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Autor: Hector Ferlini Salazar

¿REALMENTE ELEGIMOS?

José Manuel Arroyo Gutiérrez

         En medio del ruido, la niebla y la incertidumbre electorales, cabe preguntarse dónde estamos, qué pocas cosas podemos reconocer, hacia dónde vamos como nación supuestamente democrática.

         La oferta partidaria es ampliamente conservadora, cuando no abiertamente neoliberal.  Hay un vacío en el centro-izquierda que nadie parece interesado en llenar. La socialdemocracia es un ideal muerto y enterrado. La izquierda no termina de salir de la Guerra Fría, ni de reconocer los radicales cambios que en este sector están ocurriendo en América Latina.

         Existe un ruido ensordecedor emitido por la mayoría, también ultraconservadora,  de los medios de comunicación y una importante legión de resentidos que han convencido a una buena parte del electorado de que vivimos en el peor de los mundos posibles; que el gobierno en ejercicio lo ha hecho todo mal y que es prácticamente una dictadura. Se da por un hecho consumado que habrá un cambio, sin que sepamos con exactitud si eso es cierto, o en qué dirección se dará. No hay ningún reconocimiento, ni en el manejo de la pandemia, (aunque los datos comparativos arrojan logros más que buenos); ni en la construcción de obra pública sin precedentes, (y que se ha tratado de descalificar por los actos de corrupción ajenos al núcleo central del gobierno,  y a pesar de haber sido debidamente detectados, denunciados y puestos ante estrados judiciales);  tampoco hay reconocimiento a los  avances y logros en materia ambiental o de derechos de minorías; y en general, aunque la haya, tampoco se está dispuesto a aceptar que ha habido una relativa estabilidad macroeconómica o que se empiezan a dar indicios de reactivación de la economía.

         A estas alturas hay un importante sector que está considerando volver al pasado.  Se están tragando el cuento de que la experiencia, el mayor tiempo controlando el gobierno y la existencia de cuadros preparados, son méritos suficientes para olvidar décadas de irresponsabilidad en la gestión, clientelismo politiquero y abierta corrupción.   La cuestión no es si se tiene mayor experiencia, la cuestión es preguntarse qué se hizo en el pasado con esa experiencia,  para qué sirvió o, mejor dicho, a quién sirvió. Si las proyecciones de las últimas encuestas resultan ciertas, pues que venga el Pisuicas y elija, porque lo que es este ciudadano no se va a prestar a una burla más. Sea que ganen los blanqui-verdes o los roji-azules, Costa Rica vivirá los últimos estertores del 48 en un cuatrienio que se nos volverá trágicamente agónico. Una larga agonía que este pueblo no se merece. Entre el PLN y el PUSC no hay diferencias ideológicas, sólo grupúsculos y personajillos disputándose figurar y tener poder para servir a las mismas élites económicas. Pero en lo esencial, no sé qué nos espera cuando lleguen estos nuevamente al poder, después de una sequía de 16 años en el PUSC y de 8 años en el PLN, sequía sin negocios a la vista, sin puestos que repartir, sin presupuestos que festinar, sin clientela que alimentar.

         En el espectro de las nuevas derechas, el problema no es que Feinzaig coma chiquitos, es que no le importe si hay chiquitos que no coman. En el caso de Rodrigo Chaves, el problema no es que haya pensiones de lujo, que parece ser el único tema que le queda, sino que está descalificado por acoso y por una pensión en dólares respecto de la que no sabemos monto, años y porcentajes cotizados y origen de los recursos de Naciones Unidas con los que se le paga. El problema de Rolando Araya no es que nos haya mandado a tomar cloro para salvarnos de la pandemia, es que sigue creyendo en el modelo de los hidrocarburos y de la extracción salvaje como alternativa al desarrollo. El problema de Fabricio, en fin, no es que confunda política con religión y Constitución con Biblia, sino que en buena medida suma las debilidades de todos los anteriores.

         Por lo pronto, los mecanismos más sucios están entrando en juego. Encuestadoras de poca credibilidad determinan que ciertos medios de comunicación influyentes den visibilidad o no  a ciertos partidos o candidatos; a su vez, este pretexto espurio determina que  los banqueros decidan dar financiamiento o no a determinada propuesta política y que, al fin de cuentas, tengamos que escoger entre quienes ellos deciden.

         Lastimosamente no es sólo cuestión de manipulación mediática o asfixia financiera lo que nos tiene donde estamos. Es cierto que las formas de manipulación son múltiples y también sutiles, pero la tragedia consiste, una vez más, en ver a tanta gente de los sectores populares, los más pobres y vulnerables, desfilar a votar masivamente por los partidos que representan los intereses de los sectores económica y socialmente más poderosos. Como bien se explica desde la sociología contemporánea, no es que estos ciudadanos sean poco inteligentes y se dejen manipular. El problema es mucho más complejo. En una cultura donde predomina el mandato consumista (quien no consume, no existe),  y se promueve el predominio de la apariencia sobre la esencia; el tener sobre el ser. Nadie quiere ser identificado como marginal o desposeído ni pertenecer al partido de los desposeídos; la clase media aspira a consumir como lo hace la clase alta y estira el cuello mientras los de más arriba les serruchan el piso; todos queremos vernos y que nos vean como exitosos y enriquecidos; así, la clase alta sabe que cuenta con amplio abanico que estará a su servicio en la Asamblea Legislativa, en el Poder Ejecutivo y cuidado si no también, en el Poder Judicial.

Conflictos sociales en el horizonte ante un país cada vez más desigual

Luis Fernando Astorga Gatjens

Costa Rica tiene en sus manos una bomba de relojería, que vislumbra en el horizonte –casi irremisiblemente– futuros conflictos y estallidos sociales. La crisis social ha venido madurando al compás del progresivo deterioro del Estado Social de Derecho (ESD), que forjó el país el siglo anterior.

Hoy, cada vez queda menos de ese Estado de Bienestar y eso se retrata en el incremento de la pobreza y la desigualdad social, y la ominosa concentración de la riqueza en cada vez menos manos. Lo que nos proyectó internacionalmente en el pasado, con cifras en desarrollo humano y en esfuerzos reductores de desigualdad social alentadores, hoy es un recuerdo que se desdibuja cada vez más. Es un país que ha venido cambiando para lo peor.

Actualmente, lo que fue halagüeño y esperanzador se ha tornado sombrío. Así se puede constatar en el Informe 2021 del Programa de Estado de la Nación (PEN). Como bien se señala en el informe, Costa Rica muestra un creciente desgaste en su capacidad para impulsar el desarrollo humano. Aunque algunos analistas ponen el acento causal en la arrasadora pandemia de la covid-19, lo más objetivo es que esta situación tiene causas más profundas y añejas.

La pandemia y sus secuelas económicas y sociales ha sido un significativo factor agravante de la crisis económica y social que padece el país. Pero no se debe echar la culpa al coronavirus porque realmente la crisis y la erosión del Estado Social de Derecho, nos viene de lejos. Hizo su aparición inicial en los años ochenta del siglo pasado, cuando la pandemia neoliberal hizo su aparición. Luego con zigzagueos, pero con constancia esa doctrina fue marcando la economía y la sociedad costarricenses, con su sello promotor del individualismo, y con el impulso privatizador de servicios públicos y el achicamiento del Estado.

La falta de soluciones a los problemas que enfrenta un sector mayoritario de los habitantes del país es muy posible que les impulse al justo reclamo y a la protesta social. Las calles en los años que vienen y, particularmente, en este 2022, se podrían llenar de gente que se cansó de esperar soluciones concretas para mejorar sus vidas. No hay mal que dure por siempre ni cuerpo social que lo resista.

Dice bien el investigador del PEN, Ronald Alfaro Redondo cuando afirma que: “Los desafíos que tenemos y las dificultades para que esas fortalezas históricas que teníamos soporten, no solo la pandemia (porque ya veníamos en una situación crítica a la que se suma la pandemia), nos dejaron en una situación compleja y muy complicada donde si se tira un fósforo y hay gasolina, esto puede arder.”

El visualizar esta situación crítica que emerge en el horizonte debería constituirse en una responsabilidad de los candidatos y los partidos presentes en la liza electoral del 6 de febrero próximo. Pero lo que debe ser una responsabilidad política ineludible aparece esquiva en la agenda electoral dominante.

Con contadísimas excepciones, el conjunto de candidatos presidenciales no ha profundizado en el análisis de la real situación que enfrentan amplios sectores de la población y la significativa erosión del Estado Social de Derecho. Cuando hablan de problemas sociales lo hacen sin la profundidad que demanda la gravedad de la situación actual. Consecuentemente, las propuestas de solución adolecen de la misma debilidad.

En este estado de cosas, contribuyen la mayor parte de los medios de comunicación, que alineados a las políticas neoliberales, no ahondan en la gravedad de la crisis social que se ha venido acumulando en los últimos años. Eso se refleja en la falta de hondura de las entrevistas que realizan a los candidatos y, es muy probable que también se reflejará en los debates, que organizan en estas próximas semanas.

Quienes piensen y pretendan que con la leyes impulsadas por este Gobierno y aprobadas por la alianza neoliberal conformada en el Congreso, para frenar y criminalizar la lucha social, les alcanzará para contener las justas protestas ciudadanas, están equivocados. Cuando la injusticia llega a los estómagos y cunde la desesperanza por una vida mejor entre muchos, el camino de la lucha social, pacífica pero firme y reivindicadora, emergerá con una fuerza creciente.

Harían muy bien los candidatos presidenciales y también quienes aspiran a ocupar una curul legislativa de leer con seria atención la sabias palabras del Papa Francisco: “La crisis económico-social y el consiguiente aumento de la pobreza tiene sus causas en políticas inspiradas en formas de neoliberalismo que consideran las ganancias y las leyes de mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad de las personas y de los pueblos.”

Sólo con un cambio de rumbo que haga reverdecer el Estado Social de Derecho, se evitará que la lucha por la justicia social llene las calles de voces justicieras. Pero, por ahora, estamos más situados en las dudas que en la esperanza.

(9 de enero, 2021)

LO QUE LLEGÓ PARA QUEDARSE

Por Memo Acuña (sociólogo y escritor costarricense)

En los primeros años de este siglo incursionamos en estudios que trataban de profundizar en la relación entre migración y salud, tanto en Costa Rica como a nivel regional centroamericano. Lo hicimos como parte de nuestras primeras experiencias en la investigación social en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) junto al experimentado colega Abelardo Morales, con quien compartí por años (y sigo haciéndolo aún) en estos temas.

El Ministerio de Salud de Costa Rica, la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud (OMS-OPS), el Fondo de Población de Naciones Unidas y la CEPAL fueron algunos entes que nos encargaron la tarea, en aquellos años, de investigar las condiciones y los determinantes existentes en el vínculo entre movilidades y procesos de salud.

Trabajamos aspectos como los ámbitos laborales, sociales, comunitarios , territoriales y culturales, tratando de explicar la existencia de factores incidentes en dicha relación. Lo hicimos con el instrumental teórico y metodológico disponible en aquellos años: investigación documental; fuentes institucionales combinadas con trabajos de campo en los que la observación, la entrevista y el desarrollo de otras técnicas nos daban amplios resultados para traducirlos posteriormente en análisis e información oportuna para la toma de decisiones.

De todos los trabajos realizados he recordado ahora, en estos años pandémicos, uno en especial. Tenía como objetivo escudriñar la situación de salud en las poblaciones móviles y migrantes en zonas de frontera y de asentamiento en Centroamérica y el Caribe.

Desarrollamos estudios de caso y discutimos acerca de una metodología que nos permitiera hacer el enlace entre el abordaje sociológico y el sanitario. Apareció entonces la caja de herramientas de los denominados “sitios centinela”, proveniente de la epidemiología, a la que acudimos con respeto y le hicimos algunos ajustes, los necesarios para que nos permitiera obtener la información sociológica que andábamos buscando en los casos seleccionados.

El sitio centinela es una metodología de recolección de datos para la vigilancia de enfermedades transmisibles. Consiste en el monitoreo y evaluación constantes, de una población determinada y ubicada en un espacio específico. Fue utilizada a finales de los años noventa por primera vez en una campaña para erradicar la viruela, promovida por OPS.

Sobre estas características metodológicas montamos un abordaje específico para detallar la relación entre migración y salud en los casos seleccionados. El diálogo entre disciplinas había fortalecido nuestra intervención investigativa.

En un artículo de reciente publicación («Es el momento de la epidemiología?», La Nación, Lunes 3 de enero de 2022) el colega epidemiólogo de la Universidad Nacional en Costa Rica, Juan José Romero se pregunta, desde una actitud autocrítica y proactiva, sobre los alcances de la disciplina y su rol protagónico durante la gestión pública de la contingencia sanitaria. Se cuestiona sobre su futuro, en una profunda reflexión sobre el presente en el que le ha tocado orientar, desde sus análisis y proyecciones.

En su momento, el artículo menciona lo que para mi es el argumento central de su abordaje: la posibilidad real de que los métodos predictivos que la disciplina promueve obtengan un bajo nivel de certeza toda vez que la variabilidad vendría a estar constituida por el factor humano.

Lo que si es constante, quisiera arriesgar una interpretación libre de la propuesta planteada por Jota (como se le dice con cariño en el ámbito universitario), es el vigor con que la disciplina ha ido ganando terreno y sus diálogos con otras posibilidades analíticas, que ha terminado por consolidarla como un campo de estudio en expansión.

Lo único cierto es la incertidumbre cuando se trata del comportamiento humano. Tan impredecibles, alguna vez acompañadas de temores, resistencias y condicionantes sociopolíticos e ideológicos, las personas somos el único factor de un modelo de análisis en materia epidemiológica, que constituimos certeza de riesgo. Por ello, las otras variables explicativas provendrían del mundo de la sociología, la antropología, la comunicación, (entre otras) que conformarían una estructura sólida para tratar de entender lo que nos ocurre como civilización a esta hora y en este tiempo.

El desarrollo del Coronavirus que no acaba y las nuevas enfermedades a nivel global, plantean el desafío de contar con herramientas cada vez más elaboradas donde una lectura compleja orientará la mirada requerida. Por ello es urgente atravesar puentes, abandonar los estancos disciplinarios y abordar con sentido crítico los problemas que se presenten. En el caso de la epidemiología y su vínculo con otras lecturas metodológicas, llegó para quedarse y las ciencias sociales están prestas para acompañar su camino.

Es necesario trazar estas líneas para entender mejor lo que nos pasa. Contaminarnos, al buen decir del filósofo colombiano Santiago Castro Gómez. Vamos a ello.

Imagen: https://medicina.udd.cl/

La democracia en peligro

Dr. Juan Jaramillo Antillón

Hace 2.500 años, el filósofo griego Platón señalaba: “El Estado es lo que es porque sus ciudadanos son lo que son. Por lo tanto, ni esperemos siquiera tener mejores Estados, mientras no tengamos mejores hombres”. “Un problema de la democracia es que no existe igualdad perfecta de oportunidades en ella “. “Además, es muy difícil lograr en una población la suficiente educación en la mayoría de las gentes para desempeñar adecuadamente cargos públicos, y por ello solo aquellos que habían demostrado tener sabiduría, capacidad y honestidad en su labor diaria deberían ser elegidos para gobernar”. Por supuesto Platón sabía que eso era solo un sueño.

La utopía de un gobierno perfecto no se ha logrado y creo que no es realizable con excepción de lo logrado en algunos países nórdicos, a la cabeza en ese sentido. La razón de esto es, la característica propia del ser humano por ser imperfecto en muchos aspectos tanto físico como mentalmente, a lo que se suma el hecho de si a los niños en el hogar, sus padres no les enseñan las diferencias entre el bien y el mal, y si le agregamos que el niño pequeño asimila mucho lo que ve (ejemplos), y si estos no son buenos, ahí se inicia la deformación en la formación de su carácter y futura conducta.

Hemos aprendido que, así como la democracia nos depara libertad y supuestamente igualdad de oportunidades debido a nuestra preparación, sin embargo, también nos muestra sus fallas, entre ellas permitir “la incompetencia e irresponsabilidad” en la función pública algo bastante generalizado. Además, hay otro aspecto que debilita la imagen de la democracia, como es la “corrupción”, la cual se da por avaricia y deshonestidad de muchos gobernantes, que, al tener el poder, creen tener el derecho a usufructuar las ventajas en su beneficio y no en las del pueblo que lo eligió.

La responsabilidad de actuar bien, de parte del empleado público, desde el más alto puesto como es la presidencia, al más simple trabajador estatal, es un “sine qua non” para que la democracia funcione. El problema es que grupos de empresarios privados de todo nivel, buscan cómo lograr beneficios económicos ilegítimos y logran esto con ayuda del corrupto empleado público; los ejemplos que la prensa nos muestra de los alcaldes y de lo sucedido en la Caja Costarricense de Seguro Social son pequeños ejemplos de lo que nos está pasando y sucede en todo el mundo, agregado a esto el narcotráfico cuya influencia y poder están destruyendo a los gobiernos de cualquier ideología.

Una de las más grandes ventajas de la democracia es la libertad de opinión y el derecho que tenemos todos de expresar nuestro malestar o disgusto ante hechos que nos parecen incorrectos en todas las actividades de la vida. Para que esto se dé se requiere la existencia en el país de una prensa libre independiente y honesta. La libertad de opinar y sobre todo la de actuar, no puede ser irrestricta, ya que sabemos que nuestros derechos acaban donde comienzan los de los demás; o para decirlo mejor, la seguridad de la sociedad vale más que el individuo, aunque con esto el individualismo del liberalismo, deba ceder paso al socialismo democrático.

Esa libertad es a la vez una debilidad y también, una forma de autocorrección que no existe en otro tipo de gobierno como son las dictaduras de izquierda o derecha cuando llegan al poder. La debilidad se genera cuando, al existir un hecho doloso en el gobierno, la prensa en libertad para informar, con razón lo muestra a la población; como las fallas son constantes y a todo nivel, así va creciendo la desilusión de los ciudadanos sobre si la democracia es un gobierno adecuado para avanzar hacia un mejor desarrollo social y económico.

Las deficiencias generan desconfianza y pérdida de la credibilidad en los partidos políticos tradicionales y en sus candidatos, entonces el ciudadano comienza a preguntarse y hasta aceptar la idea de “una mano fuerte para gobernar”. Así es como las democracias ceden paso al totalitarismo.

El problema es que, no puede existir una sociedad democrática sin el derecho a un cuestionamiento cívico de los sucesos de su gobierno. En el momento que se pierda la libertad de opinar abiertamente, la democracia comienza a sucumbir. Los ciudadanos deben aceptar que la democracia más que una meta, es en realidad un largo camino, que se va perfeccionando con los años y las correcciones que le hagamos. En ciencias a eso se le llama “la prueba y el error” y es así como esta avanza, aunque no le agrade a más de uno, pero es con este tipo de ciencia que hemos logrado los progresos y avances de la sociedad.

Aceptamos que, al no haber seres perfectos, debemos elegir para gobernarnos a personas honestas, que ofrezcan programas realizables para los recursos que poseemos, y sobre todo que tengan una clara visión de nuestras limitaciones y de los valores que se deben proteger.

TODOS somos responsables en menor o mayor grado por la elección de las personas a puestos políticos, y por ello, hay que tener el máximo cuidado al elegir al que consideremos el mejor posible si es que lo hay, y si no, aunque cueste decirlo, al menos malo. Esto último sucede, porque precisamente el pueblo (hombres y mujeres) mayores de edad, honestos y trabajadores no suelen participar en la formación de los partidos, en las campañas políticas e incluso en ocupar cargos públicos, dejando entonces que, el oportunista político sea al final elegido, aunque esté lleno de defectos.

Aristóteles decía: “el hombre no actúa movido por ideales éticos, es preciso coaccionar su voluntad por medio de la ley para que haga lo correcto”. “Con la ley, el hombre es el ser más perfecto, sin ella es el más salvaje. Por eso precisa de una buena organización social, el Estado, el cuál mediante leyes, lo obliga a obrar rectamente”.

La democracia a pesar de su imperfección contribuye a que el Estado creado dentro de ese sistema, sea el mejor posible para los ciudadanos. Por eso debemos contribuir a mejorarla no a destruirla.

NO MAS VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES

Comunicado de Mujeres por Costa Rica:

Lamentamos profundamente los recientes hechos de violencia sexual contra mujeres en Nosara, Guanacaste y Puerto Viejo del cantón de Talamanca. En este último, desde hace mucho, el colectivo Mujeres Unidas por Talamanca ha venido denunciando reiterada y valientemente estos actos abominables y emprendido acciones solidarias para proteger a las mujeres trabajadoras locales y turistas.

El aumento de la violencia sexual contra las mujeres en comunidades que viven del turismo sigue amenazante. Tenemos claridad que no solo se trata de más seguridad policial. El país requiere que revisemos nuestras políticas de desarrollo turístico. La seguridad, los programas educativos, la acción comunitaria, comercial y hotelera necesitan articularse con las instituciones municipales y estatales competentes para cerrar filas y abordar integralmente este flagelo.

Es necesario instaurar una cultura de respeto, denuncia y respuesta inmediata. El problema no es la imagen del país o la pérdida de turistas, es la violencia, esa es la que debemos enfrentar con todas las herramientas posibles.

¿Incompetencia o complacencia?

Marcos Chinchilla Montes

El 24 de noviembre del 2021 Sudáfrica fue el primer país en reportar la existencia de la cepa ómicron, impresionantemente contagiosa si se la compara con sus antecesoras, aunque en principio menos letal, en lo particular para las personas vacunadas. Una semana después, Países Bajos reportó que esa cepa estaba circulando en su país incluso antes de que Sudáfrica la reportara, tal y como ocurrió en otros países del globo.

En muy pocos días, varios países implementaron políticas públicas para procurar ganar tiempo ante la avalancha que se les avecinaba, léase bien, ganar tiempo.

A lo largo del siguiente mes, por todo el planeta saltaban las alarmas de manera notoria: reintroducción del uso de la mascarilla, crecimiento de casos, aumento en la utilización de servicios hospitalarios, vuelta a la virtualidad educativa, regreso al teletrabajo, miles de vuelos cancelados y millones de personas que se quedaron en tierra, etc.

Y como suele suceder con el gobierno de Carlos Alvarado, el presidente, su Ministro de Salud y la Comisión Nacional de Emergencias tomaron nota de la situación y nos dejaron esperando acciones que se correspondieran con la gravedad planetaria de la situación. Muy por el contrario y ante la feliz baja en contagios, hospitalizaciones y muertes que se habían registrado semanas antes, las medidas que se tomaron alentaban la plena apertura de la actividad económica y turística (diciembre, mes para demostrar el amor con regalos y exacerbado consumo), una reducción sustantiva de las restricciones a la movilidad, y el ya desgastado e ineficiente discurso de protéjase usted aunque el mismo gobierno y el empresariado incentiven lo contrario.

Durante varios días de finales de diciembre el Ministerio de Salud nos tuvo sin reportes epidemiológicos, periodo en el que lamentablemente venían aumentando los casos de contagio de manera sigilosa, hasta alcanzar el día de hoy las 2,981 personas contagiadas. Diversas proyecciones matemáticas auguran que se podrían reportar hasta 15 mil contagios diarios en las semanas venideras.

Por lo pronto, retornaron las lecciones presenciales en primaria y secundaria, se aumentó el aforo al 100% en el transporte público (aumentando la transmisibilidad de la enfermedad), y se anuncia con bombos y platillos la vacunación para la niñez mayor de 5 años de edad a partir de la otra semana (Cuba, la comunista y come chiquitos, y en medio bloqueo económico, para el 10 de diciembre del 2021 tenía vacunadas a 1,631,000 personas entre los dos y 11 años de edad).

No es incompetencia, sino la plena complacencia del gobierno con el empresariado, particularmente el del turismo y del sector de bares y restaurantes. A esta altura el gobierno reconoce el problema que se le avecina al país con la expansión de la cepa ómicron, y anuncia medidas para la próxima semana, si, siete semanas después de que Sudáfrica alertara sobre la nueva variante.

Si esto fuera un tsunami como el del 2004 en el Indico, el gobierno de Carlos Alvarado nos pediría que nos quedáramos en la playa degustando -eso si en burbujas familiares o de trabajo- un granizado y un ceviche, y antes de que llegara la ola mortal nos lanzaría un salvavidas de patito.

En defensa del Poder Judicial

José Manuel Arroyo Gutiérrez

Dice la candidata Lineth Saborío que está a favor de eliminar la reelección automática de integrantes de la Corte Suprema. En primer lugar, hay que aclararle al electorado que la reelección automática no existe en Costa Rica. Por razones justificadas y con la mayoría de dos tercios, la Asamblea Legislativa puede remover o no reelegir a un magistrado. Es un sistema equilibrado que busca garantizar la independencia judicial para no hacer de los miembros de Corte simples marionetas de los políticos de turno, amenazándolos permanentemente si sus decisiones no son del agrado de éstos.

Doña Lineth fue directora del OIJ. No puede decirse que ignora la importancia de órganos judiciales independientes. En su momento aspiró a ser magistrada de la Corte sin lograrlo. Eran tiempos en los que todavía se valoraba, en la mayoría de los casos, el peso jurídico de los aspirantes. Doña Lineth después dejó botada su carrera judicial por meterse en política. En tiempos donde la demagogia hizo de la llamada seguridad contra la delincuencia el tema de campaña, ella dilapidó su patrimonio como policía para ocupar una vicepresidencia, nada sobresaliente, por cierto.

Aparte de asegurarle trabajo a su esposo y otras personas cercanas, no se le recuerda ningún logro significativo. Después quiso volver al Poder Judicial, pero ya no era tan sencillo el retorno. Había que hacer exámenes y acumular méritos para el reingreso y ella no los tenía. Ahora, otra vez en campaña, la emprende de nuevo contra el Poder Judicial. Está de moda emprenderla contra los jueces. Hace rato el PUSC, el partido de expresidentes ayer involucrados en graves casos de corrupción y hoy con algún diputado cercano a narcotraficantes, considera necesario debilitar, aún más a la Corte Suprema, obligando a sus miembros a portarse bien por breves cuatro años porque de lo contrario, los políticos no los reelegirán.

Estamos avisados: la corrupción y el crimen organizado avanzan a paso firme y tendrán patente de corso para actuar a sus anchas.

Solicitan apoyo y protección para defensor del ambiente

SURCOS recibió esta carta dirigida a la ministra de Ambiente y Energía solicitando apoyo y protección para un defensor del ambiente. Le invitamos a leer la carta, y si desea apoyar, seguir el enlace para agregar su firma.

Solicitamos apoyo y protección para defensor del ambiente

San José, 4 de enero de 2022

Señora ministra
Andrea Meza Murillo
Ministra de Ambiente y Energía

Su Despacho

Estimada señora ministra:

Reciba un cordial saludo de parte nuestra. Quienes suscribimos esta nota queremos solicitarle que interponga sus buenos oficios con el fin de que al ciudadano Alcides Araya Arce, conocido como Alcides Parajeles, cédula número 6-00720-312, vecino de Los Mogos de Sierpe del Cantón de Osa, se le proporcionen todos los instrumentos posibles de apoyo y de protección dada su labor de defensa del ambiente.

Es conocida la labor del don Alcides en contra de la caza furtiva, la deforestación ilegal y en pro de la protección del ambiente. Ese reconocimiento es, incluso, internacional y ha sido objeto de múltiples entrevistas y visitas a su finca en Osa de entidades mundiales que protegen el ambiente. Igualmente, de instituciones universitarias nacionales y de personas de la academia y de centros de investigación nacionales.

Don Alcides es un adulto mayor, quien pese a su edad no ceja su esfuerzo y trabajo desinteresado en pro del ambiente.

La solicitud de apoyo y de protección se hace en virtud de atentados y amenazas que él y su familia han sufrido por mucho tiempo. Él y su familia conviven con las personas que se dedican a la caza furtiva, a la deforestación y a la degradación ambiental en esa zona, por lo tanto, a él y a su familia se les debe proporcionar todos los apoyos necesarios para que de ninguna manera se atente contra sus integridades.

Atentamente,

Enlace para sumarse con su firma y además compartir: https://forms.gle/RbPYT3vbrxdAgjmt5

La visión del poder debe ser un objetivo estratégico

Mainier Barboza

La visión del poder debe ser un objetivo estratégico en las organizaciones sociales. Para ello debe buscarse, -con la claridad política-, la conciencia y una sólida formación de la realidad.

En este sentido, la organización del pueblo y la sociedad, desde sus bases en las barriadas, poblaciones rurales, urbanas, urbano- marginales, marginales, es una meta del mediano plazo, considerando la realidad concreta, que es contundente como parámetro de la situación real en un contexto determinado.

Lis procesos electorales son un medio, pero lo decisivo está en el empoderamiento de la sociedad civil y las organizaciones sociales. Desde ahí pueden realizar cambios trascendentales, de manera que, en el determinado momento, esas organizaciones empoderadas y conscientes de su ubicación en el contexto definan en esos procesos su triunfo.

DE MAL EN PEOR

Oscar Madrigal

En estas fiestas de fin de año no seguí el consejo de la película “No mirar arriba” cuando dice que hay que dejar de leer y ver “noticias de mierda” (el lenguaje es de la película).

El diario La Nación publica en esos días dos artículos (iba a escribir informaciones, pero luego me arrepentí porque podría ser un atrevimiento). La primera es acerca de un estudio que realiza el economista Andrés Fernández, del grupo la Academia sobre la desigualdad en Costa Rica y el segundo una respuesta de la Caja al ministro de Hacienda. Ambos llaman la atención.

Sobre la desigualdad se recuerda que, según datos del Banco Mundial de 99 naciones, Costa Rica está entre los primeros 10 más desiguales y ocupa el primer lugar en desigualdad de ingresos de los países de la OCDE. No son informaciones que nos enorgullezca como país; es una vergüenza que señala el fracaso del modelo neoliberal.

El estudio del señor Fernández se reduce a estudiar la desigualdad únicamente entre los salarios de los trabajadores y concluye que la pandemia ha aumentado esa desigualdad, o sea, hizo más amplia la brecha salarial entre trabajadores. Pero lo interesante, dice el investigador, es que no fue porque los que ganaban más se hicieron más ricos y los que reciben salarios más bajos más pobres, sino que TODOS los trabajadores recibieron MENOS SALARIOS medios, sea todos se empobrecieron un poco; es decir, todos perdieron, solo que los más pobres perdieron más.

El estudio concluye, como era de esperar, que se debe reducir más los salarios de los empleados públicos, aprobar la ley de empleo público y reducir las cargas sociales. Por supuesto, no habla de un fuerte aumento salarial para todos los trabajadores y con mayor monto para los trabajadores más pobres, sino que la receta es nivelar para abajo, empobrecer más a las capas medias y con ello aumentar, de manera general, la desigualdad social. La medicina que sugieren es peor que la enfermedad porque las cargas sociales proponen quitarlas a los empresarios y fijar un impuesto general sobre toda la población, especialmente -con toda probabilidad- sobre los trabajadores. 

El ingreso por el trabajo, los salarios, son solo una parte de todo el problema de la desigualdad social que aqueja a nuestra sociedad de manera crítica. Pero como se observa, también en el campo salarial estamos retrocediendo en cuanto a disminuir la brecha. Si esta tendencia la ubicamos con relación a TODOS los ingresos (salarios, beneficios, ganancias de capital, renta, etc.), se llega a la conclusión de que el país camina a ser un país cada vez más desigualdad de que ya es y no hacia su reducción o acortamiento.

La lucha contra la desigualdad es muy diversa porque abarca desde la reforma de un sistema tributario regresivo, cerrar portillos legales a la evasión y elusión, reducir el papel monopólico de nuestra economía, eliminar subvenciones ocultas y exenciones odiosas, aumentar salarios y apoyar fuertemente a los sectores más desposeídos. Como se ve hay que tocar algunos puntales del actual régimen para redistribuir la riqueza. Y eso requiere voluntad política y decisión, difícil de encontrar en esta campaña electoral.

La otra noticia recoge la respuesta de la Caja al ministro de Hacienda, quien tiene una campaña para desmantelarla aduciendo cifras equivocadas. De la información se desprende que durante esta administración Alvarado, el Gobierno de lo que ha presupuestado como trasferencias corrientes a la Caja, solo ha cumplido con el 50%, es decir que la deuda del Gobierno con la Caja aumenta cada año en ¢250.000 millones. El menos indicado para criticar las finanzas de la Caja es Villegas porque no honra sus compromisos. Primero páguele a la Caja y después critíquela.

Pero La Nación como está en lo suyo, en no descansar ni en las fiestas de fin y principio de año en atacar a los empleados públicos titula: “Gobierno gasta más en pensiones de funcionarios públicos que en IVM…”, ignorando que esas pensiones salen del presupuesto nacional porque no crearon el fondo de pensiones que correspondía y como si los funcionarios públicos fueren los responsables de los impagos del Gobierno. La Caja simplemente le contesta a Villegas que el gobierno paga ¢900.000 millones en pensiones, pero ¢2,2 billones en intereses de la deuda.

Efectivamente dos noticias realmente de mierda: crece la desigualdad de los trabajadores porque todos se han hecho más pobres durante la pandemia y el Gobierno se escuda en los empleados públicos para no pagarle a la Caja.