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Autor: Hector Ferlini Salazar

Contextos y texturas: COVID19 entre el miedo, egoísmo y la solidaridad

CEP Alforja ha hecho un dossier sobre los desafíos del COVID 19, con hipervínculos a documentos que expresan distintas opiniones. “Se busca contribuir al pensamiento propio crítico y la acción transformadora”, dijo Óscar Jara Holliday a SURCOS.

El documento incluye ideas diversas y documentos para el pensamiento crítico y el debate propositivo. Este es el contenido:

La solidaridad como alternativa
COVID19 en contexto
¿Qué sociedad encontró el COVID-2019?
¿Qué valores imperan en la crisis?
¿Qué nos ensenan y qué nos esconden?
Disputa de sentidos
¿Qué institucionalidad?
Pronunciamientos
Encuentros
Poema
Educación Popular ante la crisis

Como temas a profundizar se sugiere:

– ¿Que sociedades encontramos y qué va a pasar con ellas?
– Miedo como instrumento de parálisis y dominación
– Cuidados o agenda de seguridad
– Solidaridad y cuido colectivo
– Perspectivas y disputas futuras

Puede descargar este valioso documento aquí:

El reto de arrinconar dos males: el virus y el hambre

La Rectoría UCR Informa, 30 de marzo de 2020

Desde inicios de marzo, nuestro país tomó medidas rápidas para abordar la pandemia del COVID-19. El 13 de marzo, con 26 casos detectados, el Poder Ejecutivo y, específicamente, el Ministerio de Salud Pública, instaron a la población a quedarse en casa, a sabiendas de que, para hacerle frente a esta pandemia, es imperativo interrumpir la cadena de contagios.

En estas circunstancias, es muy importante que la población tenga tranquilidad en dos sentidos. Primero, debe saber que no dejará de recibir servicios básicos (agua, electricidad e internet), aunque no tenga condiciones económicas para pagarlos. Segundo, debe tener seguridad de que contará con un ingreso básico para atender sus necesidades prioritarias, principalmente alimentos. Esta tranquilidad se alcanza mediante el respaldo del Estado y la solidaridad colectiva de todos los sectores sociales.

El Ministro de Salud Pública, don Daniel Salas, ha señalado claramente que no hemos alcanzado todavía el pico de contagio, lo cual ocurrirá posiblemente a inicios de mayo. Si no logramos aplicar sistemáticamente el distanciamiento físico, con el fin de detener o ralentizar la propagación del virus, pagaremos, como país y colectividad, un alto precio: un aumento del ritmo de personas contagiadas; mayor demanda de servicios de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), por encima de su capacidad de atención; colapso de un sistema de salud que necesitamos fortalecido, no debilitado, para que pueda hacerle frente a las demandas durante y después de esta pandemia; y más vidas perdidas, quizá de personas que apreciamos y queremos.

Al mismo tiempo, la prolongación del distanciamiento físico extiende y profundiza la crisis social y económica. Peor aún, es evidente que esta medida, indispensable en una emergencia sanitaria como la que vivimos, debe ir acompañada de garantías básicas para la vida. De no ser así, atentaríamos contra la ética de la solidaridad y provocaríamos la desobediencia de quienes deben elegir entre el distanciamiento y algún mínimo ingreso. Debemos actuar solidariamente con quienes sufren las consecuencias de una disposición sanitaria que beneficia a todas las personas.

Para garantizar el distanciamiento físico y lograr que dure el menor tiempo posible, es imperioso hacerle llegar a toda la población un mensaje claro y sencillo: puede quedarse en casa con el apoyo del Estado y de toda la sociedad.

La mayor parte de los servicios básicos se encuentran en manos de empresas públicas. Estas empresas deben garantizar los servicios y estimar los costos que esta garantía supondrá para aquellas personas y hogares que no puedan pagarlos, de manera de asegurar que no sufran interrupción.

Además, debemos crear un fondo de solidaridad para garantizar un ingreso básico único durante tres meses para toda la población que no lo tiene asegurado. ¿Por qué un ingreso básico único y no transferencias diferenciadas? Porque una transferencia diferenciada requeriría de algo que no tenemos: tiempo.

Antes de la crisis había en Costa Rica 1,7 millones de personas en condiciones de pobreza y 600 mil personas auto-empleadas, muchas en condiciones de precariedad. Además, había en el país 300 mil personas desempleadas. Ahora hay miles de personas viviendo suspensión de contratos de trabajo (más del 9000 al 27 de marzo) así como siendo despedidas. La lista de personas vulnerables es muy larga y va desde choferes de taxi y trabajo doméstico hasta personal de restaurantes, vendedores ambulantes, productores agrícolas y madres con hijos/as que dejan de recibir su pensión alimentaria. Identificar una por una a las poblaciones vulnerables nos llevará a correr detrás de los acontecimientos: muchas personas que hasta ayer tenían su sostenibilidad económica resuelta, hoy no la tienen más. Mañana, quienes estarán en esa situación, serán aún más personas. Por eso, en vez de agregar poblaciones, el criterio debería ser alcanzar a toda la población menos la que aún está en la planilla que mensualmente recibe la CCSS.

Este ingreso básico durante tres meses se puede financiar de manera solidaria y con criterios de progresividad. con impuestos temporales a la actividad de grandes empresas que no han dejado de trabajar; a empresas y personas que en 2019 se beneficiaron de una amnistía tributaria; y por supuesto también a los salarios altos en trabajos formales y seguros, tanto públicos como privados. La emergencia requiere, además, considerar nuevo endeudamiento.

Las posibilidades son diversas, pero lo más importante es que hay opciones para financiar un ingreso básico garantizado a toda la población que lo necesita.

Cabe resumir lo planteado bajo la idea de que se debe actuar de manera urgente para que, mientras se observan los resultados de las medidas de distanciamiento físico, toda la población tenga capacidad básica de compra, en particular de alimentos, así como de servicios básicos. Ello permitirá concretar el distanciamiento físico y atender simultáneamente el cuidado de la vida, la necesidad de volver a poner en marcha la economía, y preservar el orden social. No es, en realidad, solo la curva sanitaria la que debemos aplanar, sino también la curva del acatamiento mayoritario, si no total, al distanciamiento físico como único escudo protector contra la pandemia.

Foto: UCR

Vida familiar y solidaridad en el COVID-19

La Asociación Nacional de Educadores (ANDE) compartió con SURCOS material educativo que está promoviendo en alianza con otras organizaciones, para apoyar la formación de conciencia en torno a valores como la solidaridad y la erradicación del machismo.

Una de las infografías, que invitamos a circular en todas las redes a su alcance, hace referencia a la acción de humanidad que implica cuidar a otras personas, como a la población adulta mayor, que es parte de nuestra familia o de la vecindad.

Otra ofrece el mensaje de que la emergencia no es excusa ni oportunidad para actuar con violencia en el espacio familiar o de pareja. La construcción de espacios seguros y sin violencia son factores claves para mantener la tranquilidad, fomentar la salud, y activar el respeto a todas las personas.

La campaña formativa la desarrolla ANDE en colaboración con la Fundación Justicia y Género, la campaña Metele un Gol al Machismo, la Asociación Cartaginesa de Atención a Ciudadanos de la Tercera Edad, y el Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor.

Puede reenviar la nota con los enlaces al pie o copiando y pegando este vínculo: https://bit.ly/2RfywIn ;o bien, también puede copiar las imágenes para compartirlas en sus redes.

El Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar en el ojo de la pandemia (VI)

Manuel Hernández

“El trabajo doméstico es eso que no se nota a no ser que no se haya hecho.”

Hoy, se conmemora el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, que probablemente pasará muy  -convenientemente- inadvertido por la cruzada sanitaria que globalmente se acomete contra la fatídica pandemia.

Los y las trabajadoras del hogar –trabajo doméstico remunerado- son aquellas personas que prestan un servicio remunerado en una residencia u hogar y para el mismo, incluidas tareas domésticas, el cuido de personas y otros cuidados personales.

Este amplio colectivo, mayoritariamente conformado por mujeres, normalmente ha sido confinado a un estado de excepción, marginado de la aplicación efectiva de la legislación laboral, que reconoce el derecho a la jornada de trabajo, vacaciones y descansos remunerados, entre otros, quienes además devengan las peores remuneraciones.

La condición de vulnerabilidad que tanto flagela a este colectivo laboral, es producto de una exclusión y discriminación de carácter histórica, estructural, inherente a este sistema económico y político que ha sido abiertamente desnudado, en tan poco tiempo, por la crisis sanitaria.

Esa condición de vulnerabilidad de las mujeres que realizan esa actividad laboral, se recrudece en épocas de pandemia, como la que actualmente atravesamos, quienes están sufriendo la violencia de un exultante sistema que les está privando de su empleo o sus maltrechos salarios.

Además, así como en estos tiempos de aflicción, aumenta la violencia intrafamiliar, las trabajadoras de servicios domésticos quedan todavía más expuestas al incisivo acoso sexual y laboral.

No se podría dejar pasar esta fecha, sin hacer un reconocimiento a estas humildes trabajadoras, que pese a la importancia de la actividad que realizan, su trabajo se subestima tanto y se paga tan poco, a quienes por su aporte invaluable en esta época tan aciaga, les corresponde un merecido y simbólico aplauso, así como también se ha tributado a otros colectivos que atajan la conjura que se extiende en todo el planeta.

Pero de los aplausos no se vive, ni se come, ni siquiera los artistas que dependen enajenadamente del aplauso frenético de su público.

Las trabajadoras del hogar la están pasando muy mal, de lo peor, por lo que resulta impostergable que el Estado, de una vez por todas, asuma su responsabilidad  social y se concreten las siguientes medidas:

1.- Es absolutamente urgente la definición de una política pública integral, que se materialice en medidas de compensación social que proteja los colectivos de personas más vulnerables, que han sido despedidas, dejado de percibir sus salarios, a consecuencia de la suspensión contractual, o que sus remuneraciones se han recortado; todo  al amparo de una legislación de emergencia, que  le transfiere a la Inspección de Trabajo la ejecución de la guillotina contra los derechos más preciados de la clase trabajadora.

Con la misma urgencia que se aprobó esa legislación de excepción, se debieron aprobar conjuntamente las medidas de mitigación de la situación social de aquellas trabajadoras.

No se puede seguir postergando y dejar para las calendas griegas, el reconocimiento de una prestación extraordinaria o subsidio de desempleo, de carácter temporal, que asegure a estos colectivos satisfacer razonablemente sus principales e inaplazables necesidades y las de sus familiares.

2.- La Inspección de Trabajo, ahora con uniforme de verdugo, dedicada a licenciar la suspensión de los contratos y la reducción de las jornadas de trabajo, con la misma eficacia que está resolviendo estas impropias gestiones patronales, con carácter prioritario, debe enfocarse a atender las consultas y tramitar de manera célere las denuncias que presenten las trabajadoras del servicio doméstico, ya sea por violación de sus derechos laborales, porque su patrono no implementa las medidas de seguridad  necesarias para protegerse del riesgo del covit19, o porque estén sufriendo acoso aboral o sexual.

3.- Por último, el Poder Ejecutivo no puede retrasar más la sumisión de la ratificación del Convenio N° 190 de OIT, acerca del acoso y violencia en el mundo del trabajo, que particularmente tutela estos colectivos tan vulnerables.

Imágenes: OIT, ISP

40 días en casa, 40 mil cosas más… Mujeres en cuarentena, narrando desigualdades…

M.Sc. Patricia Oliva Barboza
Licda. Backtori Golen Zuñiga
Investigadoras del CICDE-UNED.

La cuarentena como medida para evitar el contagio nos obliga a reflexionar sobre muchas otras situaciones, además del elemento salud, nos hace repensar sobre la realidad de las familias para contener en casa el total de sus integrantes, sin mencionar las dificultades económicas que desde ya se están enfrentando.

Si bien el COVID-19 es una crisis sanitaria inesperada, esta situación nos viene a visibilizar y recrudecer las desigualdades más profundas que teníamos como sociedad. La violencia estructural, las condiciones de pobreza, el desempleo, el patriarcado, el racismo, el nacionalismo y la xenofobia. Aunado a la acentuación de la crisis, pareciera que también se viene a naturalizar y normalizar estas estructuras de poder hegemónico, ejerciendo así formas de control mediáticas y de control Estatal que en muchas ocasiones colocan como única prioridad la crisis sanitaria, sin necesariamente dimensionar las implicaciones que estas medidas representan en nuestras vidas.

En las últimas semanas se han hecho esfuerzos por denunciar situaciones de violencia que están afectando particularmente a las mujeres, con este texto nos interesa hacer visible de qué manera se agudizan las desigualdades existentes en las relaciones de poder.

Judith Butler nos señala que:

El virus por sí solo no discrimina, pero los humanos seguramente lo hacemos, modelados como estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el capitalismo y la llegada de empresarios ansiosos por capitalizar el sufrimiento global, todos testimonio de la rigidez con la que la desigualdad radical, que incluye la supremacía blanca, la violencia contra las mujeres, las personas queer y trans, y la explotación capitalista encuentran formas de reproducir y fortalecer su poderes dentro de las zonas pandémicas.(2020) (https://www.lavaca.org/notas/el-capitalismo-tiene-sus-limites-la-mirada-de-judith-butler-sobre-el-coronavirus)

Lo anterior nos invita a reflexionar sobre la interseccionalidad, rescatando que no solo es distinta la forma en que afecta la cuarentena a hombres y a mujeres, sobre lo que volveremos más adelante, sino que también es distinta la forma en que la estamos viviendo las mismas mujeres. No es lo mismo ser una mujer de un barrio, que una mujer de un residencial, no es lo mismo tener un trabajo como empleada doméstica o vendedora informal, que ser empleada pública o trabajar para una empresa privada. No es lo mismo vivir el aislamiento en la ruralidad, que en las zonas urbanas.

Sin embargo hay cosas que sí se asemejan en medio de este contexto y es justo el hecho de que las manifestaciones de violencia estructural, racial, patriarcal que cada quien enfrentaba y enfrenta desde el lugar que habita, se han incrementado y corren el riesgo de quedar aún más invisibilizadas.

En este texto sugerimos el ejercicio de imaginarnos situaciones que podrían estar viviendo las mujeres durante la cuarentena, reflexionar sobre la división sexual del trabajo, el trabajo remunerado y no remunerado, a partir de preguntas como: ¿Por qué las medidas de cuarentena nos afectan de manera tan distinta a hombres y a mujeres? ¿Por qué el espacio privado no representa lo mismo para las mujeres? ¿Qué significa para las mujeres estar en la casa con sus parejas, hijos, hijas, madre, padre etc.? ¿Qué implicaciones tiene estar ejerciendo el trabajo productivo y reproductivo en el espacio de lo privado? ¿Por qué “quedarse en casa” puede agravar “aún más” las múltiples jornadas de las mujeres?

Pensemos en una educadora, en este caso, una educadora del sector privado, con una jornada previa de por sí realmente abrumadora. Podemos imaginar que vive con sus hijos e hijas estudiantes o bien con su pareja y otras personas de su familia. Habitualmente sus fines de semana los dedicaba a preparar alimentos (para su consumo y el de las personas que comparten la vivienda) además de ordenar y realizar todas las labores de limpieza; la casa, la ropa, etc. y así poder dedicar los días entre semana a su trabajo remunerado, sin que esto signifique que se libere de las labores del hogar. Con la medida de cuarentena, no solo debe capacitarse en nuevas herramientas virtuales (lo que se suma a su ya múltiple jornada) sino que además debe duplicar su jornada, según las nuevas directrices de la institución (en la que labora como docente) ya que debe reforzar la atención a sus estudiantes.

En casa también su pareja, sus hijos o hijas estarán lidiando cada uno y cada una con sus nuevas labores virtuales, pero muy probablemente ella, es quien asuma las labores de la casa y además “en casa” debe organizarse todos los días con su trabajo remunerado. Muy probablemente él, su compañero “quizá piense en colaborar” (el entrecomillado es para destacar que para él se trata de una colaboración y no de una responsabilidad compartida) pero debe resolver su jornada laboral, que él considera como prioridad frente a la jornada remunerada y no remunerada que ella realiza.

Sus hijos e hijas conforme al mandato patriarcal creen que el trabajo no remunerado que ha realizado su madre (si es que lo han percibido) es obligación de ella. En muchos de los casos, cuando las mujeres se encuentran en su jornada laboral remunerada, quienes quedan en casa deben resolver situaciones, pero no porque consideren que es su función y su responsabilidad, sino porque ella no está en casa, si ella estuviera en casa, imaginemos: ¿Quién debe resolverlas?

Este es tan solo un ejemplo, podríamos sumar otra serie de factores como la atención y cuidado de chicos y chicas en edades escolares, que si bien es cierto algunos centros de cuido podrían estar funcionando, es comprensible que una familia prefiera evitar que su hijo o hija asista al centro educativo para evitar el contagio.

Podemos pensar también en todas las jefas de hogar que tienen trabajos en la informalidad, como, por ejemplo; en labores domésticas, ventas por catálogo, ventas ambulantes, costura o repostería entre otras. La medida de guardar cuarentena con acatamiento inmediato no puede ser fácilmente atendida por todas las personas, al respecto una vendedora ambulante señala: “Aunque no acate las recomendaciones de estar en aislamiento, la calle está durísima y no tanto por el coronavirus, sino porque no se hace ni un cinco y además la ven como una irresponsable por tratar de ganarse la vida. Desde cuando trabajar es un crimen”.

¿Qué está pasando en los territorios indígenas de Salitre y Térraba que actualmente están siendo invadidos y agredidos por finqueros? ¿Cómo están viviendo “la cuarentena o el aislamiento” las mujeres en estas comunidades? donde sus vidas han sido amenazadas por años y sus derechos violentados por un Estado que ahora más que nunca plasma su negligencia, promoviendo la impunidad de sus agresores.

Los retos económicos que enfrenta el país son muy distintos en la zonas urbanas, que en la zonas costeras y rurales. Existen muchas agrupaciones y asociaciones de mujeres que se dedican a las artesanías, a ofrecer servicios de comida, a vender productos agropecuarios y sus derivados, a brindar hospedajes y a realizar recorridos turísticos. ¿Cuáles serán las medidas para amortiguar el impacto de la ausencia absoluta de ingresos en estas zonas frente a la paralización del turismo en el país?

Muchas mujeres se enfrentan a una durísima realidad que se agudiza en estos momentos, cuando tienen sí o sí que compartir con el agresor y sus redes de apoyo se ven reducidas. Aunado a esto muchas familias están viviendo la cuarentena en condiciones de hacinamiento y desempleo, lo cual hace de la convivencia y de las estrategias habituales de sobrevivencia una verdadera amenaza.

Karina Batthyány sostiene que esta situación la hemos visto ya en casos de emergencias por desastres naturales. ¿Cómo abordará el Estado las consecuencias de la pérdida del empleo por la sobrecarga de cuidados? ¿Qué medidas de promoción de corresponsabilidad en las tareas domésticas y de cuidado se pueden gestionar entre el Estado, las empresas, trabajadores y trabajadoras en una situación de confinamiento? (2020)

Pensemos en todas las labores de cuido que asumimos las mujeres ¿Qué implicaciones tiene que sus chicos y chicas estén en casa? ¿Quienes asumen el cuidado de personas adultas mayores, la gestión de medicamentos, la compra de alimentos? La limpieza y la desinfección del hogar, vestimenta y ropa de cama, que ahora se triplica por la necesidad de evitar infecciones. ¿En quienes recaen estas funciones?

Pensemos en compañeros que también deben acatar la medida de “quedarse en casa” para continuar teletrabajando según su jornada laboral, muy probablemente (sin generalizar) tendrán a su disposición los alimentos listos y ropa limpia ya que, como de costumbre ellas se encargaran de las “labores del hogar”, además del cuido de los y las chicas.

Karina Batthyány destaca que en América Latina las mujeres realizan cerca del 80% del trabajo del cuidado no remunerado y son amplísima mayoría entres quienes se ocupan del trabajo de cuidados remunerados, por tanto, gran parte de los cuidados totales los ejercen las mujeres. (2020)

Para algunas culturas la palabra “crisis” significa oportunidad para el cambio, es indispensable comenzar a debatir y cuestionarnos ahora y no después, los aspectos de la organización social del cuido. Que el hecho de volver “puertas adentro” no represente para nosotras las mujeres, volver a las prácticas patriarcales más arcaicas, que esta “crisis” sea una oportunidad para comenzar colectivamente, a proponernos formas de relacionarnos más horizontales y solidarias.

Si bien las condiciones de aislamiento o cuarentena limitan de alguna manera las acciones de solidaridad externas y nos hace repensar las formas en que hemos establecido nuestros vínculos y afectos, esta “crisis” también nos invita a reflexionar sobre la célebre frase de Simone de Beauvoir «lo personal es político». Es indispensable reflexionar desde lo personal, plantearnos ¿Cómo querernos?, ¿Cómo cuidarnos?, ¿Cómo convivimos?, ¿Cómo solidarizarnos y ser congruentes en los espacios más próximos? Sumado a lo anterior, es urgente colocar este debate en las esferas públicas, donde se crean las directrices, se toman las decisiones y se generan discursos.

Karina Batthyány expresa que la emergencia por el COVID-19 vuelve a poner en el centro la cuestión de la organización social del cuidado y es necesario apoyar todas aquellas medidas y acciones que pongan a la humanidad y no el mercado en el centro para paliar la pandemia, superando este último como eje organizador de la vida en común. (2020)

Al igual que las labores de reproducción de la vida y de los cuidados no deberían ser exclusivamente nuestra responsabilidad, el reto de aprender de esta nueva circunstancia, resignificar la vida cotidiana y reconfigurar la forma de relacionarnos desde otros lugares, debería ser una inquietud y una denuncia compartida.

Que esta circunstancia nos permita repensarnos como sociedad, evitar que el temor a la crisis sanitaria nos coloque en una condición de mayor vulnerabilidad y que todos los esfuerzos, las luchas y los aprendizajes de cada una, desde nuestra trinchera y nuestras posibilidades aporte en la construcción de un mundo más igualitario y que esto se convierta en insignia para atravesar este momento de la humanidad.

Bibliografía Consultada

Judith Butler (2020) Capitalism has its limits. Artículo de opinión escrito el 19 de marzo. Traducido por Anabel Pomar para lavaca.org (https://www.lavaca.org/notas/el-capitalismo-tiene-sus-limites-la-mirada-de-judith-butler-sobre-el-coronavirus)

-Karina Batthyány (2020) La pandemia evidencia y potencia la crisis de los cuidados. Secretaria Ejecutiva de CLACSO.https://www.clacso.org/la-pandemia-evidencia-y-potencia-la-crisis-de-los-cuidados/

Ilustración de cabecera:

http://cmdpdh.org/project/derechos-de-la-mujer-mecanismos-para-combatir-la-discriminacion/

Familias Sancarleñas Diversas protestan por regidor ofensivo

SURCOS recibió copia de la carta enviada por Jennifer Campos Guzmán, coordinadora del Colectivo Familias Sancarleñas Diversas, al Concejo Municipal de San Carlos. En la nota se protesta por expresiones del regidor Kenneth González, quien se refirió a la población sexualmente diversa como “enfermos sexuales” y dijo que espera que “se las lleve el COVID 19”.

La siguiente es la carta compartida con SURCOS por al abogado Marcos Castillo Rojas:

Señores
Concejo Municipal de San Carlos

Con el fin de darle la importancia que el tema requiere, solicitamos que a esta misiva se le dé lectura ante el Concejo Municipal en pleno y no sea enviado a comisión.

Nosotros y nosotras somos integrantes del Colectivo Familias Sancarleñas Diversas (FASDI), integrada por personas sexualmente diversas, familiares y amigos, pero ante todo somos ciudadanos de este territorio, cumplimos con nuestros deberes y obligaciones, y como personas tenemos el derecho a ser tratados con el mismo respeto que el resto de la población.

Por este medio quisiéramos externar nuestro sentir con respecto a unos desafortunados, irrespetuosos y sumamente ofensivos mensajes publicados por el señor Kenneth González, actual regidor de este cantón, en su perfil de Facebook el día viernes 28 de marzo del presente año, en los cuales llama a la población sexualmente diversa “enfermos sexuales”, y posteriormente afirma que espera que nos lleve el COVID 19.

Al afirmar que somos enfermos sexuales, el señor Keneth desconoce que, desde hace 3 décadas, en 1990 la homosexualidad y por ende la atracción hacia personas del mismo sexo fue eliminada de la lista de enfermedades mentales por parte de la Organización Mundial de la Salud. Además, al expresar que espera que nos lleve el COVID 19, pareciera desconocer la gravedad de la actual crisis mundial generada por la pandemia, y nuestra condición de seres humanos con la misma dignidad y derechos que el resto de la población.

Queremos que se marque un precedente, porque no se puede permitir que personas en el ejercicio de un cargo público insulten, denigren, o discriminen a personas por su condición independientemente de la que sea. Estamos en una época en la que urge la inclusión y la unidad en busca del bien común, las actitudes que excluyen y discriminan no construyen ni aportan nada positivo.

En el artículo dos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se nos recuerda que: Toda persona es sujeto de derechos, sin distinción alguna, ni por raza, ni por religión, ni por nacionalidad, posición económica o cualquier otra condición. No estamos entonces inventando derechos, estamos solicitando el trato respetuoso e igualitario que nos merecemos por el simple hecho de ser personas.

Apelamos además al Código municipal que en el artículo 4 establece lo siguiente: “La municipalidad posee la autonomía política, administrativa y financiera que le confiere la Constitución Política”. Dentro de sus atribuciones se incluyen las siguientes:

h. Promover un desarrollo local participativo e inclusivo, que contemple la diversidad de las necesidades y los intereses de la población.

i. Impulsar políticas públicas locales para la promoción de los derechos y la ciudadanía de las mujeres, en favor de la igualdad y la equidad de género.

Es entonces responsabilidad del Concejo Municipal el velar por la realización de acciones en las que se asegure un desarrollo inclusivo que tome en cuenta a todas las personas sin hacer distinciones, además de promover políticas públicas que aseguren la equidad de género y la no discriminación. A propósito de ello el actual Concejo Municipal aprobó un acuerdo de declaratoria del cantón como libre de toda forma de discriminación.

Esta no es la primera ocasión en que realizamos un comunicado al Concejo Municipal, por razones similares y nos veremos en la necesidad de seguirlo haciendo en caso de que algún funcionario o funcionaria vuelva a realizar comentarios de índole discriminatorio, y si fuera necesario también estamos dispuestos a realizar los procesos legales necesarios para que esto no vuelva a suceder.

Sin más que agregar,

Jennifer Campos Guzmán, coordinadora

Carta Pública al Señor Presidente de la República y Señoras y Señores Diputados

SURCOS recibió el siguiente comunicado:

FORO DE PRESIDENTES Y SECRETARIOS GENERALES DEL MAGISTERIO NACIONAL RECHAZA LAS POLÍTICAS QUE BUSCAN EMPOBRECER A LA CLASE MEDIA COSTARRICENSE EN MEDIO DE LA CRISIS

El pasado viernes 27 de marzo, el Gobierno anunció que enviará un proyecto de ley a la Asamblea Legislativa, para cobrarle un impuesto adicional a las personas trabajadoras del sector público y privado, cuyo salario sea igual o mayor al millón de colones. En esa misma línea, un bloque de empresarios solicitó el recorte de la jornada laboral en el sector público, así como la eliminación del salario escolar.

Este Foro rechaza enérgicamente la pretensión de continuar cargando la crisis sobre las espaldas de la clase media, cuando los grandes empresarios de este país NO han aportado siquiera una parte de sus riquezas para la atención de la emergencia nacional.

Como sector educación, le recordamos al Gobierno que:

1. Desde años atrás nuestros salarios han sido prácticamente congelados y, desde diciembre del 2018, con la aprobación de la ley No.9635 mejor conocida como Combo Fiscal, nuestros salarios fueron reducidos drásticamente.

2. Recientemente se anunció que NO se nos pagará el ajuste por costo de vida 2020.

3. Aún tenemos casos de compañeros(as) del MEP a quienes no se les ha pagado parte de su salario del mes de febrero.

4. Nuestro sector está conformado en gran parte por mujeres jefas de hogar, que en este difícil momento son el sostén de su familia.

5. Nuestro sector tiene su salario comprometido con el pago de deudas y, además, somos el soporte de familiares nuestros que se han quedado sin empleo.

6. Las compañeras y compañeros jubilados del Magisterio Nacional siempre han contribuido solidariamente lo que la ley obliga, al igual que el respectivo impuesto de renta.

Debemos recordarle además que, toda persona trabajadora, con un salario igual o mayor a 840 mil colones ya paga un impuesto sobre la renta, el cual es deducido automáticamente; es decir, NUNCA HEMOS EVADIDO UN IMPUESTO, COMO MUCHOS EMPRESARIOS QUE SÍ LO HAN HECHO.

Como parte de este recordatorio debemos anotar que las personas trabajadoras, en calidad de consumidores, pagamos un IVA del 13%, el cual NO ha sido reducido en absoluto en medio de la emergencia nacional.

En medio de este escenario, pretender empobrecer a la clase media costarricense, significa llevar el país al abismo.

Si la clase media tiene dificultades para consumir, muchos comercios y personas que dependen de nosotros(as) se verán obligados a cerrar, ocasionando muy altos niveles de desempleo, aún después de la pandemia.

En lugar de buscar menoscabar el sustento familiar de la clase trabajadora de Costa Rica, deben buscarse alternativas reales con recursos de los grandes capitales y de los grandes evasores.

Así como el presidente ha dicho “vivimos un tiempo extraordinario y necesitamos medidas extraordinarias”, bien se puede mantener el precio de los combustibles, aun cuando la factura petrolera sigue a la baja, y destinar estos recursos a la atención solidaria.

De igual forma, si se tienen $8.1 mil millones en Reservas Monetarias Internacionales, también se pueden destinar al menos $2 mil millones, equivalentes a ₡1.1 billones pudiendo inclusive duplicarse este monto a ₡2.2 billones, sin detrimento de la actividad comercial internacional que se entiende casi paralizada a nivel mundial, siendo que no se trata de un problema solo nacional.

Resulta contradictorio, que se engañe a la ciudadanía cuando se aceptó el altísimo endeudamiento de nuestra sociedad y en especial de nuestro sector magisterial, promocionando el crédito de salvamento ante las necesidades que nos aquejan a todos, y que ahora se quiera desconocer esta situación al pretender cercenar los salarios de éstas mismas familias endeudadas.

Por ende, reiteramos, NO es momento de seguir asfixiando a las familias trabajadoras costarricenses. NOSOTROS(AS) YA APORTAMOS DE MANERA SOLIDARIA AL PAÍS.

Los recursos que hagan falta para la atención de la emergencia deben ser cobrados a las grandes fortunas, al sector financiero, a las zonas francas, a los evasores fiscales y a los beneficiarios de la amnistía tributaría del 2018. PORQUE ELLOS NO HAN SIDO SOLIDARIOS CON COSTA RICA.

Coronavirus: desnudez de una economía sacrificial

*M.EL Ernesto Herra Castro

La crítica situación humanitaria en la que se encuentra nuestra propia humanidad pone de manifiesto las tensiones y preocupaciones propias de un proyecto civilizatorio impulsado a partir de la designación de otredad que sólo es posible a partir de construcción de diferencia.

El adjetivo utilizado para describir la condición humanitaria presente no es casual, más para tener perspectiva de las dimensiones de la crítica con qué enfrentar la realidad es necesario armarse de lenguaje y, para ello, no hay otra opción que la lectura, el estudio, la discusión. No hay, dicho sea de paso, mejor medicina contra la ignorancia que la educación. No hay mejor ambiente para cualquier ofensiva autoritaria, sea cual sea, que la ignorancia. Por eso parto del principio hipotético de que el estudio, la discusión, la reflexión crítica son fundamentales, en el actual contexto, para enfrentar tanto los agentes externos como el modo de organización económico y social que corroen las condiciones y posibilidades de existencia de la red extensa de la vida, con la que la nuestra es posible, desde mucho antes que el Covid-19 apareciera en la escena global.

¿Qué es entonces lo novedoso de este virus y porqué ha prácticamente paralizado la economía mundial?

Esta es una primera distinción que considero oportuno habría que hacer y es que lo que se ha paralizado no es la economía sino la crematística.

Para Aristóteles (2007)  existe una distinción[1], y no sólo diferencia, entre la “ciencia de adquirir” y la “ciencia doméstica”. En la primera el horizonte de sentido está dirigido a la “riqueza ilimitada”, mientras que en la segunda se trata de la producción y reproducción de la vida de la tribu, la familia y/o el clan.

En la economía de los pueblos y comunidades que integran la multiplicidad de tugurios, precarios, barrios y barriadas, favelas, ciudades interconectadas por caminos, callejuelas, huecos recubiertos del asfalto que integran la desigual realidad  latinoamericana, y la costarricense como parte de ella, se ponen de manifiesto prácticas económicas atravesadas por otro tipo de vínculo más allá de social, que gira en torno a rifas, bingos, chances, cuentas que van de lo “fiado”, a lo “apuntado”, a lo “perdonado”, a lo “olvidado”. De trueques trabajo-trabajo, trabajo-productos, trabajo-mercancías, productos trabajo, mercancías-trabajo pero tienen, como común denominador, el trabajo como fuente de existencia y posibilidad misma de la vida. Es lo que nace desde él, lo creado en él y es él la fuente creativa de todas las creaciones. Lo anterior le permite a Marx (2017) afirmar: “el trabajo es la sustancia y la media inmanente de los valores, pero el mismo no tiene valor alguno” (653).    

La otra es la crematística en la cual “la riqueza y la sociedad no parecen reconocer límites” (Marx, 2016, p. 186). Ella se impulsa a partir de criterios de acumulación, ganancia, tenencia, rédito, riqueza, fortuna… y es ella, el tipo de economía que en este momento está siendo confrontada.

En relación a la economía doméstica, el tipo de pregunta y preocupación que desde aquí se despliega en el actual contexto tiene que ver con las formas de proteger la vida humana por encima de cualquiera de sus creaciones y es que ellas, sus creaciones, son producto de su ingenio, creatividad, inteligencia y se deben a quien les ha creado. No en el sentido inverso. Este es el horizonte crítico de lo propuesto por el maestro Franz Hinkelammert  (2007) en tanto pensamiento crítico:

“La crítica del pensamiento crítico la constituye un determinado punto de vista bajo el cual esta critica se lleva a cabo. Este punto de vista es el de la emancipación humana. En este sentido, es el punto de vista de la humanización de las relaciones humanas mismas y de la relación con la naturaleza entera. Emancipación es humanización, y humanización desemboca en emancipación”(p. 43).

Señalo lo anterior porque el actual contexto planetario, calificado por diversos medios de comunicación global/regional/local (cuyas preocupaciones están atravesadas por la riqueza, la acumulación y/o la ganancia) en tanto crisis, parte del supuesto de que ella está determinada por la imposibilidad de realización del conjunto de relaciones que giran en torno al capital. O sea, que de lo que se trata no es de la vida misma del ser humano sino de la vida de los dioses terrenales. Se trata de garantizar la realización del capital. En esto se han puesto de acuerdo Trump, Bolsonaro e incluso a López Obrador quienes, siendo en apariencia distintos, dejan claro que, a lo sumo, son polos opuestos de un mismo proyecto civilizatorio impulsado a partir de la construcción de diferencia para lo cual, sobre la vida del otro, se crea todo valor que hace posible organizar la sociedad a partir de los mitos, las ideologías y las utopías propias del proyecto civilizatorio occidental. Se trata de reproducir, del mismo modo que lo hace la circulación de las mercancías, la condición de miseria, enajenación, pobreza, explotación con que se crean la existencia misma del Tercer mundo, tanto en occidente como fuera de él.

Lo que es cierto es que, habiéndose convertido China en la fábrica del mundo capitalista desde la década de los noventa del siglo XX, toda actividad de la crematística para por allí. Lo anterior se debió a la creciente y sistemática inversión que China impulsó en el desarrollo de una plataforma económica e industrial basada en la innovación tecnológica en combinación con el impulso del conocimiento científico  en áreas de mayor sofisticación desde la década anterior y es que, precisamente en la década de los años ochenta del siglo XX, occidente estaba empecinado en desmantelar y vaciar de contenido (material, simbólico y/o espiritual) el conjunto de instituciones sociales que hacen posible la reproducción de los mitos/ideologías/utopías con que occidente se seguía mostrando como “civilizado”, “avanzado”, “racional” e incluso “humano”.

Según Escurra (1997) “el ideario neoliberal no sólo atacó cualquier regulación del mercado por parte del Estado. Argumentó además que la desigualdad es un valor positivo para dinamizar el crecimiento y la acumulación privada, por lo que se consideró imprescindible quebrar el poder del sindicalismo y, en general, del movimiento obrero (con sus presiones igualitarias sobre los salarios y el gasto social del Estado)” (p. 18).

En el contexto latinoamericano, este ideario fue impulsado a partir de tres ejes básicos:

  • “…constituir a las exportaciones en la fuente fundamental del crecimiento…, lo que lleva a políticas como el estímulo de ´aperturas incondicionales´ al capital transnacional y el sobreacento en la ´competitividad´.
  • Reducir drásticamente el ámbito de acción del Estado y propiciar la privatización de toda suerte de actividades productivas y servicios…;
  • Y respecto del corto plazo, jerarquizar por encima de cualquier otro objetivo la preservación de los ´equilibrios macroeconómicos´ (sobre todo, en materia de presiones inflacionarias y de las cuentas fiscales y externas)” (Vuskovic, 1994. En Escurra, 1997, p. 18).

Lo anterior nos permite reflexionar, desde una perspectiva económica, qué es aquello que es la crisis, en tanto nuestra condición humana. Esta reflexión estaría atravesada por el reconocimiento del valor social contenido en los distintos productos satisfactores de necesidad que sólo son producidos en base a la fuerza, inteligencia y capacidad de la humanidad toda, y no sólo de una parte de ella. Este vínculo económico es movido por cada sujeto productor que, a través de su fuerza de trabajo, hace posible la producción de la familia que integra, del pueblo que integra, de la comunidad que integra. El otro sentido crítico, cuya materialidad se impulsa en una economía sacrificial  (crematística) cuyos dioses terrenales (dinero, mercado y capital, siguiendo a Marx) determinan las condiciones de posibilidad real y fáctica para producir la vida de millones de personas alrededor del mundo cada día. Estos dioses terrenales, que no son más que creaciones estrictamente humanas, parten de un horizonte mítico que requiere, literalmente, no sólo de fuerza de trabajo sino de sangre. 

Lo que está en discusión, entonces, no es el trabajo sino el empleo. O sea, aquel tipo de trabajo que ha sido social y económicamente determinado para la producción de valor pero no para sí, sino para otro. Lo anterior está contenido en todo aquello que se pretende ocultar mediante la categoría salario la cual, en apariencia, es la parte correspondiente a las y los trabajadores producto de un contrato firmado en “igualdad de condiciones” en la que uno compra a otro la fuerza de su trabajo y lo hace con dinero. Sin embargo, el tipo de economía política que Marx muestra permite identificar que el salario sólo contiene la parte correspondiente que garantizan sus condiciones de existencia. Esto le permite a la economía capitalista poder asegurar su reproducción y su explotación futura. Sin embargo, la economía capitalista, a partir de la categoría de salario, encubre la parte correspondiente a la jornada que, para sí, se apropia el capitalista. Esto es lo tematizado en Marx en tanto plusvalor.

Lo que está en crisis, entonces, son las posibilidades mismas de realización del capital, en la parte correspondiente a la apropiación del plusvalor ya que lo que no está en discusión es la equidad entre clases, ni tampoco la justicia sino que en nombre de la justicia ahora producen injusticia[2]. De lo que se trata es de asegurar que la parte producida por el trabajador y de la que se apropia el capitalista pueda ser cubierta, en este contexto, por el mismo pueblo trabajador sobre la base de su salario y no sobre su condición de clase. De este forma, siendo que el plusvalor ya es, de hecho, un robo al trabajador de parte del capitalista y sus representantes en el sector público, ahora se trata que la misma clase, a la que de por sí ya se le extrae un plusvalor, sostenga de su salario el trabajo socialmente necesario que no puede costear el capitalista para que éste, en un periodo indefinido aún, se dedique a la producción de plusvalor, que se apropiará para sí, subvencionada por la clase trabajadora.

Estamos frente a un nuevo modelo socialista, que financia la clase trabajadora, para sostener a la clase trabajadora pero impulsada por la clase capitalista y en beneficio de esta clase. No podría estar más claro. De lo que se trata es de un nuevo robo. No de someter a crítica la ética respecto de la solidaridad que ha expresado, por más de un siglo, las y los sujetos productores de valor, o sea, las y los trabajadores. Se trata de un juicio moral de parte de una clase cuyo horizonte ético no le permite discutir de la ética sino de la moral, amparado por científicos sociales que hacen del lenguaje, una herramienta tan flexible,  que hace casi imperceptible esta sutileza.

Al ser China la fábrica del mundo, en un mundo cuyas instituciones sociales han sido corroídas por quien en lugar de asegurar su reproducción apostó por su destrucción de forma sistemática desde la década de los años ochenta del siglo anterior, y al haber sido en ella identificado el primer caso de Covid-19, la reacción contra el ideario neoliberal ha sido sistemático:

  • Se han contraído las exportaciones de manera tan radical que la bolsa de valores de los Estados Unidos, representante de la crematística global, ha registrado pérdidas en el trasiego de mercancías propias de contextos en que la recesión e inflación se han combinado (https://www.wsj.com).
  • El papel de los diversos Estados ha sido una prioridad en el actual contexto de crisis pro solidaridad con el neoliberalismo. En este contexto, contra toda lógica de reducción del Estado, es él quien está en condiciones de asegurar la reproducción de la vida de las y los productores de valor sobre los que se apalanca el sistema capitalista como un todo, al punto que la propia directora gerente del FMI, Krisalina Georgieva, ha señalado explícitamente: “Los costos humanos de la pandemia del coronavirus ya son inmensurables y es preciso que todos los países trabajen en colaboración para proteger a la gente y limitar el daño económico. Este es el momento de actuar con solidaridad, un tema central en la reunión que mantuvieron hoy los ministros de Hacienda y gobernadores de bancos centrales del G-20” (https://www.imf.org/es/News/Articles/2020/03/23/pr2098-imf-managing-director-statement-following-a-g20-ministerial-call-on-the-coronavirus-emergency).
  • En el tercer punto señalo por Vuskovic (1994) es donde se ha tenido mayor vehemencia. Se trata de salvar al sujeto histórico que ha permitido actuar de forma sistemática contra todo aquello que defiende la vida del pueblo donde el mercado se realiza. Se trata, como Trump lo ha manifestado de forma vehemente y que es la tesis que terminará por imponerse, de que el mercado se realice independientemente que ello signifique pagar con la vida misma.

En el caso costarricense, “la solidaridad” que ha sido ordenada desde el FMI significa que, dado que el mismo sector empresarial que hoy se declara en imposibilidad de pago a sus trabajadores, se ha nutrido del desfalco a las instituciones sociales que garantizan la producción y reproducción de la vida de su pueblo, hoy le corresponde a la clase trabajadora aportar “solidariamente” un monto económico según ingreso para poder garantizar que el sistema desigual que, de por sí tenemos, garantice su reproducción futura.

El limitar el horizonte crítico en términos medio-fin que el presente nos arroja hace replicar los errores del pasado y permitirle a quien históricamente ha ocupado el lugar del dominador se perpetúe. De lo que se trata no es de salvar a las y los trabajadores. Se trata de garantizar la división de clases financiado por la misma clase trabajadora. El primer movimiento que ha sido puesto en cuestión es la evasión, por parte de la clase capitalista de sus responsabilidades y, para ello,  han cubierto su responsabilidad impulsada por la propaganda mediática que, como clase, imponen intentando socavar la sensibilidad de un pueblo que durante quinientos años no ha hecho más que ponerse a disposición del otro/otra porque de otra forma su propia vida no sería  posible.

A diferencia de pandemias anteriores, la actual ya tiene conclusión: salvar  a los capitalistas de la crisis y, para ello, los medios de comunicación globales ah puesto sus servicios y su propaganda mediática a favor de dicha conclusión. La muerte, la desesperación, el dolor, el miedo, el terror es cubierto en streaming donde es posible, gracias al capital, ver el pánico en los ojos de cualquier otra/otro trabajador, al rededor del mundo, en tiempo real.

En vísperas del bicentenario el Covid-19 ha terminado de definir la composición de clases con que iniciaremos el tercer siglo de nuestra in-dependencia.

El Covid-19 es un virus novedoso porque de él podría salir revitalizada la crematística capitalista. Lo que no es del todo claro, y por ello es que la economía/crematística se tensa entre términos vida/muerte//acumulación/riqueza que puja entre detenerse y distanciarse para preservar la fuente creativa de todas las creaciones que sería la vida misma y aquella que que ejerce cada vez más influencia para disputar un lugar de centralidad en la economía capitalista mundial, es el lugar que, como conjunto nacional apostamos a ocupar en el mundo que surja de aquí.

Como pueblos pareciera que estamos a las expectativas del rumbo que puedan señalar las oligarquías latinoamericanas, cuando ellas han demostrado sistemáticamente a lo largo del siglo XX que han perdido toda capacidad de pensar en términos nacionales. Ellas piensan sólo en términos de grupo y/o clase.

El Covid-19 es un virus neoliberal que no culmina de desnudar la avaricia por la que nuestra propia humanidad es sacrificada.

*Ernesto Herra Castro es académico de la Escuela de Sociología de la Universidad Nacional en Costa Rica, donde se desempeña como coordinador de la Red de pensamiento crítico denominada “Epistemologías del sur”.

Referencias bibliográficas

Dussel, E. (2014). Para una ética de la liberación latinoamericana. Tomo I. Ciudad de México: Siglo XXI.

HINKELAMMERT, F. (2007). PENSAMIENTO CRÍTICO y CRÍTICA DE LA RAZÓN MÍTICA. REVISTA PASOS, DEPARTAMENTO ECUMÉNICO DE INVESTIGACIÓN, 43-48.

Marx, K. (2016). Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858. Vol. I. Ciudad de México: Siglo XXI.

Marx, K. (2017). El capital. El proceso de producción del capital. Tomo I, Vol II, Libro primero. Ciudad de México: Siglo XXI.


[1] Según Heidegger “Lo mismo no es lo igual, porque en lo igual toda diferencia es abolida, mientras que en lo mismo aparecen las diferencias” (En: Dussel, 2014, p. 100). Siguiendo esta línea Dussel (2014) señala: “la di-ferencia supone la unidad: lo Mismo. Mientras que los dis-tinto (de dis-, y del verbo tinguere, pintar poner tintura), indica mejor la diversidad y no supone la unidad previa” (p. 102).

[2] En Costa Rica, por la vía de decreto presidencial, se retendrá con el argumento de la “solidaridad” un porcentaje, según ingreso, a la clase trabajadora para que ella logre asumir los costos de la “pérdida de empleo” que ha sufrido una parte considerable de las y los trabajadores del sector privado. Este mismo sector ha evadido, sólo en  el pago de los impuestos correspondientes, para con su actividad un monto estimado al 6% del Producto Interno Bruto de Costa Rica. 

Foto: https://www.cpalsocial.org/se-nos-acaba-el-mundo-y-vamos-peor-la-economia-circular-pierde-peso-3207

El mito de la movilidad

Por Guillermo Acuña González
Escritor y Sociólogo
Costa Rica

Cientos de imágenes que atraviesan los territorios virtuales, muestran a la gente convencida de su encierro. Le cantan a su encierro. Le leen, leemos textos, conmovidos, sensibles, amorosos. Jugamos, planeamos, vivimos una extraña libertad entre cuatro paredes. El encierro nos ha devuelto, si, a la más originaria de las condiciones humanas: la de vernos a nosotros mismos.

Mientras nos miramos, ahí, afuera, en este preciso instante, la movilidad humana es sometida a prueba. Ante la inminencia de la pandemia global, los Estados, al decir de la colega mexicana Leticia Calderón Chelius, prefirieron una respuesta del medioevo: atrincherarse, cerrar sus puertas con picaportes, nadie entra, nadie sale. A esta hora, mientras se resuelven impuestos solidarios, despidos y acomodos para la empresariedad regional, cientos de migrantes centroamericanos continúan siendo deportados por las políticas desquiciantes y alucinantes de la administración en Estados Unidos.

Si bien para efectos de salud pública esta acción de los estados ha significado una respuesta homogénea, legitimada por los discursos de verdad sobre la actuación de prevención y mitigación del contagio, en las movilidades humanas seguimos observando procesos que comprometen los derechos humanos de las personas que se desplazan.

El cierre irrestricto de las fronteras implica, de golpe, la posibilidad de que las personas busquen cruzar por puntos ciegos, ahí donde los Estados no alcanzan a vigilarlos. Entonces, el remedio, ya lo han dicho colegas con quienes comparto espacio de intercambio a nivel latinoamericano, puede convertirse al corto plazo en una acción propulsora de más casos, más contagios, más muertes. La información proveniente de la frontera entre Colombia y Venezuela, así como la paradoja de la inversión de las trayectorias en la línea divisoria entre México y Estados Unidos (ahora son los mexicanos los que pancartas en mano exigen el cierre de fronteras ante la posibilidad de la portabilidad de casos en los cuerpos de quienes viven en territorio fronterizo del lado estadounidense) confirman lo que esta crisis humanitaria mundial ha supuesto para la comprensión del fenómeno migratorio en todas sus dimensiones. Se ha falseado, de pronto, el sistema epistemológico y conceptual con el que veníamos operando para abordar dichos procesos.

Desde el giro de la movilidad, que es un abordaje conceptual en construcción permanente, los desplazamientos humanos deberían verse como un proceso de normalidad, más cuando se cruzan las fronteras. Como los preceptos de los Estados modernos han puesto su atención en el músculo inquebrantable de las fronteras, cuando una persona las traspasa de las formas que sean, esos Estados entran en crisis, se aferran a su resguardo, se blindan, disparan a matar para que nadie entre (como se leyó en estos días en redes sociales por usuarios costarricenses que a toda costa desean que esta coyuntura termine por demostrar que la blancura y excepcionalidad ticas deben ser resguardadas de esos otros cuerpos, los cuerpos de los migrantes pobres que provienen del otro lado del río).

Mucho antes que la crisis sanitaria y humanitaria global fuera declarada, las narrativas de la gestión migratoria ya habían adelantado el lenguaje que ahora se antoja novedoso en el campo de la salud pública. Ya las movilidades centroamericanas de finales del 2018 habían sido “confinadas” en puentes, estaciones migratorias, centros de detención. Ya la distancia social había sido utilizada de forma criminal por el gobierno de Estados Unidos al separar familias enteras y darles trato de reos y delincuentes a niños y niñas centroamericanos que apenas podían balbucear su nombre. Ya antes, mucho antes que esta crisis nos dijera que hay cuerpos que si importan y cuerpos que no, muchas personas migrantes centroamericanas habían sido apedreadas cuando pasaban por comunidades de tránsito, fumigados sus cuerpos para prevenir males contagiables, golpeados y discriminados por sus identidades sexuales diferenciadas.

Estas horas, que nos toman a muchos con nuestra movilidad restringida por las indicaciones de las autoridades de la salud pública a nivel global, deberían servirnos para que el tema de las movilidades humanas, eso que los estados llaman migraciones, nos atraviesen nuestros cuerpos y nuestras percepciones. Estar con el derecho del desplazamiento comprometido es lo que cientos de personas centroamericanas han experimentado ya por décadas en su tránsito por México y en su ingreso a Estados Unidos. Pongámonos en sus pieles. Ellos han sido confinados, separados, reducidos, por las prácticas de resguardo y los enfoques de seguridad de los estados y las percepciones que los criminalizan, los encasillan, los cuestionan. Hoy el mito de la movilidad se derrumba. Hoy su cuerpo, el cuerpo del que lee estas líneas, es un cuerpo sospechoso, portador, posiblemente enfermo. Para ese cuerpo, los límites a su movilidad son una orden. Pensemos en esto y pongamos en perspectiva los desafíos para la comprensión de las movilidades humanas en la región centroamericana.

Imagen: http://historico.cpalsj.org/honduras-migracion-y-exclusion-social/

CTRN pide a presidente que no cargue más al sector laboral

En un video de la Confederación de Trabajadores Rerum Novarum (CTRN), su presidente, Lenin Hernández Navas hace un llamado al mandatario Carlos Alvarado Quesada, para que la crisis por el COVID-19 sea asumida por grandes empresas y no por el sector laboral. Le compartimos la exposición: