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Autor: María José Ferlini Cartín

Sobre la política exterior de Costa Rica y la subordinación a intereses ajenos

Manifiesto del Instituto Sindical de Formación Política

El Instituto Sindical de Formación Política, en ejercicio de su compromiso con la defensa de la soberanía nacional, la justicia social y la dignidad de los pueblos, declara lo siguiente:

1. Costa Rica y su tradición pacifista

Costa Rica abolió su ejército en 1948, convirtiéndose en referente mundial de paz y desarme. Sin embargo, en los últimos años, nuestra política exterior ha mostrado una peligrosa contradicción: se han firmado propuestas de interacción militar continental que responden a la agenda de la llamada “Gran Norteamérica”, debilitando la esencia de nuestra tradición pacifista y democrática.

2. Subordinación a la política exterior de Estados Unidos

La política exterior costarricense se ha alineado de manera acrítica con los intereses de Estados Unidos, incluso en situaciones que la mayoría de países del mundo han condenado:

  • La tragedia humanitaria en Gaza, frente a la cual Costa Rica no ha matizado ni denunciado las violaciones de derechos humanos.
  • El bloqueo económico contra Cuba, rechazado año tras año por la Asamblea General de la ONU, pero aún respaldado por nuestro gobierno.
  • La guerra contra Irán, donde Costa Rica guardó silencio ante el bombardeo de escuelas e instalaciones civiles, y más bien expresó apoyo al gobierno de Donald Trump.

3. La herencia de la “república bananera”

Los trabajadores bananeros costarricenses, en sus huelgas históricas contra la United Fruit Company, llamaban “cipayos” a los capataces que se sometían a los dictados de la transnacional. Hoy, esa memoria nos interpela: seguimos comportándonos como una república bananera, subordinando nuestra política exterior a intereses ajenos, en detrimento de nuestra soberanía y de los derechos de nuestro pueblo.

4. Consecuencias económicas y sociales

Las decisiones temerarias de apoyar aventuras militares han derivado en crisis geopolíticas y energéticas, con efectos inflacionarios que golpean directamente a los trabajadores y consumidores costarricenses. El alza de los combustibles es prueba tangible de cómo la subordinación política se traduce en sufrimiento económico para la ciudadanía.

5. Responsabilidad de los gobernantes

Mandatarios como Rodrigo Chaves y Javier Milei, actuando como acólitos de Trump y Netanyahu, fueron de los pocos en el mundo en respaldar acciones irresponsables que hoy nos afectan a todos. La política exterior no puede ser un espacio de improvisación ni de servilismo, sino de defensa firme de los intereses nacionales y de los principios de paz que nos distinguen.

DECLARACIÓN FINAL

Costa Rica debe recuperar una política exterior independiente, soberana y solidaria, que:

  • Defienda los derechos humanos en todo contexto, sin selectividad ni subordinación.
  • Rechace bloqueos y agresiones contrarias al derecho internacional.
  • Honre nuestra tradición pacifista y de abolición del ejército.
  • Ponga en el centro los intereses de los trabajadores y de la ciudadanía, no los dictados de potencias extranjeras.

El Instituto Sindical de Formación Política llama a la reflexión crítica y a la acción organizada para que Costa Rica deje de comportarse como una república bananera y recupere su voz propia en el concierto de las naciones.

San José, mayo de 2026 Instituto Sindical de Formación Política

“El destajo en los atracaderos: cargar más, más rápido y vivir menos”

Frank Ulloa Royo

En los muelles del Pacífico costarricense, donde el mar debería ser símbolo de apertura y horizonte, persiste una forma de trabajo que parece salida de los tiempos feudales: el trabajo a destajo. Se paga por producir más, no por trabajar mejor ni más seguro. Es el salario del rendimiento, no de la dignidad. Y en los atracaderos donde la fuerza humana sustituye a la tecnología, esta modalidad se convierte en una trampa de auto explotación.

Los estudios internacionales sobre trabajo portuario coinciden en que los muelles son zonas de alto riesgo laboral. Allí confluyen sustancias tóxicas, cargas pesadas, maquinaria improvisada y jornadas extenuantes. Pero en Costa Rica, donde “los costarricenses no ven al mar”, como decía Constantino Láscaris, los riesgos se invisibilizan. No hay mapas de riesgo, ni inspecciones efectivas, ni prevención. Los atracaderos son tierra de nadie.

Las cooperativas que hoy operan en los muelles del Pacífico —creadas para sustituir a las empresas intermediarias entre armadores, agencias navieras y trabajadores— reproducen las mismas lógicas de explotación. Bajo el discurso de la “autogestión”, el trabajador se convierte en su propio capataz. El pago a destajo lo empuja a cargar más, a correr más, a arriesgar más. La productividad se mide en toneladas, no en vidas.

La doctrina iuslaboralista europea y latinoamericana ha advertido que el trabajo a destajo traslada el riesgo empresarial al trabajador y viola el principio de salario justo y digno. En los muelles costarricenses, esta violación es cotidiana y pública. Las autoridades de inspección laboral no saben qué inspeccionar, y los sindicatos carecen de poder crítico porque la libertad sindical está restringida. Las cooperativas, en teoría solidarias, se han convertido en estructuras de control y silencio.

El resultado es un sistema de trabajo precario, peligroso y moralmente insostenible, donde la explotación se disfraza de esfuerzo personal. El trabajador se autoexplota para sobrevivir, mientras las instituciones miran hacia otro lado. El mar, que debería ser fuente de vida y trabajo digno, se convierte en espejo de una sociedad que ha normalizado la injusticia.

El Estado costarricense hace décadas dejo de invertir en los muelles. Hoy tenemos vergonzosos atracaderos. Costa Rica necesita ver al mar. Necesita ver sus muelles y reconocer que allí se violan derechos laborales básicos, que la prevención es inexistente y que el trabajo a destajo perpetúa una forma de servidumbre moderna. La dignidad no se mide en toneladas descargadas, sino en el respeto a la vida y al trabajo humano.

Roque Dalton frente a la indiferencia universitaria

Jaime E. García González
Dr. sc. agr., Prof. catedrático jubilado UCR y UNED
Miembro de la Red de Coordinación en Biodiversidad (RCB)
biodiversidadcr@gmail.com

Este artículo surge tras asistir al espectáculo teatral, poético y musical “Roque Dalton. El turno del ofendido”, presentado recientemente en el Teatro de Bolsillo; una magnífica puesta en escena que reivindica la vigencia humana, política y cultural de Roque Dalton (https://shortlink.uk/1vGIN)

A medio siglo de su muerte, Roque Dalton sigue interpelando a las universidades latinoamericanas con una pregunta incómoda: ¿para quién se produce el conocimiento?

Por décadas, las universidades latinoamericanas han sido espacios de pensamiento crítico, debate intelectual y producción de conocimiento. Sin embargo, también han enfrentado una tensión permanente: la de decidir si ese conocimiento se limita a los círculos académicos o si, por el contrario, se pone al servicio de las grandes causas sociales de nuestras sociedades. En ese debate, la voz de Roque A. Dalton García (1935-1975) sigue conservando una vigencia extraordinaria.

Dalton no fue únicamente un poeta brillante. Fue también un intelectual profundamente incómodo para los poderes políticos, económicos e incluso culturales de su tiempo. Su obra literaria, marcada por el humor, la ironía y la crítica social, estuvo atravesada por una convicción fundamental: el intelectual latinoamericano no podía permanecer neutral frente a la injusticia.

Ese llamado tuvo un destinatario muy claro: la universidad.

Para Dalton, el conocimiento que no dialoga con la realidad social termina convertido en un ejercicio estéril. Criticó duramente al intelectual encerrado en la “torre de marfil”, distante de los dolores y esperanzas de su sociedad. En una América Latina caracterizada por profundas desigualdades, pobreza, exclusión y violencia política, el poeta salvadoreño consideraba que el silencio académico equivalía, muchas veces, a una forma de complicidad.

Su pensamiento sigue interpelando a las universidades públicas latinoamericanas, especialmente en momentos en que numerosos sectores intentan reducirlas a simples centros de formación técnica o a engranajes funcionales del mercado. Dalton recordaba que la universidad debía ser mucho más que eso: un espacio de conciencia crítica, de reflexión ética y de compromiso con la transformación social.

No se trataba, desde luego, de convertir la academia en propaganda política ni de sacrificar el rigor científico en nombre del activismo. El propio Dalton comprendía el enorme valor del pensamiento crítico y de la investigación seria. Lo que cuestionaba era la indiferencia. Su preocupación central era que el conocimiento universitario perdiera contacto con la realidad de las mayorías.

La reciente puesta en escena “Roque Dalton. El turno del ofendido” permitió precisamente reencontrarse con esa dimensión profundamente humana y crítica del poeta salvadoreño. El espectáculo no solamente reconstruye fragmentos de su vida y de su obra, sino que devuelve actualidad a preguntas que siguen siendo incómodas para nuestras sociedades y nuestras universidades: ¿para quién se escribe?, ¿para quién se investiga?, ¿a quién sirve realmente el conocimiento?

Vivimos una época marcada por múltiples crisis: deterioro ambiental, concentración de la riqueza, debilitamiento democrático, violencia social y desinformación masiva. Frente a estos desafíos, la universidad no puede limitarse a observar desde la comodidad institucional. Las sociedades latinoamericanas necesitan académicos capaces de investigar, denunciar, explicar y proponer soluciones a problemas que afectan cotidianamente a millones de personas.

En Costa Rica, esa discusión no es ajena. Las universidades públicas han desempeñado históricamente un papel fundamental en la defensa de la democracia, la movilidad social y el pensamiento crítico. Sin embargo, también enfrentan crecientes presiones presupuestarias y discursos que buscan deslegitimar su función social. En ese contexto, recordar a Roque Dalton resulta especialmente pertinente.

El poeta salvadoreño comprendía que la función social de la universidad no consiste únicamente en producir profesionales competentes, sino también ciudadanos conscientes. Su llamado a los académicos universitarios era, en el fondo, un llamado ético: poner la inteligencia y el conocimiento al servicio de la sociedad.

Tal vez por eso su pensamiento continúa generando incomodidad. Porque obliga a preguntarnos para quién investigamos, para quién enseñamos y para quién producimos conocimiento. Obliga a cuestionar si la universidad está contribuyendo a reducir las desigualdades o si, inadvertidamente, termina reproduciéndolas.

A medio siglo de su muerte, Roque Dalton sigue recordándonos que el conocimiento sin compromiso humano corre el riesgo de convertirse en simple ornamentación cultural. Y que una universidad incapaz de escuchar a su sociedad termina perdiendo, poco a poco, su razón de ser.

Imagen: https://eluniversitario.ues.edu.sv/escritores-salvadorenos-roque-dalton/

Pago de pensiones del IVM revela desigualdades territoriales

UNA. Un pensionado de Río Cuarto de Alajuela puede recibir, en promedio, una pensión de 159.597 colones del régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS); mientras que un jubilado que resida en Montes de Oca obtiene, en promedio, 470.062 colones.

Lo anterior es reflejo de las desigualdades territoriales en las pensiones pagadas por el IVM, el régimen más grande del país, que cobija a 399 mil jubilados.

Este es parte del análisis que hace el Centro Internacional de Política Económica para el Desarrollo Sostenible (Cinpe) de la Universidad Nacional (UNA), como una extensión del informe Análisis territorial e importancia macroeconómica del IVM.

En una primera entrega de este informe, el estudio hizo una aproximación detallada sobre la población cotizante. Ahora, se hace un análisis que responde a la pregunta ¿dónde están los pensionados del IVM en Costa Rica?

Las desigualdades territoriales permiten establecer que diez cantones pagan las pensiones más altas en el país, con montos promedios que oscilan entre 478.417 colones (Curridabat) y 370.760 colones en San Isidro. Los otros cantones que conforman esta lista son Montes de Oca, Moravia, San Pablo, Escazú, Santa Ana, Belén, Tibás y Santo Domingo.

La otra cara de la moneda son los cantones con los montos promedio de pensión más bajos. Los montos van desde los 159.597 colones en Río Cuarto hasta los 191.647 colones en León Cortés. La lista la completan Guatuso, Guácimo, Talamanca, Sarapiquí, Tarrazú, Alvarado, Matina y Parrita.

Esta comparación permite determinar que los montos más elevados se concentran en cantones de la gran área metropolitana (GAM), mientras que los más bajos se ubican en la zona rural del país.

Leiner Vargas, economista y coautor del estudio, confirma la existencia de esta desigualdad, la cual atribuye al fenómeno de un mercado laboral que refleja distorsiones significativas entre regiones para optar por una posterior a futuro. Para el investigador del Cinpe-UNA, es claro que la distribución de oportunidades de empleo entre el campo y la ciudad muestran grandes diferencias salariales y, por ende, en los aportes.

“La pensión del IVM representa un 60% del último salario reportado. Entonces, si la persona está recibiendo 200 mil colones, como se refleja en algunos cantones rurales o costeros, quiere decir que esas personas ganaban entre 350 mil y 400 mil colones cuando estaban trabajando”, ejemplificó Vargas.

El dato no pasa desapercibido a la luz de las 20 propuestas que presentó la Gerencia de Pensiones a la Junta Directiva de la CCSS para darle sostenibilidad financiera al régimen del IVM y que incluye, entre otros aspectos, reducir la tasa de reemplazo (monto que reciben las personas jubiladas) de un 60% a un porcentaje que se ubique entre un 40% y un 43%.

Para Vargas, medidas como estas derivadas de los datos de pago promedio de pensiones, ocasionarían un castigo a las personas pensionadas, quienes deben lidiar con ingresos que muchas veces son insuficientes.

“Estamos hablando de miles de familias que dependen de esa pensión, personas que viven solas o que conformen unidades familiares más grandes, con un cónyuge o a veces que tienen a su cargo incluso a nietos. Si aceptáramos la propuesta de la Gerencia de Pensiones de la Caja, que esperamos discutir pronto, llevaríamos esos ingresos a niveles raquíticos de 100 mil o 150 mil colones”, manifestó Vargas.

Es entonces cuanto el tema de pensiones y su propuesta de sostenibilidad de largo plazo se puede convertir en una bomba de tiempo con perspectiva social y económica, sobre todo, en territorios de alta vulnerabilidad.

“Se afectaría la dinámica de muchos cantones porque dependen en gran medida del consumo que realicen estas personas. Estamos hablando que utilizan su pensión, por ejemplo, para ir a la pulpería, al mercado, tomar un taxi para ir a la clínica, asistir a la feria del agricultor. Es impactar todo un ecosistema económico local”, puntualizó.

¿Pensiones de lujo?

A partir del análisis desagregado de montos promedios de pensiones, Vargas también hizo énfasis en un mito que, considera, se ha posicionado a nivel mediático y que debe derribarse: en el IVM no hay pensionados de lujo, afirma.

“Es injusto catalogar a todos los sistemas como de lujo. En el régimen IVM, en el que cotizan la gran mayoría de costarricenses, no hay pensionados de lujo. Hoy la pensión máxima a la que pueden aspirar es de un 1.700.000 aproximadamente. Si vemos los rangos promedio de pensión por cantón tan bajos y nos vamos a zonas rurales a ver estas realidades es cuando más debemos quitarnos el chip que nos han querido insertar y más bien entender que muchas personas viven, como se dice popularmente, raspando la olla”, aclaró Leiner Vargas.

Por el contrario, estima que al ser un sistema de reparto, el IVM se convierte en un pilar de la solidaridad social del país, al establecer montos mínimos y máximos de pensión que una persona puede obtener, “de manera que al establecer una especie de piso, nos dice que ningún abuelito o abuelita que haya cotizado a la seguridad social lo vamos a condenar a ser pobre solo por no tener una pensión digna”.

Otro aspecto que resalta de la investigación, basada en datos oficiales proporcionados por la Gerencia de Pensiones de la CCSS, es que un 45.62% de las personas pensionadas se concentran en 10 cantones del país. San José lidera la lista con un 12.20% del total de jubilados, seguido de Alajuela (6.02%), Desamparados (5.47%), Goicoechea (4.30%), Cartago (4.02%), Heredia (3.65%), Pococí (2.60%), San Carlos (2.50%), La Unión (2.47%) y Puntarenas (2.38%).

A nivel comparativo, se concluye, además, que la población pensionada del IVM está más distribuida que la cotizante (un 55% de los cotizantes se concentran en 10 cantones).

En cuanto al gasto de las pensiones, los cantones de San José, Alajuela, Desamparados, Goicoechea, Heredia y Cartago lideran la lista.

Para Leiner Vargas, la dimensión territorial debe ser considerada en el análisis de propuesta de soluciones a largo plazo del IVM. “Debemos tener esa discusión sobre quién debe llevar el peso del ajuste en las pensiones. La cuota de los trabajadores que se ajustó desde el 2018 ha venido aumentando paulatinamente, mientras que la carga social de las empresas como patronos es significativa. Debe ponerse sobre la mesa la deuda millonaria del Estado y la forma de pago que debe definirse”, indicó.

Oficina de Comunicación
Universidad Nacional, Costa Rica

Organizaciones latinoamericanas respaldan al Papa León XIV en su llamado por la paz mundial

Declaración: Nuestro apoyo a los esfuerzos del Papa por la Paz del Mundo

Queremos expresar nuestro apoyo a los esfuerzos y llamados que ha realizado el Papa León XIV por la paz en el mundo. No es la primera vez, sino muchas veces que la iglesia católica ha llamado a la paz y ha promovido que haya negociaciones pacíficas para encontrar soluciones a las controversias territoriales y la guerra.

Por lo mismo, rechazamos las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien lo acusó de ser “terrible para la política exterior” y le pidió “concentrarse en ser un gran Papa, no un político”.

Recordamos que la política tiene por objetivo el bien común y no como fin la guerra. Es deber de todos los Estados, como de las iglesias y hombres de buena voluntad, trabajar por la paz y la fraternidad que debe imperar entre los seres humanos y entre los pueblos.

Saludamos y respaldamos al Papa León XIV que en abril pasado convocó a una vigilia mundial de oración por la paz, con el objetivo de pedir el fin de los conflictos armados en distintas regiones del mundo.

Saludamos la valentía del Pontífice quien aseguró que continuará pronunciándose “contra la guerra, buscando promover la paz, fomentando el diálogo y el multilateralismo con los Estados para encontrar soluciones a los problemas”.

Nos sumamos y alzamos nuestra voz para que haya un alto al fuego en Ucrania-Rusia, Palestina, en Yemen, El Líbano, Israel e Irán, donde está involucrado los Estados Unidos, en Sudán, entre otros países que actualmente viven conflictos armados, y para que haya negociaciones de paz efectivas.

El gobierno de Donald Trump de los Estados Unidos puede jugar un papel muy importante para la paz entre los pueblos y para eso no deben seguir enviando armas, no deben seguir atacando, no deben seguir siendo un país beligerante, sino deben convertirse en un actor fundamental en defensa de la paz.

Las iglesias y los cristianos del mundo tienen el deber ético de seguir alzando sus voces contra la guerra y contra la militarización y las veces que sea necesario invocar el derecho a la paz y a vivir un mundo entre hermanos y no enemigos.

¡¡No a la guerra, sí a la Paz!!

Alianza por el Desarme y la Justicia Social, Colombia

Agrupación de Familiares de Ejecutados Políticos, Chile

CINTRAS, Centro de Salud Mental y Derechos Humanos, Chile

Comunidad Ecuménica Martin Luther King, Chile

Observatorio de Derechos Humanos de los Pueblos

Observatorio por el Cierre de la Escuela de las Américas – SOAWChile

Corporación Concejo Providencial de Paz del Oriente Antiqueño, Colombia

Comisión de Paz, No Violencia, Antimilitarización de la Alianza CONVIDA-20

Educando Para La Sostenibilidad, Chile

Comité de DD.HH. y Ecológicos de Quilpué, Chile

Sobrevivientes de Tejas Verdes, Chile

Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia – Comosoc

Mesa Ecuménica por la Paz – MEP, Colombia

Fundación Latinoamericana por los DDHH y el Desarrollo Social (Fundalatin), Venezuela

Instituto de Desarrollo Humano y Economía Social (IDHES), Venezuela

Fundavivienda, Venezuela

Red Ecuménica de Venezuela

Grupo Opción por los Pobres, Venezuela

Comité Oscar Romero – Chile

Fundación Pueblo Indio del Ecuador

Comisión de Vivencia, Fe y Política, Ecuador

Servicio Paz y Justicia Costa Rica SERPAJ CR

Centro de Amigos para la Paz, Costa Rica

Firmas individuales: Alicia Lira, presidenta de la Agrupación de Familiares de Ejecutados de Políticos, Chile; Stella Calloni, periodista, Argentina; Daniela González, coordinadora internacional del Observatorio de Derechos Humanos de los Pueblos; María Stella Cáceres, Museo de las Memorias, Dictadura y DDHH de Paraguay; Eduardo Bustamante, Colombia; Patricio Véjar, Chile; Abilio Peña Buendía, Colombia; Hervi Lara Bravo, Chile; Soraya Jiménez G., Colombia; María Eugenia Mosquera Riascos – Conpazco, Colombia; Juan Rodriguez B., Chile; Rafael Venegas C., Chile; Carmen Vargas Cuervo, Colombia; Constanza Guzmán, Chile; Andrés Figueroa Cornejo, periodista, Chile; Gloria Gomez, Colombia; Pablo Ruiz, periodista, Chile; Jorge Cisternas Zañartu, Chile; Verónica Espinoza Hernández, Chile; José Fabio Naranjo, Colombia; Emilie Teresa Smith, SICSAL-OAR, Canadá; Juan Alonso Reyes Caceres, Chile; Pelagia Rodriguez, Chile; Lucia Arredondo Alvarez, Chile; Ursula Fuentes, Chile; Teresa Toro Campos, Chile; Maria Isabel De Ferrari Fontecilla, Chile; Lucio Antonio Rodríguez, Colombia; Carlos Miranda Herrera, Chile, Claudio Rammsy García, Comité Oscar Romero SICSAL Chile; Raúl Rosales Carreño, Chile; Ana María de la Jara, Chile; Sergio Lorenzini, Chile; Jose Alberto Amesty Rivera, Costa Rica-Venezuela; Manuel Hidalgo, MIREDES Internacional, Chile: José Frias, Chile; Andrés Reyes Oyarzo. Comunidad Teológica del Sur, Chile; Israel Pérez Vargas, Chile; Valentina Pérez Carrillo, Chile; Myriam Pasten Carmona, Chile; Marco Antonio Marín Bernachea, Chile; Herly Bastías Zamudio, Mujeres Iglesia Chile; Fernando Barraza Barraza, Dirigente Social y Sociedad Civil, Chile; Magdalena Vargas Pieschacon, Colombia; Rosa Ester González, Chile; José Mulligan, S.J., Nicaragua; Víctor Cabrera, Chile; Juan Torres, Chile; Isabel Encina, Chile; Juana Patricia Zavala Matulic, Chile; María Jesús Rodríguez, Chile; Isabel del Campo Mullins, Chile; Antonio Alvear, Chile; Jorge Elkins, Chile; Jessica Liberona Tapia, Chile: Mario Puratic, Chile; Isabel Téllez, Chile; Paulina Téllez, Chile; María Eugenia Tellez, Chile; Mónica Cardozo , Chile; MarÏa LuiSa Alvarez Hott , Chile; Loreto Espinosa, Chile; Nidia Arrobo Rodas, Ecuador; Carmen Almarza, Chile; Maudilia López Cardona,Guatemala; Ángel Lag Amirola, España; Mercedes Mondaca Flores, Mujeres Iglesia Chile; Cecilia Cherrez, Ecuador; Nelly Arrobo Rodas, Ecuador; Blanca Graciela Gutierrez Gutierrez, Ecuador; Yomaira Sanipatin, Ecuador; Julio Gacino Macas Guaillas, Ecuador; Eugenia Potosí Pucahuayco, Ecuador; Alejandro Trapp, Chile; Olaya Pérez, Chile; Hernan Leemrijse y Comité Romero – Chile; Xavier Guachamín, Ecuador; Francisco Enriquez, Ecuador; Gustavo Enrique Cabrera Vega, Costa Rica; José Solano, secretario del Centro de Amigos para la Paz, Costa Rica; Olman Bolaños Vargas, Costa Rica; Marlene Quilumbango, Fundación Pueblo Indio del Ecuador; Alix caceres .ASODEMA.victimas del conflicto Armado de Colombia; Maria Carmen Gualán Medina, Ecuador; Martha Manrique, Ecuador; Marcela Zamora Cruz, Costa Rica; Pablo Vásquez, Chile; Angels Fabregues Morlà, España; Ana María Brito Bugueño, Chile; Maria Beatriz Rebolledo Carreño, Chile

Puede firmar en el siguiente formulario: https://docs.google.com/forms/d/1Sm8sRWqL3OxSDEgxBLDoCtBXXZ60ufWuyv3QSFlMmiQ/preview

Venezuela hoy, ni rendidos ni suicidas

José A. Amesty Rivera

Hablar de Venezuela hoy no es fácil, todo el mundo anda rabioso, cansado, golpeado por años de crisis, sanciones, problemas económicos y peleas políticas. Y en medio de todo esto, mucha gente opina desde la rabia o desde la emoción, pero pocas veces desde la realidad.

Hoy hay dos extremos que no ayudan, por un lado, están los que dicen que Venezuela ya se entregó totalmente y que aquí manda otro país, y por el otro, están los que creen que la solución es lanzarse de una vez a una guerra frontal contra EEUU, como si esto fuera una película donde el pequeño siempre derrota al gigante, pero no, la vida real no funciona así.

Lo primero que hay que decir, aunque a algunos no les guste escucharlo, es algo muy sencillo, Venezuela no tiene cómo enfrentarse militarmente a EEUU de tú a tú. Esto no tiene que ver con cobardía ni con falta de patriotismo, tiene que ver con realidad. Creemos que nos dejamos engañar por aquella falsa noticia en las redes, que, tanto Rusia como China, nos vendieron o nos dieron tales o cuales armas para enfrentarnos al imperio gringo, falsa ilusión o dato peligroso.

EEUU tiene un ejército muy poderoso en nuestro planeta, tiene portaaviones, bases militares por todo el mundo, tecnología satelital, drones, inteligencia militar, una economía gigantesca (aunque hoy disminuida) y aliados internacionales. Venezuela podrá tener dignidad, voluntad y resistencia, pero eso no borra la diferencia brutal de fuerza que existe.

Y cuando uno sabe que está en desventaja, lo inteligente no es lanzarse de cabeza para que te destruyan, lo inteligente es aguantar, proteger al país y esperar mejores condiciones.

Esto pasa hasta en la vida cotidiana, si una persona flaca y desarmada ve venir a diez hombres armados, lo lógico no es salir corriendo a caerle a golpes, porque termina muerto en dos minutos, lo lógico es buscar cómo sobrevivir, cómo proteger a su familia y cómo evitar una tragedia mayor. Y con los países pasa igual.

Por esto uno ve a algunos sectores de izquierda hablando de “guerra total”, “resistencia absoluta” y “patria o muerte”, pero desde un apartamento con aire acondicionado, una universidad europea o un canal de YouTube, es muy fácil pedir sacrificios, cuando el que va a poner los muertos es otro; Muchos de estos intelectuales o seudointelectuales hablan como si las guerras fueran discursos y no cementerios.

Porque una guerra moderna no es una consigna bonita, una guerra moderna significa hospitales destruidos, ciudades sin luz, gasolina desaparecida, comida escasa y miles de familias huyendo. Basta ver lo que pasó en Irak, en Libia o en Siria, países completos quedaron hechos polvo durante años. Entonces uno se pregunta, ¿de verdad algunos quieren esto para Venezuela?

Y aquí hay algo importante, evitar una guerra no significa arrodillarse o dar el brazo a torcer, son dos cosas distintas.

Hay quienes creen que cualquier negociación, cualquier conversación diplomática o cualquier acuerdo internacional significa traición, pero recordemos que ningún país vive aislado del mundo.

China negocia con EEUU, Vietnam negocia con los norteamericanos, hasta Rusia y Estados Unidos, en plena tensión, mantienen canales abiertos; porque los gobiernos, cuando son responsables, tienen que pensar primero en la gente y no en verse “duros” frente a las cámaras.

Por ejemplo, mucha gente critica que existan coordinaciones o acuerdos mínimos con los gringos en temas diplomáticos o de seguridad. Pero si queremos o deseamos que se levanten sanciones, que entren medicinas, que vuelva inversión o que la economía respire un poco, tienes que abrir espacios de negociación, aunque no nos gusten, esto no significa que el país se entregó por completo.

Porque una cosa es negociar bajo presión y otra muy distinta es perder totalmente el control del país.

Si Venezuela fuera realmente un protectorado total, aquí no existirían todavía instituciones nacionales, ni gobierno propio, ni Fuerza Armada venezolana tomando decisiones internas, ni capacidad de negociar petróleo, ni relaciones con China, Rusia, Irán o Turquía, el panorama sería muy distinto. Algunos argumentarían que hay varios tipos de protectorado, ¿y qué?

¿Hay presión de Estados Unidos? Claro que sí, ¿Hay condicionamientos? También. ¿Hay decisiones tomadas bajo necesidad? Sin duda, pero esto no significa que el país desapareció como Estado.

Aquí lo que existe es una situación muy complicada, donde el gobierno trata de sobrevivir en medio de sanciones, amenazas externas y problemas internos enormes, y que trata de preservar la paz.

Y esto nos lleva a otro tema delicado, cierta izquierda que parece más enamorada del discurso radical que de la realidad del pueblo, son los mismos que siempre piden “más confrontación”, “más calle”, “más choque”, pero nunca explican cómo come y como comería la gente en medio de esto.

En 2017, por ejemplo, Venezuela vivió meses de violencia terrible, había muertos, incendios, ataques, ciudades paralizadas y familias aterradas; mucha gente pedía responder con todavía más fuerza y convertir aquello en una guerra abierta, ¿Y qué hubiese pasado?, probablemente el país habría terminado en una tragedia mucho peor.

Lo mismo ocurrió en 2002, mucha gente quería una confrontación total después del golpe contra Chávez, pero si aquello terminaba en guerra civil, hoy quizás Venezuela estaría destruida como otros países donde nunca más hubo estabilidad; a veces, o muchas veces evitar un baño de sangre también es una victoria.

Pero esto cuesta entenderlo cuando uno analiza todo desde una computadora y no desde el sufrimiento real de la gente.

Porque el venezolano común no anda pensando, todo el tiempo, en teorías geopolíticas las 24 horas; el venezolano común quiere tranquilidad, quiere poder comprar comida, prender un bombillo, mandar a sus hijos a la escuela y vivir sin miedo.

Y aquí hay otra verdad incómoda, muchos de los que hoy hablan durísimo jamás han puesto el pecho de verdad.

Hay mucho “guerrero digital” que jamás ha vivido una bomba, jamás ha pasado hambre de guerra y jamás ha visto morir a alguien en un conflicto armado, desde las redes todo el mundo es valiente.

Pero, además, cuando comienzan los tiros de verdad, los muertos siempre salen de los barrios y de los sectores populares, muy poquísimas veces de las oficinas donde se escriben los discursos incendiarios, por esto hoy la prioridad debería ser otra, preservar el país.

No destruirlo por orgullo, ni lanzarlo a una locura imposible, no convertir a los jóvenes venezolanos en carne de cañón en una guerra desigual; y esto no significa abandonar la dignidad nacional, significa entender el momento histórico.

A veces resistir no es atacar, a veces resistir es aguantar, es reorganizarse, es evitar que te destruyan mientras buscas, o se den mejores condiciones.

Esto lo entiende cualquiera jugando ajedrez, jugando dominó o incluso en la vida misma. Si tú estás perdiendo una pelea muy desigual, lo inteligente no es suicidarte, lo inteligente es conservar fuerzas para seguir vivo.

Porque un país muerto no defiende soberanía, un país destruido no construye futuro, y un pueblo enterrado bajo las bombas no disfruta ningún discurso patriótico.

Por esto hoy quizás la tarea más difícil no es gritar más duro, sino tener cabeza fría, entender que Venezuela necesita paz, necesita respirar, necesita recuperarse, y necesita evitar una tragedia mayor que terminaría pagando el mismo pueblo de siempre.

Una palabra final como teólogo y pastor, cuando decimos que necesitamos preservar la paz en el país, y no a la confrontación guerrerista. No hablamos de una paz falsa donde todos callan por miedo; la paz verdadera nace de la justicia, ya que, no puede haber paz, si hay corrupción; si unos pocos acumulan riqueza mientras muchos pasan hambre; si hay violencia contra las mujeres; si se desprecia al migrante; si se destruye la naturaleza; si se explota al trabajador.

La paz del Evangelio exige relaciones nuevas, por ejemplo, resolver conflictos hablando y no destruyendo personas; aprender a escucharnos, aunque pensemos distinto; no usar la religión para dividir; trabajar juntos por el bien común; construir comunidades donde todos tengan voz.

Muchas veces las comunidades, los pueblos, los gobiernos se destruyen por chismes, competencias o luchas de poder; el Evangelio nos recuerda que Dios habita donde hay fraternidad y búsqueda sincera del bien común.

Dios también está, en la olla de sopa comunitaria; en la lucha por la justicia; en la madre que no abandona a sus hijos; en el campesino que trabaja la tierra; en la comunidad que defiende la vida. Cuando el pueblo y su gobierno se organiza para cuidar a los más débiles, ahí está Dios, la presencia de Dios se hace visible en la solidaridad concreta, y todo se vuelve revolucionario.

El ICE, los comunistas y los marcianos

José Luis Amador.

Por José Luis Amador

No sé si lo han notado pero el chavismo está desesperado. Es evidente que en las últimas horas ha habido un clamor popular en defensa del ICE. Nada más revisen las redes. La respuesta de los chavistas ha sido llamar comunistas a todos aquellos que defiendan al ICE. Lo único que les falta es argumentar que el país está siendo víctima de una invasión de comunistas y marcianos.

DICHOSAMENTE los sectores populares, incluso en las bases chavistas, hay mucha gente que luchó y ha luchado por esta institución. Gente que sabe que el ICE siempre ha estado al servicio del pueblo. Electrificando al país, pero también poniendo la carne en el asador, poniendo el hombro y exponiendo a su gente, cuando la inclemencia de la naturaleza así lo ha exigido.

Esta ley que pretenden imponer solo beneficia a unos cuantos ricos. No le está rebajando el salario a los trabajadores del ICE. Pero está adulterando el espíritu fundamental con que fue creada la institución. De un plumazo el ICE deja de ser una institución centrada en las necesidades del usuario, para convertirse en una empresa regida por empresarios al servicio del lucro.

Sigamos dando la cara. Defendamos al ICE. Y que los diputados no aflojen. Que nos llamen como quieran. Y si los marcianos también vienen a apoyarnos en esta lucha, serán bienvenidos.

¡¡Esta lucha apenas empieza!!

¡¡No perdamos lo poquito que nos queda!!

Carta Encíclica Magnifica Humanitas del Santo Padre León XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial

SURCOS le presenta los títulos de los capítulos y el texto de la introducción. Puede ir al texto original mediante el siguiente enlace:

https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html

Introducción

Capítulo primero: Un pensamiento dinámico fiel al evangelio

Capítulo segundo: Fundamentos y principios de la Doctrina Social de la Iglesia

Capítulo tercero: Técnica y dominio – La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA

Capítulo cuarto: Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad

Capítulo quinto: La cultura del poder y la civilización del amor

Conclusión

Introducción

1. La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos. Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo: hacer madurar la historia como un lugar donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero en cada época se cierne el riesgo de construir un mundo inhumano y más injusto. Allí donde la humanidad corre el peligro de perder su rostro, nosotros, los cristianos, alzamos los ojos hacia el Dios que se hizo carne, sabiendo que «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado». [1] En Jesucristo, esta magnífica humanidad encuentra el camino, la verdad y la vida, abriendo a cada uno de nosotros la vía para crecer hacia la plenitud.

2. Cimentados en Cristo, la piedra viva, experimentamos la acción poderosa y misteriosa del Espíritu Santo, y creemos que todo esfuerzo humano auténtico por cooperar con Él en pro del bien será bendecido por el Padre celestial, en quien ponemos nuestra esperanza. Por este motivo, podemos contribuir con determinación a todas aquellas iniciativas que construyen un mundo más justo, y podemos invitar a otros a colaborar con nosotros en la promoción del desarrollo integral de cada ser humano. Deseamos entrar en diálogo con todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, con quienes participamos juntos en los acontecimientos, las preguntas y las aspiraciones de la humanidad. [2] Queremos identificar, junto con ellos, nuevos caminos para el bien común y la promoción de una vida digna para todos. Esta actitud de diálogo es parte integrante de la vocación de la Iglesia, ya que ella, constituida «en Cristo como un sacramento, […] de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano», [3] reconoce en la historia el lugar donde el Evangelio interpela y acompaña la experiencia humana.

3. Con este espíritu, en 1891 León XIII publicó la Encíclica Rerum novarum, cuyo 135° aniversario celebramos este año con profunda gratitud. Con ese documento, mi querido Predecesor impulsó aquella reflexión sobre la sociedad, la economía y la política que hoy llamamos “Doctrina social de la Iglesia”. Y cuando algunos objetaban que la Iglesia no debía desperdiciar energías en cuestiones mundanas, sino preocuparse por comunicar un mensaje de vida eterna, él respondía con realismo y sabiduría que el anuncio del Evangelio no puede olvidar la vida concreta de los pueblos. [4] Han pasado muchas décadas desde entonces, y el Magisterio, los pastores, los teólogos y los fieles han seguido reflexionando sobre las cuestiones sociales a la luz del Evangelio. Hoy, la Doctrina social de la Iglesia es un patrimonio de sabiduría, en el que encontramos principios para pensar, criterios para discernir y juzgar, y orientaciones concretas para actuar. Se fundamenta en la Sagrada Escritura y en la Tradición y, en diálogo con las ciencias, nos ayuda a leer con lucidez los desafíos del presente, identificando caminos adecuados para vivir un testimonio cristiano límpido, con alegría y al servicio del mundo. No es un conjunto estático de conceptos, sino un corpus vivo de verdades, que custodia e interpreta la vocación de la humanidad a una vida plena y justa. A esta tradición viva deseo, por tanto, sumar mi voz, invocando la asistencia del Espíritu de sabiduría, que habita en el mundo desde su creación (cf. Pr 8,22-31).

Las “res novae” de nuestro tiempo

4. Si en su momento León XIII hablaba de “nuevos asuntos” ( rerum novarum), hoy no podemos limitarnos simplemente a repetir sus valiosas enseñanzas, sino que debemos pedirle a Dios la sabiduría para interpretar las grandes tendencias de nuestro tiempo, en particular los avances de la técnica. En los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo. La técnica no debe considerarse, en sí misma, como una fuerza antagónica respecto a la persona; por el contrario, está arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es «un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre». [5] A lo largo de los siglos, el desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad; al mismo tiempo, cada etapa del progreso también ha puesto de manifiesto el lado ambiguo de instrumentos capaces de causar daño cuando no se orientan hacia el bien. Hoy, sin embargo, nos encontramos ante una situación nueva, en la que el poder y la omnipresencia de las tecnologías emergentes se entrelazan con el tejido de la vida cotidiana, moldean los procesos de toma de decisiones e inciden profundamente en el imaginario colectivo: «Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma». [6]Las nuevas tecnologías abren un horizonte que se extiende en direcciones que, aunque intuibles, aún no podemos prever por completo. Esto hace que sea más complejo evaluar su impacto y sus efectos a largo plazo sobre la dignidad de las personas y el bien común.

5. Ahora nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad los retos de nuestro tiempo. Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico. Pero la cuestión no se limita a la regulación. Como advertía el Papa Francisco, debemos preguntarnos con realismo quién detenta hoy ese poder y hacia qué fines lo orienta: «No podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido […] dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para explotarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero». [7] En el pasado, eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente “privado”, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común.

6. Por esta razón es preciso iniciar un discernimiento compartido capaz de profundizar en las raíces espirituales y culturales de las transformaciones que se están produciendo. Si nos limitamos a las circunstancias contingentes, corremos el riesgo de dejar que la sucesión de emergencias decida por nosotros la dirección del camino. Estamos viviendo una rápida fase de transición, un “cambio de época” en el que —mientras algunos se disputan el futuro de las nuevas tecnologías y otros se dedican a reflexionar sobre ellas— la mayoría de las personas permanece a la espera, observa desde lejos y simplemente aguarda a que todo salga bien. Precisamente por eso se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?

Dos imágenes bíblicas

7. Para responder a estas preguntas y discernir cómo vivir con responsabilidad en la era de la IA, me gustaría evocar dos imágenes bíblicas: la construcción de la torre de Babel (cf. Gn 11,1-9) y la reconstrucción de los muros de Jerusalén (cf. Ne 2-6). En el libro del Génesis, el relato de Babel se sitúa en los orígenes de la humanidad, inmediatamente después de las genealogías de los hijos de Noé. Los seres humanos, habiéndose establecido en la llanura de Senaar, deciden construir una ciudad y una torre «cuya cúspide llegue hasta el cielo» (Gn 11,4). Quieren así asegurarse estabilidad y poder, y sobre todo “perpetuarse un nombre”, temiendo ser dispersados por la tierra. La empresa parece imponente: una sola lengua, una sola tecnología, una sola dirección. Sin embargo, el proyecto esconde un profundo engaño: es una obra concebida sin referencia a Dios, sustentada por una uniformidad que elimina la diversidad y que, en lugar de la comunión, elige la homogeneización. Cuando la ciudad se edifica sobre el orgullo y la pretensión de bastarse a sí misma, la comunicación se rompe, las lenguas se confunden y los seres humanos ya no se comprenden. El resultado no es la unidad, sino la dispersión. Babel revela así el límite de toda construcción que, por grandiosa que sea, surge de la absolutización de lo humano y de su pretensión de autosuficiencia, sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia y aspira a alcanzar el cielo sin la bendición de Dios.

8. El libro de Nehemías, a su vez, comienza en un momento de gran vulnerabilidad en la historia del antiguo Israel. Tras el exilio babilónico, una parte del pueblo ha regresado a Jerusalén, pero la ciudad sigue en ruinas, las murallas se han derrumbado y las puertas han sido quemadas (cf. Ne 1-2). Nehemías, un judío al servicio del rey persa Artajerjes, recibe la noticia del desastroso estado de la ciudad de sus padres. Antes de actuar, ayuna, reza e intercede por el pueblo; luego pide permiso al rey para regresar a Jerusalén y, una vez allí, examina en silencio los lugares destruidos. No impone soluciones desde lo alto. Convoca a las familias, confía a cada una un tramo de muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos y hace frente a las oposiciones. El relato muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo: sacerdotes, artesanos, jefes de familia, mujeres y jóvenes. Es una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los vínculos incluso antes que las piedras. La antigua Jerusalén recupera así un lenguaje común, no el de la uniformidad, sino el de la comunión: la armonía que nace cuando cada uno asume su parte y todo el pueblo reconoce que su fuerza viene del Señor.

9. A la luz de estas dos imágenes, el Espíritu Santo hoy nos interpela acerca de nuestra relación con la tecnología y con la revolución digital en curso. Los descubrimientos científicos son un talento entregado a la humanidad para que lo haga fructificar (cf. Mt 25,14-30). La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En abstracto, esta, en sí misma, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es un mal en sí; pero, concretamente, no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza. Por eso, la primera elección no es entre un “sí” o un “no” a la tecnología, sino entre construir Babel o reconstruir Jerusalén: entre un poder que pretende dominar el cielo y un pueblo que, en presencia de Dios, se pone a trabajar unido para levantar de nuevo las murallas de la convivencia fraterna.

10. Evitemos, por tanto, el “síndrome de Babel”: la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único —incluso digital— capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos. Este es el riesgo de la deshumanización —construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un medio—, una tentación antigua y siempre nueva, que hoy también toma un rostro técnico. Elijamos, en cambio, el “camino de Nehemías”, que pone de relieve el valor del trabajo compartido para hacer que la ciudad de Dios sea un lugar seguro para los exiliados que regresaron. Hoy, reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual hacer crecer la justicia y la fraternidad. Y, en esta obra compartida, los cristianos encuentran su propia forma de construir: orientar la acción hacia Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino que, en la práctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último. En el Apocalipsis, Juan ve la nueva Jerusalén «que descendía del cielo y venía de Dios» (Ap 21,2) como un regalo para toda la humanidad. Y esta visión de gracia es para nosotros, los cristianos, una llamada a trabajar juntos, cultivando una vida común pacífica, justa y digna en las “ciudades” de hoy.

Edificar en el bien

11. Edificar una ciudad centrada en el bien común exige, ante todo, edificar sobre la roca de la relación con Dios. Significa reconocer que la verdad de su amor nos llama a una vida «en abundancia» ( Jn 10,10) y a la comunión con Él. Junto con san Agustín, también nosotros podemos decir: «Porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti». [8] En efecto, Dios ha inscrito en nuestro corazón un deseo de felicidad que abraza todas las dimensiones de la vida; y la Iglesia, en el diálogo con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, siente la urgencia de custodiar y orientar esa aspiración hacia su verdad más profunda.

12. En segundo lugar, edificar en el bien significa aceptar los límites y la fragilidad de la humanidad sin considerarlos un error que haya que corregir. Hoy en día, el deseo de plenitud del ser humano corre el riesgo de desviarse hacia metas engañosas: la ilusión de una tecnología que promete liberarnos de toda fragilidad o modelos de bienestar que “dejan atrás” a pueblos enteros. No es raro que pongamos nuestra esperanza en un potencial ilimitado, en formas de progreso que pueden agudizar las desigualdades, en soluciones inmediatas incapaces de sanar las heridas de los pueblos. Así, mientras algunos persiguen la quimera de una autoafirmación ilimitada, muchos carecen de lo necesario. La Iglesia recuerda, con voz humilde pero firme, que la verdadera realización no nace de la eliminación de las fragilidades, sino de un crecimiento armonioso: allí donde la libertad y la responsabilidad se entrelazan con el cuidado recíproco y la verdadera solidaridad, y donde el progreso se mide por la dignidad de cada uno y por el bien de los pueblos.

13. En tercer lugar, edificar un mundo en el que todos puedan “florecer” exige una corresponsabilidad valiente. Ninguna mano, por sí sola, basta para sostener el peso de los desafíos que atraviesa el mundo; y ninguna es tan débil como para no poder ofrecer su contribución: «Mi poder triunfa en la debilidad» (2 Co 12,9). A cada uno corresponde su tramo de muralla: científicos e investigadores, empresarios y trabajadores, educadores y legisladores, sociedad civil, movimientos populares y comunidades de fe. Esta es la lógica de la subsidiariedad, que valora la cooperación entre generaciones, entre pueblos, entre disciplinas y culturas como el camino privilegiado para hacer crecer la estabilidad, la prosperidad y la paz. Las tensiones y las diferencias no deben intimidar; pueden convertirse en energías creativas cuando están orientadas por una responsabilidad compartida.

14. Por último, edificar en el bien requiere un lenguaje evangélico. Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos. No bendigamos entusiasmos ingenuos ni alimentemos miedos estériles. Más bien, indiquemos criterios de discernimiento —la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres, el cuidado de la Casa común, la paz— y traduzcámoslos en prácticas: planificación responsable, evaluaciones del impacto humano y social, inclusión de los más frágiles, alfabetización digital, investigación e industria orientadas a la justicia y la paz.

Permanecer siendo humanos

15. En el reciente Jubileo ordinario del 2025, hemos caminado como peregrinos de la esperanza y hemos sido colmados de gracias. Fortalecidos por estos dones, podemos avanzar con ánimo confiado ante las arduas tareas y los exigentes desafíos que se perfilan en nuestro futuro. En la era de la inteligencia artificial, en la que la dignidad humana corre el riesgo de verse eclipsada por nuevas formas de deshumanización, tenemos el deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor. El verdadero progreso nace siempre de un corazón abierto al otro, de una inteligencia dispuesta a escuchar, de una voluntad que busca lo que une más que lo que separa.

16. A todos los fieles católicos, a todos los cristianos, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad les dirijo un vehemente llamamiento: no temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo. Como Nehemías, oremos, proyectemos con sabiduría, trabajemos con perseverancia, poniendo a Dios en el horizonte de nuestro actuar y al ser humano en el centro de nuestras decisiones. Entonces las piedras desechadas —los pobres, los enfermos, los migrantes, los pequeños— se convertirán en piedras angulares, y sobre la tierra surgirá un hogar común sólido y hospitalario, donde el amor y la verdad finalmente se encontrarán, y la justicia y la paz se besarán (cf. Sal 85,11). Esta es la bendición que imploramos a Dios y la tarea que tenemos por delante: ser constructores de comunión, no arquitectos de Babel; siervos del Reino que viene, no dueños de torres destinadas a derrumbarse. Y, con ánimo de pastor y de padre, pido a todos que detengan la construcción de la enésima Babel y que unan fuerzas para edificar en el bien, para que la humanidad nunca pierda su propia belleza y el mundo pueda reconocer una vez más, en el corazón del ser humano, el lugar donde Dios desea habitar.

Imagen: https://omp.es/noticias/leon-xiv-nuevo-papa/

Expediente 23.414 y comunidades vulnerables: lo que el proyecto no contempla

Elena Manzanarez Juárez
Técnica universitaria en Gestión Local Desarrollo Comunitario y Políticas Públicas con enfoque en zona Pacífico Central

Comparto esta información con la intención de que como líderes de las comunidades estemos informados sobre el Expediente 23.414, actualmente en discusión en la Asamblea Legislativa y que podría votarse entre hoy y mañana en Plenario. Aún faltarían otras etapas antes de convertirse en ley.

Una de las principales preocupaciones que diversos sectores técnicos, institucionales y sociales han señalado es que el proyecto desarrolla ampliamente los cambios del sistema eléctrico y del mercado energético, pero aborda muy poco la realidad de comunidades con problemas de vivienda, escritura y regularización territorial.

En el texto actual no se observan mecanismos claros para atender situaciones de comunidades que tienen dificultades para acceder formalmente al servicio eléctrico debido a problemas de tenencia de tierras o falta de regularización.

El proyecto también plantea una nueva estructura de coordinación donde MINAE, ARESEP y la nueva entidad ECOSEN tendrían funciones importantes en la operación y regulación del sistema eléctrico. Durante el proceso legislativo, algunas observaciones técnicas han señalado preocupaciones sobre:

* capacidad operativa;

* complejidad administrativa;

* reglamentación futura;

* y claridad de competencias institucionales.

* Muchas de las reformas estarán bajo interpretación de terceros.

Además, algunos criterios técnicos y profesionales han advertido que el proyecto tiene un enfoque altamente técnico y orientado al mercado eléctrico, con menor desarrollo de aspectos sociales y territoriales. Esto pone en situación vulnerable a Pueblos Originarios, zonas costeras y barrios con problemas de tenencias de tierras.

En comunidades específicamente como Esparzol ubicado en el cantón de Esparza Puntarenas y estoy segura de que la situación se replica en otras zonas del país, muchas familias todavía enfrentan dificultades para obtener medidores o servicios formales debido a problemas de regularización de terrenos. Por eso preocupa que futuras reformas no contemplen soluciones sociales concretas para comunidades vulnerables.

Esto no significa que mañana se vaya a quitar la electricidad, pero sí que es importante que estos temas se discutan ahora, antes de que la ley quede aprobada.

La solución no depende únicamente del sistema eléctrico. También requiere:

* regularización de terrenos;

* proyectos de vivienda;

* apoyo institucional del BANHVI, MIVAH e INVU;

* y políticas públicas que garanticen acceso digno y seguro a servicios básicos.

Lo que no queda contemplado claramente en la ley y sus reglamentos posteriores puede terminar generando vacíos para las comunidades más vulnerables o que las instituciones no asuman su roll del Estado.

Y estás situaciones las hemos enfrentado los promotores, gestores y líderes de proyectos en la búsqueda del derecho a vivienda digna y estamos en posición de primera mano de dar fe de que así es como funciona lo que queda establecido por ley en Costa Rica.

Imagen de cabecera: Campamento del ICE en Buenos Aires de Puntarenas.

La ruta está trazada

Óscar Madrigal

Oscar Madrigal

Esta es una frase lapidaria pero absolutamente cierta. Es una afirmación que no da lugar para dudar. El llamado “chavismo” es un proyecto político que va más allá de Rodrigo Chaves y mucho más, de Laura Fernández. Es un programa bien diseñado para “tomar” el Poder Judicial, ganar elecciones, controlar todas las instituciones, reducir derechos civiles, sociales y políticos y el Estado de Derecho, privatizar, minimizar el Estado de Bienestar y, en general, imponer un régimen autoritario alineado con las políticas del gobierno de Trump.

La gran pregunta que surge es: ¿quién ha trazado esa ruta?

Evidentemente no es Rodrigo Chaves. Él no tiene la capacidad intelectual para ello, como se ha demostrado; las funciones que ha desempeñado en su vida profesional en el Banco Mundial han sido de ejecutor, de obedecer órdenes. Sin embargo, hay que reconocer que ha sido un excelente intérprete, un actor de de primera línea para conectar con la gente y llevar a cabalidad la partitura escrita. La actual presidente, heredera del continuismo, es un accidente imprevisto de esa Ruta.

Hay alguien que maneja los hilos detrás de los personajes principales. Pilar Cisneros y su equipo sí tiene la capacidad y la experiencia como para diseñar una campaña y una estrategia orientadas a ganar elecciones. Sin embargo, la Ruta trazada rebasa sus posibilidades. Pilar está moviendo los hilos detrás de Chaves y Laura, pero dentro de unos parámetros predeterminados.

La política costarricense está diseñada desde el exterior, desde el extranjero, y los titiriteros mueven los hilos que le indican los estrategas de la internacional ultraderechista.

No resulta aventurado decir que la política costarricense está dirigida por un grupo, principalmente estadounidense, que dirige las políticas de Trump, Bukele, Milei y otros orientados a salvaguardas los interese económicos de los EEUU.

Esta Ruta implica una intervención directa de los EEUU en los asuntos internos de los países, como se ha demostrado en las elecciones de Honduras, Ecuador, Argentina y otras. Es una intervención sobre los procesos electorales, sobre los partidos, sobre los empresarios, sobre los medios de comunicación, sobre los pueblos, ya sea amenazando y aplicando sanciones. Impone aranceles si no aceptan las decisiones de USA, retiran visas si ponen obstáculos a sus objetivos, secuestran personas y hasta bombardean países.

El gobierno de EEUU interviene descarada o indirectamente a favor de los gobiernos latinoamericanos de su simpatía, que están directamente involucrados en su estrategia de pasar a un nuevo modelo económico-social basado en el autoritarismo.

El gobierno de Chaves se ha apuntado clara y definitivamente en este camino.

La presencia del gobierno de USA en la política costarricense es cotidiana: logró silenciar a los empresarios con la amenaza de las visas ( solo basta leer la entrevista a la directora ejecutiva de la UCAEPP en La Nación, donde se refleja el sometimiento y miedo a las políticas estadounidenses), el retiro de visas a políticos provenientes y empresarios del riñón de la oligarquía nacional; la participación directa de las fuerzas y oficiales de las agencias, como la DEA, CIA y FBI, de los Estados Unidos en las operaciones nacionales contra los traficantes de drogas, con desprecio por nuestra soberanía o saber de los compromisos, que no se conocen, sobre la explotación de los recursos naturales del país. En fin, la Embajada norteamericana está presente en los más diversos eventos políticos nacionales.

La Ruta está trazada por fuerzas externas, poderosas y capaces. Es una ruta inteligente, bien diseñada y se basa -también y no menos importante- en el convencimiento de la gente de que ese sendero es el mejor, sea, el control ideológico para que la ciudadanía no se rebele, sino que simplemente obedezca.

¿Quién está intelectualmente detrás de este gobierno? No es Chaves desde luego. Podría ser Pilar y su equipo, como ejecutores nacionales, sometidos estrictamente a la Ruta trazada internacionalmente por asesores principalmente estadounidenses. El aporte nacional se limitará a la simple adecuación de las formas (a quién atacar, cómo hacerlo, etc.), el manejo de los tiempos, pero bajo la dirección estricta externa.

Los dirigentes chavistas solo están obedeciendo fielmente los dictados de una política claramente diseñada e impulsada desde una internacional enemiga de los pueblos. Creo que es claro.

Ahora bien, ese proyecto autoritario y enemigo de la soberanía de las naciones, encuentra grandes resistencias. Los pueblos no aceptan sumisamente la imposición de medidas que limiten o eliminen los logros sociales y políticos alcanzados. En EEUU la oposición a las políticas nacionales e internacionales de Donald Trump crece hasta producirse casi que guerras civiles en algunos Estados; en Argentina, Bolivia, Panamá, Perú o Ecuador se han producido o están ocurriendo grandes movilizaciones sociales e incluso rebeliones contra las políticas ultraderechistas de esos presidentes. La derecha autoritaria, está lejos de representar la solución a los problemas de América. Los gobiernos autoritarios no resuelven los problemas, los agudizan.

En Costa Rica si no descarrilamos esa Ruta, se van a producir grandes retrocesos sociales y políticos, como está quedando en evidencia. Esa es una tarea nacional.