Personas usuarias del servicio de transporte público modalidad autobuses, se manifestaron hoy en apoyo a la empresa autobusera conocida como Alfaro que cubre la ruta San José – Nicoya (Guanacaste) y viceversa.
Demandan del Consejo de Transporte Público (CTP) respetar la concesión otorgada a esa empresa histórica que durante muchos años a brindado un buen servicio a las comunidades guanacastecas.
compartimos y adjuntamos imágenes y el documento que contiene gran cantidad de firmas de apoyo de la manifestación popular guanacasteca, realizada hoy sábado 09 de setiembre del 2023 en el cantón de nicoya enviadas a la Asociación para la Defensa de los Usuarios de los Servicios Públicos (ADUSP).
Firma responsable:
Renier Canales Medina Presidente 09/09/2023, 12:30 pm.
El próximo martes 12 a las 9 am se realizará el foro Crisis de la CCSS y del Estado Social en Costa Rica. La actividad forma parte del ciclo de foros y tendrá lugar en el Centro de Artes, en el campus de Cartago.
Extraña que, como parte importante de lo que hace la administración Chaves, alrededor del millonario, pero mal estructurado proyecto de «ciudad gobierno», se obvie lo de la manzana perteneciente al Liceo de Costa Rica.
Al reafirmarse judicialmente, que los 10 mil metros cuadrados de terreno al sur del edificio oeste, son propiedad del centenario Liceo, se suscribió un contrato de arrendamiento con las autoridades del MOPT, que, por desdicha, el ministro Luis Amador ordenó incumplir, o sea, no pagar el alquiler pactado, afectando sensiblemente el buen funcionamiento del prestigioso Liceo.
Pues bien, mediante una maniobra de los jerarcas del MEP, MOPT y VIVIENDA, ejecutada con la complicidad de una espuria junta administrativa, órgano con solo FUNCIONES ASESORAS, se cometió falta grave. Cual si la Ley promovida por el expresidente Daniel Oduber, mediante la cual se reconoce como del LCR la cuadra que hoy ocupan los talleres del MOPT, fuere letra muerta, la tal junta administrativa (procesada por supuestos actos de corrupción), le «cedió» al gobierno de Chaves, lo que no podían regalar.
Serán los tribunales de justicia los que, sin duda alguna, anularán el «convenio de cesión», pero mientras tanto, el gobierno NO puede, no debe, hacerse «gato bravo» con el bien que pertenece al Liceo.
Podría pagar una indemnización por expropiación (si se llegase a aprobar el préstamo de US$450 millones en la Asamblea Legislativa), o determinar otro mecanismo justo de traspaso, pero no cometer el delito que hoy no les da pena exhibir ante la opinión pública.
En todos estos años de residir fuera de Argentina, al igual que otros compatriotas, nos hemos mantenido informados y conectados con todo aquello que hace a la vida de nuestro país, sin sentirnos ajenos o indiferentes a lo que acontece en general en el quehacer nacional y en particular en sus cambiantes realidades políticas y sociales.
Con relativa frecuencia, ya sea debido a una celebración patria o cuando una determinada situación lo amerita solemos reunirnos, y al margen de nuestros distingos ideológicos, partidistas o de otra índole procuramos amenizar o si algo nos inquieta sobre lo que está ocurriendo en nuestra tierra de origen, tratar de dilucidarlo.
Dicho lo anterior deseamos referirnos a algo que como pocas veces antes, o tal vez nunca, nos mantiene en vilo; en un estado de angustia e incertidumbre con motivo del actual proceso electoral que se lleva a cabo en Argentina.
Tal es así que cuando en otras latitudes el tema pasa a ser relevante en las redes sociales, en los medios y en las habituales conversaciones, se encienden alarmas y lo que no se entiende y desconcierta se manifiesta en forma de preguntas, que requieren respuestas. La repetida es: ¿cuál es la razón del inaudito apoyo que recibe uno de los candidatos por parte de un considerable número de electores?
Cuando llegan a nosotros, los argentinos, nos quedan dos opciones, rehuirlas o reconocer que no sabemos qué responder. No obstante, las opiniones crecen y se transmiten un día sí y otro también. Entre los más entendidos en la materia sobre la cual el candidato se presenta y hace gala en su campaña electoral prevalece el que es un diletante, alguien que esputa lo que ni siquiera merece ser considerado como algo serio. Deposiciones mentales, afirman algunos, de alguien que hace alardes de ser un experto que sabe de lo que habla, que “tiene toda la razón” y no acepta cuestionamiento alguno. Los más severos en sus apreciaciones lo caracterizan como un enajenado, un pamplinero que propone medidas de gobierno que, en caso de ser elegido, conducirá a situaciones caóticas. Un salto al vacío que amenaza con la propia disolución, no solo del Estado sino del propio país hermano. Será un mal que afectará a todos los de la región. No pueden concebir que gente con un mínimo grado de sensatez y cordura lo puedan estar apoyando.
Hay quienes aseveran que esto que hoy ocurre en Argentina puede tratarse de una de esas apariciones de monstruos de los que hablaba Antonio Gramsci; lo que tipificaba como resultado de transiciones de lo que fenece a algo nuevo que demora en perfilarse. También están los que coinciden en que este tipo de extrañas manifestaciones se dan debido a trastornos individuales y colectivos de carácter psicosocial. Los sonrojos de vergüenza asoman en muchos de nosotros cuando nos llegan a raudales expresiones de tal naturaleza, aunque también de pesar por esto que sucede en Argentina.
¿No es hora ya en que tirios y troyanos intenten, dentro de lo razonable y lo posible y del propio sentido común, sin renunciar a lo básico que marcan nuestras diferencias, comenzar a tender puentes en lugar de seguir levantando muros? A veces en situaciones cómo está, ¿no resulta más importante convencer en lugar de vencer?
Lo que está sucediendo no solo es inaudito sino pernicioso para la inmensa mayoría de un noble pueblo argentino deseoso de vivir en paz, luego de tantos años de violencia que ha dejado tantas heridas que aún no han del todo cerrado. Tal vez nos haga falta cierta pausa y mesura, en una reflexión nacional que nos acerque más a esa práctica de la democracia que mejor garantiza la convivencia en las diferencias y a esa anhelada paz social.
Se dice que por orden y seguridad (o por culpa de la pandemia) se le ha echado candado a los parques, gimnasios, escuelas y colegios, bibliotecas, templos, etc. Por lo general estos espacios tienen «dueño» o sea que alguien maneja la llave y otro alguien da la orden de que no se puedan utilizar las instalaciones para personas o grupos de la comunidad (por supuesto que esto no ocurre en el 100% de los casos, pero sí en muchos casos).
Es un deber de organizaciones educativas, culturales, ambientalistas, progresistas, que buscan armonía con la Naturaleza (como las Espirales Comunitarias del Buen Vivir), buscar la apertura de espacios públicos, parques y zonas verdes, donde se pueda incidir en la protección, orden y limpieza, siembra de plantas y árboles (ambiente para abejas, colibríes, mariposas, etc), la participación de personas de todas las edades y muy importante: no permitir que estos sitios se sigan llenando de cemente.
¡MENOS CEMENTO, MÁS VIDA!
Edison Valverde Araya, miembro de Espiral Comunitaria Pasoancho, Asamblea y Consejo Nacional del Buen Vivir
Lo que la ministra Anna Katherina Müller dijo en la ULACIT, gozando para ello del espacio de confort y tolerancia que le ofrece esa empresa educativa regentada por familiar suyos, es extremadamente grave y alarmante. Con el permiso de ustedes, me referiré a las escandalosas barrabasadas que dejó dichas esa señora:
1) La disposición para que los presupuestos para el sistema educativo estatal, en su conjunto, no sean inferiores al 8% del producto interno bruto anual de la economía, está contenida en el artículo 78 de nuestra Constitución.
2) Se trata, por lo tanto, de una decisión política aprobada según las reglas propias de la democracia, las cuales en este caso se aplican con especial rigor, ya que, entre otras cosas, una reforma constitucional demanda mayoría calificada de al menos dos tercios del total de los votos en la Asamblea Legislativa.
3) En cuanto decisión política y democrática, la norma del 8% del PIB para educación, pudo haber tenido una fundamentación técnica y científica, pero no era necesario que la tuviese. En lo fundamental, esta disposición traduce una aspiración: sobre el país que queremos tener y la sociedad en la que queremos vivir. Eso no puede ser determinado ni fundamentado científicamente. Es, digamos, un valor y una aspiración de alcances metacientíficos.
4) En cuanto que norma constitucional -superior incluso a las leyes- es de acatamiento obligatoria. Cierto: nadie está obligado a lo imposible, es decir, puede acontecer que en un determinado año o, incluso, en una sucesión de años, no sea posible alcanzar el límite del 8%, porque razones objetivas de mucho peso lo impiden. Pero eso no exime de su obligación al presidente y a cada ministro y ministra, quienes tienen el deber ineludible de hacer el máximo esfuerzo con el máximo empeño, en tratar de cumplir.
5) Podrían estar en desacuerdo, pero eso no les exime de sus obligaciones y responsabilidades, ni les autoriza -como lo hace Müller- a renegar de ellas. En tal caso, lo que corresponde es que promuevan un cambio en la norma constitucional, siguiendo los procedimientos democráticos establecidos.
6) Las políticas educativas -llámense “ruta de la educación” o lo que fuere- sí deberían tener fundamentación técnica y científica.
7) Por lo tanto, no es de recibo -es una charlatanería y un insulto- venir a decir, como lo hace Müller, que tenemos una política educativa que es un “invento” personal de ella, un nebuloso y fantasmagórico “proceso vivo” que carece de objetivos y metodologías conocidas, y el cual, al decir de la ministra, ella podría dejar plasmado en un documento que elaboraría “en un fin de semana”. Es inaudito que toda una ministra de Educación se exprese con tanta frivolidad e irrespeto.
Si ya la crisis educativa es grave, con el gobierno de Rodrigo Chaves, y bajo la conducción de Müller, lo único que cabe esperar es el colapso total y definitivo.
Compartido con SURCOS por el autor y publicado en su espacio de Facebook.
La Maestría Centroamericana en Sociología invita a la conferencia inaugural Retos globales en América Latina: la política desafiada en sociedades polarizadas, a cargo del doctor Eugenio Rivera Urrutia.
7 de setiembre a las 6 pm
Los detalles de la transmisión los puede ver en el afiche.
Durante la Segunda Guerra Mundial, se reportaron avistamientos de objetos espaciales no identificados (OVNI).
No se le dio mucha importancia, porque se especuló que podrían ser experimentos de los países involucrados en el conflicto bélico.
Pero, en 1947, en Roswell, Nuevo México, ocurrió un incidente que cambiaria, para siempre, el giro de la discusión.
Una nave espacial extraterrestre se estrelló en el desierto, rescatándose restos materiales de la nave y restos biológicos de la tripulación.
En los años posteriores, se registraron más avistamientos, en todo el planeta.
Nuestro país, no ha estado exento de avistamientos, respaldados documentalmente.
Una de las fotos más hermosas, es aquella que permite nítidamente apreciar una nave suspendida, como si no se inmutara, sobre el cráter del Volcán Arenal.
Sin duda, una fotografía extraordinaria, que a cualquiera deja sin palabra.
Hay otra foto, muy buena, de un objeto, planeando sobre el Lago Cote, o Laguna Coter, en Guatuso, por cierto, lago misterioso en el que estuvo haciendo una investigación Philippe Cousteau.
Para no ir tan lejos, la semana pasada, fui con un amigo, a sacar unas fotos de la superluna, la luna azul, en la zona del Bajo de la Hondura.
Logramos avistar dos objetos espaciales, que en un indescifrable baile, se desplazaban rápidamente y de manera muy errática, hasta que desaparecieron.
El maravilloso esplendor de la noche nos facilitó tomar algunas fotografías de esos extraños objetos.
Por ahora, no les puedo compartir las fotos, porque las remitimos a una agencia, para que constaten su autenticidad y analicen los expertos.
Las visitas se han vuelto tan constantes, que en los últimos 12 meses, el Pentágono registró 250 incidentes no identificados.
Es más, en el último mes de julio, una comisión de la Cámara de Representantes de EUA, realizó una audiencia.
En la audiencia participaron 3 exmilitares de la aviación estadounidense, quienes hicieron revelaciones sorprendentes.
Los declarantes, bajo fe de juramento, manifestaron que el Pentágono maneja un programa de investigación secreto, que ha logrado recuperar restos de naves y restos biológicos no humanos.
Uno de ellos denunció que el Pentágono oculta al mundo información acerca de Fenómenos anormales no identificados (FANI), como se denomina más recientemente.
La cuestión ha llegado a tener tanta relevancia, que la Cámara de Diputados de México, convocó a una audiencia pública, a la que están invitados expertos internacionales y los exmilitares que declararon en el Capitolio.
La audiencia tiene la finalidad de construir una propuesta que regule FANI.
La audiencia será el 12 de este mes, que marcará un hito histórico, mundial.
Por cierto, por lo menos, los legisladores de Costa Rica, deberían interesarse en estos asuntos, que sería mucho más útil y provechoso para la Patria, en lugar de esa vorágine acelerada y motorizada que emprendieron contra el Estado Social y Democrático.
Yo no comprendo si el universo es finito o infinito.
En la escuela, la maestra me enseñó una cosa y ahora me dicen otra muy diferente.
Lo cierto, es que en esa inmensidad, no sería razonable pensar que somos la única especie inteligente del universo.
No podemos ser terraplanistas.
Tenemos que tratar de tener alguna comunicación con seres de otras galaxias.
En la de menos, los extraterrestres han tenido ya alguna comunicación con los humanos, pero se nos ha ocultado.
De aquí la importancia que tiene la audiencia pública convocada por la Cámara de Diputados, el 12 de este mes.
Por Osvaldo Durán-Castro/Sociólogo ITCR-ecologista FECON
El río Duchí es un poderoso animal de agua que nace en el Valle Las Morrenas en Duchí tuä, la cima del cerro Chirripó. De ahí baja en medio de las montañas que sólo los cabécares de Alto y Bajo Chirripó conocen. Su agua, inimaginablemente transparente, se desliza en medio de la selva sin humanos. Más abajo, el Duchí se mueve sinuoso entre las comunidades cabécar que nacieron y viven a su paso. Esta gente se sirve comida de él, lo utiliza, lo quiere y lo respeta. El Duchí no es una “cosa”, es el “Ri” que permite a la gente convivir con él. La cultura y la vida cabécar no serían posibles sin el Duchí.
Pero desde Namaldí en Bajo Chirripó hacia el Caribe, el río sufre una enfermedad terminal porque los bosques que lo flanqueaban no lograron detener la arremetida de las trochas, los tajos y los bananales. Allí su agua se torna sucia, contaminada e inservible. El ecosistema limpio del río desaparece y se convierte en un callejón lodoso de humus, suelos lavados y sedimentos venenosos. Su cauce está drenado y saqueado, y la maquinaria es la que esculpe violentamente su lecho y sus paredes.
Igual que en todo el planeta, en el Duchí, los pueblos se hicieron y se quedaron al lado de los ríos. Pero a pesar de que la gente indígena sabe escucharlo, mirarlo y leerlo, el río puede resultar impredecible y tornarse en extremo peligroso. En muchos tramos del río la gente no tiene otra opción que lanzarse a cruzarlo sin más ayuda que un palo para apuntalarse entre las piedras y los remolinos. Las aguas que parecen mansas tienen una fuerza distinta a las de otros ríos como las de su vecino Jaküi/Pacuare y las de muchos otros ríos más cortos y quebradas que fluyen y se le suman desde las montañas que conducen a alta Talamanca. Lo indómito del Duchí tampoco se muestra en otros tantos ríos que le llegan desde las cumbres y montañas que hacen de parteaguas con la cuenca del Jaküi. Cruzar el Duchí es siempre un desafío que sólo la gente cabécar sabe enfrentar, y sin embargo muchas veces ese riesgo les cuesta la vida. Cuando el río verdaderamente crece es un animal temerario.
En Tsineklarí/Roca Quemada hay un puente de hamaca para las personas, animales domésticos, motos y cuadraciclos, que da paso hacia las comunidades del lado de Limón. Pero de ahí hacia arriba, hasta Ñari Ñak, la siguiente pasarela consiste en un cable de lado a lado del río sostenido con cimientos de concreto del que cuelga un “cajón” de metal en el que pasan hasta 5 personas, productos como bananos, plátanos, otros alimentos y algunos animales como perros y gallinas.
A falta de paso seguro para ir al colegio de Ñari Ñak, por ejemplo, los estudiantes de algunas familias de Blori Ñak caminan hasta Kabébata/Quetzal. A cualquier yukosa/no indígena desacostumbrado a caminatas rudas, ese trayecto le tomaría no menos de 5 horas por una subida extrema. A algunos indígenas, como Albeiro García Brenes, que cursa el octavo año y sube todos los días, le toma 1 hora con 40 minutos. El regreso a su casa lo hace en menos. El peligro actual y la memoria hacen que la familia de Albeiro prefiera esas caminatas diarias al riesgo de cruzar el río colgado de un cable. En diciembre de 2023 se cumplirán 10 años del día en que su papá cayó al río cuando el artesanal e improvisado mecanismo de “rola” o rueda para deslizarse en el cable de metal y un pedazo de mecate a modo de hamaca falló. Sobrevivió con los pies molidos por el impacto en las piedras y muchos más golpes y volvió a su casa luego de muchas semanas hospitalizado.
Caminando algunas horas más sobre la misma ribera de Blori Ñak, al otro lado del río se divisan las comunidades Guatemala y Colonia. Luego de pasar Shukebacharí, pero hasta mucho más arriba, todavía lejos del centro de Sinoli, está la siguiente pasarela. A diferencia del puente de hamaca de Tsineklarí, la pasarela que hay que usar para llegar a Sinoli es endeble e improvisada. De un lado tiene una armazón de metal a la cual está sujeto el cable. La gente debe subirse en un pequeño e incómodo cajón de metal que hay que sostener mientras se aborda. Luego se suelta y con algo de impulso se adentra un poco sobre el río. Las ruedas de las cuales va guindando pareciera que se van a saltar el cable. Cuando el impulso por el peso acaba hay que empezar a jalar un mecate para acercarse a la otra orilla y eso es un trabajo pesado. Del otro lado, la armazón de recibo está hecha de simples palos traídos de la montaña.
Las “gradas” son palos irregulares también. Subir o bajar unos 5 metros para tomar o dejar el cajón es de por sí muy peligroso. En prácticamente todas esas pasarelas sobre el Duchí, con las rolas permanentes, o con las que la gente lleva, o con los mecates, muchas personas han sufrido heridas de distinto tamaño y hasta se han amputado parte de alguno de sus dedos; esto incluye gente de todas las edades y hasta bebés de meses. Las caídas al río desde los cables con mecates o cajones son el accidente más común y con frecuencia terminan en muerte. Cuando el río está descomunalmente crecido, infunde miedo, demanda cuidado extremo y se convierte en un “mar” de peligro inminente de hasta doscientos metros de ancho.
En la ruta de subida hacia el lejano y altísimo Duchí tuä, ahora caminando del lado de Limón, la comunidad que sigue es China Kichá/Raíz de naranja, mismo nombre de otras comunidades cabécar en Talamanca y Pérez Zeledón. Bastante más arriba de la pasarela y a la par del río, se ven la escuela y otros techos de China Kichá. Pero este pueblo queda al otro lado y hay que volver a cruzar el río. Sin embargo, sólo está el cable porque el cajón está malo, según explican en cabécar 2 mujeres jóvenes que parecen de no más de quince años. Ellas esperan un rato bajo la armazón de palos que sostiene el cable, conversan entre ellas y con nuestros compañeros de Blori Ñak, deliberan y luego empiezan a caminar río arriba por las piedras de la orilla como midiendo la fuerza de la corriente. Tras intercambiar miradas entre ellas y con el río, parece que encontraron una ruta. Luego de hacerse comentarios que no escuchamos, se lanzan a cruzar el Duchí.
Calculan cada paso soportando la corriente, a veces se tambalean, se hunden entre las piedras y los remolinos, se hablan a gritos, se ríen y parecen asustadas, pero siguen. Tratan de no separarse y terminan tocando la otra orilla muchos metros más abajo de donde iniciaron. Nosotros avanzamos bastante más hacia arriba buscando que el río nos dé una tregua para cruzar, pero el Duchí nos engaña. De lejos cada tramo parece tranquilo, pero al llegar los remolinos y las innumerables pequeñas cascadas se revelan poderosas y desafiantes a tal grado que luego de muchas entradas fallidas, simplemente desistimos. Los cabécar siguen dispuestos a lanzarse, pero “los yukosa no pueden con el Duchí”.
Las 2 muchachas jóvenes se pierden en la montaña al otro lado del río en China Kichá. A nosotros nos espera un regreso a Blori Ñak a marcha rápida de al menos 5 horas por los mismos trillos, caminos, trochas e inseguras pasarelas. En ese retorno nos topamos a 6 personas que vienen a paso ligero y silencioso desde Tsineklarí donde encontraron al muchacho que se había ahogado 5 días antes. Son parte de su familia. Era un hombre joven que necesitaba cruzar el río para ir a trabajar, pero no tuvo la suerte de las 2 jóvenes. No era un “cholillo”. Era una de las muchísimas personas que todos los días y a cualquier hora, no tienen alternativa y deben arriesgar su vida debido a la ausencia de puentes que permitan el paso seguro. Desde Sonoli, el Duchí se llevó su cuerpo hasta Tsineklarí.
En Grano de Oro, el yukosa que habló de esta muerte no se refirió a “una persona” sin importar quién fuera, ni menos a un indígena cabécar ahogado, sino de un “cholillo”, sin comprender el peso violento y racista de su expresión. Simplemente soltó la frase grosera con la “naturalidad” propia de quien vive en una sociedad discriminatoria y descalificadora; una sociedad racista. Todavía para mucha gente, aunque los tenga de vecinos, los indígenas son personas inferiores y los tratan como si lo fueran. Muchas de esas expresiones y prácticas actuales nos hacen pensar que vivimos como si el tiempo no hubiera transcurrido y estuviéramos ante cualquier supremacista blanco de hace décadas o siglos cuando nuestros indígenas eran cazados como si fueran bestias. Algunos connotados racistas y traficantes de seres humanos como Fitz Roy, el explorador colonialista inglés de la Patagonia y Tierra del fuego en Argentina y Chile, y su compañero Charles Darwin, capturaban indígenas y hablaban de éstos como “feroces y sucios salvajes” y “criaturas apenas superiores a la creación bruta”. Darwin, tal vez el más conocido científico inglés, llegó a decir que “…no he visto en ninguna parte criaturas más abyectas y miserables”, para referirse a los “fueguinos” del sur del continente americano. Ese mismo desprecio, con variantes, lo practican hoy muchas personas en la calle y en dependencias públicas y privadas de Costa Rica.
Si los cabécares de Alto Chirripó tuvieran puentes, al menos puentes de hamaca, podrían conectarse entre sí con seguridad y podrían llegar a los caminos para trasladarse hacia Turrialba. Aunque no puedan pagar 25.000 o 30.000 colones para subir en carro hasta por lo menos Grano de Oro, con esos puentes vivirían mucho mejor.
En cuanto a los caminos, algunos están mejor que hace unos años. Desde Grano de Oro hasta Tsineklarí por Tsipirí, Jokbata y Dikokloriñak, se puede llegar sin problema. La ruta Grano de Oro por Kabebata/Quetzal hasta Blori Ñak también es transitable, pero con lluvias fuertes queda inhabilitada rápidamente, lo mismo ocurre con el camino hasta Shukebacharí. Esas rutas y sus pueblos son sitios de paso y entrada a muchas más comunidades tanto del lado de Cartago como del lado de Limón, como Jokbata, Dikokloriñak las mismas Tsineklarí y Blori Ñak, Ñari Ñak, Guatemala, Colonia, Shukebacharí, Sinoli, China Kihá y muchas más.
Si esos pueblos contaran con puentes para cruzar el río se evitarían muchos accidentes, muertes, desplazamientos agotadores de horas para ir a estudiar, recibir alguna atención médica, comprar alimentos, trasladar productos, etc. Desgraciadamente murió otra persona y puede que no sea la última. No era un “cholillo”. Era un habitante de Costa Rica, un indígena trabajador. No andaba borracho, que es lo que casi siempre se dice, pero no pudo medir el peligro. Si existiera un puente, aunque fuera un puente de hamaca, él no habría muerto. Y tan racistas son las expresiones grotescas sobre su muerte, como el abandono material de la institucionalidad costarricense con el pueblo cabécar de Alto Chirripó y con los demás pueblos originarios. El racismo es un problema social de Estado, de toda la institucionalidad y no es con ayudas puntuales, o con caridad, como se subsanarían carencias tan elementales como puentes de hamaca para que la gente no viva en riesgo inminente y permanente. Se requiere asumir responsabilidad para hacer esas inversiones mínimas.
A pesar de las tragedias irreparables, el río Duchí sigue siendo indispensable y fundamental para la vida de la gente cabécar, pero hasta tanto no existan condiciones seguras para cruzarlo, también seguirá siendo un peligro irremediable. Dentro del territorio cabécar el Duchí es entonces una amalgama de vida natural verde y animal ilimitada, belleza indescriptible y fuerza descomunal que cobra vidas humanas.