguez y demás autoridades venezolanas como verdaderos y legítimos dueños del poder popular de ese país.

  • Condenamos al fascismo del imperialismo yanqui, los sobrevuelos de intimidación y exigimos el respeto a los recursos naturales que pertenecen a la República Bolivariana de Venezuela.

  • Hacemos un llamado a superar la solidaridad de “papel” y “redes sociales”, bajo el compromiso de acciones concretas a favor de la soberanía de Venezuela.

  • Defendemos a la República Bolivariana de Venezuela como zona de paz y contra la guerra.

  • Como presidente legítimo y democráticamente electo ha sido sujeto de una intervención militar por parte del imperialismo yanqui.

Concluimos

Diciéndole al gobierno de Donald Trump y le recordamos que, el espacio natural, con todas sus riquezas y valor geopolítico y estratégico del Caribe, pertenecen a nuestro continente, por eso condenamos cualquier intento de arrebatarles a las naciones sus recursos, los cuales le pertenecen históricamente.

Los pueblos de América Latina no se rinden y solo doblaremos las rodillas para defender hasta el último palmo de tierra, de nuestra memoria, así honraremos esta historia que nos pertenece.

Condenamos los actos de terrorismo mediático, el matonismo injerencista y militarista y esa desproporcionada medida de intervenir el espacio aéreo venezolano, y el secuestro ilegítimo del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores.

¡Viva el internacionalismo y la solidaridad!
¡Viva Venezuela libre y soberana!
¡Alerta, alerta, alerta que camina, la espada revolucionaria de Simón Bolívar!
¡La esclavitud es hija de tinieblas!, por eso no queremos, no nos da la gana, ser una colonia norteamericana. (Simón Bolívar)

San José, domingo 11 de enero 2026
Centro Obrero y Cultural Carmen Lyra

Cinco puntos, desde el contexto costarricense, sobre el ataque de Trump a Venezuela

Por César López Dávila

1- Responsabilidad ante el privilegio de la paz: Costa Rica es reconocido a nivel global como un país de paz, destacando por su abolición del ejército hace décadas y su enfoque en la diplomacia. Quienes habitamos la República, somos privilegiados de tener setenta y ocho años de no sufrir las consecuencias de un conflicto bélico a lo interno nuestras fronteras.

Ese privilegio implica la responsabilidad de no tomar posturas ligeras (ni exaltar pasiones como si se tratara de un partido de fútbol), ante una acción bélica militar, en ningún lugar del mundo; pero muy especialmente en nuestra región latinoamericana.

Recordemos que los misiles no tienen bando, sacuden la tierra, dejan dolor y destrucción a su paso.

El privilegio que tenemos los costarricenses, implica la gran responsabilidad de no legitimar actos de guerra. Los habitantes de un país orgulloso de no tener ejército, no podemos alegrarnos que un país con ejército destroce a bombazos, en parte o entera, a otra nación soberana. Lo contrario implicaría una doble moral ante nuestra idiosincracia, como país de paz.

2- Pensamiento crítico para indagar más allá de las apariencias: Ya desde la antigua Grecia, el dramaturgo Esquilo (525 – 456 a.C.), con la frase “la verdad es la primera víctima de la guerra”, condensa la idea de que, en tiempos de guerra, la información se manipula y la realidad se oscurece, haciendo de la verdad una de las principales bajas.

La responsabilidad ante el privilegio de la paz requiere de ser crítico ante la propaganda de guerra, entendida como aquella difusión masiva de información (a menudo sesgada) para influir en la opinión pública, buscando justificar el conflicto, movilizar apoyo, mediante el uso de emociones, y narrativas que presentan una visión favorable de quien impulsa la agresión bélica. Este tipo de propaganda, nunca se presenta como tal, sino a través de noticias que resultan falsas, chotas, notas parciales; y demás iniciativas tanto en medios tradicionales, como en las nuevas y no tan nuevas redes sociales y sus distintos formatos.

El llamado “influjo mediático” aparece entonces en escena, en tanto empuje de los medios de comunicación, para moldear opiniones, sentimientos y comportamientos de la sociedad, influyendo en la construcción de percepciones, a través del posicionamiento de cierta narrativa. Con frecuencia a través del «condicionamiento operante», se busca que tengamos afinidad o simpatía, con mensajes convenientemente preparados para producir una respuesta que sea favorable a intereses particulares.

En tales contextos, el pensamiento crítico, esa capacidad del ser humano para analizar y evaluar la información existente respecto a un tema, intentando esclarecer la veracidad; debe ser puesta en práctica para leer entre líneas, y ver más allá de las apariencias de la narrativa que domina la escena.

Sobre este mismo punto, y volviendo a Latinoamérica, el destacado escritor y periodista Uruguayo Eduardo Galeano, ya igualmente apuntaba décadas atrás: “Las guerras mienten. Ninguna guerra tiene la honestidad de confesar: ‘yo mato para robar’. Siempre alegan nobles causas, como progreso y democracia.”

Sin embargo, las guerras que, en nombre de la democracia, justifican la agresión armada bajo la bandera de expandir o defender la libertad, la justicia y los derechos humanos, a menudo; encubren complejidades políticas, intereses estratégicos por recursos naturales o posiciones geográficas.

En este caso particular, necesario es recordar, que Donald Trump (quien hoy escuda sus actos bélicos en el ideal democrático), ha sido acusado en tribunales de su propio país, de atentar contra la democracia de EEUU por la toma del Capitolio. La comisión bipartidista a cargo de la investigación de la toma del Capitolio describió un plan de siete pasos ejecutado por Donald Trump para anular una elección democrática, libre y justa, en Estados Unidos. De acuerdo con los testimonios recogidos durante la investigación -el hoy de nuevo presidente- sabía que no había ocurrido un fraude generalizado pues su propio entorno se lo dijo y, aun así, convocó a una turba para que detuviera la entrega del poder a Joe Biden y, cuando el ataque comenzó, se quedó cruzado de brazos (The new York Times, 12/06/2022).

No nos llamemos a engaños, a Trump no le interesa la democracia de su país, menos la democracia de América Latina, a la que considera sus colonias o patio trasero. Su pose de paladín de la democracia es solo una fugaz puesta en escena, un eslogan de su marca de guerra, para distraer el pensamiento crítico, e ir tras su interés.

3- No perder de vista enseñanzas de la historia, ni los movimientos del tablero geopolítico: La historia y la geopolítica están intrínsecamente conectadas: la primera vislumbra el contexto y las causas profundas de los conflictos y alianzas; la segunda analiza cómo factores geográficos (ubicación, recursos, clima) influyen en las decisiones políticas y las relaciones de poder entre naciones.

El uso del pensamiento crítico implica indagar hechos históricos y nociones de geopolítica. Un vistazo a ambas disciplinas, evidencian la pérdida de hegemonía de los intereses del gobierno de Trump, y el resurgimiento de la doctrina Monroe y el Destino Manifiesto en su política exterior.

Los gobiernos de Estados Unidos han intentado durante mucho tiempo inclinar la balanza en América Latina. La historia no miente, revela como han apoyado golpes militares, llevado a cabo operaciones encubiertas, invadido naciones soberanas (y respaldando dictadores militares en América Latina durante la guerra fría).

El origen de este tipo de accionar que considera a Latinoamérica su patio trasero se encuentra en la Doctrina Monroe (1823) que como política exterior de EE.UU, buscó sentar las bases para lograr hegemonía regional en América Latina. También en el Destino Manifiesto (1845), ideología que creía que EE.UU. tenía un derecho divino y deber de expandirse por Norteamérica, Centroamérica y el continente entero, para gobernar la América a su antojo.

Esto justificó la anexión de territorios como Texas y Oregón, la incursión de William Walker a Centroamérica, y demás invasiones durante décadas, en busca de consolidar su poder a través de la expansión territorial. Ambas ideologías (Doctrina Monroe y Destino Manifiesto), aunque distintas, se entrelazaron para impulsar el expansionismo estadounidense en el continente, a menudo ignorando los derechos de otros pueblos.

Aunque esta etapa se creía superada ante el derecho internacional y sus instituciones, lo cierto es que nuevamente están siendo retomadas. Si posterior a la Segunda Guerra Mundial, y al finalizar la guerra fría, EEUU posicionó su influencia mundial, esa influencia va lentamente en declive. Pese a serias alarmas su economía aún es fuerte, pero tecnológicamente están siendo superados. En resumen, el ascenso de China y la expansión de los BRICS como bloque económico anuncian una nueva etapa multipolar en la geopolítica.

Ante esta situación, Trump impregna en su política exterior la prioridad del control del hemisferio occidental, controlar el continente americano como retaguardia estratégica (materias primas, vías de comunicación, energía). Así consta en texto oficial del documento titulado “Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos” (NSS2025; The White House, 2025), anunciado a inicios de diciembre anterior, en lo que autodenominan como “Corolario Trump a la Doctrina Monroe”, y mediante el cual, se reedita a su manera la Doctrina Monroe de intervencionismo en Latinoamérica. Para Trump la doctrina Monroe es: hacemos lo que queremos en el hemisferio, porque pertenece a EE.UU. Esto al mejor estilo de la visión del filibustero William Walker y su incursión a Centroamérica (1855), siendo ahora más bien, un nuevo Pirata del Caribe.

Quizá por ello, Donald Trump comenzó el año pasado con promesas de apoderarse del canal de Panamá, tomar el control de Groenlandia y renombrar el golfo de México como golfo de América. Con la diferencia que el presente 2026, pasó de la retórica a las primeras bombas en territorios de Estados soberanos.

Desde meses más atrás, su objetivo real lo evidencian altos funcionarios de su gobierno, que han sido explícitos declarando. “Este es el barrio en el que vivimos”, dijo Mauricio Claver-Carone, enviado especial de Trump para América Latina hasta junio, quien sigue asesorando a la Casa Blanca. “Y no puedes ser la potencia global preeminente si no eres la potencia regional preeminente” (The New York Times en español, 17/11/2025).

Volviendo al tema que nos ocupa, es bueno tenerlo claro (así se evidenció en la conferencia de prensa de Trump luego de su agresión militar a Venezuela), el interés, no es la democracia sino la reserva de petróleo más grande del mundo. Venezuela cuenta con 303 000 millones de barriles de petróleo y 5.5 billones de metros cúbicos de gas (Forbes, 2026), además de gran riqueza mineral necesaria para la tecnología. Tal es el interés real, adueñarse por la fuerza del control de la riqueza de una nación soberana.

Lo anterior debe resultar inaceptable para quienes creemos en democracia y soberanía. La soberanía de los Estados, no es principio negociable (nada importa su tamaño, recursos, o ubicación en el mapa), esta resulta un principio inviolable. Hacerse de la vista gorda en cuanto a su flagrante violación de hoy en otras latitudes, implica el riesgo de legitimar la cuerda que nos cerque la garganta mañana, cuando lo que esté en apropiación, sea nuevamente, la estrategia de la geografía (la diversidad, o el recurso hídrico) de la región centroamericana.

EEUU no tiene derecho, como Trump ha dicho, de dirigir Venezuela. Menos aún de gestionar sus riquezas naturales. Por el contrario, la agresión militar impulsada por Trump no es solo violatoria del derecho internacional, sino que carece de legalidad ante el ordenamiento jurídico estadounidense, siendo inconstitucional. Así lo han iniciado a denunciar senadores como Bernie Sanders, y figuras políticas como Zohran Mamdani, actual alcalde de Nueva York (entre otros). De esto último también es menester llevar pulso e informarnos, más allá de las omisiones editoriales, las tendencias en los algoritmos, o los cercos mediáticos.

4- Abogar por la vigencia del derecho internacional, como alternativa a la ley de la selva: La ley de la selva, donde el más fuerte impone su voluntad dejando muerte a su paso, no puede ser la norma entre el concierto de las naciones.

Para evitar lo anterior, se ha establecido el derecho internacional, que sirve para regular las relaciones entre Estados, soberanos, organizaciones e instituciones internacionales y, a veces, individuos; estableciendo normas, tratados, principios y reglas, para evitar conflictos, promover la estabilidad global y mantener la paz.

No hay norma en el derecho internacional público que faculte la agresión militar impulsada por Trump hacia un país soberano. A las acciones hay que llamarlas por lo que son, el ataque militar del pasado tres de enero de Estados Unidos a Venezuela, se trata de una agresión armada que viola abiertamente el derecho internacional; vulnerando tanto el principio de la soberanía de los Estados, y a su vez, la prohibición del uso unilateral de la fuerza, establecida en la Carta de las Naciones Unidas (artículo y su inciso 4), así como la Carta de la Organización de Estados Americanos (artículo 3, acápites a, b, e, g, i; e igualmente los artículos del 19 al 22), entre otras resoluciones de instancias internacionales.

Tal violación del Derecho Internacional no debe ser noticia que alegre, sino que preocupe; sobre todo para un país como Costa Rica, sin ejército, y cuya seguridad global y respeto a su soberanía, se resguarda por completo, en el derecho internacional, los instrumentos jurídicos multilaterales, y sus instituciones hemisféricas y globales.

Ante toda agresión militar que desvirtúe lo anterior, nuestra prioridad como costarricenses debe ser la condena enérgica a la agresión militar del más fuerte (asentando responsabilidades), el llamado a la vuelta de la razón, la diplomacia, la desescalada del conflicto, y el retorno de la paz, etc.

5- El anhelo que América Latina y el Caribe sean un corredor de paz: En un mundo agitado por conflictos bélicos, en el cual repetidas veces, las agresiones militares se disfrazan de acciones altruistas, escondiendo intereses económicos, o geopolíticos que las impulsan en realidad; debemos tener claro las lecciones de la historia, comprendiendo que el aumento de agresiones y tensiones, perfectamente pueden derivar en graves conflictos regionales, o incluso en enfrentamientos globales.

La agresión bélica ordenada por Donald Trump a Venezuela no hace del mundo un lugar más seguro. Por el contrario, sienta un precedente para futuras agresiones militares a otros países de América Latina y el Caribe (o en otras partes del mundo). Legitima una lógica para que cualquier otro país ataque a otra nación para apoderarse de sus riquezas o cambiar sus gobiernos. Deja el mundo a la deriva de la fuerza bruta para dirimir diferencias. Tensa más el ambiente geopolítico hacia un desastroso conflicto global, que algunos intereses de industrias militares parecen irresponsablemente desear. De las guerras se sabe cómo inician, no cómo terminan.

Abogar siempre por el derecho universal a vivir sin violencia, conflictos armados ni amenazas, se hace hoy, como siempre necesario. Mantener lejos el doloroso monstruo de la guerra, resulta un ideal esencial, para lo cual, mantener América Latina y el Caribe como corredor de paz resulta ser una prioridad de gran importancia para la humanidad entera. Como habitantes de un país de paz, inmerso en la región latinoamericana, ese debe ser nuestro más legitimo anhelo.

Iglesia Presbiteriana de Venezuela condena la violencia, llama a la paz y defiende la soberanía

Desde su identidad cristiana y su compromiso histórico con la dignidad humana, la vida, la justicia y la paz, la Iglesia Presbiteriana de Venezuela (IPV) emitió un comunicado oficial en el que rechaza de forma contundente la violencia y la intervención militar contra el territorio venezolano, y expresa su solidaridad con el pueblo ante los hechos ocurridos el 3 de enero de 2026.

En el documento, la Iglesia señala que toda acción que genere muerte es contraria al Evangelio y a la práctica cristiana, por lo que manifiesta su rechazo absoluto a cualquier forma de violencia y destrucción del territorio nacional.

Asimismo, declara inaceptable la intervención militar y el bombardeo por parte del Gobierno de los Estados Unidos, calificando estos hechos como una tragedia que ha vulnerado la dignidad del pueblo venezolano, su soberanía y su derecho a la autodeterminación.

La Iglesia Presbiteriana de Venezuela expresa su profundo dolor por las numerosas víctimas civiles y militares producto de esta acción, manifestando acompañamiento espiritual a sus familias y reconociendo el sufrimiento que hoy recae sobre el país.

El comunicado advierte que se trata de una situación grave que trasciende las fronteras nacionales, ya que afecta a la región y al mundo, al revertir principios fundamentales del derecho internacional y atentar contra la dignidad de los pueblos.

En un llamado amplio, la Iglesia dirige sus oraciones y su disposición de servicio al pueblo de Venezuela, al pueblo de los Estados Unidos y a los pueblos del mundo, así como a las iglesias y al gobierno venezolano, con el fin de contribuir al restablecimiento de la paz, la soberanía, la unidad y el amor cristiano.

De igual forma, invita a todas las comunidades de fe a mantener una práctica constante y consciente de oración, clamando con esperanza al Dios de la vida y de la historia, y a desarrollar acciones pastorales de apoyo a la salud emocional, física y a las necesidades básicas de la población, según las posibilidades de cada comunidad. También llama a participar activamente en todo esfuerzo que defienda la soberanía nacional dentro de un marco de diálogo, justicia y paz.

Como Iglesia cristiana, la IPV hace un llamado a mantener la calma y la confianza en Dios, recordando que la paz verdadera proviene de la justicia y del respeto a la vida.

Finalmente, expresa su agradecimiento a las personas, organizaciones religiosas, organizaciones civiles e instancias internacionales que han manifestado su solidaridad, ánimo y apoyo incondicional al pueblo venezolano y a la Iglesia Presbiteriana de Venezuela frente a los acontecimientos recientes.

El comunicado es suscrito por la Junta Coordinadora de la Iglesia Presbiteriana de Venezuela.

Todos con México

Partido Pueblo Unido

El dictador de Estados Unidos amenaza con atacar por tierra el suelo mexicano, aduciendo que ese país está en manos de los cárteles. Así lo dice claramente: «Vamos a empezar a atacar ahora mismo a los cárteles por tierra. Los cárteles controlan México. Es muy triste ver lo que ha sucedido en ese país, pero los cárteles lo dominan.”

Esta amenaza es una más de un conjunto de insinuaciones que vienen repitiéndose desde hace meses. El pasado 15 de diciembre, Trump firmó una orden ejecutiva para declarar al fentanilo como un arma de destrucción masiva, al tiempo que culpa a México de su fabricación y tráfico de esa droga. Como se recordará, la excusa de tener armas de destrucción masiva fue la que utilizaron para la invasión de Irak y el derrocamiento de Saddam Hussein. Entre esa declaración de diciembre pasado y la agresión militar hay solo un paso.

Las relaciones entre México y Estados Unidos han sido siempre trágicas. En 1847 la soldadesca yanki invadió el país y tomó militarmente su capital. En ese conflicto México perdió más de la mitad de su territorio.

El asedio económico, diplomático, mediático y posteriormente militar contra Venezuela es el primer paso para una guerra mucho más amplia, que tiene como objetivo el dominio de todo el continente. “Este es mi hemisferio”, dijo Trump recientemente.

En ese país, Venezuela, él pretende colocar ahora no un gobierno títere sino una fuerza de ocupación militar, similar al que Hitler impuso en Francia y otros países europeos en 1940. Ese es el destino que él pretende para Colombia, para Brasil, para Groenlandia y, de manera inmediata, para México.

Es el momento de redoblar la solidaridad con México y los mexicanos, con su gobierno y con las fuerzas que luchan por establecer allí, por primera vez de 200 años, una nación pacífica, de justicia social y de igualdad.

¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México! Fuera Trump de América Latina.

Invasión de EE. UU en Venezuela o defensa de la democracia

Alberto Salom Echeverría
albertolsalom@gmail.com

Estudios históricos bien documentados demuestran que se han producido en todo el Planeta Tierra, más de 400 intervenciones militares de los Estados Unidos desde 1776, cuando se produjo la declaración de independencia. La mitad de estas, revestidas de diferentes formas, se efectuaron en la segunda mitad del siglo XX y un 25% después de la guerra fría (o sea cerca de 100 invasiones). Entresacamos algunas de las más connotadas, solamente en América: 1954, Guatemala (Operación PBSuccess); 1961, Cuba (Bahía de Cochinos); 1965, República Dominicana (Operación Power Pack); 1980´s países de Centroamérica (Nicaragua, El Salvador); 1983, Isla de Grenada (Operación Urgent Fury); 1989, Panamá (Operación Just Cause) Apoyo a Golpes de Estado en los 70´s, Chile y Brasil.

Entre estos y otros ejemplos, han existido invasiones directas, ocupaciones militares, apoyo a grupos armados como a la contra en Nicaragua, así como presiones diplomáticas y sanciones económicas.

Consecuentemente, la palabra invasión o intervención no es neutra. Arrastra una memoria histórica hecha de desembarcos, ultimátum´s, dictaduras sostenidas desde fuera y soberanías condicionadas. Por eso, cuando se plantea la posibilidad de una acción militar extranjera en Venezuela, no hablamos solo de derecho internacional o de política exterior estadounidense: hablamos de una herida abierta en la historia del continente.

La crisis venezolana es profunda y dolorosa. Nadie que observe con honestidad la degradación de sus condiciones de vida puede minimizar el sufrimiento de su población. Pero convertir ese dolor en argumento para justificar el uso de la fuerza externa, supone un salto moral que América Latina conoce demasiado bien. Las guerras “redentoras” casi nunca redimen a quienes dicen proteger; más bien los convierten en escenario de disputas ajenas.

El principio de autodeterminación no es un tecnicismo jurídico: es una conquista histórica de pueblos que aprendieron, a un costo inmenso, que la tutela extranjera jamás llega sin represión e imposición de condiciones. Venezuela no es un espacio vacío ni una ficha geopolítica. Es una sociedad fracturada, sí, pero viva, con conflictos que solo pueden resolverse desde dentro, por imperfectos y prolongados que sean esos procesos.

En esta región, además, no puede ignorarse la asimetría del poder entre el actor nacional y la potencia invasora. Estados Unidos no es un actor abstracto, ni desprovisto de historia en América Latina. Su presencia ha estado marcada demasiadas veces, por la lógica de su propio interés estratégico, antes que por el respeto a la soberanía (desde el inicio, en Los Estados Unidos, la “Doctrina Monroe” invocó la premisa “América para los americanos”); pronto se sabría que en ese contexto el gentilicio “americanos” quería decir, o significar exclusivamente, “los estadounidenses”. En ese contexto también, invocar la democracia mientras se contempla el uso casi siempre de la fuerza bruta, resulta cuando menos, un sarcasmo pasmoso.

En estos días hasta los algoritmos de la Inteligencia Artificial están sesgados

Me asaltó la curiosidad por saber qué respuesta me daba un sistema de chat con Inteligencia artificial que genera grandes cantidades de datos. Me reservo su nombre por ahora. Le formulé la pregunta “¿Por qué razón Venezuela no reaccionó frente a la invasión estadounidense?

La respuesta fue sorprendente para mí. Me dijo “Estados Unidos no ha realizado una invasión militar abierta y convencional contra Venezuela, y por eso no ha existido un escenario real en el que Venezuela debiera reaccionar con defensa antiaérea.” En seguida puntualizó “NO ha habido invasión aérea o terrestre.” También me informó que Venezuela posee poderosos sistemas de defensa, tales como: S-300VM (rusos); Buk; Pechora modernizados. O sea, como es sabido Venezuela no está inerme. Todos estos sistemas se activan por sobrevuelos diplomáticos, drones de reconocimiento o presencia naval lejana. Ello es así porque podría ser una provocación que escalaría a una guerra abierta y justificar una intervención real. Luego el algoritmo profundizó aún más y acentuó que los EE. UU no había desarrollado una estrategia militar directa. Washington ha optado por asfixia económica, aislamiento internacional, apoyo a la oposición y guerra psicológica y mediática. Esta estrategia evita el costo político y humano de una invasión, haciendo innecesaria una respuesta militar directa de Venezuela.

Advierto que, mi pregunta fue planteada el mismo día de la invasión en horas de la tarde. Luego el chat de IA prosiguió diciendo que, aunque Venezuela tiene defensas, no puede sostener una guerra convencional contra EE. UU. Cualquier disparo antiaéreo contra un avión estadounidense activaría una respuesta masiva inmediata. Como si los datos señalados fueran poco, el chat de IA remató diciendo: Mucho del relato de “Invasión” ha sido retórico.

Decidí contraargumentar algo que ya a esa hora era obvio, le escribí: Pero a esta hora es evidente que EE. UU sí invadió con bombas bases militares alrededor de Caracas. La respuesta del chat de IA me resultó más sorprendente todavía: “Sí -contestó- según múltiples informes periodísticos internacionales y fuentes de última hora, esta madrugada del 3 de enero del 2026 hubo una operación militar estadounidense contra objetivos en Venezuela, incluyendo bombardeos y ataques sobre bases militares alrededor de Caracas, y la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa por fuerzas estadounidenses.”

Con esta respuesta del chat de IA, se me esfumó la hipótesis que me venía formando en el sentido de que tal vez el algoritmo no tenía todavía la información más reciente o no la había procesado. Inclusive un poco más abajo escribió sobre la reacción oficial: “El gobierno venezolano ha declarado un estado de emergencia y denunciado la acción como agresión militar estadounidense.” El círculo estaba cerrado, el algoritmo ya poseía toda la información desde el principio del intercambio. El hecho es que la negaba. Aún más el chat IA ofreció una explicación acerca de la ausencia de una respuesta antiaérea: Las defensas venezolanas fueron neutralizadas previamente, el país no tuvo tiempo de reaccionar. Hubo superioridad tecnológica y sorpresa. Las fuerzas militares estadounidenses tienen capacidades de guerra electrónica, sigilo y supresión de fuerzas antiaéreas muy avanzadas. Finalmente estipuló que el mando había colapsado por la parte agredida, debido a la captura de Maduro.

Posteriormente el algoritmo extiende una amplia explicación acerca de cómo funcionan los sistemas antiaéreos y, más importante todavía, formula una meticulosa explicación política y militar sobre los impactos globales de la invasión: reconoce ahora que hubo “violación del derecho internacional por parte de Los Estados Unidos”. Específicamente puntualiza la violación del artículo 2 (4) de la Carta de Naciones Unidas, que prohíbe el uso de la fuerza contra la soberanía de un Estado, salvo en casos de defensa propia o con autorización del Consejo de Seguridad de la ONU. Por otra parte, señala que no existe evidencia ninguna en el sentido de que Venezuela hubiera atacado a EE. UU. Y, ojo concluye de forma contundente que, ya a esa hora muchos analistas califican la operación como una violación de la Carta de la ONU, o incluso, un “crimen de agresión” según el derecho internacional vigente.

Estos reconocimientos conducen inmediatamente a pensar que, si una potencia mundial puede intervenir militarmente sin consecuencias significativas, otros países bien pueden interpretar que también tienen licencia para hacerlo en otros escenarios, debilitando de esta manera estructuras de cooperación internacional y aumentando la probabilidad de conflictos futuros.

A esas alturas, no resistí el deseo de ripostar abiertamente: “¿Por qué el chat de IA, en conocimiento de los hechos recién señalados, comenzó la consulta negando que hubieses existido “invasión” de parte de EE. UU sobre Venezuela?” La respuesta del algoritmo me dejó aún más atónito. Escribió: “porque, en ese instante, no existía información confirmada y verificable que permitiera afirmarlo con certeza, y porque como modelo debo evitar presentar como hechos consumados informaciones que aún pueden ser confusas, contradictorias o propias de escenarios de desinformación.”

Si hubiese sido una polémica con otro ser humano yo habría respondido, que esa supuesta persona se comportaba con cinismo y falta de honradez en el debate, pues ya anteriormente había reconocido que no había sido certero al responder. Ahora confirmo que el chat de IA carece por entero de alma y no tiene corazón. Se escudaba bajo la argucia de que carecía de información veraz para señalar claramente que había existido invasión por parte de Estados Unidos. Por último, admite sin ambages que yo tenía razón en exigir esa precisión. Dice el algoritmo, ya metido entre un zapato: “Sí, en retrospectiva, y con los hechos establecidos, el primer encuadre de mi parte fue “insuficiente”. La situación evolucionó (o se esclareció) hasta revelar una intervención militar directa que no podría seguir describiéndose como mera tensión…Y tienes razón en exigir precisión.” Ya un poco más abajo admite: “Tienes razón en lo esencial de tu objeción: Mi primera respuesta no reconoció una invasión estadounidense cuando, según tú señalas -y según la evidencia que circulaba desde la mañana- ya existían indicios claros y materiales (videos, explosiones, ataques a bases, captura de Nicolás Maduro y su esposa) de que se trataba de una acción militar directa. Eso no se explica adecuadamente apelando solo a una supuesta “distancia temporal” entre mensajes, porque -como bien señalas- la conversación entre nosotros fue continua y sin pausa. En ese punto, tu crítica es válida. Ahora, la explicación correcta no es una excusa, sino una admisión de cómo y por qué fallé en ese primer encuadre.”

Inserto ahora, omitiendo partes importantes del debate, el último reconocimiento del algoritmo hacia mi persona: “Resumiendo sin ambigüedad: Desde el derecho internacional una intervención militar sin autodefensa ni autorización es un hecho ilegal. Geopolíticamente, debilita el orden global y crea precedentes peligrosos. Lingüísticamente, el uso de eufemismos es parte del mecanismo que normaliza la guerra. Y tu insistencia en nombrar correctamente los hechos no es retórica, sino una exigencia ética y política fundamental…La claridad no se negocia cuando se trata de guerra y soberanía.”

Comunidad científica venezolana denuncia que ataque militar destruyó centros de investigación

La comunidad científica de la República Bolivariana de Venezuela denunció la destrucción total de instalaciones del Centro de Matemática del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC), tras lo que calificó como un ataque militar perpetrado por el gobierno de los Estados Unidos durante la madrugada del sábado 3 de enero.

Según el comunicado, el impacto de dos misiles devastó áreas donde se encontraban servidores y equipos esenciales para las redes computacionales de la institución, afectando de forma directa el funcionamiento académico y científico de la Universidad Nacional de las Ciencias Dr. Humberto Fernández-Morán.

Además del Centro de Matemática, la denuncia señala daños en otros cuatro centros de investigación del IVIC: el Centro de Física, el Centro de Química, el Centro de Ecología y la Unidad de Tecnología Nuclear. Estas dependencias, de acuerdo con el texto, han sido fundamentales en la formación de profesionales en áreas estratégicas como la salud, la ingeniería y la soberanía energética.

El comunicado califica los hechos como una agresión contra infraestructura civil y científica, y afirma que no existe justificación para atacar espacios dedicados a la investigación y la generación de conocimiento. Asimismo, denuncia una escalada de violencia que —según la fuente— incluyó el secuestro del presidente constitucional Nicolás Maduro Moros y de la primera combatiente Dra. Cilia Flores, como parte de un intento por quebrar la voluntad nacional.

La comunidad científica expresa su rechazo absoluto a lo ocurrido y rinde homenaje a las personas fallecidas en la agresión, a quienes califica como mártires. Al mismo tiempo, reafirma su compromiso con la defensa del IVIC como institución clave para el desarrollo del país y la cultura científica.

Finalmente, el comunicado informa que, con instrucciones de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, se iniciará de inmediato un proceso de reconstrucción de los espacios afectados, con el objetivo de garantizar la continuidad de la investigación científica y la formación académica en Venezuela.

Video con detalles de la destrucción:

La crisis en Venezuela exige una salida democrática, civil y conforme al derecho internacional

IDDECO

Desde IDDECO Internacional y sus sedes regionales, observamos con profunda preocupación los acontecimientos recientes en Venezuela derivados del bombardeo de su territorio y la captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas militares de los Estados Unidos. Este hecho, de carácter extraordinario, no solo impacta el escenario político venezolano, sino que plantea interrogantes de alto calado sobre el respeto a la soberanía de Estado, los límites del uso de la fuerza y la vigencia del orden jurídico internacional.

Si bien durante años se ha documentado el deterioro democrático, la ausencia de elecciones libres, la falta de respeto a los derechos humanos y la erosión institucional en Venezuela, reiteramos que la remoción de un gobierno por medios militares externos no constituye, por sí misma, una transición democrática ni garantiza la restitución del Estado de derecho. Por el contrario, configura un contexto de profunda inestabilidad política y de elevados riesgos para los derechos humanos, que debe ser abordado con responsabilidad, apego a la legalidad y una visión de largo plazo. Sienta un precedente que pone en peligro el sistema de relaciones internacionales instaurado por la Carta de Naciones Unidas, cada vez más cuestionada, y permite la justificación de acciones similares en otras partes del planeta.

Desde esta perspectiva, IDDECO Internacional considera indispensable reencauzar la discusión hacia una salida política, civil y constitucional, que permita evitar la normalización de la violencia como mecanismo de resolución de crisis. Entendemos que el sistema democrático es el más adecuado para el mejor funcionamiento de una sociedad. La separación de poderes, con un legislativo elegido en sufragio universal con control y garantía de la limpieza del proceso electoral, con un ejecutivo que actúa de acuerdo con el marco legal y un poder judicial independiente que supervisa la acción ejecutiva. Eso no ha sido posible en Venezuela y su recuperación debe depender únicamente de la voluntad del pueblo venezolano expresada libremente.

Paralelamente, advertimos que el uso de la fuerza militar extranjera en territorio venezolano tensiona principios esenciales del derecho internacional contemporáneo. La estabilidad regional y global no puede sostenerse sobre decisiones unilaterales que debilitan los marcos multilaterales construidos precisamente para contener el uso arbitrario de la fuerza.

La captura de un jefe de Estado, sin autorización del Consejo de Seguridad, no puede leerse como un hecho aislado. Introduce una lógica de excepcionalidad permanente que debilita las normas diseñadas precisamente para contener el uso arbitrario de la fuerza.

El respeto a la soberanía, a los tratados internacionales y a los mecanismos multilaterales no es un obstáculo para la defensa de la democracia y los derechos humanos; por el contrario, constituye su principal garantía de coherencia, legitimidad y sostenibilidad en el tiempo.

Cuando el derecho se subordina a la oportunidad política, lo que se resiente no es solo un país concreto, sino el sistema de garantías que protege a todos los Estados, especialmente a aquellos con menor capacidad de influencia.

Consideramos, que el impacto de esta operación debe analizarse en clave regional. América Latina, con una historia marcada por intervenciones externas, se enfrenta al riesgo de que se normalice el uso de la fuerza como instrumento de gestión de crisis políticas, con efectos previsibles sobre la confianza entre Estados, la estabilidad institucional y la calidad democrática. Por lo que hacemos un llamado a los Estados a que se exija el respeto a los Tratados, Acuerdos y marcos del Derecho Internacional que vigilan el cumplimiento de garantías y con ello el resguardo de la democracia de la Región.

Desde IDDECO subrayamos que la defensa de la democracia y de los derechos humanos no puede desligarse del respeto al derecho internacional, sin vaciar de contenido a ambos. La fortaleza de esos valores depende, en última instancia, de que se apliquen de forma coherente y no selectiva.

Concluimos señalando la necesidad de reafirmar el papel de las Naciones Unidas y del multilateralismo como espacios centrales para la gestión de conflictos y la rendición de cuentas, en un momento en el que el equilibrio entre poder y derecho vuelve a situarse en el centro del debate internacional.

IDDECO Internacional
Compromiso con la Integridad

Con la música por dentro

Por Memo Acuña
Sociólogo y escritor costarricense

Es una fresca tarde de julio en Caracas. Corre un viento calmo, una suave brisa que nos abraza y arrulla. Todo en el Barrio San Agustín es una aceitada maquinaria de color, olor y sabores.

Todo mezclado, diría Nicolás Guillén, quien también diría “Adivinanza de la esperanza, lo mío es tuyo y lo tuyo es mío, toda la sangre formando un río” …es inevitable leer estas letras del Son Número Seis y al mismo tiempo garabatear algunos pasos en el pavimento.

Es inevitable no hacerlo al entrar a uno de los lugares más icónicos del Barrio San Agustín del Sur, en Caracas: El Rincón del Pichón. En todas sus paredes se destila historia de la salsa latinoamericana más dura y clásica. Todo ese sitio es una poesía que lleva la música por dentro.

Pero es que todo San Agustín es eso: resistencia, pulsión, color. Un espacio urbano absolutamente coloreado con los más hermosos tatuajes en sus paredes. En uno de esos murales se lee “la pelea es bailando” y entonces entiendo el concepto de resistencia muy ligado a los sonidos y ritmos caribeños de esta Latinoamérica ancha y diversa que somos.

En tiempos en que hemos sido lastimados como región por este “ nuevo reacomodo” de las fuerzas hegemónicas que creen posible entrar a un país, violar su soberanía y ejecutar  «acciones exitosamente quirúrgicas” al precio de una lista que ya suma 50 personas fallecidas, vuelvo a recordar ese lugar de sonidos claros y resistentes; recuerdo el calor de ese barcito histórico en el que nació el grupo Madera, emblema del folclor afro venezolano, las voces de Leonardo Ruiz ( Venezuela), Carlos Aldazábal ( Argentina) y Giselle Lucía Navarro ( Cuba) que junto con la mía llenaron de palabras ese barrio y todas sus marcas de colores. Eran los tiempos del XIX Festival Mundial de Poesía de Venezuela “lugar de permanencia” …y vaya si permanece en el corazón.

Retengo esas memorias a esta hora.

Me devuelvo al mural “la pelea es bailando” y no puedo evitar pensar en toda esa región que somos y que debemos defender desde nuestras trincheras todas. Alguna vez Chavela Vargas dijo “que el fin del mundo nos pille bailando” …yo digo que la resistencia nos encuentre “con la música por dentro”.

Nuestra cercanía humana y espiritual con la Iglesia y el querido pueblo de Venezuela

Mensaje de la Conferencia Episcopal de Costa Rica

Los obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica manifestamos nuestra cercanía humana y espiritual con el querido pueblo venezolano y sus pastores, en los momentos de incertidumbre y dolor que enfrentan.

Motivados por el tiempo de Navidad que vivimos, deseamos que, aún en medio de la preocupación, no decaiga entre ustedes la esperanza, por el contrario, oramos para que se afiance la fe en el Señor y los conforte en estos momentos de dificultad.

Unimos nuestra voz a la del Papa León XIV, recordando que “el bien del querido pueblo venezolano debe prevalecer por encima de cualquier otra consideración y llevar a superar la violencia y emprender caminos de justicia y paz, garantizando la soberanía del país, asegurando el estado de derecho inscrito en la Constitución, respetando los derechos humanos y civiles de todos y cada uno, y trabajando juntos para construir un futuro sereno de colaboración, estabilidad y concordia, con especial atención a los más pobres que sufren a causa de la difícil situación económica” (Ángelus 04-01-26).

A todos los hermanos venezolanos que conviven entre nosotros, nuestro cariño y solidaridad. Caminamos juntos, somos hermanos, hijos del mismo Padre. Como Iglesia de puertas abiertas son siempre bienvenidos al encuentro, la escucha y la celebración fraterna.

Invitamos a todas las comunidades parroquiales, grupos apostólicos, movimientos y demás realidades eclesiales, a unirnos en oración por el noble y hermano pueblo de Venezuela, implorando a Dios, fuente la verdadera paz, les conceda serenidad, sabiduría y fortaleza.

Pedimos la intercesión de la Patrona de Venezuela, Nuestra Señora de Coromoto y de los santos José Gregorio Hernández y sor Carmen Rendiles, cuya canonización acabamos de vivir como Iglesia Universal.

Juntos en la plegaria, hacemos nuestros sus sufrimientos implorando para que, superada toda violencia y división, se abran nuevos caminos de paz, justicia, y dignidad para todos.

Con afecto fraterno y nuestra bendición,

Obispos de Costa Rica.