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En el filo de la navaja el resultado de las elecciones en Alemania

Por Freddy Pacheco León

El Partido Socialdemócrata está a la cabeza con un 1% o menos sobre la Unión Demócrata Cristiana.

Así, la carrera está muy cerrada como para asegurar un ganador pues el que ocupe el 1er lugar aún deberá asociarse con otros partidos para formar un gobierno. Y en la compleja ecuación que tiene Alemania, es posible que si el partido ganador no logra que otros se sumen, el que quedó segundo podría terminar liderando el país. Sin embargo, con las encuestas a boca de urna, poco tiempo después, los socialdemócratas izquierdistas aplaudieron y corearon “¡Olaf! ¡Olaf! » cuando Olaf Scholz apareció en un escenario.  Sin embargo, el candidato conservador, Amin Laschet, declaró en la sede de su partido que el resultado era “poco claro” y prometiendo intentar formar un gobierno aunque su partido quedara en segundo lugar. En dos platos, todavía NO se sabe quién será el sucesor de Ángela Merkel, si el conservador apoyado por ella o el socialdemócrata.                                              Si ganara la izquierda, Alemania estaría siguiendo el camino que ya han tomado los cinco países nórdicos (Suecia, Noruega, Dinamarca, Islandia y Finlandia) que podría inspirar a otros pueblos como los latinoamericanos. 

German Elections: Razor-Thin Lead for Social Democrats https://www.nytimes.com/live/2021/09/26/world/german-elections/

¿Cuán diferente es Costa Rica? ¿somos los costarricenses “ticos” excepcionales?

ADRIANO CORRALES ARIAS

Mucho se ha discutido y se discute sobre la supuesta excepcionalidad de la nación costarricense y de sus habitantes en el concierto de países centroamericanos y, en general, en el amplio mundo hispanoamericano y de más allá. Desde la leyenda blanca de la “Suiza centroamericana” hasta el bocadillo cotidiano de país democrático, pacífico, culto, ecológico, igualitario, se ha tejido una telaraña ideológica “tica” que muchas veces alcanza alarmantes decibeles de chauvinismo y xenofobia rayanos en fórmulas neofascistas. Esa telaraña extiende un enorme velo sobre la gran noche precolombina y esconde con cinismo la invasión europea que reconfigura con brutalidad un continente luego rebautizado como América. El violento machetazo de la conquista y la colonia europeas hizo desaparecer miles de años de historia cultural de nuestros habitantes primigenios. Algunos estudiosos consideran que a la llegada de los españoles, el territorio de lo que hoy se conoce como Costa Rica, estuvo poblado por una cifra cercana a los cuatrocientos mil o medio millón de indígenas. A la vuelta de cien años quedaban alrededor del cinco por ciento. La mayoría pereció en los terribles viajes hacia el trabajo forzado de las minas del sur del continente, por enfermedades y epidemias transmitidas a través de virus desconocidos hasta entonces o por la violencia directa de la cruz y la espada. Por ello Costa Rica es un país nuevo, en todo caso repoblado por un flujo constante de conquistadores, imigrantes, visitantes y hasta aventureros en su breve y tumultuosa historia.

Al interior de la misma nación hay defensores y detractores de esas líneas ideológicas que potencian la excepción hasta el mito o desnudan a la reina de la democracia criolla, la cual, según estos, deambula inmaculada por calles y avenidas políticamente incorrectas. Dichas disputas se realizan tanto a nivel académico, como a nivel político/publicitario y popular rayano en un folclor lastimero donde se mezclan la exclusividad religiosa, geográfica, telúrica, “racial” y hasta deportiva, como si de un paraíso alterno se tratase. Incluso se habla de la descendencia o ascendencia de una suerte de Atlántida caribeña o del tardío emerger del istmo costarricense/panameño, lo que le confiere a estas tierras lozanía y juventud americanas y terráqueas, pero también riqueza agro ecológica y paisajística. Y algo de ello ha de haber puesto que en el pequeño territorio se aloja el cinco por ciento de la biodiversidad del planeta. Por demás, es bueno subrayar que ese pequeño territorio, desde la extensa profundidad prehispánica, ha servido de puente entre las dos grandes masas continentales: la influencia Náhuatl/Mayense llega hasta el Guanacaste (la Gran Nicoya, donde acaba lo que hoy se conoce como Mesoamérica) y el centro, caribe norte y zona sur estaban bajo la influencia sudamericana de signo Chibcha. Dicho de otro modo, ya desde entonces era este un territorio de encuentros, confluencias y resistencias; un área de frontera con un intenso intercambio sociocultural, un “país” multiétmico, plurilingüe y multicultural. Hoy, en especial desde los años setenta del siglo pasado (durante el siglo XIX y principios del XX, fueron poblaciones prusianas/alemanas, chinas, jamaiquinas, italianas, francesas, libanesas, entre muchas más, las que enriquecieron el paisaje sociocultural con alimentos, bebidas, artes, ciencias, tecnologías, religiones, creencias, ideas políticas, en fin, formas distintas de comprender el mundo), sigue siendo un país receptor de migrantes pero, además, expulsor de nacionales y plataforma de tránsito para muchos que buscan la vida en sitios más propicios allá en “el norte brutal y revuelto”, según denominación de José Martí.

De tal modo que el constructo de la nación costarricense no ha estado exento de tensiones, alegorías, contradicciones, disputas, impugnaciones y excesos. Y de importantes aportes e injertos de otras latitudes y formaciones culturales. Aunque debemos aceptar que ya desde los inicios de su vida republicana, el incipiente estado/nación fue alejándose con lentitud del conglomerado centroamericano, cuyas élites criollas se debatían entre las asimetrías de un entramado colonial impuesto sobre el racismo y la explotación multiseculares a base de una arquitectura política y socioeconómica diferenciada. Costa Rica firmó su acta de independencia el 29 de octubre de 1821 y muy temprano se dio su propio ordenamiento con el “Pacto de Concordia”, primera constitución provisional entre 1821 y 1823, denominada “Pacto Social Fundamental Interino de la Provincia de Costa Rica”. Más tarde la “nueva provincia” se adhiere a la República Federal Centroamericana, sin embargo, el Pacto Federal se disuelve de facto entre 1838/1839 y cada provincia declara su independencia. Es en ese contexto de dispersión que Costa Rica se convierte en República en 1848.

No obstante lo anterior, para algunos historiadores y estudiosos la verdadera independencia de Costa Rica se firma con sangre y fuego en las jornadas por la soberanía de 1856/1860. Junto con otros países centroamericanos y bajo el liderazgo del libertador Juan Rafael Mora Porras, para entonces presidente de la joven república, y su hermano Joaquín, Jefe Supremo de los ejércitos centroamericanos, Costa Rica se lanza a la guerra contra los esclavistas usamericanos que pretendían anexarse la región al mando del filibustero William Walker. El Ejército Expedicionario Costarricense fue la vanguardia que permitió la victoria ante las huestes del naciente imperio estadounidense; la batalla de Santa Rosa en Moracia, hoy Guanacaste, fue la primera derrota militar que sufre la política usamericana del “Destino Manifiesto”. Después de esas heroicas jornadas y, a pesar del golpe de estado y del fusilamiento del héroe de las mismas don “Juanito” Mora Porras, junto a su mano derecha y concuño, el General salvadoreño José María Cañas Escamilla, el país, maltrecho por la epidemia del cólera, en la cual pereció más menos el diez por ciento de su población, y por la división interna, logra erigir un estado nacional que se expande por casi todo su territorio. Desde muy temprano se adopta una política a favor de la educación con el objetivo de garantizar la perennidad de las instituciones democráticas. La enseñanza gratuita y obligatoria se instaura en 1869. El militarismo no prospera y el funcionamiento del estado se funda con solidez sobre tres poderes claramente definidos.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, el país también conoce una transformación económica y social gracias a la expansión de las exportaciones de café y a la institución del “sufragio universal” en 1889, aunque todavía sin el voto femenino y el de la población afrodescendiente. Los dirigentes liberales inician una reforma educativa de influencia europea que toca a todos los costarricenses, lo cual en mucho permite afianzar los pilares democráticos y el alcance de una cultura de convivencia pacífica, sin que para nada olvidemos las grandes injusticias que el régimen liberal impone a grandes sectores de la población, tanto por el modelo agroexportador como por la cada vez mayor presencia del capitalismo norteamericano con la construcción de los ferrocarriles y las nacientes plantaciones de banano y la minería como enclaves imperiales. Pero hay un gran esfuerzo desde ya, a través del proyecto educativo liberal, para dotar a la nación de las instituciones, mitos, héroes, cultos y leyendas necesarios para alimentar el sentimiento de unidad y de comunidad nacionales. Ese proyecto, de paso, invisibiliza a los grandes héroes de 1856/1860, los hermanos Mora Porras y sus crímenes de estado (“Juanito” Mora y Cañas Escamilla), a la vez que reinventa a un “héroe nacional” tipo “soldado desconocido”: el tamborcillo de Alajuela, Juan Santamaría. Dicho héroe proviene del símbolo o imagen del “labriego sencillo”, prototipo o personaje central del mito de una democracia agraria acuñado ya durante la colonia. Como nos lo recuerda Anne-Marie Thiesse estudiando el caso europeo, “para que nazcan estas ‘comunidades imaginadas’ que son las naciones, fue necesario dar una historia, un idioma, una cultura común. Fue una gigantesca empresa que movilizó durante decenios sabios, escritores y artistas”. (Thiesse, 2004; citada por Soto Quirós, Ronald en “Imaginando una nación de raza blanca en Costa Rica: 1821-1914”, en Amérique Latine. Histoire & Mémoire, 15 / 2008. https://journals.openedition.org/alhim/2930 (05-05-2020).

Los años cuarenta del siglo pasado, al igual que la heroica gesta de 1856-1860, son claves para comprender el actual estado de cosas. El liberalismo inicia su declive con la Primera Guerra Mundial la cual genera el cierre de los mercados europeos para el café costarricense. La crisis del régimen liberal se prolonga durante varias décadas y no será hasta los años cuarenta cuando empiece a perfilarse un nuevo modelo o régimen de “convivencia nacional”. En ese contexto se genera un clima de inestabilidad política con golpes de estado y revueltas de diversa índole. La dictadura militar liderada por Federico Alberto Tinoco Granados como presidente de facto, y su hermano José Joaquín Tinoco Granados como ministro de Guerra, tras el Golpe de Estado de 1917 al presidente Alfredo González Flores que culmina con la salida del dictador Tinoco hacia Francia tres días después del ajusticiamiento de su hermano y tras una serie de insurrecciones armadas y masivas protestas civiles conocidas como la Revolución de Sapoá, donde asesinan al intelectual y patriota Rogelio Fernández Güell junto a cinco de sus compañeros, así como el Movimiento Cívico Estudiantil de 1919, son unas de las páginas más sangrientas pero heroicas de la “historia patria”. Se asiste a un ascenso de la organización y de las luchas populares, así como al surgimiento de nuevos movimientos sociales y políticos para canalizar las inquietudes y demandas de los sectores marginados por el modelo de “patria” liberal, especialmente la fundación del Partido Comunista en 1931. En 1940 llega al poder el Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia en medio de una ola de popularidad muy elevada y con el beneplácito de la oligarquía gobernante. Casi de inmediato dicha oligarquía lo abandona y, en alianza inédita con la Iglesia Católica y el Partido Comunista Costarricense, el “doctor” inicia una serie de medidas que mejorarán las condiciones de los trabajadores costarricenses: promulga entre otros, el Código de Trabajo, el capítulo constitucional de las Garantías Sociales y funda la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y la Universidad de Costa Rica, ambas instituciones en mucho responsables de los buenos índices de desarrollo humano del cual goza el país hoy día. Sin embargo, la época era difícil y compleja en el marco de la Segunda Guerra Mundial y la popularidad de Calderón Guardia fue descendiendo debido a rumores sobre corrupción de su gobierno y sus funcionarios. Sin ser una figura política al momento de los hechos, José Figueres Ferrer (posterior Presidente de la República durante tres períodos) denuncia, el 8 de julio de 1942, actos irregulares y de corrupción por parte del gobierno, en un discurso radiofónico. Antes de concluir el discurso, autoridades oficiales toman la radioemisora y Figueres Ferrer es apresado y encarcelado. Cuatro días después es exiliado a El Salvador. Un año después se le permite la entrada al país.

En 1944 accede a la presidencia el maestro Teodoro Picado Michalski, miembro del Partido Republicano Nacional que había llevado al poder al Dr. Calderón Guardia, quien lo promueve en el cargo, pero en medio de elecciones cuestionadas por la oposición. Picado Michalski promulga una serie de garantías electorales para las elecciones de medio periodo en 1946, lo que produjo que la oposición aumentara su representación en el Congreso. El Partido Acción Demócrata de Figueres Ferrer se une a las fuerzas opositoras y continúa las duras críticas al gobierno argumentando ya no solo los actos de corrupción y mal manejo de los fondos públicos por parte del Gobierno, sino la impureza electoral. En las elecciones del 8 de febrero de 1948 se obtienen resultados favorables para el candidato de oposición Otilio Ulate Blanco, basados en los resultados enviados por telegrama, debido a un incendio en el actual Colegio Superior de Señoritas que destruye parte del material electoral, hecho nunca esclarecido. Esta es una de las razones por las cuales el Congreso Constitucional, de mayoría oficialista, anula las elecciones presidenciales ya que las mismas habían sido impugnadas por el Dr Rafael Ángel Calderón Guardia, lo cual significaba una seria violación a los acuerdos que habían puesto fin a la Huelga de Brazos Caídos de julio-agosto de 1947, mismos que expresaban, en el punto dos, que los resultados de las elecciones no podrían impugnarse.

En 1948, tras la anulación de las elecciones por parte del Congreso, los partidarios del candidato opositor Otilio Ulate Blanco se levantan en armas y lanzan una impetuosa ofensiva, pues se consideran los vencedores legítimos de la elección. La confrontación civil estalla entre los partidarios de Ulate Blanco, dirigidos por José Figueres Ferrer, y el grupo que apoya al expresidente Calderón Guardia, fundamentalmente los comunistas quienes defendían las Garantías Sociales. Los enfrentamientos se extienden pocas semanas entre marzo y abril, pero marcan a fondo un país con una guerra fratricida que, aunque breve, ocasiona profundas heridas. Los partidarios de Ulate vencen y Figueres Ferrer toma el mando al frente de una Junta Militar que ostenta el poder durante dieciocho meses. Al final de ese período entrega el poder a Otilio Ulate Blanco, considerado como el vencedor de las elecciones anuladas en 1948. Durante el período de la Junta Militar se promulga una nueva Constitución, misma que conserva la normativa social del período de Calderón Guardia (1940-1944). Esto da nacimiento a la “Segunda República”, aún vigente. Esta nueva Constitución crea un poder electoral independiente (Tribunal Supremo de Elecciones), responsable de garantizar la transparencia de las elecciones futuras. Por otra parte, José Figueres Ferrer decide abolir el ejército, estimando que éste implicaba gastos inútiles y que no garantizaba la estabilidad del país. El último acontecimiento es altamente significativo pues no solo se borra de la historia la institución castrense y sus gastos se dirigen hacia la seguridad social, la educación, la infraestructura, electricidad, telecomunicaciones, vivienda y cultura; sino que permite la eclosión de una cultura de paz donde la ausencia de militares es un elemento central en la actual cosmovisión del costarricense con las condiciones de atmósfera sociocultural y vida ciudadana que ello significa. Debe precisarse, sin embargo, que los perdedores fueron perseguidos, reprimidos y exiliados. El Partido Comunista fue proscrito y el naciente Partido Liberación Nacional (procedente de Ación Demócrata y del “Ejército de Liberación Nacional” de Figueres Ferrer) se convierte en la fuerza política hegemónica con postulados socialdemócratas y con un evidente anticomunismo bajo el cual se perpetran infames crímenes como el de El Codo del diablo (18 de diciembre de 1948) donde perecieron seis personas, cuatro dirigentes sindicales y dos civiles, fusiladas. Es significativo, no obstante, el hecho de que Costa Rica, desde los años sesenta del siglo pasado, no haya padecido el horror de las dictaduras militares ni deba buscar todavía, como en países de la región centroamericana o del sur, desparecidos o haber experimentado el ominoso fenómeno del exilio en masa.

Las medidas que estableció la Junta de Gobierno dejaron en claro que había un proyecto político de reforma estatal y modernización del país. La nacionalización bancaria decretada por la Junta otorgó un papel decisivo al Estado en el crecimiento económico. También se creó el Instituto Costarricense de Electricidad para impulsar la producción de energía eléctrica y el desarrollo de las telecomunicaciones. Posteriormente, en la Constitución de 1949, se establece, además de la abolición del ejército como institución permanente, el derecho al voto de la mujer y de la población afrodescendiente y su movilización por todo el territorio nacional (hasta ese momento sólo se le permitía habitar en la región Caribe, no podían traspasar la frontera del apartheid ubicada en Turrialba de Cartago), la eliminación de la reelección de diputados y la disminución de atribuciones del Poder Ejecutivo. Además, se establecen el régimen de instituciones autónomas, la Contraloría General de la República y el Servicio Civil. De esa manera el sistema político costarricense profundiza su carácter civilista con la creación de instituciones para evitar el fraude electoral y asegurar la estabilidad política, proceso que se acompañará de la consolidación del papel protagónico del Estado en diversos aspectos de la vida económica y social del país. En otras palabras, se erige un robusto Estado Social de Derecho.

Como han señalado varios historiadores, hubo una etapa en que para explicar las diferenciaciones del país se recurría a las supuestas diferencias raciales, es decir, a la idea de que “Costa Rica es diferente, porque Costa Rica es blanca”. Pero con el desarrollo y profesionalización de las ciencias sociales, especialmente de la “nueva” historia, mucho se ha avanzado hacia una crítica denodada sobre ese tipo de “explicaciones”, siendo que somos una sociedad mestiza. La nueva historia destaca que, si bien toda Centroamérica desarrolló economías agroexportadoras, mientras la mayoría implementaba sistemas de peonaje por deudas u otras formas de coerción de la mano de obra, Costa Rica lo hizo basada en pequeños y medianos productores de café. Y que mientras en toda Centroamérica hay una prevalencia de regímenes presidencialistas, Costa Rica, a finales del siglo XIX y principios del XX, transita hacia una democracia más efectiva y funcional, lo cual, probablemente, explica por qué es el único país de la región en donde la mayoría de la población dice no estar dispuesta a aceptar un gobierno no democrático aunque este resolviera sus problemas. Sin embargo, para muchos estudiosos, el ejemplo más claro de por qué Costa Rica es “diferente” consiste en la inversión casi cinco veces mayoritaria en la educación de sus habitantes que sus vecinos centroamericanos. Entonces puede observarse una diferencia sustantiva en cuanto a la percepción costarricense del “desarrollo” en comparación con el resto de países del istmo. Sin duda, la mejor situación de Costa Rica está correlacionada con la educación; el sistema educativo costarricense ha logrado alfabetizar de primero a toda su población y ello no tiene nada que ver con la raza o con explicaciones metafísicas tales como el supuesto pacifismo del “tico”. Debe aceptarse, eso sí, que dicha alfabetización y democratización educativa ha estandarizado la cosmovisión del costarricense, a la vez que ha exacerbado la idelogización de lo mitos fundacionales a la vez que ha cooptado la iniciativa social potenciando un individualismo feroz y una plasticidad muy “a la tica”.

Por cierto, permítaseme una digresión: una cosa es ser costarricense y otra ser o considerarse “tico”. Desde hace más de cien años los costarricenses comenzamos a usar el “tico” no sólo como apócope sino como intensificador: si decimos que no entendemos nada, es normal, no entendemos nada; pero si decimos que no entendemos naditica, es mucho lo que no podemos entender. Si decimos que algo es negro o negrito, pasa por castellano estándar, pero si decimos que algo es negrititico, es una forma propia para decir que es “muy” negro o negrísimo. Este rasgo fue observado por nuestros vecinos y de esa forma empezaron a llamarnos “ticos”. En principio lo asumimos como un apelativo positivo, usándolo cual fórmula familiar, de cercanía, para identificarnos frente a la solemnidad y el formalismo atrabiliarios. Así, lo tico, ciertamente, no tiene que ver tanto con diminutivos, como con aumentativos. De modo tal que pasamos de costarricenses a “ticos” de una manera, digamos, acentuada. Ahora bien, he venido subrayando que el ser costarricense es un constructo histórico que involucra y hace suya una línea identitaria propia (fueron costarricenses quienes marcharon a pelear contra los filibusteros en 1856-1857, no ticos; por ejemplo) y el tico, como vimos, es un apelativo surgido de la tendencia del costarricense a apocopar o aumentarse en “chiquitico” o “chiquititico”. Pienso que esa versión, a pesar de la función aumentativa, en mucho paradójica, empequeñeció al costarricense, tanto desde su visión propia (autopercepción) como desde lo externo (los nicaragüenses nos llaman “los tiquillos”, despectivamente) y el tico devino, cada vez más, especialmente en la época globalizada por el capital transnacionalizado, en un ser ambiguo, aculturado e influenciable por todas las esquinas, convirtiéndose en una categoría cuya “identidad”, para decir lo menos, es porosa, plástica, moldeable. El costarricense puede vivir diez años fuera y regresa ustedeando y voceando sin haber perdido su “acento”, su prosodia; el tico, en cambio, va tres días a España – es un ejemplo – y regresa tuteando y hablando (imitando) tal como los españoles. Y aunque la identidad, o más bien, las identidades – porque no hay un costarricense único ni medio, tampoco un “tico” esencializado – son dinámicas y se transforman constantemente en cosmovisiones, actitudes y estilos de vida cambiantes, tengo para mí que, en general, el costarricense es una persona auténtica y sin poses; el tico una cacatúa. Por eso prefiero lo costarricense, no lo “tico”.

Regreso: la nueva historia considera que ciertamente es posible encontrar, desde la primera mitad del siglo XIX, tanto en documentos oficiales como en crónicas de viajeros y textos periodísticos, una tendencia a caracterizar a los costarricenses como pacíficos. Sin embargo, considera que el acento puesto en la índole pacífica de la sociedad costarricense podría reflejar una particularidad propia, pero también, a la vez, un dispositivo que opera como discurso civilizador cuyo fin era encauzar tanto el descontento social como la competencia por el poder por vías legales e institucionales. (Iván Molina Jiménez, “Paz social e identidad nacional en Costa Rica durante los siglos XIX y XX. Una introducción al problema”, en Istmo, revista de estudios literarios y culturales centroamericanos, n° 11, julio-diciembre 2005, http://collaborations.deninson.edu /istmo/n11/proyectos/paz.html; 05/05/2020). También el deseo implícito de “blanquear” tenía probablemente ese sentido de “igualar” como elemento ideológico para la contención de la protesta social. Por eso, de la mano del historiador estadounidense Howard Zim, podemos afirmar que no puede aceptarse la memoria de los estados como cosa propia; las naciones no son comunidades y nunca lo han sido. La historia de cualquier país, si nos la presentan como tradicionalmente se estila, como la de la gran “familia nacional”, disimula terribles conflictos de intereses (lo más explosivo, lo casi siempre reprimido) entre conquistadores y conquistados, amos y esclavos, capitalistas y trabajadores, dominadores y dominados por razones de raza, sexo, género u orientación sexual.

No debe olvidarse que el estado está constituido por “el pueblo estatal” (Staatsvolk), dentro del cual, según Mao Tse Tung, por citar un dirigente clásico del socialismo histórico no ortodoxo, habría contradicciones socioeconómicas y, por lo tanto, culturales. La nación, en cambio y según el filósofo costarricense Alexander Jiménez, “designaría, en principio, una comunidad de procedencia, lengua, cultura e historia” (El imposible país de los filósofos, Ediciones Perro Azul, 2002: 96). En otras palabras, el ámbito político es el del “pueblo del estado” (de los ciudadanos: la ciudad estado), y el cultural el de la nación. El pueblo del estado es el conjunto de sus ciudadanos, compartan o no la comunidad de procedencia, cultura e historia. Dicho en palabras de Foucault y con ribetes marxistas, deben tenerse muy en cuenta las relaciones de poder históricamente constituidas dentro de una formación discursiva que obedece a determinada formación social. Como plantea Jiménez, las sociedades actuales necesariamente son heterogéneas, plurales, y no debe obviarse la historia en tanto las víctimas sigan presentes en la memoria popular y los victimarios vivos y actuando (1860/1918-19/1948). Discurrimos sobre las luchas que pretenden el reconocimiento y la reivindicación ante la discriminación y la desigualdad, pero también por la soberanía. Por eso hay que acudir a las “imaginaciones generosas” para concebir nuevos espacios de cooperación entre individuos, grupos y pueblos distintos, pero no necesariamente desiguales, lo cual, debe subrayarse, no implica transacción y olvido.

Alexander Jiménez logra desactivar el discurso legitimador de la filosofía institucional costarricense que denomina “nacional étnico metafísico” (o “nacionalismo étnico metafísico”), el cual nos narra una Costa Rica idílica, “blanca”, homogénea, de pobreza igualitaria, con destino democrático, geografía sin excesos y un pasado colonial sin mayores contradicciones, casi “primitiva socialista”. Un país ciertamente imaginario. Se trata entonces de revisar algunas tradiciones narrativas que han construido un discurso nacional ahistórico y alejado de las luchas sociales y culturales, es decir, un discurso que topa con límites fácticos y conceptuales. Debe decirse, sin embargo, que a pesar del aporte que hace Jiménez por descodificar, o desconstruir, las “metáforas nacionales” y sus elementos metafísicos, se percibe en su texto una especie de “mea culpa” puesto que los filósofos hasta ahora no han acudido a la plaza pública, sino que han sido simples “espectadores del naufragio” desde sus aireados gabinetes en la academia y el “pensamiento”. Y, agrego yo, con métodos y sistemas de pensamiento eurocéntricos, es decir, con el pesado lastre de la colonialidad del saber y del poder. El “mea culpa” parecería oportuno siempre y cuando se rectifique y se opte por un pensamiento más apegado a los mercados y paredes de la ciudad, a las calles de polvo y barro del campo; siempre y cuando se busquen las otras metáforas escritas en las paredes de la propiedad privada exigiendo lo imposible con prácticas contraculturales y desmitificadoras: la contracorriente del discurso nacionalista étnico metafísico. Por lo demás, de alguna manera, el discurso de Jiménez descuida el patio trasero histórico, al sospechar, lúcidamente es cierto, de un país imaginario que al final queda desnudo conceptual y políticamente, por lo que, en la actual etapa de globalización bajo esquema neoliberal, podría ser objeto de reelaboración y arbitraje para un nuevo mapa internacional. Dicho de manera más clara: podría ser subsumido por los voraces apetitos transnacionales del imperio y sus nuevas reconfiguraciones geopolíticas. Si el país es imaginario, no existe, y, como no existe, nos lo pueden birlar. Así, la incitación justificaría el contrasentido: lo que no existe no se incauta.

Me tomo la libertad de una nueva digresión: es probable que al filósofo, al académico, al estudioso, al artista, en fin, al intelectual costarricense, le convenga integrarse a la plaza pública para que se empape del realismo fresco y provocador de las culturas populares con sus narraciones hiperbólicas y desinhibidas; para que se alimente con las imágenes de arcilla, madera y cartón piedra, con la música de guitarras, tambores, marimbas, acordeones y chirimías; para que pruebe y saboree bebidas fuertes y se embriague con las carnestolendas del carnaval multicolor o de la feria comunal sin vanidades; para que aprenda a desconstruir y desacralizar los discursos perennes de la superficie y hurgar en la profundidad del sueño y de la poesía; para que se entusiasme con las visiones de pueblos indígenas y mestizos que resisten con renovación cíclica y con el delirio vital para burlar a la muerte con la vida, para agonizar haciendo el amor, procreando nuevos mundos, otras utopías. En fin, para que reconsidere su labor en comunidad, para que re/piense su escenario frente a los otros, esos de la voz extraña y ajena que resisten y sobreviven diariamente en su ciudad y más allá, en los campos, los bosques y montañas, en las costas, en el mar. Los que conformaron una nación imaginada, nunca realizada. Aquéllos de antes, éstos de ahora, los olvidados de siempre. He allí el reto del intelectual periférico contemporáneo, hoy casi programado por la falsa globalidad. Debe subrayarse, eso sí, que duda cabe, que para la investigación, la reflexión, el trabajo teórico y la creación, siempre es importante cierto distanciamiento, así como espacios, tiempos e insumos propicios.

De tal manera que debemos repensarnos desde todas las perspectivas y aristas para comprendernos en la dialéctica del “ellos y nosotros/nosotros y ellos” y tratar de suprimir las ambivalencias para la cohesión del grupo: cerca/lejos; más como yo/menos como yo. Metáforas y percepciones tales como las del idílico “vallecentrismo” que niega o minimiza las periferias del país, o afirmaciones como “los ticos compartimos el mismo destino, nos enriqueceremos o caeremos en la misma desgracia juntos; pero ellos se aprovechan de nuestras calamidades y se resienten por nuestros triunfos”, deben ser superadas definitivamente. O “nosotros nos ayudamos mutuamente mientras ellos aprovechan nuestros fallos”; “nosotros nos entendemos, pensamos y sentimos lo mismo; ellos son extraños, impenetrables, taimados, siniestros, primitivos.” Así es como se fija nuestra seguridad intelectual y emocional y se establecen lealtades, derechos y deberes, pero también crudas exclusiones. Adentro hay un orden conocido y predecible; afuera caos, oscuridad, peligro. Pero, ¿quiénes son ellos? En principio, los de “más allá”, los venidos “del otro lado”, los “raros”, los eternamente sospechosos. Lo sorprendente es que cualquier grupo de “nosotros” necesita de “ellos”, por eso, si no existen se les inventa, ya con tintes de xenofobia, ya con grotescos rasgos de aporofobia. Porque en la etapa neoliberal del capitalismo colonial globalizado hay millones de marginales y condenados: foráneos interiores o desadaptados (“outsiders”, perturbadores, desleales); esos “chivos expiatorios” cuyo nombre se pluraliza y varía delincuencialmente en las discontinuidades de la historia: indios, negros, cholos, chinos o “amarillos”, emigrantes, brujas, hechiceros, agnósticos, locos, ateos, “judíos errantes”, gitanos, putas, drogadictos, espías, anarquistas, comunistas, afeminados, homo(trans)sexuales, “terroristas”… Muchas veces se les considera “agentes de un poder extranjero”, en todo caso antipatriotas, traidores, enemigos del pueblo (rojos o reaccionarios), etc. Aunque, y esto es de suyo interesante y paradójico, siempre hay una gran admiración o fascinación por los “agentes dobles” y por los extranjeros blancos, “cultos”, poderosos, “civilizados”, inversores; es decir, solventes. Por ello muchos costarricenses parecen excusarse ante ciertos extranjeros cuando se les acusa de “excepcionalidad”. Más bien son algunos extranjeros quienes reconocen esas diferencias y bondades: un reconocido escritor salvadoreño ha catalogado al país como el “buen samaritano” de Centroamérica debido a sus expresiones solidarias históricamente constatadas en la recepción de migrantes, por ejemplo. Al contrario, algunos de nuestros intelectuales tratan de suavizar las diferencias, parecen ofrecer disculpas: al guardar el polvo debajo de los muebles se tornan hipercríticos hacia adentro, pero timoratos, mansos, resignados, hacia afuera; así evitan controversias y escándalos con los “hermanos vecinos”. El “tico” es reacio a la polémica, por eso evita a toda costa la posibilidad de que se mal interprete su singularidad aunque defienda grotescamente sus “valores típicos”; por indolencia o ignorancia no es capaz de justificar sus auténticas ventajas comparativas, casi que se avergüenza; su chauvinismo de pacotilla no le permite la contemplación sosegada y objetiva. Por su parte, en una actitud un tanto contradictoria, muchos extranjeros blancos, “civilizados”, “cultos”, sobre todo “intelectuales” – los oscuros, indocumentados y pobres son explotados, tienen bajos salarios y trabajos precarios o desprestigiados, es decir, poco calificados, y, sin saberlo quizás, desplazan mano de obra nativa pues no reparan en la ausencia de garantías sociales, por tanto no pueden organizarse ni protestar – que conviven con nosotros, muchas veces encuentran mayores “oportunidades” profesionales y laborales que los nacionales, e incluso no saben lidiar con cierta “tolerancia”, liviandad o desidia aldeanas, sobrepasándose con críticas ácidas al experimentar cierta licencia e inmunidad. Los inmigrantes de Estados Unidos o de Europa, que vienen en busca de “paz y tranquilidad”, sobre todo los jubilados, no participan de la vida nacional, se aíslan en sus amplias residencias por playas y montes, siguen con sus prácticas socioculturales y de consumo importador, y no se preocupan, siquiera, por aprender el castellano. Los otros inmigrantes, los oscuros, son sus servidores.

Ellos son pues el extraño, el raro, el “extranjero de dentro”, el “interno foráneo”; son quienes nos perturban y nos hacen cerrar filas en situaciones límites. Su mayor característica es la vulnerabilidad, por eso se les asigna un nicho particular en las historias retorcidas y en el inconsciente colectivo. Se crea cierto apartheid metafísico/cultural y virtual que pronto puede adquirir grotescas características en la realidad. El extraño/otro es perturbador porque desacredita o afea lo ética y estéticamente establecido; es un iconoclasta, pero sobre todo un sacrílego. Su mayor ofensa consiste en poner en cuestión casi todo lo que parecía incuestionable; desafía lo normal o la normalidad; desafía las distinciones, las diferencias, los prejuicios y estereotipos de los mitos del “ser nacional” y racional. El extraño o el “extranjero” también pueden convertirse en un “francotirador” (intelectual) que desenmascara, devela y revela mentiras e ideologías, relativiza el pensamiento único. Generalmente el francotirador es un artista, intelectual o escritor; por eso se le silencia “bajándole el piso”, como bien señalaba nuestra vilipendiada Yolanda Oreamuno, es decir, causándole una muerte simbólica. Pero cuando es un extranjero “oscuro”, pobre y en busca de subsistencia (un des/asalariado posmoderno: neoesclavo), entonces se convierte en el sospechoso perenne y en el portador de nuestras desgracias, por tanto, debe suprimírsele puesto que significa peligro y degradación; no existe. Hasta 1992 los indigenas Ngöbe Buglé (castellanizados como “Guaymíes”) que habitan la frontera costarricense/panameña y se desplazan por la zona sur hasta la “zona de los Santos” haciendo labores de recolección y construcción, recibieron cédulas de identidad; hasta entonces se les consideró ciudadanos. No obstante, en Talamanca y en el sur del país ellos, junto a Borucas, Bribris y Cabécares, siguen acosados por finqueros “blancos” que usurpan y roban sus tierras asesinando a dirigentes con total impunidad. Los indígenas, los primeros habitantes de este territorio, nunca han existido para la cosmovisión costarricense blanqueada e intoxicada por la historia oficial. Lo mismo sucede con los centroamericanos, en especial los trabajadores nicaragüenses. En el imaginario de esas fronteras físicas y mentales, el sistema/mundo, integrado por heterarquías de complejas redes en una modernidad colonial, se ha globalizado en nombre de una supuesta posmodernidad donde priva la colonialidad del poder, del saber y del ser, en nombre de supuestos universales localizados en Europa y Estados Unidos, es decir, en Occidente. Así, en nuestros países periféricos se resiente, con sumo dolor, las más de las veces con rabia e impotencia, la extensa y violenta herida colonial.

Sí, Costa Rica es un país nuevo y de inmigrantes, multiétnico y plurilingüístico, que ha logrado diferenciarse en el orbe centroamericano no por razones discursivas metafísicas o raciales, sino por acciones colectivas que potenciaron la consecución de un pacto social que, a su vez, propició la construcción de un singular Estado Social de Derecho. Ello no es óbice para reconocer graves consecuencias en su idiosincracia como lastres nacionalistas y coloniales; tales el racismo, la soberbia democrática e incluso cierta prepotencia criolla teñida de superioridad, sobre todo en las clases medias y en los “nuevos ricos”, debido a mitos y constructos ideológicos ya señalados, pero en especial por el desconocimiento de la historia y cultura propias como efecto del galopante deterioro educativo y sociocultural, así como por la intoxicación ideológica inducida por el discurso único y fundamentalista político, económico y religioso (“La negrita” católica, Virgen de los Ángeles, “patrona nacional”, que no “matrona”, desplazada por el mercado pentecostal) materializado por los medios corporativos de masas y las mal llamadas “redes sociales” con sus secuelas de templos e improvisados predicadores. Las luchas sociales y la vida de miles de costarricenses empujaron reformas y transformaciones para conseguir un país relativamente estable en los últimos setenta años. Hoy, con la contrarreforma neoliberal de las élites corporativas, tanto a nivel nacional como internacional, aquel pacto y el Estado Social de Derecho están en entredicho, mejor dicho, seriamente debilitados. De la ratificación de dicho pacto y de la defensa y profundización de ese estado, dependerá en mucho el que las ventajas comparativas alcanzadas se mantengan o que también ingresemos a la vorágine centro y latinoamericana como un país altamente desigual, asimétrico y condenado por la impagable deuda externa y la expoliación imperial; en otras palabras, un país sumido en la anomia y la violencia estructural. Para ello se impone un cambio radical en las reglas de la conversación, tanto en su forma como, por supuesto, en su contenido. Se precisa de un giro epistémico que propicie un saber fronterizo donde lo europeo/occidental se armonice con los saberes locales, tanto americanos como procedentes de otros continentes hasta ahora periféricos y coloniales: África, Asia, Oceanía. Y, claro está, con nuestra singular y profunda historia en sus principales logros económicos, políticos, científicos y socioculturales, así como los debidos reconocimientos e inclusiones de minorías y periferias, para garantizar una “Tercera República” más solidaria, incluyente, justa y equitativa, con una conciencia ecológica y con una comprensión planetaria de la buena vecindad, por ende, con relaciones internacionales amistosas, tolerantes, cooperativas. Una nueva visión de colonial, fraterna y cósmica desde el centro del continente para un renacimiento americano y pluriversal.

San José, Costa Rica, diciembre 2019/noviembre 2020.

 

ADRIANO CORRALES ARIAS. Escritor y Profesor Catedrático del Instituto Tecnológico de Costa Rica en el Campus de San José.

El agro y el mercado interno en la estrategia de desarrollo costarricense

A pesar del énfasis dado a la producción de ensamblaje, la vocación agraria del país se mantuvo en la estructura productiva. La producción agrícola, la agroindustria y la ganadería atienden una parte importante de la demanda agregada que se produce en la economía. El 13% de la demanda es generada por el mercado interno y el mercado externo es producido por este segmento productivo. (Esquivel, F.,2021, p.115)

German Masís Morales

El libro recientemente publicado por el economista Francisco Esquivel, denominado “Análisis de la estrategia de desarrollo costarricense: macroeconomía de un modelo desequilibrado”, muestra con claridad el papel del sector agrícola y del mercado interno en las sucesivas etapas del crecimiento económico del país, conocidas como las etapas del proceso exportador.

El libro del investigador Esquivel, revela muy bien la participación o exclusión de la producción agrícola en particular la que era dirigida al mercado interno en las diferentes etapas, su aporte al desarrollo productivo, la relación con las importaciones del país, su importancia en la generación de encadenamientos productivos y su papel en una eventual IV etapa como parte del proceso de gestión de ventajas competitivas hacia un desarrollo más equilibrado.

La controversia y la falsa disyuntiva entre ambos sectores, como lo plantea el autor, inicia en la etapa II, en la que “asumiendo que en esta etapa había sido un período gobernado por la expansión del mercado interno, deprimiendo al sector exportador, se planteaba que debía olvidarse el papel del mercado interno y volver a la esencia de una economía pequeña que debía ser la exportación.

(Por el contrario, afirma), existió un funcionamiento articulado entre lo externo y lo interno, que permitió un mejor desarrollo nacional y una etapa de inclusión social. (Esta etapa dice) generó más desarrollo productivo, superando la obsoleta visión oligárquica de la ventaja exclusiva del proceso exportador.

Lo adecuado era plantearse cómo revitalizar el proceso exportador para mantener y ampliar lo alcanzado en la etapa II, mediante la reconstitución del mercado interno, sobre una base de eficiencia económica y una profundización de los mecanismos de inclusión. Pero se hizo lo contrario, la falacia del dogma liberal-conservador permitía desacreditar el papel del mercado interno, como el causante de la crisis, llamando a maximizar la exportación, (con lo que) se tendrían los ingresos para comprar “lo necesario”, que no debe producirse en el país porque resulta ineficiente”. (Esquivel, F.,2021, p.80)

Ante la crisis de inicios de la década de los 80, fue necesario empezar a definir una nueva estrategia de desarrollo que va a tomar la forma de un desarrollo orientado hacia el exterior; las exportaciones son el centro de la nueva estrategia de desarrollo.

A nivel del sector agropecuario, la transformación se materializa en la llamada “Agricultura de Cambio”, que consiste en la diversificación y complementación de la estructura productiva tradicional, con la incorporación de nuevos cultivos no tradicionales para exportación. (Cambronero y Monge, Universidad Nacional, 1992, p.201)

De esta manera, “se generó la etapa III del proceso exportador, en la que la estructura productiva de esta nueva etapa exportadora basó su dinamismo en una reorganización de la industria y en una nueva participación de la agricultura. El surgimiento de las nuevas áreas de producción se produjo de manera dispersa, atendiendo a las oportunidades de cada momento. (…), la industria y la agricultura se reorganizaron para atender nuevos nichos de mercados que ofrecía el mercado mundial.

Mientras, la parte del sector agrícola que producía para el mercado local fue atacada sistemáticamente, por lo que varios productos experimentaron reducciones significativas. Por esta razón, el sector agrícola continuó perdiendo importancia relativa en el total de la producción.

La estrategia que impulsó la etapa III no tenía interés en la producción para el mercado local. Lo que se buscaba era el crecimiento basado en la exportación, sin importar los efectos desestimulantes sobre amplios sectores productivos nacionales, en particular las pequeñas y medianas empresas. Desde el punto de vista microeconómico, el perdedor fue el empresario que producía para el mercado local, dado que no existió una estrategia de reconversión productiva”. (Esquivel, F.,2021, p.97)

Una de las medidas de política implementadas junto al impulso de la exportación agrícola no tradicional, fue el desestimulo a la producción de granos básicos, expresada en la reducción de los programas de investigación, transferencia y asistencia técnica y la disminución del crédito a esa actividad.

De manera deliberada, se realizó el desmantelamiento paulatino de la infraestructura institucional de los entes que habían apoyado al productor nacional, entre cuyas instituciones estaban el CNP, el MAG y el IDA. (Masís, G., revista Ambientico N°176, 2008).

Durante esta III etapa, la producción exportadora había crecido más rápido que la producción para el mercado local, sin embargo su crecimiento sólo llegó a alcanzar un máximo del 30% en las exportaciones en el período entre 1992 y el 2019, lo que se explica según el texto, “porque el sector agrícola, aunque exportó nunca fue una prioridad de la estrategia de crecimiento, que si lo fue la expansión industrial para exportación desarrollada como un nuevo proceso de ensamblaje, cuyos casos más representativos han sido la producción de componentes para la tecnología de la información, la producción de equipo médico, sectores que generan crecimiento y empleo, pero reducido al ámbito cercano a su producción; no generan encadenamientos relevantes hacia el conjunto de la estructura productiva.

Las actividades de ensamblaje, por la dificultad de lograr en el país un abastecimiento amplio de materias primas e insumos, han producido una dependencia de las materias primas, los insumos y los servicios importados hasta en un 38% (2017); como consecuencia de esta dependencia de las importaciones, las industrias de ensamblaje generan la menor cantidad de encadenamientos siendo uno de los factores más importantes de la aceleración de las importaciones en esta etapa.

En tanto, el segmento más dinámico de la agricultura y la agroindustria es el menos dependiente de las importaciones, ya que solo el 8% de su valor corresponde de insumos traídos del exterior; por eso se convierte en el área productiva que produce más encadenamientos. En este segmento se encuentran la producción de diversos tipos de carne, así como la producción de café y azúcar; se trata de procesos productivos que compran la mayor parte de sus materias primas e insumos adentro de la economía, por lo que necesitan un nivel bajo de importaciones (Esquivel, F., p.88).

De manera similar, el resto de la agricultura y la agroindustria, así como la ganadería, adquieren mucho de sus materias primas a lo interno de la economía, pero necesitan un nivel un tanto más elevado de importaciones, llegando a adquirir el 17% de su valor en importaciones”.

Por su parte, observando la capacidad de generación de encadenamientos de los principales sectores productivos y utilizando un multiplicador (cuantos colones adicionales se generan por cada 100 colones producidos), se confirma que “los mejores encadenamientos se producen en la agricultura y la agroindustria, generando 104 colones adicionales.

Mientras las nuevas actividades impulsadas por la etapa III muestran una capacidad limitada de generación de encadenamientos, con un multiplicador de 20, esto se debe a que se trata de un ensamblaje altamente dependiente de las importaciones de materia prima”. (Esquivel, F, p.120).

Frente a las limitaciones estructurales de la III etapa del proceso exportador, el documento propone una IV Etapa, fundamentada en los siguientes elementos:

  1. “Costa Rica debe superar los problemas de desarticulación de las cadenas productivas con el aparato productivo interno y que disminuyan las importaciones, impulsando una estrategia exportadora basada en áreas productivas con capacidad de generar encadenamientos relevantes.
  2. La optimización del crecimiento necesita combinar los estímulos a la exportación y a la expansión del mercado interno; con esto se producirá un proceso de expansión en donde el mercado externo crezca en armonía con el mercado interno. En ese sentido, la producción local debería ser generada con estándares de eficiencia y de calidad mundial.
  3. En un enfoque alternativo, la necesidad de participar activamente en el comercio internacional, mediante una estrategia de gestión de ventajas competitivas sustentada en el avance tecnológico y en la inclusión social. En esta estrategia se trata de un proceso gradual y selectivo, que posibilite un proceso de preparación de permita el cambio de las empresas y de su entorno sectorial y nacional. (Esquivel, F., p.194).
  4. “Es indispensable que la apertura de la economía se haga de tal modo que no involucre la destrucción de la capacidad instalada existente y que permita una efectiva reconversión de las actividades productivas. En un enfoque de reconversión productiva, la ventaja competitiva se construye mediante un proceso de preparación, con el que se busca resolver los rezagos de una estructura productiva heterogénea y aprovechando las condiciones naturales y la experiencia productiva del país.
  5. La estrategia impulsaría un modelo productivo que incremente la producción exportadora aprovechando el potencial que tiene el país para generar encadenamientos productivos, utilizando los recursos naturales, la biodiversidad, la mano de obra y la experiencia productiva de las diferentes regiones. En ese sentido la prioridad la tendrían sectores como la agroindustria, el turismo que genera encadenamientos y la producción de servicios de alto valor.” (Esquivel, F., p.199)

En la década de los 90, varios economistas centroamericanos prepararon propuestas para impulsar el desarrollo de la región con base en la agroindustria, la actividad pesquera y la producción forestal. La articulación sinérgica entre agricultura e industria se planteaba como el camino idóneo para lograr procesos acumulativos de valorización de la producción que sea crecientemente competitiva en el marco regional e internacional;

La estructura productiva polivalente se componía de cadenas productivas capaces de fabricar bienes diversos de manera simultánea y alterna; una capacidad agroindustrial de múltiples salidas en sus cadenas productivas que formarían una red integrada transversalmente, la abundancia de su fuerza de trabajo y una diversificación productiva de bienes finales e intermedios, fundamentalmente a partir de su estructura productiva agroindustrial. (Esquivel, F., p.204).

En el caso de Costa Rica, la propuesta de desarrollo agroindustrial elaborada tenía como prioridades los productos lácteos, la producción de dulce y otros derivados de la caña de azúcar, el beneficio del café y el cacao en pequeña escala, la elaboración de bocadillos y frutas deshidratadas, desarrollo de productos a base de yuca y el procesamiento de especias, dentro de un proceso de incorporación de tecnología e innovación, dirigido a elevar la calidad y competitividad de los productos agroindustriales en los mercados locales y regionales. (Masís,G.,1993,p.63).

En el planteamiento de Esquivel para la IV Etapa, el sector exportador crecería de manera armónica con la producción para el mercado local; (propone) “se logre una nueva articulación de lo externo con lo interno y pueda generarse un período de crecimiento donde la expansión del mercado externo esté en armonía con la expansión del mercado interno. (Esquivel, F., p.210).

La idea del desarrollo complementario de los sectores externo e interno y del impulso de los “dos motores” de la economía, ha sido mencionada por organizaciones de productores e investigadores de las Universidades, sin embargo, ha tenido poca acogida entre los grupos políticos del país, en su mayoría indiferentes al potencial del agro y la agroindustria, pero matriculados con la atracción de inversión extranjera directa hacia la industria de ensamblaje y de servicios tecnológicos.

Independencia: el descaro no puede ser más grande y la realidad no puede ser más que evidente

Comunicación SITRAINA

Centroamérica y Costa Rica celebran la independencia de España. Existen muchas valoraciones sobre este hito histórico, ocurrido en 1821. Entre algunos de estos aspectos se encuentran el modo mediante el cual se dio esta independencia. A diferencia de los países sudamericanos que tuvieron que enfrentar cruentas guerras, en las que sobresalieron caudillos criollos como Simón Bolívar o Francisco Pizarro; a Centroamérica la independencia del imperio español le llegó sin derramamiento de sangre. Esto se debió a que España era un imperio en acelerada decadencia y centraba sus fuerzas en las guerras religiosas europeas, más que en sus dominios del mar, donde era superada por Inglaterra, y de las colonias en América.

Después de la independencia de España, Costa Rica afrontó importantes gestas para conservar su independencia; entre ellas, guerras civiles para decidir si se anexaba o no al imperio mexicano de Iturbide y la defensa de la patria, liderada por Juanito Mora en 1856, en contra de los filibusteros, liderados por William Walker.

Debido a estas gestas y la historia no contada de Costa Rica, es importante recalcar que la libertad y la independencia no es algo que se tiene, sino que se trabaja y se materializa.

Desde antes de la independencia de España, en Costa Rica se generó una casta de familias criollas adineradas que querían independizarse de España para no pagar impuestos a la Corona. De esta misma casta surgieron los principales grupos de poder que se disputaron el poder, durante los siglos XVIII y XIX, en medio de golpes de estado, fusilamientos y la implementación de algunas ideas progresistas, traídas por criollos estudiados en Europa, principalmente del liberalismo inglés de Charles James Fox y Leonard Hobhouse, un liberalismo que era muy distinto de como se entiende este término hoy en día en la política nacional. Entre estas políticas progresistas se encuentra el acceso a la educación, la secularización de los cementerios y la mejora de ciertas condiciones sociales para las personas más necesitadas.

Gran parte de esta influencia liberal inglesa, que como dijimos, se inspiraba en el pensamiento de Leonard Hobhouse (pensador que consideraba que la evolución era una fuerza natural que conducía las dinámicas de la vida, pero que la racionalidad humana intervenía en esta dinámica para aportar a la conformación de mejores condiciones humanas, motivo por el cual, a diferencia de como pensaban Spencer y Burke, entre otros, el Estado debía intervenir en la economía y generar reformas sociales que logren mejores condiciones de vida para los más necesitados), generó una división en el seno mismo de las familias adineradas costarricenses, ya que algunas conservaron ese sentimiento criollo de no querer pagarle impuestos ni a la corona ni al Estado costarricense y otras consideraron que invertir en salud y educación era fundamental para tener un mejor país para todas y todos.

Durante la primera mitad del siglo XX, en Costa Rica confluyó una gran diversidad de pensamientos políticos que comprendía el conservadurismo, el social-cristianismo, el liberalismo, el reformismo y el comunismo. Esta amalgama de discursos y un contexto donde la educación adquiere mucha importancia, propició las condiciones para la creación de las garantías sociales como el Código de Trabajo, universidades públicas, la CCSS, del ICE, el INA entre otras instituciones que pretendían hacer que el país saliera adelante, mejorando las condiciones de vida de toda la población.

Sin embargo, para la creación de estas instituciones que tanto bien social han generado a Costa Rica, debía pagarse impuestos y no debemos olvidar que los sectores conservadores de las familias adineradas del país siempre se han opuesto a los impuestos y es así como siempre han visto con cierto odio y desprecio el papel que cumplen estas instituciones en nuestras sociedades.

Durante la segunda mitad del siglo XX, se establecieron las condiciones de la Guerra Fría y Estados Unidos comenzó a ejercer una fuerte influencia para satanizar a los movimientos comunistas en América Latina, así como la aplicación de políticas progresistas en la región. Sin embargo, en Costa Rica se estableció y consolidó, después de la gesta de 1948, un modelo social-democrático, gracias al afianzamiento de las instituciones públicas y de una clase media que se fortalecía a través del acceso a la salud, la educación y el trabajo. El Estado intervenía en la economía, a través de impuestos, para financiar los programas de reformas sociales que brindaban las condiciones materiales para que el pueblo costarricense pudiera salir adelante. Se partía de los principios del liberalismo de la primera mitad del siglo XX, de acuerdo con el cual, el mercado promueve la libertad, pero a la misma vez genera injusticias, motivo por el cual, el Estado debe intervenir en la economía y obtener una parte del pozo de la riqueza del mercado, para generar igualdad social.

Todo lo anterior era un trago amargo para las familias conservadoras de este país, las cuales fueron afianzándose tanto en el PLN como en el PUSC, a lo largo del periodo del bipartidismo y posteriormente en el rejuntado del PAC, Sin embargo, desde la década de 1970, estas familias encontraron un respiro en los discursos neoliberales que promovía Estados Unidos, principalmente a partir del gobierno de Ronald Regan. De acuerdo con estos discursos, tal y como lo hemos venido estudiando en entregas anteriores, el mercado es una entidad racional que es capaz de colocar cada una de sus fuerzas donde generen una mayor productividad; por lo tanto, nada, ni el Estado, puede regular el mercado y si el Estado interviene en el mercado, mediante la aplicación de impuestos, comete una injusticia en contra del mercado y atenta en contra del modelo de democracia yanqui.

Este modelo neoliberal se fue imponiendo en nuestro país, con la aplicación de Programas de Ajuste Estructural (PAEs), durante las décadas de 1980 y 1990 y con la privatización de un conglomerado de empresas estatales que intervenía en el sector productivo nacional (CODESA), en la década de 1990. Estas mismas políticas fueron las que predominaron en el intento de Miguel Ángel Rodríguez de privatizar el ICE en 2001 y la promoción, impulso y aprobación del TLC por parte de Óscar Arias, entre 2004 y 2007,

Paralelo a este proceso, en Costa Rica se había consolidado una democracia participativa con un importante poder político. El contar con clases medias educadas y dispuestas a defender el estado social de derecho y todas sus instituciones, a través de sindicatos y movimientos sociales, logró frenar las intenciones de Miguel Ángel Rodríguez de privatizar el ICE y generó una fuerte oposición en contra del TLC que al final se manifestó en el Movimiento del NO, en el desafortunado Referéndum de Óscar Arias, con memorándum del miedo de Kevin Casas y Fernando Sánchez incluido.

Sin embargo, el ataque mediático de las familias conservadoras y neoliberales del país a las instituciones públicas; ya no solo para no pagar impuestos, sino también para aumentar su pecunio al incorporar a sus negocios sectores de la economía que el Estado regula para generar igualdad social (como lo es la salud, la educación, el agua, la electricidad, los seguros y las telecomunicaciones); se ha caracterizado por aplicar una misma fórmula, diseñada globalmente por la inteligencia de Estados Unidos: a. escándalos de corrupción e impunidad para los políticos que saquean las instituciones; b. presentar ante los ojos de las audiencias los servicios públicos como servicios de baja calidad; c. generar normas y reglamentos que traban el buen funcionamiento de las instituciones; d. hacer ver a la y el empleado público como vagos con privilegios; e. tercerizar, que es lo mismo que privatizar, los servicios, comenzado por seguridad, mantenimiento general y limpieza y llegando progresivamente a los servicios esenciales como salud y educación; e, desfinanciar las instituciones públicas y las arcas del estado a como dé lugar; f. quebrar las instituciones públicas; g. venderlas al mejor postor, o sea a los miembros de las élites nacionales y a los consorcios trasnacionales.

Durante este gobierno, las políticas promovidas por las familias adineradas, conservadoras y neoliberales, se han afianzado con mayor fuerza en este país. El desprestigio que habían sufrido durante los últimos años los sindicatos, los movimientos sociales y sobre todo el derecho a huelga, que garantizaban una clara democracia participativa, han sido un golpe duro para la oposición popular. Por otra parte, las políticas de impuestos se han ceñido en contra de las personas pobres y han exonerado y generado condiciones cada vez mejores para los ricos. En síntesis, este gobierno ha debilitado con mayor fuerza la clase media de nuestro país y tiene como excusa la pandemia, como si esta fuera la única causa de la crisis general de Costa Rica.

Los contrastes son más que evidentes. Mientras la clase política se impone en la Junta Directiva de la CCSS y modifica la Ley de Pensiones, bajando los montos que recibirán las personas trabajadoras y aumentando la edad de pensión y mientras la SUPEN, conducida por el ojo perverso de Rocío Aguilar, busca reducir o eliminar las pensiones mínimas; en la Asamblea Legislativa se promueve proyectos de ley para condonar la deuda que tienen con la CCSS, no solo las y los trabajadores independientes, como lo quieren hacer ver algunos medios de comunicación, sino las deudas de compañías con casos de corrupción pendientes como ALDESA e incluso las deudas de algunos diputados. El descaro no puede ser más grande y la realidad no puede ser más evidente.

Es en medio de este contexto que el Gobierno de la República celebra el Bicentenario. Un Bicentenario que no pasa de la etiqueta y el protocolo, porque en acciones materiales, la independencia actual de las clases pobre y media de Costa Rica se está yendo por el drenaje del neoliberalismo, al igual que la democracia participativa y en general, nuestra libertad.

Estimadas y Estimados Afiliados de SITRAINA. Estimadas y Estimados Compatriotas. La independencia no debe ser celebrada simplemente como “la” independencia. El 15 de setiembre se celebra la independencia de España, pero debe servirnos la fecha no solo para conmemorar esto, sino para hacer memoria histórica sobre nuestro pasado y valorar desde ahí nuestra situación presente: ¿qué tan independientes somos en Costa Rica, sino pertenecemos a las familias históricamente más ricas, conservadoras y neoliberales?

Los libros y la bibliotecas son y siguen siendo importantes

Vladimir de la Cruz

Una querida amiga me pasó, hace unos días, una noticia de la Revista Smithsonian Magazine donde se comenta una nota de Brigit Katz, quien había publicado en NYmag.com, Flavorwire and Tina Brown Media’s Women in the World, el artículo “Could Have Powerful, Lasting Effect on the Mind”, cuya traducción libre es “Creciendo rodeado de libros se puede tener un fuerte efecto duradero en la mente.”

La investigación sugiere que tener grandes bibliotecas en la casa puede tener importantes efectos, en el largo plazo de proficiencia en áreas de la mente.

La proficiencia es la capacidad que una persona puede demostrar en el uso de una lengua extranjera, como la destreza que se puede tener en la lengua particular.

De acuerdo con esta investigación de Brigit Katz, leer un libro ayuda en la función del cerebro, reduce el stress y hace a las personas más empáticas, es decir contribuye para que las personas sepan escuchar, sean más sensibles, tolerantes y receptivas a las emociones de otras personas, que tengan capacidad de entender las emociones, sentimientos, acciones y comportamientos de otras personas, lo que no es muy fácil. Es, en la práctica, una toma de conciencia de los sentimientos de los demás, es aceptar que cada persona tiene sus propios sentimientos y emociones. Es a la vez una acción que ayuda a valorar a las personas que nos rodean, y a fortalecer con ellas las distintas relaciones que tenemos.

Con base en esto en la Universidad Nacional de Australia, un equipo liderado por Joanna Sikora, está buscando los beneficios de crecer alrededor de ambientes llenos de libros, que implica que los hogares, y las familias, deben tener bibliotecas, como herramientas que ayuden en la formación de los niños hasta su vida adulta.

En el 2019 se publicó un estudio en Social Research Science que midió la proficiencia de 160.000 adultos de 31 países en tres campos: Literario, Numérico, en el uso de conceptos matemáticos y Tecnológico en la comunicación de información, usando tecnología digital para comunicarse con otras personas, adquirir y analizar información, con base a la propia experiencia de tener libros en sus casas.

El promedio de libros en la infancia de los encuestados fue de 115, pero variaba respecto a los países. Así, por ejemplo, en Noruega era de 212, en Turquía de 27. En la investigación se determinó que entre más libros había en el hogar más alta era la proficiencia y el nivel literario que resultaba en la encuesta, y más alta la capacidad o habilidad para leer, escribir, hablar y oir. Del mismo modo, entre menos libros más bajo el nivel literario y de crítica literaria. 80 libros incrementaban los niveles al promedio y lo “literario” incrementaba cuando las bibliotecas llegaban a 350 libros, y en ese nivel se mantenía. La investigación se orienta a demostrar que la exposición a libros, en la niñez, estimula herramientas para la vida y produce un gran poder en la mente. De la misma manera, el tamaño de la biblioteca en los hogares es importante y los niños siguen el patrón de los papás que leen.

Por experiencia, mía y de mi familia inmediata, he podido comprobar parte de esta investigación. En mi familia siempre hubo bibliotecas, por pequeñas que hubieran sido. Mi abuelita materna, Ofelia, Ita como cariñosamente siempre la tratamos, tenía la suya muy especializada en libros de teosofía y de rosacrucismo, y de algunos temas literarios y autores como Shakespeare, no en balde se llamaba Ofelia y conocía muy bien toda tragedia de su Ofelia.

Muy pícara mi abuelita, probablemente me quería ligar al teosofismo o al rosacrucismo y me ponía a leerle libros de Madame Blavastki o de Flammarion. En mi época adolescente me pedía que le leyera mientras ella descansaba o hacía ciertas labores domésticas que le permitían poner atención a la lectura. Trató, de esa manera, de meterme en esas corrientes filosóficas, lo que no hice. Mi tío Renán tenía la suya, con un mueble biblioteca, que después lo duplicó, basada principalmente en distintas enciclopedias.

Las casas, en esos años, hasta la década del 80, tenían un mueble biblioteca o estanteros. Generalmente había un pequeño espacio en las casas para estos estanteros o muebles bibliotecas.

Hoy no se construye así. La Pandemia con su encierro obligado y el teletrabajo va a provocar un cambio en las construcciones de apartamentos y casas, que tendrán que tener espacio para ese teletrabajo, donde ahora no hay, y espacio para estanteros o minioficinas familiares.

Mis padres tuvieron una Biblioteca que, en 1948, con motivo de la guerra civil y la represión fue saqueada, totalmente, “confiscada” dijeron, pero nunca la devolvieron, los triunfadores de esa guerra. Tengo los nombres de las personas que llegaron a llevársela, algunos jóvenes, porque eran conocidos de mis familiares.

Después, en la década de 1950 mi madre Zayda de Lemos empezó de nuevo a hacer la Biblioteca. Terminó sus estudios en colegio nocturno, mientras trabajaba, y luego estudió en la Universidad hasta graduarse de Microbióloga. Gran lectora hasta su muerte. Me leía desde niño y me introdujo a la lectura muy temprano.

Mi tío político Edgar Campos, en ese momento, tenía la suya y a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960 yo la visitaba, porque vivíamos muy cerca y luego en casas contiguas. Esta sí era una biblioteca grande y rica en muchos campos, aunque el suyo era la economía. Él era economista de gran cultura en general, y de lecturas políticas porque se había formado como comunista en la década de 1940. En los días del 48 fue el detenido en la Penitenciaría Central más joven de esos días. Protegido de Rodrigo Facio pudo reinsertarse, con beca, en la Universidad y graduarse de economista brillante. Por razones de trabajo en la década del 60 se fue a Chile, a la CEPAL y luego a la FAO, en Roma, desarrollándose como funcionario internacional de la ONU, y su biblioteca, por ese motivo, estuvo en mi casa bastante tiempo, lo que fue una gran experiencia para mí cuando era joven de colegio y ya inquieto políticamente. Después, otro gran amigo mío, por estudios en el exterior, dejó su biblioteca en mi casa unos años, lo que también aproveché en lecturas.

A la pura par de mi casa vivía un matrimonio, él periodista Antonio Zavaleta, y ella educadora Azhiyade Estrada, e igualmente tenían una biblioteca. Todos sus seis hijos buenos lectores, y cultivadores de canto y música clásica porque a sus papás les gustaba oír radio Universitaria, especialmente las óperas completas de los sábados en la tarde. Con uno de ellos, con Jorge, gran lector también, “competíamos” en lecturas, él aficionado a Zane Grey, yo a Salgari y a Verne. Una cosa importante es que los colegios ponían lecturas de libros completos. Lamentablemente después introdujeron los resúmenes de libros, bajo la complacencia de las autoridades educativas, y de los propios profesores, eliminando así la lectura de libros completos.

En la década de 1960, y parte de la de 1970, vi funcionar las “lecturas” en los talleres de zapatería, donde en cuartos pequeños un grupo de zapateros, sentados en sus taburetes, en círculo, leían, o les leían, mientras realizaban su oficio, como lo describe Calufa en El Taller, y como existieron en otras partes de México y el Caribe.

En el Colegio Vargas Calvo donde terminé el Bachillerato había una biblioteca y nos obligaban a «una hora» de biblioteca por semana. He tenido la experiencia de dar conferencias o charlas en colegios y pregunto por la Biblioteca, y las visito, y me llevo una gran desilusión de ver lo escasas que son en libros, descansando su acervo casi solo en los textos de uso colegial, además de que cuando las he visitado no hay estudiantes.

En una escuela privada donde están dos de mis nietos tenían más uso de la biblioteca y al mediodía, en su tiempo de descanso y almuerzo organizaban un club de lectura al que fui varias veces a conversar o leerles algo, con grupos que alcanzaron unos 15 o 20 niños estudiantes. En otra ocasión, fui invitado a un kínder, donde iba una de mis nietas, para que les leyera un cuento, lo que acompañó con una sugerencia de lectura, que me presentó mi nieta, que no duraba ni 10 minutos, por las páginas de dibujos y colores que tenía, advertido por la maestra que debía ser muy corto. No hice caso de su advertencia y me llevé como opción varias lecturas de cuentos de Fernando Durán Ayanegui, un poco largos, y fue un éxito mi papel de cuentacuentos, o de lector de cuentos, porque los niños, más de 20, pusieron toda su atención y se aguantaron casi la hora de lectura. Por supuesto, que leía interactuando con los niños. Las maestras no podían creer el interés, la atención y participación de los niños. Incluso una de ellas se fue a traer niños de su aula para que se sumaran a la lectura. Esta experiencia la repetí con igual éxito.

En general mis cuatro hijos entraban a primer grado sabiendo leer y escribir, cuando eso era parte del aprendizaje de ese primer grado, porque fueron estimulados a la lectura. Hoy mis nietos son igualmente estimulados en ese sentido, con mejores tecnologías que les permite ser creativos desarrollando pequeñas historias en videos hechos por ellos, o presentaciones de sus tareas escolares mucho más desarrolladas.

Un día de estos una de mis nietas, de diez años, me pidió una opinión sobre la presencia afrodescendiente, en el mes de agosto, para llevar a la escuela. Llegó a la casa, La llevé a la biblioteca mía que es muy grande, y me dijo, que ella prefería grabarme en el patio para que diera la sensación de que estaba en Limón, lo que me sorprendió a mí por su visión escénica. Entonces me la llevé al patio donde tengo unas matas de banano y en medio de ellas, con un racimo verde colgando casi a la altura del hombro y de la cabeza, grabamos su cinco minutos, dando la sensación de que verdaderamente estaba en Limón.

Cuando iniciaba mis cursos en la Universidad generalmente les hablaba a los estudiantes de la importancia de la lectura. En esencia les decía que eso era lo más importante en la formación universitaria. Que hicieran el esfuerzo de hacer de la lectura un hábito, como el de bañarse, asearse o limpiarse la boca.

Les decía que si leían una página diaria de un libro podían leer 365 al año, que equivalían a la mitad de dos de libros de Harry Potter, que en esos días una hija de unos primos, Lusiana Batalla, colegial, los devoraba, como lo hacía uno de mis hijos, Presbere. Les decía que si leían cinco páginas diarias leerían al año 1825 páginas, que equivalía a 22 libros de 80 páginas cada uno, que equivalían a los que publicaba, en esos días, de Literatura universal el periódico La Nación, cada quince días. Igualmente, que, si aumentaban a 10 páginas diarias, que no les quitaba más que una hora al día, podían leer 3650 páginas al año, equivalente casi a un libro por semana de esa colección. Pero, les enfatizaba, que el secreto de la lectura estaba en leer todos los días, sin descansos, ni días feriados, ni postergaciones de la lectura, porque no se acumula la lectura. Si no se leen las 5 páginas diarias, no se leen 10 al día siguiente o 15 al que sigue, pero, si se leen 5 diarias, el ritmo de lectura va aumentando naturalmente casi sin percatarse de eso. Esto para mí sigue siendo válido.

Hoy en algunas escuelas, especialmente privadas, motivan en la lectura por medios electrónicos. Vi funcionar este método en Estados Unidos con uno de mis nietos, André, en escuela pública, que en ese sistema era el lector No. 1 de su grupo. Actualmente, uno de mis nietos, Julián, sigue sus pasos en Costa Rica, en escuela privada. Esto tiene que ver mucho también con los educadores, en ambos casos maestras.

El libro electrónico no va a sustituir al libro impreso, aunque sí va a desarrollar el grupo de lectores de libros electrónicos. Ya lo estamos viviendo.

Pero, siempre se seguirán editando en papel los libros, que provocan muchas otras sensaciones al tacto, a la vista, al gusto, al olor, al oído mismo. Se pueden tocar, acariciar, se pueden disfrutar en sus olores y texturas… Los libros deleitan en todas sus dimensiones…

En materia de vivienda, por el impacto de la Pandemia del coronavirus, tiene que irse planteando la necesidad de incluir espacios para libreros, o pequeñas bibliotecas, o áreas de estudio, o de teletrabajo en las casas.

De esto no puede escapar la política de construcción de vivienda social, si de alguna manera queremos compensar el régimen de tele estudio que también ha impuesto la Pandemia, y si queremos reducir las brechas sociales existentes.

¡Estimulemos la lectura, sí, pero, también, hagamos bibliotecas familiares en nuestras casas!

El encierro impuesto por la Pandemia del Coronavirus puede ayudar a estimular la lectura en familia, de padres a hijos, de los mismos hijos. Los atrasos que se han evidenciado estos días en materia educativa hay que enfrentarlos y un camino es éste, con la lectura y las bibliotecas familiares. La Bibliotecas Escolares de la Primera Dama Marjorie de Oduber deben revivirse, con prácticas de lectura de los estudiantes en ellas. Hay que promover campañas nacionales a favor de estimular estas Bibliotecas, especialmente para sectores pobres y de zonas alejadas, en las que se involucren las municipalidades, asociaciones de diverso tipo, el sector privado, los mismos sindicatos de educadores.

Si no sacamos a los jóvenes rezagados de su estudio haremos que reproduzcan su retraso en la generación que les sigue. Si no procuramos “salvar” a los 120.000 jóvenes que dejaron, o desertaron de la escuela y el colegio, en este último año, por efectos colaterales de la Pandemia del Coronavirus, no solo los estaremos mandando a los niveles de pobreza de los que no van a poder salir, sino que estamos agravando los costos sociales nacionales del futuro inmediato en asistencia de esta población, que se reproducirá más en su pobreza y extremas pobreza.

La educación ha sido un factor muy importante del desarrollo democrático nacional, y de la construcción de la sociedad democrática costarricense, de estos 200 años, desde la Independencia proclamada en 1821. Ha sido un factor de movilidad social ascendente, un medio de salir de la pobreza.

¡Estimulemos la lectura y las bibliotecas familiares! Hagamos de la educación ese motor para iniciar la Costa Rica del Bicentenario, la que empezó en estos días.

Huesca: la capital de los Pirineos

Gabe Abrahams

Huesca (en aragonés, Uesca) es una ciudad situada a los pies de los Pirineos. Capital de la provincia del mismo nombre y de la comarca de la Hoya de Huesca, su población ronda los 54.000 habitantes.

Situada en el límite de los Pirineos, su imagen está unida a montañas nevadas en una parte importante del año. Cuando llegas a Huesca por el sur, te encuentras una ciudad situada en un valle y rodeada de montañas invariablemente con algo de nieve en sus cumbres. La belleza de Huesca desde la lejanía es difícil de adjetivar. Sus frías temperaturas también.

La historia de Huesca está unida a los íberos, pueblo de origen indoeuropeo y prerromano que ocupó las zonas sur, este y centro de la Península Ibérica. El nombre Huesca procede del íbero Bolskan.

La ciudad fue conquistada por los romanos, los visigodos y los árabes, hasta que acabó reconquista por las tropas cristianas en 1096. Desde ese momento, tuvo un estrecho vínculo con los reyes de Aragón.

Durante los siglos XVI y XVII, tras la Peste Negra, guerras, etc., Huesca vio cómo se consolidaron su Universidad y la imprenta, a la vez que se construyeron monumentos como el Palacio de Villahermosa o la iglesia de San Lorenzo.

En los inicios del siglo XVIII, durante la Guerra de Sucesión entre la Casa de Habsburgo o Austria y la Casa de Borbón, Huesca apoyó a los primeros, lo que provocó que el borbón Felipe V tras su triunfo aboliese el Concejo Oscense, nacido en la Edad Media.

Los siglos XIX y XX, supusieron para Huesca un cúmulo de guerras y batallas. Tras pelear los oscenses contra el dominio francés en la Guerra de la Independencia Española, Huesca vivió en 1837 la Batalla de Huesca, durante la Primera Guerra Carlista, y en 1937 la Ofensiva de Huesca, lanzada por el ejército de la Segunda República Española, durante la Guerra Civil Española.

Los dos últimos siglos sirvieron también para que Huesca acabase de convertirse en una ciudad con un atractivo especial, por sus parques, casino, edificios, monumentos, etc. En la capital de los Pirineos.

La mejor manera de conocer Huesca es recorrerla de Occidente a Oriente. En la parte occidental, destaca el Parque de Miguel Servet, un parque muy bonito construido entre 1928 y 1930 y dedicado al teólogo y científico aragonés que fue condenado a morir en la hoguera por hereje en 1553. Enfrente de la entrada principal del parque, llama la atención el precioso quiosco de la música.

A pocos metros del parque, atravesando la calle Valentín Carderera, se sitúa el Coso, una larga calle con forma de U no muy pronunciada que rodea la antigua muralla oscense. Actualmente, es una calle comercial con varios cafés históricos y edificios que siguen el estilo arquitectónico de principios del siglo XX. Me viene a la memoria el Café Bar Oscense, situado justo donde el Coso Alto cambia al Coso Bajo.

En ese punto, subiendo unos pocos metros por la calle Duquesa de Villahermosa, se encuentra el Palacio de Villahermosa, atractivo edificio renacentista del siglo XVII, construido con una gran fachada de ladrillo y tres plantas. Tomar un café en el establecimiento que se encuentra situado justo enfrente del palacio permite observarlo con calma y disfrutar de él.

En el mismo punto donde el Coso Alto cambia al Coso Bajo, bajando unos pocos metros por la calle Porches de Galicia, se encuentra también a la izquierda el imponente edificio del Hostal Rubaca y al final la emblemática plaza de Navarra.

En la plaza, se sitúa el edificio del Círculo Oscense, o Casino de Huesca, un impresionante edificio modernista de principios del siglo XX, obra del arquitecto Ildefons Bonells. El casino de Huesca es una auténtica joya. Merece la pena visitar sus interiores, donde el mobiliario y la decoración son al gusto de la época.

En la misma plaza de Navarra, ocupa un lugar prominente la fuente de las Musas, datada en 1885 y obra de Federico Villasante, Enrique Blondeau y Antoine Durenne. Todo apunta a que fue Antoine Durenne, escultor y fundidor de metales francés, quien consiguió que la fuente alcanzase la belleza y la categoría que tiene.

Durenne fue alumno de la École des arts et métiers de Angers en 1841, y de la École des Beaux-Arts en 1842, y fundador de la Escuela nacional superior de artes decorativas de Francia. En 1857, compró la fundición de Sommevoire. Durenne fue el creador de la fuente de las Musas, pero también el de la fuente de la Morena o Moreneta de la plaza de la catedral de Huesca, entre otras obras destacadas suyas esparcidas por Europa y América.

Regresando al Coso y siguiendo por él y su continuación, la Ronda Montearagón, se accede a la citada catedral de Huesca. La catedral de Huesca se halla en el punto más elevado del cerro sobre el que se asentó la primitiva ciudad de Huesca. Está ubicada frente al carismático Palacio del Ayuntamiento del siglo XVI. Hablamos del centro del recinto histórico de la ciudad.

La catedral de Huesca fue construida entre los siglos XIII y XVI sobre templos anteriores. La portada principal de la catedral, orientada hacia Occidente, no tiene excesivas sorpresas y responde a la bella simbología del arte gótico, plasmada sobre la piedra por los canteros. El resto de la catedral sigue la misma tónica que la portada principal.

En la plaza de la catedral, situada en un lugar discreto, se encuentra la ya mencionada fuente de la Morena o Moreneta de Durenne. Una fuente singular de base octogonal, en cuyo centro se levanta una escultura femenina de hierro fundido de color negro que lleva en su brazo izquierdo un cántaro de agua. El color negro y la base octogonal de la fuente llaman la atención.

La fuente permanece desde hace más de un siglo entre árboles en el lugar y pasa algo desapercibida para la mayoría de los visitantes de la catedral o del Palacio del Ayuntamiento.

La catedral y la fuente cierran el recorrido por Huesca. Un recorrido conciso, breve, pero en lo fundamental completo. Un recorrido para disfrutar de parques de otro tiempo, de edificios y monumentos destacadísimos y de arte singular. También muy probablemente de frío. Huesca merece la pena.

LIBERTAD AMURALLADA

Por Memo Acuña (Sociólogo y escritor costarricense)

En su texto Estados amurallados y soberanías en declive (2015) la filósofa Wendy Brown plantea la paradoja que, cinco años después, continúa sin resolverse, más aún en medio del contexto de excepcionalidad que atraviesa el planeta hará ya año y medio.

La paradoja refiere al consabido binomio apertura-oclusión en el marco de los procesos globalizadores actuales: a una cierta actitud de laxitud en las fronteras a los temas económico-comerciales, se opone el amurallamiento horizontal y vertical para que las personas “no bienvenidas”, rechazadas, concebidas por el discurso y la práctica hegemónicas de la “migration managment” como «personas ilegales» (sic), no crucen los contornos fronterizos.

Durante agosto y setiembre esa paradoja estuvo presente en la región en sus dos extremos fronterizos.

En el norte, en el binomio Guatemala-México, pero especialmente al sur de este país, la maquinaria migratoria y de seguridad opuso una feroz resistencia a cientos de migrantes que en grupo intentaban caminar para salir de la deplorable condición que durante semanas experimentaron en Chiapas.

En el sur regional, la incontenibilidad de las movilidades humanas caribeñas y extra regionales debió sortear las narrativas de la discriminación y el muro natural e inexpugnable en el que se ha convertido la selva del Darién, ese impresionante tapón que continúa tragándose vidas todos los días.

Para los Estados amurallados en sus políticas y en sus fronteras, aplicar la regla de la seguridad a las movilidades resulta conveniente. No solo intervienen actores del orden público, sino que aparecen también industrias de lo privado que mueven millones de dólares en equipos de seguridad, dispositivos de control y armamentos.

Entre tanto, como hemos dicho ya varias veces, las personas en contextos de movilidad solamente tienen sus cuerpos y su dignidad como herramientas para seguir avanzando.

La cuestión de las fronteras nos ofrece a cada momento un nuevo motivo para pensarlas y reflexionarlas desde nuestras experiencias situadas. En las semanas previas, por ejemplo, fue anunciado el ganador de un concurso de fotografía sobre aves silvestres. El fotógrafo mexicano Alejandro Prieto expuso su pieza “Bloqueado” con la que obtuvo el galardón.

En la imagen recurren de nuevo la paradoja de la movilidad y el limite, la tristeza y la esperanza. En un primer plano, un correcaminos aparece pequeño y diminuto frente a la fuerza avasalladora de una sección del muro fronterizo entre Estados Unidos y México.

Compuesta de alambres, aluminio y metal, la estructura contiene, divide, limita. Su impotencia reduce a la parálisis del movimiento al pequeño correcaminos, que luce incierto frente a la gran estructura.

“La imagen cuenta una historia importante de la fragmentación del hábitat y cómo estructuras como el muro fronterizo pueden evitar que la vida silvestre migre y se traslade a otras áreas” ha dicho el sitio digital elpopular.mx sobre la obra ganadora.

La narrativa de las fronteras y los muros abarca no solo lo visible. También con nuestros discursos estigmatizantes, llenos de odio y desafección bloqueamos la posibilidad de romper los cercos que limitan la acción de comunicarnos y convivir.

Debemos de entender que la libertad colectiva es un buen comienzo para crear otros mundos posibles. Destruyamos las barreras. Todas.

 

Imagen: https://elpopular.mx

El abaratamiento partidario

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

Cuando la oferta es mayor que la demanda, según las leyes del mercado, los precios bajan. Aunque con los oligopolios transnacionales ese principio no se sostiene, en el caso de la actual sobreoferta partidaria sí hay evidencias que estamos ante el abaratamiento de los partidos.

En este sentido, se trata de un fenómeno que, aunque no es nuevo, viene en ascenso, y no es, precisamente, un indicador de un fortalecimiento del régimen democrático, todo lo contrario: con el abaratamiento partidario estaríamos asistiendo a una mayor devaluación de nuestra democracia.

Y esto obedece, como argumentan algunos politólogos, a que la política viene cada vez más cediendo espacio a los poderes fácticos empresariales y financieros, o sea, la economía domina a la política. Tal es el caso, del comportamiento de las nuevas propuestas partidarias, entre otras, el Partido Acción Ciudadana (PAC) y los partidos de corte confesional “evangélico” (PRN y PNR), que se convirtieron en más -mucho más- de lo mismo, haciendo causa común con el bipartidismo neoliberal, vía los consensos legislativos dirigidos a desmantelar el Estado Social de Derecho. Y secundados, por una campaña inquisitorial, impulsada por los medios de comunicación dominantes contra el sector público. Es decir, la agenda política ha estado en manos de esos poderes fácticos.

Por otra parte, el fenómeno del pluripartidismo en ascenso se ha convertido en una vía para acceder a la Asamblea Legislativa, ante un sistema que ha supeditado las candidaturas a diputados a la vía partidaria. Solo en este aspecto, es que podría estar contribuyendo a la democratización en la elección de diputados. Una muestra de que el país requiere nuevas alternativas para la elección de diputados, así como la apuesta por un régimen más parlamentario. Para ello, es fundamental que accedan a este primer poder de la república personas con trayectoria en el movimiento social, verdadero liderazgo comunitario, así como quienes han probado, desde diversos frentes, tener vocación y capacidad para servir al bien común. Evitar, así, el abaratamiento también de ese primer poder de la república, cada vez más decadente.

Las ofertas partidarias de hoy no muestran evidencias contundentes de estar marcando la diferencia. No se avizora una propuesta coherente y consistente para encarar los álgidos problemas que vive el país. Podría aducirse que la campaña todavía no arranca. Sin embargo, quienes lideran las múltiples ofertas partidarias ya se han lanzado al ruedo y resultan más ruidosos que propositivos. A estas alturas, y debido a la crítica situación que vive el país, es de que ya se hubiesen levantado las voces de la denuncia de tanta injusticia que colma el vaso y de la propuesta seria y visionaria que haga renacer la esperanza para reconstruir esta maltrecha “finquita”.

Para tiempos críticos como los actuales, se requieren liderazgos valientes, atrevidos y disruptivos, decididos a propiciar cambios estructurales, mostrando independencia frente a los poderes fácticos y los intereses particulares. Liderazgo político que genere confianza, trascendiendo el gremialismo partidista, y mostrando voluntad para conjuntar a las mejores personas, que se conviertan en garantes de una propuesta con visión de un país inclusivo, equitativo y solidario. Un liderazgo decidido a relanzar el país por los caminos de la paz y la justicia social requiere entereza, para poner a toda la ciudadanía a contribuir con generosidad -sin exclusiones, como se hace ahora con los que más tienen-, y a aportar lo mejor de sus recursos y capacidades, para proyectar la Costa Rica digna, justa y soberana en que habrán de vivir las próximas generaciones.

Quizá todavía estemos a tiempo para cambiar de rumbo, y no continuar abaratando la política, pilar esencial para una convivencia humana con justicia y paz social.

Sede de Puntarenas de la UNED inaugura la Primera Marcha Latinoamericana por la Noviolencia Multiétnica y Pluricultural

El pasado 15 de setiembre se dio el acto inaugural de la Primera Marcha Latinoamericana por la Noviolencia Multiétnica y Pluricultural. El objetivo es promover la cultura y la educación para la paz como valores de la sociedad.

La actividad se realizó de manera simultánea en diferentes países que forman parte de la iniciativa. En el caso de Costa Rica ,el evento fue promovido por la Sede Universitaria de la UNED en Puntarenas,  la Organización Mundo sin Guerras y sin Violencia y el Laboratorio Experimental de Artes Puntarenas (LEAP). 

Si desea más información sobre esta marcha puede contactar a Jeiner González al correo: jgonzalezb@uned.ac.cr.

En los próximos días habrá más marchas: 

28 de setiembre: Salida UNED Puntarenas y finaliza en Esparza.

29 de setiembre: Salida de San Ramón y finaliza en Grecia.

30 de setiembre: Salida de Heredia y finaliza en Ochomogo.

 

Créditos de la información para el medio Acontecer Digital.

Información compartida a SURCOS por Luis Sanabria Zaniboni. 

Una de cal y otra de arena

Por Jiddu Rojas Jiménez

Una objetiva buena noticia para Costa Rica, – independientemente de cualquier excusa partidista-, es el nombramiento como Vicepresidentes por JMFO, de Álvaro Ramírez y de Laura Arguedas.

Seamos honestos, al fin, una buena gran noticia, después del pasado balde de agua fría Neoliberal y de ver a RAS, gran empresario/ político ligado al TLC, coronando con su «Diputación Dorada»… Perdón por no poder mentir. 

Ahora, reflexionemos. Yo me pregunto honestamente:

¿Será suficiente la sana influencia cívica de estos dos excelentes cuadros Progresistas y Socialdemócratas, – gente capaz, patriota y decente-, en la propuesta de JMFO para contrarrestar, la influencia Neoliberal y Neoconservadora de los demás plutócratas en un gobierno PLN? ¿O no? 

¿Hay derecho a dudar o no? No de la calidad humana, profesional y ética, de estos probos nuevos candidatos a la Vicepresidencia. Jamás. En eso estamos claros. 

Sino de los poderes fácticos y políticos, que se nos imponen en una sociedad más desigual.

Digámoslo con toda franqueza. No será fácil su justa lucha interna contra la influencia del Neoliberalismo y del Neoconservadurismo en un PLN secuestrado, y con una clase dominante sin brújula nacional. Tan perdida en su egoísmo, como la esperanza ontológica en los sectores subalternos. Tal cual. 

En términos más operativos: Tampoco será fácil reencantar al Electorado, ni a los más jóvenes electores, ni a los más excluidos. 

Por otra parte, ¿es además realmente el puesto de la Vicepresidencia ese lugar de poder ideal en el Ejecutivo, para provocar cambios estructurales?

El tema estratégico, que sí queda demostrado ante esta brillante movida táctica, digna de un gran ajedrecista político, – digna de don José María Figueres Olsen-, es que el PLN «solito» no puede ganar estas Elecciones. Menos con este tipo de «campaña sucia» mediática, y llena de escándalos.

Y eso sí está muy claro. ¡Espabilen mejor! (Y eso es válido para muchos y muchas más). 

Es el momento de alianzas con los sectores sociales, ecológicos, y populares, que puedan estar interesados en enfrentar en una gran articulación popular a la Desigualdad y al recetario Neoliberal y Neoconservador.

¿Podrá sino PLN, al menos JMFO, con ese reto histórico necesario para construir una sociedad próspera con más Justicia Social y equilibrio ambiental? 

Esas son las preguntas válidas y legítimas, que los sectores auténticamente progresistas, realmente democráticos, y de avanzada, tenemos que preguntarnos, para luego meditar muy bien sus respuestas.

No se trata de «Principismos», ni de «Sectarismo de izquierdas», sino de prudencia y de un mínimo de coherencia política y ética. Sobre todo frente a la avalancha Neoliberal y Neocon que amenaza nuestras conquistas sociales. 

Aclarar además, que ni el pluralismo ideológico, ni la democracia, implican tolerar o cooptar o invisibilizar, la contradicción política, ideológica, discursiva, el sano debate, o disimular los antagónicos intereses económicos y de clase. Unir o articular (mejor aún) no implica insivilizar nuestras diferencias políticas.

Las diferencias y particularidades potencian, siempre y cuando, puedan evolucionar y converger como fuerza social motriz. 

 Las alianzas políticas estratégicas deben obedecer a lineamientos políticos y programáticos. Y Costa Rica necesita urgentemente, de una estas grandes alianzas estratégicas sociales y patrióticas. Tal y como se hizo exitosamente en 1943, con la aprobación de las Garantías Sociales. 

Esto es importante, aclararlo política, teóricamente, históricamente y moralmente. La ciudadanía necesita coherencia y transparencia, pero además muchas luces. 

Mientras, el todopoderoso Mercado y sus tentáculos, ídolos y adalides imponen inercialmente, sus intereses de forma obtusa y ciega. Aún en la crisis actual, saca ganancias a cualquier precio. Fragmentar, dividir, provocar, difamar, infiltrar, distraer, distorsionar, engañar, robar, traicionar, imponer, explotar, esa es su lógica política. O sea, de trata de una lógica social «Heteronómica» (Lo contrario del ejercicio ciudadano de la Autonomía política, libre, voluntaria, informada y racional) .

Y esta deshumanización, ha permeado nuestro sistema electoral y nuestra democracia representativa, intoxicándolos. La prueba es el tipo de escándalos mediáticos recientes, el desencanto ciudadano, y la desinformación organizada, más allá, del merecido desprestigio de nuestra «casta» política. 

Por eso el diálogo inteligente, patriótico y ciudadano, le estorba al Capitalismo Salvaje.

Ser Socialdemócrata o ser seguidor del ideario humanista de Don Pepe, implica respetar una orientación patriótica y ciudadana que fortalezca al Estado Social de Derecho, y a nuestra institucionalidad.

En esto, los legados políticos de Don Pepe y don Manuel Mora Valverde se encuentran en nuestra historia, y se estrechan la mano, como antes en Ochomogo (1948).

¿Será entonces posible un verdadero renacimiento Socialdemócrata con la Candidatura de JMFO? Veremos… 

La Economía Social de Mercado, la regulación pública del mismo mercado hacia el interés general y público, la primacía del Bien Común, la primacía del Mercado Interno, el Desarrollo Sustentable, las Economías Verde y Naranja, los impuestos directos al gran capital, la redistribución de la riqueza, deberían intentar detener esta crisis nacional y global.

Una verdadera Economía Social y Solidaria no sólo es posible, sino necesaria. La lucha frontal contra la evasión y la elusión fiscal, por tanto, se torna aún más necesaria frente a la exclusión. No hay chocolate sin cacao, se dice popularmente.

Necesitamos en consecuencia, construir una Patria más Incluyente. 

Personalmente, de momento sólo quiero felicitar sinceramente, – más allá de la política electoral sucia y necesariamente Heteronómica-, a ambos Candidatos a la Vicepresidencia de JMFO.

Mis mejores deseos para Doña Laura Arguedas, – comprobada luchadora por los Derechos Humanos-, y obviamente, al estimado amigo, Don Álvaro Ramírez, – cercano economista Keynesiano y Progresista-, y en general, a todos esos compañeros y compañeras tan valiosos de Vía Costarricense por su labor patriótica. 

Mis sinceros respetos.

 

Publicación tomada del Facebook del autor en el siguiente enlace: https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=4155430977899179&id=100002969526277&sfnsn=mo