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Doble llave y cadena: la clausura de la comunidad costarricense en tiempos de pandemia

-Memo Acuña González | ENSAYO–

En el año 2004, el productor y cineasta costarricense Hernán Jiménez presentó una de sus primeras obras audiovisuales en el país. La denominó Doble llave y cadena: el encarcelamiento de una ciudad, ganadora de la muestra de Cine y Video en aquel año.

En esta pieza, Jiménez expuso magistralmente las consideraciones sociológicas, psicológicas y urbanas de la transición entre una sociedad rural contemplativa y rupestre a una urbe urbana como San José, desordenada, fea e insegura. El eje con que presentó dicha transformación fue el aumento de la inseguridad. La pieza es narrada en primera persona, permitiendo conocer la forma como la subjetividad se va colocando frente a las transformaciones, los miedos, las incertidumbres del paso de un estado social, espacial, emocional, a otro.

Con el eje de la inseguridad, Jiménez no solo explicaba la reconfiguración estética de una ciudad como San José que en pocos años se convirtió en un «campo de concentración con seguridad perimetral». También planteaba la consolidación de un espacio geográfico y social donde se condensaron todas las desigualdades, tensiones sociales y destrucciones de confianzas mutuas y comunitarias, para dar campo a experiencias cada vez más individualizantes en los últimos 30 años. En este período, aparecieron los miedos hacia el otro, hacia los otros, generalmente diferenciados en razón de su color de piel y su proveniencia geográfica, fuera de las fronteras nacionales. Haciéndolo extensivo para el territorio costarricense, la sociedad en su conjunto se encerró en sí misma, se clausuró para resguardarse.

El audiovisual continua vigente luego de sus ya 16 años de estrenado. Sus premoniciones sobre un país que «se quedó por fuera» fueron cumplidas y se exacerbaron con la coyuntura de la pandemia COVID-19, que ha terminado por instalar el cierre de una comunidad política y social imaginada, hasta hace pocas décadas.

La base de esta clausura tiene múltiples dimensiones, algunas sociopolíticas, otras de orden sociocultural. Pero el principal rasgo que explica la fractura con la que cual Costa Rica acometió desde marzo de 2020 la actual coyuntura sanitaria, es la persistencia de un proceso cada vez más visible y permanente en esta sociedad: la construcción social de la desigualdad. Es este rasgo el que mejor describe una sociedad que se quedó por fuera, fue expulsada y contenida, mientras los vestigios de construcción social eran erosionados, minando la confianza y la solidaridad como construcciones identitarias comunes.

El escenario antes de la llegada del primer caso al país (6 de marzo de 2020) planteaba una sociedad profundamente desigual, que se había venido consolidando en los últimos lustros. De acuerdo con el Programa Estado de la Nación (2020), no todos los hogares costarricenses llegaron con las mismas condiciones a cumplir los requerimientos de las autoridades sanitarias en materia de confinamiento y distanciamiento social: de 1 600 000 hogares de Costa Rica, un 9 % de estos reside en viviendas en mal estado (144 000 hogares), y un 2 % vive en condiciones de hacinamiento (más de 3 personas por dormitorio, pulverizando así los requerimientos de casi dos metros de distancia dictados por las autoridades de salud); cerca de 15 % de las viviendas mide menos de 40 metros cuadrados y 104 000 viviendas (un 7 % del total) no tienen acceso a servicios básicos como agua, luz y manejo de residuos sólidos (PEN, 2020).

Los temas del distanciamiento social y la cuarentena, que en el caso de Costa Rica no es obligatoria completamente, desnudan realidades desiguales latentes en el ámbito de lo subjetivo y colectivo. Lo han planteado varios análisis desde la filosofía, la sociología, la psicología social, el arte. Lo dijo recientemente Boaventura De Souza Santos:

Cualquier cuarentena es siempre discriminatoria, más difícil para unos grupos sociales que para otros. Es imposible para un amplio grupo de cuidadores cuya misión es hacer posible la cuarentena al conjunto de la población. En este texto, sin embargo, atiendo a otros grupos para los que la cuarentena es particularmente difícil. Son los grupos que tienen en común una vulnerabilidad especial que precede a la cuarentena y se agrava con ella. Esos grupos conforman lo que llamo el Sur. En mi concepción, el Sur no designa un espacio geográfico. Designa un espacio-tiempo político, social y cultural. Es la metáfora del sufrimiento humano injusto causado por la explotación capitalista, por la discriminación racial y por la discriminación sexual (Recuperado el 8 de abril de 2020 de Surcos).

La crisis sanitaria global ha supuesto, para el caso costarricense, la continuación de una serie de clausuras, de encerramientos, de puesta del cerrojo a un estilo de vida, un proyecto de sociedad, una conformación comunitaria, para dar paso a una serie de procesos aún en transcurso y que la dinámica de la pandemia ha acelerado sin pausa y con una velocidad impresionante.

A esta coyuntura el país llegó resquebrajado, polarizado, partido. El juego de contrarios que ha venido siendo construido bajo la figura de la polarización social ha devenido en un reconocimiento fracturado de pertenencia a una comunidad amplia y homogénea, lo que produce de plano un tercer proceso de clausura aún en transcurso (los otros dos tienen que ver con la terminación de la comunidad sociopolítica y la transformación sociocultural): la lucha discursiva entre quienes pueden quedarse en casa y aquellos que, dada su imposibilidad material, continúan trabajando en oficios subterráneos, precarizados y riesgosos, los empleados públicos versus los privados, las élites que continúan movilizándose versus aquellos que son confinados, recluidos; los que viven en segregación social y territorial versus quienes pueden hacer de su confinamiento, una experiencia agradable y casi vacacional.

Los dos procesos de clausura precedentes ya los habíamos enunciado en otra ocasión para hacer referencia a la coyuntura social y política instalada en el país durante las elecciones de 2018. En esa ocasión hacíamos notar la conclusión de eso que Carlos Sojo denominara «lo costarricense» como mecanismo de integración horizontal.

Vale la pena traerlos a colación y recordarlos, como eslabones concatenados de una transformación sin pausa que experimenta Costa Rica en la actualidad y que se suma a lo que la pandemia ha dejado ver sobre la constitución comunitaria y social en el país.

Primera clausura: una refundación sociopolítica insuficiente

Uno de los pensadores centroamericanos mas claros en materia sociopolítica, el guatemalteco Edelberto Torres-Rivas, fallecido a finales de 2018, hacía una referencia sobre el escenario costarricense de los años ochenta, en los siguientes términos: «La cultura política del país es sólida porque mantiene vivas las mejores tradiciones de paz interna, estabilidad política, disgusto por las adhesiones ideológicas extremas y tolerancia» (Torres-Rivas, 2006).

Por otra parte, Carlos Sojo, en su ya gustado texto sobre la desigualdad (Igualiticos: la construcción social de la desigualdad. FLACSO, 2010) señala tres referentes normativos de la cultura política costarricense: la convivencia horizontal, la tolerancia y el pacifismo. En los últimos años, la certeza de esos referentes parece haberse difuminado.

Tales rasgos fueron encontrando expresiones de agotamiento que se evidenciaron en señales de transición y cambio de un sistema político y de partidos, que cristalizó en la coyuntura electoral de 2018. Los descontentos que se venían construyendo décadas atrás, finalmente produjeron los resultados de aquel período y que podrían ser denominados como la conformación de una nueva identidad política en Costa Rica, todavía en gestación.

Este es un elemento que no fue procesado en los dos años de la administración Alvarado Quesada y que se consolidaron con proyectos impositivos en materia fiscal así como la inhibición para que los movimientos sociales costarricenses pudieran mostrar sus inquietudes y expresarlas pública y colectivamente en las calles. Frente a ello, la sensación de una impunidad selectiva a favor de sectores económicamente fuertes, ha provocado enojos sociales inconvenientemente manejados.

Estos enojos siguen intactos y ni siquiera las referencias a un «equipo nacional», un «nosotros» lejano y difuso, tan utilizadas por los diferentes actores a cargo del manejo de la emergencia sanitaria actual, han logrado reducir dichos descontentos y colocarlos en un momento de pausa mientras la curva de la pandemia logra ser aplanada.

Crisis de partidos, crisis de franquicias

Lo que en aquel momento se denominó como crisis sistémica de los partidos empezó a cristalizarse luego de los acontecimientos de mediados de los años noventa, cuando un pacto entre élites y cúpulas políticas, denominado «Pacto Figueres-Calderón», dejó por fuera amplios sectores de la población y produjo su deterioro en las condiciones sociales, laborales y económicas; de hecho, se constituyó en el primer pacto o acuerdo nacional luego de los acontecimientos de la década de los años 40 del siglo anterior, que no tomó en cuenta otros sectores que no fueran las élites y las cúpulas.

La expresión de la crisis se evidenció en el aumento del abstencionismo por primera vez desde los años 40, cuando en las elecciones que declararon presidente a Miguel Angel Rodríguez, en 1998, sobrepasó el 30 %, porcentaje que no ha bajado desde entonces.

A inicios de la década de los años dos mil, aparecen las primeras expresiones partidarias denominadas no tradicionales, con la entrada a escena del Partido Acción Ciudadana (PAC) como propuesta «alternativa» a los partidos políticos tradicionales. Luego haría su aparición con gran suceso electoral el izquierdista partido Frente Amplio, teniendo el resultado más contundente que registra la historia del país para una denominación de este tipo. Su posterior desempeño, errático y inexperto en las lides políticas, le pasaría factura al reducirle de nuevo la expresión a un partido nuclear y concentrado en el centro del país, pero sin llegar a tener un peso político fundamental hasta ahora.

También se producen en esa década las primeras expresiones de cambio en el sistema político electoral del país: irrumpen las segundas rondas como traducción del descontento con la política y los políticos y la imposibilidad de tomar decisiones entre la oferta existente; estalla un multipartidismo expresado en varias fracciones legislativas que vuelven complejo el escenario de construcción de consensos; se evidencian propuestas partidarias caracterizadas por constituir franquicias electorales más allá de su solidez ideológica y programática; se producen distribuciones y redistribuciones territoriales de clivajes tradicionales y, más recientemente, se acude a la conformación de un electorado «volátil», pero no maduro, que expresa en el fraccionamiento de sus intenciones de voto, esa crisis sociopolítica iniciada años atrás.

El primer cierre, el de la refundación política, deja atrás aquellos rasgos de especificidad marcados por Torres-Rivas y Sojo para la Costa Rica de los años ochenta. Denominada de muy diversas maneras (crisis de partidos, crisis de representación, colapso del sistema de partidos, etcétera), tal refundación parece dar paso a la conformación de una experiencia todavía no identificada, nuevas narrativas y prácticas político-partidarias que deberán asomarse tímidamente cuando la pandemia deje territorio costarricense, al despuntar el año 2021, apenas unos meses antes de las elecciones nacionales de 2022.

Finalmente, y no menos importante de considerar, resultan expresiones sociopolíticas que llegaron para quedarse. Forman parte de dinámicas regionales latinoamericanas gestadas durante décadas, con el aumento de la participación política de denominaciones religiosas evangélicas y neopetencostales.

Su trabajo de base les hizo pasar de 4 diputaciones en 2014 a 14 en 2018, pero en los años precedentes venían experimentando sus primeras incursiones en la arena política nacional. Con cerca de 4 000 congregaciones en todo el país, es una estructura que desearían tener algunos de los partidos políticos tradicionales para volver a reencantar a sus «feligresías» e incluyen más de 300 organizaciones entre las que figuran comedores, hogares para adultos mayores, casas de atención para indigentes, universidades, colegios, escuelas, fundaciones, guarderías, hospitales, clínicas, canales de televisión, emisoras de radio, programas para indígenas y privados de libertad (El Financiero).

Poseedoras de una sólida argumentación espiritual (construcción de una narrativa única sobre los valores a restablecer-restaurar) que supieron combinar con el ejercicio de la retórica política, hacen parte de estrategias ya utilizadas en el pasado para el convencimiento: en 2007 las empresas privadas amenazaron a sus trabajadores con el desempleo si no era aprobado el TLC con Estados Unidos; en 2018 las iglesias evangélicas prometían la salvación de las almas a sus seguidores, promoviendo el voto en masa para el partido Restauración Nacional.

Un ciclo político ha terminado en el país y ha comenzado otro. Lo costarricense que se afincaba en esa identidad, empezó a desdibujarse.

Segunda clausura: una transformación sociocultural en marcha

Costa Rica entró desde hace unos décadas en una ruptura sociocultural sin pausa, manifestada por los signos de conservadurismo, que han encontrado eco en expresiones políticas como las ya indicadas anteriormente. La transición entre una sociedad abierta y otra cerrada, como lo plantea el documental de Jiménez, ha sido intensa, furiosa y con efectos en las dinámicas sociales y colectivas que hoy mismo se visualizan en los efectos de la pandemia más allá de sus consideraciones para la salud pública.

Asistimos a los momentos más álgidos de tensión entre una sociedad liberal y una experiencia conservadora. Según Núñez (2000), los elementos aglutinadores e integradores de una sociedad parecen, en el caso de Costa Rica, haber cumplido su vida útil. La comunidad religiosa, en el sentido filosófico del término, sugiere estar siendo amenazada por la fragmentación identitaria que se manifiesta en la sociedad costarricense de la actualidad.

Desde hace algunas décadas se vienen agregando algunos ingredientes de estos cambios socioculturales, tales como la desafección con la institucionalidad en todos sus niveles, los marcos de convivencia fracturados (o, como señala Nuñez, un pacto social con límites) y procesos de individuación de las experiencias sociales que denotan la constitución de nuevas formas de cohesión social, basadas en la incorporación al mercado como organizador social.

Lo que Jiménez en su documental supone, es que ya la erosión de lo colectivo-comunitario estaba instalada en el escenario costarricense y que la inseguridad como problema contribuyó a agudizar: la gente se atrincheró sola, buscando su protección individual y no la resolución colectiva. Esta base de lo individualizante de los procesos, podría estar explicando por qué una porción no marginal de costarricenses insisten en desconocer las órdenes sanitarias de inmovilidad.

Pero luego vinieron otros procesos que fueron minando la confianza: la desafección política, los actos de corrupción cometidos por esa misma clase dirigente, la impunidad con que han sido tratados procesos de elusión, evasión y declaración de cero utilidades de parte de empresas provenientes de las élites económicas y financieras del país. Una sociedad así constituida permanece cerrada, una comunidad diluida en formas competitivas (revestidas bajo el mito del emprendedurismo) e individualizantes.

Otras identidades

Ahora bien. Existen seguramente otras configuraciones sociales basadas en el rubor del mercado. Lo que las encuestas sociopolíticas de los últimos años no lograron registrar fue el surgimiento y consolidación de un grupo social más grande que todos los demás en su identidad política: indecisos, abtencionistas, volátiles.

Se trata de la conformación de una comunidad que encuentra felicidad en su capacidad de consumo: Hacia finales de 2017, la deuda total con tarjetas de crédito en Costa Rica alcanzó, ₡1 196 995 millones, un 11 % más que el mismo trimestre del año anterior y calculó una circulación total de 2 628 751 plásticos para un promedio de deuda por tarjeta de ₡ 455 347. Estos números habrán aumentado pero deberíamos preguntarnos ahora si esta comunidad fue pulverizada por la pandemia o logró resistir sus embates.

Ante estos datos, no queda duda sobre el tipo de sociedad que está emergiendo. Aquellos mitos fundacionales (Sojo, 2011; PEN, 2016) sobre los que una vez descansó la constitución de la identidad nacional, parecieran estarse transformado en otro tipo de experiencia. La convivencia es una aspiración y no una realidad; la tolerancia, una exigencia, más que un valor.

En el marco de la coyuntura de la pandemia y las indicaciones de distanciamiento social provenientes de las autoridades de salud costarricenses, dueños de una desesperación al límite, grupos de costarricenses se han abalanzado sobre los supermercados, han agredido autoridades de tránsito o simplemente se han descolocado frente a la sospecha: una persona consultada en las inmediaciones del ferry de Paquera sobre su lugar de origen, insistía en diferenciarse de los otros: «yo no soy turista, yo no soy turista», decía.

La profundización de los miedos sociales y las incertidumbres se ha depositado una vez más sobre la desconfianza en los otros, los que están al otro lado de la frontera. Bajo la ilusión de un cuido colectivo (que existe comprometido, fragmentado, parcial), se argumenta que debido a la poca acción del Gobierno nicaragüense, los costarricenses corren peligro de ser infectados por ese otro cuerpo proveniente de afuera. De nuevo, una vez más, como en tantas coyunturas, la construcción del pánico social pone rostro, clase y nacionalidad a esos miedos construidos.

Estos procesos socioculturales se amplían sobre la base del desarrollo de dinámicas de larga data que han impactado en la sociedad como conjunto:

  • Profunda fragmentación territorial que incide en experiencias de convivencia social y cultural. Este aspecto no es menor en el tipo de sociedad que está emergiendo.
  • Continuo bloqueo al ejercicio de derechos de algunas agrupaciones sociales. En el 2015, una encuesta sobre temas de coyuntura elaborada por el Programa Umbral Político del Instituto de Estudios Sociales en Población, planteaba rasgos de desacuerdo importantes con las uniones civiles de personas del mismo sexo, el uso medicinal y recreativo de la marihuana y el aborto terapéutico o como producto de violación. Algunos de estos temas fueron parte de la agenda que polarizó política y electoramente al país hasta la fecha. Se trata de la expresión local, de un giro conservador de amplias manifestaciones que se viene produciendo en muchas partes del planeta. América Latina no escapa a estas manifestaciones, que seguirán operando sin lugar a dudas sobre los procesos de integración social en transcurso.
  • Fortalecimiento de noción de patrimonio corporal hacia mujeres, niños, indígenas. Este aspecto evidencia ciertamente una fractura social sin retorno en el país. La relación entre algunas denominaciones evangélicas con el conservadurismo político son justamente la importancia asignada a la propiedad y el éxito material. Dos aspectos que en Costa Rica parecieran estarse solidificando. Y no hablamos solo de la propiedad material, sino de la propiedad sobre los sujetos, sobre los cuerpos. Por otro lado, el éxito comercial-religioso tiene caldo de cultivo en una sociedad cada vez más entregada al mercado, tal y como quedó evidenciado anteriormente.

Las anteriores manifestaciones indican rasgos de una transformación sociocultural en transcurso, que no ha detenido su marcha ni siquiera con la coyuntura de la pandemia. El consumo, la pertenencia a un mercado y el desarrollo de realidades sociales de verdadero distanciamiento suponen una clausura evidente que continúa su marcha.

Tercera clausura: la tensión entre nuevos enojos y la consolidación de una agenda económica y financiera hegemónica en tiempos de pandemia

Costa Rica arribó al escenario de la pandemia global con claros signos de agotamiento en su conformación como comunidad imaginada. A la clausura sociopolítica y la transformación sociocultural, base de nuevas identidades aún incompletas, se debe agregar el aumento de la desigualdad como la base de las principales dificultades en materia social, económica y cultural, lo que impacta y erosiona de forma directa la constitución de colectividad en Costa Rica.

Hoy no solo está simbólica y realmente encerrada esa comunidad: está clausurada. Existe mediana claridad que un punto de no retorno es lo que ocurrirá con un buen porcentaje de población nacional desempleado, viviendo en condiciones precarias y con acceso a servicios sociales comprometidos, producto de la segregación y fragmentación social en la que viven.

¿Irrespetos, desobediencias: nuevos enojos o continuación de los viejos?

Explicar el porqué de las diversas actitudes de desconocimiento y desobediencia a las indicaciones de las autoridades costarricenses es complejo, pero podría referirse a esa polarización ya instalada y a la idea de que una comunidad por la que todos se sentían interpelados e incluidos ha sido poco a poco clausurada, redefinida. El no reconocimiento a esa comunidad podría hacer perder el valor de defenderla, de jugar todos en un mismo equipo, de «remar parejo».

En el primer fin de semana de aplicación de multas «severas» a quien infringiera una restricción vehicular sanitaria (107 000 colones, un poco más de 200 dólares), fueron levantados 1 300 partes. Entre los multados se encontraban conductores infringiendo no solo esa disposición de contingencia, sino otras, relacionadas con documentos vencidos, placas de sus automóviles sin vigencia o conducción bajo los efectos del licor.

A inicios de Semana Santa, una familia intentó construir un campamento en una playa, pese a la orden de cierre y prohibición para visitar lugares turísticos, que fueron clausurados por disposiciones de las autoridades nacionales. («Guardacostas destruyen rancho levantado por vacacionistas en Limón». Recuperado el 8 de abril de 2020 en La Nación).

En la última semana, dos personas dedicadas a la actividad del surf fueron interceptadas por autoridades policiales costarricenses, en virtud de la violación a la prohibición de permanecer en playas nacionales que estaban presentando.

El continuo desafío, el permanente desconocimiento a las reglas del juego promovidas por las autoridades sanitarias en conjunto con las representantes en materia de seguridad, ejemplifican el quiebre de una noción colectivizada, la ruptura de una idea de solidaridad que poco a poco fue dando paso a la constitución de experiencias individualizantes que hoy cuestionan los procesos de cuido colectivo y comunitario en el caso costarricense.

Ni siquiera el coloquial «no jueguen de vivos», expresión utilizada en Costa Rica para caracterizar una actitud de arrogancia, de querer «pasarse de listos» y que fuera emitida por el Ministro de Seguridad para advertir a la población costarricense sobre el impacto de la multa en sus bolsillos y comportamiento, detuvo el permanente desafío de un sector de la población costarricense ante las solicitudes institucionales de confinamiento y aislamiento social.

Cabe señalar que la existencia de pequeños reductos de apoyo y confianza mutua, son resabios de identidades políticas y colectivas ya difuminadas. Las experiencias de ayuda con alimentos y dinero entre personas está siendo un lugar común en Costa Rica desde varias semanas, pero no alcanzan para constituir una nueva forma identitaria en el país.

¿Por qué, entonces, la actitud de muchos costarricenses? Hay quienes la señalan como irrespeto, otros indisciplina, otros desidia, otros falta de solidaridad con el colectivo. Son grupos pequeños pero persistentes. No tienen nada que ver con los cientos de costarricenses que aún se mantienen en sus puestos de trabajos, empezando por los de la primera línea en materia de salud pública y atención de la emergencia, siguiendo con los de los oficios informales y las actividades subterráneas y precarizadas que mantienen en pie a los negocios de ventas de comidas y entrega de medicamentos. Entre estos dos grupos, un verdadero contingente de personas trabajadoras en la informalidad salen si o si, con restricción o sin ella, a generar el único ingreso posible que les permita subsistir en la pandemia y cuando esta acabe.

Estudiar la base social de esos grupos en desacato es un reto y desafío en lo que viene. Podría explicarnos nuevas lógicas de enfrentamiento entre un sector de ciudadanía distante y el Estado, enojos y frustraciones que encuentran en la prohibición de la movilidad un motivo más para expresarse o simplemente una desconexión consiente con el contexto de riesgo y amenaza para la salud pública.

¿Estamos juntos en esto Fernández: reme?

En Costa Rica la expresión jugar de vivo, en buen coloquio, alude a aquella persona que valiéndose de circunstancias específicas acciona para sacar provecho de ellas: pagar coimas, saltarse una fila en un banco, cruzar en rojo en su semáforo, burlar la autoridad.

Sin embargo, esta expresión, utilizada por el Ministro de Seguridad de Costa Rica durante una de sus comparecencias para informar el estado del país en la materia y anunciar nuevas disposiciones en cuanto a la movilidad vehicular en tiempos de pandemia, bien podría ser útil para caracterizar los intentos de los sectores hegemónicos en materia económica y financiera del país, para impulsar su agenda y ser, de paso, salvados y protegidos por el Estado.

En las últimas semanas su llamado al Gobierno costarricense para que accione sobre el aparataje del sector público en materia salarial, bajo el discurso sacrificial del bien común, no se corresponde con las denuncias sobre elusión y evasión fiscal, deudas a las instituciones costarricenses y declaración de ganancias cero para no pagar la carga impositiva respectiva, que pesa sobre sus espaldas. Son aquellos personajes de la viñeta de Quino, todos sentados en el mismo lado de una embarcación pequeña azotada por una tempestad y a punto de hundirse, obligando al empleado Fernández a remar bajo la consigna de salvarse todos. Sabrá el lector o lectora, a cual Fernández nos estamos refiriendo.

La restitución de los mecanismos de confianza y de acciones colectivas serán oportunas para avanzar hacia la refundación de una experiencia distinta de país. Por lo pronto, no solo la amenaza de la pandemia se cierne sobre su geografía social y cultural. Para que esa confianza nazca de nuevo, deben ser removidas las cadenas y las llaves que llevaron al país a clausurar su comunidad política y social construida, encontrar otras formas de «lo costarricense» al decir de Carlos Sojo, que sin escencializar el término, permita a esta sociedad sentirse con la capacidad y la certidumbre de remar en condiciones de igualdad hacia un mismo objetivo.

Mientras sectores extractivos como los del empresariado de élite costarricense sigan su juego de desmantelar el Estado y destruir el empleo público, la tempestad seguirá arreciando y ni Fernández ni ellos mismos tendrán oportunidad de salvarse.

El proceso de prevención del aislamiento social que ha transformado sujetos en vectores sociales (Citro y Roa, 2020) ha producido además una peligrosa reedición de la individualidad que dificulta la construcción de un nosotros social. «Yo me quedo en casa», «yo me lavo las manos», «yo hago la cuarentena», son discursos e interpelaciones que permean la voluntad de una construcción colectiva y una actitud política distinta.

En el documental de Hernán Jiménez queda claro el mensaje: es necesario abrir las puertas para reconstruir eso que hoy es un concepto quizá muy complejo de entender: construir solidaridad comunitaria como eje fundamental de la experiencia social. O como Citro y Roa plantean en su reciente reflexión: es urgente la necesidad de recuperar, transformar y reinventar las artes de la reexistencia colectiva, para generar lazos sociales de igualdad confraternidad incluidos en una communitas diversa y solidaridad, la necesidad de trabajar las micropolíticas intersubjetivas colaborativas a fin de romper esa asilamiento político y social provocado no solo por la pandemia, sino por décadas de destrucción del tejido social y colectivo.

A ese proceso, mientras quienes podamos quedarnos en casa, deberemos de abocarnos todos y todas como base de construcción de un activismo que devuelva ese sentido de participación, comunidad, proyecto. Es esencial volver a ello.

Referencias

Citro, Silvia y Roa, María Luz. (2020). Pandemia: yo me quedo en casa pero en communitas. Disponible en LATFEM

De Souza santos, Boaventura. (2020). Al sur de la cuarentena. Disponible en Surcos.

El Financiero. (2018). Movimiento evangélico en Costa Rica. Del servicio de Dios a la conquista política. Disponible en El Financiero.

Jiménez, Hernán. (2004). Doble llave y cadena: el encarcelamiento de una ciudad. Audiovisual. Disponible en YouTube.

Nuñez Ladeveze, Luis. (2000). La ficción del pacto social. Editorial Anaya, Madrid.

Programa Estado de la Nación. (2020). Las desigualdades que enfrentan los hogares en cuarentena. Disponible en Estado Nación

Torres- Rivas, Edelberto (2006). La piel de Centroamérica. Una visión epidérmica de 75 años de su historia. Flacso, Costa Rica. Disponible en Flacso

Sojo, Carlos. (2010). Igualiticos: la construcción social de la desigualdad en Costa Rica. Flacso, Costa Rica. Disponible en Flacso

Fotografía principal de EFE/Jeffrey Arguedas, tomada de EFE.

 

Fotografía principal de EFE/Jeffrey Arguedas, tomada de EFE.

Fuente: https://gazeta.gt/

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Reencuentro con la Madre Tierra, tarea urgente para enfrentar las pandemias

“Ojalá que la pandemia del coronavirus, como la peste en la Antigua Grecia, resulte un acontecimiento histórico que alcance a instaurar en la conciencia humana la inteligencia de la vida; que logre recodificar el silogismo aristotélico ´todos los hombres son mortales´, para recomponer la vida de Gaia, de la Pachamama. Para instaurar en el pensamiento a un nuevo silogismo: la vida es naturaleza/Soy un ser vivo/soy naturaleza.”
Enrique Leff

Por Alberto Acosta*

16 de abril, 2020.- La Humanidad, con la pandemia del coronavirus, parece vivir una película de terror, que nos confronta de forma brutal y global con la posibilidad cierta del fin de su existencia en el planeta. Sin ser una película, siendo una dura realidad, se trata de una mega producción que está en marcha desde hace tiempo atrás. Esta pandemia no surge de la nada, no es el producto de un simple complot. La pandemia del Covid-19 nos confronta con una realidad que se ha venido deteriorando aceleradamente desde hace unas siete décadas por lo menos, pero aún con más brutalidad en el último tiempo. Aceptemos también que la recesión económica nos es un producto del coronavirus, pues ya empezó a golpearnos desde el año anterior.

Esta difícil hora nos convoca a memorizar, reflexionar y actuar.

Vivimos una crisis múltiple, generalizada, multifacética e interrelacionada, a más de sistémica, con claras muestras de debacle civilizatoria. Nunca afloraron tantos problemas simultáneamente, que rebasan lo sanitario, mostrando efectos en lo político, económico, ético, energético, alimentario y, por supuesto, cultural. Pero los graves problemas no se quedan en esas dimensiones, pues también hay efectos ambientales inocultables.

“La pandemia del Covid-19 nos confronta con una realidad que se ha venido deteriorando aceleradamente desde hace unas siete décadas por lo menos, pero aún con más brutalidad en el último tiempo. Aceptemos también que la recesión económica nos es un producto del coronavirus, pues ya empezó a golpearnos desde el año anterior”.

Para empezar, reconozcamos la realidad como es, por más dura que sea. Ya no hablemos más de cambio climático. Seamos precisos en los términos. Estamos en medio de un colapso climático: No podemos olvidar que los cambios en el clima han sido parte consustancial en la historia de la Tierra. Y este colapso lo hemos fraguado los seres humanos en el marco de lo que se conoce superficialmente como el “antropoceno”; en términos correctos corresponde al “capitaloceno”.

La crisis del coronavirus y sus riesgos

A partir de esa rápida introducción cabe hacer una lectura en clave de crisis. Los dos kanjis de la palabra crisis en chino nos plantean la cuestión: problemas y oportunidades.

Los orígenes profundos de esta crisis multifacética son fáciles de avizorar. Mencionemos algunos. Consumismo y productivismo que arrasan con los recursos del planeta y que liquidan los equilibrios ambientales. Tecnologías que, en lugar de alivianar la vida de los seres humanos, aceleran la acumulación del capital afectando cada vez más la psiquis de las sociedades, al tiempo que permiten consolidar un Estado cada vez más autoritario, como en China. Ambición y egoísmo que conducen a la destrucción de tejidos comunitarios y a la profundización de un individualismo transformado en una enfermedad social. Hambre de millones de personas, no por falta de alimentos, que sobran, sino porque mucha gente no tiene capacidad para adquirirlos (o producirlos) o simplemente porque se los desperdicia; se especula con ellos; se alimenta automóviles: biocombustibles; se depreda la biodiversidad; mientras en otros segmentos golpea la obesidad. Extractivismos desbocados que destrozan las bases de la vida y consolidan un sistema económico inequitativo y depredador. Flexibilización laboral para ser competitivos aumentando la explotación del trabajo. Predominio de las finanzas, sobre todo en su fase especulativa, sobre las actividades de producción de bienes y servicios, que, a su vez, superan en mucho la capacidad de resilencia de la Tierra. Culto a la religión del crecimiento económico permanente que desborda los límites biofísicos del planeta. Y todo para asegurar la acumulación del capital, que impulsa una imparable mercantilización de la vida, un verdadero “virus mutante”. Todo esto sintetiza el libreto de esta gran mega producción de la destrucción, que está en cartelera desde hace mucho tiempo atrás.

«Ya no hablemos más de cambio climático. Seamos precisos en los términos. Estamos en medio de un colapso climático: No podemos olvidar que los cambios en el clima han sido parte consustancial en la historia de la Tierra. Y este colapso lo hemos fraguado los seres humanos en el marco de lo que se conoce superficialmente como el “antropoceno”; en términos correctos corresponde al “capitaloceno”.

Ahora, los voceros del poder, ignorando esas constataciones inocultables, claman para que nos preparemos a recuperar el tiempo perdido. En este punto, sin ampliar más en las amenazas y riesgos avancemos avizorando las oportunidades, pues lo concreto es que no podemos volver a la normalidad porque la normalidad es el problema. En realidad, se trata de una a-normalidad producida por el capitalismo.

Reconstruyendo y construyendo vacunas para las pandemias

En este momento cobran renovada fuerza las alternativas existentes en diversos rincones del planeta. Hay una variedad de nociones y visiones diferentes y complementarias de cómo imaginar y lograr una transformación socio-ecológica vital, imposible de conseguir con los enfoques de la Modernidad. Son visiones que incluso nos permiten leer de otra manera la realidad con el fin de comprender de mejor manera el mundo en que vivimos, al tiempo que nos invitan a revisar nuestras tradicionales categorías de análisis.

Algunas de estas nociones emergentes son una suerte de renacimiento de las cosmovisiones de los pueblos indígenas; otras han surgido de los movimientos sociales y ecologistas relacionados con viejas tradiciones y filosofías; y, muchas más son respuestas de diferentes grupos compuestos por diversas personas que enfrentan la dura y frustrante cotidianidad con acciones que comienzan a configurar alternativas incluso con capacidad de transformación civilizatoria. Esta ebullición de alternativas se vive en medio de la pandemia a través de la construcción de una multiplicidad de respuestas emanadas desde la creatividad y el trabajo de las comunidades.

A diferencia del desarrollo, que es un concepto basado en un falso consenso, estas visiones alternativas no pueden ser reducidas a una única visión y, por lo tanto, no representan un mandato global indiscutible. Tampoco pueden aspirar a ser adoptadas como una meta común por organizaciones internacionales para recién entonces hacerse realidad. Muchas de estas ideas nacen como propuestas radicales de cambio especialmente desde ámbitos locales, especialmente comunitarios, pero las hay también de alcance nacional e inclusive global.

Esta deconstrucción del desarrollo abre con fuerza la puerta del Buen Vivir, una cultura de la vida con denominaciones y variedades diferentes en distintas regiones de Sudamérica: sumak kawsay o suma qamaña; ubuntu, con su énfasis en la reciprocidad humana en Sudáfrica y varios equivalentes en otras partes de África; swaraj con su énfasis en la autosuficiencia y el autogobierno, en India; y muchas otras. Los postulados ecofeministas y el paradigma del cuidado representan otro aspecto muy potente dentro de este arcoíris post-desarrollista, que necesariamente debe ser también post-extractivista. La necesidad de liberar a la salud y a la educación del ámbito mercantil resulta indispensable. Y por cierto hay que incorporar todo el aporte decolonial.

El Buen Vivir representa, en suma, una clara alternativa al desarrollo, más allá de los vaciamientos conceptuales que ha sufrido por parte de los gobiernos progresistas de Bolivia y Ecuador. Ese Buen Vivir indígena -pensemos lo que sucede en la Amazonía, por ejemplo- es el que muchas veces ha permitido proteger los bosques y las selvas, los páramos, las fuentes de agua y la misma diversidad biológica y cultural, como acción concreta para enfrentar el colapso climático. Y el principio que le inspira -pensado en plural: buenos convivires- es la armonía o, si se prefiere, el equilibrio en la vida del ser humano consigo mismo, de los individuos viviendo en comunidad, entre comunidades, pueblos y naciones. Y todos, individuos y comunidades, conviviendo en armonía con la Naturaleza. En definitiva, los humanos somos Naturaleza.

Una cura para las pandemias…

Recuperar y construir relaciones de armonía con la Naturaleza es la gran tarea. Hay que parar su explotación desenfrenada; hay que desmercantilizarla; tenemos que reencontrarnos con ella asegurando su regeneración, desde el respeto, la responsabilidad y la reciprocidad, desde la relacionalidad.

Para lograrlo tenemos que cambiar la historia de la Humanidad, esa historia de dominio del hombre -sí, en masculino- sobre la Naturaleza. Por siglos, la relación sociedades-medio ambiente ha estado marcada por el utilitarismo y la explotación de recursos. Esta realidad da cuenta de la separación entre Humanidad y Naturaleza. Y eso condujo a una relación de subordinación de la Naturaleza -reforzada por las ideas de “progreso” y “desarrollo”-, que es lo que a la postre ha generado todo tipo de pandemias -recordemos los recientes incendios en la Amazonía- que apuntan hacia una terrible catástrofe socioambiental.

«Lo concreto es que no podemos volver a la normalidad porque la normalidad es el problema. En realidad, se trata de una a-normalidad producida por el capitalismo».

Pero a la vez, sobre todo en medio de esta mega crisis, asoman con fuerza las posibilidades de reencuentro de la Humanidad con la Madre Tierra, a partir de visiones como las mencionadas del Buen Vivir. Este será un proceso, largo y complejo, reforzado por las luchas de resistencia y re-existencia desde diversos grupos populares, en especial indígenas.

Aunque los indígenas no tienen un concepto de Naturaleza como el que existe en occidente, su aporte es clave. Ellos comprenden perfectamente que la Pachamama es su Madre, no una mera metáfora. En este sentido todo esfuerzo por plasmar los Derechos de la Naturaleza se inscribe en una reiteración de un mestizaje emancipador provocando un ¨híbrido jurídico”, donde se recuperan elementos de todas aquellas culturas occidentales e indígenas emparentadas por la vida. Y que encuentran en la Pachamama el ámbito de interpretación de la Naturaleza, un espacio territorial, cultural y espiritual, que no puede ser motivo de mercantilización ni de exclusión.

Sin llegar a romantizarlas, las comunidades indígenas -portadoras de una larga memoria- han demostrado que el ser humano puede organizar formas de vida sustentable. Tal relación armoniosa con la Naturaleza -presente en muchos recintos del mundo indígena, no en todos- se sintoniza con la “sustentabilidad”; concepto que, por cierto, se lo ha pervertido y trivializado en extremo, incluso cuando con él se quiere maquillar el desarrollo presentándolo como sustentable.

Los Derechos de la Naturaleza centran su atención en la Naturaleza, que obviamente incluye al ser humano. La Naturaleza vale por sí misma, sin importar los usos que le den las personas, implicando una visión biocéntrica. Estos derechos no defienden una Naturaleza intocada. Estos derechos propugan mantener los sistemas y conjuntos de vida. Su atención se fija en los ecosistemas, en las colectividades.

Pero hay que ir más allá. No se trata de buscar un equilibrio entre economía, sociedad y ecología; menos aún usando como eje articulador abierto o encubierto al capital. El ser humano y sus necesidades deben primar siempre sobre el capital, pero jamás oponiéndose a la armonía de la Naturaleza, base fundamental para cualquier existencia.

Esta combinación de aproximaciones es clave.

«Recuperar y construir relaciones de armonía con la Naturaleza es la gran tarea. Hay que parar su explotación desenfrenada; hay que desmercantilizarla; tenemos que reencontrarnos con ella asegurando su regeneración, desde el respeto, la responsabilidad y la reciprocidad, desde la relacionalidad.»

Hacia el pluriverso, un mundo sin pandemias…

En una época en la que el neoliberalismo y el extractivismo desenfrenado brutalizan la vida diaria de los ciudadanos y las ciudadanas de todo el mundo, en particular de los habitantes del Sur global, es primordial que voces contestatarias y movimientos populares se comprometan en un esfuerzo concentrado de investigación, participación, diálogo y acción, inspirado en los movimientos de base y a los cuales, a su vez, les rindan cuentas. Necesitamos nuestras propias narrativas. Los actos de resistencia y re-existencia dan esperanza aquí y ahora. Y por eso hablamos de que ya se puede escuchar la respiración de un futuro diferente en el marco del Pluriverso: un mundo donde quepan todos los mundos, garantizando la vida digna a todos sus seres humanos y no humanos.

Es la hora de las estrategias y las luchas en todos los niveles escalares de acción. Un punto de diferencia, que necesitamos explorar, es la dirección de nuestros esfuerzos. No se puede esperar mucho de los niveles de los estados nación o los ámbitos globales, pero hay que intentar incidir incluso en ellos, aunque sea para negociar algunas conquistas. El campo de acción aparece en donde y desde donde actuar propiciando vidas mancomunadas, en espacios comunes cohabitados por lo plural y la diversidad, con igualdad y justicia, con horizontes colectivos, para resistir el creciente autoritarismo y construir simultáneamente los buenos convivires.


*Alberto Acosta es un economista ecuatoriano. En la actualidad es profesor universitario, conferecista y sobre todo compañero de lucha de los movimientos sociales.

Fuente: http://www.servindi.org/
Compartido por Alberto Gutiérrez Arguedas.

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Derecho de respuesta: Ennio Rodríguez

SURCOS recibió el siguiente mensaje de correo electrónico:

«Estimados representantes del medio Surcos Digital.com:

En respuesta a la publicación realizada en su medio de comunicación, en la que se publica una carta enviada al presidente del Colegio de Ciencias Económicas de Costa Rica, Ennio Rodríguez, le enviamos la respuesta a esa carta.

Le adjunto el link:

Por esta razón para que puedan darle seguimiento a esa información, y con la versión oficial del Colegio, les solicitamos con mucho respeto realizar la publicación, o tomarla en cuenta para una nota y su divulgación en su prestigioso medio.

Saludos, y cualquier duda, consulta o ayuda, estamos para servirles.

Josué Sánchez Ruiz, encargado de Comunicación, Colegio de Ciencias Económicas».

En atención a esa solicitud, SURCOS publica la respuesta citada (descargar), la cual nos fue enviada en formato PDF:

La guerra del Coronavirus y sus daños colaterales

Vladimir de la Cruz

El impacto de la Pandemia del Coronavirus COVID-19 es de tal magnitud, por su alcance y trascendencia internacional, que ha roto, ha quebrado, todo el orden de las relaciones internacionales en todos los sentidos. Ha afectado obviamente las relaciones comerciales, productivas, de los procesos de encadenamiento económico a nivel internacional y a nivel local de cada uno de los países afectados.

Ha afectado áreas productivas, mercados internacionales de producción y abastecimientos de partes para la industria en general, ha afectado mercados de mano de obra barata en todos los continentes, ha afectado los mercados de colocación de mercaderías, estimulando, en cierta forma, todavía a escala reducida, los mercados internos de producción y de abastecimientos. Su impacto social, aún no evaluable, es el de llegar a causar mayor pobreza general y de mayor pobreza extrema en todos los países, junto el hambre, “hambrunas”, para grandes masas de personas, quizá sin que hayamos superado el impacto de la presencia del COVID-19.

El mundo del transporte aéreo, terrestre y marítimo se desplomó, por los controles de la expansión del Coronavirus que se han impuesto. La industria y la actividad turística, en todas partes del mundo, ha caído, con expectativa negativa para los próximos 18 meses por lo menos, y la economía de encadenamientos sujeta a ella ha sufrido igual impacto.

Las pequeñas empresas productivas, la MIPYMES y PYMES en general, son las más golpeadas, las empresas de venta y consumo de comidas, de servicios han cerrado estrepitosamente, creando un mayor impacto en las economías nacionales cuando estas pequeñas empresas son mayoritarias, y mayoritariamente empleadoras, en las actividades económicas de cada país, que con poca o baja contratación de personal, son también las que mantienen la mayor cantidad de empleo nacional, y en la situación actual conducen, por sus cierres, a que los índices de desempleo real aumenten de modo preocupante, agravando la situación social, de vida, de trabajo, de hambre real y de tensiones sociales y políticas que ello pueda producir.

El COVID-19 ha afectado el mundo del trabajo provocando cierres de empresas, despido de empleados, rebajo de jornadas de trabajo, nuevas formas laborales intensivas como el tele trabajo, el trabajo parcial con reducción de jornadas, y rebajo consecuente de salarios y beneficios sociales, desempleo total y desempleo parcial, con pérdida y reducción de salarios y sus beneficios sociales, ha afectado la capacidad de pago de obligaciones de trabajadores, de pequeños, medianos y algunos grandes empresarios. Los sindicatos mismos van a sufrir este impacto en su afiliación real, en sus cuotas de pago sindicales, así como en su actividad organizativa, y hasta en sus luchas.

Ha afectado los vínculos diplomáticos alterando las relaciones de países fronterizos por los cierres de fronteras, impuestos de cada lado, para mitigar, con el control de los procesos migratorios y de desplazamiento de nacionales y extranjeros, la posibilidad de expansión y contagio del Coronavirus. Ha cuestionado internacionalmente a aquellos gobernantes que no se han sometido a los parámetros de la Organización Mundial de la Salud para atender la pandemia, e irresponsablemente, en sus países, han sido laxos frente al avance del Coronavirus, con las repercusiones internacionales que eso tiene.

El Coronavirus ha surgido como una fuerza de combate en guerra en todos los países, contra todas las personas, sin que estuvieran preparados para ella.

El Coronavirus se ha desarrollado como un movimiento guerrillero, apareciendo por aquí y por allá, y simultáneamente en todos los países, como si fueran diferentes frentes de combate, donde no se le puede enfrentar en el campo militar. De allí, por ahora su fuerza, por su capacidad sorpresiva de aparición provocando daños directos y daños colaterales en cada país y sociedad, por el temor que desata su existencia. En unos países impacta más que en otros, pero nadie está exento de sufrir su presencia ni daños colaterales. Y dentro de los países hay regiones más afectadas que otras.

Por ahora es una guerra que está comenzando, con un enemigo que se le conoce, que se la ha logrado identificar, el COVID-19, pero que no se tiene capacidad de controlarlo, y no se sabe aún con certeza cuando podrá acabársele y de qué modo se hará, porque su manera de combatir es silenciosa, sorpresiva, universal, y en muchos casos precisa y fulminante.

Uno de los efectos más dramáticos que ha provocado es que no se ha logrado una acción internacional contra el Coronavirus.

El único campo internacional que opera es el de la ciencia médica y epidemiológica, donde se hacen esfuerzos de coordinación día a día, para ir analizando los movimientos y comportamientos del Coronavirus, como sus posibilidades de mutación, para buscar, en el campo de la ciencia, los mecanismos y armas para detenerlo y controlarlo. Si es por una vacuna, se ha dicho, es un proceso que puede durar por lo menos hasta dos años, de allí que lo más claro es que el Coronavirus ha llegado para quedarse y tengamos que aprender a vivir con él, como vivimos con un montón de bacterias, virus y microorganismos, que siguen causando muertes, y por miles, muchos de los cuales hoy los controlamos y disminuimos sus muertos con vacunas.

El Coronavirus ha declarado, en cierta forma, una guerra contra toda la Humanidad. La guerra en que nos ha metido el Coronavirus no ha terminado. Los efectos devastadores de esta guerra todavía no los conocemos en toda su dimensión.

En el campo científico es una Guerra Total, que ha obligado a que todos los países muevan sus recursos y fuerzas, hasta donde se pueda, para destruir su capacidad contagiosa y de expansión. Como Guerra Total supone la subordinación de la política, no a la guerra como es la idea clásica militar, sino a la Ciencia, lo que no ha hecho el gobierno de Trump, y algunos otros, y que sí se hace en la mayoría de los países. Aquí, en Costa Rica, el Gobierno ha hecho muy bien de poner al frente, día a día, de esta batalla, incluso por el manejo de las Conferencias de Prensa diarias, al Ministro de Salud y al Presidente de la Caja Costarricense del Seguro Social. Hasta hoy el discurso oficial, en Costa Rica, descansa sobre todas las cosas en la ciencia para combatir el Coronavirus.

Importante papel puede llegar a jugar el Instituto Clodomiro Picado, de la Universidad de Costa Rica.

Por ahora el COVID-19 asusta por las muertes y contagios en todos los países, y atemoriza por el daño causado a la economía mundial, que es el daño colateral impuesto por este Coronavirus.

En las guerras modernas, y recientes, especialmente después de 1990, desde la Guerra del Golfo Pérsico, se habla de los daños colaterales, aquellos causados que están fuera de los objetivos militares a destruir, que son las víctimas civiles, particularmente, y así se justifican por quienes provocan estos daños colaterales, en estas guerras, generalmente por resultado de los bombardeos.

Se habla de daño colateral de aquel causado sin intención, de manera accidental, o por repercusión sin haberlo deseado, pero como resultado de una operación militar. En la sucia guerra de Vietnam los Estados Unidos usó este término para referirse al asesinato de civiles y la destrucción de sus propiedades.

Los daños colaterales militarmente se han extendido a las construcciones, hasta hospitalarias y diplomáticas, como ha sucedido, así como a los equipos y el personal, que puede ser afectado, en una operación militar, de fuerzas amigas de los atacantes. El daño colateral no quiere decir sin intención, aunque los ejércitos tratan de darle ese contenido conceptual. Es el daño adicional, subordinado, secundario, que resulta de una acción militar. Es el acto que puede resultar consciente, si es una ventaja táctica militar, en donde al destruir un objetivo deben eliminarse civiles e inocentes, o destruir instalaciones que no son objetivos militares.

El Coronavirus como agente militar, como arma de guerra, directamente ataca personas. El Coronavirus, en sus daños colaterales, afecta toda la economía, las fábricas, el transporte en todas sus manifestaciones, ciudades y pueblos completos, las refinerías lo que ha hecho caer el precio y la producción diaria de petróleo mundial. Afecta la salud emocional de las personas, sobre todo por los encierros obligados, las “cuarentenas” y restricciones de usos sociales, de comportamientos y de relaciones sociales que ha impuesto.

La autonomía de desplazamiento del Coronavirus en su ataque es demasiado amplia, llega donde tenga oportunidad de llegar, atacar y ocasionar el daño directo y el colateral respectivo. El Coronavirus por blanco estratégico tiene a los seres humanos. Eso está claro, de allí la necesidad de su protección.

En curso de la II Guerra Mundial, al mediar la década de 1940, las potencias aliadas impulsaron tres organismos de carácter mundial, en perspectiva del mundo que surgiría después de esa horrorosa guerra, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, ambos en 1944, como resultado del Tratado de Breton Woods, y las Naciones Unidas, en octubre de 1945.

Al terminar la II Guerra Mundial el mundo había cambiado. Derrotado el nazifascismo surgió de manera poderosa un Sistema Mundial de países socialistas, que hizo cambiar el escenario de las relaciones internacionales. El mundo se enfrascó en una división internacional de Socialismo versus Capitalismo y de un escenario militar, la Guerra Fría.

El resultado práctico inmediato por parte de los Estados Unidos fue impulsar en la Europa capitalista existente el Plan Marshall, con el propósito de meter 12.000 millones de dólares, de esa época, para la reconstrucción europea, y presentar la Europa capitalista como una vitrina frente a la Europa socialista que también estaba surgiendo. Ello produjo en el campo militar, luego, el desarrollo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, por un lado y del Pacto de Varsovia por otro, para mantener los equilibrios militares en ese continente.

En América Latina el Plan Clayton, entre 1946 y 1947, se propuso igual propósito para contribuir a desarrollar la economía de la región, especialmente en el sector agrario o campesino, y frenar o neutralizar en el continente los movimientos insurgentes que estaban dándose. Para la parte militar en América Latina se impuso el Plan Truman. En 1948 se impulsó militarmente el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, con la OEA de fondo y de soporte.

Después del Coronavirus el mundo va a ser otro. Frente al Coronavirus no se impulsan organizaciones de este tipo ni políticas de esta naturaleza, de carácter colectivo. Lo más cercano a ello es el apoyo a la Organización Mundial de la Salud, la abanderada internacional en la lucha contra el Coronavirus, y sus organismos regionales, como la Organización Panamericana de la Salud, hoy sin el apoyo económico del gobierno norteamericano, y del Presidente Trump, que ha anunciado quitarle los fondos económicos que le daban, acusándola de estar plegada, en esta situación pandémica, a los intereses de la República Popular China.

Igualmente, esos organismos, son hoy objeto de atención, y de llegada, para apoyar gobiernos y países con préstamos y políticas económico-financieras para enfrentar el Coronavirus en sus impactos financieros internos.

En el momento actual debe operar la política realista, de la diplomacia y de las acciones concretas y prácticas para atender la pandemia, cuando no hay un Gobierno mundial, ni hay un “ejército mundial” en capacidad de combatir el Coronavirus, que debe enfrentarse en cada país con las fuerzas médico-científicas que se tienen, y con las estructuras de salud pública y de seguridad social que cada país tiene y ha desarrollado históricamente.

El Coronavirus ha alterado en la práctica el equilibrio de poderes existentes en el mundo actual, ha debilitado a las grandes potencias, las ha alejado de sus propias relaciones, les ha debilitado sus carreras armamentistas para enfrentar al enemigo no tan invisible del Coronavirus. La “paz” internacional, exceptuando las guerras locales o regionales aún existentes, que han pasado a guerras de baja intensidad momentáneamente, también se ha alterado.

Para Trump la situación internacional es grave por el impacto que ella tiene al interior de los Estados Unidos en su elección de noviembre de este año. La torpeza con que ha actuado lo ha alejado del liderazgo internacional que los Estados Unidos ha significado, pero le ha debilitado su liderazgo interno, a nivel nacional y regional con sus propios Estados y sus autoridades locales, los gobernadores.

Pareciera que Trump siguiendo a Maquiavelo quisiera usar el mal para tratar de lograr el bien. Por ello engaña, hace trampa, mal informa, se enfrenta a la ciencia de su propio país, intriga contra quien se le oponga, enfrenta y limita la acción de los medios de información y de prensa, obliga a su Partido Republicano y a sus dirigentes a seguirle ciegamente, amenaza desarrollar los super poderes que se le permiten al Poder Ejecutivo en Estados Unidos, expulsa migrantes detenidos enfermos de coronavirus a sus países de origen, con el propósito de que enfermen en sus países de origen, como está haciendo con guatemaltecos repatriados.

Para Trump, como yo lo veo, el Coronavirus se le ha presentado como un elemento de limpieza étnica mundial, y en los propios Estados Unidos, por las personas que son afectadas mayoritariamente.

En la línea de enfrentamiento al Coronavirus el realismo político descansa en las decisiones racionales, científicas y médicas, que puedan tomarse e impulsarse para frenarlo, detenerlo y saberlo combatir y para superar, en el mayor corto plazo posible, los efectos colaterales que está provocando, especialmente en el plano de las economías nacionales, y en la reconstrucción de las redes de la economía mundial.

El interés nacional es lo que resalta en los países frente al Coronavirus. En Estados Unidos Trump ha sido muy claro “América Primero”. No son casuales sus políticas públicas internas y sus planteamientos internacionales en torno a cómo enfrentar y combatir el Coronavirus. Se trata de su supervivencia y su propia seguridad, no la del planeta. Por eso niega las políticas internaciones de ataque y confrontación al Coronavirus.

Con el Coronavirus no tenemos en el escenario internacional un país agresivo, una potencia amenazante de otros países, o de todos, por su carácter pandémico. Trump está tratando de pintar a la República Popular China, como esta amenaza, por el origen del Coronavirus, en la ciudad de Wuham, y para ver a este país como el agente agresivo internacional. Es parte de su estrategia geopolítica mundial frente al impacto que tiene la República Popular China en la economía mundial, y la disputa que tiene Estados Unidos en ese escenario para no ser desplazado.

El problema fundamental para Trump es que en la lucha contra el Coronavirus todos los Estados del mundo tienen igualdad de enfrentamiento, y no quieren ser derrotados por el Coronavirus.

El Coronavirus no nos ha metido en el mundo de Tomas Hobbes, el de la lucha, o de guerra, de todos contra todos. Al contrario, nos ha impuesto la tarea de enfrentarlo como una sola fuerza. La diversidad de países, y de posiciones políticas de cada uno de ellos, tiene que conducir a políticas unitarias de acción internacional. Este es el reto que nos impone la pandemia.

La estructura internacional de las Naciones Unidas, y sus organismos internacionales, nos da la posibilidad de actuar cooperativamente en nombre de toda la Humanidad.

Estamos ante un interés público, hoy un interés común, de toda la sociedad, de todas las sociedades existentes, por la defensa del bienestar, la felicidad y la satisfacción de las necesidades básicas de todos los seres humanos.

Enviado a SURCOS por el autor.

Imagen: https://news.un.org/es/story/2020/04/1472832

Covid-19 en Costa Rica: carta abierta al presidente del Colegio de Ciencias Económicas

17 de abril de 2020

Dr. Ennio Rodríguez
Presidente
Colegio de Ciencias Económicas

Estimado don Ennio:

Con nuestros cordiales saludos, queremos por este medio referirnos a su nota del pasado 8 de abril, dirigida al presidente de la Asamblea Legislativa, diputado Carlos Ricardo Benavides.

Compartimos con usted la que, según podemos interpretar, es su preocupación básica: la ausencia, por parte del gobierno de Carlos Alvarado, de una propuesta de políticas integrales en materia económica, que trascienda las urgencias de la atención de la crisis sanitaria asociada al covid-19, y que anticipe los esfuerzos de recuperación de la economía –más que de simple reactivación– que deberán emprenderse tan pronto como se pueda, y al menos una vez la situación sanitaria se haya estabilizado.

La situación planteada es de una magnitud excepcional, por lo cual, el esfuerzo que ello nos demanda como país, ha de ser asimismo extraordinario. Es algo que ya estamos haciendo en el frente sanitario, bajo el liderazgo del Ministerio de Salud y la Caja Costarricense de Seguro Social, con el fin de frenar el contagio y proteger la salud y la vida de las personas. Pero, en cambio, es mucho más limitado el esfuerzo que se hace para auxiliar a las familias en situación de pobreza y a toda esa enorme cantidad de personas que repentinamente se quedaron sin trabajo, o ven reducidas sus jornadas laborales y sus ingresos. Menos aún –en eso coincidimos con usted– hay claridad sobre la “hoja de ruta” para la recuperación de la economía, una vez superada la crisis sanitaria.

Es cierto que esta crisis implicará un aumento, posiblemente muy significativo, en el déficit fiscal y en la deuda pública. No solo es inevitable, sino, y sobre todo, es necesario. Porque debemos combatir y frenar la crisis sanitaria; porque debemos tratar de minimizar sus efectos sobre el empleo; porque debemos ayudar a las personas cuya ocupación e ingresos están siendo golpeados por la crisis; porque debemos auxiliar a las empresas que enfrentan problemas. Todo ello es necesario, y todo ello repercutirá en los balances fiscales.

Eludir tales responsabilidades a fin de evitar un mayor deterioro de las finanzas públicas, es una falsa solución, que no solo agravará la crisis sanitaria y los impactos humanos y sociales que ésta trae consigo, sino que profundizará la crisis económica y dificultará la posterior recuperación, lo que, de nueva cuenta, repercutirá negativamente sobre la situación fiscal.

La opción aquí no es entre menor o mayor desequilibrio fiscal, sino entre minimizar los impactos de la crisis, o permitir que esos impactos se desplieguen sin atenuante y sin alivio. Y siendo claro que estamos ante una coyuntura de alcances excepcionales, bueno sería que los y las economistas, estemos dispuestos a innovar en materia de política económica, en vez de seguir aferrados a fórmulas ortodoxas, de dudosa eficacia incluso en tiempos “normales”, las cuales devienen un grillete que inmoviliza frente a una crisis que exige creatividad e imaginación, así como capacidad de respuesta inmediata. Por ello, no deja de sorprendernos su preocupación por los presuntos efectos “desestabilizadoras” que, a su juicio, podría tener la intervención del Banco Central en la crisis. Cuando la economía se desploma y los empleos se pulverizan ¿en serio a usted le preocupa la inflación?

Teniendo esto claro, también debe decirse con toda claridad, que enfrentar la crisis pasa por dar satisfacción a un compromiso ético y moral, que los y las economistas de Costa Rica  debemos asumir de forma explícita, lo cual se resume en lo siguiente: los costos de la crisis deben distribuirse de la forma más equitativa posible, y las condiciones de vida de las poblaciones más débiles y vulnerables deben ser protegidas.

Por ello es tiempo de hablar de un esquema, muy progresivo, de impuestos y subsidios, el cual, aun siendo transitorio, puede ser diseñado apropiadamente, para que tenga efectos contra-cíclicos. Si se traslada ingresos de sectores sociales con altas tasas de ahorros a sectores sociales carenciados, y si se trasladan recursos de usos suntuosos y prescindibles, hacia usos realmente urgentes (como fortalecer las finanzas de la Caja), el efecto neto para la economía y el empleo será positivo.

Y siendo innegablemente claro que los desequilibrios fiscales se agravarán, incluso de forma muy significativa, por ello mismo se hace obligatorio tener claro de qué hablamos cuando mencionamos la necesidad de un esfuerzo de reactivación económica, que, dada la magnitud de la actual crisis, debería ser más bien un esfuerzo de recuperación en el pleno sentido de la palabra.

No podemos proponerle al gobierno de Costa Rica que a la hora de buscar dialogar con organismos internacionales en busca de apoyo financiero, lo haga desde una posición perdedora, poniendo los “equilibrios macroeconómicos” por delante ¿De cuáles “equilibrios”  habla usted? Del contexto de su nota, se deduce que básicamente de los “equilibrios fiscales”.  Lo cual resultaría bastante desatinado, cuando a nivel mundial se extiende un consenso que admite que ni las deudas ni los equilibrios fiscales han de ser hoy los criterios guía a la hora de decidir y canalizar la cooperación dirigida a países del sur.

El gobierno de Carlos Alvarado tiene la responsabilidad ineludible de aplicar una enérgica política destinada a atraer fondos externos. Y esto debe ser parte de un diseño integral de políticas que, liberadas de dogmas y rigideces ideológicas, ponga por delante la recuperación del empleo y la economía, desde criterios de equidad y justicia. Priorizar lo fiscal al empleo y al restablecimiento del dinamismo económico, tal cual se ha hecho por años, ha incidido fuertemente en la persistencia de los desequilibrios fiscales, y es, a fin de cuenta, la causa principal de que la crisis del covid-19 nos haya atrapado en medio de una precaria situación fiscal.

Nos interesa, tanto como a usted, restablecer una situación fiscal sólida y saludable. Pero enfatizamos que la ruta de la austeridad fiscal es comprobadamente errónea: las finanzas públicas no se sanean con base en políticas recortistas, sino con base en políticas que promuevan el crecimiento y el empleo.

Concluimos formulado ante usted, en su calidad de presidente del Colegio de Ciencias Económicas, una respetuosa pero enfática excitativa: tome en cuenta, por favor, que nuestro colegio es pluralista, y de ninguna manera una entidad en la que prevalezca un pensamiento único. Por lo tanto, le solicitamos que promueva espacios amplios de diálogo, debate y reflexión, que permitan enriquecer las propuestas que nuestro colegio formule o que, en todo caso, y como mínimo, que visibilicen esa pluralidad teórica y epistémica que hoy enriquece el pensamiento económico en Costa Rica.

De usted, muy atentamente

Luis Paulino Vargas Solís
Director CICDE-UNED
Cédula 2-0327-0373, carné 001797

Welmer Ramos González, diputado
Cédula 5-0191-0924, carné 003628

Roxana Morales Ramos, economista
Cédula 1-1167-0990, carné 04571

Eugenio Trejos Benavides
Profesor Instituto Tecnológico
Cédula 9-0041-0880

Daniel Vartanian Alarcón, economista
Cédula 8-0051-0962, carné 018870

Osvaldo Ureña Jiménez, economista
Cédula 1-1307-0662, carné 033318

Eduardo Rosales Blandino, economista
Cédula 1-0412-1404, carné 007956

René Fonseca Cortés, economista
Cédula 9-0110-0864, carné 019088

Pablo Abarca González, economista
Cédula 1-1452-0672, carné 044325

Mario Devandas Brenes, economista
Cédula 9-0110-0864, carné 019088

Cc: Carlos Ricardo Benavides, presidente legislativo/Jefaturas de fracción/Ciudadanía costarricense

https://sonarconlospiesenlatierra.blogspot.com/2020/04/covid-19-en-costa-rica-carta-abierta-al.html?m=1

¿Hacia dónde va Costa Rica?

Vamos a celebrar
La misa del amor esta mañana.
Haremos una hostia, con masa de maíz, harina y esperanza.
En un filo de roca,
Sobre el vientre de un cerro,
Consagraremos la hostia de la vida
Y el vino del derecho.
Jorge Debravo.

Álvaro Vega Sánchez, sociólogo

La oligarquía empresarial y financiera ha sacado sus sables para blandirlos con fuerza contra los trabajadores del sector público. Realmente, sus desmanes resultan repugnantes y desenfrenados. Se ha envalentonado por su poder extralimitado, conferido por los gobiernos de turno.

Apelar a estas armas innobles, también, la delata en su debilidad ética para encarar situaciones adversas, que demandan, por parte de toda la ciudadanía costarricense, patriotismo, sensibilidad humana y solidaridad.

Es una oligarquía que se ha venido despatriando porque ha traicionado valores fundamentales de una patria solidaria y amiga. Ha endeudado al país porque no ha pagado debidamente los impuestos. Ha estafado a los bancos del Estado. Ha atacado con saña a los empleados y pensionados del sector público, exhibiéndolos como responsables de la crisis fiscal, de la que ella y sola ella es la principal y verdadera responsable. Y ahora, pretende dictarle medidas leoninas para enfrentar la pandemia del Covid-19.

Vive en otro mundo, y su ceguera es total. El poder extralimitado la ha segado al punto de pensar que puede eximirse de contribuir solidariamente, quizá porque sigue pensando que sus riquezas son el fruto de su esfuerzo y capacidad, desconociendo el aporte de sus trabajadores –la mayoría mal pagados– y el soporte que le brinda la institucionalidad social pública -esa que buscan desmantelar para privatizarla-, sin los cuales se moriría de hambre.

Este pueblo se está cansando de que lo trate como ignorante y pordiosero. Ya no puede seguirle mintiendo, declarando cero ganancias mientras acumula riquezas en paraísos fiscales. Y pretende que le crean el cuento de que los privilegiados son los empleados del sector público, que hoy se parten el alma por sacar adelante al país de esta pandemia, dando lo mejor de sí con generosidad solidaria, precisamente, lo que esta oligarquía no tiene.

Tales comportamientos, son producto de su ambición ilimitada de poder; aspira a tener todos los poderes. Y como hay poderes que no puede comprar, como el de los intelectuales dignos, entonces los ataca y desprestigia; como no tiene el poder de la humildad, entonces busca ganarse el favor de los pobres con las migajas que le tira de su mesa, es decir, los humilla; y como no tiene la delicadeza y la sabiduría de los maestros, entonces los persigue y los degrada.

Pero toda su vanidad se diluye como la neblina. ¡Vanidad de vanidades, todos es vanidad!, dice el sabio escritor del Eclesiastés, en tiempos muy parecidos a los nuestros donde la dinastía tolomea celebraba el auge tecnológico, comercial y cultural del imperio griego-macedonio. La palabra que se traduce como vanidad, en este texto, corresponde más propiamente a palabras más triviales como “cochinada”, “porquería” o “mierda” (Tamez, Elsa. Cuando los horizontes se cierran. pp.15-21). Y en su “vanidad”, esta oligarquía no perdurará. Como la pandemia del coronavirus, dejará muchas víctimas en el camino, pero las mayorías sobrevivirán.

¿Hacia dónde va Costa Rica? Hacia un Estado Social de Derecho del Siglo XXI, más fortalecido que nunca en su historia. Será la nueva gesta victoriosa de mujeres y hombres libres que, así como se sacudieron la bota filibustera en 1856, se sacudirán de esta oligarquía que ha pretendido doblegarlos, empobreciéndolos y ofreciéndoles falsas promesas de reactivación económica.

Todavía hay reservas suficientes de dignidad en este pueblo valeroso y solidario, que vencerá a ambas pandemias: la del coronavirus y la oligárquica.

Imagen: UNED

No solo es xenofobia: La construcción colonial del discurso sobre la migración en Costa Rica

Jenyel Contreras Guzmán, Socióloga,
Investigadora y evaluadora Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO, COSTA RICA). Docente Universidad de Costa Rica (UCR)
Guillermo Acuña González, escritor, sociólogo.
Académico Instituto de Estudios Sociales en Población, Universidad Nacional

Repensarnos en la otredad nunca ha sido tarea fácil. Reconocer a la persona migrante como sujeto con derechos, aún en tiempos de pandemia, se vislumbra como el nuevo gran reto. En un momento de la historia en el cual es preciso reconsiderar los marcos de convivencia humana, el sujeto migrante, la persona que se moviliza, vuelve a ser portador de malas noticias, no por sí mismo, sino por los otros que lo increpan. Lo que genera su existencia no solo tiene que ver con la construcción de miedos, de desconocimientos, de rechazos sistemáticos. Se relaciona con la conformación global de estructuras de poder, la distribución de sentidos de otredad que marcan, delimitan, expulsan, excluyen. Este escenario está servido en Costa Rica.

Si existe una población doblemente vulnerabilizada en el actual contexto de emergencia sanitaria, esa es la población migrante. “A un país que no le importamos en vida tampoco parece que le importamos en la muerte”, sentencia Juan Carlos Ruíz[1], veterano y defensor de las personas migrantes en Nueva York, la ciudad de mayor afectación por coronavirus en Estados Unidos, en donde alrededor del 35% del total de personas fallecidas son de origen hispano.

Tales cifras se corresponden con los bajos ingresos, que les obliga a seguir trabajando pese a las medidas de confinamiento, el padecimiento de enfermedades crónicas subyacentes, vivir en el hacinamiento en viviendas multifamiliares, la falta de acceso al seguro médico y no buscar asistencia médica por temor a sufrir represalias como la deportación, que han continuado aún con la pandemia a cuestas. Esa misma ciudad que registra una muerte cada 2 minutos, ha sido abandonada a su suerte por los ricos que el virus no ha encontrado en sus casas, porque han salido sin rubor en aviones privados hacia sus multimillonarias residencias en Long Island a resguardarse de la letalidad y el confinamiento. Si hay un proceso que no se ha detenido ni con la pandemia, ha sido el de la reproducción global del poder, capitalista, eurocentrado, extractivo.

Entre el rigor y la dureza de tales cifras y el desdén de las élites estadounidenses, se asoma en aquel país tibiamente el fallecimiento de 5 personas de origen costarricense como producto de la pandemia. Para los efectos, representan una diáspora silenciosa y poco referenciada en las reflexiones sobre movilidades en el país, tan acostumbradas más bien a sentir resquemor y sospecha por aquellas personas que vienen de afuera, un afuera selectivo y siempre diferenciado. Un país que no discute sobre su diáspora, la niega, la invisibiliza y reproduce el mismo desinterés que las élites globales muestran por el resto de la población. Refleja para sí un orden colonial de pensamiento, una dinámica desigual de funcionamiento y de responsabilidad para con los suyos.

El Coronavirus desconoce fronteras, edad, género y estatus social, mas no las estructuras de exclusión, racialidad y desigualdad social que le han acogido, y que no permiten ignorar que no afecta a todas las personas y grupos por igual y que hemos organizado la sociedad no para la protección de quienes históricamente han sido vulnerabilizados, sino para el resguardo de los bien situados.

Nos encontramos ante un brote epidemiológico que esta vez no tuvo como epicentro el África Subsahariana ni la Latinoamérica subdesarrollada, un contagio global que no migró desde el sur global con gente en barcazas o en caravanas, un enemigo no tan invisible cuando las fronteras fueron cerradas. Una pandemia que ha dejado al descubierto el costo de no haber atendido oportunamente los problemas estructurales de sociedades acostumbradas a socializar las pérdidas y privatizar las ganancias.

Teniendo como conducta normal responsabilizar en los otros, los de afuera, los males que le aquejan, esta sociedad ya había tenido sus ensayos de construcción de discursos culpabilizantes en los extranjeros, en épocas recientes de epidemias no tan azotadoras ni devastadoras como la presente.

Hace tan solo seis años, cuando se produjo la crisis del ébola, el cuerpo sospechoso provenía de ese sur global devastado por la pobreza, el hambre y la miseria. Era un cuerpo enemigo, racializado, excluido. Teniendo como principio de conducción del virus, la movilidad de personas fue restringida, pese a la negativa de la Organización Mundial de la Salud de no limitar las movilidades humanas en aquel periodo. No tantos aviones fueron obligados a poner pie en tierra como ahora, pero las personas en contextos de movilidad fueron sacudidas por una percepción de portabilidad y enfermedad, solo por el hecho de moverse entre las fronteras internacionales.

Esa misma percepción, conviene recordarlo, se construyó como aguja hipodérmica del norte al sur, con consecuencias graves para las personas de contextos nacionales precarios, como el caso del áfrica subsahariana, de donde supuestamente provino el origen del virus. Con esta misma percepción, se incautaron los derechos de las personas en contextos de movilidad, como lo señaló en su momento Deysi Ventura: “el fantasma del extranjero que trae la enfermedad justifica medidas que restrigen las migraciones internacionales y fomenta violaciones a los derechos humanos”.[2]

Palabras previsoras de un mundo que seis años después continúa la tiranía en contra de las personas en procesos de movilidad, ahora con un claro carácter forzado alrededor del mundo. En el contexto de clausura que se experimenta, cualquier intento de movilidad a través de las fronteras trae consigo el germen de la construcción de la sospecha, el virus del estigma y el rechazo.

¡Que se vaya a morir a Nicaragua!

La narrativa antiinmigrante no ha sido heredada de los tiempos actuales de pandemia. En épocas recientes las imágenes han sido lacerantes: el horror de una niñez enjaulada y enjuicida como criminal por las cortes migratorias estadounidense, familias separadas y confinadas (ahora que el concepto de confinamiento ha supuesto novedad para quien lo experimenta en el marco de la coyuntura), la desesperación de las caravanas y corredores humanitarios centroamericanos de finales de 2018 y principios del 2019, cientos de cadáveres dispersos en el Mediterráneo, teniendo el agua como única promesa de tierra segura, las historias de drama para cientos de personas migrantes en la frontera entre Grecia y Turquía, sucedidas hace apenas unas semanas.

Nuevos muros se han construido en todo el mundo con ladrillos sólidos, alimentados por el miedo y el lenguaje de guerra. Una vez más hemos permitido que un problema estructural sea reducido a un conflicto de nacionalidad, a un sálvense quien pueda, a un nadie más cruce la frontera.

En Costa Rica los imaginarios de superioridad nacionalista son rastreables al siglo XIX. En su trabajo, Costarricense por dicha (2002, Editorial UCR), el historiador Iván Molina habla de la construcción de esta identidad nacional, blanqueada y vallecentrista.

Recientemente, no es posible obviar episodios de construcción de discurso nacionalista, salpicados de odio y rechazo al extranjero, pero no a cualquiera. Recordemos el caso del ataque y desamparo hacia Natividad Canda en 2005 y los discursos generados, la marcha xenofóbica en San José del 18 de agosto de 2018, la existencia de más de 30 páginas de redes sociales incitando al rechazo al extranjero, con cerca de 80.000 seguidores ese mismo año y el último acontecimiento, ocurrido en un lamentable domingo de resurrección lleno de discursos viscerales hacia una menor de edad, migrante y embarazada que cruzó la frontera en busca de asistencia médica al cierre de la Semana Santa.

Escudados en una protección higiénica del país, de sus fronteras, de sus familias, tales discursos traspasaron el filtro de la objetividad y se perdieron en una maraña de epítetos contra el cuerpo de esta niña, condensando en ella esa actitud anti nicaragüense que se enciende con cada coyuntura de toda naturaleza.

Este discurso no es solo xenofobia, porque también recrea otros elementos de la construcción de procesos históricos de diferenciación y desigualdad en el país. Mientras la protección de la dignidad humana continúe estando atravesada por la colonialidad del poder, se sostendrá la necropolítica, esa idea de que hay cuerpos que importan y cuerpos que pueden ser descartados. Así, la pandemia ha develado no solo los temores higienizantes al contagio, sino los miedos sociales siempre presentes en sociedades construidas al amparo de ideas hegemónicas sobre identidades y convivencias. Reiteramos: no solo se trata de xenofobias, que existen y son muchas. Son los resabios de estructuras de poder económico y social que hacen su trabajo en sociedades fracturadas en su tejido colectivo y social, como el caso costarricense.

También en el contexto internacional la crueldad no se detiene y ejemplos existen todos los días.

La consigna America first se constituye en el nuevo lema que ha permitido a la administración Trump expulsar a casi 10 mil personas migrantes desde el pasado 21 de marzo, en una nueva cruzada de odio antimigrante y racial. Este poder le ha permitido firmar un decreto para sancionar a los países que no “recojan” a sus deportados.

Por otra parte, la construcción del muro fronterizo entre Estados Unidos y México continuó en funcionamiento, tipificada bajo la categoría de actividad esencial y los trabajadores migrantes mexicanos que lo levantan, deben cruzar todos los días la frontera, ponerse bajo las órdenes de las autoridades sanitarias estadounidenses y mostrar con documentos que se dirigen a la obra fronteriza.

Mostrando el desdén colonial del norte global, hace unos días dos médicos franceses sugirieron en un programa de televisión que la vacuna contra el coronavirus podría ser probada en África. Distintos países europeos y la misma Casa Blanca hacen un llamado de solidaridad migrante para continuar con las “actividades esenciales” y recibir apoyo de profesionales extranjeros del área de la salud. Muchas actividades subterráneas y precarizadas continúan su funcionamiento en el mundo gracias a la actividad laboral de cientos de miles de personas trabajadoras migrantes. Incluido por supuesto el caso costarricense.

Detectamos y rechazamos

Un país que continuamente se reconoce en la ausencia de ejército, parece interesarle bastante poco reflexionar sobre los efectos de la utilización de lenguaje bélico para abordar situaciones de orden cotidiano. Los países de Centroamérica podrían darnos cuenta de los impactos devastadores de ello. Hace más de 30 años, el lingüista George Lakoff y el filósofo Mark Johnson explicaron el poder de las llamadas metáforas estructurales que impregnan la vida misma, no solamente en el lenguaje, sino también el pensamiento.

Pero ese discurso bélico ha estado presente en otras coyunturas recientes, como el caso desatado por la coyuntura de tensión con Nicaragua por el territorio de Isla Calero y los llamados a defender la soberanía nacional realizados en aquel momento[3].

En este marco, un imaginario de combate diario es reforzado en publicaciones de la Dirección General de Migración y Extranjería (DGME), el Ministerio de Seguridad Pública y la Vicepresidencia de la Republica en sus cuentas de redes sociales: “detectamos y rechazamos extranjeros” “#FronterasSeguras” “control migratorio” “tolerancia cero”. A esto se ha unido, incidentalmente, un medio de comunicación, que haciendo gala de una extraña idea de neutralidad periodística, acompaña los sobrevuelos del Ministerio de Seguridad en zonas de frontera, mostrando la efectividad del barrido y los esfuerzos por proteger la soberanía sanitaria nacional.

Todos Idearios propios de los abordajes securiatarios de las migraciones, cuyo logro principal es el reforzamiento de las fronteras ante las amenazas externas. De ello da cuenta la política exterior estadounidense continuamente. Nos preguntamos si esta agenda institucional y mediática, no condensará finalmente otros temas como la aceleración de las reformas de empleo en el sector público o la inserción de los intereses empresariales en los actuales esquemas de gobernanza, solo por mencionar dos casos puntuales actualmente en transcurso.

Como sea, resultado de este escenario discursivo, se han producido dos reacciones de la sociedad costarricense: el impulso del humanismo y solidaridad que existe y se cuenta por decenas y por otro lado el discurso de la división, del rechazo visceral y la confrontación constante. Las personas que atizan el conflicto y la polarización, hacen un daño enorme, porque la convivencia es muy frágil y la estamos convirtiendo en una lucha de todos contra todos, con dificultad para el debate saludable, basado en argumentos y premisas de conocimiento sobre las causas y las consecuencias de las movilidades humanas en los actuales contextos.

Abundan los mensajes efervescentes, las noticias falsas, la información no verificada (como por ejemplo el video circulado de un supuesto cementerio de cuerpos nicaragüenses, que finalmente fue ubicado en Ecuador), los Dunning-Kruger de las migraciones, y los grupos supremacistas, que los hay en el país, clamando por una defensa armada y el resguardo de las fronteras. Paradójicamente, esos mismos grupos guardaron silencio cuando las grandes empresas evasoras eludieron su responsabilidad con las instituciones que se han encargado de proteger desde la salud pública en el marco de la pandemia y que han sido debilitadas durante décadas por políticas de racionalización económica y el concurso de empresas de capital extranjero y transnacional. Ahí está el detalle: al descubierto se refleja que el problema no son los extranjeros, siempre y cuando no sean pobres y provenientes del sur global.

Ya en 1947 Albert Camus nos recordaba que las peores epidemias no son biológicas, sino morales, y que es en las situaciones de crisis que sale a la luz lo peor o mejor de la sociedad. Las grandes crisis no solo apelan a la ética cívica y a la responsabilidad individual y colectiva. Sirven también para discernir lo trascendental de lo accesorio, lo esencial de lo superficial. Será nuestra tarea apostar por la solidaridad intersubjetiva, para construir sociedades más inclusivas cuando la emergencia sanitaria haya terminado.

[1] En entrevista para La Jornada, 11 de abril de 2020.

[2] Deysi Ventura, 2016. El impacto de las crisis sanitarias internacionales en los derechos de los migrantes. SUR 23 – v.13 n.23 • 61 – 75

[3] Un abordaje analítico sobre este acontecimiento puede ser consultado en el texto del académico Esteban Aguilar denominado Proyecto Calero: una historia de militarización y xenofobia. (Praxis, Revista de Filosofía, N 71. Junio-Diciembre 2013)

Solidaridad sin privilegios en tiempos de pandemia

Carlos Campos Rojas

Son momentos de incuestionable unión y de esfuerzos conjuntos. De la mano, así tenemos que salir de este desafío que nos impuso el Covid 19.

Es inaceptable que la mafia política se aproveche de la situación, para enriquecerse más.

Hemos recuperado la solidaridad que habíamos perdido por los desvaríos de una sociedad de consumo, que consideraba moral y correcto, pisotear al “otro”, para lograr sus privilegios y su estatus.

La economía globalizada tenía su soporte en el consumo irracional, irresponsable e inescrupuloso. Se consideraba el consumismo como el centro del desarrollo y la forma de demostrar la integración a las nuevas tendencias posmodernistas de hacer política y establecer modelos de gobernanza, que profundizaban la dominación a la que habíamos estado sometidos.

Este gobierno sabía al asumir su mandato, que se enfrentaba en su trabajo a un terrible legado de las administraciones que, después del gobierno de Rodrigo Carazo, tuvieron como norte destruir nuestro estado de bienestar por uno presuntamente más moderno, más acorde a la privatización y a la negación del ejercicio de los derechos políticos de la persona ciudadana. Entregaron nuestra riqueza, como si fueran bienes de difunto a banqueros privados, alquiladores de edificios, prestatarios de servicios, etc., que aparecieron sin percatarnos, para hacerse del botín, como una gollería.

Pasamos a ser el país más desigual de América, porque la riqueza se concentró en muy pocas manos. Se imponía que era más importante el bienestar del individuo, aunque fuera pisoteando la espalda de los demás.

Así, entre las múltiples herencias aportadas por esa vieja mafia política que asumió el mando en la oscuridad, está la Concesión de la Ruta 27. Uno de los contratos más leoninos a los que nos ha condenado un gobierno.

Oscar Arias, lleno de malinchismo y sin ningún amor por nuestra patria –entre muchos de sus actos-, nos encadenó a enriquecer una empresa extranjera, a través de una concesión que demostró que el artilugio legal, servía para legitimar el saqueo de la riqueza que nos ha pertenecido.

La Ley General de Concesión de Obra Pública con Servicios Públicos Nº 7762, aprobada el 22 de mayo de 1998, fue el instrumento para que una legalidad viciada, finalizara un proceso de años de irresponsabilidad estatal. En el mejor de los casos tuvimos que pagar $3 millones por comisiones al BID, por créditos que no se usaron y así se puso al desnudo la cultura de corrupción y de impunidad que se consolidaba.

Hoy todos debemos ser solidarios, la ciudadanía saca para ayudar al prójimo, incluso de donde no tiene y estamos dispuestos a correr al llamado del gobierno. Los ticos, somos solidarios porque no han podido arrebatarnos todas nuestras raíces, eso nos tiene con esperanza de salir adelante en estos momentos difíciles.

Resulta que ese leonino convenio de la Ruta 27 y las posteriores Adendas, dejaron establecida la obligación del gobierno –o sea el pueblo costarricense- de pagarle a la empresa Concesionaria Autopistas del Sol (c.c. Globalvía Ruta 27), los ingresos que la empresa no obtuviera, si por los peajes no pasan, los vehículos suficientes para cubrir los costos y obtener las ganancias que –en el gobierno de Arias- se le prometieron a la empresa extranjera, calculados con el Índice de Precios al Consumidor Urbano de los Estados Unidos (CPI-U).

La Ruta 27 está desierta porque en estos momentos todos debemos estar en casa. Es la orden gubernamental para no ser castigados por el Covid 19 y ésa debe ser la responsabilidad ciudadana.

Debemos saber de manera transparente, si para cumplirle a la Concesionaria, hay que arrebatarle en esta emergencia a las personas desempleadas y en alta vulnerabilidad social, la plata para comprar alimentos, que, con mucho esfuerzo, hemos aportado con nuestros impuestos para ellos.

Aunque el contrato tiene una cláusula de Caso Fortuito, está más relacionada con los aspectos de construcción de la carretera y referidos desde luego a eximir a la empresa de cualquier responsabilidad.

Que sepa el gobierno que en estos momentos la probidad y la transparencia son la prioridad del país. Que cuenta con la ciudadanía como respaldo, ante los desafueros y la ignominia que una mafia política organizó, con una legalidad espuria.

La Concesionaria Autopistas del Sol ha estado en silencio, todavía no sabemos cuándo se dará por satisfecha y nos devolverá lo que nos pertenece. Para defenderla sobran los corsarios del derecho y la justicia.

Ya algunas empresas han manifestado que demostrarán en estos momentos, su solidaridad y responsabilidad social con el país.

La solidaridad debe ser de todos los que convivimos en esta patria, la ciudadanía ya ha puesto su parte.

Ahora le toca demostrarlo, sobre todo, a ese tipo de empresas que se enriquecen con lo que nos pertenece.

Bacterias y Virus, nuestras amigas y enemigos

Vladimir de la Cruz

La historia humana y el conocimiento que se ha desarrollado sobre ella nos enseña, desde hace mucho tiempo, que vivimos con microorganismos, que los llamamos de distintas maneras, correspondiendo a definiciones y clasificaciones científicas, que podemos considerar beneficiosos o perjudiciales a nuestro organismo.

Gérmenes, Bacterias, Bacilos, Virus son algunas de sus denominaciones fundamentales. Hoy todos ellos son bien estudiados, hasta donde se puede y se avanza en su conocimiento y control, si es del caso.

Esto ha permitido que en el mundo moderno se haya logrado dominar algunos, someterlos en beneficio de la Humanidad y, algunos, someterlos para perjudicar a hombres y culturas, malintencionada, perversa, criminal y genocidamente cuando se usan como medios de guerra, como armas militares y de exterminio de hombres, mujeres, niños, de sociedades, culturas y de la Naturaleza misma, en lo que se han llamado las guerras bacteriológicas, virológicas, químicas, entre otras formas.

Este conocimiento es el resultado del desarrollo del pensamiento científico, del conocimiento que se ha ido teniendo, cada vez más profundo de la Naturaleza en todas sus formas, porque se han tenido que enfrentar situaciones, que sin dejarlas al azar, al resultado de fuerzas incontrolables e inexplicables, en algún momento de la Historia, ni a castigos sobrenaturales, ni a castigos divinos, ni mágico religiosos, y porque, los hombres en sus distintas épocas históricas, buscaron las formas y los medios de enfrentar esos avatares, que les afectaban cotidiana u ocasionalmente, así fueron desarrollando pensamiento científico y buscando explicación de los mismos.

Pienso en los antiguos recolectores, los primeros representantes del género humano, millares de años atrás, en todos los continentes, cuando se trasladaban, caminando por la agreste naturaleza, caminando y desplazándose cerca de ríos y fuentes de agua, sin armas, sin desarrollar instrumentos de trabajo importantes, dependiendo de los frutos que recolectaban y experimentando cuáles les eran beneficiosos o perjudiciales, cuando algunos de ellos les producían malestares y hasta la muerte.

Ensayo y error sobre esas comidas les permitieron desarrollar un “conocimiento” básico del mundo que les rodeaba y distinguir de esa manera qué podían comer y qué no. Desarrollaron, igualmente, un conocimiento botánico de matas, hojas que les quitaban sus malestares y hasta les curaban heridas y evitaban hemorragias, diarreas y otros malestares. Los yerberos y herbarios, antecesores de nuestros médicos, no fueron casuales. Su conocimiento se fue heredando de manera muy selectiva, casi de manera secreta y de forma también mágico religiosa. Este conocimiento de alguna manera daba también poder.

Actualmente en nuestros patios caseros, en los potreros en los que se juega, en los jardines bellos de la Universidad de Costa Rica, muchas veces les decía a mis estudiantes, cuando explicaba el mundo antiguo, que observaran como algunos de los árboles, arbustos y matas tenían frutos, de diversos colores, algunos muy bellos, a la vista apetitosos, y sin embargo no tenían ni un solo piquete de ninguna ave ni insecto, que vieran cómo había frutos, de figura rugosa, “horribles” a la vista, totalmente picados por insectos y aves. Y, que esa situación, tan simple, podía enseñarnos cómo esos animalitos comían unos frutos y otros no.

En la vida antigua posiblemente esa simple observación y la experiencia de ir comiendo unos y otros frutos enseñó a distinguir lo comestible de lo que no lo era, lo que nos hacía un bien y deleitaba y lo que nos producía un daño o malestar físico y hasta nos podía matar.

Los hombres antiguos de esa manera, sin universidades, más que su Universidad de su Vida, aprendieron a desarrollar conocimientos botánicos, y zoológicos, para distinguir del reino animal, igualmente, que les era beneficioso y perjudicial.

Hoy con el desarrollo de la ciencia, en todas sus dimensiones, se distinguen microrganismos beneficiosos y perjudiciales. Hoy sabemos que el cuerpo humano es un laboratorio, donde conviven, en el colon, en la parte final del sistema y tubo digestivo, en el intestino grueso, en nuestra flora intestinal como se le llama, en una rica simbiosis que tenemos, bacterias que ayudan a proteger el cuerpo, alimentándose de él. Son nuestras Bacterias amigas, pequeños microorganismos que solo pueden apreciarse por medio de instrumentos científicos, que se han hecho para su mejor estudio.

Las Bacterias ayudan a digerir alimentos, ayudan a aprovechar los nutrientes de los alimentos que consumimos, ayudan a fermentarlos, producen ácidos grasos, protegen contra otras bacterias que enferman, estimulan las defensas y contribuyen a producir vitaminas, ayudan a transformar sustancias y permiten el funcionamiento de muchos ecosistemas.

Se ha afirmado que la vida en La Tierra no existiría sin bacterias. Igualmente se ha dicho que somos lo que comemos y las bacterias que tenemos. Algunas de las bacterias amigas y saludables que viven en nuestro cuerpo son los Lactobacillus, las Bífidobacterias, los Bacillus y las Levaduras. Hoy para ayudar a las bacterias se estimula el consumo de fibras y de probióticos, que se encuentran, entre otros productos, en los supermercados y lugares que estimulan la sana comida. Las bacterias amigas y benéficas ayudan a tener una vida más saludable.

Nuestro Gran Científico, el Dr. Clorito Picado, que se había graduado en Francia en Zoología, Botánica y Medicina, que en 1914 asumió la Dirección, por casi 40 años, del Laboratorio Clínico del Hospital San Juan de Dios, donde realizó su mayor trabajo científico experimental, además como naturalista, entomólogo, fitopatólogo, considerado el primero del país, que lo llevó a investigar problemas inmunológicos del envejecimiento y del ofidismo, estudios que hoy sirven, para que en la situación de esta pandemia del COVID-19, en el Instituto Clodomiro Picado, se impulsen investigaciones para buscar la vacuna contra el Coronavirus, Instituto que está cumpliendo 50 años, y en esta investigación merece todo el apoyo científico de la comunidad universitaria y científica nacional y de los recursos económicos que, en esa dirección, se puedan canalizar, en 1921 publicó una obrita pequeña, “Nuestra microbiología doméstica”, donde explicaba que la cocina de nuestras casas eran como laboratorios biológicos.

Decía el Dr. Clorito Picado que, al desecar, salar, cocer y conservar alimentos, al preparar caldos, sopas, compotas, gelatinas se alimentaban microorganismos “donde un grano de sal de más o de menos, es cuestión de vida o muerte”, y que en “nuestra alimentación los microorganismos llevan a cabo un solo trabajo: descomponer”, a partir de lo cual dedica su librito a señalar cuáles pueden ser perjudiciales y cuáles son útiles.

En su librito explica cómo conservar mejor productos y alimentos, y hasta cómo prepararlos, casi a modo de un recetario sencillo de cocina, donde habla de la desecación, de esterilización, de la Tyndallización y la Pasteurización en “baño de María”, “para matar gérmenes”. Indica cómo tapar recipientes y ollas, especialmente para su transporte, “para impedir gérmenes del aire”, “ahorrar dinero y aumentar la variedad de comidas”. Habla de los antisépticos, sal, azúcar y salitre, y cómo usarlos en comidas, enseña a preparar siropes salmueras, encurtidos.

Explicando esto enseñaba a destruir “microorganismos que destruyen nuestros alimentos”. Enseña cómo fermentar bebidas como la Chicha, el Chinchibí, la Cerveza de maíz, el vinagre, la mazamorra, el chile de tabasco, el Choucroute, el repollo fermentado, la leche agria o yogurt, el kéfir, el queso y el pan. Incluso indica cómo obtener bebida alcohólica de la leche, como hacen los árabes con su Koumiss “bastante agradable al paladar”. Cuando se refiere a los quesos habla del queso Camembert, en el que aparece “en la superficie un hongo, denominado Penicilium camenberti” … “diferente de los Penicilium de las contaminaciones corrientes…” El Dr. Clorito Picado fue uno de los precursores de la Penicilina.

En síntesis, uno de los beneficios más importantes de las bacterias en nuestro cuerpo es el de facilitar la digestión.

Sin embargo, algunos microorganismos, como son los virus, y algunas bacterias, nos provocan enfermedades e incluso la muerte. Estos virus entrando al organismo, al cuerpo, atacan las células, las matan o les roban su alimento. Los virus producen infecciones en distintos órganos del cuerpo humano, aparato digestivo, pulmones, hígado, piel, en las mucosas y otros.

La cantidad de virus es enorme lo que provoca que sea difícil clasificarlos en su totalidad. Los virus tienen distintas formas de ser adquiridos, por ingestión, por inhalación directa, por picadura de insectos, por contacto sexual.

Los virus son muy pequeños. Se les consideran parásitos, porque dependen de las células donde viven y se reproducen, pueden infectar distintas formas de vida. Los virus no pueden sobrevivir por cuenta propia. Se conocen más de 5000 tipos distintos de virus. Se empezaron a estudiar a finales del siglo XIX. Tienen una cubierta de proteínas, de grasas y de enzimas, un núcleo de ARN o ADN, que les permiten su reproducción, “replicación”, viral. Los ADN porque tiene en su interior una molécula del Acido Desoxirribonucleico y los ARN porque tienen Ácido Ribonucleico con capacidad de reproducirse sin meterse en el núcleo de la célula que atacan. Se les clasifica por las características de su genoma y la forma de multiplicarse. Hay también los llamados retrovirus. Cuando el virus se mete o fija en la célula que lo recibe se produce la infección, donde muere la célula receptora o huésped originando otros virus infectantes.

Muchas de estas infecciones virales causan enfermedades agudas, la muerte en extremo, pueden permanecer latentes o con manifestaciones crónicas, o no presentar síntomas, asintomáticas.

Entre los virus en estado latente se ubican el HIV, el Herpes, el Papiloma Virus Humano, hoy muy comunes. Entre las infecciones virales crónicas está la rubeola, la varicela, el sarampión, la Hepatitis B o C, también el HIV, el Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS).

Los virus en posibilidad de infectar al género humano son muchos, muy pequeños, pero no todos provocan enfermedades. Generalmente se adquieren o se contagian por vía respiratoria, excreciones, transfusiones, sexualmente. Algunos se transmiten por vectores como roedores, artrópodos, murciélagos, como se ha dicho con la actual pandemia, por aves, por diversos tipos de animales. A estos virus que surgen en animales y se pasan a seres humanos se le llama virus zoonóticos.

Louis Pasteur a mediados del siglo XIX, cuando estudió la rabia observó su capacidad de contagio, indicando que el microorganismo que la producía era demasiado pequeño, “un tipo de vida diminuta”, en ese momento para ser visto.

Algunas de las enfermedades virales son infecciones respiratorias, como la Influenza, la Influenza Aviar, el Coronavirus del Síndrome del Oriente Medio, la gastroenteritis, y el actual Coronavirus.

Las endemias son las enfermedades infecciosas que se dan en un área, una comunidad, una región determinada, limitada a esa geografía, en muchos casos habitual a esa región particular, como lo es la Fiebre Amarilla del Amazonas. Las epidemias son las enfermedades infecciosas que afectan varias comunidades, regiones o varios países, generalmente durante un período de tiempo. Las pandemias ocurren cuando la enfermedad infecciosa pasa las fronteras de un país, afecta varios, alcanzando continentes completos o trascendiendo a todos los continentes, como lo es la actual Pandemia del Coronavirus.

La Historia humana conoce desde tiempos antiguos muchas manifestaciones de estas epidemias y pandemias, muchas veces resultantes de catástrofes naturales, tormentas, terremotos, inundaciones, sequías, que afectan animales y humanos.

En Costa Rica desde la época de la conquista y de la colonia española, y en América, de manera similar con la presencia europea en ese tiempo, se dieron epidemias de viruela, de sarampión, de la influenza, de la peste bubónica, de la peste neumónica y el tifus.

Entre las enfermedades epidémicas que hemos tenido, ocasionadas por virus o bacterias, en distintas localidades del país, y en distintos momentos, desde la Independencia hasta hoy, están la Anquilostomiasis, la Bronquitis, las Calenturas y fiebres intermitentes, el Cólera, la Colerina, la Difteria, la Disenteria, la Escarlatina, la Fiebre amarilla, la Gastroenteritis, la Influenza, la Malaria, la Menengitis, el Paludismo, las Paperas, el Sarampión, la Tifoidea, la Tos ferina, la Tuberculosis y la Viruela. Igualmente nos han tocado parte de las pandemias mundiales desde 1918, la Gripe Española, la Poliomelitis, el VIH o SIDA, el Dengue, el SARS, la Influenza del 2009, hasta hoy con el Coronavirus.

El desarrollo científico ha permitido hacer vacunas contra el Sarampión, el Rotavirus, la Viruela, la Varicela, la Fiebre Amarilla, la Hepatitis A, la Gripe, el Polio, la Rabia, Hepatitis B, Virus del Papiloma Humano, Tos ferina, Difteria, Tétanos.

La comunidad científica internacional, con motivo de esta Pandemia, ha hecho un gran esfuerzo de coordinar investigaciones y experiencias para tratar de lograr una vacuna, en el más corto plazo posible, frente a la Pandemia del Coronavirus.

Por ahora nos toca ser responsables y acatar los lineamientos internacionales de la Organización Mundial de la Salud, y del Gobierno de la República y el Ministerio de Salud, en sus orientaciones y comportamientos sociales que debemos tener para enfrentar la Pandemia del Coronavirus, que como ha dicho el Ministro de Salud, el virus del COVID-19 llegó para quedarse.

Si se va a quedar con nosotros tenemos que saber y conocer de la mejor forma posible, antes de que se desarrolle la vacuna, cómo evitarlo, y sobre todo como podemos evitar su transmisión considerando que se puede hacer por personas asintomáticas del virus, considerando también que el Coronavirus que produce la Pandemia es un enemigo.

Esta es nuestra gran responsabilidad en este momento, acatar y obedecer a las Autoridades de Salud y de la Seguridad Social que están al frente de esta lucha, para unificar filas frente al enemigo común.

Entendamos que vivimos con Bacterias y Virus, y otros gérmenes y microorganismos que se comportan como nuestras amigas y enemigos. A los enemigos hay que saberlos enfrentar. No se enfrentan con comportamientos ni reacciones idiotas e irracionales, ni con la indiferencia de que a mí no me va a atacar…porque puede ser demasiado tarde.

 

Enviado por el autor.

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El Covid-19 en Costa Rica: Opciones frente a la crisis económica

Luis Paulino Vargas Solís
Economista
Director Centro de Investigación en Cultura y Desarrollo
(CICDE-UNED)
Versión PDF de este artículo puede ser descargada desde esta dirección: https://www.academia.edu/42740458/El_Covid-19_en_Costa_Rica_Opciones_frente_a_la_crisis_econ%C3%B3mica

Este breve ensayo tiene básicamente dos propósitos: caracterizar las implicaciones fundamentales que nos trae la crisis económica surgida de la emergencia sanitaria del covid-19, y, sobre esa base, revisar, con espíritu constructivo, las diversas propuestas que han sido formuladas, desde diversos ámbitos de la ciudadanía y la academia.

Solo marginalmente menciono las que el gobierno de Carlos Alvarado ha venido impulsando, y dejo de lado los planteamientos de la ortodoxia económica, los cuales permanecen atrapados dentro de las redes de sus conocidos prejuicios ideológicos. Los planteamientos de la UCCAEP y sectores afines, sumamente cercanos a los de esa ortodoxia, no son considerados, dado el carácter estrechamente gremialista, el tono ideologizado y el énfasis negativo que les caracteriza. O sea: me remito a propuestas que tengan un tono innovador y constructivo, y que asuman una perspectiva amplia.

Por otra parte, este artículo se limita a examinar las opciones de corto plazo, orientadas a tratar de aliviar el impacto inmediato de la crisis. En un escrito posterior, espero abordar la discusión sobre los aspectos de mediano y largo plazo, relacionados, prioritariamente, con el esfuerzo de recuperación que, en su momento, deberemos emprender.

  1. Introducción: ¿qué significa la crisis económica que enfrentamos?

La crisis sanitaria del covid-19 nos trae, desde el punto de vista económico, un bajón abrupto, el cual implica un empobrecimiento repentino.

La caída es, con seguridad, algo sin precedentes, al menos desde la crisis que el país vivió a inicios del decenio de los ochenta, y puede que, en el plazo inmediato, sea incluso peor. Sin embargo, quiero ser optimista y decir que, si se hacen bien las cosas, si existe la necesaria voluntad de diálogo y liderazgos lúcidos y comprometidos, la recuperación podría ser mucho más rápida.

¿Qué magnitud alcanzará la contracción que la economía experimente en estos meses? No lo sé, pero seguramente será de dos dígitos: por encima del 10%, o más. Al menos así será durante algunos meses. Imaginemos metafóricamente que la producción nacional total, equivalía, hasta el mes de febrero pasado, a 1000 kilos de gallopinto, los cuales debían distribuirse entre la población para que todas y todos comiesen. Sabemos que alguna gente se hartaba y a otras personas solo les llegaban unos granitos. Pero, bueno, el caso es que disponíamos de esos 1000 kilos. Con la crisis del covid-19, nos enfrentamos a la cruda realidad de que 150 o quizá 200 kilos se esfuman en el aire.

Es una pérdida terrible que se visibiliza de muy diversas formas. Para las personas que pierden su trabajo y cuyo salario desaparece, la pérdida es real y se siente de forma cruda y directa. Cuando el sector público –según las propuestas impulsadas por el gobierno de Carlos Alvarado y aprobadas por la Asamblea Legislativa– decide posponer el pago de diversos impuestos y reducir cuotas del seguro social, se está haciendo cargo de una parte de esa pérdida, lo cual luego se visibilizará en un mayor déficit fiscal, y en una complicada situación financiera para la Caja.

Pero, en fin, dada que la pérdida no solo es real, sino además severa ¿cómo la vamos a sobrellevar?

Existen cuatro opciones básicas:

  1. Buscamos la forma de repartir la pérdida, es decir, buscamos ver cómo se reduce la cuota de la producción nacional que correspondía a cada quien, visto que el total de ésta ha disminuido. O sea, asumimos que el golpe está dado, que es real y que toca ver como apechugamos. Nada garantiza a priori que ese reparto de la pérdida sea equitativo. Por un imperativo ético y moral, pero también porque sería políticamente lo más sensato, debemos proponernos lograr que sea un reparto realmente justo y equitativo. Y, de hecho, desde el punto de vista económico eso sería, asimismo, lo más conveniente, ya que, de hecho, ello suavizaría el bajón de la economía.
  2. Buscamos las posibles “buchacas” que tengamos guardadas, o sea, algunos ahorros de los cuales echar mano, para sobrellevar la situación. Al recurrir a este procedimiento, procuraríamos que no se sienta la pérdida sufrida, o que se sienta lo menos posible, en cuyo caso esos ahorros de nuestra buchaca deberían beneficiar a quienes la crisis golpea más, no a quien no sufre su efecto o lo sufre en grado poco significativo. De alguna manera, hacer esto equivale a gastar los ahorrillos disponibles, aunque también las cosas podrían organizarse de forma que, al invertirlos con prudencia y sentido de prevención, razonablemente podamos esperar su recuperación posterior, aunque sea parcial. Pero, nuevamente, poner a circular esos ahorros –que de otra manera habrían permanecido inactivos– traerá beneficios para la economía, en términos de atenuar la reducción de la demanda y, entonces, de la producción.
  3. Recurrimos a alguna forma de crédito, o sea, de deuda, que nos permita, o por lo menos, nos ayude a “cruzar el río”, esto es, que nos ayude a sobrellevar el golpe sin que éste se sienta, o, en todo caso, se sienta lo menos posible. O sea –para ser más preciso– sin que lo sientan, o siquiera lo sientan menos, los grupos sociales a quienes la crisis afecta más. O por lo menos, así deberían ser las cosas, si queremos salir moralmente fortalecidos de la crisis, y si nos interesa preservar la paz social. Deberían ser entonces créditos lo más blandos posible, en cuanto a tasas de interés y plazos, pero, también en este caso habría que tratar de crear condiciones que permitan contar con capacidad futura de pago, para cumplir las obligaciones adquiridas, sin que éstas se conviertan en un nuevo problema. Esos créditos y esa deuda podrían activar sectores de la economía que de otra manera podrían quedar paralizados, y, por lo tanto, brinda otro elemento atenuante de la recesión económica.4. Llevamos a cabo una cuidadosa reasignación de recursos, desde usos relativamente prescindibles, o abiertamente despilfarradores o suntuosos, hacia la atención de cuestiones en este momento son prioritarias. De hecho, la actual situación de cuarentena está generando ahorros en el sector público (horas extras, combustibles, viáticos, etc.), que son potencialmente aprovechables para fines hoy urgentes. Otros rubros, que sí son claramente prescindibles (publicidad, dietas de juntas directivas y similares) podrían generar más ahorros. El esquema progresivo de tributos y subsidios a que hago referencia en el punto 1), deseablemente debería ser un mecanismo que opere en el mismo sentido: como una transferencia de ingresos de usos menos prioritarios –o francamente superfluos– hacia otros que lo sean en mayor grado.

Veamos con más detalle, cada uno de los puntos indicados

  1. La pérdida está ahí: ¿cómo la repartimos?

Si realmente existe el propósito de que el reparto sea justo y equitativo, para ello debemos recurrir a un esquema progresivo de impuestos y subsidios, mediante un recargo temporal a algunos impuestos, y, quizá, la aplicación transitoria de otros tributos actualmente inexistentes. Esta idea, sobre la que he venido insistiendo en mis publicaciones en redes sociales y que adelanté en un artículo previo (Vargas Solís 2020), es asimismo respaldada por un colectivo de organizaciones vinculadas a la economía social y solidaria (Comisión Consultiva del Consejo Presidencial de Economía Social 2020), como también por el diputado Welmer Ramos (Ramos 2020).

Que los recargos tributarios sean progresivos significa una cosa: lo pagarán quienes puedan pagarlos, y pagarán más quienes más capacidad de pago tengan, sin hacer ningún distingo entre lo público y lo privado. Todos y todas quienes puedan, deberán hacerlo. El diseño de estos tributos, sin embargo, debe hacerse de forma que se tenga en cuenta la situación de crisis que vivimos. Por ello, enfatizarán los ingresos, rentas y patrimonios personales y familiares, y solo accesoriamente la actividad empresarial. De tal modo, darán una contribución adicional las empresas que sigan teniendo ganancias, no las que están siendo golpeadas por la crisis, a las cuales deberán concedérsele los apoyos necesarios. No obstante, lo cual es obvio que deberán mirarse con especial rigor aquellas empresas que, sospechosamente, por años han reportado ganancias cero. Sería un crimen imperdonable que se reitere ese tipo de comporta

Proceder de esta forma es lo correcto, desde el punto de vista moral y ético, pero también es políticamente lo más sensato, puesto que ello contribuiría a preservar la paz social. Pero, además, es una medida económicamente conveniente, ya que los ingresos serán transferidos desde sectores con mayores tasas de ahorro, hacia grupos que, por sus desventajosas condiciones sociales (incluyendo, en lugar prioritario, a las mujeres solas, jefas de hogar), de seguro los consumirán en su totalidad, lo que contribuirá a atenuar la contracción económica.

Otra propuesta (aparte las que ya he mencionado) que retoman la idea un esquema de tributos y subsidios, es la de Francisco Esquivel (Esquivel Villegas 2020), si bien Esquivel establece un umbral muy alto para la imposición de un impuesto adicional sobre ingresos del trabajo, y claramente omite toda referencia a rentas pasivas y grandes patrimonios. Por su parte, la organización CIBICO (CIBICO 2020), si bien parte de una posición que explícitamente rechaza todo posible incremento de impuestos, al especificar su propuesta se incluye el cobro de “contribuciones no reembolsables”, que, al parecer, se cobrarían sobre las tasas de interés (o pagos por intereses) que se aplican a los créditos que conceda cualquier entidad financiera. Este sería simplemente una forma de impuesto indirecto, posiblemente de carácter regresivo, o sea, gravoso en mayor grado para el pequeño que para el gran deudor. Señalo esto intentando advertir que un impuesto no deja de serlo tan solo porque se le ponga otro nombre, y que tenerlo conceptualmente claro es siempre importante y necesario.

En el anexo, formulo una propuesta de posibles recargos temporales a varias categorías de impuestos, a fin de ilustrar adicionalmente este punto.

  1. Recurrimos a posibles ahorros (buchacas) disponibles

Cuando la economía nacional sufre un abrupto desplome y cuando, en consecuencia, la masa de ingresos que circulan también se contrae, una forma de suavizar el impacto de tan severa caída es recurrir a posibles “buchacas” que tengamos guardadas, o sea, ahorros que la actual situación de crisis eventualmente nos obligaría a utilizar.

El expresidente Figueres Olsen, en sus propuestas presentadas en videos por medio de Facebook (Figueres Olsen 2020), plantea recurrir a algunas de tales “buchacas”. Dos de las que menciona son las siguientes: los recursos disponibles en FONATEL (₡175 mil millones, aunque algunas notas de prensa ubican la cifra en ₡204 mil millones), para llevar fibra óptica y conexión de banda ancha a todo el país, y fondos de la banca para el desarrollo para constituir un fondo de garantías por ₡75 mil millones, que permita movilizar créditos por ₡750 mil millones, en beneficio de unas 50.000 micro, pequeñas y medianas empresas. En este segundo caso, la idea tiene una doble faceta: aprovechar un ahorro disponible para poner en marcha un mecanismo de crédito y deuda.

Las reservas en moneda extranjera en poder del Banco Central, son, claramente, otro ahorro que la sociedad costarricense ha hecho a lo largo de los años. Ello inspiró la propuesta formulada inicialmente por el exgerente del BNCR, don William Hayden (Delgado 2020). La idea es retomada por alguna otra gente, incluyendo a Esquivel (Esquivel Villegas 2020), la Maestría en Planificación de la Escuela de Planificación y Promoción Social de la UNA (Maestría en Planificación-UNA 2020), y el propio Figueres Olsen (Figueres Olsen 2020). Consiste en utilizar $1000 millones, o poco más, de las reservas en moneda extranjera del Banco Central, para constituir un fondo de ₡600 mil millones, que permita conceder, durante 4 meses, un subsidio mensual de ₡250.000 a 500.000 familias en necesidad. En principio, es una idea que goza de innegable atractivo.

El economista y banquero Gerardo Corrales (Corrales 2020), critica esta propuesta apelando a una argumentación de manual de economía, tan antojadiza y burda como simplista[1]. No obstante, lo cual permanece un punto que tendría que ser considerado: si se quisiera apelar al uso de las reservas del Banco Central para los fines indicados, debería haber razonable certeza acerca de los flujos netos (entradas menos salidas) de divisas con que estimamos que podremos contar en próximos meses. El caso es que, bajo las actuales circunstancias de crisis, al país no le conviene, en absoluto, que el precio del dólar pudiera desestabilizarse.

Recurrir a estas “buchacas” es razonable, en vista de las duras circunstancias actuales. Conviene también contemplar mecanismos que permitiesen su recuperación futura, siquiera parcial. En las propuestas de Figueres Olsen, se ofrecen algunas opciones con ese fin. En particular, y en lo que se refiere al uso de las reservas del Banco Central, propone que les sean devueltas mediante los recursos obtenidos a partir de un impuesto de ₡3 por cada mil colones transados o movidos en el sistema financiero. Se trataría entonces de un impuesto proporcional, no tan justo ni equitativo como uno desearía.

El uso de superávits de once instituciones públicas para fortalecer los fondos de lo que el gobierno de Carlos Alvarado ha llamado “Plan Proteger”, implica la utilización de un ahorro disponible, con el fin de paliar los efectos de la crisis. Y siendo que la prioridad en este momento es clara y no admite discusión, en todo caso es cierto que, en algún momento futuro, habrá que ocuparse de las posibles implicaciones que ello pueda tener para las instituciones concernidas.

  1. Recurrir a deuda

El uso de crédito, y por lo tanto de deuda, adquiere formas muy diversas, que el sentido común no siempre capta en su verdadera naturaleza. Hay un crédito y una deuda, cada vez que hoy se dispone de algo, que será pagado –total o parcialmente– en el futuro. De hecho, la banca contemporánea de continuo crea dinero al conceder crédito, de una forma tal que equivale a “jalar dinero del futuro” para su uso hoy, suponiendo que el futuro, quien recibió el crédito, generará el dinero necesario para pagar lo adeudado.

Desde la moratoria temporal concedida a las empresas para el pago de diversos impuestos, a las posibles reestructuraciones de créditos, entran en esta categoría. Pero, de hecho, y para mencionar otro ejemplo, la reducción en los pagos de las cuotas del Seguro Social, tiene la misma consecuencia. En la práctica es un subsidio que la Caja concede a empresas y personas, lo cual hoy abre una brecha financiera en su contabilidad, y que la misma Caja –o mejor dicho el país en su conjunto– deberá financiar en el futuro de alguna forma. Por lo tanto, es una deuda que, a través de la Caja, asumimos como colectividad ciudadana costarricense.

El uso del financiamiento externo por $500 millones, proveniente de la Corporación Andina de Fomento (CAF), como parte de los recursos que el gobierno contempla en su Plan Proteger, tiene, muy explícitamente, ese mismo carácter.

La propuesta de Figueres Olsen, a la que ya he hecho referencia, para un programa de crédito por ₡750 mil millones de colones destinado a beneficiar a 50.000 micro, pequeñas y medianas empresas, combina la utilización de un ahorro disponible (₡ 75 mil millones provenientes de fondos en manos de la banca para el desarrollo), con la generación de deuda.

La propuesta de concesión de créditos en condiciones blandas destinados a micro, pequeñas y medianas empresas, y emprendimientos de la economía social y solidaria –una respuesta frente a la crisis que apela al uso de deuda–, goza de mucha aceptación, y, por ejemplo, es también mencionada por el colectivo de organizaciones de la economía social y solidaria a que he hecho referencia anteriormente (Comisión Consultiva del Consejo Presidencial de Economía Social 2020), así como también por la Maestría en Planificación de la UNA (Maestría en Planificación-UNA 2020).

En cada caso, la decisión de asumir una deuda tiene una doble faceta: ayuda a sobrellevar y aliviar la urgencia, y pone en movimiento recursos que de otra manera quedarían desaprovechados, con lo que también alivia el retroceso de la economía. Pero, además, y en lo posible, el asunto debería ser ubicado en una perspectiva más amplia: hay que pensar cómo lo pagaremos mañana. Y ello implica interpelarse, en primera instancia, acerca de cómo llevaremos adelante el proceso de recuperación de la economía una vez la crisis sanitaria se supere, y, en plazos más largos, qué tipo de economía queremos construir. El crédito y la deuda que hoy se movilicen, deberían entonces satisfacer al menos tres requerimientos básicos: paliar el golpe de la crisis, contribuir a distribuir equitativamente sus costos, y generar hoy condiciones que faciliten mañana la recuperación de la economía. Porque seguramente vamos a requerir de una economía más productiva, más inclusiva y equitativa, lo cual es indispensable para que las deudas que la emergencia nos obliga a asumir, puedan ser cubiertas sin dar lugar a nuevas situaciones de crisis.

  1. Reorientación de recursos hacia usos prioritarios

La idea es muy simple: recursos que hoy están siendo destinados a usos relativamente suntuarios, prescindibles o accesorios, serían reorientados hacia los usos prioritarios que la crisis impone.

Es fácil pensar en el sector público: reducir, por ejemplo, pagos de consultorías, publicidad y viajes al extranjero. Incluso dietas que se pagan a juntas directivas. Las anteriores, entre tantas otras posibilidades. En la propuesta de CIBICO se le da mucha relevancia a esta posibilidad, a la cual se le designa como “operación sombrero” (CIBICO 2020). Lo cual es ciertamente correcto. Sin embargo, se plantean cifras sumamente abultadas (alrededor de ₡1 billón, cerca del 3% del PIB), sin explicar de dónde salen.

En todo caso, la crisis ha hecho redundantes algunos gastos en el sector público, no porque fuesen destinados a usos “prescindibles”, sino porque la alteración del normal funcionamiento institucional hace que esos recursos queden “parqueados”, siendo entonces susceptibles de reasignación a usos que hoy son urgentes. Por ejemplo, es seguro que se está dando una importante reducción en gastos de combustibles, horas extras y viáticos. Incluso en rubros como electricidad y servicios telefónicos, que las personas asumen por su cuenta, al tener que trasladar su sitio de trabajo a sus propias casas.

Pero si realmente interesa reasignar recursos de usos prescindibles y accesorios –incluso suntuarios– hacia lo realmente prioritario, ello vale en general, y no solo para el sector público. El problema que enfrentamos –de una magnitud excepcional– es nacional en el pleno sentido de la palabra, y ello desde al menos dos puntos de vista: concierne y afecta a todo el país, y siendo además un problema de alcance planetario, condiciona desde fuera nuestros márgenes de maniobra. Por ello lo superfluo o suntuario no debe ser buscado solo en el sector público. También existe, y muy abundantemente, en el sector privado. Reasignar recursos de esos usos claramente prescindibles, hacia lo urgente, es justificado.

En el sector público, se puede hacer mediante decisiones administrativos y, en algunos casos, decisiones políticas. Pero tratándose del sector privado probablemente habrá que recurrir a lo que planteé en el primer punto: una reforma tributaria justa y progresiva –siquiera temporal– que traslade ingresos gastados en lo superfluo y suntuario hacia la atención de lo prioritario y urgente. Y ello incluye desde el consumo de cigarrillos y bebidas alcohólicas, hasta las expresiones de consumo extravagante y suntuoso que caracteriza el estilo de vida de los muy ricos.

 

ANEXO

Algunos ítems a considerar dentro de una reforma tributaria progresiva que alimente un Fondo Nacional Solidario y algunas otras necesidades urgentes

  1. Recargo progresivo a los salarios netos suficientemente elevados, tanto en el sector público como en el privado. Podría ensayarse una escala progresiva de este tipo: 5% por encima de ₡1,5 millones mensuales; 10% por encima de ₡2,5 millones; 15% por encima de ₡5,0 millones; 20% por encima de ₡6,0 millones; 25% por encima de ₡10,0 millones.
  2. Recargo del 10% en el impuesto sobre la renta a empresas grandes (el cual, como es obvio, y en virtud del diseño mismo del impuesto, lo pagarán solo las empresas que tengan ganancias).
  3. Recargo progresivo al impuesto sobre rentas y ganancias de capital. Podrían establecerse alícuotas marginales en el orden del 20, 25 y 30%, para montos lo suficientemente elevados, de modo que se los pequeños ahorristas y propietarios queden protegidos.
  4. Incremento de un 50% en los impuestos de consumo sobre bebidas alcohólicas, cigarrillos, perfumes importados, u otras formas de consumo suntuoso o prescindible.
  5. Incremento temporal, durante el año 2020, del impuesto sobre autos de lujo, o cualquier otro tipo de vehículo de transporte (yates, helicópteros, etc.) de tipo suntuario. Podría ensayarse una escala de este tipo: 5% por encima de ₡10 millones; 7,5% por encima de ₡20 millones; 10% por encima de ₡50 millones.
  6. Incremento temporal, durante 2020, del impuesto sobre casas de lujo. Por ejemplo: un incremento del 50% en todas las tasas actualmente vigentes de este impuesto (en cuyo caso, por ejemplo, casas cuyo valor exceda de ₡1.978 millones de colones, cuya tasa hoy día es del 0,55%, pagarían un 0,825%).
  7. Impuesto del 0,5% sobre cualquier transacción en divisas (a fin de desestimular la exportación de capitales).

Bibliografía

CIBICO. «CIBICO (blog).» Ciudadanos por el Bien Común ante la crisis. San José, 4 de abril de 2020.

Comisión Consultiva del Consejo Presidencial de Economía Social. Resumen de propuestas iniciales para enfrentar la crisis sanitaria, social y económica de la Covid-19 desde una perspectiva social y solidaria. San José, 2 de abril de 2020.

Corrales, Gerardo. «La Revista.» Un llamado a la cordura en «Los tiempos del COVID-19». San José, 3 de abril de 2020.

Delgado, Gustavo. «William Hayden propone alternativa para que el gobierno no recurra a impuestos solidarios.» elmundo.cr, 28 de marzo de 2020.

Esquivel Villegas, Francisco. «La Pluma CR.» Hacia un programa fiscal-monetario, con enfoque distributivo, para enfrentar la presente crisis. San José, 6 de abril de 2020.

Figueres Olsen, José María. «Facebook.» Propuesta de José María Figueres Olsen para combatir los efectos del COVID19-3a parte. San José, 1 de abril de 2020.

Maestría en Planificación-UNA. «Propuesta para la atención de los efectos inmediatos y posteriores a la emergencia que enfrenta el país a causa de la pandemia provocada por la enfermedad Covid-19 en Costa Rica.» Heredia, 2020.

Ramos, Welmer. «20 medidas urgentes para afrontar la crisis económica del coronavirus.» San José, 2020.

Vargas Solís, Luis Paulino. «Soñar con los Pies en la Tierra (blog).» Costa Rica: apuntes para un programa económico urgente frente a la crisis del Covid-19. Alajuela, 27 de marzo de 2020.

 

Tomado del blog: https://sonarconlospiesenlatierra.blogspot.com/

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