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Autor: María José Ferlini Cartín

Los evangelios, los evangélicos y la agenda pública

El crecimiento de las iglesias evangélicas en América Latina en tiempos recientes ha hecho más visible su presencia pública. Pero cabe señalar que las iglesias y creyentes evangélicos, varones y mujeres, han participado activamente en la vida social y política, especialmente en las áreas de educación, salud, servicios sociales, derechos humanos, acompañamiento a los pueblos originarios, libertades cívicas, actividad sindical, cultura y deportes, resguardo de la naturaleza, entre otras, desde el nacimiento de nuestro país. La lista de nombres (incluso mártires) y sus acciones sería muy extensa, aunque desconocida para gran parte del público. Desde la comprensión del Evangelio, desarrollaron iniciativas progresistas que generaron avances transformadores y positivos de nuestra sociedad.

Sin embargo, vemos con preocupación que en los últimos años los medios informativos han destacado, no siempre con acierto, la actuación de algunos personeros o entidades evangélicas que han expresado sus posiciones en materia relativas a género y aborto, seguridad y otros asuntos mayormente en términos absolutos y polémicos, obviando la realidad que no todos los evangélicos sostenemos las mismas opiniones en estos temas.

Según los evangelios, Jesús no expresó posiciones extremas en temas de moral sexual. Es más, cuando pusieron delante de él una mujer acusada de adulterio, evitó condenarla, rescatando así su vida[1]. En cambio, fue extremadamente duro con el rico que ignoraba al pobre que dormía en la calle frente a su puerta2, y con quien no quiso compartir sus bienes con los pobres3. Jesús vuelca las mesas de los que especulaban con el cambio de dinero y quienes hacían negocio con la religión4, acentuando en sus enseñanzas que “el que quiera ser grande debe servir a los demás”5.

Otros textos bíblicos mencionan las cuestiones de género, pero en un marco de afirmación de la vida y la justicia. Son indicaciones para las comunidades creyentes y no leyes que hay que aplicar al resto de la sociedad6. Son opciones desde la fe, y no un impuesto moralismo fariseo.

La “agenda pública” de Jesús queda anunciada en su invocación profética: “Buenas noticias a los pobres, sanidad a los enfermos, consuelo a los sufrientes, libertad a los cautivos y liberación de los oprimidos”7. Jesús sanó8, enseñó y alimentó a multitudes9, todo gratuitamente y sin exigencias. No fueron solamente discursos sobre valores: fue su práctica cotidiana. En su última enseñanza a sus discípulos antes de su asesinato por parte del Imperio, señala la continuidad de su presencia en el alimentar al hambriento, dar de beber al sediento, recibir a los extranjeros, vestir al desnudo, visitar enfermos y presos10.

En términos actuales, podemos decir que Jesús acentuó sus enseñanzas vinculadas con la igualdad de todas las personas en su dignidad, la justicia social, especialmente en términos de alimentación y hábitat, salud, educación, los derechos humanos, personales y sociales y la solidaridad con y entre quienes padecen, así como el uso responsable y compartido de los bienes y recursos naturales. Por cierto entendemos y alentamos el compromiso de los creyentes evangélicos en el ámbito público y en la política, según sea su vocación. Pero a la vez entendemos que estas siguen siendo las prioridades para quienes tenemos el compromiso de anunciar “el Reino de Dios y su justicia” para todas las naciones.

Por la Federación Argentina de Iglesia Evangélicas

Néstor O. Míguez

Presidente

 

Compartido con SURCOS por Alberto Rojas.

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Asociación para el Rescate de la Zona Marítima Terrestre defiende playas

  • Invitación a primera audiencia ARREZOMATE

La Asociación para el Rescate de la Zona Marítima Terrestre, hace un llamado a los costarricenses a rescatar las playas: Cabuyal, Balsal y Carbonal.

Presentarse a la primera Audiencia ante el Tribunal Contencioso Administrativo y Civil de Hacienda, Calle Blancos, frente a Café Dorado, San José los días 8 y 9 de agosto de 2019. Hora: 8 a.m.

También se les invita a la reunión para explicar el proceso contencioso, el día viernes 3 de agosto a las 4 p.m. en la Sala de la Biblioteca pública de Liberia, Guanacaste.

¡Ellos mandan hoy; porque obedecés! (A. Camus)

Enviado por Asociación Confraternidad Guanacasteca.

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Declaración de Asociación Americana de Juristas ante genocidio de líderes en Colombia

La Asociación Americana de Juristas (AAJ), Organización no Gubernamental con Estatuto Consultivo en las Naciones Unidas, entre cuyos objetivos se encuentran la lucha por la promoción de los derechos humanos y su efectiva vigencia, la concreción de mejores y más efectivas garantías para su protección, ante la escalada de persecución, violencia y asesinatos de líderes sociales, populares y de las organizaciones gremiales, intelectuales, docentes, defensores de Derechos Humanos y de la Naturaleza, defensores de LGBTI, indígenas, afrodescendientes, líderes de la oposición en Colombia, expresa su más enérgico repudio y una vez más reitera su condena a estos lamentables episodios.

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UCR: Cada vez que usted lava su ropa, contamina los mares con plástico

  • Especial consumo consciente: ¿lo quiero o lo necesito?

  • La contaminación textil es una de las problemáticas ambientales más invisibilizadas. Tan solo el poliéster, una de las fibras más comunes, libera pequeñas fibras de plástico que contaminan la fauna marítima

El nailon, el rayón, la licra y el poliéster son fibras textiles derivadas del petróleo. Al lavar prendas de estos materiales, se sueltan pequeñas partículas de plástico que terminan en el océano. Foto: Anel Kenjekeeva.

El poliéster y el algodón son los principales materiales de los cuales está hecha la ropa que vestimos todos los días. Puede comprobarlo fijándose en la etiqueta de las prendas que lleva puestas en este momento.

Sin embargo, ambos son altamente contaminantes en su producción, en su lavado y en su desecho.

En el caso del poliéster, esta fibra plástica, procedente del petróleo, se encuentra en más de la mitad de las prendas. Para su elaboración, se requieren alrededor de 70 millones de barriles de petróleo al año y tarda 200 años en descomponerse.

Cada vez que se utilizan y, posteriormente, se lavan las prendas hechas con ese material, se liberan 1 900 microfibras de plástico que acaban en ríos y océanos, lo cual perjudica a la fauna marítima. Una microfibra es una pequeña partícula de plástico, menor a los 5 milímetros (mm) de tamaño.

A inicios del 2019, seis estudiantes de la carrera de Biología de la Universidad de Costa Rica (UCR) obtuvieron los resultados del primer estudio realizado en el país que analizaba la presencia de microplásticos en el tracto digestivo de 30 peces procedentes del Pacífico costarricense.

En esta investigación, un total de 1 101 piezas de plástico fueron encontradas en el interior de los peces. De ellas, 875 fueron microfibras sintéticas.

Asimismo, biólogas marinas de la Universidad Nacional (UNA) actualmente investigan esta problemática con especies comestibles en la costa guanacasteca y las conclusiones son igual de alarmantes.

Alrededor del mundo, este tipo de resultados se han empezado a ver desde hace varios años. Por ejemplo, la Universidad de Toronto determinó que uno de cada cuatro peces que se venden en el mercado tiene restos de microfibras de plástico en sus entrañas.

Otra entidad que se ha dedicado a investigar la presencia de esta problemática es la Universidad de California, Santa Bárbara, la cual realizó un estudio en el 2016 que cuantificó la liberación de microfibras en lavadoras. El estudio señala que al lavar una chaqueta se desprenden dos gramos de microfibras.

En cuanto a su producción, el algodón se cultiva en regiones secas y cálidas, pero necesita hasta 20 000 litros para obtener un kilogramo (kg).

Además, en su elaboración se emplean el 10 % de los pesticidas y el 25 % de los insecticidas utilizados mundialmente. Esto quiere decir que el algodón es el cultivo no comestible más contaminante.

En Costa Rica, el tema de desechos textiles es un vacío en la investigación ambiental. Sin embargo, queda claro que el país es un mercado atractivo para la venta de ropa, pues solo en el 2018 entraron 135 516 toneladas de material textil y calzado. Una tonelada puede equivaler a 6 600 prendas, según datos de la Promotora del Comercio Exterior de Costa Rica (Procomer).

Conciencia desde el clóset

«Si bien la ropa ‘de segunda’ va a seguir teniendo un impacto ambiental, siempre se va a reducir un porcentaje, porque estoy reutilizando una prenda que alguien desechó», explicó Wendy Soto, cofundadora de The devil wears Sinaí. Foto: Anel Kenjekeeva.

Lavar una prenda a mano, consultar en la etiqueta los materiales de los que está hecha la ropa antes de comprarla o escoger una de segunda mano puede hacer la diferencia.

Así lo indicó Wendy Soto Moreno, estudiante de la Universidad de Costa Rica (UCR), quien junto con Daniela Bolaños Torres y Luis Alejandro Ulate se han encargado de brindar información a la población joven sobre el consumo textil responsable, por medio de una página en Instagram que cuenta con 11 000 seguidores.

Esta iniciativa comenzó como una plataforma en donde sus seguidores compartían fotos de sus atuendos comprados en tiendas de segunda mano y, a la vez, demostraban que podían estar “bien vestidos”. No muchos meses después, sus autoras empezaron a destacar los beneficios de hacer este tipo de compra y conforme empezaron a investigar se dieron cuenta de lo poco que se habla de las implicaciones ambientales de la fast fashion o «moda desechable».

Así se denomina a la producción masiva de prendas de bajo costo, tanto en mano de obra y en materiales. Por ello, su precio en el mercado también es barato.

“La reacción de la gente ha hecho que sigamos investigando y hablando del tema. Así fue como nos hemos dado cuenta de que no hay tanta información en el país como la hay sobre otro tipo de residuos, como el plástico o el vidrio, y que a nivel mundial el manejo de desechos textiles se salió de las manos”, comentó Soto.

La preocupación de este grupo de jóvenes tiene sentido cuando organizaciones internacionales calcularon que para el 2015 se elaboraron 100 000 millones de prendas, el doble de lo que se produjo en el 2000.Estos datos revelan que por cada persona que habita en el planeta, se crean al menos 14 prendas de vestir.

De igual forma, la pendiente de las ventas de la industria textil ha sido creciente desde entonces; es decir, el consumo es lo que mantiene a este modelo de producción de las marcas más populares en el mercado.

¿Cómo consumir menos y estar a la moda?

Seguir las tendencias de la industria textil – valorada en $1,3 billones – no se limita a visitar el centro comercial. Por ejemplo, Daniela Bolaños rescata el trabajo de costureras y sastres, los cuales, según indica, poco a poco van resurgiendo.

¿Por qué no ir a una costurera si quiero una camisa? Me la van a hacer al gusto y a la talla. También, estamos ayudando al negocio de una persona a nivel local. Podemos tener este tipo de opciones presentes”, señaló.

“La prenda más sostenible es la prenda que ya existe”, Wendy Soto, estudiante de la UCR y fundadora The devil wears Sinaí.

La lana, el lino, el denim (mezclilla gruesa) y el cuero hecho a mano hacen que a las prendas de vestir más ecológicos que el algodón y el poliéster. Sin embargo, estos materiales no siempre están a nuestro alcance. Por esa razón, reducir la compra de poliéster y algodón para solo cuando sea realmente necesaria, es una de las mejores alternativas.

“La gente nos dice que encuentran ropa de fast fashion en una tienda de segunda, pero si esa prenda ya existe y su dueño la desechó, ¡cómprela!, porque le está alargando el ciclo de vida. Igualmente, si por comodidad se tuvo que comprar en una tienda del mall, está bien, pero entonces démosle el mayor uso posible porque esa prenda tiene un gran impacto en el ambiente”, comentó Bolaños, quien es egresada de Ciencias Políticas y estudiante de Sociología en la UCR.

Una débil Costa Rica

«Es necesario que se empiece a clasificar los residuos textiles, para ver cuánto se está produciendo y empezar a hacer algo al respecto», indicó Xinia Alvarado, directora de Salud Ambiental de la Escuela de Tecnologías en Salud de la UCR. Foto: Anel Kenjekeeva.

Cuando una prenda cumple su ciclo de vida en el closet y ya no se puede usar, realmente no hay una manera adecuada de desecharla. Costa Rica carece de una clasificación de residuos textiles y eso es parte la problemática.

“Los desechos textiles no son un tipo de residuo que se clasifica como el plástico o el papel y, mucho menos, pensamos de que debe existir un sistema de reciclaje o de reutilización. Hay que empezar a hacerlo. En las giras estudiantiles es común ver las telas atrapadas en las ramas o en las orillas de los ríos, porque cuando ya no sirven, se botan a la basura corriente”, manifestó Xinia Alvarado, directora del departamento de Salud Ambiental de la Escuela de Tecnologías en Salud de la UCR.

“El problema es que estamos comprando ropa desechable. Luego, no sabemos qué hacer con esa tela y se va dentro de la basura sanitaria común”,

Xinia Alvarado, directora del Departamento de Salud Ambiental de la Escuela de Tecnologías en Salud de la UCR.

Empezar a hablar del tema es el primer paso para que esta situación cambie. Desde investigar los materiales que están en la etiqueta de nuestra ropa, pensarlo dos veces antes de comprar una prenda de vestir nueva, o ser creativo con una blusa que ya no sirve, puede marcar la diferencia a la hora de manejar un desecho que se ha normalizado.

“Como hace diez años no creíamos posible dejar de usar botellas de plástico de un solo uso, no pedir bolsa en el súper porque la llevamos desde la casa, o rechazar las pajillas, podemos lograr hacer conciencia de con qué nos vestimos. Es un proceso, así como lo fue en esos casos”, indicó Wendy Soto, quién es estudiante de Ciencias Políticas.

El utilizar al máximo de capacidad de la lavadora, en vez de reiterados ciclos de lavado, o lavar la ropa a mano, son algunos de los consejos que estas jóvenes y los diferentes estudios recomiendan para disminuir la contaminación de microfibras textiles. Sin embargo, la legislación y la cuantificación a nivel país de los desechos de ropa es de las acciones más urgentes.

 

Valeria García Bravo

Asistente, Oficina de Divulgación e Información

Información tomada de: http://www.ucr.ac.cr/

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El Salvador: Preocupa impactos negativos del cultivo de la caña de azúcar

La Coordinadora Central por la Agroecología y la Soberanía Alimentaria y el Movimiento Agroecológico de América Latina, se reunieron con las escuelas campesinas de El Salvador para analizar el avance agresivo del monocultivo de la caña de azúcar.

Wilfredo Hernández de Radio Izacanal nos amplia en el siguiente audio que compartimos:

 

Compartido con SURCOS por Lili León, de Voces Nuestras.

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UNA sola voz…UNA sola lucha. Tiempos aciagos azotan a la U pública

Con estupor somos testigos de una oleada de medidas y descalificaciones orquestadas contra la universidad pública costarricense. La primera embestida ha sido fraguada en contra del FEES a través de la violación a los principios constitucionales que lo reguardan y sus resultados son ya realidad en nuestra institución. El recorte sistemático al presupuesto en el último lustro, contribuyó a una formulación presupuestaria deficitaria para el año 2020, de cerca de 2.500 millones de colones; situación que obligará a hacer más ajustes en áreas sensibles. Ello augura un deterioro aún más significativo de cara al futuro inmediato y, en consecuencia, conllevará una limitación directa al cumplimiento de la misión universitaria.

El segundo golpe arremete contra las convenciones colectivas y los derechos laborales logrados por los trabajadores universitarios. Algunos de estos logros fueron gestados y defendidos desde la creación misma de la UNA. La estrategia se ha enfocado en crear una imagen social distorsionada del funcionario universitario tergiversándolo como un personaje ominoso, cuyo aporte a la sociedad costarricense es casual, simple y mínimo, sumado a lo especialmente caro que le resulta al país por estar cargado de privilegios económicos.

El tercer frente y, desde mi perspectiva, el más peligroso por su carácter perversamente desarticulador de la Educación Superior Costarricense, es el manifiesto interés de algunos diputados de la Asamblea Legislativa de modificar los artículos 84 y 85 de Constitución Política, los cuales resguardan la autonomía universitaria y que desde 1949, aseguran que la educación universitaria se constituya en un bien público social y no en un servicio público más. Dichos artículos garantizan el compromiso financiero del Estado costarricense con la educación, concebida como un medio de desarrollo social, cultural y económico y un vehículo de movilidad social en una sociedad democrática como la nuestra, que apostó por la educación como un derecho humano insoslayable.

Los principales actores de tan feroz ofensiva no ocultan sus rostros ni mucho menos sus pretensiones. Se aglutinan alrededor de la Asamblea Legislativa y de otras instituciones con componendas más o menos evidentes con el gobierno central: se trata de las cámaras empresariales, de la gran mayoría de medios de comunicación, de los grupos asociados al capital nacional y transnacional aunados a una opinión pública profundamente mediatizada que, posiblemente por primera vez en la historia, rebaja el papel cultural y dinamizador de la universidad en su misión y acción a órgano detentador de prebendas. Estos actores han venido orquestado una campaña sistemática que busca la privatización de las instituciones públicas y también eliminar el presupuesto constitucionalmente establecido de las universidades estatales. Con ello se consolida el más duro golpe al estado social de derecho y a la democracia costarricense.

Creo decididamente que para enfrentar estos planes destructivos que afectan a nuestra sociedad como un todo y a la universidad pública en particular, debemos unirnos como comunidad universitaria que somos. Debemos reconocernos como un solo colectivo para luchar contra la desarticulación de la educación superior. Este unirnos bajo un solo objetivo es el reto más grande y urgente. No debemos caer en la trampa de prácticas políticas nacionales partidistas ejercidas fuera o dentro de la universidad para profundizar aún más la ya seria polarización social. Son discursos y prácticas que dividen, que excluyen y que nos roban la ilusión de un futuro más floreciente, de mayor justicia y madurez democrática. Órganos superiores, autoridades electas y aspirantes, funcionarios sindicalizados al SITUN y la Anepuna, funcionarios no sindicalizados, personal académico y administrativo, FEUNA, estudiantado becado y no becado, colectivos universitarios, todos somos la Universidad Nacional. Todas y todos debemos elevar UNA voz, porque hay UNA lucha inminente y esa es la de la defensa de la Universidad Pública Costarricense.

La estrategia a seguir no puede –ni debe– reposar exclusivamente en las autoridades actuales, en el Rector y su Consejo de Rectoría. Allí, lamentablemente para nuestra universidad, el poder de convocatoria ha demostrado ser insuficiente.

Es tiempo de que el tejido universitario fundamental compuesto por las unidades académicas vibre de otra vez. Que la academia como un todo se empodere, convoque al diálogo y articule esfuerzos nuevos, sin dejar de lado la posibilidad de la lucha en las calles. Son las sedes y las unidades académicas, articuladas desde los decanatos, con el apoyo y participación conjunta de las instancias administrativas, quienes conforman la red neurálgica del funcionamiento académico. Ellas son el lugar donde la universidad adquiere sentido para nuestra sociedad, para nuestro pueblo, para nuestro estudiantado. Es desde allí, en las asambleas, los consejos académicos, en las reuniones, en los pasillos y, sobre todo, en las aulas, con nuestros jóvenes, donde debemos recuperar el diálogo y establecer las estrategias de la defensa de la U pública. No tengo duda de que en esta cruzada las organizaciones gremiales universitarias comprenden su papel histórico y que reconocen la importancia de hacer nuevas lecturas sociales y actuar consecuentemente.

Es claro que estos son tiempos complejos que exigen nuestro mayor compromiso y responsabilidad que asegure heredar una universidad pública mucho más fortalecida y legítima, que la que a cada uno de nosotros nos tocó en diferentes momentos de la historia institucional. Llamo, sobretodo, a recuperar su memoria, a reconocer sus principios fundacionales, los aportes sociales logrados en casi cinco décadas, pero también llamo a reflexionar y a actuar sobre las deudas pendientes y los nuevos retos, donde la sostenibilidad financiera asoma preponderantemente. Sólo así podremos defendernos, con todo ahínco, del ataque neoliberal contra la educación superior pública y como Universidad Nacional construir un futuro con sentido y pertinencia social.

Respetuosamente,

Med. Francisco González Alvarado

Académico

División de Educología-Escuela de Historia

Exvicerrector Académico 2010-2015

204510487

 

Imagen ilustrativa de rector de la UNA en firma de acuerdo del FEES con Gobierno.

Enviado a SURCOS por M.Sc. Efraín Cavallini Acuña, Asesor Comunicación, Rectoría UNA.

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Reflexión en torno a la judicialización de la Convención Colectiva

Por uno como todos

Vivimos un tiempo de cambios y de no pocas incertidumbres. El mundo se debate entre tendencias retardatarias y aquellas que presionan para pasar a nuevas formas de organización y convivencia. En el país, acuerdos que nos daban paz social y certidumbre en relación con lo que podíamos esperar, se han ido desvaneciendo, a veces por nuestras propias omisiones, a veces por el ataque encarnizado de oportunistas, a veces porque ya era hora de cambiar, aunque nos resistamos, y otras porque puede ser mejor cambiar lo que tenemos por otras formas de mayor respeto, reconocimiento mutuo y gratificación en la convivencia.

Y nuestra Universidad Nacional no es, para nada, ajena a todo este movimiento. Por eso cada uno y cada una de quienes formamos esta comunidad también compartimos estas incertidumbres, estas tensiones, pero también los anhelos, los compromisos, los proyectos de futuros, las esperanzas de más y mejor universidad.

En ese ambiente, como trabajador universitario, como compañero de jornadas y proyectos, como sindicalista crítico, como intelectual comprometido, como persona con vínculos, necesidades y demandas, uno como todos, comparto las preocupaciones, incluso las incertidumbres de la comunidad universitaria frente a ciertas tendencias que atentan no solo con nuestro estilo de vida, sino con la posibilidad de tener una vida digna.

Es la indignación frente aquellos que, por ejemplo, han satanizado el empleo público y le achacan ser la causa de todos los males del país cuando, en no poca medida, ha sido esta fuerza trabajadora, aglutinada en tantas y tantas instituciones pioneras, como las universidades, la que ha cambiado los escenarios y las realidades de nuestro país.

También es cierto que debemos vernos autocríticamente, pues las tendencias del burocratismo y un confort “acomadaticio” ha podido llevar, en algunos casos, a posturas autosuficientes, desdeñosas de las demandas de las personas y los colectivos; en fin, a perder el horizonte del servicio público. Pero también es cierto que esto es solo el menor de los casos que, por lo mismo que escuece y duele, se hace muy evidente, clama al cielo, y hay que enfrentarlo y cortarlo.

En ese sentido, veo con preocupación el ataque que desde diversos frentes (como algunos medios de comunicación, grupos políticos y oportunistas de turno) se hace contra las universidades públicas y sus convenciones colectivas; estas últimas han sido instrumentos de cambio, mejora social y negociación, que nos han dado la posibilidad de llegar a acuerdos en pro de las mejores condiciones de vida de todos y todas, procuradoras de esa paz social, de equilibrios organizacionales, de combinación de las fuerzas productivas en aras de alcanzar objetivos de desarrollo, que han provocado, en muchos casos, las mejorías y avances de sectores de la población. Y la convención colectiva de la Universidad Nacional no ha sido la excepción, más por el contrario ha sido una norma pionera en algunos temas en el ámbito nacional.

En otro contexto, alguno de más holgura económica, menores presiones fiscales, pero también menores presiones en la operación y la operatividad del quehacer universitario, siendo la nuestra una universidad que, en pocos años, se ha más que duplicado, en estudiantes, en personal, en necesidades espaciales, etc., la convención colectiva pudo cobijar beneficios válidos, que hoy, por el cambio de contexto, requieran revisarse y sopesarse, de modo que nos permita analizar y discernir entre aquello que resulta necesario, desde una perspectiva de humanidad decente y dignidad, y aquello que debiera modificarse, dando lugar a nuevos acuerdos.

Frente a ella, ese espíritu de negociación, de acercamiento de posiciones, que se hace desde una postura responsable y corresponsable, con sentido del bien común, de realismo, pero también de servicio público con visión de futuro, es el que debe imperar, para lo cual no me queda duda tenemos sobrada capacidad.

Lastimosamente, hoy por hoy, la judicialización de nuestra convención colectiva opera como una caja de Pandora, pues -como lo he advertido, desde mi visión jurídica, en los espacios que transitoriamente ocupo- no sabemos lo que puede resultar de ello, máxime que hay quienes (de dentro y de fuera) están ávidos por atacarnos, por cercenar nuestra autonomía, por privar a este país de una de sus principales garantías democráticas, como es la existencia de las universidades públicas.

Sin embargo, aún no es tarde, pues creo que, como comunidad universitaria, de la cual todos y todas formamos parte, independientemente de nuestras funciones transitorias, estamos llamados a entrar en ese espíritu de diálogo y negociación, que nos permita reconocernos como parte de este colectivo y cohesionarnos en torno de los mejores intereses y valores que la UNA ha sostenido y a los que se debe, para acordar las formas organizativas, estructurales y normativas que los protejan y haga operativos. Incluso, esta será la manera de evitar o disminuir las posibilidades de que poderes y agentes externos entren a regular nuestro quehacer y, sobre todo, las condiciones en las que dignamente podremos cumplir con nuestras tareas y compromisos universitarios.

Dr. Norman Solórzano Alfaro-Vicerrector de Docencia, UNA.

 

*Imagen ilustrativa.

Enviado a SURCOS por M.Sc. Efraín Cavallini Acuña, Asesor Comunicación Rectoría UNA.

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